Reseñas
La inmortalidad humana
Juan Antonio Martínez de la Fe , 25/05/2026
Ficha Técnica
Título: La inmortalidad humana
Autor: William James
Edita: Ediciones Espuela de Plata, Sevilla, 2025
Colección: Biblioteca Filosófica
Traducción y prólogo: Ángel Cagigas
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 108
ISBN: 978-84-19877-64-2
Precio: 14,16 euros
No es este un libro nuevo, aunque su temática nunca ha perdido actualidad. Al contrario. Es fruto de una conferencia pronunciada por el autor que, parece lógico, suscitó tantas críticas a su teoría de la transmisión que se vio forzado, en el texto del prefacio a la segunda edición, a precisar varios de los conceptos de su alocución.
Sostenían los censores de su texto que la teoría de la transmisión expuesta por William James se podía entender como la ya conocida idea panteísta de la inmortalidad; la pretensión de James era afirmar que toda memoria y emoción de la vida actual se preserva; y que, jamás de los jamases, dejará de poder decirse, tras la muerte, que soy el mismo ente personal que tuvo aquellas experiencias en la tierra en épocas pasadas, pese a que hayamos de lamentar la pérdida de algunas de nuestras limitaciones personales tras el óbito.
Superado este trámite de precisiones a lo que resultó ser la segunda edición del texto de su conferencia, el libro entra de lleno en el desarrollo de las palabras pronunciadas por el autor en 1898, invitado por la Fundación Ingersoll.
“La inmortalidad es una de las grandes necesidades espirituales del hombre”, afirma categóricamente. Tal necesidad, que se entiende constitutiva de la humanidad, ha desembocado en el nacimiento de unos custodios oficiales de esta necesidad: las religiones.
Partiendo de la idea de que todo el asunto de la vida inmortal tiene sus principales raíces en la sensibilidad personal, se detiene James en un intento de dar réplica a las objeciones que la moderna cultura mantiene sobre la vieja noción de la vida del más allá. Concreta sus ideas en dos de tales objeciones.
Primera objeción
La primera está referida a la total dependencia de nuestra vida espiritual respecto al cerebro: toda nuestra vida interior es una función de “ese famoso material que llamamos ‘sustancia gris’ de nuestras circunvoluciones cerebrales”. El pensamiento es una función del cerebro.
Para el autor, esta objeción viene dada por una visión demasiado superficial del hecho admitido de la dependencia funcional. En el supuesto de que la función de producción sea la única posible del cerebro, estaría justificado el reproche. Pero es que tiene otras funciones, tales como la liberación o función permisiva y, sobre todo, la función de transmisión, función esta que constituye el núcleo principal de su pensamiento.
Si un órgano, como el cerebro, no puede producir conciencia de la nada, para James no es irracional pensar en una conciencia ya existente, que permanece entre bastidores y que es coetánea del mundo. En tal planteamiento, solo necesitamos suponer la continuidad de nuestra conciencia con un “mar madre”, como denomina a esa conciencia previa; y se remite a Kant, quien dijo que “la muerte del cuerpo puede ser realmente el final del uso sensitivo de nuestra mente, pero solo el principio de su uso intelectual”.
¿Cómo ayuda esta teoría a imaginarnos nuestra inmortalidad? Responde William James: “Lo que todos deseamos conservar son justo esas restricciones individuales, precisamente esas tendencias y peculiaridades que nos definen a todos nosotros y que constituyen lo que denominamos nuestra identidad. Nuestra finitud y nuestras limitaciones parecen ser nuestra esencia personal”. Esencia que perdurará más allá del trance final. Promete, en otras conferencias, profundizar en estos aspectos que, por ahora, quedan limitados a lo expuesto.
Segunda objeción
Se plantea en forma de pregunta: si la inmortalidad fuese cierta, ¿se debería de creer que son inmortales un número increíble e intolerable de seres?; si alguna criatura vive para siempre, ¿por qué no todas, incluidos los animales? No hay un ser que no exija, y lo haga intensamente, la vida continua de la conciencia que anima la forma del ser.
En la respuesta que propone el autor hay un alejamiento del terreno estrictamente científico, para pasar al plano de lo religioso, de lo filosófico, de lo espiritual. Para un panteísta, solo se necesita decir que, a través de ellos, como a través de otros tantos canales de expresión diferentes, el espíritu eterno del Universo afirma y desarrolla su propia vida infinita.
Y, en el supuesto de una base teísta, se puede afirmar que Dios posee una capacidad de amar tan inagotable que requiere y precisa de una inacabable acumulación de vidas.
A partir de aquí, el libro reserva una considerable cantidad de páginas a las notas de diversa extensión e importancia en relación con todo el texto de la conferencia nuclear de la obra.
Concluyendo
El tema de la inmortalidad es recurrente a lo largo de la historia. Y no ha perdido ni un ápice de su actualidad. Lo recogen tratados de filosofía, textos de las más variadas procedencias religiosas y espirituales y sesudos productos tanto científicos como cientificistas.
La literatura no se aleja del asunto. Una reciente publicación del intelectual canario Juan Manuel García Ramos hace un recorrido literario, filosófico y etnográfico sobre la materia en su obra El temor de morir. Citar también, por ser ampliamente conocidas, las diversas intervenciones en medios de comunicación del doctor Manuel Sans Segarra que avala, con su experiencia en tratamiento con pacientes, la continuidad de la conciencia tras la certificación clínica de la muerte.
Al leer esta obra ha de tenerse muy presente la fecha en que fue pronunciada la conferencia matriz del texto: finales del siglo XIX. William James hace referencia reiterada al estado de los conocimientos científicos en esos años sobre los que ha habido abundantes y extraordinarios avances. Pese a ello, su planteamiento filosófico del tema no ha perdido del todo su vigencia, por lo que su lectura resulta de interés. En este sentido, hay que destacar la importancia del prólogo firmado por Ángel Cagigas, que crea el marco adecuado en el que situar el texto de la obra.
Índice
Prólogo. Entre la ciencia y la verdad, por Ángel Cagigas
LA INMORTALIDAD HUMANA
Prefacio a la segunda edición
La inmortalidad humana
Notas (11 notas)
Título: La inmortalidad humana
Autor: William James
Edita: Ediciones Espuela de Plata, Sevilla, 2025
Colección: Biblioteca Filosófica
Traducción y prólogo: Ángel Cagigas
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 108
ISBN: 978-84-19877-64-2
Precio: 14,16 euros
No es este un libro nuevo, aunque su temática nunca ha perdido actualidad. Al contrario. Es fruto de una conferencia pronunciada por el autor que, parece lógico, suscitó tantas críticas a su teoría de la transmisión que se vio forzado, en el texto del prefacio a la segunda edición, a precisar varios de los conceptos de su alocución.
Sostenían los censores de su texto que la teoría de la transmisión expuesta por William James se podía entender como la ya conocida idea panteísta de la inmortalidad; la pretensión de James era afirmar que toda memoria y emoción de la vida actual se preserva; y que, jamás de los jamases, dejará de poder decirse, tras la muerte, que soy el mismo ente personal que tuvo aquellas experiencias en la tierra en épocas pasadas, pese a que hayamos de lamentar la pérdida de algunas de nuestras limitaciones personales tras el óbito.
Superado este trámite de precisiones a lo que resultó ser la segunda edición del texto de su conferencia, el libro entra de lleno en el desarrollo de las palabras pronunciadas por el autor en 1898, invitado por la Fundación Ingersoll.
“La inmortalidad es una de las grandes necesidades espirituales del hombre”, afirma categóricamente. Tal necesidad, que se entiende constitutiva de la humanidad, ha desembocado en el nacimiento de unos custodios oficiales de esta necesidad: las religiones.
Partiendo de la idea de que todo el asunto de la vida inmortal tiene sus principales raíces en la sensibilidad personal, se detiene James en un intento de dar réplica a las objeciones que la moderna cultura mantiene sobre la vieja noción de la vida del más allá. Concreta sus ideas en dos de tales objeciones.
Primera objeción
La primera está referida a la total dependencia de nuestra vida espiritual respecto al cerebro: toda nuestra vida interior es una función de “ese famoso material que llamamos ‘sustancia gris’ de nuestras circunvoluciones cerebrales”. El pensamiento es una función del cerebro.
Para el autor, esta objeción viene dada por una visión demasiado superficial del hecho admitido de la dependencia funcional. En el supuesto de que la función de producción sea la única posible del cerebro, estaría justificado el reproche. Pero es que tiene otras funciones, tales como la liberación o función permisiva y, sobre todo, la función de transmisión, función esta que constituye el núcleo principal de su pensamiento.
Si un órgano, como el cerebro, no puede producir conciencia de la nada, para James no es irracional pensar en una conciencia ya existente, que permanece entre bastidores y que es coetánea del mundo. En tal planteamiento, solo necesitamos suponer la continuidad de nuestra conciencia con un “mar madre”, como denomina a esa conciencia previa; y se remite a Kant, quien dijo que “la muerte del cuerpo puede ser realmente el final del uso sensitivo de nuestra mente, pero solo el principio de su uso intelectual”.
¿Cómo ayuda esta teoría a imaginarnos nuestra inmortalidad? Responde William James: “Lo que todos deseamos conservar son justo esas restricciones individuales, precisamente esas tendencias y peculiaridades que nos definen a todos nosotros y que constituyen lo que denominamos nuestra identidad. Nuestra finitud y nuestras limitaciones parecen ser nuestra esencia personal”. Esencia que perdurará más allá del trance final. Promete, en otras conferencias, profundizar en estos aspectos que, por ahora, quedan limitados a lo expuesto.
