Reseñas
Farmacia y sociedad
Juan Antonio Martínez de la Fe , 16/02/2026
Cien años del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Las Palmas
Ficha Técnica
Título: Farmacia y sociedad. Cien años del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Las Palmas
Coordinador de la edición: Juan José Laforet Hernández
Edita: Colegio Oficial de Farmacéuticos de Las Palmas, Las Palmas de Gran Canaria, 2025
Encuadernación: Tapa dura
Número de páginas: 128
Los libros institucionales son generalmente una herramienta de comunicación corporativa que sirve para fortalecer la imagen institucional, presentar la historia y evolución, mostrar proyectos, impacto y resultados, conmemorar aniversarios y servir como material protocolario o de relaciones públicas. Y este libro que presentamos es, inicialmente, un libro institucional. Pero va más allá: además de mostrar aspectos variados de su historia, incide, de manera especial, en la relación e inserción del colegio Oficial de Farmacéuticos de Las Palmas en la sociedad. Matiz importante.
Porque nuestras farmacias, en su infancia como boticas, hunden sus raíces en los primeros tiempos en que la sociedad insular comienza a estructurarse como tal. El nombre de farmacias y de sus responsables como farmacéuticos son de más reciente cuño. Boticas y boticarios son las denominaciones que figuran en sus registros bautismales.
Boticas y boticarios
No es extraño, pues, que en el siglo XVII figurara un profesional como emprendedor multifuncional: barbero, sangrador, cirujano y boticario. Desde luego, el boticario, como preparador y dispensador de remedios viene de mucho tiempo atrás; pero eso es otra historia. En España, no es hasta el siglo XIX cuando se establece académicamente la profesión farmacéutica; aun así, en 1779 se celebran en La Laguna exámenes de prácticas de boticario; pero en la vida diaria, el proceso de cambio de denominación no sigue las pautas institucionales, sino que se produce un proceso lento; aún hoy día no es raro encontrar a personas en medios rurales y de avanzada edad para quienes es la botica quien les facilita sus medicamentos.
Este libro nos permite acompañar a los primeros profesionales en Las Palmas de Gran Canaria, en Arrecife y en Puerto del Rosario. Y, para ampliar la información, nos facilita bibliografía suficiente para conocer la evolución de la medicina, los boticarios en la época de Viera y Clavijo así como biografías de farmacéuticos españoles.
Estas primeras farmacias no solo facilitaban remedios para los males diagnosticados por los médicos. Eran, también, lugares de reunión, donde se celebraban animadas tertulias, se leía la prensa y se debatía. Incluso, como ocurrió en las tres primeras farmacias capitalinas, que cada uno de ellas, a través de sus profesionales, estaban adscritas a tres diferentes tendencias políticas.
Pioneros
Conocemos así los nombres aquellos pioneros de los centros farmacéuticos que, como se ve, desde aquellos primeros momentos formaron parte íntima de la sociedad, traspasando los estrechos límites de la simple dispensación de medicamentos y preparados medicinales.
El tiempo transcurre, la población aumenta, la sociedad cambia. Y crecen las necesidades relacionadas con la salud de los habitantes de las islas y, así, el número de profesionales de la farmacia se incrementa notablemente. Y, como sucede en otros gremios, surge, casi espontáneamente, la necesidad de crear un colegio profesional que, no solo ayude a los ejercientes en sus cuestiones administrativas sino que, también, colabore con ellos en una constante formación.
El Colegio
Inicialmente, solo nació un único colegio para toda la región, en 1918, con sede en Tenerife; aunque no tardó mucho en percibirse la necesidad de un colegio específico para las islas orientales, dada la importancia de su crecimiento. Así, en 1923 se inician las gestiones que culminan con la aprobación del nuevo colegio en 1925.
De todo esto da cuenta pormenorizada este libro. Luego comienzan los avatares para conseguir un local propio. Inicialmente, lo comparte con el Colegio de Médicos, incluso el teléfono; luego se traslada a la calle San Bernardo y posteriormente a la entonces General Franco, hoy Primero de Mayo. El aumento de los servicios que tiene que prestar, tanto a los profesionales, como a la sociedad hace plantearse el nuevo edificio que hoy ocupa.
