RESEÑAS

Reseñas

El mester de preguntar por las palabras Juan Antonio Martínez de la Fe , 12/08/2026

Claves y enclaves de una vida


El mester de preguntar por las palabras
Ficha Técnica

Título: El mester de preguntar por las palabras. Claves y enclaves de una vida
Autor: Maximiano Trapero Trapero
Edita: Ediciones Idea, Santa Cruz de Tenerife, 2026
Ilustración de la cubierta: Maximiano Trapero, retrato realizado por Marina Zambrana
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 564
ISBN: 979-13-87870-16-4
Precio: 31,10 euros

A primera vista, este libro de Maximiano Trapero puede parecer una autobiografía, una simple autobiografía. Lo es; pero no solo: se trata de una obra que nos permite acercarnos a una serie de realidades de las que el autor participó de alguna manera.

No está redactada de acuerdo con un orden cronológico, que nos permitiría seguir los pasos de quien las escribe a lo largo de algo más de siete décadas, que es el momento en que se propone la redacción de toda una vida: arduo intento, ciertamente. Por el contrario, Maximiano Trapero nos propone áreas temáticas y nos detalla su papel en ellas.

No quiere llamarlas memorias, porque “más que memorias, que es cosa de la inteligencia, mi relato es de recuerdos, que es cosa del corazón”. Son, pues, destellos de una existencia que han quedado grabados en ese recóndito espacio donde se guardan, imborrables, los más destacados aconteceres de los que fue partícipe.

“Si es verdad que todo lo que hoy se escribe en un ordenador pasa a una ‘nube’ gigantesca que todo lo contiene, podría algún curioso buscavidas hallarlas en un futuro muy incierto y ‘bajarlas’ a esta tierra y darlas a conocer a gentes que nada sepan de mí ni del tiempo en que he vivido”. Ahora ha llegado el momento de que, quien ha conocido a Maximiano Trapero, reciba el regalo de esas gotas de beneficiosa lluvia que descienden de tan alta nube; y de que, quien no ha tenido la fortuna de conocerlo, se pueda acercar a alguien de tanto significado en el amplio campo de la filología, del romancero, del repentismo y, de manera muy especial, a esa ciencia que es la toponimia, donde la de las islas Canarias es todo un nuevo campo que bucea en términos procedentes de la desaparecida lengua de los guanches.

Termina su prólogo el autor afirmando que vuelve la vista atrás “con la convicción de que ya está todo consumado, de que no habrá más que merezca ser contado”. La vitalidad y los saberes de Maximiano Trapero parecen contradecir su convicción; aún esperamos mucho de su trabajo investigador.

Estudiante universitario

Siguiendo la huella de sus pasos, rastreadas en los capítulos del libro, no solo sabremos de sus peripecias personales, sino que, también, nos introduciremos en el entorno que las rodeó.

Así, sabremos de la vida universitaria en La Laguna, y conoceremos detalles de su claustro de profesores, de las dificultades de compaginar la vida laboral con el tiempo de los estudios, escaso siempre y, sobre todo, cuando, tras su matrimonio, los hijos acompañan a la pareja.

Huella profunda dejó en el autor su paso por el Frente de Juventudes, tras sus estudios en la Academia José Antonio que abrió caminos de investigación de los que tanto supo sacar provecho. Guarda especial recuerdo de quienes fueron sus especiales compañeros en el mundo universitario, del que poco pudo participar por su actividad como director del Colegio Mayor San Agustín de La Laguna.

La docencia

Terminada su carrera, comienza una actividad que ocuparía y llenaría su vida: la docencia; primero, en Cangas del Narcea, tierra de extremos climáticos colmados de añoranza por los templados aires de las islas Canarias, adonde regresa para ejercer en los institutos de San Nicolás de Tolentino y de Agüimes y, ya en Las Palmas de Gran Canaria, participa activamente en la vida cultural de la ciudad, dando detalles de cómo se desarrollaba, quiénes la vivificaban y quiénes participaban de ella. Luego, la universidad, donde transcurren décadas de su vida.

Toda una vida

Luego, la mirada del autor se vuelve a los años de su infancia en el pueblito leonés de Gusendos de los Oteros. Nos presenta a su familia: padres, abuelos, hermanos, tíos y tías, dando razón de su apellido y del extraño nombre de su localidad de nacimiento.

Es el retrato de la vida cotidiana en un pequeño espacio de la España vaciada; así que no solo conocemos a las personas que allí desarrollaban su modesta vida, sino que se puede visitar una escuela unitaria donde se arremolinaban los pocos alumnos, siempre inquietos, que soportaban los rigores del estío y del crudo invierno, cuando tenían que acudir con sus propias brasas encendidas desde sus casas para poder combatir el estricto frío invernal. Niños que, con frecuencia, tenían que abandonar el aula para colaborar en las tareas agrícolas o domésticas, pero que aun así hallaban espacio para realizar correrías infantiles y participar en juegos propios de la edad.

La Iglesia cubría con su amplio manto la vida de los habitantes; en la Navidad, se contaba con la pastorada y una ansiada naranja era el magnífico regalo de la mañana de Reyes. La Semana Santa disponía de un vasto campo de celebraciones, pero muy alejadas de las tradicionales procesiones de las ciudades, limitándose aquí a procesionar con dos crucifijos, una más grande y otro más pequeños, siendo objeto el mayor de una subasta para decidir quién lo portaba.

Estas páginas nos hablan de la peculiar tradición, digna de todo encomio, de la Cofradía del Palo de los Pobres; y no faltaban las misiones populares y de captación de vocaciones sacerdotales.

Podemos acompañar al autor cuando, a lomos de una montura, en tren y en autobús, fue llevado por su padre al colegio seminario de los dominicos. Su primera salida del pueblo, alejado de los suyos: aún resuena en sus oídos el golpe seco del portón que se cerró tras despedirse de su progenitor y comenzar una nueva vida. Compañeros suyos de aquella época fueron amigos toda una existencia.

