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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero

Comienza la serie "30 Monedas", dirigida por Álex de la Iglesia. Su temática nos servirá para analizar el interesante mundo de las reliquias, su significado y sus variedades, en las religiones antiguas.
Hoy escribe: Eugenio Gómez Segura


038. "30 Monedas": la importancia de las reliquias (1).
Denario de plata de Tiberio. Tomado de Wikicommons.

Una reliquia puede ser, según el diccionario de la RAE, el “residuo que queda de un todo”, un “vestigio de cosas pasadas”, “objeto o prenda con valor sentimental”; y, principalmente, “parte del cuerpo de un santo, o lo que por haberle tocado es digno de veneración”.
La palabra es un derivado del latín relinquo, “dejar”, “abandonar”, procedente a su vez de la raíz indoeuropea *leikw-, “dejar”. De su versión griega tenemos en español lipotimia, “pérdida pasajera del sentido y el movimiento”. Del latín linquo provienen delincuente, delito, reliquia y relicario. La idea principal que da significado a nuestras reliquias es que tenemos en nuestras manos los restos de un cuerpo o algún objeto conectado directamente con una persona principal en sentido religioso. Esta costumbre tan católica tiene, pese a las apariencias, una tradición tan antigua como el neolítico, es decir, unos doce mil años de existencia.

En la ciudad de Jericó se desarrolló, durante el denominado Neolítico Precerámico A (entre el 9500 y el 7300 antes de nuestra era), un asentamiento que ha sido calificado como la primera ciudad de la historia. Construida en un promontorio, tenía casas ovaladas de adobe y una muralla que la rodeaba, a la que incluso se añadió una torre circular de la cual se han excavado importantes restos (se conserva parte de la escalera interior).

En esta ciudad tenemos constancia de un culto a los antepasados de chocantes características. Este culto se manifiesta a nuestros ojos en el hallazgo de varias tumbas preparadas en los suelos de las casas. Si bien esta es la costumbre general del asentamiento, que alcanzó incluso unos dos mil habitantes, algunos de estos enterramientos destacan singularmente. Se trata de una serie de cuerpos cuyo cráneo fue reservado para un tratamiento ulterior sumamente notable: una vez separado, el cráneo era remodelado cuidadosamente con una especie de yeso para reconstruir una cara que, se entiende, recordara la faz del difunto. Para los ojos se insertaban en las cuencas conchas. Además, la reconstrucción se decoraba con rojo y negro de manera que se acentuaran detalles de la persona difunta (se llegó a representar de esa manera cabellos o bigotes).
 
Otros yacimientos de Siria, Jordania, Israel y Palestina han proporcionado piezas de este u otros tipos, y en todos los casos esta costumbre se relaciona con el culto a los ancestros. La agricultura llevó a relacionar la siembra con el enterramiento: tal como la semilla se introducía en tierra, así era enterrado el difunto. Por otra parte, la radical característica humana que podríamos calificar como “vida consciente” debió llevar a considerar que los fallecidos mantendrían esa consciencia post portem y que sería posible dirigirse a ellos como intermediarios entre las divinidades y los vivos. Esa forma de mediación se afirmó de dos maneras principales: el respeto hacia los enterramientos y la necesidad de mantener algún contacto más allá de lo reverencial.

No es de extrañar entonces que objetos o partes del cuerpo resultaran indicadas para realizar estas prácticas religiosas. El objetivo primordial sería que la intercesión conllevara el éxito de las labores agrícolas, pues los difuntos, en su calidad de “no vivos”, estarían en contacto con el desconocido mundo de las divinidades, tanto del espacio como de lo subterráneo: por una parte, al haber superado el tiempo mortal se encontrarían en el “no tiempo” o tiempo eterno, de manera que podrían servir para conocer el futuro; por otra, como restos en contacto con la tierra que da el alimento, su influencia sería decisiva para que los vivos pudieran sobrevivir.

Si a esto añadimos que la selección de la calavera o cráneo se corresponde con ciertas tradiciones que consideraban esta parte del cuerpo como la más sagrada o más cercana a la divinidad, la separación y embellecimiento de los cráneos intentando devolver vida a características de aquellos antepasados serviría para perfeccionar el ritual, propiciar a los difuntos y tener éxito en lo relativo a las preocupaciones humanas.

En España también tenemos una muestra de estos rituales con cabezas de difuntos. En Numancia (Soria), la bodega una casa celtíbera ha proporcionado cuatro cráneos que se relacionan o con el rito céltico de las cabezas trofeo o con la conservación del cráneo del ancestro.

Saludos cordiales.
 
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Domingo, 29 de Noviembre 2020
Acaba de aparecer en Trotta el libro titulado “El Jesús histórico. Otras aproximaciones. Reseña crítica de libros significativos en lengua española” (26-11-2020 – 1149)
 
Escribe Antonio Piñero
 
Interrumpo momentáneamente mi crítica a los argumentos de R. Carrier para anunciaros que ha salido hace una semana, creo, otro breve ensayo mío, que complementa al libro anterior “Aproximación al Jesús histórico” del que escribí que había aparecido la cuarta edición. La primera parte de “Aproximación al Jesús histórico” ha sido muy bien acogida por los lectores. Y esto ha llevado a publicar esta segunda parte, que complementa claramente la primera.
 
Este segundo libro es más breve; solo tiene 195 páginas y de hecho había aparecido ya en versión electrónica que ahora ha sido levemente ampliada y corregida.  El ISBN es 978-84-9879-986-4. El precio, creo es en torno a 20 euros.
 
A este propósito comento lo siguiente:
 
 
Circulan entre los lectores de lengua castellana dos tipos de libros sobre Jesús de Nazaret. Uno, la mayoría, escrito por autores de una u otra confesión cristiana. Otro, minoritario, compuesto por estudios de autores independientes no confesionales, pero que procuran no ser militantes, en pro de una opción que exponga los resultados de una aproximación a Jesús obtenida con los mismos medios empleados para estudiar otras biografías o libros parecidos de personajes ilustres de la Antigüedad. Poner a disposición del público un panorama breve pero bastante completo de lo que se está escribiendo en lengua española en estos momentos es pues la finalidad de esta segunda parte.
 
