CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Hechos Apócrifos de los Apóstoles. Volumen IVa. La novela de Clemente. Disputas de Pedro con Simón Mago
Escribe Antonio Piñero

En torno a Clemente de Roma, personaje legendario, cuya primera mención histórica es la de un oscuro secretario del papa Pío I (Hermas, El Pastor, Visiones II 4,3), se concentraron diversas producciones literarias de finales del siglo I y del II: 1 2 Clemente, dos Cartas a las vírgenes y un conjunto denominado Literatura Pseudo Clementina, así llamado probablemente porque desde el siglo II comenzó a circular la leyenda de que este Clemente había sido el discípulo preferido del apóstol Pedro, e incluso una suerte de secretario personal suyo. Él fue el que consignó por escrito las predicaciones y discusiones teológicas del apóstol con Simón Mago y las envió a Santiago, el “obispo” de la comunidad judeocristiana de Jerusalén. El nombre de “literatura” se debe a que no solo conserva material teológico, sino un relato novelesco que lo engloba.
Él fue el que consignó por escrito las predicaciones y discusiones teológicas del apóstol Pedro con Simón Mago y  las envió a Santiago, el obispo de la comunidad judeocristiana de Jerusalén. El nombre de “Literatura clementina” se debe a que no solo conserva material teológico, sino un relato novelesco que lo engloba: “La novela de Clemente”.
Es esta sin duda la primera gran novela cristiana que tomo gloriosamente el relevo de los primeros Hechos Apócrifos de los Apóstoles, publicados igualmente por la B.A.C., más rudos y elementales como novelas que la de Clemente. Esta última es un precioso tesoro literario que abrirá los ojos del lector a un campo poco representado en la literatura cristiana antigua, la de los escritos auténticamente judeocristianos, el de los primeros seguidores de Jesús, reducidos a meros fragmentos o citas de los Padres. Esta literatura tuvo en la Antigüedad tanto éxito que de ella se conservan varias líneas de tradición manuscrita en griego, latín y siríaco.
El libro presente, dividido en dos volúmenes la extensión de la obra es la primera edición multilingüe con versión española y abundantes notas aclarativas. La “Introducción”, que expone todas las cuestiones del estado actual de la investigación sobre las Clementinas, es muy amplia y clara. Probablemente sea la más completo hasta el momento en la bibliografía actual.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
www.antoniopinero.com
 
Martes, 27 de Febrero 2024
CURSO   "LA EVOLUCIÓN DEL CRISTIANISMO. DE SECTA JUDÍA A RELIGIÓN OFICIAL"
El curso sobre “Evolución del cristianismo. De secta judía a religión oficial” es una aclaración sobre un tema a menudo olvidado: el cristianismo, ni ninguna otra religión, es un meteorito bajado del cielo que se presenta en la tierra completamente formado desde sus inicios. No es así. El cristianismo en concreto tarda en formar su edificio dogmático de la fe básica más de 400 años, y su estructura organizativa y social mucho más tiempo aún. Casi diría que al menos un milenio. El cristianismo está en constante evolución. Por ello puede parecer interesante dibujar cómo era en sus comienzos la secta judeocristiana hasta que a finales del siglo IV es reconocida como religión oficial del Imperio Romano. El cambio es enorme.
Cono no es posible en absoluto tratar todos los temas que abarca esta evolución, vamos a fijarnos en los que creo más importantes o llamativos. Esos temas son cuatro básicamente y los dividiremos en dos partes cada uno según el siguiente esquema:
 
I. “El fundamento del cristianismo: la cristología o naturaleza del Salvador. Desde los inicios hasta el siglo V”.
 
1. Los inicios de la reflexión sobre la naturaleza del Mesías
2. La divinización completa de Jesús
 
II. “La naturaleza de la iglesia: desde las comunidades domésticas a la Iglesia de siglo V”.
 
            3. Cómo surge la Iglesia. Las comunidades carismáticas
4. La decadencia de los carismas y la organización mundana de la Iglesia dentro del Imperio Romano
 
III. “La evolución de la jerarquía en la Iglesia. Desde los inicios  hasta el siglo V”.
 
            5. Origen y evolución del concepto de jerarquía eclesiástica
            6. Acumulación de funciones. Episcopado. Patriarcado. La primacía de la Iglesia de Roma
                        Apéndice. Sobre el papel de las mujeres en la estructura jerárquica
 
IV. “La riqueza de la Iglesia a partir de la era constantiniana”. 
 
            7. Los inicios de la riqueza de la Iglesia desde la época de Constantino.
            8. La consolidación de la riqueza de la Iglesia en los siglos V y VI.
 
V. Clase extra, “bonus”, gratis: “Viudas, mártires, evangelistas, benefactoras, diáconos, sacerdotisas… Panorama de la intervención de las mujeres en el gobierno de las primeras comunidades cristianas”.
 
