SEGURIDAD Y DEFENSA: Manuel Sánchez Gómez-Merelo




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La percepción de inseguridad es la alarma que se provoca en nuestro cerebro y nos mantiene con vida pero la diferencia que hay entre sentirnos seguros y estar realmente a salvo tiene que ver con saber cuáles son las nuevas amenazas a las que ahora nos enfrentamos y qué posibilidades reales tenemos de evitarlas para no vivir permanentemente con miedo.


Sentirse seguro hace referencia a una percepción, a una vivencia, que puede ajustarse o no a la realidad y la sensación de seguridad depende sobre todo de tener una percepción de control del momento.


Para ello, entender lo que ocurre es especialmente importante, de ahí que las noticias sensacionalistas, las informaciones sesgadas y hasta contradictorias generen alarma social y hagan tanto daño a la población, pues aumenta su sensación de inseguridad y descontrol.


Por otro lado, el cómo afronta cada uno la adversidad dice mucho de nosotros mismos, y más que las circunstancias, es lo que marca la diferencia de ver la tragedia o la oportunidad.


La seguridad es una experiencia subjetiva e intrínseca de cada persona y, teniendo en cuenta esta definición, es razonable pensar que la sensación o la seguridad real cambian en función de las circunstancias.


Hacia una nueva percepción de la seguridad y la protección. Desafíos y oportunidades, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo


Hay que prevenir, tomar las medidas que sean necesarias y controlar, dentro de nuestras posibilidades, el entorno para poder protegernos.


Ahora, los riesgos que conlleva la pandemia son reales, la COVID-19, a pesar de su baja tasa de mortalidad, es una amenaza a la salud pública por su alta tasa de mutación y contagio así que recordemos que, al miedo bien educado se le llama prudencia y es una excelente virtud.


Pasado… análisis y realidad


En el pasado reciente, más que el concepto de seguridad, lo que ha cambiado han sido las circunstancias y, efectivamente, nos enfrentamos a una situación en la que vamos a tener que analizar y reevaluar continuamente lo que es seguro y lo que no para proteger, prioritariamente, nuestra salud en un sentido amplio para entender que no sólo debemos protegernos de la infección sino también de la ansiedad, la depresión que pueden ser producidas por un exceso de protección en nuestro día a día.


La reciente pandemia es una oportunidad para examinar el estilo de vida que llevamos en nuestras actividades empresariales, laborales y sociales.


Así, simplemente aplicando el sentido común y teniendo en cuenta que vivimos periodos muy inciertos en los que no debemos dejar de analizar el pasado, no deberíamos presuponer qué es seguro y qué no, debemos analizar cada situación según las circunstancias, el momento y el contexto.


Intentemos construir una sensación de seguridad al sentir que tenemos cierto grado de influencia, control y poder sobre aquello que nos puede afectar.


Presente… panorama complicado


La COVID-19 ha puesto patas arriba nuestra sociedad global y ha cambiado nuestra percepción de seguridad. Cosas que antes eran tan normales y tan “seguras” como asistir a reuniones, actos sociales o, incluso reuniones familiares se nos ha complicado.


Pero, una cualidad maravillosa del ser humano es nuestra capacidad de adaptación y ahora, debemos aprender a cambiar muchas cosas y adaptarnos a las nuevas circunstancias, sean provisionales o hayan venido para quedarse.


Tenemos que asumir que, aunque hay cosas que no debemos o podemos hacer, hay otras que perfectamente siguiendo las medidas de prevención o protección, principalmente las indicadas por las autoridades sanitarias.


Los confinamientos han tenido un efecto aparentemente negativo en la salud de las personas pero han hecho que mucha gente se pare y tome conciencia de muchas cosas y que lo primero es lo primero: la salud.


Existen muchas medidas de prevención y protección que dependen en gran medida de nosotros, aunque las vulnerabilidades son un problema muy serio.


No obstante, el nivel de exigencia y seguridad de las organizaciones públicas y privadas clientes es cada vez mayor. La pandemia ha impulsado la digitalización, pero también ha transformado la manera en la que nos comunicamos e interactuamos.


Así ahora, es imprescindible anticiparse a las exigencias y nuevas necesidades de los ciudadanos, entidades públicas y privadas para analizar los nuevos retos y requisitos que implican llevar a cabo una nueva estrategia de seguridad.


Ya no vale ser reactivo, esperar a que llegue la demanda de nuevas seguridades, hay que monitorizar y analizar para adelantarse, proponiendo actualizaciones y recomendaciones, incluso cambios de paradigmas.


Para ello, hemos de potenciar y acelerar el proceso de la necesaria colaboración público-privada que tantos beneficios puede aportar al ciudadano y su seguridad.


Futuro… retos y oportunidades


Aportar al ciudadano nuevas soluciones es un auténtico reto. Lo bueno es que tenemos herramientas al alcance para lograrlo así como, nuevas tecnologías como la Internet de las Cosas, la Inteligencia Artificial, las Plataformas de Formación online, los sistemas de Seguimiento, Monitorización y Control, etcétera.


Proactividad y personalización son las claves para la nueva estrategia de seguridad y sus principales retos se centran la: Capacidad de integración y despliegue de soluciones operacionales especializadas; Proyectos integrales de seguridad para minimizar las vulnerabilidades físicas y lógicas; Gestión integral del riesgo; Explotación y gestión de datos para optimizar los procesos críticos; Despliegue de redes de comunicación robustas, inteligentes y seguras; Mejorar la capacidad de resiliencia, especialmente en la ciberseguridad; Integrar la información para garantizar la eficiencia operacional; Construir mejores servicios potenciando la inteligencia a través de la información; Personalización de la gestión del video inteligente.


