Reseñas
Monjas
Juan Antonio Martínez de la Fe , 16/06/2026
Historias secretas del convento
Ficha Técnica
Título: Monjas. Historias secretas del convento
Autora: Silvia Evangelisti
Edita: Editorial Planeta, Temas de hoy, Barcelona, 2026
Traducción: Andrés Prieto y Consolación Jiménez Ambrosiani
Foto: Accademia Unidee
Encuadernación: Tapa dura
Número de páginas: 448
ISBN: 979-13-87869-43-4
Precio: 21,90 euros
En la visita del papa León XIV a las islas Canarias, se pudo ver, en la calle, expectantes ante el paso del pontífice, a un grupo de monjas catalinas, de clausura. Y no es la primera vez que podemos observar a religiosas de órdenes contemplativas fuera de los muros de sus claustros.
Ni tampoco sus muros y rejas son ya tan compactos que no permitan algunas visitas a sus recintos para contemplar los hermosos claustros que transitan o poder hablar con alguna de sus habitantes en el locutorio sin ventanucos, tornos o rejas mediantes.
Sin embargo, el tema de la estricta clausura, el impenetrable aislamiento del mundo, preconizado por el concilio de Trento y que tantos quebraderos de cabeza supuso para las monjas que aspiraban a otro modelo de aislamiento, constituye un como hilo permanente que recorre las páginas de esta interesante obra.
“Este libro trata sobre las mujeres que vivieron en esos espacios antes de que se convirtiesen en lo que son hoy. Invita a los lectores a viajar unos cuantos siglos atrás para descubrir cómo era la vida en esas comunidades y a saber cómo las monjas, a pesar de no ser muchas, tuvieron un importante papel en la sociedad”.
La aproximación a la vida de estas mujeres tiene un valor añadido: nos permite explorar aspectos tales como los vínculos entre religión e ideología sobre género y sexualidad, observar aspectos de la historia europea y, de algún modo, de América desde una perspectiva de género. Al propio tiempo permite centrarnos en los vínculos de estas monjas con su entorno social..
El período analizado en la obra abarca desde finales del siglo XV hasta principios del siglo XVIII.
Vocación forzada
Un primer aspecto analizado se refiere a las motivaciones que empujaban a las mujeres a abrazar la vida monástica. No siempre obedecían a una vocación, al estilo de la que hemos podido observar en la película Los domingos; muchas, y no pocas, accedían a tomar los hábitos simplemente porque para sus familias era más económica la dote monacal que la del matrimonio; es decir, muchas de ellas pronunciaban sus votos como resultado de presiones familiares y en función de estrategias patrimoniales. Denis Diderot reflejó muy bien, en su novela La religiosa, esta manera coercitiva de ingresar en el convento.
No todas iguales
Por otro lado, la práctica igualdad en el hábito que vestían no se correspondía siempre a una igualdad de estatus entre ellas. Las había procedentes de familias adineradas, que gozaban de ciertos privilegios, y las había provenientes de ambientes modestos o pobres, dedicadas por lo general a funciones más serviles. Incluso, conventos hubo en los que se refugiaban viudas así como exprostitutas.
Profunda misoginia
Una característica de estas órdenes religiosas es que, en última instancia, siempre dependían de un superior masculino. Un rasgo de misoginia profunda: se las consideraba, por el hecho de ser mujeres, incapaces de regir sus propias comunidades. El mejor control que se podía establecer era la rigurosa clausura.
Una segregación del mundo, la clausura, que no solo pretendía proteger a las monjas de los peligros que las acechaban en el mundo exterior, sino, más bien, protegerlas del riesgo que las enclaustradas se generaban a sí mismas, por el hecho de ser frágiles mujeres, con una inclinación natural al pecado: las tentaciones del diablo, la lujuria de la carne y la frívola curiosidad. “Las monjas evitarían exponerse a la mirada de la gente y se mantendrían a una distancia segura de situaciones que podrían excitar su deseo sexual y arruinar su virginidad”. Lo que no significa que todas las monjas respondieran a una vocación contemplativa, por lo que no faltaron las que por todos los medios pretendían eludir esta restricción de separación, que cobró especial fuerza tras el concilio tridentino.
No tan aisladas
Por otro lado, el convento ofrecía a sus habitantes oportunidades para ejercer el liderazgo espiritual y favorables condiciones para desarrollar su educación, su creatividad y aplicarlas a la actividad de la escritura. La obra de Silvia Evangelisti trata de responder a cuestiones tales como qué las impulsaba a escribir, a qué público se dirigían y cómo proyectaban en la página escrita su sentido colectivo e individual del yo. No hay que olvidar que fueron precisamente las monjas grandes protagonistas del misticismo de principios de la era moderna.
