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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
“Nuevos enigmas de la Biblia” (III) de Ariel Álvarez Valdés (28-01-2021; 1160)
Foto: Libro
 
Escribe Antonio Piñero
 
Si no me equivoco es esta la octava o novena vez que escribo sobre este ilustre colega, Ariel Álvarez Valdés y sobre sus libros de divulgación bíblica, que me parecen excelentes. Ariel tiene un buen acumen crítico, escribe claro y ordenado y lleva al lector en volandas hasta la conclusión de cada uno de los capitulitos/capítulos de sus libros. Su método de análisis es el usual en la investigación histórica de textos antiguos, intentando aclarar sus lugares difíciles por medio del estudio del contexto histórico, del vocabulario, de la historia de las ideas, del pensamiento global del autor bíblico del que comenta alguna sección o pasaje.
 

Los resultados son buenos, porque creo que en la mayoría de los caso convence al lector de que su opinión interpretativa es la correcta. En la ocasión actual comento la tercera entrega de su serie sobre “Nuevos enigmas de la Biblia”, Editorial PPC, Madrid, 2020, 12x19 cms, 172 páginas. ISBN: 978-84-288-3541-1. Precio 16,50 €.

 

 

En esta entrega el autor propone la resolución de 10 “enigmas” bíblicos, que son los siguientes: 1. “¿Quién es el único personaje bíblico concebido por un ángel?”. 2.  “¿Se casó el rey David con su propia suegra?”. 3. “¿Mató el profeta Eliseo a cuarenta y dos niños?”. 4. “¿Predijo el profeta Isaías el nacimiento de Jesús?”. 5. “¿Anunció Jesús su muerte con una parábola?”. 6. “¿Cómo supo el centurión al pie de la cruz que Jesús era Hijo de Dios?”. 7. “¿Por qué se pelearon san Pablo y Bernabé?”. 8. “¿Condenó san Pablo la homosexualidad?”. 9. “¿Por qué Judas escribió su carta?”. 10. “¿Por qué el autor del Apocalipsis viajó a Patmos?”.

 

 

Siete, pues, de estos temas abordan cuestiones del Nuevo Testamento, por tanto del ámbito en el que trabajo preferentemente. No quiero destripar el libro, pero sí deseo comentar algunas cosas que me han llamado la atención.

 

 

En el texto 4, el pasaje de Isaías 7,14 (“El Señor mismo va a daros una señal: He aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel”), que servirá, por ejemplo, al evangelista Mateo 1,23 para probar que las Escrituras ya habían profetizado el nacimiento virginal de Jesús (“Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: «Dios con nosotros»”) como “enigma” se halla resuelto si se considera el proceso de traducción y reinterpretación del pasaje por parte de los LXX traductores al griego que creyó/creyeron que debían traducirlo así, referido a Jerusalén y a un rey futuro, porque ese era el pensamiento verdadero de Isaías: “donde decía «muchacha» (la mujer del rey Ajaz 2 Reyes 18,2) el traductor escribió «virgen», ya que pensó, al traducir al griego, que el profeta se refería no a la mujer del rey sino a Jerusalén suele identificarse con una virgen en la Escritura Is37,22; Jer 14,17; Lamentaciones 2,13), y en donde se decía en el hebreo «ha concebido» puso un futuro «concebirá». Así el traductor más que traducir hizo una acomodación del texto pasado al futuro.

 

 

El evangelista Mateo, cuya lengua era el griego, se encontró en ella esta traducción del pasaje de Isaías, y le pareció clarísimo que eso explicaba el nacimiento de Jesús de maravilla: Jesús era un héroe especial, como otros héroes del mundo grecorromano, cuyo nacimiento se debía a Dios y solo a Dios. Pero en Jesús en grado excelso.

 

 

Otro caso, muy bien explicado por Ariel, es el de la parábola de los viñadores homicidas de Marcos 12,1-11:

 

 

“Y se puso a hablarles en parábolas: «Un hombre plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores, y se ausentó. Envió un siervo a los labradores a su debido tiempo para recibir de ellos una parte de los frutos de la viña. Ellos le agarraron, le golpearon y le despacharon con las manos vacías. De nuevo les envió a otro siervo; también a éste le descalabraron y le insultaron. Y envió a otro y a éste le mataron; y también a otros muchos, hiriendo a unos, matando a otros.  Todavía le quedaba un hijo querido; les envió a éste, el último, diciendo: “A mi hijo le respetarán”. 7 Pero aquellos labradores dijeron entre sí: “Este es el heredero. Vamos, matémosle, y será nuestra la herencia.” 8 Le agarraron, le mataron y le echaron fuera de la viña. 9 ¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá y dará muerte a los labradores y entregará la viña a otros. 10 ¿No habéis leído esta Escritura: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; 11 fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos?»”.

 

 

Sostiene nuestro autor la misma tesis que diversos comentaristas críticos,  por ejemplo, John P. Meier, quienes estiman que la parábola es auténtica, pero hasta el v. 8 exclusive (“Lo agarraron, lo mataron, y lo echaron fuera de la viña), aunque quizás con una formulación no exactamente igual a la que aparece ahora en Marcos. El resto (“¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá y dará muerte a los labradores y entregará la viña a otros. ¿No habéis leído esta Escritura: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos?»”) NO pertenece a Jesús. ¿Por qué? ¿Por qué/Porque refleja la teología del evangelista o de su grupo cristiano primitivo? Y ¿cómo podemos llegar a esa conclusión? Pues porque para contar al pueblo esta parábola (mejor, “alegoría) Jesús tendría que haber sabido muchas cosas que no es verosímil que supiera.

 

 

¿Y cuáles eran esas cosas? Por ejemplo, que él era “el Hijo de Dios” (hijo único en sentido ya paulino, y una entidad divina, al menos después de la resurrección; que las autoridades romanas lo matarían; que moriría fuera de las murallas de Jerusalén; que después vendrían sus seguidores que acabarían formando con gentiles, no solo con judíos, una religión nueva, el cristianismo; que Jesús sería la “piedra” esencial de esa nueva construcción/religión, etc. Todo este conjunto de argumentos pertenece al modo de razonar de la crítica evangélica desde hace siglos, que concluye que tal como está el final de la parábola (versículos 8-11) no pueden en modo alguno proceder del Jesús histórico.

 

 

Y así podría seguir poniendo ejemplos, pero –como dije– no destriparé el libro.

 

 

Hay otros casos en los que la postura de Ariel quizás pueda discutirse. Señalaré algo. Por ejemplo, en el enigma nº 7 “¿Por qué se pelearon Pablo y  Bernabé?”, opino que Ariel tiene razón al destacar que en el período de la vida de Pablo que narran los Hechos de los apóstoles hay mucha señales de que al principio la figura de Bernabé era mucho más importante que la de Pablo en el conjunto de la comunidad judeocristiana primitiva. Y también tiene razón en poner en duda muchos datos de Hechos porque no resisten la crítica histórica.

 

Un paréntesis: creo que Hechos es una obra mucho más tardía que el 90 que postula Ariel. El análisis del estilo por potentes computadoras, la igualdad, sin embargo, de temática y de frases con el tercer Evangelio, las evidentes contradicciones de Hechos respecto a Lucas, sobre todo en la resurrección y Ascensión de Jesús, hacen que sea probable que Hechos fue compuesto por un discípulo de Lucas que actuando con el “espíritu” del maestro imitó su estilo y parte de sus ideas, añadiendo las propias. Cierro el paréntesis.

 

 

Sigo. Creo que no se profundiza en la razón por la cual Pablo discutió agriamente con Pedro y con Bernabé. Ciertamente no fue por la “fuga” de Marcos que dejó en la estacada a estos dos, como afirma Hch 13,13. Hay otra razón que solo se descubre teniendo en cuenta, como apunta ciertamente Ariel, Gálatas 2,11-14. He aquí el texto:

 

“Mas, cuando vino Cefas a Antioquía, me enfrenté con él cara a cara, porque era digno de reprensión. Pues antes que llegaran algunos del grupo de Santiago, comía en compañía de los gentiles; pero una vez que aquéllos llegaron, se le vio recatarse y separarse por temor de los circuncisos. Y los demás judíos le imitaron en su simulación, hasta el punto de que el mismo Bernabé se vio arrastrado por la simulación de ellos. Pero en cuanto vi que no procedían con rectitud, según la verdad del Evangelio, dije a Cefas en presencia de todos: «Si tú, siendo judío, vives como gentil y no como judío, ¿cómo fuerzas a los gentiles a judaizar?»”.

 

El pasaje exige páginas enteras para desarrollar y explicar bien su complejidad. Opino, sin embargo, que hay una razón básica para la discusión entre Pablo, Pedro y Bernabé: el evangelio de Pablo dirigido a los gentiles (las cartas todas de Pablo, las conservadas, van dirigidas a gentiles, no propiamente a judeocristianos; Pablo adopta retóricamente el punto de vista de los gentiles, aunque él sea un judío convencido y practicante, solo que creyente en Jesús como mesías, y afirma que los gentiles al creer en Jesús no tienen que hacerse judíos. Por tanto, la parte de la ley de Moisés que está dirigida solo al pueblo judío (pureza ritual, pureza de los alimentos y circuncisión) no afecta a quienes NO son judíos, aunque sean creyentes en Jesús.

 

Pablo distingue muy bien entre dos partes de la ley de Moisés: 1. Una eterna y universal, fundamentalmente el Decálogo; 2. Otra especial, y en parte temporal, dirigida solo a los judíos. Lo único que  dice Pablo en sus cartas (desgraciadamente sin especificar –utilizando solo la palabra “ley”, sin más–, ya que sus corresponsales lo entendían perfectamente, es que esa parte de la Ley no les obligaba.

