Recomendar este blog Notificar al moderador
RESEÑAS

Reseñas

Simone Weil: el silencio de Dios Juan Antonio Martínez de la Fe , 27/09/2021
Simone Weil: el silencio de Dios
Ficha Técnica

Título: Simone Weil: el silencio de Dios
Autor: Josep Otón Catalán
Edita: Fragmenta Editorial, Barcelona, 2021
Colección: Fragmentos
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 220
ISBN: 978-84-17796-52-5
Precio: 18 euros

“Simone Weil (París, 3 de febrero de 1909-,Ashford 24 de agosto de 1943) fue una filósofa, activista política y mística francesa. Formó parte de la Columna Durruti durante la Guerra Civil española y perteneció a la Resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial. Dejó abundantes escritos filosóficos, políticos y místicos, incentivados por su publicación tras su muerte en 1943 a causa de tuberculosis. Albert Camus la describió como «el único gran espíritu de nuestro tiempo»”. Este breve texto introductorio es lo que nos encontramos si accedemos en Google para informarnos acerca del personaje sobre el que gira esta obra de Josep Otón, una muy breve cita para una persona tan ampliamente conocida.

Una obra que profundiza, y de manera extraordinaria, en una figura tan polifacéticamente destacada como es Simone Weil. En un capítulo introductorio, el autor contextualiza la experiencia espiritual de Weil, a partir de la pregunta por el silencio de Dios; luego, Otón nos ofrece un esbozo de las coordenadas biográficas en las que se desarrolla su experiencia, así como el marco temporal en el que se inscribe la redacción del texto de Prologue, que sirve de base para el desarrollo de este trabajo. Seguidamente, se abordan dos temas trascendentales en Weil: su encuentro con la Trascendencia y las claves para captar el sentido de la ausencia de Dios: encuentro y ausencia conforman una dialéctica a la que Otón intenta dar unas respuestas como conclusión a su ensayo. Finalmente, y no menos importante, en un epílogo trata de la repercusión del pensamiento weiliano en el panorama religioso de la posmodernidad.

Simone Weil

Siendo judía, los horrores de Auschwitz y de la guerra no podían dejar indiferente a casi nadie y menos aún a Simone Weil. Ella habla con autoridad por dos motivos fundamentales: su trayectoria vital está inmersa en el contexto de la II Guerra Mundial, por un lado y, por otro, su reflexión sobre el hecho religioso fundamentado en una profunda experiencia personal.

No habla, pues, ella desde una especulación teórica, sino de su experiencia de la realidad, una experiencia tanto religiosa como atea, pues vivió ambas circunstancias. Ante la injusticia y el silencio de Dios que la consiente, se ve obligada a plantearse quién es ese Dios y cómo es, un Dios que no deja de estar presente aunque sea a través de su ausencia.

Simone Weil, a menudo, es considerada como una de las grandes místicas del siglo XX. Otón nos acerca a su biografía para exponer en qué consistió su experiencia de lo sagrado, que tanto impacto tuvo en su trayectoria vital, más que intentar sistematizar la metafísica de lo trascendente en Weil. Para ello, se centra en un texto críptico, sugerente y provocador, conocido con el título de Prologue, cuyo análisis permite desvelar algunos rasgos fundamentales de la relación entre el ser humano y el misterio.

Ya se ha hecho alusión a la dialéctica en Simone Weil; pues bien: este Prologue refleja la contradicción que impregna todo su recorrido vital, puesto que describe dos experiencias contrapuestas: un encuentro y una ausencia; se trata de un texto que puede interpretarse como una metáfora de la vida espiritual, como una interpretación místico-religiosa.

El encuentro

En buena lógica, Otón comienza por el encuentro, una descripción de una experiencia íntima de Weil. Ya sabemos que “encuentro” tiene más de una acepción; así, por ejemplo, puede aludir al descubrimiento de algo oculto; pero también a la reunión de personas; y, en este segundo sentido, parece situarse lo expresado por Simone Weil, fruto de una iniciativa divina, no de una decidida voluntad suya.

Evidentemente, no se puede sustraer a la problemática que se presenta a todo mísitico: la de traducir una experiencia con fuerte carga subjetiva a un lenguaje asequible a quien lo lee o escucha. Para Weil, tales hechos extraordinarios son plenamente compatibles con la concepción científica del mundo: si lo excepcional, lo milagroso, provoca un conflicto entre la ciencia y la religión, es que el problema está mal planteado.

El autor desarrolla extensamente el acercamiento de esta singular mística al cristianismo y, más concretamente, al catolicismo, del que permaneció en el umbral, reacia a aceptar sus dogmas renunciando a su búsqueda de la verdad. En cualquier caso, lo que la impactó de esta religión es su capacidad para dotar de significado al sufrimiento y a la miseria, elementos que la afectaban profundamente impulsando su actividad política, activista y social.

Es interesante, dentro del encuentro, la idea weiliana del amor; considera la existencia de un amor implícito, por el cual el hombre ama a Dios sin saberlo y consiste en un período de preparación al amor explícito, en el que el ser humano se hace consciente de la presencia divina. Ejemplos de amor implícito serían las prácticas religiosas, la belleza del mundo, la caridad con el prójimo y la amistad, asuntos todos bien desarrollados por el autor. En definitiva, se trataría de expresiones indirectas que permiten intuir la orientación del ser humano hacia el Bien.

Ya en el encuentro del amor explícito, Otón describe la experiencia interior de Weil, cuyo proceso ha suscitado todo tipo de comentarios e interpretaciones por parte de especialistas en diversas disciplinas como, por ejemplo, la psiquiatría. Nos dice el autor: “Con una mirada nueva se descubre cómo cualquier circunstancia de la vida puede convertirse en el escenario del encuentro con lo Trascendente. Entonces, la creación se revela como un puente que permite acceder al Creador. Esta fue la experiencia de Simone Weil y así lo atestiguan sus escritos”.

La ausencia

Tras el encuentro, tras esa experiencia mística, Simone Weil se enfrenta al gran misterio, el de la ausencia de Dios, el problema del mal. Ya nos advierte Otón de que, en la interpretación del Prologue, un primer factor a tener en cuenta son los altibajos de la vida que hacen cuestionar la existencia de Dios o pensar en su abandono. Una ausencia que, en el fondo, supone una crisis.

En los planteamientos weilianos, Dios no es un concepto susceptible de ser analizado; muy al contrario: es una realidad viva, muy desconcertante, que la arranca de sus seguridades. Hasta el punto de que se cuestiona sobre la autenticidad de su encuentro, dudando si realmente Dios deseaba estar con ella. Es entonces cuando la experiencia vital deviene desesperante ya que, en vez de aportar seguridad, manifiesta la sumisión de la realidad al imperio del azar, lejos de toda lógica y de todo sentido.

El autor analiza con detalle las consecuencias de estas situaciones en su actitud frente a los totalitarismos e, incluso, frente a los dogmas de la Iglesia Católica, en cuyos umbrales se desplaza sin integrarse, y a los que considera como expresión del Misterio de Dios y, por tanto, una manera de acceder a lo Inefable. Es muy interesante el estudio que hace el autor sobre la filosofía de la historia de Simone Weil, pues permite aclarar algunas cuestiones relativas a la ausencia de Dios.

Reconocía que las formulaciones religiosas podían ser un obstáculo para acercarse a la Divinidad en aquellas personas que habían tenido una mala experiencia con la Iglesia; pero no lo eran para ella, que proponía un camino alternativo: reconocer a Dios a través de la belleza del mundo, pese a que la realidad del sufrimiento personal y colectivo hace dudar del sentido de la creación, de la dirección de la historia y del acierto del Creador.

