Reseñas
Itinerarios interiores
Juan Antonio Martínez de la Fe , 12/08/2019
Ficha Técnica
Título: Itinerarios interiores
Editor: Lluís Ylla
Edita: Fragmenta Editorial, Barcelona, 2019
Colección: Fragmentos
Ilustraciones: Cristina Álvarez Puerto
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 124
ISBN: 978-84-17796-06-8
Precio: 12,90 euros
La colección Fragmentos de Fragmenta Editorial nos suele ofrecer textos de pequeño formato pero cuyo contenido ambiciona superar la limitación de sus páginas, en una invitación a reflexionar y pensar sobre cuestiones profundas. Y este título a que nos referimos se mantiene en esa línea.
El editor, Lluís Ylla, firma el Prefacio, con el sugestivo y sugerente título de Invitación a caminar, a la búsqueda de espacios interiores, descubriendo desde los inicios que son muchos los caminos que se le abren, puesto que cada uno, cada persona, tiene su propio camino en su geografía interior. Y no es trayecto sencillo, ya que el viaje más largo es el que se dirige al propio interior para cuyo recorrido hemos de desprendernos de quehacer y haberes.
En su propio trayecto, solicita la colaboración del doctor en Filosofía y Teología, fundador de la Asociación Amigos del Desierto, Pablo d’Ors, quien reflexiona sobre el silencio, desde su compromiso cristiano; un silencio que no se contrapone a la palabra, ya que ésta, ahora con mayúscula, se dijo en un gran silencio.
Silencio
El texto de d’Ors es sobre el yo, la sencillez de meditar y recrearse y holgar en ese soy yo. ¿A qué se debe? Pues a que, como dice Javier Melloni, “el silencio no es la ausencia de ruido, sino la ausencia de ego”. Es un yo vivo, despierto y vivir espiritualmente es precisamente esto, estar vivo. Y se apoya en San Pablo para afirmar que la vida, toda ella, la vida de verdad, el tiempo y el espacio en que existimos, todo eso es Cristo.
¿Se anhela algo más en ese estar vivo? No; simplemente es estar en lo que se está y no querer ir a ninguna otra parte, preguntándome qué siento. Se siente el cuerpo, la mente por lo general desbocada y desobediente, se siente que la línea que separa mi yo del mundo es muy fina, que incluso se diluye y que ese yo más amplio casi se identifica con el mundo.
En ese silencio, donde estoy vivo, nace la meditación, el arte de escucharse a uno mismo; y solo quien se escucha a sí mismo puede escuchar a los demás. Ese silencio es Dios en quien resuenan todas las cosas; y ahí encontramos la vía más directa, sin necesidad de mediación, para contemplar la verdad.
Palabra
“La palabra, junto al silencio que permite su vibración, es, para muchas personas, el gran inicio del camino interior”, dice Ylla en la introducción al texto de Ruth Galve, investigadora en el ámbito de la expresión oral y la pedagogía de la interioridad. Y a la palabra dedica las páginas de su escrito.
Rememora la importancia de la palabra dada: alguien que no respondiera por ella, alguien sin palabra, es una persona vacía, deshonesta y peligrosa. Pero no es en este aspecto en el que incide especialmente, sino en la palabra como vehículo de comunicación, de todo tipo de comunicación. Ser significa comunicarse, cita a José Antonio Marina; “en mi interior hay un desconocido que revelo mediante el lenguaje”. Y es que vivimos en un diálogo constante con nosotros mismos.
No podríamos pensar, razonar, aprender sin el lenguaje. Y es este, seguramente, la causa de la evolución, que sería impensable sin la palabra. Y es más: es el lenguaje quien marca los límites de las dimensiones de nuestro mundo, que vienen determinados por el ámbito lingüístico en que nos movemos.
Palabra no es antónimo de silencio; lo es el ruido. Como una caricia, la palabra verdadera, nos dice algo; la que es bella, crea y la buena hace el bien. Y concluye: “Las personas llevamos el lenguaje de equipaje cuando viajamos a nuestro mundo interior y, con palabras e ideas, iluminamos la oscuridad terrible de lo aún desconocido”.
Sabiduría
Es el doctor en Filosofía Ricardo Pinilla quien aborda el siguiente tema: Sabiduría. Lo introduce Ylla reflexionando sobre qué es la realidad, pensar la realidad, porque merece la pena el árido esfuerzo de pensar y el placer de ser homo quaerens. Porque hay que saber y hace hincapié en la doble acepción del término: saber de conocimiento y saber de sabor, de saborear, incidiendo especialmente en la segunda. Es aquello que preconiza Ignacio de Loyola en sus ejercicios espirituales: no el mucho saber harta y satisface al ánima, mas el sentir y gustar de las cosas internamente. El saber, por tanto, tiene que ver con el conocer y el sentir.
El sabio siempre nos abre su interior porque está abierto al interior de lo que le rodea. Por lo que vislumbra el autor “que la sabiduría no es solo fruto de un hombre interior o de un hombre profundo, sino de aquel que nunca duda en adentrarse en lo externo y lo extraño y que, como enseñó Sócrates, no tiene reparo en enunciar su ignorancia […] Ese vaciado que es apertura al otro”. Y es que el sabio se da desde su interior, desde dentro; no se guarda, sino que se da entero.
Y recalca el matiz pretendido, al afirmar que el sabio sabe, no de saber algo, sino de saber a algo. Quien tiene sabiduría capta la realidad y nos la devuelve como aromas y sabores para, con él, saber la vida y saber a la vida.
La conclusión que nos aporta Pinilla es del máximo interés: “Todos podríamos, deberíamos, proponernos ser más sabios, pues cómo no saber más a la vida, a los demás, a las preguntas que acucian desde que tenemos conciencia: ¿dónde estaba yo antes de nacer? ¿Qué será de mí? ¿Y qué será de los seres que me rodean, a los que amo y sin los cuales no concibo vivir? ¿Qué ocurre cuando parten antes que yo, como suele pasar con nuestros padres y maestros?”
Arte
Cristina Álvarez Puerto es pedagoga y especialista en psicología de la educación. Y es la autora de las siguientes páginas de este libro, con su ensayo dedicado al Arte. Según Yllas, al hablar de arte, lo hacemos de otro saber, el de la belleza del sabio, esa belleza que hace bien y que nos ayuda a ingresar en el mundo interior sin la limitación de los razonamientos conceptuales.
El ser humano crea, además, belleza, habita en el mundo creándola, porque no le basta con saber, ha de ir más allá con su creación. Y Cristina Álvarez nos indica que, cuando contemplamos una obra de arte, una creación artística, lo esencial es la percepción de un espacio vacío donde se genera una libertad para que el otro sea; y esto ocurre aunque no seamos conscientes de ello.
No solo somos espectadores del arte. Cuando un verdadero artista crea, nos permite ser y percibir el misterio “hecho experiencia y percepción en el instante del encuentro con la obra, reuniendo pasado y futuro en un presente universal y a la vez cotidiano”. Es entre lo que quiere salir al mundo y lo que de él nos llega donde se encuentra el reino donde germina el impulso para crear. Tal impulso inicial es un arte, es “la bendita curiosidad y el anhelo de encontrar ese equilibrio entre el afuera y el adentro”. Citas de Rudolf Steiner, Rabindranath Tagore o Arthur Zajonc emergen del texto, iluminando el pensamiento de la autora.
Corporalidad
Es el tema que corresponde al doctor en Psicología Luis González, quien ayudó a Yllas a distinguir entre cuerpo, corporeidad y corporalidad y a obviar el dualismo entre cuerpo y otras realidades del yo: mente, espíritu, … Y tratándose aquí de itinerarios interiores, aclara que interioridad se refiere a la condición corporal, sin que necesariamente nos oprima con la dualidad cuerpo-alma o esencia-existencia.
González afirma que somos un ser corporal donde el interior y el exterior se unen, que no confunden, que no provoca contradicción entre cuerpo y espíritu, con una única condición: que alguien nos habite Y se pregunta, ¿quién tiene a quién, el cuerpo a mí o yo al cuerpo? No es complicado: hay que pensar con el cuerpo, no solo con la cabeza.
Cada anatomía encierra un yo diferente que cuenta con su propia instalación yoica; y de cada anatomía, recibo una información valiosa y preciosa: yo orgánico, yo muscular, yo emocional, metal o energético. Sí, soy un cuerpo espiritual. Los límites corporales pierden su sentido literal y se precisa la aceptación de una estructura observatoria del yo. “El yo define la interioridad. ¿Quién es ese que habla o leer? ¿Qué lo conforma si sabemos que cerebro atempera la idea del yo?”
