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 <title>HACIA UN NUEVO CONCILIO. Javier Monserrat</title>
 <subtitle><![CDATA[Blog de Tendencias21 sobre el paradigma de la modernidad en el cristianismo]]></subtitle>
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 <updated>2026-03-12T18:32:33+01:00</updated>
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   <title>GUIA TEMÁTICA PARA LEER ESTE BLOG</title>
   <updated>2012-07-09T11:39:00+02:00</updated>
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   <category term="Guía temática para leer este blog" />
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   <published>2012-07-09T11:39:00+02:00</published>
   <author><name>Javier Monserrat</name></author>
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    <![CDATA[
Este blog, titulado Hacia el Nuevo Concilio, persigue el fin de dar a conocer, comentar, ampliar, aclarar, el contenido de mi obra: Javier Monserrat, Hacia el Nuevo Concilio, San Pablo, Madrid 2010. Por ello, en el listado de secciones se reproducen algunos de los capítulos del libro. A fecha de julio de 2012 sólo tienen entradas las secciones: Guía temática para leer este blog; Por qué este blog; Argumentos; Imagen de la realidad en la ciencia; El Nuevo Concilio. Las otras secciones están de momento vacías. Debo indicar que, en mi intención, este blog no está pensado tanto para mantener un comentario habitual y frecuente de temas de actualidad, cuanto para ir publicando posts que ayuden a encontrar información sobre las ideas que he defendido en Hacia el Nuevo Concilio, a entenderlas y a discutirlas. En todo caso iré haciendo uso de las posibilidades de este blog de acuerdo con lo que las circunstancias demanden en cada momento. El blog comenzó en 2011 (el primer post es del 24/12/2010) y, a julio 2012, consta de 19 posts.     <div style="position:relative; float:right; padding-left: 1ex;">
      <img src="https://www.tendencias21.es/concilio/photo/art/default/4494475-6745884.jpg?v=1341821857" alt="GUIA TEMÁTICA PARA LEER ESTE BLOG" title="GUIA TEMÁTICA PARA LEER ESTE BLOG" />
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      Puesto que este blog contiene preferentemente posts temáticos, ofrecemos al lector esta GUÍA TEMÁTICA PARA LEER ESTE BLOG. Contiene el listado completo de los posts que contiene en cada una de las secciones y, además, contiene también una orientación para quien se introduzca por primera vez y quiera orientarse sobre sus contenidos y el posible orden lógico de lectura de la información ofrecida por los posts. <br />  &nbsp; <br />  Al seleccionarse el post que desee ser leído, puede accederse a él de dos maneras. 1) Primero pinchando el título en esta GUÍA (control + clic sobre el título). 2) Si esto no funciona, entonces debe irse al listado de secciones en la página de inicio del blog, a la derecha, y pinchar la sección donde se halla el post (su ubicación en una u otra sección lo conocemos a través del listado de esta GUÍA). Al pinchar la sección aparece a la izquierda el texto inicial de todos los posts de esta sección. Los posts salen por orden de fecha de publicación (primero los más recientes) y, por tanto, basta ir bajando hasta llegar al post deseado.
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     <br style="clear:both;"/>
     <div style="position:relative; text-align : center; padding-bottom: 1em;">
      <img src="https://www.tendencias21.es/concilio/photo/art/default/4494475-6746202.jpg?v=1341825237" alt="GUIA TEMÁTICA PARA LEER ESTE BLOG" title="GUIA TEMÁTICA PARA LEER ESTE BLOG" />
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      <strong>ORIENTACIONES PARA LEER ESTE BLOG <br />  CON UN ORDEN LÓGICO</strong> <br />  &nbsp; <br />  En ocasiones los post se agrupan en series (en este caso, presentan siempre una numeración en romanos). Es obvio que los post de una serie están en relación y, para hacerse una idea correcta del contenido, deben leerse todos en el orden de numeración). Si sequiere seguir un orden lógico de lectura, estos consejos pueden servir de orientación. <br />  &nbsp; <br />  1) Comenzar a leer los post de la sección “Por qué este blog”. Los dos post del 24/12/2010 explican el contenido de la Trilogía, como respuesta a tiempos excepcionales y la peripecia personal que me llevó a escribirla. El post de 6/1/2011 contiene una introducción global a lo que entiendo la responsabilidad de la iglesia de nuestro tiempo para proclamar el kerigma cristiano y, al mismo tiempo, un resumen y comentario de Hacia el Nuevo Concilio. <br />  &nbsp; <br />  2) Complementando las ideas introductorias de la sección “Por qué este blog”, puede leerse la primera serie temática que he colocado en la sección “Argumentos”. Son dos posts: el del 5/2/2011 y el del 2/3/2011, ambos insisten en la urgencia y responsabilidad de la conciencia cristiana para proclamar en nuestro tiempo el kerigma cristiano. <br />  &nbsp; <br />  3) La sección “El Nuevo Concilio” contiene una serie de ocho posts que tratan del tema “La Nueva Evangelización y Concilio” (aparecidos entre el 6/2012 y el 8/6/2012). Su lectura entraría lógicamente después de la lectura de lo indicado en los puntos 1) y 2) (ver inmediatemente antes). En estos posts explico que la “novedad eficaz” que la iglesia busca en sus diseños de nueva evangelización debería ser la entrada en el paradigma de la modernidad que, por su propio impulso, debería desembocar en el Nuevo Concilio. <br />  &nbsp; <br />  4) En la sección “Argumentos” he colocado cuatro posts de la serie “Ontología del universo y hermenéutica cristiana” (aparecidos el primero el 1/6/2011 y los otros tres el 16/6/2012). En ellos he argumentado que la iglesia debe decidirse a aceptar la nueva ontología de la realidad que conocemos por la modernidad para construir desde ella una nueva hermenéutica cristiana. Esta nueva ontología del universo nos lleva a una nueva visión de la ontología humana, no dualista, pero que responde plenamente a la ortodoxia católica. <br />  &nbsp; <br />  5) Por último, en la sección “Imagen de la realidad en la ciencia” he puesto dos posts (el 12/4/2011 y el 27/4/2011) que complementan el capítulo cuatro de Hacia el Nuevo Concilio). El primer post trató sobre la cosmología de multiversos de Stephen Hawking y el segundo sobre la de Roger Penrose. 
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      SECCIONES DEL BLOG <br />  &nbsp; <br />  <a class="link" href="http://www.tendencias21.net/concilio/Guia-tematica-para-leer-este-blog_r12.html"><img border="0" height="13" src="file:///C:%5CUsers%5CJavier%5CAppData%5CLocal%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_image001.gif" width="15" />Guía temática para leer este blog </a>  <br />  &nbsp; <br />  <a class="link" href="http://www.tendencias21.net/concilio/Por-que-este-blog_r1.html"><img border="0" height="13" src="file:///C:%5CUsers%5CJavier%5CAppData%5CLocal%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_image001.gif" width="15" />Por qué este blog </a>  <br />  &nbsp; <br />  <a class="link" href="http://www.tendencias21.net/concilio/Argumentos_r2.html"><img border="0" height="13" src="file:///C:%5CUsers%5CJavier%5CAppData%5CLocal%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_image001.gif" width="15" />Argumentos </a>  <br />  &nbsp; <br />  <a class="link" href="http://www.tendencias21.net/concilio/Documentacion_r3.html"><img border="0" height="13" src="file:///C:%5CUsers%5CJavier%5CAppData%5CLocal%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_image001.gif" width="15" />Documentación </a>  <br />  &nbsp; <br />  <a class="link" href="http://www.tendencias21.net/concilio/Hacia-el-Nuevo-Concilio-el-paradigma-de-la-modernidad-en-la-Era-de-la-Ciencia_r4.html"><img border="0" height="13" src="file:///C:%5CUsers%5CJavier%5CAppData%5CLocal%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_image001.gif" width="15" />Hacia el Nuevo Concilio: el paradigma de la modernidad en la Era de la Ciencia </a>  <br />  &nbsp; <br />  <a class="link" href="http://www.tendencias21.net/concilio/Kerigma-cristiano_r5.html"><img border="0" height="13" src="file:///C:%5CUsers%5CJavier%5CAppData%5CLocal%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_image001.gif" width="15" />Kerigma cristiano </a>  <br />  &nbsp; <br />  <a class="link" href="http://www.tendencias21.net/concilio/El-paradigma-greco-romano_r6.html"><img border="0" height="13" src="file:///C:%5CUsers%5CJavier%5CAppData%5CLocal%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_image001.gif" width="15" />El paradigma greco-romano </a>  <br />  &nbsp; <br />  <a class="link" href="http://www.tendencias21.net/concilio/Imagen-de-la-realidad-en-la-ciencia_r7.html"><img border="0" height="13" src="file:///C:%5CUsers%5CJavier%5CAppData%5CLocal%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_image001.gif" width="15" />Imagen de la realidad en la ciencia </a>  <br />  &nbsp; <br />  <a class="link" href="http://www.tendencias21.net/concilio/El-paradigma-de-la-modernidad_r8.html"><img border="0" height="13" src="file:///C:%5CUsers%5CJavier%5CAppData%5CLocal%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_image001.gif" width="15" />El paradigma de la modernidad </a>  <br />  &nbsp; <br />  <a class="link" href="http://www.tendencias21.net/concilio/Religiones_r9.html"><img border="0" height="13" src="file:///C:%5CUsers%5CJavier%5CAppData%5CLocal%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_image001.gif" width="15" />Religiones </a>  <br />  &nbsp; <br />  <a class="link" href="http://www.tendencias21.net/concilio/El-Nuevo-Concilio_r10.html"><img border="0" height="13" src="file:///C:%5CUsers%5CJavier%5CAppData%5CLocal%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_image001.gif" width="15" />El Nuevo Concilio </a>  <br />  &nbsp; <br />  <a class="link" href="http://www.tendencias21.net/concilio/Dialogo_r11.html"><img border="0" height="13" src="file:///C:%5CUsers%5CJavier%5CAppData%5CLocal%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_image001.gif" width="15" />Diálogo </a>  <br />  &nbsp; <br />  <a class="link" href="http://www.tendencias21.net/concilio/Bitacora_r13.html"><img border="0" height="13" src="file:///C:%5CUsers%5CJavier%5CAppData%5CLocal%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_image001.gif" width="15" />Bitácora </a>  
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     <br style="clear:both;"/>
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      <strong>LISTA DE POSTS EN CADA SECCIÓN</strong> <br />  &nbsp; <br />  <strong>[En esta lista constan primero los post más recientes. Por tanto, cuando se listan series temáticas, los de fecha más antigua están al final, pero son lógica y temáticamente los primeros. Por ejemplo, si se quiere leer los post de la temática “La Nueva Evangelización y Concilio” debe comenzarse por el post I que tiene la fecha más antigua y sale el último de la serie]</strong>
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       <br />  <strong>POR QUÉ ESTE BLOG</strong> <br />   <br />  <h2>  	<a class="link" href="http://www.tendencias21.net/concilio/Hacia-el-Nuevo-Concilio-la-responsabilidad-de-la-iglesia-en-la-proclamacion-del-kerigma-cristiano-en-nuestro-tiempo_a3.html">Hacia el Nuevo Concilio: la responsabilidad de la iglesia en la proclamación del kerigma cristiano en nuestro tiempo</a>  6/1/2011</h2>  <h2>  	<a class="link" href="http://www.tendencias21.net/concilio/Como-llegue-a-redactar-la-trilogia-un-apunte-de-mi-biografia-intelectual_a2.html">Cómo llegué a redactar la trilogía: un apunte de mi biografía intelectual</a>  24/12/2010</h2>  <h2>  	<a class="link" href="http://www.tendencias21.net/concilio/Mis-intenciones-en-estos-blogs-conjeturas-sobre-dos-tiempos-excepcionales_a1.html">Mis intenciones en estos blogs: conjeturas sobre dos tiempos excepcionales</a>  24/12/2010</h2>  
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     <br style="clear:both;"/>
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      <h3>  	 <br />  	ARGUMENTOS (Serie: conciencia moral cristiana)</h3>   <br />  <h2>  	<a class="link" href="http://www.tendencias21.net/concilio/CONCIENCIA-MORAL-CRISTIANA-II-INEVITABILIDAD-HISTORICA-DE-UNA-NUEVA-HERMENEUTICA-DEL-KERIGMA-CRISTIANO_a6.html">CONCIENCIA MORAL CRISTIANA (II): INEVITABILIDAD HISTÓRICA DE UNA NUEVA HERMENÉUTICA DEL KERIGMA CRISTIANO</a>  2/4/2011</h2>  <h2>  	<a class="link" href="http://www.tendencias21.net/concilio/La-urgencia-moral-cristiana-I-el-fundamento_a5.html">La urgencia moral cristiana (I): el fundamento</a>  5/2/2011</h2>  
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     <br style="clear:both;"/>
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      <h3>  	ARGUMENTOS (Serie: ontología del universo y hermenéutica)</h3>   <br />  <strong><a class="link" href="http://www.tendencias21.net/concilio/Ontologia-del-universo-y-hermeneutica-cristiana-IV-la-idea-teologica-del-hombre_a12.html">Ontología del universo y hermenéutica cristiana (IV): la idea teológica del hombre</a>  </strong><strong> 16/06/2011</strong> <br />  &nbsp; <br />  <strong><a class="link" href="http://www.tendencias21.net/concilio/Ontologia-del-universo-y-hermeneutica-cristiana-III-el-kerigma-desde-la-ontologia-moderna-la-naturaleza-espiritual-del_a11.html">Ontología del universo y hermenéutica cristiana (III): el kerigma desde la ontología moderna, la naturaleza espiritual del hombre</a>  16/06/2011 </strong> <br />  &nbsp; <br />  <strong><a class="link" href="http://www.tendencias21.net/concilio/Ontologia-del-universo-y-hermeneutica-cristiana-II-el-protagonismo-de-la-iglesia-en-el-cambio-hermeneutico_a10.html">Ontología del universo y hermenéutica cristiana (II): el protagonismo de la iglesia en el cambio hermenéutico</a>  16/06/2011 </strong> <br />  &nbsp; <br />  <strong><a class="link" href="http://www.tendencias21.net/concilio/Ontologia-del-universo-y-hermeneutica-cristiana-I-el-problema-de-estar-todavia-en-la-imagen-del-mundo-antiguo_a9.html">Ontología del universo y hermenéutica cristiana (I): el problema de estar todavía en la imagen del mundo antiguo</a>  &nbsp;1/6/2011</strong>