De lo que no cabe duda es el del influjo de los componentes psicológicos de la personalidad de Weil en su concepción de la desdicha. Es más que probable que no sea totalmente objetiva a la hora de analizar el sufrimiento, porque su idiosincrasia, tan particular, mediatiza su percepción de esta realidad.

Ya se ha aludido a la dialéctica que se da en Simone Weil. “Relata de una manera impactante su encuentro con Dios, sin ocultar su descontento al sentirse abanadonada por Él”. Cabe preguntarse por qué la filósofa no regresó a su situación previa de no creencia o de agnosticismo. A este respecto, escribe el autor: “No se refugia de la ausencia de Dios en la supuesta racionalidad de la increencia. Algo la impele a mantenerse fiel a su experiencia. En lugar de renunciar a la fe, la reformula. Opta por vivir la ausencia desde una perspectiva religiosa y entra en sintonía con la gran tradición de los místicos de las diversas religiones que han sufrido la noche espiritual”.

Apunta Otón sobre este particular que conviene reflexionar sobre el papel del azar en el pensamiento de Simone Weil, para lo que procede analizar su interpretación de las teorías evolucionistas. Para ella, azar no es sinónimo de caos o de irracionalidad; se trata, simplemente, de reconocer que el número de variables que intervienen en un hecho es tal que nadie puede calcular el resultado final exacto. El autor, aquí, profundiza en la concepción weiliana de la historia y de la realidad social.

Procesos en Weil

En Weil se da un proceso de discernimiento, en el que la soledad motivada por la ausencia de Dios permite el autoconocimiento. También, un proceso de revelación, porque esa ausencia se traduce en un tiempo propicio para comprender y asimilar la revelación, la experiencia mística, recibida: no se trata tanto de una ocultación de Dios, sino, más bien, de una manifestación de los límites del ser humano para captar el alcance de la experiencia del encuentro con la divinidad. También es un proceso místico en el que nadie puede constatar cuáles son las relaciones entre el ser humano y Dios, si no es por la transformación provocada por el encuentro con Él. Por último, como resalta el autor, se trata así mismo de un proceso pascual, porque, dentro de las relaciones entre Dios y el ser humano, la más grande es el amor; Él se esconde para que el hombre avance en su vocación de participar en la naturaleza divina de una manera libre, consciente y responsable.

Es inmejorable la descripción que de estos procesos hace Otón: “La dialéctica espiritual de Simone Weil, marcada por la experiencia de encuentro y ausencia de Dios, de manifestación y ocultación, de unión y separación, remite a la experiencia pascual de muerte y resurrección en la que el abandono de Dios no es el fin -el final- de la historia sino la revelación de un nuevo fin -de una nueva finalidad- de la historia más allá de las fronteras temporales del mundo”.

Mistagogía

Mistagogía. Una expresión que usa el autor para describir las pretensiones de Weil revelando su propia experiencia mística. No es propio de ella dejarse llevar por un exhibicionismo soberbio; solo pretende dar testimonio de lo que ha vivido, consciente de su inmenso valor a pesar de las deficiencias personales. Su espiritualidad presenta el silencio de Dios como un espacio reservado para un encuentro de mayor calado que el debate conceptual. La gran verdad que la eximia filósofa descubrió es que, pese a su extrema vulnerabilidad, es amada por Alguien.

Y así, ante el misterioso silencio de Dios ante el problema del mal, no opta por inclinarse hacia el ateísmo o el no-teísmo, pero, muy consecuente con sus postulados, tampoco ofrece soluciones ingenuas. No ver a Dios no significa que no esté; probablemente, el hombre no es capaz de percibir su sutil presencia. Lo que da pie a profundizar en la ética de la vulnerabilidad de Weil: en vez de ponernos a salvo de nuestra vulnerabilidad, nos enseña a convivir con ella.

Esta cita de Josep Otón cierra prácticamente su magnífico ensayo sobre Simone Weil: “En un mundo posmoderno, heredero del eclipse de Dios, aparece la figura de esta mujer que, moldeada por la experiencia de encuentro y de ausencia de Dios, es capaz de vislumbrar los destellos divinos dispersos por doquier. Es una mistagoga que enseña a reconocer la presencia oculta del Absoluto en un mundo que Dios parece haber abandonado”.

Concluyendo

Las líneas que preceden hacen hincapié en dos aspectos fundamentales de esta obra: el encuentro místico de Weil con Dios y su silencio, su ausencia, ante el problema del mal. Una manera de invitar a la lectura de esta estupenda obra de Josep Otón. Pero, evidentemente, partiendo de esta paradoja, encuentro y ausencia, el libro profundiza, de manera extraordinaria, en otros muchos aspectos de la filosofía, el activismo o la religiosidad de Simone Weil.

Este estudio cuenta con una muy clara metodología expositiva que ayuda sobremanera a la comprensión de sus contenidos, sustentada, además, por una asequible expresión didáctica, facilitadora de la lectura. No en vano, esta filósofa fue el centro de la tesis doctoral del autor.

Quien se acerque a este libro, encontrará en él un compendio de la experiencia vital de Weil y una guía para poder aproximarse a la lectura directa de su amplia obra.

Índice

Presentación

I. El silencio de Dios

II. Simone Weil: mística y revolución

III. Encuentro
1. Una experiencia mística
2. Los contactos con el catolicismo
3. ¿Una búsqueda implícita?
4. Formas de amor implícito
a. Formas religiosas de amor implícito
La música sacra
La recitación de textos religiosos
Los dogmas
La diversidad religiosas
b. Formas no religiosas de amor implícito
La belleza del mundo
El amor al prójimo
La amistad
5. La experiencia interior
6. Una perspectiva bíblica

IV. Ausencia
1. El abandono divino
2. Las formas religiosas como obstáculo
3. Una filosofía de la historia
a. La idolatría de la historia
b. Tiempo y eternidad
c. El pensamiento de Berdiaev
d. El espejismo del progreso
4. La desdicha

V. Un proceso dialéctico
1. Un proceso abierto
2. Un proceso de discernimiento
3. Un proceso de revelación
4. Un proceso místico
5. Un proceso pascual

VI. Una mistagogía
1. Los cisnes de Grimm
2. La atención
3. Fragilidad, violencia y verdad
4. Una ética de la vulnerabilidad

Epílogo


Facebook Twitter LinkedIn Google Meneame Viadeo Pinterest
27/09/2021 Comentarios




La consciencia humana. Las bases biológicas, fisiológicas y culturales de la consciencia
Ficha Técnica

Título: La consciencia humana. Las bases biológicas, fisiológicas y culturales de la consciencia
Autor: José Enrique Campillo Álvarez
Edita: Arpa Editores, Barcelona. 2ª edición, julio 2021
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 378
ISBN: 978-84-17623-72-2
Precio: 19,90 euros

Hay temas que atraen enormemente la curiosidad de los lectores; y que, simultáneamente, originan en los autores que los tratan un cierto respeto, por no decir temor, dadas las dificultades que presentan. De las que no es la menor el encontrar una definición exacta desde la que partir. Y uno de tales temas es justamente el de nuestra consciencia.

Y esto lo pone de manifiesto, desde las primeras páginas, José Enrique Campillo en esta obra que comentamos. Ya la propia Academia de la Lengua ofrece hasta cuatro acepciones para definir la consciencia, de la que dice que es una capacidad, un conocimiento o un acto psíquico. Campillo ya nos dice que apenas tenemos conocimiento acerca de ella y que, pese a los esfuerzos de la neurofisiología, la neurología, la neurocirugía, la psiquiatría o la psicología, seguimos sin comprender cómo se produce exactamente.