Y va más allá. Si hablamos de un interior es porque hay un cuerpo, un cuerpo que está habitado, porque, de no estarlo, habría un cadáver, no cuerpo-persona. “Cuando sientes tu ser corporal, se desvanecen todas las ilusiones limitantes (el infinito también) y tu conciencia corporal te saluda”.
Ciencia
El doctor en Biología Ramón María Nogués aborda el capítulo dedicado a la Ciencia. Parte de la base de que nuestra capacidad de intelección probablemente se vea limitada, debiendo quedarnos abiertos a muchas indeterminaciones que hay que aceptar con sencillez. Un inteligente y humilde punto de partida.
Ahonda más al explicar la complejidad de lo real que exige una modestia interpretativa, prudencia en las afirmaciones, respeto por los procesos, precaución en las intervenciones y habilidad para mantenerse abierto al carácter compatible de las muy variadas facetas de la realidad. Además, no existe una razón pura, sino una razón que siente, personalizada, contextualizada, socializada, culturalizada, … una razón, en fin, ampliada que nos abre a una comprensión completa de nuestro mundo.
Porque los seres vivos somos materia y energía adecuada y vitalmente informadas, aunque nadie sabe explicar aún qué sea la conciencia, sobre todo la reflexiva y recursiva. Incluso recurriendo al darwinianismo, sería raro que estuviésemos habilitados para saberlo y conocerlo todo, por lo que, concluye, “es muy posible, pues, que existan dimensiones de las que solamente podemos tener vislumbres”.
Sí parece claro que la conciencia, nuestro yo, está hoy siendo atacada, en vez de cuidarla cariñosamente. El yo, pues, es el centro de lo que llamamos mente: centro de identidad, de iniciativa, de responsabilidad, de satisfacción, de punto de partida de la unión amorosa, etc. Sin ese centro, solo queda la demencia. Eso sí: hay que vigilar que no se autocentre en el egoísmo, sino que se alocentre en la alteridad, porque “sin un yo maduro y responsable no llegaremos a descubrir un tú digno de respeto y amor”. Con lo que se entra, de alguna manera, en el tema de la libertad, de la que Nogués afirma que, viendo la complejidad del sistema cerebral, hay neurólogos que admiten sin problemas que existen márgenes para ella en la mente humana.
Espacio y tiempo
Es el título del ensayo que cierra el libro, firmado por su editor Lluís Ylla. En él hace un recorrido por lo que ha supuesto su encuentro con cada uno de los autores que han prestado su colaboración en la obra. Afirma que con cada uno descubrió que hay miradas distintas para recorrer el mundo interior, que todos los caminos se extienden en el espacio y se andan en el tiempo; y se detiene en la percepción que tenemos de ese espacio-tiempo que depende de muchas variables.
Avanzamos al paso del tiempo, que no es lento ni impaciente, mientras que el espacio nos condiciona: algunas vivencias agradecen determinados espacios mientras que determinados espacios propician especiales vivencias. Tras una cita de Heidegger, nos explica que no existe el tiempo absoluto, pues solo se trata de percepciones y vivencias del tiempo, que se miden con el mismo reloj pero son percibidas de maneras distintas: la medición del tiempo no es el tiempo.
Por otro lado, podemos sentir que en nuestra pequeñez trascendemos el espacio y cita, nuevamente a Heidegger: “El espacio no es nada en sí mismo; no existe ningún espacio absoluto. Solo existe a través de los cuerpos y energías contenidas en él”. Y hoy, el único espacio que queda por colonizar es justamente el espacio interior.
Tiene el libro un Epílogo; de él, entresacamos este esclarecedor párrafo: “Andando al lado de cada uno de los amigos de este viaje, me ha quedado grabado el sentimiento de que, vaya donde vaya, si es hacia el interior de mí mismo, posiblemente lo será también hacia el interior de los otros. Y que sea con el medio de transporte que quiera, el silencio, la palabra, el arte, … el que más me guste, pero que vaya siempre hacia el interior de mí mismo”.
Concluyendo
Nos encontramos ante un libro de pequeño formato, ciertamente, pero de profundo contenido. Desde luego, pese a la facilidad de su lectura debida a un estilo siempre cercano y asequible, no se ha de leer de un tirón; ni siquiera, siguiendo el orden de los capítulos: cada uno de ellos constituye una vía distinta para un mismo destino, el mundo interior. Más bien es un trabajo para meditar, para saborear, para reflexionar. Sus enseñanzas constituirán, sin duda, un excelente camino hacia un yo abierto a los otros.
Índice
Prefacio. Invitación a caminar.
Silencio, por Pablo d’Ors
Palabra, por Ruth Galve
Sabiduría, por Ricardo Pinilla
Arte, por Cristina Álvarez Puerto
Corporalidad, por Luis López
Ciencia, por Ramón María Nogués
Espacio y tiempo, por Lluís Ylla
Epílogo. Meditación sobre unos versos de León Felipe
Título: Itinerarios interiores
Editor: Lluís Ylla
Edita: Fragmenta Editorial, Barcelona, 2019
Colección: Fragmentos
Ilustraciones: Cristina Álvarez Puerto
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 124
ISBN: 978-84-17796-06-8
Precio: 12,90 euros
La colección Fragmentos de Fragmenta Editorial nos suele ofrecer textos de pequeño formato pero cuyo contenido ambiciona superar la limitación de sus páginas, en una invitación a reflexionar y pensar sobre cuestiones profundas. Y este título a que nos referimos se mantiene en esa línea.
El editor, Lluís Ylla, firma el Prefacio, con el sugestivo y sugerente título de Invitación a caminar, a la búsqueda de espacios interiores, descubriendo desde los inicios que son muchos los caminos que se le abren, puesto que cada uno, cada persona, tiene su propio camino en su geografía interior. Y no es trayecto sencillo, ya que el viaje más largo es el que se dirige al propio interior para cuyo recorrido hemos de desprendernos de quehacer y haberes.
En su propio trayecto, solicita la colaboración del doctor en Filosofía y Teología, fundador de la Asociación Amigos del Desierto, Pablo d’Ors, quien reflexiona sobre el silencio, desde su compromiso cristiano; un silencio que no se contrapone a la palabra, ya que ésta, ahora con mayúscula, se dijo en un gran silencio.
Silencio
El texto de d’Ors es sobre el yo, la sencillez de meditar y recrearse y holgar en ese soy yo. ¿A qué se debe? Pues a que, como dice Javier Melloni, “el silencio no es la ausencia de ruido, sino la ausencia de ego”. Es un yo vivo, despierto y vivir espiritualmente es precisamente esto, estar vivo. Y se apoya en San Pablo para afirmar que la vida, toda ella, la vida de verdad, el tiempo y el espacio en que existimos, todo eso es Cristo.
¿Se anhela algo más en ese estar vivo? No; simplemente es estar en lo que se está y no querer ir a ninguna otra parte, preguntándome qué siento. Se siente el cuerpo, la mente por lo general desbocada y desobediente, se siente que la línea que separa mi yo del mundo es muy fina, que incluso se diluye y que ese yo más amplio casi se identifica con el mundo.
En ese silencio, donde estoy vivo, nace la meditación, el arte de escucharse a uno mismo; y solo quien se escucha a sí mismo puede escuchar a los demás. Ese silencio es Dios en quien resuenan todas las cosas; y ahí encontramos la vía más directa, sin necesidad de mediación, para contemplar la verdad.
Palabra
“La palabra, junto al silencio que permite su vibración, es, para muchas personas, el gran inicio del camino interior”, dice Ylla en la introducción al texto de Ruth Galve, investigadora en el ámbito de la expresión oral y la pedagogía de la interioridad. Y a la palabra dedica las páginas de su escrito.
Rememora la importancia de la palabra dada: alguien que no respondiera por ella, alguien sin palabra, es una persona vacía, deshonesta y peligrosa. Pero no es en este aspecto en el que incide especialmente, sino en la palabra como vehículo de comunicación, de todo tipo de comunicación. Ser significa comunicarse, cita a José Antonio Marina; “en mi interior hay un desconocido que revelo mediante el lenguaje”. Y es que vivimos en un diálogo constante con nosotros mismos.
No podríamos pensar, razonar, aprender sin el lenguaje. Y es este, seguramente, la causa de la evolución, que sería impensable sin la palabra. Y es más: es el lenguaje quien marca los límites de las dimensiones de nuestro mundo, que vienen determinados por el ámbito lingüístico en que nos movemos.