Fundamental para Trapero fue su paso por la Academia de José Antonio, al que lo podemos acompañar conociendo sus propósitos, sus métodos de enseñanza, los métodos educativos, las visitas culturales, etc.

En Canarias

Superada esta etapa, la vida en Canarias centra un nuevo capítulo de la obra, donde destaca, de manera especial, los avatares y circunstancias que llevaron a la creación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, tras la existencia del Colegio Universitario dependiente de la de La Laguna.

Las tareas investigadoras del autor se centraron, principalmente, en el romancero, la lírica popular, la décima, la poesía improvisada, con incursión en la improvisación poética en Cerdeña, el País Vasco o los Balcanes. Aquí se podrá conocer a los principales protagonistas que facilitaban información en visitas por todas las islas y por países de Latinoamérica. En estas páginas se encuentra una información exhaustiva y fundamental para conocer estas peculiaridades, supervivencias, algunas increíbles, de lo que constituyó una forma especial de comunicación y de relaciones sociales a través de los siglos.

Ya se ha hecho alusión a sus estudios sobre la toponimia. Un terreno prácticamente inexplorado hasta entonces, con abundancia de errores en la denominación de localidades y accidentes geográficos, debidos, en gran parte, a la mala traslación a los documentos de la peculiar manera de hablar de los canarios; mención especial merecen los topónimos derivados de guanchismos. Trapero no empieza su labor investigadora partiendo de los documentos, sino que recurre, en primer lugar, a las fuentes orales, donde encuentra la génesis de las denominaciones que luego aparecen documentadas. Esta magnífica labor está accesible en la web de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

Amistades, aficiones, familia

Con tanta actividad, encontró el autor espacio para sus aficiones: sus lecturas, la edición de libros y la música. No faltan paseos por la playa y por el campo, los viajes y la visión de buenas películas.

A lo largo de su vida, Trapero cultivó muchas amistades. Las principales son detalladas en la obra de manera personalizada. Y no oculta sus duelos y quebrantos de salud, describiendo cómo es la situación de los enfermos ingresados en un hospital.

No es de extrañar que tanto esfuerzo no mereciera recompensas: premio de la Real Academia Española, la Medalla de Oro de Vasconcelos, el Premio Canarias, Hijo Adoptivo de Las Palmas de Gran Canaria y de la isla de Gran Canaria, culminando con su nombramiento como profesor emérito de su universidad, entre otros.

La obra se termina presentado a su familia de El Hierro, de donde es oriunda su mujer; habla de sus hijos, de sus nietos y cuenta la historia de su suegro Manuel, alcalde socialista y maestro que tuvo que huir y esconderse en su isla herreña durante varios años, tras el golpe de estado de 1936; una historia que ha sido narrada en un libro y una película de muy buena factura.

No podía faltar un hueco especial para su único hijo varón, Jorge Raúl, prometedor joven que falleció accidentalmente en una inmersión submarinista en El Hierro. Páginas desgarradoras.

El libro se cierra con una relación de las publicaciones del autor y un amplio anexo fotográfico.

Concluyendo

Aquí se podría adjudicar a Maximiano Trapero el juicio que hizo a un amigo suyo escritor: “No es que escribas bien, muy bien que diría cualquier lego, es que haces deliciosa la literatura, que es otra cosa, otra dimensión”.

Evidentemente, es una obra de una lectura muy accesible que, como queda dicho, no solo aporta un conocimiento del autor, sino que es un balcón panorámico para contemplar y disfrutar de los entornos en que ha desarrollado su vida desde su infancia hasta su jubilación, cuando disfruta de sus nietos.

Índice

Prólogo

LA CLAVE DE CANARIAS
Mis primeros años en Canarias: La Candelaria y la Universidad de La Laguna
Mis profesores universitarios
Mi vida universitaria
Mi paso por el Frente de Juventudes
Mi tesis doctoral
El Colegio Mayor San Agustín
Dos años en Santa Cruz de Tenerife
Mi traslado y mis primeros años en Gran Canaria
Cangas del Narcea
La Aldea de San Nicolás
Catedrático de instituto
El Instituto de Agüimes
Mi introducción en la vida cultural de Las Palmas
La beca de la Fundación March

LA CLAVE DE NACER EN UN PUEBLO

Mi familia
El fusilamiento del tío Pepe
La familia de mi madre
El apellido Trapero
Mi pueblo y su tan extraño nombre
Etimología germánica de Gusendos
El “apellido” de Los Oteros
Lo que recuerdo y sé de mi infancia
La escuela
¿Hubo hambre?
Mis recuerdos revitalizados
La Cofradía del Palo de los Pobres
Las limitaciones, los trabajos de niños, el frío
La Pastorada
La religión y la iglesia
Las Misiones y la captación de vocaciones
La Semana Santa
¿Y qué fue de aquello? ¿En qué paró?

LA CLAVE DE LOS DOMINICOS
Mi primer viaje a León
De Gusendos a Corias: un viaje de dos días, en burra, en tren y en autobús
La Virgen del Camino

LA CLAVE DE LA ACADEMIA JOSÉ ANTONIO


MI VIDA ACADÉMICA
Creación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria
Catedrático de Universidad
Cursos, tesis, congresos, oposiciones y demás
Dos encuentros-festivales internacionales sobre la poesía improvisada
Un Congreso Internacional sobre el Romancero en La Gomera
Una comisión para una plaza universitaria muy accidentada
Eugenio Coseriu en la Universidad de Las Palmas

