|
|
|
En este irrepetible año 2020, tres palabras parecen haber tenido el protagonismo en todo lo que acontece en los últimos diez meses: incertidumbre, inseguridad y pesimismo.
Una incertidumbre que ha supuesto para el conjunto de la sociedad, como en el terreno individual, un sufrimiento y duras consecuencias, en mayor o en menor medida, por los efectos de la pandemia provocada por la COVID-19.
Una inseguridad que ha puesto de manifiesto un innumerable listado de vulnerabilidades en todo tipo de sectores, especialmente en el sanitario, turístico, servicios, transporte, comercio, etcétera.
Todo ello ha generado un especial pesimismo que, en muchos casos, ha supuesto un ruido y comunicaciones negativas que no ofrecen una fotografía real de la situación actual y de futuro inmediato.

Así, a lo largo del año se han ido consolidando algunas tendencias claras en cambios en las modalidades de trabajo y de la formación y capacitación, en los hábitos de consumo, en las formas de comunicación, etc. que han transformado la dinámica social, industrial y comercial, más allá de las restricciones ocasionadas por la pandemia.
En definitiva, nuestras relaciones personales, laborales y comerciales han cambiado.
Y, todo ello, nos ha predispuesto y ha puesto en valor la importancia de revisar y reinventarnos en algo tan básico como es el liderazgo a todos los niveles (político, institucional, empresarial y personal) en este nuevo orden, retos y oportunidades, con todas las seguridades.
Una nueva puesta en valor que podemos resumir en el acrónimo L.I.D.E.R.A.R. con seguridad para:
Lograr retomar la nueva normalidad que la sociedad en general, y sus actividades en particular, precisa.
Innovar para dar respuesta a los nuevos retos y oportunidades que la crisis sanitaria ha aflorado.
Decidir, sobre la base de la experiencia y el conocimiento, las nuevas estructuras y protocolos para actuar con el máximo de seguridad y garantías.
Ética a revisar con rigurosidad para responder ante la sociedad con solidaridad y sostenibilidad, con soluciones acordes a las nuevas situaciones creadas por la pandemia.
Responsabilidad como base de trabajo en todos los ámbitos institucionales, empresariales y sociales.
Autenticidad, transparencia y rigurosidad en todo tipo de acciones y nuevos planteamientos en este nuevo orden mundial.
Respeto por la solidaridad y seguridad humana como derecho y prioridad ante todos los retos y nuevas exigencias.
La seguridad, nuevo eje de la nueva normalidad
La seguridad se ha convertido en un factor indispensable e ineludible en todos los ámbitos durante esta crisis sanitaria que estamos viviendo.
Las instituciones, empresas y ciudadanos quieren espacios seguros que garanticen unos altos grados de protección ante la COVID-19 con medidas de prevención y distanciamiento social adecuadas y una protección lo más eficaz posible para empleados y usuarios.
Una seguridad que incluye partidas como los materiales de prevención y control, personal dedicado, inversión en sistemas de control de accesos, videovigilancia, desinfección, climatización segura, costes sanitarios, auditorías de seguridad, refuerzo de equipos de limpieza y seguridad, así como campañas de formación, comunicación y sensibilización para empleados y usuarios.
Así pues, nuevamente, son momentos para retomar el tema de “reinventar las seguridades” afinando más el concepto para llevarlo al “repensando la seguridad humana”, en un marco en el que todavía nos queda por vivir amenazas emergentes nunca antes surgidas.
Planteemos un Plan 7S aplicado a la nueva anormalidad: Saludable, Sencillo, Suficiente, Sistemático, Sostenible, Social y Seguro enfocado desde el punto de vista de la reputación, la credibilidad y la seguridad.
Saludable. Que sirva para proteger la salud y prevenir posibles rebrotes y garantizar la atención y tratamiento de las personas.
Sencillo. Que no ofrezca dificultades para su aplicación general y particular y no contenga artificios o complicaciones políticas.
Suficiente. Que sea adecuado al presente y futuro en su aplicación y contenido y flexible en cuanto a revisión y actualización.
Sistemático. Que se estructure y ajuste a un sistema y protocolos de actuación medibles y aplicables al amplio espectro de actividades sociales, industriales y comerciales.
Sostenible. Que se pueda mantener, operativa y económicamente, durante un largo tiempo sin agotar los recursos o causar graves desajustes o daños.
Social. Que su aplicación esté especialmente dimensionada al conjunto de individuos y grupos que articulan la estructura de la sociedad en la que vivimos.
Seguro. Que su contenido estratégico y operativo ofrezcan seguridad, certeza y confianza al ciudadano en cualquiera de las circunstancias sociales y económicas.
Todo ello, sin que la gente tenga que renunciar al trabajo y descanso y pueda disfrutar de un nuevo año 7S basado en: la confianza, la necesidad de sentirse seguro, la sostenibilidad y medio ambiente, la seguridad de la ubicación, el impacto de la política global.
Capítulo aparte merece reseñar la ciberseguridad y la digitalización. La pandemia ha provocado y creado el entorno propicio para el despegue de las comunicaciones y conexiones para el trabajo a distancia, las compras online y transferencias. Muchas personas y entidades le han perdido el miedo y el respeto a las acciones online.
Sin duda, la pandemia ha acelerado los procesos en las comunicaciones y en diez meses hemos avanzado tres años en la digitalización de muchísimos sectores y actividades.
El mayor tiempo en el hogar también se ha traducido en cambios en el consumo, en los estilos de vida, el teletrabajo, la falta de movilidad, vivir en casa o el ocio digital y cambiado igualmente las prioridades en el gasto.
La importancia de tapar las brechas de seguridad y sus consecuencias también tomó fuerza durante este año, ya que muchos de los peores incidentes podrían haberse prevenido o evitado de haberse colocado los correspondientes parches en los sistemas y seguido los protocolos de seguridad adecuados.
Terminaremos el año 2020 con un deseo único en las últimas décadas, una vacuna para esta pandemia que nunca había sido tan deseada y tan necesaria para que la sociedad pueda seguir avanzando de forma sostenible y segura.
Vivimos en un mundo dinámico y en constante evolución, un mundo acelerado en el que, cada vez con más frecuencia y peligrosidad, se llega a la conclusión de que el fin justifica los medios. La necesaria adaptación que exigen los nuevos tiempos no puede pervertir nuestro propósito de combinar eficiencia y ética.
Así, las estructuras sociales, antes sólidas, se están volviendo fluidas y penetran hasta cualquier rincón. Para designar ese estado, Zigmunt Bauman, filósofo polaco, acuñó el concepto de “Sociedad Líquida”, caracterizada por la movilidad, la incertidumbre y los valores relativos.
Bauman es uno de los sociólogos que plantea una “nueva forma de entender la sociedad moderna, no basada necesariamente en los conformistas y los anticonformistas, sino una tercera vía, según la lógica de la “sociedad reflexiva”, que elabora y apunta a modificar la sociedad moderna”. La hipótesis de Bauman afirma que el cambio social tiene que ser un producto necesario y dinámico. Una vez comprendida la relación entre la sociedad sólida (seguridad, contenidos, valores) y la sociedad líquida (movilidad, incertidumbre, relatividad de valores), el segundo paso necesario es modificar la realidad y comprender que la vía del cambio es la única posible, además del hecho de que es oportuna, para evitar los conflictos sociales y mejorar las condiciones de vida. (“Bauman y la sociedad del cambio” Vídeo en Transnational Justice Center).
