Bitácora

El conflicto como síntoma

Redactado por Alicia Montesdeoca el Lunes, 30 de Abril 2018 a las 10:00



| Lunes, 30 de Abril 2018

Encarando el conflicto. Fuente: pixabay.com
El conflicto es una oportunidad para conocernos mejor. Como emoción se expresa como el malestar que nos ocasiona otra persona, unas circunstancias, una obligación, un deseo, una carencia, un logro, etc.
 
El conflicto tiene que ser localizado; su malestar ha de tener un nombre. El camino para determinar su naturaleza va de fuera hacia dentro de nosotras mismas. Si volvemos la mirada, desde la culpa que le asignamos al otro, o la otra, -la persona o el objeto, las circunstancias o la carencia-, hacia el lugar donde se localiza en mí o se materializa en mí el conflicto (un pensamiento, un sentimiento, un dolor físico, una conducta rutinaria, etc.), diremos que vamos por el buen camino para que se disuelvan sus efectos en nosotras.
 
Ese es el objetivo que hemos de conseguir, con él vendrá la paz y la serenidad para comprender que el desequilibrio que sentimos nos impide la objetividad. El conflicto se convierte en un síntoma y el síntoma no es el problema, es la oportunidad de conocer mejor los mecanismos que utilizamos para confundir aquello que nos evoca una realidad que hemos de transformar y que nos negamos a encarar, porque supone cambiar nuestras costumbres o elevar el ancla desde el fondo conocido para, a continuación, navegar en otras aguas por conocer.
 
Visto así, el conflicto nos llama a ahondar en alguna parcela oculta de nuestro espíritu, impulsado, sin que lo sepamos, a desarrollar nuevas formas de creación, desde miradas nuevas. Esas nuevas perspectivas nos traerán ilusión y optimismo. Hablarán de nuevas metas, darán nuevos alicientes. Las tareas nuevas generarán vitalidad y la vida cotidiana se convertirá en una nueva aventura que producirá energía y alegría renovadas en nuestro entorno, nutriendo todo lo que hagamos y a todos a los que les llegan nuestras creaciones.
 
Alicia Montesdeoca