Notas

Primeros pasos de Pablo de Tarso (3-03)

Redactado por Antonio Piñero el Miércoles, 17 de Diciembre 2008 a las 06:48

Hoy escribe Antonio Piñero

Pablo no dice en ninguna sección de sus cartas auténticas dónde nació ni cuándo. Cálculos bien fundados afirman que debió de ser en torno al 5-10 d.C. Tendría, pues, unos quince años menos que Jesús.

Para determinar aproximadamente la cronología de la vida de Pablo sólo tenemos un dato: al final de una estancia en Corinto el Apóstol fue acusado ante el procónsul romano de la provincia griega de Acaya, Galión –Lucio Junio Galión, hermano del filósofo Lucio Anneo Séneca—, de actuar ilícitamente al predicar el cristianismo (Hch 18,12), es decir, de escándalo de orden público o bien de actuar contra la Lex Julia de collegiis que prohibía reuniones no autorizadas dentro de las fronteras del Imperio Romano (para oficiar ceremonias de culto, fuera de las oficiales había que pedir permiso; en principio los judíos eran los únicos exentos del cumplimiento al pie de la letra de esta ley). Sabemos que Galión fue procónsul probablemente entre junio del 51 y mayo del 52 d.C. Por tanto Pablo estaba en Corinto (cap. 18 de Hechos) en esa fecha.

A partir de este dato hay que reconstruir, hacia delante y hacia atrás, los sucesos principales de la vida y actividad de Pablo. Ello se consigue a duras penas, barajando hipótesis y combinando con sentido crítico los datos de las cartas paulinas con los de los Hechos. Por eso la cronología de Pablo varía hasta en 5/6 años en los diversos autores modernos.

Son los Hechos (22,3) los que afirman que Pablo era oriundo de Tarso, en Cilicia, al sur de la actual Turquía. Pablo no lo dice en sus cartas, pero no hay por qué negar la rectitud de este dato que sitúa al Apóstol en la Diáspora y no en Israel, ya que es evidente que Pablo era un judío muy helenizado: ciudadano del Imperio, no de Judea o Galilea.

Lo que Pablo afirma de sí mismo es que era totalmente judío, de la tribu de Benjamín y fariseo (Flp 3,5-6). Su educación primaria pudo haberla adquirido entre la sinagoga y las escuelas de su ciudad natal, que como acabamos de decir era muy afamada por sus ambiciones culturales y su estima de las letras y la filosofía. Probablemente no conoció a Jesús de Nazaret, si es que debe interpretarse así lo que dice en 2 Cor 5,16 (No “conocí a Cristo según la carne”). Esta cuestión será abordada con más detenimiento más tarde.


Pablo ¿ciudadano romano?

Pablo no dice en ningún lugar de sus cartas que fuera ciudadano romano, pero sí lo sostienen los Hechos (16,37; 22,25; 23,27). Sobre este silencio se ha discutido mucho, pero en líneas generales es preciso advertir que Pablo prácticamente no habla nunca de temas personales ni familiares…, por lo que su silencio no sería extraño.

La base fundamental para esta ciudadanía fue la posible concesión de los derechos de ciudadanía griegos a la ciudad en el siglo III a.C. por el monarca Antíoco II, o III -no se sabe- y la confirmación de estos derechos ciudadanos, ya como “ciudadanía romana”, por Julio César en el 47 a.C. Esta fidelidad a César se mantuvo después de su asesinato por el grupo de republicanos dirigido por Bruto y Casio en el 45. Después de la batalla de Filipos, en el 42 a.C. –en la que estos dos personajes fueron vencidos por Marco Antonio y Octavio (luego Augusto)- la ciudad de Tarso siempre fiel fue declarada “civitas libera” (“ciudad libre”), es decir sus gentes tenían derecho en general a al ciudadanía romana.

Esta es la razón por la que “Lucas”, el autor de los Hechos de los apóstoles, hace decir a Pablo que él es “un tarsiota, ciudadano de una villa no carente de importancia” (Hch 21,37-39).

Hay autores modernos que no se fían de esta afirmación puesto que Pablo sufrió muchos castigos corporales durante su vida (cárceles, azotes, apedreamientos: 2 Cor 11,24ss), que hubiera podido evitar si fuera ciudadano romano (cf. Hch 22,28: “Yo tengo esta ciudadanía por nacimiento": en este pasaje Pablo impide de hecho ser castigado a latigazos).

Este argumento no parece ser válido. Hay que tener en cuenta que la mayoría de estos castigos fueron intrajudíos, es decir, aplicados internamente por las sinagogas a miembros o fieles judíos cuya comportamiento o ideología fuera no conforme a la norma. Y lo normal era que los castigados se aguantaran y no recurrieran a los tribunales civiles, paganos, externos. Pablo habría hecho lo mismo.

Opinan además quienes niegan la ciudadanía romana a Pablo que en tales ciudades sólo tenían la ciudadanía plena, es decir plenos derechos, los ciudadanos "normales", paganos, no los judíos. Éstos tenían ciertos privilegios, pero al formar una “tribu” aparte no eran plenamente ciudadanos.

Otros defienden que este asunto no les importaba a los judíos. Se dice que los “judíos piadosos” no estarían a gusto siendo “ciudadanos romanos”, por loq en general no se preocupaban de serlo. por tanto, si Pablo callla de ello en sus cartas es porque no era ciudadano romano.

Estos argumentos tampoco parecen ser válidos, pues en líneas generales la impresión de la lectura de las fuentes es la contraria. Tanto en Alejandría, como en otras ciudades importantes, los judíos piadosos estaban encantados cuando se les concedían los plenos derechos ciudadanos, y la mayoría de las veces luchaban por ellos sin que sintieran que su piedad se resentía lo más mínimo.

La razón principal para defender que Pablo fuera ciudadano romano es su apelación al César (Hch 25,10-12). Pero, se argumenta en contra que cualquier habitante libre del Imperio Romano podía apelar al Emperador. Por tanto, sólo con dudas puede aceptarse el dato de los Hechos.

Seguiremos con las consecuencias de esta cuestión. Saludos cordiales de Antonio Piñero
Miércoles, 17 de Diciembre 2008
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