Hacia una nueva percepción de la seguridad y la protección. Desafíos y oportunidades, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo


Hemos de desarrollar proyectos de integración que abarquen desde el análisis actual de las distintas actividades, hasta el nuevo planteamiento de la infraestructura tecnológica y las soluciones operacionales que permitan gestionar y explotar adecuadamente las acciones de futuro por evolución estratégica, tecnológica, operativa, etcétera.


Esta nueva propuesta será de seguridad global, física y lógica y de ciberseguridad para cada infraestructura u organización, de sus procesos para garantizar la continuidad de la actividad o del negocio.


Es igualmente importante, la convergencia de las reglamentaciones y los nuevos planteamientos de la seguridad en el diseño.


Una nueva propuesta de la convergencia y el análisis de ideas en colaboración para: Buscar el punto de equilibrio de las acciones; el complejo reto de la transformación digital; la formación especializada de los nuevos profesionales; las prioridades de seguridad en el teletrabajo; la revisión de los planes de seguridad y emergencia, etcétera.


En definitiva, el análisis y el planteamiento hacia la convergencia de las seguridades y sus entidades, hacia un nuevo Plan Integral e Integrado de Seguridad.


Con todo ello, aprenderemos a confiar, a sentirnos seguros y a salvo aunque haya circunstancias que se escapen a nuestro control. Aprenderemos a gestionar la incertidumbre.



Como concepto general, la alarma social es un fenómeno periódico y podríamos decir que hasta natural en nuestras vidas, si no fuera porque se ha convertido en un arma de manipulación ideológica y política relevante.

Es la percepción de una amenaza subjetiva u objetiva, que sirve para hacer sonar la campana mental y provocar una reacción emocional colectiva.


Dice el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española que alarma o alarmismo es la “Tendencia a propagar rumores sobre peligros imaginarios o a exagerar los peligros reales”.


En este sentido, el cuidado de la información rigurosa y contrastada es una buena forma de prevenir problemas en el sistema. De lo contrario, con la información tratada de manera superficial, sin rigor y con proyecciones científicas o de voces supuestamente autorizadas, pero no contrastadas, puede crearse tanto una alarma social injustificada, como la creación de falsas expectativas que sólo benefician a intereses espurios, y que, a la larga, perjudican al conjunto de la sociedad.


Lasswell, pionero de la ciencia política y de las teorías de la comunicación, para estudiar los actores intervinientes en toda interacción definió, en 1942, el “modelo de las cinco W”… Es decir: Who (Quién dice); What say (Qué dice); to Whom (a Quién); Which channel (con Qué medio); with What effects (con Qué efectos), o sea considerar en la comunicación: emisor, mensaje, receptor, canal y objetivos/resultados.


En 1960, Jakobson mejoró el modelo inicial de Lasswell, introduciendo el término de “feedback” (retroalimentación) en el proceso de la comunicación.


Alarma social vs “gran apagón”. Algunas reflexiones, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo


Así, el cuidado de la información rigurosa, los medios que se usan y los fines y resultados que se persiguen dan lugar a una comunicación eficiente y ética, siendo, sin duda, el escenario básico para el transporte de una información y conocimiento desapasionado o, por el contrario, de un ruido o alarma social que se retroalimenta de sí misma.


Por otro lado, en 1992 el sociólogo alemán Ulrich Beck estudió el papel que juegan la incertidumbre y el miedo en la sociedad globalizada. Mediante la expresión “sociedad del riesgo”, Beck explica que la existencia permanente de amenazas para la salud y la naturaleza es una característica determinante de la sociedad moderna: en la “modernidad reflexiva” la producción social de riqueza va acompañada sistemáticamente por la producción social de riesgos.


Se difunde ahora la noticia de un “gran apagón”. ¿Está fundamentada?


Al igual que en oleadas anteriores, como ya sucedió con el pronóstico de una pandemia en 2017, ataques cibernéticos masivos o ataques terroristas diversos, la actual advertencia de Austria de un supuesto “gran apagón” (big blackout) ha causado alarma tanto en el país como en el resto de Europa.


Desde el Ministerio de Defensa de Austria se han dado las primeras voces de alarma respecto a esta problemática: “Es posible que Europa sufra un apagón generalizado”, anunciaba recientemente Klaudia Tanner, ministra de Defensa austriaca. Hay que decir, no obstante, que el ejército austriaco tiene a sus espaldas un largo recorrido de aciertos en las previsiones respecto a potenciales amenazas para la seguridad.


Las autoridades austriacas hablan de un apagón generalizado de aquí a cuatro o cinco años y, aunque no han mencionado una causa específica, explican que podría deberse a varios sucesos, como desajustes del sistema, fallos técnicos o sobrecargas por picos de demanda.


Pero, a pesar de las alarmas generadas, desde el gobierno de Austria, y admitiendo que no hay un consenso científico estricto que avale un gran apagón inminente, el 26 de octubre se aprobó en el país una ley de preparación ante situaciones de crisis en la que se considera este escenario.


Desde que la Ministra de Defensa austríaca pusiera en alerta a sus ciudadanos con un posible “gran apagón” del suministro eléctrico en Europa, las alarmas y el pánico no han dejado de crecer, incluso en países como España.


