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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero

Notas

Ya hemos visto la existencia de bosques sagrados en Grecia e Israel. Mesopotamia y Egipto también ofrecen ejemplos de esta práctica religiosa.
Hoy escribe Eugenio Gómez Segura


017. Bosques sagrados (5)
Fresco de la tumba de Neferhotep (TT49). Imagen tomada de https://www.atthemummiesball.com/florists-flower-arranging-ancient-egypt/

El bosque sagrado (alsos) también estuvo presente en algunos santuarios de regiones muy importantes del Mediterráneo Oriental. Concretamente, aunque asociadas a diferentes contextos, podemos observar piezas arqueológicas que incluyen la representación de estos característicos bosques.

En Egipto, hay algún testimonio de la presencia de jardines sagrados o bosques sagrados en ciertos templos. El ejemplo más detallado sería un fresco de la tumba de Neferhotep, un escriba de Amón que coincidió con Tutankamón (18ª dinastía). En su tumba (TT49) aparece visitando el templo de Amón en Karnak, edificio que en la imagen está rodeado de árboles plantados a distancias iguales entre sí.

El fresco presenta dos partes: a la derecha, el sacerdote Neferhotep presenta en el templo de Amón un ramo de flores que ha tomado de un altar exterior; a la izquierda, el mismo Neferhotep sale del templo y entrega a su esposa un ramo de flores. Tanto en la escena derecha como en la izquierda aparecen los árboles plantados alrededor del templo y a lo largo del acceso desde el Nilo, respectivamente.

En Mesopotamia, por otro lado, hay un excelente ejemplo figurativo de uno de estos jardines de especial significado para el culto y la mitología. Se trata de un fragmento de los famosos relieves que aparecieron en el palacio de Nínive, posesión del rey Asurbanipal III, que reinó entre los años 668-629 a. C.

Estos jardines, que actualmente son considerados los que en el pasado se atribuyeron a Babilonia con la etiqueta “jardines colgantes”, son representados en el relieve no ya como tales sino como un escenario religioso en el más estricto sentido de la palabra. Describo ahora la siguiente imagen tomada de los archivos del Museo Británico, donde se encuentra en la actualidad el relieve:

https://blog.britishmuseum.org/wp-content/uploads/2018/09/GardensFace1960.gif.pagespeed.ce.so6WGCa2BG.gif

El conjunto, tal como aparece en la imagen, consta de una montaña boscosa culminada por un templo. A la derecha de la montaña, en su parte superior, puede apreciarse un acueducto que da el agua que después formará dos o tres ríos que descienden por las laderas de la montaña. Sobre ella hay un edificio columnado cuya parte posterior sería un nicho o sala en la que, como puede apreciarse, hay una estela de un rey divinizado. El edificio presenta dos columnas frontales entre antas. Tanto las columnas como las antas están rematadas por elementos vegetales, capiteles que podríamos considerar del tipo protojónicos, con hojas vueltas al estilo de los de Neandria o Larissa, de origen claramente oriental.
El conjunto de la montaña artificial, los ríos artificiales, el bosque y sotobosque también ajardinados, recuerda algunas imágenes de divinidades mesopotámicas erigidas sobre montañas de las que manan corrientes de agua, por ejemplo el dios de la fertilidad que aparece en esta imagen:
 
https://cdn.britannica.com/s:500x350/78/26778-004-088B63D8/Tammuz-Ashur-Berlin-Germany-Staatliche-Museen.jpg
 
En ella, una divinidad masculina cuyo faldón es en realidad una montaña rocosa, aparece flanqueada por dos cabras montesas y, a sus pies dos divinidades del agua que mana.

Saludos cordiales.

 
Domingo, 31 de Mayo 2020
¿Cómo será el paraíso futuro en un "Israel restaurado"? Hay que imaginarlo conforme a las directrices judías (28.05.2020.- 1125)
Escribe Antonio Piñero
 
 
Foto: El Greco. Visión del Apocalipsis.
 
 
Hablábamos en la última postal de la perspectiva sobre Jesús que había defendido E. P. Sanders (1. Jesús como totalmente judío; y 2. Jesús como teólogo de la restauración de Israel) y cómo esta última idea estaba ligada a la proclamación por parte de Jesús de la inmediata venida del reino de Dios. Me parece que todo esto es suficientemente conocido. Sin embargo, no creo que le quede claro a la gente que el reino de Dios  significa “el fin del mundo presente”…, que ello no indica una destrucción absoluta del mundo que él, Jesús, estaba viviendo en esos momentos.  Jesús no pensaba en un “apocalipsis” (como opinan algunos ahora trasladado al siglo XXI, a saber que por efecto de una guerra súper nuclear el mundo quedará absolutamente destruido), como si el mundo fuera a padecer una hecatombe exterminadora por parte de Dios o  a partirse en dos.
 
 
Ese no era el pensamiento de los judíos del siglo I. Y tenemos una prueba de ello en el libro del Apocalipsis de Juan, en donde lo que abunda hasta la exageración es la sangre y la destrucción, la cantidad de plagas y horrores que caerán sobre el mundo que vivía el vidente, porque todo él –menos los cristianos– eran infieles a Dios. Incluso en el Apocalipsis, y aunque cayeran estrellas violentamente sobre este mundo (Ap 8,10: “Tocó el tercer Ángel... Entonces cayó del cielo una estrella grande, ardiendo como una antorcha. Cayó sobre la tercera parte de los ríos y sobre las manantiales de agua”; 9,1: “Tocó el quinto Ángel... Entonces vi una estrella que había caído del cielo a la tierra…”) no queda el mundo derruido, sino que la tierra será renovada… y en ambiente terrenal los fieles al “Cordero” reinarán por “mil años” (Apocalpsis 20,4).
 
 
Este primer paraíso tiene lugar en este mundo, que no queda aniquilado, y tendrá bienes sobre todo materiales en abundancia… los fieles a Jesús que fueron asesinados por la Bestia (el Imperio Romano)…, pero no perecieron del todo, resucitarán y vivirán en esta tierra una suerte de Jauja feliz. Quiero indicar con ello que el primer paraíso de los resucitados es totalmente terrenal.
 