Segunda objeción
Se plantea en forma de pregunta: si la inmortalidad fuese cierta, ¿se debería de creer que son inmortales un número increíble e intolerable de seres?; si alguna criatura vive para siempre, ¿por qué no todas, incluidos los animales? No hay un ser que no exija, y lo haga intensamente, la vida continua de la conciencia que anima la forma del ser.
En la respuesta que propone el autor hay un alejamiento del terreno estrictamente científico, para pasar al plano de lo religioso, de lo filosófico, de lo espiritual. Para un panteísta, solo se necesita decir que, a través de ellos, como a través de otros tantos canales de expresión diferentes, el espíritu eterno del Universo afirma y desarrolla su propia vida infinita.
Y, en el supuesto de una base teísta, se puede afirmar que Dios posee una capacidad de amar tan inagotable que requiere y precisa de una inacabable acumulación de vidas.
A partir de aquí, el libro reserva una considerable cantidad de páginas a las notas de diversa extensión e importancia en relación con todo el texto de la conferencia nuclear de la obra.
Concluyendo
El tema de la inmortalidad es recurrente a lo largo de la historia. Y no ha perdido ni un ápice de su actualidad. Lo recogen tratados de filosofía, textos de las más variadas procedencias religiosas y espirituales y sesudos productos tanto científicos como cientificistas.
La literatura no se aleja del asunto. Una reciente publicación del intelectual canario Juan Manuel García Ramos hace un recorrido literario, filosófico y etnográfico sobre la materia en su obra El temor de morir. Citar también, por ser ampliamente conocidas, las diversas intervenciones en medios de comunicación del doctor Manuel Sans Segarra que avala, con su experiencia en tratamiento con pacientes, la continuidad de la conciencia tras la certificación clínica de la muerte.
Al leer esta obra ha de tenerse muy presente la fecha en que fue pronunciada la conferencia matriz del texto: finales del siglo XIX. William James hace referencia reiterada al estado de los conocimientos científicos en esos años sobre los que ha habido abundantes y extraordinarios avances. Pese a ello, su planteamiento filosófico del tema no ha perdido del todo su vigencia, por lo que su lectura resulta de interés. En este sentido, hay que destacar la importancia del prólogo firmado por Ángel Cagigas, que crea el marco adecuado en el que situar el texto de la obra.
Índice
Prólogo. Entre la ciencia y la verdad, por Ángel Cagigas
LA INMORTALIDAD HUMANA
Prefacio a la segunda edición
La inmortalidad humana
Notas (11 notas)
Reseñas
León solo
Juan Antonio Martínez de la Fe , 24/05/2026
Ficha Técnica
Título: León solo
Autora: Nadia Jiménez Castro
Edita: Mercurio Editorial, Madrid, 2026
Maquetación: Jorge A. Liria
Diseño de cubierta: Julián Cardeñosa
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 250
ISBN: 979-13-992000-2-7
Precio: 15,60 euros
León se refiere al actual Papa, León XIV. Un pontífice que ha dejado de ocupar unas pocas líneas en los medios de comunicación para tener una destacada y constante presencia en ellos. Y de este Papa nos habla Nadia Jiménez.
Son varias las circunstancias, de las que no están exentas las intuiciones o las coincidencias, que la han llevado a estar muy cerca del Vaticano en trascendentales momentos de tiempos recientes.
Enconclavada en Roma
Estuvo ella en la elección del Papa Francisco, que no necesitó de un adjetivo ordinal tras su nombre; y estuvo muy cerca en su última enfermedad, la que nos lo arrebató, siendo ella testigo de su último viaje hasta su sobrio y modesto lugar de eterno reposo.
Allí, en Roma, figuró entre los expectantes asistentes a la espera de la fumata blanca que indicara que el rebaño de fieles tenía un nuevo pastor. Hasta que aquella nuble blanca cedió el paso al cardenal encargado de proclamar urbi et orbi quién sería el nuevo ocupante de la silla de Pedro: monseñor Prevost.
Los nombres, por lo general, nos vienen impuestos: los eligen por nosotros, atendiendo a memorias y emociones cuando no a momentáneas y efímeras connotaciones, nuestros padres. No sería la vez primera que alguien nos pregunte por cuál habríamos optado nosotros si se nos diera la oportunidad. Importante decisión: en un apretado conjunto de pocas letras pretendemos proyectarnos al mundo con lo que íntimamente nos identificamos.
Las monjas tienen esa opción, en muchas órdenes y congregaciones: al momento de pronunciar su profesión, ya eligen cómo quieren ser llamadas y reconocidas. Una decisión, desde luego, importantísima, pero que, salvo excepciones, y las hay, no reviste la trascendencia que lleva la elección de su nombre por un Papa.
Y el cardenal Prevost eligió el nombre de León, el decimocuarto con este nombre, cuando aún está fresco en la memoria colectiva el de su homónimo predecesor, León XIII, por su aplicación a la labor social de la Iglesia.
Si Francisco destacó por el sentido pastoral, este su sucesor está haciendo de la paz su mensaje central a los fieles y al mundo; no le tiembla el puso ni se le quiebra la voz al denunciar cómo la paz está comprometida por ambiciones, delirios y egos desmedidos que tanto sufrimiento y dolor están sembrando por doquier. La paz es mucho más que una palabra, “es un deseo y una vocación. Es un don y una obra en constante construcción”, dijo.
Si el acto segundo de esta obra se detiene más en Francisco, el tercero está dedicado prácticamente en su integridad a este León para el Viejo Mundo.
Un nuevo León
Llama la autora la atención sobre el ordinal que acompaña a su nombre. Nos advierte de que, según la cábala, en el contexto bíblico, este número nos llevaría hasta el mismísimo David, cuyas letras en hebreo sumarían 14.
Y si, como se dice, habría 14 generaciones entre Abrahm y David, igual cantidad entre David y el Éxodo y otras tantas entre el exilio y el Mesías. Por eso, “la interpretación dada al número catorce sería claramente una expresión de la Providencia… Lo que se dice, una bendición”, cuenta Nadia Jiménez. A lo que añade que son catorce los santos auxiliadores en el catolicismo.
Retorna la autora a las inspiraciones del nombre del nuevo pontífice, León. Y nos recuerda que san Marcos, el primero de los evangelistas, se ve representado por un león; su evangelio es el más dinámico, “pues se centra más en los actos de la vida de Jesús y el que más milagros detalla en su narración. Sus verbos son de acción y sus adverbios, de celeridad y prontitud”.
Es conocido como el Evangelio Petrino, ya que fue redactado en Roma y para los romanos según los recuerdos del primer Papa, san Pedro, sobre la vida compartida con Jesús. De lo que deduce Jiménez que León XIV estaría cuidando esa raíz y volviendo a la fuente para lograr la unión de todos los cristianos, como reclamó en su primer viaje de peregrino por el mundo en Turquía y Líbano.
Son varias y no menudas las referencias que hace la autora a este evangelista en figura de león alado y las aproximaciones que este hecho lleva al actual León que gobierna la Iglesia, trayendo a la memoria palabras de García Lorca, que llamaba a dar un paso al frente y abandonar la contemplación estética, en medio de un mundo que se desmorona.
La figura del Papa Francisco no es ajena a esta obra, a estas crónicas romanas como las denomina Nadia Jiménez. Son páginas cargadas de emoción que pasan brevemente desde su elección para el papado hasta sus últimos días y los postreros momentos, hasta llegar a los finales instantes en que su cuerpo fue depositado en la basílica papal de Santa María la Mayor.
Concluyendo
Como sucede con las crónicas, no se pueden desmenuzar en un comentario sobre su conjunto, como es el caso de este libro de Nadia Jiménez. Quizás, solo aventurarse acerca de un aspecto concreto que, a guía de ejemplo, sirva de invitación a recorrerlas despacio, saboreándolas. Es lo que aquí se propone.
Y esto es lo que sucede con este libro: es para paladearlo, degustarlo y disfrutarlo. Nadia Jiménez es hija de un gran poeta, Juan Jiménez, y de una artista, María Castro. Y aquí se traslucen ambas cualidades de sus progenitores.
Nadia retrata, nos pinta, edificios, calles, personas, alimentos y dulces, utilizando los pinceles de la palabra coloreados en la paleta de la sensibilidad y hermosura poética que le legara su padre.
Son continuas las alusiones a ambas figuras señeras de la cultura canaria y de la sociedad insular. Y del compromiso social que ambos sostuvieron y defendieron los años que tuvieron de vida.
Pero volvamos al libro. Ya se ha señalado: su lenguaje es conciso, exacto, cercano pero no árido; respira cercanía y emana sensibilidad y belleza. Pero es que, además, nos da una muestra de lo vasto que es el conocimiento de la autora de historias, de poemas, de textos literarios y de versos de reconocidos cantautores; nos habla de la torá, de la Biblia, de la historia de la Iglesia, de los mensajes de la Fe: Mercedes Sosa, Andy Rivera, Fernando Meirelles, Silvia Pérez Cruz, Rutger Hauger, Shira Haas, Julio Cortázar, San Agustín, Ernest Hemingway, … y, por supuesto, el Nuevo Testamento, Salvador Allende, Benedicto XVI, … Una panoplia de conocimientos y, sobre todo, de convencimientos, de fe, que se cierran con palabras de Herman Hess: Siempre gana quien sabe amar.
Y disfrutará quien se adentre en las páginas de este libro.
Índice
Nadie dice murió el Papa
Crónicas de un cónclave
3 actos y un epílogo
Exordio. Enconclavada en Roma
Acto 1º
Acto 2º. Tres voces y una cruz. Dos Papas…
Acto 3º. Un León para el Viejo Mundo
Epílogo
Acotación final. (En tiempo de guerra)
Título: León solo
Autora: Nadia Jiménez Castro
Edita: Mercurio Editorial, Madrid, 2026
Maquetación: Jorge A. Liria
Diseño de cubierta: Julián Cardeñosa
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 250
ISBN: 979-13-992000-2-7
Precio: 15,60 euros
León se refiere al actual Papa, León XIV. Un pontífice que ha dejado de ocupar unas pocas líneas en los medios de comunicación para tener una destacada y constante presencia en ellos. Y de este Papa nos habla Nadia Jiménez.
