INNOVACIÓN: Mónica Edwards Schachter


A pesar de las dudas que suscita la famosa frase de Peter Drucker afirmando que 'lo que no se puede medir no se puede gestionar', dedicamos mucho esfuerzo en el intento de 'asegurar' muchas cosas, como la dudosa eficiencia de las políticas de ciencia e innovación y la mejora de la educación y la calidad de nuestra vida. Establecer indicadores e instrumentos para evaluar procesos y resultados se ha vuelto una práctica indispensable para ver si avanzamos de algún modo hacia un desarrollo humano sostenible. El concepto de Investigación e Innovación Responsables (Responsible Research & Innovation) se está extendiendo con rapidez en la unión europea sumando una visión esperanzadora con el mismo propósito. Un grupo de expertos de la Comisión Europea ha propuesto un marco de indicadores con el objetivo de monitorizar y tratar de promover la RRI en la práctica. ¿Serán de utilidad para ver cómo pasar de la visión a la acción en esto de poner en un primer plano la responsabilidad de investigar, generar conocimiento e innovar?



Indicando el camino de la RRI

El concepto de Investigación e Innovación responsables (Responsible Research and Innovation, RRI) no escapa a la tortuosa limitación que aparece de modo recurrente en las ciencias sociales: el problema de ponerse de acuerdo a la hora de dar una definición. En la práctica, eso que llamamos la realidad social (the social realm) sigue su curso, mientras intentamos llegar a un consenso en el significado que atribuimos a expresiones como 'sostenibilidad', 'responsabilidad', 'institución' y 'repertorio de prácticas sociales'.

En otro post ya comenté el resurgimiento y rápida difusión que está teniendo la RRI en el ámbito europeo. Como siempre en estos casos, en que una nueva jerga terminológica se introduce desde las prácticas políticas, surge la inmediata preocupación por encontrar la mejor definición desde una perspectiva académica (ergo, científica) así como el mejor modo de ver cómo hacerla operativa. Es así que a principios de 2014 la Comisión Europea nombró a un grupo de expertos con la intención de explorar modos de evaluar los avances y el impacto que está teniendo o podría tener la RRI. En junio vio la luz un reporte titulado Indicators for promoting and monitoring Responsible Research and Innovation donde se propone un marco común de referencia y se sugieren algunos modos de concretar la RRI como tema transversal.

Como no estaba segura en el uso correcto de la palabra monitorizar (¿se puede usar monitorear?), busqué su significado en la Real Academia Española y parece ser que se refiere a 'observar mediante aparatos especiales el curso de uno o varios parámetros fisiológicos o de otra naturaleza para detectar posibles anomalías'. Un ejemplo en Google me resultó bastante sugerente: 'en medicina se monitoriza a los enfermos graves para controlar todas sus variables fisiológicas' ... Pensé en las numerosas heridas del gran proyecto europeo, y en el reciente artículo de Paul Krugman hablando de la probabilidad de su deceso debido al colapso griego. También pensé en el idealismo subyacente a las miradas comunes en torno a unos estándares difíciles de satisfacer... si se tienen en cuenta los matices que imprimen las múltiples y diversas realidades europeas.

El reporte aclara expresamente que el propósito de los indicadores es apoyar y desarrollar la buena gobernanza del sector de la sociedad que se está supervisando, considerando que las dinámicas entre interacciones varían de país en país. La 'buena gobernabilidad' a la que se aspira se rige por cinco principios sustantivos: apertura, participación, responsabilidad, eficacia y coherencia (pág. 11 del documento). En cuanto a la definición y los posibles alcances de la RRI no hay mucha novedad: el reporte reconoce la falta de consenso sobre qué implica exactamente la RRI y sobre cómo medir su impacto. No obstante, toma como base la definición propuesta por von Schomberg en 2011, estableciendo que se trata de 'un proceso transparente e interactivo por el cual actores sociales e innovadores se hacen mutuamente responsables los unos de otros en vista a la aceptación (ética), la sostenibilidad y la deseabilidad social del proceso de innovación y sus productos comercializables (orientados a permitir los adecuados avances científicos y tecnológicos insertos en nuestra sociedad'. Siguiendo el núcleo de esta definición, las claves son la responsabilidad compartida y la interacción entre múltiples actores sociales.

