Reseñas
Arte y Torá. Exterior e interior del judaísmo
Juan Antonio Martínez de la Fe , 21/06/2012
Tengo la impresión de haber hecho un libro bueno, no muy grande, pero denso
Ficha Técnica
Título: Arte y Torá. Exterior e interior del judaísmo
Autor: Máximo José Kahn
Edición: Mario Martín Gijón y Leonardo Senkman
Edita: Renacimiento
Colección: Biblioteca del Exilio
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 382
ISBN: 978-84-8472-693-7
Precio: 22,00 euros
Es este un libro sumamente interesante. Ya se nos dice en el subtítulo que se trata de ahondar en el exterior y el interior del judaísmo. Y el autor lo hace desde su propia perspectiva personal, judía. Y con un estilo peculiar, muy propio, cuidado, no exento de lirismo, transportándonos por las singladuras de esta religión. ¿Cómo entiende un judío el mundo que le rodea, al que arriba, cuando se aleja de su matriz religiosa? ¿Cómo lo perciben los no judíos? ¿Qué produce posturas tan encontradas entre unos y otros? A todo esto pretende dar respuesta Máximo José Kahn, haciendo un recorrido por la historia de los últimos siglos y ahondando en las raíces más genuinas de esta religión.
Mario Martín Gijón, docente actualmente en la Universidad de Extremadura, suscribe el ensayo La trayectoria vital y literaria de Máximo José Kahn. En algo más de treinta páginas, nos ofrece una biografía del autor, no limitada a un simple recorrido por su agitada vida, sino que en ella inserta los títulos más destacados de la producción intelectual de Kahn. Y lo hace con un estilo muy conciso, muy accesible a la par que ameno.
A este primer trabajo, le sigue el del catedrático de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Leonardo Senkman, titulado La obra de Máximo José Kahn en Argentina. Del exilio republicano a la diáspora judía. Ocupa, igualmente, algo más de treinta páginas. De su análisis, citamos el párrafo final, que resume magistralmente la figura de Kahn y sus planteamientos: “La posición de Máximo José Kahn no era la de un pre-moderno, sino la del utópico religioso judío que se negaba a renunciar a la Hija de la Voz en las travesías del judaísmo en la modernidad. Un moderno e hidalgo jasid que, al igual que Edmond Jabès, rechazaba adecuar al judaísmo en un ritual, y adaptarlo para ser un culto más que impediría oír la Voz hecha balbuceo, nombre, oración, salmo, códice, letra viviente, alma y mudez preñada de la Voz, tal como finaliza el último capítulo del libro, no casualmente llamado El Eterno”.
Con estos dos ensayos, el lector encuentra el marco idóneo para acometer la lectura de Arte y Torá, obra póstuma de su autor que nunca llegó a ver publicada, pues falleció poco después de culminarla y que, ocasionalmente, se consideró desaparecida. Afortunadamente, su recuperación por Editorial Renacimiento nos permite acceder a un serio análisis de la historia del judaísmo desde la emancipación de los judíos a finales del siglo XVIII.
“Entre las postrimerías del siglo XVIII y el último tercio del XIX se abrieron las puertas de los ghettos. El mejoramiento marchaba en sentido contrario al sol. Las últimas en desaparecer fueron las juderías muradas del Este de Europa”. Comienza así Kahn la primera parte de su trabajo, Éxodo, describiéndonos la extraña sensación de aquellos judíos ante el mundo cuasi desconocido que se les ponía delante de los ojos, hasta “tomar asiento en medio de los mismos seres que, hasta entonces, los habían vejado y agraviado”.
Fue un profundo aldabonazo. La Torá, que hasta entonces se consideraba el ombligo de todo lo creado, se enfrentó a supuestas contradicciones que inhabilitaban su procedencia divina. El judío en tierra extraña se vio impulsado a abandonar la forma de vida heredada de sus padres y pareció que “aprovechase la oportunidad para lanzarse a la vida profana como quien se libra de una armadura de sudor”, aunque sin dejar por ello de ser judío. Y los seres no judíos que lo rodeaban no se lo ponían fácil; solo la lección aprendida de vivir dos mil años en medio de persecuciones, le sirvió para no esconderse sin ver en cualquier escondrijo una mansión palaciega.
Sumiso a la prescripción de la Torá de no elaborar imágenes y de concebir la música como oración, tuvo mucho que avanzar para conseguir destacar en pintura, escultura o como virtuoso compositor. A este tema, que da título a la obra, dedica Kahn unas páginas de extraordinaria factura. Como hace también al referirse a la lengua hebrea, significado profundo de la voz, de la palabra, cuando, saliendo del ghetto donde se la veneraba, hubo de enfrentarse a un entorno que le era ajeno. Incluso, podría pensarse que, con esta apertura de los ghettos, se había dado con un método infalible de socavar el judaísmo y destruir, así, la judeidad. En su recinto, el judío desconocía, no solo el gran arte creador, sino, también, otras disciplinas principales de la cultura: la política, la filosofía y la ciencia, estas últimas circunscritas únicamente a su mundo interior. El judío tuvo que ingeniárselas para abrazar las profesiones típicas de su tiempo, entre las que destaca, por provenir de una tradición de la Edad Media, la medicina, aunque lo hace de una manera peculiar: cura con el judaísmo y sabía bien compadecerse con el dolor, ese dolor que ha experimentado a lo largo de los siglos.
Finaliza, así, la primera parte de la obra. Y arranca la segunda, bajo el epígrafe de Diáspora, cuyo primer capítulo se titula Judaísmo y judeofobia. ¿A qué se enfrentaban los judíos al dejar sus ghettos? “Al penetrar en la Diáspora total, un estado de cosas sorprendía al desorientado judío asimilador más que ningún otro. Su Torá; su Biblia, su así llamado Antiguo Testamento, se encontraba en manos de la no-judeidad”. Y el problema ha consistido en que, en el no-judaísmo, toda frontera significaba enemistad. Pese a ello, los judíos de la diáspora mantienen ese lazo de pueblo que les mantiene unidos por encima de cualquier nacionalidad que adopten; un alemán era enemigo de un francés, pero un judío alemán no lo era de un correligionario francés. Con su peculiar estilo, el autor hace una descripción del recorrido de la Torá a lo largo del tiempo, aportando su visión sobre el fenómeno del antisemitismo.
Ciudadanos del mundo es el siguiente epígrafe. Kahn lo resume así: “La fuerza de expansión que afluía de la Diáspora inspiró el deseo ardiente de volverse toda la humanidad. El judío no quería dominar al mundo; quería serlo. Quería ser todo ese mundo por el cual los no-judíos habían hecho arrastrarse al pueblo de Israel, a lo largo de su órbita multimilenaria”. Pero tal intento fracasó; el mundo entero no podía ser su patria porque sus derechos de hombre eran administrados por la no-judeidad. Esencialmente, concluye Kahn, su ciudadanía universal no era más que desorientación. Todo ello lleva a los judíos a diferentes posturas; una era la de no parecer serlo, renunciando a sus nombres, sus libros, su filosofía, … a favor de la del entorno; y, por otro lado, a un hermetismo que le aleja de cualquier amistad, aludiendo aquí el autor a las simpatías que despierta el pueblo palestino y las escasas amistades que, a su parecer, atesora el estado de Israel.
Dolor del mundo y Lámparas sagradas constituyen los dos epígrafes siguientes, estrechamente relacionados. Kahn analiza la actitud del judío ante los avances de todo tipo que se van produciendo en su entorno, especialmente en las ciencias; aunque, también, aborda su actitud ante el arte: “le apetecía al judío asimilador ampliar los conocimientos de sabios sacramentales con visiones de sublimidad estética”. Un arte que, fundamentalmente, fue más reproductor que creativo, con una especial incidencia en el violín, al que compara, en su forma, con el varón perseguido y errante, con el ceñidor de peregrino a la altura de las caderas. Seguidamente, se centra en los más rigoristas judíos, quienes, “de tanto custodiar la lámpara sagrada de la Torá y sus escritos agregados, se habían hecho lámparas sagradas ellos mismos”. Es un recorrido desde el interior del alma y sus avatares a través de los años.
