FILOSOFIA: Javier del Arco
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Kosmología


De nuevo con todos uds. tras una pausa obligado por un periodo de excesivo trabajo. Les pido disculpas por ello y agradezco a la revista Tendencias 21, y en especial a su Director, su paciencia y comprensión. Los próximos artículos, no se exactamente cuantos todavía, van a ser trascendentales para mi propósito en este Blog: construir una nueva visión de la Biofilosofía que incluya y trascienenda a las anteriores y nos abra las puertas, de una manera natural y casi obligada, a una rama más complicada y sugestiva de la biofilosofía, la neurofilosofía, objeto ya de mis desvelos y atenciones.



En el artículo anterior se hacían dos planteamientos para la “visión” del holón: el hermenéutico, interno o correspondiente al sendero izquierdo, referido al significado y el estructural-funcionalista, externo o correspondiente al sendero derecho, referido a la acción. Ambos planteamientos son necesarios para una visión equilibrada de los cuatro cuadrantes de Wilber, el cual afirma que cada holón tiene cuatro aspectos o dimensiones existenciales por lo que se debe estudiar en sus distintos entornos: intencional, de comportamiento, cultural y social. Ningún holón existe tan sólo en uno, dos o tres de los cuatro cuadrantes. Todo holón tiene necesariamente cuatro cuadrantes.

Reduccionismo sutil

Cuanto más primitivo sea un holón, tanto menos importará su valor intrínseco, sus intenciones o su cultura, pero esta afirmación no está exenta de arrogancia. Lo cierto es que, al margen de lo que pensemos de los llamados holones menores, cuando llegamos al nivel del ser humano, ninguno de los cuadrantes debe primar sobre los otros.

Esta cuestión nos lleva del pensamiento reduccionista clásico, cada vez más desacreditado, al reduccionismo sutil. El reduccionismo ámplio no acepta que existan interiores en ninguna parte, de manera que para él no existen las cuestiones relativas al significado, valor, conciencia, profundidad, cultura e intencionalidad. De hecho, un reduccionista clásico, no espera en el transcurso de su existencia, contemplar ningún valor que no pueda ser reducido a átomos.

Este reduccionismo generalizado produce dos efectos:

-Reduce todos los cuadrantes al superior derecho (SD) o exterior-individual.

-Reduce –de ahí su carácter general- todas las estructuras de orden superior del cuadrante superior derecho (SD) a partículas atómicas y subatómicas.

El resultado es materialista, generalmente mecanicista y siempre atomista Esta es la senda por la que han caminado los epicúreos, Holbach, La Metrie y otros. Los podemos denominar “atomistas planos”.

A ellos se oponen los “holistas planos” que no reducen todos los holones a átomos, sino que más bien reducen toda la parte izquierda del diagrama a los niveles correspondientes del lado derecho. Son los teóricos de sistemas, estructural-funcionalistas en sus diversas formas, desde la teoría general de sistemas a la moderna teoría dinámica de sistemas y prácticamente todo el llamado “nuevo paradigma” y “teorías ecológico-holísticas”. El reduccionismo sutil, como hemos dicho, reduce el lado izquierdo a las dimensiones del lado derecho y, frecuentemente, la parte superior derecha a su correspondiente inferior, de manera que de esta forma queda realzado el paradigma holístico frente a los individuos. La teoría de sistemas y los ecoteóricos así lo hacen a menudo, así como paradigmas más exóticos como la New Age.

Muchas de estas teorías ecológico-holísticas y la Teoría de sistemas, por ser empiristas y monológicas, por ser ciencias del eslabón más bajo, por tratar de exteriores que pueden ser percibidos físicamente y no de interiores que han de ser interpretados arduamente, terminan en una forma estúpida de reduccionismo; y decimos estúpida, porque sus teóricos son ignorantes de lo que han teorizado; afirman “abrazar” la totalidad de la realidad cuando en realidad han devastado la mitad de ella.

Un excelente ejemplo de lucidez es el ataque de Jürgen Habermas a la manera en la que Niklas Luhmann desarrolla su propia versión de la Teoría de Sistemas, ciertamente un tanto exótica y desenfocada; Wilber lo enuncia en su ya citado libro Sexo, Ecología, Espiritualidad pero lo que dice al respecto es escaso y peca de quedarse corto. Por ello nosotros no vamos a enmendar la plana a Wilber sino a ampliar y fundamentar de forma más completa su acertada intuición.

Estructuras intersubjetivas

En su importante libro El discurso filosófico de la modernidad, Taurus, Madrid, 1989, trad. cast. de Manuel Jimenez Redondo, Jürgen Habermas incluye en le tramo final del mismo, dos textos importantes para el caso que nos ocupa. Uno de ellos es el último, el 12, parte III; el otro, dentro del mismo capítulo final, es un excurso que titula Excurso sobre Niklas Luhmann: apropiación de la herencia de la filosofía del sujeto en términos de la teoría de sistemas. Se trata de una crítica implacable porque pone de manifiesto las verdaderas intenciones de Luhmann.

Este autor da por supuesto que las estructuras intersubjetivas se derrumban y que los individuos han sido literalmente, dice Habermas, “arrancados” de su mundo vivo y que el sistema de la personiladidad y el sistema social constituyen entornos “el uno para el otro”. Esta afirmación es más enjundiosa de lo que a primera vista parece y, aunque Wilber la cita, no la desarrolla. Además, la traducción directa del libro de Ken Wilber y no la del original de Habermas, contribuyen, aún más, a dejar suelto esencial del planteamiento wilberiano.

Por ello hemos procurado seguir escudriñando en Habermas y, efectivamente, en un nota de pié de página se recomienda ir un poco más adelante, a la página 443, donde se aclaran ésta y otras cuestiones. Tras recordar que existen muy buenas razones por las que no cabe seguir pensando en la construcción en la construcción que la filosofía del sujeto ensayó de una conciencia global, Habermas afirma: “Que cuando los individuos quedan insertos en, y subordinados al sujeto de orden superior que sería en éste caso la sociedad en su conjunto, surge un juego de suma cero, en que no puede darse correcto acomodo a fenómenos modernos tales como los crecientes espacios de movimiento y grados de libertad de los individuos. También plantea dificultades una conciencia social global concebida como autorreflexión de un macrosujeto”.

Habermas no es un ácrata ni tampoco un liberal. Por ello ha bosquejado una estragia conceptual alternativa que nos preserve de tener que dar por perdido el concepto de una autorrepresentación de la sociedad. Los espacios públicos puden entenderse como como intersubjetividades de orden superior y en ellos pueden articularse autocalificaciones y autoatribuciones colectivas formadoras de identidad. Y en el espacio público de orden aún más superior, resultante de la agregación de los anteriores -nosotros diríamos inclusión/trascendencia de los anteriores en el más puro estilo wilberiano- pude también articularse una conciencia social global, sólo que ésta no necesita ya satisfacer las exigencias de precisión que la filosofía del sujeto tiene que imponer a la autoconciencia. No es ni ni en la filosofía ni en la teoría de la sociedad donde se encuentra el saber de la sociedad sobre sí misma, remacha Habermas.

Basta con la evolución

Es por mediación de ésta conciencia común, todo lo plural, difusa y variopinta que en su interior se quiera, la sociedad global puede distanciarse normativamente de sí misma y reaccionar a percepciones de crisis, esto es, puede hacer, precisamente, aquello que Luhmann le niega como posibilidad. Porque sí algo está claro para Luhmann es el significado que tendría el hecho de que la sociedad moderna se preguntara a sí misma por su racionalidad; con cada paso reflexivo, el problema de la racionalidad se volvería, por un lado más urgente y por el otro más insoluble.

Lo que le lleva a una conclusión consecuente con su modo de pensar: estamos ante ante algo que no debería siquiera, plantearse. Ello le lleva a afirmar que la estructura en la que hoy se plantea el problema de la racionalidad, no significa que la sociedad tenga que ocuparse o resolver problemas de este formato para asegurar su supervivencia porque para sobre vivir, basta con la evolución. Para sobrevivir quizá, para vivir con dignidad, evidentemente hoy ya no. La evolución biológica, una verdad generalista que, como ya profetizaba el propio Darwin, tan sólo confiaba en que resistiese la estructura porque muchos de sus detalles serían superados, debe ser, como casi todo lo bueno, incluida y trascencendida.

Los procesos de formación de la opinión y de formación de una voluntad común pertenecientes al espacio de la opinión pública, son procesos sociales pero están íntimamente interconectados con el mundo de la vida, lo que pone de manifiesto una estrechísima interconexión y dependencia entre socialización e individuación como, siguiendo a Wilber, discutimos en otro lugar; entre entidades del yo e grupales. Luhmann que no dispone del concepto de intersubjetividad lingüísticamente generada, sólo puede representarse tales entrelazamientos y relaciones internas conforme al modelo de inclusión en el todo de las partes que éste contiene, lo cual significa que, para Luhmann, en último extremo, sólo existe el todo, lo cual falso porque los objetos y los sujetos, fuera cual fuese su naturaleza, son holones, totalidades/partes, y no sólo totalidades, sea cual fuere el nivel que consideremos.

Trascendencia teórica

Dejando por el momento de lado esta cuestión wilberiana, Luhmann se da cuenta que su posición totalizante le acerca a posiciones humanistas. Para salvar éste y otros escollos, Luhmann adopta, conscientemente, una solución de trascendencia teórica al considerar al hombre como parte del entorno de la sociedad y, sutil pero importante mátiz, no como parte de la sociedad misma, lo que, evidentemente, cambia las premisas que informan todos los planteamientos de la tradición, y, por tanto, también, según él mismo afirma, todas las premisas del humanismo clásico. Reciprocamente, quien se atenga a estas premisas y trate de defender con ellas un interés propio de lo humano, no tendrá más remedio que constituirse en adversario de la pretensión de la universalidadde la teoría de sistemas.

Este antihumanismo metodológico no se dirige contra una “figura de pensamiento”, errada por incluir en el todo las partes concretas, sino, como señala Habermas, más bien descarta cualquier “interés por lo humano” que perfectamente podría prescindir del todo y de sus partes en lo que se refiere al interés de conceptualizar la sociedad moderna de manera que ésta no contuviese en su seno el prejuicio negativo de la elección misma respecto de los conceptos básicos que le permiten distanciarse normativamente de sí misma y discutir en los procesos de comunicación de orden superior que desarrollan en el espacio de lo público sus experiencias y percepciones de crísis.

Pero el procedimiento de construcción de un espacio publico que pudiera cumplir esta función no puede encontrar ya lugar alguno en cuanto la acción comunicativa y el mundo de la vida intersubjetivamente compartido no pueden hacer otra cosa que “resbalar entre las piedras de molino de tipos de subsistemas que, como el psíquico y el social, constituyen entornos los unos para los otros y sólo mantienen ya entre sí relaciones externas”.

Reduccionismo sutil

También Michel Foucault cuando se refiere al biopoder que le preocupa y lo llega a calificar de “peligro actual”, entendemos con Wilber que, en esencia, aunque quizá no en su totalidad, no puede referirse a otra cosa que a la mentalidad sistémico-instrumental biologizada y aplicada a los seres humanos que lo convierte todo todo en hilos o en medios de la gran bio-red interconectada que puede, de aquí a poco convertirse en la forma de poder más efectiva del mundo moderno.

Quizá lo que los teóricos sistémicos y holistas no entiendan es que, si bien han evitado un reduccionismo general, lo que les honra, no han podido o no han sabido evitar el reduccionismo sutil del que son un claro ejemplo. Claro está que no reducen todo a átomos; reducen todo el sendero izquierdo de nuestros cuatro cuadrantes a ser descrito en términos del sendero derecho del “sistema”.

Aunque en Europa el reduccionismo total aún posee fuerza, normalmente cuando alguien descubre una ley recurrente -un proceso simple que, cuando se repite, genera procesos complejos- en general esta no ha sido muy influyente desde el punto de vista de la historia de la ciencia y desde luego no tanto como algunos críticos de los nuevos paradigmas pretenden hacernos creer.

Han sido las ontologías planas, realizadas por el sendero de la derecha, las teorías de sistemas y el estructural-funcionalismos en sus diversas formas, las que han causado los efectos más devastadores sobre la ídea de Kósmos. A los teóricos de sistemas les complace tachar de reduccionistas a los atomistas mientras que ellos, resaltando su carácter holístico de los sistemas, van mucho más allá y, por lo tanto, son los “médicos” ideales para reparar este maltratado planeta nuestro. No lo son, porque lo único que han conseguido es utilizar el reduccionismo sutil para enfrentarlo con el generalizado.

Estos holistas afirman, entre otras cosas, que el gran legado negativo de la Ilustración fue su ontología atomística y divisoria. Pero si conocemos bien la época, veremos enseguida que el atomismo no fue un tema determinante y mucho menos definitorio de la Ilustración.

Armonía subyacente

Como veremos más adelante y con cierto detalle la cuestión nuclear de la Ilustración fue “la armonía de los órdenes interconectados del ser”, una armonía que subyacía a todo lo demás, desde la “mano invisible” de Adan Smith, continuando por los “órdenes interconectados” de John Locke, hasta “la vasta totalidad armoniosa de de seres mutuamente interrelacionados” de los reformadores y teístas.

Según afirma Charles Taylor: “Para la corriente principal de la Ilustración, la naturaleza como sistema total interconectado de la realidad objetiva, era el lugar en el que todos los seres vivos, incluidos los humanos, tenían un modo natural de existencia queconectaba con todos los demás y proporcionaba un modelo de la naturaleza, incluida la humana, como totalidad armoniosa cuyas partes encajaban perfectamente” (Véase Taylor, Charles, Hegel, Nueva York, Cambridge University Press, 1975).

Y también del mismo autor: “Unidad del orden era contemplada como un conjunto interconectado que producía acciones para producir un todo armonioso”(Véase Taylor, Charles, Sources of the Self, Nueva York, Cambridge University Press, 1990).