Estas características de la sociedad actual surgen del «divorcio» entre poder y política, de tal modo que, por ejemplo, la confianza depositada hasta ahora en el consumidor para salir de las crisis, ha sido sustituida por la soberanía del inversor y la ligereza de sus cambios y apoyos, lo que sitúa al individuo en una modernidad gaseosa, producto de la globalización y de la falta de firmeza de las ideas que habían sido soporte en el pasado. En la vida líquida nada permanece, todo está en constante cambio y transformación, y lo hace demasiado rápido.
En la actualidad, aún estamos intentando hacernos con las riendas para enfrentar una circunstancia sobrevenida tal como la actual pandemia de la COVID-19, mientras la realidad que tratamos de evaluar muta constantemente, cualquier situación se vuelve multifacética, y los instrumentos con los que contábamos ya no sirven, se han vuelto obsoletos.
Como ciudadanos globales interconectados, vivimos una vida híbrida dentro de un mundo líquido: usamos una aplicación para reservar espacios y citas, un calendario en línea para programar reuniones, colaboramos con compañeros de trabajo no presentes, en espacios virtuales, en tiempo real o por correo electrónico. Este incremento de agilidad implica que no se “pierde” nuestro valioso tiempo, pero aspiramos a que, además de las ventajas que comporta esa inmediatez de la experiencia, no queden comprometidos aspectos más “gaseosos” como la calidad, la auténtica relación interpersonal o la imprescindible calidez.

La vida fluye naturalmente a través de muchas modalidades de acción diferentes y, nosotros elegimos (o nos obligan) ir adaptándonos a una velocidad cada vez mayor para dar la respuesta más efectiva en cada actividad en la que participamos.
El requisito de nuestra constante adaptación hacia la mayor productividad podría parecer que da prioridad a las aportaciones de nuestro hemisferio izquierdo, arrinconando a la mente creativa, pero, según el Foro Económico Mundial, “en un futuro la creatividad y la empatía van a ser más importantes que la inteligencia artificial”… Eso esperamos.
“Existir es cambiar, cambiar es madurar, madurar es perseverar incesantemente en la creación de uno mismo”, escribía Henry Bergson. Quizá esta reflexión del Premio Nobel de Literatura de 1927 explique por qué la creatividad perdura en toda circunstancia, e incluso se potencia en tiempos de crisis, como los actuales.
Sociedad Líquida
Cuando se habla de una “Sociedad Líquida”, nos referimos a esas estructuras sociales en permanente transformación, en las que las normas previamente establecidas, las reglas aprendidas, los roles sociales, etc. no son ya perdurables, lo que implica la desaparición de la sensación de estabilidad y confianza en el futuro por parte de los ciudadanos.
Desaparecen las estructuras organizativas jerárquicas o piramidales frente a las estructuras en red, con sistemas informales a todos los niveles: económicos, sociales, culturales y geopolíticos. La acertada analogía de Bauman define a la perfección la situación actual: “el estado líquido no permite a la materia conservar su estructura cuando existe una fuerza tangencial y cortante. Pueden modificar su forma cuando son sometidos a presión; son amorfos, fluyen y no permanecen. Lo único que permanece constante es el cambio”.
Esto implica que se debe producir necesariamente un cambio de paradigma, de mentalidad a nivel global, que nos permita adaptarnos de la mejor manera posible a una situación que se está produciendo de forma natural y al mismo tiempo, inevitable e irreversible.
Una sociedad líquida requiere de unos sistemas de aprendizaje líquido, adaptable a los nuevos retos que se plantean cada día: desde los avances tecnológicos, los cambios geopolíticos, las coyunturas económicas, los vaivenes demográficos o las mutaciones socioculturales.

Nuestra sociedad es cambiante pero también es una sociedad acomodaticia, que vive en el pasado (al aferrarse a lo conocido), y que prefiere el letargo de la rutina a la incertidumbre de los retos constantes. Mayoritariamente, la gente se conforma con vivir sin sobresaltos, con saber qué esperar, que es el equivalente educativo de saber cuál es el resultado del proceso que se está desarrollando. Sin embargo, la rutina, la regulación excesiva y el conductismo son los peores enemigos de la creatividad.
Otra característica de esta sociedad líquida es que también todo impulso queda diluido y, aunque existen situaciones graves de injusticia en distintos lugares del mundo, resulta muy complicado llegar al punto de colisión, de fricción, donde se produce el cambio, como pudo suceder en las revueltas de 1968. Hoy, resulta difícil de imaginar que se puedan registrar movimientos globales de la envergadura de los que se sucedieron en la segunda mitad del siglo XX.
En definitiva, la vida actual es líquida, está en proceso de cambio constante, y si no queremos quedarnos atrás o ser absorbidos por la marea, debemos aprender a nadar y a adaptarnos cuanto antes.
Nuevos retos para el aprendizaje: de lo sólido a lo líquido
En un mundo que cambia de una forma tan continua y repentina que puede coger por sorpresa hasta al más informado de los individuos, la flexibilidad, la capacidad de adaptación y la fluidez, no son simples aspectos básicos dentro de las organizaciones, son características fundamentales para poder encontrar nuestro espacio dentro de una sociedad cada vez menos sólida y más mutable.
Las organizaciones deben afrontar el reto permanente de la gestión del cambio y, para ello, el desarrollo de equipos y personas flexibles y capaces de ponerse al día continuamente de acuerdo a las circunstancias, mejorando sus sistemas de comunicación interna, ofreciendo las plataformas necesarias, los contenidos actualizados y los recursos que hagan falta para que un nuevo modelo de aprendizaje elástico y adaptativo se desarrolle con autonomía y naturalidad.
Es fundamental estrechar la relación entre educación formal, informal, exigencias y retos del mundo del trabajo, con el objetivo de afrontar los nuevos desafíos presentes en una “Economía de los Talentos”, en donde los perfiles multicompetenciales se convierten en un capital de alto valor estratégico en la era del conocimiento. Así la clave en estos tiempos no solo es qué se aprende, sino cómo se aprende.
Esta nueva realidad lleva implícito un nuevo cambio fundamental: hoy el aprendizaje-capacitación de un profesional no es responsabilidad principal del supervisor o la organización; ahora, en estos tiempos inciertos, corresponde a cada profesional asumir el compromiso con su propio desarrollo (con el proceso permanente de su propia creación, que diría Bergson), responsabilizarse por su “marca personal” y aprender aquello que necesita para afrontar sus retos profesionales y personales. En definitiva, desde la perspectiva de la Sociedad Líquida que ahora habitamos, las personas se convierten en auténticos agentes del conocimiento.

Las organizaciones que mejor se adapten a estos tiempos, serán aquellas que se preocupen por hacer que sus trabajadores pasen de ser receptores pasivos a verdaderos protagonistas de su propio aprendizaje.
