UE – Unión Europea, en busca de la Seguridad perdida


En Roma, en una ciudad que parecía bajo estado de sitio, con vigilancia por helicópteros, 7000 agentes en las calles, tráfico paralizado y alerta máxima, en un clima muy diferente al de hace 60 años, los líderes de la UE han intentado relanzar el sueño europeo, al menos, con nuevas y buenas intenciones.
Lo cierto es que los 27 países de la UE tenemos mucho que celebrar pues hemos aportado al mundo un nuevo modelo político, un nuevo sistema de integración desde la paz y desde la libre participación.


05/04/2017

MANUEL SANCHEZ GÓMEZ-MERELO

Pese al balance de trabajo bastante positivo, los socios han acudido a Roma divididos entre ellos y en el seno de sus sociedades, a falta de un rumbo que le correspondía poner a algún líder o grupo de ellos o, al menos, a la Comisión Europea (CE), la “valedora de los tratados”.
 


 

En estas circunstancias, lo más que ha podido hacer la CE, en un nuevo Libro Blanco sobre el Futuro de Europa de cara a la reunión de Roma, es poner sobre la mesa cinco posibles vías futuras no excluyentes, cinco escenarios sobre cómo podría evolucionar la UE de aquí a 2025, ya sin los británicos: (1) seguir igual, ir tirando con los problemas; (2) limitarse al mercado único, con sus inconvenientes; (3) avanzar entre los que desean hacer más juntos, en velocidades y geometría variables; (4) hacer menos pero de forma más eficiente, entre todos; y (5) hacer mucho más conjuntamente, con voluntad y compromisos firmes.
 

“Europa se presentó con demasiado retraso” ante los desafíos de la crisis migratoria, de la falta de trabajo y de seguridad, dijo el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, anfitrión de la cumbre. Por su lado, Antonio Tajani, presidente del Parlamento Europeo, primero destacó las bondades de la UE, “el espacio económico más grande del mundo, donde desde 1960 hasta hoy el PBI per cápita creció más, con respecto a Estados Unidos”. Luego hizo un mea culpa. “Europa cometió muchos errores. Hacen falta cambios profundos para dar respuestas a quienes no encuentran trabajo o a quienes se sienten amenazados por el terrorismo. Hace falta una Europa concreta, de los hechos”, dijo. “La de hoy no debe ser una jornada de autocomplacencia, sino de un compromiso político concreto hacia los ciudadanos”, añadió.
 

En este sentido, no debemos olvidar que, la Unión Europea nace por una razón política de seguridad donde se plantea que pueda haber libre circulación de mercancías, libre circulación de capitales, libre circulación de servicios y libre circulación de personas, y lo plantean entonces los iniciales socios hace 60 años y como plan muy ambicioso.
 

La libre circulación de mercancías y la libre circulación de capitales, con lo que ha sido esta aventura del Euro, están prácticamente conseguidas. De la libre circulación de servicios no podemos decir lo mismo pues no la hemos conseguido, fundamentalmente porque, muchas veces, detrás de un servicio va un ciudadano y por ahí vienen, con la dimensión del mercado, las trascendencias desde el momento que se tienen en cuenta conceptos de ciudadanía y sus derechos, por lo tanto, esta libre circulación de servicios, no se acaba de conseguir.
 

Capítulo aparte merece la libre circulación de personas, que prácticamente está inédita, porque, al no poder trascender al mercado, esa libre circulación se ha hecho a través del Convenio Schengen, que no es un Convenio de la Unión Europea, sino que es un convenio que se hace al margen de la arquitectura institucional de la Unión Europea.
 

Con todo y con ello, “La UE enfrenta desafíos sin precedentes, tanto a nivel mundial como en su seno: conflictos regionales, terrorismo, presiones migratorias crecientes, proteccionismo y desigualdades sociales y económicas”, y así ha sido reconocido en la Declaración de Roma.
 
La UE está amenazada

Aunque en la última década, la Unión Europea ha hecho más por el desarrollo de una política de seguridad y defensa común que en los otros cuarenta años de su existencia, en esta celebración en Roma nos hemos encontrado a unos europeos más bien tristes y decaídos pues Europa está rota, perdida, con el ánimo hecho trizas, los objetivos desenfocados y a punto de sentir vergüenza por su torpeza por los fracasos actuales para enfrentar los problemas que la atenazan.
 

En los últimos años, el contexto estratégico europeo se ha vuelto vulnerable debido al crecimiento de la inestabilidad en sus vecinos y a la disminución de los acuerdos y la cohesión interna.
 

Nuestra Unión está amenazada. Nuestro proyecto que ha traído paz, prosperidad y democracia, está en cuestión”, según Shared Vision, Common Action: A Stronger Europe A Global Strategy for the European Union’s Foreign And Security Policy.
 


 

En este contexto, en el que se enmarcan las relaciones internacionales, el objetivo del sistema de seguridad europeo ha cambiado.
 