Este panorama se divide consecuentemente en dos secciones. La primera, que al autor designa como “sendas perdidas”, contiene apreciaciones positivas y negativas respecto a las obras sobre Jesús de autores confesionales, es decir, dependientes de la fe de una iglesia determinada. La segunda, que el autor considera como “otras sendas”, ofrece por medio de análisis históricos otras aproximaciones al personaje que el autor defiende como más cercanas a la figura histórica de este y que no dependen de iglesia alguna. Ahora bien, también esta segunda parte es crítica, aunque se trate de libros que intentan no estar condicionados por una fe previa en Jesús. Se trata de construir una imagen de este sobre la base de lo que razonablemente podemos saber hoy acerca de él utilizando todas las herramientas usuales en la investigación de la historia antigua.
 
No puede hacerse otra cosa con la figura de Jesús, ya que su vida y mensaje se encuadran en el panorama teológico-social del Israel de su tiempo… de hace dos mil años.
 
La lista de libros comentados no es muy grande teniendo en cuenta que sobre Jesús se escriben cerca de mil libros al año, aunque la mayoría sin valor histórico alguno. Pero con los aquí presentados cree el autor que tiene ya el lector suficientes herramientas intelectuales para formarse una idea de cómo debe discurrir hoy día la investigación del Jesús de la historia. La imagen del Nazareno obtenida de este conjunto crítico no está condicionada ni escrita en apoyo de confesión alguna, pero sí con la consciencia plena de que su vida –aun siendo la de un personaje históricamente remoto– está totalmente viva en la inmensa mayoría de los cristianos. Por ello, esa vida sigue interesando por sí misma.
 
Opine que de esa vida se pueden extraer sin duda alguna ciertas normas éticas y principios que ayudan a mejorar la vida del ser humano del siglo XXI.
 
I.  APROXIMACIONES TEOLÓGICO-HISTÓRICAS
El Jesús de Senén Vidal
El Jesús de Sean Freyne
El Jesús de José Antonio Pagola
El Jesús de James D. G. Dunn
El Jesús de Rafael Aguirre, Carmen Bernabé y Carlos Gil Albiol
El Jesús de Gerhard Lohfink
El Jesús de Javier Gomá Lanzón
 
II. APROXIMACIONES HISTÓRICO-CRÍTICAS
 
El Jesús de Paul Heinrich Dietrich, barón (Freiherr von) de Holbach
El Jesús de Gerd Theissen y Annete Merz
El Jesús de José Montserrat Torrents
El Jesús de Gonzalo Puente Ojea
El Jesús de Fernando Bermejo
El Jesús de John P. Meier
El Jesús de Antonio Piñero
 
Espero que os parezca interesante
 
http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html
 
 
NOTA:
 
Enlace de una entrevista / conversación de hace unos días con Gabriel Andrade sobre el Concilio de Nicea, la postura teológica del arrianismo y temas  conexos
 
 https://www.youtube.com/watch?v=rmZQQ7Lu-lY
 
 
Jueves, 26 de Noviembre 2020

Las relaciones de María con el cielo estrellado son más profundas que lo aparente. La historia de su corona de estrellas, las estrellas de sus mantos, y los cielos estrellados que le sirven de fondo en muchas iglesias así lo apuntan. Y al fondo… Isis.
Hoy escribe Eugenio Gómez Segura.


037. Reina de los cielos (6) Isis y María.
Ascensión de la Virgen. Catredral de Tui. Tomada de https://cipripedia.files.wordpress.com/2020/08/img_20200721_131754.jpg?w=1000

La corona de estrellas que preside muchas imágenes de la Virgen María es de un interés especial. Sus doce astros indican, según la doctrina cristiana, o preferentemente católica, las siguientes cualidades:
  • su predestinación;
  • su inmaculada concepción;
  • su aceptación de la voluntad divina;
  • su santidad;
  • la escena de la anunciación;
  • la maternidad divina;
  • su eterna virginidad;
  • su testimonio de amor a su hijo ya crucificado;
  • su alegría al conocer la resurrección;
  • su propia asunción al cielo;
  • su realeza;
  • la mediación que ejerce entre los mortales y su divino hijo.
 
Esta colección de cualidades adscritas a cada estrella de su corona no oculta la más antigua relación de María con las estrellas.
  • El manto de la imagen de la Virgen de Guadalupe, por ejemplo, ha sido estudiado como un mapa cósmico en el que aparecen diversas constelaciones que indicarían el momento de su aparición (véase aquí).
  • la estrella de Dios (véase aquí)
  • la estrella que guía el camino (véase aquí)
  • La advocación conocida como Virgen de los dolores tiene en su manto una peculiaridad:
“Sin embargo, es en el manto donde encontramos, como ornamento del mismo, un original conjunto de estrellas de plata adosadas al terciopelo. La Estrella, en la Letanía Lauretana "Estrella de la Mañana", Stella Matutina, expresa simbólicamente la esperanza de quien aguarda la llegada del día después de las tinieblas de la noche. Diversos pasajes de la Biblia presentan a las estrellas como guías. El más conocido de todos es el de los Reyes Magos que fueron a adorar a Jesús guiados por una estrella. San Buenaventura nos dice: "La estrella superior, que es la bienaventurada Virgen, nos conduce a Cristo". Muchos otros textos de escritores eclesiásticos se refieren a María como "Estrella del Mar" y así se manifiesta también en el repertorio iconográfico en torno a la Inmaculada. En ambas advocaciones el significado es el mismo”.  Tomado de aquí

          Todos estos detalles han permitido que la figura de María, no sólo en la actualidad, ya desde épocas muy tempranas de la Edad Media, resulte especialmente llamativa para la investigación independiente. Dentro de esta un libro y un artículo destacan. el libro es The Virgin Goddess: Studies in the Pagan and Christian Roots of Mariology, de Stephen Benko. el artículo es “Sur les pas d’Isis”, de Tran Tam Tinh, publicado en el Bulletin de Correspondance Helenique, suplemento del año 2000. De éste último extraigo el siguiente cuadro que compara diversas advocaciones y títulos de Isis con las Letanías de Loreto:


 
Domingo, 22 de Noviembre 2020
¿De qué Jesús estamos hablando exactamente? (19-11-2020; 1148)
Escribe Antonio Piñero
 
Foto: el “David” De Miguel Ángel (Wikipedia)
 
Me temo que quizás sea un poco de desvío al tema de la cristología angélica, siguiendo el pensamiento de  Richard Carrier sobre sus afirmaciones acerca de lo que pensaban sobre Jesús “los cristianos” (primitivos) porque mis lectores se van cansar.  Pero creo que no. Para aligerar un poco y no cansar al lector, me salto algunas páginas del libro de Carrier “Jesus from the outer space” (“Jesús desde el espacio exterior” idea central: Jesús no existió, sino que es un mero mito literario) y voy a al p. 16 en un capítulo, el primero, cuyo título es “Which Jesus are we talking about exactly?”, que podría traducir como “¿De qué Jesús estamos hablando exactamente?”. Dice así:
 
“Entra Jesús. Éste se convierte en el anti Satán de esta saga. Él (Jesús) como Satán, era un arcángel que existía desde la alborada de los tiempos. En esta caso literalmente: incluso desde el principio; que él era la primera cosa que Dios había creado nunca y que fue Jesús a quien Dios encargó luego la tarea de crear todo lo demás”
 
De nuevo me pasa lo mismo con Carrier, a saber, que hay aquí una generalización indebida por parte de nuestro autor. Como base de su argumentación aporta este los textos siguientes
 
1 Corintios 8,6: “Para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y para el cual somos; y un solo Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas y por el cual somos nosotros”.
 
