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RESEÑAS

Reseñas

El animal que somos. Una nueva historia de lo que significa ser humano Juan Antonio Martínez de la Fe , 21/07/2021
El animal que somos. Una nueva historia de lo que significa ser humano
Ficha Técnica

Título: El animal que somos. Una nueva historia de lo que significa ser humano
Autora: Melanie Challenger
Edita: Roca Editorial, Barcelona, 2021
Traducción: Ana Herrera
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 270
ISBN: 978-84-17805-93-7
Precio: 18,90 euros

Un título transparente el que ocupa la cubierta de este libro: no oculta ni disimula su propuesta, recordarnos que, nos guste o no nos guste, somos animales. Un subtítulo matiza y completa el sentido de este ensayo: Una nueva historia de lo que significa ser humano.

No sería extraño cuestionarnos si, en la época en que hablamos de inteligencia artificial, de las capacidades de nuestro cerebro, de la posibilidad de la trascendencia, tiene sentido volver la vista hacia nuestras raíces, nuestras humildes raíces. Melanie Challenger piensa que sí, que sí tiene sentido. Es más: considera que es necesario para situarnos correctamente en el lugar que nos corresponde en el universo.

Nada más abrir la primera página del libro, nos encontramos con esta frase de la autora: “Actualmente, el mundo está dominado por un animal que no cree ser un animal. Y el futuro lo imagina un animal que no quiere ser animal”. Existe, pues, un problema: que no sabemos cómo comportarnos correctamente ante la vida.

Hay concepciones ampliamente extendidas que nos indican que los humanos no somos animales, sino que somos criaturas con un alma; es decir, que tenemos un cuerpo animal que nos hace sangrar y envejecer y, por otro lado, está la parte que parece proceder de nuestra inteligencia y conciencia propia, nuestro espíritu. Así las cosas, podemos creer que ya hemos dejado atrás el ser un animal, pero la verdad es que somos una colonia de energía pensante y sintiente, envuelta en “una carne delicada que se eriza cuando tiene frío o cuando estamos enamorados”.

¿El centro del Universo?

Este olvido de nuestro ser animal nos ha llevado a pensar que somos el centro del universo, nada más y nada menos que una imago Dei, una imagen de Dios. Situarnos en nuestra auténtica realidad es el objetivo que plantea Melanie Challenger en este libro: “un intento de entender qué tipo de ser somos. […] Es una invitación para tener en cuenta de nuevo la maravilla que representa ser un animal”.

¿Tenemos los humanos delirios de grandeza? Algo en esta línea es lo que apunta la autora. Pensar que somos una especie privilegiada en la naturaleza, nos ha dado la convicción de que el resto de seres vivos no son dignos de ser considerados sujetos de derechos, que se trata de niveles de vida inferiores incapaces de sentimientos, de moralidad, de conciencia.

Sin embargo, somos seres con una enorme capacidad de destrucción que puede oscurecer cualquier atisbo de superioridad que nos irroguemos, incluida la noción de trascendencia que nos planteamos. Naturalmente, resulta agradable pensar que solo las tendencias humanas tienen estatus moral, pero es algo que no tiene fácil encaje con el hecho de que somos animales.

Ni tan siquiera la idea de que la evolución se ha encaminado para culminar en el ser humano puede sostenerse con fundamento. Ni la larga historia de la búsqueda del alma puede cimentarla de manera irrefutable. Cada día nacen nuevas pruebas, según la autora, de que los animales tienen sentimientos y objetivos, que llevan unas vidas plenas y complejas que implican sentimientos y control mental; lo que supone superar esa línea divisoria que instituimos para afianzar nuestra diferencia con ellos y nuestra superioridad como especie única. Sin embargo, todo lo que hacemos, lo hacemos como animales, aunque nos justifiquemos como humanos.

En este primer apartado de su libro, la autora hace un amplio recorrido por conceptos tales como la dignidad, el humanismo, la evolución, los sentimientos, la vida, mostrando y demostrando nuestras raíces materiales que compartimos con el resto de seres vivos, concluyendo que “ya no somos individuos milagrosos, sino un poco de materia que se puede seleccionar, alterar y usar para objetivos no previstos”.

