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SEGURIDAD Y DEFENSA: Manuel Sánchez Gómez-Merelo




Blog sobre convergencia y tecnología de Tendencias21

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Tras más de una año de pandemia, confinamientos y ola tras ola de contagios, el Plan de Recuperación del Gobierno contempla el impulso económico más importante de nuestra historia en inversión pública y ayudas privadas que viene acompañado de una agenda de reformas estructurales que quieren lograr cinco objetivos: modernizar el tejido productivo y la Administración; impulsar la capacidad de crear empleos de calidad; aumentar la productividad y el crecimiento potencial de la economía; reducir las brechas sociales y de género e impulsar la economía verde.


Así, 2021 será el año de la transición. Salvo catástrofes inesperadas, las personas, las empresas y la sociedad pueden comenzar a mirar hacia adelante para dar forma a su futuro en lugar de simplemente vivir un presente lleno de incertidumbres donde identificamos algunas de las tendencias que darán forma a la próxima normalidad que afectarán a la dirección de la economía global, al necesario ajuste, e incluso a la reinvención de las empresas y a los cambios para siempre en la sociedad, como resultado de la crisis de la COVID-19.

Las empresas y organizaciones han pasado gran parte del pasado año luchando por adaptarse a circunstancias extraordinarias y la crisis ha desatado una ola de innovación y lanzado una nueva generación de emprendedores.

Platón tenía razón: la necesidad es de hecho la madre de la invención.

El año 2021 será, sin duda, un año de adaptación y de reinvención pero no sin nuevas estrategias de seguridad y ciberseguridad para la ‘nueva normalidad’.

Objetivos de Recuperación, Transformación y Resiliencia

La batalla contra la pandemia de la COVID-19 aún no está ganada, pero con una vacunación en pleno proceso, aunque con algunas olas de contagios a la vista, hay al menos una luz más visible al final del túnel, junto con la esperanza de que otro desastre no se precipite hacia nosotros.
 
Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. La seguridad protagonista, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo

El camino hacia la nueva normalidad ha de hacerse con toda la seguridad. Los objetivos, estrategias y políticas han de garantizarse con rigurosas medidas de prevención y protección, especialmente para las organizaciones y los ciudadanos.

El primer paso en todo el complejo proceso será determinar cual es el nivel de riesgo aceptable para las organizaciones y los ciudadanos y de aquí cuáles deben ser los niveles apropiados de seguridad.

Unos niveles de seguridad que, como mínimo, debe incluir: una evaluación del riesgo residual aceptado después de implementar las salvaguardas determinadas; una identificación y definición de las acciones que se han a tomar, con sus prioridades, para implementar las correspondientes seguridades; una estimación de los recursos y los costes asociados; y un plan detallado de implementación de los medios y medidas de seguridad.

Inversiones prioritarias

Dentro del Plan de las principales inversiones programadas que se van a desarrollar en la primera fase, cabe destacar algunas más relevantes para la implementación de las nuevas seguridades como: el Plan de Digitalización, especialmente de Pymes, dotado con más de 4.000 millones de euros; la Hoja de Ruta del 5G, con casi 4.000 millones de euros; y Nueva Política Industrial España 2030.

Durante la crisis de la COVID-19, un área que ha experimentado un gran crecimiento ha sido la digitalización en todo, es decir, desde el servicio al cliente en línea hasta el trabajo remoto, la reinvención de la cadena de suministro, la logística, el uso de inteligencia artificial (IA), la formación online, hasta el aprendizaje automático para mejora de las operaciones.

La gestión sanitaria y la atención de la salud también han cambiado de manera sustancial con la teleasistencia y la implementación de otros procesos que han venido para quedarse.

Así, las mejoras de productividad habilitadas digitalmente han acelerado la llamada Cuarta Revolución Industrial.

No hay vuelta atrás. La gran aceleración en el uso de la tecnología, la digitalización y las nuevas modalidades de trabajo se van a mantener en gran medida.

En definitiva, con la crisis de la COVID-19 no solo se ha acelerado esa transición en áreas como la inteligencia artificial y la digitalización sino que se ha adelantado la transformación digital por varios años. Una encuesta de McKinsey publicada en octubre de 2020, detectó que las empresas tienen tres veces más probabilidades que antes de la crisis de realizar, al menos, el 80 por ciento de sus interacciones con los clientes de forma digital.

Fondos de recuperación europeos

El plan diseñado por el Gobierno de España para la gestión y el desarrollo de los fondos europeos de recuperación Next Generation UE y que suponen para España la recepción de 140.000 millones de euros en transferencias y créditos en el período 2021-2026 son, sin duda, un necesario y buen aliciente para la recuperación y transformación de nuestro tejido productivo y social.

En este sentido, hay que animar y motivar a esa nueva ola de innovación y generación de emprendedores para provocar la presentación de proyectos de valor añadido, especialmente en I+D+I, que cumplan los requisitos para la adjudicación de esos especiales fondos para la recuperación y la transformación empresarial y social.

La crisis de la COVID-19 ha creado un imperativo para que las empresas reconfiguren sus operaciones y una oportunidad para transformarlas. En la medida en que lo hagan, vendrá la recuperación del empleo seguirá una mayor productividad.

Para la eficaz gestión de estos especiales fondos europeos para la recuperación, no solo es importante el análisis riguroso de los proyectos objetivo de estas ayudas, sino la especial concienciación e innovación en el planteamiento de las organizaciones implicadas.

Gestión del Riesgo y las Seguridades

Como se ha dicho anteriormente, la Gestión del Riesgo y las Seguridades será la clave.

La Gestión del Riesgo y las Seguridades es un proceso que comprende varias etapas. Comienza analizando o auditando la realidad actual de nuestras organizaciones y estableciendo los objetivos y las estrategias de seguridad y desarrollo de la política corporativa de seguridad. Como parte de esta política de seguridad corporativa está la creación de una estructura organizativa apropiada para asegurar que los objetivos definidos se pueden alcanzar. Esto es de aplicación tanto a organizaciones importantes como a las Pymes que son las que más han sufrido los efectos de la actual pandemia.
 
Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. La seguridad protagonista, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo

Las amenazas relacionadas con la pandemia, así como los efectos de la COVID-19 seguirán muy presentes en 2021, aunque su impacto variará según avance el año. Sin embargo, las organizaciones necesitarán seguir estando preparadas para una serie de ‘próximas anormalidades’, para lo que proteger a las personas, las redes, los entornos cloud, las aplicaciones y la información es crucial.

Para ello, es clave reforzar la prevención de los riesgos y amenazas, especialmente, en los entornos digitales con el objetivo de evitar que los ataques avanzados se extiendan rápidamente por las infraestructuras corporativas y aprovechen las vulnerabilidades o debilidades de seguridad. La automatización de la prevención será crítica, ya que el 78% de las empresas declara adolecer de conocimientos y recursos en estas áreas.

Por otro lado, hemos de tener en cuenta que las amenazas ligadas a la crisis del coronavirus, las noticias sobre el desarrollo de vacunas, nuevas restricciones de movilidad, desarrollo social, etc. seguirán copando los titulares de los medios de comunicación y serán los ganchos que utilicen los ciberdelincuentes para lanzar campañas masivas de phishing. Asimismo, aquellas compañías farmacéuticas involucradas en el desarrollo de vacunas se mantendrán como uno de los principales objetivos de los ataques por parte de cibercriminales o incluso grupos maliciosos relacionados con determinados países.

Planes de Seguridad

El diseño e implementación de los necesarios Planes de Seguridad, Contingencia y Recuperación, son la base para la proteger de los activos, la información y los sistemas e instalaciones que sustentan a las organizaciones y que son en la actualidad un activo fundamental para todo tipo de entidad.

Así, principalmente, la seguridad de los sistemas de información y gestión incluye el análisis de los requerimientos de seguridad, el establecimiento de un plan para satisfacer estas exigencias, la implementación de este plan y el mantenimiento y administración de las seguridades.

El Plan de Seguridad debe incluir tanto una estrategia proactiva como una reactiva: Una estrategia proactiva es aquella de prevención que comprende el conjunto de pasos que ayudan a minimizar los puntos vulnerables de los activos y a controlar los riesgos inherentes. La estrategia reactiva es aquella de protección y de corrección que comprende las medidas orientadas a reducir los daños ocasionados una vez que se ha producido un ataque o incidente.

Igualmente, dentro del Plan de Seguridad, estarán los correspondientes a atender las contingencias y garantizar la continuidad del funcionamiento y la resiliencia.

Seguridad. La prioridad para organizaciones y empresas
 
Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. La seguridad protagonista, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo

Durante esta pandemia, cada día nos hemos encontrado con noticias e incidencias nuevas que nos han arrojado resultados negativos e incertidumbres en materia de seguridad, especialmente en distintas organizaciones concernientes a sectores como el sanitario, educación, transporte, etc. obligando a crear equipos operativos y medidas que de manera proactiva acometan, detecten y prevengan nuevas amenazas.

La protección de la nueva normalidad será la principal tendencia de ciberseguridad para 2021 que, según los expertos de Check Point Software, consideran que aumentarán los ataques relacionados con la pandemia, las nuevas variantes de malware y los ciberconflictos. También, la mayor implementación de la IoT, encabezará la lista las preocupaciones de seguridad en las organizaciones.

Formación a distancia, en el punto de mira

Al igual que las organizaciones, el sistema educativo, personal y profesional, ha tenido que migrar para poder continuar trabajando a distancia mediante el uso de plataformas online. Como consecuencia, este sector ha experimentado un aumento del 30% de los ataques y seguiremos viendo altos niveles de amenazas durante este año 2021 de la recuperación.

También para la “nueva normalidad” será necesario establecer nuevos programas de formación y capacitación para la mejor adaptación a esta recuperación y transformación social y empresarial.

Resiliencia. El factor humano

En general, como se ha indicado, las organizaciones y la sociedad tendrán que pasar por un proceso de adaptación hacia lo que venimos llamando “la nueva normalidad” que básicamente consiste en la reestructuración del trabajo como lo conocíamos y en abrir paso a un sistema de proactividad, que en un futuro si tenemos que enfrentarnos a nuevas situaciones, que nos obliguen a confinarnos, estemos preparados para cualquier contingencia.

Este año trajo consigo muchos aprendizajes, experiencias, y nos recordó la vulnerabilidad de la vida humana y cómo debemos enfocarnos cada vez más en su protección pues para cualquier contingencia puede ser fundamental nuestra preparación y capacidad de resiliencia.

El 13 de marzo de 2020 el gobierno español decretó el Estado de Alarma y dispuso el “aislamiento social, preventivo y obligatorio” para toda la población residente en el país, suspendiendo toda actividad no esencial, el transporte interno y externo, así como el cierre de fronteras.

Esta situación, con diferentes estados en tiempo y forma, permanece en la actualidad, con una lenta apertura de algunas actividades.


Solo tenemos que ver cómo ha ido el año 2020 para hacernos una idea de lo dinámico e impredecible del mundo y momento actual derivado de una pandemia como la COVID-19.

Como hemos dicho anteriormente, en este irrepetible año 2020, tres palabras parecen haber tenido el protagonismo en todo lo que ha acontecido: incertidumbre, inseguridad y pesimismo.

Una inseguridad que ha puesto de manifiesto un innumerable listado de vulnerabilidades en todo tipo de sectores, especialmente en el sanitario, turístico, servicios, transporte, comercio, etc. en todo el mundo.

La pandemia está siendo un factor exógeno a las organizaciones y actividades que viene desencadenando cambios importantes en sus principales funciones con una velocidad no experimentada antes donde, las primeras acciones-reacciones de la sociedad revelan su capacidad de adaptación y resiliencia frente a las amenazas y desafíos que planteó hace un año la emergencia sanitaria. Las respuestas vienen revelando también la heterogeneidad en las organizaciones en términos de recursos, experiencias previas y vulnerabilidades.

