Recomendar este blog Notificar al moderador
CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero

Un último aspecto (pese a que otros pueden apuntarse) servirá para entender la necesidad de encontrar en los difuntos un apoyo de los dioses para los males de la humanidad: los ancestros milagreros y oraculares.
Hoy escribe Eugenio Gómez Segura


049. Del culto a los difuntos al culto a los santos (y 6).
Santuario de Anfiarao en Oropo.
 
  1. Anfiarao y Asclepio.
Anfiarao fue un héroe nacido en la ciudad de Argos que pereció de resultas de la campaña de los Siete contra Tebas (como reza el título de la tragedia de Esquilo). Muerto en territorio beocio, su culto se centró en la ciudad costera de Oropo. Oropo había sido un importante enclave estratégico por el que lucharon Tebas y Atenas, aunque finalmente acabó en manos de esta última en época de Filipo el padre de Alejandro.

Pausanias, en su guía de viajes, describió el santuario y su culto (I 34, 3-5). Del héroe dice:

Creo que Anfiarao se dedicaba sobre todo a la interpretación de los sueños; y es claro que, cuando fue considerado dios, instituyó la adivinación por los sueños. Es costumbre que el que viene a consultar el oráculo de Anfiarao debe en primer lugar purificarse. La purificación consiste en hacer sacrificios al dios, y no sólo a él, sino a todos los que tienen en el altar sus nombres, Una vez hecho esto, sacrifican un carnero, extienden su piel y se duermen sobre ella, esperando la revelación del sueño (trad. de M. C. Herrero Ingelmo).

Las ruinas que se puede visitar en la actualidad están situadas en una boscosa y cerrada garganta por la que discurre un riachuelo. En la margen izquierda, en una terraza artificial, está el templo, los restos de un pórtico y algún edificio. En la margen derecha hay una pequeña población de cuyas ruinas destaca un reloj de agua, quizá el mejor conservado de Grecia.

Otro mortal de cuya vida post mortem se afirmó ser divina es Asclepio. En este caso su raigambre entronca con Apolo, de quien era hijo, lo cual ayudaría, sin duda, a terminar considerándolo un dios. El bueno de Asclepio adquirió tales conocimientos médicos que llegó a resucitar muertos, lo cual rompía la barrera entre dioses y hombres y, en consecuencia, no debía ser consentido: Zeus lo fulminó. Apolo rogó por su hijo, quitó hierro al asunto y consiguió que su vástago terminara en el Olimpo venerado como dios.

Asclepio recibió su principal culto en el santuario de Epidauro, en cuyo recinto se estableció un oráculo médico que combinaba medicina experimental, veneración y ciertas dosis de magia. Entre los hallazgos más importantes del santuario se puede citar una colección de inscripciones que detallan los milagros del hombre-dios, inscripciones que reciben el nombre de iamata. Una de ellas reza así:

Un hombre con un absceso en su vientre. Este hombre, mientras dormía en el templo, tuvo un sueño. Le pareció que el dios ordenaba a sus asistentes que cogieran y alzaran al hombre de manera que él pudiera abrir su vientre; él trató de escapar pero lo agarraron y lo ataron a una aldaba. Entonces Asclepio abrió su vientre, eliminó el absceso y lo liberó de sus ataduras. Después de lo cual salió sano pero el suelo del santuario estaba lleno de sangre (IG IV2 1 nos. 121-122).

Además de estas inscripciones, en los santuarios se colgaban exvotos para propiciar o para agradecer las curaciones y oráculos, muchos de los cuales se han conservado por ser de cerámica o piedra (pintura en madera, por ejemplo, lamentablemente no conservamos ninguna).
 
  1. Trofonio.
El oscuro héroe Trofonio procedía de Lebadea. Entre otras genealogías, se dijo que era hijo de Apolo., que le habría pagado con una muerte joven cuando construyó uno de sus templos en Delfos. El caso es que Pausanias describe el oráculo junto a Lebadea, situado en una escarpada garganta de la que surge una fuente cuyo frontal estuvo adornado con hornacinas que adornaban la cueva de la adivinación. Sobre el funcionamiento dice Pausanias:

En el oráculo sucede los siguiente: cuando un hombre decide bajar al santuario de Trofonio, en primer lugar vive un número determinado de días en un edificio que está consagrado al Buen Demon y a la Buena Tique, y, mientras vive allí, hace las purificaciones, se mantiene apartado de baños calientes, y se bala sólo en el río Hercina. Tiene carne abundante de los sacrificios, pues el que baja hace sacrificios a Trofonio y a los hijos de Trofonio, y además a Apolo… El oráculo está más arriba del bosque sagrado en la montaña. Alrededor, en del círculo, hay un zócalo blanco, cuya circunferencia es como la más pequeña era… Pues bien, el que baja se tiende en el suelo mientras sostiene en la mano dos panes de cebada amasados con miel, pone primero los pies en el agujero y avanza, esforzándose para que sus rodillas queden dentro del agujero. El resto del cuerpo es atraído en seguida y corre tras las rodillas como el más grande y más veloz de los ríos cubriría a un hombre llevado por un remolino., A partir de aquí, los que han entrado en el santuario no tienen un mismo modo de aprender lo que va a suceder, sino que uno ve y otro escucha. Los que han bajado pueden volver atrás por la misma entrada, también con los pies por delante (Pausanias IX 39, traducción de M. C. Herrero Ingelmo).
 
Saludos cordiales.
 
https://www.eugeniogomezsegura.es/

logos@eugeniogomezsegura.es

 
Domingo, 28 de Febrero 2021

Notas

3votos
Queridas amigas, queridos amigos:
 
Creo que esta entrevista sobre “El Jesús de los filólogos” podría ser interesante para algunos.
Paso el enlace
Saludos cordiales

https://youtu.be/-aYeKtSuFpU
 
Saludos cordiales
Viernes, 26 de Febrero 2021

Notas

10votos

Jesús no fue inventado desde la nada por Pablo
(25-02-2021) (1165)


Pablo y Jesús
Escribe Antonio Piñero
 
Foto: La legendaria caída del caballo (El Mundo)
 
Sobre que Pablo fue el que inventó (sic,según R. Carrier) hemos hablado ya en la postal 1158 del ¿De qué Jesús estamos hablando? III, del 14-01-2021 destacando brevemente de los siguientes siete puntos:
 
1. Pablo menciona en Rm 1,3 que Jesús en cuanto hombre es un descendiente de David. Así que lo considera un ser humano y solo pasa a otra  dimensión tras su muerte y resurrección.
 
2. Pablo conoce ciertamente la tradición existente de dichos de Jesús, aunque  apenas los cite directamente; sólo dos veces, en 1 Cor 7,10-11 = Mt 5,32 + 19,4-6, y 1 Cor 9,14 = Lc 10,7
 
3. Según la tradición más difícil, extraordinariamente difícil porque va contra todo el resto de relatos del descenso de la cruz y el entierro de Jesús –y por tanto probablemente la más genuina–, la de Hechos 13,27-29, se presenta a un Pablo diciendo que no fue José de Arimatea el que bajó a Jesús de la cruz, sino los esbirros de las autoridades judías..
 