Palabra no es antónimo de silencio; lo es el ruido. Como una caricia, la palabra verdadera, nos dice algo; la que es bella, crea y la buena hace el bien. Y concluye: “Las personas llevamos el lenguaje de equipaje cuando viajamos a nuestro mundo interior y, con palabras e ideas, iluminamos la oscuridad terrible de lo aún desconocido”.
Sabiduría
Es el doctor en Filosofía Ricardo Pinilla quien aborda el siguiente tema: Sabiduría. Lo introduce Ylla reflexionando sobre qué es la realidad, pensar la realidad, porque merece la pena el árido esfuerzo de pensar y el placer de ser homo quaerens. Porque hay que saber y hace hincapié en la doble acepción del término: saber de conocimiento y saber de sabor, de saborear, incidiendo especialmente en la segunda. Es aquello que preconiza Ignacio de Loyola en sus ejercicios espirituales: no el mucho saber harta y satisface al ánima, mas el sentir y gustar de las cosas internamente. El saber, por tanto, tiene que ver con el conocer y el sentir.
El sabio siempre nos abre su interior porque está abierto al interior de lo que le rodea. Por lo que vislumbra el autor “que la sabiduría no es solo fruto de un hombre interior o de un hombre profundo, sino de aquel que nunca duda en adentrarse en lo externo y lo extraño y que, como enseñó Sócrates, no tiene reparo en enunciar su ignorancia […] Ese vaciado que es apertura al otro”. Y es que el sabio se da desde su interior, desde dentro; no se guarda, sino que se da entero.
Y recalca el matiz pretendido, al afirmar que el sabio sabe, no de saber algo, sino de saber a algo. Quien tiene sabiduría capta la realidad y nos la devuelve como aromas y sabores para, con él, saber la vida y saber a la vida.
La conclusión que nos aporta Pinilla es del máximo interés: “Todos podríamos, deberíamos, proponernos ser más sabios, pues cómo no saber más a la vida, a los demás, a las preguntas que acucian desde que tenemos conciencia: ¿dónde estaba yo antes de nacer? ¿Qué será de mí? ¿Y qué será de los seres que me rodean, a los que amo y sin los cuales no concibo vivir? ¿Qué ocurre cuando parten antes que yo, como suele pasar con nuestros padres y maestros?”
Arte
Cristina Álvarez Puerto es pedagoga y especialista en psicología de la educación. Y es la autora de las siguientes páginas de este libro, con su ensayo dedicado al Arte. Según Yllas, al hablar de arte, lo hacemos de otro saber, el de la belleza del sabio, esa belleza que hace bien y que nos ayuda a ingresar en el mundo interior sin la limitación de los razonamientos conceptuales.
El ser humano crea, además, belleza, habita en el mundo creándola, porque no le basta con saber, ha de ir más allá con su creación. Y Cristina Álvarez nos indica que, cuando contemplamos una obra de arte, una creación artística, lo esencial es la percepción de un espacio vacío donde se genera una libertad para que el otro sea; y esto ocurre aunque no seamos conscientes de ello.
No solo somos espectadores del arte. Cuando un verdadero artista crea, nos permite ser y percibir el misterio “hecho experiencia y percepción en el instante del encuentro con la obra, reuniendo pasado y futuro en un presente universal y a la vez cotidiano”. Es entre lo que quiere salir al mundo y lo que de él nos llega donde se encuentra el reino donde germina el impulso para crear. Tal impulso inicial es un arte, es “la bendita curiosidad y el anhelo de encontrar ese equilibrio entre el afuera y el adentro”. Citas de Rudolf Steiner, Rabindranath Tagore o Arthur Zajonc emergen del texto, iluminando el pensamiento de la autora.
Corporalidad
Es el tema que corresponde al doctor en Psicología Luis González, quien ayudó a Yllas a distinguir entre cuerpo, corporeidad y corporalidad y a obviar el dualismo entre cuerpo y otras realidades del yo: mente, espíritu, … Y tratándose aquí de itinerarios interiores, aclara que interioridad se refiere a la condición corporal, sin que necesariamente nos oprima con la dualidad cuerpo-alma o esencia-existencia.
González afirma que somos un ser corporal donde el interior y el exterior se unen, que no confunden, que no provoca contradicción entre cuerpo y espíritu, con una única condición: que alguien nos habite Y se pregunta, ¿quién tiene a quién, el cuerpo a mí o yo al cuerpo? No es complicado: hay que pensar con el cuerpo, no solo con la cabeza.
Cada anatomía encierra un yo diferente que cuenta con su propia instalación yoica; y de cada anatomía, recibo una información valiosa y preciosa: yo orgánico, yo muscular, yo emocional, metal o energético. Sí, soy un cuerpo espiritual. Los límites corporales pierden su sentido literal y se precisa la aceptación de una estructura observatoria del yo. “El yo define la interioridad. ¿Quién es ese que habla o leer? ¿Qué lo conforma si sabemos que cerebro atempera la idea del yo?”
Y va más allá. Si hablamos de un interior es porque hay un cuerpo, un cuerpo que está habitado, porque, de no estarlo, habría un cadáver, no cuerpo-persona. “Cuando sientes tu ser corporal, se desvanecen todas las ilusiones limitantes (el infinito también) y tu conciencia corporal te saluda”.
Ciencia
El doctor en Biología Ramón María Nogués aborda el capítulo dedicado a la Ciencia. Parte de la base de que nuestra capacidad de intelección probablemente se vea limitada, debiendo quedarnos abiertos a muchas indeterminaciones que hay que aceptar con sencillez. Un inteligente y humilde punto de partida.
Ahonda más al explicar la complejidad de lo real que exige una modestia interpretativa, prudencia en las afirmaciones, respeto por los procesos, precaución en las intervenciones y habilidad para mantenerse abierto al carácter compatible de las muy variadas facetas de la realidad. Además, no existe una razón pura, sino una razón que siente, personalizada, contextualizada, socializada, culturalizada, … una razón, en fin, ampliada que nos abre a una comprensión completa de nuestro mundo.
Porque los seres vivos somos materia y energía adecuada y vitalmente informadas, aunque nadie sabe explicar aún qué sea la conciencia, sobre todo la reflexiva y recursiva. Incluso recurriendo al darwinianismo, sería raro que estuviésemos habilitados para saberlo y conocerlo todo, por lo que, concluye, “es muy posible, pues, que existan dimensiones de las que solamente podemos tener vislumbres”.
Sí parece claro que la conciencia, nuestro yo, está hoy siendo atacada, en vez de cuidarla cariñosamente. El yo, pues, es el centro de lo que llamamos mente: centro de identidad, de iniciativa, de responsabilidad, de satisfacción, de punto de partida de la unión amorosa, etc. Sin ese centro, solo queda la demencia. Eso sí: hay que vigilar que no se autocentre en el egoísmo, sino que se alocentre en la alteridad, porque “sin un yo maduro y responsable no llegaremos a descubrir un tú digno de respeto y amor”. Con lo que se entra, de alguna manera, en el tema de la libertad, de la que Nogués afirma que, viendo la complejidad del sistema cerebral, hay neurólogos que admiten sin problemas que existen márgenes para ella en la mente humana.
Espacio y tiempo
Es el título del ensayo que cierra el libro, firmado por su editor Lluís Ylla. En él hace un recorrido por lo que ha supuesto su encuentro con cada uno de los autores que han prestado su colaboración en la obra. Afirma que con cada uno descubrió que hay miradas distintas para recorrer el mundo interior, que todos los caminos se extienden en el espacio y se andan en el tiempo; y se detiene en la percepción que tenemos de ese espacio-tiempo que depende de muchas variables.
Avanzamos al paso del tiempo, que no es lento ni impaciente, mientras que el espacio nos condiciona: algunas vivencias agradecen determinados espacios mientras que determinados espacios propician especiales vivencias. Tras una cita de Heidegger, nos explica que no existe el tiempo absoluto, pues solo se trata de percepciones y vivencias del tiempo, que se miden con el mismo reloj pero son percibidas de maneras distintas: la medición del tiempo no es el tiempo.
Por otro lado, podemos sentir que en nuestra pequeñez trascendemos el espacio y cita, nuevamente a Heidegger: “El espacio no es nada en sí mismo; no existe ningún espacio absoluto. Solo existe a través de los cuerpos y energías contenidas en él”. Y hoy, el único espacio que queda por colonizar es justamente el espacio interior.
Tiene el libro un Epílogo; de él, entresacamos este esclarecedor párrafo: “Andando al lado de cada uno de los amigos de este viaje, me ha quedado grabado el sentimiento de que, vaya donde vaya, si es hacia el interior de mí mismo, posiblemente lo será también hacia el interior de los otros. Y que sea con el medio de transporte que quiera, el silencio, la palabra, el arte, … el que más me guste, pero que vaya siempre hacia el interior de mí mismo”.