La consciencia y los otros

En un paso más, nos introduce en lo que parece constituirnos como seres especiales: la mente. Empieza así: “Se ha asumido desde hace siglos que lo que hace especiales a los humanos es nuestro don del pensamiento. Sin embargo, ni sabemos ni nos ponemos de acuerdo sobre lo que es ‘pensamiento’ o ‘inteligencia’ o ‘conciencia’”, siendo como son la base para sustentar nuestra sensación del yo, justamente, la esencia de lo que somos.

Pero hay más. Lo que parece definirnos como humanos es que tenemos relaciones sociales, que no solo nos conocemos a nosotros mismos, sino que tan importante como esto es que dependemos también de conocer a los demás; y que estas relaciones pueden cambiar rápidamente. Pues no hay que olvidar que “las personas no solo se mienten unas a otras, sino que se mienten a sí mismas para mentir mejor a las demás”.

Pese a ese tránsito de pensar en un yo a un nosotros, tan necesario como especie, la autora afirma que no somos consecuencia de la cooperación ni que, como colección de individuos, seamos un supraorganismo, afirmación esta última que encontraría detractores. Para ella, más que seres definidos por una cooperación per se, tenemos más una versatilidad cooperativa.

Ser persona

Por supuesto, estas ideas dan pie a Challenger para aventurarse en la cuestión del valor intrínseco de la persona frente a considerarla como un medio o forma indirecta para defenderse de quienes son competidores. Recorre para ello los planteamientos de pensadores como Kant, Livingstone Smith, etc. También hace incursión en el papel que desempeña nuestro cerebro en la experiencia consciente o en la oportunidad de dar sentido a nuestra vida, conciencia que también atribuye a los animales a cuya existencia igualmente dota de sentido.

Ocupan a la autora las cuestiones que plantea la inteligencia artificial, al ser capaces de crear algo que puede superarnos. Y “para salvarnos de una inteligencia superior que tememos que nos vea y nos trate como nosotros hemos tratado a los otros animales, nos dicen que nos convirtamos en máquinas nosotros mismos”. Podemos preguntarnos, en esta tesitura, que, si una persona es una sustancia mental, ya sea alma o res cogitans, o un fragmente de código de ordenador, entonces, bajo determinadas circunstancias, cualquier cosa podría ser una persona.

¿Miedo a ser animales?

Unas palabras de Emil Cioran encabezan el siguiente apartado del libro: “Mientras todos los seres tienen su lugar en la naturaleza, el hombre sigue siendo una criatura metafísica extraviada, perdida en la vida, un extraño para la creación”, palabras estas últimas que titulan el capítulo.

Ser animal asusta. Así de escueta se manifiesta Melanie Challenger. Ser animal asusta. Porque la conciencia de estar a merced de los actos hostiles del mundo que nos rodea ejerce una fuerte influencia en nuestras vidas. Y ocurre que, cuando identificamos un peligro en una fracción de segundo y de manera inconsciente, nuestro cerebro construye una narrativa consciente para dar sentido a ese miedo que nos provoca.

Y una manera de ejercer nuestra defensa es la vida en grupo, de manera que, juntos, podamos dominar las amenazas. Las conductas altruistas como acción colectiva benefician a la colonia, al grupo. Algo que podemos contemplar en la naturaleza, en el comportamiento de muchos animales. Lo que ocurre es que, mientras estos buscan superar las amenazas, los humanos tendemos a defendernos de las amenazas que sufren las ideas que usamos para superar las amenazas.

Es evidente que una determinada visión del mundo puede conducir a una sensación de peligro que nos puede conducir a un sistema de creencias que nos ayude a superarla. Y esas creencias ocasionarían que podamos asegurarnos que somos seres vivos únicos y superiores, aunque la realidad de lo que somos contradice lo que nos decimos a nosotros mismos que somos.

Una constancia de nuestra realidad animal es la muerte que nos aguarda a todos. Algo que, indudablemente, nos crea una angustia existencial y la suposición de una falta de sentido para nuestra vida. Y así vemos cómo en muchas culturas se usan los sistemas de creencias en un sentido de la vida para poder manejar los temores existenciales. Pero no solo la muerte nos impone nuestra realidad animal; también hay que tener en cuenta el cómo nacemos.