Alexander Pope, al hablar en nombre de toda una generación, se expresó de este modo: Así es la gran armonía del Mundo que surge del Orden, Unión y pleno Conocimiento de las cosas; donde lo grande y lo pequeño, lo débil y lo fuerte han sido hechos para servirse, no sufrir; para reforzar, no para forzar, no para invadir; las Partes se relacionan con el Todo; todas sirven y son servidas; nada permanece aislado (Véase Pope, A., An Essay on Man, 1734, Macmillan Pub Co, 1969)

La Enciclopedia, bastión del pensamiento ilustrado, había anunciado que “todo en la naturaleza estaba interconectado” y Lovejoy señala que los ilustrados, “Sentían inclinación a hablar elocuentemente de la perfección del Sistema Universal comoun todo” (Véase Arthur O. Lovejoy, The Great Chain of Being. A Study of the History of an Idea (Harvard Univ. Press, Cambridge, 1936; 2ª ed. 1960; trad. cast. La gran cadena del Ser, Icaria, Barcelona,1983).

El reverso de la Ilustración fue que consideró el Kósmos de ambas dimensiones, izquierda y derecha, y lo redujo al cosmos que podía ser empírica o monológicamente descrito; hizo colapsar la mitad izquierda del diagrama sobre sus niveles correspondientes de la derecha. Su gan fallo no fue el reduccionismo generalizado en un reduccionismo sutil. La gran holarquía del ser se colapsó en la totalidad armoniosa de órdenes interconectados descrita por Locke. Pero estos órdenes no tenían profundidad, ni graduaciones, ni interior, ni distinciones cualitativas y podían ser estudiados tan sólo a través de una mirada empirista y objetivante.
Javier Del Arco
Lunes, 27 de Noviembre 2006
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Vamos a considerar cual ha sido el crecimiento de los holones sociales humanos durante aproximadamente el último millón de años, más o menos el periodo correspondiente al de la pre-historia e historia de la humanidad.



Ya hemos perfilado brevemente como es el crecimiento de los holones individuales, desde átomos a células, organismos pluricelulares hasta llegar a los animales complejos y también hemos indicado los holones sociales o medioambientales correlativos de cada nivel. Después esbozamos brevemente el crecimiento posterior del holón individual de los animales complejos hasta los de cerebro trino, desde el reptil, al mamífero y al primate.

Queremos observar ahora el entorno social y los tipos de holones en los que existían los organismos de cerebro trino para facilitar sus relaciones de intercambio. Esto nos sitúa directamente en la noosfera, el reino de la evolución sociocultural, no sólo biosocial ¿Estamos añadiendo un tercer tablero al juego de damas que resultaría formado por materia, vida, mente? Veamos.

Si reparamos en la Fig. 4, observamos que los animales complejos individuales, primates incluidos –lo que incluye los seres humanos, por cierto- necesitaban holones sociales a nivel de familias/grupos, y si disponían de los recursos apropiados, los holones individuales podrían mantenerse de una forma muy adecuada asumiendo, por supuesto, que todos los niveles anteriores en el individuo compuesto existen también en un marco de relaciones equilibrado y sostenible con sus propios entornos; es decir asumiendo que toda la disposición multinivel sea ecológicamente sana en el sentido más amplio, lo que tenemos razones para creer era el caso en ese punto de la evolución.

Expresado con más sencillez, el holón social de la familia/grupo, podría haber mantenido el triple cerebro indefinidamente, de la misma manera que mantiene el triple cerebro de otros primates –que sigue existiendo en holones sociales de parentesco- el cual es bastante similar al humano. Pero el holón humano fue más allá de los holones sociales basados en entornos de parentesco –fundamentados biosféricamente- tales como la familia y comenzó a producir pueblos, ciudades, Estados...Como dijimos, un tercer tablero añadido al juego de damas de la evolución.

Obviamente somos conscientes de que, ahora sí, estamos de nuevo en el ojo del huracán. Nos hallamos ante la relación entre cuerpo y mente o expresado con más precisión, cerebro y mente y toda la cuestión relativa a si la noosfera es, como tal, una buena idea. Trataremos de resolver estos espinosos asuntos paso a paso.

En principio, no parece haber razón biológica alguna que nos haya obligado a construir pueblos, ciudades y Estados. El holón social de la familia/grupo podría haber mantenido el triple cerebro humano de la misma forma que ha mantenido el de los grandes simios hasta el presente.

Pero al igual que la materia inerte o fisiosfera eyectó de si misma la materia viva o biosfera, esta última fue capaz de eyectar algo que siendo ella, es más que ella, incluyéndola y trascendiéndola, algo capaz de crear símbolos y herramientas que, simultáneamente, creaban y dependían de nuevos de nuevos niveles de holones sociales en los que los usuarios de estos símbolos y herramientas podían existir y reproducirse, pero ahora la reproducción era de la cultura a través de la comunicación simbólica, no únicamente la reproducción de cuerpos a través de la sexualidad. El parentesco dio paso a la cultura, añadiendo en nuestro juego de damas, una nueva de color azul sobre la roja y la negra.

La dama azul no es otra que la mente inteligente. Sólo un reduccionista a ultranza se atrevería a decir que no hay dama azul y que esta no es sino una solapada redisposición de las damas rojas y que la noosfera no es sino un giro más de la biosfera. Pero de la misma forma que la fisiosfera no está en la biosfera –no hay damas rojas en ningún lugar del nivel 1-, la biosfera no está en la noosfera –no hay damas azules en el nivel 2- ya que no hay conceptos lingüísticos autorreflexivos; hay prototipos, pero un prototipo deviene en un tipo real a través de una nueva emergencia.

Como vimos anteriormente el cerebro del Homo Sapiens ha permanecido inalterado durante cientos de miles de años. Y sin embargo, durante todo ese tiempo, el cerebro trino ha producido una extraordinaria serie de logros y, a la vez, de desastres culturales.

Nada realmente nuevo le ha ocurrido al cerebro durante ese periodo de tiempo, no ha habido ninguna evolución biosférica importante, y sin embargo toda la majestad y la catástrofe de la cultura ha desfilado por la escena, toda ella con la misma base biológica; no obstante, la majestad y la catástrofe no pueden ser totalmente reducidas ni están contenidas en esa base.

En la noosfera –el dominio de la cultura, los símbolos y las herramientas- los holones individuales evolucionan, de manera que cada holón sucesivo se construye sobre las propiedades y experiencias del nivel o niveles anterior o anteriores y, a su vez, contribuye con sus nuevas cualidades emergentes que adoptan la forma de nuevas estructuras sociales y tecnológicas que van acompañadas por nuevas formas de percepción de la relación entre el ser el humano y sus nuevos entornos.
Podemos advertir la existencia de desarrollos de complejidad y heterogeneidad crecientes. Recordemos que todos estos conceptos han de sernos bastante familiares por estar contenidos en los veinte principios estudiados con anterioridad.

Podríamos incluir una enorme cantidad de componentes en la noosfera evolutiva de los holones sociales, desde tipos de utensilios hasta diferentes visiones del mundo; desde modas hasta la creación de códigos legislativos.

La evolución de los holones es “dura”, incluso en ciertos casos puede llegar a ser traumática. El hecho inexorable de una mayor complejidad estructural –individual o social- significa que hay más cosas, luego será mayor la probabilidad de que algunas vayan mal.

Los átomos no tienen cáncer, los animales si. Pero la conclusión de que la mayoría de la evolución es degeneración, tampoco es cierta, al menos no lo es en muchos casos. La existencia del cáncer no condena la existencia de los animales per se.

El hecho de que la evolución siempre produzca mayor trascendencia y mayor diferenciación, significa que existe la posibilidad de que integre un factor patológico en cada paso evolutivo; la trascendencia puede ir demasiado lejos y convertirse en represión: lo superior no niega ni preserva lo inferior, sólo trata de negar o reprimir lo inferior, lo que supone una evidente disfunción.

De la misma manera, la diferenciación puede ir demasiado lejos y convertirse en disociación; es el fracaso que se produce al intentar integrar adecuadamente las nuevas diferencias emergentes en una totalidad coherente que, al mismo tiempo, esté encajada interiormente y hacia fuera esté en armonía con sus holones correlativos y con todos componentes inferiores.

Cuando una nueva diferenciación no está emparejada con una nueva e igual integración, donde quiera que haya negación sin preservación, el resultado será una enfermedad de uno u otro tipo, una patología que, cuando es suficientemente grave, la evolución se dispone seriamente a erradicar.

Esta situación se agudiza de manera especial en la noosfera –en la evolución cultural-, simplemente porque el holón humano contiene muchos niveles de profundidad –fisiosfera, biosfera y noosfera- y hay algo que puede trastocarse e ir mal en cada uno de ellos.

Cuando comenzó a emerger la biosfera, la evolución de las primeras células y colonias debieron sufrir toda suerte de procesos de inicio, fracaso, detención y aporía por lo que sus adaptaciones a las condiciones impuestas por la fisiosfera no fue en modo alguno empresa fácil. Cualquier comienzo que no estuviese en consonancia con la fisiosfera era eliminado.

A través de toda la evolución biológica, a medida que la biosfera misma comenzó a añadir superficies y superficies de nueva profundidad, cada uno de esos niveles debió adquirir la necesaria armonía tanto con sus predecesores como con sus iguales –holones del mismo nivel-; una tarea ni fácil ni trivial, como nos enseña el ejemplo impresionante de los dinosaurios.

Todo lo dicho es válido para el Homo Sapiens pero añadiéndole una enorme carga adicional: ensamblar la noosfera no sólo con sus iguales –holones del mismo nivel- sino con todos sus predecesores, desde los minerales a las plantas, reptiles, mamíferos, los cuales siguen ocupando el mismo espacio medioambiental y existen tambien como componentes de la propia individualidad compuesta que es el ser humano. El ser humano como individualidad compuesta ¿no resulta una mala definición del todo, verdad?

Cuando McLean dijo que los humanos se tumban en el diván del psicoanalista junto a un cocodrilo y un caballo, se quedó bastante corto; nos tumbamos con los planetas y estrellas, los lagos y los ríos, el plancton y las encinas, las lagartijas y los pájaros, los conejos y los simios, y lo repetimos no sólo porque son nuestros vecinos en el universo, sino porque los componentes de nuestro propio ser, son literalmente nuestros huesos y nuestra sangre, nuestra médula y nuestras vísceras, nuestros sentimientos y nuestros temores.

De la misma manera que la biosfera tuvo que encontrar un hueco aceptable en la fisiosfera –y más allá-, la noosfera tuvo que encontrar su propio lugar armónico en –y más allá- de la biosfera.

Evolución de la noosfera

La noosfera evolucionó, y a medida que fueron emergiendo diversos estadíos de desarrollo político, lingüístico y técnico, incorporando y trascendiendo sus predecesores, estos estadíos de desarrollo cultural superior no sólo podían alienar y reprimir sus propias conexiones previas en la noosfera –como veremos-, sino que también podían acercarse peligrosamente a cercenar sus conexiones con la biosfera, hasta un punto de vista tan alarmante que, actualmente, los seres humanos se han ganado con mucho esfuerzo y trabajo el “privilegio y la posibilidad” de ser los primeros dinosaurios culturales en la frágil noosfera.

En vez de trascendencia, represión; en vez de diferenciación, disociación; en vez de profundidad, enfermedad. Debido a la misma naturaleza de la evolución, este tipo de disociación puede ocurrir en cualquier estadío del crecimiento y desarrollo.

La noosfera ni es diferente ni goza de ningún privilegio en este sentido. Si violamos las posibilidades dadas por la biosfera, simplemente esta se deshará de nosotros como si fuésemos parásitos. Y no se sentirá peor después de haberlo hecho.

De la misma manera que la existencia del cancer no niega la existencia de los animales per se, la existencia de enfermedades sociales no niega la evolución cultural misma. Esto es aplicable a los sucesivos estadíos de la misma evolución cultural, desde la caza y la recolección, hasta la ganadería y el cultivo; desde la máquina de vapor y los motores de gasolina hasta los ordenadores y la energía nuclear.

Cada estadío nuevo aporto nueva información, nuevos potenciales, nuevas esperanzas pero también nuevos temores; trajo mayor complejidad, mayor diferenciación, mayor autonomía relativa y la posibilidad de una nueva y mayor patología sino a un avance no le seguía la integración correspondiente. La historia de la evolución cultural es la historia de los nuevos logros pero también de todas las nuevas enfermedades sociales. Cuando la evolución produce una diferenciación y esa diferenciación no es integrada, el resultado es una patología. Hay dos maneras de tratarla:

-Una de ellas esta ejemplificada por la noción freudiana –introducida por Ernst Kris- de “regresión al servicio del ego”. La estructura superior relaja su control consciente, regresa al nivel previo donde ocurrió la integración fallida, repara los errores reviviéndolos en un entorno favorable y curativo, y después integra ese nivel, -abarca ese nivel, que antes era “sombra”- en el nuevo y superior holón egoico o sistema del yo total.

El problema del ego fue que, durante su crecimiento y formación, allí donde hubiese debido trascender e incluir sus impulsos inferiores –como sexo o agresión- los trascendió pero los reprimió, los dividió y los alienó; esta es una de las prerrogativas de la estructura superior que tiene mayor autonomía relativa, prerrogativa que se adquiere siempre al precio de sufrir una patología. La cura es: regresión al servicio de una mayor integración; una regresión que permita que la evolución avance más armónicamente al curar y totalizar el holón previamente alienado.

-El otro planteamiento general es el llamado retrorromántico que recomienda la regresión a secas. Este planteamiento confunde diferenciación y disociación por un lado y, trascendencia y represión por el otro. Así, cuando la evolución produce una diferenciación, y esa diferenciación se convierte en disociación patológica, el planteamiento retrorromántico propone literalmente “ir hacia atrás”, hasta el punto en el que se ha producido la emergencia, el momento anterior a la diferenciación; no al anterior a la disociación –en eso todos podemos estar de acuerdo- sino hasta antes de la diferenciación misma.