Un aspecto que ha llamado mi atención es el énfasis en la necesidad de ser muy cuidadosos a la hora de tratar de medir el impacto de la investigación y la innovación, que necesita ser 'adaptado' a la realidad de los contextos específicos donde tienen lugar los procesos de cambio, ya sean tecnológicos, institucionales o de comportamiento o -como ocurre muchas veces- una mezcla de los mismos. El impacto debe (o debería) capturar las interacciones existentes en las redes formadas por los diferentes actores en aspectos concretos como la identificación de los tipos de contacto, la comunicación y el intercambio de recursos materiales y financieros, por citar algunos aspectos. Este tipo de análisis ya viene siendo aplicado en instrumentos metodológicos desarrollados en proyectos europeos como Siampi (Social Impact Assessment Methods for research and funding instruments through the study of Productive Interactions between science and society)





¿Cómo saber si estamos avanzando (o no) en la práctica de una investigación e innovación responsables?

La importancia de practicar la responsabilidad colectiva

Una mirada optimista nos permite pensar que la RRI es parte de un medicamento que parece infalible: el del llamado a la 'responsabilidad compartida' en lo que estamos construyendo. Se une a otras llamadas que vienen haciéndose -y desde hace décadas- para hacernos conscientes de los graves problemas y desafíos globales y de la necesidad de trabajar duro para evitar nuestra posible extinción.

Este quizás sea uno de los aspectos en los que el documento aporta cierta dosis de novedad, ya que hace explícita la reflexión en torno a estas cuestiones. A las seis áreas clave definidas en declaraciones y otros reportes sobre el tema, esto es: promover una mayor participación pública (el llamado al ‘public engagement’, PE), la mejora en temas de igualdad de género, de educación científica, de acceso abierto al conocimiento científico y cuestiones de ética y 'buen gobierno' (governance), se agregaron dos aspectos ya considerados clave en la Declaración de Roma sobre RRI: la sostenibilidad y la inclusión social, dos de los tres objetivos generales que son la columna vertebral de la Estrategia Europa 2020. Para quien quiera explorar con más detalle, el siguiente cuadro extraído del documento muestra una síntesis de la propuesta realizada para cada uno de estos aspectos.

La principal objeción que podría hacerse, a mi entender, es que en muchos casos los indicadores responden más a una necesidad de fiscalizar de una manera operativa y relativamente sencilla 'lo que ya existe', es decir bases de datos con información que pueda recopilarse y compararse. Pero en muchos de los temas -como, por ejemplo, la educación científica- los llamados a la responsabilidad tiene una extensa historia de fracasos y problemas no resueltos. ¿En qué medida, al decir de Peter Drucker, estos indicadores pueden favorecer un cambio en las percepciones y el ejercicio de eso que llamamos responsabilidad colectiva?

Digamos que esto está por verse. Aunque hay ejercicios interesantes, como la aplicación web Morri (Monitoreo de Investigación e Innovación Responsable), que permite realizar informes personalizados de acuerdo a bases de datos e información para la Investigación y la Innovación Responsable (RRI) en 16 países europeos. Las ambiciones son grandes y los indicadores algo escuetos y hasta un poco faltos de memoria. Y merece la pena recordar, como dijo José Saramago, que 'Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos, sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir'.








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Mónica Edwards
Monica Edwards Schachter
Mónica Edwards Schachter es investigadora, educadora, consultora, escritora y emprendedora, aunque prefiere definirse como una mujer apasionada por aprender y compartir proyectos para mejorar el mundo. Doctora Cum Laude por la Universidad de Valencia con la tesis doctoral ‘La atención a la situación del mundo en la educación científica’ (2003) y Especialista en Proyectos de Ingeniería e Innovación por la Universidad Politécnica de Valencia (2006). Es Ingeniera en Electrónica, Licenciada en Matemática y Física y posee Diplomas de pos-grado en Gestión del Conocimiento por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (México) y Planificación, Gestión y Evaluación de Proyectos Educativos (Universidad Nacional de Córdoba, Argentina). Con más de 20 años de experiencia en formación y consultoría, ha participado en más de 20 proyectos de investigación a nivel nacional e internacional. Es autora y co-autora de más de un centenar de publicaciones, entre libros, capítulos de libros y artículos en prestigiosas revistas científicas en temas de innovación tecnológica e innovación social, innovación colaborativa, empoderamiento, living-labs, innovación educativa, educación científica y desarrollo y evaluación de competencias, especialmente creatividad, innovación y emprendimiento. Ha recibido seis distinciones literarias en poesía y en 2004 le fue concedido el segundo premio en el Concurso de Ensayo Manuel Castillo (patronato Nord-Sud de la Universidad de Valencia) con la obra “Redes para la Paz”, publicado en 2007 por el Seminario Gallego de Educación para la Paz y la Fundación Cultura de Paz.




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