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Reseñas

El mal en el pensamiento moderno Juan Antonio Martínez de la Fe , 28/08/2026

Una historia alternativa de la filosofía


El mal en el pensamiento moderno
Ficha Técnica

Título: El mal en el pensamiento moderno. Una historia alternativa de la filosofía
Autora: Susan Neiman
Edita: Penguin Random House Grupo Editorial, Barcelona, 2026
Traducción: Felipe Garrido Reyes
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 480
ISBN: 978-84-10214-87-3
Precio: 23,65 euros

El mal es un asunto que viene preocupando a la humanidad desde los primeros filósofos. A lo largo de los siglos, se lo ha enfocado desde diferentes puntos de vista. Y esta obra de Susan Neiman recoge los habidos en la modernidad, con una peculiaridad: al final del libro, en un epílogo, vuelve su mirada a los pocos años transcurridos desde su aparición en 2002 y ya enumera aspectos que podría haber considerado en la presente edición, tras esta nueva lectura.

Muchos son los autores que han abordado la cuestión; por citar a los más destacados dentro de nuestro panorama, figuran Andrés Torres Queiruga, para quien no se trata de justificar a Dios frente al mal, como se propugnó desde una teodicea clásica, sino que se ha de comprender desde la condición de finitud de la creación; Manuel Fraijó, quien aborda la cuestión desde la filosofía de la religión, fijándose especialmente en el constante sufrimiento de las víctimas y la perentoria necesidad de justicia hacia ellas; o Juan Antonio Estrada, que reflexiona sobre la relación entre teodicea, sufrimiento y esperanza cristiana. Por supuesto: hay muchos más que parten desde posturas diferentes; en este caso, Neiman no reduce la cuestión del mal a una simple cuestión de teodicea o teología, sino que plantea ambiciosamente la inteligibilidad y sentido del mundo. Convierte la pregunta de cómo puede permitir Dios el mal en otra más amplia: ¿qué significa que el mundo sea inteligible con tanta presencia de un mal radical?

¿Qué se entiende por mal?

La primera dificultad que afronta la autora es la propia definición de “mal”. Para ella, si el mal no puede definirse de alguna manera que garantice que podamos reconocerlo, no parece lógico emplear el concepto. “El hecho de que no dispongamos de medios objetivos para decidir cuándo un acto es una forma de mal, mientras que otro es simplemente horrible, deja este poderoso término totalmente a merced de la manipulación”.

Como otros muchos conceptos cruciales, el mal no es el tipo de cosas que tenga una forma única: es inútil tratar de comprenderlo buscando las condiciones necesarias y suficientes para presentar cada una de sus facetas.

Se plantea Susan Neiman ofrecer modelos de análisis de manifestaciones del mal que puedan servir para otras futuras; al propio tiempo, darnos un armazón histórico y conceptual en el cual ubicarlas. A tal fin, nos propone dos ejemplos con la esperanza de que una genuina claridad moral pueda brotar del análisis filosófico de sucesos específicos: uno de ellos es el terremoto de Lisboa y el otro el asesinato masivo de Auschwitz, porque, a su juicio, pueden ser considerados como el principio y el fin de los tiempos modernos. ¿Es que no hay otros ejemplos? Lamentablemente, sí: la Revolución Francesa, Hiroshima, … Son los que ella cita, pero no hay sino que acceder a los medios de comunicación para encontrarnos rasgadores modelos: el 21-S, Gaza, terrorismo, cadáveres de inmigrantes, …

Para cumplir con su objetivo, Neiman no se limita a una mera cronología, sino que agrupa los autores que analiza en función de su reflexión ante el problema. Eso sí: pretendiendo presentar una nueva narrativa de los textos clásicos de la filosofía occidental, opta por soslayar lo que resultaba convencional. Y es necesario resaltar que su estudio está centrado en la filosofía occidental; deja así una puerta abierta a un vastísimo campo en el que otras culturas se enfrentan al problema del mal. No en vano, su esperanza no es agotar los caminos de la investigación, sino abrirlos. Simplemente, ella lo que se propuso fue elaborar una narrativa de la historia de la filosofía que fuera diferente a la que ella aprendió.

Mal natural, mal moral, mal metafísico

Habría que distinguir, de manera simplificada, en tres posibles categorías del mal: el mal natural, el mal moral y el mal metafísico. Y se dice que es de manera simplificada porque hacerlo así supone eliminar la posibilidad de examinar las relaciones entre estos tipos clasificatorios, algo que con gran acierto realiza Neiman en esta extensa obra.

Para su análisis, arranca con la frase que el rey Alfonso X pronunció y que tantos debates suscitó: “Si yo hubiera sido del consejo de Dios, en la Creación, muchas cosas habrían quedado mejor ordenadas”. Severa acusación a la divinidad que encontró abogados que la defendiesen, como fue el caso de Leibniz y Pope; pero también fiscales que fueron incisivos en su denuncia: Bayle, Voltaire, o Nietzsche, entre otros. Ninguno se mostró indiferente ante el horror causado en 1755 por el terremoto de Lisboa. ¿Castigo divino o mal natural? En cualquier caso, hay quien considera que la autora no profundiza con igual acierto en el análisis de los autores que desfilan por su obra.

El segundo ejemplo abordado de manera especial en la obra es el de los asesinatos de Auschwitz, que suscita cuestiones de moralidad y ética e, incluso, de sentido. Son varias las cuestiones que se abordan aquí, recurriendo a los filósofos: ¿se puede hacer un mal para obtener un bien?, ¿es reprobable un mal si la intención de quien lo comete es buena? Como ejemplo, se estudia bien en esta obra la polémica no cerrada por el libro de Arendt Eichmann en Jerusalén, ya que hubo quien interpretó que la filósofa, en cierto modo, excusaba las acciones del nazi pues, en su defensa durante el juicio que lo condenó a muerte, alegó que no era sino un simple burócrata que cumplía órdenes, que era su deber.
¿Mal moral? ¿Tuvo intención de hacer el daño que infligió? Situar el mal en la intención de quien lo comete es ya una manera de buscarle una justificación.