Evidentemente, este procedimiento nos librará de la nueva patología, pero pagando un precio muy alto por ello; un precio que no es otra cosa que prescindir de la nueva profundidad, de la nueva creatividad, de la nueva conciencia. Para la lógica retrorromántica, la única manera de librarnos de la patología es librarnos de la diferenciación misma, lo que en último extremo sería afirmar que, tras el Big Bang, todo ha sido un gran error.

Dentro del planteamiento retrorromántico, aún resulta más preocupante el problema generado por “el corte”, es decir en que lugar temporal deciden los teóricos del retrorromanticismo detener su proceso regresivo.

Determinados autores piensan hoy, ante la alienación que suscita entre los humanos un mundo de máquinas omnipresentes, que nunca debiéramos haber ido más allá del cultivo de la tierra y la cría de ganado al par que realizan un elogio encendido de la sociedad agraria, la que reside o más bien residió en el entorno E1 definido por Javier Echeverría.

Poco importa que estas sociedades introdujeran los sacrificios humanos, extendiesen la guerra como Incas, Aztecas o Hititas, llevaran la estratificación de géneros al límite como los semitas o hiciese esclavos a la gran mayoría de los pobladores como todos... Otros van aún más allá, atribuyendo los actuales males de la Tierra a la sedentarización, es decir a la aparición de las antedichas sociedades agrarias; y ello porque presuponen que así el hombre comenzó a utilizar la biosfera en su propio beneficio produciendo una figura como el “excedente agrario”, causa de la riqueza de unos –los menos- y de la pobreza y esclavización de otros –los más-, y la subyugación generalizada de la mujer.

Además, esta situación permitió la existencia de un lenguaje escrito capaz de “esconder poder” a causa de la dificultad de acceso al mismo por la mayoría y, por la dificultad interpretativa de los textos dogmáticos reservada a las castas de magos y sacerdotes. Es cierto que, siguiendo un riguroso análisis marxista, la generalización de la agricultura trajo consigo esas consecuencias y muchos ecologistas de izquierda, en el fondo, están todavía muy apegados a estas ideas.

Alguna sociedad de esta época añorada es cierto que podía ser pacífica y tendiente a la igualdad, pero como ya hemos visto otras –la mayoría- no lo eran en modo alguno. Y si nos retrotraemos aún más, quizá no habríamos debido de pasar de nuestro ancestro arborícola que se alimentaba de frutos y brotes de hojas tiernas, que no sacrifica deliberadamente a sus semejantes, ni practicaba la esclavitud y tampoco se enzarzaba en guerras vengativas o sufría alienaciones. Claro que...

Nuestra posición es que una cosa es recordar, respetar y asumir nuestras raíces y nuestra historia y otra cosa muy distinta es talar nuestras hojas y ramas y pensar que esa es la solución a la enfermedad que tienen las hojas. Por tanto celebraremos siempre las nuevas posibilidades de la evolución, incluso en medio del horror, e intentaremos redirigir la multiplicidad de nuevas patologías.

Pero reiteremos nuestro punto de acuerdo con los románticos en general: hemos añadido tal profundidad –altura- a la noosfera, que está en peligro de deslizarse fuera de la biosfera. Mientras que sólo supondría un rodeo para la biosfera y no detendría en absoluto su camino, que seguiría su camino con o sin nosotros, esto supone la catástrofe para el animal que no sólo trasciende sino reprime.

El cerebro humano es también algo más

¿Por qué somos tan diferentes de los otros mamíferos en cuanto a capacidad intelectual? Si no hay diferencias cualitativas, la respuesta habría que buscarla en diferencias cuantitativas: la mayor superficie cortical del cerebro del hombre contiene un número tres o cuatro veces mayor de neuronas que el chimpancé.

Aumento del volumen del cerebro humano, sin proporción con la variación de las dimensiones del cuerpo. De hecho, según últimas novedades, lo que parece haber sucedido es que fue eliminada una instrucción, a saber la que determinaba la producción de una proteína que daba gran fuerza a los músculos mandibulares en los precursores de nuestra especie.

Esos músculos son todavía así de fuertes en el gorila, por lo que requieren una cresta ósea para amarrarse encima de la cabeza. Este anclaje muscular, si bien garantizaba mejores mandíbulas, constituía un obstáculo insalvable para un crecimiento mayor del cerebro. Suprimido el obstáculo, el cerebro pudo continuar creciendo más allá de sus límites anteriores (Terrence W. Deacon).

También una parte importante del desarrollo cerebral del organismo individual humano, ocurre después del nacimiento lo que supone que el nuevo ser sea expuesto a estímulos sociales considerables por parte del entorno, especialmente en el orden de la comunicación afectiva y el aprendizaje del lenguaje.

Por otro lado, el aspecto cuantitativo que tenemos que tener en cuenta no es solamente el tamaño de la corteza o número de neuronas, sino también su conectividad o número de enlaces de neurona a neurona. Ante esta jerarquización cuantitativa, algunos prefieren hablar más bien de propiedades emergentes.

Muchas de las conexiones entre grupos de neuronas de las áreas corticales de nuestro cerebro son de ida y vuelta, hecho este que se da mucho más en nuestra especie que en el de otros primates Aquí también existe la opción de calificar esta circunstancia como cualitativa en vez de cuantitativa, a pesar de que los tipos de elementos constructivos –recuérdese el paradigma del meccano- de los cerebros comparados sigan siendo los mismos.

Finalmente la intensidad de la expresión genética -cantidad de diferentes proteínas producidas por los mismos genes- es muy distinta en diversos cerebros y definitivamente mayor en el cerebro humano (Svante Pääbo, del Instituto Max Plank de Antropología Evolutiva en Leipzig, Alemania).

Aunque no lo menciona, el mecanismo que origina esta mayor productividad proteica de los genes de las áreas cerebrales de Homo sapiens está muy probablemente relacionado con la mayor capacidad de la célula humana para hacer episajes alternativos en el momento de crear los mensajes de ARN que sirven de fundamento a la creación de proteínas.

Los genes son las unidades de material genético propias de cada especie y se transmiten de generación en generación. Además, constituyen el plano o programa de construcción que da origen tipo característico de cada organismo. Por los mensajes que emiten constantemente, dirigidos a la maquinaria celular, determinan qué somos y cómo somos en cada instante de nuestra vida. Están alojados en el núcleo de cada una de las células bajo la forma de acido dexorribonucleico, generalmente conocido como ADN.

Un porcentaje muy pequeño de nuestro material genético nos diferencia del chimpancé, uno de nuestros hermanos grandes simios. Nuestra sorpresa ante esta repentina revelación puede mitigarse algo si tenemos en cuenta el hallazgo comentado en el apartado anterior, a saber que la corteza cerebral está formada por los mismos componentes tanto en el hombre, como en el chimpancé y en todos los demás mamíferos.

Lo que si debemos explicar es el hecho de porqué nuestra corteza cerebral es considerablemente más grande que la del chimpancé. A priori, esta cuestión no debiera revestir dificultad alguna, pues determinados cambios en las circunstancias del desarrollo embrionario han podido contribuir a que el crecimiento del cerebro continuara o no más allá de cierto límite.

Por lo demás, las diferencias que pueden observarse entre constructos ya terminados, pueden no ser tan grandes si el parámetro que tomamos como referencia es solo en la cantidad de instrucciones (como el número de genes) necesarias para realizarlos. Podemos necesitar más piezas, pero básicamente de la misma clase.

Sería como preparar dos órdenes de compra cualitativamente iguales pero cuantitativamente distintas, una de piezas para realizar un cerebro de chimpancé y otra de piezas de naturaleza similar para construir un cerebro humano. Usaríamos formularios iguales, hasta con el mismo número de letras, siendo la única diferencia cifras para expresar las cantidades en los correspondientes formularios.

En la práctica, como es fácil de suponer, la genética molecular no es tan simple, pero si se aplica el mismo principio.. De este modo solo un porcentaje muy pequeño de nuestro material genético nos diferencia del chimpancé. Esto es lo que han comprobado en los últimos años los investigadores, trabajando con el mismo material que usan los jueces para obligar a un padre a reconocer a su hijo.

Lo cual quiere decir que el chimpancé no es ni más ni menos que nuestro pariente, nuestro primo más cercano, dentro de la gran familia que formamos -o mejor dicho deberíamos formar, por nuestro evidente parentesco- todas las especies hoy vivientes.

De acuerdo con esto, lo que más puede contribuir a explicar diferencias genéticas no es una diferencia cualitativa directa, puesto que los dos tipos de cerebro, humano y chimpancé, están construidos por los mismos componentes. Lo que entonces debe ser aclarado es que nuestra corteza cerebral presenta un tamaño considerablemente mayor que la del chimpancé.

Esto no debiera ser tan difícil de explicar pues algún cambio en las circunstancias del desarrollo embrionario pudo contribuir a que el crecimiento del cerebro continuara o no más allá de cierto límite. Por lo demás, diferencias considerables en un producto terminado pueden no ser tan grandes si en lo que nos fijamos es solo en la cantidad de instrucciones -como el número de genes- necesarios para "encargarlas".

Según nuevos descubrimientos, lo que parece haber sucedido es que fue eliminada una instrucción, a saber la que determinaba la producción de una proteína que daba gran fuerza a los músculos mandibulares en los precursores de nuestra especie.

Esos músculos son todavía así de fuertes en el gorila, por lo que requieren una cresta ósea para fijarse encima de la cabeza. Este anclaje muscular, si bien garantizaba mejores mandíbulas, constituía un obstáculo insalvable para un crecimiento mayor del cerebro.

Suprimido el obstáculo, el cerebro pudo continuar creciendo más allá de sus límites anteriores. Podemos necesitar más piezas del meccano, pero básicamente de las mismas clases. Sería como preparar dos órdenes de compra en el departamento de producción de una empresa, una de piezas para un cerebro de chimpancé y otra de las piezas para un cerebro humano. Podríamos usar incluso formularios iguales, hasta con el mismo número de letras.

La única diferencia estaría en las cifras para expresar las cantidades en los correspondientes formularios, el número de piezas que necesitamos en uno y en otro caso. Después de todo este análisis, se comprenderá que en la parte ética seamos absolutamente partidarios de los presupuestos morales de Peter Singer, nos adhiramos con entusiasmo al “Proyecto gran simio” y pidamos un estatuto especial para estos grandes simios, nuestros parientes cercanos.

El organismo adulto es resultado de algo más que pura genética: además de génesis hay epigénesis -lo que va “encima” de la genética-. Y no nos referimos al aprendizaje, que nunca podría explicar por qué somos distintos de los chimpancés como demuestran los fracasos tenidos por diversos psicólogos que han querido enseñar lenguaje simbólico a estos simios.

Entre herencia y aprendizaje, hay un tercer término de gran trascendencia: las incidencias del desarrollo, las circunstancias con que las que tropieza el organismo emergente, y cada una de sus partes en relación con sus vecinas, comenzando en el mismo claustro materno. Esta es hoy una cuestión tan importante que últimamente se ha creado toda una ciencia independiente para estudiarla: la topobiología.

La herencia es algo así como el plano de un edificio; la educación o aprendizaje corresponde a su acondicionamiento final; pero entre estos dos estadios, está el proceso mismo de construcción, con todas las incidencias que se van presentando en el camino. Esto es lo que llamamos desarrollo: multitud de decisiones de detalle que sólo se ponen de manifiesto en el instante mismo de construir, porque es muy difícil prever por adelantado todas las circunstancias posibles.

Precisamente eso es lo que aporta el maestro de obras a la labor del ingeniero; el orden en que se colocan las piezas, por ejemplo, puede afectar el resultado final. Pero en el caso de un edificio, las interacciones entre las piezas durante la construcción son relativamente pocas, dado que su número es relativamente reducido.

En el caso del desarrollo biológico, en cambio, las interacciones que se producen por razón del crecimiento, se cuentan por miles de millones dado el inmenso número de los componentes básicos.

Además, para ser rigurosos, un plano biológico no es completamente comparable a un plano de ingeniero: el plano biológico, el genoma, no dice donde va cada pieza. Eso lo pone el proceso de desarrollo. Es como si en vez de haber contratado a un ingeniero para nuestra construcción hubiéramos llamado directamente al maestro de obras y le hubiéramos impartido solo unas pocas instrucciones, dejando que las circunstancias de construcción se encargasen del resto.

Cuando una neurona de la corteza cerebral comienza a desarrollarse también lo hace el resto de neuronas que cumple la misma función. Es como salir a pasear por un lugar donde hay mucha gente, por ejemplo un centro comercial muy concurrido: nunca sabemos con quién nos vamos a encontrar. ¿Con cuáles neuronas se conectará cada una de mis neuronas en crecimiento?

Eso no está escrito en los genes, simplemente ocurre. Cada neurona se conecta con una media de otras diez mil. No puede hacerlo siguiendo un programa, que no existe puesto que no hay suficientes genes donde escribirlo. Simplemente sucede porque cada neurona crece en el mismo ámbito en que crecen las otras, con ramas en todas direcciones. No está programado el encuentro entre neuronas, pero las circunstancias lo hacen inevitable.

El desarrollo o epigénesis es así independiente y posterior a la herencia. Pero en cambio puede ser bien anterior o bien simultáneo e interdependiente con el aprendizaje.

El aprendizaje humano más importante ocurre mientras el cerebro se está aún construyendo, ya que el desarrollo de la corteza se prolonga durante toda la infancia y hasta avanzada ya la adolescencia. Esta explicación vierte también luz sobre esta otra gran pregunta de carácter más general: ¿cómo es posible que un organismo se construya una y otra vez, en innumerable cantidad de ejemplares, a partir de un escaso número de instrucciones genéticas?