Pensar en un tipo de aprendizaje líquido nos invita también a reflexionar sobre la forma en la que adquirimos conocimientos y habilidades, tanto a nivel organizacional como a nivel individual. Decir que “empaparnos del conocimiento” es diferente de “almacenarlo” u “ostentarlo”.
Este panorama representa para el nuevo ser creativo un cúmulo de nuevas oportunidades, a través del acceso libre a una gran cantidad de información, nuevos y variados caminos de formación y la opción de poder desarrollar distintas facetas tanto profesionales como personales. En definitiva, más contenido, más contrastado y al alcance de todos. La clave está en no perderse en ese océano y saber navegarlo y aprovecharlo.
Desarrollo de la formación líquida
Los sólidos son estables, conservan su forma y persisten en el tiempo. En cambio los líquidos tienen la capacidad de, manteniendo un volumen definido, cambiar de forma fácilmente.
La sociedad ha mutado de una estructura sólida a un estado líquido multiforme, resultado de transformaciones socioculturales, políticas y económicas, especialmente aceleradas por el impacto de las tecnologías digitales.
Nos encontramos ante nuevos retos, que suponen cambios y exigencias en el ámbito de la formación y la capacitación, y ante la oportunidad de estimular la creatividad y la imaginación para inventar otras maneras de decir y de hacer. Zygmunt Bauman asume ese reto. Su trabajo aporta al campo pedagógico “elementos novedosos para pensar en estos tiempos de pasaje e incertezas”.
En una breve introducción, Bauman apunta que, de lo que se trata, es de “reajustar el significado del tiempo” y añade “en el mundo de la modernidad líquida, esa solidez se interpreta como una amenaza. El apetito de conocimiento debería hacerse gradualmente más intenso a lo largo de toda la vida, a fin de que cada individuo continúe creciendo y sea a la vez una persona mejor” (Bauman, 2008).
En esta modernidad líquida prevalece la elección en lugar de la obediencia; existen opciones, no normas; y la flexibilidad se ha convertido en el término correcto para llamar a la falta de estructura.
Bauman identifica y plantea tres retos a los que se debe enfrentar la formación actual:
Tratar con la gran cantidad de información disponible.
Internet permite un acceso instantáneo a todo tipo de información, la cual se encuentra almacenada y constantemente disponible para nuestra consulta pero, se presenta la dificultad de aprender a distinguir qué información es apropiada y cuál no lo es. Bauman menciona que “una de las habilidades de los individuos de la sociedad actual debe ser la de protegerse uno mismo de tanta información”.
Convivir con la tiranía del momento
Hemos perdido la posibilidad de pensar a futuro y, paradójicamente, la formación es una inversión a largo plazo. De ahí que sea tan difícil adecuar el sistema educativo a la modernidad de la sociedad. El mundo líquido lleva un ritmo tan vertiginoso que hay que vivir cada momento por separado “la vida se compone de pequeños episodios y cada uno de los episodios no está necesariamente relacionado con el siguiente” (Bauman, 2008). Uno de los objetivos de nuestra vida debe ser ordenar y unir estos episodios.
En el ámbito de la formación, debe tenerse muy en cuenta el concepto de aprendizaje permanente, ya que la modernidad líquida y por tanto la sociedad, exigen una renovación constante del conocimiento y la formación.
Armonizar la relación entre maestro y alumno
La relación del maestro con su alumno se ha deteriorado. Antiguamente, la única vía de acceso al conocimiento que tenía un alumno era a través de su maestro que no se limitaba únicamente a hablar o leer de un libro sino que ayudaba a desarrollar una actitud proactiva basada en el respeto y la confianza. Esa relación ha desaparecido. Ahora el maestro tiene que estar sometido a una constante actualización que le permita competir con los medios sociales y la gran cantidad de información que estos suministran.
Necesitamos perfiles profesionales nuevos que tomen iniciativas en “entornos VUCA” (de volatilidad, ambigüedad, incertidumbre y complejidad), que desarrollen su actividad con seguridad, independencia y autonomía intelectual, práctica y vital. Personas que, en lugar de ser reactivos, inicien el cambio, viendo la oportunidad de crear valor en cada recurso disponible.
Profesionales que abracen y promuevan la innovación en todas las organizaciones y áreas, haciendo un uso particularmente especial de la tecnología y sus recursos personales de liderazgo.
Con mentes disruptivas que vean más allá de lo establecido, y estén abiertos a nuevas formas de comunicación y nuevas maneras de expresión y creación.
Rediseñar el modelo de aprendizaje
Muchos autores, como Guy Claxon, consideran que los métodos tradicionales de aprendizaje están obsoletos y no se encuentran en consonancia con la evolución de la sociedad actual. Y ya lo anticipaba Bauman al plantear la modernidad líquida como un proceso por el cual tiene que pasar el individuo de cara a integrarse a una sociedad cada vez más global, pero sin identidad fija, voluble y maleable.

Christian BECK, en su ensayo presentado durante la Conferencia de Oslo de enero de 2014, auguraba un conocimiento terciario al que corresponde un nuevo modo de aprendizaje, líquido, poco estructurado y horizontal, como el que se desarrolla fuera de las estructuras académicas, rígidas y anquilosadas.
Necesitamos un nuevo enfoque de la formación que fluya de forma natural, como la vida actual; enfrentándose a esta necesidad, aportando una actitud más humanista frente a este mosaico de segmentaciones, integrando lo digital y lo físico, lo órganico y lo inorgánico, y reduciendo la brecha para hacer un todo natural y humano. En definitiva un rediseño del modelo de aprendizaje hacia una educación más líquida, permanente y disponible.
La COVID-19 ha forzado una situación educativa excepcional: el paso de un sistema formativo sustentado en lo presencial, con algo apoyo digital, a un modelo de educación a distancia puro, elearning en el mejor de los casos, aderezado con elementos de homeschooling. Este cambio de modelo se ha hecho sin apenas transición y por supuesto sin planificación previa. Se han mezclado y alterado además los aprendizajes formales y los informales.
Ningún sistema formativo está preparado para universalizar en tiempo récord un aprendizaje online verdaderamente eficaz que responda a una situación como la sucedida y que asegure la calidad y la equidad en el proceso.
El modelo formativo sobrevenido y puesto en marcha a causa de la pandemia y de la crisis sanitaria consiguiente, responde mejor a lo que se ha denominado Emergency Remote Teaching o Enseñanza Remota de Emergencia, entendiendo como tal “un cambio temporal de la entrega de instrucción, a un modo de entrega alternativo debido a circunstancias de crisis. Implica el uso de soluciones de enseñanza totalmente remotas para la formación o la capacitación que, de otro modo, se impartirían presencialmente o como cursos combinados o híbridos y que, en la mayoría de los casos, volverán a esa modalidad una vez que la crisis o la emergencia hayan disminuido”.

Este modelo rediseñado de aprendizaje en el que los alumnos son capaces de trabajar de forma autónoma e independiente y cogestionar su propio proceso de adquisición de conocimientos, pretende darles una herramienta que les va a acompañar a lo largo de su vida: “aprender a aprender”.
