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Reseñas

Simone Weil: el silencio de Dios Juan Antonio Martínez de la Fe , 27/09/2021
Simone Weil: el silencio de Dios
Ficha Técnica

Título: Simone Weil: el silencio de Dios
Autor: Josep Otón Catalán
Edita: Fragmenta Editorial, Barcelona, 2021
Colección: Fragmentos
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 220
ISBN: 978-84-17796-52-5
Precio: 18 euros

“Simone Weil (París, 3 de febrero de 1909-,Ashford 24 de agosto de 1943) fue una filósofa, activista política y mística francesa. Formó parte de la Columna Durruti durante la Guerra Civil española y perteneció a la Resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial. Dejó abundantes escritos filosóficos, políticos y místicos, incentivados por su publicación tras su muerte en 1943 a causa de tuberculosis. Albert Camus la describió como «el único gran espíritu de nuestro tiempo»”. Este breve texto introductorio es lo que nos encontramos si accedemos en Google para informarnos acerca del personaje sobre el que gira esta obra de Josep Otón, una muy breve cita para una persona tan ampliamente conocida.

Una obra que profundiza, y de manera extraordinaria, en una figura tan polifacéticamente destacada como es Simone Weil. En un capítulo introductorio, el autor contextualiza la experiencia espiritual de Weil, a partir de la pregunta por el silencio de Dios; luego, Otón nos ofrece un esbozo de las coordenadas biográficas en las que se desarrolla su experiencia, así como el marco temporal en el que se inscribe la redacción del texto de Prologue, que sirve de base para el desarrollo de este trabajo. Seguidamente, se abordan dos temas trascendentales en Weil: su encuentro con la Trascendencia y las claves para captar el sentido de la ausencia de Dios: encuentro y ausencia conforman una dialéctica a la que Otón intenta dar unas respuestas como conclusión a su ensayo. Finalmente, y no menos importante, en un epílogo trata de la repercusión del pensamiento weiliano en el panorama religioso de la posmodernidad.

Simone Weil

Siendo judía, los horrores de Auschwitz y de la guerra no podían dejar indiferente a casi nadie y menos aún a Simone Weil. Ella habla con autoridad por dos motivos fundamentales: su trayectoria vital está inmersa en el contexto de la II Guerra Mundial, por un lado y, por otro, su reflexión sobre el hecho religioso fundamentado en una profunda experiencia personal.

No habla, pues, ella desde una especulación teórica, sino de su experiencia de la realidad, una experiencia tanto religiosa como atea, pues vivió ambas circunstancias. Ante la injusticia y el silencio de Dios que la consiente, se ve obligada a plantearse quién es ese Dios y cómo es, un Dios que no deja de estar presente aunque sea a través de su ausencia.

Simone Weil, a menudo, es considerada como una de las grandes místicas del siglo XX. Otón nos acerca a su biografía para exponer en qué consistió su experiencia de lo sagrado, que tanto impacto tuvo en su trayectoria vital, más que intentar sistematizar la metafísica de lo trascendente en Weil. Para ello, se centra en un texto críptico, sugerente y provocador, conocido con el título de Prologue, cuyo análisis permite desvelar algunos rasgos fundamentales de la relación entre el ser humano y el misterio.

Ya se ha hecho alusión a la dialéctica en Simone Weil; pues bien: este Prologue refleja la contradicción que impregna todo su recorrido vital, puesto que describe dos experiencias contrapuestas: un encuentro y una ausencia; se trata de un texto que puede interpretarse como una metáfora de la vida espiritual, como una interpretación místico-religiosa.

El encuentro

En buena lógica, Otón comienza por el encuentro, una descripción de una experiencia íntima de Weil. Ya sabemos que “encuentro” tiene más de una acepción; así, por ejemplo, puede aludir al descubrimiento de algo oculto; pero también a la reunión de personas; y, en este segundo sentido, parece situarse lo expresado por Simone Weil, fruto de una iniciativa divina, no de una decidida voluntad suya.

Evidentemente, no se puede sustraer a la problemática que se presenta a todo mísitico: la de traducir una experiencia con fuerte carga subjetiva a un lenguaje asequible a quien lo lee o escucha. Para Weil, tales hechos extraordinarios son plenamente compatibles con la concepción científica del mundo: si lo excepcional, lo milagroso, provoca un conflicto entre la ciencia y la religión, es que el problema está mal planteado.

El autor desarrolla extensamente el acercamiento de esta singular mística al cristianismo y, más concretamente, al catolicismo, del que permaneció en el umbral, reacia a aceptar sus dogmas renunciando a su búsqueda de la verdad. En cualquier caso, lo que la impactó de esta religión es su capacidad para dotar de significado al sufrimiento y a la miseria, elementos que la afectaban profundamente impulsando su actividad política, activista y social.