Junto a la realidad de la muerte se está imponiendo la idea de la extinción de nuestra especie, sustrayéndonos a lo que ocurre con las demás de los animales. Son muchos los que están convencidos de que no hay un punto final para la humanidad; y si nuestro planeta está abocado a esa extinción, se buscan soluciones fuera de él, en otros planetas del universo. Quizás tengamos más posibilidades de solucionar la pobreza que crear otra Tierra en algún sitio, lugar al que tendríamos que llevar nuestra manera de realizarnos. Y es llegada la hora de mirar a la naturaleza y a los animales y seres vivos que la habitan como entes a los que debemos empatía por todo lo que compartimos con ellos.

Somos polvo de estrella

Si volvemos la vista atrás, a nuestros orígenes, veremos que llegamos a la existencia a partir de la muerte de una estrella; y, llegado el momento, también nuestra estrella morirá. En realidad, somos “un fragmento de espacio vacío y de electricidad antigua, una cantidad inimaginable de átomos que llevan protones y neutrones y electrones que dan volteretas”; somos, en definitiva, primates con un cerebro que posee enormes cantidades de células nerviosas unidas entre sí formando un complejo grande, del cual, de alguna manera surgen nuestros procesos de pensamiento; al menos, así lo entiende Melanie Challenger.

Y aclara su postura: “Eso no significa que debamos ver la vida humana como algo sin sentido. Pensar que uno es excepcional es distinto de pensar que nuestras vidas no tienen sentido. Existen muchos motivos para creer que esa sensación de creernos trascendentes es algo de lo que podemos prescindir. Sin embargo, el peso del ser humano en el mundo es más algo psicológico que cualquier otra cosa”. Con independencia de que puede ser una postura no compartida, no cabe duda de la suficiente solidez de sus planteamientos.

Un Colofón cierra este estudio de Melanie Challenger. Plantea en él algunas cuestiones que invitan a la reflexión: ¿qué ganaríamos si no fuéramos animales? ¿Qué ganamos con ser animales? Ser una persona, nos dice, es realmente un recuerdo de ser un animal, aunque olvidamos que ser una persona y un animal son la misma cosa.

Concluyendo

Melanie Challenger nos ofrece en esta obra un excelente trabajo, de robusto rigor científico, revestido de un lenguaje muy asequible que hacen de ella una delicia de lectura, en ocasiones apasionante. Nos sitúa en el lugar exacto que ocupamos en la naturaleza, mostrándonos nuestro lado compartido con el resto de los animales que la habitan, a la vez que destaca las virtudes y privilegios de esa situación. El hecho de tener consciencia, de ser conscientes de nuestro yo, de tener sentimientos e, incluso, sentido de trascendencia no nos hace diferir de los animales que comparten el planeta, ya que todos poseemos idéntica base.

Esta situación nuestra como animales nos ha de llevar a devolverles la dignidad y el valor que tienen, abandonando la idea de que podemos hacer uso de ellos a nuestro antojo, con total desprecio a su auténtica valía. Y, al igual que ellos, aprender a respetar y cuidar nuestro común cobijo, la tierra y la naturaleza.

Otros muchos temas de apasionante interés son abordados en esta obra, como puede ser la evolución, su sentido y significado; la trascendencia o la inmanencia; comentarios sobre muchos ejemplos de la vida animal, aportados por la autora, que indican nuestro parecido a su forma de actuar; … El libro tiene todos los merecimientos para ser leído y disfrutado.

Es evidente que, partiendo de estas premisas, las conclusiones a las que llega la autora y que trascienden esa nuestra realidad animal, no son compartidas por todas las corrientes del pensamiento. Es cierto. Para también lo es que el razonamiento de Challenger es muy consistente y da muestras de la humildad que adorna al auténtico científico, siendo consciente de los límites a los que alcanza su ciencia.

En definitiva, se trata de un libro que hay que tener muy presente; su lectura es una invitación a la reflexión y nos sitúa en una excelente plataforma desde la que poder abordar cualquier postulado sobre nuestra realidad de seres humanos.

Índice

El sello indeleble
Delirios de grandeza
La guerra civil de la mente
Un extraño para la creación
El viaje diario de las estrellas
Colofón: Sobre el encanto de ser animal

Bibliografía
Agradecimientos
Lista de ilustraciones
Índice onomástico





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21/07/2021 Comentarios




 Ficha técnica

Autora: Myrtha B. Casanova
Prólogo: Mª Jesús Prieto-Laffarge
ISBN: 9788418757044
PÁGINAS: 200
PUBLICACIÓN: Junio 2021
Formato: Papel y ebook
PVP: 21,90 euros
e-book: 9,99 euros
#ElPoderDeLaDiferencia



La obra
 
¿Qué significa realmente la diversidad en la gestión de empresas e instituciones? ¿De qué hablamos cuando nos referimos a la diversidad y a su poder para mover el mundo?
 