Amenazas, riesgos y vulnerabilidades


Una nueva pandemia global, atentados terroristas, ataques cibernéticos o el precio del gas natural, son factores que podrían provocar cortes eléctricos que, de prolongarse en el tiempo, según los expertos, no solo nos podrían afectar a nivel individual, sino que podrían llegar a bloquear todo un país e incluso el continente.


Este escenario, a pesar de parecer del todo insólito, tiene precedentes. En 1989 se pudo comprobar lo que supone que una ciudad entera se quede completamente a oscuras, cuando en Québec (Canadá) millones de personas sufrieron un apagón general debido a una gran tormenta geomagnética.


Se podría considerar un gran apagón a una falla total o inesperada en el suministro eléctrico a nivel internacional. Este escenario significaría que todos los dispositivos electrónicos de los que hacemos un uso diario, como los teléfonos, el acceso a Internet, los cajeros automáticos e incluso semáforos quedarían inutilizables durante días o semanas para la ciudadanía, afectando también a múltiples infraestructuras críticas y estratégicas.


En este mundo cada vez más globalizado e interconectado, un gran apagón a nivel europeo hoy en día podría conllevar innumerables riesgos para la seguridad e incluso provocar una catástrofe internacional.


Hasta ahora, la posibilidad de un “gran apagón” ha sido un riesgo subestimado y poco contemplado por las autoridades. Sin embargo, el miedo a que un suceso así nos pille desprevenidos, como ha pasado con la reciente pandemia de la COVID-19, hace necesario para los gobiernos conocer sus capacidades ante este tipo de amenaza.


Pero… ¿es realmente probable un “gran apagón”?


Alarma social vs “gran apagón”. Algunas reflexiones, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo


Desde Austria se hace hincapié en que existen varias amenazas que podrían provocar esta situación, pues las redes eléctricas de la Unión Europea se encuentran bastante interconectadas entre sí, por lo que es posible que fallos eléctricos en el suministro de un país fueran capaces de provocar apagones o cortes eléctricos en otras regiones.


Sin embargo, en España parece bastante improbable que pudiera llegar a darse este escenario, debido a la alta independencia de las interconexiones españolas con respecto al resto de Europa.


“El riesgo de un tipo de apagón por una caída del sistema en terceros países es muy limitado y hay capacidad para poner un cordón sanitario en caso de que eso ocurriera”, ha afirmado Teresa Ribera, Ministra de Transición Ecológica, remarcando que “es un tema que podemos descartar de nuestro horizonte de preocupaciones con total rotundidad”, con más razón, si cabe, tras asegurar que el suministro de gas “está garantizado”.


Por tanto, España no tiene riesgo de apagón ni por capacidad, ni por generación, ni por distribución. Aunque la mayoría de los incendios y tormentas causan fallos eléctricos, estos pueden ser reparados en cuestión de horas o días.


Además, según Alberto Carbajo, ex director general de operación de Red Eléctrica de España, nuestras infraestructuras son regularmente sometidas a simulaciones de apagones a gran escala y en ellas se ha podido comprobar que se recupera el 90% del suministro en menos de cinco horas.


Finalmente, hay que tener en cuenta que España tiene la obligación legal de guardar 40 días de reserva estratégica de gas para generar electricidad y que, en el caso “Filomena” únicamente se gastaron dos.


Habrá que preguntarse quiénes tienen interés en amenazar con un “gran apagón” y generar una alarma social para desestabilizar a los ciudadanos. 


Previsiones austriacas para un supuesto apagón global


Como sociedad, en este momento no estamos preparados para enfrentar un fallo o falta prolongada en el suministro eléctrico y todos los riesgos y daños colaterales que esto conllevaría.


Por ello, algunos países se han tomado muy en serio la advertencia austriaca y empiezan a pensar en mejorar la preparación general de sus Fuerzas de Seguridad y la capacidad de autosuficiencia de su ciudadanía ante un posible fallo generalizado en el suministro eléctrico, ya que, ante un escenario de esta magnitud, es imprescindible garantizar el funcionamiento operativo de todos los servicios de emergencia, como el ejército, la policía, la sanidad o el cuerpo de bomberos.


Así, ante la valoración de la posibilidad de que ocurra un “gran apagón”, y reduciendo lo mínimo indispensable la atención de las necesidades y calidad de vida de los ciudadanos, desde el Ministerio de Defensa de Austria se ha proyectado hacer frente a la mayor parte de riesgos y amenazas previsibles, para lo que se ha elaborado un documento en el que se detalla una recopilación de todo lo necesario para estar preparados ante una situación similar.


Alarma social vs “gran apagón”. Algunas reflexiones, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo


Como en un comic catastrofista, haciendo un ejercicio de imaginación, podríamos ponernos en un escenario de apagón que dure varias semanas y, partiendo de un listado reducido de elementos esenciales prever qué precisaríamos, como mínimo, para hacer frente a la mayor parte de situaciones:


Primero y principal, una fuente de alimentación de emergencia. No nos puede faltar una fuente alternativa de energía con la suficiente capacidad para funcionar o recargar algunos dispositivos diferentes veces.


Hornillo de gas para las comidas calientes. Aunque podamos sobrevivir a base de conservas en lata, comida envasada, frutas y verduras, no podemos prescindir de comidas calientes.


Avituallamiento de comidas de larga duración, agua potable, etc.


Linternas y velas serían imprescindibles. Es necesario contar con linternas y velas de larga duración para poder tener la iluminación necesaria. Igualmente, hemos de hacer acopio de baterías.