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       <br />  <strong>EL NUEVO CONCILIO</strong> <br />  &nbsp; <br />  <strong><a class="link" href="http://www.tendencias21.net/concilio/LA-NUEVA-EVANGELIZACION-Y-CONCILIO-VII-EL-NUEVO-CONCILIO-COMO-CULMINACION-HISTORICA-DE-LA-EVANGELIZACIONDEL-MUNDO_a19.html">LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (VII): EL NUEVO CONCILIO COMO CULMINACIÓN HISTÓRICA DE LA EVANGELIZACIÓNDEL MUNDO MODERNO</a>  08/07/2012 </strong> <br />  &nbsp; <br />  <strong><a class="link" href="http://www.tendencias21.net/concilio/LA-NUEVA-EVANGELIZACION-VI-DESDE-LA-NUEVA-HERMENEUTICA-DEL-KERIGMA-CRISTIANO-EN-LA-MODERNIDAD_a18.html">LA NUEVA EVANGELIZACIÓN (VI) DESDE LA NUEVA HERMENÉUTICA DEL KERIGMA CRISTIANO EN LA MODERNIDAD</a>  08/07/2012 </strong> <br />  &nbsp; <br />  <strong><a class="link" href="http://www.tendencias21.net/concilio/LA-NUEVA-EVANGELIZACION-Y-CONCILIO-V-EL-ADIOS-A-LA-HERMENEUTICA-ANTIGUA-O-IMAGEN-DE-LO-REAL-EN-EL-PARADIGMA-GRECO-ROMANO_a17.html">LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (V): EL ADIÓS A LA HERMENÉUTICA ANTIGUA O IMAGEN DE LO REAL EN EL PARADIGMA GRECO-ROMANO</a>  07/07/2012 </strong> <br />  &nbsp; <br />  <strong><a class="link" href="http://www.tendencias21.net/concilio/LA-NUEVA-EVANGELIZACION-Y-CONCILIO-IV-EL-PARADIGMA-DE-LA-MODERNIDAD-CLAVE-PARA-EL-DISENO-DE-LA-NUEVA-EVANGELIZACION_a16.html">LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (IV): EL PARADIGMA DE LA MODERNIDAD, CLAVE PARA EL DISEÑO DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN</a>  07/07/2012 </strong> <br />  &nbsp; <br />  <strong><a class="link" href="http://www.tendencias21.net/concilio/LA-NUEVA-EVANGELIZACION-Y-CONCILIO-III-COMO-EVANGELIZAR-ACTITUDES-DE-DISENO-Y-EL-PROYECTO-DEL-SINODO-DE-LOS-OBISPOS_a15.html">LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (III): ¿CÓMO EVANGELIZAR? ACTITUDES DE DISEÑO Y EL PROYECTO DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS</a>  06/07/2012 </strong> <br />  &nbsp; <br />  <strong><a class="link" href="http://www.tendencias21.net/concilio/LA-NUEVA-EVANGELIZACION-Y-CONCILIO-II-LAS-CLAVES-HISTORICAS-FILOSOFICAS-Y-TEOLOGICAS-PARA-DISENARLA_a14.html">LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (II): LAS CLAVES HISTÓRICAS, FILOSÓFICAS Y TEOLÓGICAS PARA DISEÑARLA</a>  06/07/2012 </strong> <br />  &nbsp; <br />  <strong><a class="link" href="http://www.tendencias21.net/concilio/LA-NUEVA-EVANGELIZACION-Y-CONCILIO-I-UN-PROYECTO-DE-ACCION-PARA-LA-IGLESIA-CATOLICA-ANTE-LA-CRISIS-MODERNA-DE-LA_a13.html">LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (I): UN PROYECTO DE ACCION PARA LA IGLESIA CATÓLICA ANTE LA CRISIS MODERNA DE LA RELIGIÓN</a>  06/07/2012 </strong>
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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      <strong>IMAGEN DE LA REALIDAD EN LA CIENCIA</strong> <br />   <br />  <h2>  	<a class="link" href="http://www.tendencias21.net/concilio/LOS-MULTIVERSOS-CICLICOS-DE-ROGER-PENROSE-Hawking-y-Penrose-dos-modelos-alternativos-de-multiuniversos_a8.html">LOS MULTIVERSOS CÍCLICOS DE ROGER PENROSE Hawking y Penrose, dos modelos alternativos de multiuniversos</a>  27/4/2011</h2>  <h2>  	<a class="link" href="http://www.tendencias21.net/concilio/LA-OBRA-DE-HAWKING-CONFIRMA-EL-ENIGMA-METAFISICO-DEL-UNIVERSO_a7.html">LA OBRA DE HAWKING CONFIRMA EL ENIGMA METAFÍSICO DEL UNIVERSO</a>  &nbsp;12/4/2011</h2>  
     </div>
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    ]]>
   </content>
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   <title>LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (VII): EL NUEVO CONCILIO COMO CULMINACIÓN HISTÓRICA DE LA EVANGELIZACIÓNDEL MUNDO MODERNO</title>
   <updated>2012-07-08T12:50:00+02:00</updated>
   <id>https://www.tendencias21.es/concilio/LA-NUEVA-EVANGELIZACION-Y-CONCILIO-VII-EL-NUEVO-CONCILIO-COMO-CULMINACION-HISTORICA-DE-LA-EVANGELIZACIONDEL-MUNDO_a19.html</id>
   <category term="El Nuevo Concilio" />
   <published>2012-07-08T12:07:00+02:00</published>
   <author><name>Javier Monserrat</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
No querría que pasara desapercibido el mensaje esencial que tengo la intención de transmitir. Si la Nueva Evangelización consiste en repetir el paradigma antiguo, aunque sea camufladamente, o en reducir la acción de la iglesia a una pura proclamación del kerigma, ignorando el esfuerzo hermenéutico, entonces “nueva” sólo puede entenderse en el sentido de “otra” insistencia en la forma de evangelizar al uso (que es la que en siglos pasados nos ha sumido en la más grave crisis de la religión que ha visto la historia). Pero no será “nueva” en el sentido de que aporte “novedad”, la novedad requerida y que la iglesia retóricamente, en segundo binario ignaciano, parece postular. Para que esto se produjera sería necesario que la iglesia abordara la grave cuestión pendiente desde siglos: la nueva hermenéutica de la modernidad. Por ello, en estos momentos, hablar de “nueva” evangelización” es, a mi entender, precipitado. ¿Por qué? Simplemente porque para que haya nueva evangelización hay que dar un paso previo, que supone un cierto proceso histórico, que todavía no se ha dado: la reflexión colectiva dirigida por la misma iglesia para llegar al paradigma de la modernidad. Sin una autocomprensión de la iglesia dentro de la modernidad no habrá nunca “nueva” evangelización. Hoy en día esto no se ha producido y, por tanto, es prematuro hablar de “nueva” evangelización. ¿Nos urge evangelizar? Entonces venzamos las resistencias y comencemos a dar los pasos que nos llevan hacia la evangelización requerida por los tiempos. Una vez que estemos en ella, y se abra ante nosotros la luz profunda con que el kerigma cristiano brilla en la modernidad, la misma iglesia entenderá que no puede escatimar medios para ofrecer el gran escenario histórico para proclamar en nuestro tiempo la fe cristiana y el sentido del plan de Dios al que el hombre puede libremente adherirse. Este escenario no podrá ser otro que el gran concilio universal de la iglesia, uno de los más importantes de su historia, en tiempos excepcionales de transición a un nuevo mundo.     <div>
      <b>La historia imaginaria de cómo se llegó al Nuevo Concilio:        <br />
       cuándo comenzó a hacerse posible</b>       <br />
              <br />
       Imaginemos lo que, en definitiva, ha venido produciéndose en los últimos siglos de historia cristiana. La iglesia consistía en la adhesión personal e intelectual a Jesús de Nazaret, cuyo mensaje era hecho presente en cada época como el kerigma de la fe de la iglesia. La iglesia intentó explicar quién era el hombre y por qué el kerigma iluminaba la profundidad del ser humano. Pero, ¿quién era el hombre? La iglesia dependía para entenderlo de la cultura y de la filosofía del tiempo. Tenía que hablar a la cultura de su época. Por ello, la iglesia comenzó un proceso hermenéutico que dependió del mundo greco-romano. La iglesia supo desde el principio que una cosa era el kerigma que Jesús había anunciado y otra distinta las hermenéuticas. Después de siglos y siglos de permanencia en este paradigma explicativo la iglesia se habituó porque la tradición de muchos años se había expresado usando sus instrumentos conceptuales.        <br />
              <br />
       Pasado el tiempo sucedió que la sociedad, la cultura, la ciencia y la filosofía, comenzaron a cambiar poco a poco su imagen del universo, de la materia, de la vida, del hombre y de la historia. Habían transcurrido quince siglos. Mucho tiempo. Pero el hecho es que el paradigma antiguo fue siendo abandonado por aquella sociedad en que la iglesia debía proclamar el kerigma. La iglesia no estaba comprometida esencialmente con el paradigma antiguo. De ahí que, al darse el cambio hacia una nueva imagen de la realidad la iglesia hubiera debido aceptar simplemente que la razón humana, que progresaba en la historia, ofrecía una imagen más profunda de aquella realidad que Dios había creado. En consecuencia hubiera debido elaborar pronto una nueva hermenéutica para entender con más profundidad el kerigma cristiano, caminando en paralelo al movimiento racional de la sociedad. Esto no podía entenderse como “venderse”, “ceder” o adaptarse estratégicamente a la modernidad (renunciando a las ideas por el beneficio inmediato del éxito social), sino simplemente como profundizar en el debido conocimiento del kerigma a medida que la historia avanzaba en el conocimiento de la realidad. La nueva hermenéutica no hubiera sido nunca oportunismo, sino deber intelectual de la teología cristiana.        <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
     <div style="position:relative; text-align : center; padding-bottom: 1em;">
      <img src="https://www.tendencias21.es/concilio/photo/art/default/4492432-6743078.jpg?v=1341743420" alt="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (VII): EL NUEVO CONCILIO COMO CULMINACIÓN HISTÓRICA DE LA EVANGELIZACIÓNDEL MUNDO MODERNO" title="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (VII): EL NUEVO CONCILIO COMO CULMINACIÓN HISTÓRICA DE LA EVANGELIZACIÓNDEL MUNDO MODERNO" />
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     <div>
      Pero esto no es lo que realmente sucedió. El hecho acontecido fue que la modernidad comenzó a pronunciarse de forma tanteante e imprecisa, poco madura, tanto en lo científico-filosófico como en lo socio-político. Es explicable que así fuera. La iglesia, además, en aquel tiempo, estaba instalada todavía en un dogmatismo muy fuerte y prepotente, tras años de cristiandad medieval. Tuvo la impresión de que aquellos primeros movimientos de la modernidad no se correspondían con la verdad y se atrevió a denunciarlos. El resultado fue que el movimiento de la modernidad que estaba creando el futuro, por una parte, y la ideología hermenéutica del movimiento eclesiástico anclado en el pasado, por otra, entraron en un proceso de disonancia y enfrentamiento que duró varios siglos. En realidad hasta nuestros días, con matices.        <br />
              <br />
       Imaginemos ahora que, después de cinco siglos de disonancia, que produjeron en la iglesia la inmensa tribulación de una crisis religiosa de una gravedad nunca vista, las circunstancias comenzaron a cambiar. ¿Qué es lo que sucedió? Muy sencillo, por una parte la modernidad fue madurando en su imagen del mundo, de tal manera que se llegó a un estado en que su visión de la materia, del universo, de la vida, del hombre y de la historia, fue limando las aristas y perfiles agudos que produjeron en siglos pasados heridas en la sensibilidad cristiana. Por otra parte, la iglesia comenzó a sentir el cansancio de siglos de enfrentamiento, de tribulación y la mala conciencia de ser responsable de la grave crisis religiosa de la sociedad moderna. La iglesia sintió la urgencia moral cristiana de intentar como fuera la Nueva Evangelización de aquella sociedad que ella misma –así podemos decirlo, aunque sea duro para la iglesia– había perdido. Había que llegar a diseñar una nueva proclamación del kerigma ante la sociedad descristianizada (en gran parte todavía religiosa en su interior). Esta proclamación debía hacerse con una calidad nueva y superior, de tal manera que la libertad humana en la modernidad pudiera verse atraída con fuerza hacia el enriquecimiento existencial de la fe. No sólo debía hacerse oír por la increencia, sino también por muchos otros hombres interiormente religiosos, aunque incapaces de expresar su religiosidad a través de aquella fe de la iglesia en disonancia con la modernidad.        <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
     <div style="position:relative; text-align : center; padding-bottom: 1em;">
      <img src="https://www.tendencias21.es/concilio/photo/art/default/4492432-6743084.jpg?v=1341743394" alt="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (VII): EL NUEVO CONCILIO COMO CULMINACIÓN HISTÓRICA DE LA EVANGELIZACIÓNDEL MUNDO MODERNO" title="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (VII): EL NUEVO CONCILIO COMO CULMINACIÓN HISTÓRICA DE LA EVANGELIZACIÓNDEL MUNDO MODERNO" />
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      <b>Prosigue la historia: aparece la nueva alternativa</b>       <br />
              <br />
       ¿Qué hacer? El hecho es que las nuevas circunstancias, pasados cinco siglos de disonancia y de tribulación cristiana, propiciaron que se hiciera aquello que no pudo hacerse en el principio, en los siglos XVI-XVII, por las condiciones de inmadurez de los procesos históricos, tanto de parte de la modernidad como de la iglesia. Después de muchas tentativas de pensadores cristianos que no habían conducido a nada, sin capacidad de alterar la inercia del movimiento de la iglesia en su posición ancestral, llegó un tiempo en que las diversas variables del problema comenzaron a cuadrar entre sí: la iglesia comenzó a entender en profundidad la imagen madura de lo real en la ciencia y en la cultura de la modernidad, al mismo tiempo en que se comenzaba a intuir que aquellos rasgos de esa imagen moderna, lejos de oscurecer el kerigma cristiano, permitían iluminarlo con una sorprendente claridad. Poco a poco comenzaron a perfilarse con toda precisión los rasgos de la nueva alternativa hermenéutica que la modernidad hacía posible para entender y proclamar el kerigma cristiano.         <br />
              <br />
       La nueva alternativa hermenéutica –no podía ser de otra manera– comenzó a ser propuesta por autores concretos. Aunque era algo muy sencillo e intuitivo, si se quería proponer seriamente, suponía una cierta complejidad intelectual. Por ello, exigía la fuerza del concepto, la decisión de tomarse en serio algo y estudiarlo. Esto no siempre ha sido fácil de conseguir porque todas las personas tienden a dejarse llevar por la inercia. Por ello muchos no prestaron la atención debida a la nueva alternativa que se abría camino, sin darse cuenta de que su prepotencia ante la novedad les iba a ser juzgada duramente por la historia a no mucho tardar. No obstante, las tendencias impulsadas inevitablemente por la lógica de la historia acaban por imponerse. ¿Por qué? Pues por lo de siempre: porque no todos viven en la insensibilidad administrativa o en la prepotencia del rol social vacío del puro intelectual, sino que hay muchos que honestamente sienten la urgencia moral cristiana de buscar la verdad coyuntural que conduzca con al mejor diseño para la Nueva Evangelización.        <br />
              <br />
       <b>Prosigue la historia: la Nueva Evangelización hace inevitable el concilio</b>       <br />
              <br />
       Una vez que en la iglesia se fue tomando conciencia de que la alternativa que se buscaba desde siglos estaba ya a la mano, todos los elementos del problema, las dudas, las disonancias, las contradicciones, comenzaron a encajar entre sí produciendo la alegría sobrevenida de haber hecho luz en el proceso de la historia cristiana. Luz reafirmante sobre la esencialidad del kerigma cristiano. Luz sobre el curso de la historia pasada de la iglesia bajo la influencia del teocentrismo y del teocratismo derivados del paradigma greco-romano. Luz sobre la forma excelente en que el kerigma se había vivido durante siglos, aun dentro de la coyunturalidad histórica del paradigma antiguo. Luz sobre la nueva imagen de la realidad en la ciencia y en la cultura de la modernidad, sobre su mundo enigmático de incertidumbres metafísicas que constituían el escenario grandioso de la autonomía, de la libertad y de la dignidad humana. Luz sobre la grandiosidad de un universo monista que nace de la ontología divina y en el que la presencia divina abarca interiormente todo el campo de la realidad. Luz sobre el diseño divino de un universo autónomo, evolutivo, creativo, puesto en manos del hombre bajo la guía de la razón. Luz sobre el misterio del eterno designio divino para la creación que un universo que hace posible la libertad del pecado y de la santidad. Luz sobre el eterno misterio trinitario de la Redención que lleva a la kénosis del Verbo en la Encarnación, y culmina en el silencio y en el sufrimiento de la cruz. Luz ante el misterio de la historia sufriente que será liberada por la resurrección. Luz sobre el sentido absoluto del logos cristológico que explica la creación y la historia de salvación. Luz sobre la nueva forma de proclamar el kerigma cristiano de siempre ante la nueva experiencia existencial del hombre en la modernidad. Luz y consuelo sobre la potente fuerza intelectual de la nueva hermenéutica que debía ser el eje que permitiera por fin la Nueva Evangelización, cuya exigencia era sentida y deseada por la iglesia.         <br />