La diversidad «es la propia naturaleza de la humanidad» y «su gestión es un factor crítico para el progreso, un recurso que debe ser parte fundamental de una estrategia enfocada a la creación de un desarrollo inclusivo que comporte beneficios sociales y económicos». Este es el punto de partida de El poder de la diferencia, un libro en el que Myrtha B. Casanova analiza el concepto de la diversidad, su evolución, el coste de la no inclusión y cómo la están gestionando empresas de referencia.
 
El poder de la diferencia sugiere un modelo para la implementación corporativa de la gestión de la diversidad y la inclusión (D&I) sirviendo de hoja de ruta y recordatorio del proceso que conviene seguir a lo largo de su implemen-tación.

Gestión de la Diversidad y la Inclusión (D&I) en 15 pasos
 
  • Estrategia global corporativa: Las organizaciones tienen que mantener un fuerte compromiso en la creación de una fuerza laboral diversa sobre la cual basar la estrategia de sostenibilidad.  
  • Compromiso corporativo: La gestión de la diversidad en las organizaciones es un compromiso que asume la dirección de la empresa y que afecta al comportamiento de su conjunto.  
  • Sensibilización: Una actividad continua del líder de diversidad es la de implementar programas de sensibili-zación hacia la inclusión de personas con perfiles diversos de forma transversal en toda la organización.  
  • Comunicación: La comunicación interna es una constante que se debe gestionar creando canales de comu-nicación abiertos para todos los miembros de la organización donde tratar temas de interés general y de desarrollo personal. 
  • Fuerza laboral diversa: La tarea prioritaria de una organización debe ser la de analizar en toda su dimensión los perfiles del total de los componentes de la fuerza laboral para entonces evaluar si el perfil de su plantilla refleja el perfil de sus socios inmediatos.  
  • Inclusión: Gestionar la inclusión es una función básica y continua del equipo a cargo de potenciar el factor humano de la empresa.  
  • Compensación: Reconocer, no solo de forma monetaria, la contribución de los empleados tiene un gran va-lor; representa la diferencia entre el trabajo rutinario y el trabajo participativo.  
  • Innovación: La innovación es causa directa de la diversidad de perfiles y debe ser una actividad continua en toda la cadena.  
  • Gestión del tiempo como recurso: Es imprescindible plantearse cómo mejorar el rendimiento de los emplea-dos para garantizar una cuenta de resultados sostenible hacia el futuro.
  • Inteligencia artificial: Sustituir a las personas en trabajos repetitivos obliga el desarrollo de capacidades pro-fesionales diversas y de calidad en nuevas áreas para promover una vida laboral en el futuro y que las empre-sas puedan contar con el talento que les permita mantener una posición competitiva en los nuevos mercados.
  • Diferentes formas de trabajo: Deben implantarse sistemas de trabajo que permitan a las personas gestionar sus tiempos y poder cumplir con sus compromisos laborales, personales y familiares.
  • Emponderando la diferencia: Hay que buscar las necesidades comunes de la mayoría de los integrantes y crear un entorno inclusivo que permita a todo el colectivo rendir con máxima eficacia.
  • Inclusión: Las paredes no son los límites de la empresa. Un macroobjetivo es fomentar el sentido de perte-nencia de los clientes, proveedores, administraciones, agentes sociales y económicos en general.
  • Medir y evaluar: La aplicación de este principio garantiza la eficacia financiera y social con la que se imple-mentan los proyectos en todos los ámbitos de la empresa.
  • Costes de la no inclusión: Los costes de la no gestión de la inclusión de la diversidad son inadmisibles para una organización que quiera mantener una posición sostenible y de liderazgo en los entornos convulsos y cambiantes de este siglo.

Este libro es el fruto de la experiencia acumulada durante más de 40 años dedicados al estudio e implementación de políticas de inclusión y diversidad a niveles global. A lo largo de sus páginas encontrarás referencias y ejemplos de buenas prácticas llevadas a cabo por empresas como Google, Twitter, IBM, Nestlé o Sodexo en otras muchas.