Filipenses 2,6-9 (que he traducido en la postal anterior, y cuya idea esencial es que existía en forma de Dios; que no consideró un robo ser igual a Dios; que se anonadó, tomó forma de esclavo llegando a ser semejante a los hombres, y al encontrarse en condición de hombre, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte y muerte de cruz”
 
y Romanos 8,3 (+ v. 4): “Pues lo que era imposible a la Ley, en cuanto que estaba debilitada por la carne, Dios, tras enviar a su propio Hijo en semejanza de la carne pecadora y por el pecado, condenó al pecado en la carne, 4 para que la justicia de la Ley se cumpla en nosotros que caminamos no según la carne, sino según el espíritu”.
 
Y entonces añade Carrier: “Así pues, Jesús existió antes de Adán y Eva, y vivió toda su vida a través de toda la historia bíblica –también como Satanás– residiendo por lo general en las lejanas riquezas del espacio exterior, en su caso en el templo celestial de Dios, en donde Jesús actuó se sumo sacerdote a cargo de la estructura divina, de la que el templo terrenal de Jerusalén no es más que una mera copia” (he procurado hacer una traducción literal, lo cual –se puede argumentar– no es traducción verdadera, pero que aquí vale).
 
Apostillo:
 
1. Admito que los tres textos citados podrían entenderse como lo hace Carrier, a saber, Jesús nunca existió sino que fue un mero constructo literario teológico inventado totalmente. Pero esta intelección puede tener una explicación más sencilla, como digo a continuación.
 
2. en apoyo de este modo de entender me pregunto: ¿Por qué no hace Carrier aquí la diferenciación fundamental entre Jesús y Jesucristo? Una cosa es preguntar históricamente por Yeshúa ben Yosef, es decir, por Jesús de Nazaret, y otra cosa diferente es preguntar por “Jesús-Cristo”, es decir, “Jesucristo”. “Jesús” se refiere a alguien razonablemente datable en el siglo I en Israel, es decir, un personaje como Jesús de Nazaret, pero el segundo, Jesucristo, es un nombre que tiene una segunda parte, Cristo, que es una entidad mental conocido como el Cristo eclesiástico
 
Este puede entenderse como una especie de avatar de un Dios cósmico que se encarna y baja a la tierra para expiar mediante su pasión, muerte y resurrección los pecados de la humanidad pasada y presente (Véase mi obra “Aproximación al Jesús histórico, 4ª edic. 2020, p. 26). Siempre he defendido que es muy razonable defender la existencia histórica del primero, y que el segundo no es histórico ya que al nombre Jesús se le añade un constructum mental teológico, que una creación humana.
 
3. ¿Acaso no sería posible entonces entender estos textos citados arriba del modo siguiente: sobre la base de una persona histórica se hace una interpretación magnificadora y engrandecedora? Me parece perfectamente posible
 
4. Por último, teniendo en cuenta que, según Carrier, los primeros cristianos defendían que Jesús existió antes de Adán y Eva, y que esta aserción la toma de texto de Pablo de Tarso…, ¿cómo explica nuestro autor otro texto del mismo Pablo, a saber el siguiente?:
 
“Pablo, esclavo de Cristo Jesús, llamado, apóstol, separado para el evangelio de Dios, 2 que había ya prometido por sus profetas en las Escrituras sagradas 3 acerca de su Hijo, nacido del linaje de David según la carne, 4 constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad a partir de resurrección de entre los muertos, Jesucristo Señor nuestro” (Romanos 1,1-4)
 
Aquí Pablo afirma que Jesús ––no Jesucristo que solo existe tras la resurrección––, nació del linaje de David según la carne…
 
Por tanto también según los primeros cristianos, Jesús, no Jesucristo, no existió antes de Adán y Eva… (si es que he entendido bien a Carrier…).
 
¿Qué pensáis sobre esta argumentación?
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html
 
Jueves, 19 de Noviembre 2020

La tradición antigua de una reina del cielo, con poder sobre fenómenos atmosféricos y los astros, puede observarse en la figura de María, Virgen y madre de dios. Sin hablar de conexión directa, se puede, no obstante, intuir que ésta última sustituyó paulatinamente a las antiguas diosas mediterráneas.

Hoy escribe Eugenio Gómez Segura.


036. Reina de los cielos (5): María.
Virgen de la Soterraña de Olmedo. Foto tomada de https://imagenes.forociudad.com/fotos/159128-virgen-de-la-soterrana.jpg

En el último tercio del siglo IV de nuestra era, Epifanio de Salamina escribió un tratado sobre las diferentes herejías que él conocía, el Panarion, también llamado Adversus Haereses (contra los herejes). Autor cristiano de la máxima ortodoxia, este obispo de raigambre palestina y políglota decidió redactar su obra para exponer los errores de 80 puntos de vista heréticos, entre los cuales algunos sólo nos son conocidos por él.

Uno de ellos es el de los coliridianos. La importancia para nosotros de este grupo menor no radica en su extensión sino en la información que Epifanio nos transmite sobre ellos. Su nombre derivaría de las palabras griegas kollýris / kollýra, ambas referidas a una forma de bollo redondo de pan o pastel horneado sin levadura, quizá de cebada (de esta palabra proviene kollýrion, un emplasto medicinal que ha terminado por nombrar a nuestro líquido colirio).

