RESEÑAS

Reseñas

La fe en una cultura escéptica Juan Antonio Martínez de la Fe , 22/08/2015
La fe en una cultura escéptica
Ficha Técnica

Título: ¿Qué decimos cuando hablamos de Dios? La fe en una cultura escéptica
Autor: Juan Antonio Estrada
Edita: Editorial Trotta, Madrid, 2015
Colección: Estructuras y Procesos
Serie: Religión
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 180
ISBN: 978-84-9879-564-6
Precio: 15 euros

Sinopsis de la Editorial

¿Qué contenido damos al lenguaje sobre Dios? ¿Sabemos lo que decimos cuando repetimos una palabra cargada de significados pero carente de referencias? Preguntas como estas son el punto de partida de este libro, marcado por la crisis del imaginario religioso y cristiano acerca de Dios. Pero desde la amenaza del vacío de sentido surgen otras preguntas. Pues si Dios existe, ¿cómo comunicarse con él? ¿Cómo designarlo y nombrarlo? ¿A quién o a qué dirigirse si no forma parte del universo físico? ¿Es posible una revelación divina que se diferencie de una proyección subjetiva? ¿Qué criterios encontrar para evaluar la posible verdad de una experiencia religiosa?

A partir de aquí se plantea la crisis de las imágenes tradicionales sobre Dios; de un concepto de salvación orientado a después de la muerte; de la fe como un creer en lo que no se ve, y de un concepto de revelación cuya legitimación última viene dada por la jerarquía de la Iglesia. Hay que replantear la fe desde una cristología renovada en la que la humanidad del judío Jesús sea el referente fundamental. La fe en Dios está mediatizada por la fe en Jesucristo y esta remite a un proyecto de vida con sentido, en el que la dimensión religiosa abre horizontes de significado y de motivación. Lo cual exige replantear teologías sobre Jesús, y en especial la cristología paulina, que desplazan su oferta de salvación y responden a cuestiones diferentes de las nuestras.

Se hace necesaria una transformación del imaginario cultural y religioso sobre Dios que se apoye en el cambio que se dio en el mismo Jesús. El mensaje del Nuevo Testamento, incluidos los evangelios, ha de ser contextualizado histórica y culturalmente. El proceso de desmitificación del Nuevo Testamento ha de tener continuidad y abarcar también la tradición dogmática para que la fe resulte comprensible, comunicable y creíble en una cultura determinada por el escepticismo. La identidad cristiana remite a la discontinuidad cultural, y desde ambas hay que deconstruir y reconstruir los contenidos de la fe para responder a la pregunta: ¿qué decimos cuando hablamos de Dios?

Introducción

Lo primero que habría que decir es que este es un libro muy oportuno. En la escolástica, uno de los prolegómenos para comenzar a hablar de una tesis era el recurrir ad termina; es decir, acudir a los conceptos, saber qué se quiere decir cuando se expone una idea. Algo muy básico, porque, de no hacerlo así, se corre el peligro de perderse en diálogos absurdos pues no se habla de lo mismo. Se debate sobre cuestiones que, aunque se planteen con una misma palabra, los que opinan sobre ella lo hacen desde diferentes acepciones del término. Y, evidentemente, se trata de una discusión estéril, sobre la que no es posible un acuerdo. Y esto que parece tan elemental, sin embargo, se olvida habitualmente y asistimos a agrios enfrentamientos que, quizás, carecerían de fundamento.

Más o menos, esta es la idea que subyace en la Introducción que nos ofrece Juan Antonio Estrada. Introducción en la que abundan otras ideas, como, por ejemplo, la de que Dios es un tema que no apasiona, que ha pasado a un segundo término o, peor, ha dejado de interesar; hoy día, no ser religioso es lo natural. Ante esta postura, defiende el autor que ahora hay que dar razones de la propia fe, mostrar que ser cristiano es razonable. “Hay que hacer inteligibles a los otros los valores, las motivaciones existenciales, el modelo de conducta y el proyecto de sentido con que se vive El problema es que el creyente tiene que justificarse, aunque a veces no tiene claro en qué consiste su fe”. Y nos advierte de que crece el número de personas que creen sin pertenecer, que van por libre, abriendo un foso entre la Iglesia a la que dicen pertenecer y su postura vivencial; y también aumenta el número de quienes pertenecen sin creer, quienes se suman a prácticas y ritos vacíos de contenido.

Lo determinante, más de aquello en que se cree, es el proyecto de vida a que nos conduce nuestra creencia; lo que importa es el sentido que se da a la existencia, las metas y valores que nos movilizan, porque, en definitiva, la fe es un compromiso personal.

Por otro lado, nos encontramos en una nueva etapa histórica que, entre otras exigencias, nos demanda un replanteamiento de las dimensiones culturales de lo religioso, ya que los contenidos obsoletos de la fe no corresponden a la mentalidad y preguntas actuales. Más aún: las religiones, nacidas de una experiencia y administradas por un cuerpo institucional, las iglesias, se encuentran con que esa necesaria institucionalización es también una amenaza: la institución puede sofocar la fe.
Y de todo esto trata el estudio que comentamos: “En este libro buscamos una nueva comprensión de la fe, que no traicione la identidad cristiana y que no quede prisionera del pasado”.

Muy interesante Introducción que nos sitúa en la senda de la obra, en la que nos adentramos por el primero de sus capítulos dedicado a Las creencias heredadas.

¿Es la fe un don de Dios o una elección humana?

¿Es Creer don divino o elección libre? Estrada parte de las definiciones del Catecismo de la Iglesia Católica, que concibe la fe como un don divino, pero que precisa que el ser humano responda a él asumiéndolo. Lo resume así: “la constitución del hombre como ser religioso, que busca a Dios y puede conocerlo con certeza por sus obras y nombrarlo, aunque subsista su misterio y su infinitud”.

Analiza y reflexiona sobre los contenidos del Catecismo acerca de este punto, explicando lo que se deduce de su interpretación y haciendo notar aquellos extremos que no tiene en cuenta de la realidad actual. Concluye: “Buena parte de esta concepción responde a la de la época de cristiandad, más que a la situación del siglo XXI. Sigue siendo el punto de partida para la comprensión oficial de la fe, a pesar de los cambios que se han producido”.