              <br />
       Por tanto, cuando la iglesia cristiana acabó cayendo en la cuenta de la luz extraordinaria que hacía posible entender el kerigma cristiano desde la modernidad, entendió al mismo tiempo que estaba viviendo tiempos excepcionales. Después de veinte siglos de permanencia en el paradigma antiguo, y cinco siglos de grave tribulación por la crisis religiosa y la disonancia con la modernidad, la iglesia tenía conciencia de que se entraba en una nueva época: aquella que quedaba inaugurada por la entrada en la nueva hermenéutica del paradigma de la modernidad. La intuición gozosa de la existencia de la alternativa buscada, que iba a permitir el diseño del gran proyecto de Nueva Evangelización, surgía en un tiempo en que la iglesia no sólo estaba replegada en el puro kerigma, por carecer de lenguaje ante el movimiento triunfante de la modernidad, sino que coincidía con una profunda postración por los graves escándalos morales acontecidos y por las muchas tensiones y disidencias en el seno de la iglesia. Por ello, la coyuntura histórica excepcional que se vivía, en que se iba a producir el primer gran cambio hermenéutico después de veinte siglos de historia cristiana en el mundo antiguo, entrando por fin en el mundo moderno, no podía ser resuelta por dos o tres documentos eclesiásticos. La Nueva Evangelización pedía producirse a través del instrumento de mayor calidad, espiritual e intelectual, disponible por la iglesia para escenificar los grandes momentos de su historia y para proclamar ante el mundo con nueva fuerza el gran mensaje del kerigma cristiano. Tras una tribulación tan larga y con la sociedad en su mayor parte descristianizada, la iglesia era consciente de que ya no podía regatear medios para dar a la Nueva Evangelización, pendiente desde siglos atrás, su medio más potente de escenificación: el concilio ecuménico. El Vaticano III. Un concilio llamado a ser uno de los hitos más importantes en la historia hermenéutica de la iglesia cristiana.        <br />
       
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     <br style="clear:both;"/>
     <div style="position:relative; text-align : center; padding-bottom: 1em;">
      <img src="https://www.tendencias21.es/concilio/photo/art/default/4492432-6743094.jpg?v=1341744485" alt="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (VII): EL NUEVO CONCILIO COMO CULMINACIÓN HISTÓRICA DE LA EVANGELIZACIÓNDEL MUNDO MODERNO" title="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (VII): EL NUEVO CONCILIO COMO CULMINACIÓN HISTÓRICA DE LA EVANGELIZACIÓNDEL MUNDO MODERNO" />
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      <b>El Nuevo Concilio</b>       <br />
              <br />
       El Papa, al convocar el concilio como cabeza de la iglesia, y la iglesia misma, se pusieron en manos del Espíritu de Dios, confiando en una iglesia que para proclamar en la historia el kerigma cristiano fue inspirada para redactar las Escrituras y siguió asistida por la Providencia Divina en cada momento de su caminar por los siglos hasta el presente. En los años anteriores al concilio una gran actividad intelectual en toda la iglesia preparó las ideas que debían hallar el respaldo del concilio. Un talante de novedad y creatividad guiaba la acción de todos, venciendo los temores al cambio apoyados en la razón filosófica y teológica, así como en la confianza en el Espíritu, sentida en tiempos de grave responsabilidad y de excepcionales esperanzas. La iglesia no era ya aquella institución que dejaba que los intelectuales pensaran al mismo tiempo que los ignoraba, mientras ella misma se refugiaba en el incompromiso hermenéutico sin diálogo con el logos del tiempo y en la pura proclamación kerigmática de los grandes contenidos de la fe.        <br />
              <br />
       La convocatoria y celebración del concilio recabó la atención de todo el mundo y sus resultados fueron difundidos a través de posiciones de privilegio en los medios de comunicación. Era un espectáculo intelectual único ver a una institución religiosa de dos mil años de existencia repensando su teología desde la modernidad y proyectando sobre el mundo un mensaje, antiguo y nuevo, de profundidad sorprendente. A través del concilio, la iglesia, en disposición ya del paradigma de la modernidad, lograba proyectar sobre la sociedad un mensaje inteligible que mostraba la profunda coherencia del mundo de las religiones en el conjunto armónico de la historia y del conocimiento humano. Aquel concilio, además, constituía el motor de una Nueva Evangelización que se transmitiría fecundamente en todos los niveles pastorales de la iglesia.        <br />
              <br />
       <b>La iglesia sale de la perplejidad y afronta su responsabilidad histórica</b>       <br />
              <br />
       Debemos entender en toda su fuerza lo que en realidad estaba pasando desde el momento en que la iglesia como tal cayó en la cuenta de que su conciencia moral cristiana le exigía afrontar plenamente su responsabilidad con la historia y con la Nueva Evangelización, no retórica sino real, fundada en los cambios que debían afrontarse.        <br />
              <br />
       ¿Qué había antes de este cambio de actitud en la iglesia? Por una parte, desde mucho tiempo atrás, había intelectuales católicos que intentaban aportar ideas, más o menos profundas, más o menos cercanas a la alternativa final que acabaría configurándose como la integración cristiana en el mundo moderno. Pensemos en mi obra Hacia el Nuevo Concilio: ideas referentes a la armonía de la fe con la ciencia, con la cultura de la modernidad, propuestas de cambio en diversos sentidos… Pero, por otra parte, la imagen de una iglesia que sigue  imperturbable, que soporta e ignora el esfuerzo de los intelectuales, cerrada en un llamativo incompromiso hermenéutico, dando muestras de una evidente inseguridad y desconcierto, refugiada en una pura proclamación del kerigma, sin logos de conexión con la cultura y por tanto, en el fondo, ininteligible para la modernidad.        <br />
              <br />
       La iglesia, en el tiempo en que el concilio comenzó a admitirse como proyecto exigido por los tiempos, había caído en la cuenta de que no podía simplemente decir: ya hay pensadores tolerados por la iglesia que piensan y escriben libros, reflexionan sobre la compatibilidad de la fe con la ciencia, sobre la presencia de la fe cristiana en la modernidad…, ya que la influencia en la masa de esta obra intelectual de frencotiradores, ignorados por la iglesia, era mínima. La iglesia había entendido que era ella misma, con su prestigio y con toda la capacidad de proyección sobre los creyentes y sobre la sociedad, la que debía afrontar y liderar el gran esfuerzo hermenéutico que el tiempo exigía, asumiendo y completando la aportación previa de los intelectuales que habían creado el marco intelectual que hacía posible que la iglesia, llegado el momento, afrontara finalmente su responsabilidad histórica.        <br />
              <br />
       <b>El mensaje del concilio al mundo moderno         <br />
       </b>       <br />
       Pero, ¿qué temas constituían el mensaje esencial del concilio? Esta pregunta ha sido tratada con amplitud en mi obra Hacia el Nuevo Concilio. En el capítulo octavo he trazado incluso una simulación de los documentos que podrían ser el eje de lo que, a mi entender, debería ser el Nuevo Concilio. A esta obra me remito. Aquí presento, sin embargo, un breve perfil de algunos de los grandes temas que deberían constituir el eje del Nuevo Concilio. Cada concilio, en la historia de la iglesia, es soberano para diseñarse y para contribuir de una forma específica a la historia de su tiempo. El Nuevo Concilio debería ser por ello un concilio hermenéutico (no dogmático) en que la iglesia orientara sobre las grandes líneas de la hermenéutica del kerigma cristiano en nuestro tiempo. Es evidente que el concilio no absolutizaría una hermenéutica determinada (abierta en la historia a seguir perfeccionándose). Simplemente debería avalar la nueva hermenéutica para explicar el kerigma en nuestra época, dictaminando como iglesia que la forma en que la modernidad nos hace entender el kerigma es compatible con el contenido del mismo kerigma y lo entiende con una nueva profundidad histórica.           <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
     <div style="position:relative; text-align : center; padding-bottom: 1em;">
      <img src="https://www.tendencias21.es/concilio/photo/art/default/4492432-6743125.jpg?v=1341744120" alt="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (VII): EL NUEVO CONCILIO COMO CULMINACIÓN HISTÓRICA DE LA EVANGELIZACIÓNDEL MUNDO MODERNO" title="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (VII): EL NUEVO CONCILIO COMO CULMINACIÓN HISTÓRICA DE LA EVANGELIZACIÓNDEL MUNDO MODERNO" />
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      1) <b>La iglesia presenta su propia historia ante los hombres</b>. Tras veinte siglos de paradigma antiguo, y cinco de la grave tribulación de la disonancia con la modernidad, la iglesia debería explicar qué es lo que en realidad ha acontecido. Qué es la iglesia como depositaria del kerigma, qué fue la permanencia en el paradigma antiguo, cómo se formó la modernidad, cuáles fueron las causas de la larga disonancia con el mundo moderno, y, finalmente, qué ha pasado para que la iglesia haya llegado por fin a entender que debe entrar en el paradigma de la modernidad. La iglesia, en definitiva, debería explicar qué es el concilio, cuál es su posición en la historia de la iglesia y cómo procede a proclamar la hermenéutica del cristianismo en la modernidad, en tiempos excepcionales, como llamada a la libertad humana para plenificarse en la creencia en Jesús y en el plan de salvación diseñado por Dios desde el eterno designio divino.        <br />
              <br />
       2) <b>La iglesia entra en consonancia con la ciencia y la cultura moderna</b>. El concilio debería ser el momento solemne en que la iglesia se reconcilia con la imagen de la realidad en la ciencia y en la filosofía de la modernidad. En el tiempo de la penosa tribulación y disonancia con la modernidad uno de los ejes del desprestigio intelectual del mundo cristiano había sido la percepción general, todavía hoy extendida, de que la iglesia y la ciencia tenían visiones de la realidad irreconciliables. Es verdad que muchos autores cristianos habían ya escrito sobre la armonía entre ciencia y fe cristiana; en el mismo Vaticano existía una Academia Pontificia de las Ciencias. Sin embargo, la posición indefinida, difusa y titubeante de la iglesia, al mismo tiempo estando y no-estando en el paradigma antiguo, exigía una toma de posición oficial sin titubeos e inequívoca que reconciliara globalmente a la iglesia con la ciencia (piénsese que la admisión que Juan Pablo II hizo del evolucionismo darwiniano, en dos líneas, fue celebrada como algo extraordinario). El concilio debería hacerse eco de la imagen de la realidad en la ciencia (en sus grandes rasgos y perfiles, obviamente) y debería proclamar que la iglesia tiene simplemente la imagen de la realidad que la razón honesta de la ciencia propone en cada tiempo histórico.         <br />
              <br />
       3) <b>La iglesia describe la condición metafísica del hombre moderno</b>. El concilio debería también aparcar definitivamente el teocentrismo del paradigma antiguo. El enigma del universo y la antropología moderna de la incertidumbre metafísica deberían admitirse como una consecuencia inevitable de la imagen moderna de la realidad. Un universo donde Dios no se impone y donde queda abierta la libertad y la dignidad humana para diseñar el sentido de la vida. Pero un universo donde es posible construir racionalmente una metafísica teísta y también una metafísica ateísta, o agnóstica. El concilio debería aceptar la incertidumbre metafísica natural del hombre en la modernidad que, en relación a un posible fundamento teísta del universo, estaría existencialmente abierto a las dos grandes preguntas para decidir el sentido de la vida, desde el interior de un universo enigmático y en el que tiene lugar el drama de la historia por el sufrimiento humano: a saber, la pregunta por el silencio divino (¿es real y existente un Dios que permanece lejano y en silencio?) y la pregunta por el Dios liberador (¿es real y existente un Dios que se manifestará como Dios liberador de la historia?). Es, en definitiva, la pregunta por la posible realidad de un Dios oculto y liberador.         <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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      4) <b>La iglesia explica el sentido de la “religión universal”</b>. El concilio debería también explicar cómo la antropología metafísica del hombre moderno, que es una consecuencia de la imagen de la realidad en la modernidad, hace posible una forma nueva de entender la religiosidad del ser humano. En efecto, el hombre religioso es aquel que, abierto el enigma del universo y al drama de la existencia por el sufrimiento, da un voto de confianza a Dios y cree que se oculta y permite el sufrimiento de acuerdo con un plan de salvación que llevará al hombre a la liberación. Todo hombre religioso cree en el Dios oculto y en el Dios liberador. Esta creencia es el logos de la religiosidad natural humana y es la esencia de la religión: es la religión universal en que coinciden todas las religiones. Las diversas religiones –judaísmo, hinduísmo, budismo o islamismo como principales religiones– habrían traducido esta religiosidad universal en diversas tradiciones historicistas locales que conformarían lo específico de sus creencias. El concilio debería profundizar en la teología de estas religiones para mostrar la presencia en ellas de la religión universal.         <br />
              <br />
       5) <b>La iglesia explica su proclamación del kerigma cristiano</b>. La misión más importante del concilio de la iglesia cristiana sería la proclamación del kerigma de una forma inteligible en nuestra época. Son cristianos aquellos que se adhieren al mensaje de Jesús, lo aceptan y creen que en él se ha producido una revelación del Dios creador del universo. El entendimiento del kerigma desde la iluminación del mundo moderno, es decir, aceptando que la modernidad nos hace entender cómo es realmente el mundo creado por Dios, debería llevar a mostrar cómo el mensaje de Jesús nos dice en esencia que el Dios creador del universo es un Dios que diseña un plan de salvación desde la libertad que responde al logos cristológico, el eterno designio de ocultar su presencia y aceptar el drama de la historia, tal como se realiza en el Misterio de Cristo, en su Muerte y Resurrección. En el cristianismo Dios habría revelado su plan de salvación diciéndonos que es real el Dios oculto y liberador –Muerte y Resurrección–, cuya aceptación constituye la esencia de la religión universal. Por ello entre cristianismo universal y religión universal habría una profunda armonía. El cristianismo es una llamada a la creencia liberadora de que es real el Dios oculto y liberador que se manifiesta en el Misterio de Cristo. La nueva profundización teológica en el logos cristológico de la creación, fundada en la teología de la kénosis, ha sido explicada con amplitud en Hacia el Nuevo Concilio.       <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