 

Cuando desde S. Agustín y Lutero sobre todo se dice sin precisar que Pablo “negó la validez salvadora de la ley de Moisés”, sin concretar más, se está diciendo un auténtico disparate. La parte esencial de la Ley es el Decálogo y la Shemá (la confesión de que el Dios de Israel es el único Dios)… Siendo esto así, ¿le cabe a alguien en la cabeza que Pablo hubiera dicho que la “Ley” (insisto que contiene el Decálogo y la Shemá) ya no tiene función salvadora? Pues aunque parezca una increíble imprecisión se ha dicho siempre que Pablo  y el cristianismo negaron toda validez a la ley de Moisés. Disparate mayúsculo, repito. Lo que Pablo  negó fue que la observancia de la parte de la ley de Moisés que afectaba solo a los judíos (alimentos, pureza y circuncisión) NO era precisa para los gentiles creyentes en Jesús como mesías, ya que por creer en Jesús no se habían hecho judíos. Como ramas de oleastro se habían injertado en Israel (el único que se salva, según Pablo), pero no se habían hecho judíos. Así se cumplía la promesa de Dios a Abrahán de que sería “padre de numerosos pueblos” (Génesis 17,4; no solo del pueblo judío) Y si alguien tiene alguna duda que lea 1 Corintios 7, 17-19:

 

“En todo caso, a cada uno como le asignó el Señor; cada cual viva del modo como le ha llamado Dios. Y así lo ordeno en todas las iglesias. 18 ¿Fue llamado uno siendo circunciso? No rehaga su prepucio. ¿Fue llamado uno siendo incircunciso? No se circuncide. 19 La circuncisión es nada, y nada la incircuncisión; lo que importa es el cumplimiento de los mandamientos de Dios. 20 Permanezca cada uno en la llamada en la que fue llamado por Dios”.

 

Ahora bien, hay que reconocer que a los judíos normales no creyentes en Jesús como mesías, les daba cien patadas en el estómago que viniera Pablo a decirles que un gentil, con tal de que creyera en Jesús y cumpliera la ley del amor o del Mesías, se iba a salvar con iguales derechos que ellos, el pueblo elegido que además tenía que cumplir 613 preceptos. ¡No había derecho! Israel perdía, con la doctrina de Pablo todas sus ventajas en la salvación. Jamás persiguieron los judíos a Pablo porque hubiera pensado que el mesías una vez resucitado fuera divino de algún modo, y nunca pensaron que Pablo estaba poniendo en duda el más estricto monoteísmo. Eso, acerca de un mesías semidivino tras su muerte, lo pensaban muchos judíos piadosos de la época, sino porque con la doctrina de Pablo Israel perdía todas sus ventajas en cuanto a la salvación.

 

Por tanto, la disputa de Pablo / Pedro y Bernabé era muy seria: “Pablo afea a Pedro el cambio de actitud: primero le había dado la razón en la reunión de Jerusalén --los gentiles convertidos a la fe en el Mesías se salvarán incluso sin cumplir la ley de Moisés completa--, pero luego se la quitó con su actitud en Antioquía: la salvación de los gentiles sería de segundo grado, puesto que eran impuros. Como la actitud de Pedro suponía aceptar que los rigoristas tenían razón, todo el concepto del evangelio de Pablo --en su importante idea acerca del cumplimiento de la Promesa a Abrahán con la incorporación de gentiles a Israel sin circuncidarse, en cuanto gentiles etc.-- se venía abajo. Por eso se enfadó tanto Pablo con Pedro y con Bernabé” (véase aquí  mi obra “Guía para entender a Pablo”, Trotta, Madrid 2ª edición de 2018, p. 157)

 

Y un par de cosas más para valorar el libro de Ariel Álvarez Valdés: sobre el enigma nº 8 (8. “¿Condenó san Pablo la homosexualidad?”) habría que discutir bastante, pero lo dejo para otra ocasión. Solo decir que aquí la aportación de Ariel es muy importante y que puede servir, y mucho, para una discusión acerca de cómo conviene precisar el tema de si Pablo condenó la homosexualidad tal como se entiende hoy.

 

Me temo, sin embargo, que a pesar de las precisiones del libro se olvida el autor que ante todo y por encima de todo Pablo es un judío, y un judío cabal y diría que “fanático” en el buen sentido, y que si hoy levantara la cabeza, no creo que aceptara los argumentos de Ariel, porque aplicaría sus principios judíos clarísimos hasta hoy día sobre la sexualidad (siempre dentro del matrimonio y como fin primario la procreación) y no abonaría en absoluto las tesis del libro que estamos comentando.

 

 

Y, por último, lanzo una mera hipótesis a propósito del “enigma” nº 9: “¿Por qué Judas escribió su carta?”. La carta de Judas es mucho más tardía que lo que supone Ariel. Está escrita ciertamente por un judeocristiano que se sabe de memoria su Biblia y que sabe escoger ejemplos estupendos de la Biblia hebrea para atacar a los “herejes”.

 

Pues bien, propongo como hipótesis de trabajo que el autor de Judas, para describir a los “falsos maestros” de dentro y de fuera de la comunidad que combaten  “la fe que ha sido transmitida a los santos de una vez para siempre” (concepción típicamente lucana y tardía en el cristianismo primitivo: la fe ha caído del cielo con la revelación de Jesús formada ya perfectamente y sin mancha; solo los herejes, libertinos, que se dejan llevar de la avaricia y sus pasiones corrompen la fe recibida) utiliza la descripción paulina de los “pneumáticos” o espirituales de 1 Corintios, y de los falsos maestros que se recomiendan a sí mismos de 2 Corintios 10. El autor de Judas, pues, se inspira no solo en la Biblia hebrea en su furibundos ataques, sino en lo que encuentra en 1 2 Corintios cuando Pablo se defiende también de sus adversarios. La carta de Judas debe situarse, pues, a finales del siglo I.

 

 

Resumo: merece la pena leer y pensar en esta tercera entrega de “Enigmas” de la Biblia del filólogo/ teólogo argentino Álvarez Valdés. La divulgación de Ariel tiene detrás de sí muchísimas horas de estudio técnico y profundo de la Biblia hebrea y del Nuevo Testamento en particular. Es pues una “divulgación/investigación” porque “divulgar” es simplemente ofrecer al gran público las ideas del pensar medio de la investigación, pero aquí hay mucho más que mera divulgación: hay reflexión propia sobre los textos bíblicos, lo cual no es divulgación solo, sino investigación.

 

 

Saludos cordiales de Antonio Piñero

http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html

 

Mi intervención en RNE “Espacio en blanco”, con Miguel Blanco, sábado a domingo 23/24 enero 2021

https://www.rtve.es/alacarta/audios/espacio-en-blanco/zombies-convento-24-01-21/5770673/
A partir del minuto 12.45
 
 
 
Jueves, 28 de Enero 2021

El culto al emperador no comenzó humildemente, sino que, en su mismo arranque, apuntó a las más altas cimas de gloria. Con ese principio, fácil es entender que acabara siendo una arraigada costumbre religiosa de las gentes del Imperio.
Hoy escribe Eugenio Gómez Segura.


045. Del culto a los difuntos al culto a los santos (2).
Moneda acuñada por Augusto que muestra el templo que se dedicó a César (su padre adoptivo) como divino tras su muerte (tomada de aquí)

La religión del Imperio Romano ha de considerarse un factor importante en la evolución de la religión cristiana. El simple hecho de constituir precisamente la población que comenzó a creer en un Jesús de Nazaret divinizado y que, a la postre, fue convertida en su totalidad al cristianismo, basta para entender este dato.

Una de las costumbres religiosas más importantes de aquella época imperial romana (tomada desde Julio César) fue adorar a la persona del emperador como casi divina en vida y divina a su muerte. Los restos que de ella tenemos son múltiples y abrumadores, quizá en un sentido restringidos a las muestras más elitistas del arte figurativo (estatuas, arquitectura, etc.) sí; y también, gracias a textos y hallazgos arqueológicos menores, confirmada para la religión más llana, más cercana al día a día de los habitantes del Mediterráneo romano.

La llegada a Roma ciudad de esta costumbre que ya había causado sensación en Oriente (sólo hay que recordar las ideas de Alejandro Magno al respecto y el legado que éstas dejaron) puede estudiarse bastante bien con los datos que el historiador Suetonio nos proporciona sobre la persona de Julio César (vida de César, 76):
 
Sin embargo, predominan sobre estos otros actos y dichos suyos, que hacen pensar que abuso del poder y que fue asesinado con razón. En efecto, no solo acepto honores excesivos, como varios consulados seguidos, la dictadura y la prefectura de las costumbres a perpetuidad, además del prenombre de Imperator, el sobrenombre de Padre de la Patria, una estatua entre los reyes y un estrado en la orquesta, sino que permitió también que se le otorgaran por decreto otras distinciones que sobrepasan incluso la condición humana: un trono de oro en la curia y en su tribunal, un carro y unas andas en la procesión del circo, templos, altares, estatuas junto a los dioses, un lecho sagrado, un flamen, unos nuevos lupercos, el que un mes se designara con su nombre; y no hubo cargo público que no recibiera u otorgara a su capricho (Trad. de R. Acudo Cubas).
 