Finalmente, el tema del mal metafísico queda distribuido a lo largo de las situaciones analizadas, pues traspone las fronteras de las circunstancias concretas de cada hecho para alzarse elevándose a las esferas del planteamiento filosófico. ¿Tiene sentido la naturaleza, el sufrimiento, la vida?

De esto y mucho más trata este libro de Susan Neiman. Aquí solo se ofrecen unas pistas para invitar a sumergirse en sus páginas, con la confianza de que su lectura no defraudará.

Concluyendo

“Este libro no solamente pretende interesar por igual a quienes son filósofos profesionales que a quienes no lo son, sino mostrar que a lo largo de la mayor parte de su historia la filosofía misma fue de interés tanto para quienes eran filósofos profesionales como para quienes no lo eran”.

Así explica la autora cómo concibió su obra. Pero no parece que a quienes no sean filósofos profesionales, pero no estén próximos y habituados a los temas de la filosofía, les vaya a resultar fácilmente accesible.

Aparecen en sus páginas los pensadores más representativos de las diferentes corrientes filosóficas e incluso religiosas que se han enfrentado al problema del mal. El análisis de sus escritos es riguroso y profundo; pero, por lo general, supone conocer de antemano sus contenidos, tanto en textos expresamente filosóficos como en aquellos que utilizan la narración para dar a conocer sus posturas.

Dicho esto, su lectura es por momentos apasionante. Utilizar el mal como punto central y de partida como clave para reconsiderar toda la filosofía moderna es un objetivo complejo que Susan Neiman resuelve sólidamente argumentado. Hace emerger sutiles aspectos que, por lo general, pasan desapercibidos, lo que brinda al lector la posibilidad de ampliar su visión de las propuestas realizadas por quienes discurren por los capítulos de la obra. Y, probablemente, haga anidar el deseo y la voluntad de conocer más de la ya amplia bibliografía de la autora.

Índice

Prefacio a la edición de 2024
Agradecimientos

Introducción
1. Fuego desde el cielo
Los abogados de Dios: Leibniz y Pope
En Newton de la mente: Jean-Jacques Rousseau
La sabiduría dividida: Inmanuel Kant
Lo real y lo racional: Hegel y Marx
En conclusión
2. Condenar al arquitecto
Materia prima: el Diccionario de Bayle
Los destinos de Voltaire
La impotencia de la razón: David Hume
La salida del túnel: el marqués de Sade
Schopenhauer: el mundo como un tribunal
3. El fin de una ilusión
Dilemas eternos: Nietzsche se ocupa de la redención
Sobre el consuelo: Freud frente a la Providencia
4. Sin hogar
Terremotos: ¿por qué Lisboa?
Asesinatos masivos: ¿por qué Auschwitz?
Pérdidas: el fin de las teodiceas modernas
Intenciones: sentido y maldad
Terror: después del 11-S
Restos: Camus, Arendt, la teoría crítica, Rawls
Orígenes: el principio de la razón suficiente

Epílogo a la edición de Princeton Classics de 2015
Notas
Bibliografía
Índice alfabético











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28/08/2026 Comentarios

Reseñas

El mester de preguntar por las palabras Juan Antonio Martínez de la Fe , 12/08/2026

Claves y enclaves de una vida


El mester de preguntar por las palabras
Ficha Técnica

Título: El mester de preguntar por las palabras. Claves y enclaves de una vida
Autor: Maximiano Trapero Trapero
Edita: Ediciones Idea, Santa Cruz de Tenerife, 2026
Ilustración de la cubierta: Maximiano Trapero, retrato realizado por Marina Zambrana
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 564
ISBN: 979-13-87870-16-4
Precio: 31,10 euros

A primera vista, este libro de Maximiano Trapero puede parecer una autobiografía, una simple autobiografía. Lo es; pero no solo: se trata de una obra que nos permite acercarnos a una serie de realidades de las que el autor participó de alguna manera.

No está redactada de acuerdo con un orden cronológico, que nos permitiría seguir los pasos de quien las escribe a lo largo de algo más de siete décadas, que es el momento en que se propone la redacción de toda una vida: arduo intento, ciertamente. Por el contrario, Maximiano Trapero nos propone áreas temáticas y nos detalla su papel en ellas.

No quiere llamarlas memorias, porque “más que memorias, que es cosa de la inteligencia, mi relato es de recuerdos, que es cosa del corazón”. Son, pues, destellos de una existencia que han quedado grabados en ese recóndito espacio donde se guardan, imborrables, los más destacados aconteceres de los que fue partícipe.

“Si es verdad que todo lo que hoy se escribe en un ordenador pasa a una ‘nube’ gigantesca que todo lo contiene, podría algún curioso buscavidas hallarlas en un futuro muy incierto y ‘bajarlas’ a esta tierra y darlas a conocer a gentes que nada sepan de mí ni del tiempo en que he vivido”. Ahora ha llegado el momento de que, quien ha conocido a Maximiano Trapero, reciba el regalo de esas gotas de beneficiosa lluvia que descienden de tan alta nube; y de que, quien no ha tenido la fortuna de conocerlo, se pueda acercar a alguien de tanto significado en el amplio campo de la filología, del romancero, del repentismo y, de manera muy especial, a esa ciencia que es la toponimia, donde la de las islas Canarias es todo un nuevo campo que bucea en términos procedentes de la desaparecida lengua de los guanches.

Termina su prólogo el autor afirmando que vuelve la vista atrás “con la convicción de que ya está todo consumado, de que no habrá más que merezca ser contado”. La vitalidad y los saberes de Maximiano Trapero parecen contradecir su convicción; aún esperamos mucho de su trabajo investigador.

Estudiante universitario

Siguiendo la huella de sus pasos, rastreadas en los capítulos del libro, no solo sabremos de sus peripecias personales, sino que, también, nos introduciremos en el entorno que las rodeó.

Así, sabremos de la vida universitaria en La Laguna, y conoceremos detalles de su claustro de profesores, de las dificultades de compaginar la vida laboral con el tiempo de los estudios, escaso siempre y, sobre todo, cuando, tras su matrimonio, los hijos acompañan a la pareja.