Un sistema de seguridad en el que España, contribuyente a la seguridad de Europa, es el tercer país de la OTAN que menos porcentaje del PIB dedica a Defensa, el 0,9%, solo por delante de Bélgica y Luxemburgo. En la cumbre de Gales (2014) los líderes de la OTAN se comprometieron a dedicar a Defensa el 2% del PIB.
 

No obstante, vamos hacia una seguridad europea efectiva. La dicotomía entre seguridad exterior e interior está superada. En los nuevos escenarios, la actuación militar sigue siendo necesaria pero hay que incluir una perspectiva civil y crear un cuartel general estratégico para las operaciones de la UE, y ya está planteado.
 

En cualquier caso, cuando se habla de globalización, la seguridad está en el centro de las preocupaciones de la ciudadanía, estamos ante fronteras porosas, en el sentido de que hasta la mitad del siglo pasado, se podían cerrar las fronteras, eso era algo factible, hoy en día la idea de cerrar las fronteras –propuesta por algunos países- es una idea inviable, porque tenemos un espacio radioeléctrico, porque tenemos una red de redes como Internet, y porque finalmente, el tráfico, el mero movimiento de ciudadanos hace que ese concepto cambie y hay que adaptarlo a esta nueva realidad.
 


 

Por otro lado, cabe destacar que, el incremento del número de incidentes relacionados con la ciberseguridad se manifiesta de forma muy significativa, principalmente en el sector de las infraestructuras críticas, donde se ha triplicado la cifra con respecto a años anteriores. En 2016, se ha consolidado la tendencia de los últimos años caracterizada por un aumento del número de ciberataques, su grado de sofisticación y sus consecuencias e impacto.
 

Así, según la nueva tendencia, no hay un enemigo único, sino focos de inestabilidad con repercusión internacional y ese modelo de amenaza conlleva nuevas estrategias de prevención y defensa.
 

Esa es la idea de cómo tiene que progresar este espacio europeo para garantizar la seguridad de los ciudadanos y progresar sobre la base del reconocimiento mutuo, de la colaboración, de la cooperación, con Schengen, de nuevo, sin duda, ya metido en lo que es la estructura institucional europea.
 

En este sentido, los 27 líderes de la Unión Europea (UE) han ratificado con una declaración solemne su voluntad de seguir adelante unidos, más allá de los desafíos de estos momentos difíciles, “Juntos, estamos determinados a enfrentarlos y a ofrecer a nuestros ciudadanos seguridad y nuevas oportunidades”, ha agregado el texto.
 
Preocupaciones y prioridades políticas de la Unión Europea

La seguridad de Europa se mueve entre la realidad y el deseo y para enfrentarse a ese contexto de naturaleza geopolítica, frágil, inestable y complejo, la UE trata de convertirse en un actor estratégico, con la consiguiente autonomía en Seguridad y Defensa.
 


 

En este sentido, y como especial referente de las preocupaciones y prioridades de la UE está el Eurobarómetro que, en otoño de 2016 indicaba que la inmigración y el terrorismo siguen siendo los problemas más importantes a los que debe hacer frente.
 

El Eurobarómetro de otoño de 2016 se preparó mediante 32.896 entrevistas presenciales realizadas entre el 3 y el 16 de noviembre de 2016 a ciudadanos de todos los estados miembros de la Unión Europea. En comparación con la encuesta de la primavera de 2016, en esta última, ha crecido el apoyo a las prioridades de la Comisión Europea, de tal manera, que, cuando se pregunta a las personas encuestadas cuáles son los dos problemas más importantes a los que la UE debe dar respuesta en la actualidad, la inmigración sigue ocupando el primer lugar entre las preocupaciones, con un 48 % de respuestas en tal sentido, si bien es importante destacar que baja diez puntos respecto al Eurobarómetro anterior y que, por primera vez desde la primavera de 2013, retrocede el porcentaje de respuestas sobre el carácter “problemático” de la inmigración.
 

El terrorismo se sitúa en segundo lugar, con un 39 % de respuestas, un número que supera en catorce puntos al de la encuesta anterior. En España, el terrorismo es la primera preocupación con un 35 % de respuestas, con un solo punto por delante de la inmigración (34%), mientras que, con gran diferencia respecto al dato general europeo, siendo la situación económica considerada como la tercera preocupación por un 29 % de encuestados, es decir diez puntos más que en la escala de la UE.
 
Inmigración y refugiados. Ordenación de flujos migratorios

Este continúa siendo uno de los mayores desafíos para la UE. Según la Organización Internacional para las Migraciones, en el año 2016 más de 351.000 migrantes y refugiados han llegado por vía marítima a Europa, sobre todo a Grecia e Italia. Esta cifra supone una muy significativa reducción de los niveles del año anterior.
 

Así, una de las consecuencias más graves de la crisis en Iraq y Siria ha sido también en 2016 el desplazamiento de millones de civiles en busca de protección internacional, primero a los campos de refugiados de los países vecinos y después hacia Europa.
 

Sin embargo, la magnitud de este fenómeno, que se ha saldado con un número insoportable de fallecidos en la mar –superior a cinco mil en 2016– obliga a redoblar el esfuerzo internacional para hacer frente a este reto.
 