Alarma social vs “gran apagón”. Algunas reflexiones, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo


Botiquín de Primeros Auxilios. Teniendo en cuenta que en el caso de “gran apagón” las calles pueden quedar totalmente a oscuras una vez llegue la noche, es posible que podamos sufrir algún accidente o golpe, tanto fuera como dentro de casa.


Radio de emergencia para recibir noticias. Ante la posibilidad de estar sin televisión, sin Internet ni redes sociales, necesitaremos una radio de emergencia que funcione a baterías o con energía solar para poder recibir las actualizaciones del Estado de Emergencia.


Igualmente, dispondremos de elementos complementarios como:


  • Extintor de incendios.
  • Medicamentos necesarios, para mínimo un mes.
  • Herramientas y navaja multiusos.
  • Dinero en efectivo.
  • Sacos de dormir o mantas.
  • Ropa de abrigo cómoda, protectora, resistente al agua y calzado cómodo de seguridad para posibles evacuaciones.
  • Bidón para almacenar de forma segura combustible para llenar el depósito de vehículos propios o del generador eléctrico.
  • Batería externa portátil, a poder ser recargable vía electricidad y vía solar.
  • Dispositivos como smartphones o tablets para poder disponer de telecomunicaciones.
  • Mantas térmicas, especialmente útiles si no hay calefacción.

Igualmente habría que prever la cobertura de aquellas necesidades especiales de personas mayores o discapacitados.


Para las necesidades comunitarias son útiles grandes generadores solares para alimentar varios aparatos y abastecer los hogares temporalmente, usando la energía solar. Los grupos electrógenos con combustible no son dependientes de la energía solar, pero necesitan que se almacene combustible y resulta difícil prever la cantidad que se va a necesitar en caso de emergencia o catástrofe.


Otros consejos útiles son el tratar de coordinarse con vecinos o familiares y concretar un punto de encuentro o de distribución de recursos comunales, especialmente si se vive solo o alejado.


En fin… resumiendo


Aunque España haya descartado oficialmente el “gran apagón” eléctrico que prevé Austria para 2025, algunos sectores de la población están sucumbiendo a los pensamientos más pesimistas. “La cuestión no es si habrá un gran apagón, sino cuándo”, espetó la ministra de Defensa austriaca. Pero para algunos, ese cuándo, alimentado por informaciones virales alarmistas, está adelantándose a un ritmo frenético.


Estos días son muchos los ciudadanos que han comenzado a adquirir productos y kits de supervivencia para estar preparados en caso de que llegue el presunto “big blackout” europeo.


“Es una psicosis total” afirman desde distintos establecimientos donde la demanda de los productos del denominado kit de supervivencia del apagón, se está disparando alarmantemente.


¿Sabemos a qué intereses responde esa orientación/manipulación recurrente del consumidor para provocarle el miedo que conduzca al almacenamiento de bienes de primera necesidad?


Como decíamos al principio, ¿sabemos si cada vez que aparece en boca de una autoridad algo tan alarmante como la previsión de una catástrofe o un apagón, se ha basado en informes de verdaderos expertos en el tema que avalen tamaña suposición?


No siempre es así, pero los difusores de falsas catástrofes no pueden hacernos olvidar que es bueno profundizar en la razón de las amenazas para discernir su veracidad y, en su caso, tomar las medidas que procedan, siempre a tiempo y con la mesura necesaria.


Acabamos de vivir una pandemia que ha estado poblada de supuestas “autoridades” que hablaban “por boca de ganso”. Gente, hasta relevante, capaz de negar la evidencia científica sin empacho alguno, dando cuenta de una ignorancia y una falta de respeto al conocimiento y a la ciencia que ahora dan grima, pero, al principio, generaban una incertidumbre y un desconcierto que resultaba totalmente innecesario y peligroso. Una falta de rigor como esta debería ser punible, porque, entre los seguidores de sus consejos conspiranoicos el creerles ha llegado a costar vidas.


La libertad de expresión no ha de estar reñida con la ética y el rigor. En esta era de la comunicación no podemos evitar que la falsedad, el ruido, la calumnia, la charlatanería o los experimentos mediáticos entren en nuestras pantallas o en nuestras conversaciones, pero está en nuestra mano no difundirlas, buscar fuentes fiables para contrastarlas, y jamás prestarnos al juego del escándalo gratuito, por más que una masa convencida de algo tienda a contagiar su ánimo.


El miedo nunca es un buen consejero porque es hijo de la ignorancia. La precaución, sí, siempre hermosa novia del discernimiento.



La pandemia de COVID-19 ha despertado y acelerado, en muchas organizaciones de sectores públicos y privados, la necesidad de establecer análisis de inteligencia de seguridad corporativa e inteligencia competitiva mediante la optimización de datos e información en la gestión del riesgo.

La COVID-19 igualmente, ha cambiado la forma en que la resiliencia se debe observar y adecuar en las organizaciones porque esta crisis ha generado nuevas amenazas y alarmas con exigencia de soluciones globales y tratamiento holístico.

Esto ha acelerado el cambio en nuestros paradigmas de seguridad y la exigencia de aprender a identificar e interpretar los signos del cambio ahora y venideros para poder ofrecer una respuesta adecuada y sólida.


Convergencia y globalización

  El estado alarma por la pandemia ha acelerado no solo la transformación digital de las organizaciones, sino el irreversible movimiento hacia la convergencia de las  seguridades y su necesario tratamiento global.