Es interesante, dentro del encuentro, la idea weiliana del amor; considera la existencia de un amor implícito, por el cual el hombre ama a Dios sin saberlo y consiste en un período de preparación al amor explícito, en el que el ser humano se hace consciente de la presencia divina. Ejemplos de amor implícito serían las prácticas religiosas, la belleza del mundo, la caridad con el prójimo y la amistad, asuntos todos bien desarrollados por el autor. En definitiva, se trataría de expresiones indirectas que permiten intuir la orientación del ser humano hacia el Bien.

Ya en el encuentro del amor explícito, Otón describe la experiencia interior de Weil, cuyo proceso ha suscitado todo tipo de comentarios e interpretaciones por parte de especialistas en diversas disciplinas como, por ejemplo, la psiquiatría. Nos dice el autor: “Con una mirada nueva se descubre cómo cualquier circunstancia de la vida puede convertirse en el escenario del encuentro con lo Trascendente. Entonces, la creación se revela como un puente que permite acceder al Creador. Esta fue la experiencia de Simone Weil y así lo atestiguan sus escritos”.

La ausencia

Tras el encuentro, tras esa experiencia mística, Simone Weil se enfrenta al gran misterio, el de la ausencia de Dios, el problema del mal. Ya nos advierte Otón de que, en la interpretación del Prologue, un primer factor a tener en cuenta son los altibajos de la vida que hacen cuestionar la existencia de Dios o pensar en su abandono. Una ausencia que, en el fondo, supone una crisis.

En los planteamientos weilianos, Dios no es un concepto susceptible de ser analizado; muy al contrario: es una realidad viva, muy desconcertante, que la arranca de sus seguridades. Hasta el punto de que se cuestiona sobre la autenticidad de su encuentro, dudando si realmente Dios deseaba estar con ella. Es entonces cuando la experiencia vital deviene desesperante ya que, en vez de aportar seguridad, manifiesta la sumisión de la realidad al imperio del azar, lejos de toda lógica y de todo sentido.

El autor analiza con detalle las consecuencias de estas situaciones en su actitud frente a los totalitarismos e, incluso, frente a los dogmas de la Iglesia Católica, en cuyos umbrales se desplaza sin integrarse, y a los que considera como expresión del Misterio de Dios y, por tanto, una manera de acceder a lo Inefable. Es muy interesante el estudio que hace el autor sobre la filosofía de la historia de Simone Weil, pues permite aclarar algunas cuestiones relativas a la ausencia de Dios.

Reconocía que las formulaciones religiosas podían ser un obstáculo para acercarse a la Divinidad en aquellas personas que habían tenido una mala experiencia con la Iglesia; pero no lo eran para ella, que proponía un camino alternativo: reconocer a Dios a través de la belleza del mundo, pese a que la realidad del sufrimiento personal y colectivo hace dudar del sentido de la creación, de la dirección de la historia y del acierto del Creador.

De lo que no cabe duda es el del influjo de los componentes psicológicos de la personalidad de Weil en su concepción de la desdicha. Es más que probable que no sea totalmente objetiva a la hora de analizar el sufrimiento, porque su idiosincrasia, tan particular, mediatiza su percepción de esta realidad.

Ya se ha aludido a la dialéctica que se da en Simone Weil. “Relata de una manera impactante su encuentro con Dios, sin ocultar su descontento al sentirse abanadonada por Él”. Cabe preguntarse por qué la filósofa no regresó a su situación previa de no creencia o de agnosticismo. A este respecto, escribe el autor: “No se refugia de la ausencia de Dios en la supuesta racionalidad de la increencia. Algo la impele a mantenerse fiel a su experiencia. En lugar de renunciar a la fe, la reformula. Opta por vivir la ausencia desde una perspectiva religiosa y entra en sintonía con la gran tradición de los místicos de las diversas religiones que han sufrido la noche espiritual”.

Apunta Otón sobre este particular que conviene reflexionar sobre el papel del azar en el pensamiento de Simone Weil, para lo que procede analizar su interpretación de las teorías evolucionistas. Para ella, azar no es sinónimo de caos o de irracionalidad; se trata, simplemente, de reconocer que el número de variables que intervienen en un hecho es tal que nadie puede calcular el resultado final exacto. El autor, aquí, profundiza en la concepción weiliana de la historia y de la realidad social.

