Reseñas
El deseo de sentido
Juan Antonio Martínez de la Fe , 23/10/2026
Religión y espiritualidad en una sociedad secularizada
Ficha Técnica
Título: El deseo de sentido. Religión y espiritualidad en una sociedad secularizada
Autora: María del Mar Griera Llonch
Edita: Cristianisme i Justícia, Barcelona, 2026
Colección: Cuadernos
Traducción: Anna Barba Codina
Encuadernación: Tapa blanda
Número de páginas: 32
ISBN: 978-84-9730-579-2
El contenido de este cuaderno es el de una conferencia pronunciada por la autora en la inauguración del curso 2025-2026 de Cristianisme i Justícia; y es muy ilustrativo el subtítulo de la obra: religión y espiritualidad en una sociedad secularizada.
Como doctora en Sociología, Griera nos presenta un panorama a primera vista desconcertante: la impresión generalizada es que la religión cuenta cada vez menos en la sociedad, pero, sin embargo, no termina de retirarse del paisaje cultural. Y aduce varios ejemplos: el imaginario visual y sonoro de Rosalía, el éxito de grupos como Hakuna, la fuerza simbólica de la visita de León XIV, el interés por prácticas espirituales o el uso político de algunos símbolos religiosos.
De dónde partimos
“Venimos de un mundo que se pensó a sí mismo bajo el signo de la secularización”, nos dice Griera, porque la religión pierde centralidad, se retira al ámbito de lo privado: es una transformación social destacable, con un importante matiz asociado: modernizarse, progresar ha devenido casi en sinónimo de liberarse del peso de las tradiciones religiosas. En palabras de la autora, “ya no somos únicamente lo que hemos recibido, sino aquello que hacemos de nosotros mismos”. Y más adelante: “La identidad deja de ser un legado y se convierte en una tarea”.
Ahora no se trata tanto de creer o no creer, sino de elegir entre diversas maneras de creencia, de pertenecer a un determinado grupo y dar sentido a nuestra existencia. La pregunta por Dios, por ese sentido de nuestro existir, no desaparece: solo se ha marchitado el automatismo de la respuesta que ahora ha de ser creada o elegida entre varias opciones.
Dónde estamos
En primer lugar, se produce una cesura en el proceso de transmisión generacional, hay ruptura en el legado que se transmitía dentro del seno de la familia y en determinadas prácticas que marcaban los tiempos, siempre vinculadas al trasfondo religioso: fiestas, ritos, manifestaciones. Cierto es que algunos de aquellos ritos se mantienen, pero vaciados en gran medida del primigenio sentido vinculado a la religión: bautismo, honras fúnebres, …
A esto se añade “la crisis reputacional de la Iglesia”. La institución que amparaba y marcaba en gran medida la marcha de la sociedad ha dejado de gozar de una reputación y estima de la que antes disfrutaba; a lo que no es ajena la pederastia o determinadas posturas sociales, o ejemplos de los dignatarios eclesiales.
Pero es que, además, ha nacido un fuerte incremento de la pluralidad religiosa: la oferta en el mercado es amplia recorriendo un amplio abanico que va desde la variedad de iglesias que se presentan, determinadas prácticas espirituales que bordean el filo de lo religioso o, incluso, la ascensión de otras religiones hasta hace no mucho ajenas a nuestra práctica social.
La autora recurre a datos estadísticos arrojados por diferentes estudios; así, por ejemplo, ocurre con la juventud en la que su no creencia no supone necesariamente una ausencia de espiritualidad, sino que se aprecia una “recomposición muy plural de los lenguajes del sentido”. En cualquier caso, la autora concluye que nos encontramos ante un panorama que no puede resumirse “ni con el lenguaje de la desaparición ni con el del retorno”.
Qué es religión
Pero, cuando a lo largo del texto se habla de religión, ¿de qué se habla realmente? No hay una definición de religión que goce de un unánime reconocimiento. La religión como tal no existe, sino que es una útil creación de quienes estudian este fenómeno religioso y sus disciplinas afines.
Pero sí es de utilidad distinguir entre dos maneras de hablar de la religión: como una identidad cultural, de una parte, o como experiencia de trascendencia por otra. Hasta hace bien poco, ambos aspectos circulaban estrechamente unidos: “un mismo universo simbólico proporcionaba a la vez identidad y experiencia de trascendencia”. Pero esa unión casi siamésica ha decaído.
Como identidad cultural la religión queda guardada y defendida por las instituciones religiosas que procuran mantener la tradición; tradiciones que, pese a haberse debilitado son, sin embargo, socialmente significativas y, donde la fe ha enflaquecido, su función simbólica y de identidad cultural se sostiene con vigor.
Como experiencia de trascendencia ya abandona los campos de la pertenencia y de la identidad y comienza a adentrarse en ámbitos de diferente significación donde, por ejemplo, el mundo no se nos presenta únicamente como algo a ser gestionado, sino que nos afecta, nos escucha y hasta puede transformarnos. Mejor, las palabras de la autora: “La trascendencia no aparece necesariamente como un ‘más allá’ separado del mundo vivido, sino como una dimensión profunda de la realidad que se revela en la propia experiencia”.