Se trata de un tema que ha sido abordado desde la ciencia y desde la filosofía, con una abundante producción bibliográfica, por lo que cabría preguntarse el objetivo que se propuso el autor al acometer la redacción de este enjundioso ensayo. Por supuesto que no trata de imponer un punto de vista particular, una única opción. Es más: no vierte él opiniones personales, sino que se limita a presentar los datos existentes respecto a la consciencia. Nos invita a participar en un viaje hasta los confines del saber científico sobre la consciencia; un saber que no tiene una única conclusión válida para todo el mundo, sino que ofrece un amplio abanico de concepciones. Así las cosas, la tarea de concluir este apasionante viaje queda bajo la exclusiva responsabilidad del lector quien, con los datos y herramientas que brinda este libro, ha de decidir qué posibilidad se ajusta más a sus objetivos; incluso, la opción de no detenerse, sino de continuar la búsqueda introduciéndose en un atractivo mundo de posibles apeaderos.

Por supuesto: no estamos hablando de una obra de autoayuda. No. José Enrique Campillo acompaña al lector en su intento de resolver un puzle complejo y maravilloso sobre un asunto del que apenas se sabe nada; no se pueden colocar las piezas porque no hay un modelo que seguir; solo se podrán reconstruir fragmentos aislados.

“Al parecer, esta facultad extraordinaria que es la consciencia sustenta la percepción del mundo que habitamos, determina las circunstancias de la vida que vivimos, rige nuestra muerte inevitable e, incluso, nos da la esperanza de que, tras la muerte, quizá sigamos viviendo en algún otro lugar o formato físico”. Y, partiendo de estas premisas, el autor organiza la estructura de su libro, apoyándose en los tres productos principales de la consciencia: el mundo, la vida y la muerte, con un abordaje previo sobre la propia consciencia.

La consciencia

¿Con qué identificamos la consciencia? Ya hemos aludido a las acepciones de la RAE; pero también usamos el término como conocimiento del bien y del mal, un asunto que tiene que ver con la moral y la ética. Igualmente, utilizamos la palabra como sinónimo de intelecto, mente, cerebro, instintos, pensamientos, … o, también, conocimiento, percepción, raciocinio, responsabilidad, …

¿Qué es, pues, la conciencia? Nos dice el autor que “la consciencia, en el sentido estricto del término, es el mayor enigma de la ciencia, de la filosofía y de las religiones”. Y, pese a haberse discutido a lo largo de los siglos, no hay un acuerdo unánime sobre su definición. Quizás pueda valer la que nos dice, aunque sea lo suficientemente ambigua, que “es la actividad mental enriquecida con emociones, deseos, añoranzas, esperanzas o temores”.

En cualquier caso, el autor deja suficientemente claro que consciencia y mente son cosas diferentes y, siguiendo a Williams James, le atribuye cinco características: intimidad, cambio, intencionalidad, continuidad y selectividad, características en las que se detiene y explicita.

Ahora bien, cabe preguntarse si el resto de los seres vivos tienen o no consciencia; para Campillo no existe una respuesta categórica a esta pregunta, pasando a analizar la situación en las células, los vegetales y los animales, explicando cuidadosamente los diferentes matices que abarcan la cuestión: sensaciones, emociones, las respuestas complejas o los sentimientos.

No deja de lado el autor las funciones de la consciencia, partiendo de la base de que una de sus características más notables es la capacidad de elaborar simulaciones y modelos en las dimensiones espacial y temporal, por lo que, al tener que movernos en el universo, la consciencia es la herramienta que determina la forma más eficiente de hacerlo.

Es la consciencia la que nos permite, además, algunas de las grandezas de nuestra especie, como son la empatía, el altruismo, el amor o el sentimiento de la trascendencia espiritual aunque, en contraposición, hay que admitir que somos capaces de la mayor crueldad.

Dicho todo esto, es el momento de plantearse cómo y dónde se produce la consciencia. Según Campillo, para las personas religiosas la consciencia es el alma o forma parte de ella, mientras que, para la mayor parte de los científicos, se la asocia a nuestro cerebro, aunque aquí hay una división, ya que algunos de ellos intentan explicar su funcionamiento mediante la electrofisilogía clásica y otros recurren a las nociones más innovadoras de la física cuántica, sin faltar aquellos que opinan que una parte de la consciencia se localiza en algún lugar del universo, en una especie de campo cuántico.

José Enrique Campillo dedica varias páginas a analizar estas cuestiones, introduciéndonos, incluso, en la física cuántica y explicando con detalle la consciencia extracerebral o la consciencia cósmica, para, seguidamente, llevarnos al origen de la consciencia.

“Se produzca en el cerebro, en el corazón o en alguna región misteriosa del universo, la consciencia es algo que existe, que está ahí cumpliendo una función”. Pero el origen de la consciencia es otro gran misterio y hay respuestas para todos los gustos. El autor se detiene y explica tres opciones fundamentales según los criterios actuales: la opción divina, a la que se adhiere la mayor parte de la población; considera, también, la opción científica, basada sobre todo en la evolución biológica y la evolución cultural; y, finalmente, esboza la opción extraterrestre, una de las opciones más atrevidas y que está de moda. Como se ve, el autor se mantiene fiel a su propósito inicial de exponer las tendencias y teorías más comúnmente mantenidas, con total objetividad, por muy excéntricas que pudieran parecer.

Desde luego, de las tres opciones, la más indicada es la científica y así lo considera el autor considerando el espacio que le dedica. Parte de la base que la consciencia es una adaptación biológica que se supone es un producto (directo o indirecto) de la actividad del cerebro humano, cuya creciente complejidad exigió un tamaño adecuado con importantes consecuencias.

José Enrique Campillo rastrea las huellas de la consciencia a través de la evolución cultural de nuestra especie hasta llegar a planteamientos actuales que propugnan una mente expandida, es decir que nuestra consciencia forma parte de un todo universal y puede actuar más allá de nuestro cuerpo. Un efecto alcanzable, al parecer, por la utilización de determinadas drogas, la oración y la meditación, hasta llegar al análisis que hace sobre los campos mórficos de Rupert Sheldrake.

El mundo

Llegados a este punto, es hora de volver la mirada hacia el exterior de nuestro cuerpo para centrarla en el mundo. No en vano nuestra mente configura un escenario ficticio que nos permite desarrollar nuestra vida con seguridad y comodidad.

En esta parte de su obra, el autor analiza el entorno dividiéndolo en tres grandes bloques: un mundo a medida, un mundo inventado y un mundo conectado.

En cuanto al primero, expone cómo astrónomos y físicos acreditados afirman que vivimos en un universo hecho a medida de las necesidades de la vida y del ser humano. Y se centra en explicarnos el universo y su origen, el antropocentrismo y el principio antrópico y los multiversos, con una somera referencia, fiel a su principio de ofrecer las teorías más destacadas sobre cada particular abordado, a las corrientes terraplanistas.

El segundo bloque, un mundo inventado, nos habla de la ilusión de la realidad: “El mundo que percibimos a nuestro alrededor, posiblemente, es única y exclusivamente una invención de nuestra consciencia; apenas tiene nada que ver con la realidad”, afirma el autor. Y esto es así porque nuestro cerebro está diseñado para inventar el mundo: codifica la información que le llega desde los órganos de los sentidos y le confiere atributos inventados (colores, formas, sonidos, sabores, olores y texturas) que son de utilidad para nuestra supervivencia.