Procesos en Weil

En Weil se da un proceso de discernimiento, en el que la soledad motivada por la ausencia de Dios permite el autoconocimiento. También, un proceso de revelación, porque esa ausencia se traduce en un tiempo propicio para comprender y asimilar la revelación, la experiencia mística, recibida: no se trata tanto de una ocultación de Dios, sino, más bien, de una manifestación de los límites del ser humano para captar el alcance de la experiencia del encuentro con la divinidad. También es un proceso místico en el que nadie puede constatar cuáles son las relaciones entre el ser humano y Dios, si no es por la transformación provocada por el encuentro con Él. Por último, como resalta el autor, se trata así mismo de un proceso pascual, porque, dentro de las relaciones entre Dios y el ser humano, la más grande es el amor; Él se esconde para que el hombre avance en su vocación de participar en la naturaleza divina de una manera libre, consciente y responsable.

Es inmejorable la descripción que de estos procesos hace Otón: “La dialéctica espiritual de Simone Weil, marcada por la experiencia de encuentro y ausencia de Dios, de manifestación y ocultación, de unión y separación, remite a la experiencia pascual de muerte y resurrección en la que el abandono de Dios no es el fin -el final- de la historia sino la revelación de un nuevo fin -de una nueva finalidad- de la historia más allá de las fronteras temporales del mundo”.

Mistagogía

Mistagogía. Una expresión que usa el autor para describir las pretensiones de Weil revelando su propia experiencia mística. No es propio de ella dejarse llevar por un exhibicionismo soberbio; solo pretende dar testimonio de lo que ha vivido, consciente de su inmenso valor a pesar de las deficiencias personales. Su espiritualidad presenta el silencio de Dios como un espacio reservado para un encuentro de mayor calado que el debate conceptual. La gran verdad que la eximia filósofa descubrió es que, pese a su extrema vulnerabilidad, es amada por Alguien.

Y así, ante el misterioso silencio de Dios ante el problema del mal, no opta por inclinarse hacia el ateísmo o el no-teísmo, pero, muy consecuente con sus postulados, tampoco ofrece soluciones ingenuas. No ver a Dios no significa que no esté; probablemente, el hombre no es capaz de percibir su sutil presencia. Lo que da pie a profundizar en la ética de la vulnerabilidad de Weil: en vez de ponernos a salvo de nuestra vulnerabilidad, nos enseña a convivir con ella.

Esta cita de Josep Otón cierra prácticamente su magnífico ensayo sobre Simone Weil: “En un mundo posmoderno, heredero del eclipse de Dios, aparece la figura de esta mujer que, moldeada por la experiencia de encuentro y de ausencia de Dios, es capaz de vislumbrar los destellos divinos dispersos por doquier. Es una mistagoga que enseña a reconocer la presencia oculta del Absoluto en un mundo que Dios parece haber abandonado”.

Concluyendo

Las líneas que preceden hacen hincapié en dos aspectos fundamentales de esta obra: el encuentro místico de Weil con Dios y su silencio, su ausencia, ante el problema del mal. Una manera de invitar a la lectura de esta estupenda obra de Josep Otón. Pero, evidentemente, partiendo de esta paradoja, encuentro y ausencia, el libro profundiza, de manera extraordinaria, en otros muchos aspectos de la filosofía, el activismo o la religiosidad de Simone Weil.

Este estudio cuenta con una muy clara metodología expositiva que ayuda sobremanera a la comprensión de sus contenidos, sustentada, además, por una asequible expresión didáctica, facilitadora de la lectura. No en vano, esta filósofa fue el centro de la tesis doctoral del autor.

Quien se acerque a este libro, encontrará en él un compendio de la experiencia vital de Weil y una guía para poder aproximarse a la lectura directa de su amplia obra.

Índice

Presentación

I. El silencio de Dios

II. Simone Weil: mística y revolución

III. Encuentro
1. Una experiencia mística
2. Los contactos con el catolicismo
3. ¿Una búsqueda implícita?
4. Formas de amor implícito
a. Formas religiosas de amor implícito
La música sacra
La recitación de textos religiosos
Los dogmas
La diversidad religiosas
b. Formas no religiosas de amor implícito
La belleza del mundo
El amor al prójimo
La amistad
5. La experiencia interior
6. Una perspectiva bíblica

IV. Ausencia
1. El abandono divino
2. Las formas religiosas como obstáculo
3. Una filosofía de la historia
a. La idolatría de la historia
b. Tiempo y eternidad
c. El pensamiento de Berdiaev
d. El espejismo del progreso
4. La desdicha

V. Un proceso dialéctico
1. Un proceso abierto
2. Un proceso de discernimiento
3. Un proceso de revelación
4. Un proceso místico
5. Un proceso pascual

VI. Una mistagogía
1. Los cisnes de Grimm
2. La atención
3. Fragilidad, violencia y verdad
4. Una ética de la vulnerabilidad

Epílogo


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27/09/2021 Comentarios






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