Pero no solo trataban temas místicos en sus escritos; hubo excelentes escritoras de vidas e historiadoras, defensoras de su género femenino o correspondencia mantenida con personalidades influyentes de la época, incluidos monarcas. Entre muchas que cita la autora, destacan, por ejemplo, santa Teresa de Jesús o sor Juan Inés de la Cruz.
Sobresalieron, igualmente, monjas en lo referido a la música, no solo como excelentes compositoras, sino como magníficas cantoras que daban esplendor a los rituales sagrados con abundante audiencia que acudía a escuchar las angelicales voces.
Su creatividad también se volcó en el teatro, con obras muy didácticas destinadas a sus hermanas de profesión y, a veces, al público que asistía a las representaciones tras las rejas que preservaban su clausura. Además, careciendo de apoyo del exterior, ellas mismas se encargaban de toda la tramoya, creando escenarios, vestuarios e, incluso, ropas masculinas que vestían durante la representación.
Los conventos estaban, igualmente, necesitados de plasmar su devoción plásticamente, realizando ellas mismas, o encargando a artistas externos, cuadros e imágenes, así como objetos de culto. Más aún: también podían intervenir en la planificación arquitectónica de los monasterios que fundaban. “Pintaban, esculpían, trabajaban como miniaturistas o grabadoras y se dedicaban a todo tipo de trabajos artísticos y artesanales, como la encuadernación y la decoración de libros, la costura y los trabajos textiles”.
Extra muros
Pese a su más o menos voluntario encierro, las monjas procuraban la expansión de sus órdenes y de la propia religión. Hay variados ejemplos de ello, aunque, en este libro, Evangelisti se detiene en tres diferentes ejemplos de expansión monástica femenina: las nuevas fundaciones carmelitas en Francia, Flandes y Europa; el establecimiento de comunidades monásticas educativas en Nueva Francia; y, finalmente, el crecimiento de los conventos en la América española.
Estos ejemplos se concretan, especialmente, en las figuras de Teresa de Jesús y María de la Encarnación, deteniéndose detalladamente en las fundaciones en Hispanoamérica, con una reflexión sobre las misiones y el claustro.
¿Significaba su estricta clausura una renuncia a un apostolado activo? La historia de los conventos ya nos dice que las monjas no eran ajenas al deseo evangelizador, especialmente a través de la docencia y a la atención a los más desfavorecidos de la sociedad, pobres y enfermos.
Con gran acierto y maestría, Silvia Evangelisti narra las peripecias de las hijas de Santa Úrsula, las ursulinas; las llamadas damas inglesas o monjas jesuitas; las de la orden de la Visitación de Santa María, conocidas como las salesas, en honor a su fundador Francisco de Sales, que creó la orden con la colaboración estrecha de Juana de Chantal; y, finalmente, de una de las congregaciones más extendida: las hijas de la caridad. De cada una de estas instituciones nos ofrece la autora los avatares de su nacimiento, dificultades a las que se enfrentaron y su arraigo final.
El libro se cierra con un epílogo, donde la autora nos plantea la existencia de muchas facetas de la vida religiosa femenina, tanto en el período que abarca su trabajo como en el concepto moderno de esta existencia entregada a Dios.
Concluyendo
Lo primero que hay que decir es que este es un libro delicioso. Una vez comenzada su lectura, cuesta dejarla.
Tiene un estilo muy cercano, más próximo a la narración que a la descripción, lo que lo convierte en un texto ameno, cargado de ejemplos e historias que cautivan al lector. Lo que no empece, ni mucho menos, al rigor científico de todos y cada uno de sus capítulos, construidos con acierto sobre la base de una abundante bibliografía, recogida en las últimas páginas de la obra, y de un exhaustivo trabajo de investigación en distintos archivos y localidades.
Si el lector busca un libro que le entretenga, que le proporcione un buen conocimiento de ese mundo misterioso que se encierra tras las rejas y los muros de los conventos femeninos, aquí encontrará un texto que no le defraudará.