MIS INVESTIGACIONES
El romancero
El caso de La Gomera
Eulalio Marrero, “el Gran Memoria”
Pedro Leoncio, “el Ciego de Estrada”
Rafaela Crespo, una mujer de Calzada de la Valdería
La lírica popular
Los ranchos de ánimas y de pascuas de Canarias
Cien adivinanzas poéticas de un pastor de Fuerteventura
Religiosidad popular en verso
El canto a lo divino
La décima y la poesía improvisada
La décima
La poesía improvisada
Santos Rubio
Guillermo Velázquez
Los repentistas cubanos
Alexis Díaz-Pimienta
Creatividad poética sobre un pie forzado
Jesús Orta Ruiz el “Indio Naborí”
Las otras formas de improvisación poética
Los cantadori de Cerdeña
Los versolaris del País Vasco
Los guslari de los Balcanes
La toponimia
Mis estudios sobre el guanche
La palabra guanche
Los guanchismos en El Hierro
Diccionario de topónimos guanches

MIS AFICIONES
Los libros
La edición de libros
La música
Los paseos por la playa y por el campo
El cine
Los viajes

MIS AMIGOS
Goyo Barreales y Amando Robles. Josemari Cortés e Isidro Cicero. Narciso Merchán y Santos Berrocal. Jose (sin acento) Ferrer. Mis amigos de la Universidad de Las Palmas: Eladio Santana, Lothar Siemens e Ismael Fernández de la Cuesta, Guillermo García-Alcalde, Justo Jorge Padrón, Pedro Fuertes, Miguel Manzano, Paco Pomares, Virgilio López Lemus, José Julián Labrador, Mi Cofradía Gastronómica Cultural, Luna.

MI SALUD Y MIS DUELOS Y QUEBRANTOS

MIS MOMENTOS DE GLORIA

El premio de la Real Academia Española
La Medalla de Oro Vasconcelos
El Premio Canarias
Profesor Emérito

MI FAMILIA CANARIA
El Hierro y la historia del abuelo Eleuterio
La historia de suegro Manuel
Mi mujer y mis hijos
Mis nietos
Post Scriptum
La muerte de mi hijo Jorge Raúl

Libros y monografías principales del autor

Anexo de fotografías


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12/08/2026 Comentarios

Reseñas

La respuesta Juan Antonio Martínez de la Fe , 27/07/2026
La respuesta
Ficha Técnica

Título: La respuesta
Autor: Juan Luis Arsuaga
Edita: Ediciones Destino, Barcelona, 2026
Colección: Imago Mundi
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 536
ISBN: 978-84-233-6989-8
Precio: 22,90 euros

Desde luego, no cabe duda de que el título de este interesante libro es muy llamativo. Diría más: provocador. Pero indudablemente, desconcertante. A un posible lector le despertará la curiosidad porque una respuesta es la reacción a una pregunta y esta no aparece inicialmente, sino que lo hace al final, Y, cuando se llega a ella, resulta que se trata de una cuestión metafísica, aunque parta y se sustente en la ciencia, que es la actividad de Juan Luis Arsuaga.

A quien haya seguido algunas de sus obras más recientes, como La vida contada por un sapiens a un neandertal, La muerte contada por un sapiens a un neandertal, La conciencia contada por un sapiens a un neandertal o Nuestro cuerpo (por citar algunos de sus abundantes libros), podría suponer que se trata de dar respuesta, la respuesta, a cuestiones que en ellas se plantean. No andaría muy descaminado. Pero, para quien comience a conocer los escritos de Arsuaga, le podría resultar un tanto extraño que un título, La respuesta, sea como comenzar la casa por el tejado.

Desde luego, el autor se planteó diversas maneras de encabezar su libro, probablemente más esclarecedoras de su contenido. Pero se dejó convencer por los consejos de un escritor, buen conocedor de los resortes para despertar el interés de quien, al pasar delante del escaparate de una librería, se viera interpelado por tan llamativo titular.

Pero todo esto es secundario. El contenido de la obra es sumamente interesante, explicado con toda naturalidad. Y no es extraño. Arsuaga la concibe como un anciano de la tribu que, al calor de la lumbre, cuenta historias de la tradición a los miembros del clan que, llenos de respetuosa atención, escuchan absortos las palabras del sabio.

El anciano de la tribu cuenta la evolución

Y, como corresponde al narrador maduro, vuelve su vista a quienes le han precedido en el sitial que ahora ocupa, en este caso, el aristocrático paleontólogo y jesuita francés Pierre Teilhard de Chardin. Aparece desde las primeras páginas y no deja de hacer frecuentes apariciones en las que componen la obra.

Una obra que, no podía ser de otra manera, aborda el tema de la evolución, de la que dice que “si hay alguna línea de progreso en la evolución, es el del aumento de la diversidad”. Las huellas de tal incremento no son fáciles de seguir: el tiempo es persistente en su intento de borrarlas, por lo que “siempre tendremos graves problemas para conocer el origen de las grandes producciones de la evolución, sus mejores inventos, que solo conocemos cuando ya han alcanzado su plenitud”.

Antes de abordar el análisis de los restos fósiles, Arsuaga se detiene en darnos a conocer más de cerca a nuestros parientes vivos, nuestros parientes, que son los grandes simios: gorilas, orangutanes, chimpancés y bonobos.

Dado que no solo la anatomía está sujeta a la evolución sino que, también lo está la conducta, el autor explica cómo el objetivo de todo ser viviente es aplicar toda la energía posible en perpetuarse en los genes: nuestros cuerpos son efímeros, los genes son eternos, afirma. A lo que añade que todo el mundo necesita calorías para convertirlas en hijos.

Tras analizar lo que supuso la aparición de la postura bípeda, explica cómo la evolución no sucede al margen del planeta y de los ecosistemas: “el clima cambia, la geografía cambia y las especies se adaptan a los cambios evolucionando.

¿Inmortales?

