CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero

Notas

14votos

El nombre del cristianismo deriva de esta palabra griega de curioso significado original: “Ungido”. Al parecer ya usada en los años 40 en Roma un poco variada (Chresto), ¿merece ser traducida a la hora de verter los textos cristianos a las lenguas modernas? Si es así, ¿hay que hacerlo en todos los casos?

Hoy escribe eugenio Gómez Segura.


072. Cristo.
Cristo de la Catedral de San Andrés de Burdeos. Fotografía del autor.

La palara Cristo es una de las más importantes de la principal religión de Occidente. Etimológicamente hablando, su claridad resulta desconocida. El título es, en realidad, el adjetivo verbal con valor pasivo del verbo chrío (χρίω), que significa “untar”, “ungir”. La razón por la que aparece en la historia del cristianismo es fácil: cuando a Jesús de Nazaret se le consideró el esperado catalizador de la nueva creación, del nuevo paraíso en la Tierra que sería el reino restaurado de Yahvé, se le aplicó un título hebreo que significaba eso mismo “Ungido”.

El título, por supuesto, era el de Mesiah, del correspondiente verbo hebreo “untar”, “ungir”. La razón de esta atribución (y el momento) es cuestión de debate histórico y filológico, aspecto que no es objeto de esta postal. Lo que sí interesa es saber un poco más de lo que implica para decidir qué hacer con él. Qué hacer desde el punto de vista de una traducción lo más completa posible de los textos cristianos.

Para empezar, sabemos que el término está firmísimamente asentado en toda la correspondencia paulina, es decir, para el año 50 de nuestra era. Además, contamos con el informe de Suetonio sobre unos disturbios ocurridos en Roma durante el reinado de Claudio (41-54), disturbios que se atribuyeron a un tal Chrestus. concretamente en el año 49. Posiblemente los famosos Prisca y Aquila, después grandes colaboradores de Pablo, salieron de Roma a consecuencia de tales disturbios.

El caso es que tenemos datos fiables sobre la metamorfosis experimentada por el nombre del difunto Jesús de Nazaret: tanto en Roma como en Grecia se usaba el título Cristo para denominarlo, al menos con tanta frecuencia, si atendemos a las cartas de Pablo, como su nombre original.

Otra cosa es saber qué pensarían los oyentes o lectores de las predicaciones del momento al escuchar una palabra que los griegos identificaban perfectamente en su idioma como “Ungido”. La extrañeza habría sido relativa a tenor de lo que sabemos sobre el uso del aceite con fines sagrados y medicinales, tanto en la medicina y religión populares como más cultas. En efecto, las prácticas de la época incluían diversos usos de unturas, pomadas, aceite mismo con estos fines.

Sí sería chocante su empleo como título sagrado, lo cual (parece indudable) requeriría una explicación previa. ¿Qué simbolizaría ser el “Ungido”, el Cristo? Además, las cartas de Pablo incluyen algunos pasajes en los que Cristo aparece independientemente el nombre de Jesús (Rom 5, 6, por ejemplo). lo cual abunda en la naturalidad que acabó alcanzando el cambio.
Pero no hemos de olvidar que en Roma no se daba tan fácilmente esa naturalización, pues Cristo (Chrestus) es una palabra griega. Y aunque la comunidad judía de Roma hablara bien el griego, cosa posible, no deja de chocar que los hablantes latinos ya se sirvieran de la palabra como el título, si no el nombre, del personaje.

Por eso, cabe la pregunta de si un traductor moderno del Nuevo Testamento (de sus diferentes libros) debe servirse del término griego ya naturalizado como nombre o si debe traducir según la época de composición de la obra a la que dedique sus esfuerzos. Porque quizá en las cartas de Pablo sea apropiado traducir “Ungido” con una debida explicación etimológica e histórica pero en otras obras, por ejemplo el evangelio según Juan, sea lógico traducir ya un título-nombre sólidamente establecido y mantener Cristo (también con su explicación oportuna).

Es tan chocante leer Jesús el Ungido o el Ungido Nuestro Señor que quizá llame la atención del lector y oyente como seguramente lo hizo en el caso de aquellas personas que escucharon a Pablo hablar por primera vez del Mesías de su religión.