El sufrido pasado

La llegada de la COVID-19, sus “diferentes olas” y consecuencias han venido a cambiar algunos paradigmas. Uno de ellos, muy generalizado en sectores, ha provocado casi sin respiro para actuar, ha sido la modalidad del trabajo a distancia o teletrabajo y, aún cuando las lecciones que estamos aprendiendo al hacer camino al andar resultaran positivas, difícilmente evitarán un cambio radical en muchos casos.

En algunas actividades los cambios han venido para quedarse pero, en muchas otras es probable que la virtualidad complemente a la presencialidad, pero sin reemplazarla.

Todo está revuelto y en proceso de cambio. Este tiempo de excepcionalidad no cesará hasta que ésta deje de serlo y tengamos una “nueva normalidad”. La pandemia nos ha trastocado casi todo, alterado el sentido de muchas cosas y perturbado los hábitos de nuestras vidas.

Pero, no queda más remedio que cambiar e incorporar nuevas conductas que nos faciliten la vida con nuevas seguridades.
 

Un “RqueR” para LIDERAR con toda la seguridad, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo


Hemos de aprovechar esta época de cambio para incorporar otros hábitos diferentes y saludables en nuestra vida.

Como se viene repitiendo, aunque los hábitos no se olvidan fácilmente, sean buenos o malos, saludables o no, una cosa buena que tiene esta pandemia es que nos ofrece la oportunidad de reinventar nuestros hábitos, desechar algunos e incorporar otros, casi obligatoriamente.

En este sentido, a muchos se nos ocurre que podemos aplicar la ciencia. Así, si nos fijamos en las leyes del movimiento que Newton publicó en 1678 y que sentaron las bases de la mecánica clásica, se puede, y algunos expertos están iniciando, el establecer una interesante analogía para aumentar la productividad, simplificar y mejorar la vida y adquirir nuevos hábitos de funcionamiento. Veamos su aplicación con más detalle.

La primera: la ley de la inercia, dice que “un cuerpo permanecerá en reposo o en movimiento recto con una velocidad constante, a menos que se aplique una fuerza externa”. Es decir, que no es posible que un cuerpo cambie su estado inicial (sea de reposo o movimiento) a menos que intervengan una o varias fuerzas.

Pero, hemos de tener en cuenta que la procrastinación es una ley fundamental del universo. Dicho de otro modo, los objetos en reposo tienden a permanecer en reposo y si quieren salir de ese estado y ponerse en marcha, lo más importante es encontrar la manera de empezar, porque ponerse en marcha es más importante que tener éxito.

La segunda: la ley de la dinámica, dice que “la fuerza neta que es aplicada sobre un cuerpo es proporcional a la aceleración que adquiere en su trayectoria”.

La fuerza que pongamos en nuestro esfuerzo tiene dos vectores: uno, cuánto trabajo está realizando y, dos, en qué dirección se centra esa labor. Si se quiere potenciar el hábito de la eficacia, no se trata solo de cuánto trabaja, también se trata en dónde se aplica ese esfuerzo y esto sirve para proyectos grandes y pequeños.

La tercera: el principio de acción y reacción, dice que “toda acción genera una reacción igual, pero en sentido opuesto”.

Hay fuerzas productivas como el compromiso, la motivación y las competencias, que conviven con fuerzas improductivas como el estrés, hacer demasiadas tareas a la vez, no llevar una vida saludable, etc. que contrarrestan el resultado. Si queremos ser más eficaces podemos agregar más fuerza productiva, pero a costa de un sobreesfuerzo que acabará agotándolo.

Si bien algunas leyes del físico inglés del siglo XVII han sido reemplazadas por la ciencia moderna, esta tercera ley tiene importantes implicaciones y relaciones con el actual brote de coronavirus. Sabemos que el virus existe. Ha sido declarada una pandemia por la Organización Mundial de la Salud pero, lo que no sabemos a ciencia cierta es cómo reaccionar ante el virus y todavía resulta difícil identificar qué transformaciones permanecerán una vez superada la pandemia.

Acción, reacción y repercusión

Es sabido que las cosas no se valoran hasta que se pierden, y una de las que nos está quitando la COVID-19 es la libertad de movimiento.

La repercusión la vamos viendo: retroceso en lo avanzado y, en el extremo, impotencia, en lo que a contención de víctimas de esta pandemia se refiere. Se necesita, pues, la reacción, tanto por parte nuestra, repartiéndonos horas y espacios desde las instituciones, ley en mano, que deben procurar la fluidez y el rigor en la toma de decisiones. La pandemia obliga a cambiar la cultura política para no sucumbir.

Todo ello, nos ha predispuesto y ha puesto en valor la importancia de revisar y reinventarnos en algo tan básico como es el liderazgo y la gestión a todos los niveles (político, institucional, empresarial y personal) en este nuevo orden, retos y oportunidades, con todas las seguridades y debemos aplicar este principio en la sociedad y tener acceso al ejercicio del poder político, a recursos financieros, a medios de comunicación masivos.

Las consecuencias políticas, sociales, tecnológicas y económicas pueden tardar años en desaparecer y mientras, vivimos un resurgimiento de la vida digital o virtual, un presente y futuro diferente en la globalización y un nuevo orden mundial emergente. Aunque no debemos olvidar que el futuro está verdaderamente en nuestras propias manos.

Como resumen, hemos de insistir “RqueR” y no ceder. RqueR, es una expresión muy española para hablar de la presión sobre algo… Hemos de insistir, persistir, resistir y nunca desistir en nuestras, al menos, “7RqueR”:

RECUPERAR. Volver a un estado de normalidad después de haber pasado por una situación traumática difícil.

REINVENTAR. Hallar o descubrir algo nuevo o no conocido para mejorar nuestra actual situación.

RESILENCIAR. Incrementar la capacidad de recuperación al estado inicial desde una perturbación a la que se ha estado sometido.

REINCORPORAR. Volver a admitir a alguien a un servicio o empleo o a algo a su estado original.

REDEFINIR. Volver a definir conceptos o metodologías de acuerdo a nuevos criterios o condiciones.

REVISAR. Someter algo a nuevo examen para corregirlo, enmendarlo o repararlo o redefinirlo.

REIMAGINAR. Suponer algo nuevo a partir de ciertos indicios analizados y contrastados.