Seguidamente, Juan Antonio Estrada hace un breve recorrido referencial sobre el significado de la fe en las distintas corrientes hermenéuticas del Antiguo y del Nuevo Testamento; nos hace ver cómo una serie de historias reales o creadas por sus autores pasan a ser interpretadas desde un prisma religioso: “La Biblia tiene una base histórica, la del pueblo judío, pero es también una construcción ideológica, en la que la teología se ha impuesto a la historia”. Y, más adelante: “El problema está en qué significa creer en esas historias y en los hechos que cuentan”. Concretamente y refiriéndose al Nuevo Testamento nos plantea la necesidad de reflexionar sobre los problemas que suscita en la actualidad la concepción de fe plural que encierra.

Para finalizar este bloque, el autor nos lleva por un recorrido histórico sobre el eje ciencia o conocimiento y fe. Vemos así las posturas encontradas de Anselmo de Canterbury y Guillermo Ockham , entre catolicismo y protestantismo y lo expuesto por los concilios Vaticano I y II. Se trata de un recorrido corto pero sistemático, comprehensivo y clarificador, que resulta del mayor interés. Como lo es su conclusión: “Hoy son las filosofías de la Ilustración, las corrientes críticas posmodernas y las ciencias, las que plantean nuevos retos al cristianismo, que necesita una nueva inculturación en un contexto muy diferente del de sus orígenes”.

La fe en medio de una cultura escéptica

El segundo paso que nos plantea Estrada es Creer en una cultura escéptica. Parte de una realidad incontestable: tanto las religiones como las iglesias se hallan afectadas por desafíos nuevos que no se daban anteriormente. Por lo tanto, hoy no se puede ser creyente de la misma manera en que se era en una sociedad cristiana; y, peor aún, en una sociedad que ha sido cristiana y ha dejado de serlo en gran medida.

Por otro lado, también ha cambiado el contexto del pensamiento filosófico que nos ha llevado de una filosofía centrada en la autonomía del individuo a su toma de conciencia como ser relacional e interpersonal, como ser en el mundo. No cabe duda de que tales cambios culturales hacen la fe problemática. El papel de la religión ha sido sustituido por la ciencia; nos encontramos en el vestíbulo de una era científica que pretende superar los saberes presuntamente obsoletos y no fundamentados, como, según esa ciencia, son las grandes cosmovisiones religiosas y filosóficas. Ante este nuevo empirismo, solo se podría afirmar un ser divino si hubiese algo que lo hiciera verificable o inviable; por lo que la fe actual ha de ser ilustrada, es decir, que pueda dar razones de su creer al tiempo que es compatible con las dudas e inseguridades.

Tal situación ha desembocado en una crisis tanto de los sistemas filosóficos como de los ordenamientos morales del mundo. Es cierto, sin embargo, que se puede hablar de una religión subsistente, que sirve de factor cultural de identificación y de pertenencia, simultáneo a la disolución de la fe; pero nada más. De la salvación religiosa se ha pasado a proyectos emancipadores y progresos científicos que permiten construir un nuevo cielo. Pese a ello, el autor nos recuerda que ni siquiera la ciencia escapa a presupuestos no fundamentados; aduce, como ejemplo, que la ciencia no permite decidir qué es lo más importante y cuáles son las tareas que preferir, hecho que supera la racionalidad científica a favor de juicios morales, políticos y humanitarios. Y da un paso más: el retorno actual de lo religioso, en el contexto social descrito, es una muestra de que la racionalidad científico-técnica es insuficiente para las necesidades globales. La absolutización de la racionalidad instrumental y científica nos está llevando al vacío por falta de respuesta a las preguntas de sentido. Nos dice: “La creencia en Dios tiene la doble tarea de preservar la memoria de las víctimas contra los triunfalismos del presente y la desmemoria histórica”. Una respuesta a la necesidad de sentido.

Aborda, también Juan Antonio Estrada la pérdida de referencias. Ya no son válidos para la sociedad actual el argumento de autoridad para convencer: son precisos los argumentos de la razón. Por otro lado, la simbología y forma de expresarse la religión a través de unos determinados rituales han dejado de significar algo para las mentalidades actuales; hay quien los conserve, como signo de su identidad, pero ya vacíos de contenido. Y si la ciencia ha cuestionado las creencias, no le ha ido a la zaga la filosofía, lo que ha llevado a una total indiferencia religiosa, en la que la divinidad deja de ser un tema interesante.

Aunque, eso sí: pese a sus intentos de resultar novedosos, los autores del nuevo ateísmo no aportan ningún razonamiento a los ya esgrimidos desde el siglo XIX.

Por otro lado, se ha producido un desplazamiento de la creencia en Dios a la creencia en la Iglesia, cuando la realidad es que cuando las iglesias en su conjunto, sus instituciones y comportamientos contradicen la hermenéutica cristiana de la vida, se convierten en un obstáculo para la fe: se ha producido un desfase doctrinal e institucional con los avances de la sociedad, lo que ha acarreado un creciente distanciamiento de los cristianos de la iglesia como institución. Y la pérdida de influjo de las religiones no ha ido acompañada por nuevas alternativas cosmovisionales, lo que ha conducido a una crisis cultural.

La pregunta por Dios

Preguntarse por Dios. Así titula el capítulo tercero de esta interesante obra. Retoma el Catecismo oficial de la Iglesia Católica. Y, desde las primeras líneas, nos expone su contenido: “Antes que hablar de su revelación [de Dios], hay que asegurar que se le conoce y que se puede afirmar su existencia. Este es el esquema tradicional de la época de cristiandad. Hay que estudiar ahora los cambios que se han producido en la sociedad y en la antropología, y que determinan nuestra comprensión acerca de la posible comunicación divina”. Es el propio concepto de revelación el que ha entrado en crisis. Si antes se partía de la revelación divina, ahora es la ausencia de Dios el punto de partida. Desde aquí, el autor nos habla del problema desde una perspectiva cosmológica, una perspectiva racional y desde una perspectiva del sentido, analizando cada una de ellas y haciéndonos ver sus respectivos argumentos y puntos débiles.

Se refiere luego al lenguaje necesariamente antropomórfico que utilizamos para hablar de Dios, lo que, evidentemente, desemboca en una total imposibilidad de definir los límites de una divinidad que nos trasciende. Nos dice: “¿Tiene sentido aplicar los términos de esencia y existencia a Dios? Es un lenguaje formalmente correcto para nosotros, pero vacío de contenido, porque no sabemos en qué consiste la divinidad. ¿Qué es Dios? No lo sabemos”.