Saludos cordiales.

www.eugeniogomezsegura.es.eugeniogomezsegura.es

logos@eugeniogomezsegura.es

 
Domingo, 27 de Febrero 2022

Enigmas bien resueltos (25-02-22) (1215)


Un nuevo libro de Ariel Álvarez Valdés. “Nuevos enigmas de la Biblia 4”
Escribe Antonio Piñero
 
He leído con verdadero gozo y fruición el nuevo librito de mi colega Ariel en el estudio del Nuevo Testamento (que él extiende a la Biblia hebrea completa), cuya ficha completa es la siguiente, aparte de título y autor: Editorial PPC, Madrid 2021. ISBN: 978-84-288-3767-5; 19x12, 174 pp.; Precio 16,50 euros.
 
El índice apunta a temas muy atractivos:
 
1. ¿Existió el rey David?  2. ¿Escribió́ Salomón el libro del Eclesiastés?  3. ¿Quién fue el profeta que nos dejó su autobiografía?  4. ¿Fue el profeta Daniel un verdadero profeta?  5. ¿Era Juan el Bautista el profeta Elías reencarnado?  6. ¿Por qué al Espíritu Santo se le representa como una paloma?  7. ¿Cómo pudo Jesús calmar una tempestad?  8. La carta a los Efesios, ¿fue escrita por san Pablo?  9 ¿Cuál es el libro más breve de toda la Biblia?  10 ¿Cómo surgieron los libros apocalípticos?.
 
Diez temas… y el 10 era el número perfecto según los pitagóricos.
 
Creo que Ariel Álvarez Valdés tiene al menos tres almas. La primera es la de un agudo investigador, que busca resolver las cuestiones que libros y textos compuestos hace más de 2.000 años plantean al estudioso de la Biblia. Yo lo he citado como estricto investigador, por ejemplo, en mi libro sobre Pablo a propósito de la posible solución de cuestiones que plantean Hechos de Apóstoles 15 y Gálatas 2 a propósito de la denominada carta apostólica de Santiago que expone una suerte de resumen muy primitivo de “Las normas de Noé” que deben ser observadas por los paganos que se convierten a la fe en Jesús mesías. Muy acertadas sus propuestas.
 
La segunda es el alma de divulgador, que se fundamenta sobre la primera y que en realidad no hace otra cosa que verter los resultados de la investigación a un lenguaje claro, sencillo y correcto, accesible a todos.
 
La tercera es el alma de escritor/literato que sabe de un modo espontáneo cómo debe construir una trama de “suspense”, con una línea de desarrollo muy acertada, con “ladillos” divisorios que hagan más fácil la lectura y que conduce la trama literaria del tema expuesto hasta un “final feliz”, es decir, que satisface la intriga del lector cuando llega a la última línea de cada capítulo.
 
Unidas las tres almas ofrecen un producto redondeado y excelente. Se me hace muy difícil escoger qué capítulo me gusta más. Si se me fuerza, escogería los que tratan del Eclesiastés; de Juan Bautista como posible, según el pueblo, profeta Elías reencarnado; del porqué se representa al espíritu Santo como paloma; de la pseudonimia de la Carta a los efesios y, desde luego, el del surgimiento de la apocalíptica.
 
Y para más “suspense”, sin destripar el contenido del libro, me parecen más que interesante las tesis que se sostienen en las pp. 24; 37; 66; 84; 91-92; 99; 139; 159-160. Y no digo más: que el lector averigüe si está de acuerdo con el autor y conmigo al señalar especialmente estas páginas.
 
Y como el libro me ha gustado, termino de un modo clásico esta breve noticia felicitando muy cordial y sinceramente al autor por su libro y a la Editorial PPC por haberlo publicado. La aserie “Enigmas de la Biblia” es francamente buena.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Viernes, 25 de Febrero 2022

(2302-22) ; (1213)

Texto del filósofo Celso


Sobre Ben Pantera como padre real de Jesús
Escribe Antonio Piñero
 
Foto: Lápida de Tiberio Julio Abdes Pantera
 
Muchos me han preguntado acerca de lo que indica el título de esta postal. Y siempre he respondido que la noticia parece más bien un infundio y un bulo, aunque muchos judíos actuales lo crean a pies juntillas ya que lo dice el Talmud.
 