Concluyendo
Nos encontramos ante un libro de pequeño formato, ciertamente, pero de profundo contenido. Desde luego, pese a la facilidad de su lectura debida a un estilo siempre cercano y asequible, no se ha de leer de un tirón; ni siquiera, siguiendo el orden de los capítulos: cada uno de ellos constituye una vía distinta para un mismo destino, el mundo interior. Más bien es un trabajo para meditar, para saborear, para reflexionar. Sus enseñanzas constituirán, sin duda, un excelente camino hacia un yo abierto a los otros.
Índice
Prefacio. Invitación a caminar.
Silencio, por Pablo d’Ors
Palabra, por Ruth Galve
Sabiduría, por Ricardo Pinilla
Arte, por Cristina Álvarez Puerto
Corporalidad, por Luis López
Ciencia, por Ramón María Nogués
Espacio y tiempo, por Lluís Ylla
Epílogo. Meditación sobre unos versos de León Felipe
Reseñas
Imposible es solo una opinión
Redacción T21 , 25/07/2019
Define tus objetivos, fortalece tu mente y realiza tus sueños
Ficha Técnica
Título: Imposible es solo una opinión
Autora: Cristina de Medrano
Edita: Zenith Editorial. Barcelona, junio de 2019
Colección: Autoayuda y superación
Materia: Autoayuda
Encuadernación: Rústica con solapas
Número de páginas: 200
ISBN: 978-84-08- 20947-8
PVP: 15,75€
¿Sientes que estás viviendo en piloto automático y miras tus sueños desde la distancia, como si conseguir lo que realmente deseas fuera imposible? Tienes que saber que Imposible es solo una opinión, como indica el título de la obra de Cristina de Medrano, pues tú lector o lectora puedes atraer a tu vida todas las cosas buenas con las que sueñas.
Durante años, confiesa la autora, mantuve a mi alma silenciada y dejé que mi mente tomase el control de mi vida. Viví atrapada entre lo que yo deseaba para mi vida y lo que los demás esperaban de mí, sosteniendo la inocente creencia de que podría mantener a todo el mundo contento. Y, después de muchos años viviendo una vida que no estaba hecha para mí, puedo asegurar que negar tu propia esencia y expresión personal tiene un fuerte impacto negativo.
Si quieres crecer profesionalmente, si deseas aumentar la seguridad en ti mismo, en ti misma, o quieres descubrir tu pasión, o emprender algún negocio, y no sabes cómo empezar, este es tu libro. Cristina, como tú, ha pasado por momentos difíciles y puede ayudarte a superar todos tus miedos.
A ella, después de dedicar más de 15 años de su vida al mundo del deporte de élite y llegar a lo más alto en su carrera deportiva, un terrible accidente le hizo replanteárselo todo y la obligó a volver a empezar. Ahora sabe que su mayor logro ha sido superar cada una de las dificultades que fueron apareciendo en el camino hacia su verdadero destino, porque detrás de cada crisis existe una oportunidad, aunque es verdad que hay que estar abierto y dispuesto a encontrarla, y además, contar con algunas herramientas que, como linternas en la oscuridad, nos ayuden a no perder de vista lo verdaderamente importante.
Este libro está pensado, afirma de Medrano, para todas aquellas personas que se encuentren en una situación en su vida en la que saben que no están en el camino correcto y, sin embargo, no saben qué hacer para cambiar el rumbo. Aquí se encuentra todo el conocimiento y técnicas que he ido acumulando a lo largo de estos años fruto de todas las lecciones que he aprendido, de mis errores y del estudio que he hecho a lo largo de los años.
Concluyendo, así mismo que, como solo tenemos una vida debemos aprovecharla hasta el final, así que he decidido seguir mi misión y ayudar al máximo de personas a descubrir su don y su propósito en la vida para que lo lleven a su máximo potencial y lo pongan al servicio de los demás. Viviendo así una vida plena y feliz, a la vez que aportan felicidad y diversidad al mundo.
Sumario
Introducción
- El propósito de la vida es una vida con propósito
- Silencia la mente y el alma hablará
- Tú dependes enteramente de ti
- Si haces algo por deber, te agotará; si lo haces por amor, te energizará
- El camino hacia la felicidad es vivir en plenitud
- El riesgo más grande es no correr ningún riesgo
- Entrénate para la vida, es el reto más grande que te encontrarás
- El liderazgo empieza en tu interior
- La vida te dará todo lo que tengas el valor de pedirle
- Deja de llamarlo sueño y empieza a llamarlo plan
Reseñas
África en transformación
Redacción T21 , 22/07/2019
Desarrollo económico en la edad de la duda
Ficha Técnica
Título: África en transformación
Autor: Carlos Lopes
Editan: Editorial Catarata y Casa África, con la colaboración de IUDC
Colección: Mayor. Número 735
Materia: Economía, África
Encuadernación: Rústica con solapas
Número de páginas: 240
ISBN: 978-84-9097-727-9
PVP: 17,50 €
Las narrativas sobre África tienden a ser engañosas debido a la escasez de datos sobre el continente, a percepciones negativas y a visiones simplistas, a menudo ligadas a la falta de estudios comparativos con otras regiones del mundo. Es como si África fuera una entidad aislada geográfica e históricamente lo que configura una suerte de excepcionalismo que ha menoscabado su imagen.
Por ello, en África en transformación Carlos Lopes trata de “lograr tres objetivos generales: a) revertir una tendencia emergente en los debates sobre el desarrollo africano que parece restar importancia a los desafíos del continente en las últimas décadas debido a una narrativa bastante simplista, a veces eufórica; b) ampliar el conocimiento sobre el continente utilizando información histórica y contextual hasta este momento no disponible para el lector general, y c) hacer sugerencias prácticas a los responsables de formular políticas sobre cómo “priorizar” los cambios en un continente complejo pero dinámico.”
El autor aborda la transformación africana en torno a ocho desafíos: cambiar la política y comprender sus espacios, respetar la diversidad, transformar las estructuras a través de la industrialización, aumentar la productividad agrícola, revisar el contrato social, adecuarse al cambio climático e incorporar la agencia en las relaciones con China.
Lopes revisa algunos de los retos de desarrollo más apremiantes a los que se enfrentan los países africanos y proporciona los remedios que considera más óptimos con sugerencias sobre cómo aprovechar al máximo lo cercano, lo disponible. También describe cuáles son las condiciones necesarias para adoptar políticas industriales más allá de la feliz narrativa sobre "el despegue de África".
Porque, según sus propias metáforas, los africanos necesitan alzarse con determinación frente a una multitud de desafíos. “Como los marineros que se enfrentan a olas sobrecogedoras y aprenden, a través de la experiencia, cómo prepararse mejor, los africanos necesitan alzarse con determinación frente a una multitud de desafíos. El aprendizaje es un viaje. Para fabricar un objeto, se empieza con materias primas. Para transformar África, debemos empezar con lo que hay allí. Si es duro, difícil, entonces doblemos la energía. Los mares en calma no hacen marineros hábiles.” Concluye en su presentación de esta obra.
Índice
Presentación
Agradecimientos
Acerca de este libro
Capítulo 1. Introducción: Reflexionando sobre las dinámicas contemporáneas de África
- Ocho claves para la transformación
Capítulo 2. Cambiar la política
- Corrientes y tendencias
- Naturaleza de la política
- Negociación de la influencia externa
Capítulo 3. Respetar la diversidad
- El eterno llamamiento al panafricanismo
- Percepciones negativas
Capítulo 4. Comprender el espacio político
- ¿Qué fue mal exactamente?
- Las consecuencias estructurales del consenso de Washington
- ¿A dónde nos dirigimos?
- Cambios significativos que influyen en el papel de África
- El impacto de la crisis financiera sobre el consenso de Washington
- La era posconsenso de Washington: ¿una nueva esperanza para los economistas?
Capítulo 5. Transformarse estructuralmente a través de la industrialización
- ¿Dónde se encuentra África respecto a la transformación estructural?
- ¿Cómo debería lidiar el continente con los desafíos de la transformación?
- Haciendo de la industrialización el escenario de las nuevas estrategias de desarrollo
- Desarrollos tecnológicos recientes
Capítulo 6. Aumentar la productividad agrícola
- ¿Por qué el éxito se ha mantenido esquivo?