     <div style="position:relative; float:right; padding-left: 1ex;">
      <img src="https://www.tendencias21.es/concilio/photo/art/default/4492432-6743145.jpg?v=1341744376" alt="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (VII): EL NUEVO CONCILIO COMO CULMINACIÓN HISTÓRICA DE LA EVANGELIZACIÓNDEL MUNDO MODERNO" title="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (VII): EL NUEVO CONCILIO COMO CULMINACIÓN HISTÓRICA DE LA EVANGELIZACIÓNDEL MUNDO MODERNO" />
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      6) <b>La iglesia diseña la convergencia interconfesional cristiana</b>. Al entenderse  a sí misma en la historia por el paradigma de la modernidad, la iglesia estaría en condiciones de abordar una nueva forma de concebir ecuménicamente la convergencia interconfesional cristiana, tal como he expuesto en el capítulo sexto de Hacia el Nuevo Concilio.        <br />
              <br />
       7) <b>La iglesia diseña la convergencia interreligiosa</b>. Igualmente, el paradigma de la modernidad que hace posible la idea de la religión universal y su armonía con el cristianismo universal, haría posible un nuevo enfoque en el diálogo y la convergencia con las grandes religiones. La forma de abordar ese nueva relación con las religiones ha sido también expuesta en el capítulo sexto de Hacia el Nuevo Concilio.        <br />
              <br />
       8) <b>La iglesia diseña el compromiso interreligioso con la sociedad civil</b>. Otra de las grandes tareas del concilio debería ser la definición de la posición de la iglesia frente al orden civil, pasando del teocratismo antiguo al compromiso civil de las religiones. La nueva teología política de la iglesia nacería como un  desarrollo lógico del paradigma de la modernidad y llevaría a establecer un proceso de convergencia interconfesional cristiana e interreligiosa en orden a un diseño del compromiso civil de los ciudadanos religiosos para promover en el mundo una nueva forma de lucha contra el sufrimiento humano y promoción de la justicia. También he expuesto mi opinión del proceso emergente hacia un Nuevo Mundo en el capítulo séptimo de Hacia el Nuevo Concilio, y en otras publicaciones comentadas en mi blog de Tendencias21, titulado Hacia un Nuevo Mundo.        <br />
              <br />
       <b>Concilio y Nueva Evangelización</b>       <br />
              <br />
       Esta serie de posts contiene en conjunto mi valoración del movimiento de Nueva Evangelización promovido hoy en la iglesia, en respuesta a la llamada de Benedicto XVI en consonancia con una inquietud nacida ya en el pontificado de Juan Pablo II. Es claro que, como cristiano, veo con aprecio y simpatía todo lo que la iglesia hace por responder a la conciencia moral cristiana de evangelizar. Pienso que es positivo y algún fruto sin duda se sacará. Sin embargo, desde mi valoración racional y teológica de la situación histórica de la iglesia y de lo que exigiría hoy un proceso de evangelización que respondiera a esa situación, no puedo dejar de entender que no se está haciendo lo que la historia exige que debiera ser hecho. Exponer mi valoración es un servicio a la iglesia. No es tanto una crítica cuanto una propuesta para elevar el nivel cualitativo de lo que debiera ser la Nueva Evangelización hoy requerida.        <br />
              <br />
       Lo que, en definitiva, he venido a decir es que lo que se está diseñando para responder a ese encomiable deseo de evangelizar –como se constata en los documentos para el próximo Sínodo de los Obispos– no es tanto algo nuevo cuanto un proyecto de revitalización repetitivo de la posición kerigmática de la iglesia, característica de las últimas décadas. La impresión es que se trata de un nuevo montaje retórico que contentará nuestra conciencia, ayudará a algunos grupos eclesiásticos y minorías, pero nos dejará donde estábamos; es decir, en la posición que, en los últimos siglos, nos ha hundido en la más grave tribulación histórica por la que ha pasado la iglesia, a saber, en la descristianización de la sociedad moderna.        <br />
       
     </div>
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     <div style="position:relative; text-align : center; padding-bottom: 1em;">
      <img src="https://www.tendencias21.es/concilio/photo/art/default/4492432-6743149.jpg?v=1341744485" alt="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (VII): EL NUEVO CONCILIO COMO CULMINACIÓN HISTÓRICA DE LA EVANGELIZACIÓNDEL MUNDO MODERNO" title="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (VII): EL NUEVO CONCILIO COMO CULMINACIÓN HISTÓRICA DE LA EVANGELIZACIÓNDEL MUNDO MODERNO" />
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      ¿Qué hacer entonces? ¿Cómo evangelizar? Creo que he expuesto con claridad lo que, a mi entender, es la raíz del problema que, una vez diagnosticado, es el que debe establecer las pautas o criterios de sanación, en nuestro caso de evangelización. Los análisis históricos, filosóficos y teológicos de que disponemos hacen muy probable atribuir la crisis moderna de la religión a la disonancia entre modernidad y fe cristiana de los últimos siglos. El paradigma antiguo fue superado por la modernidad y cabe suponer, en principio, que la imagen de la realidad que ha propuesto es honesta y más cercana a la verdad que la antigua. Aceptarlo es de sentido común. Por ello, el problema que la iglesia ha tenido en los últimos siglos ha sido un problema de anquilosamiento en el mundo antiguo y de carencia del nuevo paradigma de la modernidad que debía permitir hablar significativamente del cristianismo en nuestro tiempo.        <br />
              <br />
       ¿Evangelizar? Ciertamente es el objetivo. Pero, para hacerlo, primero, debe darse un paso previo: buscar y encontrar el nuevo paradigma de la modernidad. Evangelizar sin nuevo paradigma no será “nuevo”, será sólo estar “en lo de siempre”; se producirá una cierta revitalización en grupos selectos, pero no se irá más allá “de lo de siempre”. La búsqueda será el intento de acercarse a la alternativa hermenéutica real que debe sustituir los enfoques hermenéuticos del pasado. Ese trabajo de búsqueda será el verdadero trabajo de evangelización. Será ir a la Nueva Evangelización por el itinerario correcto que conduce a ella. Será un camino difícil recorrido inicialmente por intelectuales que poco a poco irán aumentando en número; estos grandes cristianos, que saldrán de todas partes pero principalmente de entre obispos y jerarquía eclesiástica, no pensarán en clave personalista sino para dar una respuesta moral cristiana a las grandes cuestiones que están ahí, ante nosotros, que no son propiedad de nadie y nos impelen a la urgencia de evangelizar hallando fuerza para vencer las resistencias por la confianza en el Espíritu. Es claro que habrá resistencias, pero no es menos claro que la historia acabará poniendo cada cosa en su punto y atribuyendo con justicia a cada cual su responsabilidad histórica.        <br />
              <br />
       En todo caso, el proceso que nos lleva a instalar el cristianismo en el mundo moderno es imparable. ¿Por qué? No porque lo diga yo, claro está. Sino porque la historia tiene una dinámica objetiva que nadie puede frenar. Un elemento de esta dinámica serán sin duda los perfiles precisos e inteligibles de la alternativa que comenzará a entenderse y que dejará abierto un horizonte de futuro sin comparación muy superior y más fecundo para la iglesia que la permanencia numantina en el paradigma antiguo. Esta dinámica histórica llevará a los creyentes cristianos a una gran consolación, al hacerles ver que, tras larga tribulación, comienza el amanecer de la luz ante ellos. Este entusiasmo intelectual hará entender que el tránsito y proclamación del kerigma desde la nueva hermenéutica es un hito tan transcendente en la historia de la iglesia, después de veinte siglos sin apenas cambios, que exige la convocatoria moderna universal de un gran concilio de la iglesia católica, uno de los más importantes de su historia, que constituya el escenario grandioso para la culminación de la Nueva Evangelización pendiente desde cinco siglos atrás.        <br />
       
     </div>
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   <title>LA NUEVA EVANGELIZACIÓN (VI) DESDE LA NUEVA HERMENÉUTICA DEL KERIGMA CRISTIANO EN LA MODERNIDAD</title>
   <updated>2012-07-08T12:05:00+02:00</updated>
   <id>https://www.tendencias21.es/concilio/LA-NUEVA-EVANGELIZACION-VI-DESDE-LA-NUEVA-HERMENEUTICA-DEL-KERIGMA-CRISTIANO-EN-LA-MODERNIDAD_a18.html</id>
   <category term="El Nuevo Concilio" />
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   <published>2012-07-08T11:13:00+02:00</published>
   <author><name>Javier Monserrat</name></author>
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    <![CDATA[
No parece objetable desde el punto de vista histórico afirmar que la iglesia del paradigma greco-romano se mantuvo durante siglos en los principios del teocentrismo (en la dimensión filosófico-teológica) y del teocratismo (en la dimensión socio-política). En la iglesia oficial estos principios, aunque han estado presentes con toda claridad hasta hace muy poco y en la actualidad, sin embargo, por las adaptaciones ad hoc (ver post V de esta serie) se han hecho ciertas matizaciones que no parecen afectar al conjunto del paradigma que, en forma difusa y estratégica, sigue estando presente. Incluso en los grandes autores y escuelas de la teología católica actual (escolástica, tomismo transcendental o el mismo Teilhard de Chardin), como he mostrado en Hacia el Nuevo Concilio, se han movido en un horizonte teocéntrico. Pero esto no quiere decir que autores individuales no se hayan distanciado, desde diversos marcos, de lo teocéntrico o de lo teocrático. Pero, en conjunto, el amparo difuso y poco preciso que la iglesia sigue dando al antiguo paradigma hace que continuamente constatemos formas remanentes que brotan de un fondo de teocentrismo y de teocratismo todavía no superado. No obstante, frente al paradigma antiguo, la modernidad ha propiciado el conocimiento de una nueva ontología de la realidad, que no podemos rechazar y que nos lleva a entender que el hombre en el mundo no se mueve en patencias teocéntricas sino en una desconcertante incertidumbre metafísica. Por ello, la modernidad sitúa al hombre actual en una situación existencial, muy distinta de la antigua, en que podrá entender de una forma nueva y más profunda la coherencia entre la Voz del Dios de la Creación (que crea un mundo de incertidumbre) con la Voz del Dios de la Revelación (que revela la existencia de un Dios kenótico que explica en el logos cristológico la naturaleza de la vida humana).     <div style="position:relative; float:left; padding-right: 1ex;">
      <img src="https://www.tendencias21.es/concilio/photo/art/default/4492350-6742961.jpg?v=1341740300" alt="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN (VI) DESDE LA NUEVA HERMENÉUTICA DEL KERIGMA CRISTIANO EN LA MODERNIDAD" title="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN (VI) DESDE LA NUEVA HERMENÉUTICA DEL KERIGMA CRISTIANO EN LA MODERNIDAD" />
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      Sin embargo, como hemos dicho ya muchas veces, la modernidad, poco a poco desde el siglo XVI en el renacimiento, fue produciendo una nueva imagen de la realidad, sabiendo que constituía una emancipación civil frente al antiguo orden mantenido por la iglesia. Esta imagen acabó haciendo inviables los dos ejes del paradigma antiguo, a saber, el teocentrismo y el teocratismo (ver artículo V de esta serie). ¿Cómo? ¿Por qué? Vamos a exponerlo sintéticamente a continuación. Es verdad que a la configuración de esa nueva imagen moderna de la realidad contribuyeron muchos cristianos. Propiamente podemos decir incluso que fue obra de cristianos (vg. John Locke o los padres de la independencia americana). Pero la iglesia católica como tal se mantuvo al margen de ese proceso, vio con inquietud cómo se ponían en cuestión los principios del teocentrismo y del teocratismo antiguos, entrando por ello en la profunda disonancia fe cristiana / mundo moderno que produjo durante siglos la grave crisis de la religión que hoy en día la iglesia constata con perplejidad y que la lleva a desear nuevas formas de exposición de la fe que puedan fundar el proceso de Nueva Evangelización.        <br />
              <br />
       Para evangelizar, en último término, si la iglesia no quiere estar en el segundo binario ignaciano, deberá tener la valentía de afrontar el conocimiento y aceptación de la nueva imagen de la realidad en la modernidad para emprender la tarea inevitable de profundizar desde ella en el conocimiento del kerigma, de tal manera que sea inteligible la armonía entre la Voz del Dios de la Revelación, el kerigma, y la Voz del Dios de la Creación, que es hoy patente para todos en la imagen de la realidad en la modernidad y en la experiencia existencial en la cultura de la modernidad. Sólo si se salva la disonancia podrán superarse las causas que la han producido en los últimos siglos y, en principio, podrá ensayarse la Nueva Evangelización que se pretende.        <br />
              <br />
       ¿Cuál es, por tanto, la nueva imagen de la realidad en la modernidad y a qué tipo de nueva hermenéutica del kerigma cristiano nos lleva por su propia lógica? Lo exponemos en una serie de puntos ordenados que intercalarán alusiones a ambas cuestiones: la imagen moderna de la realidad y la nueva actitud hermenéutica cristiana que de ella nace.        <br />
       
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      1) <b>La nueva ontología de la ciencia</b>. Este es un punto capital. No imaginamos nada, puesto que la ciencia es por sí misma una evidencia histórica. Ha nacido poco a poco en los últimos siglos y es el punto de referencia esencial tanto de la filosofía como de la cultura de la modernidad. La ciencia es la forma de conocer más prestigiosa en el mundo moderno. Pero el hecho que aquí interesa es que, en conjunto, la nueva ontología de la ciencia (su forma de conocer cómo es la naturaleza de la realidad, de la materia, del universo, de la vida, del hombre y de la historia) representa una imagen nueva, que desborda la imagen de lo real en el mundo antiguo (y la imagen de lo real que tuvo la antigua hermenéutica en el cristianismo). Es posible que la imagen antigua contenga intuiciones o ideas que sean asumibles, o reinterpretables, pero en conjunto la nueva imagen moderna del mundo es algo nuevo que se construye desde la raíz por un proceso racional irreductible a lo antiguo. La ciencia nos describe un universo monista, en que determinación e indeterminación cumplen un papel balanceado, en que materia, cosmos y vida surgen de una misma realidad constituyente, un universo evolutivo, dinámico, que se hace a sí mismo, que es capaz por su ontología de producir la sensibilidad-conciencia de los seres vivos, que genera por evolución el nacimiento de la razón en la especie humana, especie que, una vez emergida, por la razón-emocional (enfocada a la emoción de vivir)  se hace en parte controladora consciente de los procesos evolutivos que siguen teniendo lugar en un universo ontológicamente abierto y, hasta un cierto punto, en manos del hombre. Todo esto, en detalle, lo he expuesto en mi obra Hacia el Nuevo Concilio, en el capítulo cuarto. 