La respuesta la encontramos en la manera en la que el organismo se forma, en condiciones concretas de espacio y de tiempo, durante el curso del desarrollo embrionario, pero también más allá del mismo, tras el alumbramiento y mientras dure el crecimiento hasta el final de la adolescencia y el advenimiento de la edad adulta.

En el caso particular del cerebro humano, su desarrollo se prolonga mucho más allá del nacimiento. Su peso aumenta según un factor de cinco hasta la edad adulta. La gran mayoría de sus conexiones se forman tras el parto. Y esa proliferación postnatal de conexiones permite una "contaminación" progresiva del tejido cerebral por el ambiente físico y social del niño.

El antepasado que el chimpancé y nosotros tuvimos en común, vivió hace solo cinco millones de años, un tiempo corto en la escala de la evolución. Curiosamente, el mayor desarrollo de nuestro cerebro frente a nuestros antepasados no humanos, ocurre gracias a un retroceso en la evolución que nos hace nacer prematuros, con los huesos del cráneo aún suaves y todavía no clausurados.

Los antropólogos están de acuerdo en que esa inmadurez está ligada a la necesidad de nuestros ancestros de descender de los árboles y preferir andar sobre sus pies a otras formas de locomoción, por cierto un efecto del algoritmo de evolución por selección natural. La posición erecta tiene, ciertamente, efectos contraproducentes en relación con el parto: produce un estrechamiento de la abertura pélvica, que hace imposible un nacimiento con los huesos del cráneo ya cerrados y duros.

Solo es posible un nacimiento inmaduro, en que la cabeza pueda ceder a su paso por el estrecho canal vaginal. Otra diferencia con el chimpancé es que su cerebro está perfectamente adecuado para las funciones que su especie realiza; sus neuronas están todas comprometidas con las funciones esenciales de la sensibilidad y el movimiento. Lo mismo habrá pasado con nuestro antepasado común. Las tres cuartas partes que ganamos de materia gris están, desde ese punto de vista, de sobra.

Lo cual no quiere decir que haya partes de nuestro cerebro ociosas, pero si que nuestra especie puede dedicar la mayor parte de su corteza para realizar funciones de carácter simbólico que el cerebro del hermano chimpancé no cubre, como el lenguaje, la capacidad para analizar aquello que percibimos, y la elaboración cuidadosa de planes de acción.

Esa materia gris extra, nos da además la base para desarrollar el sentido moral propio de nuestra especie, pero también sirve para inventar la pólvora y saber como poder hacer explotar bombas atómicas sobre nuestros semejantes.

La gran poetisa polaca Wislawa Szymborska, premio Nóbel de literatura de 1996, dedicó al mono este hermoso poema:

Comestible en China...
dicen que tiene un sabor fino su cerebro,
al que le falta algo pues no inventó la pólvora.
En los cuentos, solitario e inseguro,
llena los espejos de muecas infelices.
Se burla de sí mismo, dándonos buen ejemplo,
pues nos conoce bien como pariente pobre,
aunque no nos saludamos.


Las formas internas de la evolución

Los diagramas presentados en este capítulo pretenden mostrar que cubren la totalidad de la realidad, desde átomos a células y animales, desde estrellas hasta planetas como Gea, desde pueblos, ciudades y naciones hasta posibles futuras federaciones planetarias. La noosfera trasciende pero abarca a la biosfera en un omniabarcante sistema que se extiende hasta los confines de lo posible.

Y, sin embargo, este planteamiento, tal y como ha sido mostrado hasta ahora, resulta parcial. Todos estos diagramas representan cosas que se pueden percibir con los sentidos físicos o sus extensiones –ya sean microscopios o bien telescopios-.

Problema central de este planteamiento: Todos los diagramas mostrados representan como se ve el universo desde fuera; todos ellos muestran formas externas de la evolución, y ninguno de ellos representa cómo esta se ve desde dentro, es decir, como el holón individual siente, percibe y conoce el mundo en sus diferentes estadíos.

Consideremos la siguiente progresión: irritabilidad, percepción, impulso, imagen, símbolo, concepto…Podemos creer que las células muestran irritabilidad citoplásmica; que las plantas tienen sensaciones rudimentarias; que los reptiles muestran percepción; los paleomamíferos, imágenes; los primates, símbolos; y los seres humanos, conceptos.

Esto puede ser verdad –y en nuestra opinión es verdad- pero si nos fijamos bien, ninguno de estos elementos aparece en los diagramas expuestos. Hasta ahora, los diagramas presentados sólo nos muestran formas externas de la evolución, y no las “aprehensiones internas” que corresponden a esas mismas formas –sensación, impulso…-. Los diagramas en sí no están equivocados –una vez que se hayan subsanados algunos errores- pero son parciales: dejan sin considerar el “interior” del universo.

Hay una razón para que esto sea así. Las ciencias sistémicas persiguen el carácter empírico y fundamentarse en las evidencias sensoriales obtenidas directamente o por extensión, y por eso se ocupan cómo a partir de las células se forman organismos complejos y como esos organismos generan e integran un determinado entorno ecológico. Todos ellos pueden ser observados y por lo tanto investigados empíricamente.

Pero hasta hace poco las ciencias sistémicas no tenían interés en investigar –porque su método empírico no lo contempla- como es que a partir de las sensaciones se llega a las percepciones, y estas dan lugar a impulsos y emociones, y estas emociones se plasman en imágenes y estas se expanden en símbolos… Las ciencias sistémicas empíricas contemplan todas las formas externas, y las explican muy bien, pero prescinden de su vertiente interior.

Consideremos la mente y el cerebro –el núcleo central de la primera parte de esta obra-; decidamos lo que decidamos sobre ellos, una cosa seguirá siendo cierta: la apariencia del cerebro, su forma externa, corresponde a cualquiera de las imágenes que aparecen que hemos introducido en este texto, pero ¿y las de las sensaciones, sentimientos, imágenes e ideas? ¿Podemos conocer esas cosas desde fuera, desde una perspectiva observable? Evidentemente, resulta muy difícil dar una respuesta positiva a estos interrogantes.

La mente conoce “desde dentro”, de manera cognitiva, mientras que el cerebro se conoce “desde fuera”, y este conocimiento “desde fuera” es eminentemente descriptivo. Curiosamente, esta propiedad permite a un determinado individuo humano contemplar su propia mente pero no su propio cerebro, aunque ahora, con las operaciones cerebrales realizadas sin anestesia general, y con la ayuda de un espejo, esto puede, si el estómago lo permite, subsanarse. De todas formas sospechamos que serán pocos los que tengan tal curiosidad y menos aún capacidad de observación en este trance…Pero aún en esa situación, la mente no podrá ser vista y, sin embargo, si percibida por este individuo o por otro, incluso ciego.

Todas estas consideraciones no significan que la mente y el cerebro sean dos entidades físicas distintas. Todo lo contrario. El cerebro es la parte externa, visible, el hardware por entendernos aunque detestamos llamarlo así; y la mente es la parte interna, algo así como el software, pese a lo inapropiado de la semejanza; como veremos este tipo de exterioridad/interioridad semejante es verdad para cada holón de la evolución.

Y las ciencias sistémicas empíricas o las ciencias ecológicas, aunque afirman ser holísticas, cubren exactamente la mitad del Kosmos. Esto es lo que hace que, sin ser falsa, sea tan parcial la teoría de la trama de la vida: ve solamente campos dentro de campos, pero sólo son superficies dentro de otras superficies; sólo contemplan la mitad externa de la realidad.
Javier Del Arco
Domingo, 1 de Octubre 2006
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Kosmología


Consideremos la noosfera. Si la noosfera fuese sólo parte de la biosfera, al destruir la primera también desaparecería la segunda, lo que no es el caso. Si destruimos el bios (biosfera) destruiremos el nous (noosfera, mente) pero no al revés. Al ser la biosfera parte de la noosfera, el dualismo carece de sentido, de manera que el concepto tradicional de espíritu como algo separado del cuerpo carece de consistencia lógica. Lo único real es la continuidad.


El nivel noosférico I.
En este sentido no me resisto a citar dos ejemplos de nous (noosfera, cerebro-mente, que no cerebro y mente) alterado por modificaciones en el nivel inferior, el bios. Además, son claros ejemplos de patología porque al transformarse un Holón (cerebro físico) en patológico, el Holón superior cerebro-mente, que trasciende pero incluye al anterior, deviene también en patológico. Nos referimos a los conocidos casos Gage y Elliot que de manera muy didáctica ha descrito Antonio Damasio (Damasio, Antonio R., El error de Descartes, Crítica, Barcelona, 1999).

El caso del minero Phineas Gage puede describirse resumidamente así: En el verano de 1848, en Cavendish, Nueva Inglaterra (USA), este capataz minero atlético, constante, trabajador, perspicaz, capaz, serio, piadoso y admirado por sus subordinados y superiores va a sufrir un grave accidente, del que se recuperará físicamente, pero transformarse en un ser -y cito textualmente el informe del médico Harlow que lo atendió- “irregular, blasfemo, inconveniente, impaciente ante restricciones o consejos cuando estos contrariaban sus deseos,, poco deferente con sus compañeros, obstinado de manera pertinaz, pero caprichoso y vacilante, imaginando muchos planes de actuación futura, que son abandonados antes de ser preparados…Un niño, por su capacidad intelectual y sus manifestaciones, tiene las pasiones animales de un hombre fuerte” ¿Qué había sucedido?

Un barreno estalló al ser “atacado” con una barra de hierro porque las chispas que se produjeron en la roca –por distracción de Phineas, éste había empezado la maniobra antes de que su ayudante hubiese introducido la arena que atasca y protege la operación- prendieron la pólvora. La piedra no se rompió sino que hizo retroceder la barra y al hacerlo, penetró por la mejilla izquierda de Gage, atravesando el cerebro y la parte frontal del mismo y salió a gran velocidad por la parte superior del cráneo.

Todos pensaron que Phineas Gage había muerto pero no fue así; ni siquiera llegó a perder del todo el conocimiento ni tampoco la movilidad, incluso durantes las primeras atenciones que le dispensaron los doctores Harlow y Williams, explicó racionalmente a éstos y a un reducido pero atónito auditorio, el modo en el que había ocurrido el accidente. Realmente, la mayor amenaza durante el periodo post-operatorio y de convalecencia vendría de las infecciones, hábilmente atajadas por la pericia de Harlow. Tras dos meses de convalecencia, Gage, aunque había perdido la visión del ojo izquierdo, experimentó una excelente recuperación de su fuerza física anterior, también hablaba, se expresaba bien y su capacidad de movilidad era plena; en suma, estaba técnicamente curado, pero ¿lo estaba realmente?

La continuidad indisoluble del cerebro-mente

Recurrimos a las mismas expresiones utilizadas por Harlow, el médico que le atendió y a la vez estudioso directo del caso, “el equilibrio o balance, por así decir, entre su facultad intelectual y sus propensiones animales” se había destruido. Ahora sabemos que determinadas lesiones neurológicas afectan al comportamiento humano y, en particular, a las dimensiones personales y sociales de dicho razonamiento. Muchas convenciones sociales y normas éticas adquiridas previamente, podían perderse como resultado de una lesión cerebral, aunque el intelecto básico ni el lenguaje queden afectados. De manera inadvertida, el ejemplo de Gage que algo en el cerebro concernía a propiedades humanas únicas, entre ellas la capacidad de anticipar el futuro y, consecuentemente, realizar planificaciones dentro de un ambiente social complejo; el sentido de la responsabilidad hacia uno mismo y hacia los demás; y la capacidad de orquestar deliberadamente la propia supervivencia, y el control del libre albedrío de uno mismo.

Las consecuencias biofilosóficas de todo esto, hoy comprendemos que son inmensas. La primera consecuencia es que si el Holón cerebral se afecta, el Holón mental, que incluye y trasciende al dicho Holón sin discontinuidad alguna, queda afectado también, no sólo en sus formas más severas que provocan pérdida de motilidad, lenguaje o conciencia, sino también en casos más sutiles, como el de Gage, donde lo que se altera es el comportamiento y, por ende, el libre albedrío.

Descartes se equivocó y se equivocó gravemente porque la modernidad, en lo que se refiere a cuestiones básicas que le son propias como la filosofía del derecho, el derecho mismo y el concepto de libertad y autonomía de todos, queda puesto severamente en cuestión desde la evidencia empírica; pero también puede ser criticada y puesta en entredicho buena parte de la psicología clásica, especialmente muchas teorías sobre los sentimientos y las emociones. Los neurobiólogos extraen de éste y otros casos posteriores, múltiples consecuencias más finas y precisas que ayudan a interpretar mejor y con mayor extensión y profundidad las neurociencias. Comentaremos solamente, de la mano de Damasio, el caso Elliot, un Phineas Gage de la actualidad.

En primer lugar hay que decir que “Elliot” es un alias utilizado por Damasio para proteger la intimidad de un paciente suyo cuya sintomatología era similar a la de Gage, prácticamente igual diríamos. Elliot, como Damasio convino en llamarle, era un buen marido, mejor padre y excelente trabajador en una empresa comercial, diríase que era todo un modelo para propios y extraños.

En un momento dado, su vida empezó a cambiar: fuertes dolores de cabeza y dificultad para concentrarse; posteriormente, pérdida del sentido de la responsabilidad e incapacidad para finalizar trabajos, a medida que empeoraba su estado general. Las sospechas de su médico se confirmaron y se le diagnosticó un tumor cerebral.

Condición neurológica

Se trataba de un tumor grande que crecía con rapidez. Técnicamente era un meningioma (surge de las membranas que cubren la superficie del cerebro, denominadas meninges), generalmente benigno en cuanto a su naturaleza tumoral pero, que si no es extirpado rápidamente, resulta fatal por compresión del tejido cerebral. Por tanto, se recurrió a la cirugía. El tumor se extirpó y con él una parte del tejido del lóbulo frontal dañado por el meningioma.