Y todo ello, para retomar una nueva normalidad y realidad y relanzar la sociedad en todos sus aspectos (actividades productivas, sociales, económicas, etc.) de forma sostenible y con todas las seguridades después de esta dura pandemia.


Todo el mundo habla de ciberseguridad y, en gran medida, desconoce los detalles del concepto, definición, alcance y soluciones.

Y, como es un hecho el crecimiento de la ciberdelincuencia en todo el mundo, nos vemos obligados a una aceleración paralela del incremento en el desarrollo y uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones de la seguridad en todos los ámbitos públicos y privados.


Según estimaciones de la Comisión Europea, el coste, de la ciberdelincuencia para la economía global en el año 2020, fue de 5,5 billones de euros, lo que representa la mayor transferencia ilícita de riqueza, superior ya a la que se deriva del tráfico global de drogas.
 
En España, según los datos que maneja el Ministerio del Interior, en 2015 se conocieron un total de 83.058 hechos relacionados con la cibercriminalidad, cifra que ha ascendido a 218.302 a finales de 2019, lo que supone un incremento del 162,8 por ciento en apenas cinco años. Si en 2015 la ciberdelincuencia representó el 4,1 por ciento del total de la criminalidad conocida, a finales de 2019 esta tasa había escalado hasta el 9,9 por ciento.
 
Pero, para adoptar adecuadamente las soluciones correspondientes contra esta batalla sin vuelta atrás, además de los correspondientes medios técnicos y medidas organizativas, hemos de procurarnos, exigirnos la información y la formación para cada caso y circunstancia.
 
En este sentido, lo primero que debemos conocer es la diferencia entre Ciberseguridad, Seguridad Informática y Seguridad de la Información. Tres conceptos inadecuadamente mezclados habitualmente.
 

La ciberseguridad hoy, protagonista y mucho más, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo


 

El concepto ampliamente utilizado es el de Ciberseguridad que puede asociarse con otras palabras como ciberespacio, ciberamenazas, cibercriminales u otros conceptos asociados y que, a veces, suele utilizarse como sinónimo de Seguridad Informática o Seguridad de la información y esto no es correcto.
 
Es necesario aplicar de manera adecuada los conceptos, de acuerdo a cada situación y sus objetivos y activos a proteger:


La Ciberseguridad, según Kaspersky, es la práctica de defender, las computadoras, los servidores, los dispositivos móviles, los sistemas electrónicos, las redes y los datos de ataques maliciosos. Es decir, su objetivo es proteger la información digital en los sistemas interconectados. La Ciberseguridad está comprendida dentro de la Seguridad de la Información.
 
La Seguridad Informática, es la disciplina que se encarga de proteger la integridad y la privacidad de la información almacenada en el sistema informático de ciberataques, cuyos objetivos son obtener ganancias de la información adquirida o acceder a ella para su manipulación. Es decir, su función consiste en la gestión de riesgos relacionados con el uso, el procesamiento, el almacenamiento y la transmisión de información o datos con los sistemas y procesos de dichas actividades.
 
La Seguridad de la Información, es el conjunto de medidas de prevención y protección que permiten almacenar y proteger la información. Es decir, es el conjunto de todas aquellas políticas de utilización y medidas que afectan al tratamiento de los datos almacenados públicos o privados.
 
Plan Nacional Estratégico de Cibercriminalidad
 
El pasado día 9 de marzo, el Ministerio del Interior ha aprobado un plan estratégico para reforzar la lucha contra la cibercriminalidad. El plan ha entrado en vigor el pasado 10 de marzo, con la publicación de la Instrucción 1/2021 del Secretario de Estado de Seguridad.
 
El objetivo de dicho plan es mejorar las capacidades de los órganos del Ministerio para detectar, prevenir y perseguir la ciberdelincuencia y generar un nuevo impulso operativo y técnico eficaz que garantice la protección de los derechos y libertades y la seguridad ciudadana.
 
Según lo publicado, el plan estratégico diseñado por la Secretaría de Estado de Seguridad, pone el foco en: “la prevención; en la cooperación entre las diferentes Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (FCSE) y los operadores jurídicos; en la dotación de capacidades suficientes y adecuadas para articular respuestas adaptadas a las diferentes modalidades delictivas; en la colaboración con la industria y los operadores relevantes en materia de ciberseguridad en el sector público y privado; y en el respeto escrupuloso a la libertad, a la privacidad y demás derechos fundamentales”.
 
Desde estos principios, el plan diseña una estrategia global para alcanzar los siguientes objetivos específicos:

  • Promover la cultura de prevención de la cibercriminalidad entre la ciudadanía y la empresa.
  • Impulsar la formación y la especialización de los miembros de las FCSE en materia de ciberseguridad y cibercriminalidad.
  • Incrementar y mejorar el uso y disposición de las herramientas tecnológicas e implementar el ámbito de la I+D+i.
  • Gestionar adecuadamente la información disponible en el ciberespacio.
  • Promover un marco legal e institucional que dé solución a los desafíos que surjan relacionados con la ciberseguridad y la cibercriminalidad.
  • Impulsar la coordinación a nivel nacional e internacional y favorecer la colaboración entre el sector público y privado.


El Plan ha sido liderado por la Oficina de Coordinación de Ciberseguridad (OCC). Asimismo han participado responsables, especialistas, autoridades y expertos de la Policía Nacional y de la Guardia Civil, de las policías autonómicas. Además del Consejo General del Poder Judicial, de la Fiscalía General del Estado, del Consejo General de la Abogacía Española, de CCN-CERT e INCIBE-CERT, del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO), del Centro Nacional de Protección de Infraestructuras y Ciberseguridad (CNPIC), así como de la universidad, de la banca y de otras instituciones privadas.
 

La ciberseguridad hoy, protagonista y mucho más, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo


 

Finalmente, fue aprobado por el Comité Ejecutivo de Coordinación (CECO) del Ministerio del Interior el pasado 18 de febrero de 2021.
 
La aprobación de este Plan Estratégico de Cibercriminalidad ofrece al Ministerio del Interior los recursos necesarios para hacer frente a esta situación en cinco áreas de actuación: detección, prevención, protección, respuesta y persecución.