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      <img src="https://www.tendencias21.es/concilio/photo/art/default/4492350-6742966.jpg?v=1341740511" alt="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN (VI) DESDE LA NUEVA HERMENÉUTICA DEL KERIGMA CRISTIANO EN LA MODERNIDAD" title="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN (VI) DESDE LA NUEVA HERMENÉUTICA DEL KERIGMA CRISTIANO EN LA MODERNIDAD" />
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      2) <b>Aceptación de la imagen de la realidad en la ciencia</b>. Decíamos antes que el proceso de búsqueda de una exposición de la fe cristiana en nuestra época supone, en primer lugar, hacerse una idea correcta del contenido de la nueva imagen de la realidad en la ciencia (que es el elemento determinante de la cultura de la modernidad). Pero, después de conocer, la iglesia debe aceptar sin reservas la imagen de la realidad en la modernidad. Gran parte de la disonancia iglesia/modernidad ha sido causada por la persuasión extendida de que la fe es incompatible con la ciencia: que la razón moderna lleva a unas conclusiones que son contradictorias con la fe e inaceptables por ella; que tener fe cristiana supone situarse en una visión del mundo ajena a la modernidad e incompatible con ella (es decir, que debe seguir instalada en la imagen de lo real en un paradigma antiguo hoy inaceptable). Estas ideas, propias de minorías en siglos anteriores, están hoy extendidas popularmente. Por tanto, frente a esto es esencial que la iglesia acepte la imagen del mundo que la ciencia establece por una razón teológica evidente: que cabe aceptar que la ciencia representa un conocimiento honesto, preciso y más profundo de las cosas y que esta profundización no puede ser contradictoria con el kerigma sino que, al contrario, debe conducirnos a entenderlo con mayor profundidad. Buscar esta profundización no es trivial, es una obligación moral del creyente cristiano y de la iglesia. Una vez más repetimos: el mundo real creado por Dios no es como se entendía en el paradigma antiguo sino como describe con mayor precisión la ciencia moderna. Por tanto no se trata de entregarse en manos de la modernidad y renunciar a lo propio (como algunos entienden para desprestigiar el proceso de búsqueda), sino de que la iglesia busque racionalmente el más profundo entendimiento del kerigma cristiano dejándose llevar por el proceso racional de la historia misma, que no supone cambio kerigmático sino sólo hermenéutico.       <br />
              <br />
       Es verdad que durante siglos de modernidad la imagen que la ciencia ofrecía no era fácilmente compatible con la fe cristiana (ante todo por el mecanicismo determinista). Por ello hubo disonancia que se mantuvo durante tiempo y tiempo. Sin embargo, como he razonado en Hacia el Nuevo Concilio, una de las características del tiempo presente es que la imagen del mundo en la ciencia ha cambiado sustancialmente (se ha hecho más cuántica, indeterminista y holística) y hace posible vislumbrar esa armonía con la fe cristiana que antes era más difícil. Además, aceptar la ciencia significa aceptar su imagen global objetiva de la realidad; no significa aceptar en bloque opiniones, puntos discutidos, teorías opcionales o tecnologías, ya que hay puntos de vista que no tiene sentido que el cristianismo los acepte (la iglesia tampoco aceptó en bloque el paradigma greco-romano, sino sólo selectivamente). Pero, en todo caso, es de sentido común, e inevitable a medio plazo histórico, que la iglesia acepte sin reservas la imagen de la ciencia. No tiene sentido emprender el esfuerzo de asegurar que todo lo que hoy se dice son notas a pie de página de lo que ya dijeron Platón, Aristóteles o la escolástica. No tiene sentido hoy para la iglesia seguir consumiendo energías infinitas para mostrar que todo lo de ahora, la ciencia, es compatible con una ontología de hace veinte siglos, que es insuperable y que la iglesia depende esencialmente de ese paradigma antiguo para mantener su visión del mundo. Lo que la iglesia debe hacer –y a plazo histórico medio es inevitable que lo haga– es huir de los anacronismos y simplemente aceptar la imagen moderna de la realidad de la cultura contemporánea y disponerse a entender desde ella el profundo mensaje del kerigma cristiano.        <br />
       
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      <img src="https://www.tendencias21.es/concilio/photo/art/default/4492350-6742970.jpg?v=1341741143" alt="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN (VI) DESDE LA NUEVA HERMENÉUTICA DEL KERIGMA CRISTIANO EN LA MODERNIDAD" title="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN (VI) DESDE LA NUEVA HERMENÉUTICA DEL KERIGMA CRISTIANO EN LA MODERNIDAD" />
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      3) <b>Borrosidad del conocimiento en ciencia y en filosofía</b>. Una consecuencia esencial de la imagen del hombre en la ciencia ha sido el desarrollo de lo que hoy constituye la epistemología moderna. Frente a la patencia racional de la verdad en el paradigma antiguo, la ciencia moderna, y la filosofía que de ella depende, han evolucionado desde los positivismos (que todavía confiaban en un conocimiento firme y cierto fundado en los puros hechos) hasta lo que hoy es la epistemología derivada del racionalismo crítico de Popper en sus diferentes vertientes. El conocimiento no es absoluto y no toca la verdad final, sino que es un conjunto de hipótesis sometido a crítica y revisión en la historia. Esta manera de pensar es hoy general en las ciencias y en la modernidad. Lo mismo pasa con la filosofía moderna. Pero esto no es relativismo. El hombre debe construir su visión firme de las cosas y comprometerse con ella, sin caer en la arbitrariedad del relativismo sin fondo, aunque sea siempre consciente de no ser dogmático y de la posible necesidad de revisar sus posiciones cognitivas.        <br />
              <br />
       En esto la iglesia debe afrontar un cambio profundo porque está hecha a una epistemología de siglos donde el hombre tenía una patencia racional de la verdad absoluta. Pero la iglesia difícilmente se instalará en el mundo moderno para pronunciar en él un discurso inteligible, si sigue situada en el dogmatismo epistemológico. Las posiciones todavía vivas del paradigma antiguo, así como recientes críticas de Benedicto XVI al relativismo, siguen induciendo a confundir “relativismo” con “criticismo epistemológico” y a pensar que, si no se quiere ser relativista, se debe ser dogmático. En otras palabras, se puede ser crítico, no dogmático, y, sin embargo, no ser relativista. La iglesia, si no acepta sin ambages el criticismo ilustrado moderno, difícilmente podrá presentar discursos consonantes con la modernidad. Por ello, la Nueva Evangelización deberá darse desde dentro de ese criticismo ilustrado que la iglesia, si acepta la imagen de la realidad en la ciencia y en la cultura moderna, debe aceptar también.         <br />
       
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      <img src="https://www.tendencias21.es/concilio/photo/art/default/4492350-6742988.jpg?v=1341741310" alt="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN (VI) DESDE LA NUEVA HERMENÉUTICA DEL KERIGMA CRISTIANO EN LA MODERNIDAD" title="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN (VI) DESDE LA NUEVA HERMENÉUTICA DEL KERIGMA CRISTIANO EN LA MODERNIDAD" />
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      4) <b>Incertidumbre metafísica: Dios y la pura mundanidad sin Dios</b>. Es, pues, la naturaleza incierta de la ciencia y del conocimiento humano lo que nos hace entender que la razón de la modernidad queda abierta a una incertidumbre metafísica última. El hombre moderno queda abierto al enigma del universo y esto quiere decir que no puede afirmar con certeza dogmática racional si el universo es en su fundamento último un Dios creador o, más bien, un puro mundo sin Dios. El enigma permite que estas dos hipótesis (o conjeturas metafísicas) puedan ser objetivamente argumentables. Dios es argumentable por la razón (y esto es suficiente para afirmar lo que se debe afirmar en la ortodoxia católica). Pero un puro mundo sin Dios también es argumentable. Este estado de incertidumbre metafísica moderno explica lo que socialmente constatamos de forma inequívoca: que hay teístas, que hay ateos y que también hay agnósticos (que no se deciden entre teísmo y ateísmo). Todo esto es hoy socialmente evidente.        <br />
              <br />
       El reconocimiento de esta incertidumbre metafísica o enigma del universo es esencial para que la Nueva Evangelización hable un lenguaje inteligible para la modernidad. En otras palabras: el antiguo teocentrismo (ver artículo V de esta serie) no puede seguir manteniéndose. La iglesia debe hacerse a la idea de que el universo que Dios ha creado (y así ha querido hacerlo intencionalmente) es un universo enigmático, borroso metafísicamente, que en su fundamento podría ser Dios pero podría ser también puro mundo. Este es un cambio de perspectiva esencial y de una importancia capital que marca el nuevo estilo de lenguaje que la iglesia debe mantener en la modernidad para poder emprender una nueva evangelización inteligible. El universo, tal como ha sido hecho por Dios, no impone racionalmente una patencia o evidencia, natural y racional, de Dios, sino que deja abierta más bien la incertidumbre que impulsa una deliberación existencial metafísica que debe conducir a una toma de posición personal libre ante el sentido de la vida. Dios es posible pero no se impone. No se impone precisamente porque ha dado al universo una estructura tal que permite la incertidumbre que hace posible que el hombre se encamine hacia la pura mundanidad sin Dios. El hombre que no quiere aceptar a Dios tiene una vía natural y racional, abierta por Dios mismo, para situarse al margen de lo religioso.        <br />
              <br />
       Pero, volviendo a lo que decíamos antes (artículo V), lo que la nueva imagen de la realidad en la modernidad nos lleva a rechazar es sólo lo que llamábamos un teocentrismo puramente natural, aquel que el hombre construye por su razón y sus emociones naturales (entendiéndolo dentro de la imagen del paradigma antiguo). Por tanto, el cristianismo puede, y debe, seguir manteniendo lo que llamábamos el teocentrismo sobrenatural derivado de la presencia del Espíritu de Dios como Gracia en el interior del espíritu de todo hombre. Sobrenatural, místicamente, en el fondo interior de su espíritu todo hombre está en el horizonte teocéntrico de la presencia de Dios. Esto forma parte del kerigma cristiano y la iglesia no puede renunciar a ello. Pero este teocentrismo sobrenatural pertenece a la fe cristiana, no puede ser argumentado naturalmente en función de las evidencias objetivas que la razón puede analizar. Por ello, el cristianismo, si quiere lograr un lenguaje inteligible por la modernidad, no puede argumentar un teocentrismo puramente natural, fundado en la razón, debiendo reconocer, en línea con lo anterior, la incertidumbre metafísica ante el enigma del universo. Esto no quita, sin embargo, que el mismo cristianismo, por su propia fe, no reconozca algo que es real, actúa en el hombre, pero no puede ser reconocido por las fuerzas de la pura razón del hombre, a saber, la presencia universal del Espíritu como Gracia. Sabemos que, para la teología católica, el hombre es pecador no porque rechace la racionalidad natural que pudiera llevarle a aceptar a Dios, sino porque rechaza esta apelación interior del Espíritu de Dios. Por ello, en teología, el mérito sobrenatural (santidad) y el demérito sobrenatural (pecado) se derivan de la actitud del hombre ante la llamada interior de la Gracia del Espíritu.        <br />
       
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      <img src="https://www.tendencias21.es/concilio/photo/art/default/4492350-6742995.jpg?v=1341741897" alt="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN (VI) DESDE LA NUEVA HERMENÉUTICA DEL KERIGMA CRISTIANO EN LA MODERNIDAD" title="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN (VI) DESDE LA NUEVA HERMENÉUTICA DEL KERIGMA CRISTIANO EN LA MODERNIDAD" />
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      5) <b>Las preguntas metafísicas de la condición humana: la religión natural</b>. Si las cosas son tal como acabamos de describir, de acuerdo con la imagen del hombre en la modernidad, todo hombre intuitivamente (no sólo aquellos que en la modernidad han descrito su condición humana reflexivamente) está viviendo su vida como una apertura a la incertidumbre y al enigma del universo. No es patente para nadie que Dios sea real. Pero, impulsados por esta presencia interior del Espíritu, el hecho es que muchos hombres, a lo largo de la historia, han creído en la existencia de un poder salvador divino transcendente, bien sea por el monoteísmo o por el fraccionamiento de la idea de Dios en un conjunto diversificado, o politeísta, de la realidad divina. El problematismo de acceder a la esperanza de la salvación divina se ha centrado siempre en dos dimensiones (derivadas de la condición metafísica objetiva del hombre en el mundo): el problema del enigma del universo (el enigma divino de un Dios que calla y permanece en silencio, no imponiendo inequívocamente su presencia y su ayuda el hombre) y el problema del drama de la existencia (la dificultad de armonizar la existencia del sufrimiento y del mal con un plan de salvación divino). El hombre religioso es el que, a pesar de estos problemas, acepta a Dios y da un voto de confianza a su plan de salvación (a pesar de su silencio ante el enigma del universo y ante el enigma del sufrimiento). El hombre no religioso es el que niega su confianza en Dios, ni acepta ni cree a Dios, por razón de estos dos grandes problemas metafísicos, el silencio de Dios en el enigma del universo y en el drama de la existencia.        <br />
              <br />
       Que todo hombre, por la esencia de su condición natural, esté abierto al enigma del universo y a esta incertidumbre metafísica es algo que se entiende de acuerdo con la imagen de la realidad en la modernidad. El teocentrismo impone al hombre la presencia inequívoca de Dios y no hay incertidumbre. Por ello, como estamos viendo, la imagen del hombre en la modernidad permite una imagen mucho más rica del problematismo y del sentido de la religiosidad humana que se manifiesta en las diversas religiones (judaísmo, hinduísmo, budismo, islamismo, ya que en todas ellas es el mismo hombre, inevitablemente inmerso en el enigma del universo y en el drama de la existencia, el que se abre a la esperanza de salvación divina a pesar del silencio de Dios en el enigma del universo y en el drama de la existencia).        <br />
              <br />
       Por esta condición humana puede decirse que la incertidumbre metafísica, que acompaña siempre a todo hombre en el mundo (tenga la religión que tenga, o una pura religiosidad interior), está siempre acompañada por dos grandes preguntas que, por las fuerzas naturales del hombre (por su razón y por sus vivencias emocionales) nunca pueden ser definitivamente respondidas. La primera pregunta es por el Dios oculto y en silencio: ¿cabe pensar que Dios es real y que permanece oculto y en silencio? La segunda pregunta hace referencia especial al drama de la historia: ¿cabe pensar que ese Dios oculto, en aparente indiferencia ante el sufrimiento, alberga un plan de salvación para la liberación del hombre y de la historia? En definitiva, esta profunda problemática existencial del hombre moderno, y del hombre de siempre, cabe en una pregunta breve: ¿es real y existente un Dios oculto y liberador?        <br />
       
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      <img src="https://www.tendencias21.es/concilio/photo/art/default/4492350-6743001.jpg?v=1341741773" alt="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN (VI) DESDE LA NUEVA HERMENÉUTICA DEL KERIGMA CRISTIANO EN LA MODERNIDAD" title="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN (VI) DESDE LA NUEVA HERMENÉUTICA DEL KERIGMA CRISTIANO EN LA MODERNIDAD" />
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      6) <b>Hermenéutica del kerigma desde la modernidad: el paradigma cristiano de la modernidad</b>. La verdad es que, si admitimos la imagen de la realidad en la modernidad, la ontología monista de la ciencia moderna y el entendimiento de la apertura del hombre a la incertidumbre metafísica descrita, es decir, si nos salimos del teocentrismo habitual hasta ahora, nos situamos en una experiencia de la realidad mucho más apropiada para entender el mensaje divino en Jesús que la iglesia proclama como el kerigma cristiano. Pensemos que Jesús revela la existencia de un Dios Trinitario que concibe el eterno designio de la creación para ofrecer al hombre la participación en la vida divina. Pero la oferta de Dios no puede ser hecha sino a un hombre libre, al que no se impone su inserción mecánica en la vida divina. Por ello, el eterno designio divino contempla la creación de un universo, escenario de la libertad humana. Una libertad que no es retórica (esto no tendría sentido para Dios), sino real y de ahí que lleve a la consumación del pecado humano. Para respetar esta creación para la libertad que será pervertida por el pecado libre del hombre, Dios concibe también su escenario de la creación como un proceso autónomo donde el drama de la historia y el sufrimiento hacen acto de presencia. De este modo el escenario de la creación, un mundo de libertad en que la evolución autónoma se hace por el sufrimiento, establecen las condiciones que hacen posible acceder a Dios, que es la última posible liberación, tanto para la santidad como para el pecado.        <br />
              <br />
