LA ODISEA DE SHACKLETON: Javier Cacho




Blog de Tendencias21 sobre su legendaria expedición a la Antártida

La tierra que nunca existió


Alexander V. O'Hara

18 de agosto de 1915
Podría pensarse que con un barco atrapado por los hielos y, por lo tanto, a merced de los vientos y corrientes marinas, no es posible hacer ninguna contribución geográfica. Pues no es así. Nosotros acabamos de desenmascarar a un farsante.



El capitán Morrell
El capitán Morrell
Los hombres que vivimos en 1915 nos consideramos muy presuntuosos y creemos que ya lo hemos descubierto todo. Evidentemente, esta expedición de Shackleton a la Antártida, en la que me encuentro, es una prueba de que no es así, y de que todavía quedan muchas tierras sin descubrir, especialmente en la región antártica.

Pero al igual que quedan tierras por explorar también se da el caso de que algunos de los descubrimientos que han hecho nuestros predecesores, y que en algunos casos los anunciaron a bombo y platillo, no han sido más que espejismos o equivocaciones o mentiras.

Y la historia que les voy a narrar en mi crónica de hoy trata precisamente de uno de estos casos.

Un capitán bastante cuentista
En el verano austral de 1823, la goleta norteamericana bautizada como “Wasp” (que traducido significa “Avispa”) se internó por estas aguas en busca de focas a las que cazar. Dado que ya se habían esquilmado todas las que había en las islas de Shetland del Sur.

La goleta estaba al mando del capitán Benjamín Morrel quien, aunque la campaña de caza no le fue muy bien, regreso a puerto con la fascinante noticia de que había descubierto nuevas tierras en el mar de Weddell.

Posiblemente pensó que, puesto que con el dinero procedente de las escasas focas que había cazado no iba a poder pagar unas rondas de whisky a sus amigos, mejor que se las pagasen  ellos al él mientras les contaba cómo eran las nuevas tierras que había descubierto.

Así, sobre un mapa dibujado por el mismo, revivía los 500 kilómetros de costa que decía haber seguido. Dando, incluso, relación precisa de las coordenadas geográficas de sus puntos más significativos.

Puesto que había sido el primer navegante en avistarla, lo que le confería el derecho a otorgarle nombre, la denominó “Nueva Groenlandia del Sur”. Evidentemente para los nombres no era muy imaginativo.

Y aunque era famoso por sus embustes y sus cuentos, desde entonces la nueva tierra fue apareciendo en los cartas con ese nombre o con el de “Tierra de Morrell”. Lo que le hubiera llenado de orgullo, si hubiera vivido para verlo.

En cualquier caso, dadas las dificultades de navegación por el mar de Weddell y a que, además, no había por allí nada que cazar, pocos fueron en busca de tan misteriosas tierras.

Somos como el Cid Campeador
Lógicamente no era el objetivo de esta expedición buscar unas tierras sin valor alguno. Pero la casualidad ha querido que las corrientes marinas y los vientos hayan empujado los hielos que atrapan nuestro barco hacia la zona donde Morrell situaba su descubrimiento.

Como podrán imaginar no hemos encontrado nada de nada. El mar congelado se extendía decenas y decenas de kilómetros congelado a nuestro alrededor y no pudimos ver ni rastro de las islas.

De hecho, en nuestra derrota pasamos por “encima” de esas tierras. Evidentemente sin encontrar el más mínimo obstáculo.

Ayer, cuando Shackleton y Worsley estuvieron comentando todo esto con los otros miembros de la expedición, a mí se me ocurrió decir que el Endurance era como el Cid Campeador, que incluso después de muerto ganó una batalla.

Este comentario no les hizo mucha gracia, no sé si porque no se refería a un héroe del Imperio (no sé qué hubiera pasado si hubiera dicho Ricardo Corazón de León), o porque la comparación del barco con un muerto no se debe de hacer nunca a un marino.

Afortunadamente, los científicos –que permanecieron indiferentes al revuelo que provocó mi comentario- comenzaron a decir que ellos tienen las pruebas científicas de que la “Tierra de Morrell” nunca existió. Pero eso se los contaré en mi siguiente crónica, si es que no me echan del barco por mi comparación.



Editor del Blog
Javier Cacho
Eduardo Martínez de la Fe
Javier Cacho es científico y escritor especializado en historia de la exploración polar.
Fue miembro de la Primera Expedición Científica Española a la Antártida, a donde regresó en otras cinco ocasiones, las últimas como jefe de la base antártica Juan Carlos I. Recientemente ha publicado “Amundsen-Scott, duelo en la Antártida” (2011), y “Shackleton, el indomable” (2013). En el blog, recrea la expedición de Shackleton a través de un periodista imaginario, Alexander Vera O’Hara.


La obra definitiva sobre la odisea de Shackleton. No te la pierdas.


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