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Historia de los volcanes Juan Antonio Martínez de la Fe , 02/09/2022
Historia de los volcanes
Ficha Técnica

Título: Historia de los volcanes
Autor: Nahúm Méndez
Edita: Guadalmazán, 2022
Colección: Divulgación Científica
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 272
ISBN: 978-84-17547-68-4
Precio: 15,15 euros

Recurriendo al Epílogo, el autor reitera que este libro no es un manual de vulcanología; se trata, más bien, “de un aperitivo para despertar su curiosidad e interés por el mundo de los volcanes”. Y, desde luego, es un propósito muy bien alcanzado.

Porque este libro es más que una historia de los volcanes; nos habla de los volcanes en la historia, de su constante presencia en nuestro planeta desde mucho antes de que el hombre lo pisase; de cómo ha acompañado y modulado en ocasiones la vida de los seres humanos y de todos los seres vivientes de nuestra común casa; y mucho más.

Se cumple un año de la entrada en erupción del volcán de Cumbre Vieja en la isla canaria de La Palma. Durante semanas, pudimos seguir en directo su proceso eruptivo, el momento de la explosión y asistimos, entre el asombro y el dolor, a los daños que causó en edificaciones, cultivos, vías de comunicación, etc. Aún hoy día, próximo a cumplirse un año de su apagado en el mes de diciembre, persisten muchas de sus secuelas directas, como es la imposibilidad de acceso a algunas zonas afectadas, por la presencia de gases nocivos para la salud e, incluso, para la vida.

Esto nos puede inducir a pensar que los volcanes soportan una mala imagen, como causantes de sufrimiento y pérdidas irreparables. No lo ve así Nahúm Méndez, para quien “los volcanes no son ni buenos ni malos por sí mismos, simplemente sin una expresión más de un planeta dinámico, de un planeta que sigue vivo por dentro y que se manifiesta a través de los distintos procesos geológicos”.

Unos procesos que, a veces, llegan a encandilar y a enamorar a quienes se ocupan de estos fenómenos, como nos ha puesto de manifiesto Sara Dosa en su magnífico documental Fire of love, donde retrata la vida del matrimonio de vulcanólogos formado por Katia y Maurice Krafft, que dedicaron su vida y todas sus energías al apasionante mundo de los volcanes.

Volcanes en la historia

Tras una corta Introducción, el autor entra de lleno en materia, narrándonos una breve historia de nuestra relación con los volcanes. Aborda, primeramente, cómo ha evolucionado nuestro conocimiento sobre el vulcanismo. Así, recorre las primeras explicaciones sobre un imponente fenómeno cuyas entrañas intentó desentrañar la antigüedad clásica, con nombres como Anaxágoras o Aristóteles, las explicaciones que propusieron las teorías neptunistas y plutonistas, íntimamente enfrentadas, hasta llegar a Descartes y los postulados en el siglo XIX.

Tras descubrir representaciones de fenómenos eruptivos en cuevas con manifestaciones rupestres, arribamos al curioso prodigio de los peces volcánicos y a las pintorescas descripciones realizadas por Alexander von Humboldt.

Encontramos, además, otras curiosidades: cómo pudimos descubrir los inicios del bipedismo en nuestra especie, gracias a las huellas dejadas en Laetoli por un antiguo antepasado del homo sapiens. Un fenómeno que, recientemente, ha vuelto a cobrar nuevo ímpetu merced a novedosas investigaciones de las que se han hecho eco especializadas publicaciones.

Igualmente, nos aproximamos a la pólvora volcánica a través de informes de Hernán Cortés sobre el ascenso al Popocatéptl. Dicho todo esto, Méndez entra de manera más directa en el tema.

¿Qué son realmente los volcanes?

Todos tenemos una imagen formada de un volcán; incluso, usamos términos de esta especialidad para referirnos a sitios de nuestro entorno: caldera, “lajial”, lava, … Pero, como nos advierte el autor, “un volcán es mucho más que una forma, que un relieve: es la manifestación de distintos procesos que ocurren en el interior de nuestro planeta y que demuestran el grado de actividad que todavía tiene en la actualidad”. Es decir: nuestro planeta no solo está vivo por fuera; también lo está, y mucho, por dentro.

Más técnicamente, un volcán es una fisura en la corteza terrestre a partir de la cual salen lava, piroclastos y distintos gases. Lo que nos lleva a concluir que hay diferentes tipos de volcanes, dependiendo del tipo de lava que emiten y del estilo de las erupciones.

En este bloque de su obra, Nahúm Méndez nos explica de dónde proviene la lava, si somos capaces de predecir una erupción o cómo entender la explosividad de los volcanes, con una pequeña incursión acerca de uno de los frutos más bellos relacionados con una erupción: los diamantes.

Más allá de nuestro sistema solar

Es este otro de los capítulos del libro que pretende dar respuesta a una pregunta que despierta habitualmente nuestra curiosidad: ¿es la tierra el único planeta con volcanes?

Los avances en la exploración del universo, bien a través de mejores observatorios y telescopios, bien a través de los viajes de exploración que tanta expectación nos despiertan, nos llevan a distinguir en otros astros de nuestro sistema solar dos tipos de volcanes: unos más parecidos a los nuestros, en cuerpos rocosos y con lava formada por roca fundida y gases similares a los de nuestros volcanes; y otros conocidos como volcanes de hielo o criovolcanes, propios de cuerpos cuya corteza y manto está formada por hielo y agua; en lugar de lava, emiten una pasta de hielo con otros elementos volátiles.

Marte está siendo objeto de una creciente investigación. Y, en relación a nuestro tema, cabe preguntarse si hay allí volcanes activos. El autor nos relata que ha habido fenómenos volcánicos en el pasado reciente, al menos en las últimas decenas de miles de años. Y que tales fenómenos produjeron una lava fluida y relativamente tranquila.

En Venus hay modelos que indican la existencia de un volcanismo explosivo. Y también el autor nos acerca a los volcanes de nuestro satélite y explica la posible relación entre los tubos de lava, la exploración espacial y la búsqueda de vida más allá de la tierra. Por supuesto, no deja de referirse al cuerpo volcánicamente más activo del sistema solar, Ío.

La historia

Aquí, sí, se puede hablar de las grandes erupciones históricas, un capítulo más que interesante, que arranca con la relación entre Santorini, Platón y el mito de la Atlántida. Pero también nos acerca el autor a las erupciones más espectaculares y más destructivas de las que tenemos noticia: la del monte Tambora, en 1815, la del Unzen de 1792, la del Nevado del Ruiz en 1985, la del Pinatubo en 1991 para terminar en la del volcán de Cumbre Vieja, en La Palma, de 2021.

¿Pueden los volcanes poner en jaque a la civilización moderna?