¿Alcanzaremos la inmortalidad? No es la primera vez que Arsuaga aborda este tema, tan en boga en la actualidad. Si no la inmortalidad, sí, al menos, se tiene la esperanza de aumentar el horizonte de la longevidad. ¿Por qué la evolución no ha producido los cambios necesarios para que las “enfermedades” propias del paso de los años no nos ataquen y deterioren como lo hacen? Cuestiones a las que, esta vez sí, el autor ofrece una respuesta, bien detallada en las páginas de la obra, no escatimando aducir ejemplos concretos de alguna dolencia que puede afectarnos; no falta, desde luego, la explicación de dos conceptos que, pese a su apariencia de sinónimos, son bien diferentes: longevidad y esperanza de vida.

Son especialmente interesantes los capítulos que dedica al fuego y su importancia para nuestra manera de ingerir alimentos y el referido al vulcanismo y la biogeografía, aspectos ambos que abren vías a las consecuencias sobre nuestros antepasados y que se pueden detectar por los vestigios fósiles que nos han legado.

Un decisivo paso de la evolución humana fue el acceso a la consciencia, muy vinculado al desarrollo del cerebro de nuestra especie. Hay un descubrimiento fundamental que aparece en el tiempo, relacionado con la muerte y los ritos funerarios: el hecho de que vamos a morir; hallazgo que se asienta en dos pasos previos: primero, que existe la muerte y, por supuesto, que nosotros existimos.

El cerebro

Siendo el cerebro elemento destacado de nuestro proceso evolutivo, ha de estar necesariamente bien protegido por un cráneo a prueba de golpes. Los cráneos se han ido conformando a lo largo del tiempo y de manera bien diferente en cada una de las especies de grandes simios. Pero constituyen un material de primer orden para poder marcar las vías que los separan y cuyos fósiles, escasos, son briosamente perseguidos por los paleontólogos, pues constituyen peldaños de la escala de la evolución; y donde no es extraño tropezarse con huesos que presentan signos de violencia e, incluso, de canibalismo, entremezclados con los de animales que llegaron a ese nicho por diferentes vías.

Con tantos datos que nos aporta el autor, puede uno preguntarse si sería capaz de reconocer a un neandertal si lo encontrara en la cola del supermercado, algo que aborda en estas páginas aunque a él no le agrade que se compare a las personas con otras especies,

Y cuestiones tales como la razón por la que son dolorosos los partos entre nosotros a diferencia de lo que ocurre con los mamíferos en general, por qué solemos tener menos crías que otras especies donde las camadas son muy abundantes, qué caracteriza en nuestra especie el período de la adolescencia, si somos agresivos por naturaleza o si somos los más tolerantes de los seres vivos, el papel de las mitocondrias, si somos perezosos por naturaleza o si somos animales eusociales o, incluso, si las máquinas que fabricamos pueden llegar a pensar, pueblan las páginas de esta obra dando respuestas muy bien desarrolladas y explicadas a todas ellas.

Concluyendo

“Este es el propósito de este libro, hacernos preguntas, buscar a las personas que se esfuerzan en contestarlas y ver qué se les ha ocurrido”. Un propósito que, sin lugar a dudas, queda ampliamente conseguido.

Arsuaga, teniendo como hilo conductor la evolución, nos va planteando el fruto de su experiencia investigadora, aporta ejemplos concretos de sus hallazgos y, lo que es más destacable, nos hace partícipes de sus reflexiones ante ellos y de las conclusiones a las que llega; porque, en esta ocasión sí, no se limita a exponer las posibilidades invitando al lector a optar por una u otra alternativa, sino que confiesa cuál es aquella por la que se inclina, con toda la base de su argumentación pero con la humildad suficiente para considerar otras, como corresponde a un honesto científico.

El autor es un magnífico comunicador. Su discurso es claro, pedagógico, siempre apoyado en casos reales. Y esa forma de expresarse que mantiene sin pestañear a quien lo escucha, la ha trasladado a este libro. Lo hace sin necesidad de un escritor que actúe como intermediario, tal y como ha ocurrido en otros libros suyos. Y el éxito de su texto es indudable: el lector se siente atrapado, compartiendo con él la emoción de los hallazgos, las reflexiones que le suscitan y siguiendo interesado cómo el homo sapiens al que ha llegado nuestra especie ha ido progresando, paso a paso.

Otro acierto del libro, pretendido por el autor consecuente con el planteamiento de su obra y el público objetivo al que se dirige, es la no presencia de aparato crítico; no hay notas a pie de página que interrumpan la continuidad de la lectura. Y la bibliografía que aparece en el índice se reduce a citar, sin más datos de identificación, una lista de seis títulos correspondientes a libros de los que es autor o coautor.

Y, por supuesto, no deja de hacer preguntas a las personas que se esfuerzan en contestar todas aquellas que nos planteamos continuamente. Por la obra se asoman Teilhard de Chardin, Charles Darwin, Jane Goodall, Biruté Galdikas, Dian Fossey, Mary-Claire King. Gregor Mendel, Konrad Lorenz, Allan Wilson, Gen Suwa, Tim White, y muchos más especialistas que aportan sus conocimientos según el apartado que está tratando Arsuaga.

¿Y cuál es la pregunta a la que pretende responder la obra? No es una sola; o puede ser una con diversas ramificaciones. Pero no las vamos a desvelar aquí; restaríamos el atractivo del misterio que Arsuaga quiso mantener hasta las últimas páginas, como corresponde a un libro de intriga. Una cosa sí es bueno admitir: se trata “de preguntas metafísicas, no científicas” ante las que nos dice que le acompañemos para ver qué se puede hacer con ellas sin salirnos demasiado del terreno de la ciencia; aunque un poquito, sí. Porque las preguntas “por qué” no son las preguntas propias de la ciencia, sino “cómo”, que es de lo que trata el libro. Y lo que el lector ha de esperar.

