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SEGURIDAD Y DEFENSA: Manuel Sánchez Gómez-Merelo




Blog sobre convergencia y tecnología de Tendencias21

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El COVID-19 ha irrumpido a nuestras vidas y está sometiendo a nuestro país a una especie de ‘test de estrés’ sanitario, económico y social.
El desafío es esencialmente un tira y afloja entre combatir la enfermedad, proteger la economía y mantener a la sociedad en equilibrio. Todo dentro de una permanente evaluación del riesgo y el establecimiento, en tiempo real, de los mecanismos de respuesta ante la emergencia.
Con todo ello, veremos cómo soporta y cuál es la resiliencia de nuestro sistema de salud, de la economía y, consecuentemente, lo que puede aceptar nuestro esquema social.


Gabriel Leung, quizá una de las voces más autorizada para hablar sobre el COVID-19 en Asia o uno de los máximos expertos en cómo combatirla, publicaba recientemente en The New York Times, y explicaba cómo será la forma en que se deberá salir de las cuarentenas y los aislamientos obligatorios dictados por Gobiernos alrededor de todo el mundo y que esa situación no puede durar de manera prolongada, advirtiendo que “causará enormes daños a las economías y comprometerá la buena voluntad y la salud emocional” de las personas. Leung explicó que durante lo que queda de 2020 y quizá algo más, es probable que las poblaciones del mundo sin controles rigurosos, verán encenderse y apagarse diferentes formas de cuarentenas para evitar segundas olas de brotes y contagios.
 

Con respecto a España, el director regional de la OMS para Europa se ha mostrado «profundamente impresionado» y ha felicitado por el trabajo de los profesionales que trabajan en primera línea para combatir el COVID-19, así como por la solidaridad de los españoles.
 

Estrategia de Seguridad Nacional
 

El COVID-19 no solo ha provocado una crisis sanitaria o económica, también es un riesgo desde un punto de vista de la Seguridad Nacional.
 

España, en su Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) cuenta con medios y recursos para abordar situaciones como la que padecemos. Todo esto ha sido posible gracias al esfuerzo realizado durante años por las Fuerzas Armadas, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y las diversas Administraciones Públicas, así como por la cooperación de universidades, centros de investigación y empresas.
 

Levantar el confinamiento del COVID-19 con todas las seguridades, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo
 

Más de cien páginas dedica la Estrategia de Seguridad Nacional, aprobada en 2017, a la existencia de epidemias o pandemias que puedan poner en riesgo la seguridad del Estado. Además, el propio documento alerta sobre la llegada de fenómenos imprevistos o potencialmente devastadores y recuerda que, en las últimas décadas, el número de enfermedades emergentes identificadas y de situaciones de riesgo asociadas a ellas no ha hecho más que crecer.
 

La ESN calificaba las alertas sanitarias globales por coronavirus como una megatendencia con potenciales graves efectos para la economía y la sanidad de España.
 

Por su parte el Departamento de Seguridad Nacional (DSN), ya advertía de la “necesidad de reducir la vulnerabilidad de la población, desarrollar planes de preparación y respuesta ante amenazas y desafíos sanitarios, tanto genéricos como específicos” para asegurar una buena “coordinación de todas las administraciones implicadas tanto a nivel nacional como internacional”.
 

Acertaba el DSN en la identificación de los riesgos que atentan contra la Seguridad Nacional y acertó también a la hora de señalar las debilidades y fortalezas. La descentralización administrativa acerca las instituciones al ciudadano, procura una mejor atención sanitaria puesto que responde con mayor calidad a las necesidades del usuario, pero también puede suponer un obstáculo en la eficacia de las medidas necesarias para solucionar una crisis sanitaria global.
 

La salud pública es su máxima prioridad pero, mantener a la sociedad y la economía en un confinamiento total durante demasiado tiempo tendrá consecuencias negativas involuntarias. Así, de forma medida y controlada, las restricciones se deben levantar y volver a aplicar, siempre que la población en general necesite suficiente inmunidad o protección contra el virus.
 