Los temas elegidos, entre otros también interesantes, pueden bastar para hacerse una buena idea de que el cristianismo está siempre en marcha, en continua evolución, por lo cual tiene poco sentido el fundamentalismo, el cual desea retener el sentido de unos orígenes que jamás estuvieron quietos, sino en constante movimiento.
 
Fechas: todos los sábados desde el 9 de marzo 2024 a las 18.00 horas españolas.

Saludos cordiales de Antonio Piñero

Información: Página web del Instituto LIMUD México

 
Martes, 20 de Febrero 2024
El desafío arreligioso de Puente Ojea (y III)
Cierro hoy la trilogía de breves artículos en torno  al libro de M. Ángel López Muñoz sobra la vida y  obra de Gonzalo Puente Ojea
 
Escribe Antonio Piñero

Ciertamente la carrera profesional de Gonzalo Puente Ojea se desarrolló en el ámbito del derecho y de la diplomacia, hasta llegar al grado máximo de su carrera como “Embajador de España”, función, cargo y honor que, una vez conseguido, es un título honorario de por vida.  Pero su impacto en el ámbito intelectual fue por derroteros distintos a los meramente diplomáticos y políticos. Como tuve la estupenda ocasión de tratar a menudo a Puente Ojea en más o menos los veinte años anteriores a su muerte, puedo asegurar con total sinceridad que mi admiración personal y científica –en terrenos de la historia, sociología, filosofía, orígenes de la religión, Jesús de Nazaret y orígenes del cristianismo como indiqué– fue creciendo con el tiempo.
 
Confieso que admiré a Puente Ojea, aparte de por su tremenda inteligencia, lucidez  y penetración analítica, ante todo por su inmensa honestidad intelectual. Fue en su juventud un fervoroso “Propagandista” de la Institución fundada por el Cardenal Herrera Oria. Pero cuando le llegó la edad de una más profunda reflexión, se planteó decididamente las bases de sus creencias religiosas con todas las consecuencias. Buscó y buscó. Leyó ávidamente todo lo que pudo, y creyó encontrar la clave de su vivir en dos direcciones: en la de profundizar en el sentido de la historia de la humanidad leyendo no solo bibliografía meramente histórica, sino ante todo filosófica, y en la de ahondar en los orígenes y consecuencias de la religión y en concreto de la suya, el cristianismo. Los dos senderos de búsqueda le proporcionaron una base sólida para interpretar facetas variadas del hombre occidental, en concreto en España,  relacionadas con el ámbito de la religión, la religiosidad, el papel del estado en la educación, la debida orientación laica del Estado y el análisis de la Constitución del 78.
 
Quedó convencido Gonzalo Puente de que la mejor herramienta intelectual para comprender la historia  era la metodología del materialismo dialéctico, siguiendo la estela de Marx y de Engels. Pero no fue nunca Puente Ojea un fanático en su aplicación exclusivista. Y para entender la religión, creyó encontrar un venero seguro en la filología-teología alemana de principios del siglo XX, en la estela de Rudolf Bultmann y su entorno. Y cuando tuvo plena conciencia de que podía explicar a las gentes su interpretación de la historia del cristianismo primitivo y de su ética y política, escribió en 1973 ­--aún vivía Franco y la libertad intelectual podía costar cara–  un libro impactante: “Ideología e Historia. El cristianismo como  fenómeno ideológico”. Este libro, considerado básico por muchos de sus seguidores, no fue más que el inicio de una exploración más profunda y continuada durante decenios de los ámbitos intelectuales del alma-cerebro, del origen de la religión, del cristianismo, del impacto de Pablo en la formación de la ideología cristiana, y de la sociedad española conformada por esta.

Y confieso también que los libros de Gonzalo en lo que más me concierne, el primer cristianismo, me impactaron soberanamente, pues –aunque conocía bastante bien la teología alemana por haber hecho gran parte de  mi tesis doctoral en Heidelberg--, sus libros sobre el ateísmo, la fe cristiana, la crítica antropológica de la religión, el nacimiento y desarrollo de la ideología cristiana en la Patrística, me parecieron iluminadores cuando vi que toda la teología de los primeros decenios del cristianismo, a partir del pensamiento creativo paulino sobre Jesús, se aplicaba, ante gente atónita e irreflexiva, a esclarecer la figura de ese Jesús y del primitivo cristianismo.
 