Índice

Prólogo. La tribu humana

Soy el Viejo de la Tribu
Antropogénesis
El 1%
El juego de la vida
La postura bípeda
Clima y evolución
Una espina punzante
Un completo desconocido
En busca del fuego
Fuerzas poderosas sacuden el mundo
Por quién doblan las campanas
Un cráneo a prueba de golpes
Lagartos gigantes, elefantes enanos y hobbits
La colina del huesos de dragón
Conocimiento del medio
Caníbales reincidentes
La sima
La extraña cara de los neandertales
Un cuerpo hecho de conflictos
¿Qué es mejor, ser ratón o ser elefante?
Niños prodigio
Los santos inocentes
Sancho Panza no quiere ser paleolítico
Homo sapiens, vete a casa
El lío en el medio
El encuentro
¿Somos la especie perezosa?
Las sociedades supercomplejas
Cómo convertir energía en hijos
¿Se puede ver un pensamiento?
Yo soy esa máquina. Y tú también
Conocimiento y sabiduría
La pregunta

Bibliografía




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27/07/2026 Comentarios

Reseñas

Monjas Juan Antonio Martínez de la Fe , 16/06/2026

Historias secretas del convento


Monjas
Ficha Técnica

Título: Monjas. Historias secretas del convento
Autora: Silvia Evangelisti
Edita: Editorial Planeta, Temas de hoy, Barcelona, 2026
Traducción: Andrés Prieto y Consolación Jiménez Ambrosiani
Foto: Accademia Unidee
Encuadernación: Tapa dura
Número de páginas: 448
ISBN: 979-13-87869-43-4
Precio: 21,90 euros

En la visita del papa León XIV a las islas Canarias, se pudo ver, en la calle, expectantes ante el paso del pontífice, a un grupo de monjas catalinas, de clausura. Y no es la primera vez que podemos observar a religiosas de órdenes contemplativas fuera de los muros de sus claustros.

Ni tampoco sus muros y rejas son ya tan compactos que no permitan algunas visitas a sus recintos para contemplar los hermosos claustros que transitan o poder hablar con alguna de sus habitantes en el locutorio sin ventanucos, tornos o rejas mediantes.

Sin embargo, el tema de la estricta clausura, el impenetrable aislamiento del mundo, preconizado por el concilio de Trento y que tantos quebraderos de cabeza supuso para las monjas que aspiraban a otro modelo de aislamiento, constituye un como hilo permanente que recorre las páginas de esta interesante obra.

“Este libro trata sobre las mujeres que vivieron en esos espacios antes de que se convirtiesen en lo que son hoy. Invita a los lectores a viajar unos cuantos siglos atrás para descubrir cómo era la vida en esas comunidades y a saber cómo las monjas, a pesar de no ser muchas, tuvieron un importante papel en la sociedad”.

La aproximación a la vida de estas mujeres tiene un valor añadido: nos permite explorar aspectos tales como los vínculos entre religión e ideología sobre género y sexualidad, observar aspectos de la historia europea y, de algún modo, de América desde una perspectiva de género. Al propio tiempo permite centrarnos en los vínculos de estas monjas con su entorno social..

El período analizado en la obra abarca desde finales del siglo XV hasta principios del siglo XVIII.

Vocación forzada

Un primer aspecto analizado se refiere a las motivaciones que empujaban a las mujeres a abrazar la vida monástica. No siempre obedecían a una vocación, al estilo de la que hemos podido observar en la película Los domingos; muchas, y no pocas, accedían a tomar los hábitos simplemente porque para sus familias era más económica la dote monacal que la del matrimonio; es decir, muchas de ellas pronunciaban sus votos como resultado de presiones familiares y en función de estrategias patrimoniales. Denis Diderot reflejó muy bien, en su novela La religiosa, esta manera coercitiva de ingresar en el convento.

No todas iguales

Por otro lado, la práctica igualdad en el hábito que vestían no se correspondía siempre a una igualdad de estatus entre ellas. Las había procedentes de familias adineradas, que gozaban de ciertos privilegios, y las había provenientes de ambientes modestos o pobres, dedicadas por lo general a funciones más serviles. Incluso, conventos hubo en los que se refugiaban viudas así como exprostitutas.

Profunda misoginia

Una característica de estas órdenes religiosas es que, en última instancia, siempre dependían de un superior masculino. Un rasgo de misoginia profunda: se las consideraba, por el hecho de ser mujeres, incapaces de regir sus propias comunidades. El mejor control que se podía establecer era la rigurosa clausura.

Una segregación del mundo, la clausura, que no solo pretendía proteger a las monjas de los peligros que las acechaban en el mundo exterior, sino, más bien, protegerlas del riesgo que las enclaustradas se generaban a sí mismas, por el hecho de ser frágiles mujeres, con una inclinación natural al pecado: las tentaciones del diablo, la lujuria de la carne y la frívola curiosidad. “Las monjas evitarían exponerse a la mirada de la gente y se mantendrían a una distancia segura de situaciones que podrían excitar su deseo sexual y arruinar su virginidad”. Lo que no significa que todas las monjas respondieran a una vocación contemplativa, por lo que no faltaron las que por todos los medios pretendían eludir esta restricción de separación, que cobró especial fuerza tras el concilio tridentino.

No tan aisladas

Por otro lado, el convento ofrecía a sus habitantes oportunidades para ejercer el liderazgo espiritual y favorables condiciones para desarrollar su educación, su creatividad y aplicarlas a la actividad de la escritura. La obra de Silvia Evangelisti trata de responder a cuestiones tales como qué las impulsaba a escribir, a qué público se dirigían y cómo proyectaban en la página escrita su sentido colectivo e individual del yo. No hay que olvidar que fueron precisamente las monjas grandes protagonistas del misticismo de principios de la era moderna.

Pero no solo trataban temas místicos en sus escritos; hubo excelentes escritoras de vidas e historiadoras, defensoras de su género femenino o correspondencia mantenida con personalidades influyentes de la época, incluidos monarcas. Entre muchas que cita la autora, destacan, por ejemplo, santa Teresa de Jesús o sor Juan Inés de la Cruz.