Cuando se relacionan ambas dimensiones, la religión como identidad y la religión como experiencia, pueden darse cuatro perfiles diferentes: 1) Los creyentes devotos para quienes creer es formar parte de una institución y vivir una significativa relación con Dios. 2) Los espirituales fuera de la institución: buscan la interioridad, pero, a veces, al margen de las formas religiosas heredadas. 3) Aquellos que se sienten identificados con una determinada religión pero sin que ello suponga que acceda a sus prácticas rituales. 4) Los definidos clásicamente como ateos.
Acertadamente, María del Carmen Griera, concluye con estas palabras: “Tal vez nuestro problema no sea que el mundo se haya vuelto incomprensible, sino que seguimos interrogándolo con categorías demasiado rígidas: religión y secularidad, creyente y no creyente, tradición y emancipación”.
Un mundo en transformación
¿Qué condiciones sociales, culturales, afectivas, etc han hecho posible la transformación que comentamos? La autora plantea cinco grandes desplazamientos: 1) Globalización cultural y circulación masiva de bienes espirituales. 2) Aceleración y desarticulación del tiempo religioso. 3) El capitalismo emocional. 4) Crisis de las mediaciones y desinstitucionalización y autoridad de la experiencia y 5) La modernidad como gimnasio de crecimiento personal.
En el primer punto, reflexiona sobre cómo la globalización ha facilitado la circulación de prácticas, imaginarios y bienes espirituales de consumo masivo. Las personas tienden a hacer un mix personal de tradiciones religiosas a fin de construir itinerarios espirituales propios.
Por lo que respecta al segundo, su reflexión gira a cómo la vida acelerada que lleva la actual sociedad genera la dificultad de mantener hábitos y temporalidades a largo plazo; hasta hace bien poco, la religión ordenaba de alguna manera el tiempo, acorde con el calendario litúrgico. Hoy parece primar la experiencia efímera, aunque intensa, que no exija una continuidad estable.
El capitalismo no solo organiza el mercado y las formas de consumo, sino que, también, genera lenguajes afectivos que ordenan la vida social. Como consecuencia, existe una presión social para parecer felices y la religión corre el peligro de reducirse a una técnica más de gestión del sujeto.
En cuanto al cuarto punto, la autora constata la cada vez mayor dificultad para aceptar una verdad que solo esté avalada por una tradición o autoridad externa: “La fe, para resultar significativa, debe ser experimentada, sentida y verificada en primera persona”. Con lo cual, la doctrina religiosa se convierte en una experiencia interiormente aceptada.
Finalmente, el último apartado explica cómo la exigencia de transformación de la modernidad tardía transforma los grandes marcos religiosos para convertirse en un mandato social. No se trata de solo creer, sino de convertirse en algo diferente.
Concluyendo
El texto comentado, entre otras muchas, tiene una gran virtud: la de ofrecer de manera ordenada una visión sobre la religiosidad, entendida como búsqueda de sentido, en el mundo actual.
Y lo hace desde un punto de vista antropológico y social, con un lenguaje exento de ornamentaciones poco útiles: muy al contrario, directo, sencillo y totalmente asequible. Con una metodología expositiva muy pedagógica, con lo que, al finalizar su lectura, se tiene una imagen nítida de la religiosidad, la espiritualidad, la búsqueda de sentido en el mundo actual tan sujeto a profundos cambios.
Como bien resume la autora, “en la actualidad, la demanda de sentido no se ha extinguido. Lo que se ha multiplicado es la dificultad para darle forma”. Por lo que permanece en pie la pregunta de cómo busca sentido una sociedad que ha dejado de lado las “grandes continuidades simbólicas” pero que sigue estando necesitada de una orientación.
Índice
Introducción
¿De dónde venimos? Claves para pensar el cambio de época
¿Dónde estamos? Radiografía de un proceso de transformación
¿De qué hablamos cuando hablamos de religión?
¿Qué ha cambiado? Un mundo en transformación
Conclusión: la búsqueda de sentido en un mundo convulso
Título: El deseo de sentido. Religión y espiritualidad en una sociedad secularizada
Autora: María del Mar Griera Llonch
Edita: Cristianisme i Justícia, Barcelona, 2026
Colección: Cuadernos
Traducción: Anna Barba Codina
Encuadernación: Tapa blanda
Número de páginas: 32
ISBN: 978-84-9730-579-2
El contenido de este cuaderno es el de una conferencia pronunciada por la autora en la inauguración del curso 2025-2026 de Cristianisme i Justícia; y es muy ilustrativo el subtítulo de la obra: religión y espiritualidad en una sociedad secularizada.
Como doctora en Sociología, Griera nos presenta un panorama a primera vista desconcertante: la impresión generalizada es que la religión cuenta cada vez menos en la sociedad, pero, sin embargo, no termina de retirarse del paisaje cultural. Y aduce varios ejemplos: el imaginario visual y sonoro de Rosalía, el éxito de grupos como Hakuna, la fuerza simbólica de la visita de León XIV, el interés por prácticas espirituales o el uso político de algunos símbolos religiosos.
