CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero

Hoy escribe Antonio Piñero

Transcribimos de nuevo el texto, para mayor comodidad de los lectores:

1 Cuando alguno de vosotros tiene un pleito con otro, ¿se atreve a llevar la causa ante los injustos, y no ante los santos? 2 ¿No sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si vosotros vais a juzgar al mundo, ¿no sois acaso dignos de juzgar esas naderías? 3 ¿No sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? Y ¡cómo no las cosas de esta vida! 4 Y cuando tenéis pleitos de este género ¡tomáis como jueces a los que la Iglesia tiene en nada! 5 Para vuestra vergüenza lo digo. ¿No hay entre vosotros algún sabio que pueda juzgar entre los hermanos? 6 Sino que vais a pleitear hermano contra hermano, ¡y eso, ante infieles!

7 De todos modos, ya es un fallo en vosotros que haya pleitos entre vosotros. ¿Por qué no preferís soportar la injusticia? ¿Por qué no dejaros más bien despojar? 8 ¡Al contrario! ¡Sois vosotros los que obráis la injusticia y despojáis a los demás! ¡Y esto, a hermanos! 9 ¿No sabéis acaso que los injustos no heredarán el Reino de Dios? ¡No os engañéis! Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, 10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces heredarán el Reino de Dios. 11 Y tales fuisteis algunos de vosotros. Pero habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios.


En esta última entrega, después del comentario general de las dos notas anteriores a 1 Cor 6,1-11, añadimos algunas observaciones de detalle.

V. 1: “ante los injustos”: se suele traducir por “pecadores” o “paganos”. Pero es mejor “in-justo”, es decir, aquel que no ha sido “justificado”, “declarado justo” ante el tribunal de Dios, y por lo tanto “apto para la salvación”. Recordemos –a partir del breve comentario ya efectuado a Gálatas- que, según la teología de Pablo, sólo es declarado “justo” = “santo” aquel que hace un acto de fe, ayudado por la gracia divina, en el valor salvífico de la muerte vicaria de Jesús en la cruz como hijo de Dios.


V. 2: “los santos han de juzgar al mundo”. Al final de los tiempos, que está cerca, los salvados, cristianos, el verdadero pueblo de Dios, el verdadero Israel, juzgarán a los pecadores con Dios Padre (juez) y el Hijo (que unas veces aparece como juez, otras como agente del juez). Por tanto la imaginación cristiana imagina algo así como un tribunal con Juez (Dios Padre o Cristo; Acusador (Cristo o los ángeles) y un “Jurado” (los fieles).

La idea de fondo procede del Libro de Daniel 7,9:

“Mientras yo contemplaba: Se aderezaron unos tronos y un Anciano se sentó. Su vestidura, blanca como la nieve; los cabellos de su cabeza, puros como la lana. Su trono, llamas de fuego, con ruedas de fuego ardiente.”,

e implícitamente Dn 7,22:

“Hasta que vino el Anciano a hacer justicia a los santos del Altísimo, y llegó el tiempo en que los santos poseyeron el reino”

= los santos están presentes en el juicio y el poder del reino de Dios pasa a sus manos. De algún modo, los santos juzgan también a los pecadores. El mismo concepto está recogido en el Apocalipsis 20,4:

“ Luego vi unos tronos, y se sentaron en ellos, y se les dio el poder de juzgar”.

Los que se sientan son los cristianos fieles, los mártires por Jesús que han resistido al Imperio Romano. Al final, ellos juzgan al Imperio. Según el Libro IV de Esdras, en el momento del juicio y con la conciencia de estar ya salvados, los justos ven el desasosiego en el que vagan las almas de los impíos y el castigo que les está reservado; y se alegran por ello (7,79-99).