Sobresalieron, igualmente, monjas en lo referido a la música, no solo como excelentes compositoras, sino como magníficas cantoras que daban esplendor a los rituales sagrados con abundante audiencia que acudía a escuchar las angelicales voces.

Su creatividad también se volcó en el teatro, con obras muy didácticas destinadas a sus hermanas de profesión y, a veces, al público que asistía a las representaciones tras las rejas que preservaban su clausura. Además, careciendo de apoyo del exterior, ellas mismas se encargaban de toda la tramoya, creando escenarios, vestuarios e, incluso, ropas masculinas que vestían durante la representación.

Los conventos estaban, igualmente, necesitados de plasmar su devoción plásticamente, realizando ellas mismas, o encargando a artistas externos, cuadros e imágenes, así como objetos de culto. Más aún: también podían intervenir en la planificación arquitectónica de los monasterios que fundaban. “Pintaban, esculpían, trabajaban como miniaturistas o grabadoras y se dedicaban a todo tipo de trabajos artísticos y artesanales, como la encuadernación y la decoración de libros, la costura y los trabajos textiles”.

Extra muros

Pese a su más o menos voluntario encierro, las monjas procuraban la expansión de sus órdenes y de la propia religión. Hay variados ejemplos de ello, aunque, en este libro, Evangelisti se detiene en tres diferentes ejemplos de expansión monástica femenina: las nuevas fundaciones carmelitas en Francia, Flandes y Europa; el establecimiento de comunidades monásticas educativas en Nueva Francia; y, finalmente, el crecimiento de los conventos en la América española.

Estos ejemplos se concretan, especialmente, en las figuras de Teresa de Jesús y María de la Encarnación, deteniéndose detalladamente en las fundaciones en Hispanoamérica, con una reflexión sobre las misiones y el claustro.

¿Significaba su estricta clausura una renuncia a un apostolado activo? La historia de los conventos ya nos dice que las monjas no eran ajenas al deseo evangelizador, especialmente a través de la docencia y a la atención a los más desfavorecidos de la sociedad, pobres y enfermos.

Con gran acierto y maestría, Silvia Evangelisti narra las peripecias de las hijas de Santa Úrsula, las ursulinas; las llamadas damas inglesas o monjas jesuitas; las de la orden de la Visitación de Santa María, conocidas como las salesas, en honor a su fundador Francisco de Sales, que creó la orden con la colaboración estrecha de Juana de Chantal; y, finalmente, de una de las congregaciones más extendida: las hijas de la caridad. De cada una de estas instituciones nos ofrece la autora los avatares de su nacimiento, dificultades a las que se enfrentaron y su arraigo final.

El libro se cierra con un epílogo, donde la autora nos plantea la existencia de muchas facetas de la vida religiosa femenina, tanto en el período que abarca su trabajo como en el concepto moderno de esta existencia entregada a Dios.

Concluyendo

Lo primero que hay que decir es que este es un libro delicioso. Una vez comenzada su lectura, cuesta dejarla.

Tiene un estilo muy cercano, más próximo a la narración que a la descripción, lo que lo convierte en un texto ameno, cargado de ejemplos e historias que cautivan al lector. Lo que no empece, ni mucho menos, al rigor científico de todos y cada uno de sus capítulos, construidos con acierto sobre la base de una abundante bibliografía, recogida en las últimas páginas de la obra, y de un exhaustivo trabajo de investigación en distintos archivos y localidades.

Si el lector busca un libro que le entretenga, que le proporcione un buen conocimiento de ese mundo misterioso que se encierra tras las rejas y los muros de los conventos femeninos, aquí encontrará un texto que no le defraudará.

Índice

Lista de ilustraciones
Introducción

1. Sobre monjas y conventos
2. Espacios de clausura
3. Voces desde el claustro
4. Teatro y música
5. Las artes plásticas
6. Expansión: monjas por el mundo
7. Comunidades abiertas para mujeres

Epílogo
Agradecimientos
Notas
Referencias bibliográficas
Créditos de imágenes
Índice analítico

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16/06/2026 Comentarios

Reseñas

La inmortalidad humana Juan Antonio Martínez de la Fe , 25/05/2026
La inmortalidad humana
Ficha Técnica

Título: La inmortalidad humana
Autor: William James
Edita: Ediciones Espuela de Plata, Sevilla, 2025
Colección: Biblioteca Filosófica
Traducción y prólogo: Ángel Cagigas
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 108
ISBN: 978-84-19877-64-2
Precio: 14,16 euros

No es este un libro nuevo, aunque su temática nunca ha perdido actualidad. Al contrario. Es fruto de una conferencia pronunciada por el autor que, parece lógico, suscitó tantas críticas a su teoría de la transmisión que se vio forzado, en el texto del prefacio a la segunda edición, a precisar varios de los conceptos de su alocución.

Sostenían los censores de su texto que la teoría de la transmisión expuesta por William James se podía entender como la ya conocida idea panteísta de la inmortalidad; la pretensión de James era afirmar que toda memoria y emoción de la vida actual se preserva; y que, jamás de los jamases, dejará de poder decirse, tras la muerte, que soy el mismo ente personal que tuvo aquellas experiencias en la tierra en épocas pasadas, pese a que hayamos de lamentar la pérdida de algunas de nuestras limitaciones personales tras el óbito.

Superado este trámite de precisiones a lo que resultó ser la segunda edición del texto de su conferencia, el libro entra de lleno en el desarrollo de las palabras pronunciadas por el autor en 1898, invitado por la Fundación Ingersoll.

“La inmortalidad es una de las grandes necesidades espirituales del hombre”, afirma categóricamente. Tal necesidad, que se entiende constitutiva de la humanidad, ha desembocado en el nacimiento de unos custodios oficiales de esta necesidad: las religiones.