De dónde partimos
“Venimos de un mundo que se pensó a sí mismo bajo el signo de la secularización”, nos dice Griera, porque la religión pierde centralidad, se retira al ámbito de lo privado: es una transformación social destacable, con un importante matiz asociado: modernizarse, progresar ha devenido casi en sinónimo de liberarse del peso de las tradiciones religiosas. En palabras de la autora, “ya no somos únicamente lo que hemos recibido, sino aquello que hacemos de nosotros mismos”. Y más adelante: “La identidad deja de ser un legado y se convierte en una tarea”.
Ahora no se trata tanto de creer o no creer, sino de elegir entre diversas maneras de creencia, de pertenecer a un determinado grupo y dar sentido a nuestra existencia. La pregunta por Dios, por ese sentido de nuestro existir, no desaparece: solo se ha marchitado el automatismo de la respuesta que ahora ha de ser creada o elegida entre varias opciones.
Dónde estamos
En primer lugar, se produce una cesura en el proceso de transmisión generacional, hay ruptura en el legado que se transmitía dentro del seno de la familia y en determinadas prácticas que marcaban los tiempos, siempre vinculadas al trasfondo religioso: fiestas, ritos, manifestaciones. Cierto es que algunos de aquellos ritos se mantienen, pero vaciados en gran medida del primigenio sentido vinculado a la religión: bautismo, honras fúnebres, …
A esto se añade “la crisis reputacional de la Iglesia”. La institución que amparaba y marcaba en gran medida la marcha de la sociedad ha dejado de gozar de una reputación y estima de la que antes disfrutaba; a lo que no es ajena la pederastia o determinadas posturas sociales, o ejemplos de los dignatarios eclesiales.
Pero es que, además, ha nacido un fuerte incremento de la pluralidad religiosa: la oferta en el mercado es amplia recorriendo un amplio abanico que va desde la variedad de iglesias que se presentan, determinadas prácticas espirituales que bordean el filo de lo religioso o, incluso, la ascensión de otras religiones hasta hace no mucho ajenas a nuestra práctica social.
La autora recurre a datos estadísticos arrojados por diferentes estudios; así, por ejemplo, ocurre con la juventud en la que su no creencia no supone necesariamente una ausencia de espiritualidad, sino que se aprecia una “recomposición muy plural de los lenguajes del sentido”. En cualquier caso, la autora concluye que nos encontramos ante un panorama que no puede resumirse “ni con el lenguaje de la desaparición ni con el del retorno”.
Qué es religión
Pero, cuando a lo largo del texto se habla de religión, ¿de qué se habla realmente? No hay una definición de religión que goce de un unánime reconocimiento. La religión como tal no existe, sino que es una útil creación de quienes estudian este fenómeno religioso y sus disciplinas afines.
Pero sí es de utilidad distinguir entre dos maneras de hablar de la religión: como una identidad cultural, de una parte, o como experiencia de trascendencia por otra. Hasta hace bien poco, ambos aspectos circulaban estrechamente unidos: “un mismo universo simbólico proporcionaba a la vez identidad y experiencia de trascendencia”. Pero esa unión casi siamésica ha decaído.
Como identidad cultural la religión queda guardada y defendida por las instituciones religiosas que procuran mantener la tradición; tradiciones que, pese a haberse debilitado son, sin embargo, socialmente significativas y, donde la fe ha enflaquecido, su función simbólica y de identidad cultural se sostiene con vigor.
Como experiencia de trascendencia ya abandona los campos de la pertenencia y de la identidad y comienza a adentrarse en ámbitos de diferente significación donde, por ejemplo, el mundo no se nos presenta únicamente como algo a ser gestionado, sino que nos afecta, nos escucha y hasta puede transformarnos. Mejor, las palabras de la autora: “La trascendencia no aparece necesariamente como un ‘más allá’ separado del mundo vivido, sino como una dimensión profunda de la realidad que se revela en la propia experiencia”.
Cuando se relacionan ambas dimensiones, la religión como identidad y la religión como experiencia, pueden darse cuatro perfiles diferentes: 1) Los creyentes devotos para quienes creer es formar parte de una institución y vivir una significativa relación con Dios. 2) Los espirituales fuera de la institución: buscan la interioridad, pero, a veces, al margen de las formas religiosas heredadas. 3) Aquellos que se sienten identificados con una determinada religión pero sin que ello suponga que acceda a sus prácticas rituales. 4) Los definidos clásicamente como ateos.
Acertadamente, María del Carmen Griera, concluye con estas palabras: “Tal vez nuestro problema no sea que el mundo se haya vuelto incomprensible, sino que seguimos interrogándolo con categorías demasiado rígidas: religión y secularidad, creyente y no creyente, tradición y emancipación”.