Una formación no presencial que, a través de nuevas plataformas tecnológicas, posibilita y flexibiliza el acceso y el tiempo en el proceso de aprendizaje-capacitación, adecuándolo a las habilidades, necesidades y disponibilidades de cada uno, además de garantizar ambientes de aprendizaje colaborativos, mediante el uso de herramientas de comunicación síncrona y asíncrona, potenciando en suma el proceso de gestión basado en competencias.
La práctica de la docencia se ha visto afectada por los “males” de la sociedad líquida, pero de esos males debemos aprender para obtener los “bienes” que trae implícitos.
Por parte de los docentes, se buscan siempre nuevas fórmulas de transmisión de conocimientos que hagan cada vez más competentes a los estudiantes. Por parte de éstos, se espera satisfacer las necesidades curriculares y formativas de manera inmediata, olvidando que el crecimiento necesita un tiempo y un recorrido.
El papel del docente cambia de ser un mero transmisor de contenidos de capacitación a ser facilitador de los aprendizajes que llevan a cabo los propios estudiantes. Se da más importancia al proceso, y los alumnos se responsabilizan del camino.
El papel del alumno, por tanto, adquiere más autonomía y protagonismo, lo que supone un mayor compromiso y, con ello, una mayor motivación, y va a redundar en una mejora de la calidad del aprendizaje. Se les prepara para que sean capaces de adaptarse a la modernidad líquida, donde deben superar el modelo individual para acercarse a una pluralidad y conectividad apoyada en comunidades educacionales.
En cuanto a la metodología, se pasa de modelos pasivos a modelos más activos. Se deja de creer en la exposición teórica como única vía de impartir docencia (pasivo), donde los alumnos no tienen muchas opciones de aportar y opinar, para fortalecer un modelo más abierto (activo) que genera múltiples respuestas y requiere reflexiones.
Una sociedad líquida requiere un aprendizaje-capacitación líquido, en los términos descritos por Bauman. El tipo de inteligencia que necesitamos ahora incluye saber qué debemos hacer cuando no sabemos qué hacer: ser capaces de implicarnos en las más complejas incertidumbres sin desconcertarnos. El aprendizaje-capacitación continuo significa comprometerse inteligentemente con la incertidumbre y persistir frente a la dificultad cuando hace falta.
Aprendizaje líquido. Capacitación desde la incertidumbre
La incertidumbre, la indeterminación y el cambio son las materias primas de cualquier acto creativo. Su éxito viene determinado, en gran parte, por la predisposición que tengan los estudiantes a abrazar esa incertidumbre e iniciar un camino hacia lo desconocido.
Sin embargo, en una sociedad tan acomodaticia como la actual, el aprendizaje-capacitación ha sido pautado en exceso, y la creatividad ha sido aletargada. Los sistemas pedagógicos actuales se basan en metodologías conductistas, focalizadas en la obtención inmediata de resultados.

El modelo de aprendizaje líquido es dinámico, transformador e interactivo y, sobre todo, es ampliamente personalizable e integra nuevas metodologías, soluciones interactivas, herramientas y plataformas tecnológicas garantizando el éxito. Una experiencia de aprendizaje dinámica y de vanguardia que fluye libremente entre el mundo físico y el digital.
Con todo esto, podemos concluir que es necesario repensar el tipo de aprendizaje-capacitación de nuestra sociedad y de nuestros profesionales, de forma que ambos consigan adaptarse al mundo actual, instantáneo y cambiante, consiguiendo que el valor de la formación recibida pase a ser el del proceso, conexiones y herramientas implementadas con ese aprendizaje, más que lo aprendido en sí.
Estamos en un camino que pasa por fluir, permitir brotar ideas nuevas, proyectos originales y primar la calidad sobre la cantidad. Habrá que dejarse orientar, aprender y desaprender, estar dispuestos al cambio y adaptarse a las circunstancias, a fin de convertirnos en sujetos permeables y moldeables, pero con un criterio propio adquirido a través de herramientas de formación adecuadas a los tiempos.
“Descarga gratuita: Resumen Ejecutivo
Seguridad y Salud Laboral. Guía para la Implementación del TELETRABAJO“
Con el confinamiento provocado por la pandemia del COVID-19 el trabajo presencial, público y privado, se desmorona, y el incremento del teletrabajo parece ser la única alternativa.
Con el llamamiento a la distancia social y el cierre temporal de muchas actividades, así como la decisión del Gobierno de confinar a los ciudadanos, los hogares han cobrado un nuevo significado y protagonismo, con multitud de funciones añadidas a las de lugar de descanso, desconexión, encuentro familiar y de ocio.
Las organizaciones y empleados han de establecer nuevos acuerdos para el teletrabajo, con todas las seguridades. Hemos de preparar nuestros domicilios o lugares de confinamiento, para delimitar el entorno y el tiempo dedicado a lo profesional, bien diferenciado del personal y familiar.
“Descarga gratuita: Resumen Ejecutivo Seguridad y Salud Laboral. Guía para la Implementación del TELETRABAJO“
El teletrabajo, en esta sociedad de la información y la economía globalizada en permanente cambio y evolución, es una de las soluciones, no solo en estos momentos de crisis sanitaria, sino de cara a su implementación en nuestras infraestructuras productivas y de servicios, en las que, tanto los empleos públicos como los privados, deben evolucionar y gestionarse de manera más moderna, para mantener e incluso mejorar su normal funcionamiento, productividad y optimización de recursos.
Como consecuencia de la crisis sanitaria que estamos viviendo, el teletrabajo está siendo una práctica obligatoria para casi 20 millones de españoles desde que se estableció el Estado de Alarma y obligó a un confinamiento en los hogares. Los empleos han sufrido una serie de cambios que les está obligando a ajustarse a la “nueva normalidad”. Esto quiere decir que, si las organizaciones quieren seguir funcionando, deben adaptarse y “llevar el trabajo al trabajador y no el trabajador al trabajo”.
Tras la experiencia, muchas entidades públicas y privadas han visto que esta forma de trabajar ha funcionado perfectamente, incluso aumentando la productividad y, por ello, podemos estimar que esta modalidad, que ha acelerado la digitalización de las organizaciones de años a meses, ha llegado para quedarse.
Así, también después de un proceso de urgencia, recientemente se ha aprobado el Real Decreto-Ley 28/2020, del 22 de septiembre, de “Trabajo a distancia” («BOE» núm. 253, de 23-09-2020), nueva regulación que presenta importantes novedades, desde el propio ámbito de aplicación y definiciones, hasta las limitaciones y condiciones para su implementación.
Sin embargo, las consecuencias de la aceleración de los programas de teletrabajo producen otras lagunas que podría afectar a los usos y derechos que los teletrabajadores hacen de este nuevo marco laboral, tales como el riesgo de convertir los hogares en oficinas las 24 horas del día o la pérdida del trabajo en equipo, circunstancias que van a obligar a desmenuzar los términos de este Decreto-Ley para detallar la forma de adaptación para que, aquellas empresas e instituciones públicas y privadas cuyas actividades y estructuras lo permitan, organicen preferentemente el trabajo a distancia y el teletrabajo, de manera ética y eficiente, sin que resulte lesiva para ninguna de las partes y tratando de conseguir que sus empleados puedan realizar su actividad laboral desde su domicilio con todos los derechos y seguridad.