  Pero, ¿cómo se está produciendo realmente la convergencia de las seguridades en las organizaciones y cómo ha cambiado su tratamiento?

  ¿Cuáles son los beneficios e inconvenientes reales experimentados de la misma? ¿Qué métricas son útiles para medir su efectividad o impacto?

  Hace aproximadamente un año, la SEC (Security Executive Council), realizó una encuesta del Barómetro de Seguridad en la que preguntó a múltiples directivos de seguridad física y lógica sobre la interacción y la cooperación entre las áreas de la seguridad cibernética y corporativa. El sesenta por ciento de los encuestados dijo que la cooperación había aumentado, y el 69% declaró que la razón de esto eran los distintos “asuntos que surgieron de interés conjunto”, sobre todo, durante el confinamiento y cambios provocados en la organización probablemente por la COVID-19.

  No obstante, la convergencia de las seguridades puede ocurrir a lo largo de un continuo cambio de situaciones o de estrategia y política de seguridad corporativa, que pueden ir, desde la estructura en la que tradicionalmente actuamos cuando hablamos de converger (áreas y equipos combinado, encabezado por un líder), hasta el mantenimiento de dos organizaciones que colaboran rutinariamente o la situación de dos departamentos funcionalmente separados que colaboran según sea necesario.

  Cada uno de estos modelos puede constituir la convergencia en algún nivel y puede traer los resultados y beneficios esperados según tipo de organización o entidad y circunstancias a esperar de la colaboración.
 

Nuevas exigencias de Inteligencia y Resiliencia en la Seguridad Corporativa, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo
 

En cualquier caso, proporcionar una información analizada y detección y respuesta rápidas a los problemas mejorando el intercambio de inteligencia puede y debe proporcionar una nueva visión del lado práctico de la convergencia de las seguridades mejorando la resiliencia al ampliar la visión y gestión del riesgo globalmente.

  Inteligencia y análisis

  El planteamiento de una seguridad global (integral e integrada) puede producir grandes cantidades de datos e información por lo que, la relación señal-ruido puede ser bastante desequilibrante.

  En este sentido, los equipos de inteligencia y análisis se han vuelto fundamentales durante la pandemia, y la exigencia de una información amplia y rigurosa es una de esas circunstancias y cambios que han venido para quedarse una vez que termine la crisis de la COVID-19.

  Este incremento operacional y de análisis, principalmente para la gestión del riesgo y las seguridades, va dirigido a la optimización de los recursos humanos, procesos y tecnologías para el valor futuro de minimización de las consecuencias derivadas de la materialización de nuevos riesgos y amenazas, mejorando y controlando igualmente las vulnerabilidades.

  Seguridad global, integral e integrada

  El aceleramiento que venimos viviendo hacia esa seguridad global (integral e integrada), tiene múltiples beneficios y, sobre todo, la consecuencia de conseguir una visión holística de la situación, tratamiento y gestión del riesgo y las vulnerabilidades en nuestras organizaciones, su funcionamiento y continuidad con los adecuados costes.

  Para ello, además de la implementación de los equipos –internos o externos– de inteligencia y análisis del riesgo, hemos de aprovecharnos de la actual innovación tecnológica y la transformación digital, mediante la integración de sistemas y servicios para impulsar la mitigación de riesgos en personas, activos patrimoniales y procesos operativos para la mejora continua.

  Así hemos de implementar servicios especializados y tecnologías interactivas con visión de futuro para el mejor funcionamiento de nuestras organizaciones mediante el análisis y evaluación e implementación de los adecuados sistemas y servicios de seguridad (prevención y protección.

  Hemos de concentrarnos en cómo agregar valor a nuestra actividad analizando cuáles son los servicios clave de la organización y apoyarlos mediante una seguridad global sostenible para mostrar el valor compartido y la evitación de costes por incidencias o materialización de riesgos y amenazas potenciales.

  Líderes de seguridad global

  Especialmente, durante la pandemia de la COVID-19, los líderes de seguridad corporativa nos han transmitido una actitud de gran colaboración para garantizar la continuidad en cada momento, tanto a través de actuaciones directas en aquellos sectores esenciales como el sanitario, los transportes, la alimentación, la seguridad pública, etc., como en la urgente y necesaria implementación del trabajo a distancia y el teletrabajo desde los hogares mediante nuevos planes estratégicos y operativos de seguridad física y lógica o ciberseguridad según necesidades y exigencia de cada organización.
 

Nuevas exigencias de Inteligencia y Resiliencia en la Seguridad Corporativa, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo
 

  Todo ello, sin duda, ha provocado un nuevo cambio de paradigma en la seguridad y sus líderes que, en este proceso de transformación y convergencia, exige un nuevo nivel experto en mucho más que la convergencia de la seguridad física y lógica con el objetivo y participación en la investigación para construir un modelo mejorado para la seguridad global en las organizaciones, identificar los beneficios o inconvenientes que provienen de la convergencia, determinar cómo se pueden medir eficazmente sus beneficios y determinar la variedad de formas en que esta convergencia se puede establecer en las organizaciones o por qué no se produce.

  Nuevos directores ejecutivos de seguridad, que han de ayudar a implementar gestionar o coordinar proyectos u organizaciones de forma global mediante una seguridad integral e integrada dentro del marco de una seguridad humana y ciudadana con una integración operativa pública y privada.


Todo el mundo habla de la Transformación Digital pero, realmente sin profundizar en su importancia y la directa relación con la seguridad.

