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EGIPTOLOGÍA: F. Martín y T. Bedman
Blog de Tendencias21 sobre el Antiguo Egipto

Artículos y comunicaciones

Viernes, 22 de Junio 2007 - 22:31

Hasta no hace mucho tiempo se ha contemplado el periodo histórico de El Amarna como algo aislado, sin antecedentes ni, casi, consecuentes. En suma, como una suerte de “Seta de la Historia”. Sin embargo, el estudio en detalle de este especial momento de la historia de Egipto evidencia la existencia de una gran conjura. Hoy se puede seguir el plan urdido desde dentro de las estructuras de la familia reinante, planeado y ejecutado desde el corazón de la mismísima casa real para llevar a cabo lo que podría llamarse “golpe de Estado institucional”. Este conspiración político-religiosa dio paso a uno de los períodos más atractivos de la historia del antiguo Egipto: el amárnico, tiempo de herejía y turbulencias. Sin embargo, apenas fue un suspiro en la historia: se gestó, triunfó, llegó a su cénit y se desintegró en un lapso de tiempo de unos setenta y cinco años: hacia 1399-1325 a.C.


Amen-Hotep III. Museo de Arte Egipcio de Luxor
Amen-Hotep III. Museo de Arte Egipcio de Luxor


Días de esplendor

El Imperio Nuevo egipcio (1543-1080 a. C) conoció uno de los más brillantes momentos de la historia de aquélla civilización. La dinastía XVIII (1543-1292 a. C) fue, sin ningún género de dudas, la más importante de cuantas forman parte de aquel período. Sus reyes heredaron un país que había superado una gran guerra de liberación nacional frente a los invasores hicsos, gracias a la tutela y protección del gran dios Amón de Tebas.

La admirable combinación de madurez cultural y nuevas influencias asiáticas y mediterráneas, que en aquellos momentos florecieron de un modo especial, habían dado como resultado el nacimiento dentro de Egipto de un proceso civilizador sin parangón. Las actividades cultural, artística y económica, desarrolladas durante los primeros decenios de este período habían tenido su principal apoyo en dos pilares fundamentales: el poder religioso del dios Amón y las campañas militares llevadas a cabo por los soberanos guerreros de esta dinastía fuera de las fronteras de Egipto para crear zonas de seguridad, comercio y vasallaje. La actividad militar alcanzó su máximo desarrollo en el reinado de Thutmosis III (hacia 1479-1424 a.C).

Sin embargo, durante los reinados de sus sucesores, Amen-Hotep II y Thutmosis IV, el número de las expediciones militares exteriores fue decreciendo a media que se fueron asegurando los intereses egipcios en sus zonas de influencia. Los tratados de paz sustituyeron a los enfrentamientos bélicos. Comenzaron a establecerse alianzas de familia por medio de matrimonios del faraón con las hijas de los reyes de los principales estados que rodeaban al valle del Nilo.

La paz, la amplitud territorial, el progreso y la riqueza de Egipto llegaron a su cenit durante el reinado de Amen-Hotep III (hacia 1387-1348 a. C).

No había sido fácil: el rey era un niño cuando falleció su padre, Tutmosis IV, pero el país se mantuvo en paz y fue ejemplar la estabilidad política, gracias a los pactos establecidos entre las fuerzas solares del Atón y las del todo poderoso sacerdocio del dios Amón, dominador de Tebas.

Hasta ese momento, los reyes de la dinastía que habían precedido en el trono a Amen-Hotep III, habían oscilado en su relación con los poderes religiosos desde la sumisión a la tutela del dios Amón de Tebas, hasta la franca hostilidad y distanciamiento de este dios y de su clero amparándose en los antiguos cultos solares egipcios. Ese distanciamiento era ya palpable en época de Tutmosis IV y aumentaría durante el reinado de Amen-Hotep III. En este contexto se produjo el enfrentamiento entre los dos grandes poderes del momento: el del clero tebano de Amón y el de la casa real.


Un príncipe casi desahuciado

Amen-Hotep III, hijo y sucesor de Thutmosis IV, fue el noveno faraón de la XVIII dinastía. Estaba casado con Tiy, hija de Tuia, que llevó el título de Ornamento real, lo que implicaba una posible relación familiar con Thutmosis IV. Tiy, pues, quizá fue hija biológica de ese soberano y, por tanto, medio-hermana de su futuro esposo, Amen-Hotep III.