Son varias las circunstancias, de las que no están exentas las intuiciones o las coincidencias, que la han llevado a estar muy cerca del Vaticano en trascendentales momentos de tiempos recientes.
Enconclavada en Roma
Estuvo ella en la elección del Papa Francisco, que no necesitó de un adjetivo ordinal tras su nombre; y estuvo muy cerca en su última enfermedad, la que nos lo arrebató, siendo ella testigo de su último viaje hasta su sobrio y modesto lugar de eterno reposo.
Allí, en Roma, figuró entre los expectantes asistentes a la espera de la fumata blanca que indicara que el rebaño de fieles tenía un nuevo pastor. Hasta que aquella nuble blanca cedió el paso al cardenal encargado de proclamar urbi et orbi quién sería el nuevo ocupante de la silla de Pedro: monseñor Prevost.
Los nombres, por lo general, nos vienen impuestos: los eligen por nosotros, atendiendo a memorias y emociones cuando no a momentáneas y efímeras connotaciones, nuestros padres. No sería la vez primera que alguien nos pregunte por cuál habríamos optado nosotros si se nos diera la oportunidad. Importante decisión: en un apretado conjunto de pocas letras pretendemos proyectarnos al mundo con lo que íntimamente nos identificamos.
Las monjas tienen esa opción, en muchas órdenes y congregaciones: al momento de pronunciar su profesión, ya eligen cómo quieren ser llamadas y reconocidas. Una decisión, desde luego, importantísima, pero que, salvo excepciones, y las hay, no reviste la trascendencia que lleva la elección de su nombre por un Papa.
Y el cardenal Prevost eligió el nombre de León, el decimocuarto con este nombre, cuando aún está fresco en la memoria colectiva el de su homónimo predecesor, León XIII, por su aplicación a la labor social de la Iglesia.
Si Francisco destacó por el sentido pastoral, este su sucesor está haciendo de la paz su mensaje central a los fieles y al mundo; no le tiembla el puso ni se le quiebra la voz al denunciar cómo la paz está comprometida por ambiciones, delirios y egos desmedidos que tanto sufrimiento y dolor están sembrando por doquier. La paz es mucho más que una palabra, “es un deseo y una vocación. Es un don y una obra en constante construcción”, dijo.
Si el acto segundo de esta obra se detiene más en Francisco, el tercero está dedicado prácticamente en su integridad a este León para el Viejo Mundo.
Un nuevo León
Llama la autora la atención sobre el ordinal que acompaña a su nombre. Nos advierte de que, según la cábala, en el contexto bíblico, este número nos llevaría hasta el mismísimo David, cuyas letras en hebreo sumarían 14.
Y si, como se dice, habría 14 generaciones entre Abrahm y David, igual cantidad entre David y el Éxodo y otras tantas entre el exilio y el Mesías. Por eso, “la interpretación dada al número catorce sería claramente una expresión de la Providencia… Lo que se dice, una bendición”, cuenta Nadia Jiménez. A lo que añade que son catorce los santos auxiliadores en el catolicismo.
Retorna la autora a las inspiraciones del nombre del nuevo pontífice, León. Y nos recuerda que san Marcos, el primero de los evangelistas, se ve representado por un león; su evangelio es el más dinámico, “pues se centra más en los actos de la vida de Jesús y el que más milagros detalla en su narración. Sus verbos son de acción y sus adverbios, de celeridad y prontitud”.
Es conocido como el Evangelio Petrino, ya que fue redactado en Roma y para los romanos según los recuerdos del primer Papa, san Pedro, sobre la vida compartida con Jesús. De lo que deduce Jiménez que León XIV estaría cuidando esa raíz y volviendo a la fuente para lograr la unión de todos los cristianos, como reclamó en su primer viaje de peregrino por el mundo en Turquía y Líbano.
Son varias y no menudas las referencias que hace la autora a este evangelista en figura de león alado y las aproximaciones que este hecho lleva al actual León que gobierna la Iglesia, trayendo a la memoria palabras de García Lorca, que llamaba a dar un paso al frente y abandonar la contemplación estética, en medio de un mundo que se desmorona.
La figura del Papa Francisco no es ajena a esta obra, a estas crónicas romanas como las denomina Nadia Jiménez. Son páginas cargadas de emoción que pasan brevemente desde su elección para el papado hasta sus últimos días y los postreros momentos, hasta llegar a los finales instantes en que su cuerpo fue depositado en la basílica papal de Santa María la Mayor.
Concluyendo
Como sucede con las crónicas, no se pueden desmenuzar en un comentario sobre su conjunto, como es el caso de este libro de Nadia Jiménez. Quizás, solo aventurarse acerca de un aspecto concreto que, a guía de ejemplo, sirva de invitación a recorrerlas despacio, saboreándolas. Es lo que aquí se propone.
Y esto es lo que sucede con este libro: es para paladearlo, degustarlo y disfrutarlo. Nadia Jiménez es hija de un gran poeta, Juan Jiménez, y de una artista, María Castro. Y aquí se traslucen ambas cualidades de sus progenitores.
Nadia retrata, nos pinta, edificios, calles, personas, alimentos y dulces, utilizando los pinceles de la palabra coloreados en la paleta de la sensibilidad y hermosura poética que le legara su padre.
Son continuas las alusiones a ambas figuras señeras de la cultura canaria y de la sociedad insular. Y del compromiso social que ambos sostuvieron y defendieron los años que tuvieron de vida.
Pero volvamos al libro. Ya se ha señalado: su lenguaje es conciso, exacto, cercano pero no árido; respira cercanía y emana sensibilidad y belleza. Pero es que, además, nos da una muestra de lo vasto que es el conocimiento de la autora de historias, de poemas, de textos literarios y de versos de reconocidos cantautores; nos habla de la torá, de la Biblia, de la historia de la Iglesia, de los mensajes de la Fe: Mercedes Sosa, Andy Rivera, Fernando Meirelles, Silvia Pérez Cruz, Rutger Hauger, Shira Haas, Julio Cortázar, San Agustín, Ernest Hemingway, … y, por supuesto, el Nuevo Testamento, Salvador Allende, Benedicto XVI, … Una panoplia de conocimientos y, sobre todo, de convencimientos, de fe, que se cierran con palabras de Herman Hess: Siempre gana quien sabe amar.
Y disfrutará quien se adentre en las páginas de este libro.
Índice
Nadie dice murió el Papa
Crónicas de un cónclave
3 actos y un epílogo
Exordio. Enconclavada en Roma
Acto 1º
Acto 2º. Tres voces y una cruz. Dos Papas…
Acto 3º. Un León para el Viejo Mundo
Epílogo
Acotación final. (En tiempo de guerra)
Reseñas
Viaje a la ciudad eterna
Juan Antonio Martínez de la Fe , 08/04/2026
En la búsqueda del sentido de la vida
Ficha Técnica
Título: Viaje a la Ciudad Eterna. En la búsqueda del sentido de la vida
Autor: Andreas May
Edita: Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2024
Colección: Antropología, Psicología y Espiritualidad
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 446
ISBN: 978-84-10023-49-9
Precio: 23 euros
Y, efectivamente, este libro está concebido como un viaje. Un viaje programado, dirigido y acompañado por el autor. Aunque, quizás, lo que llame más la atención es el subtítulo: “En la búsqueda del sentido de la vida”; un proyecto muy ambicioso que se propone como éxito asegurado y que, sin embargo, puede desengañar al lector.
Es el propio autor quien nos advierte de lo que encontraremos en las páginas de este extenso ensayo: el libro, “junto a preguntas filosóficas y temas científicos, aborda una temática religiosa amplia. […] Lo he escrito pensando especialmente en todos los buscadores de sentido de la vida y de la verdad. Para mí, estos buscadores de sentido de la vida son personas que buscan responder a las tres preguntas más fundamentales del hombre: ¿De dónde vengo?, ¿Cuál es el sentido de mi vida? y ¿Qué hay después de la muerte?”
Desde luego, se observa que difieren de las tres preguntas fundamentales de Kant, ¿Qué puedo saber? (conocimiento), ¿Qué debo hacer? (ética/moral) y ¿Qué me está permitido esperar? (religión/destino), lo que nos da una idea de que el planteamiento de Andreas May parte de visiones diferentes.
Aunque la meta perseguida sea muy similar: acercarse a la verdad objetiva y absoluta para conocerla cada vez más.
“Se trata de una verdad que puede y quiere dar un sentido colmado a cada vida humana, al sufrimiento y a la muerte y una esperanza sostenible para la eternidad”. En el fondo, lo que el autor propugna es ofrecer el ejemplo de su propia vida para ayudar a las personas que busquen la verdad junto al sentido y la meta de su vida; para ello, partiendo de la visión científica del mundo, apunta una ruta hacia una vida plena a través de una mirada nueva y fresca del cristianismo. Para finalizar con una síntesis del conocimiento científico y de la revelación cristiana.
Llegados aquí, es conveniente conocer las plataformas de las que parte y en las que se asienta el autor. Por un lado, es científico, con un doctorado en paleontología y se ha familiarizado con los modelos que tienen las ciencias naturales para explicar el mundo. Por otro, confiesa ser un autor cristiano, más concretamente, católico. Y, aunque no lo diga expresamente, en el encuentro entre la ciencia en que se formó y la religión que profesa, se adentra en una intersección que aborda planteamientos filosóficos.