Huella profunda dejó en el autor su paso por el Frente de Juventudes, tras sus estudios en la Academia José Antonio que abrió caminos de investigación de los que tanto supo sacar provecho. Guarda especial recuerdo de quienes fueron sus especiales compañeros en el mundo universitario, del que poco pudo participar por su actividad como director del Colegio Mayor San Agustín de La Laguna.

La docencia

Terminada su carrera, comienza una actividad que ocuparía y llenaría su vida: la docencia; primero, en Cangas del Narcea, tierra de extremos climáticos colmados de añoranza por los templados aires de las islas Canarias, adonde regresa para ejercer en los institutos de San Nicolás de Tolentino y de Agüimes y, ya en Las Palmas de Gran Canaria, participa activamente en la vida cultural de la ciudad, dando detalles de cómo se desarrollaba, quiénes la vivificaban y quiénes participaban de ella. Luego, la universidad, donde transcurren décadas de su vida.

Toda una vida

Luego, la mirada del autor se vuelve a los años de su infancia en el pueblito leonés de Gusendos de los Oteros. Nos presenta a su familia: padres, abuelos, hermanos, tíos y tías, dando razón de su apellido y del extraño nombre de su localidad de nacimiento.

Es el retrato de la vida cotidiana en un pequeño espacio de la España vaciada; así que no solo conocemos a las personas que allí desarrollaban su modesta vida, sino que se puede visitar una escuela unitaria donde se arremolinaban los pocos alumnos, siempre inquietos, que soportaban los rigores del estío y del crudo invierno, cuando tenían que acudir con sus propias brasas encendidas desde sus casas para poder combatir el estricto frío invernal. Niños que, con frecuencia, tenían que abandonar el aula para colaborar en las tareas agrícolas o domésticas, pero que aun así hallaban espacio para realizar correrías infantiles y participar en juegos propios de la edad.

La Iglesia cubría con su amplio manto la vida de los habitantes; en la Navidad, se contaba con la pastorada y una ansiada naranja era el magnífico regalo de la mañana de Reyes. La Semana Santa disponía de un vasto campo de celebraciones, pero muy alejadas de las tradicionales procesiones de las ciudades, limitándose aquí a procesionar con dos crucifijos, una más grande y otro más pequeños, siendo objeto el mayor de una subasta para decidir quién lo portaba.

Estas páginas nos hablan de la peculiar tradición, digna de todo encomio, de la Cofradía del Palo de los Pobres; y no faltaban las misiones populares y de captación de vocaciones sacerdotales.

Podemos acompañar al autor cuando, a lomos de una montura, en tren y en autobús, fue llevado por su padre al colegio seminario de los dominicos. Su primera salida del pueblo, alejado de los suyos: aún resuena en sus oídos el golpe seco del portón que se cerró tras despedirse de su progenitor y comenzar una nueva vida. Compañeros suyos de aquella época fueron amigos toda una existencia.

Fundamental para Trapero fue su paso por la Academia de José Antonio, al que lo podemos acompañar conociendo sus propósitos, sus métodos de enseñanza, los métodos educativos, las visitas culturales, etc.

En Canarias

Superada esta etapa, la vida en Canarias centra un nuevo capítulo de la obra, donde destaca, de manera especial, los avatares y circunstancias que llevaron a la creación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, tras la existencia del Colegio Universitario dependiente de la de La Laguna.

Las tareas investigadoras del autor se centraron, principalmente, en el romancero, la lírica popular, la décima, la poesía improvisada, con incursión en la improvisación poética en Cerdeña, el País Vasco o los Balcanes. Aquí se podrá conocer a los principales protagonistas que facilitaban información en visitas por todas las islas y por países de Latinoamérica. En estas páginas se encuentra una información exhaustiva y fundamental para conocer estas peculiaridades, supervivencias, algunas increíbles, de lo que constituyó una forma especial de comunicación y de relaciones sociales a través de los siglos.

Ya se ha hecho alusión a sus estudios sobre la toponimia. Un terreno prácticamente inexplorado hasta entonces, con abundancia de errores en la denominación de localidades y accidentes geográficos, debidos, en gran parte, a la mala traslación a los documentos de la peculiar manera de hablar de los canarios; mención especial merecen los topónimos derivados de guanchismos. Trapero no empieza su labor investigadora partiendo de los documentos, sino que recurre, en primer lugar, a las fuentes orales, donde encuentra la génesis de las denominaciones que luego aparecen documentadas. Esta magnífica labor está accesible en la web de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

Amistades, aficiones, familia

Con tanta actividad, encontró el autor espacio para sus aficiones: sus lecturas, la edición de libros y la música. No faltan paseos por la playa y por el campo, los viajes y la visión de buenas películas.

A lo largo de su vida, Trapero cultivó muchas amistades. Las principales son detalladas en la obra de manera personalizada. Y no oculta sus duelos y quebrantos de salud, describiendo cómo es la situación de los enfermos ingresados en un hospital.

No es de extrañar que tanto esfuerzo no mereciera recompensas: premio de la Real Academia Española, la Medalla de Oro de Vasconcelos, el Premio Canarias, Hijo Adoptivo de Las Palmas de Gran Canaria y de la isla de Gran Canaria, culminando con su nombramiento como profesor emérito de su universidad, entre otros.

La obra se termina presentado a su familia de El Hierro, de donde es oriunda su mujer; habla de sus hijos, de sus nietos y cuenta la historia de su suegro Manuel, alcalde socialista y maestro que tuvo que huir y esconderse en su isla herreña durante varios años, tras el golpe de estado de 1936; una historia que ha sido narrada en un libro y una película de muy buena factura.

No podía faltar un hueco especial para su único hijo varón, Jorge Raúl, prometedor joven que falleció accidentalmente en una inmersión submarinista en El Hierro. Páginas desgarradoras.

El libro se cierra con una relación de las publicaciones del autor y un amplio anexo fotográfico.

Concluyendo

Aquí se podría adjudicar a Maximiano Trapero el juicio que hizo a un amigo suyo escritor: “No es que escribas bien, muy bien que diría cualquier lego, es que haces deliciosa la literatura, que es otra cosa, otra dimensión”.