Para dar respuesta a esta cuestión, Méndez nos acerca a los efectos observados en erupciones volcánica, con la mirada puesta en tratar de encontrar vías que mitiguen futuros fenómenos eruptivos.

Un volcán emite lava, pero también ceniza y gases que pueden alterar el clima y provocar lluvia ácida. Algo que, si coincide con otras circunstancias, puede llegar a cambios en la estructura social, como sucedió en China, donde supusieron una de las causas de la caída de las dinastías.

También Méndez nos hace notar la relación entre la erupción del Laki y la revolución francesa: un volcán islandés que motivó malas cosechas en Francia, con las consiguientes hambrunas que desembocaron en una ebullición social.

Más reciente es nuestra memoria se encuentra la erupción del volcán, también islandés, Fyjafjallajökull, cuyas cenizas supusieron un colapso de la navegación aérea en muchos puntos de Europa.

Ha habido, ciertamente, intentos variados de reprimir una erupción o, al menos, de tratar de reconducir las coladas de lava para que no afectaran a determinadas zonas de especial interés; unos experimentos de irregular éxito.

Pero lo que sí parece evidente es que las erupciones afectan al clima, aunque parece que no tienen mayor incidencia en la capa de ozono, como se había llegado a plantear hace algunos años.

Volcanes en el arte

Una erupción volcánica, pese a lo estremecedor que resulte el espectáculo, tiene un atractivo no exento de belleza que atrae a cientos de curiosos. Esto ha llevado a que la figura de un volcán activo sea motivo de representación gráfica. Ya se ha aludido a las manifestaciones rupestres que la imprimieron en las paredes de cuevas; también constituyó el tema central de pinturas y grabados en toda época y cultura.

Apartado especial constituye el dedicado a los volcanes en el cine. Lo habitual es que se encuentren en el fondo de la trama, habitualmente bajo la forma de catástrofes. Si bien estas películas nos han acercado a la realidad del fenómeno eruptivo, no siempre lo han hecho de forma rigurosa o científica. Nahúm Méndez nos ofrece una serie de títulos cinematográficos, que comenta con gran acierto.

Erupciones silenciosas

No siempre podemos asistir al espectáculo de un volcán en erupción. A veces, esta se produce en las profundidades oceánicas o bajo las capas heladas de los casquetes polares, teniendo conocimiento de ellas gracias a sistemas de medición sofisticados que recogen esta actividad invisible a nuestros ojos.

Existe otro tipo de fenómenos que, sin ser propiamente una erupción volcánica, su similitud con aquella en sus manifestaciones y su relación con fenómenos volcánicos, llevan a tildarlos de erupciones.

Es el caso de las llamadas erupciones límnicas, un fenómeno producido por la acumulación de gases en las profundidades, especialmente, de grandes lagos y que por causas imprevistas surgen de manera violenta de las profundidades; siendo gases potencialmente dañinos para la vida humana, su repentina aparición en la atmósfera desplaza al oxígeno, produciendo la muerte de cualquier señal de vida en amplias zonas a su alrededor.

Otros tipos de volcanes, menos conocidos por su rareza, también son abordados en esta obra. Tal es el caso de las carbonatitas o los volcanes de barro.

Cuestiones

Ante el fenómeno volcánico, las preguntas que surgen en la sociedad son abundantes y, en gran parte, comunes a una gran mayoría. Estas preguntas las recoge Méndez en el último bloque de su libro, dando respuesta a cuestiones tales como por qué hay tanta actividad volcánica ahora, si están conectados los volcanes y su relación con los terremotos, qué ocurre si se pincha un volcán, la relación entre energía geotérmica y los terremotos, si podemos adelantar una erupción, si un volcán se queda hueco cuando sale todo el magma o si los rayos cósmicos pueden desencadenar una erupción.

También encuentran respuesta curiosidades tales como cuál ha sido la mayor erupción registrada de la que se tiene constancia, o cuáles son las coladas más largas en la tierra y en otros planetas, la relación de rayos y truenos en las erupciones, si son peligrosos los volcanes entre períodos eruptivos. Y algunas cuestiones más.

Concluyendo

Nos encontramos ante un libro de muy fácil lectura, capaz de saciar la curiosidad de quienes, sin ser expertos en vulcanología, se sienten atraídos por este fenómeno tan espectacular de nuestra naturaleza y desean conocer la respuesta a muchas preguntas que espontáneamente surgen ante este espectáculo.

El lenguaje cercano del autor da muestras de su capacidad pedagógica y de divulgador científico, pues pone a nuestro alcance conocimientos que, de otra manera, quizás nos pasaran desapercibidos.

El libro se lee con interés, pues, desde las primeras líneas, atrae la atención del lector quien se sumerge en un mundo apasionante que hace difícil dejar de lado el libro. Una abundante serie de ilustraciones, pese a su pobreza cromática, colabora en la comprensión del texto.

Índice

Introducción

Una (breve) historia de nuestra relación con los volcanes
¿Qué son realmente los volcanes?
Volcanes más allá de nuestro sistema solar
Las grandes erupciones históricas
¿Pueden los volcanes poner en jaque a la civilización moderna?
Los volcanes en el arte
Las erupciones silenciosas
Todo lo que siempre has querido saber sobre los volcanes y nunca te atreviste a preguntar

Epílogo
Bibliografía



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02/09/2022 Comentarios

Reseñas

La experiencia de la pérdida Juan Antonio Martínez de la Fe , 26/08/2022
La experiencia de la pérdida
Ficha Técnica

Título: La experiencia de la pérdida
Autor: Joan-Carles Mèlich
Edita: Fragmenta Editorial, Barcelona, 2022
Colección: Fragmentos
Traducción: Marta Rebón
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 124
ISBN: 978-84-17796-60-0
Precio: 12,90 euros

Editorial Fragmenta ofrece la colección Fragmentos, una serie de textos, no muy extensos generalmente, pero de una gran profundidad. Y, en la presente ocasión, no decepciona con este título que comentamos.

Desde el Pórtico que abre este ensayo, Mèlich nos avisa de que estamos condenados a la desazón y a la zozobra, en el que la plenitud es la muerte. Ella llama a nuestra puerta continuamente porque se lleva a seres queridos, hasta que nosotros pasemos a ser los protagonistas y nuestra partida deje un vacío en quienes nos quieren.

Un vacío que nunca volverá a llenarse o, cuando menos, que nadie volverá a llenar de la misma manera. Siempre se echa de menos a alguien que ya se fue; lo que no constituye un suceso, por el que mi vida no se ve alterada de manera sustancial, sino un acontecimiento que produce una grieta en mi tiempo y nada puede volver a ser como antes.