 

Un nuevo e importante paso que, como hemos dicho, debe reforzarse con los correspondientes planes de información y formación a todos los niveles y ámbitos públicos y privados.


Desde el principio de este siglo el mundo se ha visto sacudido fuertemente, y se han roto algunos paradigmas, al menos tres veces, por: los atentados del 11 de septiembre de 2001, el colapso financiero de 2008 y, muy especialmente, por la pandemia de la COVID-19 reciente.

Cada caso ha sido una amenaza asimétrica, puesta en movimiento por algo aparentemente puntual y muy diferente de todo lo que el mundo había experimentado hasta entonces.


Solo tenemos que ver cómo ha ido el año 2020 para hacernos una idea de lo dinámico e impredecible del mundo actual. Lenin dijo: “Hay décadas en las que no pasa nada y semanas en las que pasan décadas”.


Como hemos dicho anteriormente, en este irrepetible año 2020, además de la extraordinaria solidaridad y resiliencia demostrada por la población en general y algunos grupos profesionales en particular, tres palabras parecen haber tenido el protagonismo en todo lo que ha acontecido: incertidumbre, inseguridad y pesimismo.


La inseguridad ha puesto de manifiesto en todo el mundo un innumerable listado de vulnerabilidades en todo tipo de sectores, especialmente en el sanitario, turístico, servicios, transporte, comercio, etc.


Esta inusitada situación nos ha predispuesto a reconsiderar la importancia de revisar valores y tratar de reinventarnos en algo tan básico como es el liderazgo y la gestión a todos los niveles (político, institucional, empresarial y personal) enfrentando retos y oportunidades con todas las seguridades.


Las consecuencias políticas, sociales, tecnológicas y económicas pueden tardar años en desaparecer y, mientras, vivimos un resurgimiento de la vida digital o virtual, un presente y futuro diferente de cara a la globalización y un nuevo orden mundial emergente, dividido entre China y Estados Unidos. En cualquier caso, el futuro sigue estando verdaderamente en nuestras propias manos.


Nos encontramos ante una nueva puesta en valor que podemos resumir en el acrónimo ya presentado anteriormente de L.I.D.E.R.A.R. con seguridad, a fin de abordar sin demora siete elementos imprescindibles, como son:

Líneas maestras, para alcanzar de manera coordinada y sostenible la nueva normalidad que la sociedad en general y sus actividades en particular precisan.

Innovación, para dar respuesta eficiente y duradera a los nuevos retos y oportunidades que la crisis (principalmente la sanitaria) ha aflorado.

Decisión, sobre la base de la experiencia y el conocimiento, implementando cuanto antes las nuevas estructuras y protocolos que permitan actuar con el máximo de seguridad y garantías.

Ética, para aplicar con rigor y equilibrio todo lo anterior, y responder ante la sociedad con medidas solidarias y sostenibles soluciones, acordes a las nuevas situaciones creadas.

Responsabilidad, como base de trabajo en todos los ámbitos institucionales, empresariales, personales y sociales.

Autenticidad, transparencia y rigurosidad en todo tipo de decisiones, acciones y nuevos planteamientos acordes con el nuevo orden mundial.

Respeto prioritario por la solidaridad y la seguridad humana, como derecho global para todos los pueblos, a fin de enfrentar de forma global y eficiente todos los retos y nuevas exigencias de este nuevo futuro.


La gestión del riesgo y la seguridad


La seguridad es el eje de la nueva normalidad y se ha convertido en un factor indispensable e ineludible en todos los ámbitos durante la crisis sanitaria que estamos viviendo.


En los últimos tiempos, han aflorado nuevos riesgos y exigencias derivadas de la situación generada por la pandemia, tanto a nivel de la seguridad global como de la seguridad humana y particular, desde el mundo que compartimos a la dimensión personal (mundo, país, ciudad, barrio, vecindad, vivienda, persona).


 

La Nueva Dirección Corporativa y la Seguridad (I), por Manuel Sánchez Gómez-Merelo


En este sentido, la Gestión del Riesgo y la Seguridad se hace imprescindible en todos los entornos y, especialmente, en el ámbito del trabajo y el desarrollo de las organizaciones institucionales y empresariales, donde la cuestión es compleja y multidisciplinar.


Se precisa una gestión coordinada y preventiva de los riesgos y amenazas: una visión multidisciplinar y profesional de la seguridad (prevención+protección), así como una alineación de riesgos a nivel de la organización (reputación y ética, posicionamiento en el sector, información, recursos humanos, cumplimiento legal, continuidad, contingencia y resiliencia).


La identificación, clasificación, análisis y evaluación de los riegos y el conocimiento de las vulnerabilidades son piezas clave para establecer un Plan Director de Seguridad, ya que en función de la valoración final de estos, se articularán e implementarán unos determinados sistemas y subsistemas de seguridad (prevención+protección) básicos y de apoyo, así como los correspondientes protocolos de gestión.


Además de evaluar el resultado del análisis de riesgos, hemos de tener en cuenta la disposición de recursos humanos, materiales y financieros con los que cuenta la organización.


Con todo ello se elaborará un documento único e integrador en donde se plasme el sistema de Gestión del Riesgo y la Seguridad de la organización.


Son objetivos fundamentales del plan: minimizar y en el mejor de los casos neutralizar los riesgos y amenazas detectadas y reducir al máximo posible las consecuencias negativas de su materialización e impacto.


La monitorización de la gestión del riesgo y la seguridad


Basado en un nuevo esquema holístico de visión de la Gestión del Riesgo y la Seguridad, planteamos el desarrollo de una nueva aplicación, integrada por conceptos de especial innovación y aspectos diferenciales en el ámbito de los riesgos, las amenazas y vulnerabilidades, principalmente para entornos corporativos.


La Nueva Dirección Corporativa y la Seguridad (I), por Manuel Sánchez Gómez-Merelo


Para el desarrollo del plan de Gestión del Riesgo y la Seguridad nos podemos basar en diferentes estándares como la Norma ISO/IEC 31.000, con el aprovechamiento y las posibilidades de adaptación a cualquier organización, así como de las experiencias en la seguridad en entornos corporativos e institucionales.