Asumiremos que el teletrabajo, aunque sea por circunstancias sobrevenidas, sí ha irrumpido ahora con fuerza en el mundo laboral y educacional, donde forzadas o convencidas, la mayoría de las entidades públicas y privadas han tenido que recurrir a él y ahora están en proceso las negociaciones a nivel estatal para implementarlo de forma estable.
A las evidentes ventajas relacionadas con el ahorro y la menor dependencia energética, los defensores del teletrabajo vienen subrayando otras como: la reducción de los tiempos y costes de traslado y transporte, la flexibilidad de horarios, el favorecimiento de la conciliación laboral y familiar y, en consecuencia, nuevas oportunidades de acceso de la mujer al mercado laboral.
La digitalización jugó un papel fundamental a la hora de hacer realidad y conjugar el teletrabajo y la escuela virtual con el confinamiento. En la nueva era postcovid, ya nada será como antes, ni la forma de relacionarnos ni el entorno en el que desarrollemos nuestras actividades sociales y laborales.
La pandemia ha sido un claro acelerador del teletrabajo en todo el mundo y la digitalización ha jugado y jugará un papel fundamental a la hora de hacer realidad el teletrabajo y la escuela virtual en el confinamiento pero, por otra parte, implantar el acceso a recursos y aplicaciones corporativas sin una estrategia de ciberseguridad conlleva un enorme riesgo para las empresas y organismos públicos.
El tradicional perímetro de seguridad se ha roto y las oportunidades de ataque y vulnerabilidades son mayores. La superficie de ataque se ha expandido, la identidad es el punto débil y las personas el objetivo de los ciberdelincuentes.
Debemos comenzar asegurando la transformación del sistema hacia una nueva normalidad y la regulación de las nuevas formas del teletrabajo y de la teleformación (que también se va sumando con nuevas soluciones), con la implementación general de las nuevas tecnologías en nuestros hogares y centros educativos y de capacitación, en los que se deberá reajustar la actividad, adaptándola a su economía y a la nueva situación.
La nueva regulación afectará a muchos más colectivos de los que en principio parece y, aunque no todos puedan implementar el trabajo a distancia, algunos de ellos darán entrada a un esquema que permita una mayor proporción de tiempo de teletrabajo respecto de la jornada total, conjugándolo con modelos híbridos que también se van a mantener en el futuro, después de que se supere la actual crisis sanitaria, social y económica.
Al aumentar la productividad, la creatividad y la conectividad humana, tenemos la capacidad de desarrollar soluciones sostenibles para los nuevos desafíos globales.
Con esta “Guía para la Implementación del Teletrabajo” de recomendaciones y buenas prácticas, se pretende facilitar una información útil para cada una de las fases de la aplicación y para la redacción de los correspondientes manuales y protocolos de adaptación en entidades e instituciones públicas y privadas, con las máximas garantías de salud y seguridad para ambas partes.
“Descarga gratuita: Resumen Ejecutivo Seguridad y Salud Laboral. Guía para la Implementación del TELETRABAJO“
Dos palabras parecen tener el protagonismo en todo lo que acontece en los últimos cuatro meses en España: incertidumbre y pesimismo, derivadas del desarrollo y consecuencias de la COVID-19 y de las necesarias medidas políticas y sociales que desde el Gobierno se toman o se dejan de tomar acerca de la buena o mala infraestructura sanitaria; la evolución o involución de la economía nacional y mundial; el mayor o menor acierto en el confinamiento y distanciamiento social; nuestro presente y futuro productivo y laboral y, especialmente, la incertidumbre y pesimismo que vivimos en este camino hacia la nueva anormalidad tan vinculada a la aplicación de todas las seguridades.
Después de las crisis vividas en las últimas décadas, jamás hubiéramos imaginado que una pandemia llegada de Asia pudiera poner en jaque, no solo la salud de toda la población mundial, sino la economía global. Nadie lo creía posible, pero aquí está el gran problema y ha venido, según parece, para quedarse largo tiempo.
En el momento de escribir estas líneas España ya cuenta con más de 250.000 contagios y más de 28.000 fallecidos.
Estamos en una etapa de alta incertidumbre y algunos cambios que se están operando van a tener formato permanente y hemos de asumirlos y prepararnos para ello.
Respecto al pesimismo, nos conviene distinguir sus clases y aplicar el “pesimismo proactivo y defensivo” que es, según los expertos, una forma de proceder mucho más realista y responsable, además de un medio para amortiguar el impacto emocional en el caso de que las cosas salgan mal. El grado de decepción es menor cuando se decide aceptar que, pese a que todo pueda salir mal, lo único razonable es estar preparados por si llegan las adversidades.
Aunque existe cierta tendencia a identificar a la persona pesimista como un ser agorero y melancólico, los ‘pesimistas defensivos’ suelen ser dinámicos, ya que necesitan tomar la iniciativa y entrar en acción para prevenir que los peligros que han imaginado realmente ocurran.
Como ya nos adelantó Charles Darwin, “no es la especie más fuerte, ni la más inteligente, la que sobrevive, es la que más se adapta al cambio”.
Y, para poder retomar la nueva anormalidad y volver a índices más favorables sociales y económicos, es fundamental tomar conciencia de que, más que nunca, como dice Stepehen Covey, hemos de aplicar el primer hábito para ser altamente efectivos, que es ser proactivos y apoyar a los sectores imprescindibles (sanidad, turismo, producción agroalimentaria e industrial, hostelería, etc.) a fin de trabajar juntos por la sostenibilidad y el crecimiento de nuestro país con todas las seguridades (sanitarias, sociales, económicas, etc.). Como ya es sabido pero conviene recordar, a causa de las duras restricciones impuestas por la pandemia, dichos sectores están sufriendo una brutal merma e incluso paralización de su actividad, registrando descensos entre un 60% y un 100% respecto al año anterior, lo que provoca una caída en cadena de otros sectores relacionados, así como una terrible destrucción de empleo, de pymes y de autónomos.
Debemos asumir y tomar conciencia de que nuestros hábitos de actividad y consumo van a cambiar. Así, las empresas ya se han visto obligadas a implementar, ante las restricciones y el confinamiento, el teletrabajo o la flexibilización de la jornada laboral, algo que no va a ser sólo circunstancial en esta crisis, sino que se va a implantar en las políticas de muchas organizaciones. Como aspecto positivo, también el teletrabajo nos motivará para atraer a más y mejores profesionales.
Se acelerará también la era ya iniciada de la transformación digital y la implementación de nuevas metodologías, para adaptarnos mejor a las presentes y futuras circunstancias económicas y sociales.
Pero, la realidad no existe en sí misma, existe en tanto que es percibida e interpretada a través de conceptos y teorías. El coronavirus ha llegado para cambiar nuestras vidas más de lo que en un principio pensamos que lo haría. El distanciamiento físico obligatorio ha impactado significativamente.