Así las cosas, Andreas May arranca el viaje con una concisa tabla cronológica de los eventos más relevantes que se abordan en el libro. Evidentemente, la inicia hace trece mil ochocientos millones de años atrás, con el Big Bang y el comienzo del universo, terminando en el año 1927 después de Cristo, con la formulación del principio de incertidumbre de Heisenberg. Entre ambos acontecimientos, sitúa la aparición de la subida de los primeros anfibios a la tierra, la extinción de los dinosaurios, la aparición del Australopithecus, el Homo erectus y el Homo sapiens, su encuentro con los neandertales, aterrizando en el período comprendido entre 2000 y 1400 antes de Cristo, época de Abrahán; a partir de aquí, ya habla de la caída del reino de Judá, de Aristóteles, Jesucristo, Mahoma, Tomás de Aquino, Gutenberg y Darwin. Ante la panorámica de este cuadro cronológico se puede apreciar la orientación que el autor pretende dar a su obra.
La filosofía
Estamos en la primera parte del libro. Una primera parte de carácter más filosófico que científico. Se pregunta May si existe la verdad y por qué existe algo y no nada. Reminiscencias claras de Leibniz y Heidegger, sin una única respuesta, ya que depende del punto de vista desde el que se formulen: si desde la filosofía, nos lleva a la cuestión de la existencia de un ser necesario; si desde el campo de la ciencia, el surgimiento de la nada del Big Bang; y, evidentemente, la imposibilidad lógica de la “nada”.
La ciencia
A partir de aquí, la obra se adentra en aspectos más científicos, abordando temas relacionados con la biología y la evolución, la historia de la tierra, la evolución de los seres humanos y las teorías a partir de las tesis de Darwin.
¿Quiere esto decir que Andreas May se centra solo en aspectos científicos? Al contrario: apoyándose en ellos, da el salto a cuestiones que se escapan de los límites de la ciencia para plantearse otras cuestiones a las que pretende dar respuesta apoyándose en su experiencia y en su propia postura como hombre de fe: nos habla del cuerpo, la mente y el alma de los seres humanos; de la postura del creacionismo fundamentalista; de la existencia de un Ser superior que pretende comunicarse con nosotros; o del momento en que el ser humano tiene alma.
Desde aquí, el autor trata de justificar su cosmovisión, explicando los criterios que ha utilizado para llegar a su postura que soslaya el capitalismo, el comunismo y el ateísmo, optando por la religión y, dentro de este campo, cómo fue descartando muchas religiones centrándose en las más habituales: hinduismo, budismo y taoísmo, pasando a las del libro, judaísmo, cristianismo e islam, concluyendo en su opción por el cristianismo y, más concretamente, por el catolicismo.
La religión
A partir de aquí, nos adentramos en la segunda parte de este ensayo, La Ciudad Eterna. Se trata de unas páginas de carácter totalmente religioso y católico, aunque no elude los aspectos comunes de todos los cristianos, como son el bautismo, el padrenuestro, el credo o la eucaristía.
Por supuesto, aborda el problema del mal en el mundo, ofreciendo su particular y personal visión de la caída del hombre y el pecado original, la existencia de ángeles y demonios como personalización del mal, las postrimerías (muerte, juicio, infierno o purgatorio y gloria), etc.
Los últimos capítulos los dedica a los relatos de la creación en el libro del Génesis, la conciliación entre cristianismo y evolución, para ofrecer una retrospectiva del viaje en la que hace un recorrido por todo lo tratado en la obra.
En esta segunda parte cabe situar el núcleo de su planteamiento, que se reduce especialmente en la obediencia y la libertad, siguiendo el ejemplo de Jesús de Nazaret. Consciente de los problemas que plantea la cuestión de un Dios trinitario, refiere cómo Cristo es el Hijo del Padre, que, obediente, se somete a su voluntad en un acto supremo de libertad (la aceptación libre de su destino). Al mismo tiempo, esta Trinidad es el ejemplo mayor de amor en convivencia entre las tres personas divinas. De todo ello, deduce cómo la vida del cristiano ha ser obediente a la voluntad de Dios y a la amorosa convivencia con el resto de la humanidad y de todo lo creado.
La bibliografía que figura al final del texto es amplia, aunque, a la vista de lo que expone el autor, de muchas de las obras y autores consultados aprovecha lo que puede ser útil a su propósito, sembrando sombras sobre otros aspectos; ejemplo de ello es Teilhard de Chardin, de quien toma la idea del Punto Omega, pero arroja dudas sobre su espiritualización de la materia; o el caso de Leandro Sequeiros, del que omite gran parte de su extensa obra sobre la conciliación entre ciencia y religión.
Concluyendo
Una virtud innegable de este libro es su carácter pedagógico. Andreas May nos va llevando de la mano, paso a paso, explicando detenidamente cada tramo nuevo y justificando su postura ideológica sobre cada particular. Y ello en un lenguaje muy asequible y casi diría persuasivo.
Otra virtud muy de agradecer es la honestidad del autor. En ningún momento oculta ninguno de los fundamentos en los que se basa para sus tesis. Se considera científico, aunque, tras una época de docente encarriló su vida por la tecnología informática; pero, al propio tiempo, se confiesa católico, fiel a las enseñanzas de la Iglesia, de lo que da amplio testimonio con abundantes citas a documentos papales.
Dicho esto, se puede considerar que este ensayo es muy útil para conocer los vínculos entre los conocimientos científicos en todo lo relacionado con la paleontología y la cosmovisión del catolicismo, probablemente con tintes de conservadurismo. Y, al propio tiempo, un libro que afianzará a un lector católico en muchos de sus principios y devociones: no en vano las citas al Catecismo de la Iglesia son frecuentes.
Índice
Introducción
PRIMERA PARTE
EL VIAJE
¿Existe la verdad?
¿Por qué existe algo?
Evolución versus creacionismo
Biología y evolución
Diversidad, distribución geográfica y sistema de los seres vivos
ADN y más evidencias para la evolución
Historia de la tierra, fósiles y evolución
Los estratos de roca y la edad
Historia del planeta Tierra y de la vida
Evidencia paleontológica de la evolución
Mirada al creacionismo y al diseño inteligente
La evolución de los seres humanos
La evolución biológica
Cuerpo, mente y alma de los seres humanos
¿Desde cuándo el ser humano tiene alma?
Creación y evolución
La sintonía exacta de las constantes físicas
Un Dios de diversidad, evolución e historia de la Tierra
Rasgos característicos del Creador
¿Es la evolución un proceso dirigido?
¿Cómo puede un Ser Superior comunicarse con nosotros?
Los deseos, anhelos y preguntas de las personas
Cosmovisión, religión, revelación
Criterios para la selección
Capitalismo, comunismo y ateísmo
Religiones, general
Hinduismo, budismo y taoísmo
Judaísmo, cristianismo e islam
Sentido de la vida y meta de la humanidad
El camino a la meta
Contenidos fundamentales de la fe cristiana
Tres niveles diferentes: el individuo, la humanidad y la creación
SEGUNDA PARTE
LA CIUDAD ETERNA
Elementos comunes de todos los cristianos
Bautismo
Padrenuestro
Credo Apostólico
Cena del Señor
El sufrimiento
La caída del hombre y sus consecuencias
El pecado como ruptura con el ideal
¿Ha ocurrido realmente la Caída del Hombre?
Diablo, demonios y ángeles
Pecado, orgullo, humildad
La muerte de Jesús en la cruz
Otras consecuencias de la Caída del Hombre
Muerte, resurrección y vida eterna
Vida biológica, muerte y juicio personal
Resurrección y Juicio Final
Un cielo nuevo y una tierra nueva
Más consideraciones sobre las realidades últimas
Los relatos de la creación del libro Génesis
Cristianismo y evolución: una síntesis
La evolución y el Dios cristiano
En el monte Tabor
Libertad
Principio y fin en el diálogo intratrinitario
Retrospectiva al viaje
En lugar de epílogo
Bibliografía
Título: Viaje a la Ciudad Eterna. En la búsqueda del sentido de la vida
Autor: Andreas May
Edita: Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2024
Colección: Antropología, Psicología y Espiritualidad
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 446
ISBN: 978-84-10023-49-9
Precio: 23 euros
Y, efectivamente, este libro está concebido como un viaje. Un viaje programado, dirigido y acompañado por el autor. Aunque, quizás, lo que llame más la atención es el subtítulo: “En la búsqueda del sentido de la vida”; un proyecto muy ambicioso que se propone como éxito asegurado y que, sin embargo, puede desengañar al lector.
Es el propio autor quien nos advierte de lo que encontraremos en las páginas de este extenso ensayo: el libro, “junto a preguntas filosóficas y temas científicos, aborda una temática religiosa amplia. […] Lo he escrito pensando especialmente en todos los buscadores de sentido de la vida y de la verdad. Para mí, estos buscadores de sentido de la vida son personas que buscan responder a las tres preguntas más fundamentales del hombre: ¿De dónde vengo?, ¿Cuál es el sentido de mi vida? y ¿Qué hay después de la muerte?”
Desde luego, se observa que difieren de las tres preguntas fundamentales de Kant, ¿Qué puedo saber? (conocimiento), ¿Qué debo hacer? (ética/moral) y ¿Qué me está permitido esperar? (religión/destino), lo que nos da una idea de que el planteamiento de Andreas May parte de visiones diferentes.
Aunque la meta perseguida sea muy similar: acercarse a la verdad objetiva y absoluta para conocerla cada vez más.
“Se trata de una verdad que puede y quiere dar un sentido colmado a cada vida humana, al sufrimiento y a la muerte y una esperanza sostenible para la eternidad”. En el fondo, lo que el autor propugna es ofrecer el ejemplo de su propia vida para ayudar a las personas que busquen la verdad junto al sentido y la meta de su vida; para ello, partiendo de la visión científica del mundo, apunta una ruta hacia una vida plena a través de una mirada nueva y fresca del cristianismo. Para finalizar con una síntesis del conocimiento científico y de la revelación cristiana.