       Este escenario de la creación proclamado en el kerigma cristiano es por entero armónico con la experiencia de la realidad en la modernidad. Si el mundo que la modernidad describe (por la maduración del conocimiento en el avance de la cultura) es el mundo real creado por Dios, entonces entendemos perfectamente la armonía entre la Voz del Dios de la Creación y la Voz del Dios de la Revelación. Dios es el creador del universo y lo mantiene continuamente en el ser por su concurso; esto es lo que proclama el kerigma. Pero los hechos nos muestran que Dios ha creado un mundo autónomo, que evoluciona por sus propias leyes y procesos, consiguiendo la perfección creciente a través del drama de historia y del sufrimiento de los seres. La modernidad nos hace entender cómo ese mundo es enigmático y hace posible a la razón humana argumentar la existencia de un Dios fundamento, pero también argumentar que todo se funda en un puro mundo sin Dios. Aunque todo hombre está bajo la influencia interior de la Gracia del Espíritu, el mundo creado por Dios permite construir por la razón natural una hipótesis sin Dios para situarse al margen de Dios. En otras palabras, el mundo que describe la modernidad nos hace entender la filigrana del escenario creado por Dios para la libertad desde dentro del drama del sufrimiento. Un mundo en que Dios se ha ocultado en parte, pero que permite el acceso a Dios en la santidad (por la razón y por el Espíritu) y el rechazo de Dios en el pecado (por la razón y la sordera a la apelación interior del Espíritu).        <br />
              <br />
       Sin embargo, este proyecto creador llevaba a consecuencias que, en principio, debieron ser consideradas en el eterno designio trinitario de creación. Esto es lo que nos dice el kerigma cristiano en la fe de la iglesia. En efecto, de acuerdo con este plan de salvación, ¿tenía sentido que Dios creara y mantuviera en el ser una historia humana en que el pecado se apoderado de la creación? ¿Tenía sentido crear un mundo en que los hombres deberían atravesar la penosa tribulación del drama de la historia y del sufrimiento? El kerigma nos dice que la creación que vemos (o sea, la creación descrita por la modernidad) ha sido posible por un acto de voluntad divina que ha aceptado crear este nuestro mundo: ha aceptado la humillación de Dios, la kénosis de la Divinidad, en un mundo en que, por su silencio en la creación, el pecado se enseñorea de la creación y ha aceptado también crear un mundo de drama y sufrimiento en que los hombres deberán atravesar la penosa tribulación en que finalmente consiste la vida para todos. El kerigma nos dice que esta decisión trinitaria es la que asume el Verbo Divino, la Sabiduría Divina: por ella el mundo es creado, se acepta el pecado, se asume un mundo de sufrimiento, y la salvación es ofertada libremente a todos, incluso a los pecadores cuyo pecado es perdonado por la voluntad divina. Esta decisión trinitaria, asumida por el Verbo, que acepta la kénosis divina y hace posible nuestro mundo de libertad y de sufrimiento es lo que el kerigma cristiano conoce como Redención.        <br />
              <br />
       7) <b>El logos cristológico de la creación</b>. El kerigma cristiano revela un Dios trinitario que hasta tal punto ama a los hombres que alcanzarán su santidad a través del plan de salvación (o sea, la iglesia) establecido en su eterno designio creador (salvación por la confianza en el Dios oculto a pesar de su silencio y del drama de la vida) que decide comunicar personalmente a los hombres el sentido de la creación que nace del eterno designio trinitario. El Verbo Encarnado en la persona divina de Jesús manifiesta y realiza en un momento del tiempo (en la plenitud de los tiempos en que la eternidad de Dios se funde con el tiempo del mundo) lo que constituye el logos eterno de la creación. En el Misterio de Cristo la persona misma del Verbo acepta la Muerte y se lleva a la kénosis de la Gloria de su Divinidad ante el mundo, que se inicia en la Encarnación y se plenifica en la Cruz, y en la Resurrección anticipa la salvación escatológica de la humanidad en que Dios se mostrará en su Gloria liberadora. En el sorprendente y casi increíble Misterio de Cristo, que Jesús manifiesta y realiza, el eterno designio trinitario de la creación en Cristo se manifiesta: la voluntad redentora del Verbo Divino es la misma voluntad kenótica y liberadora de Cristo. El logos cristológico nos dice que la creación entera y la historia de salvación concebida por Dios tienen sólo sentido en Cristo, esto es, en la voluntad redentora eterna del Verbo que se hace tiempo del mundo en Jesús.        <br />
       
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      El Misterio de Cristo, por tanto, y el kerigma cristiano no sólo no nos obligan a prescindir de la razón sino que son armónicos con el mundo que nuestra razón describe en la modernidad. Nos explican por qué el mundo que vemos es el mundo diseñado por Dios en el logos cristológico. El mundo en que Dios está en silencio, aunque podemos descubrir sus huellas por la razón, un mundo en que el pecado es posible, pero en el que todo pecado ha sido perdonado por Dios si el hombre se convierte, un mundo en que el sufrimiento forma parte del designio salvador del hombre, un mundo que es escenario de la libertad y de la dignidad humana en la historia. El Misterio de Cristo revela el sentido de la historia: revela que el Dios kenótico acepta la lejanía de su silencio y asume el sufrimiento de la historia con el que se solidariza en el sufrimiento de la cruz, mostrando por la resurrección el final liberador de la historia. La Muerte de Jesús en la cruz muestra que acepta la humillación de la kénosis de su Divinidad y muestra también que Dios sufre con el sufrimiento humano en la tribulación de la cruz. Pero todo ello, el enigma del universo y el drama de la historia, en el plan salvador de Dios, llevan a la Resurrección en que Dios se mostrará escatológicamente, más allá de la muerte, en la Gloria final de su Liberación de la historia.        <br />
              <br />
       8) <b>Paradigma de la modernidad y la Nueva Evangelización</b>. Entre kerigma cristiano y paradigma de la modernidad existe una profunda congruencia que he expuesto más ampliamente en mi libro Hacia el Nuevo Concilio, a él me refiero para profundizar en las intuiciones que aquí hemos presentado de una forma sumaria. El mundo moderno, la modernidad, como mundo creado por Dios, constituye el mundo a medida para hacer realidad el logos cristológico de la creación, tal como se concibió en el eterno designio divino. El mundo es como es porque ha sido creado en el logos cristológico: un mundo de libertad por el silencio divino en que el hombre, y toda la realidad, avanzan hacia la perfección a través del sufrimiento.        <br />
              <br />
       Es obvio que, dada la crisis de la religión en la modernidad, en un tiempo en que el sentido de la fe cristiana quedó velado por la disonancia entre modernidad/iglesia, el proyecto de una Nueva Evangelización debería estar en todo caso fundado en el nuevo paradigma cristiano de la modernidad. Es decir, aquella manera de explicar el kerigma cristiano iluminado por la real experiencia existencial del hombre dentro de nuestra cultura. Frente a la disonancia del pasado, la nueva evangelización debería fundarse en la consonancia moderna.        <br />
              <br />
       La única nueva evangelización exigida por la historia y la única que podrá constituir una novedad que pueda acercar al hombre de nuestro tiempo a sentirse afectado por la poderosa fuerza atrayente de la fe cristiana, tal como es transmitida por la iglesia, deberá ser una evangelización fundada en el logos de nuestro tiempo, es decir, en el paradigma de la modernidad. ¿Cómo llegar a poner a la iglesia en condiciones de emprender la Nueva Evangelización que todos entendemos debe producirse? Si consideramos dónde está hoy de hecho la iglesia (lo hemos expuesto antes en esta serie de artículos) debemos admitir que el tránsito hacia el paradigma de la modernidad no será fácil. Pero es posible, y a plazo medio inevitable porque las grandes líneas de fuerza de la historia acaban siempre por imponerse. A este proceso me referiré en el próximo artículo de esta serie, argumentando que el Nuevo Concilio debería ser el gran instrumento doctrinal y mediático que vehiculara el gran proceso histórico en curso hacia la Nueva Evangelización.          <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
    ]]>
   </content>
   <link rel="alternate" href="https://www.tendencias21.es/concilio/LA-NUEVA-EVANGELIZACION-VI-DESDE-LA-NUEVA-HERMENEUTICA-DEL-KERIGMA-CRISTIANO-EN-LA-MODERNIDAD_a18.html" />
  </entry>
  <entry>
   <title>LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (V): EL ADIÓS A LA HERMENÉUTICA ANTIGUA O IMAGEN DE LO REAL EN EL PARADIGMA GRECO-ROMANO</title>
   <updated>2012-07-07T12:15:00+02:00</updated>
   <id>https://www.tendencias21.es/concilio/LA-NUEVA-EVANGELIZACION-Y-CONCILIO-V-EL-ADIOS-A-LA-HERMENEUTICA-ANTIGUA-O-IMAGEN-DE-LO-REAL-EN-EL-PARADIGMA-GRECO-ROMANO_a17.html</id>
   <category term="El Nuevo Concilio" />
   <published>2012-07-07T11:54:00+02:00</published>
   <author><name>Javier Monserrat</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
¿Qué actitud tomar ante la Nueva Evangelización? Hemos visto que la iglesia parece mantener estratégicamente el paradigma antiguo, aunque de forma difusa y tan oculta como se pueda, al mismo tiempo que procede a una pura proclamación kerigmática –incontaminada de hermenéuticas– de la fe de la iglesia. Es lo que parece deducirse de los documentos para el Sínodo de los Obispos. Sin embargo, muchas circunstancias históricas, filosóficas y teológicas inducen hoy a pensar que la iglesia debería afrontar la tarea de hallar la nueva hermenéutica para proponer el kerigma en la modernidad, a saber, el paradigma de la modernidad. La tesis que aquí defendemos es que en la actualidad comienzan a vislumbrarse con precisión los perfiles de esa gran alternativa hermenéutica moderna que la iglesia necesita desde hace siglos (post IV de esta serie). Ahora bien, ¿en qué consiste la nueva alternativa? Hasta ahora no la hemos expuesto, pero sólo si la entendemos con precisión seremos capaces de hallar la fuerza para hacerla eje de la Nueva Evangelización. En este post (V) y en el siguiente (VI) exponemos los rasgos de lo que, a nuestro entender, constituye la alternativa, o sea, el paradigma de la modernidad. Pero para que el entendimiento sea eficaz debemos ser capaces primero de precisar con exactitud qué era lo antiguo, qué es lo moderno y dónde se hallan concretamente las diferencias principales. Para ello, previamente, en este post (V), exponemos el teocentrismo y teocratismo que fueron propios del paradigma greco-romano, todavía presentes como fondo de la manera de sentir de la iglesia de nuestros días, matizadamente. Después, en el post VI, explicaremos cómo y por qué teocentrismo y teocratismo han sido puestos en cuestión por el paradigma de la modernidad.     <div style="position:relative; float:left; padding-right: 1ex;">
      <img src="https://www.tendencias21.es/concilio/photo/art/default/4490464-6740340.jpg?v=1341655297" alt="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (V): EL ADIÓS A LA HERMENÉUTICA ANTIGUA O IMAGEN DE LO REAL EN EL PARADIGMA GRECO-ROMANO" title="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (V): EL ADIÓS A LA HERMENÉUTICA ANTIGUA O IMAGEN DE LO REAL EN EL PARADIGMA GRECO-ROMANO" />
     </div>
     <div>
      La iglesia primitiva debía explicar la armonía profunda entre la fe cristiana y el mundo natural que se vivía en la cultura de su tiempo. Es comprensible que los teólogos, en alguna manera auspiciados por la iglesia, recurrieran a la razón filosófica y a las estructuras socio-políticas de su tiempo para presentar en armonía con ellas la significación y sentido del kerigma cristiano (su conexión con la realidad creada por el Dios de la revelación). Este intento hermenéutico dio origen al paradigma greco-romano, tanto en lo filosófico teológico como en lo socio-político. En Hacia el Nuevo Concilio he expuesto ampliamente cómo se formó este paradigma, cómo evolucionó y cómo está todavía presente en la iglesia actual, aunque desde mitad del siglo XX, de una forma velada, estratégica, compatible con las numerosas adaptaciones ad hoc que la iglesia ha debido aceptar bajo presión de la cultura de la modernidad. ¿Dónde está hoy realmente la iglesia? ¿Cuál es su actitud? Recordemos que antes reflexionábamos sobre ello (posts II y III). Pero la verdad es que no se podría decir con toda seguridad, dada la ausencia, oscilación y falta de claridad de sus tomas de posición. Por una parte, parece que el paradigma greco-romano todavía está en el fondo de todo (véanse las últimas instrucciones sobre la enseñanza en seminarios), pero por otro la iglesia procede de forma puramente kerigmática (véanse los Lineamenta y Instrumentum Laboris para el nuevo Sínodo de los obispos).        <br />
              <br />
       Quiero aquí destacar que el paradigma greco-romano, a lo largo de los siglos, ha mantenido una filosofía y teología fundada en una hermenéutica que dependía de la visión griega del universo y del hombre. Esta ontología griega influyó de diversas formas sobre la patrística y la escolástica (no eran lo mismo Platón, los neoplatonismos, Aristóteles, la Estoa o Plotino). Pero, en general, de una u otra forma, la filosofía griega condujo a dos posiciones características: por una parte, el teocentrismo y, por otra, el teocratismo. El teocentrismo era la síntesis de su visión filosófico-teológica; el teocratismo representaba la manera de entender el orden socio-político en relación con el cristianismo. El fundamento filosófico que permitía justificar el teocratismo estaba en el teocentrismo: por ello, el teocentrismo y el teocratismo constituían una visión de la realidad única y coherente. Esta imagen de la realidad en el paradigma antiguo constituía también una hermenéutica o interpretación del kerigma cristiano. ¿Podemos considerarla correcta? Fue, al menos, una aproximación que históricamente resultó útil. Pero la iglesia sabía que una cosa era el kerigma y otra distinta la hermenéutica. Como argumentaremos después, la imagen de la realidad en la modernidad nos llevará a una nueva hermenéutica del kerigma que nos hará caer en la cuenta perfectamente de las insuficiencias que de hecho tuvo la hermenéutica antigua.        <br />
              <br />
       <b>¿Qué es entonces el teocentrismo? </b>       <br />
              <br />
       Es una visión del hombre que nos dice que éste, situado en el mundo, se haya inevitable y necesariamente situado ante una realidad de Dios que se le impone absolutamente. El hombre vive en un horizonte teocéntrico porque Dios es el centro inevitable de su vida. Por ello, el hombre, cuando acepta a Dios, vive auténticamente de acuerdo con su verdad y pero cuando no lo hace vive en la inautenticidad, vive fuera de la verdad humana. Este teocentrismo tiene dos aspectos que en el paradigma antiguo se confundieron con frecuencia.        <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
     <div style="position:relative; text-align : center; padding-bottom: 1em;">
      <img src="https://www.tendencias21.es/concilio/photo/art/default/4490464-6740348.jpg?v=1341655613" alt="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (V): EL ADIÓS A LA HERMENÉUTICA ANTIGUA O IMAGEN DE LO REAL EN EL PARADIGMA GRECO-ROMANO" title="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (V): EL ADIÓS A LA HERMENÉUTICA ANTIGUA O IMAGEN DE LO REAL EN EL PARADIGMA GRECO-ROMANO" />
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      El primer aspecto –o primera forma causal del teocentrismo– es su dimensión puramente natural. Es un teocentrismo que se presenta como manifestación necesaria de la naturaleza humana. Que sea así se argumenta por la razón en la filosofía que aporta una idea del hombre y de su conocimiento (epistemología). Para la antropología clásica existe una patencia de la verdad que se manifiesta al ejercicio correcto de la razón. La Verdad es accesible al conocimiento. Ahora bien, el hecho fundamental es que la razón humana reconoce la patencia de la Verdad de Dios. Hay pruebas de la existencia de Dios a las que la escolástica atribuyó una censura de certeza absoluta o metafísica. La apologética científica del XIX-XX puesta al servicio del paradigma antiguo insistía en las pruebas de la existencia o patencia de Dios en la naturaleza. Dios es, pues, el origen creador del universo. Ha dado a la naturaleza un orden creado que la razón puede descubrir con certeza. Por ello, el orden natural es un orden divino que debe ser respetado por el hombre que reconoce en Dios la verdad absoluta. La ley natural es eo ipso la ley divina. Ahora bien, el universo creado por Dios y la interpretación de la ley divina dependen de la idea griega del universo. En el mundo cristiano-escolástico acabó imponiéndose la idea platónico-aristotélica de un universo creado, con un estado constructo ya hecho y cerrado. La forma de entender la ley natural dependió en gran parte de una hermenéutica griega. Por tanto, el teocentrismo está causado por la razón humana y es manifestación inevitable de la naturaleza humana.        <br />
              <br />
       El segundo aspecto –o segunda forma causal del teocentrismo– es su dimensión sobrenatural. La distinción entre natural y sobrenatural se ha planteado y ha sido siempre discutida desde la teología más antigua. Hubo quienes tendieron a borrar las fronteras entre natural y sobrenatural (Henri de Lubac). Pero hay algo que está muy claro para el kerigma cristiano: que el Espíritu de Dios hace presencia en el espíritu del hombre de una forma que se ha calificado de diversas maneras, pero principalmente como misteriosa, mística, e incluso sobrenatural. Lo más importante es que ese Don de la Presencia Divina en el interior del hombre (que para los creyentes es el fundamento existencial de la experiencia religiosa indefinible interior) ha sido entendido desde antiguo como Gracia, la Gracia del Espíritu. De ahí que tenga sentido para la teología cristiana pensar que el hombre, sin esa Gracia, no desaparecería como tal, sino que se mantendría en su naturaleza humana y seguiría orientando su vida bajo los dictámenes de la razón-emocional (la influencia bidireccional entre la razón y la emoción de vivir, no ajena al binomio teoría/praxis). Por ello tiene sentido en teología hablar de la dimensión natural creada por Dios y la acción sobrenatural, sobrevenida al hombre natural como la Gracia del Espíritu que da testimonio místico en nuestro interior de la verdad de Dios, que hace entrar al hombre en la dimensión sobrenatural.        <br />