Naturalmente el Talmud [y en la obra posterior “Séfer Toledot Ieshu”: “Libro sobre la(s) generación (es) de Jesús”, que es un panfleto infame] representa aquí la opinión popular que los judíos tenían y siguen teniendo de la figura de Jesús: este es el gran enemigo público del judaísmo… y después Pablo. ¿Cómo no le van a faltar el respeto a Jesús, como alguno me han indicado? Lo extraño sería lo contrario. Indague el que lo desee en mis  Blogs el tema “Jesús en el Talmud”, y que que tienen “Buscador”.
 
El Talmud se fecha entre los siglos V-VII d. C. Es por tanto muy tardío, Para el argumento contra Jesús, sin embargo, da igual.
 
Ahora bien,  el origen de la acusación de que Jesús no era hijo de José sino de un legionario llamado Tiberio Julio Abdes Pantera (de origen fenicio que vivió desde el 22 a. C. hasta el 40 d. C. más o menos y del que se conserva una lápida sepulcral, cuya imagen está en Internet y reproduzco) no es propio del Talmud.
El texto latino dice:
 
Tib(erius) Iul(ius) Abdes Pantera
Sidonia ann(orum) LXII
stipen(diorum) XXXX miles exs(ignifer?)
coh(orte) I sagittariorum
h(ic) s(itus) e(st)
 
Dice el texto que
Pantera era fenicio; que murió a los 62 años
Estuvo en el ejército durante 40 años y que (probablemente)  fue portaestanderte
Pertenecía a la Cohorte I de arqueros
Aquí está enterrado.
 
Pantera como padre de Jesús aparece ya hacia el año 170 d. C. en el discurso del filósofo Celso contra los cristianos titulado “Discurso verdadero”. El texto se ha perdido, pero se reconstruye perfectamente gracias a la exactitud de Orígenes cuando lo cita y luego pretende refutarlo en su obra “Contra Celso”, escrita probablemente hacia el 250. He aquí el texto reconstruido a partir de Orígenes “Contra Celso” I 7:
 
“Comenzaste por fabricar una filiación fabulosa, pretendiendo que debías tu nacimiento a una virgen. En realidad, eres originario de un lugarejo de Judea, hijo de una pobre campesina que vivía de su trabajo. Ésta, culpada de adulterio con un soldado llamado Pantero/a, fue rechazada por su marido, carpintero de profesión. Expulsada así y errando de acá para allá ignominiosamente, ella dio a luz en secreto. Más tarde, impelida por la miseria a emigrar, fuese a Egipto, allí alquiló sus brazos por un salario; mientras tanto tú aprendiste algunos de esos poderes mágicos de los que se ufanan los egipcios; volviste después a tu país, e, inflado por los efectos que sabías provocar, te proclamaste dios”.
 
Ustedes verán si el texto merece credibilidad histórica. La crítica rechaza unánimemente tal credibilidad.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
Miércoles, 23 de Febrero 2022


(21-02-2022 / 1213) Coincidencia no sorprendente


El Jesús del judío sionista  Josef Klausner (1921) y la investigación actual
Escribe Antonio Piñero
 
Un lector de Argentina me escribe lo siguiente:
 
Quiero expresarle que soy asiduo lector de sus trabajos y siempre estoy atento a sus publicaciones en su blog de internet. Al igual que Usted soy un apasionado de la figura histórica de Jesús.
 
Quiero expresarle que a mi entender el libro sobre el Jesús histórico de Klausner, "Jesús de Nazaret, su vida y enseñanza",  de 1920 aproximadamente es mi predilecto y a mi modo de ver, no ha sido superado por ningún trabajo posterior.
 
A este respecto, a pesar de haber leído alguna que otra crítica de Usted y Bermejo en su blog al trabajo de Klausner, es sorprendente que Usted en sus trabajos, coincida prácticamente en la totalidad de las conclusiones del libro de Klausner entre ellas:
 