Un mundo en transformación
¿Qué condiciones sociales, culturales, afectivas, etc han hecho posible la transformación que comentamos? La autora plantea cinco grandes desplazamientos: 1) Globalización cultural y circulación masiva de bienes espirituales. 2) Aceleración y desarticulación del tiempo religioso. 3) El capitalismo emocional. 4) Crisis de las mediaciones y desinstitucionalización y autoridad de la experiencia y 5) La modernidad como gimnasio de crecimiento personal.
En el primer punto, reflexiona sobre cómo la globalización ha facilitado la circulación de prácticas, imaginarios y bienes espirituales de consumo masivo. Las personas tienden a hacer un mix personal de tradiciones religiosas a fin de construir itinerarios espirituales propios.
Por lo que respecta al segundo, su reflexión gira a cómo la vida acelerada que lleva la actual sociedad genera la dificultad de mantener hábitos y temporalidades a largo plazo; hasta hace bien poco, la religión ordenaba de alguna manera el tiempo, acorde con el calendario litúrgico. Hoy parece primar la experiencia efímera, aunque intensa, que no exija una continuidad estable.
El capitalismo no solo organiza el mercado y las formas de consumo, sino que, también, genera lenguajes afectivos que ordenan la vida social. Como consecuencia, existe una presión social para parecer felices y la religión corre el peligro de reducirse a una técnica más de gestión del sujeto.
En cuanto al cuarto punto, la autora constata la cada vez mayor dificultad para aceptar una verdad que solo esté avalada por una tradición o autoridad externa: “La fe, para resultar significativa, debe ser experimentada, sentida y verificada en primera persona”. Con lo cual, la doctrina religiosa se convierte en una experiencia interiormente aceptada.
Finalmente, el último apartado explica cómo la exigencia de transformación de la modernidad tardía transforma los grandes marcos religiosos para convertirse en un mandato social. No se trata de solo creer, sino de convertirse en algo diferente.
Concluyendo
El texto comentado, entre otras muchas, tiene una gran virtud: la de ofrecer de manera ordenada una visión sobre la religiosidad, entendida como búsqueda de sentido, en el mundo actual.
Y lo hace desde un punto de vista antropológico y social, con un lenguaje exento de ornamentaciones poco útiles: muy al contrario, directo, sencillo y totalmente asequible. Con una metodología expositiva muy pedagógica, con lo que, al finalizar su lectura, se tiene una imagen nítida de la religiosidad, la espiritualidad, la búsqueda de sentido en el mundo actual tan sujeto a profundos cambios.
Como bien resume la autora, “en la actualidad, la demanda de sentido no se ha extinguido. Lo que se ha multiplicado es la dificultad para darle forma”. Por lo que permanece en pie la pregunta de cómo busca sentido una sociedad que ha dejado de lado las “grandes continuidades simbólicas” pero que sigue estando necesitada de una orientación.
Índice
Introducción
¿De dónde venimos? Claves para pensar el cambio de época
¿Dónde estamos? Radiografía de un proceso de transformación
¿De qué hablamos cuando hablamos de religión?
¿Qué ha cambiado? Un mundo en transformación
Conclusión: la búsqueda de sentido en un mundo convulso
Reseñas
El alma del mundo
Juan Antonio Martínez de la Fe , 12/10/2026
Ficha Técnica
Título: El alma del mundo
Autor: Roger Scruton
Edita: Ediciones Rialp, Madrid, 2025, 3ª edición
Colección: Pensamiento Actual
Traducción: Rafael Serrano
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 306
ISBN: 978-84-321-7190-1
Precio: 24 euros
El que este libro de Roger Scruton alcance tres ediciones en el lapso de unos pocos años es señal incontestable del interés que ha despertado; indudablemente, por su contenido y planteamientos pero, también, por la propia destacada capacidad intelectual del autor.
Lo que no significa que haya unanimidad en su valoración positiva; autores destacados manifiestan sus debilidades que, desde luego, no carecen de fundamento: muy al contrario, son muy acertadas.
El objetivo perseguido por el autor queda claro en sus propias palabras: “He intentado mostrar que la intencionalidad desbordante de las respuestas interpersonales nos ofrece significados que trascienden el ámbito de cualquier ciencia natural”. Y más adelante: “Mi intención ha sido introducir al lector en dos ideas fundamentales: primera, que la intencionalidad yo-tú se proyecta más allá del límite del mundo natural; y segunda, que así revela nuestra necesidad religiosa”.
La Introducción
Rafael Serrano firma la introducción a la edición española. Una Introducción que merece una atenta lectura ya que se erige como una vía, una senda, para entrar en condiciones en las más de trescientas páginas del libro.
En primer lugar, nos sitúa ante la biografía de Scruton, perfilando su recorrido intelectual que desemboca en los planteamientos de El alma del mundo. Lo define, certeramente, como un especialista en el ámbito de la estética; en este caso, “la percepción estética es una vía de acceso a lo específico del ser humano, al que no basta con tener las necesidades materiales satisfechas, y le resultan imprescindibles cosas que son biológicamente superfluas”.
Especifica, también, que Scruton se inscribe dentro del conservadurismo, un conservadurismo cuya esencia es pedir atención y apertura al cambio, pero desconfiando de las novedades impuestas “en nombre de ideas abstractas”; en definitiva, la ciencia explica el qué y cómo de muchos aspectos del mundo, pero no agota todo lo que significa vivir en él.
