Reseñas
La respuesta
Juan Antonio Martínez de la Fe , 27/07/2026
Ficha Técnica
Título: La respuesta
Autor: Juan Luis Arsuaga
Edita: Ediciones Destino, Barcelona, 2026
Colección: Imago Mundi
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 536
ISBN: 978-84-233-6989-8
Precio: 22,90 euros
Desde luego, no cabe duda de que el título de este interesante libro es muy llamativo. Diría más: provocador. Pero indudablemente, desconcertante. A un posible lector le despertará la curiosidad porque una respuesta es la reacción a una pregunta y esta no aparece inicialmente, sino que lo hace al final, Y, cuando se llega a ella, resulta que se trata de una cuestión metafísica, aunque parta y se sustente en la ciencia, que es la actividad de Juan Luis Arsuaga.
A quien haya seguido algunas de sus obras más recientes, como La vida contada por un sapiens a un neandertal, La muerte contada por un sapiens a un neandertal, La conciencia contada por un sapiens a un neandertal o Nuestro cuerpo (por citar algunos de sus abundantes libros), podría suponer que se trata de dar respuesta, la respuesta, a cuestiones que en ellas se plantean. No andaría muy descaminado. Pero, para quien comience a conocer los escritos de Arsuaga, le podría resultar un tanto extraño que un título, La respuesta, sea como comenzar la casa por el tejado.
Desde luego, el autor se planteó diversas maneras de encabezar su libro, probablemente más esclarecedoras de su contenido. Pero se dejó convencer por los consejos de un escritor, buen conocedor de los resortes para despertar el interés de quien, al pasar delante del escaparate de una librería, se viera interpelado por tan llamativo titular.
Pero todo esto es secundario. El contenido de la obra es sumamente interesante, explicado con toda naturalidad. Y no es extraño. Arsuaga la concibe como un anciano de la tribu que, al calor de la lumbre, cuenta historias de la tradición a los miembros del clan que, llenos de respetuosa atención, escuchan absortos las palabras del sabio.
El anciano de la tribu cuenta la evolución
Y, como corresponde al narrador maduro, vuelve su vista a quienes le han precedido en el sitial que ahora ocupa, en este caso, el aristocrático paleontólogo y jesuita francés Pierre Teilhard de Chardin. Aparece desde las primeras páginas y no deja de hacer frecuentes apariciones en las que componen la obra.
Una obra que, no podía ser de otra manera, aborda el tema de la evolución, de la que dice que “si hay alguna línea de progreso en la evolución, es el del aumento de la diversidad”. Las huellas de tal incremento no son fáciles de seguir: el tiempo es persistente en su intento de borrarlas, por lo que “siempre tendremos graves problemas para conocer el origen de las grandes producciones de la evolución, sus mejores inventos, que solo conocemos cuando ya han alcanzado su plenitud”.
Antes de abordar el análisis de los restos fósiles, Arsuaga se detiene en darnos a conocer más de cerca a nuestros parientes vivos, nuestros parientes, que son los grandes simios: gorilas, orangutanes, chimpancés y bonobos.
Dado que no solo la anatomía está sujeta a la evolución sino que, también lo está la conducta, el autor explica cómo el objetivo de todo ser viviente es aplicar toda la energía posible en perpetuarse en los genes: nuestros cuerpos son efímeros, los genes son eternos, afirma. A lo que añade que todo el mundo necesita calorías para convertirlas en hijos.
Tras analizar lo que supuso la aparición de la postura bípeda, explica cómo la evolución no sucede al margen del planeta y de los ecosistemas: “el clima cambia, la geografía cambia y las especies se adaptan a los cambios evolucionando.
¿Inmortales?
¿Alcanzaremos la inmortalidad? No es la primera vez que Arsuaga aborda este tema, tan en boga en la actualidad. Si no la inmortalidad, sí, al menos, se tiene la esperanza de aumentar el horizonte de la longevidad. ¿Por qué la evolución no ha producido los cambios necesarios para que las “enfermedades” propias del paso de los años no nos ataquen y deterioren como lo hacen? Cuestiones a las que, esta vez sí, el autor ofrece una respuesta, bien detallada en las páginas de la obra, no escatimando aducir ejemplos concretos de alguna dolencia que puede afectarnos; no falta, desde luego, la explicación de dos conceptos que, pese a su apariencia de sinónimos, son bien diferentes: longevidad y esperanza de vida.