No puede faltar en este apartado un amplio hueco dedicado al espacio y al tiempo. Estructura del tiempo, su dirección, el biocentrismo y el tiempo son temas analizados, resumiendo y poniendo al alcance del lector las últimas hipótesis, tanto científicas como filosóficas.

En el tercer apartado, intenta el autor responder a la pregunta de si es posible, como algunos aseguran, que nuestra consciencia esté conectada con todo el universo. Aquí tiene cabida el desarrollo de la gran teoría unificada del universo, la consciencia universal, el campo akásico, los libros, internet y, por supuesto, la noosfera, con referencias a Édouard Le Roi, Teilhard de Chardin y Vladimir Vernadsky.

La vida

“La vida es un fenómeno extraordinario y altamente improbable. Nadie ha sido capaz de aportar un argumento incontestable acerca del origen de la vida, en general, y de la nuestra en particular”. Y de la vida trata este bloque del libro, como de algo fundamental para explicar la consciencia.

Es inevitable comenzar con un planteamiento filosófico, asumido en gran parte por la religión: ¿por qué o para qué vivimos? y, también, por qué lo hacemos en este preciso lugar y durante un período tan corto de la existencia.

Primero hay que considerar lo que dice la ciencia. Apuesta por el origen azaroso y casual de todo lo que existe, aunque tropieza con un serio problema, ya que afirma que el azar no existe. Todavía no está resuelta la clave de cuáles fueron los acontecimientos que permitieron que surgiera la vida ordenada y orgánica partiendo de un entorno desordenado e inorgánico. Lo plantea así el autor: “Hoy día la ciencia no dispone de explicación de cómo pudo ocurrir un proceso tan complejo sin la presencia de un ser vivo y sin el aporte sistemático de energía”.

Evidentemente, es inevitable plantearse la evolución como modelo científico para explicar la diversidad de la vida en el planeta. Y Campillo aborda la cuestión para pasar a preguntarse si alguien dirige nuestras vidas y, si es así, quién o qué. En definitiva, se trata de la cuestión de si vivimos nuestra vida con libertad absoluta o si algo o alguien controla los hilos de nuestra vida.

Aporta cuatro respuestas a estas cuestiones: el modelo guionizado, el azaroso o casual, el determinista o causal y, finalmente, el sincronismo. Todos ellos son ampliamente explicados por el autor; especial interés pueden despertar las páginas referidas a los hechos que consideramos casuales y las coincidencias en nuestra historia personal.

La muerte

No hay nada tan humano como la certeza de la propia muerte y eso también se lo debemos a nuestra consciencia. Y, para muchos, es la propia consciencia la que proporciona la esperanza de que nosotros mismos, o esta función tan exclusiva que es la consciencia, perviviremos tras la muerte en algún lugar o formato desconocido.

Desde luego, es imperioso tratar aquí la cuestión de la durabilidad, cuyo factor fundamental es el tiempo y, sobre todo, su dirección. Posiblemente, la única forma de comprender este factor es recurriendo a la física, a la termodinámica. Según sus leyes, la irreversibilidad y la unidireccionalidad de los procesos termodinámicos es lo que da lugar a lo que conocemos con el nombre de duración y dirección del tiempo. Y todo nos aboca a la desaparición, hacia el fin, hacia la muerte.

Estrictamente hablando, la ciencia nos dice que realmente no morimos; la vida, en cada especie, dura el tiempo necesario para que el individuo se reproduzca con las garantías suficientes para que sus células germinales, que transportan su material genético, se perpetúen en un nuevo individuo.

El autor analiza, descendiendo más al detalle, los mecanismos de la muerte, su diagnóstico, la muerte cerebral, el dolor, el sufrimiento y el miedo que desencadena en nosotros.

Pero,¿y después de la muerte? ¿Adónde vamos? Las religiones encuentran en la respuesta a estas cuestiones una de las principales razones de su existencia. ¿Qué dice, por su parte, la ciencia? Salvo algunas excepciones, considera que la consciencia es una función de la corteza cerebral y que, por tanto, cuando el cerebro muere, deja de producir la consciencia. Sin embargo, en su inquebrantable anhelo de ofrecer objetivamente todas las propuestas razonables, Campillo se detiene en las experiencias cercanas a la muerte y, por supuesto, la inmortalidad cuántica.

Tras estos análisis, concluye que siguen sin existir pruebas de que el cerebro sea la única fuente de la consciencia. Hay quien propone que podría estar alojada en alguna especie de servidor cuántico universal, situado fuera de nuestro cuerpo y al que accedemos para enviar o recibir información mediante una parte de ese poderoso terminal que es nuestro cerebro. Interesantísimo debate que no rehuye el autor.

Concluyendo

El tema de este libro es de máxima actualidad. De hecho, en esta misma revista nos hacemos eco frecuentemente de las nuevas aportaciones que se producen; como estas referencias: https://tendencias21.levante-emv.com/nueva-revolucion-en-las-teorias-cientificas-sobre-el-origen-de-la-consciencia.html y https://tendencias21.levante-emv.com/la-fuente-cerebral-del-placer-determina-la-consciencia-humana.html.

La importancia de la presente obra de José Enrique Campillo radica en que nos conduce hasta los límites a los que llega la ciencia, sin obviar otros planteamientos que, sin ser específicamente científicos, son ampliamente aceptados por diferentes sociedades por contar con un apoyo lo suficientemente racional y razonable para no ser rechazados como meras elucubraciones sin sentido.

Esta tarea del autor es culminada con notorio éxito. Y lo hace, además, con una intencionalidad didáctica que, dentro de una muy correcta pedagogía, aborda con un lenguaje sumamente asequible, muy al alcance de cualquier lector medio, sin que ello implique una renuncia a la rigurosidad exigible a sus propuestas.

Además, hace gala de una humildad propia del científico. Reconoce los límites a los que puede llegar. Incluso, en algún apartado de la obra, señala al lector que no se crea todo lo que en ella se expone, ya que lo narrado corresponde a supuestos que él no comparte pero que, como se ha dicho, en aras de una perseguida neutralidad informativa, trae a estas páginas para que nadie pueda tildarlo de tendencioso o de pretender ignorar otras hipótesis también válidas.

Nos encontramos, pues, ante un libro que es conveniente tener a mano y al que acudir cuando se quiera acceder a una panorámica sobre los temas que aborda. Recomendación al parecer muy seguida, ya que, en el espacio de pocos meses, ha alcanzado una segunda edición.

Índice

Justificación

Primera parte: La consciencia
1. ¿Qué es la consciencia?
2. ¿Cómo y dónde se produce la consciencia?
3. El origen de la consciencia
4. La mente expandida

Segunda parte: El mundo
5. Un mundo a medida
6. Un mundo inventado
7. Un mundo conectado

Tercera parte: La vida
8. ¿Qué hacemos aquí?
9. ¿Quién o qué dirige nuestras vidas?

Cuarta parte: La muerte
10. El misterio de la duración
11. ¿Adónde vamos luego?

Bibliografía



Facebook Twitter LinkedIn Google Meneame Viadeo Pinterest
30/08/2021 Comentarios




Reseñas

El animal que somos. Una nueva historia de lo que significa ser humano Juan Antonio Martínez de la Fe , 21/07/2021
El animal que somos. Una nueva historia de lo que significa ser humano
Ficha Técnica

Título: El animal que somos. Una nueva historia de lo que significa ser humano
Autora: Melanie Challenger
Edita: Roca Editorial, Barcelona, 2021
Traducción: Ana Herrera
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 270
ISBN: 978-84-17805-93-7
Precio: 18,90 euros

Un título transparente el que ocupa la cubierta de este libro: no oculta ni disimula su propuesta, recordarnos que, nos guste o no nos guste, somos animales. Un subtítulo matiza y completa el sentido de este ensayo: Una nueva historia de lo que significa ser humano.

