Los Noticiarios perjudican la Seguridad Humana


Leía hace unos días, una idea interesante desarrollada por Rolf Dobelli sobre que “la acumulación de noticias informativas que nos llegan perjudican la salud” y yo, rápidamente, me vi obligado a reflexionar sobre que también perjudica seriamente la seguridad humana.


11/09/2013

MANUEL SANCHEZ GÓMEZ-MERELO

Las más que habituales y profusas malas noticias hacen, según Dobelli, “que nos volvamos más temerosos y agresivos y disminuyen la creatividad y la capacidad de reflexión. Si deja de leer los periódicos por completo, se sentirá más feliz. Está demostrado”.

La base de ello es que ya se encargan los medios de comunicación con sus dramáticos titulares, sus contenidos morbosos y sus insistencia de generar, en muchos casos, alarma social con lo que ello conlleva de inseguridad humana a nivel personal, ciudadana y global.

Y, como se ha dicho y demostrado, aunque parezca que simplemente nos mantienen informados, las “malas noticias” nos llenan el cerebro de hechos que carecen de utilidad práctica o teórica alguna para nuestras vidas, que se escapan de nuestro ámbito de acción y que, a menudo, no nos conciernen en absoluto y nos generan una importante situación de inseguridad.

En este sentido, como los medios de comunicación en general se vuelcan y regodean en las malas noticias, éstas directamente se convierten en tóxicas para nuestro cerebro y, consecuentemente, para la salud y la seguridad.

Pero, el morbo es productivo y vende, es una información fácil, rápida y barata de producir, aunque mejor sería hacer investigación y análisis y no simplemente toxicidad, pero esa es otra historia.

El peligro de esta profusión de malas noticias y su comunicación superficial, genera a la sociedad inseguridad y falsea nuestra apreciación verdadera  del riesgo.

Por ejemplo, y por culpa del protagonismo que tienen unas u otras noticias en la prensa y los telediarios, según Dobelli, se sobreestima el riesgo de morir en un atentado terrorista y, sin embargo, se subestima el de morir por estrés crónico o situación cotidiana.

Así, parece demostrado que el abuso de malas noticias es realmente tóxico para nuestro cerebro, y el único modo de protegernos sería dejar de consumirlas por completo.

Con todo ello, no nos está permitido ni es posible actuar de forma racional u objetiva ante las imágenes emitidas en los medios de comunicación que se presentan cada vez con más crudeza de exposición de la realidad con el simple aviso de que “las imágenes pueden herir la sensibilidad humana”.

Por tanto, las malas noticias son inútiles casi por definición. Dice Dobelli en su estudio: “De entre las 10.000 noticias que haya leído o escuchado en los últimos doce meses, cite una que le haya ayudado a tomar una decisión más acertada con relación a su vida privada o profesional”.

La respuesta no es muy positiva y, consecuentemente, el consumo sobre todo de malas noticias, no tiene ninguna utilidad práctica.

Lo peor es que nos hacen creer que por acumular un gran número de noticias en nuestro cerebro, llegaremos a entender mejor el mundo que vivimos. Y ocurre lo contrario. Todo lo importante que debemos saber sobre la vida no está en las noticias, ni siquiera en las buenas, sino que surge de nuestras propias reflexiones, nuestras actitudes ante la vida y crecimiento personal.

Y la razón, según Dobelli, es que “las noticias no hacen que reflexionemos, ya que lo único que hacen es ayudar a consolidar nuestros prejuicios. Para reflexionar necesitamos concentración, lo que requiere que no nos interrumpan ni distraigan”. Sin embargo, las noticias están especialmente diseñadas para interrumpirnos.

Lo cierto es que, tales interrupciones permanentes no ocurren solamente en los canales de información 24 horas, con sus incesantes titulares sobre todo lo malo especialmente. También los artículos de los informativos de internet están hoy en día plagados de enlaces y anuncios de manera que mientras lee el texto, su atención se desvía del tema.

En este sentido, investigadores canadienses han demostrado que por el simple hecho de que el texto contenga enlaces, el nivel de comprensión disminuye, pues su cerebro se ve constantemente distraído al tener que tomar la decisión de hacer o no hacer clic en ellos, lo cual provoca que se desvíe del tema.