No es cuestión menor la elección de sede y su distribución, enfocada siempre en la doble dirección: profesionales y sociedad. No en vano es la casa de los farmacéuticos, el auténtico “yo” de la organización. También en este libro se informa pormenorizadamente sobre los diferentes locales que ocupó la organización colegial.
Pero interesa resaltar el enfoque social de la entidad; el enfoque profesional ya consta en sus propios estatutos y reglamentos. Son abundantes los actos dirigidos a la sociedad que, a lo largo de su ya centenaria existencia celebra el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Las Palmas. Sus salas han servido de lugar para celebrar conferencias culturales, así como eventos sociales. Ha sido el objeto de uno de los recorridos históricos que celebra la ciudad periódicamente, haciendo estaciones en las ubicaciones de las primeras farmacias abiertas en la isla; y, en la publicación de su Boletín, junto a las informaciones científicas y profesionales, no faltan artículos que superan el campo de su actividad para ofrecer útiles orientaciones a la ciudadanía: la situación de la vivienda, la alimentación, la creación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, la facultad de Bellas Artes, los canarios en la historia o una composición en homenaje al Guiniguada, así como notas sobre fitoterapia y la autonomía regional. Sin olvidar convenios suscritos con otros organismos, como la Junta de Cronistas Oficiales. No vive el Colegio de espaldas a las preocupaciones de la sociedad.
No faltan, como no podía ser de otra forma, la cita de los primeros establecimientos de farmacia en las islas de Lanzarote y Fuerteventura, con referencia de los primeros profesionales que allí se instalaron.
Otro aspecto de interés que se entrelee en la obra es la decidida vocación de los farmacéuticos a colaborar con los organismos oficiales de sanidad y otros colegios relacionados con la salud de la ciudadanía. Hay campos en los que su actividad, además de la cercanía, puede ayudar a aliviar las cargadas consultas de los médicos, entre otras cosas.
Es necesario recordar aquí, como recoge este libro, la importante aportación de la farmacéutica Elisa Álvarez Obaya, descubridora del fraude del metílico que tantas vidas segara en la década de los sesenta del pasado siglo. Su descubrimiento salvó de la muerte a habitantes, no solo de las islas, sino de todo el país, al provenir de unas bodegas instaladas en territorio peninsular.
Concluyendo
No podemos olvidar que se trata de un libro institucional, con lo que tanto su presentación como su contenido se dirigen fundamentalmente a la finalidad para la que se crean tales publicaciones. Pero, en este caso, hay aspectos a destacar que amplían generosamente los límites habituales en este tipo de obras.
Por una parte, encontramos una inmersión en lo que es la historia pequeña de unas localidades: Las Palmas de Gran Canaria, Arrecife y Puerto del Rosario. A través de ella, podemos profundizar en el conocimiento de la realidad social de estas ciudades a través de la fundación y desarrollo de sus establecimientos farmacéuticos, pues nos aportan información sobre el estado, más que de la sanidad en sí, de las posibilidades y medios con que contaban aquellos habitantes para acceder a ella. Sin dejar de lado, en muchos casos, su actividad como punto de encuentro y socialización de los vecinos.
También accedemos a conocer a los pioneros de la profesión y su aportación a la vida comunitaria.
Finalmente, se destaca la implicación del Colegio de Farmacéuticos en la actividad social y cultural del entorno en que desarrolla su actividad.
Evidentemente, para el no profesional de la farmacia algunos apartados del libro pueden no despertar tanto interés, tratándose asuntos propios de su organización y problemática. Pero para Ecualquier personas interesada en el resto de temas, resulta una grata lectura, tanto por su cuidada redacción como por la exquisita composición y presentación de las páginas que contiene.