¿Buscamos, pues, un Dios inalcanzable? Desde una perspectiva racional, dejando aparte la problemática de la revelación, lo más comprensible es el silencio. No pudiendo argumentar su existencia o no existencia, lo que sí es evidente es que lo hemos buscado en la historia. Concluye: “La fe en Dios está abierta a las proyecciones de la subjetividad. La finitud y la contingencia son, en última instancia, insuperables y relativizan todo el discurso sobre la divinidad. Queda el remedio de la revelación, que plantea nuevos problemas de conocimiento y referentes a la presunta realidad que se comunica”. Y justamente a ese problema de la revelación o proyección humana sobre lo revelado se dedica el cuarto capítulo, uno de los troncales del estudio.

La proyección humana en la revelación

¿Qué es una revelación?, se pregunta Estrada. Y nos ofrece la síntesis básica del concepto de revelación y fe: “Dios se comunica en la historia y puede ser conocido mediante la razón por todos, pero se añade la manifestación sobrenatural”. A partir de aquí, hace un análisis de lo que ha supuesto esto en la Iglesia Católica, con sus dogmas, formulados con categorías filosóficas y teológicas obsoletas y superadas; con su censura eclesiástica; y con su pretensión de intervenir en cuestiones de moral, ciencia y filosofía con afirmaciones que se salen del campo de la teología y de la fe, aunque sean objeto de discusión científica, política o social. Así se aleja de Cristo, objeto central de la fe cristiana; sin ver que la dimensión interpersonal inherente a la imitación y seguimiento de Cristo tiene prioridad sobre las ciencias del depósito de la fe. Un recorrido por la historia sirve de apoyo a la exposición argumentativa del autor.

¿Puede una divinidad trascendente darse a conocer en este mundo concreto? Todo depende de qué religión se parta para hacer un análisis correcto. En nuestro caso, ¿se ha comunicado Dios en la Biblia? Hay que partir de la base de que la Biblia no trata de contar la historia de Israel, sino el testimonio de la fe en Yaveh; en definitiva, la Biblia es una canalización de experiencias que se reflejan en textos que las interpretan. Estrada hace una explicación de la forma en que se construyó el libro sagrado, haciendo hincapié en que toda teofanía genera una liberación histórica, punto fundamental para acometer su lectura. Recoge el autor las contradicciones que encierra el texto bíblico, concluyendo en lo problemática que resulta la experiencia religiosa. Una experiencia que cuenta con la base cultural y religiosa del que la recibe y que condiciona su transmisión; así, nos dice: “Las revelaciones, más que transmisión de verdades sobrenaturales, son iluminaciones de la experiencia que transforman al que las recibe y le capacitan para una nueva experiencia”.

Esto nos lleva a otra cuestión capital: ¿Cómo evaluar lo revelado? Es algo muy complejo, puesto que toda revelación se da en una experiencia personal, que viene muy condicionada por el entorno social, cultural y religioso del sujeto que la recibe. La única manera de poder afirmar algo sobre la validez de lo revelado es por el efecto que produce en quien recibe esa comunicación. No es un tema nuevo; ya San Ignacio de Loyola establecía unas reglas para discernir espíritus, para saber distinguir con objetividad qué hay de objetivo o de subjetivo en una revelación. Nos aclara el autor la cuestión: "El problema hoy sería si una experiencia religiosa tiene coherencia con el humanismo de los derechos humanos. Solo lo que humaniza puede ser obra divina. La dignidad humana es en Occidente el criterio último para evaluar las religiones”. Como se puede apreciar, un argumento, lógicamente, condicionado por una creencia en la divinidad, pues no es privilegio de los creyentes la activa defensa de los derechos humanos; pero, sin duda, es una excelente pista para, dentro del teísmo, evaluar la presunción de una experiencia religiosa.

La fe en Cristo

Juan Antonio Estrada nos introduce ahora en el capítulo quinto de tan interesante obra: De creer en Dios a la fe en Cristo. Y lo hace con una buena síntesis de lo abordado ya con anterioridad, lo que nos coloca en la mejor posición para acometer la lectura de este nuevo capítulo. He aquí una serie de citas que nos acercan al contenido: “La divinidad no es nunca objeto de la experiencia, sino que se revela de forma no temática e indirecta como la que posibilita ese sentido. […] El ser absoluto se comunica de forma no absoluta. […] A diferencia del judaísmo y del islam, el cristianismo se basa en la vida y muerte de una persona, más que en una creencia doctrinal que haya transmitido. […] En el cristianismo, el sistema de creencias no es lo primero, sino la referencia personal a Jesucristo. […] De esta forma cambia la fe, que ya no se dirige a alguien inalcanzable, sino a un personaje cognoscible, del que derivan un proyecto de sentido y una forma de creer”.

En otras palabras, creer en Jesús es, ni más ni menos, que comprometerse con su proyecto de vida, asumiendo su visión de la sociedad y religión judías. En este sentido, no nos ofrece Jesús un sistema alternativo de prácticas religiosas como haría un reformador de la religión; lo que nos propone es un estilo de vida abierto a las necesidades humanas, que incide en la transformación social. Es ese sentido de solidaridad con el ser humano, con el otro, lo que está por encima de dogmas, teorías religiosas o ritos cultuales. Por eso, la ortodoxia religiosa no puede ser el criterio último para un cristiano.

Podríamos preguntarnos si ese modelo de vida al que invita Jesús tiene sentido, vistos su fracaso, su muerte y su posterior resurrección. Sufrió un gran abandono y la gran paradoja es que esa experiencia suya de tal abandono forma parte intrínseca de la revelación de Dios. ¿Qué nos dice? Que Dios está con las víctimas, con los que tienen hambre y sed de justicia, con los perseguidos como Jesús. A partir de aquí, Juan Antonio Estrada nos sumerge en un amplio análisis del simbolismo de la resurrección de Jesús y de la vida más allá de la muerte, basándose en la interpretación de las Escrituras.

Después de Cristo vinieron las cristologías. El autor se detiene de manera especial en la surgida sobre la base de las propuestas de Pablo, hasta desembocar en un apartado sobre dos maneras de entender la salvación, donde enfrenta a la conciencia con la norma.