Oficialmente, sin embargo, los padres de la reina Tiy fueron la noble dama Tuia y Yuia, general de los carros del faraón. Este, según todas las evidencias, era de ascendencia extranjera, mientras que Tuia pertenecía a la nobleza del Egipto medio. Estas especiales características en los representantes de la dinastía debieron influir notablemente en las relaciones familiares y en la personalidad del futuro heredero del trono.

Amen-Hotep III y Tiy, primera gran esposa real, fueron los padres del príncipe Amen-Hotep, cuya fecha de nacimiento se ignora. De su niñez se conoce sólo un documento donde se le cita como príncipe: un tapón de jarra que lleva la inscripción “Dyeda (grasa) del dominio del Hijo Real Verdadero Amen-Hotep”. No es raro: las fuentes egipcias no solían ocuparse de vicisitudes de los príncipes reales antes de que alcanzaran la condición de herederos al trono. Es posible que naciera en el palacio real que entonces existía en las cercanías del actual Medinet Abu Ghurob. Otros opinan que nació en el palacio real de Malkata, en la orilla occidental de la ciudad de Tebas.

Es de suponer, a partir de las muchas imágenes que se han conservado de este personaje, que reinó como Amen-Hotep IV y, al final, como Aj-en-Atón, que fue un niño enfermizo y débil. Se ha supuesto que padecía el síndrome de Frölich, trastorno endocrino que altera las características sexuales de los individuos. Recientes investigaciones suponen, sin embargo, que la enfermedad congénita que delatan sus imágenes sería el síndrome de Marfan, lo que explicaría que sus descendientes también padecieran los mismo problemas deformantes tal como muestra en la iconografía de la familia real de Amarna.

Parece más lógico asumir la hipótesis de una tara física que la de una simple moda de representación estética para explicar el anormal aspecto físico de Aj-en-Atón. Así pues, y habida cuenta que la tasa de mortalidad infantil en el Egipto faraónico era muy elevada, la supervivencia de este príncipe debió de estar siempre en peligro. En cualquier caso, no era un asunto de estado relevante, pues el enfermizo príncipe Amen-Hotep no estaba destinado a ocupar el trono. En los planes de sucesión, el heredero era el príncipe Thutmosis, posiblemente fruto de la unión de Amen-Hotep III con Kilu-Hepa, hija del rey de Mitanni. La primogenitura de Thutmosis, junto con la poderosa influencia que los pactos de familia con Mitanni tenían en aquel momento, eran razones sobradas para que este príncipe fuese el llamado a ocupar el trono de Egipto.

Sin embargo, existe un detalle desconcertante: los nombres impuestos a los príncipes. Durante la dinastía XVIII, Thutmosis fue el patronímico tradicionalmente otorgado a los príncipes reales hijos de mujer que no era la primera gran esposa real. Amen-Hotep, por el contrario, parece haber sido el nombre impuesto a los príncipes que, por su ascendencia materna o por otras circunstancias, estaban destinados de antemano a la sucesión del trono.

Es curioso que, en este caso, se modificó la regla tradicional: el varón primogénito, aparentemente destinado a suceder a Amen-Hotep III, no era hijo de Tiy, la primera gran esposa, en tanto que el segundo hijo varón de Amen-Hotep III, a pesar de llevar el nombre de su padre y de ser hijo de la primera esposa real, no estaba destinado a ocupar el trono de Egipto.

¿Crimen de Estado?

Tiy, no debía encontrarse especialmente feliz, dado que no había podido dar al rey el primer hijo varón, aunque de ella había nacido la princesa real Sat-Amón, la primogénita de los hijos reales. El príncipe Thutmosis estorbaba sus planes... hasta que falleció. Esa muerte debió acontecer en torno al año 26 del reinado de su padre.
Muerto su hermano mayor, Amen-Hotep se convirtió en heredero del trono.

Por entonces, no se sabe si antes o después de esos acontecimientos, Amen-Hotep fue instruido en la ciudad santa de Heliópolis acerca de las antiquísimas doctrinas solares que hacían del dios Atum-Ra el creador del mundo. A la muerte de Thutmosis es probable que su hermanastro heredase todas las funciones y cargos que habían pertenecido al príncipe muerto.

Basándose en estas consideraciones se supone que Amen-Hotep habría ocupado también el puesto de Sumo Sacerdote del clero del dios Ptah de Menfis, lo que le otorgaba el título de “El más grande de los artesanos”, que le responsabilizaba del diseño o supervisión de trabajos artísticos de todo tipo. Durante su estancia en Heliópolis debió estar bajo la tutela de un cortesano de toda confianza, como era tradicional; éste pudo haber sido un tal May, escriba Superior de las Tropas e Inspector jefe del ganado del Templo de Ra.