Y aquí viene a cuento de nuevo lo de la honestidad intelectual de Puente Ojea: dados los momentos en los que se publicó el mencionado primer libro impactante, “Ideología e Historia”, 1974, y la atmósfera notablemente pro católica de los decenios siguientes, la publicación de sus obras sobre el mito del alma, el elogio del ateísmo, el origen de la religión, el mito de Cristo, etc. fueron actos de una valentía enorme que le costaron muchos disgustos, aunque también no pocas alegrías de gente que los valoraron con justicia y amplitud de miras. Personalmente, desde que leí “Ideología e Historia”, mi vida intelectual cambió, porque se fortalecieron los puntos de vista que yo solo y tanteando en la oscuridad me había ido formando lentamente hasta entonces. Fue como un libro de cabecera que me robusteció.

A lo largo de los años no disminuyó en mí ni un ápice el enorme respeto por Gonzalo Puente y continuó mi admiración  por la sensatez, la profundidad de sus análisis, por el ansia de aprender y de profundizar en todo lo que tocaba intelectualmente, por la pausa con la que leía y anotaba sus libros (yo los tuve entre mis manos), por su capacidad de asimilación, por el orden y claridad de sus ideas y por la capacidad dialéctica, límpida, para discutir esas ideas laboriosamente conseguidas entre los que pretendíamos ser sus pares sin conseguirlo, y por abordar otros problemas intelectuales en torno a la política, la sociología y la historia reciente de España.

Así que siempre consideré a Gonzalo Puente Ojea un pionero, el arriesgado primero de la fila, el que abría senda, el que portaba la luz que iluminaba el camino en la niebla, el que en serio roturó el campo aún en barbecho del análisis crítico de la religión y de sus mitos, el hombre dotado de una capacidad de análisis independiente, noble, valiente, el que reconocía con sinceridad cuáles eran sus fuentes sin ocultarlas jamás, el que no aceptaba ningún argumento sin profundizarlo y debatirlo…, y el que exponía sus conclusiones pese a la posible estigmatización que la manifestación de su libertad le iba a ocasionar.

Por estas y otras razones similares, al  haber estimado profundamente a Gonzalo Puente Ojea como uno de mis más brillantes maestros intelectuales, admiro también el libro que sobre su vida, su trayectoria intelectual y su pensamiento ha escrito Miguel Ángel López Muñoz, tras décadas de paciente y casi exhaustiva investigación. Este libro, pues, es fruto de un notable trabajo –puedo decir– de dos decenas de años. El lector encontrará en él indicaciones muy completas de cualquier aspecto que le interese sobre la vida y obras de Puente Ojea y un resumen muy bueno de su pensamiento.

Gonzalo Puente abrió caminos en lengua hispana que, para mí, aún no están del todo explorados. Con su muerte perdimos a uno de los pocos pensadores que eran de verdad independientes en España en materia de religión y crítica filosófica. El libro de López Muñoz es una espléndida muestra de lo mucho que le debemos y de los senderos que él abrió. Personalmente lo he leído con gran provecho.
 
Antonio Piñero
www.antoniopinero.com
Martes, 13 de Febrero 2024
Curso en línea sobre temas importantes del cristianismo primitivo
                                                                  
Anuncio de un CURSO  EN LÍNEA sobre algunos temas importantes del cristianismo primitivo
 
Cuatro temas:
 
1.  El fundamento del cristianismo: la cristología o naturaleza del Salvador
Desde los inicios hasta el siglo V. Evolución. 
 
2. La naturaleza de la iglesia: desde las comunidades domésticas a la Iglesia de siglo V.
 
3. La evolución de la jerarquía en la Iglesia. Desde los inicios  hasta el siglo V.
 
4. La riqueza de la Iglesia a partir de la era constantiniana. 
 
 
Cada tema será desarrollado en dos clases, a partir del sábado 2 de marzo: ocho sábados en total, marzo-abril 2024.
 
INFORMACIÓN EN LA PÁGINA WEB DE LIMUD MÉXICO
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Viernes, 9 de Febrero 2024

Notas

40votos
Aviso último
Aviso último

Para residentes en Madrid
 
EVENTO EN EL ATENEO
 
El próximo martes, día 6 de febrero de 2024 en el Ateneo de Madrid, 
c/ del Prado 21,  a las 19.00 hs

Diálogo entre el autor Ole Jacob Løland y Antonio Piñero sobre el libro de Løland:

"Pablo de Tarso en la filosofía contemporánea"

Entrada libre hasta completar aforo.
 
 
 
Lunes, 5 de Febrero 2024

Notas

Evento en el Ateneo de Madrid
El próximo martes, día 6 de febrero de 2024 en el Ateneo de Madrid,  c/ del Prado 21,  a las 19.00 hs

Diálogo entre el autor Ole Jacob Loland y Antonio Piñero sobre el libro:

"Pablo de Tarso en la filosofía contemporánea"

Entrada libre hasta completar aforo.
Sábado, 3 de Febrero 2024
El desafío irreligioso de Puente Ojea (II)
Escribe Antonio Piñero
 
Continúo con la presentación del libro de Miguel Ángel López Muñoz sobre la figura y obra de Gonzalo Puente Ojea. Es ciertamente el libro que comento una biografía del personaje, pero  a la vez, una presentación (con estupendos índices) ordenada de todas las obras de Puente Ojea, divididas por temas; obras que son  analizadas y comentadas con gran claridad y exhaustividad por el biógrafo.
 