Distanciamiento social
 

El "distanciamiento social", es una práctica que está demostrando ser efectiva para el control y disminución de la velocidad de propagación del virus. Las medidas adoptadas han mostrado su efectividad con el cierre de actividades no esenciales y otras medidas de movilidad o confinamiento.
 

En este sentido, el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades, una agencia de la Unión Europea (UE) que fomenta las defensas de Europa frente a enfermedades infecciosas, ha publicado una guía que explica varios aspectos de la implementación de las medidas de distanciamiento social.
 

Medios sanitarios
 

Leung también nos recuerda que “el primer objetivo debe ser proteger las vidas y eso significa evitar el colapso del sistema de atención médica” y para que ello, subrayó los hospitales “como la última línea de defensa” en la batalla contra el COVID-19.
 

Levantar el confinamiento del COVID-19 con todas las seguridades, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo
 

El Gobierno viene estableciendo normativa sobre medidas prioritarias. La primera Orden tiene por objeto el establecimiento de medidas especiales en materia de recursos humanos y medios para reforzar el Sistema Nacional de Salud en todo el territorio nacional. La siguiente Orden establece obligaciones de información y determina el procedimiento para suministrar esta al Ministerio de Sanidad por parte de las personas jurídicas, que tengan como actividad la fabricación y/o importación de alguno de los productos determinados o que tengan capacidad de desarrollo de alguno de los mismos. La tercera orden es sobre la adopción de disposiciones y medidas de contención y remisión de información al Ministerio de Sanidad ante la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19.
 

Otras medidas especiales se refieren a la realización de test masivos, uno de los principales pilares para poder comenzar a reabrir el país consistente en el incremento de los tests de diagnósticos.
 

Los tratamientos sanitarios y controles en pacientes asintomáticos y leves en los hogares es otra medida para rebajar la carga que sufren los centros hospitalarios Y es uno de los puntos del Plan de Desescalamiento.
 

El uso de mascarillas adecuadas es otra de las medidas obligatorias, previa garantía de su distribución, para utilización de la población que vaya retomando su actividad.
 

Por otro lado, el seguimiento de infectados es otra de las medidas importantes que ya va a adoptar el país en este desescalamiento de la cuarentena obligatoria y que se realizará a través de aplicaciones móviles para poder saber su geolocalización, qué contactos ha tenido y dónde y así evitar nuevos brotes.
 

Por último, en esta reactivación escalonada se han adoptado medidas preventivas de salubridad y precaución individuales y colectivas cuyo cumplimiento se exigirá, muy especialmente, en los transportes públicos y en los centros de trabajo que vayan retomando su actividad, una vez que se ha superado el punto máximo de la emergencia sanitaria.
 

Medidas de control y seguridad
 

La actual exigencia de seguridad, en su redefinición más básica, está constituida principalmente por la seguridad nacional, la seguridad pública y la seguridad humana o social. Donde cabe destacar la seguridad humana, entendida como el escenario dinámico y funcional al que toda persona aspira en cuanto a salud, bienestar, alimentación, derecho al trabajo, protección y entorno social sin exclusiones ni marginaciones de ningún tipo.
 

Seguridades a las que deberíamos sumar la seguridad económica y financiera, entendida como la posibilidad de lograr el desarrollo vital basado en el trabajo, el comercio y demás actividades lícitas, y una estabilidad que permita a las personas proyectar sus expectativas a largo plazo, sin incertidumbres ni sobresaltos.
 

Levantar el confinamiento del COVID-19 con todas las seguridades, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo
 

Así pues, nuevamente son momentos para retomar el tema de “reinventar las seguridades” afinando más el concepto para llevarlo al “repensando la seguridad humana”, en un marco en el que todavía nos queda por vivir amenazas emergentes nunca antes surgidas.
 

Los momentos como los que estamos viviendo de crisis sanitaria que afecta a los sistemas social y económico, son periodos de gran intensidad, de gran incertidumbre y de una necesidad imperiosa de replantear conceptos, enfoques y, como parece necesario, modificar los paradigmas. Los anteriores ya se quedaron obsoletos y el hecho es que no tenemos aún el repuesto correspondiente.
 

