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El deseo de sentido Juan Antonio Martínez de la Fe , 23/10/2026

Religión y espiritualidad en una sociedad secularizada


El deseo de sentido
Ficha Técnica

Título
: El deseo de sentido. Religión y espiritualidad en una sociedad secularizada
Autora: María del Mar Griera Llonch
Edita: Cristianisme i Justícia, Barcelona, 2026
Colección: Cuadernos
Traducción: Anna Barba Codina
Encuadernación: Tapa blanda
Número de páginas: 32
ISBN: 978-84-9730-579-2

El contenido de este cuaderno es el de una conferencia pronunciada por la autora en la inauguración del curso 2025-2026 de Cristianisme i Justícia; y es muy ilustrativo el subtítulo de la obra: religión y espiritualidad en una sociedad secularizada.

Como doctora en Sociología, Griera nos presenta un panorama a primera vista desconcertante: la impresión generalizada es que la religión cuenta cada vez menos en la sociedad, pero, sin embargo, no termina de retirarse del paisaje cultural. Y aduce varios ejemplos: el imaginario visual y sonoro de Rosalía, el éxito de grupos como Hakuna, la fuerza simbólica de la visita de León XIV, el interés por prácticas espirituales o el uso político de algunos símbolos religiosos.

De dónde partimos

“Venimos de un mundo que se pensó a sí mismo bajo el signo de la secularización”, nos dice Griera, porque la religión pierde centralidad, se retira al ámbito de lo privado: es una transformación social destacable, con un importante matiz asociado: modernizarse, progresar ha devenido casi en sinónimo de liberarse del peso de las tradiciones religiosas. En palabras de la autora, “ya no somos únicamente lo que hemos recibido, sino aquello que hacemos de nosotros mismos”. Y más adelante: “La identidad deja de ser un legado y se convierte en una tarea”.

Ahora no se trata tanto de creer o no creer, sino de elegir entre diversas maneras de creencia, de pertenecer a un determinado grupo y dar sentido a nuestra existencia. La pregunta por Dios, por ese sentido de nuestro existir, no desaparece: solo se ha marchitado el automatismo de la respuesta que ahora ha de ser creada o elegida entre varias opciones.

Dónde estamos

En primer lugar, se produce una cesura en el proceso de transmisión generacional, hay ruptura en el legado que se transmitía dentro del seno de la familia y en determinadas prácticas que marcaban los tiempos, siempre vinculadas al trasfondo religioso: fiestas, ritos, manifestaciones. Cierto es que algunos de aquellos ritos se mantienen, pero vaciados en gran medida del primigenio sentido vinculado a la religión: bautismo, honras fúnebres, …

A esto se añade “la crisis reputacional de la Iglesia”. La institución que amparaba y marcaba en gran medida la marcha de la sociedad ha dejado de gozar de una reputación y estima de la que antes disfrutaba; a lo que no es ajena la pederastia o determinadas posturas sociales, o ejemplos de los dignatarios eclesiales.

Pero es que, además, ha nacido un fuerte incremento de la pluralidad religiosa: la oferta en el mercado es amplia recorriendo un amplio abanico que va desde la variedad de iglesias que se presentan, determinadas prácticas espirituales que bordean el filo de lo religioso o, incluso, la ascensión de otras religiones hasta hace no mucho ajenas a nuestra práctica social.

La autora recurre a datos estadísticos arrojados por diferentes estudios; así, por ejemplo, ocurre con la juventud en la que su no creencia no supone necesariamente una ausencia de espiritualidad, sino que se aprecia una “recomposición muy plural de los lenguajes del sentido”. En cualquier caso, la autora concluye que nos encontramos ante un panorama que no puede resumirse “ni con el lenguaje de la desaparición ni con el del retorno”.

Qué es religión

Pero, cuando a lo largo del texto se habla de religión, ¿de qué se habla realmente? No hay una definición de religión que goce de un unánime reconocimiento. La religión como tal no existe, sino que es una útil creación de quienes estudian este fenómeno religioso y sus disciplinas afines.

Pero sí es de utilidad distinguir entre dos maneras de hablar de la religión: como una identidad cultural, de una parte, o como experiencia de trascendencia por otra. Hasta hace bien poco, ambos aspectos circulaban estrechamente unidos: “un mismo universo simbólico proporcionaba a la vez identidad y experiencia de trascendencia”. Pero esa unión casi siamésica ha decaído.

Como identidad cultural la religión queda guardada y defendida por las instituciones religiosas que procuran mantener la tradición; tradiciones que, pese a haberse debilitado son, sin embargo, socialmente significativas y, donde la fe ha enflaquecido, su función simbólica y de identidad cultural se sostiene con vigor.