Gran melómano es Scruton. Y se nota. Aparte de diferentes pinceladas alusivas al arte musical, elabora todo un capítulo en que aduce composiciones y compositores clásicos para argumentar y, sobre todo, elucidar el significado de sus propios planteamientos.
Más allá del evolucionismo: el dualismo cognitivo
El libro puede parecer que pretende tratar de religión; es cierto que el tema subyace a lo largo de sus páginas, pero no es exclusivamente un tratado sobre ella. No pretende defender ningún credo; pero, basándose en los razonamientos que expone en los primeros capítulos, argumenta que las explicaciones científicas, siendo plenamente válidas, no lo captan todo; y si niegan valor a la religión, dejan igualmente, sin sentido “a la música, anula las matemáticas, torna inexplicables las relaciones interpersonales.
Así pues, el núcleo de su tesis es el dualismo cognitivo, según el cual, el mundo, la realidad, el hombre no son solo accesibles por la ciencia, por la explicación; también existe una segunda vía para conocerlos: la comprensión. Son, en definitiva, dos perspectivas para considerar la misma realidad, aunque no llegan a aclarar la cuestión ontológica: son solo dos perspectivas, un dualismo cognitivo. Lo que lleva a la conclusión de que si la ciencia empírica no detecta en la naturaleza ningún vestigio de realidades como, por ejemplo, dios, eso no basta, no es suficiente ni razón para negarlo.
En las primeras páginas, trata de superar las teorías que reducen toda la actividad humana a unas estrategias reproductivas de nuestros genes, por lo que la religión no pasaría de ser una adaptación como cualquier otra en la línea evolutiva humana. Scruton lo deja claro: “uno de mis objetivos es indicar que las explicaciones funcionales de tipo evolucionista no afectan al contenido de nuestras creencias y emociones religiosas”. Y lo argumenta detalladamente, deteniéndose en que las explicaciones evolucionistas no pueden atender al orden interno de nuestros estados mentales; como ejemplo, se decanta por poner en cuestión las teorías que definen el altruismo como una estrategia evolutiva estable.
Defiende que la religión tiene otra función además de la que pueda ofrecer la teoría evolutiva sobre su papel: tiene además la función, la finalidad, de mantener la vida de la persona.
Hay que definir el concepto de persona; aquí, en esencia, podemos decir que Scruton propone que, por supuesto, las personas son objetos, pero también sujetos: “una persona es para nosotros un alguien, no solo un algo”. Y, lo que es más importante, estamos rodeados de otras personas que, a su vez, son objeto y sujeto a las que nos abrimos.
Y aparece en escena, de nuevo, el dualismo cognitivo: “el mundo se puede entender de dos maneras: la de la ciencia y la del entendimiento interpersonal”. Aplica varios ejemplos, destacando su condición de melómano: para la ciencia, una pieza maestra de un clásico es una secuencia de sonidos, de vibraciones; pero eso no es la música. Igual acontece con una obra pictórica: para la ciencia es un conjunto de pigmentos, pero eso no es el cuadro que nos admira y conmueve.
El cerebro
Evidentemente, no se puede soslayar la intervención del cerebro en todo lo relacionado con el ser humano. A este aspecto dedica Scruton un amplio capítulo de la obra, deteniéndose, especialmente, en aquello que más caracteriza la actividad cerebral: la conciencia y, más específicamente, la autoconciencia. Ya de entrada, enfrenta la cuestión con la evolución: “La psicología evolutiva nos dice que miremos el cerebro como el resultado de la adaptación. Para entender qué hace el cerebro hemos de preguntar qué ventaja competitiva obtendrían los genes de su poseedor haciendo ‘esto’ en el entorno original en que se formó nuestra especie”.
Por supuesto: no niega que el autoconocimiento tenga una cierta explicación neurológica; pero no se trata de una explicación completa, como desarrolla seguidamente, abordando aspectos tales como el altruismo o la libertad.
Y si llegamos a la conclusión de que nuestra autocomprensión como personas no puede ser sustituida por ninguna ciencia natural del ser humano, no podremos sustituir nuestro modo de entendernos unos a otros con una ciencia del cerebro humano, por muy exhaustiva que sea. Premisa para abordar asuntos como el derecho, la justicia o la forma de relacionarnos como seres humanos.
Lo expresa muy bien el autor: “las personas son objetos en el mundo de los objetos. Pero nos dirigimos a ellas como sujetos, cada una con su peculiar perspectiva del mundo y cada una dirigiéndose al mundo desde su propio horizonte”. Cuestión que aprovecha para hablarnos de las manifestaciones externas del yo, como son las expresiones de nuestro rostro, la atracción sexual, etc.
Especial importancia da el autor, como buen melómano, a la música, a la que dedica un extenso capítulo de la obra. Un capítulo cuya comprensión requiere un vasto conocimiento de las composiciones de los clásicos y de la lectura de partituras musicales para alcanzar el pleno conocimiento de lo que Scruton pretende compartir.