El escenario ofrecido por Suetonio resulta de lo más clarificador: a César se le atribuyeron (o logró que se le atribuyeran) cultos propios de los dioses. César sobrepasó los límites de la política romana al llamarse Padre de la Patria (eran o bien Eneas o Rómulo), Imperator (cargo excepcional), una similitud con los reyes (cargo desterrado de Roma en el 499 a. C.). Quizá esto hubiera sido asumido más o menos (con muchas reticencias desde luego por la personalización del poder y el desprestigio de los senadores como clase política). Pero ser considerado por encima de los límites de la condición humana es sumamente interesante: trono de oro (como cualquier divinidad del Olimpo, al estilo de la escultura de Zeus en Olimpia); carro y andas en la procesión (tal como eran paseadas las estatuas de los dioses romanos en los días principales), templos, un flamen (sacerdocio adscrito a una divinidad), lupercos (miembros de dos colegios sacerdotales así llamados por las fiestas Lupercales; César creó un tercer colegio y lo denominó Lupercos de César); y según una costumbre antiquísima de Roma y muchos pueblos un mes recibió su nombre como otros meses recibían un nombre divino o asociado a una divinidad.

Hay que insistir en que la adoración a César no sólo es un registro de la vida política, una parte quizá demasiado institucionalizada del total de Roma; es también una costumbre que trascendió lo político y se convirtió en popular.

También Suetonio muestra cómo, a sus ojos, el exceso podía extenderse o controlarse. De esto último, Tiberio (Vida de Tiberio, 26):
 
Prohibió que se le decretaran templos, flámines y sacerdotes, e incluso que se le erigieran estatuas y bustos sin su permiso, que, por otra parte, solo concedió a condición de que no los colocaran entre las imágenes de los dioses, sino entre los adornos de los templos. Se opuso también a que se le prestara el juramento de ratificar sus actos y a que el mes de septiembre recibiera el nombre de Tiberio… (Trad. de R. Acudo Cubas).

Estas costumbres fueron ratificadas con el tiempo con la confirmación de apoteosis, la subida de los emperadores y sus esposas al Olimpo. Pero el paso ya estaba dado: un mortal puede ser divino en vida y tendrá premio tras su muerte al hallarse junto a los dioses. Los réditos políticos y sociales de la costumbre no tardaron en manifestarse: Marco Antonio ya se había representado en Oriente como Dioniso; Calígula incluso se declaró dios en vida; Claudio se representó como Zeus ; Nerón se hizo conmemorar con una colosal estatua semejando a Helios-Sol…
 
Saludos cordiales.
 
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Lunes, 25 de Enero 2021
“Elija Usted su Jesús mítico” (21-01-2021) (1159)
Escribe Antonio Piñero
 
Foto: Un Jesús mítico (tomada de catxipanda.tothistoria.cat)
 
Hasta ahora, en mi diálogo con R. Carrier (su propuesta está explicada de un modo claro en la postal nº 1156 del 7-01-2021), he discutido y argumentado como muy probable, o probabilísimo lo siguiente:
 
· Que del Talmud no podemos sacar ningún dato fiable sobre Jesús de Nazaret. Que los cristianos del Oriente se equivocaran sobre la fecha de existencia de Jesús no es prueba alguna de su no existencia: porque los disparates en fechas en historia antigua son el pan nuestro de cada día, y de ello no podemos deducir la inexistencia de personajes o incluso de grupos. Recuerden que las Pseudo Clementinas, cuya base es del siglo III, escribe que la secta de los saduceos nació en época de Juan Bautista!!! (Menudo disparate, pero de eso no deduzco que los fariseos son un mito literario): “Postales”  1151 y 1153 (10-12-2020 y 17-12-2020)
 
· Que los cristianos dibujaron en los evangelios un Jesús con aspiraciones reales al trono de David en Israel. Por ello, la hipótesis que esos mismos cristianos primitivos, una vez creado mentalmente por alguien, o por algunos, utilizaran el nombre de Jesús de Nazaret, al igual que podrían haberlo llamado teóricamente Ben Pantera, para “historizar” a Jesús –es decir, que cualquier personaje le bastaba para “historizar” los mitos que estaban creando– es una hipótesis totalmente implausible.
 
Me explico: quiero decir, que explicar el origen de los evangelio y del cristianismo en general como el intento de dar una pátina artificial de historia a un mito, a una creación puramente teológica (a saber un Jesús que desciende del espacio exterior para cumplir el encargo de su padre y morir en la cruz, o empalado, da igual, de modo que esa muerte sea un sacrificio que  borra los pecados del mundo) es totalmente inverosímil: Postal nº 1154 (24-12-2020)
 
· Que Pedro no fue el inventor del mito cristiano, sino en todo caso, Pablo. Lo pruebo por medio de un análisis del Nuevo Testamento: Postales  1155 y 1157 (31-12-2020 y 8-01-2121)
 
· Que no hay una cristología angélica consistente en los Evangelios: luego no hubo un invento de Jesús como un ángel: Postales 1147 y 1148  (12-11-2020 y 17-12-2020) más, la postal sin número del 5-11-2020 titulada: “La llamada cristología angélica. ¿Pensaban los cristianos que Jesús no era un hombre, sino un ángel?”. Por tanto la idea de que “todos os cristianos” creían que Jesús era en realidad un ángel venido del cielo no puede probarse.
 
· Que la teología de la epístola a los Hebreos no puede aplicarse a todos los cristianos: Postal nº 1158 (14-01-2020). No puede decirse que “los cristianos primitivos pensaban como el autor de Hebreos que Jesús vivía en el templo celestial donde fungía como sumo sacerdote y que luego se creó el mito de un personaje real de carne y hueso.
 
A esto he añadido unas consideraciones extratextuales:
 
A) A ningún judío después de la derrota ante Roma en la Guerra del 66-70, momento en el que los judíos eran profundamente odiados en todo el Imperio se le podía ocurrir (repito a ¡un judío!) inventar el mito de un judío crucificado en la cruz como sedicioso contra Roma como el salvador nada menos no solo de los judíos, sino del mundo entero. Tal invento es absolutamente inverosímil en el momento histórico en el que se produce: postal nº  1155 del 31-12-2020
 
B) Ningún judío del siglo I se haría seguidor de un Jesús mítico y extraño, porque todos los judíos desde pequeños habían mamado la idea de que el mesías tenía que ser un hombre, de carne y hueso y sucesor de algún modo de David: Postal nº  1155 del 31-12-2020. Hay que tener en cuenta que el cristianismo nace entre judíos muy religiosos.
 
C) Ningún judío en sus discusiones contra los cristianos, hacia los años 70 / 80 (cuando todavía podía estar con vida alguien que hubiera visto a Jesús de Nazaret en persona, se le ocurrió decir que toda discusión teológica acerca de ese Jesús no valía la pena, porque “ese Jesús nunca había existido”. Jamás, nunca jamás los judíos utilizaron ese argumento fácil e imposible de rechazar: “Vuestro Jesús no existió jamás”. Si lo hubieran pensado y hubiese sido verdad, lo habrían utilizado: Postal nº  1155 del 31-12-2020.
 
Una vez que esto queda claro, juzguen Ustedes las afirmaciones de R. Carrier, en su capítulo 1 de su obra “Jesus from the Outer Space”, en su capítulo 1, “¿De qué Jesús estamos hablando exactamente?”, de las pp. 18 a la 34:
 
· El Evangelio de Marcos se compuso al final de la década de los 70, sabiendo lo sucedido respecto a Jerusalén y el Templo, ya que tomó noticias de esa destrucción del templo de Jerusalén a partir de la historia de Jesús ben Ananías, de Flavio Josefo (“La guerra de los judíos”, obra compuesta el año 76).  P. 18. 
 
Sostengo: Probablemente el Evangelio de Marcos se compuso antes del 76. No necesitaba inspirarse en Josefo.
 
· “El Evangelio de Marcos se llama así no porque lo compusiera Marcos, sino porque Marcos es su fuente”… (p. 19)
 
Habría que precisar: ciertamente no sabemos quién es ese Marcos. Pero Papías señala que Marcos era discípulo de Pedro (obra “Explicación de las palabras del Señor” de Papías, perdida, pero citada por Eusebio de Cesarea Historia Eclesiástica III 39,14-16). Es decir, entre Pedro y el tal Marcos se inventaron todas las historias y dichos de Jesús, a partir de visiones y revelaciones de Pedro. Como hipótesis parece totalmente inverosímil.
 
·  “No hay fuentes sobre Jesús independientes del Evangelio de Marcos (p. 22) en cualquier obra compuesta después de este Evangelio”.
 
Opino que esta afirmación es sencillamente errónea, ya que hay muchísimo material en Mateo y Lucas, Evangelio de Tomás, al menos, que no proceden de Marcos. Hay noticias en el Evangelio de Juan que tampoco son marcanas e incluso que contradicen a Marcos.
 
· “De la predicación y enseñanzas de Jesús se dice explícitamente en nuestras fuentes antiguas que su origen está en visiones  e interpretaciones de las Escrituras; no que provengan de un rabino itinerante que hubiese conocido alguien en persona” (p. 24)
 
Opino que esta frase es imprecisa, exagerada y sencillamente no extraíble tal cual de nuestras fuentes. Opino de nuevo que Carrier no hace exégesis de las fuentes sino “eiségesis”, que significa introducir en las fuentes significados que estas no tienen en absoluto.
 
· “Antes de que el Evangelio de Marcos se publicara después de la gran guerra de los judíos contra Roma, ningún texto cristiano dice siquiera que Jesús fue crucificado en la tierra” (p. 24). Un poco antes sostiene Carrier que nadie impide que los primeros cristianos creyeran que la crucifixión en el Gólgota era una mera “historización” de una “crucifixión ocurrida en el cielo (y vista en visiones por Pedro).
 
Explico: como, según “Marcos”, la crucifixión es un hecho meramente simbólico (todo el Evangelio de Marcos es un símbolo o una parábola extendida” según Carrier), ese mismo Marcos la describió en la tierra para que sus lectores cristianos, o no cristiano,  pudieron creer que la “crucifixión” sucedió de verdad, aunque en  realidad lo que pudo haber sucedido fue una visión de Pedro de lo ocurrido en el ámbito de lo supranatural, fuera de la tierra, “una crucifixión llevada a cabo por demonios”.
 