Índice
Saludo institucional, por María Loreto Gómez Guedes
1. Precedentes de boticas en Gran Canaria
2. Farmacia y sociedad en Gran Canaria
3. Los primeros años del Colegio. 1925-1936
4. Las primeras mujeres farmacéuticas colegiadas
5. El Colegio, repercusión pública a partir de 1940
6. Los cronistas oficiales en el 90 aniversario
7. Farmacias centenarias en Arrecife
8. La primera farmacia de Fuerteventura. 1948
9. Las sedes sociales del Colegio
10. Farmacia y farmacéuticos de otros tiempos, vista por sus protagonistas
Título: Farmacia y sociedad. Cien años del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Las Palmas
Coordinador de la edición: Juan José Laforet Hernández
Edita: Colegio Oficial de Farmacéuticos de Las Palmas, Las Palmas de Gran Canaria, 2025
Encuadernación: Tapa dura
Número de páginas: 128
Los libros institucionales son generalmente una herramienta de comunicación corporativa que sirve para fortalecer la imagen institucional, presentar la historia y evolución, mostrar proyectos, impacto y resultados, conmemorar aniversarios y servir como material protocolario o de relaciones públicas. Y este libro que presentamos es, inicialmente, un libro institucional. Pero va más allá: además de mostrar aspectos variados de su historia, incide, de manera especial, en la relación e inserción del colegio Oficial de Farmacéuticos de Las Palmas en la sociedad. Matiz importante.
Porque nuestras farmacias, en su infancia como boticas, hunden sus raíces en los primeros tiempos en que la sociedad insular comienza a estructurarse como tal. El nombre de farmacias y de sus responsables como farmacéuticos son de más reciente cuño. Boticas y boticarios son las denominaciones que figuran en sus registros bautismales.
Boticas y boticarios
No es extraño, pues, que en el siglo XVII figurara un profesional como emprendedor multifuncional: barbero, sangrador, cirujano y boticario. Desde luego, el boticario, como preparador y dispensador de remedios viene de mucho tiempo atrás; pero eso es otra historia. En España, no es hasta el siglo XIX cuando se establece académicamente la profesión farmacéutica; aun así, en 1779 se celebran en La Laguna exámenes de prácticas de boticario; pero en la vida diaria, el proceso de cambio de denominación no sigue las pautas institucionales, sino que se produce un proceso lento; aún hoy día no es raro encontrar a personas en medios rurales y de avanzada edad para quienes es la botica quien les facilita sus medicamentos.
Este libro nos permite acompañar a los primeros profesionales en Las Palmas de Gran Canaria, en Arrecife y en Puerto del Rosario. Y, para ampliar la información, nos facilita bibliografía suficiente para conocer la evolución de la medicina, los boticarios en la época de Viera y Clavijo así como biografías de farmacéuticos españoles.
Estas primeras farmacias no solo facilitaban remedios para los males diagnosticados por los médicos. Eran, también, lugares de reunión, donde se celebraban animadas tertulias, se leía la prensa y se debatía. Incluso, como ocurrió en las tres primeras farmacias capitalinas, que cada uno de ellas, a través de sus profesionales, estaban adscritas a tres diferentes tendencias políticas.
Pioneros
Conocemos así los nombres aquellos pioneros de los centros farmacéuticos que, como se ve, desde aquellos primeros momentos formaron parte íntima de la sociedad, traspasando los estrechos límites de la simple dispensación de medicamentos y preparados medicinales.
El tiempo transcurre, la población aumenta, la sociedad cambia. Y crecen las necesidades relacionadas con la salud de los habitantes de las islas y, así, el número de profesionales de la farmacia se incrementa notablemente. Y, como sucede en otros gremios, surge, casi espontáneamente, la necesidad de crear un colegio profesional que, no solo ayude a los ejercientes en sus cuestiones administrativas sino que, también, colabore con ellos en una constante formación.
El Colegio
Inicialmente, solo nació un único colegio para toda la región, en 1918, con sede en Tenerife; aunque no tardó mucho en percibirse la necesidad de un colegio específico para las islas orientales, dada la importancia de su crecimiento. Así, en 1923 se inician las gestiones que culminan con la aprobación del nuevo colegio en 1925.
De todo esto da cuenta pormenorizada este libro. Luego comienzan los avatares para conseguir un local propio. Inicialmente, lo comparte con el Colegio de Médicos, incluso el teléfono; luego se traslada a la calle San Bernardo y posteriormente a la entonces General Franco, hoy Primero de Mayo. El aumento de los servicios que tiene que prestar, tanto a los profesionales, como a la sociedad hace plantearse el nuevo edificio que hoy ocupa.
No es cuestión menor la elección de sede y su distribución, enfocada siempre en la doble dirección: profesionales y sociedad. No en vano es la casa de los farmacéuticos, el auténtico “yo” de la organización. También en este libro se informa pormenorizadamente sobre los diferentes locales que ocupó la organización colegial.