Son especialmente interesantes los capítulos que dedica al fuego y su importancia para nuestra manera de ingerir alimentos y el referido al vulcanismo y la biogeografía, aspectos ambos que abren vías a las consecuencias sobre nuestros antepasados y que se pueden detectar por los vestigios fósiles que nos han legado.
Un decisivo paso de la evolución humana fue el acceso a la consciencia, muy vinculado al desarrollo del cerebro de nuestra especie. Hay un descubrimiento fundamental que aparece en el tiempo, relacionado con la muerte y los ritos funerarios: el hecho de que vamos a morir; hallazgo que se asienta en dos pasos previos: primero, que existe la muerte y, por supuesto, que nosotros existimos.
El cerebro
Siendo el cerebro elemento destacado de nuestro proceso evolutivo, ha de estar necesariamente bien protegido por un cráneo a prueba de golpes. Los cráneos se han ido conformando a lo largo del tiempo y de manera bien diferente en cada una de las especies de grandes simios. Pero constituyen un material de primer orden para poder marcar las vías que los separan y cuyos fósiles, escasos, son briosamente perseguidos por los paleontólogos, pues constituyen peldaños de la escala de la evolución; y donde no es extraño tropezarse con huesos que presentan signos de violencia e, incluso, de canibalismo, entremezclados con los de animales que llegaron a ese nicho por diferentes vías.
Con tantos datos que nos aporta el autor, puede uno preguntarse si sería capaz de reconocer a un neandertal si lo encontrara en la cola del supermercado, algo que aborda en estas páginas aunque a él no le agrade que se compare a las personas con otras especies,
Y cuestiones tales como la razón por la que son dolorosos los partos entre nosotros a diferencia de lo que ocurre con los mamíferos en general, por qué solemos tener menos crías que otras especies donde las camadas son muy abundantes, qué caracteriza en nuestra especie el período de la adolescencia, si somos agresivos por naturaleza o si somos los más tolerantes de los seres vivos, el papel de las mitocondrias, si somos perezosos por naturaleza o si somos animales eusociales o, incluso, si las máquinas que fabricamos pueden llegar a pensar, pueblan las páginas de esta obra dando respuestas muy bien desarrolladas y explicadas a todas ellas.
Concluyendo
“Este es el propósito de este libro, hacernos preguntas, buscar a las personas que se esfuerzan en contestarlas y ver qué se les ha ocurrido”. Un propósito que, sin lugar a dudas, queda ampliamente conseguido.
Arsuaga, teniendo como hilo conductor la evolución, nos va planteando el fruto de su experiencia investigadora, aporta ejemplos concretos de sus hallazgos y, lo que es más destacable, nos hace partícipes de sus reflexiones ante ellos y de las conclusiones a las que llega; porque, en esta ocasión sí, no se limita a exponer las posibilidades invitando al lector a optar por una u otra alternativa, sino que confiesa cuál es aquella por la que se inclina, con toda la base de su argumentación pero con la humildad suficiente para considerar otras, como corresponde a un honesto científico.
El autor es un magnífico comunicador. Su discurso es claro, pedagógico, siempre apoyado en casos reales. Y esa forma de expresarse que mantiene sin pestañear a quien lo escucha, la ha trasladado a este libro. Lo hace sin necesidad de un escritor que actúe como intermediario, tal y como ha ocurrido en otros libros suyos. Y el éxito de su texto es indudable: el lector se siente atrapado, compartiendo con él la emoción de los hallazgos, las reflexiones que le suscitan y siguiendo interesado cómo el homo sapiens al que ha llegado nuestra especie ha ido progresando, paso a paso.
Otro acierto del libro, pretendido por el autor consecuente con el planteamiento de su obra y el público objetivo al que se dirige, es la no presencia de aparato crítico; no hay notas a pie de página que interrumpan la continuidad de la lectura. Y la bibliografía que aparece en el índice se reduce a citar, sin más datos de identificación, una lista de seis títulos correspondientes a libros de los que es autor o coautor.