El salto que da Scruton para llegar a Dios desde todo el desarrollo de la obra, se encuentra en el último capítulo, culminación y corona de todo el estudio. Aquí, insiste en su argumentación básica sobre el dualismo cognitivo: el mundo se puede enfocar de dos modos; el de la explicación que busca clases naturales, conexiones causales y leyes universales de una parte y, de otra el modo de comprensión que, en definitiva, es una demanda de razones y significados.
Concluyendo
Nos encontramos ante una obra de, quizás, no fácil lectura, pero que no resta un ápice del interés que suscitan los temas que aborda y la manera de hacerlo.
Es especialmente interesante su planteamiento del dualismo cognitivo. Encierra una crítica al cientificismo que pretende explicar todo desde una visión cuasi exclusivamente materialista. Es claro: saber cómo funciona algo no supone que comprenda todo lo que significa. Sus ejemplos sobre la música y la pintura son contundentes: un conjunto de notas o los píxeles de una pintura no agotan las sensaciones que despiertan en nosotros una sinfonía o un lienzo. Cuestión aparte es si es válida la extrapolación a otros asuntos como es el caso de la existencia de Dios o la religión.
Otro aspecto sugestivo de este libro es mostrar cómo la música, la pintura, la arquitectura, el arte, las relaciones personales son indicios de que cualquier ser humano busca trascender la mera utilidad. ¿Es la belleza algo únicamente agradable a nuestros sentidos? Scruton defiende que no se limita a ese bienestar que produce, sino que encierra algo más profundo que escapa a nuestras pobres maneras de expresarlo. Lo que, indefectiblemente, nos lleva a la dignidad de la persona humana que defiende el autor.
Ya se ha apuntado: pese a las vías atractivas y razonablemente argumentadas que manifiesta Scruton, no resultan pruebas concluyentes, algo que es de esperar, puesto que siglos de discurrir filosófico no han logrado aportarlas.
Índice
PREFACIO
INTRODUCCIÓN A LA EDICIÓN ESPAÑOLA, por Rafael Serrano
1. CREER EN DIOS
Religión y psicología evolutiva
Puntos de vista internos y externos
Naturalismo
La presencia real
Religión y magia
La religión y lo sagrado
Pensamiento sobre Girard
Epistemología de lo sagrado
Confrontación con el escéptico
2. EN BUSCA DE PERSONAS
El concepto de persona
Entender y explicar
Dualismo cognitivo
Qualia
Intencionalidad
Más dualismo cognitivo
3. UNA MIRADA AL CEREBRO
Sobredeterminación
La idea de información
La falacia mereológica
En primera persona
Aún más dualismo cognitivo
Sujeto y objeto
Intencionalidad desbordante
4. LA PRIMERA PERSONA DEL PLURAL
El orden de la alianza
El cálculo de derechos
Inflación de derechos
La fundamentación de los derechos
Justicia y libertad
Obligaciones no contractuales
Más allá de la alianza
5. DE CARA UNOS A OTROS
Sonreír, mirar, besar, sonrojarse
Enmascarar el yo
Desear al individuo
El mito de los orígenes
Hegel, la dialéctica y la autoconciencia
Libertad
6. DE CARA A LA TIERRA
El asentamiento y la ciudad
El templo
Otro mito de los orígenes
Colofón imaginada
La calle y el libro de patrones
El mundo caído
Belleza y asentamiento
7. EL ESPACIO SAGRADO DE LA MÚSICA
Cientificismo y entendimiento humano
Entender la música
El espacio de la música
Cultura musical
Cultura de masas y adicción
El sentido del silencio
El significado de la música
Significado y metáfora
Significado y comprensión
Bailar con la música
Sobre nada
Música y moral
8. BUSCANDO A DIOS
El orden de la creación
Muerte y sacrificio
Dar y perdonar
Dualismo cognitivo y creencia religiosa
La existencia de Dios
La naturaleza de la religión
Muerte y trascendencia
ÍNDICE ANALÍTICO
ÍNDICE ONOMÁSTICO
Título: El alma del mundo
Autor: Roger Scruton
Edita: Ediciones Rialp, Madrid, 2025, 3ª edición
Colección: Pensamiento Actual
Traducción: Rafael Serrano
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 306
ISBN: 978-84-321-7190-1
Precio: 24 euros
El que este libro de Roger Scruton alcance tres ediciones en el lapso de unos pocos años es señal incontestable del interés que ha despertado; indudablemente, por su contenido y planteamientos pero, también, por la propia destacada capacidad intelectual del autor.
Lo que no significa que haya unanimidad en su valoración positiva; autores destacados manifiestan sus debilidades que, desde luego, no carecen de fundamento: muy al contrario, son muy acertadas.
El objetivo perseguido por el autor queda claro en sus propias palabras: “He intentado mostrar que la intencionalidad desbordante de las respuestas interpersonales nos ofrece significados que trascienden el ámbito de cualquier ciencia natural”. Y más adelante: “Mi intención ha sido introducir al lector en dos ideas fundamentales: primera, que la intencionalidad yo-tú se proyecta más allá del límite del mundo natural; y segunda, que así revela nuestra necesidad religiosa”.