Evidentemente, es una obra de una lectura muy accesible que, como queda dicho, no solo aporta un conocimiento del autor, sino que es un balcón panorámico para contemplar y disfrutar de los entornos en que ha desarrollado su vida desde su infancia hasta su jubilación, cuando disfruta de sus nietos.

Índice

Prólogo

LA CLAVE DE CANARIAS
Mis primeros años en Canarias: La Candelaria y la Universidad de La Laguna
Mis profesores universitarios
Mi vida universitaria
Mi paso por el Frente de Juventudes
Mi tesis doctoral
El Colegio Mayor San Agustín
Dos años en Santa Cruz de Tenerife
Mi traslado y mis primeros años en Gran Canaria
Cangas del Narcea
La Aldea de San Nicolás
Catedrático de instituto
El Instituto de Agüimes
Mi introducción en la vida cultural de Las Palmas
La beca de la Fundación March

LA CLAVE DE NACER EN UN PUEBLO

Mi familia
El fusilamiento del tío Pepe
La familia de mi madre
El apellido Trapero
Mi pueblo y su tan extraño nombre
Etimología germánica de Gusendos
El “apellido” de Los Oteros
Lo que recuerdo y sé de mi infancia
La escuela
¿Hubo hambre?
Mis recuerdos revitalizados
La Cofradía del Palo de los Pobres
Las limitaciones, los trabajos de niños, el frío
La Pastorada
La religión y la iglesia
Las Misiones y la captación de vocaciones
La Semana Santa
¿Y qué fue de aquello? ¿En qué paró?

LA CLAVE DE LOS DOMINICOS
Mi primer viaje a León
De Gusendos a Corias: un viaje de dos días, en burra, en tren y en autobús
La Virgen del Camino

LA CLAVE DE LA ACADEMIA JOSÉ ANTONIO


MI VIDA ACADÉMICA
Creación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria
Catedrático de Universidad
Cursos, tesis, congresos, oposiciones y demás
Dos encuentros-festivales internacionales sobre la poesía improvisada
Un Congreso Internacional sobre el Romancero en La Gomera
Una comisión para una plaza universitaria muy accidentada
Eugenio Coseriu en la Universidad de Las Palmas

MIS INVESTIGACIONES
El romancero
El caso de La Gomera
Eulalio Marrero, “el Gran Memoria”
Pedro Leoncio, “el Ciego de Estrada”
Rafaela Crespo, una mujer de Calzada de la Valdería
La lírica popular
Los ranchos de ánimas y de pascuas de Canarias
Cien adivinanzas poéticas de un pastor de Fuerteventura
Religiosidad popular en verso
El canto a lo divino
La décima y la poesía improvisada
La décima
La poesía improvisada
Santos Rubio
Guillermo Velázquez
Los repentistas cubanos
Alexis Díaz-Pimienta
Creatividad poética sobre un pie forzado
Jesús Orta Ruiz el “Indio Naborí”
Las otras formas de improvisación poética
Los cantadori de Cerdeña
Los versolaris del País Vasco
Los guslari de los Balcanes
La toponimia
Mis estudios sobre el guanche
La palabra guanche
Los guanchismos en El Hierro
Diccionario de topónimos guanches

MIS AFICIONES
Los libros
La edición de libros
La música
Los paseos por la playa y por el campo
El cine
Los viajes

MIS AMIGOS
Goyo Barreales y Amando Robles. Josemari Cortés e Isidro Cicero. Narciso Merchán y Santos Berrocal. Jose (sin acento) Ferrer. Mis amigos de la Universidad de Las Palmas: Eladio Santana, Lothar Siemens e Ismael Fernández de la Cuesta, Guillermo García-Alcalde, Justo Jorge Padrón, Pedro Fuertes, Miguel Manzano, Paco Pomares, Virgilio López Lemus, José Julián Labrador, Mi Cofradía Gastronómica Cultural, Luna.

MI SALUD Y MIS DUELOS Y QUEBRANTOS

MIS MOMENTOS DE GLORIA

El premio de la Real Academia Española
La Medalla de Oro Vasconcelos
El Premio Canarias
Profesor Emérito

MI FAMILIA CANARIA
El Hierro y la historia del abuelo Eleuterio
La historia de suegro Manuel
Mi mujer y mis hijos
Mis nietos
Post Scriptum
La muerte de mi hijo Jorge Raúl

Libros y monografías principales del autor

Anexo de fotografías


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12/08/2026 Comentarios

Reseñas

La respuesta Juan Antonio Martínez de la Fe , 27/07/2026
La respuesta
Ficha Técnica

Título: La respuesta
Autor: Juan Luis Arsuaga
Edita: Ediciones Destino, Barcelona, 2026
Colección: Imago Mundi
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 536
ISBN: 978-84-233-6989-8
Precio: 22,90 euros

Desde luego, no cabe duda de que el título de este interesante libro es muy llamativo. Diría más: provocador. Pero indudablemente, desconcertante. A un posible lector le despertará la curiosidad porque una respuesta es la reacción a una pregunta y esta no aparece inicialmente, sino que lo hace al final, Y, cuando se llega a ella, resulta que se trata de una cuestión metafísica, aunque parta y se sustente en la ciencia, que es la actividad de Juan Luis Arsuaga.

A quien haya seguido algunas de sus obras más recientes, como La vida contada por un sapiens a un neandertal, La muerte contada por un sapiens a un neandertal, La conciencia contada por un sapiens a un neandertal o Nuestro cuerpo (por citar algunos de sus abundantes libros), podría suponer que se trata de dar respuesta, la respuesta, a cuestiones que en ellas se plantean. No andaría muy descaminado. Pero, para quien comience a conocer los escritos de Arsuaga, le podría resultar un tanto extraño que un título, La respuesta, sea como comenzar la casa por el tejado.

Desde luego, el autor se planteó diversas maneras de encabezar su libro, probablemente más esclarecedoras de su contenido. Pero se dejó convencer por los consejos de un escritor, buen conocedor de los resortes para despertar el interés de quien, al pasar delante del escaparate de una librería, se viera interpelado por tan llamativo titular.

