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CONO SUR: J. R. Elizondo

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SAGASTI Y LA CRISIS EN EL PERÚ José Rodríguez Elizondo

Tengo un cariño especial por el Perú y mis amigos peruanos. Su crisis me ha dolido tanto como la de mi propia patria. Democracias tambaleantes en un contexto de pandemia es demasiado castigo para todos. En el caso peruano hice un pronóstico de esperanza -la llegada a la Presidencia de Francisco Sagasti- y me gustaría tener un acierto semejante para Chile. A eso alude la siguiente entrevista que me hizo Roberto Ochoa para el diario peruano La República, del cual fui columnista


-En la víspera del desenlace a la crisis política peruana, Ud. pronosticó a Sagasti como sucesor de Martín Vizcarra. El flamante mandatario peruano es vuestro amigo desde los años en los que Ud. era editor de Internacionales de la revista Caretas: ¿cuál cree que es el activo y cuál el pasivo de Sagasti?
 
Lindo pronóstico fue. Me estaba entrevistando Cristian Warnken, un prestigioso intelectual chileno y ahí apunté lo bueno que sería para el Perú tener como presidente a Francisco.  Y no porque fuera el menos malo, una opción entre el sida y el cáncer, sino porque hoy no existen en la política regional intelectuales de su talla. ¿Qué cuál es su pasivo? … tal vez haber hecho un pacto con el diablo para mantenerse idéntico a cuando lo conocí.
 
-Cuando pronosticó su ascenso a la presidencia reveló que se había comunicado con Sagasti y le había preguntado ¿qué es el Partido Morado? ¿Sagasti le respondió? ¿Ya tiene una idea de qué es el PM? muchos peruanos aún no saben qué es el PM.
 
Yo identifico el morado con el Señor de los Milagros. Él me envió algunos adjuntos para ilustrarme y me contó que estaba tratando de introducir un poco de sensatez en la política peruana. Aún no proceso esa documentación pero, por lo que conozco del actual presidente, deduzco que está en posiciones humanistas, moderadas, tratando de rescatar la probidad y la transparencia en la función pública.
 
 
-En los años que Ud. trabajó en Caretas, Sagasti ya era voceado como candidato ministerial o algo así como un gurú economicista. Sin embargo, desapareció del mapa político hasta su reciente elección como congresista PM ¿por qué cree que no prosperó la carrera política de Sagasti?
 
El era un colaborador apreciado de la revista y nunca supe que haya estado en una “carrera política”. Como intelectual y tecnocientífico público, vivía preocupado de lo que llamaba “agenda Perú” y sobre eso conversábamos en las entretenidas tertulias en casa de Enrique Zileri. Quizás alguna vez algún político profesional trató de ficharlo. Si así fue, presumo que Francisco pronto captó lo que suele pasar en todos los partidos actuales: sus dirigentes aprecian más a los operadores que a los buenos intelectuales, pues éstos son respondones. Hay un libro muy importante de Max Weber que discurre sobre la incompatibilidad entre el científico y el político. Para mí, Sagasti entró a la política precisamente porque el sistema de partidos ya había naufragado en la mediocridad y el país peligraba. Muy propio de un patriota.
 
-Aquí ya se habla de la “Generación del Bicentenario” y muchos comparan la reacción juvenil con los recientes sucesos en Chile ¿qué similitudes y qué diferencias ve en ambos casos?
 
Para quienes estamos en la última juventud es difícil entender qué pasa con los jóvenes realmente existentes. Como profesor universitario lo tengo más fácil, pues dialogo mucho con ellos. Sé que abominan de los partidos, que son más sensibles a posturas de izquierdas que de derechas y que no disfrutan con los libros. La información que consumen viene de las redes sociales y éstas distan de ser funcionales a lo que uno quiere para su patria… palabra que les suena vetusta. Con todo, los jóvenes anarcos, destrozones y antisistema democrático son la clásica minoría coherente que se impone a las mayorías apáticas. Por eso, me alegró que los jóvenes chilenos hayan votado en el plebiscito optando, implícitamente, por la democracia. Por lo mismo, fue excelente que en el Perú hayan salido a la calle a decir “basta”. Son buenas señales.
 