Ocurre también en el terreno de la metafísica. Desde que Nietzsche anunció la muerte de Dios, es decir, la muerte de la metafísica, vivimos en orfandad, atacados por tres enfermedades: nostalgia, vacío e idolatrías, frutos todas ellas de la ausencia de lo Absoluto.

La finitud

Somos siervos de la finitud. Una finitud que no es solo la muerte, sino la manera que tenemos los humanos de ser en el mundo; finitud es muerte, sí, pero además vulnerabilidad y despedida. Somos finitos porque somos corporeidad y porque no podemos evitar que pase lo imprevisible. Y, por supuesto, vivir una vida finita supone, entre otras cosas, “que no hay posibilidad alguna de encontrar un principio absoluto que ofrezca un único sentido a la vida”. Dios ha muerto y la vida no tiene sentido.

Por el contrario, todo pensamiento metafísico tiene un anhelo: encontrar un principio que sea firme, trascendente al espacio y al tiempo, a la historia; y, a la vez, indudable por ser tranquilizador porque da razón de todo, que lo explica todo. Pero, ante la vida, aparte de la metafísica, existe un punto de vista literario, que es el que utiliza el autor en este ensayo y que orienta una filosofía antropológica de la finitud, que no teme al sinsentido y acepta el fracaso metafísico de toda existencia. Y, desde este punto de vista, tenemos que aceptar el hecho de tener que orientar nuestras vidas sin tener criterios seguros y fiables. No se trata de ser nihilistas negando todo principio, sino, simplemente, no aceptar ninguna referencia que pueda operar más allá del espacio y del tiempo, aunque estos referentes nunca podrán llenar el vacío de existir.

Memoria y olvido

Por otro lado, vivimos en una tensión entre el recuerdo y el olvido, una tensión que es el lugar la memoria: no podemos eludir nuestra realidad de herederos de secuencias espaciotemporales. La memoria es un acontecimiento inquietante: siempre nos hace presentes a los ausentes, aunque hay que tener en mente que ninguna sociedad recuerda de la misma manera.

¿Qué nos quiere decir el autor? Pues que un ser finito tiene que aceptar vivir en un mundo en el que no podrá esquivar la experiencia de haber perdido a alguien. Y hemos de considerar si seremos capaces de convivir con las grietas, las cicatrices y los traumas causados por esas pérdidas.

Vivir en un mundo humano es implicarse en vidas que no son las nuestras. Como bien dice Mèlich: “Nos guste o no, existimos abiertos a los que no están. A veces su recuerdo resulta insoportable porque abre un universo de nostalgia”.

En definitiva, la memoria nos recuerda que el mal no pertenece al pasado. Aconseja el autor no considerar el mal en el sentido metafísico, como ausencia de bien, sino hacerlo al modo antropológico, es decir, como insensibilidad frente al sufrimiento del otro. Eso es el mal: “insensibilidad, sufrimiento y alteridad son las tres palabras que configuran la gramática del mal”.

Compasión

El autor entra, luego, a tratar la pérdida de un ser querido. Ante ella, el duelo es una reacción normal; pero ya no lo es la melancolía, que reviste caracteres patológicos. “Si en el duelo hay una pérdida del objeto, en la melancolía hay una pérdida del yo”.

El melancólico piensa que la vida es un camino que lleva a la muerte y es incapaz de admitir que el estado natural de la existencia es defectuoso. Y del duelo y la melancolía surge la añoranza, la imposibilidad de despedirse definitivamente porque la ausencia es acosadora y surge contra la voluntad del que la sufre. Vienen a la mente las palabras de Gilbert Becaud en su tema Et maintenant: ·Et maintenant que vais-je faire, De tout ce temps que sera ma vie, De tous ces gens qui m'indiffèrent, Maintenant que tu es partie. Toutes ces nuits, pour quoi pour qui, Et ce matin qui revient pour rien”.

Y ¿qué podemos hacer frente a la experiencia de la pérdida? Nos queda la compasión ante quien sufre por la pérdida. Lo que hace que no seamos compasivos no es la falta de respuesta ante el sufrimiento del otro, sino el bloqueo de la compasión, de respuesta ética, por parte de mecanismos sociales, políticos o religiosos. La compasión es el núcleo de la ética.

¿Qué significa ser compasivo? Ser compasivo es estar ahí, no pasivamente, sino de forma activa, porque solo se produce manifestándose: se trata de ayudar activamente al otro a aliviar su sufrimiento. En este sentido, Mèlich aconseja alejarse de la filosofía metafísica para encontrar ejemplos de compasión y recurrir, más bien, a obras literarias, cinematográficas o pictóricas.

En ese estar ahí, además de compasión hay consuelo, un consuelo que nos muestra uno de los aspectos más relevantes de la existencia. Solo el consuelo puede ayudar, no a superar, sino a soportar el dolor de la pérdida. Y no olvidemos que no es la filosofía la que consuela, sino el abrazo; traducido a nuestro refranero, obras son amores y no buenas razones.

En esta obra, además del texto del autor, es destacable el Posfacio que firma Marta Rebón, bien conocedora de la obra de Joan-Carles Mèlich y que nos ofrece una profunda reflexión sobre la lectura de este ensayo.

Concluyendo

Es este un libro que afecta a cualquier tipo de lector. La experiencia de la muerte de un ser querido es lo habitual, como corresponde a nuestra humana condición. Ante este hecho, de nada vale que Wittgenstein nos niegue la experiencia de la muerte porque no es un acontecimiento de la vida, que la muerte no se vive. A través de las páginas de su ensayo, Mèlich nos conduce a la aceptación de esta experiencia y a aprender a acompañar compasivamente a quien la sufre porque alguien, objeto de su amor, ha trascendido las barreras del espacio y del tiempo.

El estilo del autor es próximo, cercano. Su mensaje parece acariciar como un bálsamo el hecho de tener que afrontar la pérdida. Algo así como si el autor buscara poner en práctica la compasión activa ante el sufriente. Y a fe que lo consigue.

Índice

1. Pórtico
2. Finitud y existencia
3. Una filosofía literaria
4. La pasión de la memoria
5. El ser en la ausencia
6. Poética del recuerdo
7. Presencias espectrales
8. El dolor de la escritura
9. El páramo de la nostalgia
10. La compasión y el consuelo
11. Telón
Lecturas y agradecimientos
Posfacio, por Marta Rebón






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26/08/2022 Comentarios

Reseñas

Historia de las telecomunicaciones Juan Antonio Martínez de la Fe , 30/07/2022
Historia de las telecomunicaciones
Ficha Técnica

Título: Historia de las telecomunicaciones
Autor: José Antonio Martín Pereda
Edita: Guadalmazán, Córdoba, 2022
Colección: Divulgación Científica
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 672
ISBN: 978-84-17547-57-8
Precio: 30 euros

Nos encontramos ante un libro que nos ofrece una visión panorámica sobre el mundo de las telecomunicaciones, desde los primeros tiempos en los que la distancia era un problema a resolver para comunicarnos, hasta la actualidad, con los más avanzados medios de los que disponemos.