- El desempeño de África en el sector primario
- Modernización de la agricultura a pequeña escala
- Inseguridad alimentaria
- La necesidad de la agroindustria
- Dinámica laboral y urbanización
Capítulo 7. Revisar el contrato social
- Comprender el modelo de gobernanza de desarrollo sostenible actual
- ¿Es el desarrollo sostenible un concepto inviable para la gobernanza global?
- Asimetrías en los actuales regímenes multilaterales y gobernanza
Capítulo 8. Adecuarse al cambio climático
- Reposicionamiento del debate
- La especial importancia de la economía azul
- ¿Cómo negociar mejor?
Capítulo 9. Mayor intervención en las relaciones con china
- La historia desconocida de los africanos en China
- Implicación de China con África
- La industrialización de África y China
- El apoyo de China a la integración regional africana
- Dinámicas de colaboración para el futuro y posibles dificultades
Capítulo 10. Conclusiones
Índice onomástico
Título: África en transformación
Autor: Carlos Lopes
Editan: Editorial Catarata y Casa África, con la colaboración de IUDC
Colección: Mayor. Número 735
Materia: Economía, África
Encuadernación: Rústica con solapas
Número de páginas: 240
ISBN: 978-84-9097-727-9
PVP: 17,50 €
Las narrativas sobre África tienden a ser engañosas debido a la escasez de datos sobre el continente, a percepciones negativas y a visiones simplistas, a menudo ligadas a la falta de estudios comparativos con otras regiones del mundo. Es como si África fuera una entidad aislada geográfica e históricamente lo que configura una suerte de excepcionalismo que ha menoscabado su imagen.
Por ello, en África en transformación Carlos Lopes trata de “lograr tres objetivos generales: a) revertir una tendencia emergente en los debates sobre el desarrollo africano que parece restar importancia a los desafíos del continente en las últimas décadas debido a una narrativa bastante simplista, a veces eufórica; b) ampliar el conocimiento sobre el continente utilizando información histórica y contextual hasta este momento no disponible para el lector general, y c) hacer sugerencias prácticas a los responsables de formular políticas sobre cómo “priorizar” los cambios en un continente complejo pero dinámico.”
El autor aborda la transformación africana en torno a ocho desafíos: cambiar la política y comprender sus espacios, respetar la diversidad, transformar las estructuras a través de la industrialización, aumentar la productividad agrícola, revisar el contrato social, adecuarse al cambio climático e incorporar la agencia en las relaciones con China.
Lopes revisa algunos de los retos de desarrollo más apremiantes a los que se enfrentan los países africanos y proporciona los remedios que considera más óptimos con sugerencias sobre cómo aprovechar al máximo lo cercano, lo disponible. También describe cuáles son las condiciones necesarias para adoptar políticas industriales más allá de la feliz narrativa sobre "el despegue de África".
Porque, según sus propias metáforas, los africanos necesitan alzarse con determinación frente a una multitud de desafíos. “Como los marineros que se enfrentan a olas sobrecogedoras y aprenden, a través de la experiencia, cómo prepararse mejor, los africanos necesitan alzarse con determinación frente a una multitud de desafíos. El aprendizaje es un viaje. Para fabricar un objeto, se empieza con materias primas. Para transformar África, debemos empezar con lo que hay allí. Si es duro, difícil, entonces doblemos la energía. Los mares en calma no hacen marineros hábiles.” Concluye en su presentación de esta obra.
Índice
Presentación
Agradecimientos
Acerca de este libro
Capítulo 1. Introducción: Reflexionando sobre las dinámicas contemporáneas de África
- Ocho claves para la transformación
Capítulo 2. Cambiar la política
- Corrientes y tendencias
- Naturaleza de la política
- Negociación de la influencia externa
Capítulo 3. Respetar la diversidad
- El eterno llamamiento al panafricanismo
- Percepciones negativas
Capítulo 4. Comprender el espacio político
- ¿Qué fue mal exactamente?
- Las consecuencias estructurales del consenso de Washington
- ¿A dónde nos dirigimos?
- Cambios significativos que influyen en el papel de África
- El impacto de la crisis financiera sobre el consenso de Washington
- La era posconsenso de Washington: ¿una nueva esperanza para los economistas?
Capítulo 5. Transformarse estructuralmente a través de la industrialización
- ¿Dónde se encuentra África respecto a la transformación estructural?
- ¿Cómo debería lidiar el continente con los desafíos de la transformación?
- Haciendo de la industrialización el escenario de las nuevas estrategias de desarrollo
- Desarrollos tecnológicos recientes
Capítulo 6. Aumentar la productividad agrícola
- ¿Por qué el éxito se ha mantenido esquivo?
- El desempeño de África en el sector primario
- Modernización de la agricultura a pequeña escala
- Inseguridad alimentaria
- La necesidad de la agroindustria
- Dinámica laboral y urbanización
Capítulo 7. Revisar el contrato social
- Comprender el modelo de gobernanza de desarrollo sostenible actual
- ¿Es el desarrollo sostenible un concepto inviable para la gobernanza global?
- Asimetrías en los actuales regímenes multilaterales y gobernanza
Capítulo 8. Adecuarse al cambio climático
- Reposicionamiento del debate
- La especial importancia de la economía azul
- ¿Cómo negociar mejor?
Capítulo 9. Mayor intervención en las relaciones con china
- La historia desconocida de los africanos en China
- Implicación de China con África
- La industrialización de África y China
- El apoyo de China a la integración regional africana
- Dinámicas de colaboración para el futuro y posibles dificultades
Capítulo 10. Conclusiones
Índice onomástico
Reseñas
El instinto de la conciencia
Redacción T21 , 25/06/2019
Cómo el cerebro crea la mente
Ficha Técnica
Título: El instinto de la conciencia
Autor: Michel S. Gazzaniga
Edita: Ediciones Paidós. Barcelona, junio de 2019
Traducción: Francisco J. Ramos
Colección: Contextos
Materia: Ciencia/ Cerebro, mente y lenguaje
Encuadernación: Rustica con solapas
Número de páginas: 352
ISBN: 978-84-493-3600-3
PVP: 22,90 €
¿Cómo se convierten las neuronas en mentes? ¿Cómo pueden las «cosas» —átomos, moléculas, sustancias químicas y células— crear mundos vívidos y diversos dentro de nuestras cabezas? El concepto de conciencianos ha preocupado durante milenios. En el último siglo se han producido avances muy significativos que han reescrito la ciencia del cerebro y, sin embargo, los rompecabezas a los que se enfrentaban los antiguos griegos todavía siguen presentes. En El instinto de la conciencia, el pionero de la neurociencia Michael S. Gazzaniga entrelaza las últimas investigaciones con la historia del pensamiento humano acerca de la mente, dando una visión general de lo que la ciencia ha revelado acerca de la conciencia.
La idea del cerebro como máquina, propuesta por primera vez hace siglos, ha llevado a suposiciones sobre la relación entre la mente y el cerebro que persiguen a los científicos y a los filósofos hasta nuestros días. Gazzaniga, sin embargo, afirma que se trata precisamente de lo contrario: los cerebros hacen máquinas, pero no pueden reducirse a una de ellas. Una nueva investigación sugiere que el cerebro es en realidad una confederación de módulos independientes que trabajan juntos. Comprender cómo la conciencia podría emanar de tal organización ayudará a definir el futuro de la neurociencia y la inteligencia artificial, y a cerrar la brecha entre el cerebro y la mente. Adictivo y muy divulgativo, “El instinto de la conciencia” establece el rumbo para la neurociencia del mañana.
Sumario
Introducción
Parte I. El camino hacia el pensamiento moderno
1. La rígida, inestable y necia concepción histórica de la conciencia
2. Los albores del pensamiento empírico en filosofía
3. Los grandes progresos del siglo xx y los inicios del pensamiento moderno
Parte II. El sistema físico
4. Cómo fabricar cerebros módulo a módulo
5. Empezamos a entender la arquitectura cerebral
6. El abuelo está demente, pero conserva la conciencia
Parte III. Llega la conciencia
7. El concepto de complementariedad: el regalo de la física
8. De lo no viviente a lo viviente y de las neuronas a la mente
9. Torrentes de burbujas y conciencia personal
10. La conciencia es un instinto
Agradecimientos
Notas
Índice onomástico y de materias
Reseñas
Conversación con Lluís Duch. Religión, comunicación y política
Juan Antonio Martínez de la Fe , 13/06/2019
Ficha Técnica
Título: Conversación con Lluís Duch. Religión, comunicación y política
Autor: Ignasi Moreta
Edita: Fragmenta Editorial. Barcelona, 2019.
