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 <title>LA ODISEA DE SHACKLETON: Javier Cacho</title>
 <subtitle><![CDATA[Blog de Tendencias21 sobre su legendaria expedición a la Antártida]]></subtitle>
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 <updated>2026-05-01T11:58:59+02:00</updated>
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   <title>La tierra que nunca existió</title>
   <updated>2015-08-18T18:41:00+02:00</updated>
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   <category term="Bitácora" />
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   <published>2015-08-18T18:21:00+02:00</published>
   <author><name>Alexander V. O'Hara</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
18 de agosto de 1915 Podría pensarse que con un barco atrapado por los hielos y, por lo tanto, a merced de los vientos y corrientes marinas, no es posible hacer ninguna contribución geográfica. Pues no es así. Nosotros acabamos de desenmascarar a un farsante.     <div style="position:relative; float:left; padding-right: 1ex;">
      <img src="https://www.tendencias21.es/odisea/photo/art/default/8154056-12725275.jpg?v=1439916017" alt="La tierra que nunca existió" title="La tierra que nunca existió" />
     </div>
     <div>
      Los hombres que vivimos en 1915 nos consideramos muy presuntuosos y creemos que ya lo hemos descubierto todo. Evidentemente, esta expedición de Shackleton a la Antártida, en la que me encuentro, es una prueba de que no es así, y de que todavía quedan muchas tierras sin descubrir, especialmente en la región antártica. <br />   <br />  Pero al igual que quedan tierras por explorar también se da el caso de que algunos de los descubrimientos que han hecho nuestros predecesores, y que en algunos casos los anunciaron a bombo y platillo, no han sido más que espejismos o equivocaciones o mentiras. <br />   <br />  Y la historia que les voy a narrar en mi crónica de hoy trata precisamente de uno de estos casos. <br />   <br />  <strong>Un capitán bastante cuentista</strong> <br />  En el verano austral de 1823, la goleta norteamericana bautizada como “Wasp” (que traducido significa “Avispa”) se internó por estas aguas en busca de focas a las que cazar. Dado que ya se habían esquilmado todas las que había en las islas de Shetland del Sur. <br />   <br />  La goleta estaba al mando del capitán <a class="link" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Benjamin_Morrell">Benjamín Morrel</a>  quien, aunque la campaña de caza no le fue muy bien, regreso a puerto con la fascinante noticia de que había descubierto nuevas tierras en el mar de Weddell. <br />   <br />  Posiblemente pensó que, puesto que con el dinero procedente de las escasas focas que había cazado no iba a poder pagar unas rondas de whisky a sus amigos, mejor que se las pagasen&nbsp; ellos al él mientras les contaba cómo eran las nuevas tierras que había descubierto. <br />   <br />  Así, sobre un mapa dibujado por el mismo, revivía los 500 kilómetros de costa que decía haber seguido. Dando, incluso, relación precisa de las coordenadas geográficas de sus puntos más significativos. <br />   <br />  Puesto que había sido el primer navegante en avistarla, lo que le confería el derecho a otorgarle nombre, la denominó “Nueva Groenlandia del Sur”. Evidentemente para los nombres no era muy imaginativo. <br />   <br />  Y aunque era famoso por sus embustes y sus cuentos, desde entonces la nueva tierra fue apareciendo en los cartas con ese nombre o con el de “Tierra de Morrell”. Lo que le hubiera llenado de orgullo, si hubiera vivido para verlo. <br />   <br />  En cualquier caso, dadas las dificultades de navegación por el mar de Weddell y a que, además, no había por allí nada que cazar, pocos fueron en busca de tan misteriosas tierras. <br />   <br />  <strong>Somos como el Cid Campeador</strong> <br />  Lógicamente no era el objetivo de esta expedición buscar unas tierras sin valor alguno. Pero la casualidad ha querido que las corrientes marinas y los vientos hayan empujado los hielos que atrapan nuestro barco hacia la zona donde <strong>Morrell </strong>situaba su descubrimiento. <br />   <br />  Como podrán imaginar no hemos encontrado nada de nada. El mar congelado se extendía decenas y decenas de kilómetros congelado a nuestro alrededor y no pudimos ver ni rastro de las islas. <br />   <br />  De hecho, en nuestra derrota pasamos por “encima” de esas tierras. Evidentemente sin encontrar el más mínimo obstáculo. <br />   <br />  Ayer, cuando <strong>Shackleton </strong>y <em>Worsley </em>estuvieron comentando todo esto con los otros miembros de la expedición, a mí se me ocurrió decir que el <strong>Endurance </strong>era como el Cid Campeador, que incluso después de muerto ganó una batalla. <br />   <br />  Este comentario no les hizo mucha gracia, no sé si porque no se refería a un héroe del Imperio (no sé qué hubiera pasado si hubiera dicho Ricardo Corazón de León), o porque la comparación del barco con un muerto no se debe de hacer nunca a un marino. <br />   <br />  Afortunadamente, los científicos –que permanecieron indiferentes al revuelo que provocó mi comentario- comenzaron a decir que ellos tienen las pruebas científicas de que la “Tierra de Morrell” nunca existió. Pero eso se los contaré en mi siguiente crónica, si es que no me echan del barco por mi comparación.