Partiendo de la idea de que todo el asunto de la vida inmortal tiene sus principales raíces en la sensibilidad personal, se detiene James en un intento de dar réplica a las objeciones que la moderna cultura mantiene sobre la vieja noción de la vida del más allá. Concreta sus ideas en dos de tales objeciones.

Primera objeción

La primera está referida a la total dependencia de nuestra vida espiritual respecto al cerebro: toda nuestra vida interior es una función de “ese famoso material que llamamos ‘sustancia gris’ de nuestras circunvoluciones cerebrales”. El pensamiento es una función del cerebro.

Para el autor, esta objeción viene dada por una visión demasiado superficial del hecho admitido de la dependencia funcional. En el supuesto de que la función de producción sea la única posible del cerebro, estaría justificado el reproche. Pero es que tiene otras funciones, tales como la liberación o función permisiva y, sobre todo, la función de transmisión, función esta que constituye el núcleo principal de su pensamiento.

Si un órgano, como el cerebro, no puede producir conciencia de la nada, para James no es irracional pensar en una conciencia ya existente, que permanece entre bastidores y que es coetánea del mundo. En tal planteamiento, solo necesitamos suponer la continuidad de nuestra conciencia con un “mar madre”, como denomina a esa conciencia previa; y se remite a Kant, quien dijo que “la muerte del cuerpo puede ser realmente el final del uso sensitivo de nuestra mente, pero solo el principio de su uso intelectual”.

¿Cómo ayuda esta teoría a imaginarnos nuestra inmortalidad? Responde William James: “Lo que todos deseamos conservar son justo esas restricciones individuales, precisamente esas tendencias y peculiaridades que nos definen a todos nosotros y que constituyen lo que denominamos nuestra identidad. Nuestra finitud y nuestras limitaciones parecen ser nuestra esencia personal”. Esencia que perdurará más allá del trance final. Promete, en otras conferencias, profundizar en estos aspectos que, por ahora, quedan limitados a lo expuesto.

Segunda objeción

Se plantea en forma de pregunta: si la inmortalidad fuese cierta, ¿se debería de creer que son inmortales un número increíble e intolerable de seres?; si alguna criatura vive para siempre, ¿por qué no todas, incluidos los animales? No hay un ser que no exija, y lo haga intensamente, la vida continua de la conciencia que anima la forma del ser.

En la respuesta que propone el autor hay un alejamiento del terreno estrictamente científico, para pasar al plano de lo religioso, de lo filosófico, de lo espiritual. Para un panteísta, solo se necesita decir que, a través de ellos, como a través de otros tantos canales de expresión diferentes, el espíritu eterno del Universo afirma y desarrolla su propia vida infinita.

Y, en el supuesto de una base teísta, se puede afirmar que Dios posee una capacidad de amar tan inagotable que requiere y precisa de una inacabable acumulación de vidas.

A partir de aquí, el libro reserva una considerable cantidad de páginas a las notas de diversa extensión e importancia en relación con todo el texto de la conferencia nuclear de la obra.

Concluyendo

El tema de la inmortalidad es recurrente a lo largo de la historia. Y no ha perdido ni un ápice de su actualidad. Lo recogen tratados de filosofía, textos de las más variadas procedencias religiosas y espirituales y sesudos productos tanto científicos como cientificistas.

La literatura no se aleja del asunto. Una reciente publicación del intelectual canario Juan Manuel García Ramos hace un recorrido literario, filosófico y etnográfico sobre la materia en su obra El temor de morir. Citar también, por ser ampliamente conocidas, las diversas intervenciones en medios de comunicación del doctor Manuel Sans Segarra que avala, con su experiencia en tratamiento con pacientes, la continuidad de la conciencia tras la certificación clínica de la muerte.

Al leer esta obra ha de tenerse muy presente la fecha en que fue pronunciada la conferencia matriz del texto: finales del siglo XIX. William James hace referencia reiterada al estado de los conocimientos científicos en esos años sobre los que ha habido abundantes y extraordinarios avances. Pese a ello, su planteamiento filosófico del tema no ha perdido del todo su vigencia, por lo que su lectura resulta de interés. En este sentido, hay que destacar la importancia del prólogo firmado por Ángel Cagigas, que crea el marco adecuado en el que situar el texto de la obra.

Índice

Prólogo. Entre la ciencia y la verdad, por Ángel Cagigas
LA INMORTALIDAD HUMANA
Prefacio a la segunda edición
La inmortalidad humana
Notas (11 notas)




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25/05/2026 Comentarios

Reseñas

León solo Juan Antonio Martínez de la Fe , 24/05/2026
León solo
Ficha Técnica

Título: León solo
Autora: Nadia Jiménez Castro
Edita: Mercurio Editorial, Madrid, 2026
Maquetación: Jorge A. Liria
Diseño de cubierta: Julián Cardeñosa
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 250
ISBN: 979-13-992000-2-7
Precio: 15,60 euros

León se refiere al actual Papa, León XIV. Un pontífice que ha dejado de ocupar unas pocas líneas en los medios de comunicación para tener una destacada y constante presencia en ellos. Y de este Papa nos habla Nadia Jiménez.

Son varias las circunstancias, de las que no están exentas las intuiciones o las coincidencias, que la han llevado a estar muy cerca del Vaticano en trascendentales momentos de tiempos recientes.

Enconclavada en Roma

Estuvo ella en la elección del Papa Francisco, que no necesitó de un adjetivo ordinal tras su nombre; y estuvo muy cerca en su última enfermedad, la que nos lo arrebató, siendo ella testigo de su último viaje hasta su sobrio y modesto lugar de eterno reposo.

Allí, en Roma, figuró entre los expectantes asistentes a la espera de la fumata blanca que indicara que el rebaño de fieles tenía un nuevo pastor. Hasta que aquella nuble blanca cedió el paso al cardenal encargado de proclamar urbi et orbi quién sería el nuevo ocupante de la silla de Pedro: monseñor Prevost.

