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EGIPTOLOGÍA: F. Martín y T. Bedman
Blog de Tendencias21 sobre el Antiguo Egipto

Artículos y comunicaciones

Jueves, 18 de Octubre 2007 - 12:35

El día 21 de octubre se conmemora el 75 aniversario de la creación del Centro Polaco de Arqueología en El Cairo y el inicio de la intervención del equipo de la Universidad de Varsovia en los templos de Deir El Bahari. Por ello, consideramos oportuno insertar en nuestra sección este artículo de Teresa Bedman sobre el templo de la reina Hatshepsut, texto de su conferencia en el ciclo 'Tebas, los dominios de Amón' que se impartió en el Museo de San Isidro en Madrid entre los días 25 de noviembre al 20 de diciembre de 2001


Templo de la reina Hatshepsut en Deir El Bahari
Templo de la reina Hatshepsut en Deir El Bahari



Deir El Bahari, 'El Convento del Norte', es uno de los lugares más espléndidos de entre todos los monumentos de la antigua Tebas. Allí, en la orilla occidental, en el lugar de las necrópolis y de los templos funerarios reales, se estableció el Castillo de Millones de Años de la reina Maat-Ka-Ra Hatshepsut-Jenumet-Amon, uno de los personajes más atractivos del antiguo Egipto.

Hatshepsut fue la quinta soberana de la dinastía XVIII, y su reinado estuvo cargado de controversias.

Obligada a seguir una tradición que la colocaba en segundo término cuando ella era la primogénita, los sentimientos de la reina debieron ser profundamente atormentados. Reina sin rey, esposa sin esposo, madre preocupada por el futuro de sus dos pequeñas hijas, fue una soberana llena de la grandeza de su tierra.

Hatshepsut se vio obligada a hacerse a sí misma. Para poder llevar a cabo sus planes ella supo rodearse de un equipo de servidores que le fueron fieles hasta la muerte. El personaje más relevante de todos ellos, fue, sin duda, el Mayordomo Real Sen-en-Mut.

La legitimidad de Hatshepsut para ocupar el trono.

La llegada al poder de Hatshepsut estuvo envuelta en una de las cuestiones más habituales y problemáticas, entre las que tradicionalmente habían afectado a la sucesión al trono de las Dos Tierras.

Ella era la hija primogénita del rey Thutmosis I y de la Gran Esposa real Ahmose, descendiente, por tanto, en línea directa de Amen-Hotep I. Cuando Thutmosis I murió sin heredero varón legítimo, su hijo, Thutmosis II, nacido de la esposa secundaria Mut-Nefert, desposó a Hatshepsut para poder obtener por matrimonio lo que no podía alcanzar por nacimiento.

Al fallecimiento de Thutmosis II, se reprodujo el problema por tercera vez en la dinastía. Para suceder al difunto rey solo había dos hijas nacidas de la Gran Esposa Real Hatshepsut, la única con legitimidad para transmitir la corona. Estas eran Neferu-Ra y Merit-Ra Hatshepsut.

Pero Thutmosis II había tenido un hijo varón de una esposa secundaria llamada Isis, que poseía el sorprendente título de "Ornamento Real". Este niño, que no contaba con más de cinco o seis años, fue elegido como sucesor bajo el nombre de Thutmosis III.

Fue en este momento cuando la ancestral tradición egipcia dio un giro para cambiar el curso de la historia.

Según todos los indicios, para que el pequeño príncipe Thutmosis pudiera acceder al trono debería haber desposado a la primogénita de sus hermanastras: la princesa Neferu-Ra. Pero este hecho nunca llegó a producirse.

Durante toda la dinastía XVIII, los hijos de esposas secundarias se casaban con princesas reales y ésto les proporcionaba la legitimidad necesaria para acceder al trono de Egipto. Pero con Hatshepsut este principio iba a cambiar por varios motivos. El primero, porque ella era la Gran Esposa Real, aunque no la madre del futuro rey, por lo que la lógica corregencia entre madre e hijo no se podría dar.

Por otro lado, Hatshepsut probablemente consideraba, al igual que ya lo hicieran su abuela y su madre que, al ser hija legítima de matrimonio real, ella, y sólo ella, poseía derecho a ocupar el trono de Kemet.

Así pues, en el año siete, después de haber ejercido con su hijastro Thutmosis III una tácita corregencia que no parecía ser de su agrado, parece que Hatshepsut ya se había autoproclamado Rey del Alto y Bajo Egipto, postergando al joven Thutmosis a un segundo plano. Ello supuso un vuelco en las aspiraciones del clero de Heliópolis que veía en el joven faraón el vehículo perfecto para tratar de controlar los resortes del poder, hasta ese momento en manos del clero de Amón.

Pero para poder dar este paso, la reina Hatshepsut se supo rodear de influyentes, poderosos y fieles colaboradores que la ayudaron a hacer realidad su sueño: ser rey por sí y ante sí misma.

Contaba con el apoyo del Sumo Sacerdote de Amón, Visir y Jefe de todos los Templos, Hapu-Seneb, el cual tenía entre sus manos al mismo tiempo el control de los poderes político y religioso de Egipto. Al propio tiempo, en la corte, su hombre de confianza era el Gran Confidente de la Esposa del dios; El que era agradable a la Señora de las Dos Tierras, El Gran Mayordomo de la Esposa del Dios, El Regente de la totalidad de las Dos tierras, El Jefe de todas las Obras : Sen-en-Mut, el baluarte de la reina.

Estos fueron los hombres que hicieron posible que la reina Hatshepsut fuera la cabeza visible de Egipto a pesar de la oposición a tales planes de los partidarios del príncipe Thutmosis.

Hapu-Seneb concibió para ella el más bello mito religioso: la teogamia; en su virtud, la reina resultaba ser la hija carnal del mismísimo dios Amón, quien había fecundado a la reina Ahmose asumiendo la apariencia física del difunto Thutmosis I.

Así, el Sumo Sacerdote de Amón elevó por encima de todos los mortales a su venerada soberana, convirtiéndola en un ser de naturaleza divina que había heredado el trono de Egipto por el derecho que la concedía la paternidad carnal del más poderoso de los dioses.

Sen-en-Mut, mientras tanto, desplegó toda su inteligencia e ingenio plasmándolos en suave piedra dorada de rampas ascendentes. Construyó para reina el Dyeser-Dyeseru, el templo de Millones de Años más hermoso que nunca antes se hubiera construido en Egipto. Un sueño de sol, oro, ricas maderas, jardines exóticos… Sin duda, un toque de eternidad…. posiblemente como el amor que, se cree, profesó a su reina.

El reinado de Hatshepsut duró alrededor de veintidós años.
Parece muy probable, a la vista de los restos arqueológicos y de los datos que los mismos nos proporcionan que, una vez desaparecida la reina, pudiera haber comenzado la persecución de su memoria, de manera no demasiado radical al principio pero, total y completa a partir de la época ramésida. Fue entonces cuando la persecución se consumó al ser suprimido su nombre de todas las Listas Reales.

Dyeser-Dyeseru: El esplendor de los esplendores.

Cuando la reina se erigió en soberana única del Alto y del Bajo Egipto, ya había decidido que se construiría su Castillo de Millones de Años en la misma zona donde el rey de la dinastía XI, Montu Hetep Neb-Hepet-Ra se había hecho edificar un magnífico templo funerario.

Se dice que, en el año séptimo de su reinado, el mismo que vio su coronación, se retomó la ejecución de las obras para la construcción del Dyeser-Dyeseru. Parece claro que el proyecto constructivo había sido ya probablemente concebido bajo Thutmosis II, en cuyo reinado, incluso, podrían haber dado comienzo las obras.

Para llevar a cabo la construcción, previamente hubo de ser desmontado otro templo de ladrillo, construido para Amen-Hotep I y la madre de éste, la reina Ahmose.Nefert-Ary, que ocupaba el área del cuadrante sur-este de lo que sería la segunda terraza del nuevo templo.

En todo caso el Dyeser-Dyeseru era un edificio dotado de una originalidad de diseño que, nunca antes, ni después, se volvió a dar en Egipto.

Para estudiar y desarrollar este espléndido proyecto se contó con una pléyade de arquitectos a las órdenes del gran Sen-en-Mut quien probablemente lo concibió personalmente y fue su principal responsable. Pero también trabajaron allí otros altos funcionarios y técnicos tales como Hapu-seneb, Nehesy, Min-Mose, Uadye-Renput, Pa-Hik-Men, Nebu-auy y Amen-em-Hat. Sus nombres quedaron unidos para siempre con esta obra imperecedera.

Sen-en-Mut concibió para su reina y señora un templo que hundiría su parte más santa en el corazón de la montaña, excavando el santuario en la pared rocosa de Deir El Bahari. Para llegar hasta este santuario habría que subir por terrazas sucesivas desde el valle, lentamente, en una progresión que evocaba las distintas etapas de avance espiritual necesarias para acceder por una simbólica colina primordial hasta la cima, donde la reina resurgiría de sí misma como una diosa.

Desde un punto de vista teológico parece claro que se eligió el circo rocoso de Deir El Bahari para instalar el templo por tratarse de un evidente caso de topografía sagrada, puesto que allí se identificaban los cuernos de la cabeza de la vaca sagrada Hat-Hor, señora del Occidente, cuyo cuerpo se extiende, representado en las colinas hacia el sur, hasta llegar al lugar llamado Ta Set Neferu, el actual Valle de las Reinas, donde, se creía, estaba la divina vagina hathórica.

También se estableció como elemento arquitectónico dominante el juego de las líneas horizontales. Tal efecto estaba representado por las terrazas apoyadas contra el circo y por los muros de sujeción enmarcados, a su vez, por los pórticos; todo ello, dividido por las rampas de acceso.

Además, se estableció una simbólica doble unión mística del nuevo edificio religioso. De una parte, con el templo del dios Amón en Karnak, en cuyo eje central se insertaba idealmente la calzada del nuevo templo funerario; de otra, con la propia tumba de la reina en el Valle de los Reyes, la cual había sido excavada justo detrás de la colina donde se hallaba ubicado el santuario del nuevo templo.

Estas vinculaciones místico-simbólicas encajan perfectamente con el significado del templo. Aunque su naturaleza es extremadamente compleja, se pueden distinguir en él dos aspectos esenciales.

El primero de ellos es el de templo funerario, puesto que estaba destinado al culto del ka de la reina divinizada, asociada al culto funerario de Thutmosis I.

La presencia de las escenas del Nacimiento Divino de la reina (la Teogamia) y las de la capilla de Anubis se entremezclan estableciendo un origen divino de Hatshepsut, como hija carnal del propio dios Amón, origen al cual retorna una vez muerta y divinizada de nuevo. Así queda absolutamente claro en Deir El Bahari que lo que se evoca allí es el nacimiento y renacimiento de una divinidad: la reina Hatshepsut Maat-Ka-Ra.

Pero el templo es, además un lugar santo construido para la gloria del dios imperial de Tebas, Amon-Ra en sus diversas manifestaciones. Uno de los aspectos esenciales allí representados es la naturaleza solar del dios tebano al dedicar parte de la construcción al culto del dios Ra Hor-Ajty; otro aspecto es el de Amon-Min procreador y fecundador.

Finalmente, la diosa Hat-Hor que también está allí presente como gran personaje divino que acoge y patrocina todo el conjunto como soberana del Occidente, la tierra de los difuntos.
Da la sensación de que, en un solo templo, se mezclasen varios santuarios, íntimamente entrelazados entre sí, en una expresión de arquitectura simbólica y religiosa, formulación pétrea de un programa mágico, destinado a amparar la divina personalidad de la reina en el Más Allá.

La descripción del templo.

Es sabido que los templos egipcios se comenzaban a construir desde lo que hoy se nos revela como la parte más íntima y sagrada hacia fuera, de tal modo, que nuestras visitas siempre se inician por la parte más exterior. Este era de todos modos el ritmo ritual que la arquitectura egipcia imponía a sus construcciones sagradas.

Es decir, que el diseño preveía que los ritos se desarrollasen desde el pabellón o templo de acogida, junto al valle y el río, a lo largo de una calzada que conducía en un ascenso progresivo a unos jardines, antesala de las terrazas, hasta concluir en el santuario.
Por estas razones nuestra descripción del templo se llevará a cabo de esa manera: desde fuera hacia adentro en una suerte de peregrinación ritual a favor de la divina Maat-Ka-Ra Hatshepsut.


Los excavadores y restauradores de Deir El Bahari.

El templo se fue revelando progresivamente a los exploradores desde finales del siglo XVIII. En 1743 el viajero inglés Pococke realizó una breve descripción del lugar llamado Deir El Bahari que entonces era un convento copto.

En el transcurso de la Expedición napoleónica a Egipto, en 1798, Jollois y Devilliers, miembros de la Comission des Savants en sus exploraciones de la orilla occidental de Tebas, pudieron ver bajo los restos y ruinas del mismo convento copto una avenida de esfinges y una puerta monumental con un techo en forma de bóveda. Champollion, Wilkinson, Rosellini, Lepsius y Düminchen también visitaron las ruinas de dicho monumento.

Mariette lo desescombró efectuando allí excavaciones desde 1858 a 1866. Luego prosiguieron las tareas Edouard Naville desde 1892 a 1897 y Baraize desde 1910 a 1937. Los americanos bajo la dirección de Winlock aportaron brillantes resultados desde 1911 a 1931. Desde 1961 se ocupó de la zona una misión del Centro de Arqueología Mediterránea de la Universidad de Varsovia bajo la dirección de sucesivos encargados de los que, el primero fue Leszek Dabrowski. Actualmente la misión polaca comparte sus trabajos en la reconstrucción con la Organización de Antigüedades de Egipto.

Después de tantos años de trabajo hoy el templo se alza soberbio, casi plenamente en su antiguo esplendor, y todavía se trabaja en la zona del santuario, en su patio peristilo para concluir su restauración y recomposición total.

El templo de Acogida y el Patio inferior.

Es el llamado 'Templo del Valle' que formaba parte de todos los conjuntos funerarios reales existentes en la orilla occidental tebana. Su descubrimiento fue hecho por Howard Carter en 1910. El mismo estaba ubicado en el límite con el terreno cultivado y constaba de un desembarcadero y un edificio que comprendía dos terrazas, anticipo de la arquitectura del templo.

Desde allí, partía una avenida de esfinges que conducía al patio inferior al que se accedía a través de un pilono. En el patio se había plantado un delicado jardín del que formaban parte los célebres árboles de incienso, provenientes de la expedición al País de Punt.

Había esfinges de la reina y cuatro lagos en forma de T, con evidentes finalidades rituales, puesto que se han encontrado entre el barro seco bumerangs y restos de troncos de plantas de papiro.

El Pórtico Inferior y la Primera Terraza.

Desde el patio se accede, al fondo, a un pórtico de una parte y de otra, de la rampa de ascenso. Está sostenido por once columnas fasciculadas y, delante de ellas, por otros once pilares cuya parte anterior es plana.

Los relieves existentes en el muro sur representan el transporte de los obeliscos de Karnak así como las ceremonias de su erección. Los relieves del muro norte muestran a la reina bajo la forma de un león triunfante sobre sus enemigos nubios, beduinos, libios y asiáticos.

También representan las ofendas de cuatro terneros al dios Amon-Min, una procesión de antepasados y el ejercicio de caza ritual en los pantanos.
La balaustrada de la rampa de ascenso a la segunda terraza muestra a la reina, de nuevo bajo la apariencia de un león.

La Segunda Terraza y el Pórtico Medio.

En la parte norte, al fondo de esta terraza, se halla un segundo pórtico sujeto por quince columnas fasciculadas con dieciséis caras cada una de ellas. Bajo este pórtico desembocan cuatro nichos inacabados.

El pórtico medio está sujeto por veintidós pilares cuadrangulares. En la parte sur del muro están recogidos los relieves que representan la expedición al País de Punt , mientras los de la parte norte representan el Misterio de la Teogamia, la entronización y la coronación de Hatshepsut.

La expedición al País de Punt tenía por objeto llevar a Egipto mirra y árboles de incienso para ser plantados en los jardines del templo ya citados más arriba. Los relieves describen como el mismo dios Amón ordenó a la reina que se llevara a cabo la expedición y muestran la ciudad de Punt. Se ve que la ciudad tenía casas construidas sobre el agua en las se penetraba por medio de escalas. Están representados el Jefe de la ciudad, los habitantes, el ganado y hasta los perros. El capitán egipcio de la expedición y la tropa que le acompaña son saludados por los habitantes del Punt mientras muestran la mercancía que han llevado desde Egipto para el trueque. También se ve allí a la reina de Punt que tenía un aspecto de mujer gruesa y deforme.

Sobre el muro del fondo la flota egipcia aparejada llega al Punt y se puede ver el transporte de los árboles de incienso plantados en macetas. En el centro del muro del fondo se puede ver a la reina ofreciendo al dios Amon los frutos de su expedición, árboles de incienso, animales salvajes, ganado, electrum y arcos.

Las escenas de la Teogamia fueron diseñadas para legitimar los derechos al trono de la reina Hatshepsut. Se trataba de reivindicar el origen divino de la reina.

Se ve al dios Jenum con cabeza de carnero modelando a la niña Hatshepsut y a su Ka sobre su torno de alfarero siguiendo las instrucciones de Amón quién, bajo la forma carnal de Thutmosis II ha fecundado a la reina madre Ahmose.

Se muestra a la reina madre embarazada mientras es conducida a la sala del parto. También se incluía en la representación de la teogamia las imágenes del dios Amón y de la madre de Hatshepsut alzados sobre las manos de diosas al cielo. Hoy estos relieves están casi desaparecidos.

Una vez que el parto se produce, la diosa Hat-Hor presenta a Hatshepsut al dios Amón y los doce 'kau' del divino infante son amamantados por doce diosas. La madre de Hatshepsut es mostrada en presencia del dios Thot, de Jenum y de Heket con cabeza de rana. Finalmente el dios Amon extiende su mano para proteger a la reina, su hija.

La Capilla de Hat-Hor.

El santuario de la diosa Hat-Hor se encuentra ubicado al lado del segundo pórtico, mitad sur, en la segunda terraza. Se accedía al mismo directamente desde el exterior al recinto del templo de Hatshepsut por una rampa. El santuario comprende un vestíbulo en forma de sala hipóstila que da acceso a una segunda sala hipóstila y el santuario propiamente dicho. Los techos estaban sostenidos por columnas fasciculadas y hathóricas y por pilares.

En la primera sala hipóstila, Hat-Hor en su forma de vaca celeste amamanta a la reina. En la segunda sala se ven desfiles de fiesta y a la reina delante de diferentes divinidades. Allí se ve la coronación de la reina por Amón y la diosa Ueret-Hekau. Otras escenas muestran a la reina amamantada por la diosa y a ella misma y a Thutmosis III haciendo ofrendas a la diosa Hat-Hor.

Otras representaciones abundantes allí como en otras partes del templo son las de Sen-en-Mut.

La capilla de Anubis está situada en el extremo norte del muro y se la dio el nombre de 'Maat-Ka-Ra es duradera de provisiones en la Casa de Anubis'.

El techo azul con estrellas está sostenido por doce columnas acanaladas. Hatshepsut y Thutmosis III hacen ofrendas a los dioses Anubis, Amón y Sokar. Anubis introduce a la reina en una serie de ofrendas a las divinidades. A esta sala desembocan tres pequeños santuarios.



La segunda rampa y la Tercera Terraza.

En la balaustrada se representa a un halcón con el cuerpo de serpiente a lo largo de todo el muro. El pórtico del fondo está sostenido por veintiséis pilares osiriacos de la reina. Una puerta de granito rosa da acceso al patio interior. Este patio interior está rodeado por una doble columnata que, en tres de sus lados, tuvo cuatro hileras de columnas.

A la derecha, en la parte norte, se abre el santuario a Ra Hor-Ajty. A través de una puerta se accede a un vestíbulo con columnas en el que hay un nicho dedicado a la reina, representada aquí como una mujer de avanzada edad. Desde la puerta este se accede al patio en el que se encuentra el altar solar al que se sube por medio de nueve escalones.

En la pared norte de esta sala hay otra capilla dedicada al culto de Anubis, al que, a su vez, adoran Thutmosis I y una reina, (probablemente Ahmose). Otra pequeña interior muestra a Thutmosis I y a su madre Senseneb y a Hatshepsut y a la madre de esta, Ahmose.

Una puerta abierta desde la parte norte del fondo del patio de la tercera terraza permite penetrar en una capilla dedicada al dios Amon-Min, adorado por Thutmosis II, Hatshepsut y Thutmosis III; la presencia de esta capilla en la parte del templo dedicada al culto real expresaba el poder generador del propio soberano bajo la forma de Ka-mut-ef, 'Toro de su Madre'. Otra capilla está consagrada a Amon y su paredra Amonet. El acceso a la estancia principal se halla en la mitad este del muro sur, a partir de un vestíbulo rectangular, al oeste del cual se accede a las capillas del rey Thutmosis I y de la reina Hatshepsut.

En esta sala espléndidamente decorada, al igual que en los nichos osirianos del patio columnado se encuentra representado Sen-en-Mut, prácticamente escondido detrás de la puerta.

La capilla consagrada al culto funerario de Hatshepsut recoge en sus muros las procesiones de sacerdotes que llevan las ofrendas, se ven también porteadores de carne, de pan y otras ofrendas como vestidos, flores, ungüentos y objetos de tocador. Sobre el muro del fondo se encontraba la estatua de culto de la reina. Una estela representa a Hatshepsut en la barca solar y en el techo hay un mapa celeste que representa las constelaciones y los decanes horarios, diurnos y nocturnos.

El Santuario.

Al fondo del patio se abre la sala del santuario que concluye en forma cruciforme. La parte inicial es la original de época de Hatshepsut en tanto que al fondo se abre una sala de época ptolemaica.

La primera sala está dotada de techo abovedado y tiene una decoración simétrica. En la parte superior del muro norte Hatshepsut y Thutmosis III, los dos de rodillas, están representados haciendo ofrendas ante la barca solar, detrás está representada la princesa Neferu-Ra.

De nuevo se ve a ambos haciendo ofrendas a las estatuas de los reyes Thutmosis I y II, seguidos de las de la reina Ahmose y de la princesa Neferu-Bity , todos ellos ya difuntos cuando fueron representados en aquél lugar.

En el muro sur se repite la misma ofrenda a todos los personajes citados.
La sala interior recoge los títulos de Cleopatra y de Ptolomeo VII, Evergetes II, bajo cuyo reinado la misma fue excavada. Allí están representados Im-Hotep seguido de su madre Jeredu-Anj, su esposa Renpet-Nefert, Neith-Amonet, y Apet bajo forma de hipopótamo; Hor-Heken y la diosa buitre Hekenut.

En el muro norte, esta figurado Amen-Hotep hijo de Hapu y Hat-Hor seguido por Ptah Nefer-Hor, Apet como hipopótamo, Hor-Heken y otra diosa hipopótamo con cabeza de león.

El final del reinado de Hatshepsut.