Este bloque segundo de la obra se cierra con el epígrafe Sal de lágrimas y sal de ingenio. De nuevo, las palabras de Kahn abriéndolo indican las líneas de su contenido: “… Le plació a la humanidad confeccionar caricaturas del judío que sobrepujaban, en mucho, las trazadas por generaciones anteriores. El judío se prestaba más a la caricatura que al retrato por cuanto sus mutilaciones, sus exageraciones y la inversión de sus adentros hacia el exterior requerían pinceles estrafalarios”. En estas páginas, el autor recoge esta manifestación, tanto del arte gráfico como de la literatura, de la visión negativa de la no-judeidad acerca de los judíos y cómo es percibida por estos.
Llegamos así al tercer bloque de la obra, Destierro, que se abre con el epígrafe El otro ramal, Sefarad. El judío asquenazita, ansioso de completar su tarea de expansión, dio con figuras del otro ramal del judaísmo, el sefardita o sefardí, a cuya historia dedica las páginas siguientes hasta enlazar con el epígrafe Buena moneda. En él, arranca del alejamiento de los judíos de la diáspora de aquellos otros ortodoxos, un alejamiento que se manifiesta en la forma de entender a Dios según las palabras que unos y otros utilizan para denominarlo. Y de ese alejamiento surge, también, la relación del judío con el dinero, que ha llegado a convertirse en un símbolo de la judeidad.
De donde deriva el siguiente epígrafe, Ostentación. Así lo expresa Kahn: “El judío hubiera podido no exhibir sus alhajas, sino guardarlas en un escondrijo. Pero la mujer israelita de los albores de nuestro siglo (siglo XX) daba rienda suelta a su impulso de ostentación sin reparar en tales posibilidades. Reinaba el deseo ardiente e irrefrenable de manifestar las excelencias del judaísmo con medios que llamasen la atención por la intensidad con que llenaban los sentidos”. Y este deseo de ostentación no se mantuvo en límites soportables, con las consiguientes consecuencias.
Observancia y judaísmo es el título del epígrafe siguiente. En el inicio del siglo XX, el judío, romántico e imprudente por demasiado circunspecto y perspicaz, no percibía la amenaza que acechaba a su lado. Y buscó la manera de explotar ese judaísmo del que se sentía orgulloso, indagando, por ejemplo, en la contribución del espíritu judío a la civilización. El encuentro entre quienes vivían esparcidos por el mundo y quienes mantenían la práctica ortodoxa de la religión no fue sedoso. “A partir del momento en que el liberto de los ghettos notó que puede dejar de ser judío impunemente y seguir tal o cual ideología profana (…) desde ese instante, no abandonar el judaísmo quería decir, en última instancia, explotar el pasado y sus contenidos”. Explotarlos, claro está, como un valor en su propio beneficio.
El último epígrafe de este apartado lleva por título Inmundicia. El judío salido del ghetto, instalado por el mundo, analiza las manifestaciones de su religión, percatándose de cuánto había en ella de posible brujería, hechicería y magia. “En suma, resultó que el judaísmo entero se apoyaba sobre rudimentos idolátricos y naturales”.
Retorno es el título del siguiente bloque, que se inicia con el epígrafe Fiestas y crímenes. Dice Kahn “Los actos del culto judío que traen su origen de creencias mágicas o brujescas daban pie al no-judaísmo antisemita para agredir lo que no comprendía o no le convenía comprender”. Alude, luego, a determinadas tradiciones rituales, alguna con sangre de animales por medio, la que, en ausencia de monumentos que marcaran el paso de Israel por la historia, usurparon el papel destinado al arte en otras culturas. Estas tradiciones ya no conservan los supuestos resultados mágicos de sus orígenes, pero se mantienen vivas con frecuencia, hecho que compara con las corridas de toros españolas. A veces, derivaron en narraciones fantasiosas, como la del niño estrangulado cuya sangre entra en la comida judía, que dieron pie al exacerbado antisemitismo, especialmente cuando tales hechos se consideraban parte de un ritual.
De aquí se pasa a la Inmolación apocalíptica, que es el título del epígrafe siguiente. Evidentemente, hace referencia al holocausto en la Alemania de los años 30 y 40 del siglo XX. “De los enemigos que habían acometido a la judeidad moderna, las nacionalsocialistas alemanes fueron quienes mejor y de más cerca conocían al hombre judío y su enseñanza. Habían decidido echar abajo su grey por fuera y por dentro. Querían triturarla”. Pero, no contaron con la historia que deja claro cómo sucumbieron todos los pueblos que trataron de eliminar a los judíos quienes, sin embargo, sobrevivieron. Y la clave está en que estos, los judíos, se consideran eso, un pueblo, en un sentido que no es el que pueda tener cualquier otra nación. Y ocurre que ellos, que se habían instalado en países europeos, que habían intentado ocultar su condición, son atacados precisamente más por lo que aparentan ser que por el hecho de serlo. Y de aquí pasa a exponer sucintamente la consecuencia de esta acción antijudía: la creación del estado de Israel.
Plegarias y oraciones. Así se titula el epígrafe que viene a continuación, indisolublemente unido a los dos que le siguen y cierran este bloque: Camino sin fin y Jerusalén. En el primero, analiza la oración y su significado en quienes afrontaron los campos de exterminio. Y continúa: “La contradicción por excelencia se expresa en el judío orante que mata a su enemigo. (…) La familia de Israel no puede orar y, al mismo tiempo, vestir armas”. Pero las circunstancias le concedieron, no solo el derecho de estar a la defensa, sino que la actuación alemana impuso a Israel el deber de hacerse fuerte. Justifica así la creación del estado de Israel, eso sí, haciendo bien la distinción entre judaísmo y sionismo que, afirma, están lejos de ser la misma cosa.
Se llega, así, al quinto y último bloque del libro, Sión. Su primer epígrafe: Discípulos sin maestros. Afirma el autor que, hasta finales del siglo XVIII, uno de los rasgos característicos del mundo judío fue que discípulos se apiñaban en torno a sus maestros. Pero este mundo expiró: desde el momento en que los judíos se emanciparon de la tutela sinagogal , dejaron atrás las voces que los habían aleccionado con disciplina indulgente; hecho que no solo afectaba a los discentes, sino, también, a los enseñantes. Con el nuevo estado, se procura recuperar la docencia, pero, a juicio de Kahn, “lo mejor del judaísmo no anida en los jefes espirituales o políticos de la grey ni en sus vivientes vasijas de erudición, sino anónima e imponderablemente diseminado, entre los once millones de seres que la componen”.
Historia sinaica es el título del segundo epígrafe. En él, Kahn recorre la manera de contar años y siglos de la historia del pueblo judío, con las diversas interpretaciones acerca del comienzo del todo y los diferentes hitos que marcan su devenir. Su expresión es clara: “La manera judía de contar años y siglos no es sino el esqueleto de una historia por medio de la cual el árbol genealógico de todas las almas judías penetra en nuestro campo de percepción”. Y concluye: “Inaugurando una historia particular que transcurriese exclusivamente en dimensiones sagradas, no haría otra cosa [el pueblo judío] sino quedar fiel a hechos de su pasado como aquella Alianza que concluyó a favor de todo un mundo antagónico”.
El epígrafe que viene a continuación se titula Las cámaras íntimas del judaísmo, en el que realiza un análisis de la cábala, algo que en la actualidad tiene resabios de esoterismo, pero que, en esencia, su origen está lejos de serlo. Dedica especial atención a los caracteres y números hebreos y las interpretaciones que se le han dado, para finalizar con un curioso juego de palabras entre cábala y cabal.
Y de la cábala a la Sinagoga, que constituye el penúltimo epígrafe de esta obra, donde analiza esta institución y su papel en el judaísmo. Poéticamente, nos afirma que “besando y sorbiendo besos en la grandiosa ocultación que el Eterno usa a fin de que Lo hagan manifestarse, los hombres de la Sinagoga tomarán sobre sí el custodiarla a guisa de tabernáculo de la Voz”. Y enlaza con el último epígrafe, El Eterno, al que dedica profundas páginas de reflexión.