Índice
Lista de ilustraciones
Introducción
1. Sobre monjas y conventos
2. Espacios de clausura
3. Voces desde el claustro
4. Teatro y música
5. Las artes plásticas
6. Expansión: monjas por el mundo
7. Comunidades abiertas para mujeres
Epílogo
Agradecimientos
Notas
Referencias bibliográficas
Créditos de imágenes
Índice analítico
Título: Monjas. Historias secretas del convento
Autora: Silvia Evangelisti
Edita: Editorial Planeta, Temas de hoy, Barcelona, 2026
Traducción: Andrés Prieto y Consolación Jiménez Ambrosiani
Foto: Accademia Unidee
Encuadernación: Tapa dura
Número de páginas: 448
ISBN: 979-13-87869-43-4
Precio: 21,90 euros
En la visita del papa León XIV a las islas Canarias, se pudo ver, en la calle, expectantes ante el paso del pontífice, a un grupo de monjas catalinas, de clausura. Y no es la primera vez que podemos observar a religiosas de órdenes contemplativas fuera de los muros de sus claustros.
Ni tampoco sus muros y rejas son ya tan compactos que no permitan algunas visitas a sus recintos para contemplar los hermosos claustros que transitan o poder hablar con alguna de sus habitantes en el locutorio sin ventanucos, tornos o rejas mediantes.
Sin embargo, el tema de la estricta clausura, el impenetrable aislamiento del mundo, preconizado por el concilio de Trento y que tantos quebraderos de cabeza supuso para las monjas que aspiraban a otro modelo de aislamiento, constituye un como hilo permanente que recorre las páginas de esta interesante obra.
“Este libro trata sobre las mujeres que vivieron en esos espacios antes de que se convirtiesen en lo que son hoy. Invita a los lectores a viajar unos cuantos siglos atrás para descubrir cómo era la vida en esas comunidades y a saber cómo las monjas, a pesar de no ser muchas, tuvieron un importante papel en la sociedad”.
La aproximación a la vida de estas mujeres tiene un valor añadido: nos permite explorar aspectos tales como los vínculos entre religión e ideología sobre género y sexualidad, observar aspectos de la historia europea y, de algún modo, de América desde una perspectiva de género. Al propio tiempo permite centrarnos en los vínculos de estas monjas con su entorno social..
El período analizado en la obra abarca desde finales del siglo XV hasta principios del siglo XVIII.
Vocación forzada
Un primer aspecto analizado se refiere a las motivaciones que empujaban a las mujeres a abrazar la vida monástica. No siempre obedecían a una vocación, al estilo de la que hemos podido observar en la película Los domingos; muchas, y no pocas, accedían a tomar los hábitos simplemente porque para sus familias era más económica la dote monacal que la del matrimonio; es decir, muchas de ellas pronunciaban sus votos como resultado de presiones familiares y en función de estrategias patrimoniales. Denis Diderot reflejó muy bien, en su novela La religiosa, esta manera coercitiva de ingresar en el convento.
No todas iguales
Por otro lado, la práctica igualdad en el hábito que vestían no se correspondía siempre a una igualdad de estatus entre ellas. Las había procedentes de familias adineradas, que gozaban de ciertos privilegios, y las había provenientes de ambientes modestos o pobres, dedicadas por lo general a funciones más serviles. Incluso, conventos hubo en los que se refugiaban viudas así como exprostitutas.
Profunda misoginia
Una característica de estas órdenes religiosas es que, en última instancia, siempre dependían de un superior masculino. Un rasgo de misoginia profunda: se las consideraba, por el hecho de ser mujeres, incapaces de regir sus propias comunidades. El mejor control que se podía establecer era la rigurosa clausura.
Una segregación del mundo, la clausura, que no solo pretendía proteger a las monjas de los peligros que las acechaban en el mundo exterior, sino, más bien, protegerlas del riesgo que las enclaustradas se generaban a sí mismas, por el hecho de ser frágiles mujeres, con una inclinación natural al pecado: las tentaciones del diablo, la lujuria de la carne y la frívola curiosidad. “Las monjas evitarían exponerse a la mirada de la gente y se mantendrían a una distancia segura de situaciones que podrían excitar su deseo sexual y arruinar su virginidad”. Lo que no significa que todas las monjas respondieran a una vocación contemplativa, por lo que no faltaron las que por todos los medios pretendían eludir esta restricción de separación, que cobró especial fuerza tras el concilio tridentino.
No tan aisladas
Por otro lado, el convento ofrecía a sus habitantes oportunidades para ejercer el liderazgo espiritual y favorables condiciones para desarrollar su educación, su creatividad y aplicarlas a la actividad de la escritura. La obra de Silvia Evangelisti trata de responder a cuestiones tales como qué las impulsaba a escribir, a qué público se dirigían y cómo proyectaban en la página escrita su sentido colectivo e individual del yo. No hay que olvidar que fueron precisamente las monjas grandes protagonistas del misticismo de principios de la era moderna.