Colección: Fragmentos
Traducción: Sara García Chemhar
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 90
ISBN: 978-84-17796-02-0
Precio: 11 euros
Lluís Duch, calificado como el mejor antropólogo de la religión a escala hispánica, nos dejó en noviembre del pasado año. No así su pensamiento, sus planteamientos antropológicos, que mantienen toda su vigencia. Y un excelente resumen o guión de su visión sobre los temas a los que dirigió su atención, es este libro de formato pequeño, de reciente aparición, con autoría de Ignasi Moreta.
Ofrece esta obra una iniciación a Duch; unas páginas sumamente interesantes, ya que sintetizan su pensamiento, fijando los pilares sobre los que descansa su obra; obra que, por lo demás, es muy extensa y abarca ámbitos temáticos y disciplinarios muy diversos.
Es importante en Duch su voluntad de sistema, algo que se desprende de la lectura de sus obras en las que se refiere frecuentemente a “mi esquema antropológico”, “mi proyecto antropológico” o “mi modelo antropológico”; un sistema que, en los inicios de su desarrollo, bautizó como sociofenomenología.
Ignasi Moreta, el entrevistador y autor del libro, propone una serie de afirmaciones de las que se puede vislumbrar las tesis de Duch; frases como “para el ser humano no existe ninguna posibilidad extracultural”, “somos seres finitos capaces de los infinito”, “estamos siempre in statu viae hacia el status patriae”, “el ser humano no es ni bueno ni malo, sino ambiguo”, “los humanos somos seres gramaticales”, “el símbolo hace mediatamente presente lo que es inmediatamente ausente”, “la condición humana es adverbial, marcada por el espacio y el tiempo” o “Dios no es un a priori metafísico, sino un a posteriori ético”.
El sistema de Duch viene marcado por combinaciones binarias, entre las que destacan estructura/historia, mito/logos, romanticismo/ilustración, interioridad/exterioridad, continuidad/cambio, etc.
Como un avance del contenido de la entrevista objeto del libro, Moreta desgrana aspectos biográficos de Duch, tales como sus inicios centrados en Mircea Eliade o en Panikkar, de los que finalmente se distancia.
Apunta también a Duch como creador de lenguaje, por la concisión y contundencia de sus expresiones. Aporta el ejemplo de esta frase: “creo que, en nuestros tiempos, hay un claro desfase entre las preguntas religiosas y las respuestas religiosas”. Y aclara que hoy nos planteamos las mismas preguntas que ayer, es decir, seguimos siendo religiosos; sin embargo, lo que ha cambiado, y no poco, son las respuestas que ofrecen las instituciones religiosas, unas respuestas que no encuentran eco en nosotros. Y, como ejemplo más interesante, incluso, es su expresión de la “condición adverbial” referida a que el ser humano está condicionado inevitablemente por un espacio y un tiempo, como adverbios.
En esta aproximación a la figura de Lluís Duch, son varios los aspectos que aborda el entrevistador: su humanismo y erudición, la conversación y el humor, los vínculos con el mundo académico y los reconocimientos que recibió, para dar, finalmente, entrada a la entrevista que se publica, recuperada de una publicación previa en la revista Iglesia Viva correspondiente al período enero-marzo de 2014.
Así pues, inicia la entrevista planteando cuestiones de tipo biográfico, en la que, de sus años de estudios, destaca el aprecio por la historia de una disciplina, el valor de las humanidades, el modelo pedagógico, todo ello adquirido en sus estancias estudiantiles en Alemania. En este país recibió enseñanzas de figuras de la talla de Ernst Bloc, Eberhard Jüngel, Jürgen Moltmann, Walter Schultz, Ernst Käsemann, Otto Michel, Hans Blumenberg, Eugen Biser o Max Seckler, quien fuera director de su tesis doctoral. Una tesis que versó sobre el mito en Mircea Eliade, autor del que, como hemos dicho, terminó distanciándose.
En efecto: Eliade no apreciaba el valor de la historia en la existencia humana; incluso, tenía una relevancia totalmente negativa. Sin embargo, para Duch es de suma importancia lo que él llamaba el “factor biográfico”. Para Duch es fundamental la tensión entre los estructural (lo pre-judicial, en palabras de Gadamer) y lo histórico cultural; Eliade se queda en lo pre-judicial “y lo establece de una manera totalmente apriorística y, en cambio, yo creo que lo estructural, lo apriorístico, solo tiene una comprobación aposteriorística”. En el fondo, la comprobación ética carece de valor para Eliade, en el fondo, un antisemita, mientras que para Duch, muy judeocristiano, es esencial.
El paraíso perdido: esperanza
Para Duch, el mito del paraíso perdido es una de las ejemplificaciones más interesantes de lo que es el ser humano. Considera que este mito puede funcionar de tres maneras, dos correctas y una incorrecta. Una manera correcta de funcionar es como sentimiento de falta, de carencia; una sensación que pone en marcha uno de los más grandes sentimientos, a su juicio, del ser humano: la nostalgia, el dolor por lo que nos falta, “el deseo insatisfecho pero como algo doloroso, nostálgico”.
Otra forma de funcionar, también correcta, es como paraíso buscado, que moviliza, hace andar la utopía, la esperanza. Pero, frente a estos dos funcionamientos del mito, hay un tercero totalmente aberrante, el paraíso encontrado. “Es lo que los políticos, jerarcas religiosos, instituciones, etc., intentan presentar como algo conseguido, acabado”. Si es esta la manera de funcionar, estamos frente al totalitarismo, al lavado de conciencia, frente a todas las patologías totalizadoras y perversas. Esto es lo acaecido con los mitos políticos del siglo XX: nazismo, fascismo, dictaduras, … Lo que lleva a una incidencia directa en el calendario, incidencia de gran significación antropológica que, en el fondo, es una intervención en el espacio y el tiempo humanos; ejemplos de ello los tenemos en la revolución francesa o, más cercano a nosotros, las alusiones al primer, segundo, tercer, … año de la victoria.
Homo religiosus
En su antropología, Duch habla del ser humano como un ser finito capaz de infinito, lo que tiene mucho que ver con el tema de los estructural y lo histórico. Hay que distinguir entre lo religioso y las religiones históricas, lo político y las políticas, lo simbólico y los símbolos. Viniendo a las religiones, son éstas traducciones culturales de un fondo religioso, un fondo religioso que no tiene historia, en el sentido de acontecer, sino que viene dado con el hecho de la simple presencia del ser humano en el mundo.
Y matiza que el ser humano es religioso, más que en un sentido activo, en el sentido de que tiene esa predisposición. Y, de esta afirmación señala la importancia del símbolo, de lo simbólico en ese ser humano; lo que significa que puede hacer presente lo que está ausente, lo invisible a través de lo visible.
Ser religioso es, en definitiva, es ser un ser en búsqueda, que se siente incompleto, lo que lo conduce a una especie de inaceptabilidad de todo lo presente, aunque reconociendo que, pese a esa inaceptabilidad, es imprescindible para avanzar. Y aquí aporta uno de los pilares de su antropología: la praxis del dominio de la contingencia; es decir, este ser humano que es deseo, que es búsqueda, también está sujeto a la contingencia. Es la Modernidad el caldo donde adquiere importancia la contingencia, a medida que retrocede y va desapareciendo la idea de la providencia de Dios para ser sustituida por la ideología del progreso. Y esto es así porque el ser humano es un ser de sustituciones: ante la desaparición de una perspectiva surge otra que viene a ejercer la misma función de la que se abandona: “Ante la defunción de una forma histórica concreta aparece un equivalente funcional que se llamará o no religioso o no religioso, pero que adquirirá una función semejante a la que tenía lo que ha desaparecido”.
Hoy existe una ideología de la secularización, ante la que Duch es muy crítico, ya que, a su juicio, se confunde el cambio social, muy evidente por otra parte, con la secularización de la consciencia humana, cuestiones que no se pueden confundir; el cambio social es un cambio cultural, histórico, variable en el tiempo, mientras que la secularización de la consciencia humana supondría un cambio estructural en el ser humano. Y opina Duch que las centrales religiosas hablan mucho de los peligros de la secularización, refiriéndose a pérdidas de filiación, de adeptos, de objetivos inmediatos o, incluso, de la potencia político-económica de esas centrales; y esto, evidentemente, es otra cuestión que no tiene nada que ver con la esencial estructura del ser humano.
Ambigüedad y adverbialidad
El ser humano es una coincidencia de opuestos, una complexio oppositorum, de donde surge su ambigüedad, su provisionalidad y su relatividad. Porque es capaz de lo mejor y capaz de lo peor. “Esta indeterminación es lo que da origen a la ambigüedad del ser humano, es decir, un ser que no está predeterminado para el bien ni para el mal”. Duch se inclina por el modelo antropológico que considera al ser humano ambiguo en este sentido, descartando aquellos otros modelos que lo consideran fundamentalmente bueno o fundamentalmente malo.