En cuanto a los medios de seguridad y control para esta vuelta escalonada a la normalidad, disponemos de innovadoras tecnologías que, con un poco de ingenio puede incrementarse su aplicación y convertirse rápidamente en instrumentos de monitoreo de la epidemia con eficacia y garantías, sin entrometerse en la vida de las personas.
 

Recuperación de las actividades
 

Incluso en un momento en que el COVID-19 continúa propagándose por todo el mundo, los gobiernos europeos ya han empezando reabrir las fábricas, oficinas y comercios con medidas de seguridad para minimizar el riesgo de nuevos brotes. Si bien, es muy posible que las medidas de confinamiento se extiendan durante semanas, la planificación detallada que se realiza ahora debe, más que nunca, proteger a los más vulnerables y ayudar a las economías a recuperarse más rápidamente al disminuirse las restricciones.
 

Un reciente informe del Instituto alemán IFO de información e investigación, sugiere que los países ahora deberían de potenciar grupos de trabajo nacionales de expertos y representantes públicos que estudien las recomendaciones sobre cómo aliviar las restricciones en el trabajo y la vida pública, y cuándo deberían las industrias reiniciar la producción, basada en que el trabajo sería voluntario para los empleados. “El intento de controlar centralmente la reanudación de la producción no funcionaría en la práctica. Esta reanudación debe ser controlada principalmente por las propias instituciones y empresas”, aclara el informe.
 

En este sentido, España está iniciando un plan para la "reactivación progresiva de la actividad económica" en el que ha asegurado el Gobierno que cuenta con un equipo de epidemiólogos y técnicos viene trabajando "desde hace semanas".
 

Como se ha indicado, hay que distinguir entre la reapertura de centros y actividades económicas y el proceso de "desescalada" o "transición" del conjunto de medidas actualmente vigentes. Aunque se ha reconocido que lo más probable es que se necesite extender la aplicación del estado de alarma más allá de abril con el objetivo de "no dar un paso atrás" en la lucha frente al COVID-19.
 

Levantar el confinamiento del COVID-19 con todas las seguridades, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo
 

El Gobierno está permitiendo escalonadamente la vuelta a la actividad de los sectores de la industria y la construcción, aunque exigiendo la adopción de las correspondientes medidas de protección de los trabajadores porque “sin protección no puede haber reactivación”. Por ello el Gobierno va a asegurar el suministro y la distribución de equipos de protección individual (EPI) para los trabajadores y trabajadoras de las empresas que mantienen la actividad.
 

Respecto a la movilidad, el transporte urbano y metropolitano se adecuará a la paulatina reactivación de la actividad. En este punto el Gobierno subraya que aún no ha concluido la fase de contención de la pandemia y que, además, es preciso "poner en valor lo conseguido hasta ahora en materia de contención de la movilidad" y "cualquier medida apresurada puede dar al traste con todo lo logrado".
 

Todo ello, sin perder el referente de que la crisis económica que transcurre en paralelo, con una previsible caída de PIB del 8% en este año, no provoque, en los próximos meses, una crisis social y política comparable a la que vivimos por los errores del año 2008.
 

Garantía de suministros
 

En este estado de alarma, también hay temores de que los suministros de alimentos y la atención médica puedan verse afectados si las restricciones y confinamiento permanecen duramente durante demasiado tiempo. Las personas dependen de las cadenas de suministro para la para la alimentación y salud pues tienen otras enfermedades y si se interrumpe drásticamente algunos suministros básicos en la sociedad puede ser realmente catastrófico.
 

Desde los agricultores hasta los supermercados, pasando por los medios de transporte, miles de personas continúan trabajando y redoblando esfuerzos para garantizar que los productos básicos lleguen a los ciudadanos en medio de la crisis sanitaria.
 