V. 3: “juzgar a los ángeles”: el vocablo “ángeles” se entiende aquí como espíritu angélicos perversos, del entorno de Satanás, que por la permisividad divina (el misterio del mal en el mundo) actúan de potencias cósmicas: controlan el universo físico. En concreto, los planetas (griego planétes: “el que anda errabundo”) –que no tienen una órbita perfecta, absolutamente esférica, sino elíptica, están dominados por este tipo de ángeles perversos o caídos. Tales potencias serán condenadas definitivamente, en el segundo combate escatológico (Apocalipsis 20,14-15: todos los malvados, incluidos Satanás y sus huestes serán lanzados al lago de fuego por siempre jamás; luego se inaugura el reino mesiánico, que es eterno).


V. 7: “ya es un fallo en vosotros que haya pleitos entre vosotros”. La palabra “fallo” es la traducción del griego “hétema”, sustantivo del verbo hetáo, “derrotar”. Quizá fuera mejor traducir más fuertemente por “derrota”. Por tanto: el hecho de que haya pleitos entre los santos es una derrota, un fracaso total, una gran pérdida. Los cristianos no cumplen el consejo de Jesús en el Sermón de la montaña, según Mateo 5,39-40:

“Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: 40 al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto”.


V. 9. En la lista de gentes que no heredarán el reino de Dios, es decir, los que no irán al cielo, se hace especial hincapié en libertinos, adúlteros y homosexuales. Pablo, lo mismo que el autor –o autores- judío del apócrifo “Testamento de los XII Patriarcas, Testamento de Rubén, capítulos 4-6, une los pecados sexuales con la idolatría. Según los judíos siempre fue así en la historia de Israel. Salomón, ejemplo paradigmático, y otros reyes caen en la idolatría arrastrados por su sexualidad desviada (análogamente las desgracias de Sansón proceden de lo mismo).

Los libertinos (griego pórnoi, en español “pornografía”) son los adeptos a la prostitución. Los “afeminados” (griego “malakoí”, literalmente “blanditos”, son aquellos que adoptan el papel femenino en la pareja homosexual, súcubos; y los “homosexuales” (griego arsenokoîtai: lit. que “se acuestan con varones”, serían los que ejercen el papel de marido, íncubos.

V. 11 es, sin duda alguna, una alusión a frases de algún himno cristiano, muy antiguo, de una liturgia bautismal. Habría que imprimirlo como en verso para que se viera mejor:

habéis sido lavados,
habéis sido santificados,
habéis sido justificados
en el nombre del Señor Jesucristo
y en el Espíritu de nuestro Dios.

No hay aquí ninguna alusión a la Trinidad. Más bien a una “binidad” (la doctrina de la Trinidad se desarrolla lentamente en el cristianismo): 1. el Hijo, cuyo “nombre” expresa su esencia de Hijo, y por tanto su potencia para lavar, santificar y “justificar” (¡muy paulino!) y 2. Dios Padre que, al actuar hacia fuera, opera como “Dios como Espíritu” = la imagen que está detrás es: Dios Padre guarda celosamente su trascendencia y “emite” hacia fuera una como “hipóstasis” (fuerza personificada) que actúa en nombre suyo.

Son fórmulas en el fondo judías. Compárese con la fórmula de la novela judía “José y Asenet” (Apócrifos del Antiguo Testamento” vol. III 2ª edic. 2002, p. 301); Habla el patriarca José que bendice a Asenet, su futura esposa, después de que ésta se convirtiera “de los ídolos, la religión egipcia, al Dios verdadero”:


“Señor;
Bendice a esta doncella.
Renuévala con tu soplo,
Remodélala con tu mano,
Revivifícala con tu vida.
Que coma el pan de tu vida,
Que beba la copa de tu bendición,
ella, a la que yo escogí antes de ser alumbrada,
Que penetre en el descanso que has preparado para tus elegidos.

Seguiremos con comentarios al siguiente fragmento de Cor A.

Saludos cordiales de Antonio Piñero.
www.antoniopinero.com

…………
En el otro blog de Religióndigital, “El blog de Antonio Piñero” el tema es:

“Acerca de la discusión en torno al libro "Qué se sabe... de Jesús de Nazaret" (y III)”.

De nuevo saludos


Lunes, 16 de Noviembre 2009


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.





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