Somos libres, afirma Duch, pero con una libertad condicionada, una libertad que, de alguna manera, se encuentra sometida, predeterminada por ciertas condicionalidades tales como el mismo vocabulario, la herencia del pasado, los códigos de justicia, … esa mochila en la que portamos un acerbo de herencias. Porque el ser humano no parte de cero, siempre es heredero, pero con la facultad de enfocar sus herencias a su manera. Y aparece aquí otro de los conceptos básicos de Duch, el de la adverbialidad: un ser humano determinado por un aquí y un ahora.
Estructuras de acogida
Se trata de otro de los fundamentos de la antropología de Duch: el ser humano necesita estructuras de acogida, de transmisiones, de mediaciones, de lenguajes. Y son las personas, las instituciones las que le proporcionan esa transmisión que necesita. Hay diferentes estructuras de acogida.
La primera es la de codescendencia, que se refiere a la familia que, en cada caso, tiene una concreta articulación cultural; pero lo que importa aquí es lo familiar. La segunda estructura es la de corresidencia, que comprende la escuela, la universidad, la política, las agrupaciones culturales, las de ocio, … Una tercera estructura es la de cotrascendencia, que recoge los simbolismos compartidos, como, por ejemplo, las religiones, que permiten hacer visible lo invisible y están relacionadas con lo simbólico. Finalmente, una cuarta estructura es la de comediación, es decir, los modernos sistemas de internet, de comunicación, etc.
En la base de estas estructuras anida un muy importante factor: la confianza, las transmisiones auténticas son las que se basan en la confianza; si no existe esta, tales transmisiones se quedan en una capa muy superficial, y corren el peligro de no quedarse. El problema es que en la actualidad esta cuestión de las transmisiones está sufriendo un muy negativo impacto de la desconfianza y, cuando esto sucede, una sociedad basada en la desconfianza es muy peligrosa.
¿Cómo se combate la desconfianza? Con el testimonio. “El testimonio es aquella persona que basa la verdad de lo que dice en la veracidad de su propia vida”, no es una cuestión demostrativa, sino mostrativa. Predicar con el ejemplo, sería la versión popular.
Religión y política
En esta conversación con Lluís Duch, se alude a una de sus obras más conocidas, Religión y política. Y comienza intentando definir el concepto de religión, acogiéndose a la que ofrece Paul Tillich: “religión es lo que nos atañe incondicionalmente”. En aquella obra, Duch trata de ver las implicaciones, las coimplicaciones, entre lo religioso y lo político; y lo hace concretando en lo religioso, no en las religiones positivas, y en lo político, más que en las políticas concretas. En definitiva, retorna a su planteamiento de la estructura más que a la historia, a la estructura religiosa y la estructura política del ser humano. Unos términos que son constitutivos en la presencia concreta del ser humano en su mundo cotidiano.
¿Se pueden separar ambos conceptos en el ser humano concreto? Poderlo hacer sería lo mejor que podría pasar; pero resulta imposible por una sencilla razón antropológica: el mismo ser humano es el sujeto tanto de lo religioso como de lo político.
Como consecuencia, lo político tiende a querer gobernar en el fuero interno del individuo, mientras que lo religioso pretende imponer su ética particular a toda la sociedad. Esto es así: toda religión histórica tiene apetencias políticas y toda política tiene apetencias religiosas: “ninguna religión se da por satisfecha con lo que podríamos llamar la cura de almas, por utilizar un término clásico, sino que también quiere hacerse presente en la calle. Ninguna política se queda satisfecha con la administración de la economía: también quiere incidir en las conciencias”.
Lluís Duch, un profundo antropólogo
La obra de Lluís Duch es amplia, muy amplia. Este libro, como se ha dicho, recoge una entrevista en la que este sabio monje benedictino expone con claridad y sencillez aquellos puntos que constituyen el eje de su pensamiento. Su lectura, sin duda, será de gran utilidad para quien desee acercarse a un autor reconocido por la profundidad de su pensamiento.
Título: Conversación con Lluís Duch. Religión, comunicación y política
Autor: Ignasi Moreta
Edita: Fragmenta Editorial. Barcelona, 2019.
Colección: Fragmentos
Traducción: Sara García Chemhar
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 90
ISBN: 978-84-17796-02-0
Precio: 11 euros
Lluís Duch, calificado como el mejor antropólogo de la religión a escala hispánica, nos dejó en noviembre del pasado año. No así su pensamiento, sus planteamientos antropológicos, que mantienen toda su vigencia. Y un excelente resumen o guión de su visión sobre los temas a los que dirigió su atención, es este libro de formato pequeño, de reciente aparición, con autoría de Ignasi Moreta.
Ofrece esta obra una iniciación a Duch; unas páginas sumamente interesantes, ya que sintetizan su pensamiento, fijando los pilares sobre los que descansa su obra; obra que, por lo demás, es muy extensa y abarca ámbitos temáticos y disciplinarios muy diversos.
Es importante en Duch su voluntad de sistema, algo que se desprende de la lectura de sus obras en las que se refiere frecuentemente a “mi esquema antropológico”, “mi proyecto antropológico” o “mi modelo antropológico”; un sistema que, en los inicios de su desarrollo, bautizó como sociofenomenología.
Ignasi Moreta, el entrevistador y autor del libro, propone una serie de afirmaciones de las que se puede vislumbrar las tesis de Duch; frases como “para el ser humano no existe ninguna posibilidad extracultural”, “somos seres finitos capaces de los infinito”, “estamos siempre in statu viae hacia el status patriae”, “el ser humano no es ni bueno ni malo, sino ambiguo”, “los humanos somos seres gramaticales”, “el símbolo hace mediatamente presente lo que es inmediatamente ausente”, “la condición humana es adverbial, marcada por el espacio y el tiempo” o “Dios no es un a priori metafísico, sino un a posteriori ético”.
El sistema de Duch viene marcado por combinaciones binarias, entre las que destacan estructura/historia, mito/logos, romanticismo/ilustración, interioridad/exterioridad, continuidad/cambio, etc.
Como un avance del contenido de la entrevista objeto del libro, Moreta desgrana aspectos biográficos de Duch, tales como sus inicios centrados en Mircea Eliade o en Panikkar, de los que finalmente se distancia.
Apunta también a Duch como creador de lenguaje, por la concisión y contundencia de sus expresiones. Aporta el ejemplo de esta frase: “creo que, en nuestros tiempos, hay un claro desfase entre las preguntas religiosas y las respuestas religiosas”. Y aclara que hoy nos planteamos las mismas preguntas que ayer, es decir, seguimos siendo religiosos; sin embargo, lo que ha cambiado, y no poco, son las respuestas que ofrecen las instituciones religiosas, unas respuestas que no encuentran eco en nosotros. Y, como ejemplo más interesante, incluso, es su expresión de la “condición adverbial” referida a que el ser humano está condicionado inevitablemente por un espacio y un tiempo, como adverbios.
En esta aproximación a la figura de Lluís Duch, son varios los aspectos que aborda el entrevistador: su humanismo y erudición, la conversación y el humor, los vínculos con el mundo académico y los reconocimientos que recibió, para dar, finalmente, entrada a la entrevista que se publica, recuperada de una publicación previa en la revista Iglesia Viva correspondiente al período enero-marzo de 2014.
Así pues, inicia la entrevista planteando cuestiones de tipo biográfico, en la que, de sus años de estudios, destaca el aprecio por la historia de una disciplina, el valor de las humanidades, el modelo pedagógico, todo ello adquirido en sus estancias estudiantiles en Alemania. En este país recibió enseñanzas de figuras de la talla de Ernst Bloc, Eberhard Jüngel, Jürgen Moltmann, Walter Schultz, Ernst Käsemann, Otto Michel, Hans Blumenberg, Eugen Biser o Max Seckler, quien fuera director de su tesis doctoral. Una tesis que versó sobre el mito en Mircea Eliade, autor del que, como hemos dicho, terminó distanciándose.
En efecto: Eliade no apreciaba el valor de la historia en la existencia humana; incluso, tenía una relevancia totalmente negativa. Sin embargo, para Duch es de suma importancia lo que él llamaba el “factor biográfico”. Para Duch es fundamental la tensión entre los estructural (lo pre-judicial, en palabras de Gadamer) y lo histórico cultural; Eliade se queda en lo pre-judicial “y lo establece de una manera totalmente apriorística y, en cambio, yo creo que lo estructural, lo apriorístico, solo tiene una comprobación aposteriorística”. En el fondo, la comprobación ética carece de valor para Eliade, en el fondo, un antisemita, mientras que para Duch, muy judeocristiano, es esencial.