 
Al final, cuando hayan pasado los mil años y Satanás haya sido derrotado por segunda y definitiva vez, Dios reconstruirá un mundo físico como el presente, un mundo nuevo, sí, pero físico también, en donde, desde un nuevo cielo, se implantará una ciudad terrenal. En ella, con murallas, puertas, un río árboles, etc.,  habitarán felices por toda la eternidad los fieles a Jesús. Ese paraíso definitivo será, pues, al menos en parte, un mundo terrenal y la ciudad donde vivirán los fieles al Cordero es terrenal…
 
 
Esto es lo que pensaban los judíos como Jesús: el mundo futuro no será absolutamente espiritual (que sí lo será, pero no exclusivamente) sino un mundo nuevo, también  material, en donde los bienaventurados serán felices con una mezcla de bienes espirituales, sin duda, pero también terrenales.
 
 
Ciertamente Jesús promete que –tras ese primer mundo feliz en el que todos tendrán innúmeras riquezas (cien hermanos, cien casas, cien campos, haciendas, etc.: Marcos 10,30)– vendrá “otro mundo”, no es un cielo, en el que los seres humanos salvados vivirán “una vida eterna” (Mc 10,30) y donde todos “serán como ángeles”… (Marcos 12,25). Ciertamente, entonces el matrimonio no será necesario, porque la vida es perdurable. No hay que engendrar hijos, porque nadie morirá…, todo perdurará.
 
 
Esto es lo que pensaba Jesús… con mucha probabilidad. Aunque lo que ocurre es que la descripción del paraíso futuro está muy espiritualizada en los Evangelios (probablemente se han perdido dichos de Jesús que iban en el sentido que indica el Apocalipsis de Juan y su reino de los mil años) y solo se habla de la parte espiritual y eterna… que en todo caso no sería más que la segunda parte del mundo feliz de los bienaventurados. Ya hemos dicho alguna vez que esta “difuminación” de la idea de que el paraíso futuro tendrá también una parte terrenal está causada por la mentalidad espiritualista de Pablo de Tarso que influye poderosamente en los Evangelios
 
 
Y añado: el sentido de la “restauración de Israel”, que era parte de la teología de Jesús, indica que –al menos en la primer parte del paraíso futuro– el que mandará sobre la tierra será Israel… no el Imperio romano. Desde luego no Poncio Pilato y Tiberio, y sus tropas, ni todos los judíos colaboracionistas con el Imperio. Todos ellos no tendrán lugar ninguno en ese reino futuro, terrenal y “nuevo” no aniquilado, sino renovado.
 
 
Y una nota más. Antes del Juicio, en el que se decidirá quien participa del mundo futuro, todo aquel que no esté de acuerdo con la idea del mando supremos de Israel, será pasado por las armas… literalmente. Dice Isaías 62,7 hablando de ese reino futuro en un Israel reconstruido: “Vosotros que invocáis el nombre de Yahvé, ¡no paréis!, ¡no deis tregua a Yahvé hasta que él restaure Jerusalén y difunda su fama por toda la tierra!”  Lean bien: Jerusalén restaurada y su fama difundida por toda la tierra significa que el que se oponga a su “fama” (= poder) será eliminado.
 
 
En ese momento del final, Israel reinará sobre todos los pueblos. A los gentiles no les quedará más opción que convertirse a Yahvé o ser aniquilados; en todo caso, podrán mantenerse apartados (como digo la tierra sigue en pie y hay muchas naciones sobre las que Israel mandará apoyado en el brazo de Yahvé) a distancia de los elegidos. Pero esas naciones deberán  mostrar hacia Israel al menos gran deferencia y máximo respeto.
 
 
Isaías 52,1-2 lo manifiesta con suficiente claridad: “No volverán a entrar en ti incircuncisos ni impuros.  Sacúdete el polvo, levántate, cautiva Jerusalén, líbrate de las ligaduras de tu cerviz, cautiva hija de Sión”. “Líbrate de las ligaduras” en tiempos de Jesús era librarse del Imperio Romano… naturalmente… sería Yahvé quien lo hiciera…, con sus ángeles, y no había que dar tregua a Yahvé con súplicas y ruegos para que lo hiciera de una vez.
 
 
Léase con detenimiento Isaías (el profeta de la restauración de Israel por antonomasia) 63,1-6, texto guerrero por excelencia en el que habla Yahvé de lo que ocurrirá antes del Juicio y la implantación de su reino: “¡Era el día de la venganza que tenía pensada, el año de mi desquite era llegado!...  Pisoteé a pueblos en mi ira, los pisé con furia e hice correr por tierra su sangre”
 
 
Así que, obteniendo las consecuencias, el panorama que resulta de la proclama de la venida del reino de Dios era  muy bueno para los judíos, y para quienes hicieran causa con ellos, ¡pero no para quien se opusiera…, que sería pasado por las armas o perecería por las plagas..
 
 
Y segunda consecuencia: el reino de Dios es en principio material: poder, dominio, comida y bebida abundante… Piensen de pasada en la religión surgida en un pueblo igualmente semita, primo hermano de Israel, con una lengua muy parecida…  que surgió del humus de un judaísmo y cristianismo un tanto marginal en la península arábiga en el siglo VII: ¿cómo será el paraíso que predican, en espacial para los hombres? Totalmente material… Y eso en el siglo XXI. Piensen a ver si no era posible imaginárselo así en el siglo I, en un mundo igualmente semita… como era el de Jesús.
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html
 
Jueves, 28 de Mayo 2020

Notas

12votos

La curiosidad que suscita el origen de la menorá invita a examinar alguna pieza perdida entre las vitrinas de los museos. Un hallazgo de Tel-Aviv resulta muy interesante.
Hoy escribe Eugenio Gómez Segura


016. Menorá (y 2)
Vasija para ritual para plantas de Tel Qasile (Tel-Aviv, 1100 a. C)

Entre los muy abundantes hallazgos que muestran las vitrinas de la sección de cerámica del Eretz Israel Museum de Tel-Aviv dedicada al yacimiento arqueológico de Tel Qasile, en una visita que realicé al mismo en 2015 pude detenerme en una pieza que inmediatamente me obligó a pensar.

Lo que me llamó la atención al instante fue que en su cuello se habían dibujado varios árboles esquematizados como los representados en la jarra de Lachisch comentada en mi último post. Aunque hay dos diferencias entre la pieza de Lachish y la de Tel Qasile: a) no aparecían los íbices; b) entre uno y otro árbol estilizado como una futura menorá, aparecen cipreses.

La pieza, con todo, presenta una extraordinaria cualidad: no es demasiado grande, unos 60 cm, no tiene hombro marcado y el cuello está compartimentado, de manera que, además del labio de la pieza, aparecen cuatro bocas que surgen del cuello y flanquean la boca principal.