La operación fue un éxito en todos los aspectos y las perspectivas excelentes porque se confirmó la benignidad del meningioma y estos tumores no tienden a repetirse, pero ¿estaba Elliot totalmente restablecido? Veamos, en lo físico, lo lingüístico, lo auditivo y en cuanto a comprensión, interpretación e ingenio, totalmente; en cuanto a comportamiento habitual y por muchas razones resultó, como dice Damasio, “que Elliot ya no era Elliot”.

Sin entrar en la prolija explicación de Damasio sobre todos los detalles del nuevo comportamiento de Elliot, bien interesante por otra parte, resaltaremos sus conclusiones (que por cierto sirvieron para restablecerle sus prestaciones sociales por incapacidad). Sus fracasos, parecidos a los de Gage, estaban en realidad causados por una condición neurológica. Ciertamente, todavía era físicamente competente y la mayoría de sus capacidades mentales estaban intactas pero su capacidad de tomar y alcanzar decisiones estaba dañada como también lo estaba su capacidad de planificación. Podemos decir, con conciencia plena del calado e implicaciones de nuestra afirmación, que su libre albedrío estaba afectado. La causa directa, análoga a la de Elliot, una lesión patente y clara en el lóbulo prefrontal.

¿Se atreverá ahora a cuestionar alguien ahora la continuidad cerebro-mente? Evidentemente creo que no. Pero, yendo aún más lejos ¿Podemos condenar penalmente o civilmente a un ser humano si su libertad se halla condicionada fisiológicamente o deberíamos tan sólo ponerlo en un lugar seguro para él y para la sociedad y no someterlo a prisión –institución punitiva e insegura donde las haya- o a penas aún peores como la cadena perpetua o la intolerable –desde todas las perspectivas- pena de muerte.

La naturaleza humana no es esencialmente distintita de otras; no hay tabla rasa, ni fantasma en la máquina. El libre albedrío es una propiedad del ser humano de la que puede disponer a veces, pero no es una cualidad universal y generalizable, como tampoco lo es la libertad. De la misma manera que la determinación no es absoluta, la indeterminación tampoco lo es. Hay un equilibrio y una casuística compleja entre ambas posiciones y mucho espacio entre ambas, un espacio lleno de biopsicología o fisiopsicología, sociología, cultura…

Por otra parte está la controvertida cuestión de que es verdadero y que es falso, porque ¿hay verdades absolutas independientes del tamaño y del tiempo? Una de ellas se ha pretendido sea la universalidad del libre albedrío que vendría avalada por el Principio de Indeterminación que funciona en el Holón de nivel atómico pero sabemos que aquello de lo que las cosas están hechas cambia de propiedades en función del tamaño y el tiempo. En lógica formal, diríamos que el oro nativo en forma de pepitas tiene color amarillo es una proposición verdadera y lo es en la macroescala; pero en la nanoescala, la proposición sería falsa porque aparece invariablemente como rojo.

La emergencia de la evolución

Wilber establece una metáfora muy útil para explicar la emergencia de la evolución. Ésta habría emergido como un juego de ajedrez o de damas que en vez de jugarse en dos dimensiones –plano- se jugase en tres –espacio tridimensional-. Si tenemos sobre un tablero veinte damas negras, la profundidad será 1 y la extensión 40. Si mediante un dispositivo cualquiera, sobre este tablero se coloca otro pero sin ninguna ficha, la profundidad de este será 2 y la extensión 0.

En la evolución, el nivel 2 sólo se puede alcanzar a través del nivel 1 y de hecho las damas del nivel 2 están compuestas en parte de damas del nivel 1; todas ellas son holones o individuos compuestos. Tomemos una dama negra del primer nivel y situémosla en el segundo; añadamos posteriormente una dama roja sobre ella. El nuevo “holón total” del nivel 2 incorpora así a su predecesor (la dama negra) y añade sus propias propiedades distintivas (la dama roja). Si hacemos esto tres veces, los holones del nivel 2 tendrían una profundidad 2 y una amplitud 3.

Los holones individuales o damas de nivel 1 (fisiosfera) dependen para subsistir de complejas redes de interrelaciones con todas las demás damas negras de su entorno, es decir depende de redes de sus propios holones sociales –coevolución de lo micro y lo macro-; existen dentro de complejas redes de intercambio con otros holones de su misma organización estructural. Recordemos que siempre, lo micro está en una relación de intercambio con lo macro en todos los niveles de su profundidad.

Pero la situación en el nivel 2 (biosfera) es mucho más complicada porque el nuevo holón -la dama compuesta negra y roja- depende para su existencia de complicadas relaciones en ambos niveles. Las damas rojas y negras del nivel 2 dependen en parte de sus relaciones con otras damas rojas y negras, es decir, dependen de relaciones ecológicas o macrorrelaciones con otros holones vivientes en el mismo nivel de organización estructural. En otras palabras, el componente “rojo” de los holones rojos y negros depende de interrelaciones de interrelaciones con el componente “rojo” de los demás holones rojos-y-negros; depende de relaciones de intercambio tales como la reproducción sexual, relaciones que no se encuentran en el nivel negro ni pueden ser mantenidas en él.

Sin embargo, como las damas rojas-y-negras tienen también un componente negro, dependen también de las intrincadas relaciones que mantienen los holones negros entre sí; es decir, dependen de todas las relaciones y procesos de mantenimiento mutuo que constituyen el nivel 1 de los holones. Los holones de nivel 2, por lo tanto, dependen no sólo de las relaciones “rojas” u holones sociales encontrados únicamente en el nivel 2, dependen también de las relaciones “negras” anteriores y de las estructuras sostenibles en el nivel 1; pero no al revés: destruye el nivel 1, y el nivel 2 será destruido; destruye el nivel 2, y el nivel 1 de damas negras seguirá existiendo.

De esta forma, cualquier holón o compuesto individual, depende de toda una serie de complicadas relaciones de intercambio con el entorno social en su mismo nivel de organización estructural para cada nivel del holón individual. Esto significa que un holón de nivel 3, por ejemplo, tiene que existir en un entorno que contenga otros holones de, al menos, esa misma profundidad. Cualquier holón es fundamentalmente un individuo compuesto en un entorno compuesto, en el que intercambian rojo con rojo, negro con negro, y así sucesivamente.

Biosfera, no fisiosfera

Preciso es aclarar un punto. Las damas rojas-y-negras no están en el universo negro, lo único que hay en el nivel 1 son más damas negras. La damas rojas-y-negras están de alguna forma más allá del universo de nivel 1 –este es el significado de “emergencia”-. En su “rojeidad” están más allá de la negrura del nivel 1. Son un buen ejemplo del impulso evolutivo, de la emergencia creativa de lo “rojo” que no puede ser reducido “a”, ni encontrado “en”, el universo negro.

En cierto sentido es justo lo contrario: las damas rojas-y-negras contienen “rojo” y “negro”. Los holones de nivel 2 incluyen a los holones del nivel 1 y van más allá de ellos con sus propios emergentes definitorios según quedó establecido en el principio expresado en la primera parte: Cada Holón emergente trasciende pero incluye a sus predecesores. Como la dama roja-y-negra depende para su existencia de su propio componente negro, y como las damas negras dependen en última instancia para su existencia particular de todas las demás damas de su universo, entonces el nivel 2 esencialmente abarca a todo el nivel 1 gracias, simplemente, a su individualidad compuesta. Así, una célula viva incluye todo su universo físico. Los muchos se han convertido en uno mediante una “unificación aprehensiva” en la que participan, en cierta medida, todas las situaciones reales anteriores.

Esto es a lo que nos referimos cuando decimos que un holón del nivel 2 no está en el nivel 1, pero que el nivel 1 está en el nivel 2 total y completamente incluido por él. Resumiendo, todo esto significa que la biosfera no es la fisiosfera. La biosfera no es una parte o componente de una totalidad mayor llamada fisiosfera; y la única cosa mayor de la fisiosfera es su extensión, no su profundidad o totalidad. El bios no es parte del cosmos, sino al revés: el cosmos es parte, un componente, del bios.

Una parte de la biosfera –su componente físico- es evidentemente parte de la fisiosfera mayor; pero las cualidades emergentes que la definen no están en el conjunto de determinantes físicamente determinables que gobiernan las formas sin vida –la autopoiesis no se encuentra en el mundo mineral; la autopoiesis es una cualidad de las damas rojas que no se encuentra entre las damas negras. La biosfera no está en la fisiosfera, pero esta, evidentemente, está en aquella, contenida como parte de ella.

Al igual que un átomo está en una molécula pero la molécula no está en el átomo –incluso a pesar de que la extensión de los átomos es mecho mayor que la de las moléculas-el cosmos está en el bios, pero el bios no está en el cosmos, a pesar de que la extensión del cosmos es inmensamente mayor.

El bios es parte del Kósmos, pero no del cosmos. Esta afirmación, debidamente argumentada como creemos se ha hecho pone en cuestión el reduccionismo radical al afirmar que la física es la más fundamental pero a su vez la menos significativa de las mal llamadas “ciencias duras”. El neurobiólogo Francisco Varela ha venido a afirmar que una dimensión dada dentro de una holarquía es interna a sus mayores y externa a sus menores, lo que es lo mismo que decir que el cosmos es interno al bios y el bios es externo al cosmos: a partir del mundo físico se trasciende e incluye.

Una visión simple de las cosas pude llevarnos al error de pensar que sólo porque el cosmos es mayor que el bios es más significativo que este último. No, solamente es más fundamental. El bios es mucho más significativo que el cosmos porque contiene en su interior “mucho más de eso que venimos llamando realidad”, porque abarca una totalidad más profunda y más rica en el sentido de variedad, complejidad y posibilidad. De hecho, asume a todo el cosmos –léanse los fundamentos del universo físico- en su ser, trascendiéndolo e incluyéndolo. Ahora bien, si hay un hecho básico: la continuidad, el fluir de la evolución…

De manera similar, y a ver esto como se entiende, la noosfera, es decir el cerebro-mente, no es parte de la biosfera, sino al contrario: el bios es un componente inferior, una parte de la noosfera. Es evidente que la biosfera tiene más extensión –es mayor”-, de la misma forma que el cosmos es más grande que el bios.

Y precisamente porque la biosfera es un componente de la noosfera, si se destruye la primera se destruirá o dañará a su vez la segunda en función de lo ocurrido en la primera, tal y como hemos visto en los casos Gage y Elliot. Esta es una orientación profundamente ecológica sin absolutizar la biosfera de forma regresiva, ni tampoco la biosfera.

El número de holones –la extensión- de un nivel superior de desarrollo será siempre menor que su número en un nivel precedente. El numero de damas rojas y negras será siempre menor que el de negras. No hay excepciones porque el número de totalidades será siempre menor que el número de partes contenidas en ellas. Siempre habrá menos encinas que bellotas. Es la pirámide del que indica también con precisión que la biosfera no está en la fisiosfera. Allí donde la materia es favorable emerge la vida; allí donde la vida es favorable, emerge la mente. Mayor profundidad, menor extensión.

Llegados a este punto de la discusión, podemos afirmar que los planteamientos holárquicos constituyen un gran desacierto ontológico: confunden lo micro con lo macro, profundidad con extensión, totalidad y parte.

Telecomunicación biológica

Hemos considerado la emergencia de eso que llamamos cerebro-mente –la noosfera- a través de un elemento biosférico esencial, el cerebro. Comenzaremos por indicar que la comunicación en la biosfera es de varios tipos:

-Genética. Actúa en intervalos largos de tiempo si los comparamos con la vida de un individuo. Hace que sea posible la filogenia y la evolución coherente a través de muchas generaciones. A corto plazo, y en el interior de las células, hay una comunicación compleja, basada en la conservación del genoma y en su expresión génica –replicación, trascripción y traducción- cuyo estudio compete a la genética molecular

-Metabólica. Transmitida por el organismo a través de unas moléculas mensajeras especiales que son las hormonas, realiza dos funciones: la primera de ellas es la regulación del desarrollo de organismos pluricelulares, tanto en plantas como en animales; la segunda es la de amortiguar las consecuencias de las fluctuaciones medioambientales en el organismos, es decir, reforzar su autonomía. Recuérdese que reza, Autonomía relativa creciente. La comunicación metabólica basada en hormonas actúa con relativa lentitud, de segundos a minutos. A su vez el metabolismo, o conjunto de reacciones químicas que se producen en un organismo vivo y que define el hecho de vivir, lo constituye un conjunto de reacciones químicas que requieren de unos catalizadores naturales de naturaleza fundamentalmente proteica, los enzimas y los sistemas enzimáticos, según el grado de complejidad, y de aporte energético en forma de un vector químico de energía, nucleótidos como el ATP o el GTP.

-Neural. Transmitida a través del sistema nervioso. Actúa en los organismos a una velocidad de una centésima a una décima de segundo y, por tanto, unas mil veces más deprisa que la comunicación metabólica. Esta comunicación es mixta: eléctrica y química

-Inmunológica. En mis conversaciones con el Dr. García Barreno este tuvo la amabilidad de explicarme con detalle que los sistemas metabólico, endocrino, nervioso e inmunológico “hablan” constantemente entre si específicamente; se puede hablar de comunicación y más precisamente creo yo de telecomunicación puesto que es una comunicación orientada a fines concretos y que obtiene respuestas.

Como quizá la comunicación inmunológica se conoce menos por el gran público, voy a dedicar al tema una explicación que juzgo necesaria en la explicación de ese irrepetible y complejo entramado de conexiones, inclusiones, agrupaciones y superaciones que llamamos vida. También pido disculpas por la proliferación de citas pero como no me gusta “adornarme con plumas ajenas” he querido ser muy preciso y documentarme bien ya que no soy especialista en inmunología sino en filosofía evolucionista, como a estas alturas mi lectores saben bien.