Y, por supuesto, no deja de hacer preguntas a las personas que se esfuerzan en contestar todas aquellas que nos planteamos continuamente. Por la obra se asoman Teilhard de Chardin, Charles Darwin, Jane Goodall, Biruté Galdikas, Dian Fossey, Mary-Claire King. Gregor Mendel, Konrad Lorenz, Allan Wilson, Gen Suwa, Tim White, y muchos más especialistas que aportan sus conocimientos según el apartado que está tratando Arsuaga.
¿Y cuál es la pregunta a la que pretende responder la obra? No es una sola; o puede ser una con diversas ramificaciones. Pero no las vamos a desvelar aquí; restaríamos el atractivo del misterio que Arsuaga quiso mantener hasta las últimas páginas, como corresponde a un libro de intriga. Una cosa sí es bueno admitir: se trata “de preguntas metafísicas, no científicas” ante las que nos dice que le acompañemos para ver qué se puede hacer con ellas sin salirnos demasiado del terreno de la ciencia; aunque un poquito, sí. Porque las preguntas “por qué” no son las preguntas propias de la ciencia, sino “cómo”, que es de lo que trata el libro. Y lo que el lector ha de esperar.
Índice
Prólogo. La tribu humana
Soy el Viejo de la Tribu
Antropogénesis
El 1%
El juego de la vida
La postura bípeda
Clima y evolución
Una espina punzante
Un completo desconocido
En busca del fuego
Fuerzas poderosas sacuden el mundo
Por quién doblan las campanas
Un cráneo a prueba de golpes
Lagartos gigantes, elefantes enanos y hobbits
La colina del huesos de dragón
Conocimiento del medio
Caníbales reincidentes
La sima
La extraña cara de los neandertales
Un cuerpo hecho de conflictos
¿Qué es mejor, ser ratón o ser elefante?
Niños prodigio
Los santos inocentes
Sancho Panza no quiere ser paleolítico
Homo sapiens, vete a casa
El lío en el medio
El encuentro
¿Somos la especie perezosa?
Las sociedades supercomplejas
Cómo convertir energía en hijos
¿Se puede ver un pensamiento?
Yo soy esa máquina. Y tú también
Conocimiento y sabiduría
La pregunta
Bibliografía
Título: La respuesta
Autor: Juan Luis Arsuaga
Edita: Ediciones Destino, Barcelona, 2026
Colección: Imago Mundi
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 536
ISBN: 978-84-233-6989-8
Precio: 22,90 euros
Desde luego, no cabe duda de que el título de este interesante libro es muy llamativo. Diría más: provocador. Pero indudablemente, desconcertante. A un posible lector le despertará la curiosidad porque una respuesta es la reacción a una pregunta y esta no aparece inicialmente, sino que lo hace al final, Y, cuando se llega a ella, resulta que se trata de una cuestión metafísica, aunque parta y se sustente en la ciencia, que es la actividad de Juan Luis Arsuaga.
A quien haya seguido algunas de sus obras más recientes, como La vida contada por un sapiens a un neandertal, La muerte contada por un sapiens a un neandertal, La conciencia contada por un sapiens a un neandertal o Nuestro cuerpo (por citar algunos de sus abundantes libros), podría suponer que se trata de dar respuesta, la respuesta, a cuestiones que en ellas se plantean. No andaría muy descaminado. Pero, para quien comience a conocer los escritos de Arsuaga, le podría resultar un tanto extraño que un título, La respuesta, sea como comenzar la casa por el tejado.
Desde luego, el autor se planteó diversas maneras de encabezar su libro, probablemente más esclarecedoras de su contenido. Pero se dejó convencer por los consejos de un escritor, buen conocedor de los resortes para despertar el interés de quien, al pasar delante del escaparate de una librería, se viera interpelado por tan llamativo titular.
Pero todo esto es secundario. El contenido de la obra es sumamente interesante, explicado con toda naturalidad. Y no es extraño. Arsuaga la concibe como un anciano de la tribu que, al calor de la lumbre, cuenta historias de la tradición a los miembros del clan que, llenos de respetuosa atención, escuchan absortos las palabras del sabio.