Comienza el autor con una exposición del método empleado por Puente Ojea para investigar los temas que considera importantes respecto a la religiosidad e irreligiosidad, temas que siguen interesando, sin duda al público español de hoy. El método de Puente Ojea comporta una afirmación de que el mejor arsenal de instrumentos para lograr el conocimiento de los procesos históricos en general y en particular de los religiosos es el materialismo dialéctico derivado de las ideas filosóficas y sociológicas de los presupuestos teóricos de Karl Marx. Postula Puente que el método derivado de la filosofía idealista debe ceder ante la metodología del materialismo histórico y su epistemología, o sistema para lograr el conocimiento.
A partir de este punto de vista estudia López Muñoz el tratamiento de puente Ojea sobre “Las ilusiones religiosas”, su origen (o con otras palabras el origen de le religión), los orígenes concretos del cristianismo como un fenómeno ideológico, la construcción fantasiosa del concepto de “alma” y cuestiones relacionadas con la experiencia religiosa
Tras desarrollar las bases teóricas de su aproximación histórica a los inicios del cristianismo, López Muñoz aborda la presentación, estudio y análisis críticos de las obras de Puente Ojea sobre
A) Las diferencias entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe;
B) El Jesús de la historia;
C) El Cristo mítico o el Cristo de la fe y la tergiversación de la historia operada por los autores de los Evangelio en pro de una concepción teológica de Jesús, concepción transformadora de un personaje histórico en un concepto religioso, ese Cristo de la fe que es la base de la teología cristiana.
Expone luego López Muñoz la cuestión del origen y desarrollo de la Iglesia cristiana porque es la que más interesa al lector occidental. Este desarrollo va  desde una concepción mesiánica del grupo de seguidores de Jesús en sus inicios hasta su transformación en una institución de poder no solo religioso, sino también secular. Una vez delimitado este tránsito aborda López Muñoz la cuestión de la verdad histórica de la religión en general y la cristiana en particular, según Puente Ojea; la separación entre ciencia y religión; la experiencia religiosa en general y la cristiana en particular; la filosofía analítica basada en la creencia en la existencia de Dios y la crítica filosófica a la experiencia religiosa y a esa teología teísta.
A continuación, el libro de López Muñoz trata otro tema d candente actualidad: la cuestión del laicismo y la secularización en el ámbito del estado moderno: el escepticismo filosófico y la religión; los fundamentos epistemológicos (es decir, desde el punto de vista de la teoría del conocimiento humano, como apunté arriba) del laicismo; la libertad de conciencia y la tolerancia, y la práctica del laicismo.
Como puede observar el lector con facilidad, los temas abordados por Puente Ojea en sus libros son de actualidad extrema. Y las aclaraciones que el biógrafo, López Muños, va haciendo sobre las aportaciones de Puente Ojea a esas cuestiones son más que interesantes. Y todo muy bien ordenado y presentado.
El libro concluye con apéndices de valor indiscutible: un índice ordenado de la producción literaria, filosófica, sociología e histórica de Puente Ojea; un índice de los trabajos sobre las obras de Puente Ojea mismo, y un sabroso índice de autores citados y sobre todo de materias.
Opino de nuevo que el lector cae en la cuenta al momento de cuán interesante es el libro de Miguel Ángel López Muñoz, que la editorial Laetoli, de Pamplona, ha titulado “El desafío ateo de Puente Ojea”. Estoy convencido de que para algunos lectores los vocablos “ateísmo” / “ateo” pueden desaconsejar a priori la lectura de este libro. Pero no es así, y no debe ser así, porque la obra de Puente Ojea no es por sí misma solo un “Elogio del ateísmo”, sino ante todo un abordaje comprehensivo de todos los temas de la religiosidad / irreligiosidad que pueden interesar al lector preocupado hoy día por los fundamentos, o carencia de ellos, acerca del tema de la religión en general.
Creo que en la próxima entrega concluiré la presentación del libro de López Muñoz sobre la ingente obra de Gonzalo Puente Ojea. Me parece que era ya la hora de hacer un balance completo y muy equilibrado sobre la que ha supuesto la irrupción de las obras de Puente Ojea en unos momentos políticos y religiosos muy importantes que comienzan hacia 1970  y que duran en sus secuelas hasta hoy día.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
Nota:
“Juan Bautista y los esenios” entrevista de Osvaldo Opazo a Adolfo Roitman y Antonio Piñero
https://www.youtube.com/live/tTFG8fcnbR4?si=Id6Uhu7eaxkZfxqB
Martes, 30 de Enero 2024
El desafío irreligioso / ateo de Puente Ojea (I)
Escribe Antonio Piñero
 