1) Jesús era un judío nacionalista perteneciente a la escuela farisaica.
2) Jesús no era enemigo de los fariseos ni mucho menos, a lo sumo su contendiente en algunas cuestiones de la fe judía.
3) la doctrina ética extrema de Jesús solo es comprensible ante la inminente llegada del reino de dios que él proclamaba.
4) el reino de dios estaba pronto a llegar, solo faltaba las buenas obras y el arrepentimiento para acelerar su venida.
5) Jesús era practicante de la ley judía y nunca se apartó de ella.
6) Jesús nunca quiso salirse del judaísmo de su época, ni formar una religión aparte.
7) Jesús no era de ningún modo un pacifista, puesto que como todo profeta judio, tenia un carácter confrontativo.
8) Jesús al principio de su ministerio sólo actuó como profeta y continuador de la misión de la Bautista y solo al final de su carrera se proclamó Mesías.
9) Jesús no entabló la "eucaristía" por ser una idea totalmente ajena a la mente judía del siglo I.
10) Jesús nunca se consideró Dios ni Hijo de Dios. La palabra Abba, utilizada por Jesus era una palabra corriente como de igual manera Hijo del Hombre que no significa título honorífico alguno.
11) Jesús no predice ni quería su muerte.
12) Los líderes judíos actuaron contra él "por cuestiones políticas ya que temían que una revuelta derramara mucha sangre judía".
 
Es interesante como ese libro escrito alrededor de la primera década del siglo pasado, todavía no haya podido ser superado en sus conclusiones generales sobre el Jesús histórico. Y que Klausner haya sido un activo militante del sionismo, a mi modo de ver, no afectó en nada en la visión del Jesús histórico, puesto que, repito, coincide prácticamente en su totalidad con las conclusiones que Usted también arriba en sus trabajos.
 
Le he contestado: “Tiene Usted razón. En líneas generales Klausner acertó. Pero para este investigador Jesús "se pasó de tal modo de la raya" en su judaísmo que en la práctica lo hizo añicos. Esto es lo que criticamos de Klausner”.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero 
Lunes, 21 de Febrero 2022

18-02-2022 ()


Hoy escribe Antonio Piñero

Tenemos, por una parte, que los evangelios son propaganda de una fe. Por otro lado, observamos que esos evangelios cuando tienen que decir que Jesús era tomado por loco, lo dicen, o cuando tienen que decir que proclama un reino que no llegó nunca lo dicen también ¿Cómo se conjugan ambas cosas?
 
 
Eso es una pregunta que me han planteado alguna que otra vez. Sin embargo, no me parece difícil conciliar ambas perspectivas. Los evangelios son “biografías” de Jesús al modo de la época romano-helenística en la que se escribieron. La parte de propaganda era básica en esas “biografías”. Los evangelistas cumplen con esa labor del biógrafo. Pero pretenden también transmitir historia.
 

Y  tenemos que agradecerles el que datos de la tradición que podían ir en contra de lo que sería la fe futura no fueran eliminados por ellos. Pero también es lógico. Los evangelistas no podían calibrar qué podría ser un problema teológico cien años después, como que su familia estaba en contra, naturalmente, de que Jesús dejara el trabajo en su carpintería  (¡no hay por qué dudarlo!) y se dedicara  a la proclamación del reino de Dios. Los evangelistas tampoco sabían que el reino de Dios no iba a llegar nunca.



Puente Ojea calificaba estos datos como "material furtivo" y en verdad, por el criterio de dificultad, a saber, nadie tira piedras sobre su propio tejado a sabiendas, tal material ayuda muchísimo a reconstruir la figura del Jesús histórico.
 


Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
Viernes, 18 de Febrero 2022

Notas

Una breve apostilla


 
Juan 17,26: “Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos”.

Hay quien argumenta:

“Jesús dice que les está dando a conocer el nombre es decir, que antes no sabían ese nombre y qué es Jesús el que les está COMUNICANDO ese nombre, es decir, que antes, no lo conocían, pero ahora se lo está dando a conocer Jesús, de modo que debe ser un Dios que no conocen puesto que es Jesús el que les está dando a conocer ese nombre”.
 
 
Y añade que mi argumento de que Jesús no introduce un Dios diferente al del Antiguo Testamento, sino el mismo de todos los israelitas, a saber, Yahvé, “no se sostiene”.

Ruego que no se enfaden conmigo los lectores habituales de este medio, si les digo que si defienden que Jesús no era judío y que predicaba un Dios distinto al de Israel es un imposible histórico.
 
