Terrorismo Nuclear, otra seguridad es posible. IV Cumbre de Seguridad Nuclear


Del 31 de marzo al 1 de abril de 2016 ha tenido lugar en Washington la IV Cumbre Mundial sobre Seguridad Nuclear.

El punto de partida de esta Cumbre fue el discurso que pronunció el Presidente Obama en Praga en 2009, al comienzo de su primer mandato, en el cual sostuvo que “el terrorismo nuclear es la más urgente y extraordinaria amenaza a la seguridad mundial”.


10/05/2016

MANUEL SANCHEZ GÓMEZ-MERELO

La primera cumbre de seguridad nuclear, celebrada en abril de 2010 en Washington (EE.UU.), solo se ocupó de la security pero, a partir de la segunda, convocada en Seúl (Corea del Sur) en 2012, el tratamiento ha sido sobre seguridad integral (security + safety).
 

A esta IV Cumbre en Washington han sido invitados 52 Jefes de Estado y de Gobierno, el Secretario General de las Naciones Unidas, los Directores Generales del Organismo Internacional de la Energía Atómica y de INTERPOL, así como el Presidente y la Alta Representante de la UE.
 

 
 

Los integrantes de esta cumbre han sido países del mundo seleccionados por su desarrollo nuclear. De América, además de los EE.UU. y Canadá, han participado cuatro países latinoamericanos: Brasil, México, Argentina y Chile. El primero y el tercero justifican su pertenencia a la Cumbre por ser los dos países de la zona con mayor desarrollo nuclear; México fue invitado por su importancia regional, pues es el segundo país por PBI, territorio y población; y Chile fue probablemente invitado por su buena relación política con EE.UU.
 

Si bien el objetivo principal con el que se viene trabajando desde hace años es combatir el contrabando y el mercado negro de material nuclear con fines militares, el de esta IV Cumbre gira en torno a la urgencia de evitar que los grupos terroristas puedan acceder al material nuclear, y especialmente con la mira puesta en la amenaza creciente del Estado Islámico (EI).
 

Por ello, esta convocatoria ha tenido especial relevancia para la seguridad internacional por su finalidad preventiva frente a riesgos de terrorismo contra instalaciones nucleares, y por el peligro del más que potencial uso de materiales nucleares y radiactivos procedentes de centros hospitalarios, industriales o de investigación en todo el mundo.
 

Esta IV Cumbre ha tenido lugar meses después de entrar en vigor el acuerdo negociado entre Irán y las potencias del G6 (los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas más Alemania) y ha tenido como consecuencia el levantamiento de las sanciones que la ONU había impuesto al país.
 

Además, en este delicado contexto, Barack Obama ha tomado la iniciativa de una reunión a tres bandas con la presidenta surcoreana Park Geun-Hye y el primer ministro japonés Shinzo Abe. Los tres aliados han hablado del despliegue en la península coreana del Escudo Antimisiles conocido como THAAD. “Los tres dirigentes han mostrado unidad en su determinación de defenderse contra una agresión de Corea del Norte”, subraya Dan Kritenbrink, consejero de la Casa Blanca.
 

Por otro lado, y de alguna forma, esta cumbre de Washington ha asumido la renuncia al objetivo fallido del desarme, al poner su punto de mira en el control del arsenal actual, lo que parece más necesario que nunca pues toneladas de material nuclear y radiactivo se encuentran aún en instalaciones civiles consideradas poco seguras (centros de investigación, hospitales, centrales energéticas), con grandes posibilidades y probabilidades de que puedan acabar en manos de grupos terroristas, traficantes, mercado negro, etc.
 


 

En cualquier caso, la IV Cumbre ha conseguido dar una mayor relevancia al apartado relativo a la amenaza del terrorismo nuclear, aunque, por el momento, no se han estudiado fórmulas concretas.
 

Para España, ha sido un evento de especial interés, puesto que se trata de un entorno no exento de riesgos para la seguridad global y, por tanto, también para nuestra seguridad nacional. Su reflejo en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2013 es prueba de ello.
 
Nueva amenaza  

La Agencia Internacional de la Energía Atómica advirtió recientemente de que el mundo debería estar preparado ante el riesgo de “terrorismo nuclear” y la posibilidad de que un atentado de ese tipo tenga lugar.
 

En este sentido, la amenaza atómica lanzada recientemente por Corea del Norte ha estado presente en esta IV Cumbre sobre Seguridad Nuclear en Washington: “Es una amenaza nueva y emergente”, admitió recientemente en Londres el ministro británico de Defensa, Michael Fallon.
 

No obstante, aunque según Matthew Bunn, experto en terrorismo nuclear y profesor de la Universidad de Harvard, “el riesgo es auténtico, no deberíamos entrar en pánico”, según dijo en la BBC Mundo. Según Bunn, no hay evidencia directa de que el Estado Islámico lo tenga entre sus planes. Tampoco el gobierno de Estados Unidos cree que haya pruebas, “pero sí hay indicadores preocupantes” y es en este sentido en el que Obama aconseja que “tengamos especial cuidado con las centrales nucleares”, pues pone el acento en la posibilidad de atentados en las centrales nucleares, más allá del peligro que tiene el hecho de que los terroristas se apoderen de armas nucleares.
 

