Lo humano y transhumano - Reflexiones de Andrés Ortiz-Osés

Redactado por Andrés Ortiz-Osés el Jueves, 24 de Enero 2019 a las 09:34

Uno de los grandes filósofos de nuestro tiempo colabora con "Tecnohuman@" en una de sus reflexiones sobre la realidad actual.


Hermenéutica de Eranos. Libro de Andrés Ortiz-Osés. Editorial Anthropos 2012.
Se aperciben hoy nuevos atrasos y retrasos en nuestra vida política y cultural, tales como el nacionalismo y el populismo de derechas e izquierdas. Viejos demonios arcaicos parecen despertar de su letargo, viejos atavismos y pesados pasados. Pero en el horizonte intelectual aflora una novedad que pretende ser drástica, un transhumanismo que quiere transformar esencialmente al hombre a través de la ciencia y las nuevas tecnologías, como la influyente robótica. Así que nos situamos entre el atraso y la aceleración, entre el retraso y la innovación, entre el pasado fósil y el futuro núbil: pues deberemos casarnos con nuestras máquinas, conmina el filósofo P. Sloterdijk.

Flota en nuestra conciencia posmoderna una crítica al hombre clásico o clasicote, la traición al hombre tradicional, la idea de un cierto fracaso histórico de la humanidad, apercibida hoy como perdida en un espacio-tiempo indefinido. De ahí la proyección de proyectos poshumanos y poshumanistas, que intentan transformar lo meramente humano en transhumano, buscando a través de un postismo de ciencia-ficción al posthumano feliz o casi, capaz de trascenderse a sí mismo, como quiere J.Huxley, y llegar a vivir 500 años, por ejemplo (pido socorro).

El ejemplo ejemplifica algo gordo o grueso, ya que solo algunos viejos dioses lograron vivir tanto, si bien para precipitarse finalmente en el abismo mortal. Y es que, como sabemos por nuestro cristianismo, ni Dios se libra de la muerte, con cuyo destino o destinación se topa toda existencia, porque es precisamente su tope natural y trascendental. Lo de una humanidad que se trasciende a sí misma, suena pues a vieja utopía de carácter laico o secular, ya que el transhumanismo se presenta como una especie de religión irreligiosa, lo que la aboca a un incierto nihilismo. Ahora bien, en el trasfondo toda utopía tiene algo de pía, por lo que más bien se trataría de una religiosidad pagana, así pues de un neopaganismo hirsuto.

Entendámonos, la idea transhumanista de mejorar esencialmente al hombre y a la humanidad resulta positiva y positivista, optimista y aún eufórica, aunque olvida que al hombre no se le puede mejorar esencialmente, sino solo existencialmente. Pero también olvida este transhumanismo positivo su propio contrapunto negativo, representado por el límite y la limitación, tanto de la ciencia y la tecnología como del hombre y su hambre de inmortalidad o felicidad. En efecto, con la muerte hemos topado, y todo lo que ella significa y conlleva, la contingencia y la finitud del hombre y lo humano en un universo igualmente finito y limitado. Paradójicamente la muerte es la auténtica y radical transformación del hombre y lo humano en transhumano, mientras que el transhumanismo es una proyección que parece olvidar lo que hay detrás de lo humano: su labilidad radical. Por lo demás, la fórmula del transhumanismo es meramente cuantitativa y funcional (humanity+, humanidad plus), mientras que precisamos un plus de humanidad como fórmula humana y humanista.

Lo que necesitamos no es tanto “humanidad más”, cuanto más humanidad, pues nada auténticamente humano debe sernos ajeno. La humanidad es fracaso no precisamente por su humanidad, sino por su inhumanidad. El peligro del pasado es que nos arrastre en su involución ciega, pero el peligro del futuro es que nos arrolle en su revolución visionaria. Entre el pasado atávico y el futuro ingrávido, el presente humano representa nuestra estancia evolutiva y abierta, no a una utopía dislocada o loca, sino a una “eutopía” (bien-estar) como ámbito de encuentro de nuestra común humanidad. La cual bastante tiene con ejercer de tal en la ciencia y en la religión, en la política y en la cultura contemporánea, apoyando todo avance humano y humanitario. Intuyo que la actual ciencia médica (oncológica), que para mi gracia y desgracia conozco suficiente, trataría de reparar el cuerpo cuantitativamente pero también ayudar al alma cualitativamente, por cuanto retrasa la muerte pero también la hace consciente. Lo que yo interpreto como una buena manera de irse haciendo una idea adecuada del final, para poder afrontarlo humanamente.
Jueves, 24 de Enero 2019
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