Índice
La trayectoria vital y literaria de Máximo José Kahn, por Mario Martín Gijón
La obra de Máximo José Kahn en Argentina. Del exilio republicano a la diáspora judía, por Leonardo Senkman
Bibliografía de Máximo José Kahn
Nota a la edición
1. Éxodo
Salida del ghetto
Mudanza de la vida judía
Las efigies
La “hija de la Voz”
El “pueblo elegido”
II. La diáspora
Judaísmo y judeofobia
Ciudadanos del mundo
“Dolor del mundo”
“Lámparas sagradas”
Sal de lágrimas y sal de ingenio
III. Destierro
El otro ramal
Buena moneda
Ostentación
Observancia y judaísmo
“Inmundicia”
IV. El retorno
Fiestas y crímenes
Inmolación apocalíptica
Plegarias y oraciones
Camino sin fin
Jerusalén
V. Sión
Discípulos sin maestros
Historia sinaica
Las cámaras íntimas del judaísmo
La Sinagoga
El Eterno
Título: Arte y Torá. Exterior e interior del judaísmo
Autor: Máximo José Kahn
Edición: Mario Martín Gijón y Leonardo Senkman
Edita: Renacimiento
Colección: Biblioteca del Exilio
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 382
ISBN: 978-84-8472-693-7
Precio: 22,00 euros
Es este un libro sumamente interesante. Ya se nos dice en el subtítulo que se trata de ahondar en el exterior y el interior del judaísmo. Y el autor lo hace desde su propia perspectiva personal, judía. Y con un estilo peculiar, muy propio, cuidado, no exento de lirismo, transportándonos por las singladuras de esta religión. ¿Cómo entiende un judío el mundo que le rodea, al que arriba, cuando se aleja de su matriz religiosa? ¿Cómo lo perciben los no judíos? ¿Qué produce posturas tan encontradas entre unos y otros? A todo esto pretende dar respuesta Máximo José Kahn, haciendo un recorrido por la historia de los últimos siglos y ahondando en las raíces más genuinas de esta religión.
Mario Martín Gijón, docente actualmente en la Universidad de Extremadura, suscribe el ensayo La trayectoria vital y literaria de Máximo José Kahn. En algo más de treinta páginas, nos ofrece una biografía del autor, no limitada a un simple recorrido por su agitada vida, sino que en ella inserta los títulos más destacados de la producción intelectual de Kahn. Y lo hace con un estilo muy conciso, muy accesible a la par que ameno.
A este primer trabajo, le sigue el del catedrático de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Leonardo Senkman, titulado La obra de Máximo José Kahn en Argentina. Del exilio republicano a la diáspora judía. Ocupa, igualmente, algo más de treinta páginas. De su análisis, citamos el párrafo final, que resume magistralmente la figura de Kahn y sus planteamientos: “La posición de Máximo José Kahn no era la de un pre-moderno, sino la del utópico religioso judío que se negaba a renunciar a la Hija de la Voz en las travesías del judaísmo en la modernidad. Un moderno e hidalgo jasid que, al igual que Edmond Jabès, rechazaba adecuar al judaísmo en un ritual, y adaptarlo para ser un culto más que impediría oír la Voz hecha balbuceo, nombre, oración, salmo, códice, letra viviente, alma y mudez preñada de la Voz, tal como finaliza el último capítulo del libro, no casualmente llamado El Eterno”.
Con estos dos ensayos, el lector encuentra el marco idóneo para acometer la lectura de Arte y Torá, obra póstuma de su autor que nunca llegó a ver publicada, pues falleció poco después de culminarla y que, ocasionalmente, se consideró desaparecida. Afortunadamente, su recuperación por Editorial Renacimiento nos permite acceder a un serio análisis de la historia del judaísmo desde la emancipación de los judíos a finales del siglo XVIII.
“Entre las postrimerías del siglo XVIII y el último tercio del XIX se abrieron las puertas de los ghettos. El mejoramiento marchaba en sentido contrario al sol. Las últimas en desaparecer fueron las juderías muradas del Este de Europa”. Comienza así Kahn la primera parte de su trabajo, Éxodo, describiéndonos la extraña sensación de aquellos judíos ante el mundo cuasi desconocido que se les ponía delante de los ojos, hasta “tomar asiento en medio de los mismos seres que, hasta entonces, los habían vejado y agraviado”.
Fue un profundo aldabonazo. La Torá, que hasta entonces se consideraba el ombligo de todo lo creado, se enfrentó a supuestas contradicciones que inhabilitaban su procedencia divina. El judío en tierra extraña se vio impulsado a abandonar la forma de vida heredada de sus padres y pareció que “aprovechase la oportunidad para lanzarse a la vida profana como quien se libra de una armadura de sudor”, aunque sin dejar por ello de ser judío. Y los seres no judíos que lo rodeaban no se lo ponían fácil; solo la lección aprendida de vivir dos mil años en medio de persecuciones, le sirvió para no esconderse sin ver en cualquier escondrijo una mansión palaciega.
Sumiso a la prescripción de la Torá de no elaborar imágenes y de concebir la música como oración, tuvo mucho que avanzar para conseguir destacar en pintura, escultura o como virtuoso compositor. A este tema, que da título a la obra, dedica Kahn unas páginas de extraordinaria factura. Como hace también al referirse a la lengua hebrea, significado profundo de la voz, de la palabra, cuando, saliendo del ghetto donde se la veneraba, hubo de enfrentarse a un entorno que le era ajeno. Incluso, podría pensarse que, con esta apertura de los ghettos, se había dado con un método infalible de socavar el judaísmo y destruir, así, la judeidad. En su recinto, el judío desconocía, no solo el gran arte creador, sino, también, otras disciplinas principales de la cultura: la política, la filosofía y la ciencia, estas últimas circunscritas únicamente a su mundo interior. El judío tuvo que ingeniárselas para abrazar las profesiones típicas de su tiempo, entre las que destaca, por provenir de una tradición de la Edad Media, la medicina, aunque lo hace de una manera peculiar: cura con el judaísmo y sabía bien compadecerse con el dolor, ese dolor que ha experimentado a lo largo de los siglos.
Finaliza, así, la primera parte de la obra. Y arranca la segunda, bajo el epígrafe de Diáspora, cuyo primer capítulo se titula Judaísmo y judeofobia. ¿A qué se enfrentaban los judíos al dejar sus ghettos? “Al penetrar en la Diáspora total, un estado de cosas sorprendía al desorientado judío asimilador más que ningún otro. Su Torá; su Biblia, su así llamado Antiguo Testamento, se encontraba en manos de la no-judeidad”. Y el problema ha consistido en que, en el no-judaísmo, toda frontera significaba enemistad. Pese a ello, los judíos de la diáspora mantienen ese lazo de pueblo que les mantiene unidos por encima de cualquier nacionalidad que adopten; un alemán era enemigo de un francés, pero un judío alemán no lo era de un correligionario francés. Con su peculiar estilo, el autor hace una descripción del recorrido de la Torá a lo largo del tiempo, aportando su visión sobre el fenómeno del antisemitismo.
Ciudadanos del mundo es el siguiente epígrafe. Kahn lo resume así: “La fuerza de expansión que afluía de la Diáspora inspiró el deseo ardiente de volverse toda la humanidad. El judío no quería dominar al mundo; quería serlo. Quería ser todo ese mundo por el cual los no-judíos habían hecho arrastrarse al pueblo de Israel, a lo largo de su órbita multimilenaria”. Pero tal intento fracasó; el mundo entero no podía ser su patria porque sus derechos de hombre eran administrados por la no-judeidad. Esencialmente, concluye Kahn, su ciudadanía universal no era más que desorientación. Todo ello lleva a los judíos a diferentes posturas; una era la de no parecer serlo, renunciando a sus nombres, sus libros, su filosofía, … a favor de la del entorno; y, por otro lado, a un hermetismo que le aleja de cualquier amistad, aludiendo aquí el autor a las simpatías que despierta el pueblo palestino y las escasas amistades que, a su parecer, atesora el estado de Israel.