Pero no solo trataban temas místicos en sus escritos; hubo excelentes escritoras de vidas e historiadoras, defensoras de su género femenino o correspondencia mantenida con personalidades influyentes de la época, incluidos monarcas. Entre muchas que cita la autora, destacan, por ejemplo, santa Teresa de Jesús o sor Juan Inés de la Cruz.
Sobresalieron, igualmente, monjas en lo referido a la música, no solo como excelentes compositoras, sino como magníficas cantoras que daban esplendor a los rituales sagrados con abundante audiencia que acudía a escuchar las angelicales voces.
Su creatividad también se volcó en el teatro, con obras muy didácticas destinadas a sus hermanas de profesión y, a veces, al público que asistía a las representaciones tras las rejas que preservaban su clausura. Además, careciendo de apoyo del exterior, ellas mismas se encargaban de toda la tramoya, creando escenarios, vestuarios e, incluso, ropas masculinas que vestían durante la representación.
Los conventos estaban, igualmente, necesitados de plasmar su devoción plásticamente, realizando ellas mismas, o encargando a artistas externos, cuadros e imágenes, así como objetos de culto. Más aún: también podían intervenir en la planificación arquitectónica de los monasterios que fundaban. “Pintaban, esculpían, trabajaban como miniaturistas o grabadoras y se dedicaban a todo tipo de trabajos artísticos y artesanales, como la encuadernación y la decoración de libros, la costura y los trabajos textiles”.
Extra muros
Pese a su más o menos voluntario encierro, las monjas procuraban la expansión de sus órdenes y de la propia religión. Hay variados ejemplos de ello, aunque, en este libro, Evangelisti se detiene en tres diferentes ejemplos de expansión monástica femenina: las nuevas fundaciones carmelitas en Francia, Flandes y Europa; el establecimiento de comunidades monásticas educativas en Nueva Francia; y, finalmente, el crecimiento de los conventos en la América española.
Estos ejemplos se concretan, especialmente, en las figuras de Teresa de Jesús y María de la Encarnación, deteniéndose detalladamente en las fundaciones en Hispanoamérica, con una reflexión sobre las misiones y el claustro.
¿Significaba su estricta clausura una renuncia a un apostolado activo? La historia de los conventos ya nos dice que las monjas no eran ajenas al deseo evangelizador, especialmente a través de la docencia y a la atención a los más desfavorecidos de la sociedad, pobres y enfermos.
Con gran acierto y maestría, Silvia Evangelisti narra las peripecias de las hijas de Santa Úrsula, las ursulinas; las llamadas damas inglesas o monjas jesuitas; las de la orden de la Visitación de Santa María, conocidas como las salesas, en honor a su fundador Francisco de Sales, que creó la orden con la colaboración estrecha de Juana de Chantal; y, finalmente, de una de las congregaciones más extendida: las hijas de la caridad. De cada una de estas instituciones nos ofrece la autora los avatares de su nacimiento, dificultades a las que se enfrentaron y su arraigo final.
El libro se cierra con un epílogo, donde la autora nos plantea la existencia de muchas facetas de la vida religiosa femenina, tanto en el período que abarca su trabajo como en el concepto moderno de esta existencia entregada a Dios.
Concluyendo
Lo primero que hay que decir es que este es un libro delicioso. Una vez comenzada su lectura, cuesta dejarla.
Tiene un estilo muy cercano, más próximo a la narración que a la descripción, lo que lo convierte en un texto ameno, cargado de ejemplos e historias que cautivan al lector. Lo que no empece, ni mucho menos, al rigor científico de todos y cada uno de sus capítulos, construidos con acierto sobre la base de una abundante bibliografía, recogida en las últimas páginas de la obra, y de un exhaustivo trabajo de investigación en distintos archivos y localidades.
Si el lector busca un libro que le entretenga, que le proporcione un buen conocimiento de ese mundo misterioso que se encierra tras las rejas y los muros de los conventos femeninos, aquí encontrará un texto que no le defraudará.
Índice
Lista de ilustraciones
Introducción
1. Sobre monjas y conventos
2. Espacios de clausura
3. Voces desde el claustro
4. Teatro y música
5. Las artes plásticas
6. Expansión: monjas por el mundo
7. Comunidades abiertas para mujeres
Epílogo
Agradecimientos
Notas
Referencias bibliográficas
Créditos de imágenes
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