Teodicea y antropodicea

Alcanzamos así el sexto y último capítulo de la obra: De la teodicea a la antropodicea. Es un capítulo amplio y de gran profundidad donde se encara el problema del mal, el talón de Aquiles de todas las religiones. No es válido huir del mal basándonos en la justicia ultramundana, de ultratumba.

Expone el autor que el mal por excelencia no es el físico (la enfermedad, el desastre natural) o el moral (el pecado, el daño a otro o la injusticia); para él es la desesperación que surge de una vida sin sentido. Y aquí es donde encaja la salvación: cuando la vida merece la pena. No encuentra adecuado apelar a la finitud y la contingencia humanas para explicar el mal que soportamos, como apunta Torres Queiruga; el sufrimiento forma parte de la existencia, como el gozo y el placer y la solución no es eliminarlo totalmente, sino integrarlo en una vida feliz, una vida con sentido, en la que quede compensado.

Hay que preguntarse desde aquí si la fe religiosa aporta algo a la felicidad. Y Estrada es contundente: “Si las religiones e ideologías quieren tener relevancia, tendrán que mostrar que sus contenidos sirven para luchar contra el mal y generar sentido”. Y, para un cristiano, ¿es creíble el Dios de la cruz? El ejemplo de Jesús con su fe en Dios motiva a vivir y a morir como él, desde la lucha contra lo que oprime, contra el mal, el dolor, el sufrir.

Y llega la pregunta final: ¿Qué decimos al hablar de Dios? Juan Antonio Estrada resume así el contenido de su estudio: “Que nos identificamos con el proyecto de vida de Jesús. También, que asumimos la muerte desde la esperanza y la identificación con el Crucificado. Este es el credo cristiano, que hoy sigue siendo válido para muchas personas”.

Concluyendo

Es esta una obra densa. No permite una lectura fácil, sino reposada, apoyada en la reflexión. Usa mucho el autor, casi continuamente y a lo largo de todo el libro, de frases cortas, concisas, muy meditadas y perfiladas; cada una de ellas, por lo general, merece un comentario, una meditación. Y, en muchos casos, suscita nuevas preguntas, quizás nuevas inquietudes que pueden perturbar las aguas aparentemente mansas de la tradición. Se muestra muy cuidadoso con sus afirmaciones, respetuoso con opiniones contrarias o diferentes, aceptando los límites a los que puede llegar la razón y razonando su postura.

Todo ello hace complejo el análisis, en unos pocos párrafos, de una obra tan profunda. Todo lo expuesto en este comentario no son sino unas pinceladas que solo pretenden cursar una invitación a sumergirse en su lectura. Creyentes y no creyentes pueden encontrar argumentos para sustentar su pensamiento y hallar una vía que les permita comprender mejor las razones que defienden con respeto quienes difieren de sus presupuestos ideológicos.

Nada que objetar por lo que se refiere a la edición. Quizás, sería de agradecer un cuerpo de letra mayor que no someta a cansancio ocular a quienes tengan el acierto de recorrer sus páginas.

Índice

Introducción

1. Las creencias heredadas
1. Creer, ¿don divino o elección libre?
2. La fe en la Biblia
3. Las creencias en la historia de la teología

2. Creer en una cultura escéptica
1. Los cambios culturales hacen la fe problemática
2. La pérdida de referencias
3. La Iglesia como lugar ambiguo de la fe

3. Preguntarse por Dios
1. Un Dios sin lugar en el universo
2. La impotencia de la teología negativa
3. ¿Buscar a un Dios inalcanzable?

4. ¿Revelación o proyección humana?
1. ¿Qué es una revelación?
2. ¿Se ha comunicado Dios en la Biblia?
3. La experiencia religiosa es problemática
4. ¿Cómo evaluar lo revelado?

5. De creer en Dios a la fe en Cristo
1. Creer en Dios desde el proyecto de vida
2. ¿Tiene sentido su muerte y resurrección?
3. ¿Devaluó la cristología a Jesús?
4. Dos maneras de entender la salvación

6. De la teodicea a la antropodicea
1. ¿Salvarse es ir al cielo?
2. La crisis de la teología judía
3. ¿Es creíble el Dios de la cruz?
4. ¿Qué decimos al hablar de Dios?
 
Facebook Twitter LinkedIn Google Meneame Viadeo Pinterest
22/08/2015 Comentarios

Reseñas

El humor y lo cómico Redacción T21 , 27/07/2015

Un estudio estético-psicológico


El humor y lo cómico
Ficha Técnica
 
Título: El humor y lo cómico
Autor: Theodor Lipps
Edita: Herder Editores. Barcelona. Mayo, 2015
Traducción: Claudia Cabrera
Materia: Psicología, humor y estética
Colección: Textos de la cultura alemana
Encuadernación: Rústica con solapas
Número de páginas: 352
ISBN: 978-84-254-1601-9
PVP: 27,80 €
 
 
Con este clásico de Theodor Lipps, cuya primera edición apareció en 1898 en Alemania, Herder Editorial rescata una obra de referencia trascendental que, a pesar de ser muy conocida en las universidades alemanas y estadounidenses, hasta el día de hoy no se había traducido al español.

El humor y lo cómico es un estudio erudito que refleja el Zeitgeist de una época que vislumbra claramente el crepúsculo del inconsciente y la importancia de la psicología. En ella, Lipps analiza los fenómenos de la risa sobre la base de que cada estado emocional tiene su aspecto de conciencia y que aquella viene asociada a los aspectos ocultos o invisibles.

Aunque algunos de los paradigmas que utiliza el autor puedan parecernos lejanos o polémicos y deban entenderse en el contexto de la época, esta edición es una traducción fiel y cuidada minuciosamente en un máximo intento de conservar el estilo y mostrar con claridad la sustancia, aunque algunos de los paradigmas que utiliza el autor deban entenderse al margen de la época y como lectores parecernos lejanos o polémicos.
El autor denomina al contenido de esta obra como estudio estético-psicológico. Aquí lo “psicológico” podría parecer superfluo (dice). Un estudio estético es siempre psicológico. Pero con esta expresión quise señalar que lo que más me importaba era el análisis psicológico de mi objeto, la amplia fundamentación psicológica del problema, su inserción en el contexto de problemas psicológicos y estéticos adyacentes, semejantes y generales.
 