Miguel Ángel López Muñoz, profesor de Filosofía, Instituto de Enseñanza Secundaria “Séneca”  de Córdoba acaba de publicar en la Editorial Laetoli de Pamplona un libro-enciclopedia sobre el pensamiento filosófico, político y religioso de Gonzalo  Puente Ojea que merece ser tenido en cuenta por múltiples razones. El título exacto es “El desafío ateo de Puente Ojea”, colección “Libros abiertos”, 26, 2023 ISBN 9788-84 126410-7-3. 15x23, 556 pp.
 
En mi opinión es un libro magnífico de un autor serio e informado, Miguel Ángel Muñoz, desgraciadamente poco conocido en ámbitos académicos ya que enseña en un Instituto de Secundaria. Me parece una obra extraordinaria por múltiples razones. La primera porque es una exposición realmente objetiva y llena de detalles interesantes de los entresijos de la vida y obra de Gonzalo Puente Ojea, un pensador profundo, acertado, sensato, extremadamente lógico y racional  en temas aparentemente diversos, pero relacionados entre sí, como son la religión considerada como creación de la mente humana, la doctrina política, la antropología, la sociología  y otras ciencias, como la neurología, que de algún modo tienen relación con el fenómeno religioso y con la política y sociedad de la época que le tocó vivir.
 
Puente Ojea nació en Cienfuegos (Cuba) el 21 de julio de 1924 y murió en Guecho, Vizcaya, el10 de enero de 2017. Según Ricardo García Cárcel, conocido ensayista e historiador, Puente Ojea fue un pensador radical, impecable racionalista, una suerte de verso libre o rara avis en el pensamiento filosófico, político y religioso español del siglo XX. Puente Ojea militó en pro de un mundo laico, y democrático en el que imperara no la pasión  y la militancia fanática, sino la argumentación racional en todos los ámbitos.
 
Mi colega de la Universidad Complutense, catedrático emérito de filosofía, Gabriel Albiac, sostiene que la “obra de Puente Ojea se cuenta entre las más extensas y, en todo caso, coherentes del pensamiento español contemporáneo. Puente Ojea fue reconocido y admirado por todos aquello que en España y fuera de sus fronteras, hubieran apostado por un envite materialista en filosofía. Puente Ojea fue respetado por los teólogos e historiadores de la religión verdaderamente serios y, a la vez, profundamente detestado por los supersticiosos e ignorantes. Su obra es un lujo inmenso para la inteligencia”.
 
Es una pena que tras su muerte todos los que detestan un pensamiento de raíz arreligiosa, agnóstica y sobre todo atea hayan cubierto con un espeso manto de silencio su obra de modo que pareciese que no había existido. Yo no soy ateo, sino agnóstico, pero considero que la argumentación de Puente Ojea no debe perderse puesto que  es un acicate inmenso para discusión de la existencia y la esencia de la religión. Y este es un tema que interesa a todos, incluidos por supuesto las personas profundamente religiosas pero que sienten interés por dar a su ideario religioso una base de pensamiento racional.
 
Precisamente por esto olvido forzado por sus enemigos, sostengo que el libro de M. A. Muñoz es oportunísimo. Aparte de la extensa noticia biográfica, interesante como marco de su pensamiento, la obra que comento es un resumen espléndido del pensamiento filosófico, historiográfico, sociológico, religioso de Gonzalo Puente Ojea, al destacar que tuvo un gran influjo en España en los años 90 del siglo pasado y primera decena de este siglo. Según López Muñoz, Puente Ojea fue una suerte de luz  segura y continua que iluminó el camino de muchos lectores en España y en la América de lengua hispana, que transitaron a menudo sin la conveniente reflexión por los campos de la filosofía, de la religión y cuestiones conexas.
 
Hay otra razón para destacar la importancia de este libro de López Muñoz, a saber, porque a través del recorrido por el pensamiento de Gonzalo Puente, el lector tiene la estupenda posibilidad de  conocer muy diversos aspectos de la historia política, social y religiosa de  España en los últimos tiempos, en los que la religión católica y su ideario ha sido y es de tremendo influjo, con sus consecuencias.
 
Y por último, el libro de López Muñoz presenta una ejemplar muestra del manejo de fuentes de diverso tipo en un trabajo documental y de archivo que permite obtener una base sólida desde la que abordar un pensamiento exigente y riguroso como el Gonzalo Puente.
 