La Introducción
Rafael Serrano firma la introducción a la edición española. Una Introducción que merece una atenta lectura ya que se erige como una vía, una senda, para entrar en condiciones en las más de trescientas páginas del libro.
En primer lugar, nos sitúa ante la biografía de Scruton, perfilando su recorrido intelectual que desemboca en los planteamientos de El alma del mundo. Lo define, certeramente, como un especialista en el ámbito de la estética; en este caso, “la percepción estética es una vía de acceso a lo específico del ser humano, al que no basta con tener las necesidades materiales satisfechas, y le resultan imprescindibles cosas que son biológicamente superfluas”.
Especifica, también, que Scruton se inscribe dentro del conservadurismo, un conservadurismo cuya esencia es pedir atención y apertura al cambio, pero desconfiando de las novedades impuestas “en nombre de ideas abstractas”; en definitiva, la ciencia explica el qué y cómo de muchos aspectos del mundo, pero no agota todo lo que significa vivir en él.
Gran melómano es Scruton. Y se nota. Aparte de diferentes pinceladas alusivas al arte musical, elabora todo un capítulo en que aduce composiciones y compositores clásicos para argumentar y, sobre todo, elucidar el significado de sus propios planteamientos.
Más allá del evolucionismo: el dualismo cognitivo
El libro puede parecer que pretende tratar de religión; es cierto que el tema subyace a lo largo de sus páginas, pero no es exclusivamente un tratado sobre ella. No pretende defender ningún credo; pero, basándose en los razonamientos que expone en los primeros capítulos, argumenta que las explicaciones científicas, siendo plenamente válidas, no lo captan todo; y si niegan valor a la religión, dejan igualmente, sin sentido “a la música, anula las matemáticas, torna inexplicables las relaciones interpersonales.
Así pues, el núcleo de su tesis es el dualismo cognitivo, según el cual, el mundo, la realidad, el hombre no son solo accesibles por la ciencia, por la explicación; también existe una segunda vía para conocerlos: la comprensión. Son, en definitiva, dos perspectivas para considerar la misma realidad, aunque no llegan a aclarar la cuestión ontológica: son solo dos perspectivas, un dualismo cognitivo. Lo que lleva a la conclusión de que si la ciencia empírica no detecta en la naturaleza ningún vestigio de realidades como, por ejemplo, dios, eso no basta, no es suficiente ni razón para negarlo.
En las primeras páginas, trata de superar las teorías que reducen toda la actividad humana a unas estrategias reproductivas de nuestros genes, por lo que la religión no pasaría de ser una adaptación como cualquier otra en la línea evolutiva humana. Scruton lo deja claro: “uno de mis objetivos es indicar que las explicaciones funcionales de tipo evolucionista no afectan al contenido de nuestras creencias y emociones religiosas”. Y lo argumenta detalladamente, deteniéndose en que las explicaciones evolucionistas no pueden atender al orden interno de nuestros estados mentales; como ejemplo, se decanta por poner en cuestión las teorías que definen el altruismo como una estrategia evolutiva estable.
Defiende que la religión tiene otra función además de la que pueda ofrecer la teoría evolutiva sobre su papel: tiene además la función, la finalidad, de mantener la vida de la persona.
Hay que definir el concepto de persona; aquí, en esencia, podemos decir que Scruton propone que, por supuesto, las personas son objetos, pero también sujetos: “una persona es para nosotros un alguien, no solo un algo”. Y, lo que es más importante, estamos rodeados de otras personas que, a su vez, son objeto y sujeto a las que nos abrimos.
Y aparece en escena, de nuevo, el dualismo cognitivo: “el mundo se puede entender de dos maneras: la de la ciencia y la del entendimiento interpersonal”. Aplica varios ejemplos, destacando su condición de melómano: para la ciencia, una pieza maestra de un clásico es una secuencia de sonidos, de vibraciones; pero eso no es la música. Igual acontece con una obra pictórica: para la ciencia es un conjunto de pigmentos, pero eso no es el cuadro que nos admira y conmueve.
El cerebro
Evidentemente, no se puede soslayar la intervención del cerebro en todo lo relacionado con el ser humano. A este aspecto dedica Scruton un amplio capítulo de la obra, deteniéndose, especialmente, en aquello que más caracteriza la actividad cerebral: la conciencia y, más específicamente, la autoconciencia. Ya de entrada, enfrenta la cuestión con la evolución: “La psicología evolutiva nos dice que miremos el cerebro como el resultado de la adaptación. Para entender qué hace el cerebro hemos de preguntar qué ventaja competitiva obtendrían los genes de su poseedor haciendo ‘esto’ en el entorno original en que se formó nuestra especie”.
Por supuesto: no niega que el autoconocimiento tenga una cierta explicación neurológica; pero no se trata de una explicación completa, como desarrolla seguidamente, abordando aspectos tales como el altruismo o la libertad.