La pieza, además, es muy relevante por otros aspectos. Apareció entre el ajuar de culto del templo principal de Tel Qasile, en el estrato X de la ciudad, considerado como filisteo. En cuanto al uso de este curioso vaso de cultura no israelí (los filisteos parecen provenir de Grecia) A. Mazar lo describe como posible “flower pot”, macetero, identificación que sigue A. Ben-Tor y amplía indicando que serviría para plantar árboles sagrados.

El uso de macetas en los templos o asociado al culto de las divinidades está perfectamente documentado en la arqueología mesopotámica. Algunas muestras son las siguientes:
 
a) En esta placa de la diosa Ninhursag, procedente de la antigua Girsu, aparece un fiel regando un macetero del que surge ya una planta, todo ante la diosa. La composición ensalza el macetero, situado en el centro de la imagen. Se da la circunstancia de que esta diosa es considerada la “Madre”. Fechada en el 2500 a. C. La imagen en este enlace
https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Relief_libation_Louvre_AO276.jpg

b) Este ejemplo es un relieve mesopotámico muy conocido, la estela del rey Ur-Namnu, pieza que, entre otros motivos, representa a éste venerando al dios Enki (señor del agua) y a la diosa Nammah (otro nombre para Ninhursag) en el friso más completo. En ambas escenas, una a la izquierda con ella, otra para él a la derecha, aparecen sendos maceteros con árboles o arbustos mientras Ur-Namnu los riega. En los dos casos la abundancia del riego, símbolo de prosperidad asociada al beneplácito divino, se refleja en el sobrante de agua por los bordes de los maceteros. Fechado en el 2100 a. C. La imagen en este enlace:
https://www.artehistoria.com/es/obra/estela-de-ur-namu
 
El ejemplo de Tel Qasile sería un caso real de lo representado en estas imágenes: aunque Mazar indica que la pieza tendría las cuatro bocas laterales para riego, parece más apropiado pensar que se trata de un vaso de culto preparado para que de su boca central surgiera un tallo de planta y para que, en sus bocas laterales, aparecieran brotes de otras semillas, plantones o incluso rodrigones del mismo tronco central. En todo caso, que aparezca el ciprés junto a un árbol esquemático en el friso parece apuntar a dos plantas diferentes o ¿dos divinidades diferentes, como indica la estela de Ur-Namnu?

Es lógico, a la vista de estos y otros ejemplos, pensar que la menorá podría tener su origen en estos objetos de culto ligados a las plantas como ejemplo del milagro de la vida, como asociados al culto divino o incluso como representación de alguna divinidad. Y también es lógico retrotraer su origen a épocas muy antiguas de la historia humana.

Saludos cordiales.
Domingo, 24 de Mayo 2020
El mérito de E. P. Sanders y otros estudiosos de situar a Jesús en su sitio (21-5-2020. 1124)
Escribe Antonio Piñero
 
 
Foto: Ed Parish Sanders.
 
 
 
Siguiendo la línea de la historia de la investigación planteada por James D. G. Dunn en su “Jesús recordado” (Verbo Divino 2209), hemos llegado a un punto –con G. Vermes y E. P. Sanders– que parece satisfactorio. Los dos autores trataron  de situar a Jesús en sus coordinadas históricas por medio de dos anclajes: 1º Atención plena al judaísmo del siglo I, y 2º “Jesús fue un teólogo de la restauración de Israel”
 
1º. No se entiende a Jesús si no se lo sitúa en el judaísmo del siglo I en Israel.  Si se lo saca de ahí, se pierde su contexto histórico y extra-viamos al personaje. Y como todo personaje depende en su concepción mental –quiéralo o no– del entorno social, económico, geográfico, religioso, filosófico, en el que vive, no se entenderá en absoluto al personaje. En absoluto: se distorsionará su figura y se creará un Jesús que no corresponde a su época.
 
 
Un ejemplo: por muy geniales que fueran Sócrates y Platón, si se los saca radicalmente del ambiente de la Atenas de finales del siglo V e inicios del IV, y no podrán entenderse bien. Creo que esta idea es admitida por cualquier historiador de la filosofía griega. Sócrates y Platón responden a cuestiones y planteamientos que había planteado la “sociedad”, compleja, de sus gentes y de los filósofos y sofistas, que habían venido de fuera de Atenas y que estaban moldeando la mentalidad de muchos jóvenes influyentes en la política de la ciudad. “Las Leyes”, o “La República” de Platón responden, con un modelo ciertamente ideal/real, pues se basa en las ideas eternas, a cuestiones planteadas por las gentes de su entorno. Sócrates es Sócrates porque se enfrentó al mundo de los sofistas, con su relatividad de los conceptos, con su ley del más fuerte, etc., con su subjetivismo extremo, e intentó dar una respuesta a ellos, y naturalmente también a las cuestiones planteadas por los filósofos griegos anteriores a su tiempo; una respuesta acomodada al modo de entender de sus oyentes y práctica… para tomar decisiones tanto en el campo de conocimiento como de la moral.
 
 
Lo mismo pasa con Jesús: si se lo saca del Israel del siglo I, no se entiende en absoluto. Y eso es lo que pasa no solo en ciertos libros sobre Jesús, sino lo que es peor, en sermones y homilías en los que se explican acciones y palabras de Jesús totalmente fuera de su contexto. Los predicadores no se preparan sus sermones, dicen lo primero que les viene a la mente, y enfocan a Jesús con una mirada del siglo XXI…, con lo cual le hacen decir cosas que él jamás pensó.
 
 
Con esta premisa, E. P. Sanders partió de dos puntos de vista, que para mí son indiscutidos:
 
1. Jesús jamás dejó de ser judío; jamás quebró voluntariamente la Ley, a pesar de lo que aparenten decir los Evangelios, jamás intentó crear un culto nuevo. Eso lo constatan Vermes y Sanders analizando las actuaciones y las palabras de Jesús, su religión, su concepto de la divinidad, sus normas morales, etc., su asistencia a las fiestas y la sinagoga, etc. Jesús pudo ser ciertamente radical en muchos aspectos, pero no pasó ninguna raya roja de su judaísmo. Discutió las tradiciones tal como las interpretaban sus colegas fariseos, pero no propuso otra solución que no fuera volver a la ley misma de Moisés, a interpretarla correctamente, en su opinión, y a ofrecer en algunos aspectos una perspectiva radical…, porque se acercaba el momento de la venida del reino de Dios, pero siempre de acuerdo con lo que él creía firmemente el espíritu de la  Ley.
 