Los nombres, por lo general, nos vienen impuestos: los eligen por nosotros, atendiendo a memorias y emociones cuando no a momentáneas y efímeras connotaciones, nuestros padres. No sería la vez primera que alguien nos pregunte por cuál habríamos optado nosotros si se nos diera la oportunidad. Importante decisión: en un apretado conjunto de pocas letras pretendemos proyectarnos al mundo con lo que íntimamente nos identificamos.

Las monjas tienen esa opción, en muchas órdenes y congregaciones: al momento de pronunciar su profesión, ya eligen cómo quieren ser llamadas y reconocidas. Una decisión, desde luego, importantísima, pero que, salvo excepciones, y las hay, no reviste la trascendencia que lleva la elección de su nombre por un Papa.

Y el cardenal Prevost eligió el nombre de León, el decimocuarto con este nombre, cuando aún está fresco en la memoria colectiva el de su homónimo predecesor, León XIII, por su aplicación a la labor social de la Iglesia.

Si Francisco destacó por el sentido pastoral, este su sucesor está haciendo de la paz su mensaje central a los fieles y al mundo; no le tiembla el puso ni se le quiebra la voz al denunciar cómo la paz está comprometida por ambiciones, delirios y egos desmedidos que tanto sufrimiento y dolor están sembrando por doquier. La paz es mucho más que una palabra, “es un deseo y una vocación. Es un don y una obra en constante construcción”, dijo.

Si el acto segundo de esta obra se detiene más en Francisco, el tercero está dedicado prácticamente en su integridad a este León para el Viejo Mundo.

Un nuevo León

Llama la autora la atención sobre el ordinal que acompaña a su nombre. Nos advierte de que, según la cábala, en el contexto bíblico, este número nos llevaría hasta el mismísimo David, cuyas letras en hebreo sumarían 14.

Y si, como se dice, habría 14 generaciones entre Abrahm y David, igual cantidad entre David y el Éxodo y otras tantas entre el exilio y el Mesías. Por eso, “la interpretación dada al número catorce sería claramente una expresión de la Providencia… Lo que se dice, una bendición”, cuenta Nadia Jiménez. A lo que añade que son catorce los santos auxiliadores en el catolicismo.

Retorna la autora a las inspiraciones del nombre del nuevo pontífice, León. Y nos recuerda que san Marcos, el primero de los evangelistas, se ve representado por un león; su evangelio es el más dinámico, “pues se centra más en los actos de la vida de Jesús y el que más milagros detalla en su narración. Sus verbos son de acción y sus adverbios, de celeridad y prontitud”.

Es conocido como el Evangelio Petrino, ya que fue redactado en Roma y para los romanos según los recuerdos del primer Papa, san Pedro, sobre la vida compartida con Jesús. De lo que deduce Jiménez que León XIV estaría cuidando esa raíz y volviendo a la fuente para lograr la unión de todos los cristianos, como reclamó en su primer viaje de peregrino por el mundo en Turquía y Líbano.

Son varias y no menudas las referencias que hace la autora a este evangelista en figura de león alado y las aproximaciones que este hecho lleva al actual León que gobierna la Iglesia, trayendo a la memoria palabras de García Lorca, que llamaba a dar un paso al frente y abandonar la contemplación estética, en medio de un mundo que se desmorona.

La figura del Papa Francisco no es ajena a esta obra, a estas crónicas romanas como las denomina Nadia Jiménez. Son páginas cargadas de emoción que pasan brevemente desde su elección para el papado hasta sus últimos días y los postreros momentos, hasta llegar a los finales instantes en que su cuerpo fue depositado en la basílica papal de Santa María la Mayor.

Concluyendo

Como sucede con las crónicas, no se pueden desmenuzar en un comentario sobre su conjunto, como es el caso de este libro de Nadia Jiménez. Quizás, solo aventurarse acerca de un aspecto concreto que, a guía de ejemplo, sirva de invitación a recorrerlas despacio, saboreándolas. Es lo que aquí se propone.

Y esto es lo que sucede con este libro: es para paladearlo, degustarlo y disfrutarlo. Nadia Jiménez es hija de un gran poeta, Juan Jiménez, y de una artista, María Castro. Y aquí se traslucen ambas cualidades de sus progenitores.

Nadia retrata, nos pinta, edificios, calles, personas, alimentos y dulces, utilizando los pinceles de la palabra coloreados en la paleta de la sensibilidad y hermosura poética que le legara su padre.

Son continuas las alusiones a ambas figuras señeras de la cultura canaria y de la sociedad insular. Y del compromiso social que ambos sostuvieron y defendieron los años que tuvieron de vida.

Pero volvamos al libro. Ya se ha señalado: su lenguaje es conciso, exacto, cercano pero no árido; respira cercanía y emana sensibilidad y belleza. Pero es que, además, nos da una muestra de lo vasto que es el conocimiento de la autora de historias, de poemas, de textos literarios y de versos de reconocidos cantautores; nos habla de la torá, de la Biblia, de la historia de la Iglesia, de los mensajes de la Fe: Mercedes Sosa, Andy Rivera, Fernando Meirelles, Silvia Pérez Cruz, Rutger Hauger, Shira Haas, Julio Cortázar, San Agustín, Ernest Hemingway, … y, por supuesto, el Nuevo Testamento, Salvador Allende, Benedicto XVI, … Una panoplia de conocimientos y, sobre todo, de convencimientos, de fe, que se cierran con palabras de Herman Hess: Siempre gana quien sabe amar.

Y disfrutará quien se adentre en las páginas de este libro.

Índice

Nadie dice murió el Papa
Crónicas de un cónclave
3 actos y un epílogo

Exordio. Enconclavada en Roma
Acto 1º
Acto 2º. Tres voces y una cruz. Dos Papas…
Acto 3º. Un León para el Viejo Mundo
Epílogo
Acotación final. (En tiempo de guerra)


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24/05/2026 Comentarios

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