 


 

Sin embargo, en estos momentos existe una hostilidad brutal en los países de la Europa central y oriental contra los refugiados que llegan de Siria e Irak y de tantos otros países. Ahora que la vocación humanitaria de Europa anda con incertidumbres es, sin duda, el momento de reflexionar urgentemente y reinventarse.
 

En cuanto a la inmigración, el 69% de los europeos se declara a favor de una política común, el 61% tiene una opinión positiva de los inmigrantes provenientes de otros estados miembros de la UE y el 56% una negativa de los inmigrantes provenientes de fuera de la UE; El 81% de los europeos está a favor de la libre circulación para que los ciudadanos de la UE puedan vivir, trabajar, estudiar y hacer negocios en toda la UE. Sin embargo, en todos los Estados miembros la mayoría de los encuestados se declaran partidarios de la libre circulación, la confianza en la UE es superior a la confianza en los gobiernos nacionales y podemos concluir que la ciudadanía de la UE es, por tanto, un valor estable.
 

La importancia capital que tiene el problema de los refugiados nos lleva a plantear las cuestiones humanitarias y de seguridad desde una perspectiva europea. Por otro lado, la Unión Europea no solo debe redefinirse por cómo proteger a sus ciudadanos, sino por cómo se debe comportar en el exterior.
 
Terrorismo. Amenaza permanente

El terrorismo ha asolado también el territorio europeo, han destacado: en marzo, dos bombas que estallaron simultáneamente en el aeropuerto y en una estación de metro de Bruselas, Bélgica, causando 32 muertos; en julio, un yihadista arrolló con un camión a una multitud en la costa de Niza, Francia, matando a 84 personas; en diciembre, un terrorista entró con un camión al mercado navideño en Berlín, Alemania, y mató a 12 personas.
 

Pero, como venimos insistiendo, no hay que olvidar que vivimos en un mundo globalizado e hiperconectado, en una UE donde los métodos empleados para ejecutar las matanzas pueden ser estratégicos, suicidas, complejos y diferentes y nos vemos obligados a contemplar un nuevo planteamiento de nuestras seguridades a través del análisis de nuestras propias vulnerabilidades, pero, además, es imprescindible el estudio profundo del talante, talento, fortalezas, debilidades y voluntad del agresor que muestra en todas sus acciones el objetivo común de provocar el máximo daño indiscriminado y hacerlo con la mayor crueldad, a la búsqueda de un potente resultado mediático y psicológico complementario que pueda limitar nuestro bienestar y libertades a través del temo.
 

Las vulnerabilidades de nuestras infraestructuras críticas y estratégicas son, en general, un problema globalizado, al ser susceptibles de convertirse en objetivo para el terrorismo, experto en interpretar tendencias y adelantar nuevas acciones, por lo que es imprescindible tener en cuenta dónde están verdaderamente esos puntos débiles. En cualquier país o capital moderna de Europa, se pueden contar por miles, refiriéndonos simplemente a todas las infraestructuras estratégicas y críticas para el funcionamiento de los servicios esenciales del país o los lugares simbólicos que sean susceptibles de convertirse en escaparates del terror con gran impacto social, y que reciben constantes y crecientes amenazas de acciones por parte del terrorismo, principalmente yihadista.
 
 

Ahora más Europa y más seguridad

La conclusión es que el 69% de los europeos considera que el Tratado de Roma es un evento positivo en la historia de Europa. Es una opinión que comparte la mayoría de los ciudadanos en todos los Estados miembros.
 

El 67% de los europeos se siente ciudadano de la UE. El 66% de los europeos considera que la Unión Europea es un espacio de estabilidad en un mundo bastante turbulento. En todos los Estados miembros la mayoría de los encuestados comparte este punto de vista.
 

Más de seis de cada diez ciudadanos de la UE piensa que sería bueno que se tomaran más decisiones a nivel europeo: ocho de cada diez cree que este debería ser el caso de la «lucha contra el terrorismo» y del «fomento de la democracia y la paz» (80%); más de siete de cada diez piensa lo mismo con respecto a la «protección del medio ambiente» (77%); y la «promoción de la igualdad de trato entre hombres y mujeres» (73%) o la «cuestión de la inmigración proveniente de fuera de la UE» (71%).
 

Finalmente, continuando con la tendencia positiva que ya se observaba en la encuesta de la primavera de 2016, la confianza en la UE ha subido hasta el 36%, por delante del 33% de la encuesta anterior. También ha subido la confianza en los parlamentos y en los gobiernos nacionales, aunque todavía se sitúa por debajo de la confianza en la UE.
 

Por todo ello, la actuación de la UE y sus países integrantes, debe seguir rigiéndose siempre por la legalidad internacional y la seguridad e, incluso, debemos ir más allá, planteando un debate a escala global sobre la inadecuación de algunas normas a la realidad de los conflictos actuales estructurando una política de seguridad y defensa, integral e integrada, pública y privada y con una mayor potenciación de la inteligencia compartida, quizá una de las asignaturas pendientes para obtener la mejor nota.