Esta aplicación integral y nueva metodología de Gestión del Riesgo y la Seguridad es una nueva visión que hace especial referencia al cambio de paradigma de la seguridad en las entidades corporativas con metodología y gestión sistemática.


Además, incluirá desarrollos específicos para el análisis de riesgos para nuevas unidades de negocio y actividad y evaluación de nuevos proyectos de la entidad desde la perspectiva de los riesgos y la seguridad (inversión en el exterior, proyectos de desarrollo, adquisiciones, etc.).


El Desarrollo de su contenido requerirá de: la rigurosa identificación, clasificación, análisis y evaluación de todos los riegos y amenazas de la organización; la identificación y descripción de las vulnerabilidades y sus actividades; el planteamiento de una gestión integral del riesgo; el análisis de la probabilidad e impacto; y el establecimiento de un plan integral para el tratamiento de los riesgos, amenazas y vulnerabilidades identificadas.


El nuevo enfoque de la dirección corporativa y la seguridad es necesario para reasegurar: Actividades (industrial, comercial, social); Transporte (internacional, nacional, local); Economía (global, local); Educación y capacitación (nacional, local, personal); Seguridad (prevención, protección); Laboral (empresarial, autónomos); Sanitaria (global, local, personal) y un largo etcétera.



La investidura de un Presidente del Gobierno en Estados Unidos siempre es un evento de especial relevancia, entre muchas otras cosas, por el montaje de la seguridad que requiere pero, en esta ocasión, la toma de posesión de Joe Biden y Kamala Harris se ha visto rodeada de unas condiciones insólitas, nunca vistas anteriormente, llegando incluso a generar miedos y alarma social.



Una alarma social que comenzó el día 6 de enero con la toma del Capitolio por una masa de seguidores extremistas de Donald Trump, que ocasionaron múltiples daños humanos y materiales, y que terminó con un balance de cinco muertos.

Una alarma social insólita, con una ciudad sitiada una semana antes de los actos previstos para el día 20 de enero, en la que sus ciudadanos cada día amanecían con nuevas imágenes y nuevos titulares de lo que podría haber sido una masacre en el Capitolio, con los ánimos inflamados por radicales en el rango de la psicosis. Incluso un día antes, el día 19, cuando se desató un incendio en las proximidades del Congreso, ya saltaron todas las alarmas.

La ciudad, ha estado blindada ante la toma de posesión, y los cuerpos de seguridad y autoridades han estado vigilando las actividades de grupos y milicias ultraderechistas, ante la posibilidad que alguna de estas agrupaciones llegara a Washington con la intención de provocar enfrentamientos violentos.

Igualmente, una semana antes, el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes envió cartas a organizaciones de transporte y alojamiento, servicios de alquiler de automóviles y cadenas hoteleras, instando a implementar “especiales medidas de control” para garantizar que no se utilizaran sus servicios para facilitar los “complots terroristas domésticos que rodean la toma de posesión de Biden”.

Finalmente, horas antes de la toma de posesión, las autoridades federales estaban monitoreando interacciones “inquietantes” en redes sociales, incluso amenazas contra funcionarios electos, e ideas sobre cómo la de infiltrarse en el evento, según información de fuentes oficiales.

Es del todo inusitado que un país que se ha enorgullecido de ser un ejemplo de la democracia y protección ante todo el mundo, en estos días previos haya temido incluso por la seguridad del propio mandatario electo y por una no transición pacífica del poder, contradiciendo décadas de propaganda.

Riesgos y amenazas

A los tradicionales riesgos y amenazas (internas y externas) en cualquier país de cara a una investidura de su Presidente del Gobierno, el país norteamericano, en esta ocasión, ha estado en alerta máxima como nunca antes, debido, sobre todo, al aviso del FBI acerca de las potenciales "protestas armadas" en toda la nación.

El todavía presidente Trump, tras las denuncias de fraude, su fracaso ante los tribunales y la radicalización de sus seguidores, emitió una semana antes una declaración de emergencia para la ciudad de Washington, vigente hasta el día 24 de enero, por el riesgo para la seguridad que suponen los grupos radicales como el del pasado 6 de enero.

En esta ocasión, más que nunca antes en la historia de los Estados Unidos, la tensión ha obligado a elevar la precaución hasta el punto de que la alcaldesa de Washington, Muriel Bowser, ha prohibido asistir a ningún acto y hasta salir a la calle durante la ceremonia.

La Corte Suprema de Justicia en Washington, ubicada frente al Capitolio, tres días antes de la investidura, recibió una amenaza de bomba, se revisaron el edificio y los alrededores y no hubo evacuación del edificio, según dijo un portavoz.
 

EE.UU. Investidura de Joe Biden. Seguridad, miedo y alarma social, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo


Igualmente, "dados los violentos hechos ocurridos en Washington, y el creciente riesgo de mayores daños”, Twitter llegó a suspender más de 70.000 cuentas dedicadas principalmente a difundir contenidos conspirativos. Según la CNN, la insurrección en el Capitolio fue alimentada por grupos conspirativos, extremistas y movimientos marginales vinculados a QAnon y los Proud Boys, dos facciones de extrema derecha que el presidente Donald Trump se negó repetidamente a condenar durante su campaña electoral el año pasado.

El Pentágono también analizó amenazas terroristas antes o durante la investidura de Joe Biden y el FBI alertó del peligro de protestas armadas y de un "levantamiento" en EE.UU. y advirtió a las agencias policiales sobre la posibilidad de que ultraderechistas se hicieran pasar por miembros de la Guardia Nacional.

En los mismos foros se ha hablado también durante semanas de organizar protestas masivas que culminaran en lo que se bautizó como la “Marcha del Millón de Milicias”, el mismo 20 de enero, en la explanada del Capitolio donde serían investidos el presidente Joe Biden y la vicepresidenta Kamala Harris.