El caso es que Epifanio criticó a los coliridianos porque, en su opinión, sus mujeres veneraban a la Virgen María con ofrendas de esos pasteles tal como se veneraba a las antiguas diosas, la antiquísima Astarté, por ejemplo. Concretamente dijo:

“Coliridianos, que ofrecen una oblación en honor de María cierto día del año; Aunque María es la más bella y santa, y digna de alabanza, no le debemos adoración… Sí, sin duda el cuerpo de María era santo, pero no era una diosa. Sí, la Virgen fue verdaderamente virgen y fue honrada como tal, pero no nos fue concedida para adorarla… (Panarion, 79).

La ofrenda de panes que tanto llamó la atención a Epifanio ha recordado a algunos investigadores lo que pudimos leer unas semanas atrás en Jeremías 44, 19: «Pues y cuando nosotras quemábamos incienso a la Reina de los Cielos y nos dedicábamos a hacerle libaciones, ¿acaso sin contar con nuestros maridos le hacíamos pasteles con su efigie derramando libaciones?» Parece claro que la tradición del Mediterráneo oriental se había perpetuado con diferentes diosas y que era reconocible para este obispo.

Ahora bien, las tradiciones antiguas parecen haber permeado de otras maneras en el culto dedicado a la Virgen María. Si en una ocasión anterior pudimos sorprendernos con la relación entre la Virgen de la Esperanza y la gran diosa de la maternidad y la agricultura, no es menos atractiva la idea de que el culto a esa diosa universal relacionada con los fenómenos atmosféricos y los astros en general también se perpetuara encarnada en la Virgen María.

Prueba de ello podría ser la insistente relación entre la solución a los problemas de sequía que suelen afectar a la vida de las poblaciones agrícolas y las famosas invocaciones marianas para solucionar ese dramático problema para una sociedad de corte agrícola.

Un ejemplo de esta costumbre puede ser el que aparece en una recopilación de oraciones a la Virgen de Soterraña de Olmedo (Valladolid) publicada tiempo atrás. El siguiente canto sirve para comprender la profunda coincidencia entre el “uso” dado a esas diosas del cielo y las peticiones a la Virgen María (tomado de http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/rogativas-a-la-virgen-de-la-soterrana/html/).

Cantó Tere Molpeceres:

Buenas noches Soterraña.
Buenas noches nos dé Dios.
A pedirte agua venimos
concédenosla por Dios.
 
La cebada se nos seca
el trigo se nos marchita;
danos el agua señora,
que el campo la necesita.
 
Virgen de la Soterraña
ruega por los labradores;
que se ahogan en el polvo
que sale de los terrones.
 
Danos el agua señora
aunque no la merezcamos;
que tampoco merecemos
la tierra donde pisamos.
 
Virgen de la Soterraña
todo lo puedes hacer;
quitar esos aires cierzos
poner nubes a llover.
 
Virgen de la Soterraña
chiquitita y milagrosa;
que en la cruz de tu Rosario
se posó una mariposa.
 
Estribillo: Agua te pedimos
amorosa madre
para que los trigos
lleguen a granarse.
 
Saludos cordiales.
 
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Domingo, 15 de Noviembre 2020

(12-11-2020.- 1147)


¿Hay en verdad una “cristología angélica” detrás de Filipenses 2, 9-11?
Escribe Antonio Piñero
 
Foto: Pablo de Tarso escribiendo Filipenses según El Greco (Wikipedia commons)
 
Sigo mi debate, espero que cortés y educado, con Richard Carrier sobre su afirmación “La descripción más precisa y exacta del pensamiento de los cristianos primitivos era que Jesús era una entidad angélica extraterrestre” (pp. 8–9 de su “Prefacio” a  su obra “Jesus from the outer space”).  
 
He aquí el texto de Filipenses 2,5-11 –uno de los puntos de apoyo de Carrier, en su contexto (no solo los versículos 9-11):
 
5 Tened entre vosotros los mismos pensamientos que los del Mesías, Jesús.
6 El cual, existiendo en forma de Dios,
no consideró rapiña
ser igual a Dios.
7 Sino que se anonadó a sí mismo
tomando forma de esclavo,
llegando a ser semejante a los hombres;
y al encontrarse en condición de hombre,
8 se humilló a sí mismo,
hecho obediente hasta la muerte
y muerte de cruz.
9 Por ello Dios lo exaltó
y le concedió graciosamente el nombre
que está sobre todo nombre.
10 Para que en el nombre de Jesús
toda rodilla se doble
en los cielos, en la tierra y en los abismos,
11 y toda lengua confiese que
Jesús, el Mesías, es señor
para gloria de Dios Padre.
 
Tomo notas ahora, para intentar aclarar este difícil pasaje, de mi libro “Guía para entender a Pablo. Una interpretación del pensamiento paulino”, Trotta, Madrid, 2ª edición de 2018:
 
Se trata sin duda de un himno litúrgico, muy comentado y discutido. No se sabe a ciencia cierta si estos versículos  son una creación de Pablo –según Hch 16,25, Pablo y Silas están en la cárcel y pasan la noche cantando himnos a Dios– o una herencia de judeocristianos que el Apóstol transmite a sus lectores. Sea como fuere, el texto es una composición inspirada en temas judíos de la Sabiduría divina que mora en la tierra (Eclesiástico 24,6-8.10-12), un ser divino, y del Siervo sufriente de Yahvé (Isaías 53), un ser humano, que finalmente triunfa. Pablo quizás exprese una herencia recibida redondeándola con sus propias palabras. Para entender el significado –aunque discutido— de este pasaje da igual una autoría total o parcial paulina.
 
Lo que importa es comprender que el Apóstol, en favor de que la comunidad de seguidores de Jesús tenga una unidad perfecta como grupo, presenta el ejemplo del Mesías como personaje que sabe renunciar a sus prerrogativas en favor de la existencia amorosa, sin fricciones, del conjunto de sus adeptos. Igualmente, los sabios, “fuertes”, o los ricos de la comunidad han de renunciar a sus posibles ínfulas de superioridad, e imitar o tener los mismos pensamientos del Mesías, que se autohumilló renunciando a sus derechos de mostrarse como un ser superior. Ejemplos paulinos de autohumillación del Mesías son, entre otros, Gálatas 3,13-14: “No siendo maldito/se hizo maldito”; 2 Corintios 5,21: “No conocía pecado/se hizo pecado” = Romanos 8,3-4; “Siendo rico/se hizo pobre”: Romanos 8,9.. Esa renuncia es recompensada espléndidamente por la divinidad tras su resurrección y exaltación. Un ángel no resucita, solo un ser humano.
 