No sería extraño cuestionarnos si, en la época en que hablamos de inteligencia artificial, de las capacidades de nuestro cerebro, de la posibilidad de la trascendencia, tiene sentido volver la vista hacia nuestras raíces, nuestras humildes raíces. Melanie Challenger piensa que sí, que sí tiene sentido. Es más: considera que es necesario para situarnos correctamente en el lugar que nos corresponde en el universo.

Nada más abrir la primera página del libro, nos encontramos con esta frase de la autora: “Actualmente, el mundo está dominado por un animal que no cree ser un animal. Y el futuro lo imagina un animal que no quiere ser animal”. Existe, pues, un problema: que no sabemos cómo comportarnos correctamente ante la vida.

Hay concepciones ampliamente extendidas que nos indican que los humanos no somos animales, sino que somos criaturas con un alma; es decir, que tenemos un cuerpo animal que nos hace sangrar y envejecer y, por otro lado, está la parte que parece proceder de nuestra inteligencia y conciencia propia, nuestro espíritu. Así las cosas, podemos creer que ya hemos dejado atrás el ser un animal, pero la verdad es que somos una colonia de energía pensante y sintiente, envuelta en “una carne delicada que se eriza cuando tiene frío o cuando estamos enamorados”.

¿El centro del Universo?

Este olvido de nuestro ser animal nos ha llevado a pensar que somos el centro del universo, nada más y nada menos que una imago Dei, una imagen de Dios. Situarnos en nuestra auténtica realidad es el objetivo que plantea Melanie Challenger en este libro: “un intento de entender qué tipo de ser somos. […] Es una invitación para tener en cuenta de nuevo la maravilla que representa ser un animal”.

¿Tenemos los humanos delirios de grandeza? Algo en esta línea es lo que apunta la autora. Pensar que somos una especie privilegiada en la naturaleza, nos ha dado la convicción de que el resto de seres vivos no son dignos de ser considerados sujetos de derechos, que se trata de niveles de vida inferiores incapaces de sentimientos, de moralidad, de conciencia.

Sin embargo, somos seres con una enorme capacidad de destrucción que puede oscurecer cualquier atisbo de superioridad que nos irroguemos, incluida la noción de trascendencia que nos planteamos. Naturalmente, resulta agradable pensar que solo las tendencias humanas tienen estatus moral, pero es algo que no tiene fácil encaje con el hecho de que somos animales.

Ni tan siquiera la idea de que la evolución se ha encaminado para culminar en el ser humano puede sostenerse con fundamento. Ni la larga historia de la búsqueda del alma puede cimentarla de manera irrefutable. Cada día nacen nuevas pruebas, según la autora, de que los animales tienen sentimientos y objetivos, que llevan unas vidas plenas y complejas que implican sentimientos y control mental; lo que supone superar esa línea divisoria que instituimos para afianzar nuestra diferencia con ellos y nuestra superioridad como especie única. Sin embargo, todo lo que hacemos, lo hacemos como animales, aunque nos justifiquemos como humanos.

En este primer apartado de su libro, la autora hace un amplio recorrido por conceptos tales como la dignidad, el humanismo, la evolución, los sentimientos, la vida, mostrando y demostrando nuestras raíces materiales que compartimos con el resto de seres vivos, concluyendo que “ya no somos individuos milagrosos, sino un poco de materia que se puede seleccionar, alterar y usar para objetivos no previstos”.

La consciencia y los otros

En un paso más, nos introduce en lo que parece constituirnos como seres especiales: la mente. Empieza así: “Se ha asumido desde hace siglos que lo que hace especiales a los humanos es nuestro don del pensamiento. Sin embargo, ni sabemos ni nos ponemos de acuerdo sobre lo que es ‘pensamiento’ o ‘inteligencia’ o ‘conciencia’”, siendo como son la base para sustentar nuestra sensación del yo, justamente, la esencia de lo que somos.

Pero hay más. Lo que parece definirnos como humanos es que tenemos relaciones sociales, que no solo nos conocemos a nosotros mismos, sino que tan importante como esto es que dependemos también de conocer a los demás; y que estas relaciones pueden cambiar rápidamente. Pues no hay que olvidar que “las personas no solo se mienten unas a otras, sino que se mienten a sí mismas para mentir mejor a las demás”.

Pese a ese tránsito de pensar en un yo a un nosotros, tan necesario como especie, la autora afirma que no somos consecuencia de la cooperación ni que, como colección de individuos, seamos un supraorganismo, afirmación esta última que encontraría detractores. Para ella, más que seres definidos por una cooperación per se, tenemos más una versatilidad cooperativa.

Ser persona

Por supuesto, estas ideas dan pie a Challenger para aventurarse en la cuestión del valor intrínseco de la persona frente a considerarla como un medio o forma indirecta para defenderse de quienes son competidores. Recorre para ello los planteamientos de pensadores como Kant, Livingstone Smith, etc. También hace incursión en el papel que desempeña nuestro cerebro en la experiencia consciente o en la oportunidad de dar sentido a nuestra vida, conciencia que también atribuye a los animales a cuya existencia igualmente dota de sentido.

Ocupan a la autora las cuestiones que plantea la inteligencia artificial, al ser capaces de crear algo que puede superarnos. Y “para salvarnos de una inteligencia superior que tememos que nos vea y nos trate como nosotros hemos tratado a los otros animales, nos dicen que nos convirtamos en máquinas nosotros mismos”. Podemos preguntarnos, en esta tesitura, que, si una persona es una sustancia mental, ya sea alma o res cogitans, o un fragmente de código de ordenador, entonces, bajo determinadas circunstancias, cualquier cosa podría ser una persona.

¿Miedo a ser animales?

Unas palabras de Emil Cioran encabezan el siguiente apartado del libro: “Mientras todos los seres tienen su lugar en la naturaleza, el hombre sigue siendo una criatura metafísica extraviada, perdida en la vida, un extraño para la creación”, palabras estas últimas que titulan el capítulo.

Ser animal asusta. Así de escueta se manifiesta Melanie Challenger. Ser animal asusta. Porque la conciencia de estar a merced de los actos hostiles del mundo que nos rodea ejerce una fuerte influencia en nuestras vidas. Y ocurre que, cuando identificamos un peligro en una fracción de segundo y de manera inconsciente, nuestro cerebro construye una narrativa consciente para dar sentido a ese miedo que nos provoca.

Y una manera de ejercer nuestra defensa es la vida en grupo, de manera que, juntos, podamos dominar las amenazas. Las conductas altruistas como acción colectiva benefician a la colonia, al grupo. Algo que podemos contemplar en la naturaleza, en el comportamiento de muchos animales. Lo que ocurre es que, mientras estos buscan superar las amenazas, los humanos tendemos a defendernos de las amenazas que sufren las ideas que usamos para superar las amenazas.

Es evidente que una determinada visión del mundo puede conducir a una sensación de peligro que nos puede conducir a un sistema de creencias que nos ayude a superarla. Y esas creencias ocasionarían que podamos asegurarnos que somos seres vivos únicos y superiores, aunque la realidad de lo que somos contradice lo que nos decimos a nosotros mismos que somos.