Con ello renuncié a otro de mis intereses. Desistí de seguir al humor o a la utilización artística de lo cómico en los más diversos géneros y direcciones artísticas más allá de lo que lo requiriera la cuestión, incluso dejé de analizar detalladamente ciertas obras de arte humorísticas. Me bastó con haber mostrado de manera general las diversas posibilidades, tipos, formas de ser y etapas de lo cómico y del humor, además de hacer comprensible sus efectos. Esta tarea, más relacionada con la historia del arte y de la literatura, se la cedo con gusto a otros, probablemente mejor preparados para emprenderla. No obstante, espero que lo ofrecido en este libro será la base adecuada para ello.” (Extracto del Prólogo)
 
 
Índice
 
Primera Sección. Teorías de la comicidad
Capítulo 1. Teoría de la rivalidad de los sentimientos
Capítulo 2. Lo cómico y el sentimiento de superioridad
Capítulo 3. La comicidad y el contraste de las ideas
 
Segunda Sección. Los géneros de lo cómico
Capítulo 4. La comicidad objetiva
Capítulo 5. La comicidad objetiva. Complementos
Capítulo 6. La comicidad subjetiva o el chiste
Capítulo 7. La comicidad ingenua
 
Tercera Sección. La psicología de la comicidad
Capítulo 8. La sensación de comicidad y sus condiciones
Capítulo 9. La sensación de comicidad
Capítulo 10. La totalidad del afecto cómico
Capítulo 11. Matices de placer y displacer de la comicidad
 
Cuarta Sección. Los subgéneros de lo cómico
Capítulo 12. Los subgéneros de la comicidad objetiva y de la comicidad ingenua
Capítulo 13. Los subgéneros de la comicidad subjetiva
 
Quinta Sección. El humor
Capítulo 14.  La comicidad y el valor estético
Capítulo 15. La tragedia como contraparte del humor
Capítulo 16. La esencia del humor
Capítulo 17. Los tipos de humor
Capítulo 18. El humor objetivo


Datos del autor
Facebook Twitter LinkedIn Google Meneame Viadeo Pinterest
27/07/2015 Comentarios

Reseñas

La fuerza de la compasión Redacción T21 , 20/07/2015

La enseñanza del Dalai Lama para nuestro mundo


La fuerza de la compasión
Ficha Técnica
 
Título: La fuerza de la compasión
Autor: Daniel Goleman
Edita: Editorial kairós. Barcelona. Junio de 2015
Traducción:    Miguel Portillo
Materia: Filosofía y espiritualidad
Colección: Sabiduría perenne
Encuadernación: Rústica con solapas
Número de páginas: 288
ISBN: 978-84-9988-456-1
PVP: 16€
 
 


Durante décadas, Tenzin Gyatso, el XIV Dalai Lama, ha mostrado al mundo entero, con sus palabras y con sus hechos, el camino de compasión que él practica, y la manera de cultivar la vida espiritual.
 
En esta obra fácil y amena Daniel Goleman, amigo y colaborador del monje budista, difunde esas enseñanzas narrando pasajes de su vida que lo autentifica y reproduciendo las palabras con las que el Dalai Lama explica cómo dirigir nuestra energía compasiva hacia el exterior.
 
Para el Dalai Lama la ciencia de la compasión tiene el poder de:
 
• acabar con fuerzas sociales destructivas como la corrupción y los prejuicios;
• invertir la tendencia hacia la desigualdad mediante la transparencia;
• sustituir la violencia por el diálogo;
• contrarrestar el binarismo “nosotros/ellos” reconociendo la unicidad humana;
• crear nuevos sistemas económicos que funcionen para todos;
• diseñar una educación que enseñe empatía, dominio de uno mismo y ética.
 
A lo largo de la introducción que hace a esta obra el Dalai Lama se describe así: “Como ser humano reconozco que mi bienestar depende de los demás e interesarme por el bienestar de los demás es una responsabilidad moral que me tomo en serio. Es irreal creer que el futuro de la humanidad puede alcanzarse únicamente desde la base de la oración o de los buenos deseos; lo que necesitamos es pasar a la acción. Por ello, mi primer y principal compromiso es contribuir a la felicidad humana de la mejor manera posible. También soy monje budista y, según mi experiencia, todas las tradiciones religiosas cuentan con el potencial de transmitir el mensaje de amor y compasión. Así que mi segundo compromiso es alentar la armonía y las relaciones amistosas entre ellas. En tercer lugar, soy tibetano, y, aunque me he apartado de las responsabilidades políticas, sigo interesado en hacer todo lo posible por ayudar al pueblo tibetano y para conservar nuestra cultura budista y el entorno natural del Tíbet, ambas cosas bajo amenaza de destrucción.”
 
[…]”Creo que la meta de llegar a ser humanos más felices que vivamos juntos, apoyándonos de manera más completa en un mundo en paz, es algo que podemos alcanzar; pero hemos de considerarla con una visión amplia y una perspectiva a largo plazo. El cambio en nosotros mismos y en el mundo en que vivimos podría no suceder deprisa, sino que requerirá tiempo. Pero si no nos esforzamos, no sucederá nada. Lo más importante, que espero que los lectores entiendan, es que ese tipo de cambio no tendrá lugar merced a las decisiones adoptadas por los gobiernos o la ONU.
 
El cambio real sucederá cuando los individuos se transformen a sí mismos guiados por los valores que se encuentran en el núcleo de todos los sistemas éticos humanos, los descubrimientos científicos y el sentido común.”
 
Al final de este texto que hemos extractado, el Dalai Lama alienta a los lectores a tener presente que como seres humanos, dotados de una maravillosa inteligencia y del potencial de desarrollar un corazón cálido, cada uno puede convertirse en una fuerza de compasión.
 
 
Sumario
 
Introducción del Dalai Lama

Parte I: Ciudadano del mundo
  1. Reinventar el futuro

Parte II: Mirar al interior
  1. Higiene emocional
  2. La revolución amable
  3. Colaboración con la ciencia

Parte III: Mirar hacia el exterior
  1. Una compasión fornida
  2. Una economía como si la gente importase
  3. Atender a los necesitados
  4. Sanar la Tierra
  5. Un siglo de diálogo
  6. Educar con el corazón

Parte IV: Mirar hacia atrás, mirar hacia adelante
  1. La perspectiva amplia
  2. Actuar ahora
 
Agradecimientos
Notas
 
Datos del autor
Facebook Twitter LinkedIn Google Meneame Viadeo Pinterest
20/07/2015 Comentarios

Reseñas

Filósofos ante Cristo Juan Antonio Martínez de la Fe , 16/07/2015
Filósofos ante Cristo
Ficha Técnica

Título: Filósofos ante Cristo
Autor: Enrique Bonete Perales
Edita: Tecnos, Madrid, 2014
Colección: Filosofía y Ensayo
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 248
ISBN: 978-84-309-6494-9
Precio: 15,50 euros

Es este un libro fruto de muchos años de investigación, con un planteamiento sumamente original a la par que atractivo; a lo que se une un serio planteamiento metodológico en su estructura y posterior redacción.