4. Toda la teología de Pablo habla solo de la reinterpretación no de la vida terrenal del mesías, que le importaba un comino, sino solo de su muerte (y su consiguiente resurrección), pero sobre todo de su muerte.
 
 5. En mi opinión Carrier interpreta mal el pasaje de Romanos 16,25-26, “el evangelio y la predicación de Jesucristo”.
 
Deseo completar ahora esta perspectiva utilizando parte del material de la Aclaración XV: “Jesús y Pablo ¿Fue Pablo el verdadero fundador del cristianismo?” de mi libro “Guía para entender a Pablo. Una interpretación del pensamiento paulino, Trotta, Madrid, 2ª edición de 2018, pp.  372-379.
 
La relación de Jesús y Pablo es compleja ya que no es posible asegurar si Pablo conoció personalmente a Jesús (2 Cor 5,16). Pero sí podemos preguntarnos, si tras recibir noticias de él por sus compañeros en la fe, utilizó o no el Apóstol el material oral y escrito que se iba generando sobre Jesús, parte del cual acabó dentro de los escritos evangélicos.
 
Ciertamente Pablo muestra interés por la tradición recibida y su transmisión (1 Tes 4,1; 1 Cor 11,2). No es difícil reunir los datos concretos que sobre la vida de Jesús, aparte de su pasión, muerte y resurrección, ofrece Pablo: Jesús es descendiente de Abrahán, nacido de mujer y nacido bajo la Ley (Gál 4,4), hijo de David (Rom 1,1-4), paciente, obediente hasta el extremo, justo; no conoció el pecado (2 Cor 5,21); fue servidor de los judíos para anunciarles la verdad (Rom 15,8); tuvo hermanos (1 Cor 9,5; Gál 19); no vivió para complacerse a sí mismo (Flp 2,1ss; Rom 15,3); se entregó a sí mismo al sufrimiento hasta la muerte en cruz (Flp 2,6ss); fue intérprete de la Ley y dador de normas (Gál 6,2). Sabemos, además que citas estrictas del Jesús terreno sólo hay dos ( en 1 Cor 7,10 y 9,14).
 
James D. G. Dunn “The Theology of Paul the Apostle”, Eerdmanns, Grand Rapids, USA, 1998,190-195, ha recogido posibles ecos de la tradición sinóptica en los siguientes pasajes: Rom 1,16 (No me avergüenzo del evangelio); en los textos de Pablo sobre el Reino de Dios  indican un conocimiento de la predicación de Jesús al respecto; Rom 14,17 (también acerca del Reino, pero interpretado como protesta contra la ausencia de comensalidad común entre judeocristianos y paganocristianos); Rom 8,15-17/Gál 4,6-7 (Abba); 2 Cor 10,1 (mansedumbre y modestia de Cristo); Flp 1,8 (entrañas de Cristo Jesús); Rom 12,14 (amor a los enemigos); Rom 14, 14 (nada es impuro por sí mismo); 1 Cor 13,2 (fe que mueve montañas); 1 Tes 5,2.4 (el Señor viene como un ladrón; somos hijos de la luz); 1 Tes 5,13 (vivir en paz unos con otros). Rom 13,14 (revestirse de Cristo) y Rom 15,1-5 (no buscar la complacencia personal).
 
Estos pasajes paulinos apuntan a una imitación de Cristo en la vida moral y a una enseñanza sobre la vida de Cristo en la catequesis bautismal (Rom 6,17: Habéis obedecido de corazón a aquel modelo de doctrina al que fuisteis entregados). Todo ello indica que –a pesar de que la ética de Pablo es “profana” por lo general (Aclaración 8ª, p. *)--, tiene en cuenta que Jesús fue un maestro de sabiduría y que no puede ser desdeñado en este ámbito en absoluto, aunque de él interese sobre todo su final en este mundo, es decir, la cruz.
 
Pablo conoce, por tanto la tradición sobre Jesús, y si sólo pone su atención en los hechos capitales de su final terrestre es porque así lo exige su teología. Pablo simplifica y desjudaíza la figura y misión de Jesús para poder presentarlo ante los ciudadanos del Imperio como el redentor universal. Sus conversos, más que actualizar los dichos y hechos del Jesús terreno, deben vivir con el Mesías y ser crucificados con él.
 
Su aparente desconocimiento del Jesús histórico no se debe a ignorancia, sino a que a Pablo no le interesa más que la obra de Dios al final de la vida de aquel: el acto supremo de reconciliación de la humanidad con su Creador por medio de la cruz (2 Cor 5,19). Pablo contempla la figura del Jesús terrestre desde la óptica del resucitado y exaltado tras cumplir su misión, y a veces funde y confunde las dos figuras (1 Cor 2,8): “Pablo no distingue entre la autoridad del Cristo exaltado (1 Tes 4,15-17 y la del Cristo terreno (1 Cor 7,19; 9,14); el terreno y el exaltado son la misma cosa” (Becker, 155). Por ello no queda claro cuál es pensamiento del Apóstol sobre la naturaleza del mesías terreno.
 
Seguiremos hablando, pues, sobre si Pablo fue o no el fundador del Cristo inventando a un Jesús, sacándolo de la chistera, como un prestidigitador… a lo que apunta la tesis de R. Carrier.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html
 
Jueves, 25 de Febrero 2021

El culto a los difuntos adquirió una dimensión diferente cuando los difuntos habían sido grandes personajes en vida. Y aún más cuando la fama post mortem creció hasta traspasar fronteras.
Hoy escribe Eugenio Gómez Segura.


048. Del culto a los difuntos al culto a los santos (5).
Pitágoras de Samos. Retrato en el Foro Romano.
  Un caso de cómo la fama puede aumentar la importancia de algunas personas tras la muerte pueden ser los de los filósofos griegos. Sin duda el ejemplo más relevante es el de Sócrates, cuya memoria lo convirtió en uno de los personajes más importantes de la cultura helenística, y no sólo por la trascendencia que le otorgó Platón al retratarlo como protagonista de sus exquisitos diálogos. En la Antigüedad clásica, Sócrates puede considerarse entre los mortales que más polémica y literatura despertó a su muerte. Incluso en la cárcel de Atenas donde tomó la cicuta (tal como cuenta Platón en su extraordinario diálogo Fedón) se veneró su recuerdo: durante las excavaciones llevadas a cabo en el siglo XX en las inmediaciones del edificio, apareció una estatua que se ha relacionado con su memoria y una especie de culto a su figura.
 
Otros dos filósofos, Pitágoras de Samos y Empédocles de Agrigento alcanzaron gran trascendencia en la Antigüedad: ambos habrían realizado milagros y ambos habrían disfrutado cierta sabiduría conectada con la divinidad que quizá hasta ahora se haya echado en falta al hablar del culto a los difuntos. De Pitágoras, por ejemplo, se dijo en época tardía que le era más fácil calmar un río o el propio mar que cruzarlos. Aristóteles escribió, a propósito de ríos, que “cuando (Pitágoras) cruzaba el río Cosa fue saludado y que muchos afirman haber oído el saludo”, o que “el mismo día a la misma hora fue visto por muchos en Metaponto y en Crotona”. De esa sabiduría antes mencionada parecen derivar las noticias que hablan de cómo Pitágoras libraba a poblaciones enteras de pestes. Aunque, de todas formas, en este sentido fue mucho más allá su discípulo Empédocles de Agrigento:
 
Por lo que respecta a la mujer sin respiración Heraclides dice que fue como sigue: que mantuvo el cuerpo treinta días sin respiración ni pulso. Por eso (Heraclides) lo calificó de médico y adivino...
 