Carrier afirma (el lector saca al menos la impresión de que es así) que textos anteriores a Marcos son Pablo, Hebreos, 1 Clemente, 1 Pedro, Santiago y Judas.
 
En mi opinión, repito, todas estas propuestas –aún sin probar en el capítulo primero– son meras hipótesis implausibles.
 
Y desde luego, si he entendido bien este capítulo primero, de presentación, Carrier está mezclando Carrier “churras con merinas”, ya que sostener (según parece; de lo contrario que lo hubiera redactado más claro) que 1 Clemente, 1 Pedro, y las epístolas de Santiago y de Judas son anteriores cronológicamente a la composición del Evangelio de Marcos, y que por eso no hablan de la crucifixión de Jesús (¡aún no se había inventado este mito!) es totalmente erróneo desde el punto de vista crítico e histórico-literario. Esos escritos son posteriores al Evangelio de Marcos y no hablan de la crucifixión porque todos los cristianos la conocían. No era necesario narrarla de nuevo, sino extraer las consecuencias teológicas. Esos escritos dan, pues, por supuesto, que sus lectores conocen las historias evangélicas sobre Jesús, que ellos no tienen necesidad de repetir.
 
· Afirma Carrier además que Marcos jamás pretendió escribir historia, sino en todo caso (algo que se ve mucho mejor en sus sucesores, Mateo, Lucas y Juan) un intento de presentar un personaje simbólico en una suerte de narración, que en realidad no es más que una parábola amplia. Solo décadas después de Marcos, en los evangelios de Mateo, Lucas y Juan, sus autores pretenden conscientemente afirmar que están escribiendo historia. Así que para Carrier lo que hubo en realidad fue un mito construido por Marcos en forma de parábola (pretendidamente así ¡una parábola!, no un relato histórico, ni nada  que pretendiese conscientemente aparentar que era histórico.
 
Y como la Iglesia iba evolucionando y convirtiéndose en una entidad social, surgió la pretensión de los jefes de las comunidades de ser sucesores de los apóstoles. Esa pretensión llevó a la fabricación de “historias”, que en  realidad eran inventadas. “Como Jesús solo era conocido por visiones y códigos secretos de la biblia, cualquiera podía postular para sí la autoridad apostólica. Detener y erradicar tales pretensiones exigía fabricar la leyenda de un Jesús real y terreno” (pp. 29-30).
 
Opino: que Marcos solo pretendiera dibujar un personaje simbólico y no historia, es decir una parábola continuada durante 16 capítulos me parece imposible de probar. Es más opino que es descabellado, porque a nadie se le ocurriría pintar a un héroe que es la teóricamente la perfección en persona, el mesías, rey de Israel, hijo de Dios por excelencia, un héroe que, sin embargo, se hace bautizar para el perdón de sus pecados; un héroe ignorante, que no sabe cuándo va a venir el fin del mundo (Mc 13,32), que tenía poca perspicacia y escogió entre sus íntimos a uno que tenía ya tendencias traicioneras (Judas), que pintó igualmente a ese héroe tan estúpidamente que sus discípulos no lo entendían (Mc 9,32), que fue asesinado por los romanos por sedicioso, lo mismos romanos que controlaban la sociedad completa donde tenía que aparecer ese sedicioso como salvador… ¡Menuda parábola más torpe!
 
Todavía tendría para seguir comentando el material de este primer capítulo de un libro cuyo fin es que el lector se sienta atraído por lo bien fundado de las hipótesis, y por la racionalidad de las propuestas del autor. Supongo que Carrier escribió este capítulo de modo que ningún lector sienta la tentación de tirar el libro, o que se le caiga de las manos…,  porque a poco que se conozca la historia de Israel del siglo I y el modo de pensar de los judíos esas hipótesis propuestas en este capítulo  son más que implausibles.
           
De todos modos tendré que seguir, porque prometí a Carrier que comentaría su libro. Pero pienso: ¿hasta cuándo me van a aguantar mis propios lectores cuando les hago ver que el libro que comento no hay por dónde cogerlo al menos desde el punto de vista de la investigación media independiente, no confesional, una investigación del cristianismo primitivo en marcha desde hace por lo menos 250 años?
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Nota: les dejo los enlaces a una entrevista hecha por radio en un programa de “arte y espirutalidad”:

https://open.spotify.com/show/5WKTXrDjKQbWyQ89oZ6PCE
 
https://www.youtube.com/watch?v=WMRWtaBpPZ8
 
Jueves, 21 de Enero 2021

Tras revisar algunos de los puntos esenciales del origen de la veneración a las reliquias, pasamos a estudiar por qué se recondujo esa corriente hacia el fervor por los santos cristianos y, en consecuencia, por sus reliquias.
Hoy escribe Eugenio Gómez Segura.


044. Del culto a los difuntos al culto a los santos (1).
Base de la columna de Antonino Pío con la apoteosis del emperador y su mujer Faustina. Tomado de Wikipedia.

Para comenzar a tratar el tema de la secular veneración cristiana por los santos de la Iglesia, quizá sea interesante fijarse en algunas características que, unidas a los comentarios de las últimas entregas, basarán una correcta comprensión de los hechos.

La creencia en una relación especial entre los difuntos y las divinidades conoció una variante de sumo interés en el caso de los emperadores romanos. No todos, por supuesto, ya que algunos reinaron poco o lo hicieron demasiado cruelmente. El caso es que la costumbre de reverenciar al emperador muerto, e incluso considerar que había ascendido al Olimpo, hunde sus raíces en la más tradicional religión de la Roma Republicana.

Los datos que los antiguos romanos de los siglos III-I antes de nuestra era recopilaron son para nosotros de inmenso valor. Entre ellos destaca, para nuestro actual tema, el concepto que tuvieron de genius. El genius era en principio una fuerza intermedia entre humanos y divinidades que, asociada a la tendencia natural a procrear (genius-genética) debía proteger la continuidad vital de la estirpe de cada varón. Se trataba de un ser que amparaba el impulso por dejar descendencia y al propio varón, de manera que era su salvaguarda para cumplir con la fuerza de la estirpe.. Además, era individual, pues cada varón tendría a su lado a un genius. Las mujeres, por el contrario, disfrutaban en común del amparo que les proporcionaba la diosa Juno.

Este genius aparece en la mitología y el arte romanos de muchas maneras. Está asociado a la felicidad de la casa, felicitas que tenía un sentido mucho más cercano a nuestro español “estar de buen año” (es decir, tener prosperidad evidente) que a la idea de vivir en un estado de permanente alegría. La alegría sería la consecuencia de la felicidad, no la felicidad misma. El genius, por tanto, funcionaba como un favorecedor de las familias formadas por cada varón. Es esa función aparece en varios frescos de Pompeya y Herculano en los que se muestra a dicho genius como una serpiente que, enroscada en el altar que venera la familia, hace crecer la hierba que simbolizaba la prosperidad de la economía agrícola.

En cuanto al caso de los emperadores, este culto se desarrolló en varias facetas:
Por una parte, se veneraba en vida el genius del emperador para que protegiera a éste y le permitiera gobernar a su pueblo de la mejor manera posible. En algunas ocasiones la imagen del genius del emperador aparecía en monedas asociada a la leyenda FELICITAS.
Además, ese genius podía asociarse también a figuras divinas concretas, caso de algunas monedas que representan el genius como un joven desnudo observando la cabeza del dios Serapis, divinidad asociada a los difuntos y a la productividad de los campos. Esta moneda de Licinio es un ejemplo.
 
En otros casos, sin embargo, la imagen se prefirió una más potente: para conmemorar el buen reinado de Antonio Pío se dedicó un obelisco cuya base mostraba a éste y a su esposa Faustina ascendiendo hacia el Olimpo sobre la espalda del genius del emperador. Desde allí, y acompañando a los dioses sempiternos, el difunto mandatario podría seguir interviniendo en favor de su pueblo.
 
Para terminar, un enlace con la entrevista que, sobre los orígenes de la veneración a María, me hizo Gabriel Andrade:
https://www.youtube.com/watch?v=eEod-WZ8iWE
 
Saludos cordiales.
 

 
Domingo, 17 de Enero 2021
¿De qué Jesús estamos hablando? III. La hipótesis de Carrier del origen mítico de la creencia en un Jesús realmente vivo no es en absoluto plausible (14-01-2021) (1158)
 
Escribe Antonio Piñero
 
Foto de un manuscrito de la Carta a los Hebreos tomado de https://www.bitchute.com/video/Ero27rh1Kxdz/
 
 
Sigue mi respuesta a R. Carrier a propósito de su hipótesis del origen de Jesús de Nazaret y del surgimiento del cristianismo que expuse en la postal número 1156 = ¿De qué Jesús estamos hablando exactamente? La propuesta de Carrier sobre el nacimiento del mito “Jesús” (7-01-2021) (1156).
 
Mi ulterior respuesta es:
 
 
Pablo no se inventa la figura humana, histórica, comprobable de Jesús.
 
 
1. Pablo menciona en Rm 1,3 que Jesús en cuanto hombre es un descendiente de David. Así que lo considera un ser humano y solo pasa a otra  dimensión tras su muerte y resurrección. La exégesis de 2 Cor 5,15-16 (Y murió por todos, para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. Así que, en adelante, ya no conocemos a nadie según la carne. Y si conocimos a Cristo según la carne, ya no le conocemos así”), indica con relativa claridad que él ya no considera a los humanos corrientes en cuanto hombres corrientes, sino en su aspecto particular de ser salvados por el sacrificio de Cristo. Igualmente –se deduce– ya no considera Jesús en su perspectiva de hombre corriente sino en la perspectiva espiritual de salvador, por tanto no “en la carne” antes de morir, sin “en espíritu” (después de morir y tras haber ejecutado el sacrifico salvador). Esta exégesis tiene mucho más sentido que no el desvincular el v. 16 del 15 y afirmar que Pablo no conoció a Jesús físicamente.
 