Todo parece indicar que la reina Hatshepsut había previsto la terminación de su magnífico templo coincidiendo con el año quince de su reinado. En dicho momento, celebraría su primera fiesta Sed.

De hecho, en el templo se encuentran representaciones de la reina realizando las carreras rituales. Con tal motivo, decidió erigir igualmente dos enormes obeliscos en el templo de Amón en Karnak, construir el octavo pilono y edificar la hermosa capilla Roja que aún nos admira.

Concluidos sus monumentos y celebrada la fiesta Sed, a partir del año 17 se entra en un periodo muy oscuro para conocer más datos de la reina, periodo que, probablemente, precede a su muerte.

Su sobrino, Thutmosis III había esperado pacientemente a que el entorno de la soberana fuera cayendo. De repente, los colaboradores íntimos de esta gran mujer fueron desapareciendo.

Primero fue su querida hija Neferu-Ra, especialmente tutelada por Sen-en-Mut, quizás su propia hija, la cual había sido designada como sucesora en el difícil camino iniciado por su madre. Después sobrevino la desaparición del propio Sen-en-Mut, sospechando los investigadores que, a la vista del estado de sus monumentos, incluso habría podido caer en desgracia antes de morir.

También parece probable que la muerte de este fiel servidor precedió a la de la propia reina y que, como consecuencia de ella, el poder de la soberana comenzó a decrecer al mismo tiempo que emergía como una terrible amenaza la sombra de su sobrino Thutmosis III.

No sabemos nada de las circunstancias de la muerte de la reina. Por ello, todas la hipótesis pueden ser consideradas, ya sean estas la muerte natural, el asesinato en una revolución palaciega o por venganza de los partidarios de Thutmosis III.

Lo que sí parece cierto es que la memoria de la reina fue objeto de persecución. Nada más morir o quizás un poco antes, sus estatuas en Deir-el Bahari comenzaron a ser destruidas. Dicha persecución pudo haberse producido al final del reinado de Thutmosis III.

En todo caso, los soberanos ramésidas se encargaron de concluir la tarea iniciada ciento cincuenta años antes, borrando con saña el nombre de la graciosa soberana de cualquier monumento donde el mismo fuera hallado para, de ese modo, suprimirla de la memoria de Egipto.

Su templo de Deir-el-Bahari fue gradualmente destruido en una lenta decadencia que, no obstante, le permitió sobrevivir hasta la época ptolemaica.

Instaurado el cristianismo en Egipto, las ruinas de este esplendente monumento aún servirían para alojar habitantes y anacoretas, siendo fundado un cenobio que dio el nuevo nombre con que hoy se le conoce: 'El Convento del Norte'.

Sin embargo, nada de lo acaecido parece hoy haber sucedido realmente. Deir El Bahari vuelve a ser 'El Esplendor de los Esplendores' con el que soñó la delicada reina, el Dyeser-Dyeseru que para ella creó su amado.

De hecho, hay quien diría que, en los dorados atardeceres tebanos aún se pueden contemplar las amorosas siluetas unidas de Hatshepsut, Sen-en-Mut y Neferu-Ra, paseando por las salas y galerías de su eterno y renovado monumento, entre los pétreos y amorosos cuernos de la divina Hat-Hor que los protege por toda la eternidad.

Teresa Bedman
Egiptóloga



Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman

Artículos y comunicaciones

Lunes, 8 de Octubre 2007 - 13:29

Esta comunicación, producida en el marco del ciclo 'Tebas, los dominios del dios Amón', tuvo por objeto formular una síntesis actualizada del Templo de Amon de Karnak para ponerla a disposición del público que asistió a las conferencias impartidas en el Museo de San Isidro de Madrid celebradas entre los días 15 de noviembre y 20 de diciembre de 2001.


Templo de Karnak. Segundo pilono y Kiosco de Taharka
Templo de Karnak. Segundo pilono y Kiosco de Taharka

El conjunto de los templos de Karnak, en la actual ciudad de Luxor, en el Alto Egipto, constituye el área arqueológica más extensa del mundo. Aunque se ha trabajado en este lugar desde la creación del Servicio de Antigüedades en 1858 , fue en el año 1967 cuando se estableció una misión permanente constituida por un equipo mixto franco-egipcio, integrado en el Centro Franco-Egipcio para el Estudio de los Templos de Karnak (CFEETK), para excavar, consolidar y reconstruir los restos de la que fuera la mayor ciudad religiosa conocida del antiguo Egipto.

Los primeros exploradores modernos.

Los primeros viajeros que llegaron a Tebas después de la conquista árabe de Egipto, entre los siglos XII al XV, más propiamente peregrinos que exploradores, solo se sintieron interesados, conforme a la corriente de la época, por la visita y conocimiento de los lugares vinculados a los relatos del Nuevo Testamento.

A partir del siglo XVII otros viajeros, esta vez con fines lucrativos, llegaron a recorrer el Alto Egipto con la intención de controlar las rutas comerciales del mar Rojo.
En el año 1589 un veneciano cuyo nombre no nos ha llegado, describió por primera vez conocida las ruinas de los templos de Karnak.

Después vendrán los viajes de los padres capuchinos Protasio y Francisco y del padre Vansleb. A partir de los relatos que le fueron entregados a éste último por los citados capuchinos ha llegado hasta nosotros una de las primeras descripciones conocida, hecha por viajeros occidentales, a propósito de las ruinas de Karnak; no obstante, hay que decir que, aunque descritas, no fueron identificadas con el gran conjunto de templos construidos al servicio y mayor gloria del antiguo dios Amón de Tebas.

La primera vez que, a sabiendas del lugar que se visitaba, se hizo una exacta descripción del mismo, fue cuando el jesuita Claude Sicard viajó a Tebas y a las ruinas de los templos de Karnak, lo que acaeció en el verano del año de 1718 , ochenta años antes de que los sabios de la expedición napoleónica explorasen aquéllos venerables restos para realizar los dibujos que, luego, permitirían mostrar todo su magnífico esplendor al asombrado mundo occidental.

Nos dice el viajero francés:

"¿Qué elogios no ha dado toda la antigüedad a Tebas, llamada en otro tiempo Dióspolis Magna?. No hay autor, que no hable de ella como de una ciudad cuya grandeza y hermosura excedía a toda ponderación…. No hay paraje alguno en Egipto donde se encuentren tan hermosos monumentos y tantas cosas dignas de nuestra curiosidad. Pondré algún ejemplo: al este del Nilo se ven seis puertas enteras del castillo en que estaba el palacio de los reyes de Tebas….

Al salir por cada puerta se encuentra una calle larga de esfinges y de todas las especies de estatuas de mármol que mostraban el camino a palacio. Nada es éso en comparación del salón grande de palacio. Lo sostenían 112 columnas de 72 pies de alto y de 12 pies y un tercio de diámetro, pintadas y cubiertas todas de figuras en relieve. Fuera del salón, están también pintadas las murallas y el techo en diferentes peristilos. Se pueden contar hasta mil columnas, cuatro colosos de mármol y muchos obeliscos…."

Aquel esplendente conjunto que se esparcía a unos 300 metros de la orilla del río Nilo, extendiéndose sobre más de un kilómetro y medio en dirección al este, eran las ruinas de la antigua y santa ciudad donde, durante más de dos mil años, reinó el soberano de todos los dioses: Amón.


Amón, ¿Quién eres?.

Los textos de las Pirámides, conocidos por primera vez a partir de ejemplos de la dinastía V (hacia 2465-2325 a. de C.) , recogen alguna mención de este oscuro dios tebano cuyo nombre significa "el oculto" , y una de cuyas antonomasias era "aquel que se ha creado a sí mismo y cuya manifestación no es conocida".

Este antiguo dios, señor del aire, patrón de los bateleros de la zona de Koptos desde tiempo inmemorial, fue concebido como dios local en la ciudad por definición, Niut, la 'Tebas de las cien puertas' de los relatos homéricos .

En principio, fue una divinidad poco importante pero, con la instauración de la dinastía XII, durante el Imperio Medio (1991-1650 a. de C.), se convirtió en la principal divinidad protectora de la casa real.

Su culto comenzó a incrementarse, y Tebas, dejó en segundo término al que había sido hasta entonces su dios más destacado, Montu, para entregarse al de la divinidad que la convertiría en una de las capitales religiosas más poderosas del mundo antiguo.

El dios Amón se mostraba a los ojos de los hombres bajo aspecto humano, ciñendo en su cabeza un casco con dos altas plumas, y llevando en su mano derecha el cetro del poder que, a su vez, expresaba el símbolo ideográfico de la propia ciudad de Tebas.

A él se asimilaron otros cultos antiquísimos como el de la fertilidad, regida por el dios Min ; con el tiempo, después de extender su tutela a los poderosos reyes del Imperio Nuevo, finalmente, acabó enfrentándose a ellos, tornándose entonces en el dios Amón-Ra, imagen del disco solar en la bóveda celeste.

Doblegada la realeza a sus pies, al final del Imperio Nuevo, devino en "rey de todos los dioses". Él, que fue el primero, 'el increado', se convirtió de este modo en el auténtico soberano de todo Egipto.

Así, Amón, formó parte de la creación del poder de Egipto sobre el mundo y acabó poseyendo él mismo a la tierra negra, causando también, su decadencia y la extinción de su grandeza.

La familia sagrada de Karnak.

Amón fue oportunamente dotado por los teólogos tebanos de Karnak de una esposa, la diosa Mut , la madre por excelencia, y de un hijo, Jonsu, el dios lunar que completaba con su padre el dominio de los astros.

Amón también adoptó para manifestarse la forma del carnero, emblema de la potencia generadora. Este animal sagrado esparció su imagen por todos los rincones de su templo en Tebas, pero no fue la única efigie en la que se podía reconocer al dios: también la oca fue utilizada como forma animal de su manifestación divina.

Así pues, Amón fue el amo y señor de la ciudad santa de Karnak en el corazón de Tebas y reinando allí, lo hizo sobre todo el mundo.

El lugar de Karnak.

La palabra árabe Karnak significa 'castillo', 'ciudad fortificada'. Tal denominación se ciñe perfectamente a la realidad de esta ciudad, puesto que la misma se halla construida en el interior de un muro de ladrillo que, en origen, debió tener más de veinte metros de alto. Su nombre egipcio más genuino fue el de "Ipet Sut" que significaba "el más venerable de todos los lugares", refiriéndose desde luego al recinto sagrado donde se encontraba el santo de los santos del templo.

En efecto, así fue. La ciudad de Karnak, comenzada a construir quizás en tiempos del Imperio Antiguo , llegó a ser probablemente el más sagrado entre todos los lugares religiosos de Egipto.

La llamada "Lista de los antepasados" , elaborada en tiempo de Thutmosis III para rememorar a todos los reyes que hicieron algo en favor del dios Amón en aquél lugar, cita en su encabezamiento al propio Snefru, el último rey de la dinastía III, hacia el 2613-2589 a. de C.

Sin embargo, la primera mención en los textos respecto a la existencia de un templo dedicado al dios Amón en Karnak se remonta a una época algo anterior al reinado de rey Antef II, durante el Primer Periodo Intermedio, hacia el 2112-2063 a.C.

El segundo soberano de la dinastía XII, el gran Sesostris I, hacia el 1965-1920 a. de C., hizo obras en el santo de los santos del templo, dedicando un naos para acoger la estatua del dios. También mandó erigir, con motivo de su fiesta Jubilar, una capilla-reposadero para la barca procesional del dios.

Pero el gran auge de Karnak vino de la mano de los reyes de la dinastía XVIII. A partir de dicho momento, hacia el año 1554 a. de C. y hasta el 313 d. de C., Karnak no haría más que crecer, transformarse y ampliarse sucesivamente bajo todos los reyes nacionales y extranjeros, incluidos los emperadores de la poderosa Roma.

Así pues, ininterrumpidamente, durante dos mil trescientos años existió en Karnak culto continuado con sus cánticos, rituales y misterios; durante ese enorme periodo de tiempo Karnak acogió las oraciones y plegarias de un pueblo piadoso, pero también fue el centro del poder político en Egipto.

El desarrollo constructivo de Karnak.

Karnak conoció sus etapas de construcción sucesiva conforme a los programas de reinado de los diferentes soberanos egipcios.

A partir del santuario inicial del Imperio Medio, el templo de Amón se desarrollaría en dirección oeste, perpendicularmente al río, como era habitual para casi todos los templos egipcios. Este eje Este-Oeste, se complementaría con otro, Norte-Sur, que daría al conjunto monumental su definitiva configuración.

Karnak, más que ningún otro monumento de culto en Egipto, fue la imagen viva del universo egipcio. Se construyó siguiendo las direcciones de los dos principales fenómenos físicos que regían toda la vida del país: el sol en su trayectoria celeste y el río Nilo en marcha desde el sur hacia el norte.

En sucesivas etapas constructivas, el santuario, el 'Ipet Sut' por excelencia, se fue rodeando de salas, ampliándose con patios y pilonos, con sus puertas, en dirección a la orilla del Nilo para, en un momento determinado, creando su nueva dirección hacia el sur, relacionarse con el templo de la diosa madre 'Mut' y, más allá, a ocho kilómetros de distancia, establecer el 'Harén Meridional', lugar al que se trasladarían una vez al año el dios con su familia para celebrar la Fiesta de Opet.

Amen-Hotep I, (1526- 1506 a. de C.), hijo del fundador de la dinastía XVIII, asumió la continuación de la obra en el estado en que se encontraba el templo desde el Imperio Medio. Para ello, construyó capillas realizadas en piedra calcárea, alrededor del muro de protección que albergaba el santuario del Imperio Medio.

Su sucesor, Thutmosis I, (1506-1493 a. de C.) continuó su proyecto constructivo, rehaciendo el recinto del Imperio Medio. Al final de su reinado, dicho recinto se había rodeado por otros dos de forma rectangular, separados entre sí por un deambulatorio.

Elevó el primer pilono construido en Karnak, hecho con piedra arenisca y revestido de calcárea. Quizás también el primero de toda la historia de la arquitectura egipcia.
Sustituyó la gran puerta de Amen-Hotep I por otro pilono más, creando, de este modo, bajo la dirección de su arquitecto Ineni, una sala con techo que los textos llaman Uadyet.

Delante de este pilono (ahora numerado el cuarto) alzó dos obeliscos de granito rosa cuyos piramidiones estaban guarnecidos de oro.

Thutmosis II, (1493-1478 a. de C.) hijo del anterior, ordenó hacer ciertas obras de menor importancia en el templo. Quizás una puerta monumental para la entrada principal, delante de la cual se alzarían otros dos obeliscos, en un patio ceremonial llamado 'Patio de Fiestas' y una capilla-reposadero para la barca procesional de Amón, hecha de alabastro; éstas fueron, probablemente, sus únicas obras en Karnak.

Cuando la reina Hatshepsut llega al trono (1478-1458 a. de C.) el ritmo constructivo de Karnak crece enormemente.

Su primera obra consistió en sustituir la capilla-reposadero de Amen-Hotep I por otra, que hoy conocemos como la 'Capilla Roja', por estar construida con bloques de cuarcita roja del Guebel El Ahmar.

Este fue el centro del llamado 'Palacio de Maat', para lo que hubo que modificar el espacio existente delante del santuario del Imperio Medio. A ambos lados de la capilla se elevaron otras para las ofrendas y se convirtió la Uadyet de Thutmosis I en un patio al aire libre donde se elevaron dos enormes obeliscos forrados con un capuchón de electrum.

Fue bajo las órdenes de Hatshepsut cuando se inició el trazado definitivo del eje Norte-Sur de Karnak que ya había sido tímidamente iniciado por sus antecesores.

Erigió un pilono (hoy el octavo) que marcaría los límites del templo por el sur. Esta vía era la utilizada durante su reinado por la familia tebana en su salida anual, en procesión terrestre, hacia el Harén meridional con motivo de la Fiesta de Opet. Trazó una vía bordeada de esfinges para unir el templo de Amón con el de Mut.
Finalmente erigió otros dos obeliscos más en la zona este del santuario.

Thutmosis III (1458-1425 a. de C), hizo propias las obras de su tía y madrastra. Además, él ordenó elevar dos pilares heráldicos símbolos del Alto y del Bajo Egipto, a ambos lados de la capilla roja de su antecesora.

Añadió dos obeliscos más entre los de Thutmosis I y Thutmosis II, de tal modo que, en su estado final, un grupo de seis agujas de piedra conducían a la entrada del templo desde el patio ceremonial.

La sala Uadyet se enriqueció con dos hileras de seis y cuatro columnas, respectivamente, al Sur y al Norte.

Al otro lado del área del Imperio Medio, detrás del santo de los santos, en dirección Este, construyó un santuario con eje transversal (Norte-Sur) respecto el principal del templo, llamado Aj-Menu. Dotó a la nave central de dicho edificio con veinte columnas representando mástiles de madera al estilo de los que se utilizaban para sujetar las tiendas de tela. Dicha nave central fue flanqueada por otras dos cuyos techos estaban sujetos con pilares cuadrados.

Allí se celebraban ceremonias destinadas a obtener la regeneración del poder del rey gracias a la intervención divina de Amón.

Detrás de estas salas existe un dédalo de habitaciones y estancias que probablemente estaba destinado, entre otras cosas, a contener los volátiles con los que se hacía el rito de 'la suelta de las aves', y las plantas que representaban el poder generador de la naturaleza, para ser empleadas en el contexto de las ceremonias de renovación del poder Real, con motivo del Año Nuevo.

En el ángulo formado entre los grupos arquitéctonicos de los ejes del templo, Thutmosis III ordenó excavar o quizás agrandar, un magnífico Lago Sagrado.

Delante del pilono de Hatshepsut, (hoy el octavo) hacia el norte, construyó una gran puerta de granito rosa flanqueada por las dos torres de otro pilono, (hoy numerado el séptimo) con dos obeliscos más, delante de su cara sur, para cerrar un patio ceremonial en la vía sur.
Amen-Hotep II (1425-1401 a. de C.), no llevó a cabo demasiadas obras en Karnak, solo se conoce un edificio, situado entre el IX y el X pilonos, en la vía procesional del sur, donde el mismo quedó recogido cuando aquéllos se construyeron. Esta edificación quizás fuera alzada con motivo de la fiesta jubilar del rey. Los restos de otro edificio se acumulan hoy en el Museo al aire libre de Karnak Norte.

Thutmosis IV (1401-1390) reanudó los trabajos en Karnak, principalmente en el eje solar.
Añadió al 'Patio de Fiestas' de Thutmosis II un pórtico con pilares construido con piedra arenisca. A la entrada del templo propiamente dicho se ordenó alzar un porche entre los dos obeliscos de Thutmosis I. Sus columnas estaban chapadas con electrum y soportaban una pequeña estructura de madera.

También decidió concluir las obras de erección de un obelisco mandado esculpir por Thutmosis III, su abuelo, quien no vivió lo bastante para verlo alzado en el templo de Karnak. Fue erigido en la parte Este del templo, en un pequeño lugar de culto. Este obelisco, finalmente, sería enviado a Roma por orden del emperador Constantino (274-337 de C.), quien tampoco vivió para verlo erigido; de ello se ocupó su hijo y sucesor, Constancio II.

El 3 de agosto de 1588 pasó a formar parte del diseño urbanístico de la Plaza de San Juan de Letrán, por mandato del Papa Sixto V.

Thutmosis IV ordenó también la construcción de una capilla-reposadero de la barca de Amón que, posteriormente, sería desmontada y almacenada bajo el tercer pilono.
Amen-Hotep III (1390-1352 a. de C.) llevó a cabo grandes obras de ampliación en Karnak. Su arquitecto Amen-Hotep, hijo de Hapu se encargó de remodelar, en un plan de conjunto, todo el templo.

En el eje este-oeste, desmontó el 'Patio de Fiestas' de Thutmosis II y el porche de su padre y lo enterró bajo los cimientos del gran portal con pilono (el tercero del orden actual) que construyó como entrada al templo. Delante de éste erigió una doble columnata de cinco columnas a cada lado, delante de ella, tras un portal de acceso una vía procesional de esfinges criocéfalas que llegaban hasta el embarcadero divino.

Para rellenar este gran pilono, el más alto de los que hasta entonces se habían construido, desmontó una serie de monumentos más antiguos, tales como la capilla-reposadero de época de Sesostris I.

En el eje norte-sur realizó importantísimas obras, diseñando una vía procesional a partir del pilono de Hatshepsut hasta otro nuevo (el décimo de orden actual) que adelantaba la salida del templo hacia el recinto de la diosa Mut.

Delante se colocaron dos colosos de cuarcita de más de veinte metros de altura, cada uno. También inició probablemente la construcción de una gran vía procesional flanqueada por esfinges que, concluida por Ramsés II y otros reyes posteriores , iba desde el templo de Jonsu, hasta la nueva gran obra de Amen-Hotep Hijo de Hapu, el templo del Harén Meridional (hoy llamado de Luxor).

En el propio recinto de la diosa Mut reconstruyó completamente el templo y renovó sus espacios interiores.

Su hijo y corregente, Amen-Hotep IV (1362-1345 a. de C.), realizó diversas obras en el interior del templo participando en la decoración de la pared norte del vestíbulo del tercer pilono.

También ordenó construir diferentes santuarios atonianos identificados solamente por los relieves existentes en los talatats con los que se rellenaron otras edificaciones posteriores. Su gran obra en el interior de Karnak fue la edificación de un templo dedicado al dios Ra Hor-Ajty, que luego fue desmontado, cuya ubicación original aún no se conoce con certidumbre.

En el año segundo de su corregencia decidió construir, casi pegado al recinto de Amón, pero fuera de este, en la parte Este, un templo-palacio llamado Gemet-Pa-Iten dedicado a dar culto a su nuevo dios Aton.

Cuando el rey hereje abandonó Tebas y cambió su nombre por el de Aj-en-Aton, las obras en Karnak se paralizaron, no siendo reiniciadas hasta su muerte con la restauración de la ortodoxia bajo el rey Tut-Anj-Amón y sus sucesores.

Hor-em-Heb (1340-1314 a. de C.) después de asumir el poder para sacar a Egipto del caos en el que se encontraba tras el cisma amarniense, se dedicó en Karnak a desmantelar el templo de Aton, rellenando con sus bloques de pequeño tamaño el interior del pilono (hoy con el número nueve) que, ordenó construir en la vía procesional del sur.

Concluyó el décimo pilono iniciado bajo Amen-Hotep III y colocó en su parte exterior una copia del célebre Decreto dictado para erradicar la corrupción que, al parecer, asolaba todo Egipto.

En el eje este-oeste construyó, al término de la columnata de Amen-Hotep III, un pilono (hoy el segundo de orden), que se convirtió en la fachada exterior del edificio.
La magna aportación de Sethy I y Ramsés II (1294-1213) en el templo de Amón de Karnak, fue la construcción de la gran Sala Hipóstila entre los pilonos II y III. El nombre que le fue impuesto era 'Sethy-Mer-en-Ptah es santo en la Casa de Amón'.