Nos acercamos ya a un concepto nuevo que fue apareciendo paulatinamente en el mundo antiguo, el de hombre divino, la persona tocada por los dioses. No fue ésta una idea simplemente religiosa, ya que, en aquellos siglos, sobre todo a partir de Alejandro Magno (s IV antes de nuestra era) se extendió la idea de que los gobernantes habían de estar bajo la protección de las divinidades para que a su vez ellos protegieran a sus súbditos. La idea logró imponerse en los reinos que fraccionaron el efímero y majestuoso imperio de Alejandro a su muerte (año 323).
 
De manera que el hombre divino (theios aner, como se decía en griego) contando como debía con autoridad y majestad, podía ser tanto una persona de especial sabiduría como un buen gobernante o una persona relacionada con lo religioso y milagroso.
 
Este último es el caso de figuras como Anfiarao y Trofonio. El primero, con un oráculo médico en el sur de Beocia; el segundo, con un oráculo onírico. Sobre ambos versará el siguiente post.
 
Sobre la conexión entre difuntos y milagros, quiero recordar el libro colectivo que edité con Antonio Piñero y este enlace a una entrevista que me hizo Gabriel Andrade sobre los milagros de Jesús.
 
Saludos cordiales.
 
Domingo, 21 de Febrero 2021
Peligrosas generalizaciones negativas sobre el valor de Flavio Josefo acerca de la existencia de Jesús de Nazaret (18-02-2021) (1164)
Escribe Antonio Piñero
 
Foto: Flavio Josefo. Tomado de Wikipedia.
 
Voy a traducir la p. 41 del libro de R. Carrier “Jesus from the Outer Sapece” y luego comentaré:
 
A partir de haber establecido Carrier la idea de que, en la “historia de las religiones” ninguna divinidad que muere y resucita (entre las que se halla Jesús) tiene ninguna existencia histórica., Carrier se pregunta si Jesús es una excepción:
 
“A partir de este momento, tenemos que preguntar: ¿hay alguna prueba o testimonio (el vocablo evidencia es aquí un bárbaro anglicismo, pero que se está introduciendo sin remedio) que asegura que Jesús es una excepción? Podemos rescatar a Jesús de nuestras justificadas sospechas (de que nunca existió)?”
 
“Cuando miramos los testimonios fuera del NT, concluimos que nada hay utilizable para este propósito. Las primeras menciones que tenemos, desde sesenta a noventa años posteriores, son los «Anales» de Tácito y las «Antigüedades» de Flavio Josefo. Incluso si son auténticas (y hay buenas razones para dudar de ello), tales escritos serían las únicas   menciones a Jesús como figura histórica (fuera del NT) hasta pasados cien años desde que comenzó la religión (cristiana). Ahora bien, tales fuentes no proporcionan indicación alguna de ora fuente de información que no séanlos Evangelios, o bien informantes que se basan en los Evangelios”.
 
“Por consiguiente, no tienen capacidad de corroborar (la información) de los Evangelios, puesto que no podemos dar por seguro que no sean otra cosa que ecos de tales obras. Justamente eso: meros ecos de los Evangelios directa o indirectamente. No hay en ellas una corroboración independiente de algo concerniente a Jesús. Eso significa que no existía ninguno que pudiera ser citado; o bien que de alguna manera se perdió o se ignoraba. Sea una cosa o la otra, no existe para nosotros prueba alguna que podamos tener en consideración”.
 
Hasta aquí Carrier.
 
Por lo menos en lo que respecta a Flavio Josefo (Antigüedades XVIII 63-64: escritas en el 95 d. C. y cuando muchos de los cristianos con los que pudo contactar Josefo en Roma eran judíos creyentes) lo  que dice Carrier es sencillamente muy dudoso, por no decir erróneo.
 
Argumento tomando notas de mi libro “Aproximación al Jesús histórico” 4ª edición Trotta 2020:
 
Ningún historiador independiente duda de que ese testimonio flaviano haya sido interpolado por los escribas cristianos.
 
El texto de Flavio Josefo es el siguiente:
 
“Por esta época vivió Jesús, un hombre sabio, si se le puede llamar hombre. Fue autor de obras sorprendentes y maestro de los hombres que acogen la verdad con placer y atrajo no solamente a muchos judíos, sino también a muchos griegos. Él era el Cristo. Y, aunque Pilato, instigado por las autoridades de nuestro pueblo, lo condenó a morir en cruz, sus anteriores adeptos no dejaron de amarlo. Al tercer día se les apareció vivo, como lo habían anunciado los profetas de Dios, así como habían anunciado estas y otras innumerables maravillas sobre él. Y hasta el día de hoy existe la estirpe de los cristianos, que se denomina así en referencia a él”.
 
Están de acuerdo todos los investigadores en que el texto ha sufrido las manos de los escribas cristianos, que lo han glosado e interpolado.
 
Los retoques cristianos son, en opinión casi unánime de la investigación, los siguientes:
 
a) “Vivió Jesús, un hombre sabio, si se le puede llamar hombre”;
 
b) “Era el Cristo”;
c) “Al tercer día se les apareció vivo, como lo habían anunciado los profetas de Dios, así como habían anunciado estas y otras innumerables maravillas sobre él”.
 
Estas frases son ciertamente imposibles en Flavio Josefo, pues representan una clara profesión de fe cristiana y ese autor no le era; no lo fue nunca. Por tanto, son claramente añadidos cristianos. Si quitamos estas frases más que dudosas, diría que imposibles, quedaría el texto así:
 
“Por esta época vivió Jesús, un hombre [sabio]. Fue autor de obras sorprendentes y maestro de hombres que acogen la verdad con placer, y atrajo no solamente a muchos judíos, sino también a muchos griegos. Y, aunque Pilato, instigado por las autoridades de nuestro pueblo, lo condenó a morir en cruz, sus anteriores adeptos no dejaron de amarlo. Y hasta el día de hoy existe la tribu de los cristianos, que se denomina así en referencia a él”.
 
Parece que este pasaje puede atribuirse sustancialmente a Josefo, pues su estilo e ideas y vocabulario son típicamente suyas. Opino, pues, que la hipótesis de la “autenticidad de ese texto, pero con retoques” es la más convincente.
 
Y existe un argumento suplementario en pro de su autenticidad. Casi todos los investigadores mencionan este famoso pasaje tal cual lo hemos transcrito al principio, aislándolo de su contexto y considerándolo en sí mismo, pero pocos hacen hincapié en el final del texto sobre Jesús que sirve de empalme con el siguiente y que me parece iluminador:
 
“Y por el mismo tiempo (de Jesús) ocurrió otra cosa terrible (griego: héteron ti deinón) que causó gran perturbación entre los judíos (griego ethorýbei toùs ioudaíous)”.
 