 
Y 2.: Para Sanders, el hecho más indiscutible de todas las acciones de Jesús fue el incidente del Templo (la denominada “purificación” del Templo), que bien analizada arroja inmensa luz sobre lo que fue Jesús. Sanders hace poco hincapié en  las palabras del Nazoreo porque –en su opinión– es muy difícil hoy estar seguros de lo que Jesús dijo exactamente porque
 
a) solo tenemos traducciones al griego; y
 
b) porque los problemas de la transmisión de la tradición oral son evidentes. La transmisión oral puede hacer cambiar mucho el sentido de una sentencia determinada de Jesús. Por tanto, dice Sanders, vayamos a los hechos seguros.
 
 
El segundo punto que recalcó, sobre todo Sanders más que Vermes, fue que a Jesús hay que entenderlo como un “teólogo de la restauración de Israel”. Para mí, y para muchos otros, esta es la parte más importante del libro de Sanders sobre “Jesús y el judaísmo”, traducido por Trotta. Examinando la formación del grupo de discípulos que formó Jesús: doce, de acuerdo con las doce tribus de Israel (de las cuales casi diez se habían perdido, pero Dios haría que se encontraran y volvieran, y el dicho “Os sentaréis –en el reino de Dios venidero– a juzgar a las doce tribus de Israel (Mt 19,28 / Lc 22,30), y su ideario en torno al reino de Dios, se ve bastante claro que ese Reino no vendrá al Israel “normal” sino a uno restaurado en las doce tribus.
 
 
La teología de la restauración de Israel supone, pues, que al final de los tiempos Dios congregará en la tierra prometida a todas las tribus israelitas, incluidas las perdidas después de la conquista de Samaria (Reino del norte) por las tropas de Salmanasar en el 721 a.C., y hará que sean felices tras su retorno (Isaías 40,11; Ezequiel 34,10-16; Testamento de Neftalí  8,3; Testamento de Benjamín 10,11; Salmos de Salomón 8,28; 11,2; 2 Baruc 78,7; IV Esdras 12,34 y 13,40-50 = textos todos que pueden consultarse en la serie “Apócrifos del Antiguo Testamento”, de la editorial Cristiandad, Madrid, tomos V y VI).
 
 
Isaías, aunque no el único, es el profeta por excelencia de esta teología y en ella incluye el tema de la participación de los gentiles en el Israel escatológico. Dos pasajes importantes: en 52,7-10 nombra expresamente el profeta Isaías la restauración de Israel, y de modo parecido en  62,6-7:
 
 
· “Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz […] 9 Yahvé ha consolado a su pueblo, ha rescatado a Jerusalén […] 10 Han visto todos los cabos de la tierra la salvación de nuestro Dios” (52,7-10).
 
· “Vosotros que invocáis el nombre de Yahvé, ¡no paréis!, 7 ¡no deis tregua a Yahvé hasta que él restaure Jerusalén y difunda su fama por toda la tierra! (62,6-7).
 
 
En ese momento del final, Israel reinará sobre todos los pueblos. A los gentiles no les quedará más opción que convertirse a Yahvé o ser aniquilados; en todo caso, podrán mantenerse apartados, a distancia de los elegidos, mostrando hacia Israel deferencia y máximo respeto. Is 52,1-2 lo manifiesta con suficiente claridad: No volverán a entrar en ti incircuncisos ni impuros. 2 Sacúdete el polvo, levántate, cautiva Jerusalén, líbrate de las ligaduras de tu cerviz, cautiva hija de Sión.
 
 
Estas dos perspectivas son importantísimas y a ellas dedicaremos nuestra atención en la postal siguiente. Pero ya se ven las intenciones: Jesús es totalmente judío y como judío hay que entenderlo… y un judío que esperaba ansiosamente la venida del Reino.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html
Jueves, 21 de Mayo 2020

Notas

Para terminar el tema de Asherah y los árboles, glosaré un artículo del año 1995 que presenta temas de gran interés. El artículo plantea la posible relación entre la diosa Asherah, el candelabro de siete brazos típico del judaísmo y los árboles como símbolo de la vida.
Hoy escribe Eugenio Gómez Segura.


015. Asherah (y 3): Menorá
Menorá esculpida en el cementerio de Beit She'arim, Israel. Fotografía de Eugenio Gómez.

Joan E. Taylor presentó en 1995 un artículo titulado “The Asherah, the Menorah and the Sacred Tree”, Journal of The Study of the Old Testament 66, pp. 29-54. Su título en español es “Asherah, la menorá y el árbol sagrado”.

Comienza la autora recopilando algunas imágenes que se han relacionado con la diosa consorte de Yahvé, de las cuales hay ilustración en mi último post sobre el tema. Menciona, por supuesto, Kuntillet Ajrud, el soporte de Taanach y las figurillas femeninas de Judea. Además, cita la jarra de Lachish de época cananea que representa un árbol entre íbices. Este árbol tiene, precisamente, la forma de una menorá (se puede ver en
https://3.bp.blogspot.com/_BMoXxC2XKIA/Rak5NYb-EdI/AAAAAAAAAQU/7zuOuiZKNNQ/s320/lachish_ewer.jpg ).

Citando abundante bibliografía, Taylor habla a continuación de las divinidades orientales asociadas a los árboles de la vida y la fertilidad e insiste en que no parece adecuado referir estos árboles a ejemplares de gran porte como cedros, robles, tamarindos, etc. Termina esta sección aportando un interesante dato que ya apuntábamos en la primera entrega de esta serie sobre Asherah: también en Lachish, en un nivel de época israelita, se ha encontrado un resto de un tronco quemado cerca de una estela. El famoso arqueólogo israelí de Lachish, Yohanan Aharoni, propuso identificar el tronco con una asera, con un elemento venerable de los templos y santuarios cananeos e israelitas, como ya he explicado.

Pasa después la autora a repasar la aparición de la palabra asherah en la Biblia hebrea. Entre otras cuestiones se puede destacar que 1 RE 15, 13 (“Incluso llegó a quitar a su abuela Maaká el título de Gran Dama porque había hecho un Horror para Aserá. Asá abatió este Horror y lo quemó en el torrente Cedrón”, traducción Cantera-Iglesias) parece indicar que hubo un ídolo que representaría a la diosa. Ligado a este pasaje Taylor comenta que en 2 Re 23, 7 (Derribó las casas de los consagrados a la prostitución que estaban en la Casa de Yahveh y donde las mujeres tejían velos para Aserá) habría una referencia a vestidos que se tejerían para cubrir un ídolo, fuera éste una madera, fuera un árbol, lo cual recuerda costumbres griegas e incluso católicas de muchos pueblos: sus vírgenes son en realidad un armazón cuya cabeza y manos son lo único tallado, mientras el armazón queda recubierto por los vestidos.