Por otro lado, los servicios de inteligencia occidentales han detectado que el Estado Islámico ha desarrollado una estructura de 51 sociedades domiciliadas en distintos países con las cuales está comprando en 20 países elementos para construir una “bomba sucia” de contaminación radioactiva y que haría estallar en Europa.
 

En cualquier caso, y aunque pocos expertos creen que la organización terrorista pueda dotarse de tales armas, es fácil que tenga acceso a uranio o plutonio para producir un artefacto contaminante y destructor, a fin de atentar de manera indiscriminada.
 

En definitiva, aunque hemos de estar atentos a esta amenaza de potencial ataque a una central nuclear como objetivo terrorista, no está claro quién está en condiciones de realizar un ataque de este tipo. No ya por lo que esté de protegida, sino por quién tiene realmente el potencial para atentar en una central nuclear.
 

Aunque está latente el riesgo de terrorismo nuclear, pues está probado que Al-Qaeda ha buscado obtener materiales atómicos, el Estado Islámico ya ha conseguido armas químicas en Siria e Irak, y organizaciones como la ONU y Médicos sin Fronteras (MSF) han comprobado su uso.
 


 

Así pues, el peligro de que un grupo terrorista tenga acceso a materiales radiactivos constituye una de las más grandes amenazas a la seguridad mundial.
 

Por otro lado, los últimos atentados cometidos en Bruselas han provocado que el ministro del Interior belga, Jan Jambon, haya advertido recientemente que las centrales nucleares “son un objetivo interesante para los terroristas”, al tiempo que ha subrayado la necesidad de reforzar la seguridad en este tipo de instalaciones.
 

Es lógica la preocupación del ministro belga si se tiene en cuenta que en el año 2012, dos empleados de la central de Doel (una de las dos centrales nucleares en Bélgica), dejaron sus puestos de trabajo y se unieron a los yihadistas del EI en Siria, y que en agosto de 2014, según la BBC, alguien con acceso a la central drenó el lubricante de la turbina del reactor, lo que causó un sobrecalentamiento.
 


 

“Con sólo una pequeña cantidad de plutonio, del tamaño de una manzana, se podría matar o herir a cientos de miles de personas inocentes”, alertó Obama ante representantes de más de 50 países, incluidos 22 jefes de Estado o de gobierno, que asistieron en Washington a la IV Cumbre de Seguridad Nuclear.
 

A este respecto recordó también que los terroristas implicados en los atentados recientes en París y Bruselas habían filmado instalaciones nucleares. Varios medios belgas e internacionales informaron que la célula islamista de los atentados tenía previsto fabricar un arma nuclear. Por otro lado, la canciller australiana ha dicho recientemente que esta organización terrorista está reclutando científicos y técnicos para este tipo de proyectos.
 

“Hemos reducido el riesgo hasta cierto grado”, ha dicho Obama, pero “el riesgo del terrorismo nuclear persiste y sigue evolucionando” en lo que podríamos definir como cuatro caras:
 
Robo de un arma nuclear de una instalación militar. Robo o compra de material fisible para fabricar un artefacto nuclear. Adquisición de materiales radiactivos para fabricar una “bomba sucia”. Ataque o sabotaje de instalaciones nucleares.

Sin olvidar otra nueva posibilidad, como la utilización de drones no identificados, captados ya sobrevolando las centrales nucleares francesas en los últimos tiempos.
 
Terrorismo de gran impacto  

También el posible escenario catastrófico, el terrorismo de gran impacto social por un atentado con posible arma nuclear en manos de los yihadistas del Estado Islámico, ha sido uno de los temas sobre los que han discutido los más de 50 países, reunidos durante los dos días de la IV Cumbre en la capital estadounidense.
 

“Un ataque terrorista con un artefacto nuclear improvisado crearía caos político, económico, social y ambiental en todo el mundo, sin importar dónde ocurra”, según el Gobierno de EE.UU.
 

Aeropuertos, estaciones, trenes, estadios de fútbol son objetivos que se encuentran entre los principales ataques del autodenominado Estado Islámico buscando causar el mayor impacto posible. Por ello, las fuerzas de seguridad y los gobiernos occidentales mantienen la alerta de algo aún peor: un ataque del grupo radical con material nuclear.
 
Nucleares y sus riesgos  

En el ámbito mundial, un acuerdo más sólido sobre seguridad nuclear finalmente está listo para entrar en vigor, a fin de ampliar las protecciones para los materiales nucleares que estén en uso, almacenados o en transporte, al tiempo que se implementen nuevas respuestas judiciales y penales en caso de que sean robados. Aunque estos cambios fueron aprobados en el año 2005, han permanecido en estado latente a la espera de ser ratificados por un amplio grupo de países, algo que se alcanzó recientemente. Un paso importante es la entrada en vigor de la enmienda de 2005 a la Convención sobre la Protección Física de Material Nuclear para proteger las instalaciones nucleares y asegurar materiales nucleares en uso doméstico y su almacenamiento y transporte.
 