Los que sostienen esta extraña idea en el mundo académico no entienden a fondo el Evangelio de Juan. El nombre que Jesús, el revelador celestial --que desgraciadamente para los creyentes no es el Jesús histórico, sino el Jesús “fabricado” por los autores de este evangelio místico, no histórico—es la esencia  (“nombre” como esencia de la persona en hebreo) íntima del Dios que naturalmente ningún israelita conoce hasta que ha llegado Jesús, repito, el revelador definitivo según el grupo johánico.
 
Antes de Jesús todos los israelitas conocían en “nombre” de Yahvé, pero imperfectamente; sólo Jesús revela su esencia íntima.

Lean, por favor el comentario de Gonzalo Fontana en “Los Libros del Nuevo Testamento” de Trotta del contexto (pp. 1398-1399). Se lo reproduzco aquí:

25        Os he dicho estas cosas en parábolas: hasta ahora, Jesús ha usado un lenguaje de imágenes veladas (véase 13,8-11; 13,16; 15,1-17; 16,21). En los LXX el término paroimía se utiliza para traducir el hebreo mashal que cubre una amplia gama de discursos figurativos, basados en elementos oscuros o enigmáticos: hasta el momento Jesús ha estado hablando de forma velada; sin embargo, después les hablará abiertamente acerca del Padre, el inaccesible (véase 1,18).

26        En ese día pediréis en mi nombre y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros: la frase no tiene un sentido claro: ¿quiere decir que la propia fe de los creyentes va a propiciar que estos puedan acceder a Dios directamente?

29        ahora hablas abiertamente: a pesar de que con mucho optimismo los discípulos creen haber entendido el mensaje de Jesús (véase 16,32), en realidad tendrán que esperar a que el Espíritu les dé auténtico entendimiento (véase 16,13).

30        Ahora sabemos que lo sabes todo: la frase subraya la omnisciencia de Jesús (véase 1,47-49; 2,23-25; 4,16-19).
 
Como pueden Ustedes observar, l deducción de que los discípulos “no conocían el nombre” y Jesús lo revela nada tiene que ver con que el Dios de Jesús no es Yahvé, el Dios común de todos los israelitas.
 
Por favor, lean el volumen “Los libros del Nuevo Testamento” de Trotta, edición comentada. Hay versión digital.

Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
NOTA:
 
Recuerden los residentes en Madrid:
 
Hoy, miércoles  16  de febrero 2022 a las 19.00 horas  en el salón de actos de la biblioteca Municipal de Madrid "Eugenio Trías", "Casa de Fieras, Paseo Fernán Núñez 24 (en el Retiro) dialogaremos Javier Sierra (Premio Planeta) y yo sobre Los libros del Nuevo Testamento". Y estará también con nosotros otro Premio Planeta: Juan Eslava Galán. Entrada libre hasta completar aforo.
 
El diálogo será grabado por Radio Nacional de  España, que lo emitirá cuando crea conveniente.
Miércoles, 16 de Febrero 2022

Notas

8votos

El vocabulario cristiano incluye este confuso término que debe ser convenientemente analizado. “Justificación por las obras” o “justificación por la fe” son temas demasiado importantes como para no atender a su verdadero significado. Basándome en un apunte que incluí en mi último libro, trataré esta cuestión.
Hoy escribe Eugenio Gómez Segura.


071. Justificación.
Retrato de Martín Lutero por Lucas Cranach.

Una de las grandes consecuencias de la revisión teológica que llevó a cabo Martin Lutero fue el planteamiento, a partir de su interpretación de las cartas de San Pablo, de la “justificación por la fe” como gran terremoto de la Iglesia Católica. Pero, ¿qué significa exactamente “justificación”?

Ya en mi tesis doctoral tuve el problema de traducir adecuadamente el término que en las cartas de Pablo recibe esta versión al español. Porque justificación, en el lenguaje normal, significa algo así como “explicación razonada”; incluso “explicación que respalda un hecho o actuación”. Pero si esta es la idea que debemos aplicar a la tesis de Pablo y la diatriba entre Lutero y la Iglesia Católica, no se entiende que uno “reciba la justificación”, pues, en realidad, uno debe “dar la justificación”. Como digo, en mi tesis traduje de otra manera.