Como experiencia de trascendencia ya abandona los campos de la pertenencia y de la identidad y comienza a adentrarse en ámbitos de diferente significación donde, por ejemplo, el mundo no se nos presenta únicamente como algo a ser gestionado, sino que nos afecta, nos escucha y hasta puede transformarnos. Mejor, las palabras de la autora: “La trascendencia no aparece necesariamente como un ‘más allá’ separado del mundo vivido, sino como una dimensión profunda de la realidad que se revela en la propia experiencia”.

Cuando se relacionan ambas dimensiones, la religión como identidad y la religión como experiencia, pueden darse cuatro perfiles diferentes: 1) Los creyentes devotos para quienes creer es formar parte de una institución y vivir una significativa relación con Dios. 2) Los espirituales fuera de la institución: buscan la interioridad, pero, a veces, al margen de las formas religiosas heredadas. 3) Aquellos que se sienten identificados con una determinada religión pero sin que ello suponga que acceda a sus prácticas rituales. 4) Los definidos clásicamente como ateos.

Acertadamente, María del Carmen Griera, concluye con estas palabras: “Tal vez nuestro problema no sea que el mundo se haya vuelto incomprensible, sino que seguimos interrogándolo con categorías demasiado rígidas: religión y secularidad, creyente y no creyente, tradición y emancipación”.

Un mundo en transformación

¿Qué condiciones sociales, culturales, afectivas, etc han hecho posible la transformación que comentamos? La autora plantea cinco grandes desplazamientos: 1) Globalización cultural y circulación masiva de bienes espirituales. 2) Aceleración y desarticulación del tiempo religioso. 3) El capitalismo emocional. 4) Crisis de las mediaciones y desinstitucionalización y autoridad de la experiencia y 5) La modernidad como gimnasio de crecimiento personal.

En el primer punto, reflexiona sobre cómo la globalización ha facilitado la circulación de prácticas, imaginarios y bienes espirituales de consumo masivo. Las personas tienden a hacer un mix personal de tradiciones religiosas a fin de construir itinerarios espirituales propios.

Por lo que respecta al segundo, su reflexión gira a cómo la vida acelerada que lleva la actual sociedad genera la dificultad de mantener hábitos y temporalidades a largo plazo; hasta hace bien poco, la religión ordenaba de alguna manera el tiempo, acorde con el calendario litúrgico. Hoy parece primar la experiencia efímera, aunque intensa, que no exija una continuidad estable.

El capitalismo no solo organiza el mercado y las formas de consumo, sino que, también, genera lenguajes afectivos que ordenan la vida social. Como consecuencia, existe una presión social para parecer felices y la religión corre el peligro de reducirse a una técnica más de gestión del sujeto.

En cuanto al cuarto punto, la autora constata la cada vez mayor dificultad para aceptar una verdad que solo esté avalada por una tradición o autoridad externa: “La fe, para resultar significativa, debe ser experimentada, sentida y verificada en primera persona”. Con lo cual, la doctrina religiosa se convierte en una experiencia interiormente aceptada.

Finalmente, el último apartado explica cómo la exigencia de transformación de la modernidad tardía transforma los grandes marcos religiosos para convertirse en un mandato social. No se trata de solo creer, sino de convertirse en algo diferente.

Concluyendo

El texto comentado, entre otras muchas, tiene una gran virtud: la de ofrecer de manera ordenada una visión sobre la religiosidad, entendida como búsqueda de sentido, en el mundo actual.

Y lo hace desde un punto de vista antropológico y social, con un lenguaje exento de ornamentaciones poco útiles: muy al contrario, directo, sencillo y totalmente asequible. Con una metodología expositiva muy pedagógica, con lo que, al finalizar su lectura, se tiene una imagen nítida de la religiosidad, la espiritualidad, la búsqueda de sentido en el mundo actual tan sujeto a profundos cambios.

Como bien resume la autora, “en la actualidad, la demanda de sentido no se ha extinguido. Lo que se ha multiplicado es la dificultad para darle forma”. Por lo que permanece en pie la pregunta de cómo busca sentido una sociedad que ha dejado de lado las “grandes continuidades simbólicas” pero que sigue estando necesitada de una orientación.

Índice

Introducción
¿De dónde venimos? Claves para pensar el cambio de época
¿Dónde estamos? Radiografía de un proceso de transformación
¿De qué hablamos cuando hablamos de religión?
¿Qué ha cambiado? Un mundo en transformación
Conclusión: la búsqueda de sentido en un mundo convulso









El deseo de sentido
Notas sobre la autora

María del Mar Griera Llonch es catedrática en Sociología de la Religión y directora del grupo ISOR - Investigaciones en Sociología de la Religión, en la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha recibido múltiples reconocimientos por sus investigaciones en el ámbito de la sociología, la diversidad religiosa y las nuevas formas de espiritualidad. Forma parte del Consejo Asesor para la Diversidad Religiosa de la Generalitat de Catalunya.

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23/10/2026 Comentarios