              <br />
       Pues bien, el kerigma cristiano proclama que la Gracia del Espíritu apela a todos los hombres como llamada mística interior a una respuesta positiva a la aceptación de Dios. Es evidente, por tanto, que el kerigma cristiano supone la creencia en el teocentrismo que depende de esa apelación universal del Espíritu de Dios como Gracia. Todo hombre vive su vida en un último horizonte de experiencia de Dios, la experiencia mística del Espíritu. Quiere esto decir que el teocentrismo presente en las Escrituras y en la Tradición de la iglesia es ante todo este teocentrismo causado por la presencia sobrenatural del Espíritu.        <br />
              <br />
       <b>¿Por tanto, de qué teocentrismo se habla en el paradigma antiguo?</b>       <br />
              <br />
       Se habla evidentemente de los dos, del teocentrismo puramente natural causado por el ejercicio de la razón natural, de acuerdo con la naturaleza humana y del teocentrismo sobrenatural causado por la presencia interior del Espíritu como Gracia. Ambos teocentrismos, el de la naturaleza y el de la Gracia, se fusionaban entre sí presentando la imagen de un ser humano, todo él referido a la Transcendencia de Dios como centro y eje de su existencia. En el pensamiento clásico cristiano la evidencia de ambos teocentrismos fácilmente fue confundida e identificada como una única descripción armónica de la naturaleza humana, en que lo natural y lo sobrenatural se identifican. Como después veremos, lo que el paradigma de la modernidad cuestionará será sólo el teocentrismo puramente natural. El teocentrismo sobrenatural, proclamado en el kerigma cristiano, ni será ni podría ser puesto en cuestión en lógica cristiana. Más adelante lo explicaremos.        <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
     <div style="position:relative; text-align : center; padding-bottom: 1em;">
      <img src="https://www.tendencias21.es/concilio/photo/art/default/4490464-6740372.jpg?v=1341656114" alt="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (V): EL ADIÓS A LA HERMENÉUTICA ANTIGUA O IMAGEN DE LO REAL EN EL PARADIGMA GRECO-ROMANO" title="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (V): EL ADIÓS A LA HERMENÉUTICA ANTIGUA O IMAGEN DE LO REAL EN EL PARADIGMA GRECO-ROMANO" />
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      Pero bástenos comentar que este teocentrismo confuso, en que se mezclan los principios remanentes del teocentrismo natural del paradigma antiguo con las persuasiones kerigmáticas de que todo hombre está ante Dios y no hallará su plenitud sino en Dios, siguen presentes hasta la iglesia de nuestros días. El clásico rechazo de un humanismo sin Dios, la declaración del drama absurdo del humanismo ateo, la apelación a que el hombre sólo tiene sentido cuando acepta a Dios y sitúa su existencia bajo la ley divina, el lamento de una gran parte de la humanidad salida del único teocentrismo que puede dar sentido a la vida, siguen estando presentes en el lenguaje de la iglesia, como puede verse en el fallecido Juan Pablo II y en Benedicto XVI. Pero cuando se habla en esta perspectiva teocéntrica no siempre somos capaces de distinguir si se está hablando del teocentrismo natural o del teocentrismo sobrenatural. Ambas dimensiones parecen entremezclarse en fondo confuso que es el mismo que se ha mantenido en los últimos años de teología, e incluso siglos.        <br />
              <br />
       <b>Entonces, ¿qué es el teocratismo como rasgo del paradigma antiguo? </b>        <br />
              <br />
       El teocratismo socio-político se implantó en la historia del cristianismo por razones en parte coyunturales. Así fue por la conversión de Constantino y por el comienzo de la cristianización forzosa del imperio romano. Pero, al mismo tiempo, el teocentrismo filosófico-teológico, que iba configurándose poco a poco en el paradigma greco-romano, contribuyó también a que el cristianismo se hiciera fuerte en que la dimensión socio-política del paradigma antiguo tuviera su expresión en el teocratismo. El teocentrismo sirvió para tranquilizar la conciencia de una iglesia que se enrredaba históricamente con el teocratismo, más y más desde Constantino. En realidad, la filosofía política del teocratismo tenía su justificación en las consecuencias lógicas de la dimensión filosófico-teológica del teocentrismo. El hombre individual no podía entenderse sino por referencia fundamental a la Divinidad. En consecuencia, la sociedad no podía establecer el fundamento del orden social sino por referencia a Dios. Este era, en efecto, el origen del orden civil y de la autoridad. Por ello, el monarca o el emperador, en el régimen político antiguo, ejercían su autoridad en nombre de Dios. El teocratismo, a través de una confusa mezcolanza entre poder civil y poder religioso, tuvo su punto culminante en la edad media, cuando en la época de cristiandad el pontificado ejercía su supremacía moral, y casi política, sobre todos los estados cristianos. Santo Tomás y Francisco Suárez, autores básicos de la escolástica, pusieron también en Dios el origen de la sociedad civil. Cuando, llegado el renacimiento y el inicio de la emancipación del poder civil frente al religioso, la sociedad europea y americana comenzó a fundarse al margen de la religión, la iglesia hubiera transigido en que la sociedad política obrara con autonomía en las decisiones políticas, pero no podía entender que la sociedad civil quisiera fundarse constitucionalmente sin reconocer a Dios como principio natural de las sociedades humanas. Esto es lo que, en efecto, representa, en el siglo XIX,  la rebelión de Pio IX con el Syllabus contra la modernidad y el liberalismo. Así fue prácticamente hasta el concilio Vaticano II con el documento sobre la Libertad Religiosa. En la actualidad, aunque la situación ya no es igual, todavía pueden detectarse actitudes eclesiásticas en que se manifiesta la persuasión de que, aunque se transija con el mundo laico de la modernidad, se mantiene la convicción de fondo (que rebrota de nuevo en el momento más inesperado) de que sólo las sociedades fundadas en Dios y en Cristo podrían llegar a ser el tipo de sociedad civil que exigen tanto la razón como la naturaleza humana.       <br />
       b[
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     <br style="clear:both;"/>
     <div style="position:relative; text-align : center; padding-bottom: 1em;">
      <img src="https://www.tendencias21.es/concilio/photo/art/default/4490464-6740382.jpg?v=1341656114" alt="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (V): EL ADIÓS A LA HERMENÉUTICA ANTIGUA O IMAGEN DE LO REAL EN EL PARADIGMA GRECO-ROMANO" title="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (V): EL ADIÓS A LA HERMENÉUTICA ANTIGUA O IMAGEN DE LO REAL EN EL PARADIGMA GRECO-ROMANO" />
     </div>
     <div>
      <b>Pero el paradigma antiguo está hoy matizado por las adaptaciones ad hoc. </b>       <br />
              <br />
       En efecto, lo dicho hasta aquí sobre teocentrismo y teocratismo en el paradigma antiguo debe matizarse mencionando algunas adaptaciones ad hoc, aparecidas sobre todo después del concilio. Nos referimos sólo a las principales.        <br />
              <br />
       En relación al teocentrismo, la iglesia ha caído en la cuenta de la extensión del ateísmo, del agnosticismo y del indiferentismo en la sociedad moderna. Por ello, consciente de que debía entenderse la viabilidad de hecho de estas opciones arreligiosas, evidentes en la sociedad, ha matizado su teocentrismo interpretando lo que quiso decir el concilio Vaticano I sobre el conocimiento natural de Dios. Este no sería algo automáticamente impuesto por la razón (algo así como un determinismo racional), sino que debería aceptarse a partir de un juego libre de la voluntad del individuo. De ahí el concepto de certeza moral libre con que muchos teólogos entienden hoy, con el asentimiento tácito de la iglesia, el teocentrismo fuerte presente en la tradición. No obstante, la antropología que en general sigue manteniéndose responde a un teocentrismo clásico, en que el hombre sólo puede tener sentido y cumplimiento como hombre si se situa en el horizonte existencial teocéntrico que acepta a Dios. No existe, pues, en el fondo, un humanismo sin Dios. Por tanto, en este teocentrismo concurren, no siempre con la precisión debida, la dimensión puramente natural y la dimensión sobrenatural del teocentrismo, antes aludidas.        <br />
              <br />
       En relación al teocratismo también la iglesia ha entendido, por vía pragmática, la necesidad de reconocer el laicismo de las sociedades modernas. Así lo ha hecho, en efecto, a través de discursos papales, especialmente de Benedicto XVI en los últimos tiempos. Sin embargo, reconocer la viabilidad del laicismo no quiere decir que se haya abandonado la persuasión de que la verdadera sociedad fundada en la naturaleza del hombre debería generarse en el reconocimiento de la realidad divina y de la ley natural que es la ley divina. Se trataría, por tanto, en la actualidad del mantenimiento de una forma débil de teocratismo, no comparable obviamente al teocratismo fuerte de la edad media. Pero se seguiría tratando, en el fondo, del mismo estilo de teocratismo. A pesar de su apertura, el concilio Vaticano II, en el fondo, aunque estableció la meta final de estudiar y exponer la fe cristiana en nuestra época, no pudo salirse de numerosos enfoques teocéntricos (como se ve al hablar del ateísmo) o teocráticos (presentes en el mismo documento sobre Libertad Religiosa).        <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
    ]]>
   </content>
   <link rel="alternate" href="https://www.tendencias21.es/concilio/LA-NUEVA-EVANGELIZACION-Y-CONCILIO-V-EL-ADIOS-A-LA-HERMENEUTICA-ANTIGUA-O-IMAGEN-DE-LO-REAL-EN-EL-PARADIGMA-GRECO-ROMANO_a17.html" />
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   <title>LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (IV): EL PARADIGMA DE LA MODERNIDAD, CLAVE PARA EL DISEÑO DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN</title>
   <updated>2012-07-07T11:51:00+02:00</updated>
   <id>https://www.tendencias21.es/concilio/LA-NUEVA-EVANGELIZACION-Y-CONCILIO-IV-EL-PARADIGMA-DE-LA-MODERNIDAD-CLAVE-PARA-EL-DISENO-DE-LA-NUEVA-EVANGELIZACION_a16.html</id>
   <category term="El Nuevo Concilio" />
   <published>2012-07-07T11:33:00+02:00</published>
   <author><name>Javier Monserrat</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
¿Qué hacer? ¿Cómo evangelizar? Hemos visto (posts II y III) que caben diversas actitudes y modos de concebir qué debe hacerse. Hay quien piensa que debemos seguir en el paradigma antiguo. Otros piensan que debe olvidarse el paradigma antiguo, ignorarlo, ignorando también cualquier otra aventura hermenéutica, y comprometerse con una pura proclamación del kerigma cristiano que constituye la esencia de la fe de que la iglesia es depositaria. Existe también un camino intermedio: restar protagonismo al paradigma antiguo, mantenerlo estratégicamente difuso en un segundo plano, aun sin negarlo, y poner todo el esfuerzo explícito en la pura proclamación kerigmática. Esta última vía es la que parece haber seguido la iglesia, claramente en el pontificado de Juan Pablo II y de forma más imprecisa con Benedicto XVI. Sin embargo, a la iglesia le cabe también otra actitud posible, legitimada por el contexto histórico de los últimos cinco siglos y en la dramática experiencia de la crisis religiosa: buscar el paradigma de la modernidad y, si se hallara, pensar en su función cómo debería diseñarse la Nueva Evangelización. En este post exponemos la tesis (ya anteriormente formulada en II y III) de que el contexto histórico apunta inevitablemente a señalar que la iglesia debe buscar el nuevo paradigma hermenéutico, diseñar la Nueva Evangelización. La alternativa al paradigma antiguo está hoy en vías de definición precisa y ello acabará produciendo en la iglesia un gran movimiento hacia la evangelización pendiente que desembocará por su propia lógica histórica en el Nuevo Concilio, tal como he explicado en Hacia el Nuevo Concilio.     <div>
      De acuerdo con lo dicho (en los artículos I y II de esta serie), la proclamación del kerigma por la iglesia se ha hecho siempre procurando mostrar que en él Dios ha desvelado el sentido profundo de la vida humana: asumiendo que el hombre vería su vida real iluminada por la profundidad teológica del kerigma. Pero para ello había que describir la vida humana, la condición natural del hombre en el universo, y esto exigía una hermenéutica. Así se hizo durante veinte siglos de historia de teología cristiana y no pudo hacerse sino admitiendo los esquemas conceptuales de la cultura del tiempo, a saber, el paradigma greco-romano.        <br />
              <br />
       Ahora bien, el hecho histórico incuestionable de que en el renacimiento (siglo XVI) comienza una nueva andadura del pensamiento humano, que supone abandonar el paradigma antiguo para construir poco a poco la nueva imagen de la realidad en el paradigma de la modernidad y el hecho histórico de que en ese mismo tiempo comienza una larga crisis histórica de la iglesia en que la fe cristiana va desmoronándose en forma creciente, permiten que la iglesia se plantee una pregunta obvia: ¿no podría ser que una gran parte de la crisis de la religión, de su crisis de significatividad y de inteligibilidad en el mundo moderno, se haya debido a que la iglesia permaneció en una hermenéutica caducada y no supo explicarse dentro de una hermenéutica fundada en la nueva imagen de la realidad que exigía la modernidad? ¿No podría ser que la disonancia entre mundo moderno y fe cristiana tuviera su causa primordial en la hermenéutica caducada que fue usada, y sigue siendo usada, por la iglesia para proclamar el kerigma en la modernidad?        <br />
              <br />
       Si fuera así, parece que no cabe sino pensar que la misión cristiana en la Nueva Evangelización debería fundarse en un primer paso ineludible, entendido como la clave esencial para orientar una presentación del cristianismo adecuada a nuestro tiempo. Este primer paso debería ser necesariamente reconstruir con todo orden y concierto la imagen de la realidad en la modernidad para preguntar seguidamente a qué interpretación o hermenéutica del kerigma conduce por su propia lógica. Si condujera a una hermenéutica armónica con el kerigma, quizá incluso más profunda, entonces queda fuera de dudas que esta hermenéutica debiera ser usada por la iglesia para proclamar el kerigma. Por una razón en lógica teológica evidente: porque el mejor conocimiento del universo permite un mejor conocimiento de cómo Dios lo ha creado, y, en consecuencia, un mejor conocimiento de la Voz del Dios de la Revelación.        <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
     <div style="position:relative; text-align : center; padding-bottom: 1em;">
      <img src="https://www.tendencias21.es/concilio/photo/art/default/4490411-6740267.jpg?v=1341654668" alt="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (IV): EL PARADIGMA DE LA MODERNIDAD, CLAVE PARA EL DISEÑO DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN" title="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (IV): EL PARADIGMA DE LA MODERNIDAD, CLAVE PARA EL DISEÑO DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN" />
     </div>
     <div>
      <b>Recapitulando: qué se ha hecho hasta ahora</b>       <br />
              <br />
       El hecho de la disonancia mundo moderno/fe cristiana fue percibido y tuvo sus consecuencias obvias: pensadores modernos propusieron críticas de la religión desde diversos enfoques. Pero los pensadores cristianos, que actuaban por lo general dentro del paradigma antiguo, reaccionaron y criticaron igualmente la modernidad, respondiendo a las críticas de esta (así, por ejemplo, la polémica en torno a las críticas o contracríticas marxistas o psicoanalíticas de la religión). Junto a esto, la apologética cristiana fue también una línea en que muchos autores cristianos aportaron estudios orientados a la argumentación de que los verdaderos aportes de la modernidad en el conocimiento no tenían por qué ponerse en disonancia con el paradigma antiguo, sino que más bien lo reforzaban (por ejemplo, los muchos estudios católicos sobre la ciencia para seguir justificando los principios del paradigma antiguo, así la filosofía teísta fundada en los resultados del big bang).          <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
     <div style="position:relative; text-align : center; padding-bottom: 1em;">
      <img src="https://www.tendencias21.es/concilio/photo/art/default/4490411-6740275.jpg?v=1341654668" alt="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (IV): EL PARADIGMA DE LA MODERNIDAD, CLAVE PARA EL DISEÑO DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN" title="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (IV): EL PARADIGMA DE LA MODERNIDAD, CLAVE PARA EL DISEÑO DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN" />
     </div>
     <div>