La palabra griega para justificación es dikaiosýne (δικαιοσύνη), y el verbo justificar es dikaiódso (δικαιόω, δικαιόζω). Están formadas ambas palabras a partir de Díke (Δίκη), “Justicia, que a su vez proveniente de una raíz indoeuropea muy fértil: *deik/dik, de la que provienen palabras como decir, dictado, deíctico, índice, judicial, jurídico y muchas otras.
Es un término de carácter legal que, sin embargo, tiene que ver con la idea de “mostrar”, “indicar”, en este caso lo que se debe hacer.

Pero el sentido cristiano es otro. En mi último libro “Hijos de Yahvé: una arqueología de Jesús y Pablo”, indiqué en la página 63 éstas y otras consideraciones referidas al Juicio Final y a haber cumplido la Ley de Dios:
 
“Es también relevante, aunque generalmente está mal explicada, la idea de cumplir con la Ley como forma de asegurarse la salvación. No había otra posibilidad para la persona que se consideraba judía que cumplir la Ley para alcanzar el beneplácito final el día del juicio. Ese día culminaría en una vista universal que examinaría el comportamiento de toda la humanidad. En esa vista se decidiría si una persona ha sido justa o no, es decir, si se ha comportado según la Ley mosaica o no, y si ha aumentado su buen comportamiento mediante el recurso al zekhut. El repaso terminaría con la absolución o condena de cada persona. Esa decisión es lo que se denomina en muchas traducciones “justificación”, lo cual conlleva en español actual un problema de significado. No se trata del habitual significado de “explicar un comportamiento” sino de sancionar a alguien como persona justa. La palabra “justificar” está construida sobre el adjetivo “justo” y sobre el verbo “hacer” en una forma todavía cercana al latín facere. Tenemos este tipo de compuesto en panificadora, escenificar, amplificar, certificar, purificar, santificar, beatificar, etc. La palabra española es traducción de la griega dikaiódsein, con el mismo significado basado, en dikaiós, “justo”, y el sufijo -dsein que indica lo mismo que el latino-español -ificar. Pero, como ya he indicado, no se trata de justificar sino de considerar justo, por lo tanto, “absolver en un juicio”. Olvidando la raíz de justicia y mirando más a los resultados del proceso podríamos usar los términos “absolución”, “exculpación”, “absuelto”, “exculpado” en lugar de “justificación” y “justificado”.

Vuelvo, por tanto, a proponer traducir “absolución” para “justificación” y “absuelto” para “justificado”, siempre atendiendo a que se trata del resultado del examen último el día de la restauración del reino de Dios, del juicio de comportamientos de cada persona según un código legal concreto, la Ley de Dios.

Así, Lutero interpretó que San Pablo ofrecía ser absuelto el día del juicio si uno siempre había creído en Jesús pese a que las obras de una vida no hubieran justificado la absolución.

Saludos cordiales.

www.eugeniogomezsegura.es
logos@eugeniogomezsegura.es
 
Domingo, 13 de Febrero 2022

(11-02-2022 / 1210)


Escribe Antonio Piñero
 
Muy oportunamente escribe S. Guijarro en su libro “Los cuatro Evangelios” (Sígueme, Salamanca 2021) que las semejanzas entre el Evangelio de Juan y el de Marcos “Resultan más visibles cuando se contemplan en el marco de los diversos libros sobre Jesús compuestos en los inicios del cristianismo” (p. 94). Y añade  que los dos evangelios tienen en común “Una serie de rasgos característicos y numerosos episodios sueltos… junto con importantes discrepancias”.
 
Ciertamente es así. Obligatorio estar de acuerdo: toda persona interesada debe adquirir una sinopsis de los Evangelios, por ejemplo, la de Antonio Vargas Machuca y José Alonso Díaz, publicada por la editorial de la “Universidad Pontificia Comillas”, que es un instrumento indispensable para el estudio de los evangelios pensado no para los técnicos Las diferentes columnas, que corresponden a cada uno de ellos están en español, no en griego. Por tanto la obra está destinada para los “aficionados” al estudio de los Evangelios, pero que no han tenido la oportunidad de aprender la lengua helénica.
 