Enrique Bonete, con esta obra, pretende buscar la respuesta que los más destacados pensadores han dado a las preguntas que planteó Jesús a sus discípulos: ¿quién dice la gente que soy yo?, y vosotros ¿quién decís que soy yo? La respuesta que el portavoz del grupo de seguidores, Pedro, tú eres el Mesías, no la comparten muchos de los filósofos recogidos en estas páginas; pero, lo que es incuestionable es que, creyentes o no creyentes, dedicaron páginas a reflexionar y transmitir su personal respuesta a la cuestión que les interpela a través de los siglos. Hay, eso sí, una limitación por razones de espacio: el tiempo que abarca este estudio se ciñe a los pensadores modernos y contemporáneos, desde el siglo XVII al XX, excluyendo a intelectuales medievales o renacentistas vinculados a instituciones eclesiásticas en un sentido amplio.

“Las páginas de este volumen antológico sobre Jesús de Nazaret (o Cristo) han sido redactadas por algunas de las mentes más prodigiosas de la filosofía occidental con total libertad de espíritu y apertura intelectual.” Así resume Bonete Perales el contenido de la edición.

En su planteamiento expositivo, el autor nos ofrece una amplia Introducción, a lo largo de casi cuarenta páginas, sobre los tres modos principales de interpretar a Jesucristo que han desarrollado los filósofos: la perspectiva metafísica (el problema de la Verdad), la perspectiva ética (el problema del Bien) y la perspectiva escatológica (el problema de la Muerte). Luego, en el desarrollo de la obra, antes de ofrecernos los textos de cada autor, da una aproximación a los aspectos principales de su creación intelectual conectados, eso sí, con su concepción de la religión o teología racional, con el propósito de contribuir a una mejor comprensión de las páginas elegidas.

Considerando la filosofía más como un modo de preguntar que como un conglomerado de doctrinas, ofrece el autor, como modelo de cuestiones que van más allá del conocimiento empírico, las tres preguntas de Kant: qué puedo saber, qué debo hacer, qué me cabe esperar. Y las relaciona con palabras recogidas en el Nuevo Testamento: qué puedo saber, ¿qué es la verdad?; qué debo hacer, ¿qué mandamiento es el primero de todos?; qué me cabe esperar, ¿cuál es la esperanza a la que Dios nos llama? Y lo argumenta: “Solo quiero esbozar mi particular línea argumentativa para presentar en qué medida puede ser considerada la persona de Jesucristo (y así ha sido captado por muchos de los pensadores seleccionados) como la respuesta a una de las preguntas, a dos e incluso a las tres cuestiones kantianas al mismo tiempo conectadas, claro está, con tres relevantes problemas filosóficos: el de la verdad (…), el del bien (…) y el de la muerte.”

El problema de la Verdad

Aborda el autor, seguidamente, el tema del problema de la Verdad. Partiendo de la idea de que “tarea básica de toda filosofía es indagar lo verdadero, buscarlo metódicamente y transmitirlo a personas ansiosas por saber”, nos plantea que Jesús se nos reveló como la Verdad personificada. Pero, se pregunta a qué se refiere esta Verdad, ya que, desde varios niveles filosóficos, puede interpretarse ontológica, moral, antropológicamente, etc. Y aclara que se dedicará al primero de estos niveles, el ontológico y, en consecuencia, el primer bloque de la antología que constituye esta obra se centra en el esclarecimiento de hasta qué punto en Jesús se manifestaba la revelación absoluta de la verdad, aportando los textos de algunos pensadores sobre este particular.

La pregunta sobre el ser del mundo es la esencia de la ontología y exige una respuesta no solo inteligible, sino, sobre todo, racional; y ese era el objeto perseguido desde los presocrácticos, recogido luego en las Escrituras: ¿cuál es el arjé, el principio, el sustrato, el origen, la causa de todo lo real? La tesis filosófica que procede de la revelación nos dice que el ser del hombre y de todas las cosas ha sido causado por Dios, por la Palabra, por Jesucristo, no por el azar. Por ello, no debe de sorprendernos que la primitiva Iglesia se aliase con el Dios de los filósofos y no con las religiones de la época; y por eso, como explica Bonete, “existe una estrecha conexión entre el cristianismo como verdad revelada y la filosofía como verdad buscada por la razón humana”; un cristianismo que intenta elaborar una síntesis entre ambos conceptos de verdad: la racional, perseguida por los hombres, y la revelada, donada por Dios.

La lista de los autores de quienes proceden los textos de la primera parte de la obra es extensa y se verá con detalle en el Índice que figura al final de esta reseña; allí figuran desde Spinoza a Hegel, Vattimo o Xavier Zubiri, entre otros.

El problema del Bien

En esta Introducción de la obra, el autor continúa orientándonos en la incursión que nos propone a los textos de pensadores sobre Jesús. Aborda, tras el problema de la Verdad, el del Bien, es decir, la perspectiva ética. Su propuesta inicial es que tomamos continuamente decisiones para actuar, unas decisiones que afectan a otros y, también, a nosotros mismos, lo que nos lleva a dos niveles morales en nuestro comportamiento: intra e interpersonal. Pero, ambos niveles apuntan a un tercero, el de la ética suprapersonal.

El primer nivel, la ética intrapersonal, está referido a la relación del sujeto consigo mismo. Y toma una cita de Zubiri para desarrollarlo: “las acciones morales constituyen una ‘apropiación de posibilidades’ que imprimen un carácter o una personalidad moral a quien las ejecuta”. Para Bonete Perales, aquí podría radicar el sentido genuino de la vida, en ir moldeando nuestro yo personal; es decir: “todo sujeto humano (sea consciente o no de ello), durante su propia vida, obrando en libertad, se construye un modo moral de ser”. Y es esta la misión ineludible del hombre: hacerse a sí mismo persona a través del impacto que producen en su propio yo las acciones morales. ¿Y qué acciones contribuyen mejor a la formación del propio ser? La respuesta a esta cuestión necesita ascender al nivel de la ética interpersonal.