-A Ud. le tocó vivir el tránsito de la dictadura militar al retorno de la democracia en el Perú. Nosotros, los muchachos de entonces, también marchamos exigiendo democracia ¿qué diferencias ve Ud. entre ambos momentos de la política peruana?
 
La diferencia principal es que el momento peruano actual lo conozco desde fuera y el fin de su dictadura militar lo viví desde dentro. Por eso, tengo mucho respeto por el general Francisco Morales Bermúdez. Para iniciar la transición a la democracia debió deponer al general Velasco, homogeneizar políticamente a los militares de las tres armas, compartir poder con una Asamblea Constituyente presidida por Haya de la Torre y entregar el poder a Fernando Belaunde, depuesto en 1968 precisamente por Velasco.  Como el propio general lo decía, lo suyo fue una “dictablanda” y pocos supieron decodificarla mientras se desarrollaba. Entre esos pocos estuvo, me consta, el director de Caretas, pese a que vivió episodios tan duros como la clausura de su (nuestra) revista.
 
-Ud. ha sido un observador privilegiado de la historia peruana en los últimos cincuenta años ¿está crisis es mayor o menor que anteriores crisis políticas del Perú?
 
Acepto lo de observador privilegiado, pero debo agregar que se debió a mi aprendizaje del Perú con la familia peruana de mi esposa, los colegas y entorno de Caretas y las más altas personalidades públicas de esa época. La democracia que estos peruanos eminentes comenzaron a construir parecía destinada a cuajar en un país desarrollado, capaz de superar sus grandes contrastes e inequidades. Sin embargo, el diablo metió su cola y ahí germinó la jodida frase de Vargas Llosa, hoy casi un lugar común. Los peruanos comenzaron a preguntarse cuál de todas sus crisis ha sido la primogénita.
 
Entonces, la pregunta es de rigor ¿en qué momento cree Ud. que se jodió el Perú?
 
Arriesgo una respuesta. Para mí, el momento fatal se produjo cuando Alan García, por aversión al propio Vargas Llosa, decidió apadrinar la candidatura presidencial del entonces desconocido Alberto Fujimori. Quizás creyó que éste le devolvería el sillón tras cumplir su período, siguiendo lo que yo llamo “el método Trujillo”. Aludo a ese dictador dominicano -también personaje del novelista- que cada cierto tiempo dejaba como subrogante a un señor Balaguer. A partir de esa opción desdichada y con excepción del año transicional de Valentín Paniagua,  reventó el sistema de partidos estructurados incluyendo el Apra, para mí el partido de izquierda más importante de la región. Fujimori y todos los gobernantes que siguieron terminaron pésimo… García incluido. Los investigadores dicen que se hicieron clientes de Odebrecht y por esa vía contribuyeron a la crisis macro que estamos sufriendo hoy. Y excúsenme si me incluyo en el plural, porque también me duele el Perú.

José Rodríguez Elizondo
Viernes, 20 de Noviembre 2020



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Editado por
José Rodríguez Elizondo
Ardiel Martinez
Escritor, abogado, periodista, diplomático, caricaturista y miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, José Rodríguez Elizondo es en la actualidad profesor de Relaciones Internacionales de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. Su obra escrita consta de 30 títulos, entre narrativa, ensayos y reportajes. Entre esos títulos están "Todo sobre Bolivia y la compleja disputa por el mar", “Historia de dos demandas: Perú y Bolivia contra Chile”, "De Charaña a La Haya” , “El mundo también existe”, "Guerra de las Malvinas, noticia en desarrollo ", Las crisis vecinales del gobierno de Lagos", "Crisis y renovación de las izquierdas" y "El Papa y sus hermanos judíos". Como Director del Programa de Relaciones Internacionales de su Facultad, ha vuelto a publicar la revista Realidad y Perspectivas (RyP), que fuera inexplicablemente suprimida por un Decano que no supo prestigiar su cargo. Ha sido distinguido con el Premio Rey de España de Periodismo (1984), Diploma de Honor de la Municipalidad de Lima (1985), Premio América del Ateneo de Madrid (1990) y Premio Internacional de la Paz del Ayuntamiento de Zaragoza (1991). En 2013 fue elegido miembro de número de la Academia Chilena de Ciencias Sociales, Políticas y Morales.





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