No pretendo agotar en esta primera postal de presentación. Solo añadir que ya en otra ocasión afirmé que Puente Ojea. “Fue un pionero, el que portaba la luz que iluminaba el camino entre la niebla, el que roturó seriamente el campo aún en barbecho del análisis crítico de la religión y de sus mitos, el que exponía sus conclusiones pese a la estigmatización que la manifestación de su libertad le iba a ocasionar”.
 
Seguiremos
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Enlace a una entrevista en la que hablo sobre la figura de Judas Iscariote, “¿Personaje histórico o meramente literario?”:
 
https://youtu.be/xHYb-4IA8uc?si=3eCAjRuygh8hxUqo
Miércoles, 24 de Enero 2024
Escribe Antonio Piñero
 
 
Terminábamos la postal de la semana pasada afirmando que María obtuvo un trato de favor por parte del ángel que le anunciaba su próximo embarazo: la pregunta de María
 
¿Cómo ocurrirá esto, pues no conozco varón” Lc 1, 34
 
era similar a la de Zacarías respecto al origen extraordinario de la concepción de su hijo Juan Bautista
 
“Entonces Zacarías dijo al ángel: «¿Cómo podré saber esto? Porque yo soy anciano y mi mujer es de edad avanzada».  El ángel le respondió: «Yo soy Gabriel, que estoy en la presencia de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte estas buenas nuevas. Así que te quedarás mudo, y no podrás hablar hasta el día en que todo esto acontezca, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su debido tiempo»”;
 
Ahora bien, tal pregunta de María no es interpretada mal por el ángel, como generada por la desconfianza, no recibe castigo alguno. Simplemente es respondida por el ángel indicando el cómo de esa concepción maravillosa. María es, pues, favorecida en el trato con el ángel.
 
 
El pasaje solo semiparalelo de Mateo (1,18) es el siguiente:
 
La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo.
 
Contrástese con la explicación de Gabriel en Lucas “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra” (1,35)
 
No sabemos qué entiende Mateo exactamente por la expresión “obra del Espíritu Santo”, ni tampoco qué entiende Lucas por la expresión “te cubrirá con su sombra”, aunque por contraste con lo que se dirá en Mateo 1,25 es claro que se excluye el concurso de varón humano en la concepción del niño. Un lector griego de la época se imaginaría enseguida al Espíritu Santo actuando como Zeus u otra divinidad helénico-romana que se unía a una virgen o a una joven desposada y por medio de un acto sexual sui generis engendraba en el ella al niño portentoso.
 
En un ambiente judío en donde el Espíritu Santo no es otra cosa –sea como fuere como se imaginaba exactamente— que tales frases (“por obra del Espíritu Santo” / “el espíritu Santo cubre con su sombra) que imaginar que es Dios mismo como espíritu el que actúa hacia fuera, en María,  por su fuerza, pero que no hace daño es como una “sombra” benéfica. Así pues, las dos expresiones de un “Dios Altísimo”, que obra eficaz y poderosamente, sustituye al esperma del varón.
 
Aclaro más: el judío no pensaría seguramente en un acto sexual de la divinidad con un humano. La sombra es solo un signo de la presencia activa de Dios, Así puede entenderse respecto al relato de la transfiguración de Jesús según Lc 9,34-35 “Estaba diciendo estas cosas cuando se formó una nube y los cubrió con su sombra; y al entrar en la nube, se llenaron de temor.  Y vino una voz desde la nube, que decía: “Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle”.
 
Para los dos evangelistas es éste un caso único en toda la historia de Israel y de la humanidad. El héroe de nuestra historia, Jesús, es concebido como nadie hasta ahora ni tampoco nadie lo será en el futuro, aunque el judaísmo de la época no pensaba nunca que el Mesías iba a nacer sin concurso de varón. Hay aquí una primera diferencia con la idea de cómo iba a ser el Mesías.
 
Una observación última a este respecto. Según la mayoría de los especialistas, la concepción del evangelista Marcos, el antecesor y modelo de Mateo y Lucas, era respecto a la filiación divina de Jesús que éste es un hombre normal, nacido presuntamente de una manera normal en un uso normal del matrimonio.
 
Marcos nada sabe de todas estas historias de un nacimiento virginal y prodigioso. Su idea, al parecer, era que en el momento del bautismo, en el que los cielos se abren y viene sobre Jesús la fuerza del Espíritu Santo en forma de paloma y una voz celeste proclama: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”, Jesús es constituido hijo de Dios por adopción.  Dios lo adopta como hijo especialísimo y le otorga el don del Espíritu Santo también de un modo especialísimo para cumplir su misión como Mesías. Pero este Mesías era un hombre normal, y sigue siendo un hombre normal hasta que muere y resucita. Solo entonces, ya en el cielo adquiere un cierto “tinte” de divinidad…¡no antes!
 