Pero todo esto es secundario. El contenido de la obra es sumamente interesante, explicado con toda naturalidad. Y no es extraño. Arsuaga la concibe como un anciano de la tribu que, al calor de la lumbre, cuenta historias de la tradición a los miembros del clan que, llenos de respetuosa atención, escuchan absortos las palabras del sabio.

El anciano de la tribu cuenta la evolución

Y, como corresponde al narrador maduro, vuelve su vista a quienes le han precedido en el sitial que ahora ocupa, en este caso, el aristocrático paleontólogo y jesuita francés Pierre Teilhard de Chardin. Aparece desde las primeras páginas y no deja de hacer frecuentes apariciones en las que componen la obra.

Una obra que, no podía ser de otra manera, aborda el tema de la evolución, de la que dice que “si hay alguna línea de progreso en la evolución, es el del aumento de la diversidad”. Las huellas de tal incremento no son fáciles de seguir: el tiempo es persistente en su intento de borrarlas, por lo que “siempre tendremos graves problemas para conocer el origen de las grandes producciones de la evolución, sus mejores inventos, que solo conocemos cuando ya han alcanzado su plenitud”.

Antes de abordar el análisis de los restos fósiles, Arsuaga se detiene en darnos a conocer más de cerca a nuestros parientes vivos, nuestros parientes, que son los grandes simios: gorilas, orangutanes, chimpancés y bonobos.

Dado que no solo la anatomía está sujeta a la evolución sino que, también lo está la conducta, el autor explica cómo el objetivo de todo ser viviente es aplicar toda la energía posible en perpetuarse en los genes: nuestros cuerpos son efímeros, los genes son eternos, afirma. A lo que añade que todo el mundo necesita calorías para convertirlas en hijos.

Tras analizar lo que supuso la aparición de la postura bípeda, explica cómo la evolución no sucede al margen del planeta y de los ecosistemas: “el clima cambia, la geografía cambia y las especies se adaptan a los cambios evolucionando.

¿Inmortales?

¿Alcanzaremos la inmortalidad? No es la primera vez que Arsuaga aborda este tema, tan en boga en la actualidad. Si no la inmortalidad, sí, al menos, se tiene la esperanza de aumentar el horizonte de la longevidad. ¿Por qué la evolución no ha producido los cambios necesarios para que las “enfermedades” propias del paso de los años no nos ataquen y deterioren como lo hacen? Cuestiones a las que, esta vez sí, el autor ofrece una respuesta, bien detallada en las páginas de la obra, no escatimando aducir ejemplos concretos de alguna dolencia que puede afectarnos; no falta, desde luego, la explicación de dos conceptos que, pese a su apariencia de sinónimos, son bien diferentes: longevidad y esperanza de vida.

Son especialmente interesantes los capítulos que dedica al fuego y su importancia para nuestra manera de ingerir alimentos y el referido al vulcanismo y la biogeografía, aspectos ambos que abren vías a las consecuencias sobre nuestros antepasados y que se pueden detectar por los vestigios fósiles que nos han legado.

Un decisivo paso de la evolución humana fue el acceso a la consciencia, muy vinculado al desarrollo del cerebro de nuestra especie. Hay un descubrimiento fundamental que aparece en el tiempo, relacionado con la muerte y los ritos funerarios: el hecho de que vamos a morir; hallazgo que se asienta en dos pasos previos: primero, que existe la muerte y, por supuesto, que nosotros existimos.

El cerebro

Siendo el cerebro elemento destacado de nuestro proceso evolutivo, ha de estar necesariamente bien protegido por un cráneo a prueba de golpes. Los cráneos se han ido conformando a lo largo del tiempo y de manera bien diferente en cada una de las especies de grandes simios. Pero constituyen un material de primer orden para poder marcar las vías que los separan y cuyos fósiles, escasos, son briosamente perseguidos por los paleontólogos, pues constituyen peldaños de la escala de la evolución; y donde no es extraño tropezarse con huesos que presentan signos de violencia e, incluso, de canibalismo, entremezclados con los de animales que llegaron a ese nicho por diferentes vías.

Con tantos datos que nos aporta el autor, puede uno preguntarse si sería capaz de reconocer a un neandertal si lo encontrara en la cola del supermercado, algo que aborda en estas páginas aunque a él no le agrade que se compare a las personas con otras especies,

Y cuestiones tales como la razón por la que son dolorosos los partos entre nosotros a diferencia de lo que ocurre con los mamíferos en general, por qué solemos tener menos crías que otras especies donde las camadas son muy abundantes, qué caracteriza en nuestra especie el período de la adolescencia, si somos agresivos por naturaleza o si somos los más tolerantes de los seres vivos, el papel de las mitocondrias, si somos perezosos por naturaleza o si somos animales eusociales o, incluso, si las máquinas que fabricamos pueden llegar a pensar, pueblan las páginas de esta obra dando respuestas muy bien desarrolladas y explicadas a todas ellas.

Concluyendo

“Este es el propósito de este libro, hacernos preguntas, buscar a las personas que se esfuerzan en contestarlas y ver qué se les ha ocurrido”. Un propósito que, sin lugar a dudas, queda ampliamente conseguido.

Arsuaga, teniendo como hilo conductor la evolución, nos va planteando el fruto de su experiencia investigadora, aporta ejemplos concretos de sus hallazgos y, lo que es más destacable, nos hace partícipes de sus reflexiones ante ellos y de las conclusiones a las que llega; porque, en esta ocasión sí, no se limita a exponer las posibilidades invitando al lector a optar por una u otra alternativa, sino que confiesa cuál es aquella por la que se inclina, con toda la base de su argumentación pero con la humildad suficiente para considerar otras, como corresponde a un honesto científico.

