EL ARTE DE PENSAR. Alfonso López Quintás







Blog de Tendencias21 sobre formación en creatividad y valores

"El principito" de Antoine de Saint-Exupéry", III

Recordemos que el piloto y el principito son peregrinos de la amistad, van en busca de amigos verdaderos. Ante el espectáculo de las gentes que van y vienen deprisa, como si no tuvieran arraigo en ninguna parte, el principito advierte que sólo los niños -las personas con alma de niño- saben lo que buscan. Seguidamente, ante la oferta de ahorrar tiempo tomando pastillas para calmar la sed, confiesa que "si tuviera cincuenta y tres minutos para gastar, caminaría muy suavemente hacia una fuente...” (90,90). Una fuente que mana de lo hondo de la tierra presenta un alto poder simbólico porque es el lugar de confluencia de diversos campos de realidad: el océano, el sol, las nubes, el viento, la lluvia, las capas terrestres que la albergan, las circunstancias que la impulsan a aflorar a superficie, el caminante exhausto, la escasez de agua en el entorno... Caminar hacia la fuente es una actividad que colabora a que surja el fenómeno "fuente", visto en su condición relacional. Encaminarse hacia lugares donde acontecen fenómenos de encuentro confiere sentido al carácter itinerante de la vida humana. Este alumbramiento de sentido da plenitud al hombre y lo eleva a un estado de exultación festiva.


Método lúdico-ambital de análisis literario.  Segunda parte.
4. Cuarta etapa del encuentro:
La plenitud de la amistad y la vuelta al hogar

Nada ilógico que Saint-Exupéry vincule con frecuencia los términos sed, fuente, corazón: "(El niño), cuando te abraza, te hace sentir alrededor del cuello algo que es fuente para el corazón y de lo cual tienes sed" (Ciudadela, p. 274; Citadelle, p. 296). Este nudo de conceptos nos permite comprender el pasaje más enigmático, profundo y bello de la obra.

Tras ocho días de agotadora estancia en el desierto, el piloto se muestra angustiado por la falta absoluta de agua y el temor a una muerte inminente. El principito, como sobrevolando la vida desde una región superior, comenta: "Es bueno haber tenido un amigo, aun si vamos a morir. Yo estoy muy contento de haber tenido un amigo zorro..." (91, 91). El piloto pensó que el pequeño no era capaz de medir el peligro en que se hallaban. Pero, como adivinando su pensamiento, le dijo: "Yo también tengo sed... Busquemos un pozo" (Ibid.). Aunque sabía que "es absurdo buscar un pozo, al azar, en la inmensidad del desierto", el piloto comprendió de golpe que la búsqueda en común, comprometida y solidaria, alberga tesoros más valiosos que el agua que apaga la sed física.

En esta línea se movía el principito cuando, después de mucho caminar, el piloto le preguntó si también tenía sed, y el contestó sencillamente: "El agua puede también ser buena para el corazón" (92,92). El piloto no entendió el sentido de estas palabras. Y el principito agregó en el mismo plano de elevación: "Las estrellas son bellas por una flor que no se ve...". "Lo que embellece el desierto (...) es que esconde un pozo en cualquier parte..." (92, 92-93). Contagiado por estos pensamientos, el piloto, al contemplar al principito dormido en sus brazos, exclama: "Lo que veo aquí es sólo una corteza. Lo más importante es invisible...". "Lo que me emociona tanto en este principito dormido es su fidelidad por una flor, es la imagen de una rosa que resplandece en él como la llama de una lámpara, aún cuando duerme..." (93,93).

Con ese espíritu de elevación y esa voluntad de tutela ("Es necesario proteger a las lámparas") caminó el piloto durante la noche. El fruto de esta actitud generosa no se hizo esperar: "Descubrí el pozo al nacer el día" (93,94). Con el alba había aparecido el principito en el desierto, en busca de amistad. Ahora, ambos amigos encuentran el agua al nacer el día. ¿De qué tipo de agua se trata? El autor vuelve aquí a recordarnos la observación del principito de que "los hombres se encierran en los expresos pero no saben lo que buscan" (94,94). ¿Qué agua buscó el principito en esta ocasión?