Pero interesa resaltar el enfoque social de la entidad; el enfoque profesional ya consta en sus propios estatutos y reglamentos. Son abundantes los actos dirigidos a la sociedad que, a lo largo de su ya centenaria existencia celebra el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Las Palmas. Sus salas han servido de lugar para celebrar conferencias culturales, así como eventos sociales. Ha sido el objeto de uno de los recorridos históricos que celebra la ciudad periódicamente, haciendo estaciones en las ubicaciones de las primeras farmacias abiertas en la isla; y, en la publicación de su Boletín, junto a las informaciones científicas y profesionales, no faltan artículos que superan el campo de su actividad para ofrecer útiles orientaciones a la ciudadanía: la situación de la vivienda, la alimentación, la creación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, la facultad de Bellas Artes, los canarios en la historia o una composición en homenaje al Guiniguada, así como notas sobre fitoterapia y la autonomía regional. Sin olvidar convenios suscritos con otros organismos, como la Junta de Cronistas Oficiales. No vive el Colegio de espaldas a las preocupaciones de la sociedad.
No faltan, como no podía ser de otra forma, la cita de los primeros establecimientos de farmacia en las islas de Lanzarote y Fuerteventura, con referencia de los primeros profesionales que allí se instalaron.
Otro aspecto de interés que se entrelee en la obra es la decidida vocación de los farmacéuticos a colaborar con los organismos oficiales de sanidad y otros colegios relacionados con la salud de la ciudadanía. Hay campos en los que su actividad, además de la cercanía, puede ayudar a aliviar las cargadas consultas de los médicos, entre otras cosas.
Es necesario recordar aquí, como recoge este libro, la importante aportación de la farmacéutica Elisa Álvarez Obaya, descubridora del fraude del metílico que tantas vidas segara en la década de los sesenta del pasado siglo. Su descubrimiento salvó de la muerte a habitantes, no solo de las islas, sino de todo el país, al provenir de unas bodegas instaladas en territorio peninsular.
Concluyendo
No podemos olvidar que se trata de un libro institucional, con lo que tanto su presentación como su contenido se dirigen fundamentalmente a la finalidad para la que se crean tales publicaciones. Pero, en este caso, hay aspectos a destacar que amplían generosamente los límites habituales en este tipo de obras.
Por una parte, encontramos una inmersión en lo que es la historia pequeña de unas localidades: Las Palmas de Gran Canaria, Arrecife y Puerto del Rosario. A través de ella, podemos profundizar en el conocimiento de la realidad social de estas ciudades a través de la fundación y desarrollo de sus establecimientos farmacéuticos, pues nos aportan información sobre el estado, más que de la sanidad en sí, de las posibilidades y medios con que contaban aquellos habitantes para acceder a ella. Sin dejar de lado, en muchos casos, su actividad como punto de encuentro y socialización de los vecinos.
También accedemos a conocer a los pioneros de la profesión y su aportación a la vida comunitaria.
Finalmente, se destaca la implicación del Colegio de Farmacéuticos en la actividad social y cultural del entorno en que desarrolla su actividad.
Evidentemente, para el no profesional de la farmacia algunos apartados del libro pueden no despertar tanto interés, tratándose asuntos propios de su organización y problemática. Pero para Ecualquier personas interesada en el resto de temas, resulta una grata lectura, tanto por su cuidada redacción como por la exquisita composición y presentación de las páginas que contiene.
Índice
Saludo institucional, por María Loreto Gómez Guedes
1. Precedentes de boticas en Gran Canaria
2. Farmacia y sociedad en Gran Canaria
3. Los primeros años del Colegio. 1925-1936
4. Las primeras mujeres farmacéuticas colegiadas
5. El Colegio, repercusión pública a partir de 1940
6. Los cronistas oficiales en el 90 aniversario
7. Farmacias centenarias en Arrecife
8. La primera farmacia de Fuerteventura. 1948
9. Las sedes sociales del Colegio
10. Farmacia y farmacéuticos de otros tiempos, vista por sus protagonistas
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Tendencias 21 (Madrid). ISSN 2174-6850








