Cómic: explicando el boicot al apartheid israelí

Lunes, 17 de Febrero 2014

Juan Fender, Fernando Sancho y Sergio Pérez: Apartheid 2020. Retales de Palestina . Madrid: Bósforo Libros, 2013 (edición bilingüe en castellano y euskera).
 
La reanudación de la negociaciones israelo-palestinas en el verano de 2013 ha llevado aparejado un notable silencio mediático a la espera de su conclusión el próximo mes de abril.
 
La mediación estadounidense, con la implicación personal de su Secretario de Estado, John Kerry, escenificada en sus continuos viajes a la región, suscitaron entonces numerosas expectativas.
 
Pese a su denodado empeño por mantener el curso de las discusiones en un ámbito secreto o, al menos, discreto, fuera del alcance de las cámaras y de la presión mediática, lo cierto es que los obstáculos para el avance de las mismas han terminado trascendiendo a la opinión pública.
 
Paradójicamente, el propio Kerry ha contribuido a desvelar el estancamiento del proceso, y también en quién reside la principal responsabilidad para su éxito, al advertir al gobierno israelí que el fracaso de las negociaciones podría dar lugar a un boicot internacional a Israel.
 
Semejantes declaraciones eran más una advertencia que una amenaza, realizadas como una medida de presión de Washington sobre Tel Aviv, que Estados Unidos no secundaría e incluso rechazaría, pese a que complicaría su actuación diplomática en la región.
 
No obstante, Kerry no se libró de numerosas críticas entre los círculos israelíes más inmovilistas, ni tampoco de la sempiterna descalificación como antisemita ante la más somera crítica a la política israelí. Incluso un hermano de Kerry, convertido al judaísmo, tuvo que salir al paso defendiendo su honorabilidad.
 
Este acontecimiento se acompañó de otro de no menor eco mediático, protagonizado por la actriz estadounidense Scarlett Johansson, con su promoción publicitaria de un refresco elaborado en un asentamiento israelí en los territorios palestinos ocupados. Además de contradecir el Derecho internacional (en concreto, el  IV Convenio de Ginebra de 1949, que regula los derechos de las poblaciones bajo ocupación militar), también contradecía la política de Oxfam de la que la actriz era embajadora internacional.
 
El desacuerdo entre Oxfam y Johansson terminó con la ruptura de la colaboración mantenida entre esta conocida ONG y la afamada actriz. Curiosamente, estas desavenencias han contribuido a visibilizar, aún más, la campaña internacional de boicot, desinversión y sanción a Israel, más conocida por sus siglas como BDS.
 
La campaña del BDS responde a un llamamiento realizado por la sociedad civil palestina, en 2005, para acabar de manera no violenta con el apartheid israelí. Haciéndose eco del precedente de lucha contra el apartheid en Sudáfrica, la sociedad palestina apelaba a la solidaridad internacional, consciente de que su resistencia al apartheid israelí sólo será efectiva si encuentra su correspondiente eco y apoyo en el ámbito exterior, integrado tanto por la sociedad de Estados como por la sociedad civil transnacional o global.
 
Sus reivindicaciones son muy diáfanas y concretas: primero, “finalizar con la ocupación y colonización de las tierras árabes”, incluido “el desmantelamiento del muro”; segundo, “el reconocimiento de los derechos fundamentales de los ciudadanos palestinos de Israel para una igualdad completa”; y, por último, tercero, “el respeto, la protección y la promoción del derecho de los refugiados palestinos a regresar a sus hogares y propiedades (…)”.
 
Conviene aclarar, como enfatiza Ben White, Apartheid israelí. Una introducción  (Madrid: Bósforo Libros, 2012), que apoyar la campaña BDS no es antisemitismo, ni implica “hacer que los judíos israelíes se sientan incómodos en la tierra que es también su hogar”. Por el contrario, lo que se busca es que “los palestinos disfruten de los mismos derechos que tienen los judíos en una misma tierra”.
 
Una de las muestras más importantes de solidaridad y eco que está teniendo esta campaña procede del ámbito de la sociedad civil en diferentes partes del mundo; y, en particular, desde el área de sensibilización, con objeto de promocionarla, explicando sus razones e invitando a secundar sus acciones.  
 
Además de la red que impulsa el BDS en España, en esta línea de actuación se enmarca el cómic Apartheid 2020. Retales de Palestina, cuyo diseño gráfico se debe a Juan Fender y el guión a Fernando Sancho y Sergio Pérez.
 
A semejanza de otras obras elaboradas en esta misma línea, el cómic ilustra de manera amena y rigurosa la situación de segregación racial en la que vive la población palestina. En concreto, cómo las duras condiciones de vida impuesta por la ocupación militar israelí persiguen minar la resistencia y moral del pueblo palestino.    
 
Lejos de buscar la convivencia e igualdad con los árabes-palestinos y de posibilitar un Estado palestino, la política de ocupación israelí, por el contrario, alienta el abandono y, en concreto, la limpieza étnica de lo que queda de Palestina con medios indirectos y más sutiles que la perpetrada entre 1947-1949.
 
El creciente eco y éxito de la campaña del BDS se puede medir por el actual nerviosismo que muestra el gobierno israelí, que ha puesto en marcha una contraofensiva política, con un fuerte énfasis mediático e incluso cultural para blanquear su expediente de segregación racial.
 
En suma, desde la perspectiva del apartheid israelí, a la población palestina que resiste la ocupación militar durante cerca de cinco décadas no se le permite ni la resistencia armada ni tampoco la no violenta, sólo la claudicación. 
 
Como señala un personaje del cómic: “Nuestras historias son tristes. La tristeza es la historia reciente de Palestina”. Que esta situación cambie depende más de los diferentes actores internacionales que de los propios palestinos, prisioneros en su propia tierra, en los guetos establecidos por la política de apartheid israelí.