Ciertamente este último pasaje aclara mucho. De él se trasluce que el núcleo del testimonio de Flavio Josefo sobre Jesús estaba dentro de una lista de personajes y sucesos tristes y malos que impulsaron a los judíos a la desastrosa sublevación del 66 d.C. Por tanto, el historiador judío estaba dando unos breves toques sobre tipos dañinos para el judaísmo y en concreto menciona la vida de un personaje mesianista, Jesús de Nazaret, cuya existencia había causado daños al pueblo judío, pues había potenciado las expectativas mesiánicas; había contribuido notablemente al ambiente exaltado general que llevó al pueblo judío a la catástrofe del año 70 d.C.: destrucción de Jerusalén del pueblo, de gran parte del país, innúmeras gentes hechas prisioneras y esclavas, y muchos muertos.
 
Flavio Josefo no tenía ningún interés en inventarse la existencia de un Jesús de Nazaret nefasto y colocarla dentro de una lista de personajes para él desastrosos. Luego, si eliminamos los retoques cristianos, el pasaje es un testimonio directo de la existencia de Jesús.
 
Por tanto, el texto no puede eliminarse alegre y desenvueltamente de la discusión, como si todo él fuera un añadido voluntario, con ánimo falsario, por obra de un escriba cristiano que apoyaba así la existencia de un personaje que en el fondo era un puro mito. El argumento se revela insostenible, a mi parecer.
 
Opino que lo único que hizo el escriba cristiano fue manipular el texto y presentar a Jesús a mejor luz. Así el retoque consistió en a) eliminar un posible principio del texto que ponía a Jesús dentro de una lista de personajes indeseables; b) añadir tres frases (las arriba destacadas); c) cambiar la más que probable palabra de Josefo sophistés, “sofista” (Jesús era un sofista más) por sophós = “sabio”.
 
Teniendo todo esto en cuenta, no es extraño que el texto de Josefo reconstruido por R. Esissler en su obra de 1931 “Jesús, el rey que nunca reinó” sea bastante plausible y haya comenzado del siguiente modo:
 
“Por aquel tiempo ocurrió el inicio de nuevas perturbaciones: Jesús, varón sofista… (griego archè néon thorýbon)”.
 
La reconstrucción del texto griego originario está citada en una amplia nota por el editor, Louis Feldman, en la p. 48 del volumen IV de las Obras de Josefo de la Loeb Classical Library, de 1965. L. Feldman era un excelente filólogo y un judío muy religioso y conservador, de quien no cabe esperar tantas simpatías por Jesús como para no declarar espurio un texto de Flavio Josefo si así lo creyera.
 
Así pues, según el historiador judío, Jesús de Nazaret agitó con su predicación a las masas judías y fue un eslabón más de los que la condujo a la catástrofe. Lo mismo que antes Juan el Bautista, que aparece por ello en la misma lista. Por tanto, si no es posible rechazar en bloque este texto como totalmente inauténtico, y si estimamos la mención josefina de Jesús como muy negativa, no sospechosa de ser una interpolación, debo concluir que es un testimonio directo de la existencia histórica de Jesús de Nazaret. 
 
Algún estudioso podría argumentar que este pasaje de Josefo es demasiado positivo respecto a Jesús, aun despojado de las posibles glosas cristinas. Pero el argumento tampoco es válido: si se estudian las palabras que este texto, en apariencia o por hipótesis más o menos neutro sobre Jesús, utiliza para describir la actividad de Jesús, observaremos que se emplean en el resto de su obra para designar actos negativos. Es esta una tarea propia de especialistas, en la que no puedo detenerme y mostrar listas de palabras unidas a una discusión filológica de su significado en este preciso texto, pero sus resultados son también muy concluyentes.
 
Alguien puede volver a argumentar en contra: El pasaje de Flavio Josefo no se encuentra en el texto del sabio cristiano Orígenes (muerto hacia el 250). Luego es falso.
 
Pues tampoco este argumento es seguro. Es más probable lo siguiente: la transmisión del texto de Flavio Josefo fue obra de cristianos ya que los judíos lo odiaban como traidor. Al llegar al Testimonio los escribas cristianos lo eliminaron (= texto en manos de Orígenes). Pero luego se dieron cuenta que era más provechoso para la propaganda cristiana falsificar el texto josefino añadiéndole glosas = texto que ha llegado hasta nosotros.
 
Sostengo que lo dicho es más plausible que la opinión de Carrier de que Flavio Josefo simplemente copió o bien de los Evangelios o de cristianos que citaban los Evangelios.
 
Síntesis: opino que la hipótesis de Carrier sobre Flavio Josefo no es en absoluto convincente.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero

http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html
Jueves, 18 de Febrero 2021

Los mártires de las persecuciones romanas forman una buena parte de quienes se encuentran en el grupo de los considerados santos. El respeto que los mártires alcanzaron entre sus compañeros de religión es una de las marcas de su futuro culto como tales. Pero parece que hay algo más que cristianismo en su desafiante actitud ante la muerte.
Hoy escribe Eugenio Gómez Segura.


047. Del culto a los difuntos al culto a los santos (4).
Calígula. Tomada de Wikipedia.

La devotio era una práctica propia de la religión romana más antigua que, si bien prácticamente desapareció de los usos comunes, permaneció en la tradición y la ética religiosa del Imperio.

La devotio consistía en ofrecer la propia vida a los dioses para lograr un bien para la ciudad de Roma. Este voto extremo tuvo al parecer pocas ocasiones de celebrarse. La primera gran cita de la devotio con la historia tuvo lugar en la batalla del Vesubio, disputada en el año 340 antes de nuestra era. Para sofocar la revuelta que los habitantes de Campania y otras regiones al sur de Roma habían iniciado contra ésta, los romanos habían enviado un ejército compuesto por cuatro legiones, dos dirigidas por el cónsul Publio Decio Mus, las otras dos por otro cónsul, Tito Manlio Torcuato. El caso es que, según cuenta el historiador Tito Livio, ambos cónsules soñaron que los dioses les avisaban que el triunfo caería en favor del ejército cuyo general muriera en combate ofreciendo su vida a la Madre Tierra y a los dioses subterráneos. Los cónsules tomaron la decisión de entregar su vida si alguna de las legiones a su mando estaba en peligro inminente de ser derrotada. Cuando la batalla tuvo lugar, fue Publio Decio Mus quien ofreció su vida. Para ello habló con el pontífice M. Valerio:
 
Necesitamos la ayuda de los dioses, M. Valerio. Ea, pues, Pontífice público del pueblo romano, ve pronunciando delante las palabras con las que yo me consagre por las legiones. El Pontífice le ordenó que tomara la toga pretexta, y una vez cubierta la cabeza y llevada la mano bajo la toga hacia el mentón, le ordenó que, estando de pie sobre una espada arrojada al suelo, repitiera una a una estas palabras: “Jano, Júpiter, Padre Marte, Quirino, Belona, Lares, dioses Novensiles, dioses Indigetes, dioses, bajo cuya potestad estamos nosotros y los enemigos, Dioses Manes, os suplico y ruego con veneración, os pido y consigo que concedáis al pueblo romano de los Quirites la fuerza y la victoria, y a los enemigos del pueblo romanos de los Quirites los llenéis de terror, de espanto y los sepultéis en la muerte. Tal como lo he pronunciado con mis palabras, así también ofrezco conmigo por la República de los Quirites, por el ejército, las legiones y los auxiliares del pueblo d ellos Quirites, a las legiones y auxiliares de los enemigos a los dioses Manes y a la Tierra” (Traducción de J. Guillén). Tito Livio, VIII, 9, 4-8.
 