Dolor del mundo y Lámparas sagradas constituyen los dos epígrafes siguientes, estrechamente relacionados. Kahn analiza la actitud del judío ante los avances de todo tipo que se van produciendo en su entorno, especialmente en las ciencias; aunque, también, aborda su actitud ante el arte: “le apetecía al judío asimilador ampliar los conocimientos de sabios sacramentales con visiones de sublimidad estética”. Un arte que, fundamentalmente, fue más reproductor que creativo, con una especial incidencia en el violín, al que compara, en su forma, con el varón perseguido y errante, con el ceñidor de peregrino a la altura de las caderas. Seguidamente, se centra en los más rigoristas judíos, quienes, “de tanto custodiar la lámpara sagrada de la Torá y sus escritos agregados, se habían hecho lámparas sagradas ellos mismos”. Es un recorrido desde el interior del alma y sus avatares a través de los años.
Este bloque segundo de la obra se cierra con el epígrafe Sal de lágrimas y sal de ingenio. De nuevo, las palabras de Kahn abriéndolo indican las líneas de su contenido: “… Le plació a la humanidad confeccionar caricaturas del judío que sobrepujaban, en mucho, las trazadas por generaciones anteriores. El judío se prestaba más a la caricatura que al retrato por cuanto sus mutilaciones, sus exageraciones y la inversión de sus adentros hacia el exterior requerían pinceles estrafalarios”. En estas páginas, el autor recoge esta manifestación, tanto del arte gráfico como de la literatura, de la visión negativa de la no-judeidad acerca de los judíos y cómo es percibida por estos.
Llegamos así al tercer bloque de la obra, Destierro, que se abre con el epígrafe El otro ramal, Sefarad. El judío asquenazita, ansioso de completar su tarea de expansión, dio con figuras del otro ramal del judaísmo, el sefardita o sefardí, a cuya historia dedica las páginas siguientes hasta enlazar con el epígrafe Buena moneda. En él, arranca del alejamiento de los judíos de la diáspora de aquellos otros ortodoxos, un alejamiento que se manifiesta en la forma de entender a Dios según las palabras que unos y otros utilizan para denominarlo. Y de ese alejamiento surge, también, la relación del judío con el dinero, que ha llegado a convertirse en un símbolo de la judeidad.
De donde deriva el siguiente epígrafe, Ostentación. Así lo expresa Kahn: “El judío hubiera podido no exhibir sus alhajas, sino guardarlas en un escondrijo. Pero la mujer israelita de los albores de nuestro siglo (siglo XX) daba rienda suelta a su impulso de ostentación sin reparar en tales posibilidades. Reinaba el deseo ardiente e irrefrenable de manifestar las excelencias del judaísmo con medios que llamasen la atención por la intensidad con que llenaban los sentidos”. Y este deseo de ostentación no se mantuvo en límites soportables, con las consiguientes consecuencias.
Observancia y judaísmo es el título del epígrafe siguiente. En el inicio del siglo XX, el judío, romántico e imprudente por demasiado circunspecto y perspicaz, no percibía la amenaza que acechaba a su lado. Y buscó la manera de explotar ese judaísmo del que se sentía orgulloso, indagando, por ejemplo, en la contribución del espíritu judío a la civilización. El encuentro entre quienes vivían esparcidos por el mundo y quienes mantenían la práctica ortodoxa de la religión no fue sedoso. “A partir del momento en que el liberto de los ghettos notó que puede dejar de ser judío impunemente y seguir tal o cual ideología profana (…) desde ese instante, no abandonar el judaísmo quería decir, en última instancia, explotar el pasado y sus contenidos”. Explotarlos, claro está, como un valor en su propio beneficio.
El último epígrafe de este apartado lleva por título Inmundicia. El judío salido del ghetto, instalado por el mundo, analiza las manifestaciones de su religión, percatándose de cuánto había en ella de posible brujería, hechicería y magia. “En suma, resultó que el judaísmo entero se apoyaba sobre rudimentos idolátricos y naturales”.
Retorno es el título del siguiente bloque, que se inicia con el epígrafe Fiestas y crímenes. Dice Kahn “Los actos del culto judío que traen su origen de creencias mágicas o brujescas daban pie al no-judaísmo antisemita para agredir lo que no comprendía o no le convenía comprender”. Alude, luego, a determinadas tradiciones rituales, alguna con sangre de animales por medio, la que, en ausencia de monumentos que marcaran el paso de Israel por la historia, usurparon el papel destinado al arte en otras culturas. Estas tradiciones ya no conservan los supuestos resultados mágicos de sus orígenes, pero se mantienen vivas con frecuencia, hecho que compara con las corridas de toros españolas. A veces, derivaron en narraciones fantasiosas, como la del niño estrangulado cuya sangre entra en la comida judía, que dieron pie al exacerbado antisemitismo, especialmente cuando tales hechos se consideraban parte de un ritual.
De aquí se pasa a la Inmolación apocalíptica, que es el título del epígrafe siguiente. Evidentemente, hace referencia al holocausto en la Alemania de los años 30 y 40 del siglo XX. “De los enemigos que habían acometido a la judeidad moderna, las nacionalsocialistas alemanes fueron quienes mejor y de más cerca conocían al hombre judío y su enseñanza. Habían decidido echar abajo su grey por fuera y por dentro. Querían triturarla”. Pero, no contaron con la historia que deja claro cómo sucumbieron todos los pueblos que trataron de eliminar a los judíos quienes, sin embargo, sobrevivieron. Y la clave está en que estos, los judíos, se consideran eso, un pueblo, en un sentido que no es el que pueda tener cualquier otra nación. Y ocurre que ellos, que se habían instalado en países europeos, que habían intentado ocultar su condición, son atacados precisamente más por lo que aparentan ser que por el hecho de serlo. Y de aquí pasa a exponer sucintamente la consecuencia de esta acción antijudía: la creación del estado de Israel.
Plegarias y oraciones. Así se titula el epígrafe que viene a continuación, indisolublemente unido a los dos que le siguen y cierran este bloque: Camino sin fin y Jerusalén. En el primero, analiza la oración y su significado en quienes afrontaron los campos de exterminio. Y continúa: “La contradicción por excelencia se expresa en el judío orante que mata a su enemigo. (…) La familia de Israel no puede orar y, al mismo tiempo, vestir armas”. Pero las circunstancias le concedieron, no solo el derecho de estar a la defensa, sino que la actuación alemana impuso a Israel el deber de hacerse fuerte. Justifica así la creación del estado de Israel, eso sí, haciendo bien la distinción entre judaísmo y sionismo que, afirma, están lejos de ser la misma cosa.
Se llega, así, al quinto y último bloque del libro, Sión. Su primer epígrafe: Discípulos sin maestros. Afirma el autor que, hasta finales del siglo XVIII, uno de los rasgos característicos del mundo judío fue que discípulos se apiñaban en torno a sus maestros. Pero este mundo expiró: desde el momento en que los judíos se emanciparon de la tutela sinagogal , dejaron atrás las voces que los habían aleccionado con disciplina indulgente; hecho que no solo afectaba a los discentes, sino, también, a los enseñantes. Con el nuevo estado, se procura recuperar la docencia, pero, a juicio de Kahn, “lo mejor del judaísmo no anida en los jefes espirituales o políticos de la grey ni en sus vivientes vasijas de erudición, sino anónima e imponderablemente diseminado, entre los once millones de seres que la componen”.
Historia sinaica es el título del segundo epígrafe. En él, Kahn recorre la manera de contar años y siglos de la historia del pueblo judío, con las diversas interpretaciones acerca del comienzo del todo y los diferentes hitos que marcan su devenir. Su expresión es clara: “La manera judía de contar años y siglos no es sino el esqueleto de una historia por medio de la cual el árbol genealógico de todas las almas judías penetra en nuestro campo de percepción”. Y concluye: “Inaugurando una historia particular que transcurriese exclusivamente en dimensiones sagradas, no haría otra cosa [el pueblo judío] sino quedar fiel a hechos de su pasado como aquella Alianza que concluyó a favor de todo un mundo antagónico”.
El epígrafe que viene a continuación se titula Las cámaras íntimas del judaísmo, en el que realiza un análisis de la cábala, algo que en la actualidad tiene resabios de esoterismo, pero que, en esencia, su origen está lejos de serlo. Dedica especial atención a los caracteres y números hebreos y las interpretaciones que se le han dado, para finalizar con un curioso juego de palabras entre cábala y cabal.