Levantar el confinamiento del COVID-19 con todas las seguridades, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo
 

El sector también sufre tensión que viene dada por el hecho de que ahora, más que nunca, su responsabilidad es garantizar el suministro y el abastecimiento, especialmente de alimentos, material sanitario, farmacéutico y de combustible.
 

No obstante, el nivel de capacidad almacenaje de muchos productos se puede convertir está convirtiendo en uno de los principales obstáculos para frenar la pandemia y tranquilizar a la población. Así, podemos diferenciar los problemas en dos grandes bloques, uno: las existencias de material de protección para nuestros sanitarios y de respiradores para los pacientes, así como de productos farmacéuticos o consumibles; y dos, la capacidad de almacenamiento de productos alimenticios y combustibles.
 

Plan de comunicación
 

Establecer un mecanismo de comunicación veraz y positivo es fundamental para luchar contra la ola de desinformación interesada que ha traído consigo el COVID-19. Los bulos sobre salud, las pseudociencias y la desinformación en temas científicos nos afectan a todos y, de distintas maneras, hay que combatirlos.
 

En este sentido, la creación de incertidumbre y de miedo a lo desconocido se ha vuelto una forma de control y manipulación de la oposición política, y la ira y la depresión social se han vuelto enfermedades transmisibles generando alarma social a través de los medios de comunicación.
 

Ejemplos positivos han sido los de Alemania y Portugal, que han mantenido una comunicación clara, serena y periódica durante toda la crisis, al tiempo que impusieron medidas, cada vez más estrictas, de distanciamiento social y restricciones que han sido fundamentales para reducir la propagación de la pandemia, que no tuvieron oposición política y la mayor parte de la población las respeta.
 

A modo de conclusiones
 

Cabe desear que esta crisis sea también una oportunidad para potenciar la solidaridad entre los países europeos, que han de compartir información, conocimientos, experiencias, medios humanos y materiales, productos, etc. Solidaridad también necesaria entre las diferentes Comunidades españolas, que tienen que olvidar fronteras administrativas y cuestiones competenciales para ponerse a disposición del Gobierno sin cortapisas.
 

Para todo ello se necesita un riguroso marco formal riguroso, con un fundamento explícito basado en la ciencia, para determinar cuándo y cómo, y en función de qué factores relajar o volver a exigir las restricciones, caso de que exista un rebrote epidémico que golpee nuevamente.
 

La frecuencia de aparición de epidemias en el estos años no ha sido suficiente para que el Consejo de Seguridad Nacional haya creado un organismo especializado en este tipo de amenazas, como sí ocurre en el caso de la ciberseguridad, la seguridad marítima, las migraciones, la seguridad energética o la proliferación de armas nucleares. En cualquier caso, desde la seguridad nacional, la situación creada por la aparición del COVID-19 en España y la subsiguiente declaración del estado de alarma en todo nuestro país merece ser analizada con detenimiento por sus evidentes e importantes repercusiones.
 

Para la reactivación económica, habría, entre otros, cuatro ejes primordiales que sostienen su estrategia: simplificación de trámites para nuevos negocios con una plataforma única digital; apoyo a las pymes y emprendedores con más opciones de financiación y acompañamiento; mejoras en empleabilidad con formación de apoyo, teletrabajo y jornadas flexibles; infraestructura pública que permita reducir barreras y conectar puntos que agilicen el comercio minorista.
 

Sabemos que pymes y autónomos son dos de los principales actores de la economía española y a la vez están entre los más vulnerables, por lo que se han convertido en grandes protagonistas de la crisis económica que está provocando la lucha contra el COVID-19.
 

Ante esta situación, son muchas las ayudas y prestaciones que se han anunciado ya para tratar de mitigar el daño ya sufrido en muchos ámbitos de actividad como: prestación extraordinaria para autónomos; aplazamiento de préstamos de Industria; o expedientes de regulación temporal de empleo (ERTEs).
 