Por tanto, el pensamiento del himno parece corresponder a este esquema: un ser superior, el Mesías, padece una notable humillación, sufre la muerte, pero luego –precisamente por esa humillación-- recibe su recompensa: es exaltado notablemente por la divinidad suprema (que Dios “conceda un nombre” significa otorgar a alguien un estado especial).
 
Es discutidísimo entre los estudiosos cuál es la naturaleza del personaje que se humilla, y de ello depende si Pablo pensaba que el Mesías era una entidad divina preexistente –lo que más tarde quedaría formulado en el Prólogo del Evangelio de Juan y alcanzaría su plenitud de definición en el Concilio de Calcedonia del 451–, o bien si, para el Apóstol, el Mesías era humano-divino ciertamente, pero no preexistente.
 
La primera interpretación, tradicional, argumenta que el Mesías, según el himno, es humano pero preexistente. Al existir desde siempre teniendo una forma cercana a la de Dios (recordemos que los judíos de la época el Mesías actuaba como la mano derecha humana de la divinidad en la tierra), tiene que descender del cielo. Se encarna entonces en un ser humano, es decir, adopta la forma de un esclavo y sufre obedientemente hasta la muerte en cruz. Por ello Dios lo exalta de nuevo hasta la plenitud de la divinidad, de modo que recibe la adoración del universo entero. Si el que se autohumilla es preexistente, el Apóstol presentaría a sus lectores un caso formidable y ejemplar de autohumillación que de humano es exaltado por la divinidad al ámbito divino.
 
La segunda interpretación acepta igualmente la intención didáctica de Pablo, pero se opina que para el ejemplo de autohumillación el Apóstol piensa en un mesías también humano pero no preexistente. Al ser el mesías, podría haber tenido en esta tierra una vida digna de un rey o de un héroe con mucho poder, pero se abajó a ser un hombre como los demás, o peor: fue como un esclavo y acabó en la cruz como tal esclavo.
 
El transfondo, de modo obscuro y casi implícito, al tratarse de una composición semipoética, de esta comparación sería doble. Por un lado, a) el relato de la creación según el libro del Génesis en el que se dice que el hombre, hecho a imagen y semejanza de Dios es semejante a éste (Gn 1,27: “tendría la forma de Dios”). El mesías sería el paradigma del ser humano perfecto, y podría haber vivido una vida excelente.
 
Por otro lado b), la concepción de un mesías humano se apoyaría en otro paradigma: la contraposición entre el primer Adán y Jesús como segundo Adán, que son ambos seres humanos. Tal esquema se halla en textos como Romanos 5,14-15:  “Pero reinó la muerte desde Adán… Pues si por el delito de uno (solo) murieron todos ¡cuánto más la gracia de Dios y el don (otorgado) por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, se ha desbordado sobre todos!”, o 1 Corintios 15,20.45: 20: “Como, pues, en Adán mueren todos, así también en Cristo serán vivificados… Y así está escrito: Fue hecho el primer hombre, Adán, alma viviente; el último Adán, espíritu que da vida”).
 
Perdonadme que sea un pesadito: insisto en que, en esta interpretación, el himno sería una reflexión sobre la vida de Jesús, que no fue la existencia gloriosa, como mesías que era, de los señores o héroes con grandes poderes, que eran aclamados como tales en los reinos de la época, sino que se abajó a una vida y muerte de esclavo. Pablo –sostienen algunos estudiosos-- estaría quizás contraponiendo mentalmente las actitudes y la actuación política y humana de un gobernante malvado, Nerón en esa época, a la del Mesías que obró radicalmente al revés.
 
Esta segunda exégesis hace hincapié en la dificultad enorme de aceptar la preexistencia de un ser a quien Dios luego resucita (la exaltación a los cielos es también una forma antigua del judeocristianismo para expresar la resurrección de un ser humano: insisto ¡un ángel no resucita!) para ser situado por Dios  en una posición privilegiada. Entonces sería claro que en la segunda parte del himno se hablaría de una divinidad suprema y de una entidad inferior que es exaltada posteriormente al rango divino; de ningún modo se expresa la igualdad, por así decirlo, de sustancia divina entre el Mesías /ángel y Dios.
 
De cualquier modo, en las dos interpretaciones, el premio a la humillación es deslumbrante: o bien se recobra externamente el estatus divino que nunca se perdió, o bien la divinidad exalta al Mesías humano hasta un rango divino tras su resurrección: hay, pues, una apoteosis. Esta segunda interpretación es minoritaria y menos conocida, pero va ganando terreno.
 
Personalmente me inclino por esta segunda opción, que veo en conjunto más congruente con el pensamiento global de un Pablo judío y practicante, aunque debe confesarse que el v. 6 es difícil. No es lo mismo en griego ser un eikôn, una “imagen” de Dios, que “existir en forma de” (griego en morphéi theoû hypárchein) de Dios, que apunta hacia la unidad de forma y sustancia. Estaríamos en uno de los casos difíciles de imprecisión retórica en los que Pablo, que está pensando siempre en el Cristo celestial, retroproyecta poéticamente al Jesús humano cualidades divinas, como en 1 Corintios 10,4 y 15,45-49.
 
Y ahora la aplicación a la tesis de Carrier:
¿Era esta posible interpretación paulina una muestra de lo que pensaba “la mayoría de los cristianos”? No lo sé. Pero desde luego no parece que Pablo esté pensando solo en alguien que viene del exterior puramente. E igualmente me parece que no veo que haya aquí una “cristología angélica”.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html
 
NOTA:
Brenda Baluarte de Perú me hizo la siguiente entrevista:
https://youtu.be/yNawhcmgank
Jueves, 12 de Noviembre 2020

Isis fue la diosa egipcia más famosa en época romana. Su popularidad llegó a todas las clases sociales y a muchos registros que habían sido coto de otras divinidades. Los cielos también fueron suyos.
Hoy escribe Eugenio Gómez Segura.


035. La reina de los cielos (4): Isis.
Isis de Clunia, museo de Burgos. Tomada de https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Isis_de_Clunia_(HR)_(26798670341).jpg

Isis ya presentó en el tercer milenio antes de nuestra era una gran versatilidad: en el mito de Osiris, Horus y Set desempeñó varios papeles: protagonista de casi todas las partes del mito, aparecía como esposa y viuda ideales, como madre también ideal, madre del faraón; y también como diosa asociada a la medicina y la magia; como divinidad relacionada con el mundo funerario, como deidad de la ideología real.