Y de la cábala a la Sinagoga, que constituye el penúltimo epígrafe de esta obra, donde analiza esta institución y su papel en el judaísmo. Poéticamente, nos afirma que “besando y sorbiendo besos en la grandiosa ocultación que el Eterno usa a fin de que Lo hagan manifestarse, los hombres de la Sinagoga tomarán sobre sí el custodiarla a guisa de tabernáculo de la Voz”. Y enlaza con el último epígrafe, El Eterno, al que dedica profundas páginas de reflexión.
Índice
La trayectoria vital y literaria de Máximo José Kahn, por Mario Martín Gijón
La obra de Máximo José Kahn en Argentina. Del exilio republicano a la diáspora judía, por Leonardo Senkman
Bibliografía de Máximo José Kahn
Nota a la edición
1. Éxodo
Salida del ghetto
Mudanza de la vida judía
Las efigies
La “hija de la Voz”
El “pueblo elegido”
II. La diáspora
Judaísmo y judeofobia
Ciudadanos del mundo
“Dolor del mundo”
“Lámparas sagradas”
Sal de lágrimas y sal de ingenio
III. Destierro
El otro ramal
Buena moneda
Ostentación
Observancia y judaísmo
“Inmundicia”
IV. El retorno
Fiestas y crímenes
Inmolación apocalíptica
Plegarias y oraciones
Camino sin fin
Jerusalén
V. Sión
Discípulos sin maestros
Historia sinaica
Las cámaras íntimas del judaísmo
La Sinagoga
El Eterno
Reseñas
Los vagabundos
Redacción T21 , 20/06/2012
Ficha Técnica
Título: Los vagabundos
Autor: Maksím Gorki
Edita: Reino de Cordelia www.reino decordelia.es. Madrid. Primera edición, marzo de 2012
Traducción Sara Gutiérrez
Diseño: Jesús Egido
Colección: Literatura
Materia: Cuentos
Número de páginas: 232 págs.
Encuadernación: Rústica con solapas y cuadernillos cosidos
ISBN: 978-84-939798-2-9
PVP: 19,95 €
En Los vagabundos Maksím Gorki[ consigue que sus personajes dejen de ser seres anónimos gracias a la concienzuda descripción que el autor hace de sus cualidades, sus emociones, sus sentimientos, sus alegrías, sus penas y sus instintos.
Entre 1895 y 1899, Gorki escribió relatos y novelas cortas donde recogía su propia experiencia personal como vagabundo por la gélida Rusia, arrastrando una vida miserable y trabajando ocasionalmente para conseguir un mendrugo de pan con el que engañar al hambre y un harapo para burlar el frío. Las historias de vagabundos, a los que describe como seres libres que se oponen individualmente a las enormes diferencias de clases de las sociedad rusa, le fueron llevando desde el realismo hacia un romanticismo reivindicativo que marcaría en el futuro su literatura y le llevaría a apoyar abiertamente la revolución de 1917. Sara Gutiérrez ha seleccionado y traducido seis de las piezas más brillantes dedicadas por Gorki a los vagabundos, algunas de ellas inéditas en español y otras que dejaron de editarse hace años.
Índice
Rusia como estado de ánimo. Eva Orúe
Una vez en otoño
Konovalob
Camarada
Boles
El timador
Kirilka
Datos del autor
Título: Los vagabundos
Autor: Maksím Gorki
Edita: Reino de Cordelia www.reino decordelia.es. Madrid. Primera edición, marzo de 2012
Traducción Sara Gutiérrez
Diseño: Jesús Egido
Colección: Literatura
Materia: Cuentos
Número de páginas: 232 págs.
Encuadernación: Rústica con solapas y cuadernillos cosidos
ISBN: 978-84-939798-2-9
PVP: 19,95 €
En Los vagabundos Maksím Gorki[ consigue que sus personajes dejen de ser seres anónimos gracias a la concienzuda descripción que el autor hace de sus cualidades, sus emociones, sus sentimientos, sus alegrías, sus penas y sus instintos.
Entre 1895 y 1899, Gorki escribió relatos y novelas cortas donde recogía su propia experiencia personal como vagabundo por la gélida Rusia, arrastrando una vida miserable y trabajando ocasionalmente para conseguir un mendrugo de pan con el que engañar al hambre y un harapo para burlar el frío. Las historias de vagabundos, a los que describe como seres libres que se oponen individualmente a las enormes diferencias de clases de las sociedad rusa, le fueron llevando desde el realismo hacia un romanticismo reivindicativo que marcaría en el futuro su literatura y le llevaría a apoyar abiertamente la revolución de 1917. Sara Gutiérrez ha seleccionado y traducido seis de las piezas más brillantes dedicadas por Gorki a los vagabundos, algunas de ellas inéditas en español y otras que dejaron de editarse hace años.
Índice
Rusia como estado de ánimo. Eva Orúe
Una vez en otoño
Konovalob
Camarada
Boles
El timador
Kirilka
Datos del autor
Reseñas
Pienso, luego sufro
Redacción T21 , 20/06/2012
Cuando pensar demasiado hace daño
Ficha Técnica
Título: Pienso, luego sufro
Autores: Giorgio Nardone y Giulio De Santis
Edita: Paidós. Barcelona. Primera edición, mayo 2012
Colección: Contexto
Materia: Psicología
Traducción: Pere Salvat Farré
Cubierta: Judit G. Barcina
Número de páginas: 128 págs.
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-493-2669-1
PVP: 15 €
Pienso, luego sufro es una obra de Giorgio Nardone y Giulio De Santis en la que se cuestiona la eficacia de las formas de pensar de los individuos modernos. “Que pensar demasiado o de manera equivocada puede crear problemas, le parece evidente a cualquiera. Pero quizá resulta difícil pensar de qué modo, mediante una lógica coherente y convincente, puede llegarse a conclusiones alocadas, si la premisa de la que se parte es una duda que no puede responderse de modo racional”.
En la vida cotidiana de casi todos nosotros, se dice en el prólogo de esta obra, el pensar y repensar las cosas y, en particular, en las elecciones que cabe tomar es quizás el problema más frecuente, fuente de ansiedad, sufrimientos y a menudo de incapacidades personales y relacionales. En este sentido, podemos decir que la auténtica patología mental que surge de una duda es solo la culminación extrema de una dificultad mucho más extendida, típica del hombre moderno enfrentado a las decisiones más cruciales o a la ausencia de certezas.
Las raíces de este fenómeno se pierden en la noche de los tiempos. En un principio eran los elementos naturales y los fenómenos físicos y atmosféricos los que indicaban cómo obrar, luego el hombre comenzó a descubrir sus propias habilidades, elaborando y reflexionando más a fondo sobre las elecciones. La historia del proceso mediante el que el hombre moderno ha llegado a ser capaz de tomar decisiones a través de la lógica y la racionalidad es larga y laboriosa, y sigue presentando numerosos lados oscuros en cuanto a inteligencia y capacidad de razonamiento se refiere.
A pesar de estas evidencias, nuestra arcaica necesidad de seguridad nos empuja a buscar el consuelo en verdades tranquilizadoras; tal búsqueda, para el hombre moderno liberado de prácticas esotéricas y adivinatorias, pasa a través del avance cognitivo y del razonamiento racional.
“Aunque pueda parecer una afirmación rotunda, hoy podemos observar cómo el hombre moderno, ante decisiones difíciles, oscila entre dos posiciones extremas: por una parte el uso de la duda y del sentido crítico para alcanzar conclusiones evidentes, por otra la fe en verdades reveladas —científicas, ideológicas o religiosas—. Sin embargo, con una mirada más atenta se observa que, en realidad, ambas posturas son dos caras de la misma moneda o, si se quiere, dos extremos que acaban tocándose. Del mismo modo que quien delega sus elecciones en una fe protectora y tranquilizadora deberá ajustar cuentas con su propia responsabilidad, quien quiere tomar decisiones libres, fruto únicamente de la elaboración racional, deberá ajustarlas con situaciones críticas que la lógica no podrá resolver, confiándose así a soluciones en absoluto razonables.
Lo que los autores tratan de poner en evidencia en estas páginas es de qué modo nuestro razonamiento racional puede dejar de ser una modalidad sana y funcional de gestionar y transformarse en una trampa mental que nos atormenta sin tregua, en una dinámica perversa entre preguntas y respuestas sin salida, en una especie de viaje simbólico desde las preguntas de la razón a la duda patológica.
