Bitácora

A caballo chavista se le mira el diente

José Rodríguez Elizondo


El senador Alejandro Navarro, que viene asumiendo el rol de vocero para Chile del Presidente Hugo Chávez, hizo una denuncia llamativa: nuestra Cancillería estaría arrastrando los pies ante una oferta de ayuda venezolana, para los damnificados del terremoto.

Hipotética y consonantemente, tal denuncia anuncia una recontradenuncia: Chávez podría decir que este rarísimo gobierno nuestro, presidido por una socialista, se está dando un gustito triple: mostrar que prevé hasta los imprevistos, menospreciar la solidaridad de los socialistas del siglo XXI y hacer una morisqueta amistosa a George W. Bush. Así, la arrogancia chilensis marcharía al unísono con la inconsecuencia política y la obsecuencia ante “el imperio”.

Pero, vista sin anteojos ideológicos, la realidad es harto más compleja. Si lo que informa el senador es cierto, la tramitación lenta de la oferta tendría como justificativo la experiencia del caballo de Troya. Desde ese precedente, cualquier aprendiz de analista sabe que ciertos regalos deben examinarse con cuidado, porque traen contrabando en sus barrigas.

El caso es que, con o sin terremotos, la solidaridad de Chávez tiene siempre una parte caballuna. Puede decirse que él invierte en ayuda, en lo macro y en lo micro, para seducir políticamente o para bloquear a sus críticos.

La compra de bonos de la deuda en Argentina, los votos para Insulza en la OEA, la mediación ante el gobierno colombiano y las FARC, los oftalmólogos chavistas en Bolivia, las casas del ALBA en Perú y las “misiones” en los barrios populares de Caracas, son el componente promocional de su estrategia hegemonizante.

El terremoto peruano de septiembre permitió apreciar una variable nueva, inspirada en la más pura mercadotecnia: en la zona afectada se distribuyeron víveres en conserva, con publicidad iconográfica de Chávez y su protegido local, el líder opositor Ollanta Humala. Por cierto, Alan García no agradeció ese tipo de ayuda con paquete publicitario incluído y, comprensiblemente, los creativos escondieron el rostro.

Dónde está la trampita

Si esa estrategia funciona, es porque Chávez fue beneficiario de la subestimación de sus pares. Estos comenzaron soportando sus canciones, rezongando por lo bajo y recibiendo sus favores, pues lo veían como un producto petrolizado y perecible de la política de los trópicos. Pero, cuando quisieron recapacitar, Chávez se había “empoderado” totalmente de Venezuela, resucitado a Fidel Castro, forjado un eje plurinacional e insultado de manera ecuánime a los tirios y troyanos de la crítica.

Como resultado, sus pares hoy son impares, él inspecciona consularmente cuatro países de la región, tiene el patrocinio de los Kirchner para ingresar al Mercosur, mantiene un gallito con Lula por la influencia ante Evo Morales, introduce al barrio a los enemigos de los Estados Unidos, se salta el conducto de Alvaro Uribe para hablar con el jefe militar de Colombia y comienza a pensarse como miembro del club nuclear.

Al parecer, nuestro gobierno vino a despertar del común letargo en la reciente Cumbre Iberoamericana. Allí, Michelle Bachelet pudo apreciar, en vivo y en directo, como Chávez interfería en sus negociaciones con Evo Morales, le ninguneaba el lema y… le ofrecía subsidio para el Transantiago.

Su molestia se manifestó, días después, cuando dijo que “los chilenos podemos resolver solitos nuestros problemas” y cuando contó a Vivi Kreutzberger, en cámara, que se adelantó a pedirle a Chávez que se callara.

No sería raro, entonces, que nuestro embajador en Caracas haya aconsejado tomar resguardos ante la oferta de Chávez y que nuestro canciller esté cumpliendo con su deber de investigar donde está la trampita. A esta altura del partido, todos saben que a los caballos que regala hay que mirarles el diente.

Publicado en La Tercera el 24.11.07.
José Rodríguez Elizondo
| Sábado, 24 de Noviembre 2007
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