Y señala también Guijarro que los paralelos más significativos no se dan entre Marcos y Juan, sino entre Marcos y Lucas, lo cual es al menos curioso e interesante. Por último, plantea nuestro autor las tres hipótesis que la “investigación reciente” (he observado repetidas veces en este foro que para él la “investigación” se reduce a la de los investigadores confesionales o criptoconfesionales y no a los independientes), que son las tres que siguen:
 
1. El evangelio de Juan depende de los Sinópticos
 
2. El evangelio de Juan no depende de los Sinópticos, sino que utilizó las mismas fuentes, orales o escritas que estos últimos
 
3. Juan conoció a los Sinópticos en especial a Marcos, pero escribe independientemente de ellos (‘’. 95-96)
 
Adelanto ya una pista de la solución que adoptamos respecto a esta cuestión en el volumen “Los libros del Nuevo Testamento”. Y es que, muy probablemente, tanto la comunidad que está detrás del IV Evangelio y del Evangelio de Lucas, vivían en la misma ciudad, Éfeso (hipótesis de Gonzalo Fontana)… y  ¡Cómo no iban a conocerse…!
 
Seguiremos. Saludos cordiales de Antonio Piñero
Viernes, 11 de Febrero 2022

Notas

5votos

(1209. 09-02-2022)


Coro de insultadores
Escribe Antonio Piñero
 
Una aclaración a propósito del “Coro de insultadores” que rodea hoy día en Twitter, Internet en general, a los autores de libros  y blogueros de cualquier tipo:
 
Ante todo: ¡Tranquilos! No todo el mundo tiene el lujo de estar rodeado de un coro de insultadores. ¡Que hablen mal de uno, pero que hablen! No saben el enorme beneficio que nos hacen. Y… también: “Ladran, luego cabalgamos”!
 
Aunque ya me lo hayáis oído o leído, deseo repetir: a los autores del volumen colectivo editado por mí  los "Libros del Nuevo Testamento" (Trotta) no nos mueve en absoluto un interés económico, ya que hemos renunciado en una grandísima parte a los derechos de autor para que se difunda la obra. Nos mueve ante todo la difusión del libro, ya que creemos que es un caso único sobre todo en lengua castellana.
 
Y no porque los autores seamos más listos –entre los colegas somos normalitos–, sino porque estamos convencidos de que en lengua española, portuguesa, italiana y francesa, al menos, nadie se había atrevido a dar una explicación puramente histórica a todas las secciones de los 27 libros del Nuevo Testamento, y en especial a los Evangelios.
 
Ya somos jubilatas y estamos de vuelta de muchas cosas. Y gozamos de la libertad de no depender de nadie económicamente, sino de nuestra pensión. Eso da mucha libertad para que con respeto y cortesía se comenten los textos de un modo que otros no se atreven, porque aún dependen de un sueldo o por sus convicciones religiosas que en cierto modo los atan en la investigación (¡me criticarán por esto!).
 
Insisto: explicar y comentar con cortesía y respeto. Pura historia. Al menos lo intentamos.
 
Nunca me cansaré de decir y escribir que un comentario y explicación laica al Nuevo Testamento no va contra nadie. Los autores del volumen, y en especial yo que tuve la idea y que cargué con el 81,20 % del trabajo, no somos anticlericales.
 
Me gustaría que los historiadores confesionales tuvieran la amabilidad de refutarnos con argumentos y no con un espeso manto de silencio.
 
De nuevo mi agradecimiento a todos Ustedes, lectores Un abrazo para todos.
Antonio Piñero
 
 
Miércoles, 9 de Febrero 2022

Voy a pasar del 1034 al 1207 que es su verdadera numeración (los dos primeras cifras indican el bloque de postales).
Como curiosidad: hasta ahora he publicado en este medio, contando la de hoy, 2899 postales


Escribe Antonio Piñero
 
Afirma Guijarro (p. 93), en la obra archimencionada por mí, que la cuestión de las semejanzas y diferencias entre los tres primeros evangelios y el de Juan es tan sorprendente que merece un tratamiento especial. ¡También de acuerdo!
 
Comenta que es una explicación que ya se plantearon los primeros cristianos. Y, como naturalmente, no cita lo que afirmé en mi “Guía para entender el Nuevo Testamento” de Trotta 2006, que va, creo por la sexta edición contando la digital, si no me equivoco, me paso a esta obra, y ya seguiré comentando otro día:
 
Escribí en el apartado 4. Finalidad del Cuarto Evangelio
 
¿Por qué repensó Juan y reescribió la tradición sobre Jesús? (Añadiría hoy día: ¡una enmienda a la totalidad a lo escrito por sus antecesores) No es posible saberlo con exactitud. Pero la respuesta debe hallarse en que pensaba que otros escritos evangélicos anteriores no habían presentado de modo adecuado las tradiciones sobre Jesús.
 