El autor es un magnífico comunicador. Su discurso es claro, pedagógico, siempre apoyado en casos reales. Y esa forma de expresarse que mantiene sin pestañear a quien lo escucha, la ha trasladado a este libro. Lo hace sin necesidad de un escritor que actúe como intermediario, tal y como ha ocurrido en otros libros suyos. Y el éxito de su texto es indudable: el lector se siente atrapado, compartiendo con él la emoción de los hallazgos, las reflexiones que le suscitan y siguiendo interesado cómo el homo sapiens al que ha llegado nuestra especie ha ido progresando, paso a paso.

Otro acierto del libro, pretendido por el autor consecuente con el planteamiento de su obra y el público objetivo al que se dirige, es la no presencia de aparato crítico; no hay notas a pie de página que interrumpan la continuidad de la lectura. Y la bibliografía que aparece en el índice se reduce a citar, sin más datos de identificación, una lista de seis títulos correspondientes a libros de los que es autor o coautor.

Y, por supuesto, no deja de hacer preguntas a las personas que se esfuerzan en contestar todas aquellas que nos planteamos continuamente. Por la obra se asoman Teilhard de Chardin, Charles Darwin, Jane Goodall, Biruté Galdikas, Dian Fossey, Mary-Claire King. Gregor Mendel, Konrad Lorenz, Allan Wilson, Gen Suwa, Tim White, y muchos más especialistas que aportan sus conocimientos según el apartado que está tratando Arsuaga.

¿Y cuál es la pregunta a la que pretende responder la obra? No es una sola; o puede ser una con diversas ramificaciones. Pero no las vamos a desvelar aquí; restaríamos el atractivo del misterio que Arsuaga quiso mantener hasta las últimas páginas, como corresponde a un libro de intriga. Una cosa sí es bueno admitir: se trata “de preguntas metafísicas, no científicas” ante las que nos dice que le acompañemos para ver qué se puede hacer con ellas sin salirnos demasiado del terreno de la ciencia; aunque un poquito, sí. Porque las preguntas “por qué” no son las preguntas propias de la ciencia, sino “cómo”, que es de lo que trata el libro. Y lo que el lector ha de esperar.

Índice

Prólogo. La tribu humana

Soy el Viejo de la Tribu
Antropogénesis
El 1%
El juego de la vida
La postura bípeda
Clima y evolución
Una espina punzante
Un completo desconocido
En busca del fuego
Fuerzas poderosas sacuden el mundo
Por quién doblan las campanas
Un cráneo a prueba de golpes
Lagartos gigantes, elefantes enanos y hobbits
La colina del huesos de dragón
Conocimiento del medio
Caníbales reincidentes
La sima
La extraña cara de los neandertales
Un cuerpo hecho de conflictos
¿Qué es mejor, ser ratón o ser elefante?
Niños prodigio
Los santos inocentes
Sancho Panza no quiere ser paleolítico
Homo sapiens, vete a casa
El lío en el medio
El encuentro
¿Somos la especie perezosa?
Las sociedades supercomplejas
Cómo convertir energía en hijos
¿Se puede ver un pensamiento?
Yo soy esa máquina. Y tú también
Conocimiento y sabiduría
La pregunta

Bibliografía




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27/07/2026 Comentarios

Reseñas

Monjas Juan Antonio Martínez de la Fe , 16/06/2026

Historias secretas del convento


Monjas
Ficha Técnica

Título: Monjas. Historias secretas del convento
Autora: Silvia Evangelisti
Edita: Editorial Planeta, Temas de hoy, Barcelona, 2026
Traducción: Andrés Prieto y Consolación Jiménez Ambrosiani
Foto: Accademia Unidee
Encuadernación: Tapa dura
Número de páginas: 448
ISBN: 979-13-87869-43-4
Precio: 21,90 euros

En la visita del papa León XIV a las islas Canarias, se pudo ver, en la calle, expectantes ante el paso del pontífice, a un grupo de monjas catalinas, de clausura. Y no es la primera vez que podemos observar a religiosas de órdenes contemplativas fuera de los muros de sus claustros.

Ni tampoco sus muros y rejas son ya tan compactos que no permitan algunas visitas a sus recintos para contemplar los hermosos claustros que transitan o poder hablar con alguna de sus habitantes en el locutorio sin ventanucos, tornos o rejas mediantes.

Sin embargo, el tema de la estricta clausura, el impenetrable aislamiento del mundo, preconizado por el concilio de Trento y que tantos quebraderos de cabeza supuso para las monjas que aspiraban a otro modelo de aislamiento, constituye un como hilo permanente que recorre las páginas de esta interesante obra.

“Este libro trata sobre las mujeres que vivieron en esos espacios antes de que se convirtiesen en lo que son hoy. Invita a los lectores a viajar unos cuantos siglos atrás para descubrir cómo era la vida en esas comunidades y a saber cómo las monjas, a pesar de no ser muchas, tuvieron un importante papel en la sociedad”.

La aproximación a la vida de estas mujeres tiene un valor añadido: nos permite explorar aspectos tales como los vínculos entre religión e ideología sobre género y sexualidad, observar aspectos de la historia europea y, de algún modo, de América desde una perspectiva de género. Al propio tiempo permite centrarnos en los vínculos de estas monjas con su entorno social..

El período analizado en la obra abarca desde finales del siglo XV hasta principios del siglo XVIII.

Vocación forzada

Un primer aspecto analizado se refiere a las motivaciones que empujaban a las mujeres a abrazar la vida monástica. No siempre obedecían a una vocación, al estilo de la que hemos podido observar en la película Los domingos; muchas, y no pocas, accedían a tomar los hábitos simplemente porque para sus familias era más económica la dote monacal que la del matrimonio; es decir, muchas de ellas pronunciaban sus votos como resultado de presiones familiares y en función de estrategias patrimoniales. Denis Diderot reflejó muy bien, en su novela La religiosa, esta manera coercitiva de ingresar en el convento.

No todas iguales

Por otro lado, la práctica igualdad en el hábito que vestían no se correspondía siempre a una igualdad de estatus entre ellas. Las había procedentes de familias adineradas, que gozaban de ciertos privilegios, y las había provenientes de ambientes modestos o pobres, dedicadas por lo general a funciones más serviles. Incluso, conventos hubo en los que se refugiaban viudas así como exprostitutas.