El anciano de la tribu cuenta la evolución
Y, como corresponde al narrador maduro, vuelve su vista a quienes le han precedido en el sitial que ahora ocupa, en este caso, el aristocrático paleontólogo y jesuita francés Pierre Teilhard de Chardin. Aparece desde las primeras páginas y no deja de hacer frecuentes apariciones en las que componen la obra.
Una obra que, no podía ser de otra manera, aborda el tema de la evolución, de la que dice que “si hay alguna línea de progreso en la evolución, es el del aumento de la diversidad”. Las huellas de tal incremento no son fáciles de seguir: el tiempo es persistente en su intento de borrarlas, por lo que “siempre tendremos graves problemas para conocer el origen de las grandes producciones de la evolución, sus mejores inventos, que solo conocemos cuando ya han alcanzado su plenitud”.
Antes de abordar el análisis de los restos fósiles, Arsuaga se detiene en darnos a conocer más de cerca a nuestros parientes vivos, nuestros parientes, que son los grandes simios: gorilas, orangutanes, chimpancés y bonobos.
Dado que no solo la anatomía está sujeta a la evolución sino que, también lo está la conducta, el autor explica cómo el objetivo de todo ser viviente es aplicar toda la energía posible en perpetuarse en los genes: nuestros cuerpos son efímeros, los genes son eternos, afirma. A lo que añade que todo el mundo necesita calorías para convertirlas en hijos.
Tras analizar lo que supuso la aparición de la postura bípeda, explica cómo la evolución no sucede al margen del planeta y de los ecosistemas: “el clima cambia, la geografía cambia y las especies se adaptan a los cambios evolucionando.
¿Inmortales?
¿Alcanzaremos la inmortalidad? No es la primera vez que Arsuaga aborda este tema, tan en boga en la actualidad. Si no la inmortalidad, sí, al menos, se tiene la esperanza de aumentar el horizonte de la longevidad. ¿Por qué la evolución no ha producido los cambios necesarios para que las “enfermedades” propias del paso de los años no nos ataquen y deterioren como lo hacen? Cuestiones a las que, esta vez sí, el autor ofrece una respuesta, bien detallada en las páginas de la obra, no escatimando aducir ejemplos concretos de alguna dolencia que puede afectarnos; no falta, desde luego, la explicación de dos conceptos que, pese a su apariencia de sinónimos, son bien diferentes: longevidad y esperanza de vida.
Son especialmente interesantes los capítulos que dedica al fuego y su importancia para nuestra manera de ingerir alimentos y el referido al vulcanismo y la biogeografía, aspectos ambos que abren vías a las consecuencias sobre nuestros antepasados y que se pueden detectar por los vestigios fósiles que nos han legado.
Un decisivo paso de la evolución humana fue el acceso a la consciencia, muy vinculado al desarrollo del cerebro de nuestra especie. Hay un descubrimiento fundamental que aparece en el tiempo, relacionado con la muerte y los ritos funerarios: el hecho de que vamos a morir; hallazgo que se asienta en dos pasos previos: primero, que existe la muerte y, por supuesto, que nosotros existimos.
El cerebro
Siendo el cerebro elemento destacado de nuestro proceso evolutivo, ha de estar necesariamente bien protegido por un cráneo a prueba de golpes. Los cráneos se han ido conformando a lo largo del tiempo y de manera bien diferente en cada una de las especies de grandes simios. Pero constituyen un material de primer orden para poder marcar las vías que los separan y cuyos fósiles, escasos, son briosamente perseguidos por los paleontólogos, pues constituyen peldaños de la escala de la evolución; y donde no es extraño tropezarse con huesos que presentan signos de violencia e, incluso, de canibalismo, entremezclados con los de animales que llegaron a ese nicho por diferentes vías.
Con tantos datos que nos aporta el autor, puede uno preguntarse si sería capaz de reconocer a un neandertal si lo encontrara en la cola del supermercado, algo que aborda en estas páginas aunque a él no le agrade que se compare a las personas con otras especies,
Y cuestiones tales como la razón por la que son dolorosos los partos entre nosotros a diferencia de lo que ocurre con los mamíferos en general, por qué solemos tener menos crías que otras especies donde las camadas son muy abundantes, qué caracteriza en nuestra especie el período de la adolescencia, si somos agresivos por naturaleza o si somos los más tolerantes de los seres vivos, el papel de las mitocondrias, si somos perezosos por naturaleza o si somos animales eusociales o, incluso, si las máquinas que fabricamos pueden llegar a pensar, pueblan las páginas de esta obra dando respuestas muy bien desarrolladas y explicadas a todas ellas.