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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   <title>Y se hizo la luz…pero eléctrica</title>
   <updated>2015-05-20T19:29:00+02:00</updated>
   <id>https://www.tendencias21.es/odisea/Y-se-hizo-la-luz-pero-electrica_a34.html</id>
   <category term="Bitácora" />
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   <published>2015-05-20T19:20:00+02:00</published>
   <author><name>Alexander V. O'Hara</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
20 de mayo de 1915 Desde hace varias semanas nuestro fotógrafo, Frank Hurley, ha estado trabajando sin interrupción. Entre que no puede estar parado y que es extraordinariamente habilidoso, siempre está creando artilugios o arreglando todo lo que se estropea. Esta vez el reto era de categoría: producir electricidad.     <div style="position:relative; float:left; padding-right: 1ex;">
      <img src="https://www.tendencias21.es/odisea/photo/art/default/7812378-12113734.jpg?v=1432142955" alt="Y se hizo la luz…pero eléctrica" title="Y se hizo la luz…pero eléctrica" />
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     <div>
      Como ya he comentado alguna otra vez, nada más comenzar el viaje me convertí en el ayudante de fotografía de<a class="link" href="http://www.bbc.co.uk/mundo" target="_blank"> Hurley</a>, pero según pasaban las semanas mi ayuda se ha ampliado a todo proyecto en el que decide meterse. El último… disponer de luz eléctrica en algunas partes del Endurance. <br />   <br />  No ha sido sencillo, hemos buscado y rebuscado por todos los rincones del barco hasta encontrar la pieza, el cable o el trozo de metal, que Frank necesitaba para construir el equipo. Nuestros compañeros seguían nuestras búsquedas, o las largas horas de trabajo en los más insospechados lugares, con una bien estudiada indiferencia, que no podía evitar traslucir la curiosidad que tenían por saber qué estábamos haciendo. Curiosidad que se fue acrecentando según los equipos crecían en tamaño y cantidad, especialmente cuando empezamos a instalar cables que recorrían el Endurance. <br />   <br />  Por fin todo estuvo listo, nuestra pequeña planta de producción de energía eléctrica comenzó a funcionar y, siguiendo las indicaciones de Shackleton, pudimos dotar luz a aquellos lugares donde podría ser más útil, como la estación meteorológica y el observatorio. <br />   <br />  <strong>Luces para los perros</strong> <br />  Hurley también se sirvió de dos postes para instalar dos potentes focos que podían iluminar el exterior del barco, tanto en el lado de babor como en el de estribor. Su objetivo era que iluminasen los<a class="link" href="http://www.tendencias21.net/odisea/Rodeados-de-iglues_a24.html" target="_blank"> iglúes de los perro</a>  s durante los días más oscuros del invierno. <br />   <br />  Además, en caso de que la placa se rompiese durante esos días de completa oscuridad, estos focos nos permitirían bajar a por los perros y subirlos a bordo en caso de una emergencia en la placa de hielo. <br />   <br />  No quiero ni imaginarme –me dijo Shackleton- lo que hubiera significado tener que subir a bordo a cincuenta perros sin ver dónde pisas, mientras las grietas se abren bajo tus pies, o los bloques de hielos saltan y se amontonan a tu alrededor. Algo que, en varias ocasiones, ya habíamos visto como ocurría, y que nos había sobrecogido por la rapidez y violencia con que se había manifestado, y por el peligro mortal que podía significar el poner el pie en el lugar equivocado o por no quitarlo a tiempo. <br />   <br />  Finalmente, pudimos poner en marcha nuestra planta eléctrica y la blancura de la luz proyectada por los dos potentes focos rompió la negrura de la noche. Aquello subió aún más el prestigio de Hurley, aunque no el mío, ya que para todos se había hecho evidente que yo era un mero ayudante. <br />   <br />  Incluso uno de los médicos, Macklin comentó admirado “las máquinas maravillosas que sabe hacer Hurley y que ninguno de nosotros es capaz de entender cómo funcionan”. Bueno, al menos yo sí, dado que me lo había explicado una y otra vez hasta que logré aprendérmelo. Esa es la ventaja de ser su ayudante.