Es significativo que el pozo encontrado no se parezca a los del Sahara, sino a los de las aldeas europeas, con su roldana, su balde y su cuerda. "Pero ahí no había ninguna aldea -anota el piloto- y yo creía soñar" (Ibid.). El principito le dice: "Tengo sed de esta agua. Dame de beber..." El piloto añade: "Y comprendí lo que él había buscado. Levanté el balde hasta sus labios. Bebió con los ojos cerrados. Todo era bello como una fiesta. El agua no era un alimento. Había nacido de la marcha bajo las estrellas, del canto de la roldana, del esfuerzo de mis brazos. Era buena para el corazón como un regalo" (96, 96).

La fiesta, con su luz, su alegría y su belleza, brota siempre en el encuentro. El encuentro nutre el espíritu humano, le hace bien como el afecto que inspira un obsequio. Obviamente, lo que había buscado el principito no era tanto el agua que es medio para saciar la sed corporal cuanto el agua que es medio en el cual se unen dos personas con voluntad de compromiso. Lo que, en definitiva, perseguía el principito era el encuentro personal a través de una marcha compartida en el estrecho pasillo que separaba en aquel momento la vida de la muerte.



Método lúdico-ambital de análisis literario.  Segunda parte.
5. Quinta etapa del encuentro:
La despedida y la transfiguración de la mirada

En el aniversario de su caída en la tierra, el principito siente que ha logrado la plenitud del encuentro y debe prepararse para volver con los suyos, representados en la flor de su asteroide. También el piloto ha de disponerse para regresar a su casa. Por eso le indica el principito: "Ahora debes trabajar. Debes volver a tu máquina. Te espero aquí" (99, 98). Es muy significativo que el mismo principito que, al ver por primera vez al piloto, le invitó a que pospusiera el arreglo del motor y se consagrara a una tarea creativa -aparentemente anodina- le insta ahora a que retome aquella tarea mecánica (nivel 1). Una vez realizado el encuentro (nivel 2), está seguro de que esta ocupación va a ser considerada por el piloto como un medio no sólo para salvar la vida biológica sino para volver a los suyos y recobrar así la vida espiritual. Por eso, en el momento íntimo de la despedida, le dice: "Estoy contento de que hayas encontrado lo que faltaba a tu máquina. Vas a poder volver a tu casa..." (102,100). Estas frases las pronunció antes de saber que el piloto había tenido éxito en su trabajo. Y agregó: "Yo también vuelvo hoy a mi casa. (...) Es mucho más lejos... Es mucho más difícil". Todo esto lo decía con "la mirada seria, perdida muy lejos", puesta en lo que "es importante" y no puede verse con los ojos del cuerpo: "No se ve lo que es importante" (103,103).

Se percibe en este pasaje claramente que todo el viaje del principito había sido una escuela de buen amar y debía culminar en la vuelta a casa, para iniciar una vida de verdadera amistad y superar definitivamente el error de abandonar a " los suyos" debido a la frustración que provoca un defecto de los mismos.

Cuando se alcanza la cima espiritual que supone un encuentro auténtico, la mirada interior se transfigura y lo ve todo en un nivel superior. El principito se lo revela al piloto en sus últimos instantes:

• Los fríos espacios siderales se vuelven cálidos y expresivos: "Tú tendrás estrellas como nadie las ha tenido. (...) Cuando mires al cielo, por la noche, como yo habitaré en una de ellas, como yo reiré en una de ellas, será para ti como si rieran todas las estrellas. ¡Tú tendrás estrellas que saben reír!" (104-105, 104).

• La muerte se convierte en un tránsito: "Parecerá que me he muerto y no será verdad. (...) Es demasiado lejos. No puedo llevar mi cuerpo allí. Es demasiado pesado. (...) Pero será como una vieja corteza abandonada. No son tristes las viejas cortezas" (106-107, 106). El principito siente miedo y pena ante el trance de la despedida definitiva. Pero no vacila en dejar la Tierra para retornar a su verdadera patria (103-105, 102-104).

• El paisaje se vuelve bello y alegre cuando en él tiene lugar un encuentro. Se torna triste si es escenario de una despedida amarga. "Éste es, para mí, el más bello y más triste paisaje del mundo. (...) Aquí fue donde el principito apareció en la Tierra, y luego desapareció" (113, 113).