El sacrificio personal se llevó a cabo: Decio se arrojó contra los enemigos, que quedaron paralizados por el terror que les inspiró una actitud tan loca (locura y divinidad solían estar asociadas). El momento fue aprovechado por las legiones para rehacerse y para, poco a poco, derrotar a los enemigos.

Esta entrega a la República, al bien público, en definitiva, posteriormente parece haber conocido otros ejemplos: en la batalla de Sentino (295 a. C.) Publio Decio Mus hijo repitió la heroicidad de su padre; en la batalla de Asculum (279 a. C.) otro Decio, según Cicerón, se arrojó a las flechas enemigas.

Esta ceremonia de último recurso acabó por engrandecer la idea de la entrega a la patria, aunque con el tiempo se vio redirigida hacia el culto al emperador. Sabemos que como parte del mismo los romanos consideraban que debían ofrecer sacrificios al emperador para que intermediara entre los dioses y los súbditos, y eso, junto a otras cosas, llevó a una peculiar anécdota: Calígula, famoso por sus locuras, cayó enfermo en cierta ocasión. Algunos incautos se atrevieron a ofrecerse como gladiadores para que éste sanara y otros, incluso, ofrecieron sus cabezas para tal fin (Suetonio, Calígula 14, 2). El gracioso emperador les recordó después sus votos y les exigió cumplirlos (Suetonio, Calígula 27, 2).

La verdad es que todo esto podría haber quedado en simples anécdotas más o menos verídicas de no ser por un último ejemplo de devotio: la del propio emperador Claudio II el Gótico en la batalla de Naissus (Nis). Cuenta Amiano Marcelino (Res Gestae 16, 10, 3) que en el año 269 este emperador ofreció a los dioses su vida por la victoria del ejército contra los godos. El caso es que, bien por una plaga, bien por viruela, Claudio II murió, y la tradición afirmó que ése era el pago por la victoria. Fue inmediatamente convertido en dios. Es decir, fue recompensado por su entrega asumiendo la forma más perfecta de vida.

La devotio, aun siendo (podríamos decir) un fantasma a lo largo de la historia de Roma, fue un hecho cultural que pudo haber conformado una suerte de entrega por la causa, una suerte que, más allá de los hechos, llevara a muchos cristianos a entregarse (como sabemos) durante las persecuciones para ofrecer su vida a la divinidad. Algunos de estos fueron después considerados santos.

Saludos cordiales.

https://www.eugeniogomezsegura.es/
logos@ugeniogomezsegura.es
 
Lunes, 15 de Febrero 2021
Curso en línea sobre el "Jesús histórico"
MORIAH COLLEGE
 
Instituto adscrito a la UNIVERSIDAD HEBREA de Jerusalén
 
Curso en línea  “Una aproximación al Jesús Histórico”, dictado por el profesor Antonio Piñero
 
Para inscribirse:
 
https://moriacollege.com/aproximacion-jesus/
 
Nuestro objetivo durante este curso online es presentarte diferentes aspectos de la vida de Jesús, que serán analizados por uno de los principales expertos en el tema en clases en vivo.
 
Durante el curso, tendrás acceso a contenidos valiosos, fruto de décadas de investigación académica, interpretados por el profesor Antonio Piñero, sin sesgos religiosos.
 
Con eso, la idea es que, al completar el curso, puedas desarrollar un enfoque crítico e independiente de este tema que despierta el interés de millones de personas en todo el mundo.
 
Para ello, tendrás acceso a 8 clases en vivo, con los siguientes temas:
 
Clase 1: El Cristo de la fe y el Jesús de la historia. ¿Son compatibles? Breve historia de la investigación. ¿Existió realmente Jesús? Análisis de los argumentos a favor y en contra. Resultados.
 
Clase 2: La infancia y formación de Jesús. La cuestión especial de los “Evangelios de la Infancia” (Mateo 1–2; Lucas 1–2)
 
Clase 3: Vida pública de Jesús: duración; su relación especial con Juan el Bautista. Jesús como profeta apocalíptico.
 
Clase 4: La enseñanza de Jesús (I): El Reino de Dios.
 
Clase 5: La enseñanza de Jesús (II): La iglesia / la eucaristía /  La vida moral según Jesús.
 
Clase 6: Autoconciencia de Jesús: ¿Hijo de Dios? ¿Hijo del hombre? ¿Mesías? ¿Profeta?
 
Clase 7: Proceso de Jesús. Muerte y sepultura.
 
Clase 8: La cuestión histórica de la resurrección y las apariciones.
 
Este  curso online “Una aproximación al Jesús Histórico”, dictado por el profesor Antonio Piñero, tiene la inscripción abierta
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
Viernes, 12 de Febrero 2021
“Es razonable la posibilidad de que Jesús de Nazaret no haya existido nunca” (11-02-2021. 1162)
Escribe Antonio Piñero
 
Foto: Osiris, dios egipcio (foto de “Historiando.org”)
 
El título de esta postal está tomado del título del capítulo 2 del libro de R. Carrier “Jesus from Outer Space” (“Jesús desde el espacio anterior”) aunque no sea una traducción meramente literal del título en inglés: “There is a good chance Jesus never existed”.
 
En este capítulo Carrier desmenuza la historia de Osiris tal como la expone Plutarco en “De Isis y de Osiris”, un tratado de sus “Moralia” (obras sobre la vida moral y ética).  Primero resume Carrier el mito de Osiris, luego describe como eran –en el ámbito del Mediterráneo oriental– las nociones en torno a los cultos cuya idea central es la de un Dios que muere y resucita; enumera sus características y luego las compara con la noción central del cristianismo en torno a Jesús como hijo de Dios, que desciende del cielo, habita en la tierra, muere, resucita, asciende al cielo. Y cómo el cristiano puede obtener la salvación imitando la peripecia de este dios que muere y resucita.
 
No lo explica nada mal, ciertamente. En castellano tienen los lectores el capítulo del Prof.  Jaime Alvar “Pablo los misterios y la salvación” en el libro comunal “Biblia y Helenismo”, del 2006, reeditado con éxito por la editorial Herder de Barcelona hace algo más de dos años, pp. 331-358.
 
Pero comparar la reinterpretación de la muerte y resurrección de Jesús por parte de Pablo y sus seguidores es súper conocida desde el siglo XIX gracias sobre todo desde el famoso libro de Richard August Reitzenstein Das Iranische Erlösungsmysterium: Religionsgeschichtliche Untersuchungen (“El misterio de la salvación según (la religión) irania. Investigaciones sobre la Historia de las religiones”).
 
Así que esto es más o menos “descubrir el Mediterráneo”.
 
Como conclusión de esta parte descriptiva de su capítulo 2 afirma Carrier que es posible describir el cristianismo “antes de que este existiese” combinando el sustrato judío del cristianismo con el conjunto común de concepciones de otras religiones de salvación de la época. Y eso no es pura coincidencia".
 