Una constancia de nuestra realidad animal es la muerte que nos aguarda a todos. Algo que, indudablemente, nos crea una angustia existencial y la suposición de una falta de sentido para nuestra vida. Y así vemos cómo en muchas culturas se usan los sistemas de creencias en un sentido de la vida para poder manejar los temores existenciales. Pero no solo la muerte nos impone nuestra realidad animal; también hay que tener en cuenta el cómo nacemos.

Junto a la realidad de la muerte se está imponiendo la idea de la extinción de nuestra especie, sustrayéndonos a lo que ocurre con las demás de los animales. Son muchos los que están convencidos de que no hay un punto final para la humanidad; y si nuestro planeta está abocado a esa extinción, se buscan soluciones fuera de él, en otros planetas del universo. Quizás tengamos más posibilidades de solucionar la pobreza que crear otra Tierra en algún sitio, lugar al que tendríamos que llevar nuestra manera de realizarnos. Y es llegada la hora de mirar a la naturaleza y a los animales y seres vivos que la habitan como entes a los que debemos empatía por todo lo que compartimos con ellos.

Somos polvo de estrella

Si volvemos la vista atrás, a nuestros orígenes, veremos que llegamos a la existencia a partir de la muerte de una estrella; y, llegado el momento, también nuestra estrella morirá. En realidad, somos “un fragmento de espacio vacío y de electricidad antigua, una cantidad inimaginable de átomos que llevan protones y neutrones y electrones que dan volteretas”; somos, en definitiva, primates con un cerebro que posee enormes cantidades de células nerviosas unidas entre sí formando un complejo grande, del cual, de alguna manera surgen nuestros procesos de pensamiento; al menos, así lo entiende Melanie Challenger.

Y aclara su postura: “Eso no significa que debamos ver la vida humana como algo sin sentido. Pensar que uno es excepcional es distinto de pensar que nuestras vidas no tienen sentido. Existen muchos motivos para creer que esa sensación de creernos trascendentes es algo de lo que podemos prescindir. Sin embargo, el peso del ser humano en el mundo es más algo psicológico que cualquier otra cosa”. Con independencia de que puede ser una postura no compartida, no cabe duda de la suficiente solidez de sus planteamientos.

Un Colofón cierra este estudio de Melanie Challenger. Plantea en él algunas cuestiones que invitan a la reflexión: ¿qué ganaríamos si no fuéramos animales? ¿Qué ganamos con ser animales? Ser una persona, nos dice, es realmente un recuerdo de ser un animal, aunque olvidamos que ser una persona y un animal son la misma cosa.

Concluyendo

Melanie Challenger nos ofrece en esta obra un excelente trabajo, de robusto rigor científico, revestido de un lenguaje muy asequible que hacen de ella una delicia de lectura, en ocasiones apasionante. Nos sitúa en el lugar exacto que ocupamos en la naturaleza, mostrándonos nuestro lado compartido con el resto de los animales que la habitan, a la vez que destaca las virtudes y privilegios de esa situación. El hecho de tener consciencia, de ser conscientes de nuestro yo, de tener sentimientos e, incluso, sentido de trascendencia no nos hace diferir de los animales que comparten el planeta, ya que todos poseemos idéntica base.

Esta situación nuestra como animales nos ha de llevar a devolverles la dignidad y el valor que tienen, abandonando la idea de que podemos hacer uso de ellos a nuestro antojo, con total desprecio a su auténtica valía. Y, al igual que ellos, aprender a respetar y cuidar nuestro común cobijo, la tierra y la naturaleza.

Otros muchos temas de apasionante interés son abordados en esta obra, como puede ser la evolución, su sentido y significado; la trascendencia o la inmanencia; comentarios sobre muchos ejemplos de la vida animal, aportados por la autora, que indican nuestro parecido a su forma de actuar; … El libro tiene todos los merecimientos para ser leído y disfrutado.

Es evidente que, partiendo de estas premisas, las conclusiones a las que llega la autora y que trascienden esa nuestra realidad animal, no son compartidas por todas las corrientes del pensamiento. Es cierto. Para también lo es que el razonamiento de Challenger es muy consistente y da muestras de la humildad que adorna al auténtico científico, siendo consciente de los límites a los que alcanza su ciencia.

En definitiva, se trata de un libro que hay que tener muy presente; su lectura es una invitación a la reflexión y nos sitúa en una excelente plataforma desde la que poder abordar cualquier postulado sobre nuestra realidad de seres humanos.

Índice

El sello indeleble
Delirios de grandeza
La guerra civil de la mente
Un extraño para la creación
El viaje diario de las estrellas
Colofón: Sobre el encanto de ser animal

Bibliografía
Agradecimientos
Lista de ilustraciones
Índice onomástico





Facebook Twitter LinkedIn Google Meneame Viadeo Pinterest
21/07/2021 Comentarios




 Ficha técnica

Autora: Myrtha B. Casanova
Prólogo: Mª Jesús Prieto-Laffarge
ISBN: 9788418757044
PÁGINAS: 200
PUBLICACIÓN: Junio 2021
Formato: Papel y ebook
PVP: 21,90 euros
e-book: 9,99 euros
#ElPoderDeLaDiferencia



La obra
 
¿Qué significa realmente la diversidad en la gestión de empresas e instituciones? ¿De qué hablamos cuando nos referimos a la diversidad y a su poder para mover el mundo?
 
La diversidad «es la propia naturaleza de la humanidad» y «su gestión es un factor crítico para el progreso, un recurso que debe ser parte fundamental de una estrategia enfocada a la creación de un desarrollo inclusivo que comporte beneficios sociales y económicos». Este es el punto de partida de El poder de la diferencia, un libro en el que Myrtha B. Casanova analiza el concepto de la diversidad, su evolución, el coste de la no inclusión y cómo la están gestionando empresas de referencia.
 
El poder de la diferencia sugiere un modelo para la implementación corporativa de la gestión de la diversidad y la inclusión (D&I) sirviendo de hoja de ruta y recordatorio del proceso que conviene seguir a lo largo de su implemen-tación.

Gestión de la Diversidad y la Inclusión (D&I) en 15 pasos
 
  • Estrategia global corporativa: Las organizaciones tienen que mantener un fuerte compromiso en la creación de una fuerza laboral diversa sobre la cual basar la estrategia de sostenibilidad.  
  • Compromiso corporativo: La gestión de la diversidad en las organizaciones es un compromiso que asume la dirección de la empresa y que afecta al comportamiento de su conjunto.  
  • Sensibilización: Una actividad continua del líder de diversidad es la de implementar programas de sensibili-zación hacia la inclusión de personas con perfiles diversos de forma transversal en toda la organización.  
  • Comunicación: La comunicación interna es una constante que se debe gestionar creando canales de comu-nicación abiertos para todos los miembros de la organización donde tratar temas de interés general y de desarrollo personal. 
  • Fuerza laboral diversa: La tarea prioritaria de una organización debe ser la de analizar en toda su dimensión los perfiles del total de los componentes de la fuerza laboral para entonces evaluar si el perfil de su plantilla refleja el perfil de sus socios inmediatos.  
  • Inclusión: Gestionar la inclusión es una función básica y continua del equipo a cargo de potenciar el factor humano de la empresa.  
  • Compensación: Reconocer, no solo de forma monetaria, la contribución de los empleados tiene un gran va-lor; representa la diferencia entre el trabajo rutinario y el trabajo participativo.  
  • Innovación: La innovación es causa directa de la diversidad de perfiles y debe ser una actividad continua en toda la cadena.  
  • Gestión del tiempo como recurso: Es imprescindible plantearse cómo mejorar el rendimiento de los emplea-dos para garantizar una cuenta de resultados sostenible hacia el futuro.
  • Inteligencia artificial: Sustituir a las personas en trabajos repetitivos obliga el desarrollo de capacidades pro-fesionales diversas y de calidad en nuevas áreas para promover una vida laboral en el futuro y que las empre-sas puedan contar con el talento que les permita mantener una posición competitiva en los nuevos mercados.
  • Diferentes formas de trabajo: Deben implantarse sistemas de trabajo que permitan a las personas gestionar sus tiempos y poder cumplir con sus compromisos laborales, personales y familiares.
  • Emponderando la diferencia: Hay que buscar las necesidades comunes de la mayoría de los integrantes y crear un entorno inclusivo que permita a todo el colectivo rendir con máxima eficacia.
  • Inclusión: Las paredes no son los límites de la empresa. Un macroobjetivo es fomentar el sentido de perte-nencia de los clientes, proveedores, administraciones, agentes sociales y económicos en general.
  • Medir y evaluar: La aplicación de este principio garantiza la eficacia financiera y social con la que se imple-mentan los proyectos en todos los ámbitos de la empresa.
  • Costes de la no inclusión: Los costes de la no gestión de la inclusión de la diversidad son inadmisibles para una organización que quiera mantener una posición sostenible y de liderazgo en los entornos convulsos y cambiantes de este siglo.