Y si llegamos a la conclusión de que nuestra autocomprensión como personas no puede ser sustituida por ninguna ciencia natural del ser humano, no podremos sustituir nuestro modo de entendernos unos a otros con una ciencia del cerebro humano, por muy exhaustiva que sea. Premisa para abordar asuntos como el derecho, la justicia o la forma de relacionarnos como seres humanos.
Lo expresa muy bien el autor: “las personas son objetos en el mundo de los objetos. Pero nos dirigimos a ellas como sujetos, cada una con su peculiar perspectiva del mundo y cada una dirigiéndose al mundo desde su propio horizonte”. Cuestión que aprovecha para hablarnos de las manifestaciones externas del yo, como son las expresiones de nuestro rostro, la atracción sexual, etc.
Especial importancia da el autor, como buen melómano, a la música, a la que dedica un extenso capítulo de la obra. Un capítulo cuya comprensión requiere un vasto conocimiento de las composiciones de los clásicos y de la lectura de partituras musicales para alcanzar el pleno conocimiento de lo que Scruton pretende compartir.
El salto que da Scruton para llegar a Dios desde todo el desarrollo de la obra, se encuentra en el último capítulo, culminación y corona de todo el estudio. Aquí, insiste en su argumentación básica sobre el dualismo cognitivo: el mundo se puede enfocar de dos modos; el de la explicación que busca clases naturales, conexiones causales y leyes universales de una parte y, de otra el modo de comprensión que, en definitiva, es una demanda de razones y significados.
Concluyendo
Nos encontramos ante una obra de, quizás, no fácil lectura, pero que no resta un ápice del interés que suscitan los temas que aborda y la manera de hacerlo.
Es especialmente interesante su planteamiento del dualismo cognitivo. Encierra una crítica al cientificismo que pretende explicar todo desde una visión cuasi exclusivamente materialista. Es claro: saber cómo funciona algo no supone que comprenda todo lo que significa. Sus ejemplos sobre la música y la pintura son contundentes: un conjunto de notas o los píxeles de una pintura no agotan las sensaciones que despiertan en nosotros una sinfonía o un lienzo. Cuestión aparte es si es válida la extrapolación a otros asuntos como es el caso de la existencia de Dios o la religión.
Otro aspecto sugestivo de este libro es mostrar cómo la música, la pintura, la arquitectura, el arte, las relaciones personales son indicios de que cualquier ser humano busca trascender la mera utilidad. ¿Es la belleza algo únicamente agradable a nuestros sentidos? Scruton defiende que no se limita a ese bienestar que produce, sino que encierra algo más profundo que escapa a nuestras pobres maneras de expresarlo. Lo que, indefectiblemente, nos lleva a la dignidad de la persona humana que defiende el autor.
Ya se ha apuntado: pese a las vías atractivas y razonablemente argumentadas que manifiesta Scruton, no resultan pruebas concluyentes, algo que es de esperar, puesto que siglos de discurrir filosófico no han logrado aportarlas.
Índice
PREFACIO
INTRODUCCIÓN A LA EDICIÓN ESPAÑOLA, por Rafael Serrano
1. CREER EN DIOS
Religión y psicología evolutiva
Puntos de vista internos y externos
Naturalismo
La presencia real
Religión y magia
La religión y lo sagrado
Pensamiento sobre Girard
Epistemología de lo sagrado
Confrontación con el escéptico
2. EN BUSCA DE PERSONAS
El concepto de persona
Entender y explicar
Dualismo cognitivo
Qualia
Intencionalidad
Más dualismo cognitivo
3. UNA MIRADA AL CEREBRO
Sobredeterminación
La idea de información
La falacia mereológica
En primera persona
Aún más dualismo cognitivo
Sujeto y objeto
Intencionalidad desbordante
4. LA PRIMERA PERSONA DEL PLURAL
El orden de la alianza
El cálculo de derechos
Inflación de derechos
La fundamentación de los derechos
Justicia y libertad
Obligaciones no contractuales
Más allá de la alianza
5. DE CARA UNOS A OTROS
Sonreír, mirar, besar, sonrojarse
Enmascarar el yo
Desear al individuo
El mito de los orígenes
Hegel, la dialéctica y la autoconciencia
Libertad
6. DE CARA A LA TIERRA
El asentamiento y la ciudad
El templo
Otro mito de los orígenes
Colofón imaginada
La calle y el libro de patrones
El mundo caído
Belleza y asentamiento
7. EL ESPACIO SAGRADO DE LA MÚSICA
Cientificismo y entendimiento humano
Entender la música
El espacio de la música
Cultura musical
Cultura de masas y adicción
El sentido del silencio
El significado de la música
Significado y metáfora
Significado y comprensión
Bailar con la música
Sobre nada
Música y moral
8. BUSCANDO A DIOS
El orden de la creación
Muerte y sacrificio
Dar y perdonar
Dualismo cognitivo y creencia religiosa
La existencia de Dios
La naturaleza de la religión
Muerte y trascendencia
ÍNDICE ANALÍTICO
ÍNDICE ONOMÁSTICO
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