Así pues, los pseudo Mateo y Lucas corrigen a su antecesor Marcos y hacen que la filiación divina de Jesús comience en el mismo momento de su concepción en el seno de María. Se nota, pues, que la cristología, es decir, la “ciencia” sobre cómo Jesús es “cristo” o Mesías, adelanta el momento de su filiación. Obsérvese también que esta noción de Mateo y Lucas no implica para nada el concepto de encarnación y descenso del Hijo de Dios desde los cielos, como se verá claramente más tarde en el Prólogo del Evangelio de Juan, el cual indica especialmente que la encarnación en Jesús es la un ser divino preexistente, la Palabra o Verbo de Dios. No hay encarnación para Lucas y Mateo como tampoco la había para Marcos. Para los dos primeros Jesús es divino sólo desde la concepción.
 
 
El dogma de un Jesús divino y preexistente antes de encarnarse en María aún no está formado en tiempos de los tres primeros evangelios canónicos. La concepción divina de Jesús en el vientre de María tiene lugar no en Jerusalén donde se esperaba que iba a presentarse al mundo el Mesías, sino en la humildísima Nazaret (según el Pseudo Lucas) o en la pequeña villa de Belén, según el Ps. Mateo, lugar muy secundario respecto a la capital de Judea, Jerusalén, la ciudad de David.
 
Y según el Ps. Lucas en un lugar más humilde todavía: Nazaret era un pueblecito insignificante que no aparece para nada en el Antiguo Testamento, aunque sí tenemos pruebas arqueológicas de que existía y estaba habitado en esos momentos. Es posible que Lucas quisiera dar a entender que el mesianismo de Jesús era algo totalmente único, ya que su concepción está fuera del ámbito de lo conocido por el Antiguo Testamento.
 
Seguiremos.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
Nueva presentación de "Los Libros del Nuevo Testamento" de la institución CERJUC de San José,

https://www.youtube.com/watch?v=YBqi8V8uIiQ
 
 
Miércoles, 17 de Enero 2024
Escribe Antonio Piñero
 
 
Otro suceso notable fue el anuncio angélico de Gabriel a María:
 
«Al sexto mes (del embarazo de Isabel) fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, 27 a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
 
28 Y entrando, le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. 29 Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. 30 El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; 31 vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. 32 El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; 33 reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin”. 34 María respondió al ángel: “¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?”. 35 El ángel le respondió: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. 36 Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, 37 porque ninguna cosa es imposible para Dios”. 38 Dijo María: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. Y el ángel dejándola se fue».
 
Este relato parece un producto literario más que histórico, puesto que el evangelista Lucas se nutre de tradiciones literarias anteriores a él. Las principales son las “anunciaciones” en el Antiguo Testamento de héroes o santos, en especial de los nacimientos de Moisés y de Samuel. Por tanto, una comparación detenida entre los relatos veterotestamentarios y este fragmento del Evangelio de Lucas –como se hace en los comentarios especializados— demuestra sin lugar a dudas que su autor se inspira más en la literatura sagrada del pasado que en tradiciones orales que podría haber albergado su comunidad.
 
Que María estuviera “desposada” o prometida con José debe entenderse a la luz de lo que sabemos de los desposorios judíos en aquellos tiempos. Los matrimonios estaban normalmente preparados por la familia. Una vez decidido, el primer acto era la prestación del consentimiento mutuo de los cónyuges, ante testigos. El segundo era la llegada de la novia a casa del esposo. Las mujeres en Israel se casaban muy jóvenes, entre los doce o trece años, lo que era también usual en el mundo grecorromano.
 
Una vez otorgado el consentimiento mutuo, el matrimonio era legal, aunque normalmente tardaba un cierto tiempo en ser consumado, más o menos un año. Al parecer la ausencia de contactos sexuales en esta tiempo era norma común, especialmente en Galilea donde se era muy rígido al respecto. En ese tiempo la esposa era preparada por su madre para la vida en común, se reunía la dote que debía entregársele y se consideraba que ambos debían ya guardarse mutua fidelidad. Un fallo en este ámbito podía considerarse como un adulterio. Y pasado el tiempo consensuado, la novia era traslada a la casa del novio y se consumaba el matrimonio.
 
Por tanto, la situación que se deduce de los relatos de Mateo y Lucas es la del espacio de tiempo que media entre un acto y otro del matrimonio. María es la mujer de José, pero aún debía de ser virgen…, por lo menos según las costumbres de Galilea.
 