La nueva producción. Reincorporación y control
Nuestras actividades productivas, económicas y sociales han sufrido una fuerte contingencia por la crisis sociosanitaria provocada por la COVID-19, que nos obliga a revisar y cambiar todos nuestros Planes de Contingencia y Continuidad puesto que se ha desplegado una nueva realidad que, como mínimo hasta que no se encuentre una vacuna y las medicinas específicas para dominarla, ha venido para quedarse.
La necesidad de nuevos planes de contingencia viene motivada por la emergencia ocasionada por el riesgo comunitario. Deberán estar basados en una rigurosa evaluación de riesgos que permita identificar el conjunto de medidas y acciones básicas concretas de respuesta, además de instrucciones alternativas a las condiciones operativas normales, de forma que permita el funcionamiento de nuestras organizaciones a pesar de que, circunstancialmente, algunas de sus funciones pueden cesar, como consecuencia de algún incidente o eventuales condiciones externas ajenas a la organización.
En la fase de la vuelta de los empleados a las instalaciones físicas de las distintas actividades, están surgiendo también nuevos procesos y condiciones de funcionamiento y seguridad que van a marcar la ‘nueva anormalidad’. Ya estamos enfrentando una diferente realidad en las organizaciones, que nos familiarizan con el control sanitario de los empleados, la asignación de EPIs, el distanciamiento físico, el control de accesos y aforos, etc., que es necesario desplegar con la mayor rapidez y mantener en el tiempo, si se quiere afrontar el reto de no perder competitividad.
Los nuevos usuarios. Comunicación y conexión
El puesto de trabajo digital ha mostrado su valor para permitir esta ‘nueva anormalidad’. Sin embargo, se ha comprobado que, en la mayoría de los casos, no se puede despegar eficazmente apoyándose en soluciones de consumo básicas que no cuentan con las funcionalidades, las herramientas y, sobre todo, la seguridad que demandan los entornos empresariales. Las vulnerabilidades de seguridad de la mayoría de los programas, la alta dependencia de terceros y sus limitadas funcionalidades, impiden tener una adecuada experiencia remota, semejante a la que se tendría si se estuviera trabajando en locales de trabajo u oficinas.
Existe una amplia gama de soluciones TI empresariales que mejoran el entorno de trabajo de los empleados y aportan beneficios a las organizaciones consiguiendo una mayor comodidad y productividad al realizar sus tareas. Los escritorios virtuales garantizan la misma experiencia de uso que si estuvieran en su entorno de trabajo habitual a través de la implementación de herramientas avanzadas de comunicación (mensajería, videoconferencia, portales colaborativos, etc.).
En los primeros momentos de la migración al teletrabajo por causa del confinamiento, los programas informáticos más populares para realizar videollamadas o videoreuniones coparon la mayoría de los contactos entre los equipos de trabajo y son las que siguen siendo utilizadas de forma más masiva. Pero, las videoconferencias tienen que realizarse con comunicaciones cifradas para que nadie pueda acceder a esa información sensible, algo que inicialmente no contempla buena parte de dichos programas. A esto hay que sumar los riesgos de bajarse software desconocido o acceder directamente a dudosas herramientas online con posible malware que infecte o bloquee el dispositivo utilizado.
La gestión del riesgo. La ciberseguridad laboral y personal
Mientras que las empresas se adaptan a estos nuevos hábitos de TI, los ciberdelincuentes no han dejado de lanzar ciberataques que están poniendo en jaque los nuevos procesos implantados.
Los dispositivos móviles son la puerta de entrada más codiciada por los ciberdelincuentes porque los ataques más exitosos, confiando en su vulnerabilidad, son los llamados de ‘ingeniería social’ es decir, aquellos que tienen al usuario, a la persona, como destinatario.
Los ciberdelincuentes están incrementando especialmente sus beneficios, a causa de las improvisaciones al usar inconscientemente herramientas vulnerables o no certificadas, e igualmente, de los despistes de los empleados accediendo a sitios malintencionados o descargándose aplicaciones con malware.
El intercambio digital de datos empresariales y privados, utilizando múltiples aplicaciones y herramientas, pone a prueba continuamente las políticas y dispositivos de seguridad de las organizaciones.
La forma de evitar estas situaciones, es elegir con rigor las herramientas de gestión, aparte de comprobar el reconocimiento de cada solución para un uso concreto y aplicar las medidas de seguridad ad hoc. Es especialmente recomendable generar códigos de conexión personalizados para acceder a las convocatorias virtuales.
Urge una actualización de las soluciones y protocolos de ciberseguridad y un nuevo enfoque centrado en la prevención y la resiliencia. Tres escenarios son clave para desplegar una estrategia de ciberseguridad eficaz y eficiente: la gestión de identidades y credenciales, la protección de las conexiones y la seguridad del entorno cloud/nube.
Las soluciones IAM (Identity and Access Management) son necesarias para evitar los robos de credenciales y los accesos a las aplicaciones empresariales que, como se ha dicho, deben ser personalizados y administrados de forma centralizada para tener un control de la trazabilidad de su uso.
La cloud/nube es, y cada vez más, un entorno crítico en el que se están almacenando más y más datos corporativos y personales. Las migraciones de sistemas y la gestión de los existentes, son tareas muy complejas si no se tiene una visión global y holística de lo que existe en estos entornos.
Para gestionar el riesgo y evitar estas amenazas, logrando un acceso óptimo y seguro a las páginas web, es necesario implantar un firewall avanzado y herramientas potentes y flexibles para aplicar políticas de seguridad personalizadas y capaces de proporcionar un alto rendimiento a la hora de manejar el tráfico cifrado.
Las nuevas seguridades y los grandes atractivos de cloud/nube para desplegar nuevas aplicaciones para los usuarios mediante accesos online, la han convertido en la infraestructura a la que más acude buena parte de las organizaciones en este tiempo de escalada hacia el teletrabajo. Las tecnologías de digitalización, virtualización y convergencia, permiten desplegar fácilmente áreas privadas en los datacenter de las entidades públicas y privadas.
Con todo ello, ‘incertidumbre y pesimismo’ solo deben ser ese fondo de percepción de inseguridad sobre el que tenemos y debemos seguir trabajando en esta desescalada, que nos obliga a cambios notables en los procesos, usos y costumbres que han venido para quedarse y en las que hemos de tratar de minimizar la materialización de los riesgos, estudiando e implementando todas las seguridades a nuestro alcance físicas y lógicas, públicas y privadas.
"Descarga nuestra Guía gratuita: Plan Estratégico y Operativo COVID-19. Reactivación
TURISMO Y SEGURIDAD"
Los gobiernos de todo el mundo están realizando, con mayor o menor acierto, un esfuerzo importante para intentar paliar los muchos daños directos y colaterales de esta crisis que, generados por una pandemia mundial, nos ha pillado a todos por sorpresa. Las consecuencias que se han hecho ver primero en los sectores sanitarios para, a continuación, repercutir gravemente en los asuntos económicos y sociales.
Guía disponible de forma gratuita. Pinche en la imagen para solicitarla
Uno de los sectores más afectados en España corresponde al Turismo, por su importancia (2º país del mundo) y dimensión (con más de 85 millones de turistas/año y más del 13 % del PIB), en el que tenemos muchas áreas y casos de éxito que se han gestado en los peores momentos de nuestro país. Sin embargo, aunque es cierto que estamos en un mundo conectado y no solo dependemos de nuestro buen hacer, nos encontramos vinculados principalmente a los visitantes de otros países, con los que tenemos mucho que ganar pero, sin la adecuada recuperación en el menor tiempo posible, también mucho que perder.