      Al mismo tiempo, otros muchos autores percibieron desde hace ya muchos años lo que estamos defendiendo aquí: que la disonancia iglesia/modernidad tenía probablemente su origen en que la iglesia no acertaba en dejar el paradigma antiguo y a dibujar los rasgos de lo que debiera ser la nueva hermenéutica desde la modernidad. A lo largo de los últimos siglos, en efecto, muchísimos autores cristianos han ensayado propuestas, análisis, enfoques, encaminados a perfilar cómo debería proclamarse el cristianismo en la modernidad, y esto tanto en la dimensión filosófico-teológica como en la socio-política. Así, Teilhard de Chardin, consciente de la disonancia científica con la modernidad, propuso una nueva visión teológica desde la evolución. Por otra parte, teólogos que veían la disonancia con la filosofía política de la modernidad, propusieron la filosofía y teología de la liberación como nueva forma de presentar la fe cristiana ante las exigencias filosóficas de la praxis humana.        <br />
              <br />
       La misma iglesia se ha hecho eco en numerosas ocasiones de algo que parece inevitable: reconocer que probablemente la iglesia necesita nuevas formas de expresión y de presentación del kerigma en el mundo moderno. Es la intuición acertada de que esta disonancia con el mundo moderno debe superarse y se debe descubrir la forma de “entrar en onda” con su sensibilidad. El Vaticano II fue convocado por Juan XXIII, en sus mismas palabras, para hallar la forma de estudiar y exponer la fe cristiana en nuestra época. Es verdad que, ni entonces ni ahora, detrás de estas retóricas apelaciones al hallazgo de las “nuevas formas” se escondía la apelación a un radical cambio de paradigma (que es con toda probabilidad lo que la iglesia necesita); cambio que en el fondo siempre ha supuesto grandes resistencias psicológicas derivadas del explicable apego a veinte siglos de historia. El Vaticano II, convocado por sorpresa en una iglesia en gran parte inmersa todavía en el paradigma antiguo, no estaba preparado para ofrecer un proyecto acabado de las “nuevas formas de presentación” requeridas. Pero no por elló dejó de abrir un horizonte de búsqueda que, con sensibilidades muy diversas, fue dando origen a ensayos posteriores que entraron en grave y mutuo conflicto en la etapa postconciliar de la iglesia. Esta ha sido en parte la historia de los cincuenta últimos años de iglesia.        <br />
              <br />
       Sin embargo, ¿dónde está hoy la iglesia? Lo hemos argumentado antes (en los artículoS II y III de esta serie). Está en la clara conciencia de que como creyentes en la iglesia atravesamos una grave tribulación histórica por la crisis de la religión. Por ello la iglesia es al mismo tiempo consciente de que todo parece indicar que se necesitan nuevas formas de expresión (nosotros diríamos una nueva hermenéutica) que hagan inteligible la fe cristiana en el mundo moderno. La iglesia es, pues, consciente de que ha sido la aparición, desde el XVI, de la lenta configuración progresiva de la cultura de la modernidad lo que ha tenido como consecuencia dejar sin fuerza significativa al paradigma antiguo.        <br />
              <br />
       Decíamos al concluir el artículo anterior (III) que la iglesia parece estar en un segundo binario ignaciano: es consciente de lo que hay que hacer, pero fuertes presiones emocionales la precaben de intentar hacer, o incluso plantear, la única vía que la llevaría a hacer lo que se debe hacer. Por ello, la iglesia –sin plantear ningún cuestionamiento hermenéutico profundo, ni antiguo (de lo que no se atreve a hablar) ni moderno (en lo que no se atreve a meterse)– se limita a concebir la nueva evangelización como una pura proclamación del kerigma de la fe cristiana. El kerigma es algo entrañable para todos los creyentes, pero probablemente no bastará para romper el hielo de la disonancia establecida durante siglos y siglos entre iglesia y modernidad. La iglesia dispone de ideas que han ido produciendo los cristianos sobre cómo podría llegarse a la nueva hermenéutica requerida (entre ellas las mías). Sin embargo, la iglesia ignora en absoluto todo lo que sea hermenéutico y se limita a la pura proclamación kerigmática del contenido de la fe cristiana, sin entrar en mostrar su reflejo en profundidad sobre el logos racional de nuestro tiempo. Pero la iglesia al caminar solo sobre lo kerigmático, asumiendo a conciencia lo que en otros sitios he llamado el incompromiso hermenéutico, sin atreverse a poner orden en un pasado de veinte siglos, probablemente está cerrando el camino hacia lo que ella misma busca, y se siente obligada en conciencia moral cristiana a intentar emprender, a saber la Nueva Evangelización.        <br />
       
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      <img src="https://www.tendencias21.es/concilio/photo/art/default/4490411-6740291.jpg?v=1341654568" alt="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (IV): EL PARADIGMA DE LA MODERNIDAD, CLAVE PARA EL DISEÑO DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN" title="LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CONCILIO (IV): EL PARADIGMA DE LA MODERNIDAD, CLAVE PARA EL DISEÑO DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN" />
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      <b>El quehacer pendiente</b>       <br />
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       El mensaje que quiero transmitir en esta serie de artículos en torno a mi modo de entender la Nueva Evangelización es inequívoco: la iglesia católica debe sobreponerse al temor de tener que afrontar la revisión hermenéutica (que le hace temer que deberá poner a buen recaudo el paradigma habitual durante veinte siglos y hacerlo a la luz de la sociedad contemporánea) para afrontar la reflexión seria y rigurosa que la lleve al único destino al que puede dirigirse la nave de la iglesia, si es que no está en el segundo binario ignaciano y realmente quiere emprender la Nueva Evangelización. La iglesia debe salir del esterilizante incompromiso hermenéutico para entrar de lleno en el pensamiento contemporáneo y entender plenamente cómo el mundo realmente creado por Dios nos acerca un paso más a entender la profundidad abismal del kerigma cristiano. Digo que es la iglesia la que debe entrar. Desde hace siglos muchos pensadores cristianos están ya intentando superar la disonancia iglesia/modernidad. Pero los pensadores son como francotiradores (yo mismo) que apenas pueden transformar el panorama global de la evangelización. Nadie puede liberar a la iglesia católica de su responsabilidad y hoy la historia le impone afrontar el inevitable compromiso hermenéutico. En ello podrá ayudarse en mayor o menor grado de la obra de los “francotiradores”, pero es la iglesia la que deberá liderar el proceso de pensamiento que la conducirá a reencontrarse a sí misma en la modernidad, sabiendo que hoy como en Éfeso está asistida por el Espíritu de Dios. La iglesia, si es creyente, debe confiar en que saldrá airosa, con excelencia, del delicado proceso histórico que debe liderar.        <br />
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       ¿Qué es entonces lo que la iglesia deberá emprender? Lo he comentado ya en los anteriores posts de esta serie (II y III). Recapitulémoslo en síntesis.         <br />
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       A) El primer momento de la tarea histórica debería consistir obviamente en reconstruir en toda su amplitud cuál es la nueva imagen de la realidad en la modernidad. Esto permitiría entender de forma ordenada y sistemática en qué consiste y, como consecuencia, en qué se distingue de la imagen de la realidad en el paradigma antiguo. Esta reconstrucción objetiva debería abarcar la dimensión filosófico-teológica y la dimensión socio-política. B) El segundo momento de la tarea debería consistir en examinar si esa nueva imagen de la realidad en la modernidad hace posible un conocimiento más profundo del kerigma cristiano. Que esto fuera posible no puede establecerse a priori, sino que debe ser objeto de análisis y profundización teológica. C) El tercer momento sería el diseño de la Nueva Evangelización que, dirigida al mundo moderno, debería construirse lógicamente desde el paradigma cristiano de la modernidad. De acuerdo con lo dicho deberíamos establecer que la Nueva Evangelización exigiría que la iglesia estuviera ya en posesión previa de ese nuevo paradigma cristiano en la modernidad. No parece haber duda de que la Nueva Evangelización tendría muchos aspectos y perfiles, pero su elemento fundamental debería ser un nuevo paradigma que permitiera hablar de la fe cristiana de forma inteligible desde dentro de la modernidad. Si la iglesia no estuviera todavía en posesión de una nueva hermenéutica –que describiera con fuerza la Voz de la Revelación en el kerigma ante la experiencia del mundo en la modernidad–, entonces no tendría otro recurso que fundar la lógica de la Nueva Evangelización o bien en la hermenéutica antigua (lo que reforzaría la disonancia) o bien en la pura proclamación del kerigma como hasta ahora se hace (cuya fuerza significativa estaría mermada porque quedaría en manos de la intuición, pero carecería de la fuerza de un logos racional organizado que permitiera una hermenéutica reflexiva exigida por la cultura de la modernidad). Es decir, sin nueva hermenéutica no sería posible una Nueva Evangelización en profundidad que es lo que el tiempo histórico pide a la iglesia. Eso sí, un deseo abstracto y genérico de “cumplir la misión”, aunque en segundo binario, haría posible montajes retóricos, poco eficaces porque les falta lo fundamental, que dejarán las cosas donde están: a saber, quizá con una vigorización momentánea de ciertos prupos eclesiásticos, pero sin superar la gran crisis histórica de la modernidad.         <br />
       
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      <b>Hacia el Nuevo Concilio, una maqueta argumentada       <br />
       del quehacer pendiente en vías a la Nueva Evangelización</b>         <br />
              <br />
       Es posible que alguien piense que todo esto son análisis y consideraciones de carácter puramente general y abstracto. ¿Nuevo paradigma? Bien, pero, ¿dónde está? ¿En qué consiste? ¿Existe realmente un paradigma de la modernidad que permita considerar al antiguo como un momento superado por la historia? Es verdad que hasta ahora hemos hablado de forma general, sin precisar. Como suele decirse hemos estado afilando el cuchillo pero sin entrar a cortar. En una gran parte, pienso que la justificación que la iglesia ha tenido para renunciar sólo discreta y estratégicamente al paradigma antiguo y para mantenerse en la pura proclamación kerigmática y en el incompromiso hermenéutico, es que la alternativa a lo antiguo apenas era visible y, desde luego, diseñable como empresa.        <br />
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       Ciertamente, muchísimos pensadores cristianos reflexionaron en el pasado. Pero han sido reflexiones fraccionarias, sesgadas o cuestionables. La historia lo muestra. No había una gran maqueta de la alternativa viable y posible, del camino a recorrer, en el que la iglesia se pudiera apoyar. Por esto la iglesia no ha caminado hasta ahora hacia el nuevo paradigma: simplemente porque no existía alternativa teórica, porque estaba pendiente de diseño y no existía un proyecto de acción alternativo que fuera sensatamente percibible y que inspirara confianza.        <br />
              <br />
       Sin embargo, en mi opinión, estamos entrando, como iglesia, en una situación intelectual nueva en que la alternativa posible y pragmáticamente viable se está ya perfilando con tonos nítidos y precisos. Podremos valorar la alternativa objetivamente en sus contenidos concretos (porque no es pura formalización de principios o deseos abstractos): será posible ponderar los argumentos en que se apoya, considerar si deben rechazarse, matizarse o complementarse, o si es posible ofrecer una alternativa mejor a esta alternativa. Pero todo ello no deberá hacerse obviamente expresando puras emociones abstractas y sin argumentar, sino, muy al contrario, sosteniendo los juicios sobre el presente y el futuro de la iglesia en argumentos seriamente construidos, dignos del estilo de intelectuales cristianos.        <br />
              <br />
       La exposición razonada de esta alternativa nos permitirá considerar cómo, en efecto, en lugar de lo que hoy se hace podrían hacerse otras cosas distintas. Podremos considerar cuál sería la imagen resultante de la iglesia si, en lugar de la estrategia presente, se siguiera el proyecto de evangelización preciso que se propone en la alternativa. Como veremos, no hay color de uno a otro. Me complacería imaginar que aquellos creyentes que sienten la responsabilidad de hacer presente el kerigma cristiano en la historia humana, si logran vencer sus emociones ancestrales, ponderen con ecuanimidad qué se podría hacer y que sintieran la responsabilidad moral cristiana de vencer el temor, ponerse en manos del Espíritu y emprender el camino que debe llevarnos al compromiso hermenéutico que la historia demanda hoy de la iglesia.        <br />
              <br />
       Mi punto de vista y la alternativa razonada al paradigma antiguo, es decir, el paradigma de la modernidad, han sido expuestos en una extensa obra de 750 páginas titulada: Hacia el Nuevo Concilio. El paradigma de la modernidad en la Era de la Ciencia, San Pablo, Madrid 2010, salida al mercado hace escasamente algo más de año y medio. En esta libro he expuesto la imagen de la realidad en la modernidad; cómo esta imagen exige de la iglesia el re-entendimiento y proclamación del kerigma cristiano desde la imagen más profunda del mundo creado por Dios, tal como nos permite conocer el avance del conocimiento en el mundo moderno; cómo esta imagen moderna de la realidad nos lleva a una profundización extraordinaria de la armonía del kerigma con la realidad, a partir de una extensión de la teología de la kénosis que nace en el eterno designio trinitario de la creación por el logos cristológico; cómo este paradigma cristiano de la modernidad abre nuevas vías para el diálogo interconfesional cristiano e interreligioso, así como a un nuevo entendimiento de la filosofía de la historia en el siglo XXI; finalmente, cómo tanto la importancia trascendental del cambio hermenéutico, como la conveniencia estratégica en orden al mayor eco mundial de la transformación hermenéutica de la iglesia, aconsejarían a que un Nuevo Concilio fuera el marco de máxima relevancia que avalara los nuevos cambios hermenéuticos. Esta obra ofrece incluso, en el capítulo octavo, una simulación del contenido de lo que debieran ser los grandes documentos conciliares. La obra es completamente armónica con el kerigma, y responde a las exigencias de una ortodoxia cristiana y católica; si alguien piensa que no es así, debe argumentarlo. Sin embargo, es evidente que la obra está toda orientada a proponer a la iglesia un nuevo paradigma hermenéutico, el que exige la modernidad, y por ello difiere de otras propuestas hermenéuticas, del pasado o del presente. Pero esta diferenciación en lo puramente hermenéutico es siempre legítima, de acuerdo con los principios más antiguos de la teología cristiana y católica.        <br />
              <br />
       En relación a una eventual Nueva Evangelización, como la que actualmente es promovida por la iglesia, lo que mi obra Hacia el Nuevo Concilio vendría a decir, en síntesis, es que la nueva evangelización no puede nacer de un día para otro. Antes que nueva evangelización es necesario que la iglesia atraviese un proceso, todavía sin emprender, que la lleve a encontrar el paradigma de la modernidad que permita habla de Dios desde dentro del logos de la modernidad. Sin estudiar y exponer la fe cristiana en nuestra época, como decía Juan XXIII, no será posible la nueva evangelización, y estaremos en lo de siempre, en una imagen antigua del cristianismo, aunque la recubramos de toda la retórica que nos sea posible (y los medios organizativos de la iglesia permiten mucha), imagen anticuada que ha llevado a la disonancia fe cristiana / mundo moderno que, como hemos explicado, está en la raíz de la crisis de la religión en la modernidad. Por tanto, antes que evangelización es necesaria la reconversión de la teología cristiana en la modernidad. Y, dada la importancia de este cambio hermenéutico después de veinte siglos de permanencia en el paradigma antiguo y del largo desencuentro fe/modernidad en los últimos cinco siglos, el aval de la iglesia a las nuevas hermenéuticas (en el sentido que he explicado en mi obra) exigiría por la propia lógica histórica la celebración del Nuevo Concilio que sería el gran escenario mundial para el lanzamiento, promoción y proclamación de la Nueva Evangelización.         <br />
              <br />
       En los próximos posts de esta serie (V y VI) ofreceré una intuición esencial de la naturaleza del nuevo paradigma de la modernidad en el cristianismo, para que pueda valorarse el alcance del cambio hermenéutico pendiente y del cambio necesario de imagen de la iglesia en el mundo moderno. Explicaré dónde ha estado la iglesia durante siglos, el paradigma greco-romano, todavía presente en forma difusa en la iglesia. La naturaleza del cambio hermenéutico no podrá precisarse sin referencia al paradigma que debe superarse (post V). Desde la perspectiva de lo que debemos abandonar podrá perfilarse con más nitidez en qué consiste el cambio hermenéutico hacia el paradigma de la modernidad (post VI). Por tanto,la obra de referencia a que me remito es Hacia el Nuevo Concilio, donde se han explicado muchas cosas que aquí no podemos ni siquiera mencionar. Si hasta ahora hemos estado afilando el cuchillo, en los próximod posts entraremos definitivamente a cortar, es decir, expondremos en qué consiste concretamente el cambio hermenéutico hacia el paradigma de la modernidad, necesario para emprender el proceso de la Nueva Evangelización.        <br />
       
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