¿Qué entendemos por transformación digital hoy en día y cómo está incidiendo la digitalización en la era de pospandemia?

Como definición básica podríamos decir que la transformación digital es la aplicación de capacidades digitales a procesos, productos y activos para mejorar la gestión del riesgo, la eficiencia y mejora del valor para el usuario y la posibilidad de descubrir nuevas oportunidades de optimización o potenciación de la productividad.


La transformación digital es la integración de tecnología digital en todas las áreas de una organización, cambiando fundamentalmente la forma en que opera y aporta valor a sus usuarios y supone un cambio cultural que requiere que las organizaciones desafíen constantemente el status quo, experimenten y se sientan adaptadas con su propia resiliencia.

 

Para todo ello, el control y la ciberseguridad son dos claves esenciales para afrontar los nuevos riesgos asociados a la transformación digital.

 

Pandemia y cambios operados

 

Aunque de la transformación digital llevamos hablando muchos años y proyectando su planificación, lo cierto es que ha sido la reciente pandemia la que ha acelerado e impuesto la nueva situación de esta transformación y de sus necesarias seguridades.

 

La Transformación Digital y las Seguridades, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo

 

Pero, el cambio principal no se ha dado en las organizaciones, sino en los usuarios. Las entidades públicas y privadas se han visto obligadas a cambiar para cubrir las necesidades y demandas de la situación y de sus empleados, pero no ha sido un cambio pausado o por iniciativa propia.

 

De igual manera, en muchas organizaciones se ha dado acceso a herramientas de teletrabajo y comunicación sin considerar el aprendizaje más básico, generando muchos conflictos y rechazo. Se ha pasado de nada a todo en pocos meses, y eso ha originado rechazo, cansancio y la necesidad de adaptación y, sobre todo, muchas inseguridades.

 

Retos y exigencias de seguridad

 

El reto más importante es, sin duda, la seguridad en sus múltiples facetas y aplicaciones. Antes de la pandemia muchas organizaciones basaban sus seguridades y actividades en la interacción personal y las soluciones digitales eran consideradas un “valor añadido”, pero no un área básica de prevención y protección.

 

Así, uno de los mayores errores en los procesos de digitalización de muchas organizaciones es el considerar que esta tiene como objetivo el ahorro de costes o la reducción de personal.

 

Uno de los retos de seguridad en la transformación digital a los que se enfrentan los profesionales es que deben ser capaces de saber adaptar y transformar los modelos de trabajo y de gestión de la seguridad a los nuevos riesgos, amenazas y vulnerabilidades que seguirán creciendo y sofisticándose cada vez más, por lo que se deberán disponer de las herramientas necesarias para prevenir y proteger las actividades de forma que reciban el menor impacto posible.

 

Pero, no hemos de olvidar que, esta transformación va mucho más allá del mundo institucional o corporativo. La transformación digital está cambiando la sociedad a una escala sin precedentes. Está provocando cambios en los hábitos del cómo aprendemos, trabajamos, socializamos, compramos, administramos las finanzas e interactuamos con el mundo que nos rodea. El desafío fundamentalmente está en equilibrar la innovación, actividad y productividad con la seguridad funcional y la ciberseguridad.

 

La hiperconectividad aumenta los riesgos y retos de la transformación digital y su impacto potencial está en todos nuestros entornos.

 

Ventajas y oportunidades

 

El objetivo de cualquier proyecto de transformación digital es agilizar la organización y sus procesos para optimizar y aumentar la productividad. La reducción de costes puede ser parte del resultado, pero no el objetivo. Por tanto, el retorno de la inversión está en la mejora de la actividad y los nuevos servicios que se pueden ofrecer, la reducción y agilización de procesos, etc.

 

La Transformación Digital y las Seguridades, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo


Además de las mejoras que se pueden obtener en sistemas, medios, procesos y capacidades, hay otro aspecto que no podemos dejar de lado como es la transformación profunda del concepto de gestión del riesgo y sus seguridades en todo su amplio espectro.

 

Aunque nuestra prioridad parece ser dilucidar qué es lo que vamos a poder hacer en los próximos años y qué áreas de actividad van a poder asumir los sistemas TIC gradualmente, el garantizar que ese hacer sea seguro a corto y largo plazo se presenta como un nuevo reto. Toda nueva capacidad tecnológica entraña nuevos riegos y hay que redefinir los existentes, dando la oportunidad a su reducción con toda seguridad.

 

Así, uno de los aspectos candentes de la transformación digital es la consolidación definitiva de las redes sociales en su rol actual, así como la credibilidad que tienen las mismas ante los últimos grandes acontecimientos que hemos tenido que vivir en las organizaciones y la sociedad.

 

Las redes sociales han evolucionado mucho, aunque no tanto a nivel tecnológico y seguridad como en cuanto a su aceptación por parte del usuario.

 

Por tanto, las redes sociales se están convirtiendo en un elemento de oportunidad y riesgo equiparables que están presentes en el día a día de la mayoría de los usuarios pero, en las organizaciones, deben ser utilizadas por profesionales siguiendo una estrategia adecuada y prefijada.

 

En este sentido, el papel de la seguridad en la transformación digital está mejorado tanto en la conciencia como en la participación en las primeras etapas del proceso de diseño, pero los responsables de seguridad han de definir y controlar la visibilidad de la amplitud de sus proyectos en sus ecosistemas.