El libro se propone ayudar a pensar mejor y a tomar mejores decisiones. Para ello, hace un balance de la aventura intelectual del hombre en Occidente, explicando el desarrollo de la racionalidad a través del ejercicio de la duda, ya que disciplinas como la filosofía, la ciencia y la psicología consideran que la duda y la superación de la misma constituyen el instrumento metodológico y de toma de decisiones por excelencia.
Las soluciones terapéuticas que propone Nardone están “centradas en el problema” e inspiradas en el modelo de la terapia breve estratégica. Puesto que, para el autor, es necesario “reorientar” estratégicamente el pensamiento para descubrir su potencialidad: en vez de obstinarnos en buscar las respuestas, lo que debemos hacer es preocuparnos por formular mejor las preguntas, concluyen.
Sumario
Prólogo
1. Filosofía de la duda
2. Psicología de la duda
- Cogitocentrismo: la inseguridad en busca de certeza
- Diálogo interior y disputa del pensamiento
- La duda socializada y la delegación
- Autoengaños cognitivos
- La conciencia que investiga la consciencia
3. La duda como patología
- La perversión de la razón. Piensa más allá de lo pensable
- Ejemplo de perversión de la razón: «¿Qué puedo hacer para estar seguro de tener la mente
perfectamente sana?»
- Hiperracionalización: «Debo estar absolutamente seguro antes de actuar»
- El inquisidor interior. En cualquier caso eres culpable
- El saboteador interior. De todos modos te equivocas
- El perseguidor interior. De todas formas no estás a la altura
- Delegación patológica. De todos modos debes delegar en quien es mejor que tú
3. Duda terapéutica
- Ejemplo clínico
- Finales terapéuticos
5. Reflexiones finales: El inteligente da respuestas acertadas, el sabio formula las preguntas adecuadas
Bibliografía
Datos de los autores
Título: Pienso, luego sufro
Autores: Giorgio Nardone y Giulio De Santis
Edita: Paidós. Barcelona. Primera edición, mayo 2012
Colección: Contexto
Materia: Psicología
Traducción: Pere Salvat Farré
Cubierta: Judit G. Barcina
Número de páginas: 128 págs.
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-493-2669-1
PVP: 15 €
Pienso, luego sufro es una obra de Giorgio Nardone y Giulio De Santis en la que se cuestiona la eficacia de las formas de pensar de los individuos modernos. “Que pensar demasiado o de manera equivocada puede crear problemas, le parece evidente a cualquiera. Pero quizá resulta difícil pensar de qué modo, mediante una lógica coherente y convincente, puede llegarse a conclusiones alocadas, si la premisa de la que se parte es una duda que no puede responderse de modo racional”.
En la vida cotidiana de casi todos nosotros, se dice en el prólogo de esta obra, el pensar y repensar las cosas y, en particular, en las elecciones que cabe tomar es quizás el problema más frecuente, fuente de ansiedad, sufrimientos y a menudo de incapacidades personales y relacionales. En este sentido, podemos decir que la auténtica patología mental que surge de una duda es solo la culminación extrema de una dificultad mucho más extendida, típica del hombre moderno enfrentado a las decisiones más cruciales o a la ausencia de certezas.
Las raíces de este fenómeno se pierden en la noche de los tiempos. En un principio eran los elementos naturales y los fenómenos físicos y atmosféricos los que indicaban cómo obrar, luego el hombre comenzó a descubrir sus propias habilidades, elaborando y reflexionando más a fondo sobre las elecciones. La historia del proceso mediante el que el hombre moderno ha llegado a ser capaz de tomar decisiones a través de la lógica y la racionalidad es larga y laboriosa, y sigue presentando numerosos lados oscuros en cuanto a inteligencia y capacidad de razonamiento se refiere.
A pesar de estas evidencias, nuestra arcaica necesidad de seguridad nos empuja a buscar el consuelo en verdades tranquilizadoras; tal búsqueda, para el hombre moderno liberado de prácticas esotéricas y adivinatorias, pasa a través del avance cognitivo y del razonamiento racional.
“Aunque pueda parecer una afirmación rotunda, hoy podemos observar cómo el hombre moderno, ante decisiones difíciles, oscila entre dos posiciones extremas: por una parte el uso de la duda y del sentido crítico para alcanzar conclusiones evidentes, por otra la fe en verdades reveladas —científicas, ideológicas o religiosas—. Sin embargo, con una mirada más atenta se observa que, en realidad, ambas posturas son dos caras de la misma moneda o, si se quiere, dos extremos que acaban tocándose. Del mismo modo que quien delega sus elecciones en una fe protectora y tranquilizadora deberá ajustar cuentas con su propia responsabilidad, quien quiere tomar decisiones libres, fruto únicamente de la elaboración racional, deberá ajustarlas con situaciones críticas que la lógica no podrá resolver, confiándose así a soluciones en absoluto razonables.
Lo que los autores tratan de poner en evidencia en estas páginas es de qué modo nuestro razonamiento racional puede dejar de ser una modalidad sana y funcional de gestionar y transformarse en una trampa mental que nos atormenta sin tregua, en una dinámica perversa entre preguntas y respuestas sin salida, en una especie de viaje simbólico desde las preguntas de la razón a la duda patológica.
El libro se propone ayudar a pensar mejor y a tomar mejores decisiones. Para ello, hace un balance de la aventura intelectual del hombre en Occidente, explicando el desarrollo de la racionalidad a través del ejercicio de la duda, ya que disciplinas como la filosofía, la ciencia y la psicología consideran que la duda y la superación de la misma constituyen el instrumento metodológico y de toma de decisiones por excelencia.
Las soluciones terapéuticas que propone Nardone están “centradas en el problema” e inspiradas en el modelo de la terapia breve estratégica. Puesto que, para el autor, es necesario “reorientar” estratégicamente el pensamiento para descubrir su potencialidad: en vez de obstinarnos en buscar las respuestas, lo que debemos hacer es preocuparnos por formular mejor las preguntas, concluyen.
Sumario
Prólogo
1. Filosofía de la duda
2. Psicología de la duda
- Cogitocentrismo: la inseguridad en busca de certeza
- Diálogo interior y disputa del pensamiento
- La duda socializada y la delegación
- Autoengaños cognitivos
- La conciencia que investiga la consciencia
3. La duda como patología
- La perversión de la razón. Piensa más allá de lo pensable
- Ejemplo de perversión de la razón: «¿Qué puedo hacer para estar seguro de tener la mente
perfectamente sana?»
- Hiperracionalización: «Debo estar absolutamente seguro antes de actuar»
- El inquisidor interior. En cualquier caso eres culpable
- El saboteador interior. De todos modos te equivocas
- El perseguidor interior. De todas formas no estás a la altura
- Delegación patológica. De todos modos debes delegar en quien es mejor que tú
3. Duda terapéutica
- Ejemplo clínico
- Finales terapéuticos
5. Reflexiones finales: El inteligente da respuestas acertadas, el sabio formula las preguntas adecuadas
Bibliografía
Datos de los autores
Reseñas
El fin del mundo ya tuvo lugar
Redacción T21 , 06/06/2012
(Esto no es una crisis)
Ficha Técnica
Título: El fin del mundo ya tuvo lugar (esto no es una crisis)
Autor: Oscar Scopa
Edita: Akal www.akal.com. Madrid. Primera edición, 2012
Colección: Pensamiento crítico
Materia: Filosofía
Número de páginas: 192 págs.
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 978-84-460-3615-9
PVP: 14 €
El fin del mundo ya tuvo lugar (esto no es una crisis), es un ensayo del filósofo Óscar Scopa que propone una lectura polémica y esclarecedora de lo que comúnmente se llama crisis. Argumenta, desde un punto de vista filosófico, no tanto sobre la economía como en torno al discurso económico y sus «contradicciones desacreditantes».
“Si este momento detectado en la vida de los humanos, dice Scopa, sólo fuera una crisis podemos esperar lo peor. Desde el siglo XVIII específicamente, lo económico y una versión de la economía se instauraron en el centro y eje de la vida de los humanos occidentales. Ese lugar central se viene malgastando por precipitación, al menos desde 1848.