Aprovechando la vía procesional de las doce columnas papiriformes abiertas, construidas bajo Amen-Hotep III, añadieron otras sesenta y una columnas a cada uno de los lados de la misma, esta vez de orden papiriforme cerrado.

La sala quedaba cerrada por sus cuatro lados con otras tantas puertas principales que establecían los dos ejes norte-sur y este-oeste para desarrollar en su interior los diferentes rituales, tales como la Procesión de la Renovación Real.

Finalmente, el techo que cubría toda la sala en dos alturas diferentes, proporcionaba la penumbra necesaria para facilitar el desarrollo de los misterios que allí se solían representar.

Los demás ramésidas (1213-1196) no ejecutaron en Karnak obras trascendentes dado que la situación política y social de Egipto se iba degradando cada vez más.
Sethy II construyó delante del pilono de entrada, en la parte nor-oeste del patio existente entonces, un templo-reposadero para las barcas de la triada tebana.

Sería Ramsés III quien ordenase construir otro templo reposadero en el ángulo sud-este del mismo espacio ritual.

Durante el llamado Tercer Periodo Intermedio (1070-715 a. de C.) los reyes libios diseñaron la construcción de un gran patio ceremonial que abarcaría, desde el segundo pilono de Ramsés II, hasta otro que comenzaron a construir, pero que nunca terminaron.

El proyecto acogía en su interior a los templos-reposadero de Sethy II y de Ramsés III y estaba dotado con sendas filas de columnas adosadas a sus muros norte y sur.
La Baja Época (747-362 a. de C.) trajo a Karnak las últimas construcciones importantes. En el patio ceremonial de los Bubástidas, Taharka, rey de la dinastía XXV hizo erigir un pabellón-reposadero para la barca de Amón circundado por diez enormes columnas de orden papiriforme abierto.

Para permitir tal construcción se hubo de trasladar la vía procesional de esfinges criocéfalas a derecha e izquierda del patio ceremonial.
En la zona del Lago construyó otro edificio también ceremonial en el que dejó muestras de los ritos de regeneración del dios Amón.

Bajo la dinastía XXX, la última indígena, el faraón Nectanebo I ordenó erigir y redefinió el muro perimetral del templo, prosiguiendo la edificación, sin terminarla, del primer pilono, que quedó en el estado en el que actualmente se puede contemplar.

Para la época posterior a la conquista de Alejandro Magno quedaron obras menores tales como la construcción de una nueva capilla-reposadero para la barca de Amón, hecha bajo el reinado de Filipo Arrhideos, y la decoración de ciertas partes del templo llevadas a cabo por los Ptolomeos y los emperadores romanos.

Los otros templos del recinto de Karnak.

Dentro de la muralla de ladrillo que protegía el recinto de Karnak se construyeron más templos dedicados al culto de otras divinidades asociadas directa o indirectamente con el dios Amón.

Los tres templos más importantes allí existentes fueron edificados durante la dinastía XVIII. El primero de ellos, el del dios Jonsu, fue, en origen, una capilla de Amen-Hotep II reutilizada por Ramsés IV como reposadero de la barca ceremonial de dicho dios.

En origen había existido un templo construido en tiempo de Amen-Hotep III que fue remodelado por sus sucesores, Ramsés III y Ramsés IV. Al final de la dinastía XX, Ramsés XI y, Heri-Hor completaron su decoración, que fue definitivamente terminada en tiempo del emperador Augusto.

En la salida de la vía procesional del templo hacia el sur se edificó, en época ptolemaica, un gran portal que fue decorado bajo las órdenes de Ptolomeo III, Evergetes I.

El Templo de Opet, dedicado a la diosa Opet Ta-Ueret, fue erigido en el lugar donde Thutmosis III y Amen-Hotep II ordenaron construir una capilla para la misma diosa. Después, el faraón Taharka y, más tarde, Nectanebo I, construyeron la capilla-templo tal como hoy la conocemos. Fue profusamente decorada en tiempos de Ptolomeo VIII Evergetes II y Ptolomeo XII, incluyéndose también textos y titulaturas del emperador Augusto.

El otro santuario dentro del recinto de Amón es el templo del dios Ptah-al-sur-de-su-muro. En origen de época de Thutmosis III, fue restaurado y agrandado por Takelot I, Shabaka y los soberanos Ptolomeos.

Diseminados por la parte norte del recinto del templo de Amón se construyeron varias capillas dedicadas al culto del dios Osiris, sobre todo a partir de la dinastía XXII en adelante.

De esta manera, diferentes divinidades compartieron con el rey de todos los dioses su sólida y amplia morada en la ciudad de Tebas.

Los ritos en la Casa de Amón

El templo de Amón en Karnak era la gran maquinaria que hacía marchar al mundo. Día tras día, a lo largo de los milenios, allí se desarrolló el culto divino diario con arreglo a un horario estricto determinado por los sacerdotes astrónomos que observaban el cielo, día y noche.

Las ofrendas alimentarias, líquidas y sólidas se hacían cuatro veces al día y en las fiestas especiales señaladas se hacían mejores y más abundantes. Entregado lo más selecto de los productos al dios Amón, y a las demás divinidades que residían en sus capillas dentro del recinto, el resto volvía a las dependencias sacerdotales para servir de alimento al clero y, en ocasiones, cuando los excedentes eran extraordinariamente abundantes, eran repartidos entre el pueblo piadoso de Tebas que, de este modo, compartía la gloria del dios y sus beneficios.

En todos los templos egipcios y, en particular en el de Amón de Karnak, existían calendarios de festividades durante las cuales se hacían ritos especiales diferentes de los diarios. Eran estas festividades las encargadas de ayudar los cambios de estaciones o de ciclos tales como la llegada de la crecida del Nilo que traería el año nuevo de las aguas altas, o el año nuevo de las cosechas, o el fin del año astral con la celebración del año nuevo solar etc…
Pues bien, el templo de Amón recogía en su interior las salas y estancias para desarrollar y cubrir todos los actos y circunstancias necesarias para la marcha del ordenado mundo egipcio.

La celebración de la realeza en Karnak.

Básicamente, en las estancias del templo de Amón, aparte el santo de los santos donde residía la imagen divina, se establecían las dependencias necesarias para realizar la coronación real imponiendo al soberano las coronas del Sur y del Norte.

Ungido, bautizado y consagrado, el rey se identificaba como dios y, a la vez, como hijo de Amón. En época de Thutmosis I, estas ceremonias se llevaban a cabo en la Sala denominada Uadyet, entre el cuarto y el quinto pilonos.

Tuhtmosis III mandó edificar al otro lado del recinto sagrado el edificio llamado Aj-Menu.
En sus dependencias estaba representado todo el universo y, cada año, se volvían a repetir, en el aniversario de la coronación las ceremonias de renovación de la realeza. Allí se celebraban las ceremonias del agua nueva del Nilo que fertilizaría de nuevo las tierras de Egipto. El rey de modo simbólico traería en una vasija el agua de la crecida desde Assuan para repartirla por todo Egipto.

En época de los ramésidas se construyó la Gran Sala Hipóstila para realizar todas estas ceremonias. En aquéllos lugares el rey recibía el país y el poder de las manos de su padre, Amón.

Lo que antes se había llevado a cabo en la Sala Uadyet de Thutmosis I, fue exigiendo marcos más esplendentes y grandiosos para una monarquía cada vez más exultante y consciente de su papel dominador universal.

De este modo, las ceremonias aseguradoras de que los ciclos anuales naturales se cumplirían puntualmente por la intermediación y la armonía entre el rey y dios, se llevaban a cabo con la presencia del soberano quien, a cambio de su culto, volvía a recibir la confirmación de la realeza entregada por el divino Amón a su hijo.

Las Fiestas Exteriores

Había dos ocasiones al año en las que el dios Amón con todo su esplendor y acompañado de su santa familia, la diosa Mut y el dios Jonsu, abandonaba la ciudad de Karnak para ir a celebrar ciertas festividades.

La Fiesta de Opet

La más solemne de todas las liturgias exteriores era la de Opet.
Atestiguada por primera vez conocida en tiempos de la reina Hatshepsut no cambiará su desarrollo demasiado a lo largo de toda la dinastía XVIII.

Saliendo de sus santuarios transportadas por los sacerdotes, las tres imágenes divinas tomaban el camino de Luxor, donde había un reposadero y un pequeño templo que luego sería enormemente agrandado en tiempos de Amen-Hotep III. En su interior se celebraban ritos no explícitos en los que se renovaba la naturaleza divina de la realeza del soberano a partir de una recreación de la concepción y el nacimiento del rey como hijo carnal de Amón.

Celebrada, a partir del décimo noveno día del segundo mes de la inundación (Ajet), concluía el décimo día del tercer mes de la misma estación. Aunque en época ramésida y posteriormente se alargaría mucho más su duración.

Durante esos días la inundación regeneraba la tierra egipcia, haciendo germinar bajo el líquido de la crecida la promesa de la nueva cosecha y la vida renovada de los campos.

Retirado Amón en su recinto secreto, en su harén, también se producía la nueva creación del Ka del rey. Ambos, rey y dios, experimentaban el misterio de su nacimiento divino renaciendo de su propia sustancia en el tercer mes de la inundación.

Concluído el misterio, renovada la tierra y la naturaleza toda, Amón volvía río abajo hacia su residencia permanente. El pueblo volvía también a su vida cotidiana con la seguridad de que la vida continuaba para él, su familia y sus ganados.

La Bella Fiesta del Valle

En el segundo mes de la estación seca (Shemu) coincidiendo con la luna nueva y con el final de la recolección de la cosecha, comenzaba el viaje de Amón hacia el occidente de Tebas.

Dejando Karnak durante doce días Amón partía en su barca sagrada hasta la altura del templo de Luxor para, cambiando su rumbo, cruzar el río, y entrando por uno de los canales que surcaban la otra orilla, dirigirse hacia la tierra de los occidentales, es decir, de los muertos.

La primera parada la hacía a la altura de Medinet Habu, cerca del Valle de las Reinas. Allí la barca divina con la imagen de Amón era recibida en un templo llamado el Dyemé. Desde allí la imagen del dios visitaba a los templos funerarios reales donde le salían a recibir las imágenes divinas de los soberanos ya muertos y convertidos en dioses.

Las necrópolis de los nobles y las de las gentes populares también eran visitadas por el dios y el pueblo de Tebas. Todos se dirigían a la orilla occidental para limpiar y adornar los monumentos funerarios, participando con gran alborozo en la gozosa fiesta de la rememoración de los difuntos.

El dios Amón se despedía de sus visitas el último día en las proximidades de Deir El-Bahari. Por la noche de esa última jornada, los sacerdotes realizaban el rito de la antorcha, rememorando la ceremonia del fuego nuevo del primer día del año.

Durante esa noche toda la necrópolis se iluminaba con miles de puntos de luz como las estrellas del firmamento, evocando las almas de los difuntos ya justificados. Entonces, se celebraban cenas familiares en las capillas de las tumbas. Banquetes funerarios en los que los participantes bebían vino y cerveza a la salud de Amón y de los difuntos.

Al día siguiente, el dios Amón y su familia, la diosa Mut y el dios Jonsu, abandonaban la orilla occidental para volver a sus residencias en Karnak.

Tales eran las celebraciones y ritos cuyo centro vital estaba ubicado en Karnak, la gran ciudad del dios Amón de Tebas. Una vez más, se habían cumplido los ciclos naturales para el dios, el rey, los vivos y los muertos. Egipto estaba dispuesto para abordar un nuevo año, entre los innumerables venideros, bajo la égida del gran rey de todos los dioses, el divino Amón-Ra de Ipet-Sut.


Francisco J. Martín Valentín.
Egiptólogo
Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman

Se ha presentado en La Fundación General de la Universidad Complutense de Madrid la Memoria de Actividades del Curso Acádemico 2006-2007, con la valoración de sus logros en al campo de la egiptología


Los Profesores Manfred Bietak, Francisco Martín Valentín y Federico Lara Peinado
Los Profesores Manfred Bietak, Francisco Martín Valentín y Federico Lara Peinado

Concluido el segundo curso académico de actividades de la ‘Cátedra de Egiptología José Ramón Mélida’, el correspondiente al año 2006/2007, es el momento de hacer un balance de los resultados docentes y de efectividad en el funcionamiento de la cátedra y sus integrantes.

Ha de expresarse la satisfacción por los resultados y efectos de la docencia de la egiptología como área de conocimiento independiente que se está llevando a cabo a través de la Cátedra José Ramón Mélida, en el seno de la Fundación General de UCM.

La demanda social de la institucionalización de la enseñanza de la egiptología en nuestro país está empezando a recibir una respuesta adecuada por medio de los instrumentos docentes de los que la Fundación dispone, los cuales han sido generosamente puestos a disposición de nuestro departamento egiptológico.

Tales son los Cursos de Verano de la Universidad Complutense de Madrid, las Escuelas Complutenses de Verano y, las llamadas ‘Actividades de formación abierta’ que han acogido los cursos oportunamente propuestos por nuestro departamento, y aprobados por la Comisión de seguimiento de la cátedra.

La aceptación que dichos cursos han tenido por parte del alumnado ha sido extraordinariamente positiva. No solo, por parte de alumnos de nuestra Universidad, lo cual es un referente y, al mismo tiempo, una confirmación de que la cátedra cumple con su primera y originaria vocación hacia su propio y original entorno, sino por parte de alumnos de otras procedencias que, finalmente, son los genuinos representantes de la sociedad a la que van dirigidas las actividades de la Fundación General de la UCM, según su marco legal y estatutario.

La otra vertiente de nuestras actividades docentes, tiene su reflejo en el profesorado elegido para hacerse cargo de la enseñanza de las disciplinas que configuran la ciencia de la egiptología.

Dentro de la doble y natural dificultad con la que, de inicio, nos encontramos al iniciar nuestra singladura: de una parte, la práctica ausencia de profesores titulados en egiptología de nuestra Universidad y, de otra, la imposición estatutaria de limitación de cupo para incorporar profesorado de egiptología con el adecuado perfil, procedente de fuera de nuestra Universidad, se ha producido un hecho relevante y muy positivo.

Tal acontecimiento es la brillante aportación del profesorado especializado aportado por el Instituto de Estudios del Antiguo Egipto, entidad responsable junto con la Fundación General de la UCM, de la fundación y marcha de la cátedra, y la progresiva incorporación de numerosos profesores de las áreas de conocimiento de filología, historia antigua y arqueología, todos ellos de nuestra Universidad, lo que abre las puertas de nuestra cátedra al profesorado propio.

Con ambas incorporaciones se conseguirá de modo progresivo y equilibrado dar una solidez de futuro a la obra iniciada.

De una parte, se ha ir conociendo por los posibles alumnos y en los ambientes adecuados que existe una actividad docente estable de egiptología en nuestra Universidad; de la otra, se ha de ir estableciendo un cuerpo docente especializado en egiptología que quizás sea el núcleo de un futuro proceso de consolidación de la enseñanza de la egiptología en la Universidad Complutense de Madrid.

Falta, si acaso, hacer una prudente proyección del futuro que, probablemente aguarda a nuestra cátedra, si se sucediesen los apoyos necesarios, tan sólidamente como hasta el momento presente éstos se han producido.

Lo deseable sería progresar lenta y firmemente en el camino iniciado para poder concluir ofreciendo a la Universidad y a la sociedad en general en años venideros, la realidad de una sólida institución académica con perfiles y naturaleza especiales, como corresponde al ámbito en el que se desarrollarán nuestras actividades, el de la Fundación General de la Universidad Complutenses de Madrid.

Todo lo dicho hasta ahora, avala la viabilidad del proyecto que inició su camino en octubre del año 2005.

Estamos, por tanto, convencidos de que la cátedra de egiptología ‘José Ramón Mélida’ no hará sino crecer en sus actividades y prestigio, y por ello y para ello seguiremos trabajando todo el equipo que la integramos en este momento.

Madrid, 27 de septiembre de 2007



Federico Lara Peinado
Francisco J. Martín Valentín




CÁTEDRA DE EGIPTOLOGÍA ‘JOSÉ RAMÓN MÉLIDA’ FUNDACIÓN GENERAL DE LA UCM MEMORANDO DE ACTIVIDADES DESARROLLADAS (CURSO ACADÉMICO 2006/2007)

A) CURSO DE INTRODUCCIÓN AL EGIPCIO MEDIO ESCRITO EN SISTEMA JEROGLIFICO

Directores: Prof. Dr. Federico Lara Peinado
Dr. Francisco J. Martín Valentín

Programa:

18.03.07 Tema 1.- El largo camino del desciframiento.

26.03.07 Tema 2.- La Escritura jeroglífica, un sistema pictográfico global.

16.04.07 Tema 3.- Las etapas de la lengua escrita. Las distintas clases de escritura. Textos y fuentes escritas.

23.04.07 Tema 4.- Las distintas clases de signos: Fonéticos e ideográficos.

03.05.07 Tema 5.- La Composición de la palabra escrita. El dualismo como concepto básico.

07.05.07 Tema 6.- Morfología (I): El sustantivo, el adjetivo y el pronombre.

21.05.07 Tema 7.- Morfología (II): El pronombre relativo, el pronombre interrogativo, el artículo definido, el adverbio, las preposiciones, las partículas, los numerales y los ordinales.

28.05.07 Tema 8.- Sintaxis (I): Nociones sobre el verbo egipcio.

4.06.07 Tema 9.- Sintaxis (II): Clases de oraciones y tipos de enunciados.

11.06.07 Tema 10.- Sintaxis (III): Otras oraciones gramaticales.

18.06.07 Tema 11.- La Traducción de inscripciones: un sistema de cadencias.

Profesores: Dr. Federico Lara Peinado y Dr. Francisco J. Martín Valentín

RESULTADOS:

El nivel de atención y aprovechamiento de los alumnos participantes ha sido muy alto.
El reparto de un muy abundante material bibliográfico y documental, en papel con el texto de los temas de Lengua jeroglífica, ha sido altamente valorado por los alumnos participantes
Las calificaciones obtenidas por los alumnos en las pruebas formuladas por la dirección del curso alcanzaron el nivel de aptos y notables.
Las calificaciones de los alumnos al curso y sus características fueron óptimas, manifestando su deseo de participar en próximas ediciones de estos cursos de lengua egipcia escrita.


B) CURSOS DE VERANO 2007. UNIVERSIDAD COMPLUTENSE
Del 25 al 29 de junio de 2007


b[‘EL EGIPTO FARAÓNICO EN SU PROYECCIÓN MEDITERRÁNEA: TRES MILENIOS DE HISTORIA'.]b

Directores: Prof. Dr. Federico Lara Peinado
Dr. Francisco J. Martín Valentín

En el citado Curso de Verano de El Escorial se expusieron por los ponentes y se sometieron a debate en las correspondientes mesas redondas las conexiones culturales establecidas en el Mar Mediterráneo entre Egipto y otras culturas del mismo área desde el II milenio a. C. hasta el siglo III d. C., como prueba de las evidentes raíces culturales que comparten sus pueblos ribereños.

Se mostró como la influencia egipcia en las bases culturales de todos estos pueblos fue uno de los valores más sólidos que permiten comprender las comunes tradiciones políticas, religiosas y económicas, de modo que se convierten en un entramado de influencias recíprocas.

Se concluyó poniendo de manifiesto las conclusiones a la vista de las últimas investigaciones sobre este tema, lo cual ha supuesto una destacable aportación al mejor conocimiento de nuestra cultura mediterránea.


Intervinieron:

Profesor Dr. Manfred Bietak (Profesor de Egiptología en la Universidad de Viena y Profesor del Österreichischen Archäologischen Institutes in Kairo )

Prof. Dr. Federico Lara Peinado, Director de la Cátedra de Egiptología ‘José Ramón Mélida’ de la FGUCM

Dr. Francisco J. Martín Valentín, Director del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto

Dª Teresa Bedman González, Gerente del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto

D. Jesús Gil Fuensanta, Secretario General de la Asociación Española de Orientalistas.

Dr. Luis Álvarez, Historia Antigua de la Facultad de Geografía e Historia de la UCM

Profesor Dr. Julio Trebolle Barrera. Departamento de Hebreo y Arameo. Facultad de Filología. Universidad Complutense de Madrid.

Prof. Dr. Javier Cabrero Piquero, Profesor de Historia Antigua de la UNED

Profesor Dr. Alberto Bernabé Pajares. Departamento de Filología Griega. Facultad de Filología. Universidad Complutense de Madrid.

Profesor Dr. Santiago Montero Herrero. Departamento de Historia Antigua. Facultad de Geografía e Historia. Universidad Complutense de Madrid.

Dr. D. José Lull García, Instituto de Estudios del Antiguo Egipto


Las calificaciones de los alumnos al curso, características y ponentes fueron óptimas, con deseo de participar en próximas ediciones de estos cursos de egiptología de la Universidad de Verano.


C) ESCUELA COMPLUTENSE DE VERANO 2007

Del 2 al 31 de julio de 2007

‘INTRODUCCIÓN A LA EGIPTOLOGÍA’

Directores: Prof. Dr. Federico Lara Peinado
Dr. Francisco J. Martín Valentín

OBJETIVOS:
· Poner a disposición de alumnado una visión crítica y razonada del estado de la cuestión de la naturaleza de la egiptología como disciplina autónoma.

· Asumir la formación de los participantes en una visión integrada desde el punto de vista histórico, religioso y arqueológico de lo que supuso la civilización del antiguo Egipto.

· Proporcionar las adecuadas herramientas de formación inicial en el mundo de la egiptología.

· Proporcionar nociones básicas de conocimiento del sistema jeroglífico, el egipcio clásico y la paleografía hierática.

PROGRAMA:

Introducción a la egiptología.
1 El nacimiento de la egiptología como ciencia.
2 Las fuentes bibliográficas para el estudio de la egiptología.
3 El conocimiento del medio geográfico.

Los inicios.
4 El Egipto predinástico: nociones de conocimiento.
5 Organizanización social y costumbres funerarias.
6 Conceptos religiosos.
7 El período tinita (I y II dinastías).

El Imperio Antiguo.
8 Historia de las dinastías III y IV.
9 Historia de las dinastías V y VI.
10 Desarrollo religioso de las dinastías III a VI.
11 La arquitectura y las manifestaciones estéticas.
12 La crisis del Imperio Antiguo: el Primer Período Intermedio.

El Imperio Medio.
13 Historia de las dinastías XI, XII y XIII.
14 Sociedad, cultura y desarrollo religioso. Textos literarios y funerarios.
15 Arquitectura y las manifestaciones estéticas.
16 El Segundo Período Intermedio (Dinastías XV-XVII).

El Imperio Nuevo (I).
17 Historia y desarrollo religioso de la dinastía XVIII.
18 La crisis amárnica.
19 Sociedad y cultura.
20 La arquitectura y las manifestaciones estéticas.

El Imperio Nuevo (II).
21 Historia de las dinastías XIX y XX.
22 Sociedad, cultura y desarrollo religioso.
23 La literatura durante el Imperio Nuevo.
24 La arquitectura y las manifestaciones estéticas.