Una ética que responde a la perspectiva moral más común. Su tesis, resumidamente, es que nos constituimos como personas merced a la influencia que otros ejercen sobre nuestra vida a través de su comportamiento; hemos sido amados por ser considerados “otro” a quien cuidar. Igual nos ocurre a nosotros con quienes nos rodean y a quienes amamos. “Por consiguiente, yo soy yo porque he sido amado y porque amo a alguien […] El ser humano solo adquiere su humanidad y moralidad viviendo y actuando ante, con y para otros. Por eso, somos co-responsables del destino de nuestros prójimos”. Cabe aquí la pregunta kantiana qué debo hacer; es decir, qué acciones morales he de emprender para que su incidencia en los otros sea positiva y dignificadora.

Y llegamos, pues, al tercer nivel, el de la ética suprapersonal, al que apuntan los dos niveles precedentes. Un nivel que resulte, probablemente, el más polémico pues, si bien los dos anteriores pueden ser fácilmente aceptados por una mayoría de pensadores, este tercero presupone, además, la fe, algo que no todos comparten. Eso sí: con independencia de que se acepte su desarrollo, es decir, la fuerza moral del amor, hay quienes ponen en duda su fundamento en Dios y, más concretamente, en Jesús.

Porque, para el autor, “hablar de una ética suprapersonal es mostrar la conexión existente culturalmente entre pautas morales seguidas por los hombres y la percepción de la propia identidad en tanto que creyente, criatura de Dios, discípulo de Cristo”. Es decir: si las acciones morales del individuo inciden siempre en el propio sujeto (ética intrapersonal) al igual que en quienes lo rodean (ética interpersonal), no cabe duda de que la mejor manera de actuar es el amor, siguiendo las doctrina y el ejemplo de Jesús. Y, en la segunda parte del libro, aportará documentos de filósofos como Hobbes, Rousseau, Kant, Stuart Mill, etc.

El problema de la Muerte

En esta Introducción a la obra que comentamos y que es de necesaria lectura para entrar de lleno en el contenido del resto del libro, Enrique Bonete aborda ahora el tercero de los aspectos que trata en su estudio: el problema de la muerte, es decir, la perspectiva escatológica.

Nos plantea que la pregunta de Kant, ¿qué me cabe esperar?, se puede interpretar desde cuatro claves hermenéuticas: histórica (el futuro político de la humanidad), teleológica (la persecución social del reino de los fines), ética (la inmortalidad como postulado de la razón práctica) y religiosa (la vida eterna para la humanidad, derivada de la resurrección de Cristo); aquí, solo abordará esta última cuarta clave, la religiosa.

Seguirá la línea argumentativa derivada de Kant, aunque este no la tratara mucho, al ser un asunto más cristiano que filosófico que requiere cierto grado de fe. ¿Qué me cabe esperar? Para Enrique Bonete, la cuestión implica inquirir por el anhelo profundo de “ser” frente a las amenazas que padece: enfermedad, envejecimiento, dolor y, finalmente, la muerte. Se trata, en definitiva, de si nuestro existir queda abierto al enigma, a la trascendencia, al misterio, o, si por el contrario, lo condenamos a la desesperación o el absurdo; una disyuntiva que tampoco aceptarían muchos intelectuales, pero que también cuenta con el apoyo de destacados pensadores. El tema se concreta en el hecho de la resurrección de Jesús, hecho por el que aboga el autor intentando debilitar los argumentos de quienes se oponen a ella, incluso entendiendo de otra manera el concepto resucitar. Para Bonete Perales, la esperanza cristiana, no siendo del todo accesible a la pura inteligencia, no deja de ofrecer una explicación plausible de nuestro destino. Y analiza la postura de los filósofos cuyos textos se incluyen en este bloque y que van desde Pascal a Nozick, pasando por María Zambrano, Julián Marías o Karl Jaspers, entre otros.

Para cerrar esta extensa y necesaria Introducción, Enrique Bonete nos aporta alguna aclaración. Por ejemplo, advierte de que el orden seguido dentro de cada bloque para presentar a los autores y sus textos es el cronológico referido a la fecha de nacimiento de cada uno de ellos, y no el de la publicación de sus aportaciones. Igualmente, nos señala que, evidentemente, ha tenido que excluir de su trabajo a muchos pensadores que también redactaron páginas referidas a Jesús de Nazaret; por ejemplo, Leibniz, Voltaire, Schelling, Marx, Russell, Buber, Popper, Heidegger, Wittgenstein, Ricoeur, Ciorán, Kolakowski, …; lo ha hecho por razones de espacio y por observar un cierto equilibrio entre los que nos presenta; eso sí, ha procurado incluir nombres españoles, aunque no todos los deseados. Quizás, en un futuro, esperemos que no lejano, Enrique Bonete nos ofrezca otra obra donde podamos disfrutar de los textos de los autores no recogidos aquí. Y decimos disfrutar porque no otra es la sensación que nos ha producido la lectura de tan interesante trabajo.

En cuanto a la edición, tiene detalles que ayudan a la lectura. Por ejemplo, los textos de cada pensador vienen precedidos de una sucinta presentación de su vida y obra, tal y como se expuso más arriba; los textos propiamente dichos se nos ofrecen con una tipografía diferente, clara y de cómoda lectura. Y las notas a pie de página suelen aportar alguna bibliografía adicional, tanto sobre los autores como de sus obras, para el interesado en profundizar en algún aspecto concreto.

En definitiva, se trata de un excelente trabajo de estudio y recopilación, muy bien estructurado metodológicamente que nos descubre, reuniéndolas en un volumen, una selección de páginas debidas a pensadores ilustres sobre la figura de Jesús de Nazaret. Algo novedoso que debe de estimular a su lectura.