Es obvio, por todo ello, que la muerte de Thutmosis desvió absolutamente la trayectoria de los acontecimientos políticos y religiosos de Egipto. El partido de la ortodoxia del dios Amon se quedó sin representante frente a los designios de la reina Tiy y su familia.

Atón se impone

Las investigaciones más recientes dejan claro que el acceso al trono del príncipe Amen-Hotep tuvo lugar en pleno incremento de la influencia de los cultos solares que habían comenzado a introducirse durante los dos reinados anteriores y estaban incidiendo profundamente sobre la situación religiosa. Amen-Hotep III y su entorno familiar habían otorgado, ya a partir de una iniciativa de su padres, un predominio al culto solar, en detrimento de los intereses del clero tebano del dios Amón.

Se estaban imponiendo, también, como política de Estado las ideas de universalidad y asimilación del rey con el propio dios Amón-Ra. Esta teología del poder, recogida en unas inscripciones existentes en la cara este del tercer pílono del templo de Karnak y denominada doctrina del Amón imperial, aumentó progresivamente durante el segundo decenio del reinado de Amen-Hotep III. Pero dentro de esa deificación faraónica, se constata la creciente importancia del Atón (o Disco Solar), como objeto de culto. Por ejemplo, el texto del escarabeo conmemorativo del undécimo año de Amen-Hotep III, consigna que “... Su Majestad celebró el Festival de la apertura de los lagos en el tercer mes de Ajet... (cuando) Su Majestad paseaba dentro de la barca solar Atón Resplandece”.

Para referirse a Amen-Hotep III, las inscripciones hablan de Neb-Maat-Ra: “El Disco (Atón) Solar Resplandeciente”. Incluso en el templo de Luxor, el rey se hacía llamar “Soberano como Atón, duradero como Atón es duradero, corredor veloz como Atón.” Esta divinización de Amen-Hotep III alcanzó su punto culminante con motivo de la celebración de su primera Fiesta Jubilar en el año 30 del reinado. A partir de ella se convirtió, definitivamente, en una nueva y poderosa divinidad: “el Atón Resplandeciente” o en “El Gran Atón Viviente, el que está en la Fiesta Sed”.

Esa era la situación cuando accedió al trono de Egipto Amen-Hotep IV, como corregente junto a su padre. No debía tener más de quince o dieciséis años cuando fue coronado en Hermonthis, la llamada “On del Sur”, ciudad solar del Alto Egipto, tal como parece indicar el contenido de su titulatura real: “Aquel que lleva puesta las Coronas en On del Sur” , que hace referencia a tal acontecimiento. En Hermonthis se rendía culto a Montu, dios guerrero tebano, que tenía en su conformación teológica grandes implicaciones solares. Obviamente, fue utilizado por la casa real en el desarrollo de su estrategia de aislamiento del dios Amón y de su clero.

La artífice de la conspiración parece haber sido la reina Tiy, que había infiltrado a sus parientes en todas las esferas del poder civil y religioso. Así logró que se designara a su hermano Aanen, que ya era Sumo Sacerdote del dios Montu, para ocupar el cargo de Segundo Sacerdote del dios Amón. Fue precisamente este Aanen el encargado de dirigir los oficios religiosos de la coronación de Amen-Hotep IV, en el templo del dios
Montu. Todo quedaba en la familia.

Al tiempo, su labor política respecto a Amon debió estar en abierta oposición a los intereses del clero de este dios, tanto que sería cesado en tales funciones sacerdotales muy poco después... La confrontación interna por el poder religioso y político hacía saltar chispas.

El poder absoluto

Con la coronación de su hijo, la conspiración en la que Tiy parecía mover los hilos (probablemente también otros poderes coordinaban sus movimientos desde las sombras) estaba a punto de lograr sus objetivos. No es demasiado complicado suponer como se había ido tejiendo silenciosa y lentamente el entramado de la revolución religiosa que, finalmente, estallaría de forma incontrolada.

Su desarrollo obedeció a un proyecto lógico y perfectamente coherente. Thutmosis IV, abuelo de Aj-en-Atón, había sido elegido por el dios solar Ra-Hor-Ajty para reinar, según el mismo declara en las inscripciones de sus monumentos. En consecuencia, su hijo Amen-Hotep III, procedía de la sangre de un elegido del dios sol y se convertía en el disco solar resplandeciente. En virtud de tal principio, podía divinizarse a sí mismo como imagen del sol. A su vez, su hijo y sucesor, el futuro Amen-Hotep IV -Aj-en-Atón, sería el hijo en la tierra del propio disco solar resplandeciente hecho hombre y, además, su Sumo Sacerdote.