Eso que llaman «crisis» no es otra cosa que el proceso de acumulación de capital fantasma más desaforado que podamos recordar en la historia del capitalismo. El mismo actúa, en esta instancia, bajo la forma de una agresión violenta contra la ciudadanía, especialmente la de los países que se autoproclamaban desarrollados.
Sostenido durante dos siglos por la crítica, lo económico verificó su lugar de eje del cambio en la construcción modélica de la modernidad, ese periodo que nos ha abandonado por las suertes de la historia y sus actores. Un edificio sin cimientos, sostenido por sueños abstraídos e ideales sin asidero. Resumidero voluntarista y barroco”.
A pesar de ello, “la fe que aún sostiene a los valedores de esta economía, dice el autor, fue añadiendo ciencias anquilosadas con el fin de sustentar la creencia: matemáticas, física, policiales, psicológicas, teoría política y militar e, inclusive, religiones especificadas y sus consecuencias jurídicas.”
Se reconozca o no, nos encontramos ante el fin de un mundo. “Aceptar la muerte de la modernidad ha sido difícil para los que aún sostuvimos su existencia, reconoce el ensayista. Aceptar que esta muerte conllevará al exitus muchas de las disciplinas que las sostuvieron será aún más difícil. Y, sin embargo, cierto.”
En fin… “En estas páginas hay más cuestionamientos que respuestas, más problemas planteados que soluciones adquiridas. Por qué. En primer lugar, gracias a la premisa del no-saber analógico, catastrófico en sus superficies. En segundo lugar, y principalmente, porque durante estos últimos 35 años fatídicos la frase preferida de censura de políticos, sociólogos, economistas, era que «traigan soluciones, no problemas».
Lo que se desprendía de aquella censura de festejantes científicos (fuese éste moderno o precartesiano): si no hubiese habido seres humanos que plantearan problemas, no hubiese habido soluciones y tampoco habría habido ciencia. Tanto la una como las otras se logran soportando que el problema no coincida en el tiempo y el espacio con la solución. Es un algo que pide el objeto.
Sabiendo que la solución puede no hallarse jamás y de allí desprenderse una condena académica o sistémica, las «soluciones» que se han dado en realidad no son más que coincidencias forzadas con el fin de aprobar anquilosadamente la proyección del poder en movimiento continuo.
La solución es recrear el territorio. «Pero eso está prohibido». Sólo en el territorio se pueden crear superficies que, en el mismo problema que plantean, manifiestan la solución. El problema –y por lo tanto la solución al colapso- es, pues, superficial.
Ese es el riesgo al que nos enfrentamos, el verdadero riesgo: plantear problemas al poder desde la ciencia (episteme). Lo demás es la «acritud» que pide el poder en circulación continua para ser plenamente aceptado en sus filas. Primera condición: no renunciar a la globalización; es lo que exige el total.
Índice
El fin del mundo ya tuvo lugar
En fin
Coda y da capo
Notas paralelas
Datos del autor
Oscar Scopa es filósofo y escritor, ha publicado numerosos trabajos científicos en Europa y América. Entre sus libros cabe destacar Cavas y miñangos (1985), Fachada (1986), "Camporégano]i (1997) o Nostálgicos de aristocracia (2005). En la actualidad ejerce la docencia en la Universidad Carlos III de Madrid.
Título: El fin del mundo ya tuvo lugar (esto no es una crisis)
Autor: Oscar Scopa
Edita: Akal www.akal.com. Madrid. Primera edición, 2012
Colección: Pensamiento crítico
Materia: Filosofía
Número de páginas: 192 págs.
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 978-84-460-3615-9
PVP: 14 €
El fin del mundo ya tuvo lugar (esto no es una crisis), es un ensayo del filósofo Óscar Scopa que propone una lectura polémica y esclarecedora de lo que comúnmente se llama crisis. Argumenta, desde un punto de vista filosófico, no tanto sobre la economía como en torno al discurso económico y sus «contradicciones desacreditantes».
“Si este momento detectado en la vida de los humanos, dice Scopa, sólo fuera una crisis podemos esperar lo peor. Desde el siglo XVIII específicamente, lo económico y una versión de la economía se instauraron en el centro y eje de la vida de los humanos occidentales. Ese lugar central se viene malgastando por precipitación, al menos desde 1848.
Eso que llaman «crisis» no es otra cosa que el proceso de acumulación de capital fantasma más desaforado que podamos recordar en la historia del capitalismo. El mismo actúa, en esta instancia, bajo la forma de una agresión violenta contra la ciudadanía, especialmente la de los países que se autoproclamaban desarrollados.
Sostenido durante dos siglos por la crítica, lo económico verificó su lugar de eje del cambio en la construcción modélica de la modernidad, ese periodo que nos ha abandonado por las suertes de la historia y sus actores. Un edificio sin cimientos, sostenido por sueños abstraídos e ideales sin asidero. Resumidero voluntarista y barroco”.
A pesar de ello, “la fe que aún sostiene a los valedores de esta economía, dice el autor, fue añadiendo ciencias anquilosadas con el fin de sustentar la creencia: matemáticas, física, policiales, psicológicas, teoría política y militar e, inclusive, religiones especificadas y sus consecuencias jurídicas.”
Se reconozca o no, nos encontramos ante el fin de un mundo. “Aceptar la muerte de la modernidad ha sido difícil para los que aún sostuvimos su existencia, reconoce el ensayista. Aceptar que esta muerte conllevará al exitus muchas de las disciplinas que las sostuvieron será aún más difícil. Y, sin embargo, cierto.”
En fin… “En estas páginas hay más cuestionamientos que respuestas, más problemas planteados que soluciones adquiridas. Por qué. En primer lugar, gracias a la premisa del no-saber analógico, catastrófico en sus superficies. En segundo lugar, y principalmente, porque durante estos últimos 35 años fatídicos la frase preferida de censura de políticos, sociólogos, economistas, era que «traigan soluciones, no problemas».
Lo que se desprendía de aquella censura de festejantes científicos (fuese éste moderno o precartesiano): si no hubiese habido seres humanos que plantearan problemas, no hubiese habido soluciones y tampoco habría habido ciencia. Tanto la una como las otras se logran soportando que el problema no coincida en el tiempo y el espacio con la solución. Es un algo que pide el objeto.
Sabiendo que la solución puede no hallarse jamás y de allí desprenderse una condena académica o sistémica, las «soluciones» que se han dado en realidad no son más que coincidencias forzadas con el fin de aprobar anquilosadamente la proyección del poder en movimiento continuo.
La solución es recrear el territorio. «Pero eso está prohibido». Sólo en el territorio se pueden crear superficies que, en el mismo problema que plantean, manifiestan la solución. El problema –y por lo tanto la solución al colapso- es, pues, superficial.
Ese es el riesgo al que nos enfrentamos, el verdadero riesgo: plantear problemas al poder desde la ciencia (episteme). Lo demás es la «acritud» que pide el poder en circulación continua para ser plenamente aceptado en sus filas. Primera condición: no renunciar a la globalización; es lo que exige el total.
Índice
El fin del mundo ya tuvo lugar
En fin
Coda y da capo
Notas paralelas
Datos del autor
Oscar Scopa es filósofo y escritor, ha publicado numerosos trabajos científicos en Europa y América. Entre sus libros cabe destacar Cavas y miñangos (1985), Fachada (1986), "Camporégano]i (1997) o Nostálgicos de aristocracia (2005). En la actualidad ejerce la docencia en la Universidad Carlos III de Madrid.
Reseñas
Los otros mártires
Redacción T21 , 05/06/2012
Las religiones minoritarias en España desde la Segunda República hasta nuestros días
Ficha Técnica
Título: Los otros mártires
Autora: Marta Velasco
Edita: Foca. Madrid. Primera edición, 2012
Colección: Investigación
Materia: Historia
Número de páginas: 320 págs.
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 978-84-96797-57-4
PVP: 10 €
Los otros mártires de Marta Velasco es el resultado de una investigación sobre la “memoria histórica y libertad religiosa” fruto de la colaboración entre la Fundación Pluralismo y Convivencia y la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, pretende ser parte de ese proceso de reconocimiento del pasado, principalmente de aquellas realidades que fueron invisibilizadas por el relato oficial.