 
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02/07/2021 Comentarios




Reseñas

La apuesta de Dios. (La aporía del mal y el mito de Job) Juan Antonio Martínez de la Fe , 22/06/2021
La apuesta de Dios. (La aporía del mal y el mito de Job)
Ficha Técnica

Título: La apuesta de Dios (La aporía del mal y el mito de Job)
Autor: José Antonio Gómez Marín
Edita: Editorial Renacimiento, Sevilla, 2021
Colección: Los Cuatro Vientos
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 320
ISBN: 978-84-18387-72-2
Precio: 20,81 euros

“El concepto del Mal es huidizo y sobre él los grandes pensadores apenas han aventurado más que improvisaciones teóricas”. Estas palabras del libro que se comenta pueden bien constituir la síntesis apretada de su contenido. El Mal, lo malo, el dolor, el sufrimiento, constituye un problema que viene oprimiendo a la humanidad a lo largo de los siglos. Se han intentado respuestas, especialmente desde el ámbito de las religiones, pero sin un éxito definitivo, sin una solución que sea incuestionablemente aceptada.

“Se trata, pues, de una preocupación, no poco obsesiva, que no desmaya siquiera ante la evidencia de su fracaso final”. Pese a ello, José Antonio Gómez Marín, haciendo gala de una extraordinaria erudición, nos ofrece en esta obra una aproximación al tema, brindando las conclusiones a que han llegado pensadores y filósofos a través de siglos de historia. Su opinión personal, tímidamente desvelada en algunos momentos, no se nos muestra como una aportación a la discusión por decisión del autor que, humildemente, piensa que poco puede aportar. Pese a ello, no da por concluido su compromiso con el tema.

Búsqueda de una definición

Naturalmente, las primeras secciones del libro tratan de aproximarnos a una definición del concepto de Mal. Parte de la base de que el Mal es irracional y, en consecuencia, los problemas relacionados con él carecen de una respuesta intelectual, por lo que resiste a cualquier intento de comprensión.

¿Tiene entidad el Mal, es ontológicamente real? Negarle entidad ha constituido uno de los recursos a los que han recurrido muchos pensadores. Y aquí, página tras página, el autor hace presentes a intelectuales de todas las épocas que han tratado con mayor o menor grado de acierto esta cuestión: ¿qué es el Mal?

Trata Gómez Marín de ofrecernos una tipología del Mal. En primer lugar, hace referencia al mal metafísico, que “responde a la contingencia y finitud humanas, a la consiguiente inevitabilidad de la muerte”. Si el final que nos aguarda, la muerte, es un símbolo radical del Mal, no es de extrañar que la humanidad, desde sus orígenes, haya intentado apoderarse de él y superarlo.

Pero, además, existe el mal físico, inevitable, que siempre genera en nosotros una reacción para neutralizarlo; se trata del dolor, del sufrimiento, la enfermedad, las catástrofes naturales. Pero, en cuanto sufrimiento experimentado por el sujeto, no es objetivable, sino que es algo concreto, personal y existencial.

Además de estos dos tipos, de estas dos maneras, de concebir el mal, nos encontramos con el mal moral; es un concepto que surge de la conciencia de falta, digamos de pecado, de transgresión punible que el hombre puede aceptar o rebelarse ante ella, sin cuestionarse que no es más que la consecuencia de su propio comportamiento. A nadie se le oculta que aquí se esconde la idea de pecado, incluido el original, que también es ampliamente referido por el autor trayendo de la mano a pensadores y teólogos.

La aporía del Mal, evidentemente, no puede ausentarse. ¿Es Dios el responsable de la existencia del Mal? O no es un Dios bueno o no es omnipotente; porque, si es bueno y puede, debería de eliminarlo; y, si no puede hacerlo, es que no lo puede todo. Aquí, tal y como propone Gómez Marín, es de vital importancia contraponer el concepto de Mal al de Bien. No falta quien lo defina como la ausencia de Bien, sin que tenga entidad propia.

Evidentemente, las teodiceas, las antropodiceas, la psicología del psicoanálisis o el marxismo, cada uno a su manera tratan de explicar la situación y proponer, cada uno a su manera, alguna solución; así, por ejemplo, Marx habla de transformar la sociedad para superar lo que considera el mal que la atenaza; Freud señala que hay que elevar al individuo a su nivel adulto; o Camus, que piensa que hay que luchar a pesar del sinsentido de la vida.