El Tercer Período Intermedio y la Baja Época.
25 Historia y desarrollo religioso de las dinastías XXI-XXIV.
26 El dominio kushita y el renacimiento saíta (Dinastías XXV-XXVI).
27 Las dinastías XXVII-XXX.
28 La arquitectura y las manifestaciones estéticas.

Estudios de lengua y paleografía.
29 Iniciación al sistema jeroglífico (I).
30 Iniciación al sistema jeroglífico (II).
31 Iniciación al egipcio clásico.
32 Nociones de paleografía hierática.

Profesores:

Prof. Dr. Federico Lara Peinado
Dr. D. José Lull
Dr. D. Francisco J. Martín Valentín
Prof. Dr. Santiago Montero Herrero


RESULTADOS:

El nivel de atención y aprovechamiento de los alumnos participantes ha sido alto. Se han llevado a cabo lecciones prácticas sobre materiales del M.A.N. y en el Templo de Debod de Madrid.

El reparto de un muy abundante material bibliográfico y documental, en papel y en soporte informático, incluidos manuales de Historia de Egipto y de Lengua jeroglífica, ha sido altamente valorado por los alumnos participantes

Las calificaciones de los alumnos al curso, y a sus características fueron óptimas con deseo de participar en próximas ediciones de estos cursos de egiptología.

AYUDAS Y COLABORACIÓN

Dentro del contenido de los pactos establecidos en el Convenio marco que regula la vida académica de la cátedra, la misma ha sido dotada con la asistencia de un ‘Becario’, para atender la elaboración de un portal Web de la cátedra, dentro del marco de Fundación General de la Universidad Complutense de Madrid.

PROPUESTAS Y RECOMENDACIONES

A juicio del Director de la Cátedra y del Director del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto que suscriben este Memorando, las actividades docentes en ámbito académico universitario que la cátedra puede desarrollar en los futuros cursos son múltiples y deberán ser asumidas en la medida que las posibilidades logísticas las hagan posibles.

Las expectativas existentes entre el potencial alumnado de los diferentes cursos de la cátedra son muy altas.

Se considera muy conveniente pasar de la fase de establecimiento de los Cursos estables de lengua, en su nivel de iniciación, a la creación de segundos niveles, para permitir el progreso de los alumnos que ya participaron en el primer curso y superaron las pruebas.

Igual recomendación se formula en cuanto a la posibilidad de convocar un segundo nivel de estudio de egiptología por medio de la Escuela Complutense de Verano, en su edición del año 2008.

El resultado de las actividades realizadas durante este año ha sido altamente satisfactorio.

Madrid, 27 de septiembre de 2007





Prof. Dr. Federico Lara Peinado
Director de la Cátedra de egiptología ‘José Ramón Mélida’ (FGUCM)
Dr. Francisco J. Martín Valentín
Miembro de la Comisión de seguimiento (IEAE)


Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman

Bitácora

Sábado, 22 de Septiembre 2007 - 12:40

Me ha escrito una persona interesada en el tema de Egipto y la magia. Reproduzco la introducción de mi libro 'Los Magos del Antiguo Egipto' para proponer una óptica de este apasionante tema


Sobre 'Los magos del Antiguo Egipto'
Los Magos del antiguo Egipto es el título deliberadamente elegido para dar personalidad propia a esta obra que pretende exponer parte de lo que se puede conocer del mundo nebuloso que protagonizaron los sabios iniciados en el antiguo Egipto.
Puede que, el término ‘mago’, no sea el más idóneo para identificar a los conocedores de la antigua sabiduría que desempeñaron en Egipto un papel tan trascendente en el desarrollo de su proceso civilizador. En puridad deberíamos hablar de los ‘sacerdotes lectores’ del antiguo Egipto o de otras denominaciones técnicas más acordes con la lexicografía egiptológica.
Pero hemos de partir de la proximidad en el lenguaje, y el lenguaje, la palabra, son esenciales para dar vida a lo que se quiere exponer.
Entre nosotros, poca gente ha oído hablar de los segundos y, sin embargo, casi todos hemos quedado alguna vez atrapados en el misterio de los primeros.
Según los griegos la palabra ‘mago’ procedía de Persia, donde se utilizaba para referirse vagamente a los astrólogos, sabios e intérpretes de los sueños.
Pero a los griegos y a los romanos, el mundo egipcio con sus monumentales templos y sus escritos llenos de embrujo y misterio, siempre les pareció íntimamente vinculado con la magia y, por tanto, los magos egipcios fueron para ellos los más importantes y prestigiosos de todo el mundo.
Pero, en realidad, parece que el mundo grecorromano tampoco estuvo demasiado bien informado sobre la auténtica naturaleza de lo que simplemente definían como una casta sacerdotal integrada por la clase de personajes a los que nos hemos referido antes.
En consecuencia, la palabra ‘magia’ para el mundo ‘clásico’ venía a significar algo parecido a ‘la religión de los magos’.
La otra ‘fuente de información’ que ha llegado hasta nosotros (me refiero a nuestra cultura judeo-cristiana) son los escritos bíblicos veterotestamentarios.
En este caso, parece que el Antiguo Testamento transmitió la idea de que la magia era el arte de obrar cosas maravillosas, desproporcionadas por su grandeza a los medios empleados. Tales prácticas estaban absolutamente prohibidas a los israelitas, bajo pena de muerte.
Ellos conocieron de su existencia a través de sus contactos históricos con el pueblo egipcio y con otros de las regiones del Eúfrates y el Tigris, tales como los babilonios o los persas.
En los textos bíblicos la palabra ‘mago’ se utiliza vinculada habitualmente a los términos ‘encantador’, ‘adivinador’, ‘hechicero’, ‘sabio’.....en suma, a una serie de conceptos que, de algún modo, trataban de sintetizar las cualidades que configuraban, según la experiencia del pueblo hebreo, la personalidad del ‘mago egipcio’.
El mago egipcio....personaje de alto conocimiento; el sabio. El que conocía el arte de la interpretación de los sueños. Así se acreditó José, ante el faraón, quien, para desentrañar el significado de su sueño de las siete espigas y las siete vacas, ‘hizo llamar a todos los adivinos y a todos los sabios de Egipto...’(Génesis 41, 8.).
El mago egipcio, que también obraba el poder de transmutar, de cambiar las cosas aparentemente inanimadas en seres vivos y terribles: ‘...hizo llamar también el faraón a sus sabios y encantadores. Y los magos de Egipto realizaron también por sus sortilegios el mismo prodigio. Y echaron cada uno su báculo, que se convirtieron en serpientes....’ (Éxodo 7, 11-12).
El mago egipcio, el iniciado en las fórmulas secretas utilizadas para combatir el daño producido contra alguien: ‘.....Yahvé dijo a Moisés: “Dí a Aarón: toma el cayado y tiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus ríos, sobre sus canales, sobre sus estanques y sobre todos sus depósitos de aguas, todas se convertirán en sangre......pero los magos de Egipto hicieron otro tanto con sus encantamientos, y el corazón del faraón se endureció......’ (Éxodo, 7, 19-22).
Estas eran las nociones que el mundo bíblico transmitió respecto de este grupo de sacerdotes que hicieron del estudio del mundo creado y del conocimiento de las energías sutiles que lo rodean, el objeto de su investigación y práctica diarias.
En todo caso, la realidad del origen esencial de la magia como algo consustancial a la civilización del antiguo Egipto está confirmada también por la patrística, a través de uno de sus más importantes representantes, Clemente de Alejandría, quien afirmó con todo conocimiento que ‘Egipto había sido la madre de los magos’.
En resumen, el mago egipcio fue una figura que ha llegado hasta nosotros a través de las brumas de la historia bajo la forma del ‘alquimista’, el conocedor de la vieja ciencia de la tierra de Egipto; que, no otra cosa, quiere decir la palabra árabe ‘alquimia’.
Tras estos conceptos incompletos, ha vuelto a surgir en nuestro días el interés por ese mundo oculto y esotérico que hace del antiguo Egipto un foco de permanente misterio. Pues bien, más allá de los ecos borrosos, de las deformaciones y de las ocultaciones, siempre injustificadas, en verdad debemos plantearnos las siguientes preguntas : ¿quiénes fueron los magos del antiguo Egipto?. ¿Cuál fue su conocimiento?. ¿Cuáles sus fines y sus métodos?.
Hoy estamos en situación de abordar la investigación de todas estas cuestiones y de muchas otras, relacionadas con tan apasionante tema.
Egipto ha abierto sus propias fuentes de información para quien quiera beber en ellas. Ya no es necesario escuchar lo que otros dicen y manejan. Los textos nos hablan. ¡Acudamos a ellos!. ¡Leamos los papiros, las inscripciones de las estatuas, las de las estelas, las de los muros de los templos!.
¡Comprendamos que la magia en Egipto no fue la mera expresión de un estado de decadencia y degradación de las creencias religiosas!. Muy al contrario, sepamos que la magia en el país del Nilo fue la consecuencia natural de la concepción del mundo por los antiguos egipcios y de su modo integral de verlo, concebirlo y vivirlo.
Si después, alguien quisiera sumergirse en aguas más profundas, que prepare su espíritu y asuma su papel. La sabiduría de Egipto le espera.
El conocimiento es la salvación y la luz.

Introducción del libro de Martín Valentín, F. J. Los Magos del Antiguo Egipto. Madrid, 2002.
Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman
Ortodoxia-Heterodoxia. La historia reciente de la naciente egiptología española


Inauguro esta sección de 'Opiniones' para mostrar un ejemplo de lo que viene siendo un fenómeno desgraciadamente habitual en el ambiente de la egiptología de habla española.

Resumiré en breves palabras: La egiptología española (y de lengua española) es un 'neonato', en la medida que las escuelas egiptológicas asentadas en el resto del mundo nos sacan varios cuerpos de ventaja en el tiempo y en la madurez necesarios para equiparanos sin complejos con ellas en esta materia.

Nadie, fuera de nuestra comunidad lingüística cuestiona la capacidad de los egiptólogos españoles. Nadie, fuera de nuestros ámbitos se inmiscuye en absurdas peleas por expulsar del mundo de la egiptología a personas válidas que solo quieren aportar lo mejor que poseen para ayudar a que esta ciencia avance en nuestro país.

Como es propio de todos los ambientes en los que no existe madurez, en nuestro país han surgido una serie de personas que se autoerigen en 'vigilantes de la ortodoxia' (quizás de la suya) que, a falta de una trayectoria propia y homologada, tratan de ganarse un puesto en la naciente egiptología española por medio de prácticas inquisitoriales, muy cercanas a nuestra genética, pero también absolutamente rechazables, desde un punto de vista científico y humano.

Algún 'inquisidor' (hay muchos), quizás bajo seudónimo, ha lanzado una crítica insana, furibunda e indocumentada a propósito de un comentario razonado y ajustado a lo que científicamente conocemos sobre la pirámide de Seila, por parte de José Ignacio Velasco, un reconocido autor de egiptología.

Nadie puede discutir la necesidad de que la egiptología se institucionalice en nuestro país desde un punto de vista académico.

La cátedra de egiptología 'José Ramón Mélida' de la Fundación General de Universidad Complutense de Madrid, de la que soy miembro, es un referente incuestionable.
Esta circunstacia me autoriza, creo, a proclamar una vez más que, en el esfuerzo para que la egiptología se consolide en España no sobra nadie, todos somos necesarios.

En esta tarea solo han de quedar fuera los 'integristas': No se puede admitir a nadie que quiera excluir, demonizar o exterminar intelectualmente a otros.

A continuación, sin más comentarios, transcribimos con permiso de su autor el correo enviado al Sr. Martín-Segovia por el Sr. Velasco que muestra la realidad viva del problema que es objeto de este comentario. ¡Juzguen nuestros lectores!.


Francisco J. Martín Valentín
Egiptólogo




Dedicado al Sr. Martin Segovia que dice:

"Y esta es mi opinión, no más también: Me parece que la egiptología no es un deporte donde todos los que deseen pueden participar, hay gente profesional, muy capacitada que obtiene los resultados maravillosos que nos llegan todos los meses y no se puede razonablemente pensar que quienes no tengan esa formacion lleguen a similares resultados merced a su entusiasmo y sus lecturas más o menos extensas. No sé de ejemplos de que ello haya ocurrido en las últimas décadas en Egipto, y no es de asombrarse, pues si no, tendríamos improvisados logrando cosas en todas partes, construyendo puentes, curando gente, ganando pleitos judiciales, etc., pero eso no pasa y por muy buenas razones. Que reyes del reino antiguo hayan tenido que recurrir a esos subterfugios para evitar rebeliones o rebeldias me parece increible, especialmente en esa epoca de centralismo y gran poderio real, como nunca antes o después, en la historia de Egipto, lo mas lógico es suponer que si eran rebeldes, reclutarlos para construir algo que no les era para nada útil a nivel local, iba a reforzar las rebeldías en vez de sofocarlas, rebeldías de las que no se que haya pruebas de que hayan realmente existido en esa época."

Muy bien señor Martín Segovia. A lo que Usted dice, yo, por alusiones, le respondo:

Cuando escribía hace unas horas para mandarlo a los foros, ya pensaba en su respuesta, pues como VIP de la egiptología, sabía que no dejaría pasar la ocasión para hacerlo. Con todo el respeto que usted se, y me merece, permítame que haga unos comentarios, por los que le pido perdón de antemano, ya que no es de mi interés molestarle en sus alturas.

Su interés por lo absolutamente ortodoxo, por la meticulosidad, por los escalafones, los títulos, la pureza espiritual y material de la egiptología y, sobre todo porque los aficionados no debamos ni leer, ni pensar, ni opinar, le honran. Es usted el Gran Inquisidor Egiptológico. Es una pena que en estos tiempos de democracia no se puedan ya quemar en la hoguera a esos atrevidos aficionados que se permiten leer, y lo que es peor, ¡voto a bríos!, gente sin conciencia, gente atrevida, gente que no sabe mantenerse en su carril de segunda, tercera o posteriores filas de la egiptología. La verdad es que no comprendo como los que no estamos en los niveles deseados por la titulación, no se nos desprenden las retinas por atrevernos a mirar una foto de Tut-Anj-Amón.

Su respuesta ha sido, como siempre, positiva y en la misma dirección, es decir empujando en el sentido deseado. ¿O en el contrario? Ya estoy tan perplejo que no sé cuál es la dirección adecuada.

Cuando por mi profesión de cirujano operaba, antes de jubilarme, era para mí evidente que sin enfermeras que prepararan el instrumental, sin celadores que movieran al enfermo, sin mecánicos que controlaban el paso del oxígeno, ajustaban la mesa, movían los rayo X, no podía operar. También sin cocineras que nos hacían café y unas galletitas para tomar entre dos operaciones, o sin las monjas y enfermeras que cuidaban y atendían a los familiares y se ocupaban del postoperatorio, sin los ayudantes de mano, que te echaban una "idem" para que pudieras operar, sin los anestesistas que lo dormían para que no sufriera, incluso sin el mismo enfermo, no habría existido el acto quirúrgico: hecho al que todo iba encaminado y razón fundamental de lo que se hacía en un gran equipo en el que nadie sobraba y nadie faltaba, pero eso sí, del que yo me responsabilizaba, pues era como el capitán del barco.

Naturalmente cada uno tenía un puesto, una misión, y eran una ayuda a diferentes niveles. Por tanto en la egiptología, aunque usted no lo vislumbre, no por no poder hacerlo, que está sobrado de inteligencia para ello, sino por no querer aceptarlo, todos los que intervienen en un descubrimiento hacen que sea posible éste. Si el importantísimo Sr. Z descubre en sus amplias investigaciones, la momia de X, ha sido por la ayuda de los paleadores (no tienen título de egiptólogo), los que retiran las piedras (sin ser eminencias en egiptología) los que preparan la comida (ni tienen título ni na, no sé como se atreven a ir a la excavación) y es gracias a ellos que el arqueólogo-egiptólogo pueda seguir pensando, elucubrando y descubriendo. Y tampoco sin la ayuda de los que retiran la arena, los que colocan las vías para las carretillas llenas de arena y ya no sigo con más gente que colabora en el acto arqueológico.

Pero..., y después, si el ordenador no le escribe, el de la imprenta no imprime, el editor no edita y el distribuidor no distribuye y el lector no compra, por no meter más indocumentados en egiptología, titulo que sólo posee el arqueólogo-egiptólogo (suponiendo que tenga ambos títulos, lo cual puede no ser siempre axiomático), de nada le serviría al egiptólogo su importante descubrimiento. ¡Digo yo!

Recuerde, Señor M-Segovia, "que lo poco que se sabe, lo sabemos entre todos". Claro que algunos siempre saben un poco más, es evidente, y sus juicios son de mucho más valor, y sus opiniones son incuestionables, intangibles y omnipotentes. Recuerde también, Señor M-Segovia, aquel popular dicho que reza: "Del carro de los locos, todos tiramos, unos con tiros
largos, otros con tiros cortos".

Señor M-Segovia usted es más inteligente de lo que a veces, con sus incomprensiones pretende demostrar. Hasta el hecho más tonto, precisa de la ayuda de varios, tengan o no tengan título. Si un obrero no sabe palear, no se levanta la arena. Y si en pleno desierto, un cocinero no cocina y se ocupa del agua, el número de momias con título será muy pronto más numeroso.

Por tanto, unos saben más, otros saben menos, pero todos empujan el carro, repito, en una determinada dirección.

O AL MENOS DEBEMOS HACERLO.

Claro, que siempre hay algunos que ponen piedras, aunque sólo sea por el prurito de hacer algo, que no para evitar que el carro avance. Pero, cada uno de los demás, desde su mínimo, pequeño, mediano o gran papel, colaboran a que se avance, aunque eso sí, más despacio

Sr. M-Segovia, ¿Qué cree usted más importante: que no se haga nada pues sólo unos pocos tienen título? ¿Qué sin título no se debe ni hablar de egiptología? ¿O que cada día se ganen adeptos, gente interesada, que por ejemplo, compren libros y ayuden a comer, a viajar y a excavar a esas eminencias tituladas que son la únicas que pueden opinar, publicar y excavar? Nadie habla de excavar, o de descubrir, solo opinamos, escribimos, estudiamos, disfrutamos leyendo, vivimos los ratos libres investigando a nuestro pobre nivel, en vez de perder el tiempo en otras cosas más importantes para otros, pero que no nos gustan a los aficionados a la egiptología. O al menos a mí.

Lo que Usted dice, no le veo así, pero es que uno es un ignorante. Y lo siento, fue un error que cometí de pequeño. Cuando repartían inteligencia con un hisopo, me escondí tras una columna para que no me tocara ni una gota.
Y me quedé un poco cortito. Claro que lo que me correspondía, evidentemente le tocó a otros, de lo cual me alegro, pues no soy nada egoísta.

De nada sirve saber, si no se enseña, si no se deja aprender a los demás, si no se dan opciones, si los aburrimos con "chorradas", pues es lo que a veces piensa uno de los diletantes, los controvertidos y los oposicionistas, o de los que cierran el cielo para que no haya luz, los que suprimen el sonido, para que nadie oiga, o los que apagan las estrellas para poder dormir.

El otro día leí, aunque no sé quien es el autor, una frase que me llego al alma: con permiso, YO tengo alma, pues mi vela arde por los dos lados y me ilumina el alma-- La frase, la idea, me pareció muy adecuada y por eso, la pongo. Es pura poesía. (Por cierto, creo que el que la escribió no tiene título de Poeta ganado por oposición) La frase es: "Se mordió la voz hasta que le sangraron los silencios".¿Bonita, eh!

Ya sé, ya sé, que la egiptología no es un deporte. Pero no hablaba del deporte, que ni siquiera he citado; hablaba del comportamiento humano, del trabajo en equipo, de ayudar a los demás, de no poner pegas, de no retrasar, ni por envidias, ni por "malas leches" congénitas o adquiridas.

Creo que, al menos para mí, ya he contestado lo suficiente. Como dice un refrán que me acabo de inventar: "Tengas o no tengas más, a la egiptología empujarás". Al menos, yo seguiré insistiendo, pese a quien pese. Sólo seré un granito de arena, pero como Usted sabe bien, "Un grano no hace granero, pero si es de acné, te puede dejar la cara hecha polvo".

Por cierto, Señor Martín Segovia, que no ha opinado Usted lo más mínimo de lo que había de trasfondo en mi mensaje. Es como si el responsable de lo que decía no existiera. Tal vez se le haya pasado.

Abrazos para todos y cada uno de los AEs, aunque casi todos sólo somos aficionados. ¡Qué pena!.
Naturalmente con el máximo y más absoluto respeto para y hacia el Sr. Martin Segovia.

José Ignacio Velasco Montes.
Marbella (Málaga)
Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman

Artículos y comunicaciones

Lunes, 17 de Septiembre 2007 - 20:54

Actualmente hay quien defiende que la ‘amarnología’ ha tomado carta de naturaleza dentro del campo de la ‘egiptología’ como una parte casi independiente de esta ciencia histórica. Los datos ofrecidos por la KV 55 resultan ser muy importantes dentro de los que se poseen para esclarecer el periodo amárnico en el momento de su extinción.


 Aj-en-Aton y el misterio de la KV 55


El herético de la ciudad del Horizonte

El faraón Ua-en-Ra, Aj-en-Aton, había finalizado su atormentada vida en medio de una gran polvareda histórica que empañaría y oscurecería los últimos años de la gloriosa dinastía XVIII. Después de la clamorosa desaparición del rey hereje, el universo Amárnico se desplomó en enormes pedazos que, como el derrumbe de un confuso y babélico edificio, engulló entre sus escombros para la historia a todos los personajes que habían protagonizado aquellos angustiosos tiempos.

Si tratamos de reconstruir los acontecimientos que siguieron a la muerte de Aj-en-Aton tendremos la impresión de que los salones de los palacios del Amarna debieron convertirse en el mismísimo reino del caos.

Enloquecidos personajes sin norte ni rumbo, conscientes de que la maldición de Amón les había alcanzado y no podían escapar a ella, protagonizaron y padecieron los esperpénticos acontecimientos de la convulsa agonía de aquel mundo.

Muy poco antes de la muerte de Aj-en-Aton parece que otro hijo del gran Amen-Hotep III, llamado Se-Menej-Ka-Ra, había sido alzado al trono para compartirlo con el herético en una forzada corregencia. Al mismo tiempo o muy poco después, una reina, que muchos identifican con Meryt-Aton, la hija de Aj-en-Aton, ocupó el trono en compañía del citado personaje y, cuando este murió, lo que sucedió en meses, lo hizo en solitario.

Recientemente se propuso identificar a Se-Menej-Ka-Ra con la propia reina Nefert-Ity, lo que aún añadió más confusión al problema.

Todo este barullo familiar tomó su orden y apariencia regulares ante los ojos de la historia con la subida al trono de otro probable hijo de Amen-Hotep III, el rey-niño Tut-Anj-Amón, quien desposó como reina a una hija de Aj-en-Aton llamada Anj-es-en-Pa-Aton, más tarde Anj-es-en-Amón.