Las noticias envenenan el cuerpo y nos predisponen al pensamiento negativo. Según Dobelli, “Las noticias activan de forma constante el sistema límbico del cerebro. Las catástrofes que se nos anuncian en los titulares todos los días liberan altas cantidades de glucocorticoides (cortisol). Esto altera el sistema inmunitario y reduce la producción de la hormona del crecimiento, que se encarga de regenerar el organismo”.

Por tanto, las noticias pueden, por sí solas, someter a una persona con una vida equilibrada y tranquila a una situación de estrés crónico por acumulación de situaciones de inseguridad, incluso percibir alarma social provocada por temas permanentemente referenciados.

Añadiendo que otro efecto particularmente lamentable de las noticias es que nos ahogan con sucesos respecto a los cuales no podemos hacer nada. Al escuchar historias sobre las catástrofes varias que asolan todos los rincones del mundo, nos volvemos pasivos y nos vemos sumergidos en un estado de ánimo negativo, pesimista, fatalista, pudiendo incluso perder toda capacidad emotiva o de compasión hacia los demás, así como la ilusión por el futuro y nos genera angustia e inseguridad.

Pero, todo ello no quiere decir que en este mundo no necesitemos las noticias y la información de lo que ocurre, más bien al contrario. Las noticias son necesarias para dar a conocer los hechos más importantes relacionados con nuestro entorno local y mundial, especialmente, escuchando las buenas noticias y leyendo artículos que ayudan al mejor conocimiento.

Así que hablemos de buenas noticias pues, no son generalmente los medios de comunicación los que más ayudan por este camino.

En este sentido, y sin ir más lejos, hablemos de España. Esa España que todos los días nos retratan con bombas fétidas a través de los medios de comunicación, las tertulias interesadas y morbosas y que todos tratan sobre la crisis de la deuda, de la banca, de la construcción, del incremento de la prima de riesgo, de la incesante corrupción, del desempleo, del rescate financiero…

¿Por qué no hablamos de las buenas noticias?, ¿por qué no vemos que “la botella está medio llena y no medio vacía?

España es un país lleno de oportunidades y con buenos resultados de los que no hablamos, de los que no nos hablan, más allá de que somos campeones del mundo y de Europa de fútbol.

Y tenemos muchos y buenos ejemplos. España está actualmente en el segundo lugar del mundo en visitantes turísticos con más de 57 millones de personas anuales, ingresos que suponen un 10 por ciento del PIB español.

Y con respecto a la manida y maltratada internacionalización, del año 2009 al 2011 hemos incrementado nuestras exportaciones en más del 18 por ciento y reducido notablemente nuestro déficit comercial y seguimos doblando nuestros esfuerzos a nivel internacional.

Así, lideramos las obras de construcción del nuevo Canal de Panamá; estamos implantando, mediante un consorcio de empresas españolas, la línea de alta velocidad en Oriente Medio entre La Meca y Medina; gestionamos importantes aeropuertos como el de Londres, Orlando y otros muchos; estamos construyendo parques eólicos en Escocia y otros países, suministrando aerogeneradores a las principales economías del mundo; instalamos plantas desalinizadoras en Adelaida o el desierto de Atacama, etc.

España está liderando proyectos de todo tipo a nivel internacional, desde gestionar reservas de vuelo a nivel mundial, controlar el espacio aéreo en Alemania o desarrollar vacuna contra el Alzheimer, hasta instalar y controlar la especial estación meteorológica del Curiosity Mars Rover.

También tenemos, pese a las crisis, dos de las mejores entidades bancarias del mundo y lideramos las telecomunicaciones y todo, con empresas y esfuerzos españoles.

Y hay más, estamos a la cabeza mundial del sector de energías renovables y somos los primeros en energía solar.

En España somos creativos, innovadores y emprendedores, aunque los medios de comunicación solo destaquen diariamente las malas noticias y las crisis (… que las hay). Somos un país divertido y con gran diversidad, con una gastronomía reconocida y, lo más importante, con un sistema social y sanitario modelo -que esperemos que las malas gestiones no lo destruyan- y con una esperanza de vida que nos sitúa en el tercer país del mundo.

España es un país para vivirlo, trabajar, disfrutar y comérselo…  no dejemos que nos lo destruyan y nos generen inseguridad solo con malas noticias.

Entonces, ¿por qué no hablamos de las buenas noticias y creamos seguridad y confianza?