Concluyendo
“Este es el propósito de este libro, hacernos preguntas, buscar a las personas que se esfuerzan en contestarlas y ver qué se les ha ocurrido”. Un propósito que, sin lugar a dudas, queda ampliamente conseguido.
Arsuaga, teniendo como hilo conductor la evolución, nos va planteando el fruto de su experiencia investigadora, aporta ejemplos concretos de sus hallazgos y, lo que es más destacable, nos hace partícipes de sus reflexiones ante ellos y de las conclusiones a las que llega; porque, en esta ocasión sí, no se limita a exponer las posibilidades invitando al lector a optar por una u otra alternativa, sino que confiesa cuál es aquella por la que se inclina, con toda la base de su argumentación pero con la humildad suficiente para considerar otras, como corresponde a un honesto científico.
El autor es un magnífico comunicador. Su discurso es claro, pedagógico, siempre apoyado en casos reales. Y esa forma de expresarse que mantiene sin pestañear a quien lo escucha, la ha trasladado a este libro. Lo hace sin necesidad de un escritor que actúe como intermediario, tal y como ha ocurrido en otros libros suyos. Y el éxito de su texto es indudable: el lector se siente atrapado, compartiendo con él la emoción de los hallazgos, las reflexiones que le suscitan y siguiendo interesado cómo el homo sapiens al que ha llegado nuestra especie ha ido progresando, paso a paso.
Otro acierto del libro, pretendido por el autor consecuente con el planteamiento de su obra y el público objetivo al que se dirige, es la no presencia de aparato crítico; no hay notas a pie de página que interrumpan la continuidad de la lectura. Y la bibliografía que aparece en el índice se reduce a citar, sin más datos de identificación, una lista de seis títulos correspondientes a libros de los que es autor o coautor.
Y, por supuesto, no deja de hacer preguntas a las personas que se esfuerzan en contestar todas aquellas que nos planteamos continuamente. Por la obra se asoman Teilhard de Chardin, Charles Darwin, Jane Goodall, Biruté Galdikas, Dian Fossey, Mary-Claire King. Gregor Mendel, Konrad Lorenz, Allan Wilson, Gen Suwa, Tim White, y muchos más especialistas que aportan sus conocimientos según el apartado que está tratando Arsuaga.
¿Y cuál es la pregunta a la que pretende responder la obra? No es una sola; o puede ser una con diversas ramificaciones. Pero no las vamos a desvelar aquí; restaríamos el atractivo del misterio que Arsuaga quiso mantener hasta las últimas páginas, como corresponde a un libro de intriga. Una cosa sí es bueno admitir: se trata “de preguntas metafísicas, no científicas” ante las que nos dice que le acompañemos para ver qué se puede hacer con ellas sin salirnos demasiado del terreno de la ciencia; aunque un poquito, sí. Porque las preguntas “por qué” no son las preguntas propias de la ciencia, sino “cómo”, que es de lo que trata el libro. Y lo que el lector ha de esperar.
Índice
Prólogo. La tribu humana
Soy el Viejo de la Tribu
Antropogénesis
El 1%
El juego de la vida
La postura bípeda
Clima y evolución
Una espina punzante
Un completo desconocido
En busca del fuego
Fuerzas poderosas sacuden el mundo
Por quién doblan las campanas
Un cráneo a prueba de golpes
Lagartos gigantes, elefantes enanos y hobbits
La colina del huesos de dragón
Conocimiento del medio
Caníbales reincidentes
La sima
La extraña cara de los neandertales
Un cuerpo hecho de conflictos
¿Qué es mejor, ser ratón o ser elefante?
Niños prodigio
Los santos inocentes
Sancho Panza no quiere ser paleolítico
Homo sapiens, vete a casa
El lío en el medio
El encuentro
¿Somos la especie perezosa?
Las sociedades supercomplejas
Cómo convertir energía en hijos
¿Se puede ver un pensamiento?
Yo soy esa máquina. Y tú también
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