Llegados aquí, es conveniente conocer las plataformas de las que parte y en las que se asienta el autor. Por un lado, es científico, con un doctorado en paleontología y se ha familiarizado con los modelos que tienen las ciencias naturales para explicar el mundo. Por otro, confiesa ser un autor cristiano, más concretamente, católico. Y, aunque no lo diga expresamente, en el encuentro entre la ciencia en que se formó y la religión que profesa, se adentra en una intersección que aborda planteamientos filosóficos.
Así las cosas, Andreas May arranca el viaje con una concisa tabla cronológica de los eventos más relevantes que se abordan en el libro. Evidentemente, la inicia hace trece mil ochocientos millones de años atrás, con el Big Bang y el comienzo del universo, terminando en el año 1927 después de Cristo, con la formulación del principio de incertidumbre de Heisenberg. Entre ambos acontecimientos, sitúa la aparición de la subida de los primeros anfibios a la tierra, la extinción de los dinosaurios, la aparición del Australopithecus, el Homo erectus y el Homo sapiens, su encuentro con los neandertales, aterrizando en el período comprendido entre 2000 y 1400 antes de Cristo, época de Abrahán; a partir de aquí, ya habla de la caída del reino de Judá, de Aristóteles, Jesucristo, Mahoma, Tomás de Aquino, Gutenberg y Darwin. Ante la panorámica de este cuadro cronológico se puede apreciar la orientación que el autor pretende dar a su obra.
La filosofía
Estamos en la primera parte del libro. Una primera parte de carácter más filosófico que científico. Se pregunta May si existe la verdad y por qué existe algo y no nada. Reminiscencias claras de Leibniz y Heidegger, sin una única respuesta, ya que depende del punto de vista desde el que se formulen: si desde la filosofía, nos lleva a la cuestión de la existencia de un ser necesario; si desde el campo de la ciencia, el surgimiento de la nada del Big Bang; y, evidentemente, la imposibilidad lógica de la “nada”.
La ciencia
A partir de aquí, la obra se adentra en aspectos más científicos, abordando temas relacionados con la biología y la evolución, la historia de la tierra, la evolución de los seres humanos y las teorías a partir de las tesis de Darwin.
¿Quiere esto decir que Andreas May se centra solo en aspectos científicos? Al contrario: apoyándose en ellos, da el salto a cuestiones que se escapan de los límites de la ciencia para plantearse otras cuestiones a las que pretende dar respuesta apoyándose en su experiencia y en su propia postura como hombre de fe: nos habla del cuerpo, la mente y el alma de los seres humanos; de la postura del creacionismo fundamentalista; de la existencia de un Ser superior que pretende comunicarse con nosotros; o del momento en que el ser humano tiene alma.
Desde aquí, el autor trata de justificar su cosmovisión, explicando los criterios que ha utilizado para llegar a su postura que soslaya el capitalismo, el comunismo y el ateísmo, optando por la religión y, dentro de este campo, cómo fue descartando muchas religiones centrándose en las más habituales: hinduismo, budismo y taoísmo, pasando a las del libro, judaísmo, cristianismo e islam, concluyendo en su opción por el cristianismo y, más concretamente, por el catolicismo.
La religión
A partir de aquí, nos adentramos en la segunda parte de este ensayo, La Ciudad Eterna. Se trata de unas páginas de carácter totalmente religioso y católico, aunque no elude los aspectos comunes de todos los cristianos, como son el bautismo, el padrenuestro, el credo o la eucaristía.
Por supuesto, aborda el problema del mal en el mundo, ofreciendo su particular y personal visión de la caída del hombre y el pecado original, la existencia de ángeles y demonios como personalización del mal, las postrimerías (muerte, juicio, infierno o purgatorio y gloria), etc.
Los últimos capítulos los dedica a los relatos de la creación en el libro del Génesis, la conciliación entre cristianismo y evolución, para ofrecer una retrospectiva del viaje en la que hace un recorrido por todo lo tratado en la obra.
En esta segunda parte cabe situar el núcleo de su planteamiento, que se reduce especialmente en la obediencia y la libertad, siguiendo el ejemplo de Jesús de Nazaret. Consciente de los problemas que plantea la cuestión de un Dios trinitario, refiere cómo Cristo es el Hijo del Padre, que, obediente, se somete a su voluntad en un acto supremo de libertad (la aceptación libre de su destino). Al mismo tiempo, esta Trinidad es el ejemplo mayor de amor en convivencia entre las tres personas divinas. De todo ello, deduce cómo la vida del cristiano ha ser obediente a la voluntad de Dios y a la amorosa convivencia con el resto de la humanidad y de todo lo creado.
La bibliografía que figura al final del texto es amplia, aunque, a la vista de lo que expone el autor, de muchas de las obras y autores consultados aprovecha lo que puede ser útil a su propósito, sembrando sombras sobre otros aspectos; ejemplo de ello es Teilhard de Chardin, de quien toma la idea del Punto Omega, pero arroja dudas sobre su espiritualización de la materia; o el caso de Leandro Sequeiros, del que omite gran parte de su extensa obra sobre la conciliación entre ciencia y religión.
Concluyendo
Una virtud innegable de este libro es su carácter pedagógico. Andreas May nos va llevando de la mano, paso a paso, explicando detenidamente cada tramo nuevo y justificando su postura ideológica sobre cada particular. Y ello en un lenguaje muy asequible y casi diría persuasivo.
Otra virtud muy de agradecer es la honestidad del autor. En ningún momento oculta ninguno de los fundamentos en los que se basa para sus tesis. Se considera científico, aunque, tras una época de docente encarriló su vida por la tecnología informática; pero, al propio tiempo, se confiesa católico, fiel a las enseñanzas de la Iglesia, de lo que da amplio testimonio con abundantes citas a documentos papales.
Dicho esto, se puede considerar que este ensayo es muy útil para conocer los vínculos entre los conocimientos científicos en todo lo relacionado con la paleontología y la cosmovisión del catolicismo, probablemente con tintes de conservadurismo. Y, al propio tiempo, un libro que afianzará a un lector católico en muchos de sus principios y devociones: no en vano las citas al Catecismo de la Iglesia son frecuentes.
Índice
Introducción
PRIMERA PARTE
EL VIAJE
¿Existe la verdad?
¿Por qué existe algo?
Evolución versus creacionismo
Biología y evolución
Diversidad, distribución geográfica y sistema de los seres vivos
ADN y más evidencias para la evolución
Historia de la tierra, fósiles y evolución
Los estratos de roca y la edad
Historia del planeta Tierra y de la vida
Evidencia paleontológica de la evolución
Mirada al creacionismo y al diseño inteligente
La evolución de los seres humanos
La evolución biológica
Cuerpo, mente y alma de los seres humanos
¿Desde cuándo el ser humano tiene alma?
Creación y evolución
La sintonía exacta de las constantes físicas
Un Dios de diversidad, evolución e historia de la Tierra
Rasgos característicos del Creador
¿Es la evolución un proceso dirigido?
¿Cómo puede un Ser Superior comunicarse con nosotros?
Los deseos, anhelos y preguntas de las personas
Cosmovisión, religión, revelación
Criterios para la selección
Capitalismo, comunismo y ateísmo
Religiones, general
Hinduismo, budismo y taoísmo
Judaísmo, cristianismo e islam
Sentido de la vida y meta de la humanidad
El camino a la meta
Contenidos fundamentales de la fe cristiana
Tres niveles diferentes: el individuo, la humanidad y la creación
SEGUNDA PARTE
LA CIUDAD ETERNA
Elementos comunes de todos los cristianos
Bautismo
Padrenuestro
Credo Apostólico
Cena del Señor
El sufrimiento
La caída del hombre y sus consecuencias
El pecado como ruptura con el ideal
¿Ha ocurrido realmente la Caída del Hombre?
Diablo, demonios y ángeles
Pecado, orgullo, humildad
La muerte de Jesús en la cruz
Otras consecuencias de la Caída del Hombre
Muerte, resurrección y vida eterna
Vida biológica, muerte y juicio personal
Resurrección y Juicio Final
Un cielo nuevo y una tierra nueva
Más consideraciones sobre las realidades últimas
Los relatos de la creación del libro Génesis
Cristianismo y evolución: una síntesis
La evolución y el Dios cristiano
En el monte Tabor
Libertad
Principio y fin en el diálogo intratrinitario
Retrospectiva al viaje
En lugar de epílogo
Bibliografía
Reseñas
Farmacia y sociedad
Juan Antonio Martínez de la Fe , 16/02/2026
Cien años del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Las Palmas
Ficha Técnica
Título: Farmacia y sociedad. Cien años del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Las Palmas
Coordinador de la edición: Juan José Laforet Hernández
Edita: Colegio Oficial de Farmacéuticos de Las Palmas, Las Palmas de Gran Canaria, 2025
Encuadernación: Tapa dura
Número de páginas: 128
Los libros institucionales son generalmente una herramienta de comunicación corporativa que sirve para fortalecer la imagen institucional, presentar la historia y evolución, mostrar proyectos, impacto y resultados, conmemorar aniversarios y servir como material protocolario o de relaciones públicas. Y este libro que presentamos es, inicialmente, un libro institucional. Pero va más allá: además de mostrar aspectos variados de su historia, incide, de manera especial, en la relación e inserción del colegio Oficial de Farmacéuticos de Las Palmas en la sociedad. Matiz importante.