 

No obstante, aunque exista el riesgo de un ataque directo en una de las cerca de 1.000 instalaciones nucleares que hay en todo el mundo, hay que tener muy en cuenta que el otro riesgo, el robo de materiales radiactivos, presenta mayor posibilidad y probabilidad por las grandes vulnerabilidades y dificultades que presenta su protección.
 

Dichos materiales se pueden hallar en pequeñas cantidades en lugares tan asequibles como universidades u hospitales del mundo entero, que en general no cuentan con la vigilancia y control que hay en las instalaciones nucleares, donde la mayor preocupación no se limita al almacenamiento del material sensible, sino que afecta también a sus condiciones de transporte, soluciones que requieren de un refuerzo de los controles fronterizos y de la cooperación entre policías y servicios de información.
 

Así, la Iniciativa de la Amenaza Nuclear, con sede en Estados Unidos, publicó recientemente un informe en el que asegura que muchas fuentes radiactivas “están mal aseguradas y son susceptibles de ser robadas”. Entre 1993 y 2011, la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) detectó 2.164 casos de pérdida, robo o desaparición de materiales nucleares que podrían ser empleados para fabricar “bombas sucias”.
 

El potencial de este tipo de artefactos para generar pánico en grandes ciudades es muy elevado. Las consecuencias psicológicas, económicas y políticas serían enormes. Según la CIA, en los últimos 20 años se han registrado 2.800 incidentes con materiales nucleares.
 
Seguridad. Prevención + Protección  

El idioma español solo tiene una palabra (seguridad) para expresar los conceptos a los que el inglés dedica dos (safety y security). En la industria nuclear, safety es la seguridad ante el riesgo de accidentes, y security, la protección ante agresiones, robos, ataques deliberados o sabotajes.
 

Reforzar las medidas de seguridad para evitar acciones terroristas con armas nucleares es la misión que el presidente Obama se ha impuesto en la Cumbre, aunque haya sido convocada por la UE y las agencias especializadas de las Naciones Unidas.
 

Así, para evitar que materiales, susceptibles de ser utilizados en la fabricación de bombas nucleares o de bombas sucias, caigan en manos de organizaciones terroristas, la reciente Cumbre ha recomendado retirarlos de forma inmediata de instalaciones en desuso y guardarlos en almacenes centralizados.
 

Igualmente, tras recordarse que ya hay países que han desplegado militares para proteger las instalaciones nucleares, también se ha solicitado a los responsables de las centrales nucleares que vigilen si hay personas radicalizadas trabajando en sus instalaciones y que se aumente la vigilancia en los hospitales con material nuclear.
 


 

En este sentido, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), con sus 168 estados miembros, tiene el alcance global y la experiencia técnica para servir como una eficaz plataforma de seguridad nuclear mundial. Así, desde el año 2010, ha formado a más de 10.000 personas en materia de seguridad nuclear, incluida la policía y los guardias fronterizos; ha dado a los países más de 3.000 instrumentos para la detección de materiales radiactivos nucleares y ha llevado a cabo alrededor de 60 misiones de asesoramiento para ayudar a los Estados a mejorar sus regímenes nacionales de seguridad nuclear.
 
Inteligencia y Seguridad. Planes y acciones  

“Todos estamos de acuerdo en que derrotar a grupos terroristas como el EI requiere que compartamos más información. Todos entienden eso después de lo que ha ocurrido en Bruselas, en Turquía, Pakistán y tantos otros países”, ha dicho el presidente Obama, añadiendo “Hoy he invitado a las naciones representadas en esta Cumbre a unirse a una conversación más amplia entre nuestras agencias de inteligencia y seguridad sobre cómo podemos mejorar la forma en que compartimos información dentro de nuestros Gobiernos y entre nuestras naciones”.
 

El principal anuncio de esta IV Cumbre fue la creación de un nuevo grupo de trabajo internacional sobre seguridad nuclear que se reunirá anualmente para impulsar el debate sobre ese tema, y tiene como objetivo principal sentar las bases de una arquitectura global de seguridad nuclear, con el fin de adoptar medidas para prevenir el uso de materiales nucleares y radiactivos con fines terroristas. Participarán 39 países, entre ellos España.
 

No obstante, las dudas de muchos Gobiernos continúan tras los fallos de los sistemas de seguridad, policiales y de inteligencia que ha mostrado recientemente Bélgica.
 

Por otro lado, en un reciente informe que elaboró para la revista Technology Review, el analista estadounidense de seguridad nacional especializado en armas nucleares Graham Allison, indicaba que “si los Gobiernos no hacen más de lo que están haciendo actualmente, las posibilidades de que ocurra un ataque terrorista con armas nucleares contra una de las grandes ciudades occidentales, en el plazo de una década, son de más del 50 por ciento”.