EL ARTE DE PENSAR. Alfonso López Quintás







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Método tercero

El arte de componer

La forma de componer varía notablemente de un autor a otro. Sabemos que algunos compositores –por ejemplo, Beethoven- se veían a veces sorprendidos por uno o varios temas musicales de calidad; los anotaban, y posteriormente seleccionaban entre ellos los que podían vertebrar una obra.


El enigma de la inspiración

Este proceso duraba, en casos, largo tiempo, como parece haber sucedido con el tema principal del Cuarto Tiempo de la Novena Sinfonía. Sin embargo, el resultado del proceso de composición de la obra -ensamblaje y desarrollo de los temas...- es un todo coherente, espontáneo, lleno de sentido. Aquí descubrimos un nexo fecundo entre la inspiración que procede del inconsciente y la labor de composición racional –que combina varios temas, los desarrolla en melodías, practica diversas modulaciones...–. Al compositor le vienen dadas diversas ideas musicales, pero es él quien debe dirigir esa fuerza interior que le inspira y le transporta, es decir, le impulsa a «engendrar obras en la belleza» (Platón) (1). Esta labor de configuración era, a veces, en Beethoven muy ardua: luchaba con los temas, corregía, tachaba febrilmente pasajes enteros, comenzaba de nuevo y se extenuaba buscando la expresión adecuada.

Contrasta este laborioso procedimiento con el proceder rápido y contundente de otros compositores –presididos por el increíble Mozart–a los que parecía venirles prodigiosamente dado tal proceso -con su trama de temas, melodías y armonías, todo bien ensamblado y desarrollado-, de tal forma que, al componer, parecían escribir al dictado. A Schubert le brotaban las melodías a borbotones, de modo que su gran trabajo era seleccionarlas y encuadrarlas en una forma bien definida. El mismo Beethoven, sorprendido al oír una de sus obras, exclamó: “Verdaderamente, en este Schubert hay un destello divino” (2).

Asombra ver con qué tino los grandes compositores consiguen formas perfectas sin perder el frescor de las melodías y la emoción profunda de las armonías. Sus obras son mesuradas y conservan la palpitación primera; tienen el fuego de los orígenes, y muestran, al mismo tiempo, una impresionante madurez.

Se dice de André M. Grétry (1712-1813) que antes de ir a dormir se proponía realizar una determinada composición, y a la mañana siguiente se limitaba a transcribir lo que su interior le dictaba. El gran liederista Hugo Wolf (1860-1903) solía leer y releer un poema hasta que le conmovía; al día siguiente, la melodía brotaba en él de modo espontáneo y decidido. En estos casos es patente la colaboración del inconsciente. También cuenta Tchaikowski que, a veces, en medio de una conversación notaba que se estaba gestando en su interior un tema o un pasaje entero de una obra. De F. Chopin cuenta George Sand que “la creación era en él espontánea, milagrosa; la hallaba sin buscarla, sin preverla, le venía completa, súbita, sublime” (3).

Este tipo de inspiración es el que dio lugar al concepto romántico de artista transportado por las “musas” a un plano de genialidad. Sin embargo, el mayor o menor esfuerzo por parte del compositor no da la medida de la calidad de una obra. En definitiva, a la Estética musical no le interesa tanto el enigmático tema de la potencia inventiva de los diversos compositores cuanto el resultado de la misma, el legado de obras que nos han dejado y que podemos reactualizar creativamente. En qué medida esa capacidad creativa la deben los compositores a la contribución de su inconsciente y a la riqueza de las experiencias que hayan realizado en todos los órdenes de la vida es tarea propia de la Psicología. El cometido de la Estética musical consiste, más bien, en descubrir toda la envergadura de las obras: su belleza, el sentido musical que en ellas late, su capacidad formativa y la intención de fondo que movió al compositor.

El sentido musical nos ayuda a descubrir la lógica propia de cada obra, el modo peculiar de ordenar los temas, desarrollarlos y crear un todo coherente. Es una forma de lógica distinta a la que guía nuestros razonamientos, pero no inferior en coherencia. Canto un tema, y la lógica del canto me lleva a prolongar ese tema en uno segundo en tonalidad distinta, para regresar de nuevo al primero y conseguir, así, realizar la categoría estética de la “unidad en la variedad”. Comienzo una obra en una tonalidad determinada, y el sentido musical me sugiere que realice diversas modulaciones -para diversificar la expresión- y vuelva de nuevo a la tonalidad primera, que juega el papel de fundamento de todo el discurso.

Alfonso López Quintás
12/03/2021

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Alfonso López Quintás
Alfonso López Quintás
Alfonso López Quintás realizó estudios de filología, filosofía y música en Salamanca, Madrid, Múnich y Viena. Es doctor en filosofía por la Universidad Complutense de Madrid y catedrático emérito de filosofía de dicho centro; miembro de número de la Real Academia Española de Ciencias Morales y Políticas –desde 1986-, de L´Académie Internationale de l´art (Suiza) y la International Society of Philosophie (Armenia); cofundador del Seminario Xavier Zubiri (Madrid); desde 1970 a 1975, profesor extraordinario de Filosofía en la Universidad Comillas (Madrid). De 1983 a 1993 fue miembro del Comité Director de la FISP (Fédération Internationale des Societés de Philosophie), organizadora de los congresos mundiales de Filosofía. Impartió numerosos cursos y conferencias en centros culturales de España, Francia, Italia, Portugal, México, Argentina, Brasil, Perú, Chile y Puerto Rico. Ha difundido en el mundo hispánico la obra de su maestro Romano Guardini, a través de cuatro obras y numerosos estudios críticos. Es promotor del proyecto formativo internacional Escuela de Pensamiento y Creatividad (Madrid), orientado a convertir la literatura y el arte –sobre todo la música- en una fuente de formación humana; destacar la grandeza de la vida ética bien orientada; convertir a los profesores en formadores; preparar auténticos líderes culturales; liberar a las mentes de las falacias de la manipulación. Para difundir este método formativo, 1) se fundó en la universidad Anáhuac (México) la “Cátedra de creatividad y valores Alfonso López Quintás”, y, en la universidad de Sao Paulo (Brasil), el “Núcleo de pensamento e criatividade”; se organizaron centros de difusión y grupos de trabajo en España e Iberoamérica, y se están impartiendo –desde 2006- tres cursos on line que otorgan el título de “Experto universitario en creatividad y valores”.



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