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Los perros no representan ningún peligro ante el coronavirus

Un artículo científico mal interpretado provocó la confusión


La hipótesis de que los perros han podido participar en la transmisión del SARS-CoV2 a humanos no está bien fundamentada. Un artículo científico mal interpretado originó la confusión. Por Héctor Díaz-Alejo (*).



Foto de Personas creado por prostooleh - www.freepik.es
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Sopas de murciélago, carne de un desdichado pangolín, una cepa laboratorial escapada (o liberada) ...

Son muchas las teorías sobre su origen. Por supuesto, unas cuentan con mucho más rigor científico que otras, pero lo que la comunidad científica apenas pone en duda es que el SARS-CoV2 se trata de un virus zoonótico: se transmite de animales a humanos.

Aun así, hay una plétora de especies animales desde los que el nuevo patógeno podría haber llegado. Más aun teniendo en cuenta ciertos estándares alimenticios.

La hipótesis del perro

Una nueva hipótesis, postulada por el investigador Xia Xuhua de la Universidad de Ottawa (Canadá), indica que el intestino de los perros reúne condiciones que podrían haber propiciado la adaptación del virus.

Para definir esta idea, el autor se basó en el estudio de las proteínas ZAP (Zinc-finger antiviral protein): son moléculas que funcionan como un mecanismo de defensa de los mamíferos frente a los virus ARN.

Su función consiste en unirse al material genético del virus cuando éste ha entrado en las células, provocando que el virus no pueda replicarse y favoreciendo asimismo la degradación.

Representan un arma realmente importante: se ha visto efectividad de estas proteínas frente a virus como el Zika o el VIH.
Las proteínas ZAP, no obstante, necesitan reconocer al virus. Y es aquí donde el SARS-CoV2 parece haberse especializado.

Corona pertrechado

Las ZAP, a fin de atacar el agente patógeno, necesitan unirse a unas zonas específicas del material genético viral: los dinucleótidos CpG.

Cuanta más presencia haya de CpG en el virus, más fácil será que las ZAP los ataquen, haciendo que la infección sea menos peligrosa.

Pero para nuestra preocupación, el SARS-CoV2 tiene un genoma inusualmente deficiente en CpG, lo ha hecho sospechar al autor que el virus se ha adaptado para no ser eliminado por las ZAP.

Dentro de los Betacoronavirus, grupo al que pertenece nuestra funestamente conocida cepa, sólo se encuentra un virus con nivel similar de CpG: el BatCoV RaTG13, presente en murciélagos.

Este agente, que también cuenta con hasta un 96% de similitud con nuestro virus, fue probablemente el precursor de nuestra cepa y la observación de su escasez en CpG alimenta esta teoría aún más.

Algo extraño

Sin embargo, es un suceso extraño. Dentro de los quirópteros no se ha detectado ningún otro virus con tan pocos CpG, lo que lleva a pensar que, probablemente, esta característica haya aparecido en algún otro ser vivo antes de infectar a estos animales.

Es en una familia relacionada, los Alphacoronavirus, donde sí hay más ejemplares con esta característica. Los CCoV (coronavirus caninos), causantes de cuadros digestivos en perros, cuentan con una tasa de CpG similar a la encontrada en nuestro virus.

Al estudiar otros coronavirus en camellos (animal donde se detectó el causante del MERS) y perros, Xia también observó que aquéllos que daban infección en el sistema digestivo tenían una tasa menor de CpG que los que infectaban los pulmones.

El hecho es aún más sugestivo, ya que es en el sistema digestivo donde encontramos un mayor nivel de ZAP, lo que convierte a estos órganos en un ambiente hostil a este respecto.

Así pues, los virus presentes en el sistema digestivo tenderán a seleccionarse de tal manera que puedan evitar las ZAP. Por consiguiente, es posible que así se favoreciera la desaparición de los CpG.

Origen plausible, pero…

De esta manera, la hipótesis manifestada en el trabajo de Xia señala a los perros como un origen plausible del virus precursor del SARS-Cov2.

Un perro (o un humano), que se comiera un murciélago infectado con un virus similar al SARS-Cov2, podría haber resultado subsecuentemente infectado con el virus.

En su intestino, repleto de proteínas ZAP, el virus se habría seleccionado rápidamente, eliminando de su genoma grandes cantidades de CpG para poder reproducirse mejor.

Los cánidos podrían haber facilitado a su vez el paso al sistema respiratorio gracias a su comportamiento social. Al olisquear el ano de sus prójimos, el sistema digestivo de un animal infectado se pone en contacto con el respiratorio de otro perro, pudiendo facilitar la aparición de cepas capaces de causar infección en las vías aéreas.

Una vez así, el virus podría llegar a los humanos desde los perros callejeros, tan abundantes en algunos países de Oriente.

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No hay indicios

Sin embargo, no hay indicios reales y claros de que el SARS-Cov2 haya aparecido en los humanos por contacto directo con perros.

Primero porque no se ha encontrado ningún virus genéticamente emparentado en ellos: tan sólo se ha visto que presentan esa característica similar que les permite sortear las ZAP.

Segundo porque el BatCoV RaTG13, primo cercano del SARS-Cov2 presente en los murciélagos, también tiene esos niveles de CpG: no sólo tendría que haber ocurrido un salto del virus de perros a humanos, sino que otro salto, diferente, tendría que haberse producido de perros infectados a murciélagos.

Tercero, y bastante concluyente, es que el SARS-Cov2, aunque se ha detectado en perros, ha demostrado muy poca capacidad para reproducirse en ellos.

Que sea capaz de reproducirse con cierta efectividad en gatos, hurones y hasta tigres y, sin embargo, lo haga pobremente en perros, indica que este virus no está muy adaptado a ellos.

Solo una hipótesis

Así que, por el momento, no hay ninguna prueba que señale a los perros como el hospedador intermediario, tan sólo una hipótesis no demasiado fundamentada.

No obstante la débil hipótesis, el autor señala en su último párrafo que el trabajo está más enfocado a mostrar nuevas posibilidades en el estudio de la evolución de los virus que a determinar el origen del SARS-Cov2.

A pesar de ello, muchos medios comunicativos se han hecho eco de la idea de los perros como causantes de la infección.

El miedo a ser contagiado y una inadecuada comunicación podrían conducir a un rechazo totalmente injustificado hacia los perros por parte de la sociedad.

Acudir a las fuentes originales se sigue postulando como lo único útil para evitar la difusión de ideas equívocas.



(*) Héctor Miguel Díaz-Alejo Guerrero es investigador en el departamento de Producción Animal (Genética) de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid.
 

Referencias

Extreme genomic CpG deficiency in SARS-CoV-2 and evasion of host antiviral defense. Xuhua Xia. Molecular Biology and Evolution, msaa094. DOI:https://doi.org/10.1093/molbev/msaa094
 
Susceptibility of ferrets, cats, dogs, and other domesticated animals to SARS-coronavirus 2. Jianzhong Shi et al. Science, 08 Apr 2020: eabb7015.DOI: 10.1126/science.abb7015
 
 



Miércoles, 22 de Abril 2020
Héctor Díaz-Alejo.
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