Cuando el orden fue restaurado en todo el país, se impuso barrer las escorias del gran incendio amárnico, recoger los restos dispersos del naufragio familiar e histórico que acababa de concluir. En una palabra, ocultar lo acaecido y borrar para siempre de los anales y de la misma memoria de Egipto, que alguna vez hubieran sucedido los acontecimientos de la ciudad del Horizonte de Aton en Amarna.

Es seguro que los sacerdotes de Amón y los últimos miembros de la desaparecida familia real estuvieron de acuerdo, en que, una vez abandonada la Ciudad del Horizonte, tras la muerte de todos los personajes reales que la habían habitado, sus cuerpos, que habían sido enterrados en la Tumba Real del Amarna, deberían ser sacados de allí y transportados a la ciudad de Tebas, para reposar en la necrópolis tradicional de los reyes del Imperio Nuevo.

Así pues, bajo el reinado de Tut-Anj-Amón se llevó a cabo el cambio de ubicación de las momias de todos ellos. Se hicieron nuevas exequias y se excavó con urgencia, en el Valle de los Reyes, una tumba, casi un agujero, para cumplir de manera precipitada y con un mínimo decoro, las exigencias de la liquidación del mundo amárnico, tal como era lógico que fuera la voluntad del nuevo rey, al fin y al cabo, familiar directo de los difuntos.

Los sacerdotes encargados de tan delicada tarea la debieron desarrollar seguramente con gran aprensión. Podemos imaginar la repugnancia de aquellos miembros del clero de Amón a la hora de realizar los nuevos enterramientos de personajes que, política y religiosamente, les eran tan contrarios.

De hecho, se trataría más de un apresurado almacenamiento de cuerpos y ajuares funerarios en un lugar escondido e ignoto que, de un enterramiento de acuerdo con las costumbres y creencias funerarias del tradicional mundo egipcio.

De este modo, se decidió que una tumba sin concluir, excavada en un lugar del Valle de los Reyes, sería el lugar de compromiso para depositar el sarcófago y la momia de la esposa de Amen-Hotep III, y los cuerpos de Aj-en-Aton y de Se-Menej-Ka-Ra.

Ninguna pintura ritual en las paredes, ninguna inscripción funeraria, ningún cartucho o nombre en la tumba. En verdad, fue más un escondrijo que una tumba en toda regla.
Así quedó este escondite con sus ocupantes durante el reinado de Tut-Anj-Amón y, seguramente, de su sucesor el faraón Ay, el último personaje de la saga amárnica.

El descubrimiento

A principios de enero del año de 1907 el dueño efectivo de las exploraciones arqueológicas en el Biban El Muluk de la orilla occidental de Luxor era el abogado norteamericano Theodor. M. Davis. Después de largos años de dedicarse a los negocios y a los asuntos de su profesión, se había convertido en un hombre lo suficientemente rico como para trabajar en lo que realmente amaba: la exploración arqueológica del antiguo Egipto.

Los resultados favorables de sus campañas de excavación le habían animado a proseguir con sus trabajos en la necrópolis real más importante de Egipto. De hecho, sus hallazgos, consistentes en una magnífica tumba, cada año, desde 1902, le habían proporcionado una reputación de hábil excavador que no era muy bien vista por los llamados arqueólogos profesionales.

De este modo, se decidió por el Servicio de Antigüedades que, como distracción y diversión, el asunto ya había llegado demasiado lejos. Cuando Davis quiso reiniciar su habitual campaña de excavaciones en el año 1905, Arthur Weigall, a la sazón nuevo inspector del Servicio en el distrito, impuso al, según su pensamiento, ‘intruso arqueólogo aficionado’ del que tan solo parecía bueno su dinero, la permanente presencia del arqueólogo de su confianza, Edward Russell Ayrton.

Aceptada por Davis la presencia permanente de Ayrton en la excavación, se iniciaron los trabajos correspondientes. Davis había decidido, a partir de su conocimiento de la zona y de sus hallazgos en los años anteriores, que el aérea en la que se harían las prospecciones debería ser una colina formada con los evidentes restos de la excavación de la tumba de Ramsés IX y de las de Sethy I, Ramsés I, II y III.

En efecto, a poca distancia al oeste de la tumba de Ramsés IX, se produjo el hallazgo esperado. El 3 de enero de 1907, conforme a los datos proporcionados por el diario personal de Emma B. Andrews, familiar de Davis y presente en los trabajos, el equipo de excavadores egipcios descubrió ‘un hueco en la roca’ con restos de jarras, probablemente de la dinastía XX, que parecían proceder de alguna ceremonia de enterramiento.

Interesado en el hallazgo, Davis ordenó a Ayrton rastrear más detalladamente la zona. Tres días después, el 6 de enero, se descubría la entrada de la tumba que hoy conocemos como la KV 55.

Las primeras sorpresas

Lo primero que encontraron los excavadores, después de haber limpiado los tramos de una escalera de piedra que descendía hasta la puerta de la tumba, fueron los restos de un muro hecho de mampostería que llevaba los sellos del chacal con los nueve prisioneros.

Esta era la prueba de que la tumba había sido abierta en la antigüedad y, después, vuelta a cerrar bajo el control de los supervisores de la necrópolis. La impronta del sello así lo proclamaba.

Entonces, ¿no era un enterramiento intacto?. Y, en tal caso, ¿cuál podría ser la razón de su apertura y posterior cierre?. ¿Habría sido abierta para ser objeto del saqueo por los ladrones de tumbas?. Todas estas preguntas y muchas más se agolpaban, seguramente, en las cabezas de Davis y de Ayrton.

En todo caso era evidente que la abertura practicada en una parte de la pared primitiva era parcial; casi, como si se hubiera realizado sin aparente preocupación por parte de los profanadores. Su tarea parecía no depender de una desagradable e inesperada sorpresa, como habría sido el caso de los ladrones cogidos desprevenidos en el acto de la comisión de una sacrílega violación.

La segunda puerta vallada se vio que estaba parcialmente demolida. Una vez abierta por los excavadores se encontraron en un corredor de cerca de un metro ochenta centímetros de ancho relleno de fragmentos de piedra calcárea hasta una altura de un metro o un metro veinte centímetros del techo, a la entrada, y de algo menos de un metro ochenta centímetros al otro extremo del corredor.

Lo más chocante resultaba ser la construcción poco esmerada de una especie de camino en forma de rampa, destinada a facilitar el acceso, salvando el desnivel existente, entre la segunda puerta y la cámara sepulcral, a unos diez metros de distancia.

Esta obra, evidentemente ejecutada con ocasión de la violación antigua de la tumba, debería haber indicado a los excavadores que, algo anormal, algo no habitual ni de uso en las prácticas funerarias egipcias, se había producido en aquella extraña tumba hacía más de tres mil años

A pocos pasos de esta entrada y reposando sobre el camino hecho con cascotes de calcárea se encontraba un lateral de un santuario de madera dorada, sobre el que se había depositado una puerta que aún poseía sus goznes de cobre y que, con toda seguridad, había formado parte del mismo tabernáculo.

Al otro extremo del corredor se encontraba la cámara sepulcral. Tenía siete metros de largo por unos cinco de ancho y una altura de cuatro metros. El suelo de la cámara había sido excavado en la roca un metro más bajo que el del corredor.

A partir de la entrada, la rampa de cascotes de calcárea construida en el pasillo, proseguía hasta el interior de la sala. Sobre esta rampa y en medio de la entrada, estaba depositada la otra hoja de la puerta del santuario y un gran soporte para un vaso ritual hecho de alabastro.

Frente a esta entrada, en la pared, los excavadores pudieron ver Amontonados los otros paneles del santuario. Algo a la izquierda, entrando, se encontraba en el suelo la parte posterior del tabernáculo. Se trataba sin duda, a la vista de las inscripciones que se podían leer a duras penas, de la capilla de madera que había contenido el sarcófago de la reina Tiy, la esposa más importante del rey Amen-Hotep III.

Los muros de la cámara sepulcral habían sido enlucidos con yeso, pero no se había incluido en ellos ningún tipo de pintura o representación. En la parte sur de la cámara se había excavado otra pequeña estancia de un metro ochenta centímetros de alto, por uno treinta de ancho y uno cincuenta de largo, en cuyo interior se habían depositado cuatro vasos canopos de calcita egipcia con tapaderas en forma de cabeza humana y peluca de la época amarniense.

Delante de ellos, en el suelo, había el ladrillo mágico correspondiente al punto cardinal sur. Los otros dos, correspondientes al norte y al oeste, estaban depositados, ocupando sus lugares.

La momia de la discordia

Justo delante de la entrada a esta pequeña salita auxiliar se hallaba depositado sobre un lecho mortuorio adornado con cabezas de león que había caído al suelo, un ataúd de elegantes formas; era de un tipo que nunca se había visto hasta aquél momento. El sarcófago había quedado abierto a causa de la caída y, la momia, al descubierto.

Se parecía enormemente al segundo sarcófago interior de Tut-Anj-Amón que se descubriría cinco años después. La peluca era de la misma clase que la de las cabezas de los vasos canopos hallados en la salita sur y, sobre la frente tenía un úreus que indicaba a las claras el origen real del personaje momificado que estaba en su interior.

Otro ladrillo mágico, el correspondiente al Este, estaba bajo el lecho mortuorio. A los excavadores les llamó enormemente la atención el hecho terrible de que, la máscara de oro del sarcófago había sido, literalmente, arrancada de cuajo como si se tratara del propio rostro del difunto. La sensación era terrorífica.

Sin duda, se había pretendido suprimir la identidad del ocupante del sarcófago. Pero, no parecía tratarse de una actuación de ladrones, puesto que se había dejado en su lugar el úreus, también elaborado con materiales preciosos, el resto del sarcófago, las bandas de oro que rodeaban a la momia y un collar en forma de diosa buitre alada, también hecho de oro.

Para completar el ‘puzzle’ aparecieron un cuchillo ritual pesheskaf, utilizado para la ceremonia de la apertura de la boca, que llevaba el nombre de la reina Tiy, y varios sellos de barro cocido con el nombre de un rey hasta entonces desconocido, Tut-Anj-Amón.

Por lo demás, el enigma estaba servido. Ni el sarcófago, ni las bandeletas de la momia llevaban nombre alguno. Los cartuchos que, en su momento, estuvieron insertados en diferentes partes de la caja mortuoria, habían sido cuidadosamente suprimidos, arrancándolos de su lugar.

Las bandas de oro que rodeaban a la momia tenían también arrancados los cartuchos con los nombres reales que hubieran facilitado alguna pista sobre el cadáver.

El resto del evidente ritual execratorio se completaba a la vista de la supresión de parte de las inscripciones y relieves de alguno de los paneles de la capilla de madera de la reina Tiy, así como la falta de los úreus de los vasos canopos, o la sustracción de las figuras-amuleto que habían formado parte de los cuatro ladrillos rituales hallados en la cámara.

Se trataba de una destrucción selectiva que no podía ser pasada por alto.
Pero ¿y los restos humanos?. ¿A quien pertenecían? ¿a un hombre o a una mujer?, ¿qué edad aparentaba tener el cuerpo al momento de la muerte?. Todas estas preguntas quedaban sin aparente respuesta.

Davis, creía que se trataba del cuerpo de la propia reina Tiy. Weigall, opinaba que el cuerpo hallado pertenecía a Aj-en-Aton. Examinada la momia ‘in situ’ se llegó a la conclusión de que la pelvis era, desde luego, la de una mujer.

Así las cosas, se enviaron parte de los restos, para su estudio, al anatomista Elliot Smith, en El Cairo. Y ¡cual no sería la sorpresa, cuando el médico dictaminó que no se trataba de los huesos de una mujer mayor, sino de los de un hombre joven que parecía haber fallecido hacia los veintitrés años de edad.!

Este dictamen echó por tierra la posibilidad de que se estuviera ante la momia de la reina Tiy. De tal manera se comenzó a barajar con fuerza la posibilidad de que se tratase de los restos del mismísimo Aj-en-Aton. Pero la cronología fallaba. No era posible a la vista del número de años de reinado atribuido a este rey que aquél cuerpo fuera el suyo. Aj-en-Aton debió haber vivido hasta alcanzar, al menos, la edad de treinta o treinta y dos años.

Norman de Garis Davies avanzó entonces, en medio de la calenturienta discusión, la tercera posibilidad: aquellos restos humanos habrían pertenecido a un personaje no muy bien conocido, cuya ubicación en los tormentosos acontecimientos del mundo del Amarna era bastante controvertida. Su nombre era Se-Menej-Ka-Ra, cuya memoria había sido perseguida al igual que la de Aj-en-Aton.

Así quedó el asunto hasta que un nuevo examen de lo que quedaba de los restos hallados en su día en la KV 55, llevado a cabo por el Profesor Derry, concluyó a la vista de la fusión de las epífisis en el cuerpo hallado que, sin ninguna duda se trataba de los restos humanos de un varón no mayor de veintitrés años, aceptándose, así pues, la tesis de que la momia debía ser la de Se-Menej-Ka-Ra.

Otras pruebas complementarias aportaron datos sobre las vinculaciones biológicas entre Aj-en-Aton y Se-Menej-Ka-Ra, sugeridas por el aspecto de las representaciones conocidas en relación con las características anatómicas de la momia.

La última novedad sobre el misterio la aportó el egiptólogo británico Nicholas Reeves al defender la tesis últimamente propuesta por algunos estudiosos que negaba utilidad alguna a los datos aportados por los restos humanos hallados en la tumba para identificarlos como los de Se-Menej-Ka-Ra y defendía ardorosamente la idea de que podría ser los mismísimo Aj-en-Aton, permitiendo entonces la identificación de Se-Menej-Ka-Ra con Nefert-Ity.

¿El desenlace del enigma?

Parece que nunca se sabrá la verdad con certeza absoluta, si no se producen hallazgos decisivos que ayuden a ordenar todo este puzzle. Sin embargo, todos los indicios apuntan a que, transcurridos algunos años después de la desaparición de los últimos reyes de la dinastía XVIII se resolvió liquidar las cuentas pendientes entre el dios Amón y los heréticos de Amarna.

Se presume que, en tiempos de Sethy I o de Ramsés II y Mer-en-Ptah, el consejo de los sacerdotes de Amón, siguiendo las instrucciones de la casa real para borrar de la faz de la tierra la memoria del herético Aj-en-Aton, resolvió acabar con cuantos restos se encontrasen en Amarna o en cualquier otro lugar relacionados con aquel personaje.

Se desmontaron templos, se arrasó lo que quedaba de la ciudad de Aton, se borraron inscripciones y, según proponía el egiptólogo británico Cyril Aldred, probablemente se habría acordado sacar la momia de Aj-en-Aton de su último lugar de descanso.

En el interior de la tumba que nos ocupa se habrían depositado probablemente al menos tres momias: la de Tiy, la Se-Menej-Ka-Ra y la de Aj-en-Aton.
Aldred propuso muy sólidamente que quizás los sacerdotes de Amón decidieran que la esposa de Amen-Hotep III debería descansar en el interior de la tumba de este rey en el Valle de los Monos.

En cuanto a Aj-en-Aton procederían a sacar su momia y probablemente la destruyesen. Esto equivalía a la aniquilación definitiva. La Nada en medio de la Nada.
En cuanto a la tercera momia, la de Se-Menej-Ka-Ra se habría consentido que permaneciera en la tumba, pero también sometieron a la memoria de este personaje a las ceremonias execratorias de pérdida de la identidad para toda la eternidad.

Borraron sus nombres allí donde se encontraron, y muy especialmente en el sarcófago que lo albergaba. Arrancaron su rostro de oro. Le condenaron a vagar, según sus creencias, para padecer sed, hambre y todas las fatigas imaginables en el Más Allá, sin posibilidad alguna de volver a recuperar la conciencia de sí mismo, convertido, así, en una especie de zombi espiritual. Un espíritu que vagaría errante para siempre sin consuelo ni alivio en su sufrimiento.

Los sacerdotes sacaron de la tumba el ajuar de la reina Tiy. Borraron los nombres y las imágenes de Aj-en-Aton de los paneles de la capilla de la reina. Arrancaron los úreos protectores de los vasos canopos donde se encontraban las vísceras momificadas de Se-Menej-Ka-Ra.

Dejaron tras de sí un cuidado desorden en la tumba y, después, salieron cerrando de nuevo los muros de entrada para concluir precintándolos con el sello de la necrópolis...y la oscuridad y el silencio volvieron a reinar en aquella tumba anónima del Valle de los Reyes.....

Si, como Reeves soñó, el cuerpo de Nefert-Ity se hallase aún en el Valle de los Reyes podríamos aventurar un final satisfactorio para el enigma, aunque siempre quedarían huecos por tapar y rincones por iluminar...

Francisco J. Martín Valentín
Egiptólogo



Bibliografía básica

Aldred, C. Akhenaten, Pharaoh of Egypt. A New Study. Londres, 1968
Akhenaten, King of Egypt. Londres, 1988
Davies, Th. M. The Tomb of Queen Tiyi. Londres, 1910. 2ª Ed. San Francisco, 1990
Gabolde, M. D’Akhenaton à Toutânkhamon. Lyon, 1998
Redford, D. B. History and Chronology of the Eighteenth Dynasty. Seven Studies. Toronto, 1967
Akhenaten, the Heretic King. Princeton, 1984
Reeves, N. El falso profeta de Egipto. Akhenatón. Madrid, 2002




Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman

Bitácora

Jueves, 13 de Septiembre 2007 - 12:38

Siempre es una gran satisfacción que se lean y se comenten los trabajos que se dan a la luz pública y así, me siento feliz y muy satisfecho de que la sección de egiptología que se me ha encomendado en esta revista empiece a ser ampliamente visitada y opinada.


LA PIRÁMIDE ESCALONADA DE SEILA Y OTRAS CUESTIONES
Se me ha preguntado a propósito del sentido de los siguientes párrafos de mi artículo ‘Las pirámides de Egipto, escaleras reales hacia el cielo’, insertado en el blog el 26 de julio de 2007:

‘ Sin embargo, las pirámides no fueron un fenómeno exclusivo de Menfis, la capital del Norte y sus alrededores; no es demasiado sabido que, en el lejano Sur de Egipto también se construyeron en esta época, al menos, otras siete pirámides escalonadas; la más meridional en la Isla de Elefantina; otras tres, en las localidades de Ombos, Edfú y Hieracónpolis; el resto, en las ciudades de Abidos, y en las actuales Zauiyet el-Mayitin y Seila, ésta última en las cercanías del Fayum.

Se trata de pequeñas edificaciones, quizás alzadas para albergar los cuerpos de esposas reales, aunque los arqueólogos no han concluido sus trabajos y conclusiones al respecto.’

Las dudas que se han suscitado vienen en relación, primero, con la expresión ‘lejano Sur de Egipto’, falta de comprensión que seguramente obedece, o a una atropellada lectura de mi artículo, junto a un evidente desconocimiento geográfico de Egipto por parte del interpelante, o a una evidente intención de tergiversar el texto.

Se trata de una imagen que pretende explicar, cómo desde el lejano Sur de Egipto, (en relación a Menfis, la capital del Norte), hasta la zona de El Fayum (también al Sur de Menfis), están ubicadas las siete pirámides que se mencionan.

En segundo término, la duda se refiere al párrafo en el que afirmo que ‘....Se trata de pequeñas edificaciones, quizás alzadas para albergar los cuerpos de esposas reales, aunque los arqueólogos no han concluido sus trabajos y conclusiones al respecto.’
También se advierte claramente un evidente desconocimiento, no exento de perversidad, al plantear las críticas con las que se cuestiona dicha afirmación.

En un artículo que trata de dar un repaso general al mundo de las pirámides egipcias, es obvio que la cita incidental de la existencia de las siete pequeñas pirámides escalonadas dispersas por Egipto a las que he hecho referencia, no pueden ser objeto de un detallado estudio del ‘Estado de la Cuestión’.

Por ello, me he limitado a sugerir las teorías planteadas a propósito solo de la de Seila, citando la teoría más antigua de ellas, del indiscutible Jean Philippe Lauer, y dejando abierta la puerta para el resto de las propuestas, toda vez que aún hoy, no sabemos con certidumbre cual fuera la funcionalidad de estas pirámides y, más exactamente, de la de Seila.

Veamos una selección de citas bibliográficas de indiscutibles obras de referencia en el mundo de la egiptología, a propósito de lo que afirmo, con lo que, a menos que no se quiera comprender, deberá quedar todo debidamente aclarado:

‘Entre las pequeñas pirámides escalonadas, conviene además citar a 3 kilómetros al oeste de Meidum, al límite del Fayum, la de Shila o Seila......Esta pirámide, netamente más grande que las que se acaban de citar, comprende una hilera más y alcanza alrededor de 26 metros de lado, es decir, una cincuentena de codos, a los que conviene añadir un revestimiento de caliza fina, cuya traza es visible actualmente sobre su cara norte, y que habría tenido 5 codos de espesor. Podría tratarse de la (pirámide) de la reina Hetep-Heres, esposa de Esnefru y madre de Kheops, antes del traslado de su sepultura a Guizeh; pero conviene esperar aún a que las excavaciones puedan entregar algún documento con su nombre.’ (Jean-Philippe Lauer, Le Mystére des Pyramides. París, 1988, 110).

‘...........La función de la pirámide (de Seila) (ya sea tumba de reina, Cenotafio, u otras interpretaciones) a propósito de las pirámides escalonadas de pequeño tamaño durante el Imperio Antiguo todavía no han sido aclaradas (son todavía inexplicables)’
(Gunther Dreyer, ‘Seila’ LÄ, V, 828)

‘....no tiene ninguna cámara en su interior o en sus subestructuras, y que, con la excepción antes mencionada de la estela y de la mesa de ofrendas, no se ha encontrado ninguna prueba de culto funerario. Su significado permanece de este modo confuso, así como el de las estructuras asociadas con ella.’ (Miroslav Verner, The Pyramids. The Mystery, Culture and Science of Egypt’s Great Monuments. El Cairo-Nueva York, 2002, 168-169).

‘El enigma de las pirámides escalonadas provinciales.
.......................Otra, en Seila, con vistas a El Fayum desde el espolón del desierto entre éste y el Nilo.
La intención de estas pequeñas pirámides escalonadas es un misterio. Se ha dicho que señalan las tierras de las consortes reales, que son lugares sagrados de Horus y Seth, o que son símbolos de la colina primitiva. Por ahora, en ninguna se ha encontrado una cámara sepulcral ni edificios secundarios, como capillas. En 1987, sin embargo, la expedición de la Brigham Young University encontró una mesa de ofrendas fragmentada, dos estelas-una de ellas con el nombre de Esnefru inscrito, primer rey de la IV dinastía- y ligeros restos de una calzada de ladrillo en el lado Este de la pirámide de Seila, lo que la vincula a la pirámide de Esnefru en Meidum...’
(Mark Lehner, Todo sobre las Pirámides. Barcelona, 2003, 96).

No cabe hacer más hincapié sobre el asunto. Al día de hoy, el criterio unánime de los egiptólogos es que todas las hipótesis son posibles y que nadie sabe con certeza que utilidad tenías esas pirámides.