 
2. Pablo conoce ciertamente la tradición existente de dichos de Jesús, aunque  apenas los cite directamente; sólo dos veces, en 1 Cor 7,10-11 = Mt 5,32 + 19,4-6, y 1 Cor 9,14 = Lc 10,7, aunque según Dunn las alusiones indirectas a palabras de Jesús en el Pablo  auténtico pasan de cien. Por tanto Pablo sabe perfectamente que sus cristianos  conocen a Jesús como un hombre real. La hipótesis, entonces de que los judeocristianos anteriores a Pablo se están inventando a un Jesús mítico y construyendo un conjunto de dichos y hechos suyos a partir de la pura imaginación de unos cuantos fanáticos no es una hipótesis plausible. Esos fanáticos iluminados  –según Carrier– tendrían que ser varias personas y ser conscientes de que están inventando de la nada no solo una figura de un carpintero y a la vez un entendido en cuestiones de la ley de Moisés, sino también un buen montón de dichos y hechos suyos. Repito: ¡Muy implausible! Y supone que Pablo es absolutamente consciente ya desde el principio, cuando visita a Pedro y a Santiago en Jerusalén unos cinco o seis años después de la muerte de Jesús  que está edificando su edificio teológico, que se basa en la muerte de un ser humano real sobre un puro mito literario.
 
3. Según la tradición más difícil, extraordinariamente difícil porque va contra todo el resto de relatos del descenso de la cruz y el entierro de Jesús –y por tanto probablemente la más genuina–, la de Hechos 13,27-29, se presenta a un Pablo diciendo que no fue José de Arimatea el que bajó a Jesús de la cruz, sino los esbirros de las autoridades judías. Supone además que tales autoridades no pudieron poner a Jesús en un sepulcro honorable (¿y qué hicieron con los otros dos ejecutados?), ya que por hipótesis del texto mismo ellos eran acérrimos enemigos de Jesús. Por tanto, según Hechos, lo debieron de enterrar en una fosa común, no honrosamente (la famosa discusión del vocablo empleado por el autor de Hechos mnemeíon, que en griego normal significa “sepultura honorable” esun puro embellecimiento del autor.  Pero es claro que los enemigos a muerte de Jesús no le iban a dar una sepultura honrosa).
 
Así que, sea cual fuere la sepultura real, Pablo conoce a Jesús como un hombre crucificado realmente, cuyo cadáver fue bajado por las autoridades judías de la cruz (probablemente para que no se impurificara la ciudad durante la Pascua) y sepultado.
 
4. La tradición sobre Pedro en Hechos –aparte de que su discurso fuese después, Pentecostés,  de un acontecimiento visionario respecto a su resurrección– como un hombre. Pedro da testimonio ante todo en su discurso de un ser humano: “Jesús, el Nazoreo, hombre acreditado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo por su medio entre vosotros, como vosotros mismos sabéis”.
 
5. La tradición cronológicamente más antigua, la del evangelio Marcos, sobre el bautismo de Jesús (Mc 1,8-11) pinta a Jesús como un hombre corriente, que solo en el bautismo es ungido como mesías, y ¡por adopción! Jesús es luego presentado por el mismo evangelista como un hombre calificado por su familia de “loco”, “fuera de sí” (Mc 3,20), un hombre con madre, hermanos y hermanas… (Mc 6,3). Parece imposible este hecho con el nacimiento del cristianismo según Carrier, a saber que hubiera nacido exclusivamente de las visiones de un Pedro que concibe a Jesús como el oponente de Satanás en el cielo y cuya batalla se desarrolla toda en el cielo antes de venir a este mundo. ¡No encaja nada bien lo que dicen los textos!
 
6. Toda la teología de Pablo citada en los textos arriba transcritos habla solo de la reinterpretación de Pablo no de la vida terrenal del mesías, que le importaba un comino, sino solo de su muerte (y su consiguiente resurrección), pero sobre todo de su muerte.
 
 
7. En mi opinión Carrier interpreta mal el pasaje de Romanos 16,25-26, “el evangelio y la predicación de Jesucristo” solo recientemente estuvieron a disposición de todos, y que todo ello constituía “la revelación de un Misterio mantenido en secreto durante siglos eternos, pero manifestado al presente, por la Escrituras que lo predicen, por disposición del Dios eterno, dado a conocer a todos los gentiles para obediencia de la fe”, que debe leerse a la luz del capítulo 11 de la misma Epístola: el “misterio” recóndito es que la salvación en igualdad de condiciones no estaba reservada, como se creía universalmente por el judaísmo del momento, solo a los judíos, sino a todos los gentiles. Eso era l verdadera revolución y el verdadero misterio, no descubierto hasta la llegada de la era mesiánica.
 
 
Sobre la Epístola a los Hebreos y el judeocristianismo
 
1. De ningún modo puede aplicarse al cristianismo más primitivo, y menos aún a todos los cristianos la teología de la Epístola a los Hebreos (absolutamente peculiar, idiosincrásica) que dibuja a un Jesús preexistente que vivía en el Templo celestial donde oficiaba como sumo Sacerdote. La teología de Hebreos no se refiere a la vida de Jesús en ningún templo celeste, sino solo al sacrificio de la cruz interpretado teológicamente. Ese sacrificio querido por Dios se transforma en  el único sacrificio válido y único en el tiempo e irrepetible, que borra los pecados de todo el mundo, en un solo acto, –insisto, no repetible como los sacrificios del Templo, que son repetibles, en especial como el “sacrificio” del chivo expiatorio del día de Yom Kippur que “borraba” ante Dios los pecados todos del pueblo de Israel durante el año ya transcurrido.
 
2. El judeocristianismo del siglo III, como testimonia la base antigua de la literatura pseudoclementina, señala que el judeocristianismo primitivo –que duró siglos– mantenía que su religión era la judía y que no se diferenciaba en nada del judaísmo salvo en la creencia de Jesús era el mesías… Dice Pedro en los Reconocimientos I 43,2 de la novela clementina: “En esto solamente (en que Jesús es el Mesías) estriba la diferencia entre nosotros los que hemos creído en Jesús frente a los incrédulos judíos Es esta una buena formulación de cómo eran en verdad las creencias de los primeros seguidores de Jesús: seguían siendo piadosos judíos (frecuentaban el Templo: Hch 2,46); se diferenciaban solo en la creencia de que el mesías había venido ya (se vuelve a decir también en Reconocimientos I 50,5).
 
 
En síntesis: por lo argumentado en esta postal y en la anterior no creo que esté justificada la siguiente afirmación de Carrier: “Pablo, pues, no nombra a ningún testigo que presenciara el contenido de lo que cree. Solo hay dos medios de saberlo: las revelaciones particulares o el escrutinio de las Escrituras para descubrir sus mensajes secretos”. A mi parecer, pues, este aserto es erróneo. Por ello, por lo dicho además de Pedro y de la teología de Hebreos, opino que no es plausible, mucho menos, la teoría carreriana de todos los cristianos primitivos creían solo en un mito fundacional abstrayendo basado en un Jesús de Nazaret construido literaria y teológicamente, pero que jamás existió.
 
Si él se basa en los textos del Nuevo Testamento para construir su hipótesis ha de basarse en todos los datos, no en unos cuantos.
 
 
Y ahora, para finalizar  deseo recordarles que la “Cátedra Exclusiva con la Escuela de Alexandria”, será hoy a las 19:00 hora de España, y que el tema será “Jesús de Nazaret según los textos gnósticos”
 
Si gustan participar, les transmito el contacto de uno de los coordinadores en WhatsApp:
 
+44 7762244153
 
El enlace  de difusión de la Escuela es.
 
https://chat.whatsapp.com/JbJ2qI21Zoe6dlSUBeUsjq
 
Saludos muy cordiales de Antonio Piñero
 
 
 
Jueves, 14 de Enero 2021

Notas

1Voto(s)
 
La organización educativa “Escuela de Alejandría” ha organizado para mañana jueves, 14 de enero de 2021 una conferencia mía  a las 19.00 hs. españolas con el título:
 
“Jesús de Nazaret según los textos gnósticos. Gnosis y Jesús”
 
La conferencia durará aproximadamente una hora, y luego se abrirá un amplio turno, de unos 45 minutos, de preguntas y respuestas.
 
La conferencia es de pago: 12 dólares la inscripción: aproximadamente 10 euros.
 
La gente exige que la cultura sea gratis. Pero no siempre es posible. Se hace lo más barato posible.
 
He aquí el enlace de la plataforma de inscripción y pago:
 
https://escueladealexandria.webnode.com.co/catedra-exclusiva/
 
Y aquí va el enlace de la invitación a la conferencia, en YouTube:

https://youtu.be/8it9MvBFOrI
 
NOTA:
La hora del Caribe es 13.00 hs
En Argentina y Chile a las 15 hs (si no me equivoco)
La hora de N. York: 13.00 hs
México: 12.00 P. M.



Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
Miércoles, 13 de Enero 2021

En Roma, la ascendencia fue más que una cuestión de familia. Los difuntos siempre fueron considerados una fuerza que, apropiadamente venerada, repercutiría para bien en los vivos.
Hoy escribe Eugenio Gómez Segura.