La interacción entre los sistemas nervioso, endocrino e inmunitario es uno de los elementos clave que intervienen para mantener la homeostasis de los vertebrados, siendo particularmente imprescindible en los mamíferos (Véase Besedovsky H.O., Del Rey, A. Immune-neuroendocrine interactions: factors and hypotheses. Endo Revs, 1996; 17: 64-102). La capacidad del sistema inmunológico para discriminar entre lo propio y lo no propio está basada en un amplio espectro de especificidad expresada por las células inmunológicas (Coutinho A, Hori S, Carvalho T, Caramalho I, Demengeot J. Regulatory T cells: the physiology of autoreactivity in dominant tolerance and "quality control" of immune responses. Immunol Rev 2001; 182: 89-98).

Esta característica del sistema inmunológico implica que puede percibir una imagen interna de los componentes del organismo y reaccionar a las distorsiones particulares de esta imagen, es decir contemplar como son transformadas las células propias (ibid) La respuesta inmunológica, como una respuesta homeostática bajo control fisiológico, contribuye al mantenimiento de la integridad de las células corporales y de los tejidos (Véase Armstrong MD, Klein JR. Immune-endocrine interactions of the hypothalamus-pituitary-thyroid axis: integration, communication and homeostasis. Arch Immunol Ther Exp (Warsz) 2001; 49: 231-7).

Funcionamiento armónico

Las hormonas y neurotransmisores que están presentes en el micro-ambiente de las células inmunológicas pueden restringir su autonomía, probablemente por su acción sobre los receptores de estos factores neuroendocrinos (ibid) La comunicación eficiente de estos tres sistemas implica la existencia de vías aferentes y eferentes que constituyen un sistema complejo de retroalimentación. Cuando se producen alteraciones en esta red, se desencadenan patologías que involucran a los diferentes componentes de la misma.

En los últimos años se ha avanzado en forma notable en el conocimiento de las múltiples funciones del sistema inmunológico, una de ellas ha sido la adaptación biológica, a través de la eliminación de patógenos y células extrañas del organismo (Savina, N.P., Immunoendocrine homeostasis in mice after local irradiation of immune and endocrine system organs, Radiats Biol Radioecol, 1996; 36: 68-77). Estas funciones requieren a su vez de sistemas de control delicados que permitan la adaptación a las diferentes situaciones fisiológicas y patológicas por las que puede atravesar todo ser biológico durante su vida, siendo necesaria la interacción con los otros sistemas del organismo (ibid).

Esta interacción es constante y hace posible el funcionamiento armónico de estos tres sistemas, esto implica la existencia de mensajeros y receptores comunes que participan al mismo tiempo en un sistema muy complejo de retroalimentación. La alteración de la comunicación entre estos sistemas conduce al desarrollo de patologías diferentes. Tal es el caso de los trastornos neuropsiquiátricos que causan inmunosupresión como es la depresión, (Wilder, R.L., Neuroendocrine-immune system interactions and autoimmunity, Annu. Rev. Immunol. 1995; 13: 307-38) los trastornos inmunitarios que causan problemas endocrinos (como la tiroiditis de Hashimoto y la diabetes mellitus tipo 1, que ejemplifican la interacción funcional entre el sistema inmunológico y el neuroendocrino (Jurankova, E., Immunoendocrine interactions and autoimmune diseases, Bratisl Lek Listy, 1994; 95: 51-6).

Numerosos datos experimentales demuestran que, al igual que otras células corporales, las células del sistema inmunológico se ven influidas por el sistema neuroendocrino, ya que existen diversos niveles de control, tanto en el metabolismo como en la división celular, reguladas por las hormonas y los neurotransmisores (. Rook, G.A., Hernandez-Pando, R., Lightman, S.L., Hormones, peripherally activated pro-hormones and regulation of the Th1/Th2 balance. Immunol. Today 1994; 15: 301-3).

La respuesta inmunológica es, tal vez, el único fenómeno fisiológico, en el cual la amplificación de su respuesta está basada en la proliferación celular y la transformación específica de sus componentes. Este proceso requiere cambios metabólicos y factores de crecimiento que hacen a esta respuesta dependiente del control neuroendocrino (Chikanza, I.C., Grossman, A.B., Reciprocal interactions between the neuroendocrine and immune systems during inflammation, Rheum Dis. Clin. North Am. 2000; 26: 693-711).

Si nos centramos en el sistema nervioso y lo contemplamos desde un punto de vista evolutivo, vemos que éste emerge holárquicamente y, después se produce una subdivisión holárquica también de las estructuras neuronales mismas, según la influyente noción de Paul McLean del “cerebro trino” por la que el hombre se encuentra en una situación tal como si la naturaleza le hubiese dotado de tres cerebros que, a pesar de sus diferencias estructurales, deben funcionar juntos y comunicarse entre si. El más antiguo de estos cerebros es el reptiliano; el segundo ha sido heredado de los mamíferos inferiores; y el tercero, desarrollado por los mamíferos superiores culminando en los primates, es el que proporciona la especificad de lo humano.

Comprensión básica de la fisiología

En conclusión, podemos decir que hasta hace unos años el sistema inmunológico ha sido visto como un sistema aislado de los otros sistemas corporales. Es evidente que los sistemas inmunológico y neuroendocrino comparten numerosos ligandos y receptores, lo que resulta en una constante e importante comunicación bidireccional. De hecho, se ha postulado que una nueva e importante función del sistema inmunológico sería la de servir como un órgano sensorial para los estímulos no cognoscitivos que para el sistema nervioso central pasan inadvertidos, como pueden ser los agentes infecciosos.

Lo que en la actualidad estamos proponiendo es la reintegración de un sistema importante en el contexto fisiológico de todo el organismo. Esto, indudablemente nos llevará a una mejor comprensión básica de la fisiología y a generar cambios en la práctica de la Medicina moderna. Para entender aún más el proceso de la comunicación bidireccional del sistema inmunológico y el neuroendocrino será necesario continuar con la búsqueda de ligandos y receptores comunes de los dos sistemas, así como ahondar en las similitudes y diferencias en su regulación funcional.

Eventualmente se encontrarán nuevas funciones del sistema inmunológico sobre los neuropéptidos o las neurohormonas, así como otras propiedades endocrinas de las citocinas. Además, será un reto para los fisiólogos integrar esta información en el contexto del organismo como un todo. Por otro lado, los avances en el conocimiento básico de la interacción inmunoendocrina, debe llevarnos al diseño de nuevas terapias para el tratamiento y diagnóstico de enfermedades en humanos, tanto de aparente origen inmunitario como endocrino. Dos recientes descubrimientos ilustran fehacientemente las posibilidades futuras del uso de este conocimiento.

El primero es la observación de que la corticotropina es un agente proinflamatorio (Karakalis K, Sano H, Redwin J, Litswak S, Wilder RL, and Chorusos GP. Autocrine or paracrine actions of corticotrophin-releasing hormone in vivo. Science 1991; 254: 421-3) y el segundo es la disminución del rechazo a un injerto renal en ratas tratadas con el antagonista opiáceo, naltindrolona (Arakawa K, Akami T, Okamoto M, Oka T, Nagase H, Matsumoto S. The immunosupressive effect of?-opiod receptor antagonist on rat renal allograft survival. Transplantation 2001; 53: 953-9) Hace algunos años hubiera resultado difícil de imaginar que se pudiera tratar una inflamación periférica con un antagonista de una hormona liberadora hipotalámica o el usar un antagonista de un opiáceo para facilitar un trasplante de tejido.
El cerebro como holón humano.

Hablando alegóricamente de estos tres cerebros –holones, naturalmente- cuando el psicoanalista le pide a un paciente que se recline en un diván, le pide que lo haga junto a un caimán y un caballo…El cerebro reptiliano está lleno de saber y recuerdos ancestrales y trata fielmente de hacer lo que decían los ancestros pero no sirve para enfrentar nuevas situaciones; autonomía relativamente baja expresada en comportamiento reflejo e instintivo.

En treinta años, hemos visto que el cerebro de los mamíferos inferiores juega un papel fundamental en el comportamiento emocional. Tiene mayor capacidad que el cerebro reptiliano para aprender nuevos enfoques y aportar soluciones a los problemas basándose en la experiencia inmediata. Pero al igual que el cerebro reptiliano, no tiene la capacidad de expresar los sentimientos con palabras.

En su evolución el cerebro humano retiene la organización jerárquica de los tres tipos básicos que se pueden denominar como reptiliano, paleomamífero y neomamífero. El tronco cerebral representa el cerebro reptiliano heredado de los reptiles. El sistema límbico representa el cerebro paleomamífero, heredado de los mamíferos inferiores; el sistema límbico de los humanos está mucho más estructurado que el de los mamíferos inferiores pero su organización básica, su funcionamiento químico…son muy similares. Se puede decir lo mismo de los otros dos tipos básicos. Y hay pruebas de que los tres tipos básicos tienen su propia memoria subjetiva, cognitiva –capaz de resolver problemas- y otras funciones paralelas.

Es decir que podríamos considerar a cada uno de estos tres cerebros como un holón relativamente autónomo. Y como cada uno de ellos es un holón, no podemos decir que una función específica esté localizada en uno de los holones; todos ellos interactúan influyéndose en ambas direcciones, hacia arriba y hacia abajo. Pero, en general los tres cerebros tienen las siguientes funciones básicas:

a) Cerebro reptiliano o tronco cerebral: Filogenéticamente esta es la parte más antigua del cerebro, su núcleo o chasis, se corresponde aproximadamente con las estructuras básicas del cerebro de los reptiles. Contiene el aparataje esencial para regular las funciones internas –viscerales y glandulares-, las actividades primitivas basadas en los instintos y en los reflejos, y también los centros que ponen al animal en estado de alerta o bien lo adormecen. Podemos referirnos a él como el que determina el nivel general de inteligencia sensoriomotriz rudimentaria y los impulsos instintivos.

Tronco cerebral y sus conexiones

b) Cerebro paleomamífero o sistema límbico. El sistema límbico está íntimamente conectado por caminos neuronales de doble vía con el hipotálamo y otros centros en el tronco cerebral que se ocupan de las sensaciones viscerales y las reacciones como hambre, sexo, miedo y agresión; tanto es así que el sistema límbico era anteriormente llamado “el cerebro visceral”. En resumen, el sistema límbico procesa información de tal forma que es experimentada como sentimientos y emociones, y se convierten en fuerzas que guían nuestro comportamiento.

Sistema límbico

c) Cerebro neomamífero o neocortex. El crecimiento explosivo del neocortex en la última fase de la evolución es uno de los sucesos más trascendentales de la historia de la vida sobre la tierra. Actúa como una inmensa pantalla neuronal sobre la que aparecen las imágenes simbólicas del lenguaje y de la lógica –incluida las matemáticas-. El neocortex es el lugar donde la información se procesa de la forma que le es característica a la mente autorreflexiva.

Valgámonos de una imagen literaria. El cerebro reptiliano representa las figuras y roles básicos que subyacen a toda literatura. El sistema límbico aporta las diferencias emocionales, la selección y el desarrollo de las escenas de la obra. Y, finalmente, el neocortex produce sobre este sustrato tantos poemas, cuentos, novelas, ensayos y obras teatrales como autores existen. Vemos de nuevo a lo inferior estableciendo las posibilidades y a lo superior estableciendo las probabilidades o realizando los potenciales.

Las áreas somestésicas o áreas de la sensibilidad general, se localizan en la circunvolución central posterior. En esta zona se registran las sensaciones de calor, frío, tacto, presión, dolor y la sensibilidad propioceptíva (sentido de la posición y equilibrio muscular). Cada circunvolución recibe las sensaciones procedentes del lado opuesto del organismo. La disposición de las partes del cuerpo representadas en la circunvolución sigue también un orden inverso, de manera que las áreas sensitivas de los pies se localizan en el extremo superior del córtex, mientras que las áreas para la cabeza ocupan el extremo inferior.

Las áreas del lenguaje, o áreas de Broca, se localizan en el lóbulo frontal. En una persona diestra las áreas del lenguaje están mejor desarrolladas en la corteza cerebral izquierda. En un zurdo están más desarrolladas las áreas del lenguaje derechas.

Las áreas visuales se localizan en el lóbulo occipital. En el lóbulo occipital izquierdo se registran los impulsos que se originan en la parte izquierda de cada globo ocular, mientras que en el lóbulo occipital derecho se registran los impulsos que se originan en la parte derecha.

Las áreas auditivas se localizan en la circunvolución temporal superior. Cada lóbulo temporal recibe impulsos auditivos procedentes tanto del oído derecho como del izquierdo. Ello se debe a que un número considerable de neuronas encargadas de transmitir los impulsos auditivos no siguen la vía contra lateral, sino que se dirigen al lóbulo temporal del mismo lado.

El área primaria olfativa se localiza en la superficie medial del lóbulo temporal, y el área primaria gustativa en la cara anterior de la circunvolución central posterior del lóbulo parietal.

Las áreas motoras se localizan en las circunvoluciones centrales superiores. Cada circunvolución controla la actividad del músculo esquelético que ocupa el lado opuesto del organismo. Las diversas partes del organismo representadas en la circunvolución se disponen escalonadamente, de arriba abajo, de modo que la porción superior de la circunvolución controla los movimientos de la extremidad inferior opuesta, mientras que la zona inferior de la circunvolución controla la cabeza y el cuello. Algunas partes del organismo, como la mano y la cara, están más representadas que otras. Ello se debe a la capacidad de tales partes para efectuar movimientos más delicados.

El área promotora, relacionada también con la actividad motora, ocupa una posición inmediatamente anterior a la circunvolución precentral. La estimulación de esta área se traduce en la aparición de una serie de movimientos de naturaleza generalizada, como la rotación de la cabeza, giros del tronco y movimientos generales de las extremidades.

Existen otras áreas llamadas áreas de asociación. Las situadas en el lóbulo parietal participan en la integración de la información sensitiva procedente de las áreas somestésica, auditiva, visual y gustativa. Las áreas de asociación parietales correlacionan información acerca de las diversas partes del organismo. Las áreas asociativas situadas en la región posterior del lóbulo temporal se relacionan con la integración de datos sensitivos.

