La risa puede más que la fuerza


Alexander V. O'Hara

12 de febrero de 1915
Muchas veces no sabemos el porqué pasan las cosas. Nos esforzamos para tratar de lograr algo y, cuando parece imposible de alcanzar, nos encontramos con que ya está en nuestras manos.



Aspecto de los hielos que nos rodean desde arriba del mastil
Precisamente ayer, tuvo lugar uno de esos sucesos. Las placas de hielo habían aflojado la presión y apareció una grieta. Lógicamente, el capitán Worsley mandó encender las calderas y tratamos de abrirnos paso a su través. Pero el hielo se había pegado a los costados del casco y no había forma de zafarse de él.

Así que Shackleton reunió a todos los hombres en cubierta y les hacía correr a la vez de una borda a la otra, pensando que el cambio de peso haría oscilar el barco y liberarlo de la tenaza helada que los sujetaba.

Aparentemente era sencillo, pero como las perreras ocupan la parte central de la cubierta, las dos docenas de personas nos vimos obligados a correr de un lado a otro en tropel, en el limitado espacio que rodeaba al timón.
El momento fue ridículo, porque lo único que se consiguió fue que los hombres chocaran entre si y cayeran unos sobre otros entre risotadas.

Finalmente, posiblemente más por la fuerza de nuestras carcajadas que por nuestros saltos, el barco se zafó. Aunque no logramos avanzar por la grieta y, nuevamente, seguimos esperando.

Las risas nos alegraron buena parte del día, pero la preocupación va creciendo según avanza el mes.