046. 30 monedas (6): la veneración de los muertos en Roma.
Estela funeraria cristiana dedicada a Licinia Amia, una cristiana del s. III. Roma, Museo de las Termas. Tomada de aquí.

En Roma, la ascendencia fue más que una cuestión de familia. Los difuntos siempre fueron considerados una fuerza que, apropiadamente venerada, repercutiría para bien en los vivos.
Hoy escribe Eugenio Gómez Segura.

Lo antiguos romanos veneraron a sus muertos mediante la figura de los Manes. Su culto tenía lugar durante los últimos días de febrero. Cuenta Ovidio en su obra Fastos (II 533-547):

También las tumbas tienen su honor. Aplacad las almas de los padres y llevad pequeños regalos a las piras ya extintas. Los manes reclaman cosas pequeñas; agradecen el amor de los hijos en lugar de regalos ricos. La profunda Estige no tienen dioses codiciosos. Basta con una teja adornada con coronas colgantes, unas avenas esparcidas, una pequeña cantidad de sal, y trigo ablandado en vino y violetas sueltas. Pon estas cosas en un tiesto y déjalas en medio del camino. No es que prohíba cosas más importantes, sino que las sombras se dejan aplacar con éstas; añade plegarias y las palabras oportunas en los fuegos que se ponen. Eneas, promotor idóneo de la piedad, trajo estas costumbres a sus tierras, justo Latino. Llevaba regalos rituales al Genio de su padre; de él los pueblos aprendieron los ritos piadosos. (trad. de B. Segura Ramos).

Al parecer el nombre de Manes viene de una palabra del idioma sabino que significaba “bien”, “bueno”. De ella vendría tanto el nombre de la diosa Mania como el de los Manes: “La Buena”, “los Buenos”. Estos dioses eran una especie de dios de cuarta fila, el ánimo vital de los difuntos que, ya sin cuerpo (sin materia podríamos decir) pero aún con voluntad e inteligencia, disponía de ciertas posibilidades de actuación.

Algunos romanos pensaban que el culto a los muertos se había manifestado inicialmente en los sacrificios humanos dedicados a los muertos recientes, que habían derivado en las luchas a muerte de gladiadores celebradas en fechas cercanas a la defunción y como parte de los ritos fúnebres. La costumbre no está clara, si bien en algunas tumbas etruscas se pueden observar frescos que muestran crueles enfrentamientos entre perros feroces y hombres atados armados con una porra que no debían acabar nada bien para el individuo.


 
Lunes, 11 de Enero 2021

La política griega no fue el único ámbito de veneración para los difuntos y sus glorias. Tanto la familia como el clan veneraron a los ancestros y los reconocieron como intermediarios con las divinidades


30 monedas: la importancia de las reliquias (5). (09-01-2021)
Hoy escribe Eugenio Gómez Segura
 
Foto: Estela funeraria antigua respetada al construir el llamado Südbau de la ciudad de Kolonna, Egina
 
En su tragedia Andrómaca Eurípides escribió los siguientes versos (774-5): El tiempo no borra el recuerdo de los hombres ilustres; su excelencia resplandece incluso cuando han muerto.
La palabra traducida como “recuerdo” es leípsana, que descansa sobre la versión griega de la raíz indoeuropea que nos legó reliquia. Ese resto, ese recuerdo en este caso, que a ojos de Eurípides el tiempo no logrará vencer, es el conjunto de hechos admirables que hizo una persona, aunque esta es sólo una posibilidad de traducción. Otra variante está relacionada con el resto del afecto que queda en los vivos. Da la sensación de que los griegos transmitieron con leípsanon tanto los sentimientos de los vivos como con los despojos y la fama de los muertos. Así parece sugerirlo el siguiente poema parecido a un epitafio escrito por Meleagro e incorporado a la conocida como Antología Palatina (VII 476):
Que el don de mis lágrimas llegue allá abajo, Heliodora;
reliquias de mi amor, desciendan hasta el Hades.
Son lágrimas tristes que ofrendo al sepulcro doliente,
nostálgicos recuerdos de lo que fue un cariño.
Con dolor, en un vano homenaje a Aqueronte, solloza
Meleagro por ti, querida entre los muertos.
¡Ay! ¿A dónde se fue aquella flor para mí deleitable?
Hades se la llevó manchándola de polvo.
¡Oh, tierra, la madre de todos, a ti te suplico
que tu regazo acoja dulcemente a mi amada! (Trad. de M. Fernández-Galiano).
 
Por otra parte, ya he mencionado que el término se refiere a los restos del difunto, lo cual curiosamente asocia en la misma palabra tanto lo físico del cadáver como lo psicológico de los sentimientos y lo ritual de los actos de recuerdo. Si se enfocan desde esa conjunción los cultos funerarios la imagen que resulta es mucho más rica. Un ejemplo que puede resultar muy interesante, además de poco conocido y, significativamente, bien estudiado con los métodos más modernos de la arqueología, es un edificio de la ciudad de Kolonna, en Egina.
El conjunto conocido como Westkomplex (“complejo oeste” en alemán) se halla en un lugar bastante significativo. Está asociado al templo de Apolo de la ciudad, en su lado occidental, templo que constituía un importante lugar sagrado cuya posición destacaba por ser el promontorio más cercano al mar. Pero la secuencia arqueológica muestra que antes que el templo y su recinto sacro hubo enterramientos que hacia el año 1000 a. C. fueron lugar de culto. Eso sugieren ciertas plataformas de empedrado y la cerámica cultual asociada a ellos.
Además, las tumbas estuvieron indicadas por estelas funerarias, una de las cuales se mantuvo en pie a lo largo de los siglos. De hecho, el edificio del Westkomplex conocido como Südbau, construido hacia el año 500 a. C. fue construido directamente sobre las tumbas, y, en atención a ello, una de sus paredes se ajustó para respetar la antigua estela, como puede verse en la fotografía que presenta este post.
Los cultos que se llevaron a cabo en este complejo consistieron en comidas comunales por parte de alguna fratría (hermandad) de la ciudad de Kolonna. Si bien el plano del complejo no da a entender que hubiera una habitación concreta en la que celebrar los banquetes, la presencia de cerámica de ese tipo y varios patios indican que allí se celebraron las comidas honoríficas. Los presentes formarían pequeños grupos que, reclinados sobre pequeños colchones o almohadones podrían haber asistido a las ceremonias, tal como representa el Pintor de Antifonte. Se trataría de un lugar dedicado a la veneración y celebración de algún antiguo héroe o los ancestros en general.
También se ha concluido que el lugar, abandonado pocos años después de realizarse los antiguos enterramientos, se reocupó más o menos un siglo después y que la zona se dedicó enteramente al culto, tanto de los ancestros, como de un héroe y del mismo Apolo. Durante el siglo VII la actividad ritual se hizo al aire libre y sin edificios que albergaran las vajillas y demás utensilios, para, finalmente, hacia el año 500 construir el Südbau con el cuidado de respetar la antigua estela funeraria.
Estos cultos, por otra parte, se corresponden con la veneración no sólo ancestral de la ciudad sino con los ritos que las familias dedicaban a sus difuntos. De hecho, una familia podía incluso recordar (leípsanon) la aparición milagrosa de alguna persona fallecida de su linaje mediante altares y rituales propios, como tenemos testimoniado en la ciudad de Attea, en Turquía, donde se ha hallado esta inscripción dedicada a un nuevo héroe (Mysia'dan Yeni Epigrafik Buluntular / New Epigraphical Finds from Mysia, 2013):
Los habitantes romanos y griegos y el Consejo de Ancianos de los ciudadanos de Attea, de acuerdo con los decretos presentados en favor de Menandro hijo de Apolonio con ocasión de su pasada desventura (defunción), erigen (este) altar con su correspondiente base destinado a las ceremonias derivadas de los sueños y visiones que su padre tuvo, para honrar como nuevo héroe a Menandro hijo de Apolonio.
El texto presupone que este Menandro había pasado a una existencia diferente a la mortal, manifestada por apariciones y presencia en sueños, es decir, otra vida tan real como la nuestra y de un modo tan influyente que merecía la veneración para acercarlo (propiciarlo) a nuestros tan humanos intereses.
Saludos cordiales de Eugenio Gómez Segura 
www.eugeniogomezsegura.es
logos@eugeniogomezsegura.es
Sábado, 9 de Enero 2021
¿De qué Jesús estamos hablando exactamente? Mi comentario a la propuesta de Carrier (8-01-2021) (1157)

 
Escribe Antonio Piñero
 
Foto: El apóstol Pedro según El Greco (tomado de Wikipedia Commons)
 
 
Como prometí ahí va mi primer comentario:
 
 
Los datos del Nuevo Testamento NO encajan con la hipótesis de Carrier, a saber “que el inventor del mito de Cristo y el fundador del cristianismo fue Pedro”.
 
Reflexiones para sustentar esta hipótesis:
 
 
1. Si se toman datos de la tradición para formar una hipótesis hay que tomarlos todos; no se pueden excluir aquellos que no encajan con la hipótesis. Los datos de los que hablamos son todos del Nuevo Testamento porque no hay otro documento para esclarecer, aunque sea hipotéticamente y leyendo entre líneas, los orígenes de la fe cristiana.
 
2 Sin duda alguna el Nuevo Testamento presenta a Pedro como un visionario. Pentecostés, leído al día de hoy, es un claro ejemplo de alucinación colectiva (¿?)… El relato indica que  el que lleva la voz cantante es Pedro. Por tanto, el capítulo 2 de Hechos presenta a Pedro como visionario. Pero ¿cuál es el resultado de esta visión? Sintéticamente:
 
1. La creencia en la resurrección de una persona antes del Juicio final, Jesús de Nazaret, cuando todos deben resucitar (en opinión de la mayoría de los judíos). Pero según sabemos que el paso de “resucitar todos a resucitar uno antes” se había dado ya en el pueblo judío como testimonia Lc 9,7-8:
 
“Se enteró el tetrarca Herodes de todo lo que pasaba, y estaba perplejo; porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; otros, que Elías se había aparecido; y otros, que uno de los antiguos profetas había resucitado”. Esto mismo piensa Pablo de Tarso.
 