Como resumen de todo lo que el autor nos ha propuesto en este primer bloque de su libro, cabe señalar que, probablemente, el Mal no está en Dios ni en el hombre, reside, más bien, en el desencuentro de ambos, al menos en lo que respecta al mal moral, porque no puede extenderse al mal físico, aunque ambos, junto con el mal metafísico, están inextricablemente juntos.

Al habla con la filosofía y la teología

En una segunda parte, Gómez Marín nos invita a un recorrido por las disquisiciones filosóficas y teológicas sobre el mal, en la que, una vez más, da muestras de su profundo conocimiento del tema y de los muchos y variados autores que lo han tratado.

Desde un punto de vista filosófico y una vez establecido que el Mal no es una realidad separada, es amplia la variedad de posturas ante el problema. Hay una posición que entiende que, sin él, sin el Mal, la realidad quedaría incompleta por lo que no se daría la armonía universal; y otra posición lo considera como el último grado del ser, caracterizado por su miseria ontológica; mientras que otros, como Hegel, lo proponen como algo real que contribuye al desarrollo lógico-metafísico de lo realmente existente: sería el Mal una negatividad positiva. Por su parte, San Agustín explica que el Mal es un alejamiento de Dios.

Pero, ¿cuál es el origen del Mal?, se pregunta el autor uniéndose a San Agustín. “Volvemos al argumento de la desontologización al repetir que el mal no puede ser otra cosa que privación”, apunta como respuesta. Aunque no deja de reconocer que la búsqueda de ese origen y su localización continúa hasta nuestros días. Schelling y Hegel son los dos filósofos a los que presta especial atención sobre este particular.

Ya se ha apuntado cómo la cuestión del Mal pone a prueba las teodiceas, aquellas teorías que exoneran a Dios de toda responsabilidad por su existencia y sus efectos. Se trata, por lo general, de construcciones heredadas de la tradición judeocristiana, para la que, si bien Dios no es el creador del Mal, sin embargo, de alguna manera lo administra.

Partiendo de las tendencias que apuntan al Mal como un castigo de Dios a su criatura pecadora, es interesante el estudio que propone el autor sobre el tema de la culpa y su reparación, explicando cómo, en los tiempos primitivos de la iglesia no existía ese concepto de “culpa”, aunque sí, lógicamente, el de transgresión: “la noción de culpa que implica la del perdón y, en consecuencia, la de una institución penitencial, aunque aparezca en el Antiguo Testamento, no figura en el Evangelio, sino que es introducida poco a poco por la Iglesia una vez que esta deriva en organización jerárquica”. Pese a ello, este peso de la culpa informa la cultura europea desde su herencia judeocristiana, ahormada por la Iglesia, afirma Gómez Marín, en busca de su influencia terrenal. Freud, Nietzsche y Schopenhauer con sus planteamientos sobre la culpa son algunos de los autores reseñados por Gómez Marín.

Castigos a la culpa son el purgatorio y el infierno; si bien el segundo es eterno, el primero es temporal y, además, redimible. En cualquier caso, para el autor se trata de unos conceptos herencia fósil de las culturas primitivas, cuando no construcciones ideológicas de las religiones primitivas. Desde luego, lo que parece evidente es que el actual proceso de secularización que vivimos no es ajeno a la crítica intensa a que se ha sometido la escatología.

El Mal personificado

Cuestión diferente es la personalización del Mal en la figura del diablo, personaje que se produce y desarrolla en el pensamiento judeocristiano. Satán es el principio tentador, cuyo poder se ve debilitado por el libre albedrío humano, que es quien decide la posible transgresión y, en consecuencia, es el responsable del Mal, del pecado. A esta concepción se opone la que explica que es el hombre, abrumado por la culpa y propenso a darle sentido, quien crea a Satán.

Una vez personalizado el Mal, no existe impedimento para que el arte se lance a su representación. Desde luego, no desde los orígenes del cristianismo, cuando se consideraba que el diablo no era material, por lo que no correspondía la atribución de una figura; posteriormente, sí fue objeto de representación, así como su lugar de residencia, el infierno. Y, una vez personalizado, no es de extrañar que surjan los pactos con el maligno, de los que hay precedentes que culminan en el Fausto, de Goethe: personaje que recoge una serie de leyendas.