Por otra parte, el transcurrir de los siglos llevó a Isis hasta una posición aún más importante: en el Reino Nuevo (1550-1100 a. C.) fue identificada con Hathor, que (como vimos en el anterior post) era diosa del cielo estrellado, y con Nut, vaca celestial. Debido a que Hathor-Nut habían sido asimiladas a Tefnut, la leona e hija de Ra, que este dios habría colocado ante él como serpiente y símbolo de la labor de gobierno, Isis fue además identificada con la idea de regencia del cosmos. A esto hay que añadir la presencia celestial de Isis en los cielos nocturnos en forma de Sirio, la estrella que anunciaba la crecida anual del Nilo. Esto implica que ella abría las puertas de la riqueza y la prosperidad a todo el país desde su posición celeste.

Por último, su convergencia con Neith otorgó a Isis un carácter cósmico. Según la inscripción que aparece en la tapa del sarcófago del faraón Merneptah, Neith era la vaca celeste, madre de Ra y señora de los restantes dioses, a quienes ordenó servir a Ra en la otra vida. Además, la confluencia con Neith (también identificada con Mehet-Weret) confiere a Isis el atributo de haber creado el mundo mediante siete sortilegios, es decir, creadora del mundo mediante la palabra.

Todo este material asociado a Isis en época grecorromana hizo que Plutarco pusiera en su boca las siguientes palabras (Isis y Osiris 6):

En Sais la estatua de Atenea sentada, a la que también consideran Isis, tenía una inscripción así: «Yo soy todo lo que ha sido, lo que es y lo que será y mi peplo jamás me lo levantó ningún mortal» (Trad. de Pordomingo Pardo y Fernández Delgado, Ed. Gredos).

Y al llegar al mundo romano, la extensión de Isis es ya cosmopolita: todo el Mediterráneo alberga imágenes y templos de la diosa, incluida Hispania (sólo mencionaré, por distantes, el templo de Baelo Claudia en Cádiz y la imagen de Clunia en Burgos). Su paso desde el Egipto más antiguo a esa época de los emperadores de la Ciudad Eterna recogió las ideas de viaje, guía, maternidad, magia, regente del cosmos, y acabó en un conglomerado del mayor atractivo.

Como reina de los cielos quizá sea muy interesante citar dos textos más: uno de la genial obra de Apuleyo El asno de oro (XI 5):

Aquí me tienes, Lucio: tus ruegos me han conmovido. Soy la madre de la inmensa naturaleza, la dueña de todos los elementos, el tronco que da origen a las generaciones, la suprema divinidad, la reina de los Manes, la primera entre los habitantes del cielo, la encarnación única de dioses y diosas; las luminosas bóvedas del cielo, los saludables vientos del mar, los silencios desolados de los infiernos, todo está a merced de mi voluntad; soy la divinidad única a quien venera el mundo entero bajo múltiples formas, variados ritos y los más diversos nombres… (Trad. Lisardo Rubio, ed. Gredos).

El segundo texto, esta inscripción de una dedicatoria a Isis, en este caso identificada también como la Buena Fortuna (SEG IX, 192):

A la Buena Fortuna. Consagrado a Isis y a Serapis por el neócoro Agatodemo. Yo, Isis, reina única del tiempo, de la mar y de la tierra, inspecciono los límites, con el cetro en la mano y como única (divinidad). Todos me llaman diosa suprema, la más grande entre los dioses del cielo. Pues yo fui quien descubrió todo con mi trabajo. La escritura sobre los sellos lo muestra claramente, revelando todos mis inventos, los que yo he indicado a los mortales, los frutos de la vida. He llenado las ciudades de murallas augustas, y he dado a los mortales las ciencias para que las dominen, Si mí nunca nada ha llegado a existir. Ni los astros siguen su camino si no han recibido antes mis instrucciones. La tierra no fructifica en primavera sin mi consentimiento… (Trad. tomada de J. Alvar, Los misterios, p. 57).
 
Saludos cordiales.
 
Domingo, 8 de Noviembre 2020
La llamada “cristología angélica”. Pregunta: ¿Pensaban los primeros cristianos que Jesús no era un hombre, sino un ángel?
 
Escribe Antonio Piñero
 
Foto tomada de la “La Biblia reflexiones. Blogspot.com”
 
Formulé en mi postal anterior la promesa de analizar la afirmación de Richard Carrier arriba transcrita que lleva el título de esta postal y añadí que continuaré discutiendo temas de su último libro Jesus from the Outer Space”, con tal de que no me lleguen avisos de que la gente se aburre con lo que yo esté escribiendo.
 
Repito la frase de R Carrier que voy a comentar “La descripción más precisa y exacta del pensamiento de los cristianos primitivos era que Jesús era una entidad angélica extraterrestre”
 
La expresión “Jesús era una entidad angélica extraterrestre” corresponde a lo que se llama una cristología (que significa «ciencia» sobre Jesús como mesías”) intermedia, ni baja (Jesús es un ser humano) ni alta (Jesús es simplemente Dios, el Verbo de Dios), sino una entidad a la mitad: Jesús era un ángel y por tanto venía del “ámbito celeste” o “espacio exterior”.
 
Es verdad lo que dice R. Carrier, pero no la generalización; no todos los cristianos lo pensaban así, sino algunos. Lo preciso; pero antes unas notas previas:
La primera: nuestra fuente primaria para saber esto es el Nuevo Testamento. Desgraciadamente no hay otra fuente más antigua para discutir científicamente sobre estos temas.
 
Segunda nota: entre los diversos textos que hablan  de la naturaleza de Jesús hay pocos que la
comparen con los ángeles; 
Tercera: los pasajes son siempre oscuros porque dan el tema por sobrentendido;  los autores  pensaban
que todos sus lectores lo entendían sin más.
Cuarta: todos los textos del Nuevo Testamento que hablan de cristología angélica dan por supuesto que Jesús  podría ser o parecerse a un ángel, pero siempre era en su base en ser humano.
 
