FILOSOFIA: Javier del Arco
Con los artículos aparecidos en el blog Biofilosofía de la pasada semana, termina lo que constituye mi visión general e introductoria de ésta, que contempla a nuestra Tierra Patria, bello concepto acuñado por Edgar Morín, como una unidad viviente donde nada está disociado de nada y todo se halla interconectado entre si. Por ello he convenido en titular esta primera parte El Tesoro de la alfombra mágica.

La obra general que estoy construyendo, y pido disculpas por lo que el llamarla así pueda tener de arrogante u osado por mi parte, se denomina Kosmología en honor al maestro Ken Wilber que la ha rescatado y a los pitagóricos -para mi la escuela filosófica más interesante de todos los tiempos- que la introdujeron.

Posteriormente, restándole buena parte de su riqueza y sentido originario, hemos reducido a la denominación a la denominación grandiosa si, pero mucho más pobre y estrecha de Cosmología. El significado primigenio de la palabra Kósmos, como creo haber dicho ya en algún artículo publicado en el Blog, se refería a la naturaleza estructurada o proceso de todos los dominios de la existencia, desde la materia y las matemáticas o hasta dios o los dioses, lo que yo llamo la esfera sagrada (fíjense bien como escribo dios o dioses pues para mi esto tiene otro sentido que el aparentemente obvio y convencional), y no meramente al universo físico, que es lo que conocemos hoy como “cosmos” o “universo físico” como acertadamente señala Wilber.

La recuperación del término Kósmos incluye al cosmos –la fisiosfera-, al bios –o biosfera- y al nous –noosfera o dominio de lo mental- en la que todo está interconectado con todo como también lo está una preciosa alfombra mágica tejida por innumerables y valiosos hilos que encierra, bien engarzado, el tesoro de toda la armonía entrelazada que debe reinar entre el cosmos, el bios y el nous. A esto, el maestro Wilber le añade el theos, la teosfera o dominio de lo divino. Ese concepto me distingue, que no aleja del maestro.

Yo lo interpreto como sacros –la esfera de lo sagrado- en la estela del maestro Salvador Giner, del que no siendo discípulo académico, si me confieso serlo por elección, por propia decisión intelectual y espiritual.

También ha profundizado en esta idea, con gran acierto y sensibilidad por cierto, un claro valor emergente de la filosofía europea, el catalán Josep María Esquirol, cuando se refiere a la ética de la intimidad y el respeto y, también a la mirada atenta, profunda, que va mucho más allá del alcance del sentido de la vista y de la descripción de lo que se ve y que encierra todo un universo de matices que persigue una comprensión más profunda del hombre y su entorno en tanto que este está indisolublemente unido a él

Emergencia de la naturaleza humana

La segunda parte, que comenzaremos tras el breve paréntesis estival, llevará por título La emergencia de la naturaleza humana y comprenderá un número de momento indeterminado de artículos –no puedo a priori determinar con exactitud todo lo que surja de una reflexión hecha pero no exprimida y trabajada exhaustivamente- que habrán de conformarla. Si quisiera adelantar en este epílogo de la primera parte que es a su vez prólogo de la segunda, unas líneas maestras que, según mis notas y reflexiones, constituirán en todo caso una parte importante de la misma.

En primer lugar, diseccionaremos el concepto de ecofilosofía, es decir las distintas visiones del mundo que ofrecen de este una visión profundamente egocéntrica. Estas visiones, muy respetables por otra parte, pecan de incompletas porque, como ya hemos dicho la biosfera es una realidad más extensa pero también más superficial e inferior que el ser humano el cual representa una realidad mucho menos extensa pero más interior y fundamental.

Cierto es que la biosfera podría seguir existiendo sin nosotros, pero nosotros siendo una realidad más evolucionada, profunda y fundamental debemos entender, ya que podemos por esa facultad preciosa del entendimiento, cual debe ser nuestro papel para re-establecer la armonía Kósmica y como dice Wilber, honrar a la biosfera sin “absolutizarla”.