 

La apuesta está en la aplicación adecuada e innovadora de la tecnología existente y en el permanente análisis de la aparición de nuevas soluciones para la digitalización.

 

Estrategia de Seguridad

 

Parte del desafío para la nueva estrategia de seguridad, es que la Internet en la que todo esto funciona todavía utiliza muchos de los mismos protocolos y la misma infraestructura con la que comenzó hace décadas.

 

La transformación de la seguridad implica la integración de esta en todas las áreas de la tecnología digital, lo que debe resultar en una constante y holística arquitectura que permita una seguridad efectiva a través del ciclo de vida que abarca todo el ecosistema distribuido de redes.

 

Retomando la nueva anormalidad a través de las seguridades, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo


Como ya se ha dicho, en el pasado año, como consecuencia de la crisis sanitaria mundial, muchas organizaciones se vieron en la necesidad de acelerar su proceso de digitalización aumentando su exposición a los ciberataques que han aprovechado los puntos de vulnerabilidad.

 

Hemos vivido un incremento del tráfico web sin precedentes. Durante el año 2020 se produjeron en España 40.000 ciberataques al día, lo que supone un incremento del 125% respecto al año anterior, según señala la empresa de soluciones de seguridad Datos101. Además, el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE) gestionó en 2020 más de 130.000 incidentes de ciberseguridad, según datos del propio organismo. Estas cifras dejan en evidencia la necesidad de concienciar sobre la problemática de la ciberdelincuencia, capaz de destruir a toda una organización, y la urgente implementación de medidas en ciberseguridad por parte de las organizaciones para proteger su información.

 

La transformación digital, en muchos casos, puede implicar la reelaboración de los servicios, procesos y estrategias dentro de la organización mediante el aprovechamiento de la tecnología digital y requiere de un examen y reinvención de la mayoría, si no de todas las áreas dentro de una organización, de su cadena de suministro y flujo de trabajo, las habilidades de sus empleados así como de procesos de discusión e interacciones con usuarios.

 

Con el aumento de los ataques y las vulnerabilidades, el empezar una transformación digital sin planificar la seguridad puede generar mayores riesgos.

 

Medios y medidas de seguridad

 

Los medios y medidas de seguridad digitales no definen a la transformación, estas apoyan y facilitan este cambio, pero no la definen o dirigen.

 

La aplicación de nuevas herramientas necesita de unas condiciones mínimas para poder operar de una forma segura y confiable y, entre esas condiciones básicas destaca la ciberseguridad. Una correcta ciberseguridad que proteja la integridad de activos físicos y digitales, la comunicación segura entre todos los actores, la privacidad de los datos empleados y el uso que se hace de ellos. La prevención de las distintas formas de hacking es esencial para crear el ambiente de confianza necesario que prevenga de accidentes y situaciones que puedan comprometer el bienestar integral de las personas y organizaciones.

 

Con respecto a la legislación y normativa, a lo largo de estos últimos años hemos tenido importantes cambios como la implementación de la Directiva NIS, la normativa PSD2 o Estrategia Nacional de Ciberseguridad que han afectado en mayor o menor medida a la transformación del sector de las seguridades.

 

La tecnología impulsa la necesidad de la transformación digital y respalda la digitalización de una organización. Además, no existe una sola aplicación o tecnología que permita la transformación digital sino que existen múltiples procesos clave que una organización generalmente debe tener para afrontar dicha transformación.

 

Según el MIT (Massachusetts Institute of Technology), la transformación digital se ha impulsado gracias a cinco tecnologías clave: Blockchain, Inteligencia Artificial, Redes Sociales e Internet de las Cosas IoT, Cloud Computing para almacenamiento de datos y Ciberseguridad. Esta disrupción tecnológica ha supuesto una gran revolución para todos los sectores que han visto alterados sus procesos y sistemas, lo que ha provocado inmensas mejoras, así como el surgimiento de nuevas amenazas.

 

Recomendaciones finales

 

Con independencia del establecimiento de la correspondiente planificación de la transformación digital en cada tipo de organización, es importante estar atentos permanentemente a lo indicado por dos de las principales instituciones cuyo cometido es la coordinación de las iniciativas de ciberseguridad a nivel estatal:

   

La transformación digital no es una poción mágica que resolverá todos los males de nuestras organizaciones públicas y privadas, sino una forma de mejorar la trazabilidad, dotar de más transparencia y control nuestra actividad o generar un mayor volumen de datos que luego hay que interpretar para la mejor gestión corporativa.


Tras la larga crisis provocada por la pandemia de la COVID-19, nos encontramos en pleno proceso para la reactivación económica y social que no será posible sin una nueva cultura de seguridad y resiliencia.


La creación de riqueza a través de empresas, emprendimientos y comercio, requiere de una reinvención e innovación con seguridad como una condición necesaria y, para afrontar el reto de la nueva seguridad en la era post COVID-19, hemos de establecer una nueva estrategia.


Es un momento clave para las organizaciones, pequeñas, medianas y grandes en el cual resulta fundamental estar preparados para afrontar una crisis que ha operado y seguirá estableciendo cambios sin precedentes en la sociedad.


Por lo que debemos priorizar hacia la eficiencia y seguridad de todos los empleados, colaboradores y clientes de forma que permita una adaptación ágil a la nueva situación donde prime la continuidad del negocio o actividad.


Sin seguridad, no hay paraíso… ni recuperación, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo


Nuevas rutinas, hábitos de consumo o formas de trabajo han llegado para quedarse, sin todavía determinar su alcance y duración, pero que anticipan un cambio radical de escenario.