Mi respuesta es: Acabo de escribir que es cierto en gran parte. Siempre he defendido que el cristianismo como tal “nace” con la interpretación paulina de la muerte y resurrección de Jesús hecha por Pablo. Pero eso se refiere a la tal reinterpretación. Y es un error de lógica deducir de ello que –como el Jesús cristiano se parece a los dioses que mueren y resucitan– Jesús no existió nunca. Es así que los dioses paganos, Osiris por ejemplo (del que habla Carrier) no existió nunca…, hay muchas posibilidades de que Jesús no existiera nunca.
 
Sinceramente solo veo la lógica de la posibilidad, pero la posibilidad no es una realidad. El grupo cristiano helenístico, al designar ya como salvador a Jesús (y en esto ese grupo es un precedente de Pablo), unía en la persona de éste una de las características del Dios veterotestamentario con la designación de ciertos dioses de las religiones de misterios e incluso de los monarcas que habían recibido ese título, y honores divinos, por su función salvadora de los peligros.
 
Con ello pretendía proclamar ante los paganos que la verdadera salvación no habría de buscarse ya en esas divinidades mistéricas o en el amparo de señores terrenales, sino en el Hijo de Dios. La insistencia en esta titulación, fácilmente comprensible por las masas del Imperio, explica suficientemente que muy pronto casi desapareciese de la tradición el misterioso título de "Hijo del Hombre", ininteligible para los que procedían del paganismo.
 
No lo dudo. Pero estamos hablando de la teología cristiana evolucionada tras el pensamiento de Pablo. He escrito en la obra comunal “Orígenes del cristianismo” (también reeditado por Herder, p. 403):
 
La aceptación de la influencia en el cristianismo de la "religiosidad pagana contemporánea y particularmente de los cultos mistéricos, [...] de todas estas modalidades de la soteriología individualista que habían confluido en la figura-tipo del personaje divino que muere, vuelve a la vida y hace partícipes a sus devotos de su victoria sobre la muerte" (así José Montserrat) nos conduce directamente al origen histórico de una concepción nuclearmente cristiana: en último término ésta nace aplicando a Jesús concepciones que provienen no solo del mundo judío, sino de la religiosidad pagana”.
 
Repito que lo dicho no se refiere a Jesús  de Nazaret, sino a la reinterpretación y “repensación” de si figura por parte de Pablo de Tarso en primer lugar. El Prof. Jaime Alvar citado arriba escribe en ese capítulo de “Biblia y Helenismo”:
 
“Resulta, en mi opinión, un error sostener que la salvación paulina y la mistérica es esencialmente distinta porque no la establecen exactamente con los mismos parámetros. Cuando se insiste en el hecho diferencial cristiano atendiendo al fenómeno de la redención, se está forzando la situación de modo innecesario para dramatizar las diferencias. No hay que olvidar que en todo este asunto lo primordial, no es la forma mediante la que se accede a ella, sino la existencia de una vida eterna garantizada individualmente. Y precisamente en esto hay coincidencia entre los misterios y el cristianismo.
 
Y luego sostiene:
 
Se puede “aceptar que Loisy  (en su obra Les mystères païens et le mystère chrétien, París 1930) se excedió al considerar la salvación ultramundana en el cristianismo como préstamo mistérico. Sin embargo, es preciso reconocer que las réplicas de los autores confesionales no han sido mucho más acertadas (por ejemplo, se ha banalizado la complejidad religiosa indiscutible de los misterios paganos). La salvación personal… está confirmada en el libro XI de las Metamorfosis de Apuleyo, donde se puede constatar la esperanza en una vida ultramundana muy próxima a la que postula el cristianismo. Y que la intervención divina es imprescindible para la salvación individual no sólo se deduce del hecho de que es la divinidad la que señala quién ha de ser iniciado, sino que está explícito en el famoso texto del mitreo de Sta. Prisca en Roma, reiteradamente mencionado: «et nos servasti [eternali] sanguine fuso: “Nos salvaste derramando sangre [eterna]»”
 
Todo esto lo han admitido los historiadores independientes desde hace mucho tiempo. Pero no es de recibo el que a partir de las cartas auténticas de Pablo y otras del Nuevo Testamento deduzca Carrier que como no hablan del Jesús terreno, sino solo del salvador celestial, hay muchas posibilidades de que Jesús de Nazaret nunca haya existido.
 
Se trata solo de la reinterpretación de Jesús de Nazaret por parte de los judeocristianos helenistas con Pablo a la cabeza, pero no la idea  que tenían los primeros seguidores de Jesús en el grupo primitivo de Jerusalén.
 
Como otras veces, Carrier –opino– va bastante más allá de lo que dicen los textos. Lo veremos el próximo día.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html
Jueves, 11 de Febrero 2021

El mundo clásico conoció un tipo de muerte honrosa que funcionó como un modelo ético de cierta importancia social, política y filosófica: la entrega a la muerte respondiendo a ciertos ideales.
Hoy escribe: Eugenio Gómez Segura.


046. Del culto a los difuntos al culto a los santos (3).
Muerte de Séneca, de Manuel Domínguez, Museo del Prado
 
Entre las muertes más admiradas en el mundo clásico figuran las de Aquiles y Héctor porque un héroe mítico también es un modelo con el que aprender a morir. Mediante el patrón de los héroes en Grecia se aprendía a morir y revivir para siempre en la memoria colectiva. La muerte como un hecho cultural de primera magnitud. Así, Aquiles y Héctor pueden ser modelo de la aceptación consciente y valiente del final. En el canto XVIII de la Ilíada, el primero desvela a su madre, la diosa Tetis, que está decidido a aceptar su muerte (vv. 88-92) Todas las traducciones de E. Crespo Güemes):
 
...Mas sucedió así para que sufrieras penas infinitas en el alma
por el fallecimiento de tu hijo, a quien no volverás a dar
la bienvenida de regreso a casa, pues mi ánimo me manda no
vivir ni continuar entre los hombres, a menos que Héctor
pierda antes la vida abatido bajo mi lanza...
 
Y poco después continúa (vv. 115-121):
 
...Mi parca yo la acogeré gustoso cuando Zeus
quiera traérmela y también los demás dioses inmortales.
Ni la pujanza de Hércules logró escapar de la parca,
aunque fue el mortal más amado del soberano Zeus Cronión,
sino que el destino lo doblegó y además la dura saña de Hera.
Así también yo, si el destino dispuesto para mí es el mismo,
quedaré tendido cuando muera.
 
En cuanto a nuestro segundo héroe, Héctor, el canto XXII ofrece su muerte frente a Aquiles. De todo este canto destaca el pasaje en que finalmente reconoce que ha llegado su hora (vv. 297-305):
 
¡Ay! Sin duda los dioses ya me llaman a la muerte.
Estaba seguro de que el héroe Deífobo se hallaba a mi lado;
pero él está en la muralla, y Atenea me ha engañado.
Ahora sí que tengo próxima la muerte cruel; ni está ya lejos
ni es eludible. Eso es lo que hace tiempo fue del agrado
de Zeus y del flechador hijo de Zeus, que hasta ahora me
han protegido benévolos; mas ahora el destino me ha llegado.
¡Que al menos no perezca sin esfuerzo y sin gloria,
sino tras una proeza cuya fama llegue a los hombres futuros!
 