La reactivación del sector turismo debe estar enfocada desde el punto de vista de la reputación, la credibilidad y la seguridad y, aunque sea cierto que viajar y participar en actividades culturales y de ocio será diferente, eso no quiere decir que la gente tenga que renunciar al descanso y disfrute de un TURISMO 4S, es decir: Saludable, Sostenible, Social y Seguro.
Nuestros hoteles, restaurantes, centros culturales, agencias de viajes, productores, operadores y un larguísimo etcétera de entidades y empresas, en definitiva, muchas personas, deben adaptarse a la nueva normalidad pese a las pérdidas irreparables, y los dramas individuales y colectivos tristemente amplificados por la crisis económica y financiera que se cierne inicialmente sobre este gran sector.
Presente, consecuencias y cambios
Esta ha sido una crisis descomunal que no hubiéramos podido imaginar ni en nuestras más fantásticas proyecciones de futuro. Las vidas humanas que se han quedado irremediablemente en el camino (más de 27.000 en España en el momento de escribir estas líneas); las graves repercusiones que ha tenido para todo el personal sanitario el intento de salvarlas; la incertidumbre inevitable de científicos y políticos, y las duras consecuencias sufridas por el ciudadano, quedarán para siempre en nuestra historia personal y colectiva como una pesadilla compartida, llena, sin embargo, de una solidaridad y fraternidad que desconocíamos. Y así será nuestra realidad y con riesgos similares hasta que no desarrollen una vacuna y esté disponible para los más de siete mil millones de seres humanos que poblamos el planeta, o al menos el 80% de ellos, para alcanzar la ansiada y presunta inmunidad de grupo.
El futuro es ahora. Es tiempo de mirar hacia delante y, aunque nadie tiene la certeza ni la solución hoy en día ni para acabar con el virus ni para enfrentar los desafíos, los cambios por venir ya están en camino.
La COVID-19 va a cambiar el mundo, las formas de relacionarnos, en general, y, en las actividades industriales, comerciales y sociales, va a demandar nuevos paradigmas que permitan el tránsito desde las inseguridades e incertidumbres de la improvisación frente a lo desconocido, hacia las nuevas seguridades, dotaciones y búsqueda de garantías.
En este sentido, también en el sector del turismo, vamos a tener que operar cambios importantes para. implementar, a todos los niveles, reales y eficaces planes de contingencia y resiliencia contrastados y asumir otros sistemas de prevención del riesgo y de protección ante potenciales rebrotes. Se impone, además, una nueva concienciación y cultura de seguridad ciudadana, junto a la consolidación de la solidaridad y el tratamiento social.
Relanzamiento del turismo. Nuevos retos
En este “plan de desescalada de la crisis sanitaria”, es importante y urgente un programa de relanzamiento del turismo como destino “seguro y sostenible”, con el que se deberá asegurar que la recuperación del sector se alinea con los principios de salud, seguridad y sostenibilidad socioeconómica y medioambiental.
Pero ¿qué retos afronta el sector ante el freno que ha supuesto la COVID-19 en la gran e importante industria turística en España? Preguntas y respuestas que han de llevar a posicionamientos y acciones responsables, para los que hacen falta planes rigurosos, hacen falta ideas, hacen falta fondos públicos bien empleados y, sobre todo, una capacidad de gestión sobre la base de la ética, del bien y del sentido común.
La única forma de relanzar la amplia industria del turismo, mientras avanza la ciencia con verdaderas soluciones a la pandemia, es cambiar. Algunos de esos cambios han de ser, a corto plazo, inevitables modificaciones y controles en nuestros usos y costumbres y, a medio y largo plazo, hemos de volcarnos especialmente en apreciar e invertir en todo eso que ahora llamamos servicios esenciales de salud y seguridad pública, que será nuestro mejor respaldo para la recuperación económica y social.
La seguridad, factor clave para el turismo
La seguridad es fundamental para el turismo, para el desarrollo de su amplia gama de entidades y empresas donde, en estos momentos de crisis sanitaria, se pone de manifiesto la necesidad de revisar su planteamiento de proyecto global de seguridad, así como el nuevo desarrollo de planes específicos y una rediseñada política de seguridad.
A modo de resumen ejecutivo, podemos subrayar diversos aspectos clave:
La pandemia generada por la COVID-19 precisa del desarrollo de un nuevo esquema de contingencia basado en el pasado, presente y futuro de las consecuencias y cambios provocados por esta crisis sanitaria.
El necesario relanzamiento de las múltiples actividades implicadas para el turismo interior y exterior presenta nuevos retos muy relacionado con el levantamiento de los controles de frontera y el restablecimiento de los servicios de transporte con toda la UE para la reanudación segura de los servicios turísticos con la garantía de los necesarios controles en la interoperabilidad transfronteriza y la creación de corredores turísticos seguros.
La Marca España, es pieza clave para atraer turistas bajo el planteamiento de un proyecto ‘Hostelería Segura’ con el desarrollo de recomendaciones conjuntas y compartidas.
La aplicación de las correspondientes normas y protocolos para la reapertura y sus documentos de estricto cumplimiento, son una base importante para la dirección y gestión de todo tipo de áreas, establecimientos y actividades diversas y las potenciales contingencias y actuaciones en casos positivos de COVID-19 donde, las medidas de obligado cumplimiento para la prevención y la protección se hacen imprescindibles.
Los planes de contingencia y resiliencia, así como la revisión y nueva determinación de la estrategia de continuidad de negocio en las distintas actividades, basadas en la respuesta a ante potenciales incidencias, obligan a una nueva implementación de dichos planes con su correspondiente prueba, mantenimiento y revisión periódica.
La formación y capacitación especializada será norma de obligado cumplimiento para esta reactivación dentro de los objetivos profesionales y empresariales hacia la nueva normalidad.
Las seguridades, protagonistas
Las seguridades son, para el desarrollo de la actividad turística, las protagonistas necesarias y requieren de la implementación de específicos medios y medidas de recuperación, control y protección, previa rigurosa de identificación, clasificación, análisis, evaluación y gestión de los riesgos, amenazas y vulnerabilidades de todas y cada una de las partes de implicadas en este sector. Medios y sistemas de recuperación, control, seguridad y ciberseguridad que, junto con las medidas organizativas, son la clave para la reactivación en medio de la crisis sanitaria.
La apertura escalonada y asimétrica de las actividades industriales y de servicios, en las fases de desescalada es muy complicada sin la aplicación de los diferentes medios a nuestro alcance y va más allá del mantenimiento de distancias, mascarillas o uso de hidrogeles.
Catálogo de soluciones para el control y la seguridad
El sector de las seguridades, para apoyar las medidas, pone a disposición los medios y los procedimientos para el control y la seguridad que puedan garantizar la apertura escalonada de las actividades turísticas y de servicios en las fases de desescalada.
