Cuaderno de Bitácora

LA PRECARIEDAD DE LAS TRADUCCIONES SIMULTÁNEAS

Redactado por Alfonso López Quintás el 12/04/2011 a las 12:57

Se ha decidido en el Senado español que puedan expresarse sus señorías en cuatro lenguas distintas, una de las cuales conocen todos y las tres restantes sólo una mínima parte. Se dice que con traductores se resuelve perfectamente la cuestión del mutuo entendimiento. Pero esto no es así, por dos razones poderosas: 1) las traducciones simultáneas suelen ser un pálido remedo del discurso original; 2) seguir un discurso a través de una traducción simultánea –al tiempo que se oye la voz del orador- resulta a la larga muy fatigoso.

Se piensa a menudo que los traductores suplen plenamente la falta de conocimiento de la lengua en que se nos habla. Es un espejismo. Tanto los traductores como los oradores deben cumplir muchas condiciones para que los oyentes se hagan una idea clara y completa de lo dicho. Demos por supuesto que los traductores cumplen la condición ineludible de dominar las dos lenguas. Supongamos, además, que los oradores se expresan con la claridad y el ritmo pausado que se requieren para que los traductores puedan captar rápidamente las ideas y expresarlas con suficiente claridad. Aun entonces, no es fácil que alcancen a transmitir todo el contenido y los matices de las alocuciones. Pero, si los oradores –como suele suceder- se expresan de forma rápida, con frases largas, complejas y no bien estructuradas, los traductores se reducirán de ordinario a balbucir un resumen de lo dicho, alejado años luz de la riqueza del discurso original. De los pormenores del mismo, del tono y las formas de expresión… no quedará ni huella. Por mi larga experiencia de congresos internacionales, podría contar anécdotas que avalan lo antedicho de forma contundente.

La fuerza expresiva y persuasiva de los senadores que se comuniquen a través de las traducciones se verá disminuida notablemente. Tendrán la satisfacción de expresarse en la lengua de su patria chica y realizar, tal vez, una labor de reivindicación (cada día, por lo demás, menos necesaria en España), pero han de saber que sus mensajes llegarán empobrecidos a sus oyentes en el fondo y en la forma.

Por otra parte, los oyentes atenidos a las traducciones se ven sometidos a un esfuerzo especial.
| Alfonso López Quintás
| 12/04/2011