2. La idea petrina de que Jesucristo es designado “mesías y señor” tras su resurrección.
Pero esta idea NO es petrina, sino paulina:
 
Sintéticamente la atribución Pedro está expresada en Hechos 2,34-36:
 
“Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos por escabel de tus pies. «Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado».
 
 
Es decir, exactamente lo expresado por Pablo decenas de años antes que el autor de Hechos (a mi parecer, no “Lucas”, sino un discípulo de este, lo cual explica muchas cosas) en Romanos 1,3: “el evangelio de Dios” trata de
 
“Acerca de su Hijo, nacido del linaje de David según la carne, constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos, Jesucristo Señor nuestro”.
 
Insisto: ¡exactamente, pues, la idea de Pablo! Y el trasfondo de este “estar sentado a la diestra de Dios” es la idea absolutamente judía de “dos poderes en el cielo” (dos tornos en el cielo: uno grande para Dios y otro más pequeño, a su diestra para el mesías”), utilizada por Pablo para expresar como el mesías, después de su muerte y tras la exaltación al cielo / resurrección por obra de Dios recibe el encargo a) de instaurar el reino de Dios en la tierra, y b) de ser “señor”, es decir, entre otras cosas participar como juez junto a Dios en el juicio final (Hch 10,42: Jesucristo juez de vivos y muertos).
 
 
3. El otro caso en el que Hechos presenta a Pedro como visionario es el capítulo 10:
 
Gracias a una visión celestial, que se repite dos veces, Pedro entra en casa de un gentil, afirma que en sí todos los alimentos son puros, y sobre todo que Dios le ha enviado para predicar la buena nueva de Jesús a un gentil y convertirlo. Hechos, pues, presenta a Pedro como el “inventor” de la misión a los gentiles antes que Pablo. Pero la idea es la misma.
 
“De éste todos los profetas dan testimonio de que todo el que cree en él alcanza, por su nombre, el perdón de los pecados”: Hechos 10,43
 
“Todos”, también los gentiles. Pero para salvarse es necesario “creer” en Jesucristo.
 
Así que, según Hechos, Pedro muestra una teología totalmente paulina, ya bien asentada cuando se compone Hechos, entrado el siglo II. Que Pedro muestre una teología paulina es un proceso de igualación entre Pedro y Pablo, proceso comenzado por el autor de Hechos, un “irenista”  que quiere mostrar que los dos personajes no eran adversarios teológicos, sino que estaban profundamente unidos. La iglesia es una y está totalmente unida. Su unión se muestra en el pensamiento común de las dos figuras importantes, Pedro y Pablo.
 
 
4. La admiración por Pablo se muestra en el Nuevo Testamento paladinamente en 2 Pedro (cuyo autor es de mentalidad paulina como el de 1 Pedro) cuando afirma que su “hermano” Pablo es un excelente teólogo, pero tiene algunos pasajes en sus cartas que “no son fáciles de entender” (2 Pedro 3,15-16):
 
“La paciencia de nuestro Señor juzgadla como salvación, como os lo escribió también Pablo, nuestro querido hermano, según la sabiduría que le fue otorgada. Lo escribe también en todas las cartas cuando habla en ellas de esto. Aunque hay en ellas cosas difíciles de entender, que los ignorantes y los débiles interpretan torcidamente - como también las demás Escrituras - para su propia perdición”.
 
La conclusión provisional de lo que estoy argumentando es la siguiente:
 
Es más que posible que el autor de Hechos presente a Pedro como un visionario como una igualación de la figura de Pedro con la figura Pablo, especialmente conocido por sus visiones. ¡Pedro recibe también mensajes celestiales acerca del significado profundo de la muerte y resurrección de Jesús igual que Pablo! ¡Pedro no es menos que Pablo! Es cosa sabida en la investigación del Nuevo Testamento acepta que el pensamiento del autor de Hechos es igualitario: quiere presentar a una Iglesia totalmente unida, sin fisura alguna.
 
 
5. Un paso más: teniendo en cuenta que el Nuevo Testamento que tenemos es totalmente paulino no puede decirse que este corpus de escritos sea el testimonio DEL cristianismo sino de  Un cristianismo, el vencedor, el paulino.
 
(A modo de paréntesis: prueba sintética de que el Nuevo Testamento es paulino: 4 evangelios, cuyos autores son paulinos porque interpretan la muerte y resurrección de Jesús al modo de Pablo; 14 cartas atribuidas a Pablo por 7 al esto de los apóstoles + Santiago = la tradición paulina es más del doble que el de todos los apóstoles juntos; téngase en cuenta, además, que 1 2 Pedro son paulinas; que la Epístola de Judas pinta a los “herejes” siguiendo el modelo paulino de los peligroso “pneumáticos” de 1 Corintios; y que el Apocalipsis da un paso más en la divinización de Jesús, un camino iniciado por la teología paulina aunque consumado solo  por su discípulos)
 
6. Por tanto, cuando Carrier habla de que todos los cristianos creían que Jesucristo era exactamente el reverso del mito de Satanás (este inductor del pecado y de la muerte; Jesucristo vencedor de Satanás que trae la resurrección y la purificación del pecado), hay que confesar que el posible creador de esta visión teológica sintética de la verdadera figura y misión de Jesús (que solo puede contemplarse tras la resurrección) NO es Pedro, sin Pablo en todo caso.
 
 
Con lo cual me parece que se pueden sustentar dos propuestas distintas a las de Carrier sobre el inicio de la teología judeocristiana, que más tarde será simplemente cristiana:
 
A. El creador del “mito” sobre Jesucristo fue Pablo, por eso en todo caso el fundador del cristianismo fue Pablo y no Pedro (esto lo digo a modo de argumento, porque esta afirmación necesita de ulterior matización).
 
B. El Nuevo Testamento no es el testimonio del cristianismo sino de un cristianismo, el vencedor, el paulino.
 
 
De acuerdo con esto sostengo que NO es en absoluto firme que la tradición recogida por el Nuevo Testamento acerca de la interpretación de la resurrección de Jesús y sus consecuencias comenzara por Pedro. Esto solo es válido para Pablo.
 
7. Y una reflexión más en cuanto al origen de la idea de la resurrección:
 
El Nuevo Testamento indica con bastante claridad que la idea de que Jesús resucitó tampoco procede de Pedro, sino probablemente del círculo de mujeres seguidoras de Jesús.
 
Marcos, Lucas en parte (la primera aparición pudo ser a los peregrinos de Emaús, no a pedro: Lc 24), Mateo y Juan apuntan que en el origen de la tradición están las mujeres, en concreto a las mujeres antes de avisar a los apóstoles (Mateo 28,9: “En esto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «¡Dios os guarde!» Y ellas, acercándose, se asieron de sus pies y lo adoraron”),  María Magdalena en Juan 20.
 
 
Esta tradición es difícil que sea inventada por la sencilla razón que las mujeres como testigos no tenían prácticamente validez tanto en el mundo judío como en el grecorromano. Hay incluso quien postula que Pablo escoge la tradición de Pedro porque, preocupado por vender su “mercancía” de Jesús como muerto y resucitado al mundo pagano del Mediterráneo oriental no podía apoyar su testimonio en mujeres, sino en varones. El criterio de dificultad funciona aquí.
 
Hay además otra tradición –entre los judeocristianos principalmente– que hacía de Santiago el recipiendario de la primera aparición de Jesús resucitado… no Pedro. Así que había muchos cristianismos y no se puede decir solo “los cristianos” sin matizar, como hace Carrier, y menos “todos los cristianos”.
 
 
 
Seguiremos.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html
Viernes, 8 de Enero 2021
¿De qué Jesús estamos hablando exactamente? La propuesta de Carrier sobre el nacimiento del mito “Jesús” (7-01-2021) (1156)
 
Escribe Antonio Piñero
 
Foto: El ángel Moroni (imagen tomada de World Press)
 
Hoy deseo comentar –al menos una parte, pp. 14-17– el conjunto formado por las pp. 14–34 de la obra de R. Carrier sobre la no existencia de Jesús, que tiene las siguientes sus secciones “¿Cómo pudo ser? (el nacimiento del cristianismo o quién fue su fundador).- Cronología de los testimonios o pruebas de la hipótesis.- Jesús mítico para todos los gustos.- El escándalo de la confusión.- Dónde comienzan las claves (para entender quién fue el fundador del cristianismo y cuáles fueron sus inicios). Como se ve es un programa amplio enmarcado en el título global del primer capítulo “¿De qué Jesús estamos hablando exactamente?”, en el que el autor pretende introducir la temática general de la inexistencia de Jesús de Nazaret, para luego ir desarrollando las hipótesis a lo largo de los capítulos siguientes.
 
Comentamos el tema “¿Cómo pudo ser el nacimiento de la idea “Jesús”, el origen, por tanto del  cristianismo o quién fue su fundador”.
 
La tesis principal se enuncia afirmando que no hay que extrañarse de que los fundadores de las religiones sean míticos, ya que tenemos ejemplos ante nuestros ojos. Y Carrier pone dos: los mormones fueron fundados por Joseph Smith, quien en realidad no fue más que el transmisor de la revelación del ángel Moroni. Y los musulmanes ponen como fundador a Mahoma, pero este no fue más que el transmisor a la gente de la revelación de Dios por medio del arcángel Gabriel.
 