El paraíso perdido: esperanza
Para Duch, el mito del paraíso perdido es una de las ejemplificaciones más interesantes de lo que es el ser humano. Considera que este mito puede funcionar de tres maneras, dos correctas y una incorrecta. Una manera correcta de funcionar es como sentimiento de falta, de carencia; una sensación que pone en marcha uno de los más grandes sentimientos, a su juicio, del ser humano: la nostalgia, el dolor por lo que nos falta, “el deseo insatisfecho pero como algo doloroso, nostálgico”.
Otra forma de funcionar, también correcta, es como paraíso buscado, que moviliza, hace andar la utopía, la esperanza. Pero, frente a estos dos funcionamientos del mito, hay un tercero totalmente aberrante, el paraíso encontrado. “Es lo que los políticos, jerarcas religiosos, instituciones, etc., intentan presentar como algo conseguido, acabado”. Si es esta la manera de funcionar, estamos frente al totalitarismo, al lavado de conciencia, frente a todas las patologías totalizadoras y perversas. Esto es lo acaecido con los mitos políticos del siglo XX: nazismo, fascismo, dictaduras, … Lo que lleva a una incidencia directa en el calendario, incidencia de gran significación antropológica que, en el fondo, es una intervención en el espacio y el tiempo humanos; ejemplos de ello los tenemos en la revolución francesa o, más cercano a nosotros, las alusiones al primer, segundo, tercer, … año de la victoria.
Homo religiosus
En su antropología, Duch habla del ser humano como un ser finito capaz de infinito, lo que tiene mucho que ver con el tema de los estructural y lo histórico. Hay que distinguir entre lo religioso y las religiones históricas, lo político y las políticas, lo simbólico y los símbolos. Viniendo a las religiones, son éstas traducciones culturales de un fondo religioso, un fondo religioso que no tiene historia, en el sentido de acontecer, sino que viene dado con el hecho de la simple presencia del ser humano en el mundo.
Y matiza que el ser humano es religioso, más que en un sentido activo, en el sentido de que tiene esa predisposición. Y, de esta afirmación señala la importancia del símbolo, de lo simbólico en ese ser humano; lo que significa que puede hacer presente lo que está ausente, lo invisible a través de lo visible.
Ser religioso es, en definitiva, es ser un ser en búsqueda, que se siente incompleto, lo que lo conduce a una especie de inaceptabilidad de todo lo presente, aunque reconociendo que, pese a esa inaceptabilidad, es imprescindible para avanzar. Y aquí aporta uno de los pilares de su antropología: la praxis del dominio de la contingencia; es decir, este ser humano que es deseo, que es búsqueda, también está sujeto a la contingencia. Es la Modernidad el caldo donde adquiere importancia la contingencia, a medida que retrocede y va desapareciendo la idea de la providencia de Dios para ser sustituida por la ideología del progreso. Y esto es así porque el ser humano es un ser de sustituciones: ante la desaparición de una perspectiva surge otra que viene a ejercer la misma función de la que se abandona: “Ante la defunción de una forma histórica concreta aparece un equivalente funcional que se llamará o no religioso o no religioso, pero que adquirirá una función semejante a la que tenía lo que ha desaparecido”.
Hoy existe una ideología de la secularización, ante la que Duch es muy crítico, ya que, a su juicio, se confunde el cambio social, muy evidente por otra parte, con la secularización de la consciencia humana, cuestiones que no se pueden confundir; el cambio social es un cambio cultural, histórico, variable en el tiempo, mientras que la secularización de la consciencia humana supondría un cambio estructural en el ser humano. Y opina Duch que las centrales religiosas hablan mucho de los peligros de la secularización, refiriéndose a pérdidas de filiación, de adeptos, de objetivos inmediatos o, incluso, de la potencia político-económica de esas centrales; y esto, evidentemente, es otra cuestión que no tiene nada que ver con la esencial estructura del ser humano.
Ambigüedad y adverbialidad
El ser humano es una coincidencia de opuestos, una complexio oppositorum, de donde surge su ambigüedad, su provisionalidad y su relatividad. Porque es capaz de lo mejor y capaz de lo peor. “Esta indeterminación es lo que da origen a la ambigüedad del ser humano, es decir, un ser que no está predeterminado para el bien ni para el mal”. Duch se inclina por el modelo antropológico que considera al ser humano ambiguo en este sentido, descartando aquellos otros modelos que lo consideran fundamentalmente bueno o fundamentalmente malo.
Somos libres, afirma Duch, pero con una libertad condicionada, una libertad que, de alguna manera, se encuentra sometida, predeterminada por ciertas condicionalidades tales como el mismo vocabulario, la herencia del pasado, los códigos de justicia, … esa mochila en la que portamos un acerbo de herencias. Porque el ser humano no parte de cero, siempre es heredero, pero con la facultad de enfocar sus herencias a su manera. Y aparece aquí otro de los conceptos básicos de Duch, el de la adverbialidad: un ser humano determinado por un aquí y un ahora.
Estructuras de acogida
Se trata de otro de los fundamentos de la antropología de Duch: el ser humano necesita estructuras de acogida, de transmisiones, de mediaciones, de lenguajes. Y son las personas, las instituciones las que le proporcionan esa transmisión que necesita. Hay diferentes estructuras de acogida.
La primera es la de codescendencia, que se refiere a la familia que, en cada caso, tiene una concreta articulación cultural; pero lo que importa aquí es lo familiar. La segunda estructura es la de corresidencia, que comprende la escuela, la universidad, la política, las agrupaciones culturales, las de ocio, … Una tercera estructura es la de cotrascendencia, que recoge los simbolismos compartidos, como, por ejemplo, las religiones, que permiten hacer visible lo invisible y están relacionadas con lo simbólico. Finalmente, una cuarta estructura es la de comediación, es decir, los modernos sistemas de internet, de comunicación, etc.
En la base de estas estructuras anida un muy importante factor: la confianza, las transmisiones auténticas son las que se basan en la confianza; si no existe esta, tales transmisiones se quedan en una capa muy superficial, y corren el peligro de no quedarse. El problema es que en la actualidad esta cuestión de las transmisiones está sufriendo un muy negativo impacto de la desconfianza y, cuando esto sucede, una sociedad basada en la desconfianza es muy peligrosa.
¿Cómo se combate la desconfianza? Con el testimonio. “El testimonio es aquella persona que basa la verdad de lo que dice en la veracidad de su propia vida”, no es una cuestión demostrativa, sino mostrativa. Predicar con el ejemplo, sería la versión popular.
Religión y política
En esta conversación con Lluís Duch, se alude a una de sus obras más conocidas, Religión y política. Y comienza intentando definir el concepto de religión, acogiéndose a la que ofrece Paul Tillich: “religión es lo que nos atañe incondicionalmente”. En aquella obra, Duch trata de ver las implicaciones, las coimplicaciones, entre lo religioso y lo político; y lo hace concretando en lo religioso, no en las religiones positivas, y en lo político, más que en las políticas concretas. En definitiva, retorna a su planteamiento de la estructura más que a la historia, a la estructura religiosa y la estructura política del ser humano. Unos términos que son constitutivos en la presencia concreta del ser humano en su mundo cotidiano.
¿Se pueden separar ambos conceptos en el ser humano concreto? Poderlo hacer sería lo mejor que podría pasar; pero resulta imposible por una sencilla razón antropológica: el mismo ser humano es el sujeto tanto de lo religioso como de lo político.
Como consecuencia, lo político tiende a querer gobernar en el fuero interno del individuo, mientras que lo religioso pretende imponer su ética particular a toda la sociedad. Esto es así: toda religión histórica tiene apetencias políticas y toda política tiene apetencias religiosas: “ninguna religión se da por satisfecha con lo que podríamos llamar la cura de almas, por utilizar un término clásico, sino que también quiere hacerse presente en la calle. Ninguna política se queda satisfecha con la administración de la economía: también quiere incidir en las conciencias”.
Lluís Duch, un profundo antropólogo
La obra de Lluís Duch es amplia, muy amplia. Este libro, como se ha dicho, recoge una entrevista en la que este sabio monje benedictino expone con claridad y sencillez aquellos puntos que constituyen el eje de su pensamiento. Su lectura, sin duda, será de gran utilidad para quien desee acercarse a un autor reconocido por la profundidad de su pensamiento.
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