A partir de aquí, Gómez Marín se detiene ampliamente en el libro de Job. Le importa “mostrar el origen, la evolución y canonización de un mito antiquísimo que se centra en una figura apasionante de la reflexión teológica: la del justo sufriente”. En primer lugar, informa sobre la manera de nacer un mito, recogiendo las diferentes aportaciones sobre el tema: si se trata de una leyenda con base histórica o si, simplemente, se trata de un símbolo llevado a la narración, entre otras concepciones. De lo que no hay duda es de que su naturaleza es social, por lo que podría definirse como “una creación humana primitiva, anónima, impersonal e inconsciente que materializa esa imaginación en estado puro y que contiene dentro de sí a la ciencia, a la religión, a la poesía y a la filosofía”. No se trata de algo contrario a la razón, sino de una propuesta que exige mucha hermenéutica a la hora de reconsiderarla. En cualquier caso, es evidente que el concepto de mito reclama la comprensión previa de una manera arcaica de pensar, propia del hombre primitivo. En su interpretación, es necesario despojarlo de toda literalidad, buscando su significado simbólico, última intención de su autor.

En esta línea, Gómez Marín nos ofrece su propia definición: “el mito, para mí, es un lenguaje primordial en el que el hombre, en los primeros estadios de su civilización, trata de dar noticia de lo misterioso que encuentra en su vida, en la Naturaleza, en el propio enigma. Un lenguaje que se vale de símbolos, es decir, de representaciones forjadas en el imaginario para expresar lo inefable y dar sentido con ello a su experiencia de lo numinoso”.

Concretándose en el mito de Job, nos confiesa que se trata de un concepto, de un tema inabordable desde la razón y solo inteligible desde la flexibilidad del imaginario. Job, no parece caber duda, es un personaje de ficción. En su mitificación aparecen todas las cuestiones relativas al Mal, como es el caso de la doctrina de la retribución, la idea de la penitencia como virtud, la actitud del protagonista ante Dios justificándolo, la permisividad de Dios para consentir el Mal, …

En el mito, se cobra conciencia de que el problema del Mal es una aporía porque carece de respuesta intelectual y que Job es un personaje como el que no existe otro igual en ser incomprendido y, por otro lado, tan tergiversado. La culminación de esta obra, el Libro de Job, está probablemente en su desenlace.

Valgan estas palabras del autor como cierre a su ensayo: “El Hombre nada puede saber de los designios de Dios, ni tampoco de la razón que mueve tanto al Bien como al Mal, viviendo como vive inmerso en el misterio insondable que es la propia existencia”.

Concluyendo

El libro que comentamos es una obra para tener a mano, cuando se trata de hablar del Mal. O de su opuesto, el Bien. Porque Gómez Marín nos ofrece, de manera didáctica y bien escalonada, las aportaciones de pensadores y filósofos sobre este tema y los que emanan de él: la culpa, el pecado, la justicia, el perdón, el dolor, el sufrimiento, …; desde los más antiguos hasta los más recientes, con lo que se tiene a la vista un completo panorama del tema.

Desde luego, es indispensable, sobre todo, para el análisis y comprensión del mito recogido en el Libro de Job; un mito que ha sido abordado por exegetas, filósofos, teólogos, psicólogos, etc. Un mito, en definitiva, cuyo espíritu ha trascendido el tiempo y ha echado raíces en nuestra cultura occidental.

Índice

Advertencia preliminar
Introducción

Parte I. Aproximación al concepto
1. La entidad del mal
2. El rastro de Platón
3. Tipología del mal
4. El hombre culpable
5. ¿Es Dios omnipotente?

Parte II. Disquisiciones filosóficas y teológicas
1. Teorías filosóficas
1.1. El mal visto por Schelling y Hegel
2. Sobre las teodiceas
2.1. Sobre la culpa y su reparación
2.2. El purgatorio y el infierno
2.3. La reflexión sobre la escatología
2.4. El infierno o País de los muertos
3. La personificación del mal
3.1. La imagen en el arte
3.2. Los pactos con el diablo

Parte III. Reflexiones para interpretar el mito

Parte IV. Orígenes, desarrollo y sentido del mito de Job
1. Precedentes de la leyenda o el cuento de Job
2. El mito de Job visto por los Padres de la Iglesia
3. Job visto desde la modernidad
4. La rebelión de Job
5. El Dios de Job y su “mediador”

Parte V. La apuesta divina y la reparación

Conclusión
Bibliografía utilizada
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22/06/2021 Comentarios