En esta obra de José Antonio Martín Pereda, encontraremos tres bloques importantes de información. Uno de ellos recoge aspectos históricos y sociológicos sobre la importancia de las comunicaciones a lo largo del tiempo y, lo que es de especial interés, el impacto que tuvieron determinados progresos en hechos concretos.

Otro apartado destacado es el de las biografías de quienes estuvieron en el germen y desarrollo de las distintas fases del proceso evolutivo de las telecomunicaciones. Finalmente, un tercer grupo es el destinado a detallar los aspectos técnicos de las invenciones que nos han traído hasta la actualidad.

Historia y sociología de las telecomunicaciones

Nos adentramos en aquellos primeros tiempos en los que comunicar una noticia se veía dificultado por la distancia. Había un problema de visión, de hándicaps para poder captar en la distancia lo que se nos quería comunicar.

Jugó, en esas primigenias épocas, un papel importante el fuego: hogueras prendidas a distancias previamente calculadas, constituyeron una primitiva forma de telecomunicación, aunque con el inconveniente de su dependencia de otras factores, especialmente climáticos: vital era la ausencia de nubes que impidieran poder captar el mensaje a transmitir y recibir. El autor aporta varios ejemplos, tales como los sistemas utilizados en la muralla china o el descrito por Homero o Pausanias en la guerra de Troya.

Evidentemente, la aparición del telescopio redujo la problemática inicial de la distancia, aunque no logró aún superar la necesaria simplificación de los textos a remitir, pues se carecía, lógicamente, de un vocabulario, obligando a textos convenidos de antemano.

Tras estos inicios, llegó la época del telégrafo, balbuciente en sus inicios pero que contó con un desarrollo importante motivado por aspectos comerciales, científicos o bélicos, entre otros. Sobresale aquí el destacado juego representado por el ferrocarril, ya que sus líneas fueron utilizadas para introducir el envío de información.

No se nos oculta la importancia de tener una rápida y lo más completa información en cuestiones bélicas. Así, el autor nos lo hace transparente al hablarnos de la guerra de Crimea, la guerra civil americana, la de Cuba, la de los Boers, hasta desembocar en las dos guerras mundiales.

La telegrafía sin hilos, la radio y la televisión son hitos notables en la historia. Hoy abundan en nuestros hogares, junto a un sinfín de aparatos de nueva tecnología que no cesa de avanzar; pero podemos retrotraernos a aquellos primeros momentos en los que escasas viviendas disponían de un receptor de radio, incluso en el momento en que pasó de ser un vehículo estrictamente comunicacional para convertirse en un medio de entretenimiento.

Biografías

Otro bloque importante de esta obra es el relativo a las biografías de las personas que fueron innovando, aportando su saber, su ingenio y su labor investigadora a esos progresos que, de manera imparable, se fueron produciendo en el campo de las telecomunicaciones.

Estas biografías no siempre son completas, es decir, que cuentan la vida del personaje desde el momento de su nacimiento, sus estudios, su entorno, etc., hasta el momento de su muerte. Pero sí es muy detallada en lo que respecta a sus descubrimientos, a los problemas de todo tipo que tuvieron que afrontar, a las rivalidades entre algunos de ellos que llegaron a enconar sus relaciones personales.

Así, nos encontramos con Claude Chappe en Francia y la importancia de sus aportaciones, hasta culminar en su suicidio. Nos encontramos, también, con Abraham Edelcrantz y su papel en el telégrafo sueco; y, cómo no, con Samuel F. Morse, cuyo código logró una larga supervivencia.

No podían faltar en esta cita Elisha Gray, Thomas Alva Edison y Alexander Graham Bell y los primeros teléfonos, así como los problemas surgidos con las necesarias patentes para el desarrollo de sus inventos, así como el nacimiento de las grandes compañías telefónicas.

También hallamos datos biográficos de Heinrich Rudolf Hertz así como de Oliver Joseph Lodge, entre otros. Y, por supuesto, Marconi y todas las empresas en las que tuvo participación no siempre exenta de polémicas. Y ya, con la transmisión de imágenes, no podían faltar Bain, Backwell, Caselli y, sobre todo, Ferdinand Braun.

Viniendo a tiempos ya más recientes, nos encontramos con K. Lehovec en los dispositivos emisores de luz, la fibra óptica con Charles Kao; Ralph Hartley o Harry Nyquist tampoco están ausentes.

Como se puede apreciar solo con la enumeración de algunos de los que han brillado en esta historia, desde las señales de fuego iniciales hasta la fibra óptica e internet, nos podemos hacer una idea de la amplitud de este trabajo de Martín Pereda.

También la técnica

Este otro aspecto en la obra que comentamos es sumamente interesante, en especial para quienes tienen algún conocimiento en estas materias, pues una abundante serie de gráficos, fotos y diagramas explica las entrañas de los inventos a medida que se iban produciendo.

Pero ello no quiere decir que el no experto en estas materias no pueda acceder a estos contenidos. El lenguaje empleado por el autor es sumamente próximo como para permitir una comprensión, aunque sea somera, de las especificaciones técnicas.

Podemos encontrar desde una torre de comunicación del ejército romano hasta el primer sistema sincronizado de comunicación de Chappe. Las torres del sistema de comunicaciones de almirante Popham, el telégrafo electroquímico de Sömmerring o el esquema básico del primer telégrafo de Wheatstone y Cooke se pueden contemplar en las páginas correspondientes, con una explicación de su funcionamiento y las bases sobre las que se construyeron.

Imágenes del equipo de transmisión y registro de señales telegráfica, el esquema del transmisor de Reis junto a mapas explicativos de los enlaces por cables submarinos entre continentes son ejemplos que abundan en lo detallado y minucioso de esta historia que nos narra el autor.

Y, por supuesto, también figuran, entre otros muchos inventos, el esquema transmisor de Marconi en sus primeras experiencias, el equipo de transmisión denominado Fullerphone y el esquema básico del iconoscopio de Zworykin ya en el campo de la televisión, para alcanzar el primer láser de semiconductores.

Concluyendo

Tenemos al alcance una obra monumental por su contenido y muy práctica y accesible en su manejo. Para ello cuenta con un muy detallado sumario que permite una visión amplia de los temas abordados así como unos índices muy prácticos, junto a una selecta bibliografía para que cualquier interesado pueda profundizar en alguno de los contenidos.