Otro fragmento no bien comprendido por quien plantea las dudas y reservas que se me han hecho llegar, es el que sigue:

‘Que las pirámides sean edificios elevados por hombres con medios técnicos apropiados y racionales no quita para admitir que el estudio de la construcción y de la arquitectura de estos monumentos ha permitido constatar ciertos datos de orden astronómico y matemático allí presentes. Tales son, la precisa orientación de las tres de Guisha y, desde el punto de vista matemático, la existencia de destacables propiedades geométricas, así como ciertas relaciones de orden numérico que han sido debidamente señaladas por los investigadores: hablamos de la existencia del ‘número de oro’, o número Fi =1,618, y de una asombrosa aproximación al valor del número Pi griego con la valencia = 3,1428.’

No discutiré con quien dice saber más de pirámides y matemáticas que el gran arquitecto, arqueólogo y egiptólogo que fue el llorado Jean Philippe Lauer; solo traduciré algunos fragmentos de una de sus obras que, con todo respeto, inspiraron mi citada afirmación:

‘De inicio desde el punto de vista astronómico, el solo hecho indiscutible que se puede revelar en estos monumentos, y en particular en Guizeh, es el extremo cuidado con que se ha procurado su orientación. El resultado más extraordinario se encuentra en la pirámide de Kheops, donde la desviación media no es más que de 3 minutos y 6 segundos; pero la precisión no es apenas menor en Khefren y en Mykerinos, donde esta desviación es respectivamente alrededor de 5 minutos y medio y de 14 minutos, así pues, en todo caso, mínimas...... (Jean-Philippe Lauer, Le Mystére des Pyramides. París, 1988, 227).

En cuanto a las relaciones de orden matemático.......

‘Desde el punto de vista de las matemáticas, el estudio de las pirámides y especialmente de la Gran Pirámide, revela propiedades geométricas muy destacables que merecen ser destacadas.....En lo que concierne a la Gran Pirámide, se han citado frecuentemente dos cualidades destacables. Se trata, de una parte, de la relación de la ‘sección de oro’, cuyo valor numérico se expresa por la constante Fi = 1,618, el número de oro, y, de otra parte, de la relación que da con el número Pi, que en este momento se encuentran incontestablemente muy relacionadas, como en cada pirámide que tiene la proporción 14/11.

Para lo concerniente a la ‘sección de oro’, hemos constatado que se presenta esencialmente en la relación entre la apotema y la semi-base, o sea: x/b = 1+ Raíz Cuadrada de 5 /2 = 1,618=Fi , el ‘número de oro’....En lo que concierne a la relación Pi, he aquí las dos relaciones más frecuentemente citadas:.....que se reducen a una: 4b/h=4x11/14=22/7=3,1428, valor muy cercano al de Pi, correspondiente al límite superior que le asignaba Arquímedes.’ (Jean-Philippe Lauer, Le Mystére des Pyramides. París, 1988, 232).

¿Qué más añadir ?.
Solo que, de verdad, me siento muy dichoso porque mis artículos se leen con tanta atención, lo que evidencia que mi trabajo es muy positivo.
Gracias una vez más a todos los que leen esta página de egiptología de la Revista Tendencias 21.

Ahora, y como va a ser habitual en esta sección de Bitácora, ofreceré a nuestros queridos amigos un nuevo fragmento de sabiduría egipcia, extraído de las Enseñanzas de Ptah-Hotep, que nos hará evolucionar positivamente a todos:

'Máxima 4: Del arte del debate con un inferior.

Si encuentras un discutidor en acción, un hombre de poco que, ciertamente, no es tu igual, que tu corazón no sea agresivo contra él a causa de su debilidad. Pónlo en tierra y se castigará él (a sí) mismo. No le respondas para aliviar tu corazón. No descargues tu corazón a causa de quien se opone a tí. ¡Miserable el que hace mal a un hombre de poco, o el que quiere actuar conforme a sus impulsos!. (Si lo haces así) le golpearás para desaprobación de los que te juzguen'
. (Ptah-Hotep, 4, 74-83)

Francisco J. Martín Valentín
Egiptólogo
Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman

Artículos y comunicaciones

Viernes, 7 de Septiembre 2007 - 13:38

Desde el corazón de África, los dinastas meroitas, descendientes de los reyes negros de la dinastía XXV que volvieron a poseer territorios cercanos a la frontera sur de Egipto, en la Baja Nubia, dejaron sus improntas en diferentes proyectos arquitectónicos religiosos de inequívoco carácter egipcio, aunque provistos de sus especiales fidelidades religiosas, e influenciados por su particular concepto de la tradición, tan diferente por muchas razones de la idea ptolemaica de los dioses egipcios y de sus ritos.


Adijalamani ofreciendo Maat. Capilla de Adijalamani. Templo de Debod
Adijalamani ofreciendo Maat. Capilla de Adijalamani. Templo de Debod
Se ha hablado de los templos grecorromanos para referirse a los edificados, (o a las ampliaciones y reformas llevadas a cabo en otros de periodos anteriores), durante la monarquía alejandrina de los reyes ptolemaicos, y a partir de la presencia romana en Egipto.

En general, estos templos no gozaron del favor de los investigadores hasta bien entrado el siglo XX, hechas ciertas honrosas y bien conocidas excepciones. Sin embargo, con el tiempo, la consideración que estos magníficos monumentos fue mereciendo entre los egiptólogos, ha sido muy notable.

Una de las especiales características de los templos de esta época reside en la evidente intervención en ellos de gustos extranjeros, en cierto modo ajenos a la tradición egipcia que, al tiempo que influyeron y modificaron la propia sociedad del país del Nilo, cambiaron también sus tradiciones constructivas.

Se trataba, pues, de la expresión de formulas religiosas que se consideraron como ‘no genuinas’ y, en cierto modo, ajenas a lo clásico y a la antigua naturaleza del templo egipcio. De ahí la impresión de que estos templos representaban la decadencia frente a los clásicos santuarios del Imperio Medio o Nuevo.

No obstante, con el tiempo se ha comprendido que, al contrario de lo que antes se pensaba, estos edificios religiosos son la expresión de una exuberante y abigarrada realidad teológica, cuya mayor necesidad parece ser la de poner de manifiesto gran parte de los rituales que componían el culto divino y que, en los templos más antiguos no se explicitaban de igual modo.

Tal parece que los templos que se construyeron en Egipto desde el siglo III a C. al II d C. fueran como impresionantes libros de piedra, cuyos muros recogían una enorme cantidad de textos, elaboraciones teológicas y corpus rituales que, en los antiguos santuarios, estaban destinados a ser conocidos solo por el clero especialmente designado y preparado, y a partir de soportes más frágiles como el cuero o el papiro.

Esta nueva comunicación exóterica de los textos religiosos se vistió, no obstante, con una nueva capa de protección para hacerla solo accesible a los sacerdotes de cada templo. En efecto, es en este periodo cuando surge una innumerable lista de nuevos valores fonéticos para los signos jeroglíficos convencionales, e incluso nuevos signos jeroglíficos no conocidos anteriormente que, en el periodo romano, superarán el elevado número de siete mil.

Sin embargo, las influencias extranjeras en Egipto durante los tres últimos siglos antes de la era cristiana no fueron solo las procedentes del mundo griego (ptolemaicas) o del romano.

Desde el corazón de África, los descendientes de los reyes negros de la dinastía XXV que volvieron a poseer territorios cercanos a la frontera sur, en la Baja Nubia, también dejaron sus improntas en diferentes proyectos arquitectónicos religiosos de inequívoco carácter egipcio, aunque provistos de sus especiales fidelidades religiosas, e influenciados por su particular concepto de la tradición, tan diferente por muchas razones de la idea ptolemaica de los dioses egipcios y de sus ritos.

Especial naturaleza de la capilla de Adijalamani

La Capilla de Adijalamani, hoy una parte sensible de la arquitectura religiosa en el templo de Debod, representa un especial ejemplo dentro del catálogo de los templos pertenecientes al periodo cronológico del siglo II a C.

En efecto, parece que los programas constructivos religiosos desarrollados, sobre todo en el Alto Egipto, durante el periodo que hemos citado, obedeciesen a mandados de un clero omnipotente que se encontraba deliberadamente alejado de la realeza alejandrina, por más que se beneficiase de los privilegios que obtenían de ella para, a cambio, sujetar al campesinado oprimido por los excesivos impuestos y las brutales reclutas de soldados para sus ejércitos.

Sin embargo, la construcción de la capilla de Adijalamani obedeció a otras razones. Si los ptolomeos se encontraban presentes de un modo formal en las representaciones de los temas sacros, el rey meroíta Adijalamani y su antecesor, Arkamani, lo estaban por derecho divino y con voluntad de ejercer el sagrado papel que su juramento de fidelidad para con Amón, Isis o Thot, entre otros dioses, les exigía.

En este sentido podemos afirmar que los reyes de Meroe, ejercían de modo efectivo el tradicional papel de la realeza egipcia en el culto divino, mientras que los reyes griegos de Alejandría fueron representados en los templos desarrollando dramatizaciones cultuales que solo eran reales sobre los muros de piedra y, en modo alguno, por su propia convicción de desempeñar las funciones inherentes a la sagrada realeza egipcia.

La capilla de Adijalamani, en sí misma, consiste en un edificio con unas dimensiones, en su situación actual, de siete metros de largo por cinco metros con veinticinco centímetros de ancho, y cuatro metros con veinticinco centímetros de alto (Roeder da unas dimensiones interiores de 3,14 metros por 5,03 metros con muros de un metro de ancho, aproximadamente)

Consta de una sola planta que alberga una única sala y resulta, en lo que resta actualmente del diseño de sus relieves, algo netamente ajeno al proyecto decorativo religioso habitual de los reyes ptolomeos en la zona.

Originalmente su orientación principal era perpendicular al río, indicando que su eje longitudinal se mostraba vinculado a la dirección Este/Oeste. De otra parte, parece haber existido también un eje Norte/Sur, vistas las posibilidades de que la capilla albergase intencionalidad de constituirse en Mammisi, o ‘casa del nacimiento’ del infante real.

No sabemos si en el muro oeste tuvo una puerta, o uno o dos huecos para albergar las estatuas divinas de Amón e Isis, o, por el contrario, estuvo completamente cerrada. En el muro Este está la entrada, una puerta que se cerraba mediante dos hojas que giraban hacia el interior de la capilla.

En el sentido expuesto, la capilla de Adijalamani en el templo de Debod coincide con las características de los demás templos egipcios de esta época.

Los investigadores han captado el hecho de que, en los templos tardíos, en su arquitectura y su decoración, se encuentran reflejadas diversas metáforas del mundo egipcio.

La distribución bipartita de los relieves y de los textos no solo servía como manifestación estética para conseguir un cierto ritmo o equilibrio, sino que coincidía con la clásica división binaria de las cosmologías egipcias: el Este y el Oeste, el Norte y el Sur, el Alto y el Bajo Egipto, el Valle y el Delta: las Dos Tierras.

También se advierte en la capilla de Adijalamani, como en los otros templos grecorromanos, un cierto esquema vertical del mensaje cosmológico: la tierra con las plantas emblemáticas (el loto y el papiro); en la parte superior, el rey y los dioses; más arriba aún, el firmamento. Es decir, que el templo se muestra como la expresión del ordenado mundo egipcio, como símbolo del cosmos.

Los datos arqueológicos e históricos

Hecho probablemente determinante de las especiales características de esta capilla es, que su construcción fue llevada a cabo por el soberano meroítico Adijalamani (hacia el 200-185 a. C.), durante parte del periodo en el que gran parte del Alto Egipto, y la Baja Nubia, estuvieron fuera de la esfera de la soberanía de los reyes de Alejandría.

Ello no fue óbice para que, cuando la zona fronteriza de Siena volvió a ser controlada por los ptolomeos, y los meroítas abandonaron aquel territorio, la capilla de Adijalamani fuese respetada y quedase incluida dentro del proyecto ptolemaico de ampliación del templo. En cuanto a los datos puramente arqueológicos de los que disponemos acerca de la capilla, son lamentablemente escasos.

El topónimo nubio de Debod deriva probablemente del egipcio Ta-Hut, que significa ‘el templo’, y su emplazamiento, (hoy desaparecido bajo las aguas de la gran presa de Assuán), se encontraba, ya en tierra nubia, en una pequeña meseta en la orilla oeste del río Nilo, a unos dieciséis kilómetros hacia el sur de la actual ciudad de Assuán, apenas rebasada la primera catarata (exactamente a 15,4 kilómetros al sur de la isla de Filé ).

El área de Debod debió estar poblada desde la época predinástica, puesto que su necrópolis albergaba enterramientos datables en dicho periodo, y aún más adelante.

Durante el Imperio Medio, Debod debió ser un cruce en el camino de las rutas de las expediciones enviadas por los egipcios en busca de cobre y otros minerales existentes en el desierto. Concretamente, la expedición prusiana dirigida por Richard Lepsius encontró en Debod, el 31 de Agosto de 1844, una estela dedicada por un tal Intef relativa a una misión de transporte de cobre llevada a cabo durante el reinado de Amen-em-Hat II (1922-1878 a. de C.).

Es muy posible que, en el mismo lugar pudiera haber existido algún tipo de santuario o capilla dedicado al dios Amón, al menos, desde el Imperio Nuevo en adelante.

Nos consta la relativa importancia religiosa de Debod durante la dinastía XIX por haberse encontrado allí restos con inscripciones con el nombre del rey Sethy II (1201-1196 a. de C.).

También está documentada la existencia de enterramientos pertenecientes al mismo periodo. Aún conocemos dos pruebas más de la existencia de un santuario en la zona de Debod, antes de que fuera construida la capilla de Adijalamani.

Una, en la erigida por Arkamani (Ergamenes II) en el templo de Dakka, donde se menciona al dios Amón de Debod, de quien se dice: ‘el dios grande, el que preside la Enéada’ (Roeder, Dakke, I, 226, # 505). Otra, en la puerta romana del templo de Dendur, mención de tradición más antigua.

Así pues, todo parece indicar que, en la zona de Debod existió, con anterioridad a la construcción de la capilla de Adijalamani, otra edificación religiosa, presumiblemente dedicada al dios Amón y también, probablemente, a la diosa Isis.

También parece seguro que el lugar donde la capilla de Adijalamani se construyó era el punto donde se alzaba, desde tiempos antiguos, el santuario de una población, como era usual en Egipto.

La dedicatoria de la capilla de Adijalamani

La construcción erigida por Adijalamani estuvo claramente dedicada a dos divinidades principales: la mitad norte de la capilla, al dios Amón de Debod y, la mitad sur, a la diosa Isis del Abatón (en Filé).

En cuanto al dios Amón se refiere, la extensión de la dedicatoria de la capilla al dios se recoge en la gran inscripción esculpida en su muro Este, mitad Sur, de la que quedan restos mal conservados, que aún se pueden leer ‘...[Amón de]?.. Debod, junto con su enéada sobre su gran trono, en su [sagrada mansión], (y) tu belleza [en] la casa [(de) Amón] (de) Debod, junto con su enéada. (El que está) desvestido, es cubierto (con) el lienzo, el rostro misterioso de los dos dioses vestido...el dios Amón de Debod. Yo hago el camino, yo abro........' (Martín Valentín IJTD # 31. Roeder Debod # 135).

Por lo que hace a la diosa Isis, ella controlaba la mitad Sur de la capilla, ya se ha dicho.
El rey toca los sistros para su madre en el muro Oeste, mitad Sur: ‘Hacer (sonar) los dos sistros para su madre. (Hacer la) protección para su cuello; hecho (para que) él sea dotado de vida’ (Martín Valentín IJTD # 30. Roeder Debod # 195).

Adijalamani ofrece a la diosa en el muro Sur el collar Usej: ‘[Ofrecer] (el collar) Usej [a su madre, la que es poderosa de juventud. Hecho por él,] a fin de que le sea dada [toda] vida.’ (Martín Valentín IJTD # 39, c); Roeder Debod # 202). Y en el mismo muro Sur también la hace ofrendas de pan: ‘[Consagrando] las provisiones de pan blanco para su madre.’ (Martín Valentín IJTD # 34, d). Roeder Debod # 220).

Dedicando la capilla a estas dos emblemáticas divinidades Adijalamani pretendió, probablemente, perseverar en la tradición existente hasta el momento, sirviendo tal actuación como refrendo de la voluntad del rey meroítico en orden a subrayar su presencia en la zona, tal como lo hiciera también su antecesor en el trono, Arkamani (Ergamenes II).

Sin embargo, esta voluntad, materializada en la ubicación de la imaginería del dios Amón en los muros de la mitad Norte de la capilla, mientras que en los muros de la mitad Sur se colocaron los de la diosa Isis, implica otra importante clave, expresada deliberadamente por el proyecto constructivo y decorativo de la capilla.

Ello es que, el centro geográfico, vale decir ‘cósmico’, que Adijalamani contempló a la hora de construir la capilla y dedicarla a los dos dioses citados, se encontraba dentro de Egipto, Nilo abajo de Debod.

En efecto, Isis es, en Debod, una diosa (situada y rigiendo) territorio al sur (de Tebas), mientras que Amón se encuentra plasmado en la capilla de Adijalamani como dios regente y presente al norte (de Filé).

Así, ambas ciudades santas, ambos santuarios (el de Amón de Karnak y el de Isis de Filé), marcaban los puntos limítrofes entre los que se hallaba el ideal e ideado territorio para el planeado ejercicio de la soberanía de Adijalamani como pretendido rey de Egipto. Se trataba del territorio existente entre las místicas fronteras marcadas por Tebas, al norte, y Filé, al sur.

La dedicatoria de la capilla al dios Amón de Debod

Para llevar a cabo esta ceremonia, el rey es representado ciñendo en su cabeza la Corona Roja, emblema de soberanía sobre el norte de Egipto. Exhibe collar Usej, brazaletes en sus muñecas y en sus brazos. Viste con la falda Sendyit ceñida con la cola de toro, y porta barba ritual.

Según Roeder, existió una inscripción que decía ‘(La entrega del templo) a su Señor’. Roeder Debod # 146)

El templo está representado por la puerta de la capilla y, en realidad, lo que el soberano está haciendo es la ceremonia de la ‘golpear la puerta’ con la maza que lleva en la mano izquierda, mientras alza la derecha con el gesto ceremonial utilizado para entonar las frases rituales.

Delante, y sobre la cabeza del rey, se encuentra la siguiente inscripción:
'El rey del Alto y del Bajo Egipto ‘Imagen de Ra [elegido de los dioses]’. El hijo de Ra ‘Adijal[amani, eternamente viviente, amado de Isis’]. El buen dios lo (ha) hecho (como) [(su) monumento] para su padre Amón.' (Martín Valentín IJTD # 47, a) 1-3. )

La ceremonia de consagración de los templos

El dios Amón dice a Adijalamani:
‘(Yo) hago de modo [que tu rostro sea estable como Ra, en el firmamento]’]iDelante del dios Amón, una inscripción explica:
' Palabras dichas por Amón-[Ra que reside en De](bod), dios venerable en su espléndida imagen con la sagrada corona-de-las-dos-plumas estable en su cabeza, unida con la bandeleta a su bello rostro.'
Detrás del dios, se lee:

'[Amón de Debod, dotado de vida], El-de-larga-barba, [el hermoso] Medyai (señor) del Punt; el dios que se ha creado a sí mismo, (él es) infinito; su extensa totalidad, no (tiene) límite’. (Yo) te doy la duración del tiempo de vida de Ra en el firmamento.’ ( Martín Valentín IJTD # 47, b) 1-7 y d) 1)

La dedicatoria de la capilla a la diosa Isis del Abatón (Filé)

La dedicatoria de la capilla a la diosa Isis queda plasmada en la Jamba exterior sur de la misma, por medio de la siguiente inscripción, existente en su tiempo, y hoy, lamentablemente, casi completamente desaparecida:
'[El buen dios, el señor de las Dos Tierras, Adijalamani, eternamente viviente, amado de] Isis, dotada de vida, la señora del Abaton. Él construye para ella su puerta con bella (y) sólida piedra blanca. Él embellece…. ' (Martín Valentín IJTD # 23, 1-3)

La dedicatoria es coherente con la tradición del culto de la diosa Isis en Debod, aunque, como observó Roeder: ‘....En otros templos nubios se menciona ocasionalmente a Amón de Debod....pero nunca a Isis de Debod. La compañera de Amón de Debod es Satis, la protectora de Elefantina, una diosa nubia de origen...’

El reparto del santuario muestra también la dualidad de los dioses adorados en Debod. En el templo hubo dos naos durante la época ptolemaica y romana. Por ello, hay que pensar que pudieron existir otros dos naos en los tiempos de Adijalamani, probablemente sustituidas posteriormente por los dinastas alejandrinos, para colocar las suyas.

Como dice Roeder: ‘...Dos naos en un santuario son inhabituales y significan en el fondo, lo mismo que en el santuario de Kom Ombo: que en el templo son adorados dos dioses, y estos no pueden ser en Debod, según lo que sabemos, otros que, Amón de Debod, e Isis de Filé.’ Sin embargo, siendo esta observación acertada, pues es cierto que nunca existió una Isis de Debod como divinidad específica, ello demuestra que la diosa Isis adorada en Debod era la Gran Isis de Filé. No podría haber sido de otro modo. '

Paralelos arquitectónicos de la capilla de Adijalamani

Se ha propuesto más arriba la consideración de la capilla de Debod como uno de los ejemplos de la serie de templos de época ptolemaica que implicaba la presencia de elementos culturales ajenos a la tradición egipcia.

En este caso, no se trataba de la influencia griega o, mejor, ptolemaica, sino de la meroíta. Conocemos abundantes ejemplos de templos napateos y meroítas que pueden ilustrarnos a propósito de lo que podría haber sido la intención constructiva final de Adijalamani, cuando ordenó la edificación de su capilla en Debod.

El templo del sol en Meroe

El desarrollo arquitectónico de los templos kushitas se producía desde el centro hacia fuera, quedando la parte más sagrada ubicada en el centro arquitectónico del conjunto que lo albergaba, con un sistema semejante al de las capas que conforman una cebolla.

Por el contrario, los templos tradicionales egipcios se edificaban desde un punto determinado, hacia el exterior, en una perspectiva orientada linealmente.

Observando tal principio, es factible admitir que el plan arquitectónico original de nuestra capilla, recuerda vivamente al del ‘Templo del sol’ en Meroe, construido en época de Aspelta (siglos VII-VI a C.), y también, a los de otros santuarios edificados por los kushitas en dicha capital.

El ‘Templo del sol’ de Meroe, construido en la llanura desértica, a medio camino entre la ciudad y los cementerios de las pirámides reales, se alza sobre un podium que se apoya en una rampa inclinada, bordeada por una columnata períptera.

La citada capilla está inserta dentro de un templo dotado con pilono, todo ello, a su vez, dentro de un muro de rodeo al aire libre, con columnata períptera, y cerrado por otro pilono de mayor altura que el anterior, que acogía la puerta de acceso al recinto.