Este libro es el fruto de la experiencia acumulada durante más de 40 años dedicados al estudio e implementación de políticas de inclusión y diversidad a niveles global. A lo largo de sus páginas encontrarás referencias y ejemplos de buenas prácticas llevadas a cabo por empresas como Google, Twitter, IBM, Nestlé o Sodexo en otras muchas.

 
Facebook Twitter LinkedIn Google Meneame Viadeo Pinterest
02/07/2021 Comentarios




Reseñas

La apuesta de Dios. (La aporía del mal y el mito de Job) Juan Antonio Martínez de la Fe , 22/06/2021
La apuesta de Dios. (La aporía del mal y el mito de Job)
Ficha Técnica

Título: La apuesta de Dios (La aporía del mal y el mito de Job)
Autor: José Antonio Gómez Marín
Edita: Editorial Renacimiento, Sevilla, 2021
Colección: Los Cuatro Vientos
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 320
ISBN: 978-84-18387-72-2
Precio: 20,81 euros

“El concepto del Mal es huidizo y sobre él los grandes pensadores apenas han aventurado más que improvisaciones teóricas”. Estas palabras del libro que se comenta pueden bien constituir la síntesis apretada de su contenido. El Mal, lo malo, el dolor, el sufrimiento, constituye un problema que viene oprimiendo a la humanidad a lo largo de los siglos. Se han intentado respuestas, especialmente desde el ámbito de las religiones, pero sin un éxito definitivo, sin una solución que sea incuestionablemente aceptada.

“Se trata, pues, de una preocupación, no poco obsesiva, que no desmaya siquiera ante la evidencia de su fracaso final”. Pese a ello, José Antonio Gómez Marín, haciendo gala de una extraordinaria erudición, nos ofrece en esta obra una aproximación al tema, brindando las conclusiones a que han llegado pensadores y filósofos a través de siglos de historia. Su opinión personal, tímidamente desvelada en algunos momentos, no se nos muestra como una aportación a la discusión por decisión del autor que, humildemente, piensa que poco puede aportar. Pese a ello, no da por concluido su compromiso con el tema.

Búsqueda de una definición

Naturalmente, las primeras secciones del libro tratan de aproximarnos a una definición del concepto de Mal. Parte de la base de que el Mal es irracional y, en consecuencia, los problemas relacionados con él carecen de una respuesta intelectual, por lo que resiste a cualquier intento de comprensión.

¿Tiene entidad el Mal, es ontológicamente real? Negarle entidad ha constituido uno de los recursos a los que han recurrido muchos pensadores. Y aquí, página tras página, el autor hace presentes a intelectuales de todas las épocas que han tratado con mayor o menor grado de acierto esta cuestión: ¿qué es el Mal?

Trata Gómez Marín de ofrecernos una tipología del Mal. En primer lugar, hace referencia al mal metafísico, que “responde a la contingencia y finitud humanas, a la consiguiente inevitabilidad de la muerte”. Si el final que nos aguarda, la muerte, es un símbolo radical del Mal, no es de extrañar que la humanidad, desde sus orígenes, haya intentado apoderarse de él y superarlo.

Pero, además, existe el mal físico, inevitable, que siempre genera en nosotros una reacción para neutralizarlo; se trata del dolor, del sufrimiento, la enfermedad, las catástrofes naturales. Pero, en cuanto sufrimiento experimentado por el sujeto, no es objetivable, sino que es algo concreto, personal y existencial.

Además de estos dos tipos, de estas dos maneras, de concebir el mal, nos encontramos con el mal moral; es un concepto que surge de la conciencia de falta, digamos de pecado, de transgresión punible que el hombre puede aceptar o rebelarse ante ella, sin cuestionarse que no es más que la consecuencia de su propio comportamiento. A nadie se le oculta que aquí se esconde la idea de pecado, incluido el original, que también es ampliamente referido por el autor trayendo de la mano a pensadores y teólogos.

La aporía del Mal, evidentemente, no puede ausentarse. ¿Es Dios el responsable de la existencia del Mal? O no es un Dios bueno o no es omnipotente; porque, si es bueno y puede, debería de eliminarlo; y, si no puede hacerlo, es que no lo puede todo. Aquí, tal y como propone Gómez Marín, es de vital importancia contraponer el concepto de Mal al de Bien. No falta quien lo defina como la ausencia de Bien, sin que tenga entidad propia.

Evidentemente, las teodiceas, las antropodiceas, la psicología del psicoanálisis o el marxismo, cada uno a su manera tratan de explicar la situación y proponer, cada uno a su manera, alguna solución; así, por ejemplo, Marx habla de transformar la sociedad para superar lo que considera el mal que la atenaza; Freud señala que hay que elevar al individuo a su nivel adulto; o Camus, que piensa que hay que luchar a pesar del sinsentido de la vida.

Como resumen de todo lo que el autor nos ha propuesto en este primer bloque de su libro, cabe señalar que, probablemente, el Mal no está en Dios ni en el hombre, reside, más bien, en el desencuentro de ambos, al menos en lo que respecta al mal moral, porque no puede extenderse al mal físico, aunque ambos, junto con el mal metafísico, están inextricablemente juntos.

Al habla con la filosofía y la teología

En una segunda parte, Gómez Marín nos invita a un recorrido por las disquisiciones filosóficas y teológicas sobre el mal, en la que, una vez más, da muestras de su profundo conocimiento del tema y de los muchos y variados autores que lo han tratado.

Desde un punto de vista filosófico y una vez establecido que el Mal no es una realidad separada, es amplia la variedad de posturas ante el problema. Hay una posición que entiende que, sin él, sin el Mal, la realidad quedaría incompleta por lo que no se daría la armonía universal; y otra posición lo considera como el último grado del ser, caracterizado por su miseria ontológica; mientras que otros, como Hegel, lo proponen como algo real que contribuye al desarrollo lógico-metafísico de lo realmente existente: sería el Mal una negatividad positiva. Por su parte, San Agustín explica que el Mal es un alejamiento de Dios.

Pero, ¿cuál es el origen del Mal?, se pregunta el autor uniéndose a San Agustín. “Volvemos al argumento de la desontologización al repetir que el mal no puede ser otra cosa que privación”, apunta como respuesta. Aunque no deja de reconocer que la búsqueda de ese origen y su localización continúa hasta nuestros días. Schelling y Hegel son los dos filósofos a los que presta especial atención sobre este particular.