Climatización y refrigeración. Tras la pandemia del covid-19 y ante el cambio climático



Ficha Técnica:
 
Título: Climatización y refrigeración: Tras la pandemia del covid-19 y ante el cambio climático.
Autor: Gabriel Barceló Rico-Avello
Editor: AFEC, junio 2021
Nº páginas: 404.
Materia: Ensayo tecnológico
Encuadernación: Rústica
ISBN: 978-84-09-31180-4
PVP: 20,00€
Digital: 10,00€
 
 
 
 
 
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13/06/2021 Comentarios




Reseñas

Políticas de lo sensible Redacción T21 , 02/06/2021

Líneas románticas y crítica cultural


Políticas de lo sensible

Ficha Técnica
 
Título: Políticas de lo sensible
Autor: Alberto Santamaría
EditaEdiciones Akal. Madrid, septiembre de 2020
Colección: Pensamiento crítico
Materia: Cultura
Encuadernación: Rústica con solapas
Número de páginas: 432
ISBN: 978-84-460-4912-8
PVP: 22,00 €
Ebook: 10,99 €


 
La cultura no es una fina piel que podamos separar, cuando mejor nos convenga, de nuestras actividades económicas y políticas cotidianas. Muy al contrario, su núcleo es móvil, inaprehensible y siempre permanece teñido por las transformaciones sociales que se dan a su alrededor y de las que depende tanto su fuerza como su existencia.
 
Ahora bien, sería también un grueso error reducir toda cultura a una simple expresión refleja de la vida económica y política, como si la vida cultural fuera un triste muñeco manipulado al estilo de la ventriloquía. El activismo cultural neoliberal y el marxismo más ortopédico se han manejado, en ocasiones astutamente, en estos espacios de desconexión y vaciamiento de lo cultural.
 
Este libro contiene múltiples historias que parten de esta hipótesis de trabajo, de este horizonte. Tomando como eje las herramientas del romanticismo y el empuje de la crítica cultural, se analizan aquí diversos casos: desde el corazón nihilista y romántico del postpunk en Manchester hasta la perspectiva cultural inserta en el corazón del proyecto hayekiano, pasando por el nacimiento del espectador moderno, por el pensamiento de María Zambrano o la poesía de Alejandra Pizarnik.
 
Entre las historias de este libro hallamos un análisis de la relación de Marx con la poesía o la idea de este respecto a la revolución en España. Un libro de análisis crítico de la cultura contemporánea cuya finalidad sería la de tratar, desde estas múltiples historias, de abrir grietas -aunque sean pequeñas- en el apelmazado modelo cultural en el que nos movemos.
 
 
Índice

Nota previa. Pasos para una ecología de la crítica cultural
 
I. Están todos atrapados. Nihilismo y romanticismo en Manchester
Estas cosas llevan tiempo. Fragmento para una lectura nihilista de The Smiths
Nos sentíamos forasteros. El arte del extrañamiento en Joy Divison

II. El espectador sin centro
La vida interior de las imágenes. Dos casos
 
III. Poesía sin centro.
El lugar del poeta. María Zambrano y la realización poética
Alejandra Pizarnik: huir sabiendo que toda fuga es imposible
¿Otra historia del expresionismo abstracto? Una aproximación a la poesía y la pintura
Otros sublimes
 
IV. Revolución, poesía y economía
Marx: España y revolución
Los mundos inmóviles destruiré yo mismo. Marx, Poesía, Romanticismo
Las palabras comadrejas. El último Hayek y el imaginario cultural neoliberal
 
V. Arte (es) propaganda. Fragmentos políticos en la era del activismo cultural neoliberal. Un panfleto
¿Otra propaganda es posible? ¿Y los niños? Y los niños
Propagarse
El origen de la propaganda y las frases ocupadas
Una pregunta. Una respuesta. Contrapropaganda
La propaganda que reclama tu cuerpo
Spinoza, padre de la propaganda
La mujer trabajadora y un ejercicio (contra)propaganda
¿Y tú qué opinas, Mark Rothko?
¿Y tú qué opinas, Hans Haacke?
¿Y tú qué opinas, Francisco Franco?
Banca y propaganda. O el día que Botín conoció a Grosz
Creatividad, política y contrapropaganda
Ante el activismo neoliberal
 
 
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02/06/2021 Comentarios




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Redacción T21
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