Observemos cómo ambos héroes arrostran el final con la misma entereza, si bien envueltos en una moral nobiliaria y guerrera que, con todo, no obsta para convertirlos en modelos a la hora de asumir la muerte como final de todo, una concepción expresada a propósito del destino de Héctor (vv. 361-363):
 
Apenas hablar así, el cumplimiento de la muerte lo cubrió.
El aliento vital voló de la boca y marchó a la morada de Hades,
llorando su hado y abandonando la virilidad y la juventud.
 
Estas dos muertes mitológicas se convirtieron en muertes que culturalmente fueron reales: la muerte voluntaria, aceptando el final y renunciando a una vida normal, se convirtió en un hecho real. Una manera de apreciar la trascendencia de las ideas en la realidad del comportamiento de la humanidad puede ser la que ofrecen los casos de los ilustres romanos que prefirieron la muerte honrosa a la vida sin honra (el dulce et decorum est propatria mori de Horacio). Ejemplos de tales actos de valentía personal digna de la mayor alabanza por los contemporáneos y las generaciones futuras fueron (y siguen siendo), los siguientes:
  1. Catón el joven, que se suicidó en Útica para no ver las maldades de César;
  2. Ático, amigo de Cicerón, que tras muy duradera enfermedad decidió poner fin a su vida;
  3. Séneca, bajo la presión de Nerón, se convirtió en modelo del filósofo que acepta la muerte tal como había ocurrido con Sócrates.
No quiere esto decir que los filósofos tuvieran una forma estereotipada de suicidarse, sino que había una cultura de la aceptación de la muerte que dignificaba y convertía en merecedor de La buena reputación, la seguridad de ser elogiado tras la muerte, de tributar honores a quien la llevaba a cabo, fueron posiblemente motivos culturales para arrostrar los últimos momentos de la vida. Y hubo muchos más, como la devotio, de la que hablaremos la próxima semana.
 
Saludos cordiales, Eugenio Gómez Segura.
 
Domingo, 7 de Febrero 2021
Las medias verdades son más peligrosas que las mentiras (04-02-2021.- 1161)
Escribe Antonio Piñero
 
Foto: Uno de los manuscritos de los rollos del Mar Muerto.
 
Recuerden que escribir en una de mis postales anteriores que prometí a Richard Carrier que criticaría su libro. Y también se lo prometí a su portavoz en Chile, David Cáceres. Y lo cumpliré hasta que Ustedes digan “¡Basta! ¡Estamos hartos de este tema!”.
 
Pues bien, una de las cosas que más cansan a la hora de dialogar o escribir es tener que presentar argumentos en pro de lo evidente. Es aburridísimo ya que debería verse y entenderse por sí mismo. Casi peor, sin embargo,  es lo de las medias verdades. Contra ellas es difícil luchar
 
Afirma Carrier que los primeros cristianos, judíos de pura cepa, que seguían yendo al Templo todos los días a rezar para que se cumpliera la vuelta de Jesús, pero ya confirmado por d como juez de vivos o muertos (Hechos 2,46: “Acudían al Templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón” defendían que Jesús, sí Jesús, vivía en espacio exterior.
 
Yo creo que jamás sostuvieron eso. Lo que sí mantuvieron era que  Jesús fue un hombre en el que en vida entró en su cuerpo el Espíritu divino. Así se expresa  en el documento judeocristiano del siglo III (el escrito básico), titulado “La novela de Clemente” / La pugna de Pedro con Simón Mago. En él dice Pedro al sumo sacerdote Caifás (en la versión latina, llamada “Reconocimientos”) que los judíos con Caifás a la cabeza  “rogaban que hablásemos con ellos de Jesús, si él era el profeta que Moisés predijo… pues en esto solamente estriba la diferencia entre nosotros los que hemos creído en Jesús frente a los incrédulos judíos”. Pedro acabará explicando que una vez que entró en el hombre Jesús el Espíritu de divino de la Profecía, este se convirtió en el “mesías eterno”. Pero primero fue un hombre, conocido por algunos de los  viejos del lugar.
 
Es claro para quien sepa algo del judaísmo del siglo I, antes y después, que –como creo que he dicho más de una vez– los judíos creían firmemente que había cosas que habían sido “creadas” (es decir, prexistían en la mente divina, antes de d creara el Universo). Y destacaban siete cosas: “El Templo, el trono de gloria, la gehenna, el arrepentimiento, la ley de Moisés, el paraíso y el mesías” (La fuente principal se halla en el Talmud de Babilonia tratado Nedarim  39b). Por influencia probablemente del platonismo vulgarizado –al igual que la moral estoica vulgarizada– que había alcanzado a Israel desde dos siglos antes de Jesús, esas “cosas preexistentes” eran las ideas ejemplares, perfectas, de la mente divina que servían de modelo para la realización terrestre, cuando llegara su momento. En el templo real de Jerusalén se concretó esa idea divina, o en la ley de Moisés, o en el mesías igualmente, que era necesariamente humano. De lo contrario no era mesías.
 
Por tanto, no es correcto decir con Carrier (p. 31) que los primeros cristianos creían que “Jesús”  residía desde siempre en el espacio exterior, sino que era un hombre inhabitado en un momento de su vida por el Espíritu divino.
 
Decir eso “habitar en el espacio exterior” es no entender en nada la mentalidad judía. Deseo que quede claro que para un judío del siglo I el mesías era necesariamente un ser totalmente humano, realmente existente, en el que penetraba la idea divina de mesías, del mismo modo que el espíritu profético divino (que los judíos llamaban el Espíritu Santo) había penetrado en el cuerpo de un hombre concreto, Elías, por ejemplo, y lo había transformado en profeta…¡Pero no por eso Elías dejaba de ser humano… y jamás ningún judío pensó que antes de presentarse en la tierra Elías viviera en el espacio exterior…¡Pues de Jesús tampoco!
 
Según los primeros cristianos, Jesús era un hombre corriente hasta que le invadió, en el momento que Dios quiso (según Marcos en el bautismo); según Lucas y Mateo en el mismo vientre de su madre, según Juan en un momento indeterminado de la vida de Jesús en el que penetra en él El Verbo divino. Y según Pablo, el mesías en un hombre casi “normal y corriente”, aunque descendiente físicamente de David” (Romanos 1,3). Y en él entró el espíritu/concepto divino de “mesías” y lo hizo eso, mesías.
 
Según algunos cristianos tal cosa había ocurrido en la vida misma terrenal de Jesús (Marcos). Según Pablo, la constitución de Jesús como mesías pleno y total que incluye la función de juez no tuvo lugar hasta la resurrección. Pero de ningún modo Pablo pensó jamás que antes de morir y resucitar Jesús fuera un “dios solar o astral” y que Jesús vivía en el espacio exterior, y que era un ángel y no un hombre (Carrier). ¡Nunca!
 
Si Jesús, para Pablo hubiese sido un ángel, no tendría sentido alguno su evangelio, a saber que un hombre, el segundo Adán (y Adán fue un hombre y no un ángel), Jesús, murió en la cruz y resucitó. ¿Cómo iban a pensar Pablo los primeros cristianos que Jesús como ángel que era tomó cuerpo humano y murió en la cruz y resucitó? Carrier cae en la cuenta de esta dificultad y aduce como prueba de que era así Filipenses 2,6-8:
 
6El cual, existiendo en forma de Dios,  no consideró rapiña ser igual a Dios.  7Sino que se anonadó a sí mismo  tomando forma de esclavo,  llegando a ser en semejanza de hombres  y fue hallado en condición de hombre;  8y se humilló a sí mismo,  hecho obediente hasta la muerte  y muerte de cruz”.
 