Por otra parte ciertos teóricos respetables como Capra han escrito que:
En el nuevo paradigma, las propiedades de las partes sólo pueden comprenderse desde la dinámica de la totalidad. En última instancia no hay partes en absoluto. Lo que llamamos parte es meramente una estructura en una red de relaciones inseparables (Capra, F., Steindl-Rast, D., with Matus, T., Belonging to the universe: explorations on the frontiers of science and spirituality, Harper, San Francisco, 1992).

Es verdad que no hay partes, pero de la misma forma tampoco hay totalidades. Sólo hay totalidades/partes siempre y siempre escaparán a la mentira totalizante o totalitaria. Además como señala Wilber si sólo fueran reales las totalidades en el contexto universal, nos preguntamos ¿es que el ciudadano libre es inexistente?, ¿sólo existe la totalidad del Estado? Si la totalidad es primaria y sólo somos simples partes de la totalidad del Estado, existimos tan sólo para servir al estado. Comunismo, nacionalsocialismo y las diferentes variantes de los fascismos y pensamientos únicos, serían ejemplos brillantes en los que todas esas inútiles y desagradables partes desaparecen en la gloriosa trama de la totalidad.

Como esta afirmación pudiera parecer a primera vista contradictoria con algunas cosas que se han venido diciendo en la parte primera, aclaro: la Teoría de Sistemas no constituye una equivocación, pero si es parcial y unilateral. Nuestro propósito en los capítulos que van a constituir esta segunda parte es re-dirigir algunos de sus desequilibrios y contradicciones.

Las dos caras de Janus

La Teoría de Sistemas no va a curar ni totalizar el planeta Tierra, nuestro hogar. Más bien la Teoría de Sistemas es parte del paradigma plano, bidimensional, que está expoliando y destruyendo nuestra Tierra Patria, Gea. Como indica acertadamente el maestro Wilber veremos que algunas ecofilosofías, con algunas excepciones, son el negativo fotográfico de las egofilosofías, las dos caras de Janus, el dios de la guerra que esta demoliendo Gea.

La Teoría Holónica, mucho más rica, completa y libertaria, y permítaseme de momento esta palabra por favor, porque la libertad requiere de una profunda limpieza de perversa contaminación totalizante y egoísta que ha pretendido reducirla -¡siempre el reduccionismo!- al desierto plano de la dimensión económica, va a permitir profundizar con buena ciencia en conceptos clave como lo individual y lo social, lo interior y lo exterior, la evolución del “dentro” del holón humano con un estudio del cerebro-mente, tratar sólo tratar, la emergencia del nivel noosférico que equivale a decir emergencia de la naturaleza humana pues es el cerebro-mente la clave de dicha emergencia.

Habrá, si el interés del lector y la benevolencia de la revista Tendencias 21 lo permite, soporte al que estoy profundamente agradecido por permitirme publicar mis reflexiones en un órgano de comunicación tan prestigioso, dos partes más que sólo me permito anunciar: Los dominios lejanos de la naturaleza humana y para finalizar El colapso del Kósmos: una estrategia para evitarlo.

Estoy que hoy anuncio, casi imbuido de una cierta perversidad publicitaria, es el resultado de 17 años de reflexión sobre como es el Universo y que papel juegan en él los humanos, si su aparición, como así parece fue un hecho fortuito y si el hombre tiene, que yo creo que si, una responsabilidad decisiva y justificable sobre el futuro del Kósmos.

Que todos tengamos unas vacaciones moderadamente felices.

Javier Del Arco
Sábado, 29 de Julio 2006
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Editado por
Javier Del Arco
Ardiel Martinez
Javier del Arco Carabias es Dr. en Filosofía y Licenciado en Ciencias Biológicas. Ha sido profesor extraordinario en la ETSIT de la UPM en los Masteres de Inteligencia Ambiental y también en el de Accesibilidad y diseño para todos. Ha publicado más de doscientos artículos en revistas especializadas sobre Filosofía de la Ciencia y la Tecnología con especial énfasis en la rama de la tecno-ética que estudia la relación entre las TIC y los Colectivos vulnerables.




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