Los tres bloques o apartados propuestos responden a un intento de esquematizar los diferentes aspectos que la obra no ofrece por separado. En efecto: la narración es continua, entreverando en sus capítulos cuestiones históricas y sociológicas, las biografías de los muchos personajes que incluye así como los detalles técnicos de cada peldaño en esa escala ascendente de las telecomunicaciones.

Por su parte, el lenguaje narrativo del autor es muy cercano. Y el desarrollo cronológico de los acontecimientos permite edificar con seguridad esta historia apasionante de las telecomunicaciones. En definitiva, un libro a tener al alcance como punto de referencia al que recurrir en busca de un detalle que permita comprender cómo las telecomunicaciones han llegado hasta nuestros días.



Índice

El índice detallado comprende varias páginas. Aquí solo se ofrecen los títulos de los capítulos que componen la obra.

Prólogo

I. Primeras formas de comunicación. De China al Mediterráneo
II. El despertar de las comunicaciones. La Revolución Francesa.
III. Telegrafía óptica en Europa.
IV. Inicio de la telegrafía eléctrica.
V. La telegrafía se implanta en Gran Bretaña.
VI. El telégrafo en Estados Unidos: S.F. Morse.
VII. Sistemas de transmisión y registro de la señal.
VIII. La epopeya de la telegrafía submarina.
IX. El telégrafo y su relación con la política y la sociedad.
X. La voz a través de un cable de cobre.
XI. Desarrollo de componentes y sistemas telefónicos.
XII. Propagación de señales en grandes líneas de transmisión.
XIII. La telegrafía sin hilos: primeros años de la radio.
XIV. La radio avanza con Marconi.
XV. Desarrollo de la telegrafía sin hilos en otros países.
XVI. Acuerdos y reordenaciones internacionales.
XVII. Comunicaciones en la Primera Guerra Mundial.
XVIII. Consecuencias de la Primera Guerra Mundial.
XIX. La radio y el nacimiento de la electrónica.
XX. La radiodifusión llega a todos.
XXI. Transmisión de imágenes fijas y en movimiento.
XXII. Llega la televisión.
XXIII. Microondas, radar, radioenlaces y satélites.
XXIV. Notas sobre la entrada del transistor y los circuitos integrados.
XXV. Entrada de la luz en as comunicaciones y la sociedad.
XXVI. El camino al láser.
XXVII. El láser de semiconductor, caballo de batalla de las comunicaciones ópticas.
XXVIII. El camino de la fibra óptica.
XXIX. La digitalización y las grandes redes de comunicación.

Anexos
Agradecimientos
Bibliografía
Índice onomástico

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30/07/2022 Comentarios

Reseñas

El futuro del pasado religioso Juan Antonio Martínez de la Fe , 21/07/2022
El futuro del pasado religioso
Ficha Técnica

Título: El futuro del pasado religioso
Autor: Charles Taylor
Edita: Editorial Trotta, Madrid, 2021
Colección: Estructuras y Procesos
Traducción y estudio introductorio: Sonia E. Rodríguez García
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 300
ISBN: 978-84-9879-850-0
Precio: 35 euros

La obra de Charles Taylor no es en absoluto desconocida. Quien se haya interesado por la filosofía política, por las cuestiones de la identidad o la filosofía de la religión, por citar solo algunos de los campos de su especialidad, con casi total seguridad se ha encontrado con este filósofo canadiense.

De ahí la importancia de esta obra que Editorial Trotta nos ofrece, bajo el título de uno de los ocho ensayos que incluye, abordando aspectos variados.

Sonia E. Rodríguez es la autora de la magnífica Introducción a todo el libro. Una Introducción de obligada lectura, pues ayuda y mucho a encuadrar y comprender el hondo contenido del conjunto. Nos habla del filósofo y su obra, de los inicios de su reflexión en torno a la religión; de sus textos fundamentales: Fuentes del yo y La era secular, con lo que deja al lector bien encaminado para acceder a la lectura del texto.

Es difícil poder detenerse en cada uno de los apartados del libro. De ahí que se propone un breve comentario de cada uno de ellos, intentando profundizar en el que da título a la obra, El futuro del pasado religioso.

Modernidad católica

¿Una modernidad católica? Es el primer capítulo y ha sido el primer texto en el que Taylor expone abiertamente su condición de creyente cristiano. En él, traza un análisis de la modernidad, tema recurrente en su obra, en esta oportunidad desde una perspectiva cristiana; en este sentido, y según destaca Sonia Rodríguez, “el objetivo es discernir aquellas facetas de la modernidad que pueden ser consideradas auténticos desarrollos del Evangelio y de aquellos que suponen su negación”.

Según Taylor, para que ciertos logros como la libertad moderna, la defensa de los derechos humanos, las exigencias de justicia y benevolencia universal, pudieran tener un fuerte impulso, era necesaria una ruptura con las creencias y estructuras del cristianismo.

La violencia

El segundo capítulo es Notas sobre las fuentes de la violencia: perennes y modernas; en él, se analiza la violencia categórica, es decir, la ejercida contra una clase o categoría de personas. Como características definitorias se cuenta con el exceso, el lenguaje de purificación y el ritual.

En esta línea, intenta el autor identificar los significados metafísicos de dicha violencia categórica, a fin de dilucidar los posibles vínculos entre violencia y religión. Es un análisis profundo y muy interesante, donde se abordan mecanismos tales como el sacrificio, el chivo expiatorio o externo, como sucedió en el caso de las Cruzadas.

El futuro del pasado religioso constituye el tercer capítulo y se comentará con algo más de amplitud en otro apartado de este texto. El cuarto es el dedicado al tema del Desencantamiento-reencantamiento.

Desencantarse para reencantarse

Aquí, Taylor profundiza en qué es lo que buscan las personas que desean el reencantamiento, para lo que, en primer lugar, explica el proceso de desencantamiento; se trata de encontrar nuevos significados basados en nuestra experiencia como seres en el mundo; el autor desarrolla en este bloque la teoría de las “evaluaciones fuertes”; en palabras de Sonia Rodríguez, “estas valoraciones rastrean la realidad, mantienen una dimensión óntica compatible con el nuevo imaginario cósmico y son, por tanto, capaces de descargar sobre las cosas el plus de significatividad que busca el reencantamiento”.

Secularismo

¿Qué significa el secularismo? Es el título del siguiente ensayo de Taylor. El problema aquí abordado es el de la laicidad, un fenómeno ampliamente extendido por todo el mundo.

Cobra sentido la pregunta que plantea el capítulo. No se trata, simplemente, de la separación entre una iglesia y el gobierno de un país o el alejamiento de una gran mayoría de la práctica religiosa o, incluso, de una mayor increencia. Para Taylor, el secularismo está relacionado con tres aspectos fundamentales: libertad de conciencia, igualdad de trato y fraternidad entre todas las familias espirituales; como se puede apreciar, una correspondencia estrecha con los tres valores fundamentales de la Revolución francesa.