Índice
Introducción. “Y vosotros, filósofos, ¿quién decís que soy yo?”
1. La pregunta bíblica
2. Las preguntas de Kant
3. Tres interpretaciones filosóficas de Cristo
1ª El problema de la Verdad (perspectiva metafísica)
2ª El problema del Bien (perspectiva ética)
3ª El problema de la Muerte (perspectiva escatológica)

I. Cristo y el problema de la verdad
1. Baruch Spinoza. Voz de Cristo, voz de Dios
2. Johann Gottlieb Fichte. Jesús de Nazaret, existencia histórica de la verdad
3. Friedrich Schleiermacher. Cristo, ¿único mediador?
4. Georg Wilhem Friedrich Hegel. Cristo, certeza de la verdad de Dios
5. Sören Kierkegaard. El escándalo del Dios-hombre
6. Xavier Zubiri. Cristo, Dios hecho historia
7. Michel Henry. De la verdad histórica a la Verdad de Cristo
8. Réné Girard. Cristo y el rechazo violento de la verdad de Dios
9. Mariano Álvarez. Cristo, la verdad como desolcultamiento
10. Gianni Vattimo. Jesús, kenosis de Dios
11. Eugenio Trías. El Cristo: Dios de la cruz y Dios del tiempo

II. Cristo y el problema del Bien
1. Thomas Hobbes. La misión de Cristo
2. John Locke. Jesucristo y la moral universal
3. Jean-Jacques Rousseau. Jesús, vida y muerte de un Dios
4. Inmanuel Kant. El Maestro del Evangelio como ideal de la perfección moral
5. Arthur Schopenhauer. Jesucristo, negación de la voluntad de vivir
6. John Stuart Mill. Cristo, guía moral de la humanidad
7. Friedrich Nietzsche. Jesús y la psicología del redentor
8. George Santayana. El amor del profeta de Nazaret
9. Max Scheler. Jesús, un Dios amante
10. Hannah Arendt. Jesús de Nazaret, el poder de perdonar
11. John Rawls. La “conversión” ante el amor de Jesucristo

III. Cristo y el problema de la Muerte
1. Blaise Pascal. Sufrimiento de Jesús
2. Barón de Holbach. Contra la resurrección de Cristo
3. Ludwig Feuerbach. Cristo, el Dios sufriente
4. Miguel de Unamuno. Cristo eternizador
5. Karl Jaspers. Sufrimiento y muerte de Jesús en la cruz
6. Ernst Bloch. Contra la muerte-sacrificio de Jesús
7. María Zambrano. Cristo, semilla de Dios caída en la tierra
8. Julián Marías. Inmortalidad del alma y resurrección de la carne
9. Robert Spaemann. Muerte humana y resurrección de Jesús
10. Richard Swinburne. La plausibilidad de la resurrección de Jesús
11. Robert Nozick. El Holocausto, una humanidad sin Cristo
 
Facebook Twitter LinkedIn Google Meneame Viadeo Pinterest
16/07/2015 Comentarios

Reseñas

Adiós al capitalismo Redacción T21 , 07/07/2015

Autonomía, sociedad del buen vivir y multiplicidad de mundos


Adiós al capitalismo

Ficha Técnica
 
Título: Adiós al capitalismo
Autor: Jérôme Baschet
Editan: Futuro Anterior Ediciones y NED ediciones . España 2015
Materia: Política
Colección: Territorios
Encuadernación: Rústica con solapas
Número de páginas: 192
ISBN: 978-84-942774-8-1
PVP: 14,90 €
 
¿La crisis de 2007-2008 pone en entredicho la legitimidad del capitalismo y su capacidad para presentarse como un sistema estable? Esta es una de las cuestiones fundamentales que da pie a la obra de Jérôme Baschet Adiós al capitalismo, en la cual postula una reflexión muy crítica del neoliberalismo que nos ha acostumbrado a vivir en un ambiente de crisis permanente. “Bien sabemos, dice, que ha sido, desde hace tiempo, la herramienta privilegiada de una “estrategia del shock” que justifica todas las contra-reformas en nombre del esfuerzo necesario para superar una situación presentada como dramática. En pocas palabras, el neoliberalismo aparece como un estado de crisis, alimentado por la vuelta al mundo de los derrumbes financieros, e instrumentalizado para los fines de un modo de control basado en el miedo. Sin embargo, la crisis iniciada en 2007-2008 no puede considerarse como un simple artificio de las técnicas de gobernabilidad neoliberal, ni tratarse igual que los desórdenes bursátiles anteriores. Su amplitud es inédita (1929-1933) y con razón ha sido caracterizada como la primera crisis global del mundo globalizado.”
 
 ¿Qué implica replantearse la posibilidad de un mundo liberado del capitalismo? En el marco de una crisis que marca los límites del pensamiento neoliberal, los nuevos movimientos sociales  –excluidos, sin papeles, sin empleo, sin vivienda, migrantes, pueblos indígenas– proponen iniciativas desde abajo. Jérôme Baschet analiza en este libro las experimentaciones sociales y políticas de las comunidades zapatistas, en las que participa desde hace años, para reabrir el horizonte de los posibles. Pero no establece como modelo universal estas experiencias de autogestión que se llevan a cabo en esa región de México, ni construye un gran relato de futuro, sino más bien al contrario, las condena a disolverse en un nuevo Estado, incluso proletario.

La crisis mundial no afecta a todos de la misma manera. Las mutaciones del mundo del trabajo y subjetividades dispuestas a participar de nuevas formas de producción y consumo rediseñan nuestro presente. Sin embargo, no han madurado aún los proyectos de emancipación. Gracias a un esfuerzo poco habitual, que conjuga proyección teórica y conocimiento directo de una de las experiencias de autonomía más reflexivas de las últimas décadas, Jérôme Baschet propone un balance crítico del zapatismo y analiza la organización política de esas comunidades autónomas federadas que se hicieron cargo de los servicios de salud, educación, policía y justicia.

Más allá de las recetas revolucionarias del siglo XX, Baschet explicita las características más complejas del capitalismo financiarizado y explora vías alternativas para la elaboración práctica de nuevas formas de vida, para lo que considera objetivos imprescindibles a lograr: Autonomía, sociedad del buen vivir y  multiplicidad de mundos.”
 

Índice

Introducción
 
  1. El capitalismo, sistema humanicida
  2. Construir la autonomía: lo político sin el Estado
  3. La sociedad liberada de la economía
  4. Un mundo hecho de muchos mundos
  5. Ya estamos en camino
 
Observaciones finales
 
Anexo
Medir para dejar de medir
Sobre el tiemplo de actividad en una sociedad poscapitalista
 
Agradecimientos
Bibliografía
 


Datos del autor
Facebook Twitter LinkedIn Google Meneame Viadeo Pinterest
07/07/2015 Comentarios

1 ... « 47 48 49 50 51 52 53 » ... 162