Casi me despellejan


Alexander V. O'Hara

1 de septiembre de 1915
La Tierra de Morrell ha seguido las dos últimas semana dando que hablar. Ayer me llevé un buen rapapolvo por tratar de sugerir que puede que fuese un efecto óptico lo que vio. La exploración es una ciencia mucho más exacta de lo que yo pensaba.



No hay muchas novedades en este encierro y a veces damos vueltas y más vueltas a un mismo tema durante días y días. Eso ha pasado con la famosa tierra que Morrell dijo que vio en esta posición geográfica.

En parte la culpa la tuve yo cuando sugerí que posiblemente lo que vio fue uno de esos grandes icebergs en la distancia y, si tenía viento en contra y no pudo acercarse, pensó que era tierra y de ahí el mal entendido que provocó.

La argumentación me parecía lógica y tengo que confesar que me sentía muy orgulloso de haber establecido una teoría que, al menos, concediese algo de credibilidad a Benjamín Morrel l. Lo que no podía ni imaginarme fue lo que ocurrió a continuación.

En misa y repicando
Por un momento hasta me creí que les había impresionado. Los que estaban sentados a mi alrededor se quedaron callados mirándome fijamente. Yo mantuve su mirada mientras sonreía orgulloso de mi mismo. Entonces se escuchó la voz de Worsley, que en una esquina del salón jugaba al ajedrez.

-“No sabe lo que está diciendo”.

No sé si todos, pero al menos yo me volví. Worsley estaba concentrado mirando el tablero. Ya estaba empezando a pensar que el comentario no iba conmigo cuando, todavía mirando el tablero, continuó:
-Como siempre estos periodistas no tienen ni idea de lo que hablan.

Ahora estaba claro que la frase iba conmigo. Tuve la impresión de que empezaba a ponerme colorado cuando desde el otro extremo alguien dijo:
-Y menos de lo que escriben.

Me puse colorado por completo.

-James –ahora era Shackleton- trae los sondeos de los últimos días.

Lo que dice el fondo del mar
Minutos después volvía James con los resultados de los sondeos que habíamos estado haciendo y en los que yo mismo había cooperado a subir el cable. Los puso sobre la gran mesa.

Wild, sin que nadie se lo hubiera pedido había ido a por una carta marina que extendió sobre la mesa. Sobre ella Shackleton empezó a señalar.

-El 8 de agosto estábamos aquí, a 71º 23’S y 49º 13’W, dos días después hicimos este sondeo –señaló a uno de los papeles que había dejado James- dio una profundidad de 3.100 metros. Esta cifra concuerda bastante bien con la obtenida por la expedición del alemán Filchner en 1912 a unos 200 kilómetros de Este esta posición.

-El sondeo realizado el día 17 de agosto, a unos 15 kilómetros al Oeste de la famosa Tierra de Morrell, nos dio una profundidad de 3.065 metros.

Yo no podía estar más colorado pensando que todos me miraban con desdén. Eché un vistazo alrededor y vi que no era así, que todos seguían concentrados las explicaciones del Jefe que en aquel momento continuaba diciendo:

-Y éste fue el 24 de agosto, bordeando los 52º de longitud W, que arrojó una profundidad de 3.474 metros.

Mientras me miraba señalaba con el dedo la carta.

-Alex, la islas no son postes clavados en el fondo del mar. La tierra que ves por encima del nivel del mar tiene que continuar con mayor o menor inclinación por debajo. Aquí no hay Tierra de Morrell ni mandangas y aquel tipo, si era un auténtico marino, tenía que haber hecho algún sondeo.

-Luego, no trates de excusarle. No sé equivocó, era un mentiroso descarado.