A propósito de otros pasajes, como Is 1, 29-30. La autora indica que los grandes árboles, en efecto, no deberían identificarse con Asherah sino con Yahvé (trataré esta cuestión en el próximo post). Resume la cuestión afirmando que en los santuarios denominados “lugares altos” podía haber, o había siempre, aunque no fuera mencionado, el siguiente material de culto: altares, estelas, incensarios o soportes cultuales, árbol(es), ídolos (2 Crón 31, 2; Dt 7, 5).

Taylor trata a continuación la posibilidad de que Asherah fuera un árbol sagrado, no sólo un ídolo, no sólo un tronco. Su principal argumento es que siempre se identifica un árbol vivo con una diosa en la iconografía, no un tronco o un ídolo, indicando así la vitalidad evidente del árbol vivo. Aporta ejemplos de la iconografía mesopotámica y levantina desde el año 2350, concretamente una pieza de Mari que presenta una divinidad masculina sobre la montaña y dos femeninas, que son mitad árbol (se puede consultar en https://brill.com/view/book/edcoll/9789004423756/9789004423756_i0001.png ).

Quizá el siguiente apartado sea todavía más interesante. Se trata de la asociación del almendro con la menorá. Para comenzar, Taylor indica que Éx 25, 40 propone encontrar el modelo de la menorá en el monte (“Fíjate para que lo hagas según los modelos que te han sido mostrados en el monte”). En la discusión de fuentes y estudios la autora indica que la estilización del árbol sagrado de Israel, combinado con el motivo de la lámpara, fue parte de la lucha contra el culto al árbol o a las imágenes de Asherah, es decir, que la menorá fue convertida en símbolo de Yahvé: desacralizada como vinculada a Asherah y sacralizada de nuevo como símbolo del dios judío.

En este sentido, Éx 4, 20 indica que la vara o bastón que Aarón portaba como símbolo de Yahvé era una rama de almendro. Y Núm 17, 23 indica que tenía brotes (un indudable efecto divino tratándose de una vara cortada). De hecho, se identifica la imagen de la tinaja A de Kuntillet Ajrud, que aparecía en el primer post sobre Asherah, como un almendro o como el bastón de Yahvé: la imagen, un árbol del que salen varias ramas que despuntan, está coronada por lo que parece ser una almendra medio envuelta todavía en su cáscara exterior.

El almendro como símbolo encaja perfectamente en los procesos naturales: es el primer árbol que florece (en España para el quince de febrero en muchos lugares), lo cual sirve para enlazar las estaciones y simbolizar que la vida sigue incluso antes de presentarse la primavera. Taylor escribe:

“el significado del almendro en relación con Asherah puede haber tenido que ver con su florecimiento temprano. Asherah, como diosa de la fertilidad, parece haber sido asociada con las fuerzas naturales de la vida y la regeneración. El florecer del almendro bastante antes que la primavera haya comenzado realmente puede haber impactado a los cananeos como un signo especial de la actividad de la diosa” (p. 48).

Temas para reflexionar no sólo sobre el pasado, también sobre el presente de nuestras costumbres religiosas populares.

Saludos cordiales.
 
Domingo, 17 de Mayo 2020
“Unos cuantos pasos en la buena dirección. Geza Vermes  y E. P. Sanders entran en escena”  (14-5-2020.- 1123)
Escribe Antonio Piñero
 
 
Foto: Geza Vermes
 
 
Confieso que sonrío cuando James Dunn constata que los investigadores conocían perfectamente lo que debía saberse acerca del carácter judío de Jesús…, pero que “esos estudios se habían mostrado curiosamente ineficaces” en reconocerlo (p. 123). Por otro lado, algún que otro investigador cristiano se quejaba de que los estudiosos judíos solo se preocupan por el Jesús judío y hacen caso omiso del Jesús cristiano. Interesante es la cita –que hace Dunn– de D. A. Hagner,  “The Jewish  Reclamation of Jesus: an Analysis and Critique of the Modern Jewish Study of Jesus”  = La  recuperación judía de Jesús. Análisis y crítica de los estudios modernos judíos sobre Jesús”, donde el autor se queja de que tales estudios “llegan a desvirtuar los evangelios” para conseguir sus objetivos.
 
 
Pienso que lo que Hagner ignoraba –o tenía intención de ignorar– era que los estudiosos judíos habían caído en la cuenta de que el proceso de desjudaización, desescatologización y despolitización de Jesús había comenzado con los Evangelios mismos…, con lo cual era necesario “desvirtuarlos” para llegar al fondo judío del personaje, el Nazoreo. Yo mismo estoy cada vez más convencido de que el escepticismo sobre lo que cuentan los Evangelios sobre Jesús está totalmente justificado, ya que la imagen de Jesús ofrecida por los Evangelios, aunque judía evidentemente, estaba destinada a un mercado no judío, sino del Imperio. Por tanto había que borrar o difuminar aquello de Jesús que fuera demasiado nacionalista, no aceptable en un “mercado religioso internacional” de lengua griega.
 
 
Hace años recibí la dura crítica de mi colega y amigo Josep Montserrat (que ahora, pasado el tiempo, veo justificada) de que “yo era demasiado ingenuo y aceptaba como históricos pasajes –sobre todo– del relato de la Pasión, que tenían –según él– todos los visos de ser, si no legendarios, sí al menos  de estar fuera de una perspectiva histórica razonable. Montserrat se refería a lo que en las pp. 227-231 del libro “La verdadera historia de la Pasión”, de 2008 (EDAF, Madrid), había escrito preguntándome: “En síntesis, qué consideramos posible en los relatos acerca de la pasión de Jesús?”. Y yo respondía con cerca de tres páginas de elementos probables, y aunque afirmaba “Así pues, es poco lo que podemos certificar como histórico del relato de la Pasión de Jesús” (p. 231)…, recibí un duro y merecido varapalo de mi colega, por mi excesiva credulidad.
 
 
Cuenta J. Dunn que la aparición del libro “Jesús el judío”, de Geza Vermes (judío húngaro, nacionalizado británico, convertido al catolicismo, estudiante de teología y luego sacerdote católico pero que luego colgó los hábitos, se casó y volvió a su judaísmo primero) hizo un buen efecto entre los estudiosos. Les hizo pensar más a lo judío. Pero “la actitud mental de quienes consideraban el judaísmo como la religión de la Ley”, puntillosa, legalista,  enfrentada al cristianismo y al Evangelio –como religión de la libertad y la espiritualidad– seguía totalmente vigente en la atmósfera…, reforzando ante los fieles la idea de que Jesús pertenecía al cristianismo y al Evangelio y no a la religión casuística y seca de la ley mosaica. Por eso, muchos pensaban que la única función del judaísmo en la historia era la preparación de la llegada del cristianismo… y con él… la liberación de la angustiosa normativa. Este pensamiento reinaba sobre todo entre los exegetas protestantes, quienes a su vez veían en la Reforma otra liberación de la tiranía del catolicismo corrupto.
 