Quinta: naturalmente para ellos el trasfondo es siempre un ser humano
 
Pongo un ejemplo: el ángel Metatrón (que aparece en el Libro hebreo de Henoc) que ocupa un trono pequeñito junto a Dios (el texto lo denomina “Yahvé menor” = 12,5: “Apócrifos del Antiguo Testamento, Edit. Cristiandad, Madrid; vol. IV 1984, p. 234: traducc, Introd. y notas de Mª Ángeles Navarro) era un hombre, el séptimo varón después de Adán (de Gn 5,21-24), pero elevado al cielo por Dios mismo. El texto en el que Dios viste a Metatrón con un vestido glorioso y le pone una corona real en la cabeza. Lo expresa así:
 
“El Santo (Dios), bendito sea... hizo para mí un manto de honor… hizo para mí una corona real en la estaban fijadas cuarenta y nueve piedra de aspecto comparable a la luz del globo del sol… y me llamó Yahvé menor ante toda su corte celestial”.
 
Y ahora tras estas notas vayamos a los textos del Nuevo Testamento en los que quedan rastros más claros de cristología angélica (que yo sepa no se formula claramente hasta los siglos II y III… es decir, no eran ya “los primitivos cristianos”) son los siguientes
 
· Hebreos (tratado que no fue escrito por el Pablo  auténtico): 1,4-14
· Filipenses 2,9-11
· Efesios (epístola que no fue escrita por el Pablo  auténtico): 1,20-22 
· ¿Colosenses 1,15-20 (epístola que no fue escrita por el Pablo  auténtico)
· Apocalipsis de Juan (cristofanías = apariciones al mod de los ángeles) 1,13–16
 
Naturalmente para Carrier ninguno de estos textos prueba la existencia histórica de Jesús porque todos estos textos son “puras falsificaciones”. Pero ciertamente sí valen para discutir si “todos los cristianos primitivos” pensaban que Jesús había venido desde el cielo (es decir, desde el espacio exterior en terminología de hoy día) y en concreto que se imaginaba que Jesús era un “ángel”
 
Concedo a Carrier que me parece cierto que los judeocristianos pintan diversas apariciones de Jesús al modo de apariciones de un ángel. Pero también es claro que los cristianos que están detrás de las Cartas de Juan (por ejemplo, en 1 Jn 4,2s 2 Jn 7) protestan seriamente afirmando que ese proceder es engañoso ya que se presentan el cuerpo del mesías como si fuera el de un fantasma o el de un ángel; la idea teológica este cuerpo de Jesús solo en apariencia de denomina “docetismo· del verbo griego “dokéo”, que significa “parecer”.
 
Analicemos los mencionados textos del Nuevo Testamento solamente para saber si los primitivos cristianos tenían solo este concepto tan espiritual o si detrás de estas afirmaciones veían un ser humano. Y adelanto mi argumento:
Me parece sencillamente imposible que un judío del siglo I de nuestra era pudiera hacerse seguidor de algún mesías del que no le constase que fuese un ser humano concreto, real, absolutamente probado. Pero esto no tenían que ponerse a probarlo estrictamente, ni  tenían que hablar porque sencillamente era evidente y lo daban por supuesto. Para un judío del siglo I era constitutivo del concepto de mesías que fuera un hombre. Podían pensar en otras “ayudas” de Dios para arreglar el caos de la humanidad, por ejemplo, Melquisedeq (texto famoso de Qumrán “11Q Melquisedec”)…, pero transcribiéndolo al lenguaje de hoy habría que denominarlos “agentes mesiánicos”), pero el mesías era un hombre que había existido en realidad. No les cabía en la cabeza otra cosa.
Vayamos ahora al primero de los pasajes mencionado
El texto de Hebreos es el siguiente:
4 (El Hijo) hecho superior a los ángeles por cuanto ha heredado un nombre más excelente que aquellos. 5 Pues ¿a quién de los ángeles dijo alguna vez: «Tú eres mi Hijo, hoy te he engendrado»? Y de nuevo: ¿«Yo seré Padre para él y él será Hijo para mí»? 6 E igualmente cuando introduce al primogénito en el mundo, dice: «Y que lo adoren todos los ángeles de Dios». 7 Por una parte, dice refiriéndose a los ángeles: «Hace a los vientos sus ángeles, y a las llamas de fuego, sus ministros»; 8 y en cambio, refiriéndose a su Hijo: «Tu trono, oh Dios, por los siglos de los siglos» y «El cetro de la equidad es el cetro de tu reino. 9 Amaste la justicia y odiaste la iniquidad; por eso te ungió, oh Dios, tu Dios, con óleo de alegría más que a tus compañeros». 10 Y también: «Tú, Señor, en el principio cimentaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos; 11 ellos perecerán, pero tú permaneces. Todos envejecerán como un vestido, 12 los envolverás como un manto y se mudarán como un vestido. Tú, en cambio, eres el mismo, y tus años no se eclipsarán». 13 ¿A cuál de los ángeles ha dicho alguna vez: «Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos como escabel de tus pies»?; 14 ¿acaso no son todos espíritus ministros, enviados para servir a los que van a heredar la salvación?
 
Al estilo de las homilías sinagogales, el desconocido autor de Hebreos present3a una cadena de textos de la Escritura que sirve de prueba de lo afirmado hasta el momento y como materia de reflexión sobre «Hijo», «primogénito», la relación Dios / Hijo utilizando las palabras de los salmos 110 y 2,7-8. El autor se detiene en la superioridad de Jesús sobre los ángeles porque en su entorno habría probablemente algunos –como he escrito ya “algunos”, no todos– que explicaban la función mesiánica de Jesús como un ascenso promovido por la divinidad, naturalmente tras su muerte y resurrección (v. 4). Desde su naturaleza humana había pasado a la categoría de ángel. Se trataría de una cristología de «baja intensidad»: el mesías no sería hijo auténtico de Dios en el sentido real de la palabra, sino un hombre elevado de categoría
 
El v. 4: nombre: esta es la base de la superioridad de Jesús, puesto que –según la mentalidad israelita– el nombre expresa a menudo la esencia o naturaleza de una persona; aquí indica la especial filiación de Jesús. Véase Flp 2,9: «Por ello Dios lo exaltó y le concedió graciosamente el nombre que está sobre todo nombre», Jesús, el Hijo. En esa carta, Pablo piensa probablemente en una «divinidad» de Jesús, pero solo tras la resurrección, por adopción; en Hebreos es por esencia.5-14
 