Todo cambia en la vida cuando se altera el signo de una relación interhumana: "Es un gran misterio. Para vosotros, que también amáis al principito, como para mí, nada en el universo sigue siendo igual si en alguna parte, no se sabe dónde, un cordero que no conocemos ha comido, sí o no, a una rosa..." (111,111). En el nivel 1 no se advierte cambio alguno cuando se crean o se destruyen ámbitos, interrelaciones, vínculos. Pero la trama de la vida humana adquiere entonces un nuevo aspecto. El valor de este cambio sólo puede medirse cuando se tiene sensibilidad para cuanto significa el juego creador (nivel 2). Por eso "ninguna persona mayor comprenderá jamás que tenga tanta importancia" (Ibid.).

Esta múltiple transfiguración operada por el encuentro es un acontecimiento inverso al despueble del mundo que sigue a la pérdida de un ser amado.

Valoración de la obra

"El principito", escuela de encuentro

En su leve ropaje de cuento infantil, El principito se revela a una lectura "ambital" y "lúdica" como una escuela de encuentro, acontecimiento personal que exige un largo aprendizaje y una dura ascesis. En principio, los dos protagonistas sentían nostalgia por la vida creadora, pero se hallaban lejos de conocer el secreto de su lógica interna, de sus exigencias y sus leyes.

• Contra lo que pudiera parecer en un primer momento debido a su enigmático descenso de una región superior, el principito no representa el papel de maestro infalible que viene a transmitir un mensaje de sabiduría. Se muestra como un niño de figura noble, preocupado por plantear con radicalidad, de frente y en exclusiva, los temas básicos de la vida personal.
• El piloto era un joven sensible a toda suerte de actividad creativa, pero se hallaba atenazado por urgencias de carácter mecánico, objetivista, y debía realizar un giro en su sistema de prioridades.

Ambos, piloto y principito, procedían por tanteo, cometían errores, aumentaban su caudal de experiencias pacientemente, aceptaban y agradecían las lecciones que alguien les daba. Tras unos días de ejercitación valerosa, muestran una sorprendente madurez. Su trato personal empieza a ostentar las características del encuentro y se convierte en un campo de iluminación que arroja luz sobre toda la obra y la inunda de ese enigmático "resplandor" que llamamos belleza. No por azar, las últimas páginas de la obra desprenden una luz especial que orla las figuras amigas del principito y del piloto y baña, de horizonte a horizonte, la inmensa aridez del desierto. Es la luz melancólica que brota en la confluencia de lo efímero y lo permanente, lo meramente objetivo y lo ambital, lo cósico y lo personal.

En todas sus obras, Saint Exupéry escribe impulsado por su afán de buscar la profundidad oculta de la vida cotidiana, a menudo demasiado agitada para mostrar su interna riqueza, la vertiente permanente de la existencia humana. En El principito hizo acopio de todo su amor a lo trascendente, lo valioso y noble, para convencer a los hombres castigados por el horror de la guerra, sobre todo sus compatriotas franceses, de que no todo está perdido cuando se derrumba aquello en que uno más ha confiado: el poderío material y bélico (nivel 1). En esa situación límite queda un recurso decisivo: dar el salto al nivel de la creatividad, de la creación de ámbitos de todo orden (niveles 2 y 3)

Por eso, en esta obra apenas cuenta ya el argumento. En las obras anteriores, el autor relataba historias arriesgadas, en las que refulgían de cuando en cuando, como perlas, las virtudes del hombre que dignifican la vida. Estas perlas adquieren la primacía en El principito, a costa del argumento. En la obra siguiente, Citadelle, iniciada en 1938 y publicada póstumamente, el argumento desaparece casi del todo para dejar amplio espacio al “tema”, es decir, a la exhibición de esas perlas, las claves de interpretación de la existencia humana.

Para comprender genéticamente cómo se alumbra la belleza peculiar de esta obra, debemos practicar un modo de lectura relacional, pues los fenómenos bellos no son una propiedad estática de ciertos objetos -considerados en sí, aparte de todo sujeto-, ni son producidos en la "interioridad" de un sujeto: acontecen en el campo de juego que se funda entre diversos seres que entreveran sus campos de posibilidades lúdicas.