Más explícitamente: frente a la imagen de Jesús de Marcos, Mateo y Lucas, el autor del Cuarto Evangelio pretendía probablemente ofrecer una interpretación más completa, profunda y exacta de lo que en su opinión fue realmente el personaje. Como ocurría con Mateo y con Lucas, el autor del EvJn escribe su obra para enmendar conscientemente la plana a sus predecesores.
 
El principio que le mueve es el mismo que propició hasta el momento de la composición del IV Evangelio: la evolución de la cristología. Ello está expresado indirectamente en el evangelio mismo: la verdadera imagen de Jesús sólo se comprende bien tras su muerte.
 
Dice Jesús en 14,26: “Esto es lo que tenía que deciros mientras estaba con vosotros; el abogado que os enviará el Padre en mi nombre, el Espíritu santo, ése os enseñará todo y os irá recordando todo lo que yo os he dicho”. Igualmente en la interpretación de la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén: “Esto no lo comprendieron sus discípulos de momento. Pero cuando Jesús fue glorificado, cayeron en la cuenta de lo que estaba escrito sobre él y qué era lo que habían hecho” (12,16). Finalmente, en 13,7 Jesús dice a Pedro en el lavatorio de los pies: “Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora; lo comprenderás más tarde”.
 
Es claro que sólo gracias a la iluminación del Espíritu  que se otorgará a los discípulos tras la muerte y resurrección del Maestro, se percibirá el verdadero significado de lo que hizo, dijo y representó Jesús. Por tanto, parece que el autor del IV Evangelio afirma con claridad que él ha escrito un evangelio tal como se debe ver a Jesús tras la muerte de éste con la ayuda del Espíritu (el Paráclito que “guía hasta la verdad completa”: JN 16,13) prometido por el Maestro. Con otras palabras: el evangelista puso por escrito lo que él cree que Jesús hizo y dijo en vida, lo que en verdad significó su figura y misión, pero todo visto a través de la fe, fortalecida por el Espíritu Santo. Este modo de entender la finalidad del Cuarto Evangelio fue ya propuesta por Clemente de Alejandría a finales del siglo II d.C.  en un texto conocido al que quizá se ha prestado poca atención. El siguiente:
 
“Juan, el último [de los evangelistas], viendo que en los [otros] evangelios se mostraba [sólo la interpretación] corpórea de Jesús, impulsado por algunos conocidos e inspirado por el Espíritu [Santo], compuso un evangelio espiritual” (citado por Eusebio en su Historia Eclesiástica VI 14,7).
 
Clemente de Alejandría afirmaba que el evangelista Juan no ignoraba lo que había sido escrito sobre Jesús por sus predecesores, sino que no le parecía bien o suficiente. Los demás habían escrito un “evangelio carnal”, es decir, en terminología gnóstica, un evangelio verdadero pero insuficiente, superficial. En el nuevo evangelio el autor presenta este conocimiento especial, “espiritual” (es decir propio de los “movidos por el Espíritu” o verdaderos conocedores), sin preocuparse por refutar expresamente a sus antecesores. Este último hecho es importante e iluminador, ya que una polémica expresa contra los Sinópticos no aparece en el Evangelio. No los considera “falsos”, sino simplemente “corporales” o “carnales”, superficiales.
 
El autor del IV cuarto evangelio indica que su libro sobre Jesús debe suscitar la fe de sus lectores (20,30)… en su imagen de Jesús. Así pues, el Evangelio de Juan está escrito expresamente para defender esta imagen. Y en este sentido el Evangelio de Juan es un escrito polémico, orientado contra los “judíos” que no creen, en especial contra sus dirigentes, contra los discípulos de Juan el Bautis­ta –quienes mantenían que su Maestro era también el mesías (cf. 1,19ss)–, y también contra otros grupos de cristianos (cf. 8,31-32) que no participaban del todo del modo cómo el autor entendía a Jesús (pp. 390-391).
 
Seguiremos con este apasionante asunto.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Lunes, 7 de Febrero 2022
1 2


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.





Tendencias de las Religiones


RSS ATOM RSS comment PODCAST Mobile