Como afirma su autora, “esta obra de carácter marcadamente divulgativo no pretende hacer un relato detallado de la historia de las diferentes confesiones religiosas presentes en España. Lo que sí pretende es dar a conocer la existencia de otras confesiones religiosas más allá del culto oficial asociado al poder político, y reconocer el hecho de que su lucha ha propiciado el acceso a unos derechos civiles de los cuales disfrutan hoy en día todas las personas que viven en España, incluidas aquellas que no profesan ninguna religión.”
En los últimos diez años la llamada recuperación histórica ha entrado en la agenda social y política de nuestro país. Como resultado de un movimiento social creciente, se promulgó en el año 2007 una ley que reconoce y protege los derechos de aquellas personas que fueron objeto de persecución durante la Guerra Civil y la dictadura franquista.
Para comprender el complejo contexto de la identidad española actual es fundamental conocer el pasado y los procesos a través de los cuales se ha ido construyendo nuestra trama social. Todos los gobiernos gestionan la cuestión identitaria de una forma o de otra.
La dictadura franquista aplicó una gestión de la identidad española estrecha –delimitando muy claramente lo que era español- y rígida – al fijar su planteamiento identitario en instrumentos jurídicos-, que abrazó los diferentes elementos de construcción del imaginario colectivo como la educación, los medios de comunicación la cultura o la política.
Para el franquismo la “españolidad” se basa en elementos fijos, de los cuales nos interesan especialmente tres: Una única religión, una cultura única, la castellana y una única ideología, la nacional-católica.
“En el campo de lo religioso (se dice en el prólogo de esta obra), un estudio de las diferentes constituciones aprobadas en España en los siglos XIX y XX nos muestra una alternancia de orientaciones confesionales y laicistas, o incluso anticlericales. En el pasado siglo, la Segunda República elaboró una legislación marcadamente anticlerical, que fue seguida del ultraclericalismo de las Leyes Fundamentales del Reino, promulgadas por el franquismo. La Transición rompe con esta dicotomía y el Gobierno termina planteando una normativa que crea un espacio de libertad para todas las religiones, incluso para la ausencia de creencias.”
Índice
Agradecimientos
Prólogo. Emilio Silva y José Manuel López Rodrigo
Introducción
I. La Segunda República
- El periodo constituyente (julio-diciembre 1931)
- El bienio reformista (1931-1933)
- El bienio radical-cedista (1933-1936)
- El Frente Popular
II. La Guerra Civil
- El Servicio de Recuperación de Documentos y la Delegación Nacional de Servicios Documentales
- Las minorías religiosas durante la Guerra Civil
III. El Franquismo
- La posguerra (1939-1945)
- Las comunidades judías españolas y la Segunda Guerra Mundial
- La Autarquía (1945-1957)
- Tecnocracia (1957-1967)
- La batalla ideológica
- El cambio de rumbo de la Iglesia católica
- Periodo aperturista (1967-1975)
- Las minorías religiosas ante la Ley 44/1967 regulando el ejercicio del derecho civil a la libertad en materia religiosa
- La historia de Ángel Sánchez y Flores Jesús
IV. De la Transición a la actualidad
- De la muerte del dictador hasta los Acuerdos de cooperación (1975-1992)
- Desde 1992 hasta hoy: pluralismo religioso
Apéndice documental
Fuentes de los documentos
Bibliografía
Datos de la autora
Marta Velasco Contrera nace en Sevilla en 1977. Es licenciada en Historia por la Universidad de Sevilla y miembro del Cuerpo de Ayudantes de Archivos, Bibliotecas y Museos. Ha colaborado en varios proyectos relacionados con la recuperación de la memoria y es autora de varios artículos.
Título: Los otros mártires
Autora: Marta Velasco
Edita: Foca. Madrid. Primera edición, 2012
Colección: Investigación
Materia: Historia
Número de páginas: 320 págs.
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 978-84-96797-57-4
PVP: 10 €
Los otros mártires de Marta Velasco es el resultado de una investigación sobre la “memoria histórica y libertad religiosa” fruto de la colaboración entre la Fundación Pluralismo y Convivencia y la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, pretende ser parte de ese proceso de reconocimiento del pasado, principalmente de aquellas realidades que fueron invisibilizadas por el relato oficial.
Como afirma su autora, “esta obra de carácter marcadamente divulgativo no pretende hacer un relato detallado de la historia de las diferentes confesiones religiosas presentes en España. Lo que sí pretende es dar a conocer la existencia de otras confesiones religiosas más allá del culto oficial asociado al poder político, y reconocer el hecho de que su lucha ha propiciado el acceso a unos derechos civiles de los cuales disfrutan hoy en día todas las personas que viven en España, incluidas aquellas que no profesan ninguna religión.”
En los últimos diez años la llamada recuperación histórica ha entrado en la agenda social y política de nuestro país. Como resultado de un movimiento social creciente, se promulgó en el año 2007 una ley que reconoce y protege los derechos de aquellas personas que fueron objeto de persecución durante la Guerra Civil y la dictadura franquista.
Para comprender el complejo contexto de la identidad española actual es fundamental conocer el pasado y los procesos a través de los cuales se ha ido construyendo nuestra trama social. Todos los gobiernos gestionan la cuestión identitaria de una forma o de otra.
La dictadura franquista aplicó una gestión de la identidad española estrecha –delimitando muy claramente lo que era español- y rígida – al fijar su planteamiento identitario en instrumentos jurídicos-, que abrazó los diferentes elementos de construcción del imaginario colectivo como la educación, los medios de comunicación la cultura o la política.
Para el franquismo la “españolidad” se basa en elementos fijos, de los cuales nos interesan especialmente tres: Una única religión, una cultura única, la castellana y una única ideología, la nacional-católica.
“En el campo de lo religioso (se dice en el prólogo de esta obra), un estudio de las diferentes constituciones aprobadas en España en los siglos XIX y XX nos muestra una alternancia de orientaciones confesionales y laicistas, o incluso anticlericales. En el pasado siglo, la Segunda República elaboró una legislación marcadamente anticlerical, que fue seguida del ultraclericalismo de las Leyes Fundamentales del Reino, promulgadas por el franquismo. La Transición rompe con esta dicotomía y el Gobierno termina planteando una normativa que crea un espacio de libertad para todas las religiones, incluso para la ausencia de creencias.”
Índice
Agradecimientos
Prólogo. Emilio Silva y José Manuel López Rodrigo
Introducción
I. La Segunda República
- El periodo constituyente (julio-diciembre 1931)
- El bienio reformista (1931-1933)
- El bienio radical-cedista (1933-1936)
- El Frente Popular
II. La Guerra Civil
- El Servicio de Recuperación de Documentos y la Delegación Nacional de Servicios Documentales
- Las minorías religiosas durante la Guerra Civil
III. El Franquismo
- La posguerra (1939-1945)
- Las comunidades judías españolas y la Segunda Guerra Mundial
- La Autarquía (1945-1957)
- Tecnocracia (1957-1967)
- La batalla ideológica
- El cambio de rumbo de la Iglesia católica
- Periodo aperturista (1967-1975)
- Las minorías religiosas ante la Ley 44/1967 regulando el ejercicio del derecho civil a la libertad en materia religiosa
- La historia de Ángel Sánchez y Flores Jesús
IV. De la Transición a la actualidad
- De la muerte del dictador hasta los Acuerdos de cooperación (1975-1992)
- Desde 1992 hasta hoy: pluralismo religioso
Apéndice documental
Fuentes de los documentos
Bibliografía
Datos de la autora
Marta Velasco Contrera nace en Sevilla en 1977. Es licenciada en Historia por la Universidad de Sevilla y miembro del Cuerpo de Ayudantes de Archivos, Bibliotecas y Museos. Ha colaborado en varios proyectos relacionados con la recuperación de la memoria y es autora de varios artículos.
Redacción T21
Este canal ofrece comentarios de libros seleccionados, que nuestra Redacción considera de interés para la sociedad de nuestro tiempo. Los comentarios están abiertos a la participación de los lectores de nuestra revista.
Últimas reseñas
Secciones
Archivo
Tendencias 21 (Madrid). ISSN 2174-6850