El principito es una alegoría o trama orgánica de símbolos que se propone descubrir el lado oculto y más valioso de la vida humana mediante un lenguaje accesible al hombre sencillo, que conserva la capacidad infantil de abrirse espontáneamente a lo noble y elevado. No es una vuelta a la niñez biológica; es una renovación del espíritu de la infancia espiritual. Por eso está escrito para personas mayores que tienen alma de niño. En realidad, el principito es lo mejor de nuestro ser, la voz sugerente de nuestra conciencia más lúcida que, en los momentos de aparente catástrofe, nos invita a elevar el ánimo mediante un cambio de actitud, una metanoia.

Este giro espiritual fue postulado por eminentes pensadores contemporáneos de Saint-Exupéry. El ascenso del nivel de los objetos al de los ámbitos y la creatividad que propugna el principito ("¡Dibújame un cordero!") constituye el núcleo del mensaje del Pensamiento Existencial (M. Heidegger, K. Jaspers, G. Marcel). La filosofía de Marcel tiende a despertar en el hombre contemporáneo la convicción intelectual y el sentimiento íntimo de que "lo más profundo que hay en mí no procede de mí". Jaspers no cesa de proclamar que el ser humano sólo puede existir plenamente si se halla dinámicamente vinculado con "la trascendencia". Al leer El principito, captamos el espíritu de superación que inspiró esta corriente de pensamiento, afanosa de hacer justicia a la enigmática riqueza de la realidad humana. En la línea de Sören Kierkegaard y de la Fenomenología (E. Husserl y M. Scheler, sobre todo), los pensadores existenciales comprendieron que para valorar debidamente el modo singular de existencia que ostenta el ser humano se debe superar con decisión

• el apego al nivel objetivista y la correlativa actitud posesiva, dominadora, controladora, utilitarista;
• el afán reduccionista, que tiende a rebajar el valor de las realidades más elevadas y complejas, por ejemplo la humana;
• la escisión de conocimiento y amor, saber intelectual y compromiso vital;
• la propensión a quedarse preso en los valores inmediatos.

La forma óptima de liberarse de estas insuficiencias es cultivar una inteligencia dotada de tres condiciones:

• largo alcance, capacidad de trascender lo inmediato y ver más allá;
• comprehensión, amplitud, atención a todas las vertientes de la realidad analizada;
• penetración, poder de ahondar en el sentido de lo que se ha visto a lo lejos y a lo ancho.

Si lo leemos con talante creativo, sentiremos en cada página de El principito una llamada al ejercicio de esa forma de inteligencia desarrollada, madura, abierta a todas las vertientes de la realidad, atenta a ver las realidades humanas como "nudos de relaciones", vínculos que deben ser creados con paciencia amorosa. Esta inteligencia relacional nos otorgará una visión de la vida más rica, más compleja, más exigente, que no nos liberará del miedo a la muerte sino del temor al sinsentido de la muerte y, por tanto, de la vida. La muerte seguirá existiendo, pero no será vista como el fin absoluto de la vida y, consiguientemente, de los vínculos amorosos creados en ella, sino como el tránsito a un modo de vida en el que se supera la ausencia física y se conserva acendrado el amor.

"...Cuando te hayas consolado (siempre se encuentra consuelo), estarás contento de haberme conocido. Serás siempre mi amigo. Tendrás deseos de reír conmigo. Y abrirás a veces tu ventana, así... por placer... Y tus amigos se asombrarán al verte reír mirando al cielo" (105, 104-105).

Con un estilo directo y transparente, Saint-Exupéry contribuyó a configurar un modo de literatura realista y poética a la par, cargada de fuerza simbólica y poder de penetración en la realidad más honda. “Yo creo firmemente en la verdad de la poesía” (Cf. Carnets, Gallimard, París 1953, p. 152). Esta conjunción fue posible porque Saint-Exupéry tenía un sexto sentido para captar los fenómenos ambitales y descubrir la fecundidad del juego. Al plasmar ámbitos, surge el lenguaje poético, y, al ensamblarlos, se alumbra la luz del símbolo. Simbolismo y poesía no nos alejan de la realidad; la revelan, ponen brillantemente de manifiesto que el hombre alcanza las cotas más altas de su existencia cuando cumple las condiciones del auténtico encuentro. Las obras de Saint-Exupéry están tejidas de encuentros logrados y encuentros fallidos. Si adivinamos las razones profundas de tal fracaso y tal éxito, poseeremos una clave para descifrar el secreto del singular poder que muestran los escritos de este autor para transmitir la experiencia de la vida en un lenguaje denso y noble, que se preocupa por adquirir la belleza formal sin perder la inmediatez jugosa del reportaje y la elevación característica de la penetración filosófica.