Este texto es muy difícil por ser un himno poético (sea de Pablo o no, es decir, Pablo lo copia, no importa ahora para el argumento). El transfondo, de modo obscuro y casi implícito, al tratarse de una composición semipoética, de esta comparación sería doble. Por un lado, el relato de la creación según el Génesis en la que se dice que el hombre, hecho a imagen y semejanza de Dios es semejante a éste (Gn 1,27: tendría la forma de Dios). El mesías sería el paradigma del ser humano perfecto, y podría haber vivido una vida excelente en este mundo.
 
Por otro, el trasfondo sería la concepción de un mesías humano que se apoya en el paradigma de la contraposición entre el primer Adán y Jesús como segundo Adán, que en principio son ambos humanos. Tal esquema se halla en textos como Romanos 5,14-15: 
 
“Pero reinó la muerte desde Adán… Pues si por el delito de uno (solo) murieron todos ¡cuánto más la gracia de Dios y el don (otorgado) por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, se ha desbordado sobre todos!”,
 
O 1 Cor 15,20.45:
 
20 “Como, pues, en Adán mueren todos, así también en Cristo serán vivificados”… 45 “Y así está escrito: Fue hecho el primer hombre, Adán, alma viviente; el último Adán, espíritu que da vida”.
 
Pero en 1 Cor 10,4 aparece ya una idea parecida a la de Filipenses:
 
“Todos (los israelitas en el desierto del Sinaí) bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que les seguía; y la roca era Cristo”. Aparentemente –según este testo– el mesías era preexistente
 
Pienso, pues que el himno de Filipenses era una reflexión mística sobre la vida de Jesús, que no fue la existencia gloriosa, como mesías que era, de los señores, o héroes con grandes poderes, que eran aclamados como tales en los reinos de la época, sino un héroe que se abajó a una vida y muerte de esclavo. Pablo –sostienen algunos estudiosos-- estaría quizás contraponiendo las actitudes y la actuación política y humana de un gobernante malvado, Nerón en esa época, a la del Mesías que obró radicalmente al revés.
 
Esta exégesis hace hincapié en la dificultad enorme de aceptar la preexistencia física de un ser a quien Dios luego resucita (la exaltación a los cielos es también una forma antigua del judeocristianismo para expresar la resurrección) y sitúa en una posición privilegiada. Es evidente que cualquier judío pensaba a Dios no podía resucitar a quien era “preexistente”, es decir, “había vivido desde siempre”. Imposible resucitar a un ser así. La solución tiene que estar en otro lado.
 
Sin duda es claro que en la segunda parte del himno se habla de una divinidad suprema (Dios de Israel) y de una entidad inferior, el mesías, que es exaltada posteriormente al rango divino; de ningún modo se expresa la igualdad, por así decirlo, de sustancia divina propia de dos seres. La divinidad exalta al mesías humano hasta un rango divino tras su resurrección: hay, pues, una “apoteosis” = elevación al rango divino. Sin embargo dice que “existiendo en forma de Dios,  no consideró rapiña ser igual a Dios”
 
 
Probablemente lo que ocurre es que el himno está equiparando al mesías, una vez constituido como tal por el Espíritu divino, con la Sabiduría divina que es naturalmente preexistente, puesto que es un modo de Dios. Esa equiparación es propia de un  judaísmo místico y visionario, en nada racional, ya –por lo menos– desde el siglo III antes de Cristo.
 
 
La interpretación que estoy ofreciendo de un texto dificilísimo es congruente con el pensamiento global de un Pablo judío y practicante, aunque debo confesar que el v. 6 se las trae. No es lo mismo en griego ser un “eikôn”, una “imagen” de Dios, que “existir en forma de” (griego “en morphéi theoû hypárchein”) de Dios, que apunta hacia la unidad de forma y sustancia.
 
 Estaríamos en uno de los casos difíciles de imprecisión retórica, mística, visionaria en los que Pablo, que está pensando siempre en el Cristo celestial, que no le importa para nada el lado humano del Mesías, retroproyecta poéticamente al Jesús humano cualidades divinas, como henos visto en 1 Cor 10,4 arriba citado.
 
En síntesis, a partir de este texto difícil, en contra de otros muy claros, no se puede decir que todos los cristianos creían que “Jesús”  (insisto: Carrier escribe “Jesús” p. 31) residía solamente en el espacio exterior antes de venir a la tierra. Añade Carrier que a lo mejor este Jesús imaginario jamás vino a la tierra, puesto que la idea de que Jesús “estuvo en la tierra” no aparece nunca en Pablo. Y deduce: A lo mejor Pablo nunca oyó nada en verdad  de la existencia en la tierra del predicador de Galilea. ¿Acaso fue esa idea una ficción posterior? (Carrier: p. 31).
 
No entiendo como dice esto Carrier cuando Pablo mismo dice en 2 Corintios 5,16 “En adelante, ya no conocemos a nadie según la carne. Y si conocimos a Cristo según la carne, ya no le conocemos así”, lo que significa bastante claramente –pienso– que aunque él, Pablo, conoció a Jesús  como hombre, ese conocimiento no le interesa. Ese es un conocimiento carnal. A él solo le interesa el conocimiento espiritual del evento final de la vida de ese hombre, su muerte y su resurrección. Y dese ese momento final retroproyecta a la vida humana de Jesús lo que se piensa solo tras su resurrección
 
Todo esto es teología judía pura y dura. Algunos pensaron lo mismo de Henoc, el “sétimo varón después de Adán”  (Génesis 5,21-24) a quien imaginaron siempre como un ser humano, no como un ángel.
 
Perdonad esta larga y abstrusa disquisición…, pero no quiero escaparme de ningún argumento de Carrier, aunque personalmente considere que este, por causa de no haberse metido en la piel de los judíos de la época, es muy posible que no entienda el Nuevo Testamento (los Evangelios en especial) de la manera como los judíos de la época lo habrían entendido. Pienso que muchos paganos que procedían de los “temerosos de Dios”, que frecuentaban el contacto con los judíos, sobre todo los sábados también eran capaces de entender los Evangelios al modo judío, como lo que son obras judías. Para eso no hay que leer solo el Nuevo Testamento, sino también la literatura judía de la época para entenderlos.
 
Síntesis de nuevo: para entender el Nuevo Testamento a fondo y de verdad, un Nuevo Testamento que es un libro judío de cabo a rabo, hay que pensar como un judío.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html
 
DOS NOTAS:
 
1. Una entrevista en video que me hizo Jesús Bastante, subdirector de “Religión Digital” (la transcribirán y publicarán dentro de unos días):
https://www.youtube.com/watch?v=TUEqaLb5wms
 
2. Enlace audio de una entrevista que me hizo José Rafael Gómez  (programa “Universo de Misterios”):
 
https://www.ivoox.com/215-aproximacion-historica-a-figura-de-audios-mp3_rf_64639054_1.html
 
Saludos de nuevo
 
Jueves, 4 de Febrero 2021


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.





Tendencias de las Religiones


RSS ATOM RSS comment PODCAST Mobile