La afasia visual y auditiva (incapacidad para comprender la palabra oral y escrita) puede asociarse a lesiones de estas áreas asociativas. Las áreas de asociación localizadas en la porción anterior del lóbulo temporal se relacionan con gran variedad de experiencias, aparte de las audiovisuales. Esta porción anterior del lóbulo temporal se ha denominado corteza psíquica a causa de su relación con experiencias pasadas.

Las actividades superiores tales como el discernimiento, razonamiento y abstracción dependen también de la corteza cerebral. La parte anterior del lóbulo frontal, denominada área prefrontal, se halla en relación con estos procesos mentales característicos del ser humano. La corteza cerebral ejerce también una influencia de carácter inhibitorio sobre las partes inferiores del sistema nervioso central.

Javier Del Arco
Sábado, 23 de Septiembre 2006
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Kosmología

En la medida que reconocemos que los holones tienen un interior, y en la medida en que todos ellos existen gracias a alguna relación de intercambio con otros de la misma profundidad, decir que un grupo de holones comparte un espacio físico común, lo que generalmente se acepta si bien con otra terminología, es lo mismo que decir que comparten un espacio interior común.


Michel Foucault
Michel Foucault
La expresión “visión del mundo” quizá sea demasiado pansíquica y sugiere que, por ejemplo, las células comparten un mapa cognitivo del mundo externo, lo que resulta un poco excesivo, aunque la teoría cognitiva de Francisco Varela se acerque a esta posición y, como casi todas las ideas desarrolladas por el prematuramente desaparecido científico chileno, nos merecen un gran respeto.

Para nuestros fines la expresión “espacio en el mundo” vendrá a significar la suma total de estímulos a los que se puede responder, que poseen significado real, capacidad de registro o impacto. Esto no puede ser detectado por un mero análisis empírico de los sistemas de acción, porque ya existimos todos en el mismo universo físico y, por tanto, los parámetros físicos no pueden por sí mismos explicar las diferencias.

Y como consecuencia de ello, haremos una proposición -no una afirmación- que puede resultar polémica: los espacios en el mundo que son un a priori de los parámetros físicos, está por demostrar que sean también un a priori último de la conciencia, lo cual, naturalmente, no quiere decir que algún día no lleguen a serlo.

Espacio en el mundo no tiene las connotaciones o implicaciones panpsíquicas habituales. El panpsiquismo típico confunde la conciencia con un nivel concreto de conciencia –percepción, intención o sentimiento- y después es forzado a llevar esa conciencia hacia lo más básico ¿Los átomos tienen realmente aprehensión –Whitehead- o percepción –Leibniz? Difícil saberlo. Pero tienen profundidad y por tanto comparten una profundidad común; y esta es un espacio generado por un grado particular de profundidad compartida.

Anteriormente, hemos dicho que un signo es cualquier aspecto de la realidad que representa a otro para un tercero. De esta forma, los holones existen gracias a una trama de interrelaciones con otros holones, de manera que todos los holones son signos. Aclaremos: el régimen de cualquier holón traduce únicamente una serie particular de signos, o dicho de otra manera, sólo registra una banda concreta de estímulos.

Signos registrables

Conclusión: la banda de signos comunes traducibles es el espacio en el mundo del holón. A esto hay que añadirle una cualidad esencial: el significado de la noción “signos registrables” implica que los signos están, de hecho, codeterminados por el registro, y a esa codeterminación es a la que nos referimos cuando hablamos propiamente de “espacio en el mundo”.

Si un Holón tiene que entrar en un espacio en el mundo más profundo tendrá que transformarse, no únicamente traducir, y esta transformación le abre un rango más profundo y amplio de signos: un nuevo mundo, un nuevo espacio en el mundo, dentro del cual ahora traducirá de acuerdo a su propio régimen o principios básicos de autoorganización, en emparejamiento estructural, es decir individualidad-en-comunión.

En cuanto a la problemática planteada por Varela sobre la escenificación del paradigma, la actividad de un holón “encarna” (término usado por Wilber) un espacio en el mundo o lo que Varela llama un dominio de distinciones, y lo hace de manera relativamente autónoma, con la comprensión añadida de que la individualidad de un holón es en parte el resultado –Wilber dixit- de sus emparejamientos estructurales históricos con el medio apropiado. La individualidad como individualidad-en-comunión encarna, por lo tanto, un espacio en el mundo codeterminado por el sujeto y el objeto.

Bittorio reconocedor

Uno de lo los libros más influyentes para mi y creo que para Wilber también, ha sido The embodied mind. Cognitive Science and Human Experience, de Francisco Varela coescrito con Evan Thompson y Eleanor Rosch (Hay versión española, De cuerpo presente. Editorial Gedisa, Barcelona, 1992).

En él leemos: "Los estados emergentes están constituidos por una historia de emparejamientos con un mundo apropiado. Enriqueciendo nuestro relato con la inclusión de las dimensiones de emparejamiento estructural [comunión codeterminante], podemos comenzar a apreciar la capacidad de un sistema complejo para encarnar un mundo…El resultado es que a lo largo del tiempo, este emparejamiento selecciona o encarna a partir de un mundo de posibilidades abiertas, un dominio de distinciones. En otras palabras, basándose en su autonomía el sistema selecciona o pone en escena un dominio de significación".

Así, como anteriormente dijimos, un espacio en el mundo no está simplemente pre-determinado y después es representado a través de la correspondencia entre la individualidad y sus comuniones supuestamente separables (otras actividades). Más bien la coherencia de su individualidad, léase autonomía, emparejada estructuralmente con otras individualidades de esa comunidad, encarnan un espacio en el mundo mutuamente codeterminado.

Varela ideó un artilugio para representar mejor el modelo fáctico expresado hasta ahora y lo denominó Bittorio del que creo corresponde hablar un poco, si bien de manera muy simplificada. Para entender la estructura de Bittorio debemos imaginar una unidad o célula simple que puede estar sólo en dos estados, digamos uno o cero, o "activo" o "inactivo". Se conecta una hilera de estas unidades elementales en una disposición circular.

"Este anillo de autómatas celulares ¬nos dice¬ adquiere una dinámica cuando se lo activa en un estado aleatorio y se permite que cada célula alcance un estado actualizado en cada momento del tiempo de manera sincrónica".

"Supongamos ¬[nos dice más adelante]¬ que simplemente arrojamos este anillo en un ámbito de unos y ceros aleatorios, tal como una célula que se zambulle en un ámbito químico. Imaginemos que cuando una de las células del anillo se topa con una de ambas alternativas (0 y 1), el estado de la célula es reemplazado por la perturbación que ella encontró".

Posibles perturbaciones

Pero, como esa célula está unida al resto de las células de Bittorio en un sistema circular, lo que ocurre después de ese encuentro casual indica el cambio (o falta de cambio) con que el sistema compensa esa perturbación. Ahora bien, dadas ciertas reglas de configuración interna inicial, el sistema, por ejemplo, producirá un cambio en la configuración ante una secuencia impar de perturbaciones en el mismo lugar; en cambio, cualquier secuencia par no producirá cambio alguno.

"Así ¬[concluye Varela]¬ de todas las innumerables secuencias de posibles perturbaciones, este Bittorio escoge o señala en el medio ambiente un subconjunto muy específico, a saber: secuencias finitas impares, pues sólo estas secuencias inducen un cambio repetible en la configuración de Bittorio. En otras palabras, dada su regla, y dada su forma de acoplamiento estructural, este Bittorio se transforma en "reconocedor de secuencias impares".

Algo semejante ocurre para otros Bittorios con otras reglas. Uno de ellos, por ejemplo, sólo reconoce (sufre un cambio de configuración) ante una secuencia de dos perturbaciones: todo lo que no sea una perturbación doble en un lugar deja intacto a este Bittorio.

Varela enfatiza que en estos dos casos específicos no se ha dotado a Bittorio con un programa para distinguir "secuencias impares" o "dos perturbaciones sucesivas"; en cambio, se han especificado una forma de clausura para el sistema y el modo en que el sistema se acoplará con un medio dado (reemplazo del estado de cada célula por la perturbación que encuentra en un ámbito de unos y ceros aleatorios).

Interpretación implicada

"El resultado es que con el tiempo este acoplamiento selecciona o enactúa, a partir de un mundo de azar, un dominio de distinciones ("secuencias impares" o "dos perturbaciones sucesivas") que tiene relevancia para la estructura del sistema. En otras palabras, sobre la base de su autonomía, el sistema selecciona o enactúa un dominio de significación"
Las distinciones que selecciona Bittorio indican las regularidades con las cuales co-varía Bittorio: "estas regularidades comprenden lo que denominaríamos el 'mundo' de Bittorio".

Y, "es manifiesto que este mundo no está pre-dado y luego es recobrado mediante una representación". "No diseñamos a Bittorio para ser un reconocedor de secuencias impares"; simplemente se le ha dotado con una cierta dinámica interna y luego ha sido arrojado a un ámbito aleatorio. No obstante, dada la historia del acoplamiento entre la dinámica interna y ese ámbito, "secuencia impar" se transforma en una distinción significativa para Bittorio.

Por esta razón, "decimos que el 'mundo' de Bittorio está enactuado a través de una historia de acoplamiento estructural". "Bittorio nos brinda ¬concluye¬ un paradigma de cómo la clausura y el acoplamiento bastan para hacer emerger un "mundo" de relevancia para un sistema".
Llevado el asunto a nuestro terreno o línea de razonamiento podemos decir que decir que hay un mínimo de interpretación implicada, donde la interpretación ha de entenderse como la encarnación de un dominio de distinciones a partir de un trasfondo. Así, Bittorio, basado en su autonomía, representa una interpretación en el sentido que extrae un dominio de significación del trasfondo de su medio aleatorio.

Estas regularidades constituyen lo que podríamos denominar el mundo de Bittorio, su espacio en el mundo. Este mundo, debe quedar claro, no está pre-determinado y después es recuperado a través de una representación. Bittorio provee, por tanto, de cómo el cerramiento o individualidad y el emparejamiento o comunión son suficientes para producir un mundo de relevancia, un espacio en el mundo, para un sistema u holón.

Espacio en el mundo o individualidad-en-comunión

El paradigma de representación es importante y aún más lo es su relación con la interpretación. Una porción notable de esta obra en su conjunto es un examen de la aparición del paradigma de representación.

Hay otra cuestión sobre la que debo hacer hincapié. Es el concepto de “espacio en el mundo”, tal y como yo lo entiendo. Esta idea surgió, más o menos, en Leibniz y Kant. Y pasa a través de la hermenéutica a Nietzsche, Heidegger (quien creo más la estudió), Gebser, Foucault, Piaget, Gadamer, Habermas incluso, los estructuralistas, etc.

Mi posición, para que no quede oscurecida tras tan ilustres nombres, es esta: la individualidad de cada holón establece una apertura en la que los holones de la misma profundidad se pueden manifestar entre ellos y para ellos mismos, es decir individualidad-en-comunión (hacia abajo). Esto se irá aclarando en sucesivos escritos.

La senda de la izquierda y la senda de la derecha

Si nos fijamos bién, entre el esquema de los cuatro cuadrantes de Wilber y el trabajo de otros pensadores existen muchas correspondencias que irán surgiendo a medida que avancemos en estos artículos.

Como Wilber dice, todo el espacio del lado derecho de la fig. A, la mitad externa, puede ser descrita en el lenguaje objetivo del “ello” y estudiada empíricamente bien sea en términos positivistas, conductistas o fonológicos. Todo el plano del lado derecho puede ser visto ahí fuera, es algo registrable por los sentidos o por sus extensiones tecnológicas como telescopios o microscopios, por ejemplo. Los componentes de la parte derecha, tanto el cuadrante superior como el inferior, son en sí mismos, superficies neutrales, exteriores neutrales, formas neutrales que pueden describirse bien mediante un lenguaje objetivo.

No hay que preocuparse del interior de ninguno de estos holones, de la introspección e interpretación, de significados o de valores. Sólo se describe la forma exterior y su comportamiento, no hay nada que sea mejor o peor, deseable o indeseable, bueno o malo, noble o vil. Las superficies simplemente son y nosotros las observamos y describimos. Esto es perfectamente factible; las superficies están ahí y es necesario estudiarlas y comprenderlas. Pero dichas superficies “no son todo lo que hay”.

El estudio de los dos cuadrantes de la derecha lo denomina Wilber el sendero de la derecha, que descrito en líneas generales, se observa que en el cual hay dos tendencias enfrentadas entre sí: la de los atomistas que estudian sólo la superficie de las cosas o individuos, y la de los holistas, que insisten en que son las totalidades y no las cosas o los individuos los objetos principales de su estudio. Ambos planteamientos son externos y superficiales (en el doble sentido de la palabra). Representan las dos vertientes de la ontología plana: lo que puede ser visto y detectado con los sentidos y/o sus extensiones, lo empírico.

Dos mitades

La mitad izquierda del diagrama, no puede ser vista ni percibida, con excepción de aspectos de este lado izquierdo que tienen su encaje en formas externas o materiales. La mitad izquierda no puede ser descrita en el lenguaje objetivo. La parte superior izquierda puede ser descrita en el lenguaje del “yo” y inferior izquierda en el del “nosotros”. Esto requiere una explicación, claro y es lo que haremos enseguida. Wilber denomina a estas dos partes el sendero de la izquierda.

Mientras que la mitad derecha del diagrama puede se percibida físicamente, la izquierda debe ser interpretada. Las superficies del lado derecho pueden ser percibidas físicamente, están allí y cualquiera las puede mirar o tocar. Ahora bien, la profundidad no puede ser percibida directamente por lo que hay que interpretarla. La senda de la derecha se refiere a lo que se hace o se puede hacer. La senda de la izquierda a lo que significa o puede significar.