Que el Hijo es superior a los ángeles se prueba con la enumeración corrida de varios pasajes de la Escritura: Sal 2,7; Dt 32,43; Sal 97,7; Sal 104,4; Sal 45,7-8; Sal 102, 26-28. El denominador común que subyace a este elenco de textos es que todos se refieren al Hijo, encarnado en Jesús, mediador de la creación (vv. 5.10). Insist3o una y mil veces en que el autor no siente necesidad de probar por qué hacen referencia a él; simplemente lo afirma como algo obvio. Los ángeles son en realidad servidores de Jesús: deben adorarlo (vv. 6-7.11); no son simples compañeros suyos, sino subordinados (v. 9), incluso aunque hayan sido designados por Dios mediadores a través de los cuales fue otorgada la Ley (2,2).
En el v. 5: Tú eres mi Hijo, hoy te he engendrado: cita del Sal 2,7. En origen se trata de la entronización del rey de Israel: desde ese momento Dios lo adoptaba como hijo especial frente a otros hombres. La cita siguiente, de 2 Sam 7,14, sirve igualmente para este fin: ambos pasajes expresan un pensamiento de tenor adopcionista. Pero, según nuestro autor, este posible adopcionismo habría de entenderse al menos –conforme al pensamiento de 1,8– como una elección-adopción anterior a la creación del universo. También es posible que el corte adopcionista sea solo el de las citas, que no cuadran bien con el pensamiento del autor, quien piensa que la entidad divina de Jesús va más allá.
6          E igualmente cuando introduce al primogénito: se trata del momento de la encarnación (¿nacimiento?) de Jesús; el Hijo, divino, se hace «carne» –hombre– como en Jn 1,14. En ese instante, los ángeles, inferiores, «lo adoran»: cita de Dt 32,43LXX (los «hijos de Dios» del texto hebreo son los «ángeles» en el griego) y Sal 96,7LXX (los «dioses» del texto hebreo son igualmente los «ángeles» en el griego). Otros comentaristas, por el contrario, sostienen que la introducción del «primogénito» se refiere a la parusía, cuando el Mesías instaura el reino de Dios futuro.
 
Y el v 14         al hablar de espíritus ministros: griego leiturgiká pnéumata se ve claro que se trata de una repetición de la idea nuclear de 5-14 (v. 7): Jesús es superior a los ángeles, pues estos son sus meros servidores.
 
 
En síntesis: opino que se puede sustentar sin temor a ofender a Carrier, que el desconocido autor de Hebreos estaba pensando no en un hombre mítico, ni construyendo literariamente ningún hombre mítico, sino un ser humano real que por voluntad divina, y tras su muerte real, es superior a los ángeles.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
NOTA:


Entrevista con Julio Barroso desde Londres
 
https://podcasts.apple.com/gb/podcast/podcast-la-luz-del-misterio-con-julio-barroso/id1253455651?i=1000496856485
Jueves, 5 de Noviembre 2020

La religión del antiguo Egipto presenta varios casos de relación entre una divinidad femenina y los cielos, especialmente los nocturnos: Nut, Hathor.
Hoy escribe Eugenio Gómez Segura.


034. La reina de los cielos (3): Egipto
Cama en forma de Mehet-Weret, tumba de Tutankamón. Museo de el Cairo. Tomada de Wikkimedia commons.

La diosa Nut, diosa del cielo, era hija, según la cosmología de Heliópolis, del aire y la humedad, unos ancestros lógicos si pensamos en que por la tarde-noche en muchos lugares se levanta brisa y la humedad aparece tras dejar el sol de mostrarse en el espacio. Esta diosa, cuya descendencia incluye nada menos que a Isis y Neftis, Osiris y Set, se representó de dos maneras, como una mujer y como una vaca. En ambos casos había cierta similitud en la postura que se le atribuía: como mujer, su tronco formaría una bóveda celeste sustentada sobre sus piernas y sus brazos, con la cara vuelta hacia el interior de dicha bóveda. Como vaca, patas delanteras y traseras sostendrían también el cuerp del animal, en muchas ocasiones con su vientre estrellado. Puede apreciarse en la tumba de Seti I, en el Valle de los Reyes.

Esta forma de vaca podría ser una versión de la diosa Mehet-Weret. Esta divinidad sería la responsable del nacimiento de RA, el Sol, cada mañana, pero también lo engullía cada noche. A decir verdad, las imágenes tanto de Nut como de Mehet-Weret muestran a la tierra (el dios Gueb) entre las manos y pies de la mujer o la vaca: el dios alza sus brazos y con la mano izquierda alcanza la boca de Nut / Mehet-Weret y con la derecha toca el pubis de la diosa / vaca, indicando así el recorrido que haría el sol desde que la noche lo engulle hasta que al amanecer la misma noche lo trae de nuevo al mundo.

Esta representación de la noche conlleva las ideas de muerte y renacer (cosa que en griego también se asociaba con el dormir: las epístolas de San Pablo presentan con mucha frecuencia la palabra “durmiente” para “muerto” y la palabra “ser despertado” para resucitar). De hecho, uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de la historia, la tumba del faraón Tutankamón, proporcionó un perfecto ejemplo de toda esta simbología: una de las camas allí encontradas tiene la forma de sendas vacas doradas con estrellas azules que sirven como laterales al somier. Las vacas son identificadas con Mehet-Weret.

Por otra parte, estas divinidades aún se combinaron con Hathor, otra diosa en forma de vaca que parece haber tenido un oportuno éxito, éxito que propició su engrandecimiento a costa de Nut y Mehet-Weret. Hathor, diosa en forma de vaca, pero una vaca más brava que Nut, también acabó representada como animal estrellado, con sus cuernos rodeando a Ra y protegiendo a los faraones. Considerada como madre de Horus (la forma divina del faraón), el hijo de Osiris e Isis, Hathor jugó un papel muy importante en la mitología de la condición divina del faraón, pues como hijo de Osiris Horus era entre los vivos lo que su padre entre los muertos, el rey.

No son estas diosas específicamente reinas de los cielos. Pero sí indican la importancia que siempre tuvo la idea de entender el cielo para guiarse en tierra, la profunda reverberación de las ideas de luna, crecimiento de las plantas, orden de los meses, discurrir del tiempo… Un tiempo que, a imagen del ciclo diario solar y del ciclo anual también de astro rey, a los pueblos agricultores les ofrecía la seguridad de un renacer seguro, por tanto, un respaldo por parte de las divinidades de cara a la supervivencia del grupo humano.

No en vano los faraones plagaron sus tumbas de cielos estrellados: pensaban que, al morir, acabarían enlazando su existencia posterior al infinito e inacabable discurrir de las estrellas en el negro cielo nocturno, un espacio por el que RA, el Sol, transitaba desde la muerte del atardecer hasta el renacimiento de la mañana.

Saludos cordiales.
 
Lunes, 2 de Noviembre 2020


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.





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