La razón y peligros del moralismo

La mera razón es la traducción del título en alemán que propone el autor. Trata de desmontar la teoría originada en la Ilustración, según la cual son los obstáculos epistemológicos los que han hecho retroceder la creencia en la trascendencia; piensa él que son las dificultades morales y espirituales las que han llevado a transcurrir por esa senda. Es, en definitiva, el mito de la Ilustración: para Taylor, no siempre constituyó un absoluto e innegable avance, teniendo en cuenta las pérdidas que también arrastra.

Trata seguidamente de los Peligros del moralismo. Es un análisis de la filosofía moral contemporánea que, en gran medida, es consecuencia del ya citado mito de la Ilustración.

En efecto, se ha producido un auge de los códigos de conducta que beben de las fuentes de la mera razón, con la idea de forjar un conjunto de reglas universales que puedan ser aplicadas sin excepción. Este codigocentrismo, como lo denomina, no reconoce la posible pluralidad de bienes, lo que desemboca en la desaparición de los dilemas; dilemas que, según Taylor, se han de resolver en, al menos, dos dimensiones: una horizontal y otra vertical, el de la resolución y el de la reconciliación, respectivamente.

La era axial

¿Qué fue la revolución axial? Constituye el último capítulo de la obra. Se trata de un concepto reiteradamente aparecido a lo largo de prácticamente su totalidad. Taylor insiste una y otra vez en los anclajes de la sociedad.

En la época preaxial, el individuo se anclaba en la sociedad, en el cosmos y en una determinada noción del bien humano. La era axial lleva al desanclaje de estos tres extremos; pero aquí, el autor se centra, sobre todo, en la postura revisionista hacia el bien humano. Por otro lado, la era axial no supuso una ruptura total con la era anterior, sino que, más bien, se produjo una coexistencia en algo así como un equilibrio inestable, que, en el cristianismo, se rompe con el impulso a la reforma.

¿Tiene futuro el pasado religioso?

Pero hay que destacar que el estudio más ambicioso que se ofrece en esta obra es el dedicado a El futuro del pasado religioso, pues en él, como dice Sonia Rodríguez, “se encuentran entretejidos y referenciados todos los temas de la era secular”.

Por lo pronto, Taylor reconoce que predecir el futuro es una empresa extremadamente imprudente, máxime cuando su estudio se refiere en una gran medida a una única civilización, la occidental, también conocida como Europa y, previamente, como cristiandad latina.

Se hace en la actualidad mucho énfasis en una religión de compromiso y devoción personal, alejándose de las formas centradas en el ritual colectivo; pues bien: este impulso a la religión personal forma parte del impulso hacia diferentes facetas de la secularización.

Antes, y mucho antes, la religión formaba parte de los fundamentos de la sociedad hasta el punto que cualquiera se anclaba a ella como una seña de identidad. Un anclaje que se extendía hacia la cosmovisión y que comprendía una petición a las divinidades para mejorar la salud y el bienestar, es decir, hacia un florecimiento humano.

Hay un fenómeno que analiza con detenimiento el autor, en este estudio sobre la evolución desde un punto existencial religioso hacia las actuales tendencias secularizantes. Se refiere al fenómeno axial: un momento, en el último milenio antes de Cristo, en el que surgen en diferentes puntos del planeta y de manera independiente figuras fundadoras como Confucio, Gautama, Sócrates o los profetas hebreos. Y justamente es cuando se produce un desanclaje de la sociedad (la identidad de sus componentes), de la cosmovisión y del florecimiento humano tal como se concebía hasta ese momento. Y lo hace con una tendencia clara hacia un revisionismo sobre el bien humano.

Se trata de un proceso largo, extendido en el transcurso de los siglos que alcanza a muy variados aspectos de la religiosidad y que muy bien analiza Taylor en este ensayo.

Tras detenerse en las situaciones previas, arriba el autor a la situación actual, fijándose, también, en algunos elementos que se puede esperar que continúen en el futuro. Y lo hace refiriéndose a dos aspectos concretos: en primer lugar, a la situación en el Oeste y, en segundo lugar, a algunas especulaciones acerca de posibles analogías con fenómenos similares en otras partes del mundo.

En Occidente

Por lo que respecta al mundo occidental, se detiene Taylor en el deslizamiento hacia el individualismo expresivo y la ética de la autenticidad, con un retroceso de la cristiandad “que será cada vez menos común que la gente se sienta atraída o mantenida dentro de una fe por alguna fuerte identidad política o de grupo, o por la sensación de que sostiene una ética fundamental para la sociedad”.

Se pregunta el autor por dónde estará el acceso a la práctica y al compromiso más profundo con la religión. “La respuesta está en las diversas formas de práctica hacia las cuales cada persona se sienta atraída en su propia vida espiritual”, por lo que cada uno tendrá una lealtad no conectada a una sociedad sacralizada, o una identidad nacional o de la pretensión de proporcionar la matriz indispensable para el orden civilizado común, puntos de anclaje de épocas anteriores.

Este análisis desarrollado hasta aquí está referido especialmente al mundo occidental y cristiano. Tras él, Taylor dedica páginas a la posible evolución fuera de Occidente o a una escala global, en la que destaca la manifestación de una violencia desacostumbrada atribuida, en muchos casos, a la religión. Sin embargo, la tesis del autor es que “gran parte de la implicación de la religión en la violencia en nuestro siglo debe entenderse como la elaboración de lo que se puede llamar luchas de identidad”, una identidad que desemboca frecuentemente en el nacionalismo.

Ocurre que grupos que luchan por definirse y alcanzar la identidad política, pueden incorporar la religión como una seña de identidad histórica.

Es el propio autor quien nos ofrece una conclusión a todo su ensayo: “todos los movimientos adelantados se compran a un precio: las revoluciones axiales con la idea de nuestro bien superior; la reforma occidental con la abolición del encantamiento y la represión del ritual colectivo y la creación del orden inmanente. […] Las variedades del pasado religioso que tienen un futuro pueden ser mucho mayores de lo que nos han hecho sospechar”.

Concluyendo

Las palabras de Sonia Rodríguez en la Introducción resumen a la perfección el contenido de este último bloque que presta su nombre al libro: “el objetivo de Taylor es dar cuenta de algunos vectores del desarrollo religioso que llegan hasta nuestro presente, con el fin de realizar algunas conjeturas provisionales sobre su posible continuación/alteración en el futuro”.