Es difícil saber con certeza el cambio cultural organizativo y de comunicación que va a conllevar para todo tipo de entidades, directivos, trabajadores o familias ante un nuevo panorama marcado por una “nueva normalidad” post COVID-19.


Los nuevos desafíos y exigencias, deben estar articuladas en la misma dirección que los objetivos de cualquier tipo de actividad y a sus responsables corresponde:


La organización, dirección, inspección y administración de los servicios y recursos de seguridad (prevención + protección) disponibles.


La identificación, análisis y evaluación de situaciones de riesgo, amenazas y vulnerabilidades que puedan afectar a la integridad de las personas, la actividad y al patrimonio.


La planificación, organización y control de las actuaciones precisas para la implantación de las medidas conducentes a prevenir, proteger y reducir la manifestación de riesgos de cualquier naturaleza con medios y medidas precisas.


El control del funcionamiento y mantenimiento de los sistemas de prevención y protección.


Sin seguridad, no hay paraíso… ni recuperación, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo



Todo ello, teniendo en cuenta la capacidad de resiliencia y colaboración de empleados y usuarios en general.


La resiliencia ha pasado de ser la gran olvidada, a un recurso de primer nivel. Los directivos de las organizaciones más resilientes son las que cuentan con los sistemas de valores más estables y compartidos.


Las organizaciones resilientes son capaces de enfrentar el fracaso, recuperarse, adaptarse rápidamente al cambio y a la incertidumbre, para salir fortalecidas de cualquier incidencia. Así, hemos de potenciar esta habilidad y:


Aceptar la realidad, verla tal y como es y en toda su crudeza. En cuanto al liderazgo, implica comunicar con transparencia e informar de la situación real.


Encontrar el sentido y saber aprovechar las lecciones aprendidas de las situaciones más comprometidas para interpretar y encauzar los acontecimientos.


Adaptarse a las nuevas situaciones, ya sean del entorno o laborales. Los cambios son siempre oportunidades.


Buscar la orientación hacia las soluciones y no quedarse paralizados por los problemas. Hay que establecer nuevos objetivos y transmitirlos al equipo.


Reconocer las habilidades, confiar en ellas y utilizarlas para adaptarse a los nuevos desafíos y cambios.


Moverse en un entorno optimista y positivo y liderar con convicción los nuevos planes, cambios y objetivos.


Mantener un posicionamiento objetivo analizando y evaluando las ventajas y los inconvenientes de cada situación y entorno.


Valorar lo positivo de cada situación y de cada cambio y relativizar las incertidumbres y problemas.


Sin seguridad, no hay paraíso… ni recuperación, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo


En resumen, hemos de conseguir que nuestros entornos sean más seguro, aportando soluciones que protejan vidas, bienes y servicios esenciales para la sociedad, dando continuidad a los negocios y actividades.


Para ello, hemos de ofrecer soluciones que garanticen una readaptación a la nueva normalidad con nuevos procesos de trabajo, seguridad y bienestar.


Así, quisiera resumir, con mi particular acrónimo de “PODREMOS”, que hemos de actuar con Proactividad, Oportunidad, Desafíos, Relaciones, Experiencia, Motivación, Observación y Soluciones.


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MANUEL SANCHEZ GÓMEZ-MERELO
Eduardo Martínez de la Fe
MANUEL SANCHEZ GÓMEZ-MERELO, es consultor internacional de seguridad, arquitecto técnico y periodista. Completa esta formación con diversos cursos de postgrado en las áreas de seguridad pública y privada, defensa comunicaciones.

Dedicado por más de 30 años a la Consultoría e Ingeniería de Seguridad y Defensa por más de 20 países como asesor para asuntos aeroportuarios, puertos, cárceles hospitales, entidades bancarias, museos, transporte ferroviario, servicios de Correos y puertos.

Es socio fundador y presidente para Europa de la Federación Mundial de Seguridad (WSF), Director para Europa de la Secretaría Iberoamericana de Seguridad, Asesor gubernamental en materia de integración operativa de seguridad pública y privada en diversos países latinoamericanos.

Como experiencia académica es profesor de postgrado en ICADE (Universidad Pontificia Comillas de Madrid) desde 1986, codirector de postgrado en la Facultad de Psicología (Universidad Complutense de Madrid) y director del Curso de Seguridad en Infraestructuras Críticas del Instituto General Gutierrez Mellado de la UNED, así como conferenciante habitual y profesor en más de 20 países sobre Seguridad y Defensa.

Su representación institucional es principalmente como Miembro Experto de la Comisión Mixta de Seguridad del Ministerio del Interior, Director para Europa de la Federación Panamericana de Seguridad (FEPASEP), representante “ad honores” de la Federación de Empresas de Seguridad del MERCOSUR (FESESUR), asesor del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) para asuntos de Seguridad Ciudadana y Observatorio de Delincuencia en Panamá, socio fundador y de honor del Observatorio de Seguridad Integral en Hospitales (OSICH), socio fundador y vicepresidente de la Asociación para la Protección de Infraestructuras Críticas (APIC)

Autor y director de la BIBLIOTECA DE SEGURIDAD, editorial de Manuales de Proyectos, Organización y Gestión de Seguridad

Actualmente es presidente y director del Grupo de Estudios Técnicos (GET), socio-senior partner de TEMI GROUP Consultoría Internacional y socio-director de CIRCULO de INTELIGENCIA consultora especializada.