Es la primera vez en la historia reciente que se produce una disrupción tan importante de la vida económica y social y, por ello, conviene reflexionar y tomar nota de todo lo que puede ayudarnos a reaccionar mejor en el futuro. Hemos de ratificar que la reflexión para un nuevo tratamiento profundo de la Seguridad Humana es una necesidad imperiosa e irreversible y una responsabilidad social ineludible de todos, pero especialmente de aquellos quienes tenemos la posibilidad de trabajar para avanzar en su nueva conceptualización, análisis, generación de metodología e implementación.
 

Según Federico Mayor Zaragoza, Presidente de la Asociación Española para el Avance de la Ciencia (AEAC), en la “Carta al G20”, que acaba de ser “firmada por líderes mundiales para dar una respuesta global a la crisis del coronavirus”, indica que “se proponen las mismas medidas que se adoptaron frente a la crisis financiera del año 2008, que han conducido a la situación presente, habiendo demostrado que los mercados no resuelven los desafíos globales. Frente a amenazas de ámbito mundial se requiere una reacción proporcional de “Nosotros, los pueblos”. No es la plutocracia -que representa en realidad la fuerza de un solo país- sino el multilateralismo democrático el que puede estar a la altura de las circunstancias. ¿Por qué 20 países deben tener las riendas del destino común cuando en estos momentos hay en el mundo 196 países? No es el “gran dominio” (financiero, militar, energético, mediático) el que va a solucionar los problemas sino la voz y manos unidas de todos los pueblos. La Carta debería ser dirigida a las Naciones Unidas, para dar un renovado vigor al multilateralismo y no a su principal oponente”.
 

El brote de COVID-19 debe servirnos para tomar conciencia de la extrema vulnerabilidad de nuestras sociedades y la necesidad de una mayor solidaridad y así poder caminar hacia un cambio de actitud personal y social por parte de todos nosotros porque de esta crisis sanitaria saldremos reforzados.


Editado por
MANUEL SANCHEZ GÓMEZ-MERELO
Eduardo Martínez de la Fe
MANUEL SANCHEZ GÓMEZ-MERELO, es consultor internacional de seguridad, arquitecto técnico y periodista. Completa esta formación con diversos cursos de postgrado en las áreas de seguridad pública y privada, defensa comunicaciones.

Dedicado por más de 30 años a la Consultoría e Ingeniería de Seguridad y Defensa por más de 20 países como asesor para asuntos aeroportuarios, puertos, cárceles hospitales, entidades bancarias, museos, transporte ferroviario, servicios de Correos y puertos.

Es socio fundador y presidente para Europa de la Federación Mundial de Seguridad (WSF), Director para Europa de la Secretaría Iberoamericana de Seguridad, Asesor gubernamental en materia de integración operativa de seguridad pública y privada en diversos países latinoamericanos.

Como experiencia académica es profesor de postgrado en ICADE (Universidad Pontificia Comillas de Madrid) desde 1986, codirector de postgrado en la Facultad de Psicología (Universidad Complutense de Madrid) y director del Curso de Seguridad en Infraestructuras Críticas del Instituto General Gutierrez Mellado de la UNED, así como conferenciante habitual y profesor en más de 20 países sobre Seguridad y Defensa.

Su representación institucional es principalmente como Miembro Experto de la Comisión Mixta de Seguridad del Ministerio del Interior, Director para Europa de la Federación Panamericana de Seguridad (FEPASEP), representante “ad honores” de la Federación de Empresas de Seguridad del MERCOSUR (FESESUR), asesor del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) para asuntos de Seguridad Ciudadana y Observatorio de Delincuencia en Panamá, socio fundador y de honor del Observatorio de Seguridad Integral en Hospitales (OSICH), socio fundador y vicepresidente de la Asociación para la Protección de Infraestructuras Críticas (APIC)

Autor y director de la BIBLIOTECA DE SEGURIDAD, editorial de Manuales de Proyectos, Organización y Gestión de Seguridad

Actualmente es presidente y director del Grupo de Estudios Técnicos (GET), socio-senior partner de TEMI GROUP Consultoría Internacional y socio-director de CIRCULO de INTELIGENCIA consultora especializada.