 
Así que hasta aproximadamente 1977, con la aparición de un libro de un cristiano metodista, norteamericano pero bastante librepensador como era Ed  Parish Sanders, catedrático de Religión en la Universidad de Duke (Durham, Carolina del Norte, EEUU), cuyo título era “Pablo y el judaísmo palestinense” (traducido al castellano por Trotta), el ambiente empezó a cambiar, ya que le motor del cambio estaba en el cristianismo mismo y no procedía “de fuera”, de los investigadores judíos. Pero es una pena que Jacob Neusner (el súper prolífico estudioso y divulgador de estudios judíos, de la Misná y del Talmud, de la rehabilitación de la figura de los fariseos, etc., fallecido en 2016) haya sido durante mucho tiempo un adversario intelectual de Sanders… al considerar que este también tergiversaba el judaísmo… No creo que fuera cierto. Y en vez de colaborar…, hubo oposición. Total: lo que podría haber sido una renovación de perspectivas, se quedó un tanto a medias.
 
 
Y termino hoy con una anécdota sobre Neusner, a quien conocí personalmente en una estancia en Madrid en el CSIC. A una pregunta mía sobre su inmensa bibliografía, explicó cómo producía tantos libros… a veces tres en un año. Respondió: “Trabajo 365 días año (¡no guardaba el Shabbat aparentemente!). Me acuesto muy pronto. Me levanto a las 4 de la mañana; trabajo ininterrumpidamente hasta las 11, momento en que voy a la Facultad –en la Universidad del sur de Florida, Tampa, creo, donde fue hasta Decano– y me ocupo de las clases, alumnos y otras tareas académicas”. Su mujer soportaba esta situación con extrema paciencia.
 
 
Y la anécdota es: “Una vez llamaron al despacho de Neusner desde una de las universidades de Roma. Era la secretaria de un profesor de teología de la Urbe que deseaba hablar con Neusner. Preguntó: “¿Sería posible hablar con el Profesor Neusner? Es de parte del Prof. “Tal”, de la Universidad de La Sapienza. Al otro lado contestó una voz femenina: ‘El Prof. Neusner no puede ponerse porque está ocupado terminado un libro’. Y desde Roma, otra voz femenina respondió: ‘Ah. Bueno. Entonces espero’”.
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
Http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html
 
 
 
 
 
NOTA:
 
Enlace para el canal de You Tube,  donde hay algunos videos y audios míos con un grupo de interesados en historia de las religiones, en Chile, dirigidos por Carla Díez:

https://www.youtube.com/channel/UCP3JJ_qTEGsgYzN2zNlegiQ
 
 
Y ahora una reseña muy informativa, casi un resumen, con valoración de mi libro, con J. Peláez: “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”.
Este libro fue traducido al inglés en 2003.
 
 
https://librosnocturnidadyalevosia.com/el-nuevo-testamento-introduccion-al-estudio-de-los-primeros-textos-cristianos-antonio-pinero-y-jesus-pelaez/
Jueves, 14 de Mayo 2020

Notas

14votos

El rastro de Asherah es muy difícil de seguir. Hay algunos objetos recobrados en las excavaciones arqueológicas que han provocado mucha discusión sobre su adscripción a una u otra divinidad, entre las que se encuentra esta diosa. He aquí algunos ejemplos.

Hoy escribe Eugenio Gómez Segura.


014. Asherah (2)
Hoy escribe Eugenio Gómez Segura

Soporte cultual de Taanach. Fotografía, Eugenio Gómez. Museo de Israel.

La diosa Asherah, considerada por algunas personas como la diosa consorte de Yahvé, podría estar representada en algunos hallazgos arqueológicos.

En la ciudad de Lachish (Laquis), al sur de Jerusalén, una de las ciudades más importantes del sistema defensivo de Judea famosa por los relieves de su conquista en el palacio de Senaquerib, aparecieron en su templo-fosa cananeo dos jarras de gran interés del siglo XIII. Una, con un árbol flanqueado por íbices repetido cuatro veces; la otra, con un pubis flanqueado a su vez por íbices. Esta pieza presenta a la diosa cananea que después seguiría reverenciada en época israelita.

Entre los hallazgos de esta segunda época (Hierro II, siglos X-IX) destaca el llamado “soporte cúltico” (cult stand) de Taanach. Se trata de un soporte que se había considerado en principio oportuno para un incensario (opinión ahora desestimada), fechado en el siglo X en Taanach, localidad muy cercana a Meggido. Se ha pensado que, en el primero de sus cuatro niveles iconográficos, una figura desnuda entre leones podría ser Asherah, aunque recientemente se ha planteado que es Ashtarte. En el tercer nivel (contando desde el inferior) aparece un árbol flanqueado por íbices, lo cual apunta al simbolismo de la planta como representación de la diosa.

También parece que otro soporte, esta vez en forma de altar de cuatro cuernos, hallado en Tel Rehov (situada en la zona de influencia de Bet Shean) también del siglo X y adscrito a la cultura israelita del Hierro II, podría representar el árbol de Asherah, esta vez flanqueado por dos mujeres desnudas. En las esquinas superiores, conformadas como los típicos remates de altares en piedra denominados cuernos, aparecen incisas ramas, lo cual refuerza la asociación.

Quizá el elemento más representativo y que menos problemas (aunque los hay) de adscripción a Asherah presenta, es la serie de figuritas en cerámica en forma de mujer semidesnuda enseñando el pecho. De cintura para abajo su forma es un pilar o tronco. Su extensión por Judea (95 % de los hallazgos) se limita a rincones en alguna dependencia de casas particulares, por lo que se ha relacionado su uso con la religión popular que estaría en el punto de mira de las denuncias de los profetas de Yahvé. Se trataría de la versión cananeo-israelita de la diosa madre de todos los dioses, modelo de gran madre para la humanidad. Sin embargo, ligar la presencia de Asherah a la religión popular exclusivamente no parece correcto. Ya mencioné en el post anterior que se puede relacionar el culto de Asherah con la realeza, concretamente con la reina madre. Esto obliga a pensar en una devoción general.