Profunda misoginia

Una característica de estas órdenes religiosas es que, en última instancia, siempre dependían de un superior masculino. Un rasgo de misoginia profunda: se las consideraba, por el hecho de ser mujeres, incapaces de regir sus propias comunidades. El mejor control que se podía establecer era la rigurosa clausura.

Una segregación del mundo, la clausura, que no solo pretendía proteger a las monjas de los peligros que las acechaban en el mundo exterior, sino, más bien, protegerlas del riesgo que las enclaustradas se generaban a sí mismas, por el hecho de ser frágiles mujeres, con una inclinación natural al pecado: las tentaciones del diablo, la lujuria de la carne y la frívola curiosidad. “Las monjas evitarían exponerse a la mirada de la gente y se mantendrían a una distancia segura de situaciones que podrían excitar su deseo sexual y arruinar su virginidad”. Lo que no significa que todas las monjas respondieran a una vocación contemplativa, por lo que no faltaron las que por todos los medios pretendían eludir esta restricción de separación, que cobró especial fuerza tras el concilio tridentino.

No tan aisladas

Por otro lado, el convento ofrecía a sus habitantes oportunidades para ejercer el liderazgo espiritual y favorables condiciones para desarrollar su educación, su creatividad y aplicarlas a la actividad de la escritura. La obra de Silvia Evangelisti trata de responder a cuestiones tales como qué las impulsaba a escribir, a qué público se dirigían y cómo proyectaban en la página escrita su sentido colectivo e individual del yo. No hay que olvidar que fueron precisamente las monjas grandes protagonistas del misticismo de principios de la era moderna.

Pero no solo trataban temas místicos en sus escritos; hubo excelentes escritoras de vidas e historiadoras, defensoras de su género femenino o correspondencia mantenida con personalidades influyentes de la época, incluidos monarcas. Entre muchas que cita la autora, destacan, por ejemplo, santa Teresa de Jesús o sor Juan Inés de la Cruz.

Sobresalieron, igualmente, monjas en lo referido a la música, no solo como excelentes compositoras, sino como magníficas cantoras que daban esplendor a los rituales sagrados con abundante audiencia que acudía a escuchar las angelicales voces.

Su creatividad también se volcó en el teatro, con obras muy didácticas destinadas a sus hermanas de profesión y, a veces, al público que asistía a las representaciones tras las rejas que preservaban su clausura. Además, careciendo de apoyo del exterior, ellas mismas se encargaban de toda la tramoya, creando escenarios, vestuarios e, incluso, ropas masculinas que vestían durante la representación.

Los conventos estaban, igualmente, necesitados de plasmar su devoción plásticamente, realizando ellas mismas, o encargando a artistas externos, cuadros e imágenes, así como objetos de culto. Más aún: también podían intervenir en la planificación arquitectónica de los monasterios que fundaban. “Pintaban, esculpían, trabajaban como miniaturistas o grabadoras y se dedicaban a todo tipo de trabajos artísticos y artesanales, como la encuadernación y la decoración de libros, la costura y los trabajos textiles”.

Extra muros

Pese a su más o menos voluntario encierro, las monjas procuraban la expansión de sus órdenes y de la propia religión. Hay variados ejemplos de ello, aunque, en este libro, Evangelisti se detiene en tres diferentes ejemplos de expansión monástica femenina: las nuevas fundaciones carmelitas en Francia, Flandes y Europa; el establecimiento de comunidades monásticas educativas en Nueva Francia; y, finalmente, el crecimiento de los conventos en la América española.

Estos ejemplos se concretan, especialmente, en las figuras de Teresa de Jesús y María de la Encarnación, deteniéndose detalladamente en las fundaciones en Hispanoamérica, con una reflexión sobre las misiones y el claustro.

¿Significaba su estricta clausura una renuncia a un apostolado activo? La historia de los conventos ya nos dice que las monjas no eran ajenas al deseo evangelizador, especialmente a través de la docencia y a la atención a los más desfavorecidos de la sociedad, pobres y enfermos.

Con gran acierto y maestría, Silvia Evangelisti narra las peripecias de las hijas de Santa Úrsula, las ursulinas; las llamadas damas inglesas o monjas jesuitas; las de la orden de la Visitación de Santa María, conocidas como las salesas, en honor a su fundador Francisco de Sales, que creó la orden con la colaboración estrecha de Juana de Chantal; y, finalmente, de una de las congregaciones más extendida: las hijas de la caridad. De cada una de estas instituciones nos ofrece la autora los avatares de su nacimiento, dificultades a las que se enfrentaron y su arraigo final.

El libro se cierra con un epílogo, donde la autora nos plantea la existencia de muchas facetas de la vida religiosa femenina, tanto en el período que abarca su trabajo como en el concepto moderno de esta existencia entregada a Dios.

Concluyendo

Lo primero que hay que decir es que este es un libro delicioso. Una vez comenzada su lectura, cuesta dejarla.

Tiene un estilo muy cercano, más próximo a la narración que a la descripción, lo que lo convierte en un texto ameno, cargado de ejemplos e historias que cautivan al lector. Lo que no empece, ni mucho menos, al rigor científico de todos y cada uno de sus capítulos, construidos con acierto sobre la base de una abundante bibliografía, recogida en las últimas páginas de la obra, y de un exhaustivo trabajo de investigación en distintos archivos y localidades.

Si el lector busca un libro que le entretenga, que le proporcione un buen conocimiento de ese mundo misterioso que se encierra tras las rejas y los muros de los conventos femeninos, aquí encontrará un texto que no le defraudará.