Saint-Exupéry, hombre de acción incesante, consagró toda su vida a la tarea de “distinguir lo importante de lo urgente”. “Es urgente, por supuesto, que el hombre coma, porque si no se nutre no es hombre y no plantea problema alguno. Pero el amor y el sentido de la vida y el gusto de Dios son más importantes” (Ciudadela, p. 77; Citadelle, p. 80).


Temas de reflexión

Como el método de enseñanza que propongo no consiste sólo en transmitir contenidos sino en ayudar a descubrirlos, bien hará el lector en asumir activamente las claves de interpretación que ya ha recibido y las aplique a la comprensión profunda de varios pasajes de la obra. Para su mayor facilidad, le ofrezco varios muy significativos:

• En El principito se alude a veces a la soledad: "Viví, así, solo, sin nadie con quien hablar verdaderamente" (13,5). "Sed amigos míos, estoy solo -dijo el principito" (76,76). ¿A qué tipo de soledad se alude en estos textos?

• ¿Qué sentido tiene la imagen del avión caído en el desierto y la petición del principito al piloto de que le dibuje un cordero?

• ¿Cuándo comienza, en rigor, el proceso del encuentro entre el principito y el piloto?

• ¿Qué representan las figuras del piloto y del principito: dos "personajes" o dos vertientes del ser humano? En el segundo caso, indique qué vertiente encarna cada uno.

• ¿A qué se debe que el principito califique de “extrañas” a las personas que encontró en su viaje sideral? ¿A qué son extrañas?

• ¿Por qué sólo se conocen cabalmente las cosas que se “domestican”? ¿A qué tipo de “cosas” se alude aquí? ¿Qué significa “domesticar” en el nivel 2, el nivel de la vida personal?

• ¿Cuándo se convierte en “única” para nosotros una realidad que es una entre muchas iguales o incluso superiores en cualidades?

Alfonso López Quintás
10/10/2012

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Editado por
Alfonso López Quintás
Alfonso López Quintás
Alfonso López Quintás realizó estudios de filología, filosofía y música en Salamanca, Madrid, Múnich y Viena. Es doctor en filosofía por la Universidad Complutense de Madrid y catedrático emérito de filosofía de dicho centro; miembro de número de la Real Academia Española de Ciencias Morales y Políticas –desde 1986-, de L´Académie Internationale de l´art (Suiza) y la International Society of Philosophie (Armenia); cofundador del Seminario Xavier Zubiri (Madrid); desde 1970 a 1975, profesor extraordinario de Filosofía en la Universidad Comillas (Madrid). De 1983 a 1993 fue miembro del Comité Director de la FISP (Fédération Internationale des Societés de Philosophie), organizadora de los congresos mundiales de Filosofía. Impartió numerosos cursos y conferencias en centros culturales de España, Francia, Italia, Portugal, México, Argentina, Brasil, Perú, Chile y Puerto Rico. Ha difundido en el mundo hispánico la obra de su maestro Romano Guardini, a través de cuatro obras y numerosos estudios críticos. Es promotor del proyecto formativo internacional Escuela de Pensamiento y Creatividad (Madrid), orientado a convertir la literatura y el arte –sobre todo la música- en una fuente de formación humana; destacar la grandeza de la vida ética bien orientada; convertir a los profesores en formadores; preparar auténticos líderes culturales; liberar a las mentes de las falacias de la manipulación. Para difundir este método formativo, 1) se fundó en la universidad Anáhuac (México) la “Cátedra de creatividad y valores Alfonso López Quintás”, y, en la universidad de Sao Paulo (Brasil), el “Núcleo de pensamento e criatividade”; se organizaron centros de difusión y grupos de trabajo en España e Iberoamérica, y se están impartiendo –desde 2006- tres cursos on line que otorgan el título de “Experto universitario en creatividad y valores”.





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