 
Nada se dice en los evangelios de la infancia de Mateo y Lucas sobre si María era también de la familia y linaje de David, pero para un lector antiguo este dato no tenía trascendencia alguna. Lo que si importaba, fuera o no José el padre biológico de Jesús, era su adopción por parte de aquel. La adopción legal tenía tanta fuerza o más que la generación física. Un caso parecido al de Jesús en el mundo greco-romano es el de Augusto, hijo adoptivo, no biológico, de Julio César. Cuando César tras su muerte fue declarado divino, es decir, que u alma residía en el empíreo junto con los dioses, Augusto fue designado inmediatamente como “divi filius”, es decir, “hijo de un dios” y, por tanto, divino él también. Antes de los evangelios, en torno a los años 57-58, Pablo de Tarso había escrito al inicio de Carta a los romanos (1,1-3) que Jesús era “hijo de Dios”, pero que había nacido del linaje de David “según la carne”.
 
Como es muy probable que esta afirmación sobre el linaje davídico de Jesús fuera tomada por el Apóstol del fondo común de las creencias tradicionales judeocristianas, queda garantizado que la filiación davídica fue una postulado muy antiguo entre los seguidores de Jesús.
 
Para el pueblo judío de la época ser el “hijo de David”, es decir, el Mesías – rey, conllevaba normalmente expectativas de liberación y salvación de Israel incluso por la fuerza de las armas humanas ayudadas por el brazo divino. Ello suponía que todos los enemigos de Israel serían literalmente barridos a la llegada del reino teocrático, un reino lleno de bienes materiales y espirituales en el que gobierna de verdad es Dios mismo a través del rey Mesías. El Reino supondría que Israel sería el centro del mundo y que el resto de las naciones se convertirían en parte a Yahvé como Dios principal, o al menos, lo respetarían con sumo temor. El rey Mesías príncipe reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.
 
Obsérvese que el ángel Gabriel está repitiendo casi a la letra la antigua promesa de Dios a David por medio del profeta Natán, que se halla en la base de todas las esperanzas mesiánicas de los judíos de todos los tiempos:
 
«Y cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré el trono de su realeza. 13 El constituirá una casa para mi Nombre y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre… 16 Tu casa y tu reino permanecerán para siempre ante mí; tu trono estará firme, eternamente”. 17 Natán habló a David según todas estas palabras y esta visión» (2 Samuel 7,12-17).
 
Por tanto, Lucas está pensando que Jesús será el Mesías de Israel y que su mesianismo no será diferente al davídico: una monarquía sobre un reino terreno, en la tierra de Israel.
 
Un lector de la época podría deducir fácilmente que este reinado del “hijo de David” no casaba nada bien con la situación de Israel durante el gobierno de Herodes el Grande, y mucho menos, con el reinado de los emperadores romanos, quienes eran en verdad los verdaderos “reyes” de Israel y ejercía su poder omnímodo a través de sus procuradores o delegados. Es evidente que el lector podía pensar que el enfrentamiento futuro de Jesús con el Imperio estaba predestinado a ocurrir. Y no podía ser pacífico puesto que Tiberio no estaba dispuestos a compartir la soberanía con nadie.
 
Además, Lucas insiste (1,35) en que ese Mesías será “santo” (es decir “elegido y apartado para el servicio de la divinidad”) y que será denominado “Hijo de Dios”. Si Jesús, ya adulto, ejerciera esta prerrogativa, dentro del Imperio habría dos “Hijos de Dios”, el emperador y él mismo. Naturalmente uno de los dos estaría de sobra en Israel a los ojos de los espectadores, tanto judíos como romanos, normales, cada uno desde su punto de vista.
 
El ángel prescribe que María ponga a su hijo un nombre determinado, “Jesús”. En hebreo la forma de este nombre helenizado, igual a Josué, es Yehoshúa, que significa “Yahvé ayuda”, de la raíz hebrea shw‘. Sin embargo, entre el pueblo de la época se solía entender el nombre como “Yahvé salva” porque lo relacionaban con la raíz ysh‘. Esta es la razón por la que en el texto semiparalelo de Mateo, que veremos (“Le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”) el “porque” causal refleja la mente del evangelista que entiende a Jesús más como “salvador” que como mero ayudador”.
 
La pregunta de María (¿Cómo ocurrirá esto, pues no conozco varón” (v. 34), similar a la de Zacarías, pero que no es interpretada mal por el ángel, como generada por la desconfianza, no recibe castigo alguno. Simplemente es respondida por el ángel indicando el cómo de esa concepción maravillosa.
 
 
Seguiremos
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
NOTA
 
Enlace a una entrevista sobre temas polémicos entre comentaristas de los evangelios confesionales e independientes acerca del Jesús histórico:
 
https://youtu.be/ndfQyX155Gw?si=gZySkP-t4Ky5Lg47
 
 
Martes, 9 de Enero 2024
1 2 3 4 5 » ... 292


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.





Tendencias de las Religiones


RSS ATOM RSS comment PODCAST Mobile