Es seguro que la persona o personas que concibieron este diseño de estrategia político-religiosa para alcanzar el poder absoluto poseían una mentalidad divorciada con la tradición egipcia... Debe recordarse que por las venas de la reina Tiy corría sangre extranjera.

Jubileo antagónico

Con motivo del trigésimo aniversario del reinado de Amen-Hotep III, el clero de Amón decidió organizar la celebración de la primera fiesta jubilar del rey, su primer Heb-Sed. Con esa fiesta, dentro de la mejor tradición faraónica, se regeneraría mágicamente el poder y la vitalidad del viejo rey, para seguir rigiendo las Dos Tierras.

En la misma fecha la familia real decretó la celebración de otro festival Sed, éste dedicado por el rey corregente, Amen-Hotep IV, a su nuevo dios y padre, el Atón viviente. Esta fiesta Sed era de una naturaleza especial, puesto que Amen-Hotep IV no había llegado, obviamente, al término de los treinta años en el trono que tradicionalmente se necesitaban para proceder a dicha celebración. Coincidiendo ella se acordó inscribir el nombre del nuevo dios Atón en un cartucho real: “El Viviente Ra Horus de los Horizontes que se regocija en el horizonte en su nombre de luz (Shu) que está en el disco (solar), el Viviente, el Grande, Aquél que está en Jubileo, el Señor del Cielo y de la Tierra”.

Dichas ceremonias se celebraron en la zona este del templo Karnak y en alguna otra edificación construida al efecto en las cercanías de aquél lugar. Con este motivo se ordenaron impuestos extraordinarios a todos los cultos y templos de Egipto para pagar los gastos de las fiestas.

Así pues, al mismo tiempo que viejo el rey era rejuvenecido y renovado por el oficial “sistema amoniano” para seguir reinando bajo la protección del dios tebano, la reina Tiy, su hijo y el resto de sus familiares y allegados organizaron una ceremonia paralela para consagrar al anciano rey como el propio dios Atón viviente, para sustraer al soberano del influjo de los sacerdotes del dios Amón.

El viejo Amen-Hotep III debía estar plenamente de acuerdo porque después de la celebración de este jubileo gustó autonombrarse como “Iten Tchehen” (El disco solar resplandeciente). El sería un dios y, por tanto, no necesitaría de la ayuda divina de ningún otro.

La confirmación de esta idea la proporcionó el hallazgo, a finales de enero de 1989, de una magnífica escultura de cuarcita roja en el ángulo sudoeste del patio solar del templo de Luxor. La estatua, datable en el primer jubileo del rey, muestra a Amen-Hotep III viviente y bajo el aspecto de dios solar Ra-Hor-Ajty-Atum. Es decir, al faraón convertido en el propio dios Ra.

A pesar de que el texto inscrito en la estatua está dirigido a honrar al dios Amón-Ra, puesto que fue elaborada, para alzarse en su templo de Luxor, todas sus características evidencian muy claramente la identificación del soberano con el dios solar en cada uno de sus diferentes aspectos teológicos.

La coexistencia de los dos mundos antagónicos, el de la reforma solar propiciada por la reina Tiy y su hijo Amen-Hotep IV, y el tradicional del dios Amón, que pujaban por obtener el monopolio del poder religioso de Egipto, no podría sostenerse por mucho más tiempo.

La consumación del golpe

Los conjurados ya estaban preparados para asestar el golpe de gracia a la estructura del poder amoniano. Para ello debían deshacerse de los servidores de Amen-Hotep III que se contaran entre los seguidores del dios tebano. En primer término había que eliminar al hombre clave: Amen-Hotep, hijo de Hapu, eminencia gris de aquel reinado, que representaba el poder de Amón frente a los designios de Tiy y su familia.

El día 26 del primer mes de la estación Ajet (inundación) del año 31 del rey (hacia finales de nuestro mes de agosto del años 1357 a.C), cuando aún no habían transcurrido tres meses desde el Jubileo de Amen-Hotep III, una trágica noticia sacudió Tebas y todo Egipto: el sabio Amen-Hotep, hijo de Hapu, ojos y oídos del faraón, corazón latiente de la Tierra Negra, había muerto.

Desaparecido el sabio Amen-Hotep hijo de Hapu, el país del Nilo iba a cambiar de rumbo. Con él serían enterrados los poderes del clero de Amó y las posibilidades de impedir la ruptura entre el clero amoniano y la Casa Real, ya largamente anunciada. El propio rey debió asistir a las honras fúnebres de su leal consejero. Se sabe que presidió personalmente el solemne acto de dictar el decreto fundacional del templo funerario de
Amen-Hotep.