La diversidad y complejidad de las principales actividades que van a reactivarse, dentro del amplio sector dedicado al turismo, va a requerir y exigir del estudio y aplicación de estos medios de control y seguridad, según dimensiones y necesidades.
Para la realización de las actividades y gestión de la movilidad, el sector de las seguridades dispone de sistemas, principalmente, para:
- Control de aforos. Aplicable para la gestión de entradas, salidas y ocupación para áreas abiertas o establecimientos, tanto públicos como privados.
- Control de aglomeraciones. Utilizable para la gestión de la movilidad y transporte y actividades en locales para el mantenimiento de las distancias sociales exigidas o programadas.
- Control automático de distancia. De aplicación en grandes o medianas áreas para el control de personas en establecimientos públicos, comercios o de ocio.
- Control de accesos. De aplicación sin contacto, con reconocimiento facial, detección de temperatura y de mascarillas para la entrada a los distintos tipos de locales o áreas públicas abiertas.
- Detección automática a distancia de temperatura. Aplicable en zonas abiertas o cerradas a las personas en accesos o zonas de exigido cumplimiento.
- Tecnologías de audio IP. De aplicación para la difusión de mensajes o advertencias por seguimiento y detección de anomalías en controles.
- Detección de contagiados a distancia. Medición en tiempo real por análisis del aparato fonador mediante inteligencia artificial.
- Identificación de personas, temperaturas o síntomas. De aplicación al control y detección de posibles contagios en control de acceso y videovigilancia.
- Control de temperatura, acceso y presencia. Aplicable como identificación biométrica de personal laboral y medición de temperatura.
- Control de temperatura global. De aplicación en áreas abiertas mediante medición grupal con sistemas de videovigilancia inteligente.
- Control de accesos con cerraduras inteligentes. Apertura y cierre de puertas con sistemas sin contacto o remotos a través de teléfonos móviles.
- Sistema de balizamiento de uso en visitas. Dispositivos de aplicación individual para el control del distanciamiento social en locales de pública concurrencia.
- Arco desinfección de vehículos. Aplicable en aparcamientos públicos y espacios abiertos o cerrados.
- Purificador de aire y desinfectante. De aplicación a locales habitados con controles y acción permanente sobre aire y superficies.
- Robots para minimizar el riesgo de infección. Para prestar diferentes servicios, de llevar pedidos a las habitaciones o mediciones de temperaturas o control de accesos.
- Interruptores manos libres. Dispositivos con sensor de gestos que detectan los movimientos de la mano sin necesidad de tocar los mecanismos.
- Compartimentos de apertura remota. De aplicación para el intercambio de llaves mediante teléfono móvil en exteriores de apartamentos turísticos.
- Drones para desinfectar grandes espacios. Innovador sistema de aplicación en áreas interiores o exteriores de especial dimensión para evitar el contacto humano.
- Cabinas de check-in. De aplicación para hoteles y grandes eventos públicos con controles de aforo automático.
Estos y otros sistemas similares, son medios y tecnologías que están disponibles para su prescripción, previo informe técnico profesional para implementación ajustada al tipo de actividad, dimensión de concurrencia, etc. como medidas de respuesta para la prevención y protección exigibles para entidades públicas y privadas y de uso obligado para los trabajadores y visitantes.
Sistemas de control y ciberseguridad
El control de acceso a la información, la realización de copias de seguridad, la gestión de contraseñas, la limitación del uso de herramientas no corporativas o el cumplimiento de la ley en cuanto a bases de datos son algunas de las medidas de seguridad que recomienda el responsable de ciberseguidad de INCIBE.
En especial, la aplicación de la tecnología en la gestión de los destinos y de las empresas turísticas debe ir acompañada de medidas de ciberseguridad, según insisten varios expertos de la Red de Destinos Turísticos Inteligentes.
Cada vez más, el sector turístico utiliza la tecnología Internet, tanto en los destinos como en las empresas turísticas, que pueden sufrir ataques de ciberseguridad.
A modo de conclusiones
La reactivación y camino hacia la nueva normalidad del sector turístico requiere de rigurosos planes y grandes esfuerzos de todos sobre la base de conseguir una nueva propuesta de un Turismo 4S: Saludable, Sostenible, Social y Seguro, con las adecuadas medidas y medios de control y seguridad.
En definitiva, y para poder recuperar e incrementar la actividad turística en los años venideros, el sector se verá analizado desde diferentes puntos de vista en sus aspectos como la sostenibilidad y la salud, muy presente y dentro del mismo, además de una exigencia de una seguridad social y ciudadana, que tendrá unas exigencias cada vez más concretas y multidisciplinares.
Todo ello supone un cambio notable de cara a una nueva cultura de seguridad, contingencia y resiliencia, ahora hacia la reactivación y desescalada de la crisis sanitaria hacia una nueva normalidad en el amplio y complejo sector del turismo, con la adopción de nuevos medios de prevención y protección basados en las recomendaciones sanitarias y la aplicación de mucho sentido común y rigurosidad que, sin duda, han llegado para quedarse y cambiar ese panorama de la seguridad.
“El turismo puede servir de puntal para superar la pandemia. Al reunir a las personas, el turismo puede promover la solidaridad y la confianza" Antonio Guterres, secretario general de las Naciones Unidas
Dedicado por más de 30 años a la Consultoría e Ingeniería de Seguridad y Defensa por más de 20 países como asesor para asuntos aeroportuarios, puertos, cárceles hospitales, entidades bancarias, museos, transporte ferroviario, servicios de Correos y puertos.
Es socio fundador y presidente para Europa de la Federación Mundial de Seguridad (WSF), Director para Europa de la Secretaría Iberoamericana de Seguridad, Asesor gubernamental en materia de integración operativa de seguridad pública y privada en diversos países latinoamericanos.
Como experiencia académica es profesor de postgrado en ICADE (Universidad Pontificia Comillas de Madrid) desde 1986, codirector de postgrado en la Facultad de Psicología (Universidad Complutense de Madrid) y director del Curso de Seguridad en Infraestructuras Críticas del Instituto General Gutierrez Mellado de la UNED, así como conferenciante habitual y profesor en más de 20 países sobre Seguridad y Defensa.
Su representación institucional es principalmente como Miembro Experto de la Comisión Mixta de Seguridad del Ministerio del Interior, Director para Europa de la Federación Panamericana de Seguridad (FEPASEP), representante “ad honores” de la Federación de Empresas de Seguridad del MERCOSUR (FESESUR), asesor del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) para asuntos de Seguridad Ciudadana y Observatorio de Delincuencia en Panamá, socio fundador y de honor del Observatorio de Seguridad Integral en Hospitales (OSICH), socio fundador y vicepresidente de la Asociación para la Protección de Infraestructuras Críticas (APIC)
Autor y director de la BIBLIOTECA DE SEGURIDAD, editorial de Manuales de Proyectos, Organización y Gestión de Seguridad
Actualmente es presidente y director del Grupo de Estudios Técnicos (GET), socio-senior partner de TEMI GROUP Consultoría Internacional y socio-director de CIRCULO de INTELIGENCIA consultora especializada.
Tendencias 21 (Madrid). ISSN 2174-6850