     </div>
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   <title>Por territorio desconocido</title>
   <updated>2015-01-15T09:36:00+01:00</updated>
   <id>https://www.tendencias21.es/odisea/Por-territorio-desconocido_a5.html</id>
   <category term="Bitácora" />
   <published>2015-01-13T18:49:00+01:00</published>
   <author><name>Alexander V. O'Hara</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
12 de enero de 1915 Después de un par de días de navegar siguiendo los acantilados de hielo, hemos sobrepasado la costa conocida y nos hemos adentrado en lo desconocido. Ahora sí somos descubridores.     <div>
      En los libros de viaje de los exploradores, había leído la emoción que se siente al contemplar por vez primera unos paisajes que nunca antes habían sido observados por otros seres humanos. Y eso es lo que nos ha pasado a nosotros. Hemos descubiertos nuevas tierras. <br />   <br />  Aunque en un sentido estricto habría que decir que nuevos hielos dado que sólo la pendiente del hielo hace pensar que debajo de una capa, que algunos estiman en casi 300 metros, se encuentran el manto rocoso. <br />   <br />  El paisaje impresiona por su belleza. Laderas de un azul borroso se perdían en la distancia, acentuando las bocas negras de las grietas que se entrecruzaban en todas direcciones. Pero también producía una cierta desolación interna, pues que los animales eludían el adentrarse en su interior, limitándose, incluso las aves, a poblar su costa. <br />   <br />  Durante un par de días hemos tenido que soportar nieblas y tormentas de nieve, pero hemos seguido avanzando, entre trozos de hielo de distinto tamaño, junto a los acantilados de hielo de la costa. <br />   <br />  Y después de recorrer unos doscientos kilómetros la posición del sextante nos situó más al Oeste que el último punto sobre el que <strong>William Bruce</strong> había navegado. Estábamos en una zona inexplorada de la costa antártica y Shackleton ha decidido bautizarla como “<a class="link" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Costa_Caird" target="_blank">Costa de Caird</a>  ”, en honor de <a class="link" href="http://es.wikipedia.org/wiki/James_Key_Caird" target="_blank">Sir James Cairn</a>, el principal patrocinador de la expedición. <br />   <br />  En el <strong>Endurance </strong>todos estamos felices, incluidos los dos cerdos que compramos en Georgia del Sur (a los que les hemos puesto de nombre: Sir Patrick y Brígida Dennis) y que, lógicamente, no saben cuál va a ser su siniestro destino.
     </div>
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   <title>Sí no puedes sortear las dificultades…rodéalas.</title>
   <updated>2015-01-12T09:25:00+01:00</updated>
   <id>https://www.tendencias21.es/odisea/Si-no-puedes-sortear-las-dificultades-rodealas_a3.html</id>
   <category term="Bitácora" />
   <published>2015-01-08T20:04:00+01:00</published>
   <author><name>Alexander V. O'Hara</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
8 de enero de 1915 La banquisa no presenta vías para penetrarla por lo que Shackleton ha decidido seguir el color del cielo. Eso nos ha obligado a dar un buen rodeo, pero confiamos en lo que hace.     <div>
      Esta es la filosofía que estamos siguiendo en las últimas 24 horas y que nos ha llevado a hacer más de cien kilómetros hacia el noreste, es decir aparentemente alejándonos de nuestro objetivo. <br />   <br />  Ayer mismo me decía Shackleton que las placas de hielo son “como un gigantesco e interminable rompecabezas inventado por la naturaleza”, por lo que decidió modificar su estrategia y tratar de rodearlas en lugar de enfrentarte con ellas en una lucha desigual que cansa a los hombres y agota las reservas de carbón. <br />   <br />  Así que, puesto que hacia el Este el cielo tiene un color oscuro, señal de que por debajo las aguas están libres de hielo (en todas las otras direcciones el cielo es mucho más pálido, dado que refleja el color blanco de la banquisa) ha decidido dirigirse en esa dirección. <br />   <br />  Aunque la idea parece descabellada, todos confiamos en su intuición y conocimientos, puesto que no es la primera vez que se enfrenta a la banquisa. Lo hizo en 1901 como tercer oficial de la expedición del Discovery, dirigida por Sott y luego unos años después en la suya del Nimrod. Y aunque ambas se desarrollaron en el mar de Ross, el efecto óptico que cambia el color de cielo es el mismo. Luego, bien sabe lo que se hace. <br />  &nbsp;
     </div>
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