Porque nuestras farmacias, en su infancia como boticas, hunden sus raíces en los primeros tiempos en que la sociedad insular comienza a estructurarse como tal. El nombre de farmacias y de sus responsables como farmacéuticos son de más reciente cuño. Boticas y boticarios son las denominaciones que figuran en sus registros bautismales.
Boticas y boticarios
No es extraño, pues, que en el siglo XVII figurara un profesional como emprendedor multifuncional: barbero, sangrador, cirujano y boticario. Desde luego, el boticario, como preparador y dispensador de remedios viene de mucho tiempo atrás; pero eso es otra historia. En España, no es hasta el siglo XIX cuando se establece académicamente la profesión farmacéutica; aun así, en 1779 se celebran en La Laguna exámenes de prácticas de boticario; pero en la vida diaria, el proceso de cambio de denominación no sigue las pautas institucionales, sino que se produce un proceso lento; aún hoy día no es raro encontrar a personas en medios rurales y de avanzada edad para quienes es la botica quien les facilita sus medicamentos.
Este libro nos permite acompañar a los primeros profesionales en Las Palmas de Gran Canaria, en Arrecife y en Puerto del Rosario. Y, para ampliar la información, nos facilita bibliografía suficiente para conocer la evolución de la medicina, los boticarios en la época de Viera y Clavijo así como biografías de farmacéuticos españoles.
Estas primeras farmacias no solo facilitaban remedios para los males diagnosticados por los médicos. Eran, también, lugares de reunión, donde se celebraban animadas tertulias, se leía la prensa y se debatía. Incluso, como ocurrió en las tres primeras farmacias capitalinas, que cada uno de ellas, a través de sus profesionales, estaban adscritas a tres diferentes tendencias políticas.
Pioneros
Conocemos así los nombres aquellos pioneros de los centros farmacéuticos que, como se ve, desde aquellos primeros momentos formaron parte íntima de la sociedad, traspasando los estrechos límites de la simple dispensación de medicamentos y preparados medicinales.
El tiempo transcurre, la población aumenta, la sociedad cambia. Y crecen las necesidades relacionadas con la salud de los habitantes de las islas y, así, el número de profesionales de la farmacia se incrementa notablemente. Y, como sucede en otros gremios, surge, casi espontáneamente, la necesidad de crear un colegio profesional que, no solo ayude a los ejercientes en sus cuestiones administrativas sino que, también, colabore con ellos en una constante formación.
El Colegio
Inicialmente, solo nació un único colegio para toda la región, en 1918, con sede en Tenerife; aunque no tardó mucho en percibirse la necesidad de un colegio específico para las islas orientales, dada la importancia de su crecimiento. Así, en 1923 se inician las gestiones que culminan con la aprobación del nuevo colegio en 1925.
De todo esto da cuenta pormenorizada este libro. Luego comienzan los avatares para conseguir un local propio. Inicialmente, lo comparte con el Colegio de Médicos, incluso el teléfono; luego se traslada a la calle San Bernardo y posteriormente a la entonces General Franco, hoy Primero de Mayo. El aumento de los servicios que tiene que prestar, tanto a los profesionales, como a la sociedad hace plantearse el nuevo edificio que hoy ocupa.
No es cuestión menor la elección de sede y su distribución, enfocada siempre en la doble dirección: profesionales y sociedad. No en vano es la casa de los farmacéuticos, el auténtico “yo” de la organización. También en este libro se informa pormenorizadamente sobre los diferentes locales que ocupó la organización colegial.
Pero interesa resaltar el enfoque social de la entidad; el enfoque profesional ya consta en sus propios estatutos y reglamentos. Son abundantes los actos dirigidos a la sociedad que, a lo largo de su ya centenaria existencia celebra el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Las Palmas. Sus salas han servido de lugar para celebrar conferencias culturales, así como eventos sociales. Ha sido el objeto de uno de los recorridos históricos que celebra la ciudad periódicamente, haciendo estaciones en las ubicaciones de las primeras farmacias abiertas en la isla; y, en la publicación de su Boletín, junto a las informaciones científicas y profesionales, no faltan artículos que superan el campo de su actividad para ofrecer útiles orientaciones a la ciudadanía: la situación de la vivienda, la alimentación, la creación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, la facultad de Bellas Artes, los canarios en la historia o una composición en homenaje al Guiniguada, así como notas sobre fitoterapia y la autonomía regional. Sin olvidar convenios suscritos con otros organismos, como la Junta de Cronistas Oficiales. No vive el Colegio de espaldas a las preocupaciones de la sociedad.
No faltan, como no podía ser de otra forma, la cita de los primeros establecimientos de farmacia en las islas de Lanzarote y Fuerteventura, con referencia de los primeros profesionales que allí se instalaron.
Otro aspecto de interés que se entrelee en la obra es la decidida vocación de los farmacéuticos a colaborar con los organismos oficiales de sanidad y otros colegios relacionados con la salud de la ciudadanía. Hay campos en los que su actividad, además de la cercanía, puede ayudar a aliviar las cargadas consultas de los médicos, entre otras cosas.
Es necesario recordar aquí, como recoge este libro, la importante aportación de la farmacéutica Elisa Álvarez Obaya, descubridora del fraude del metílico que tantas vidas segara en la década de los sesenta del pasado siglo. Su descubrimiento salvó de la muerte a habitantes, no solo de las islas, sino de todo el país, al provenir de unas bodegas instaladas en territorio peninsular.
Concluyendo
No podemos olvidar que se trata de un libro institucional, con lo que tanto su presentación como su contenido se dirigen fundamentalmente a la finalidad para la que se crean tales publicaciones. Pero, en este caso, hay aspectos a destacar que amplían generosamente los límites habituales en este tipo de obras.
Por una parte, encontramos una inmersión en lo que es la historia pequeña de unas localidades: Las Palmas de Gran Canaria, Arrecife y Puerto del Rosario. A través de ella, podemos profundizar en el conocimiento de la realidad social de estas ciudades a través de la fundación y desarrollo de sus establecimientos farmacéuticos, pues nos aportan información sobre el estado, más que de la sanidad en sí, de las posibilidades y medios con que contaban aquellos habitantes para acceder a ella. Sin dejar de lado, en muchos casos, su actividad como punto de encuentro y socialización de los vecinos.
También accedemos a conocer a los pioneros de la profesión y su aportación a la vida comunitaria.
Finalmente, se destaca la implicación del Colegio de Farmacéuticos en la actividad social y cultural del entorno en que desarrolla su actividad.
Evidentemente, para el no profesional de la farmacia algunos apartados del libro pueden no despertar tanto interés, tratándose asuntos propios de su organización y problemática. Pero para Ecualquier personas interesada en el resto de temas, resulta una grata lectura, tanto por su cuidada redacción como por la exquisita composición y presentación de las páginas que contiene.
Índice
Saludo institucional, por María Loreto Gómez Guedes
1. Precedentes de boticas en Gran Canaria
2. Farmacia y sociedad en Gran Canaria
3. Los primeros años del Colegio. 1925-1936
4. Las primeras mujeres farmacéuticas colegiadas
5. El Colegio, repercusión pública a partir de 1940
6. Los cronistas oficiales en el 90 aniversario
7. Farmacias centenarias en Arrecife
8. La primera farmacia de Fuerteventura. 1948
9. Las sedes sociales del Colegio
10. Farmacia y farmacéuticos de otros tiempos, vista por sus protagonistas
Título: Farmacia y sociedad. Cien años del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Las Palmas
Coordinador de la edición: Juan José Laforet Hernández
Edita: Colegio Oficial de Farmacéuticos de Las Palmas, Las Palmas de Gran Canaria, 2025
Encuadernación: Tapa dura
Número de páginas: 128
Los libros institucionales son generalmente una herramienta de comunicación corporativa que sirve para fortalecer la imagen institucional, presentar la historia y evolución, mostrar proyectos, impacto y resultados, conmemorar aniversarios y servir como material protocolario o de relaciones públicas. Y este libro que presentamos es, inicialmente, un libro institucional. Pero va más allá: además de mostrar aspectos variados de su historia, incide, de manera especial, en la relación e inserción del colegio Oficial de Farmacéuticos de Las Palmas en la sociedad. Matiz importante.
Porque nuestras farmacias, en su infancia como boticas, hunden sus raíces en los primeros tiempos en que la sociedad insular comienza a estructurarse como tal. El nombre de farmacias y de sus responsables como farmacéuticos son de más reciente cuño. Boticas y boticarios son las denominaciones que figuran en sus registros bautismales.
Boticas y boticarios
No es extraño, pues, que en el siglo XVII figurara un profesional como emprendedor multifuncional: barbero, sangrador, cirujano y boticario. Desde luego, el boticario, como preparador y dispensador de remedios viene de mucho tiempo atrás; pero eso es otra historia. En España, no es hasta el siglo XIX cuando se establece académicamente la profesión farmacéutica; aun así, en 1779 se celebran en La Laguna exámenes de prácticas de boticario; pero en la vida diaria, el proceso de cambio de denominación no sigue las pautas institucionales, sino que se produce un proceso lento; aún hoy día no es raro encontrar a personas en medios rurales y de avanzada edad para quienes es la botica quien les facilita sus medicamentos.
Este libro nos permite acompañar a los primeros profesionales en Las Palmas de Gran Canaria, en Arrecife y en Puerto del Rosario. Y, para ampliar la información, nos facilita bibliografía suficiente para conocer la evolución de la medicina, los boticarios en la época de Viera y Clavijo así como biografías de farmacéuticos españoles.
Estas primeras farmacias no solo facilitaban remedios para los males diagnosticados por los médicos. Eran, también, lugares de reunión, donde se celebraban animadas tertulias, se leía la prensa y se debatía. Incluso, como ocurrió en las tres primeras farmacias capitalinas, que cada uno de ellas, a través de sus profesionales, estaban adscritas a tres diferentes tendencias políticas.