Muestra de una devoción oficial junto a la popular serían dos hallazgos también de Judea, ambos conjeturas. El primero al que me referiré es el conocido templo de la fortaleza de Tel Arad, cerca de Lachish. Se trata de un templo en toda regla, con patio, altar, sacristía y pequeña cella con nicho, altares de ofrendas y estelas, que sigue las normas constructivas del templo de Jerusalén. Si Asherah fue la consorte de Yahvé, en algún lugar (o muchos) hubo de ser venerada la pareja divina. Un candidato es el templo de Tel Arad. Fechado antes y después de la reforma en favor de un único culto a Yahvé de Ezequías (reinó entre 729 y 686), presenta un notable rasgo en la fachada de su cella: sendos altares a los lados de la puerta, uno más alto que el otro. Además, en el interior apareció una estela caída, supuestamente la propia de Yahvé, y otra más depositada en el suelo y cubierta a propósito de basura durante la época de la reforma mencionada. En la actualidad, la reconstrucción que se puede observar en el yacimiento presenta las dos estelas situadas en la pared del fondo de la cella.

Volviendo a Lachish, en las excavaciones que en los años 2015-16 se han llevado a cabo en la famosa puerta de la ciudad, ha aparecido una capilla de puerta, un pequeño santuario para proteger la entrada a la población, situado en una de las habitaciones de este tipo concreto de portón de muralla. Lo más curioso es que en él, planificado también siguiendo el esquema del templo de Jerusalén, ha aparecido un altar doble geminado, es decir, una sola estructura rematada en forma de dos altares de cuernos pegados uno a otro. Volvemos a encontrar, por tanto, la pareja de altares. Y muy importante también en este caso, la capilla fue destruida y profanada mediante un expeditivo método: se colocó sobre la instalación un retrete en piedra, hecho que se liga, por supuesto, con la reforma cultual de Ezequías por fecha e intención.

Más imágenes al continuar leyendo.

Saludos cordiales.



 
Domingo, 10 de Mayo 2020
Sobre  Jesús y los judíos…  (7-05-2020.- 1122)
Escribe Antonio Piñero
 
 
Foto: Ernest  Renan.
 
 
 
Es verdaderamente increíble, a los ojos de hoy, y apabullante, la lista de grandes estudiosos del pasado reciente que han visto a Jesús como apartado radicalmente del judaísmo, su religión, por no decir adversario enconado de todo lo que fuera judío. Sí, para mí incomprensible hoy día. James Dunn (p. 121 hace una relación breve pero implacable de estudiosos conocidos por los interesados en el tema, como Ernest Renan, Albrecht Ritschl, o Albert Schweitzer.
 
 
Nuestro conocido Renan, citado por algunos hoy día y con gran admiración, llegó a escribir que “en Jesús no había nada judío” o que “fue un destructor del judaísmo”; y Ritschl afirmó que había una línea divisoria entre la enseñanza de Jesús y la de los judíos. A. Schweitzer eludió más bien el tema y en general su pensamiento era que Jesús –aun cuando fuera un apocalíptico judío– liberó al judaísmo de su culto y de sus mitos. Renan, que me toca más de cerca, se equivocó de medio a medio en su enjuiciamiento global de Jesús, aunque presentara en otros aspectos una imagen atrativa  del personaje.
 
 
James Dunn aporta además la mención, y varias citas, de un trabajo interesante de una estudiosa judía, Susanna Heschel, de 1998, sobre la actitud antijudía en los estudiosos del Nuevo Testamento. Su obra “Abraham Geiger y el Jesús judío”, publicado por la Universidad de Chicago, puso el dedo en la llaga al desvelar la actitud casi irracionalmente antijudía de la investigación alemana, europea influida por esta, y norteamericana, cuando se ocupaba de la figura y doctrina  de Jesús.
 
 
Y hay en esta p. 121 de Dunn, que comento, una cita de Wilhem Bousset, muy famoso catedrático de Gotinga en estudios religiosos judíos, neotestamentarios y medio orientales, que me pone los pelos de punta porque yo he utilizado muchísimo su obra –junto con Hans Greßmann–, “Die Religion des Judentums  im Späthellenistischen Zeitalter” (“La religión del judaísmo en la época del helenismo tardío” (4ª edic. en la edit. Mohr de Tubinga)– en el volumen comunal, editado por mí y titulado Biblia y Helenismo, reeditado por Herder, Barcelona, en el 2017, creo). La cita dice así: “En el judaísmo tardío no hay realmente ninguna fuerza viva, ningún espíritu creador…”, por lo que el mensaje de Jesús “debe entenderse ante todo en su oposición al judaísmo”.
 
 
Todas las opiniones mostradas hasta el momento en esta postal están consideradas por la crítica de hoy, incluida la católica, como absolutamente inexactas, por no decir rotundamente falsas. Y añadiré que Charles Guignebert ya había escrito en su obra “Jésus” (creo que existe versión española, aunque no la conozco, de 1933, Paris, reeditada por la edit. Albin Michel en 1966) que, tanto en su doctrina, en especial en su ética  (al final de este apartado de su obra tiene una sección titulada “La originalidad de Jesús” (pp. 415–423), donde sostiene  que toda la enseñanza del Nazoreo Jesús, toda, insisto, en especial sobre el reino de Dios y el fin del mundo presente, no es más que la obra de un profeta judío, con sus característica peculiares naturalmente, perfectamente parangonable a otros profetas. Y afirma que él  no encuentra ni una sola idea en el Nazoreo que sea original, sino que su doctrina pertenece a la sabiduría bíblica general que poseían los “rabinos” de su tiempo (p. 423).
 
 
Naturalmente este libro de Guignebert, de hace casi cien años, de un autor que manejó maravillosamente todo el acervo de la crítica alemana, muy preponderante en su tiempo, no tuvo apenas eco: los alemanes, ingleses y otros colegas lo ignoraron.
 
 
Tenemos que llegar hasta Rudolf Bultmann –ciertamente no muy tarde, hacia 1950– para que de una manera bastante tímida se reconociera una afirmación tan simple como exacta: “La predicación de Jesús debe colocarse bajo la rúbrica «judaísmo»” (Dunn, p. 121, nota 109). En España, en mi opinión, ha habido que esperar hasta el siglo XXI para que se admitiera que Jesús no fue más que un judío… Pero la obtención de las consecuencias de esta afirmación está todavía esperando…, como he indicado en más de una ocasión.
 