Por todo ello, tras una evaluación conjunta realizada por las distintas agencias y por el Departamento de Seguridad Nacional, se justificó el aumento de medidas para evitar ataques de terroristas internos que “suponen la amenaza más probable” a la toma de posesión.

 

EE.UU. Investidura de Joe Biden. Seguridad, miedo y alarma social, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo


El FBI ha estado una semana investigando a los 25.000 miembros de la Guardia Nacional que protegieron el acto para extremar todas las precauciones, incrementando el grado de ansiedad y preocupación por la seguridad del presidente electo y de todos los asistentes a la toma de posesión generando una gran alarma social ante el acto que se produciría solo dos semanas después del asalto contra el Capitolio.

No ha sido fácil investigar a más de 25.000 personas en tan corto espacio de tiempo, pero es mucho lo que estaba en juego. En una toma de posesión normal, no después del ataque contra el Capitolio del pasado 6 de enero, el despliegue hubiera sido muy inferior (entre 8.000 y 10.000 efectivos).

Desde el 11-S se da prioridad al terrorismo dentro de las fronteras estadounidenses porque, en muchos casos, los individuos se radicalizan en EE.UU. y se unen a Al Qaeda, el Estado Islámico o a grupos semejantes. Pero la amenaza que pendía sobre Biden en el día de su toma de posesión era de otro signo, y ha sido alimentada y reforzada por fanáticos como los supremacistas blancos, la extrema derecha y otros grupos radicales que han hecho bandera del fraude electoral.

Así el secretario del Ejército, Ryan McCarthy, aseguró además que al menos 25 casos de terrorismo nacional se han abierto a raíz de la sublevación.

Medidas de seguridad

Normalmente, las autoridades dedican meses a preparar un exhaustivo plan de seguridad para la toma de posesión presidencial, que suele ser un día de festividades. Pero, como se ha visto, en esta ocasión las medidas han sido inéditas e intensas, ante la amenaza de nuevos ataques organizados por grupos de extrema derecha, lo que ha provocado un “exceso de cautela”. La Policía del Capitolio se cubría y alertaba sobre una “amenaza externa para la seguridad”.

Así, en los días previos a la ceremonia, han sido cerradas carreteras y grandes sectores de la ciudad, líneas de metro, establecidos controles de vehículos, desplegados tanques y camiones militares, dispuestas sólidas vallas fijas y bloques de cemento para cercar la Casa Blanca y el Capitolio, además del despliegue de los más de 25.000 efectivos de seguridad.

Como es habitual, el Servicio Secreto ha tomado el mando de los planes de seguridad, respaldado por la Guardia Nacional y la Policía. El agente Matt Miller, quien lidera el esfuerzo de seguridad en nombre del Servicio Secreto, ya indicó que la planificación del evento ha estado en marcha durante más de un año.

  

EE.UU. Investidura de Joe Biden. Seguridad, miedo y alarma social, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo


Como se ha dicho, unos 25.000 efectivos de la Guardia Nacional y miles de policías de todo el país han sido desplegados para la ceremonia de investidura de Joe Biden y, por primera vez en 150 años, el presidente saliente Donald Trump, tras perder las elecciones y no admitir su derrota, se ha negado a estar presente en las ceremonias protocolarias.

La toma de posesión del nuevo presidente de Estados Unidos ha tenido lugar en medio de un gran nerviosismo e intensas medidas de seguridad y las autoridades han temido, no sólo la posibilidad de un ataque de una persona común, sino incluso por los propios guardias y pilotos asignados a proteger la ceremonia.

La capital del país ha aparecido estos días como una fortaleza bajo estado de sitio. El National Mall -el parque de monumentos nacionales de la capital estadounidense- estuvo cerrado y enormes barreras rodearon los edificios del entorno del Capitolio.

Finalmente, doce efectivos de la Guardia Nacional fueron excluidos del operativo de seguridad debido a sus lazos con grupos de extrema derecha que habían colocado mensajes en Internet con retórica incendiaria sobre la investidura de Biden. El Pentágono se negó a divulgar los contenidos de estos mensajes. Las fuentes pidieron no ser identificadas porque no estaban autorizadas para hablar con la prensa.

El general Daniel Hokanson, comandante de la Guardia Nacional, confirmó qué efectivos fueron excluidos de la protección de la investidura, pero aclaró que sólo dos de ellos enviaron mensajes por Internet o textos por teléfono inapropiados. Los otros 10, afirmó, fueron expulsados debido a temas que podrían estar relacionados con antecedentes penales o actividades no directamente relacionadas con la transmisión de poder y subrayó que no se encontraron evidencia alguna sobre un plan concreto de atacar la ceremonia.

Por otra parte, el traspaso de la llamada "caja negra" o "maletín nuclear" (una valija reforzada con metal que acompaña a todas partes al presidente de EE.UU. “por si hubiera necesidad de lanzar un ataque atómico estando lejos de la Casa Blanca”), es uno de los momentos menos publicados pero de los más simbólicos e importantes de todo cambio presidencial desde hace casi seis décadas. Durante la toma de posesión del nuevo mandatario estuvo en manos de dos militares con uniformes de gala, que esperaron detrás de unos pilares el momento de la juramentación. Uno de ellos, que generalmente ha acompañado al presidente saliente en la mayoría de sus viajes, llevaba consigo el pesado maletín negro que, cuando el reloj marcó el mediodía, lo entregó al otro oficial que se encargará desde entonces de custodiarlo para el nuevo comandante en jefe.

La seguridad del presidente de los Estados Unidos depende del Servicio Secreto pero, en la toma de posesión también participan el Departamento de Seguridad Nacional, el de Protección Federal, las Fuerzas Armadas, la Policía del Capitolio, la de Parques de los Estados Unidos y la Metropolitana del Distrito de Columbia.