Pioneros
Conocemos así los nombres aquellos pioneros de los centros farmacéuticos que, como se ve, desde aquellos primeros momentos formaron parte íntima de la sociedad, traspasando los estrechos límites de la simple dispensación de medicamentos y preparados medicinales.
El tiempo transcurre, la población aumenta, la sociedad cambia. Y crecen las necesidades relacionadas con la salud de los habitantes de las islas y, así, el número de profesionales de la farmacia se incrementa notablemente. Y, como sucede en otros gremios, surge, casi espontáneamente, la necesidad de crear un colegio profesional que, no solo ayude a los ejercientes en sus cuestiones administrativas sino que, también, colabore con ellos en una constante formación.
El Colegio
Inicialmente, solo nació un único colegio para toda la región, en 1918, con sede en Tenerife; aunque no tardó mucho en percibirse la necesidad de un colegio específico para las islas orientales, dada la importancia de su crecimiento. Así, en 1923 se inician las gestiones que culminan con la aprobación del nuevo colegio en 1925.
De todo esto da cuenta pormenorizada este libro. Luego comienzan los avatares para conseguir un local propio. Inicialmente, lo comparte con el Colegio de Médicos, incluso el teléfono; luego se traslada a la calle San Bernardo y posteriormente a la entonces General Franco, hoy Primero de Mayo. El aumento de los servicios que tiene que prestar, tanto a los profesionales, como a la sociedad hace plantearse el nuevo edificio que hoy ocupa.
No es cuestión menor la elección de sede y su distribución, enfocada siempre en la doble dirección: profesionales y sociedad. No en vano es la casa de los farmacéuticos, el auténtico “yo” de la organización. También en este libro se informa pormenorizadamente sobre los diferentes locales que ocupó la organización colegial.
Pero interesa resaltar el enfoque social de la entidad; el enfoque profesional ya consta en sus propios estatutos y reglamentos. Son abundantes los actos dirigidos a la sociedad que, a lo largo de su ya centenaria existencia celebra el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Las Palmas. Sus salas han servido de lugar para celebrar conferencias culturales, así como eventos sociales. Ha sido el objeto de uno de los recorridos históricos que celebra la ciudad periódicamente, haciendo estaciones en las ubicaciones de las primeras farmacias abiertas en la isla; y, en la publicación de su Boletín, junto a las informaciones científicas y profesionales, no faltan artículos que superan el campo de su actividad para ofrecer útiles orientaciones a la ciudadanía: la situación de la vivienda, la alimentación, la creación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, la facultad de Bellas Artes, los canarios en la historia o una composición en homenaje al Guiniguada, así como notas sobre fitoterapia y la autonomía regional. Sin olvidar convenios suscritos con otros organismos, como la Junta de Cronistas Oficiales. No vive el Colegio de espaldas a las preocupaciones de la sociedad.
No faltan, como no podía ser de otra forma, la cita de los primeros establecimientos de farmacia en las islas de Lanzarote y Fuerteventura, con referencia de los primeros profesionales que allí se instalaron.
Otro aspecto de interés que se entrelee en la obra es la decidida vocación de los farmacéuticos a colaborar con los organismos oficiales de sanidad y otros colegios relacionados con la salud de la ciudadanía. Hay campos en los que su actividad, además de la cercanía, puede ayudar a aliviar las cargadas consultas de los médicos, entre otras cosas.
Es necesario recordar aquí, como recoge este libro, la importante aportación de la farmacéutica Elisa Álvarez Obaya, descubridora del fraude del metílico que tantas vidas segara en la década de los sesenta del pasado siglo. Su descubrimiento salvó de la muerte a habitantes, no solo de las islas, sino de todo el país, al provenir de unas bodegas instaladas en territorio peninsular.
Concluyendo
No podemos olvidar que se trata de un libro institucional, con lo que tanto su presentación como su contenido se dirigen fundamentalmente a la finalidad para la que se crean tales publicaciones. Pero, en este caso, hay aspectos a destacar que amplían generosamente los límites habituales en este tipo de obras.
Por una parte, encontramos una inmersión en lo que es la historia pequeña de unas localidades: Las Palmas de Gran Canaria, Arrecife y Puerto del Rosario. A través de ella, podemos profundizar en el conocimiento de la realidad social de estas ciudades a través de la fundación y desarrollo de sus establecimientos farmacéuticos, pues nos aportan información sobre el estado, más que de la sanidad en sí, de las posibilidades y medios con que contaban aquellos habitantes para acceder a ella. Sin dejar de lado, en muchos casos, su actividad como punto de encuentro y socialización de los vecinos.
También accedemos a conocer a los pioneros de la profesión y su aportación a la vida comunitaria.
Finalmente, se destaca la implicación del Colegio de Farmacéuticos en la actividad social y cultural del entorno en que desarrolla su actividad.
Evidentemente, para el no profesional de la farmacia algunos apartados del libro pueden no despertar tanto interés, tratándose asuntos propios de su organización y problemática. Pero para Ecualquier personas interesada en el resto de temas, resulta una grata lectura, tanto por su cuidada redacción como por la exquisita composición y presentación de las páginas que contiene.
Índice
Saludo institucional, por María Loreto Gómez Guedes
1. Precedentes de boticas en Gran Canaria
2. Farmacia y sociedad en Gran Canaria
3. Los primeros años del Colegio. 1925-1936
4. Las primeras mujeres farmacéuticas colegiadas
5. El Colegio, repercusión pública a partir de 1940
6. Los cronistas oficiales en el 90 aniversario
7. Farmacias centenarias en Arrecife
8. La primera farmacia de Fuerteventura. 1948
9. Las sedes sociales del Colegio
10. Farmacia y farmacéuticos de otros tiempos, vista por sus protagonistas
Reseñas
El temor de morir
Juan Antonio Martínez de la Fe , 15/01/2026
Ficha Técnica
Título: El temor de morir
Autor: Juan-Manuel García Ramos
Edita: Mercurio Editorial, Madrid, 2025
Colección: Mercurio
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 98
ISBN: 979-13-87704-85-8
Precio: 10,40 euros
“Templo de verdad es el que miras, no desoigas la voz con que te advierte que todo es ilusión menos la muerte”. Texto que recibe al visitante que se acerca al cementerio municipal de Las Palmas de Gran Canaria, en Vegueta. Esa es la realidad aunque vivamos de espaldas a ella.
Y a esta realidad se acerca Juan-Manuel García Ramos en una obra cuyo título despierta diversas cuestiones sobre su significado. ¿Es un tratado religioso, metafísico, antropológico, …? Lo cierto es que se trata de una reflexión personal que puede abarcar todos estos aspectos.
Desde luego, ya en la Introducción nos habla de ese temor generalizado a enfrentarnos con el último acto de nuestra vida y, quizás, el primero de otra realidad. Afirma que la creación de las religiones responde a la necesidad de mitigar ese temor, ese miedo a morir.
Experiencias cercanas a la muerte
Sin embargo, a su juicio, ninguna religión ha conseguido satisfacer esa necesidad. Pero tampoco la ciencia es ajena a ese objetivo, al menos la ciencia concebida en generoso sentido; hasta ahora, la mayor aproximación a ese nuevo momento tras el óbito, lo ofrecen las llamadas experiencias cercanas a la muerte, algunos de cuyos analistas se columpian entre la física y la metafísica, aventura siempre peligrosa y, tal vez, engañosa.
Por la obra circulan personajes que han alimentado las lecturas y reflexiones del autor. Por supuesto, el doctor Sans Segarra, Alain e, incluso, Sócrates cuya influencia afirma reconocer en el Nuevo Testamento.
Supraconciencia
García Ramos va más allá de las experiencias cercanas a la muerte: nos abre las puertas hacia una supraconciencia que presenta novedosas ramificaciones, como las premoniciones (narra el caso de su abuelo, el zahorí del Valbanera, que previó el naufragio trágico de este navío) o la existencia del amor, más allá de la muerte, cuando la presencia del ausente ser amado es constante manteniendo el vínculo que unió a la pareja en vida.
Tras una rápida ojeada a los deseos cumplidos de que alguien se muera, nos traslada el autor al hecho de comerciar con la muerte, con incursión en Cien años de soledad, cuando Amaranta Buendía trata con ella: “Tanto Amaranta como Melquiades no sienten temor alguno ante la inmediatez de sus muertes. Solo se dedican a administrar esa marcha con meticulosidad oficinesca”.
Vida después de la vida
La creencia en una vida tras la muerte no es nada novedosa, como lo demuestran los ritos y procedimientos funerarios ya conocidos en diferentes momentos de la historia, como es el caso de la momificación, que “viene a demostrar los esfuerzos de muchas culturas por no considerar la muerte como un fin definitivo de la existencia de sus miembros y para idear supervivencias que alivien el temor de morir con el que otras sociedades se enfrentan y padecen”.
Recomienda, como hace a lo largo de esta deliciosa obra, la lectura de alguna novela y, ahora, le toca el turno a Lincoln en el bardo, de Georges Saunders, en la que se narra magistralmente la no aceptación por parte de Abraham Lincoln de la muerte de su hijo motivada por unas fiebres tifoideas. Tema que tiene continuación en el capítulo El temor de sufrir. Los hijos, literatura y dolor. Se agavillan en él diferentes obras de la literatura universal sobre la innegable relación entre padres e hijos cuando la muerte obliga a una separación física.
¿Inmortalidad?
¿Y qué decir de la inmortalidad? Nos recuerda las palabras de Borges cuando provocaba diciendo a sus interlocutores que peor que desearle a uno la muerte era desearle la inmortalidad. Desde luego, su escrito El inmortal, incluido en su ahora sí inmortal El Aleph, figura como uno de los más macabros en relación con la posibilidad de una supravivencia eterna al estilo de muchas creencias, especialmente orientales.