La entrada hacia el interior del templo se facilitaba por medio de una escalera, construida con escalones de escasa altura, a través del pilono, traspasado el cual, se entraba en lo que sería realmente el edificio religiososo, paralelo de nuestra capilla.

En el caso de Debod, se comprende que solo se llegó a construir la parte interior o capilla de lo que podría haber sido un complejo edificio, alzado en un estilo de construcción religiosa análogo al del citado ‘Templo del sol’, con lo que se puede establecer un perfecto paralelo entre ambas edificaciones religiosas.

Así pues, la capilla de Adijalamani habría llegado a ser, si las circunstancias políticas lo hubieran permitido, el núcleo central de un gran santuario como el del rey Aspelta en Meroe.

Un relieve existente en la parte trasera del muro de rodeo del ‘Templo del sol’ muestra el edificio, tal como aparecía, cuando aún estaba en pie. A la vista del mismo se comprueba la existencia de la columnata períptera interior. Hinkel, en su idea reconstructiva acerca del posible estado original del santuario, ha propuesto añadir otra semi-columnata períptera exterior que cubriría las fachadas frontal y laterales, dejando franca la puerta y la rampa ascendente de acceso al interior del santuario, situadas entre los masivos del pilono.


La capilla de Ergamenes en el Templo de Thot de Pnubs, en Dakka

La estructura de la capilla de Arkamani en Dakka, (Ergamenes II) (207/6-186 a C.), englutida en las ampliaciones posteriores del templo de tiempos de Ptolomeo IV, Filopator y de Ptolomeo VIII, Evergetes II, recuerda muy vivamente la tradición arquitectónica de los templos meroíticos y, por consecuencia, también a la de Adijalamani en Debod.

Los paralelos de esta capilla con la de Adijalamani en Debod, no solo se refieren a las hechuras arquitectónicas, sino a la presencia de representaciones de divinidades en su interior, que también están presentes en Debod.

Así, aparte del dios Thot de Pnubs, vemos (como en Debod) las imágenes de Im-Hotep, Upset, Ra Hor-Ajty y Hat-Hor, Satis, Osiris e Isis, Amón-Ra, Mut, el propio Amón de Debod, el Faraón de Biga y Anukis, Shu-Arensnufis y Sejmet/Tefnut, Harpócrates y Buto/Neith.


Otros templos en Mussawwarat Es Sufra y Meroe

En general, el trazado de los templos meroítas imitó el planteamiento de los templos dedicados al dios Amón durante la dinastía XXV. El templo de Amón en Meroe se comenzó en el siglo III antes de Cristo.

Los templos de Amón dotados con cámaras múltiples, construidos en Naka y Amara, el de Isis en Uadi ben Naka, o los templos B 1300 en Napata, o M 720, en la ciudad de Meroe, atestiguan la supervivencia de la estructura litúrgica de los cultos tradicionales.

Sin embargo, la principal clase o tipología de templo construido en los siglos del periodo meroítico era la de una sola sala, como en Debod o en Dakka antes de la ampliación ptolemaica.

Entre todos los templos nubios que se puedan señalar, probablemente el más cercano a la idea constructiva de la capilla de Adijalamani sea el ‘Templo del león’, dedicado al dios Apedemak, en Mussawwarat Es Sufra. Fue mandado edificar entre los años 235-221 a C., bajo el reinado del rey Arnejamani, antecesor de Arkamani (Ergamenes II).

De hecho, sus medidas (doce metros de largo por seis metros y medio de ancho) se asemejan, en las proporciones, a las de la capilla de Adijalamani, aunque esta última es de dimensiones más reducidas.

Lo que conocemos de este templo indica que la naturaleza de su estructura de una sola cámara, con pilono y entrada con columnas, permitía ejercer en ese limitado espacio, las mismas funciones rituales que se habrían desarrollado en los complejos tradicionales constituidos por la sala hipóstila, el pronaos, y el naos, que conformaban los templos con múltiples dependencias, al estilo tradicional del Alto Egipto. Este era el caso de la capilla-templo de Adijalamani en Debod.

Por otra parte, el tema central de los relieves del ‘Templo del león’, en Musarawwat Es Sufra, está constituido por los principales dioses asociados al mito de Estado: el dios Apedemak, que ocupa el lugar principal como la divinidad a la que los principales santuarios fueron dedicados, junto con otras no menos importantes tales como Amón, Arensnufis, Sebiumeker, Horus y las consortes de Apedemak y Amón.

El templo M 250 erigido sobre un podium por Aspelta en la ciudad de Meroe fue reconstruido como una capilla con doble podium por el príncipe Akinidad, a finales del siglo I después de Cristo.

En todo caso, queda claro que la capilla-templo de Adijalamani en Debod entra de lleno en la tipología de los templos meroíticos, llevada desde Nubia a la frontera con Egipto con motivo de la presencia de los soberanos de Meroe en dicha zona, entre los siglos III y II, a. de C.

Francisco J. Martín Valentín
Egiptólogo

Ver en este mismo blog el artículo : LAS INSCRIPCIONES JEROGLÍFICAS EN EL TEMPLO EGIPCIO DE DEBOD


BIBLIOGRAFÍA

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Almagro Basch, M., Griñó, R. y Almagro Gorbea, A. ‘Sobre la colocación de dos fragmentos de dinteles grabados con jeroglíficos de la puerta de la capilla de Azakheramon en el templo de Debod’. Trabajos de Prehistoria, 28 (1971)
Almagro Gorbea, A. Templo egipcio de Debod (Madrid). Planimetría. Madrid, 1972
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Bjerre Finnestad, R. ‘Temples of the Ptolemaic and Roman Periods: Ancient traditions in new contexts’, en Temples of Ancient Egypt. Londres, 2005
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Marciniak, M. ‘Rapport de la campagne de fouilles polonaise à Dabod’. Fouilles de la Nubie 1959-1961. ASAE 62 (1962)
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Török, L. The Kingdom of Kush. Handbook of the Napatan-Meroitic Civilization. Leyden, 1997.
Welbsy, D. A.The Kingdom of Kush. The Napatan and Meroitic Empires. Londres, 1996

Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman

Bitácora

Jueves, 6 de Septiembre 2007 - 18:09

El Instituto de Estudios del Antiguo Egipto inicia el nuevo año académico 2007-2008 pletórico de actividades y creciente prestigio


Aspiraciones y nuevos trabajos para el curso académico 2007-2008

Comienza un nuevo periodo de actividades en el campo de la egiptología para el Instituto de Estudios del Antiguo Egipto. Concluído el curso del año académico 2006-2007 iniciamos en estos días los trabajos que permitirán desarrollar un nuevo calendario de actividades para el curso 2007-2008.

Esta vez, sin respiro desde el retorno de las vacaciones estivales, se han iniciado los actos egiptológicos de la mano de la Universidad de Navarra, a través de la 'Fundación Culturas. Millenium' de Pamplona con la intervención de Teresa Bedman, y de mi mismo, en la VII Edición de los Cursos de Verano de aquéllas instituciones.

La parte del programa correspondiente a Egipto se ha desarrollado durante el 4, 5 y 6 de septiembre en ponencias consecutivas que han ocupado las tardes de dichos días con varios participantes y una calurosa asistencia de público.

Sirva esta tribuna para testimoniar nuestro agradecimiento a los anfitriones y proclamar al mundo de la egiptología española y extranjera que Pamplona sigue siendo un importante referente de los esfuerzos para consolidar nuestra ciencia en España.

Hay, como siempre, mucho por hacer, pero cada vez existe mayor comunicación entre las instituciones que seriamente intentan hacer de la egiptología una realidad en nuestro país.

No hay lugar a las exclusiones: este es un mensaje que siempre he proclamado y que no me cansaré de vocear. El tiempo me va dando la razón. Los reinecillos de Taifas solo generan debilidad, y son los resultados obtenidos, los que dictaminan la labor realizada, sin que de nada sirva alabar o denostar. Repetimos: 'Unidos se va lejos; separados, solo unos pocos alcanzan las metas, y siempre, de modo incompleto'.

En cuanto a los cantos de sirena y a los ladridos nocturnos nada que decir....ni unos, ni otros, modificarán nuestra andadura por el camino recto emprendido desde hace ya demasiado tiempo.

Ofrezcamos ahora a nuetros amigos alguna reflexión extraída del cuerpo de las Enseñanzas egipcias que nos han de servir a todos para avanzar: 'En cuanto al hombre acalorado en el templo es como un árbol (que ha) germinado cerrado; en el espacio de un momento acaece la caída de las hojas, y encuentra su fin en los astilleros navales, o bien es arrancado de su lugar y la llama es su mortaja fúnebre....' (Enseñanza de Amen-em-Ope).
Así sea.

Francisco J. Martín Valentín
Egiptólogo
Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman

Artículos y comunicaciones

Viernes, 27 de Julio 2007 - 16:57

El objeto de esta conferencia, la primera dentro del ciclo “Debod, tres décadas de historia en Madrid”, organizado por el Museo de San Isidro del Excmo. Ayuntamiento de Madrid, en colaboración con el Instituto de Estudios del Antiguo Egipto, es tratar de recomponer la pequeña historia de las vicisitudes de este templo nubio, desde que se decidió por las autoridades egipcias, en cooperación con el Comité de la UNESCO para el salvamento de los monumentos de Nubia, que fuera desmontado en su emplazamiento original, a 16 kilómetros de Asuán, y transportado a la isla de Elefantina, hasta su llegada a España, así como su posterior reedificación en el solar del antiguo “Cuartel de la Montaña”, en el paraje llamado “Montaña del Príncipe Pío”.
Esta conferencia también quisiera ser un modesto homenaje y testimonio de admiración y respeto a la memoria de la persona gracias a cuyo particular esfuerzo y coraje, el Templo de Debod concluyó siendo patrimonio de todos los españoles y en especial, por su cercanía geográfica, de los madrileños, quienes hoy debemos sentirnos orgullosos de tener en nuestra ciudad el mayor templo egipcio existente fuera de Egipto. Me refiero al Profesor D. Martín Almagro Basch.


DOCUMENTACIÓN DEL TEMPLO DE DEBOD: SALIDA DE EGIPTO Y SU TRASLADO A ESPAÑA


La construcción de Saad El Aali

Cuando, en el año 1952, estalló en Egipto la revolución contra la monarquía, el mundo quedó atento a los cambios políticos y económicos que este proceso podría suponer para el ambiente internacional y para la propia evolución futura del pueblo egipcio.

Haciendo abstracción de los complejos problemas internacionales a los que afectaría tal acontecimiento, existía una gran cuestión pendiente de ser abordada por el nuevo gobierno egipcio.

Tal era la reforma agraria y la solución a los interrogantes de futuro planteados con motivo de la creciente presión demográfica del país y su tradicional escasez de terrenos cultivables. La profunda reforma social que se quería abordar por el nuevo régimen egipcio pasaba ineludiblemente por la solución de estas cuestiones, por otra parte, tradicionales en
Egipto.

Así pues, uno de los principales objetivos de la revolución consistía en generar un renacimiento económico y social en Egipto sin parangón, siendo uno de los principales medios para obtenerlo el proyecto para la construcción de la Gran Presa de Asuán.

En el mes de abril de 1953 ya se había seleccionado por un grupo de expertos el lugar, a unos siete kilómetros al sur de Asuán, donde se ejecutaría esta gran obra de ingeniería que iba a suponer la creación artificial de un gran mar de agua dulce de más de quinientos kilómetros de longitud. Para 1954 era, pues, ya claro que la Baja Nubia y el Valle del Nilo
desde algo más arriba de la primera catarata, en territorio egipcio, hasta cerca de Tangur, a medio camino entre la segunda y tercera cataratas, en el Sudán, deberían ser sacrificados en este proyecto.

La campaña de salvamento de los monumentos de Nubia

Mustafa Amer, Director del Servicio de Antigüedades en aquel momento, fue quien comunicó al ministro de Antigüedades su preocupación por los monumentos que quedarían irremediablemente destruidos a causa de la construcción de la Gran Presa. Así se ordenó enviar a Nubia, en diciembre de 1954, a un equipo de egiptólogos e ingenieros.

Estos expertos elaboraron un detallado informe que sería publicado en junio de 1955. En él se relacionaban los monumentos que debían ser salvados y los lugares que tenían que ser objeto de excavación. Repartido dicho informe por todas las instituciones científicas del mundo, se solicitó ayuda urgente para cooperar en la búsqueda y excavación para salvar
los lugares y monumentos que estaban en peligro.

Dentro de las medidas adoptadas para cooperar al salvamento de los monumentos de Nubia estaba la creación, con la cooperación económica de la UNESCO del Documentation and Study Center for the History of the Art and Civilization of Ancient Egypt en El Cairo, en 1955.

Con anterioridad a ello, ya en 1954, Mme. Desroches Noblecourt del Museo del Louvre, había sido convocada por la UNESCO y el Gobierno egipcio para crear un Centro que trabajase sobre los datos ofrecidos por los monumentos y antigüedades del Egipto faraónico. Su objeto era recopilar los datos existentes en las más de 400 tumbas conocidas en la orilla occidental de Luxor.

Sin embargo, la urgencia en el desarrollo del proyecto de la Gran Presa hizo necesario cambiar los objetivos citados por el más prioritario de salvar los monumentos nubios.

Por esa razón, durante la octava sesión de la Conferencia General de la UNESCO de Montevideo en 1954, se acordó poner en marcha por el recién creado Centro, las tareas necesarias para documentar y recoger la información de los lugares y monumentos de la Baja Nubia.

Lamentablemente, en los primeros momentos, a partir de la llamada de auxilio de las autoridades egipcias, la reacción internacional fue escasa.

En 1958, el director del Metropolitan Museum de Nueva York, Sr. Rorimer se había puesto en contacto con el Dr. Saroite Okasha, Ministro de Cultura de Egipto. Rorimer atrajo la atención del Ministro sobre la lamentable situación y futuro de los monumentos de Nubia. Con tal motivo el Dr. Okasha asumió personalmente la tarea de volver a incentivar el desarrollo de los trabajos de salvamento. En este contexto, el asistente del Director General de la UNESCO, Sr. Maheu se comprometió, tras una entrevista con el Ministro egipcio, para involucrar decididamente al organismo internacional en la campaña de salvamento. Tal extremo se ratificó a través del Director General y, una vez recibida la confirmación de este alto nivel, en enero de 1959, el proyecto contó con la aprobación del Presidente Gamal Abdel Nasser.

Resultaba, pues, evidente que se haría necesaria la cooperación, no sólo de los organismos internacionales, sino de los Gobiernos de los diferentes Estados del mundo, para poder conseguir la imprescindible ayuda económica y técnica vitales que permitiría desarrollar la gigantesca empresa que representaba el salvamento de la gran cantidad de templos y lugares arqueológicos de primer orden que existían en la zona y que quedarían irremisiblemente sumergidos bajo las aguas de la nueva presa.

La llamada oficial para una colaboración internacional fue lanzada por la UNESCO en una carta de 6 de Abril de 1959 por el entonces Director General Sr. Vittorino Veronese.

Fue a partir de este momento, cuando se ofreció a los Estados miembros de la UNESCO que desempeñasen una activa labor en esta campaña, darles facilidades para las operaciones arqueológicas en Nubia, pudiendo obtener hasta el 50% de todos los hallazgos realizados. Igualmente se empezó a considerar la posibilidad de donar a los países más involucrados en las tareas de salvamento ciertos templos y otros monumentos y antigüedades, en compensación por los trabajos realizados y los donativos entregados para la campaña.

En Octubre de 1959 se reunieron diversos expertos en El Cairo, bajo la dirección del arqueólogo americano Profesor Joe Brew. En la inauguración de las sesiones, el Dr.Okasha, Ministro egipcio de Cultura, confirmó el apoyo de su Gobierno al proyecto del salvamento de los monumentos nubios y la decisión de recompensar a los Estados miembros y a las instituciones que participasen en la campaña.

Se dieron seguridades de que Egipto entregaría ciertos templos nubios a los Estados que hubieran hecho las mayores contribuciones económicas. A estos fines un Comité de expertos del Servicio de Antigüedades y de la Universidad de El Cairo, habían seleccionado los templos de Taffa, Dendur, Derr, Ellesiya y Debod.

La capilla de Taffa, a unos 45 kilómetros al sur de Asuán cuyos restos apenasrepresentaban los cimientos del edificio y dos hiladas de bloques, era un edificio de época grecorromana que estuvo dedicado al culto de la diosa Isis.

El templo de Dendur, situado originalmente a unos 80 kilómetros al sur de Asuán había sido construido por orden del Emperador Augusto en honor de Pe-te-Isis y Pa-Hor, dos hijos de un jefe local nubio que habían sido divinizados en ese lugar.

El speos de Ellesiya, un lugar situado a unos 228 kilómetros al sur de Asuán, era un pequeño templo excavado en la roca por orden de Thutmosis III (hacia el 1450 a. de C.), dedicado al dios nubio Horus de Miam y a su esposa la diosa Satis. El templo de Derr, a 205 kilómetros al sur de Asuán, había sido construido por Ramsés II (hacia el 1298-1235 a. de C.), para dedicarlo al culto de los dioses Ra Hor-Ajty y Amón-Ra.

El templo de Debod, situado a unos 16 kilómetros al sur de Asuán, era el mayor de todos los monumentos seleccionados para su donación. Construido en forma de capilla dedicada por el rey meroítico Adijalamani (hacia el 180 a. de C.) al dios Amón de Debod y a la diosa Isis, posteriormente fue sensiblemente agrandado por Ptolomeo VI Filometor y Cleopatra II, contando en su interior, en el momento de su desmantelamiento, con un naos dedicado por Ptolomeo XIII Neos Dionysos.

El templo es coetáneo del de la diosa Isis, en la isla de Filé. Ambos fueron construidos con aportaciones de los reyes meroíticos y de los soberanos ptolemaicos.

En Debod se hicieron también aportaciones por los emperadores romanos Augusto y Tiberio.

La construcción de la Gran Presa trajo consigo que la parte norte de Nubia perdiese su antiguo carácter y belleza pero, cuando todas las tareas de salvamento se concluyeron, la mayor parte de sus templos quedaron preservados para siempre.

Todos ellos, salvo tres (Gerf Hussein, capillas de Kasr Ibrim y el templo de Abu Oda), de los que sólo se removieron algunos elementos, fueron finalmente desmantelados y trasladados a otro lugar. Unos, en Egipto (los Templos de la isla de Filé a la isla Agilkia; los templos de Beit el Wali y Kalabsha y el Kiosco de Kertassi, cerca de la Gran Presa; los templos de Dakka, Maharraka y Uadi es Sebua, cerca del lugar de Uadi es Sebua; los templos de Amada y de Derr, cerca del lugar de Amada; los templos de Abu Simbel, en el mismo lugar donde estaban, pero 60 metros más alto); otros en Sudán (los templos de Aksha, Buhen, Semna este y Semna oeste, en los jardines del Museo de Jartum).

Además, Egipto donó finalmente, en muestra de gratitud, cuatro de los cinco templos seleccionados a tal fin: Taffa a Holanda, Dendur a los Estados Unidos, Ellesiya a Italia y Debod a España.

Fuera de este contexto, en agradecimiento por los trabajos de desmantelamiento, transporte y reconstrucción del templo de Kalabsha, llevados a cabo por la República Federal de Alemania en 1961-1963, también se haría entrega del pórtico ptolemaico de dicho templo al Museo de Berlín.

La Misión española en Nubia

La incorporación española a esta gran tarea de salvamento de los monumentos existentes en Egipto y Sudán amenazados por las obras de la Gran Presa, se produjo muy al principio de esta segunda fase del llamamiento internacional.

En 1960 se constituyó el llamado Comité Español para el salvamento de los tesoros arqueológicos de Nubia, cuya dirección técnica se encomendó al profesor D. Martín Almagro Basch.

En atención a ello, España colaboraría en esta tarea internacional excavando en yacimientos de la Nubia sudanesa y egipcia.

Como se ha dicho antes, el programa de trabajo del Centro de Documentación del Antiguo Egipto, complementaba sus labores de recopilación documental con la concesión de áreas de excavación arqueológica. Así, el Profesor Ricardo Caminos fue encargado de copiar los relieves y textos de los templos de Buhen y Semna. Los dibujos e inscripciones existentes en las rocas fueron colacionados, entre otros, por el Profesor alemán Fritz Hintze y por la Misión Arqueológica Española en Nubia bajo la dirección del Profesor Almagro Basch. A España le correspondería desarrollar varias campañas sucesivas para documentar todas las inscripciones rupestres existentes en las orillas del Nilo entre Korosko y Kasr Ibrim.

La primera concesión obtenida por España fue para excavar en la fortaleza de Sheij Daud cerca de Tumas. Más tarde se concedería a España la excavación de una necrópolis del Grupo X en Masmás, en el Alto Egipto.

A estas seguirían otras campañas de excavación durante los años 1961 al 1964, entre las localidades de Mirmad y Nag Sakoli, en la Nubia sudanesa. La Misión Española también solicitó y obtuvo concesiones para excavar en las islas de Kasr Ico y Abk Anarti, en la segunda catarata del Nilo, en el Sudán.

Al inicio de 1960 Egipto había comenzado el salvamento de los templos de Taffa, Debod y Kertassi, que concluyó durante el verano de ese año; en 1961 fueron desmontados los templos de Dakka y Maharraka, y en 1962 el de Dendur.

Para facilitar las operaciones de desmantelamiento de los templos y excavación de los lugares amenazados por la retención de las aguas, el Ministerio de Irrigación bajó, desde más arriba de Asuán, el nivel de las mismas a 101 metros, en relación con el del mar.

Previamente al desmontaje de los monumentos, se procedió a copiar todas las inscripciones
que los cubrían (en Debod la labor correspondió a François Daumas y a Philippe Derchain).
En cuanto a Debod se refiere, una vez desmantelado, se llevaron a cabo algunas excavaciones en sus cimientos y en los alrededores del edificio. Estos trabajos se realizaron a expensas de la UNESCO y fueron ejecutados por el Servicio de Antigüedades de Egipto, con la ayuda de algunos arqueólogos polacos.

Sin embargo, y según nos cuenta el Profesor Almagro, lamentablemente estos trabajos se hicieron con demasiada precipitación renunciándose a salvar elementos de la construcción que habrían sido esenciales, según su criterio, tales como las piedras de la fundación del edificio o aquéllas otras sobre las cuales arrancaban los muros. Se quejaba también el Profesor Almagro de la ausencia de memorias o descripciones de las tareas realizadas que, a pesar de haber sido reiteradamente requeridas por él, nunca le fueron facilitadas.

Finalmente, el templo desmontado fue trasladado a la isla Elefantina, frente a la ciudad de Asuán, en los primeros meses de 1961. Allí estaría depositado hasta el mes de abril de 1970, momento en que los bloques fueron transportados por el río hasta el puerto de la ciudad de Alejandría.