Y lo hace magistralmente el autor, no solo en este bloque, sino, en general, en toda la obra. Ofrece un análisis sociológico de gran envergadura, desarrollando su pensamiento fruto de la profunda reflexión que arroja sobre el fenómeno religioso. Partiendo de la situación actual, vuelve la vista atrás para tratar de explicar cómo se ha llegado a la realidad de hoy en día. Reconoce, lógicamente, la dificultad que entraña esbozar con exactitud su futuro, pero sí deja señaladas las tendencias, los raíles por los que, con casi total probabilidad, ha de discurrir cualquier aspecto del fenómeno religioso en el horizonte temporal.

No decepciona Taylor. Los artículos que componen este libro ya eran conocidos, pero ha sido tremendamente oportuno recuperarlos y reunirlos en un solo volumen.

Es cierto que los ejemplos que apunta el autor a lo largo de toda su exposición están referidos al mundo anglosajón en su gran mayoría; son análisis de situaciones en Estados Unidos o en el Reino Unido; pero eso no resta validez para que podamos distinguir muchos de los rasgos que aportan a otras realidades que nos son mucho más cercanas.

Índice

Introducción: La filosofía de la religión en la obra de Charles Taylor, por Sonia E. Rodríguez.

1. ¿Una modernidad católica?
2. Notas sobre las fuentes de la violencia: perennes y modernas
3. El futuro del pasado religioso
4. Desencantamiento-reencantamiento
5. ¿Qué significa el secularismo?
6. Die blosse Vernunft (La mera razón)
7. Peligros del moralismo
8. ¿Qué fue de la revolución axial?

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21/07/2022 Comentarios

Reseñas

¿Qué es el alma? Juan Antonio Martínez de la Fe , 23/05/2022
¿Qué es el alma?
Ficha Técnica

Título: ¿Qué es el alma?
Autor: Salvador Anaya
Edita: Editorial Senderos, Sevilla, 2021
Colección: Biblioteca de Conceptos Fundamentales
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 200
ISBN: 978-84-122414-9-5
Precio: 14,50 euros

En unos tiempos caracterizados por la laicidad o por corrientes orientalistas en los que no es habitual encontrarse con el “alma”, podría parecer superfluo un libro como este; incluso, casi como una provocación, un ir contracorriente, en opuesta dirección a la que se dirigen grandes mayorías.

Sin embargo, se encuadra dentro de una colección, arropada por la Editorial Senderos, dedicada a formar una Biblioteca de Conceptos Fundamentales. Y este del alma lo es, como lo demuestra este acertado ensayo filosófico de Salvador Anaya.

¿Qué es, pues, el alma? En esta obra, el autor expone unas ideas originales, resultado de invertir la forma habitual con la que suele operar la antropología filosófica; en esta, se analiza el alma a partir del cuerpo y, en su caso, desde el alma, al espíritu. Salvador Anaya hace un planteamiento inverso: lo piensa todo desde arriba, desde el espíritu; y, desde él, investiga la esencia del alma.

Una necesaria Introducción

Si lo acompañamos a lo largo de las páginas de este interesante libro, veremos cómo su intención es mostrarnos que al alma tenemos que encontrarla en nuestra conciencia o en nuestros sentimientos; y, para ello, es necesario liberarse del corsé del empirismo y confiar en la experiencia interna.

Esto puede acercarnos, no sin riesgo, a los límites del pretendido enfrentamiento entre ciencia y religión o entre ciencia y metafísica. Y no se trata de eso. El autor demuestra que la creencia en el alma admite, en principio, un tratamiento científico o, al menos, permite un debate en diálogo con la ciencia, aunque hoy día la discusión filosófica sobre el alma se traduce a la de mente-cerebro.

Es importante detenerse en la Introducción que nos hace el autor a su ensayo. Y lo es porque en ella se establecen los márgenes en los que desarrollará su propuesta enfrentada a otras corrientes, empiristas sobre todo, a la par que determina con claridad los conceptos que aparecerán a fin de evitar discusiones estériles ante una posible polisemia.

¿Existe el alma?

Y el primer concepto, evidentemente, es el de alma. Por eso, como partida del estudio, Salvador Anaya se pregunta si existe el alma. Y nos dice: “la creencia en el alma no es un capricho supersticioso sino que se ha sustentado en argumentos lógicos motivados por la imposibilidad de poder comprender la vida, el conocimiento intelectual o la conciencia”.

Analiza el autor al alma en el cristianismo y en la filosofía occidental. Platón, Aristóteles, Santo Tomás de Aquino o Descartes desfilan ante nosotros, exponiendo sus respectivas teorías sobre el alma, a través de unas muy concisas y precisas descripciones debidas a Anaya.

Nos introduce seguidamente en las más recientes corrientes científicas, explicando el encaje del alma en la historia natural, tanto como principio de vida, como forma del cuerpo y como sujeto consciente. No obvia que, en la historia que recorre y que nos cuenta, hay mucha ciencia, pero, también, no pocas especulaciones.

A cada uno de estos tres aspectos, dedica sus reflexiones el autor: el alma como principio de vida, el alma como forma del cuerpo y el alma como sujeto consciente, para detenerse luego en la controversias de la teoría naturalista.

Es este un capítulo de gran trascendencia para toda la obra. Se concluye expresando que la creencia en que la vida necesita o contiene un principio extrínseco a la materia es una idea indemostrable, ciertamente; pero, de igual manera, es irrefutable a nivel experimental. Aquí entran en el debate sobre si la conciencia tiene, como causa eficiente para emerger, el cerebro; esto no ha sido aún explicado por la neurociencia. Y, con la conciencia, por supuesto, el yo.

Unas palabras de Anaya que cierran el capítulo nos ayudan a entender las abundantes y bien fundamentadas disquisiciones que lo componen: “la mente o la conciencia humana no podrá ser explicada sin contar con el alma porque es ella la respuesta y la explicación”.

Qué es el alma

Sin duda, el capítulo más destacado de este libro es el segundo, dedicado a responder a la pregunta que lleva por título, ¿qué es el alma? En opinión del autor, se trata de una pregunta íntimamente relacionada con otra fundamental: ¿qué es el ser humano?

Recurre Anaya a las respuestas dadas por la filosofía a lo largo de la historia, centradas fundamentalmente en determinar qué prevalece, si el alma sobre la materia o, a la inversa, la materia sobre el alma. Hasta desembocar en el hoy denominado monismo neutral, una antropología que defiende que una no prevalece sobre la otra, ya que los fenómenos mentales y los materiales pertenecen a un mismo orden “y se construyen a partir de un nivel más originario todavía por descubrir”.