Naturalmente, ningún historiador cree que el ángel Moroni o el arcángel Gabriel existieran jamás. Son puros inventos. Lo mismo ocurre con el cristianismo: el inventor del cristianismo fue Pedro. Pero este no es más que el receptor de revelaciones celestes de Jesús. Pero, como es natural –argumenta Carrier– del mismo modo que no existieron Moroni ni Gabriel, tampoco existió el Jesús celeste que reveló a Pedro en ensueños y visiones el contenido teológico del cristianismo en el que va incluido su figura. Todo se explica por un proceso alucinatorio.
 
El núcleo de la revelación (dada a los primeros cristianos) por medio de Pedro fue el siguiente: el Jesús (mítico), soñado que se apareció a Pedro se revela como la contrapartida exacta del personaje mítico que fue Satanás. Según la creencia judía, Satanás era un arcángel que se rebeló contra Dios. Este, en castigo de la rebelión, lo expulsó de la parte superior del cielo –el habitáculo de los ángeles fieles, también según los judíos– a la parte inferior de ese mismo cielo. Entendamos bien esto: según las creencias del pueblo, tras su rebelión Satanás fue obligado a dejar el cielo superior y a morar en el espacio celeste inferior que está debajo de la Luna (pero que pertenece a la región del cielo, no a la tierra). Desde ese “espacio exterior”, aunque inferior respecto al cielo de arriba donde moraban los ángeles fieles, Satanás por medio de sus satélites influye en la tierra propagando la rebelión contra Dios, el pecado, que a su vez trae la muerte, la decadencia, y la corrupción de la parte más inferior del cosmos que es la tierra.
 
La figura de Jesús revelada a Pedro es igual, solo que es la exacta contrapartida del mito de Satanás. Jesús es la imagen de su adversario (como en tantos relatos). Afirma Carrier que –en seguimiento de Pedro– “los cristianos”, es decir, todos, creían que la primera cosa que creó Dios fue Jesús. Y que este Jesús fue el encargado de crear el resto de la creación. La pruebas de que esta creencia era así son los siguientes textos de Pablo: 1 Co 8,6,  1Cor 10,1-4; Flp 2,6-9 y Rm 8,3:
1. 1 Corintios 8,6: “Para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y para el cual somos; y un solo señor, Jesús el Mesías, por quien son todas las cosas y por el cual somos nosotros”.
2. 1 Corintios 10,1-4: “1No quiero, pues, que ignoréis, hermanos, que nuestros padres, todos, estuvieron bajo la nube y que todos atravesaron el mar; 2y todos fueron bautizados en Moisés por la nube y el mar; 3y todos comieron el mismo alimento espiritual; 4y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que los seguía; y la roca era Cristo”.
 
3. Filipenses 2, 6-9: “El cual, existiendo en forma de Dios,  / no consideró rapiña / ser igual a Dios.  / 7Sino que se anonadó a sí mismo  / tomando forma de esclavo,  / llegando a ser semejante a los hombres / y fue hallado en condición de hombre;  / 8y se humilló a sí mismo,  / hecho obediente hasta la muerte  / y muerte de cruz.  / 9Por ello Dios lo exaltó  / y le concedió graciosamente el nombre  / que está sobre todo nombre”.
 
4. Romanos 8,3: “Pues lo que era imposible a la Ley, en cuanto que estaba debilitada por la carne, Dios, tras enviar a su propio hijo en semejanza de la carne pecadora y por el pecado, condenó al pecado en la carne”.
 
De estos textos deduce Carrier (p. 16) que “los cristianos”, detrás de Pedro siempre, creían que:
 
Jesús existía antes que Adán y Eva…, que vivió a lo largo de toda la historia bíblica, como Satanás, y que su residencia era en el espacio exterior…, arriba en el cielo. Ahora bien, Jesús no era como Satanás, sino que vivía en el templo celestial de Dios (aquí se apoya Carrier en Hebreos 4 y 9), en donde ejercía el cargo de sumo sacerdote.
 
Para los primeros cristianos –insisto en seguimiento y por el poderoso influjo de Pedro sobre sus compañeros y esto sobre el resto de los fieles– Jesús era como Satanás, un arcángel. Pero a Pedro se le reveló que en un momento determinado –que coincide con la vida de Pedro y sus colegas–  ocurrió “un evento”: Jesús descendió desde la parte alta del espacio exterior al reino inferior de ese mismo espacio exterior a la tierra –es decir, descendió pero seguía en el cielo mismo, aunque  en “lo más abajo”– con el fin de  derrotar al Mal y a la Muerte…, lo que suponía la derrota de Satanás. Debe insistirse en que todos los cristianos, todos, creían que esta derrota había ocurrido realmente en el espacio exterior…, pues la venida a la tierra, ya fuera del “espacio exterior” y la muerte en cruz es un mero invento posterior de los cristianos para “historizar” en la tierra lo que en realidad había courrido en el “espacio exterior”.
 
Y concluye Carrier: “Así como los judíos creían que Satán era una figura realmente existente –pero nosotros sabemos que no es así, sino simplemente que se lo imaginaban como existente–, podría ser que Jesús fuera concebido igualmente como una persona histórica. Sí realmente así ocurrió: se imaginaron que existió” (pero al igual que Satanás este Jesús no es más que constructo mental).
 
Continúa nuestro autor: Según este relato (es decir, esta mera creencia, nacida de la mente de Pedro movida por revelaciones celestes), Jesús es a los apóstoles como Gabriel es para los musulmanes y Moroni para Joseph Smith. No hay testimonios acerca de su encarnación y muerte en la tierra, sino que esto fue revelado a los apóstoles tras la resurrección. Ya fuera por ensueños o visiones, los apóstoles –ciertamente comenzando por Pedro cuyas afirmaciones fueron las que inspiraron (las creencias) del resto de los apóstoles– llegaron a creer que todo esto había ocurrido (en el mismo espacio) en el que estaba el reino de Satanás, es decir, fuera de las murallas de la Jerusalén celestial, en los cielos en donde estaba encerrado el Diablo y no fuera de las murallas de la Jerusalén terrenal, que no es más que una copia de la celestial.
 
Tales visiones o ensueños comunicaron a los apóstoles –insisto vía, Pedro de poderosísima fuerza de convicción– mensaje secretos de Dios que decían que lo ocurrido estaba prefigurado en realidad en las sagradas Escrituras de los judíos, las cuales no solo confirmaban que esto había sucedido así, sino que proporcionaron además un buen monto de detalles de lo que había ocurrido en realidad y por qué había ocurrido de ese modo (pp. 16-17).
 
Y concluye: “Esto es la teoría. Pero todo ello encaja (perfectamente) con los testimonios que tenemos”.
 
 
Sigue Carrier afirmando (p. 17):
 
 
Más tarde, en la década de los 50 d. C., Pablo  dijo que gracias a estas revelaciones del arcángel Jesús, esta vez a él mismo, era “entonces” –en su tiempo, cuando Pedro sintió la llamada celeste y tuvo también sus revelaciones– cuando fue posible comunicar a todos los habitantes del mundo lo que había ocurrido. El “evangelio y la predicación de Jesucristo” solo recientemente estuvieron a disposición de todos. Pablo sostuvo además –se supone que en perfecta sintonía con Pedro, que fue el primero en recibir los mensajes celestes– que todo el contenido de sus revelaciones constituía “la revelación de un Misterio mantenido en secreto durante siglos eternos, pero manifestado al presente, por la Escrituras que lo predicen, por disposición del Dios eterno, dado a conocer a todos los gentiles para obediencia de la fe” (Rm 16,25-26). Y añade que Pablo resumió en breves trazos, o fragmentos, el contenido de esa revelación en 1 Corintios 15; 2 Corintios 12; Filipenses 2, y Gálatas 1.
 
 
Pablo, pues, no nombra a ningún testigo que presenció el contenido de lo que cree y que ha recibido (se supone de Pedro) por tradición, según 1 Corintios 15, 1-8:
 
 
Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os prediqué, que habéis recibido y en el cual permanecéis firmes,  por el cual también sois salvados, si lo guardáis tal como os lo prediqué... Si no, ¡habríais creído en vano!  3Pues os transmití en primer lugar lo que recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; 4que fue sepultado y que fue resucitado al tercer día, según las Escrituras; 5que se apareció a Cefas y luego a los Doce; 6después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales todavía la mayor parte permanecen hasta ahora y otros durmieron. 7Luego se apareció a Jacobo; más tarde, a todos los apóstoles. 8Y en último lugar se me apareció también a mí, como a un abortivo.
 
 
Según Pablo el contenido completo de esta tradición solo puede saberse por dos medios: las revelaciones particulares o el escrutinio de las Escrituras con lo que se descubren sus mensajes secretos. Que esto es así se deduce de este pasaje 1 Cor 15,3-8, en donde se halla un relato paulino del origen de la religión cristiana.
 
 
Del citado texto de 1 Corintios 15 deduce Carrier “que nadie vio ni tuvo encuentro alguno con Jesús hasta después de su muerte. Lo mismo que Pablo afirma en Gálatas 1”. (p. 17).
 
 
Nadie vio a Jesús en vida… todo es el producto de visiones o ensueños. Luego Jesús de Nazaret nunca existió y todo lo que de este se cuenta es solo la mera “historización” de un relato puramente mítico. Pedro no tuvo una función en nada diferente de la que tuvo Joseph Smith al fundar los mormones o Mahoma, al fundar el Islam.
 
 
Como este relato es muy largo, mañana publicaré mi comentario a esta hipótesis del nacimiento del mito de la existencia de Jesús de Nazaret.
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html
 
 
Jueves, 7 de Enero 2021
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Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.





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