 

EE.UU. Investidura de Joe Biden. Seguridad, miedo y alarma social, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo


A todo lo anterior, se suman los medios de protección como el vehículo blindado, llamado “La Bestia” para la protección del presidente y sus ocupantes que, entre otras características, usa una combinación de armaduras de acero, aluminio, titanio y cerámica, cada una enfocada a un tipo diferente de amenaza. El vehículo está totalmente sellado por lo que soporta ataques químicos, biológicos y atómicos. Las paredes tienen un espesor de 12 cm. Cuenta con vidrios multicapa de cinco pulgadas antibala. Cuenta con equipo médico incluyendo sangre del presidente, que puede ser usada ante cualquier emergencia. Y un equipo de comunicaciones que está directamente vinculado a un satélite militar. Su peso ronda las nueve toneladas y es una especie de bunker móvil con capacidad para 7 ocupantes.

Y hasta se ha comentado que, el presidente electo Joe Biden posee una bicicleta estática de la marca Pelotón, que podría haber sido objeto de un serio análisis ante el día de su mudanza a la Casa Blanca. Este tipo de bicicletas vienen equipadas con cámaras y micrófonos conectados a Internet, por lo que supone también una amenaza a la ciberseguridad.

A modo de resumen

El tamaño de la celebración ha sido “extremadamente limitado” este año. Bajo esta premisa, tanto la toma de posesión de Joe Biden, como el dispositivo de seguridad, han sido muy diferentes, algo comprensible en parte debido a los miedos, amenazas y riesgos que se asumían.

A la previsión normal, se le han sumado tres circunstancias adicionales: La pandemia, que registra su momento más severo en Estados Unidos, con cifras récord de nuevos contagios confirmados y de muertes; la crisis política desatada tras el asalto al Capitolio realizado el 6 de enero por partidarios del presidente Donald Trump (quien ahora debe enfrentar un juicio político por esos hechos y aún se niega a reconocer los resultados de las elecciones presidenciales del 3 de noviembre); y la alerta de los cuerpos de seguridad ante la potencial amenaza de que se produjeran protestas o graves actos de violencia, no solamente en Washington DC sino también en los distintos Estados.

 

EE.UU. Investidura de Joe Biden. Seguridad, miedo y alarma social, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo


Así, 200.000 banderas de Estados Unidos adornaron la explanada del Capitolio para la toma de posesión de Joe Biden y Kamala Harris instaladas en el National Mall representaron a otros tantos ciudadanos, no compatible con el despliegue de 25.000 miembros de la Guardia Nacional, además de distintos cuerpos policiales y el blindaje de una ciudad y evento sin asistentes.

En temas de seguridad y defensa, una acción importante tras sucesos como los previamente acaecidos es la de enviar un mensaje correcto y dimensionado que tranquilice a la población. No se ha entendido así lo que han hecho ante una situación de amenaza o peligro que se ha mostrado sin tapujos. Tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, la estrategia fue retomar las actividades normales a los pocos días, como los eventos deportivos y culturales, actividades financieras y educativas. El mensaje era claro: Estados Unidos no tenía miedo. Sin embargo, después de que una turba entrara a la sede del Capitolio el 6 de enero, las fuertes medidas de seguridad para la toma de posesión de Joe Biden han enviado un mensaje confuso y no adecuadamente dimensionado, reflejando mayor temor a los seguidores de Trump, a los grupos radicales de extrema derecha y a los pequeños grupos de desadaptados, que a las mayores organizaciones terroristas de la actualidad.

Estos miedos, sustos y seguridad extrema han estado hasta en los ensayos de los actos de toma de posesión del presidente electo, que fueron interrumpidos después de que se desatara un incendio en las inmediaciones del Capitolio. La falsa alarma escenificó las tensiones que reinaban en torno a la seguridad de la atípica ceremonia.

Washington ha sido una ciudad sitiada, en la que sus ciudadanos, cada uno de estos días, han amanecido con imágenes y titulares de lo que podría haber sido una masacre en el Capitolio el día 6 de enero, alertando de lo siguiente que podría pasar y llegando los ánimos al rango de psicosis.

Estados Unidos, país presuntamente ejemplo de seguridades, ha mantenido y mantiene una situación de alarma que ha generado más miedos, amenazas y vulnerabilidades, que calma y sensación de control entre sus ciudadanos.


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Editado por
MANUEL SANCHEZ GÓMEZ-MERELO
Eduardo Martínez de la Fe
MANUEL SANCHEZ GÓMEZ-MERELO, es consultor internacional de seguridad, arquitecto técnico y periodista. Completa esta formación con diversos cursos de postgrado en las áreas de seguridad pública y privada, defensa comunicaciones.

Dedicado por más de 30 años a la Consultoría e Ingeniería de Seguridad y Defensa por más de 20 países como asesor para asuntos aeroportuarios, puertos, cárceles hospitales, entidades bancarias, museos, transporte ferroviario, servicios de Correos y puertos.

Es socio fundador y presidente para Europa de la Federación Mundial de Seguridad (WSF), Director para Europa de la Secretaría Iberoamericana de Seguridad, Asesor gubernamental en materia de integración operativa de seguridad pública y privada en diversos países latinoamericanos.

Como experiencia académica es profesor de postgrado en ICADE (Universidad Pontificia Comillas de Madrid) desde 1986, codirector de postgrado en la Facultad de Psicología (Universidad Complutense de Madrid) y director del Curso de Seguridad en Infraestructuras Críticas del Instituto General Gutierrez Mellado de la UNED, así como conferenciante habitual y profesor en más de 20 países sobre Seguridad y Defensa.

Su representación institucional es principalmente como Miembro Experto de la Comisión Mixta de Seguridad del Ministerio del Interior, Director para Europa de la Federación Panamericana de Seguridad (FEPASEP), representante “ad honores” de la Federación de Empresas de Seguridad del MERCOSUR (FESESUR), asesor del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) para asuntos de Seguridad Ciudadana y Observatorio de Delincuencia en Panamá, socio fundador y de honor del Observatorio de Seguridad Integral en Hospitales (OSICH), socio fundador y vicepresidente de la Asociación para la Protección de Infraestructuras Críticas (APIC)

Autor y director de la BIBLIOTECA DE SEGURIDAD, editorial de Manuales de Proyectos, Organización y Gestión de Seguridad

Actualmente es presidente y director del Grupo de Estudios Técnicos (GET), socio-senior partner de TEMI GROUP Consultoría Internacional y socio-director de CIRCULO de INTELIGENCIA consultora especializada.