No cabe duda de que el monismo es la opción antropológicamente más admitida, pero no se encuentra exenta de dificultades, lo que acontece con cualquier antropología, que no está libre de críticas. Pese a ello, hay que tratar de desentrañar la naturaleza del alma, a lo que dedica varias páginas el autor, para proponer que el alma no es un ser mental, sino un ser espiritual con facultades mentales, puesto que todo lo mental sería espiritual pero no todo lo espiritual tiene que ser mental.

Esta conclusión lleva necesariamente a ahondar más en el concepto de espíritu para establecer sus fronteras con el alma. Así, “mientras que el alma es algo orgánico o meta-orgánico y tiene que ver con la afectividad, el espíritu es intelectual, dotado de razón y trasciende el ámbito biológico”.

Describe Salvador Anaya al espíritu como luz, una realidad cósmica que se relaciona con lo divino, como una puerta que conecta al ser humano con el Bien, la Verdad y la Belleza, está dentro del ser humano perteneciendo, sin embargo, al mundo inteligible; por su parte, el alma refiere solo lo interno y está ligada a la naturaleza, al cuerpo, al deseo; esto supone que tiene que decidir si sobreponerse a esos límites corporales o dejarse arrastrar por sus apetitos carnales.

Dicho esto, es claro que se impone distinguir alma y espíritu, sin olvidar que este, el espíritu, es la esencia de aquella, del alma. ¿Se podría pensar en el alma antes del cuerpo? Materia opinable, decantándose Anaya por la existencia del alma, trasladando al lector, tras conocer los argumentos en que apoya su afirmación, la decisión de aceptarla o no. Unos argumentos que llevan a la conclusión de que el alma es el espíritu corporeizado; en otras palabras, “espíritu y alma no son realidades o entidades distintas, sino una sola con dos formas de ser”; o, más adelante, el alma es “un ser de naturaleza espiritual con facultades mentales, en un cuerpo”. Sus argumentos, en apoyo de su tesis, se realizan a partir del análisis de la conciencia humana, justificando su idea de alma y la diferencia entre la dimensión psicológica y la espiritual.

El análisis propuesto recorre el camino de la conciencia y el yo, la autoconciencia, las facultades espirituales para concluir en el alma corporeizada, terminando con la exposición de su idea de alma: “un espíritu encarnado, un ser consciente que no necesita del cuerpo para seguir siendo, pero cuando se corporeiza adquiere una forma de ser distinta y se convierte en alma, y en ese trance su individualidad se determina con individualidad entitativa, el puro saberse ser se transformará en saberse ser una persona concreta”. Una idea basada en la razón, la lógica y la experiencia.

Alma sin cuerpo

Finalizado este segundo capítulo, que merece una muy detenida lectura y reflexión, nos encontramos con un paso más, cuando habla del alma desencarnada. Algo excepcionalmente importante pues creer o no creer en ella condicionará la forma en que nos entendemos a nosotros mismos, ya que tiene unas enormes repercusiones, entre las que no es la menor la posibilidad de que la muerte no sea el final de nuestra existencia.

Es claro que, filosóficamente, no es demostrable la trascendencia del alma, según afirma Anaya. Lo que no implica que afirmarla no pueda fundamentarse en una lógica racionalidad. Así, por ejemplo, razona que todo lo que percibimos de nuestro propio cuerpo tiene que pasar por la conciencia; por lo que realmente vivimos en un mundo físico, pero la vida que en él experimentamos es la vida del alma que es una vida mental-espiritual: una vida mental-espiritual construida a partir de los datos que nos proporciona el mundo objetivo, incluido cuanto ocurre en o con nuestro cuerpo, no en vano todo lo que podemos captar y ser real para nosotros es lo que llega a la conciencia.

Aceptado esto, la continuidad entre la vida y la muerte se entiende de otra manera. No vivimos aquí una vida física y mental a la vez, y después de la muerte solo queda lo mental, no; se trata de que, en ambos casos, hablamos de una vida eminentemente mental-espiritual que está muy determinada aquí por el mundo físico; y de un modo distinto en el más allá. Concluye el autor: “en definitiva, debería darse una continuidad existencial del yo consciente después de la muerte”.

Supuesto todo lo dicho, solo queda hablar de la retribución post mortem, lo que hace Salvador Anaya en el último capítulo de su libro, en el que dedica su reflexión, como no puede ser de otra manera, al Bien y al Mal desde su ontología.

Concluyendo

¿Qué es el alma? es una reflexión filosófica sobre su existencia y su naturaleza. No es un libro para leer de un tirón: hay que pausar su lectura para poder seguir el razonamiento que utiliza Salvador Anaya para defender su propuesta. Evidentemente, no todos compartirán sus conclusiones, pero no se les puede negar un fundamento razonable y, por consiguiente, cargado de lógica. Partir desde diferentes paradigmas forzosamente ha de llevarnos a resultados distintos.

Con la apelación a la experiencia personal de todos y cada uno de los lectores, como una extrapolación de las suyas propias, construye el autor el andamiaje de su ensayo. La cuestión queda, pues, a expensas de lo que cada uno de los que leen el libro perciba de su propia experimentación.

En cualquier caso, pese a tratarse de un ensayo filosófico, el lenguaje utilizado por Anaya es asequible y muy pedagógico; nos toma de la mano y sosegadamente nos conduce por las veredas que él ya recorrió con la idea de hacernos partícipes de sus hallazgos.

Un libro, en definitiva, para no dejarnos indiferentes.

Índice

Introducción

Capítulo I: ¿Existe el alma?
1. El alma en el cristianismo y en la filosofía occidental
2. La ciencia sin alma
3. El alma como principio de vida
4. El alma como forma del cuerpo
5. El alma como sujeto consciente
6. Controversias de la teoría naturalista
6.1. ¿Existe la mente inconsciente?
6.2. El no-yo del naturalismo

Capítulo II: ¿Qué es el alma?
1. La naturaleza humana
2. La “naturaleza” del alma
3. Alma y espíritu
4. El alma “antes” del cuerpo: el espíritu
4.1. La conciencia: el yo
4.2. Autoconciencia
4.3. Las facultades espirituales
5. El alma corporeizada

Capítulo III: El alma desencarnada
1. Neuroteología
2. Los exorcistas
3. La vida mental después de la vida
4. Intermitencia de la conciencia

b[Capítulo IV: La retribución post mortem: Bien y Mal ontológicos]b
1. El Bien con mayúsculas
1.1. Teoría naturalista de los sentimientos
1.2. El bien de la vida
1.3. El ego-ísmo
1.4. La fuente oculta: los valores espirituales
1.5. El amor: el Bien con mayúsculas
2. El Mal ontológico
3. La justicia post-mortem
3.1. La transformación del alma
3.2. La retribución después de la muerte
3.3. La figura y el “peso” del alma

Epílogo
Bibliografía citada

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23/05/2022 Comentarios

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