La adjudicación del Templo de Debod a España

Para cuando fueron desmantelados, tanto el Templo de Debod como la capilla de Kertassi, ambos muy cercanos entre sí, habían sufrido bastante a causa de las injurias del agua. En efecto, Debod, que como se ha dicho estaba construido a 16 kilómetros de Asuán, había sido condenado a permanecer prácticamente sumergido en el agua durante cerca de nueve meses al año desde que, en 1908, se construyese por los ingleses la primera presa de Asuán.

Por ello, el estado de su piedra arenisca era bastante delicado y la policromía había desaparecido totalmente después de estar sometido a cincuenta sucesivos lavados por el agua que lo cubría casi enteramente durante gran parte del año. Además, Debod arrastraba un estado de semiruina desde el terremoto que lo afectara gravemente en 1868.

Habría de pasar un siglo hasta que, en el año 1968 el templo fuese donado por el gobierno egipcio al pueblo español.

Desde que nuestro templo fue incluido en la serie de los que el gobierno egipcio había decidido que serían entregados a los países miembros de la UNESCO participantes de las operaciones de salvamento, se desató el interés internacional para conseguir su adjudicación, por ser el mayor de todos, así como por poseer gran interés en relación con la existencia documentada del rey meroítico Adijalamani. Este soberano, apenas conocido,
sólo estaba mencionado por algunas inscripciones existentes en la cámara funeraria de su pirámide, en Meroe, la capital de Napata, y por un fragmento de estela encontrado en el templo de Isis, en Filé.

Sin embargo, Debod era el monumento construido por él y el lugar donde la presencia de este rey meroítico era más abundante en los relieves e inscripciones de su capilla.

Lo cierto es que, cuando España se incorporó a las labores de salvamento de los monumentos nubios, probablemente ya se había considerado por el Profesor Almagro la posibilidad de que nuestro país se hiciera con alguno de los cuatro monumentos que serían exportados de Egipto.

No obstante, la solicitud de la concesión del templo de Debod no se formalizó por parte española ante el gobierno egipcio, hasta el mes de febrero de 1964.

Para justificar tal petición se contaba con la meritoria labor desempeñada por la misión arqueológica española en Nubia durante numerosas campañas de excavación, así como por la aportación económica entregada por el gobierno español para el salvamento de dos importantes monumentos nubios, los templos de Abu Simbel y de Filé.

Para los primeros se entregaron 325.000 dólares USA y para los segundos 200.000 dólares USA, lo que supuso un total de 525.000 dólares. El donativo fue bastante generoso a la vista de las aportaciones de otros países que poseían una declarada tradición egiptológica, como fue el caso de Gran Bretaña, que tan sólo aportó 212.926,21 dólares USA, para el salvamento de los templos de Abu Simbel.

Hay que decir que, muy probablemente, éste fue un requisito importante, pero que, el profundo tesón y la encomiable labor del Profesor Almagro y de personas como D. Constantino Fronista, Canciller de la Embajada de España en El Cairo, fueron también factores determinantes para poder obtener como resultado final la adjudicación del templo a favor de España.

Hay que considerar que, por ejemplo, Estados Unidos había aportado para estos proyectos la muy respetable suma de 18.500.957,74 dólares, lo que unido a su indudable influencia política, hubiera justificado que el templo hubiera ido a parar a este país.

Lo mismo cabe decir de países como Francia o Alemania (entonces República Federal). Francia aportó 1.267.700,61 dólares USA y la República Federal de Alemania 678.165,70 dólares USA.

Holanda e Italia, los otros dos países que solicitaron y recibieron un monumento a cambio de su aportación económica, donaron la suma de 556.591,42 dólares, y 1.175.797,10 dólares, respectivamente, aunque hay que considerar que la donación italiana fue algo interesada, puesto que sería la empresa italiana Condotte-Mazzi, la adjudicataria para llevar a cabo el desmontaje y reconstrucción de los templos de la isla de Filé.

No obstante, también debieron pesar en la decisión final del gobierno egipcio otras consideraciones, vinculadas a las propias circunstancias que la política exterior egipcia contemplaba en dicho momento; por ejemplo, pudiera haber sido trascendente el destacado papel mediador y de apoyo a los países árabes que España ejercitaba en aquel momento en la crisis de Oriente Medio.

En todo caso es seguro que la petición española no debió ser vista con muy buenos ojos por los integrantes no egipcios del comité para el Salvamento de los Monumentos de Nubia.

Concretamente la francesa Madame Desroches-Noblecourt y el británico Profesor Walter B. Emery tratarían, como luego se verá, de oponerse a la petición española.

Tenemos constancia por una carta enviada desde El Cairo el 2 de Junio de 1966 por el Sr. Fronista al Profesor Almagro, del estado de las gestiones en relación con el asunto del templo cerca de las autoridades egipcias.

De la misma se desprende que se había invitado a ciertos funcionarios egipcios para visitar España. Además se refería en dicha carta el Sr. Fronista al problema del reparto de los hallazgos en Nubia y a las dificultades que oponían a la petición española países como Holanda y Alemania que también tenían solicitada la entrega de templos, sin que sus peticiones hubiesen sido aprobadas.

Las autoridades egipcias pedían, por favor, que no se interrumpiesen las labores españolas en Nubia y que se volviese a enviar la misión arqueológica en el mes de Julio de dicho año para la campaña de 1967, prometiendo que todo ello contaría en el momento de la discusión del otorgamiento del templo de Debod y ello, porque España estaba llevando a cabo importantes trabajos que estarían realizados para dicho momento, y así, entonces, se podría hacer saber a los otros países que España no había tenido compensación ninguna por dichos trabajos.

La cuestión de la aportación económica española también tuvo su pequeña historia.

En una visita realizada por el Profesor Almagro en compañía del Sr. Fronista al Sr. Sawi, Ministro de Educación y Antigüedades encargado de los asuntos de Nubia y Presidente del Comité Consultivo, se ponderó altamente por éste último la labor llevada a cabo en Nubia por el Profesor Almagro y su equipo, así como el nivel de las publicaciones de la
Misión española. Abordado el tema de la obtención por España del templo de Debod en compensación de sus trabajos, el Ministro Sawi que, al parecer, era partidario de la petición española, hizo un resumen de las discusiones habidas al respecto en el seno del Comité Consultivo, integrado por miembros del gobierno egipcio y de la UNESCO.

Según el Ministro, una de las objeciones planteadas frente a la petición española era que había que premiar más a aquellos países que habían concedido una mayor contribución económica para salvar los templos de Abu Simbel.

Como consecuencia de ello se indicó al Profesor Almagro y al miembro de la embajada española, la posibilidad de crear un clima favorable dentro del comité a favor de España si se garantizaba que se pudiese anunciar para una próxima reunión del mismo, que tendría lugar en el mes de Septiembre de 1966, que la contribución española iba a ser aumentada desde los 270.000 dólares, inicialmente propuestos, a una cifra que se acercase a la contribución holandesa, cercana a los 500.000 dólares.

El contenido de la reunión, recogido en una nota informativa del Sr. Fronista, recuerda a los regateos de un mercado más que otra cosa. Simplemente, el Sr. Sawi, procedió a echar números con papel y lápiz concluyendo que, si España ofrecía 80.000 dólares más, pasando de 270.000 a 350.000 dólares, entonces él defendería ante el comité la ineludible necesidad de otorgar dicho templo a España.

El Profesor Almagro propuso entonces como fórmula eventual para poder obtener parte de los fondos requeridos, la posibilidad de que las joyas de Tut-Anj-Amon se exhibieran en España, ya que iban a ser enviadas para su exposición en el Museo del Louvre, en París.

Ante tal petición, el ministro egipcio contestó con una evasiva relacionada con la dificultad del transporte de las piezas. La realidad era otra. Los franceses querían la exclusiva de dicha exposición y no estaban dispuestos a compartirla con nadie. Así se privó a nuestro país de una excepcional oportunidad cultural en el mundo de la egiptología.

En resumen, tras la realización de siete campañas arqueológicas españolas en Egipto y Sudán, con la publicación de ocho volúmenes de memorias de los trabajos realizados, más una destacada aportación española de fondos para el salvamento de los templos de Abu Simbel, las expectativas españolas quedaron defraudadas en la reunión del Comité
consultivo de la RAU y de la UNESCO celebrada en Marzo de 1966, en la que se confirmó la cesión del templo de Dendur a los Estados Unidos y el de Ellesiya a Italia, sin hacer siquiera mención de la petición española para obtener la concesión de Debod.

Al parecer, en este retraso tuvieron responsabilidad los dos miembros de la UNESCO que integraban el Comité Consultivo con voto sobre los monumentos de Nubia: el Profesor Emery, y la Dra. Desroches Noblecourt. A consecuencia de ello, el Profesor Almagro se entrevistó personalmente con ambos egiptólogos para pedirles explicaciones por su
actitud; ellos trataron de trasladar la responsabilidad del retraso a los miembros egipcios del Comité Consultivo.

Pero los acontecimientos de la calle ya habían determinado el final de esta aventura puesto que tanto la prensa egipcia como la española habían anunciado en el mes de marzo que el templo sería entregado a España: ¿Cómo deshacer este asunto sin incurrir en un desaire diplomático?

Finalmente, durante la reunión del Comité Consultivo del 15 de Septiembre de 1966, tal como había prometido el Ministro Sr. Sawi, se accedió a la petición española de obtener la donación del templo de Debod para nuestro país.

Afortunadamente, el Sr. Sawi había sido el valedor final de dicha decisión frente a las oposiciones formuladas por los egiptólogos europeos.

Elevada la propuesta correspondiente a las autoridades egipcias, el 30 de Abril de 1968 se dictaba un decreto de la Presidencia de la RAU por el que se ofrecía “el templo de Debod al Gobierno español y a su pueblo en consideración a sus esfuerzos en la contribución a la salvaguarda de los templos de Abu Simbel “.

Madrid, el lugar finalmente elegido

Como se ha dicho antes, los bloques del templo, embalados en cajas, habían sido enviados en 1961 a la isla Elefantina. Allí estuvieron depositados hasta que, tramitados todos los requisitos después de la donación a España, lo que llevó unos dos años, se acordó su partida para el puerto de Alejandría en el mes de abril de 1970.

El 24 de dicho mes se realizó la supervisión del embalaje y el recuento de los bloques por D. Raimundo Griñó y el funcionario de la Embajada de España en El Cairo Sr. Georgiades, quien también era el encargado de realizar el embalaje y transporte de los mismos hasta Alejandría.

Conocemos el costo de las operaciones de traslado de las cajas de embalaje desde Debod hasta la Isla Elefantina y desde allí al puerto de Alejandría, a través de la comunicación oficial realizada por el Subsecretario de Estado del Ministerio de Cultura de la entonces República Arabe Unida, dirigida el 12 de enero de 1969 al Profesor Almagro; en ella
que se hacía referencia al Decreto de 30 de Abril de 1968 de donación del Templo.

Se indicaba que el Gobierno español tendría que abonar al Ministerio de Cultura egipcio la suma de 25.000 dólares, 1.700.000 pesetas al cambio, como resto de la aportación convenida para la salvación de los templos de Abu Simbel, que aún no había sido satisfecha. Dicha suma se abonó con los fondos de la propia misión arqueológica.

También se hacía referencia en dicho escrito a la suma de 9.890 Libras Egipcias, cuyoequivalente en pesetas era de 1.626.905, y que suponía el costo del desmontaje, embalaje y transporte de los bloques desde Debod hasta la Isla Elefantina.

Se calculaban en otras 500.000 pesetas, unas 3.000 LE, el importe de los gastos del transporte fluvial de los bloques hasta Alejandría y se hacía indicación de que el Gobierno español debería asumir los gastos de transporte y seguros del Templo desde Alejandría a España. En total 3.826.905 ptas.

El resto de los gastos del transporte del templo por mar, desde Alejandría hasta Valencia, y por tierra, desde allí hasta Madrid, se calculó importaría alrededor de 1.173.095 pesetas. Todo ello haría el total de 5.000.000 de pesetas presupuestadas en su momento que fueron íntegramente satisfechas por el Ayuntamiento de Madrid.

El 23 de octubre, el Profesor Almagro solicitaba del Ayuntamiento, conforme a lo convenido, el libramiento de la primera partida de dinero, 1.750.000 ptas., para hacer frente al pago del resto del canon de compensación otorgado por España para el salvamento de los monumentos de Nubia. Dicho importe se satisfizo el 28 de noviembre del mismo año.

El resto de la aportación ya entregada con anterioridad al gobierno egipcio, ascendente a la suma de 500.000 dólares, 35.000.000 ptas., habría sido satisfecha por el Ministerio de Educación y Ciencia y por el Comité del Patrimonio Artístico Nacional.

El 15 de enero de 1969 se abonó por el Ayuntamiento al gobierno egipcio 1.626.905 ptas. para pago de los gastos de traslado del templo hasta la isla de Elefantina. El mismo día se libró otra suma por importe de 500.000 ptas. a favor del Profesor Almagro para hacer frente a diversos gastos del viaje a Egipto para hacerse cargo del templo y otros conceptos
tales como los derivados del transporte del templo hasta Alejandría, suma
que sería justificada en febrero de 1970.

A los 5.000.000 de pesetas. que había satisfecho el Ayuntamiento en esta primera fase, hubieron de añadirse posteriormente otros 4.474.891,54 ptas., como resto de liquidación de los producidos en Egipto más los del transporte por carretera hasta Madrid.

La tarea del transporte de nuestro templo podría ser comparable, por citar los eventos de esta naturaleza más cercanos a nosotros en el tiempo, a las del obelisco del Luxor, hoy en la Plaza de la Concordia, con un peso de 74 toneladas, o del de Thutmosis III, que hoy se encuentra en el Central Park de Nueva York, de 69,6 toneladas.

Ciertamente las dificultades técnicas del traslado de estas magníficas piezas fueron superiores por su fragilidad y por los medios técnicos empleados en el momento de su remoción, pero el del templo de Debod suponía organizar el viaje de 1359 cajas que contenían 1724 bloques cuyo peso rondaba las mil toneladas. Es fácil comprender lo complejo y delicado del trabajo asumido por los responsables de esta tarea.

Al mismo tiempo que se producía la donación del templo por el gobierno egipcio, en abril de 1968, en España se daban los pasos precisos para recibir el monumento en las mejores condiciones posibles.

La noticia de la concesión, despertó a su vez, la consiguiente carrera para obtener, por parte de distintas ciudades españolas, la adjudicación de la custodia y exposición del monumento. Elche, Almería y Barcelona solicitaron que el templo se reconstruyese en sus términos municipales respectivos. Sin embargo, parece que el profesor Almagro avaló la tesis de que el monumento debía alzarse preferentemente en Madrid en tanto
que esta ciudad era la capital de España.

El 6 de Abril de 1968, veinticuatro días antes de la firma del Decreto de donación, el entonces Alcalde de Madrid Sr. Arias Navarro, manifestaba ya por escrito al Director General de Bellas Artes del Ministerio de Educación y Ciencia la petición del pleno del Ayuntamiento madrileño para que se aceptara la propuesta de que el templo de Debod quedase asentado en la capital de España. El Director General contestó el 30 de
Septiembre al Alcalde Presidente de Madrid con su conformidad a la propuesta que recibiría el apoyo económico del Ministerio.

El 4 de Octubre de 1968 se adoptó por la Comisión Municipal de Gobierno del Ayuntamiento de Madrid el acuerdo favorable para la instalación del templo de Debod en su término, así como para conceder los créditos suficientes para afrontar los gastos de transporte a Madrid y su posterior reedificación.

En abril de 1970, el Profesor Almagro marchó a Egipto con una comisión de trabajo integrado por diversas personas entre las que se hallaba D. Raimundo Griñó, a fin de supervisar y organizar el traslado del templo desde Elefantina hasta Alejandría, donde fue embarcado en el vapor “Benisa” que zarpó hacia España el día 6 de junio de 1970; el barco arribó al puerto de Valencia el día 18 del mismo mes y año, quedando, finalmente, bloques del templo depositados en el solar del Cuartel de la Montaña entre los días 20 al 28 del citado mes, tras ser transportados por carretera por la compañía “S. I. T. Transportes Internacionales, S. A.”

Con carácter previo a la salida del templo de territorio egipcio, en mayo de 1970, se había producido la preceptiva aceptación de la donación del templo por un acuerdo del Consejo de Ministros, dictándose el 9 de julio del mismo año el Decreto 2233/70 por el Ministerio de Hacienda (Dirección General del Patrimonio del Estado), por el que se confiaba al Ayuntamiento de Madrid bajo la supervisión de la Dirección General de Bellas Artes la reconstrucción del templo sobre el antiguo solar del Cuartel de la Montaña.

El 20 de mayo de 1970 se solicitó por el Alcalde Presidente de Madrid al Ministerio de Hacienda la preceptiva autorización para que el templo de Debod se pudiera alzar en el solar del antiguo Cuartel de la Montaña y se le confiara la responsabilidad de la reconstrucción del mismo.

La reconstrucción del templo

Como el Profesor Almagro confiesa, la reconstrucción de Debod planteó algunos problemas. El equipo de trabajo de la reconstrucción y el asesoramiento arquitectonico del recinto del monumento estuvo bajo la supervisión del Arquitecto Municipal D. Vicente Batzán, Jefe de monumentos municipales, actuando en la organización e identificación de los bloques D. Raimundo Griñó, como hombre de confianza del Profesor Almagro.

De entrada, parece que, cuando se hizo entrega del templo tan sólo se acompañó por el Servicio de Antigüedades un plano del monumento y un croquis de los alzados con una numeración de la situación de los bloques. Los planos se completaron con una colección de fotografías, hechas por el Centro de Documentación del Antiguo Egipto sin ninguna referencia escrita.

En palabras del Profesor Almagro: “Nosotros pacientemente tuvimos que ir interpretando las signaturas y subsanando algunos errores pues había bloques que tenían la misma referencia topográfica y fue preciso averiguar pacientemente cual era su verdadero sitio…”.

Además, cerca de cien de los bloques perdieron su numeración y otros cuatrocientos fragmentos llevaban una signatura incorrecta con arreglo a los números atribuidos en el plano entregado en su momento a la misión española, lo que complicó aún más las labores de reconstrucción.

Una vez montados los bloques originales sobre una base de piedra que aislase al conjunto del contacto directo con el suelo, se optó por reconstruir el resto del edificio con la técnica de la “anastylosis”, para lo que se utilizó piedra blanda de diferente color, procedente de Salamanca, que permitiera en el futuro la perfecta distinción entre las partes antiguas y las nuevas del edificio reconstruido.

La técnica de la anastylosis consistía en la total reconstitución del aspecto original del edificio. Ello garantizaba un adecuado resultado didáctico a los visitantes que, de este modo se harían una exacta idea del monumento y, además, procuraba una adecuada protección para las partes originales del edificio que quedarían encerradas dentro de la nueva construcción.

La terraza del templo fue cubierta como protección frente a la climatología, a la vez que los bloques originales que, necesariamente debían quedar expuestos a la intemperie, eran tratados químicamente para conseguir su reforzamiento y protección.

Para crear una atmósfera estable y seca, parecida al clima de Nubia se instaló aire acondicionado caliente en el interior del edificio.

Delante del templo se reconstruyeron dos de los tres portales de piedra que el recinto del templo tuvo y que, probablemente, facilitaban el acceso a lo largo de la vía procesional, a través de tres pilonos de adobe. Rodeando esta vía se construyó un estanque de poca profundidad que reprodujese el ambiente fluvial en el que el templo se hallaba.

Los jardines que rodeaban a la edificación fueron especialmente diseñados y plantados con palmeras para recrear el paisaje nubio, bajo la dirección del Arquitecto Municipal D. Manuel Herrero Palacios.

Finalmente, después de dos años de intensos trabajos para llevar a cabo las obras de reconstrucción del templo y la habilitación de su entorno, el monumento fue inaugurado el día 18 de julio de 1972.

Los problemas legales y de conservación

Como lógico complemento de todos los trámites legales relativos a la acogida del Templo de Debod en España, la Dirección General del Patrimonio Artístico del Ministerio de Educación y Ciencia, había puesto en marcha, a finales del año 1970, el correspondiente expediente para su declaración de Monumento Histórico Artístico Nacional.

Inexplicablemente dicho expediente, a pesar de haber sido informado favorablemente por las autoridades competentes del Ayuntamiento de Madrid no concluyó nunca su resolución positiva.

Actualmente se ha iniciado el expediente para la declaración del Templo de Debod como 'Bien de Interés Cultural', por la Comunidad de Madrid.

Transcurridos treinta años desde que el templo llegara a nuestra capital hoy se puede afirmar que, aunque todas las situaciones son, en general, mejorables, la responsabilidad asumida en su día frente a la UNESCO y a Egipto para conservar adecuadamente y exhibir al público el monumento nubio que fue entregado a nuestro país, han sido objetivos ampliamente cumplidos, a pesar de que no siempre se ha contado por parte de los responsables con los medios económicos y humanos necesarios para optimizar la conservación y rentabilidad cultural del monumento.

Actualmente constituye una importante preocupación de los técnicos encargados de la conservación y del público interesado, el peligro que la dura climatología de Madrid junto con los crecientes factores de contaminación ambiental y acústica de la ciudad, suponen como elementos de agresión diaria para las débiles piedras del Templo.

Conviene también destacar cómo este templo nubio, procedente de un lugar tan lejano y ajeno a la tradición cultural del pueblo de Madrid se ha ganado un carácter emblemático que identifica a nuestra capital tanto como lo puedan hacer la Puerta de Alcalá o el Palacio Real. El lugar de Debod quedó sumergido bajo las aguas del Nilo, en la Presa de Asuán, sin
embargo, el topónimo de Debod ha resucitado para dar nombre a un lugar con personalidad propia en la ciudad de Madrid.

Es de confiar en que actos como el que hoy se inaugura, ayuden a reforzar el interés de los ciudadanos y, por ende, el de los políticos y técnicos responsables de la cultura y de los bienes histórico-artísticos de nuestro país, como es el templo de Debod, para que desde las instancias adecuadas se procure lo necesario para asegurar la supervivencia y conservación de este legado de la humanidad del que todos nos debemos sentir orgullosos, beneficiarios y responsables.

Francisco J. Martín Valentín

(Conferencia impartida en el Museo de San Isidro de Madrid el día 2 de noviembre de 2000)



Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman
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Francisco J. Martín Valentín y Teresa Bedman
Francisco  J. Martín Valentín y Teresa Bedman
Francisco J. Martín Valentín es egiptólogo. Director del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto. Director de la Misión Arqueológica Española en Asasif, (Luxor Occidental Egipto), desarrollando actualmente el “Proyecto Visir Amen-Hotep. TA 28". Director de la Cátedra de Egiptología ‘José Ramón Mélida’. Teresa Bedman es egiptóloga. Gerente del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto. Co-directora de la Misión Arqueológica Española en Asasif, (Luxor Occidental Egipto), desarrollando actualmente el “Proyecto Visir Amen-Hotep. TA 28”. Secretaria de la Cátedra de Egiptología ‘José Ramón Mélida’.





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