Un animal en el campo, cuando percibe una presencia viva, ve su forma exterior y registra todos los estímulos físicos que esa forma le desencadena. Pero ¿y su significado? Quien se aproxima, ¿es un amante de los animales o, por el contrario, un cazador? El animal debe interpretar los estímulos que recibe en el contexto de su propio espacio en el mundo y como el ser que se acerca le puede afectar.

Y esto es simplemente una cuestión de percepción. El animal percibe, pero su percepción puede ser errónea. Los estímulos físicos que recibe el animal no son el problema, el verdadero problema reside en su significado real. Las superficies están dadas pero ¿Qué le acecha en la profundidad? ¿Qué intenciones hay bajo la superficie? ¿Qué es lo que se transmite empíricamente pero que no está meramente dado empíricamente?

Hermenéutica y estructural funcionalismo

La teoría social, nos dice Wilber, ha estado marcada, casi desde sus comienzos, por una división, lo que suele desembocar frecuentemente en un desacuerdo profundo: la hermenéutica y estructural-funcionalismo. La hermenéutica o ciencia y arte de la interpretación, intentó reconstruir y entrar en el espacio cultural compartido propio de los seres humanos y, de esa forma, realizar una búsqueda y posterior extracción de los valores allí contenidos para poder comprenderlos. Por otro lado, el estructural-funcionalismo prescindió del significado en sentido participativo y buscó las estructuras sociales externas y los sistemas sociales que gobernaban el comportamiento del sistema de acción.

Ambas posiciones eran holísticas, en el sentido de que situaban la existencia individual en una red mayor de prácticas comunitarias, e insistían en que el individuo no podía ser comprendido sin referencia a un contexto holístico de prácticas compartidas. Eran representaciones casi exactas de las sendas de la izquierda y de la derecha. La hermenéutica preguntaba por el significado y el estructural-funcionalismo, por la acción, lo que se hace.

Su explicación y reconstrucción requiere de la interpretación, de la hermenéutica. Debemos penetrar en las profundidades compartidas, en las visiones del mundo compartidas por sus habitantes. Debemos entender primero y describir después eso que denominamos cultura “desde dentro” y, simultáneamente, tomar las debidas distancias para poder relatarlo.

No podemos ver el significado porque este no nos aguarda en la superficie como un trazo de color capaz de impresionar nuestros sentidos. Más bien y en la medida de lo posible, debemos entrar en resonancia con lo profundo de los demás. La profundidad en cada uno de nosotros, entendida como experiencia vivida, debe de alinearse empáticamente, sentirse intuitivamente, para poder entender la profundidad correspondiente o experiencia vivida en los otros. No se trata de registrar una mancha de color fácilmente comprobable empíricamente. El entendimiento mutuo es un tipo de resonancia interna armónica de la profundidad.

Ejemplo curioso

Wilber pone un curioso ejemplo, el de la de la danza de la lluvia hopo y su significado. En primer lugar, como ocurre con muchos “observadores participantes”, podría encontrársele un significado y una expresión de conexión con la naturaleza considerada -y en esto no difieren mucho de posiciones panteístas conocidas- como sagrada, de manera que el baile es una expresión de ese carácter sacro y una petición dirigida a la misma naturaleza.

Para articular entender esto desde un punto de vista sociológico, se debe profundizar más y examinar todo el entramado de prácticas sociales compartidas así como el trasfondo inconsciente de significados estructurados pre-lingüística y lingüísticamente, y también los intercambios subjetivos que constituyen el telón de fondo, pre-conocimiento o pre-comprensión de ese espacio concreto en el mundo o de esa visión del mundo.

Debemos mirar a todos los contextos, dentro de contextos más amplios y así sucesivamente, que estructuran los valores internos y los significados de una cultura, algunos explícitos –los que requieren entendimiento- y otros implícitos –los que requieren investigación-, método hermenéutico resumido aquí que no es otro que el de Dilthey, Weber, Heidegger, Ricoeur, Gadamer, Geertz y Taylor.

Por otro lado, para reconstruir la función (el sendero derecho), se debe cuidadosa y desimplicadamente no lo que los amerindios están haciendo, sino la función a la que realmente sirve la danza dentro del sistema de acción social general que, como tal, es una función desconocida para los auténticos norteamericanos. El observador desimplicado concluye –tal como le sucedió a Talcott Parsons- que la danza realiza la función de asegurar la solidaridad social y la cohesión.

El que realmente sirva para que llueva o el hecho de que lo intente o no, es algo bastante secundario para nuestro propósito porque lo que la danza realmente procura es crear las condiciones que unen fuertemente al individuo con el tejido social de la tribu que en el fondo que posee un régimen organizado y autopoiético del sistema de acción social.

Para determinar esto, la tribu es contemplada como un sistema holístico del que hay que observar con cuidado su patrón general –estructura- y su función general –comportamiento-, y entonces el significado de cualquier suceso particular tiene su lugar –o función- en el sistema general. Lo que Wilber hace y nosotros hemos procurado reproducir fielmente aquí es realizar un resumen estructural/funcional y de la teoría de sistemas en sus diversas formas, desde Comte a Parsons o Niklas Luhmann, e incluso en sus variantes estructuralistas y arqueológicas, Levy-Strauss y el primer Foucault.

Entendimiento mutuo

Un sendero realiza siempre la misma pregunta: “¿Qué es lo que hace?” y por tanto quiere ofrecer explicaciones fundamentadas en variables observables, empíricas, naturalistas. El otro sendero tambien pregunta siempre: “¿Qué significa?” y de esta forma intenta llegar a un entendimiento mutuo.

Y aplicando la hermenéutica investiguemos. Busquemos una obra poco conocida aquí, The Problem of Pure Consciousnes, Forman, Robert K.C. (ed.), Oxford University Press, New York, 1997. Es un libro en rústica escrito por varios autores. Fijémonos en uno de ellos, Donal Rothberg, que escribe en él un capítulo dedicado a la epistemología contemporánea y en el que hace un resumen excelente del equivalente a los senderos de la derecha y de la izquierda.

Dice Rothberg: "La epistemología contemporánea reconoce dos formas principales e interrelacionadas de conocimiento: la naturalista y la interpretativa. La interpretación naturalista se dirige hacia la explicación empírica, concebida como desarrollo de teorías que identifiquen regularidades explicables por leyes y conexiones causales entre variables…La investigación interpretativa se dirige a la compresión de significados, ya sean subjetivos o intersubjetivos. La meta es comprender el significado de la acción de un individuo [¿qué significó eso para ella? o ¿qué significó en el contexto específico?] y las reglas, a menudo únicamente implícitas de un grupo o sociedad: por ejemplo ¿qué reglas explícitas o implícitas seguimos en la interacción social como estudiantes, compañeros de trabajo o como matrimonio?; y los significados implícitos y explícitos de textos y otras expresiones de la actividad creativa humana…Estos significados no pueden reducirse a la identificación de conexiones causales y requieren relatos que utilicen el lenguaje intencional mucho más que el simple lenguaje descriptivo."

Las superficies se extienden; los interiores muestran intención. Como dice Wilber es casi así de simple.

Heidegger o el sendero izquierdo y Foucault o el sendero derecho

La clave del final del epígrafe anterior, ese “casi así de simple”, nos lleva por un lado a considerar la hermenéutica de Martín Heidegger, obviamente referida al lado izquierdo de los cuadrantes o a la interioridad y, por el otro la arqueología del primer Michel Foucault, naturalmente referida al lado derecho o externo; esta última es una variante del paradigma estructural/funcional aplicado a las estructuras lingüísticas, o un intento de describir estructuras discursivas exclusivamente desde fuera.

Hubert Dreyfus, profesor de filosofía la Universidad de Berkeley y Paul Rabinow, destacado antropólogo de la misma universidad californiana, publicaron un interesante libro sobre Foucault titulado, Michel Foucault: más allá del estructuralismo y la hermenéutica., UNAM, México, 1888 (hay otras ediciones más modernas, así como la original en inglés de 1977, pero yo cito la que tengo), en el que han escrito: "Esta devoción por la descripción de estructuras concretas, entendidas como condiciones de existencia, mantiene un parecido sorprendente con lo que Heidegger en Ser y Tiempo, llama analítica existencial. Pero hay una diferencia importante. Aunque tanto Heidegger como Foucault tratan de… relacionar principios fácticos que estructuran el espacio [espacio en el mundo] y gobiernan el surgimiento de objetos y sujetos, el método de Heidegger es hermenéutico o interno, mientras que el de Foucault es arqueológico o externo. Foucault rechaza de forma explicita tanto la fenomenología de Husserl como la hermenéutica de Heidegger cuando opone al relato exegético la exterioridad de la actitud arqueológica."

Foucault mismo, afirmó que el arqueólogo aísla situaciones para analizarlas desde su exterioridad…Quizá deberíamos hablar de “neutralidad” más que de exterioridad; pero incluso esta palabra implica con demasiada facilidad una suspensión de la creencia, mientras que es una cuestión de redescubrir ese fuera en el que, desplegados en el espacio, los sucesos enunciados están distribuidos.

Siguiendo el texto de Dreyfus y Rabinow leemos otro párrafo que reproducimos y que entendemos es pertinente citar literalmente pues detalla más:

"Foucault y los hermeneutas están de acuerdo en que las prácticas liberan objetos y sujetos al situar lo que Heidegger llama una “apertura” [espacio en el mundo], en el que sólo ciertos objetos, sujetos o posibilidades de acción pueden ser identificados e individualizados. Están de acuerdo también en que ni las relaciones primarias de causalidad física y social ni las relaciones secundarias de causalidad mental intencional pueden dar cuenta de la manera en que las prácticas liberan las entidades. Pero difieren de manera fundamental en su descripción del mecanismo de esa liberación. Según los hermeneutas, que describen los fenómenos desde dentro [recordemos, lado izquierdo] las prácticas no discursivas gobiernan la acción humana al situar un horizonte de inteligibilidad en el lugar en el que sólo ciertas prácticas discursivas, sus objetos y sujetos, tienen sentido. Foucault, el arqueólogo que mira desde fuera [recuérdese, lado derecho], rechaza esta aproximación al significado. Argumenta que, vistas con neutralidad externa, las prácticas discursivas mismas proveen un espacio sin significado de transformaciones gobernadas por reglas en las que las afirmaciones, sujetos, objetos, conceptos y demás son tomados por quienes están implicados como significativas…El arqueólogo estudia afirmaciones mudas, y por tanto evita implicarse en la búsqueda seria de la verdad y el significado que describe."

Estrategias conocidas

Bien, estas son las estrategias ya conocidas de la senda izquierda y la derecha. El planteamiento externo de Foucault, su puesta entre paréntesis de la verdad y el significado, su confinamiento a las afirmaciones mudas o monológuicas, su positivismo feliz, no son sino maniobras del sendero de la derecha, aplicadas no a la demoledora concreción de las realidades fisico-sociales sino a los remanentes externos, materiales, arqueológicos de las prácticas discursivas: el lenguaje observado desde fuera como sistema gobernado por reglas.

Foucault en su etapa genealógica, reconoció: "La genealogía evita la búsqueda de la profundidad. Por el contrario, busca la superficie de los sucesos…"

La arqueología de Foucault y la genealogía son tareas legítimas pero como pronto percibió el propio filósofo francés, no pueden sostenerse por sí mismas. De hecho este planteamiento, per se, es contradictorio: al poner entre paréntesis la verdad –la verdad, vista así, es algo meramente etiquetado en el sistema discursivo, o un mero instrumento al servicio del poder-, luego este planteamiento no puede hablar en serio de verdad ni que aquello que afirma, lo sea.

Ocurre como si careciese de un sustrato firme donde anclarse, como si flotase sobre el suelo a modo de una neblina. Este déficit de raíces firmes excluye el que pueda ser considerado serio. Foucault se dio cuenta de que su posición necesitaba de refuerzos, debía ser auxiliada por suplementos que la aproximasen al sendero izquierdo y le diesen una visión más equilibrada que incluyese no sólo prácticas sociales no discursivas sino interiores hermenéuticos o por lo menos una mejor interpretación de la propia interpretación.

Retomado aquí el análisis de Dreyfus y Rabinow, estos dicen: "Lo que Foucault ofrece en su [monumental e incompleta pues murió antes de finalizar el IV tomo, el corchete es nuestro] Historia de la sexualidad (Foucault, M., Historia de la sexualidad, Tomo 1: La voluntad de saber / Histoire de la sexualité, volume 1. La volonté de savoir, Paris, Gallimard, 1976; Historia de la sexualidad, Tomo 2: El uso de los placeres / Histoire de la sexualité, volume 2. L’usage des plaisirs, Paris, Gallimard, 1984; Historia de la sexualidad, Tomo 3: La inquietud de sí / Histoire de la sexualité, volume 3. Le souci de soi, Paris, Gallimard, 1984), es un ejemplo incisivo de la apariencia que tiene una interpretación mejor."

Como Gilles Deleuze comentaría, Foucault llegó a pensar en el pasado tal como está condensado en el interior. Dreyfus y Rabinow concluyen que el planteamiento de Foucault podría ser denominado “analítica interpretativa”, que resulta curioso, pero señalan que aunque el trabajo de Foucault resultase muy sugerente en esta área, sin embargo: "Nos debe una descripción interpretativa de su propia manera de hacer la interpretación correctamente. Aún no nos hs dado ninguna."

Ni nos la podría dar. Su temprana muerte imposibilitó tal posibilidad.




Javier Del Arco
Sábado, 16 de Septiembre 2006
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Editado por
Javier Del Arco
Ardiel Martinez
Javier del Arco Carabias es Dr. en Filosofía y Licenciado en Ciencias Biológicas. Ha sido profesor extraordinario en la ETSIT de la UPM en los Masteres de Inteligencia Ambiental y también en el de Accesibilidad y diseño para todos. Ha publicado más de doscientos artículos en revistas especializadas sobre Filosofía de la Ciencia y la Tecnología con especial énfasis en la rama de la tecno-ética que estudia la relación entre las TIC y los Colectivos vulnerables.




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