Ya se ha apuntado cómo la cuestión del Mal pone a prueba las teodiceas, aquellas teorías que exoneran a Dios de toda responsabilidad por su existencia y sus efectos. Se trata, por lo general, de construcciones heredadas de la tradición judeocristiana, para la que, si bien Dios no es el creador del Mal, sin embargo, de alguna manera lo administra.

Partiendo de las tendencias que apuntan al Mal como un castigo de Dios a su criatura pecadora, es interesante el estudio que propone el autor sobre el tema de la culpa y su reparación, explicando cómo, en los tiempos primitivos de la iglesia no existía ese concepto de “culpa”, aunque sí, lógicamente, el de transgresión: “la noción de culpa que implica la del perdón y, en consecuencia, la de una institución penitencial, aunque aparezca en el Antiguo Testamento, no figura en el Evangelio, sino que es introducida poco a poco por la Iglesia una vez que esta deriva en organización jerárquica”. Pese a ello, este peso de la culpa informa la cultura europea desde su herencia judeocristiana, ahormada por la Iglesia, afirma Gómez Marín, en busca de su influencia terrenal. Freud, Nietzsche y Schopenhauer con sus planteamientos sobre la culpa son algunos de los autores reseñados por Gómez Marín.

Castigos a la culpa son el purgatorio y el infierno; si bien el segundo es eterno, el primero es temporal y, además, redimible. En cualquier caso, para el autor se trata de unos conceptos herencia fósil de las culturas primitivas, cuando no construcciones ideológicas de las religiones primitivas. Desde luego, lo que parece evidente es que el actual proceso de secularización que vivimos no es ajeno a la crítica intensa a que se ha sometido la escatología.

El Mal personificado

Cuestión diferente es la personalización del Mal en la figura del diablo, personaje que se produce y desarrolla en el pensamiento judeocristiano. Satán es el principio tentador, cuyo poder se ve debilitado por el libre albedrío humano, que es quien decide la posible transgresión y, en consecuencia, es el responsable del Mal, del pecado. A esta concepción se opone la que explica que es el hombre, abrumado por la culpa y propenso a darle sentido, quien crea a Satán.

Una vez personalizado el Mal, no existe impedimento para que el arte se lance a su representación. Desde luego, no desde los orígenes del cristianismo, cuando se consideraba que el diablo no era material, por lo que no correspondía la atribución de una figura; posteriormente, sí fue objeto de representación, así como su lugar de residencia, el infierno. Y, una vez personalizado, no es de extrañar que surjan los pactos con el maligno, de los que hay precedentes que culminan en el Fausto, de Goethe: personaje que recoge una serie de leyendas.

A partir de aquí, Gómez Marín se detiene ampliamente en el libro de Job. Le importa “mostrar el origen, la evolución y canonización de un mito antiquísimo que se centra en una figura apasionante de la reflexión teológica: la del justo sufriente”. En primer lugar, informa sobre la manera de nacer un mito, recogiendo las diferentes aportaciones sobre el tema: si se trata de una leyenda con base histórica o si, simplemente, se trata de un símbolo llevado a la narración, entre otras concepciones. De lo que no hay duda es de que su naturaleza es social, por lo que podría definirse como “una creación humana primitiva, anónima, impersonal e inconsciente que materializa esa imaginación en estado puro y que contiene dentro de sí a la ciencia, a la religión, a la poesía y a la filosofía”. No se trata de algo contrario a la razón, sino de una propuesta que exige mucha hermenéutica a la hora de reconsiderarla. En cualquier caso, es evidente que el concepto de mito reclama la comprensión previa de una manera arcaica de pensar, propia del hombre primitivo. En su interpretación, es necesario despojarlo de toda literalidad, buscando su significado simbólico, última intención de su autor.

En esta línea, Gómez Marín nos ofrece su propia definición: “el mito, para mí, es un lenguaje primordial en el que el hombre, en los primeros estadios de su civilización, trata de dar noticia de lo misterioso que encuentra en su vida, en la Naturaleza, en el propio enigma. Un lenguaje que se vale de símbolos, es decir, de representaciones forjadas en el imaginario para expresar lo inefable y dar sentido con ello a su experiencia de lo numinoso”.

Concretándose en el mito de Job, nos confiesa que se trata de un concepto, de un tema inabordable desde la razón y solo inteligible desde la flexibilidad del imaginario. Job, no parece caber duda, es un personaje de ficción. En su mitificación aparecen todas las cuestiones relativas al Mal, como es el caso de la doctrina de la retribución, la idea de la penitencia como virtud, la actitud del protagonista ante Dios justificándolo, la permisividad de Dios para consentir el Mal, …

En el mito, se cobra conciencia de que el problema del Mal es una aporía porque carece de respuesta intelectual y que Job es un personaje como el que no existe otro igual en ser incomprendido y, por otro lado, tan tergiversado. La culminación de esta obra, el Libro de Job, está probablemente en su desenlace.

Valgan estas palabras del autor como cierre a su ensayo: “El Hombre nada puede saber de los designios de Dios, ni tampoco de la razón que mueve tanto al Bien como al Mal, viviendo como vive inmerso en el misterio insondable que es la propia existencia”.

Concluyendo

El libro que comentamos es una obra para tener a mano, cuando se trata de hablar del Mal. O de su opuesto, el Bien. Porque Gómez Marín nos ofrece, de manera didáctica y bien escalonada, las aportaciones de pensadores y filósofos sobre este tema y los que emanan de él: la culpa, el pecado, la justicia, el perdón, el dolor, el sufrimiento, …; desde los más antiguos hasta los más recientes, con lo que se tiene a la vista un completo panorama del tema.

Desde luego, es indispensable, sobre todo, para el análisis y comprensión del mito recogido en el Libro de Job; un mito que ha sido abordado por exegetas, filósofos, teólogos, psicólogos, etc. Un mito, en definitiva, cuyo espíritu ha trascendido el tiempo y ha echado raíces en nuestra cultura occidental.

Índice

Advertencia preliminar
Introducción

Parte I. Aproximación al concepto
1. La entidad del mal
2. El rastro de Platón
3. Tipología del mal
4. El hombre culpable
5. ¿Es Dios omnipotente?

Parte II. Disquisiciones filosóficas y teológicas
1. Teorías filosóficas
1.1. El mal visto por Schelling y Hegel
2. Sobre las teodiceas
2.1. Sobre la culpa y su reparación
2.2. El purgatorio y el infierno
2.3. La reflexión sobre la escatología
2.4. El infierno o País de los muertos
3. La personificación del mal
3.1. La imagen en el arte
3.2. Los pactos con el diablo

Parte III. Reflexiones para interpretar el mito

Parte IV. Orígenes, desarrollo y sentido del mito de Job
1. Precedentes de la leyenda o el cuento de Job
2. El mito de Job visto por los Padres de la Iglesia
3. Job visto desde la modernidad
4. La rebelión de Job
5. El Dios de Job y su “mediador”

Parte V. La apuesta divina y la reparación

Conclusión
Bibliografía utilizada
Facebook Twitter LinkedIn Google Meneame Viadeo Pinterest
22/06/2021 Comentarios




1 2 3 4 5 » ... 154


Redacción T21
Este canal ofrece comentarios de libros seleccionados, que nuestra Redacción considera de interés para la sociedad de nuestro tiempo. Los comentarios están abiertos a la participación de los lectores de nuestra revista.



Secciones


Compartir contenidos
RSS ATOM RSS comment PODCAST Mobile