 
Y termino esta postal con una observación muy acertada y crítica del mismo Dunn, quien –tras señalar la conocida opinión del famoso erudito Adolf von Harnack, de impresionante sabiduría–que sostenía que el espíritu  del helenismo marcó la diferencia entre la Iglesia y Jesús, escribe “En la historia de la investigación sobre Jesús nada ha puesto más en evidencia el alejamiento de la historia como la persistente omisión del carácter judío de Jesús” (p. 122). ¡Muy bien por Dunn!
 
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html
 
Jueves, 7 de Mayo 2020

Notas

16votos

El problema de la traducción de alsos en LXX lleva directamente a la presencia de Asherah en la religión judía. Esta diosa, aparentemente erradicada del panteón hebreo, se resiste a desaparecer de la arqueología bíblica.
Hoy escribe: Eugenio Gómez Segura.


Dibujo de la tinaja A de Kuntillet Ajrud. Tomado de  https://www.researchgate.net/figure/Painting-on-Pithos-A-Kuntillet-Ajrud-after-BECK-2002-98-fig-4_fig3_274888342
Dibujo de la tinaja A de Kuntillet Ajrud. Tomado de https://www.researchgate.net/figure/Painting-on-Pithos-A-Kuntillet-Ajrud-after-BECK-2002-98-fig-4_fig3_274888342
John Day, en su obra del año 2000 titulada Yahweh and the Gods and Goddesses of Canaan dedica un capítulo a glosar lo que hasta entonces se podía deducir de los textos hebreos y los resultados de las más recientes excavaciones arqueológicas en yacimientos bíblicos. El capítulo se tituló “Yahweh and Asherah”, y ocupó las páginas 42-67. He aquí un resumen de sus propuestas, realmente interesantes.

La etimología de Asherah, según Day, podría ser la raíz semítica ʾṯr, que significa “lugar” y que acabaría por significar “lugar sagrado”, “santuario”, tal como se conserva en acadio, fenicio, arameo y ugarítico. Day comenta que la correspondiente diosa ugarítica Athirat se denominaba Qudshu, que significa “su santidad”. Contra esta última idea S. Jin Park (“Short Notes on the Etymolofy of Asherah”, Ugaritic Forshungen, 2010, pp. 527-534) se decide por un participio de ʾsrt, que significaría “la seguida por los dioses”, es decir, “progenitora”, y lo relaciona con la idea de “Madre de los dioses” que aparece en algunas tablillas de Ugarit.

En cuanto a la palabra según se usa en la Biblia, Day apunta que Jc 3, 7 ; 1 Re 15, 13; 1 Re 18, 19; 2 Re 21, 7; 2 Re 23, 4 son referencias reales a una diosa, no a un objeto o palo. Quizá el texto más interesante sea 1 Re 15, 13, referido al rey Asa, y que se traduce: “Incluso llegó a quitar a su abuela Maaká el título de Gran Dama porque había hecho un Horror para Aserá. Asá abatió este Horror y lo quemó en el torrente Cedrón” (trad. Cantera-Iglesias).

Day interpreta el texto diciendo que el horror debió ser la adoración de la diosa mediante un objeto, pues si Aserá fuera un objeto, se prepararía un objeto para un objeto, cosa improbable para él. Lo interesante de este pasaje es, más bien, que relaciona la realeza de la “reina madre” con el culto de la diosa Asherah. Como ya he indicado, Asherah es el doblete hebreo de Athirat, la madre de los dioses en Ugarit, y en cuatro ocasiones Asherah aparece junto a la expresión “el ejército de los cielos” (2 Re 17, 16; 2 Re 21, 3 (= 2 Cr 33,3); 2 Re 23, 4). Esta expresión se refiere a la generación de dioses que la mitología semítica atribuye a la pareja El – Athirat.

El razonamiento continúa mediante el reconocimiento de que Yahvé fue igualado al dios semítico El. Esta es la razón de que aparezca como sinónimo de Yahvé el nombre Elohim (que significa “los dioses”), y que muchos nombres personales hebreos incluyan la palabra El como uno de sus compuestos: Israel, Daniel, Rafael, Ismael, Manuel, Ariel, Miguel, Raquel; Elías, Eliezer, Eliseo… Ahora bien, puesto que
  1. el dios semítico El tuvo como esposa a Athirat, diosa madre de los dioses, antigua como El y ambos progenitores de los dioses;
  2. El fue asimilado a Yahvé, y concedió a este la apariencia de un personaje barbado, ya maduro y sabio, asociado al toro,
parece lógico que Yahvé tuviera como esposa consorte a Asherah.

Asherah estaba asociada al culto de los árboles, según demuestran diversos textos que ya he comentado en el post anterior y algunos hallazgos arqueológicos. Entre los primeros, Day cita Dt 16, 21: “No plantarás cipo, ni ninguna clase de árbol, junto al altar de Yahveh tu Dios que hayas construido”. Como ya vimos en el anterior post, cipo no es una traducción correcta de Asherah, y el verso debería traducirse, según Day, “no plantarás como Asherah ningún árbol”. Entre los datos arqueológicos destacan unos grabado y unas inscripciones de Kuntillet Ajrut, al sur del desierto del Neguev, en la península del Sinaí, donde se excavó un yacimiento del reino de Judea fechado hacia el año 800 a. C. En la inscripción de la tinaja A se lee: “Te he bendecido mediante Yahvé de Samaria y su Asherah”; en la tinaja B se lee: “Yahvé de Teman y su Asherah”.

Además, en la tinaja A aparece un árbol estilizado flanqueado por dos íbices sobre un león, imágenes universalmente admitidas como propias de la Diosa Madre en todo Oriente.

Hay, por otro lado, indicios de que Yahvé se quedó con esta relación entre la diosa y los árboles: Os 14, 9 se traduce “Efraím... ¿qué tiene aún con los ídolos? Yo le atiendo y le miro. Yo soy como un ciprés siempre verde, y gracias a mí se te halla fruto” (traducción Cantera-Iglesias). Day afirma que esta cualidad de Yahvé árbol es una reminiscencia sincrética del antiguo árbol de su consorte Asherah.

Para terminar, es interesante recoger la noticia sobre Maaká, la reina madre del rey Asa. S. Ackermann escribió en 1993 un artículo (“Queen Mother and the Cult in Ancient Israel”, JBL nº 3, pp. 385_401) en el que describía el trascendental papel de las reinas como legitimadoras del poder real (por ejemplo la madre de Salomón) y su relación con la diosa Asherah, e incluso sugiere que la reina madre sería la representante de la diosa en la corte. Esto parece estar relacionado con la etimología propuesta para Asherah por Jin Park: “progenitora”.

Saludos cordiales.
 
Domingo, 3 de Mayo 2020


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.





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