Nada mas morir Amen-Hotep comenzaron las persecuciones de algunos altos funcionarios de la corte. A partir de ese momento fueron cesados en sus puestos una serie de nobles cortesanos que habían estado unidos al viejo gobernante y que habían participado en la celebración del Festival Sed del faraón. Uno de ellos fue el visir del Sur, Ra-Mose.

Probablemente, ambos personajes estaban unidos por lazos de parentesco. La destitución de Ra-Mose debió producirse durante los mismos funerales de Amen-Hotep hijo de Hapu. De hecho, ya no era visir cuando se otorgó el decreto de la fundación funeraria de su protector y amigo. Su muerte debió producirse inmediatamente después.

Del estado de ejecución de su tumba en Gurnah (TT 55) se deduce que hubo de habilitarse rápidamente para su enterramiento, a pesar de estar sin concluir.

Otro importante personaje, también llamado Amen-Hotep, mayordomo del rey en Menfis, fue el siguiente en ser cesado en sus cargos. Era medio hermano de Ra-Mose. Se sabe que su hijo Ipy ocupaba sus puestos en la corte antes de que concluyera en el año 31, por tanto, debió fallecer casualmente entre los años 30 y 31 del reinado del faraón.

Durante la celebración del segundo y tercer jubileos de Amen-Hotep III, en los años 34 y 37 de su reinado, se sucedieron nuevas y terribles persecuciones de nobles tebanos. Sus tumbas fueron asaltadas, borrándose donde fueron hallados los nombres de los dioses Amón, Mut ,su esposa, y Jonsu, el hijo de ambos.

En el año 36 del reinado parece que el viejo Amen-Hotep III se encontraba muy enfermo y ya apartado de todo en sus aposentos, bajo la vigilancia de su esposa, la reina Tiy. Se le envió una imagen de la diosa Ishtar de Nínive con pretendidas propiedades curativas que no pudo obrar milagro alguno contra la verdaderas causas del mal que le aquejaba.

Amen-Hotep III murió, probablemente al inicio de su año 39 de reinado, coincidiendo con el duodécimo año del de su hijo, que ya para entonces había cambiado de nombre y se llamaba Aj-en-Atón “El espíritu luminoso de Atón”.

La conspiración había triunfado. La familia de Tiy, de evidente origen extranjero, se había instalado en el trono de Egipto. Desde esta atalaya había colocado a sus miembros en los más importantes puestos de la realeza, el clero, el ejército y la administración, llevando a cabo una auténtica purga en las estructuras de poder del dios Amón, a quien la dinastía debía las victorias sobre los extranjeros y su propia grandeza.

De esa manera se sustrajo al faraón del poder tutelar del dios y de su clero, poniendo el destino de la tierra de Egipto en manos de gentes ajenas al mundo egipcio.

Las consecuencias de la maniobra política descrita están a la vista: Tiy hizo casar a su hijo, Amen-Hotep IV - Aj-en-Atón con su sobrina Nefert-ity, que era, hija de otro hermano de la reina, el Padre Divino Ay. Este proceloso personaje pudo haber estado implicando en el posible asesinato del joven rey Tut-Anj-Amón, sucesor de los monarcas heréticos, y se apropió sin legitimidad alguna del trono de Egipto. El circulo estaba cerrado.

Se hizo necesaria la intervención de un general, el futuro faraón Hor-em-Heb, para restaurar el orden vulnerado de Egipto.

Como puede verse, ninguna cosa nueva bajo el sol.

Francisco J. Martín Valentín


Para saber más:

Martín Valentín, F. J. Amen-Hotep III, el esplendor de Egipto. Madrid, 1998.

Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman


Editado por
Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman
Francisco  J. Martín Valentín y Teresa Bedman
Francisco J. Martín Valentín es egiptólogo. Director del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto. Director de la Misión Arqueológica Española en Asasif, (Luxor Occidental Egipto), desarrollando actualmente el “Proyecto Visir Amen-Hotep. TA 28". Director de la Cátedra de Egiptología ‘José Ramón Mélida’. Teresa Bedman es egiptóloga. Gerente del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto. Co-directora de la Misión Arqueológica Española en Asasif, (Luxor Occidental Egipto), desarrollando actualmente el “Proyecto Visir Amen-Hotep. TA 28”. Secretaria de la Cátedra de Egiptología ‘José Ramón Mélida’.





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