Índice

Lista de ilustraciones
Introducción

1. Sobre monjas y conventos
2. Espacios de clausura
3. Voces desde el claustro
4. Teatro y música
5. Las artes plásticas
6. Expansión: monjas por el mundo
7. Comunidades abiertas para mujeres

Epílogo
Agradecimientos
Notas
Referencias bibliográficas
Créditos de imágenes
Índice analítico

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16/06/2026 Comentarios

Reseñas

La inmortalidad humana Juan Antonio Martínez de la Fe , 25/05/2026
La inmortalidad humana
Ficha Técnica

Título: La inmortalidad humana
Autor: William James
Edita: Ediciones Espuela de Plata, Sevilla, 2025
Colección: Biblioteca Filosófica
Traducción y prólogo: Ángel Cagigas
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 108
ISBN: 978-84-19877-64-2
Precio: 14,16 euros

No es este un libro nuevo, aunque su temática nunca ha perdido actualidad. Al contrario. Es fruto de una conferencia pronunciada por el autor que, parece lógico, suscitó tantas críticas a su teoría de la transmisión que se vio forzado, en el texto del prefacio a la segunda edición, a precisar varios de los conceptos de su alocución.

Sostenían los censores de su texto que la teoría de la transmisión expuesta por William James se podía entender como la ya conocida idea panteísta de la inmortalidad; la pretensión de James era afirmar que toda memoria y emoción de la vida actual se preserva; y que, jamás de los jamases, dejará de poder decirse, tras la muerte, que soy el mismo ente personal que tuvo aquellas experiencias en la tierra en épocas pasadas, pese a que hayamos de lamentar la pérdida de algunas de nuestras limitaciones personales tras el óbito.

Superado este trámite de precisiones a lo que resultó ser la segunda edición del texto de su conferencia, el libro entra de lleno en el desarrollo de las palabras pronunciadas por el autor en 1898, invitado por la Fundación Ingersoll.

“La inmortalidad es una de las grandes necesidades espirituales del hombre”, afirma categóricamente. Tal necesidad, que se entiende constitutiva de la humanidad, ha desembocado en el nacimiento de unos custodios oficiales de esta necesidad: las religiones.

Partiendo de la idea de que todo el asunto de la vida inmortal tiene sus principales raíces en la sensibilidad personal, se detiene James en un intento de dar réplica a las objeciones que la moderna cultura mantiene sobre la vieja noción de la vida del más allá. Concreta sus ideas en dos de tales objeciones.

Primera objeción

La primera está referida a la total dependencia de nuestra vida espiritual respecto al cerebro: toda nuestra vida interior es una función de “ese famoso material que llamamos ‘sustancia gris’ de nuestras circunvoluciones cerebrales”. El pensamiento es una función del cerebro.

Para el autor, esta objeción viene dada por una visión demasiado superficial del hecho admitido de la dependencia funcional. En el supuesto de que la función de producción sea la única posible del cerebro, estaría justificado el reproche. Pero es que tiene otras funciones, tales como la liberación o función permisiva y, sobre todo, la función de transmisión, función esta que constituye el núcleo principal de su pensamiento.

Si un órgano, como el cerebro, no puede producir conciencia de la nada, para James no es irracional pensar en una conciencia ya existente, que permanece entre bastidores y que es coetánea del mundo. En tal planteamiento, solo necesitamos suponer la continuidad de nuestra conciencia con un “mar madre”, como denomina a esa conciencia previa; y se remite a Kant, quien dijo que “la muerte del cuerpo puede ser realmente el final del uso sensitivo de nuestra mente, pero solo el principio de su uso intelectual”.

¿Cómo ayuda esta teoría a imaginarnos nuestra inmortalidad? Responde William James: “Lo que todos deseamos conservar son justo esas restricciones individuales, precisamente esas tendencias y peculiaridades que nos definen a todos nosotros y que constituyen lo que denominamos nuestra identidad. Nuestra finitud y nuestras limitaciones parecen ser nuestra esencia personal”. Esencia que perdurará más allá del trance final. Promete, en otras conferencias, profundizar en estos aspectos que, por ahora, quedan limitados a lo expuesto.

Segunda objeción

Se plantea en forma de pregunta: si la inmortalidad fuese cierta, ¿se debería de creer que son inmortales un número increíble e intolerable de seres?; si alguna criatura vive para siempre, ¿por qué no todas, incluidos los animales? No hay un ser que no exija, y lo haga intensamente, la vida continua de la conciencia que anima la forma del ser.

En la respuesta que propone el autor hay un alejamiento del terreno estrictamente científico, para pasar al plano de lo religioso, de lo filosófico, de lo espiritual. Para un panteísta, solo se necesita decir que, a través de ellos, como a través de otros tantos canales de expresión diferentes, el espíritu eterno del Universo afirma y desarrolla su propia vida infinita.

Y, en el supuesto de una base teísta, se puede afirmar que Dios posee una capacidad de amar tan inagotable que requiere y precisa de una inacabable acumulación de vidas.

A partir de aquí, el libro reserva una considerable cantidad de páginas a las notas de diversa extensión e importancia en relación con todo el texto de la conferencia nuclear de la obra.

Concluyendo

El tema de la inmortalidad es recurrente a lo largo de la historia. Y no ha perdido ni un ápice de su actualidad. Lo recogen tratados de filosofía, textos de las más variadas procedencias religiosas y espirituales y sesudos productos tanto científicos como cientificistas.

La literatura no se aleja del asunto. Una reciente publicación del intelectual canario Juan Manuel García Ramos hace un recorrido literario, filosófico y etnográfico sobre la materia en su obra El temor de morir. Citar también, por ser ampliamente conocidas, las diversas intervenciones en medios de comunicación del doctor Manuel Sans Segarra que avala, con su experiencia en tratamiento con pacientes, la continuidad de la conciencia tras la certificación clínica de la muerte.

Al leer esta obra ha de tenerse muy presente la fecha en que fue pronunciada la conferencia matriz del texto: finales del siglo XIX. William James hace referencia reiterada al estado de los conocimientos científicos en esos años sobre los que ha habido abundantes y extraordinarios avances. Pese a ello, su planteamiento filosófico del tema no ha perdido del todo su vigencia, por lo que su lectura resulta de interés. En este sentido, hay que destacar la importancia del prólogo firmado por Ángel Cagigas, que crea el marco adecuado en el que situar el texto de la obra.

Índice

Prólogo. Entre la ciencia y la verdad, por Ángel Cagigas
LA INMORTALIDAD HUMANA
Prefacio a la segunda edición
La inmortalidad humana
Notas (11 notas)




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25/05/2026 Comentarios

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