Lo que actualmente está sobre la mesa es lo relacionado con el transhumanismo, la posibilidad de prolongar la vida mediante el uso de la tecnología cada vez más avanzada. El miedo a morir nos lleva a intentar superar nuestro tiempo como vivientes con el horizonte de alcanzar, prácticamente, una vida casi sin límite. Las reflexiones de Viktor E. Frankl y Mircea Eliade que nos aporta García Ramos son una invitación a acercarnos a este asunto que merecen una especial atención; se cierran con la cita de Karen Blixen: “Mientras la ciencia médica no nos asegure seguir entre los vivos de este mundo, resignémonos a compartir la experiencia de la muerte sosegada de Sócrates, tan bien recuperada por las palabras de Blixen imaginada por Lawrence Durrel”.
Réquiems
Y, junto a la literatura, la música. Mozart, Fauré, Brahms, Berlioz, Tomás Luis de Victoria… Sus réquiems pretenden ser un lenitivo para nuestro dolor por lo que nos hace sufrir por la partida de alguien querido.
En el capítulo que titula Ensayo final, García Ramos resume magistralmente el contenido de su ensayo. Nos queda, tras el tránsito final, “una irradiación de energía”, una supraconciencia o conciencia sutil en el ámbito cósmico; “una energía que nos permite una comunicación recíproca con ese ser desaparecido de nuestra vecindad física”.
El final es, cuando menos, consolador, en palabras, de Juan-Manuel García Ramos: “nada nos impedirá seguir creyendo que no desaparecemos del todo cuando morimos y que quedamos en un suspenso dialogante que muchas personas han podido comprobar y transmitirnos”.
Concluyendo
Es este un libro delicioso. En un estilo muy cuidado y cercano, el autor nos lleva de la mano, una mano muy afectuosa, por un recorrido acerca de la muerte según la visión y experiencias de personas y autores que han abordado el tema desde diferentes perspectivas.
Su reflexión personal se va perfilando a lo largo de las páginas, para desembocar en las palabras recogidas más arriba. Una reflexión que no es gratuita, sino que cuenta con el apoyo de las brillantes mentes que cita.
Si algo hay que decir para concluir es que el lector, cuando pasa la última página, seguramente comente que siente la pena de que el libro se haya terminado, que es muy corto; tal es el excelente sabor de boca que nos deja.
Índice
I.
Introducción
II.
El viaje y la muerte
Desear la muerte de alguien y que se cumpla
La muerte gestionada
Preservar el cuerpo tras la muerte
Lincoln en el bardo
El temor de sufrir. Los hijos, literatura y dolor
El bardo de Saunders y la Comala de Rulfo
La terrible inmortalidad
La búsqueda de la inmortalidad física
“He cenado con Sócrates”
Réquiems
Ensayo final
Índice onomástico
Título: El temor de morir
Autor: Juan-Manuel García Ramos
Edita: Mercurio Editorial, Madrid, 2025
Colección: Mercurio
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 98
ISBN: 979-13-87704-85-8
Precio: 10,40 euros
“Templo de verdad es el que miras, no desoigas la voz con que te advierte que todo es ilusión menos la muerte”. Texto que recibe al visitante que se acerca al cementerio municipal de Las Palmas de Gran Canaria, en Vegueta. Esa es la realidad aunque vivamos de espaldas a ella.
Y a esta realidad se acerca Juan-Manuel García Ramos en una obra cuyo título despierta diversas cuestiones sobre su significado. ¿Es un tratado religioso, metafísico, antropológico, …? Lo cierto es que se trata de una reflexión personal que puede abarcar todos estos aspectos.
Desde luego, ya en la Introducción nos habla de ese temor generalizado a enfrentarnos con el último acto de nuestra vida y, quizás, el primero de otra realidad. Afirma que la creación de las religiones responde a la necesidad de mitigar ese temor, ese miedo a morir.
Experiencias cercanas a la muerte
Sin embargo, a su juicio, ninguna religión ha conseguido satisfacer esa necesidad. Pero tampoco la ciencia es ajena a ese objetivo, al menos la ciencia concebida en generoso sentido; hasta ahora, la mayor aproximación a ese nuevo momento tras el óbito, lo ofrecen las llamadas experiencias cercanas a la muerte, algunos de cuyos analistas se columpian entre la física y la metafísica, aventura siempre peligrosa y, tal vez, engañosa.
Por la obra circulan personajes que han alimentado las lecturas y reflexiones del autor. Por supuesto, el doctor Sans Segarra, Alain e, incluso, Sócrates cuya influencia afirma reconocer en el Nuevo Testamento.
Supraconciencia
García Ramos va más allá de las experiencias cercanas a la muerte: nos abre las puertas hacia una supraconciencia que presenta novedosas ramificaciones, como las premoniciones (narra el caso de su abuelo, el zahorí del Valbanera, que previó el naufragio trágico de este navío) o la existencia del amor, más allá de la muerte, cuando la presencia del ausente ser amado es constante manteniendo el vínculo que unió a la pareja en vida.
Tras una rápida ojeada a los deseos cumplidos de que alguien se muera, nos traslada el autor al hecho de comerciar con la muerte, con incursión en Cien años de soledad, cuando Amaranta Buendía trata con ella: “Tanto Amaranta como Melquiades no sienten temor alguno ante la inmediatez de sus muertes. Solo se dedican a administrar esa marcha con meticulosidad oficinesca”.
Vida después de la vida
La creencia en una vida tras la muerte no es nada novedosa, como lo demuestran los ritos y procedimientos funerarios ya conocidos en diferentes momentos de la historia, como es el caso de la momificación, que “viene a demostrar los esfuerzos de muchas culturas por no considerar la muerte como un fin definitivo de la existencia de sus miembros y para idear supervivencias que alivien el temor de morir con el que otras sociedades se enfrentan y padecen”.
Recomienda, como hace a lo largo de esta deliciosa obra, la lectura de alguna novela y, ahora, le toca el turno a Lincoln en el bardo, de Georges Saunders, en la que se narra magistralmente la no aceptación por parte de Abraham Lincoln de la muerte de su hijo motivada por unas fiebres tifoideas. Tema que tiene continuación en el capítulo El temor de sufrir. Los hijos, literatura y dolor. Se agavillan en él diferentes obras de la literatura universal sobre la innegable relación entre padres e hijos cuando la muerte obliga a una separación física.
¿Inmortalidad?
¿Y qué decir de la inmortalidad? Nos recuerda las palabras de Borges cuando provocaba diciendo a sus interlocutores que peor que desearle a uno la muerte era desearle la inmortalidad. Desde luego, su escrito El inmortal, incluido en su ahora sí inmortal El Aleph, figura como uno de los más macabros en relación con la posibilidad de una supravivencia eterna al estilo de muchas creencias, especialmente orientales.
Lo que actualmente está sobre la mesa es lo relacionado con el transhumanismo, la posibilidad de prolongar la vida mediante el uso de la tecnología cada vez más avanzada. El miedo a morir nos lleva a intentar superar nuestro tiempo como vivientes con el horizonte de alcanzar, prácticamente, una vida casi sin límite. Las reflexiones de Viktor E. Frankl y Mircea Eliade que nos aporta García Ramos son una invitación a acercarnos a este asunto que merecen una especial atención; se cierran con la cita de Karen Blixen: “Mientras la ciencia médica no nos asegure seguir entre los vivos de este mundo, resignémonos a compartir la experiencia de la muerte sosegada de Sócrates, tan bien recuperada por las palabras de Blixen imaginada por Lawrence Durrel”.
Réquiems
Y, junto a la literatura, la música. Mozart, Fauré, Brahms, Berlioz, Tomás Luis de Victoria… Sus réquiems pretenden ser un lenitivo para nuestro dolor por lo que nos hace sufrir por la partida de alguien querido.
En el capítulo que titula Ensayo final, García Ramos resume magistralmente el contenido de su ensayo. Nos queda, tras el tránsito final, “una irradiación de energía”, una supraconciencia o conciencia sutil en el ámbito cósmico; “una energía que nos permite una comunicación recíproca con ese ser desaparecido de nuestra vecindad física”.
El final es, cuando menos, consolador, en palabras, de Juan-Manuel García Ramos: “nada nos impedirá seguir creyendo que no desaparecemos del todo cuando morimos y que quedamos en un suspenso dialogante que muchas personas han podido comprobar y transmitirnos”.
Concluyendo
Es este un libro delicioso. En un estilo muy cuidado y cercano, el autor nos lleva de la mano, una mano muy afectuosa, por un recorrido acerca de la muerte según la visión y experiencias de personas y autores que han abordado el tema desde diferentes perspectivas.
Su reflexión personal se va perfilando a lo largo de las páginas, para desembocar en las palabras recogidas más arriba. Una reflexión que no es gratuita, sino que cuenta con el apoyo de las brillantes mentes que cita.
Si algo hay que decir para concluir es que el lector, cuando pasa la última página, seguramente comente que siente la pena de que el libro se haya terminado, que es muy corto; tal es el excelente sabor de boca que nos deja.
Índice
I.
Introducción
II.
El viaje y la muerte
Desear la muerte de alguien y que se cumpla
La muerte gestionada
Preservar el cuerpo tras la muerte
Lincoln en el bardo
El temor de sufrir. Los hijos, literatura y dolor
El bardo de Saunders y la Comala de Rulfo
La terrible inmortalidad
La búsqueda de la inmortalidad física
“He cenado con Sócrates”
Réquiems
Ensayo final
Índice onomástico
Redacción T21
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Tendencias 21 (Madrid). ISSN 2174-6850












