CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Crítica a los criterios de historicidad en la búsqueda del Jesús histórico (20-1-19) (1038)
Escribe Antonio Piñero
 
 
Foto: Cubierta del libro colectivo “¿Existió Jesús realmente? El Jesús de la historia a debate”.
 
 
 
Sigo con mi propósito de comentar lo que me parece más interesante en el libro “La invención de Jesús de Nazaret de Fernando Bermejo de la editorial Siglo XXI, Madrid, 2018.
 
 
En cuanto a los criterios de historicidad en la búsqueda del Jesús histórico, lo más importante es el descenso de calificación efectuado por Bermejo de los llamados “criterios” de historicidad. Ya no los denomina así (terminología contundente), sino que os designa como simples “indicios”. Este es el modo práctico de insistir en que no podemos alcanzar una verdad absoluta en historia antigua.
 
 
La crítica a los criterios de historicidad tuvo sus inicios, si no me equivoco, por lo menos hace veinte años. Bermejo las introduce en España por vez primera en el libro comunal “¿Existió Jesús realmente. El Jesús de la historia a debate” (Raíces, Madrid, 2009) que he citado varias veces. Y la he recogido, muy resumida, en “Aproximación al Jesús histórico”.
 
 
Desde luego se suma Bermejo a la crítica unánime al indicio de “desemejanza” o de “discontinuidad”, al que eran muy aficionados los bultmanntianos. Insiste en que aquella idea de “hallar suelo firme” en la investigación sobre Jesús con ese criterio que afirma “que es típico, y seguramente histórico y propio de Jesús solo lo que carece de paralelo en el judaísmo contemporáneo y en el cristianismo primitivo” (p. 95 del libro presente) es una exageración de tal calibre que reduciría a Jesús a un tipo único e idiosincrásico que sería más bien un sujeto casi imposible.
 
 
La crítica es contundente: este método de aceptar solo como histórico en Jesús lo desemejante “deshistoriza a Jesús y elimina de este los múltiples aspectos en los que concordaba con su religión” (p. 96). Además presupone a priori que Jesús en un sujeto único y especialísimo. “Este indicio implica asunciones contradictorias, pues para ser aceptable como genuino, un dicho de alguien que es un predicador judío debería diferir del judaísmo contemporáneo, pero al mismo tiempo usar sus categoría y encajar en él… En realidad este ‘criterio de doble desemejanza’ no es sino una dogmática enmascarada, cuyo uso en solitario puede producir resultados faltos de credibilidad histórica” (p. 96). Ni que decir tiene que estoy totalmente de acuerdo con este juicio.
 
 
Tampoco queda bien parado el indicio/criterio de “atestiguación múltiple”, a pesar que parece obvio que cuanto mejor esté testimoniado, en variadas fuentes o géneros literarios un dicho o hecho de Jesús más visos tiene de historicidad. Para dudar de él, Bermejo propone el siguiente razonamiento:
 
 
“La presencia de muchos testigos textuales en las fuentes cristianas podría deberse no tanto al carácter de genuinos de un dicho transmitido, sino al interés que suscitó en los individuos o grupos cristianos que lo transmitieron. Y este interés pudieron suscitarlo también dichos atribuidos tempranamente a Jesús” (pero no auténticos; por ejemplo, pronunciados por un profeta cristiano primitivo; añado).
 
 
“De hecho cabe sospechar que cuanto más afín resultó un dicho (o una historia) a los primeros cristianos, menos probabilidades existe de que Jesús lo creara. Por otra parte, resulta fácil de comprender por qué muchos dichos posiblemente genuinos no gozan de atestiguación múltiple: porque eran susceptibles
 
 
1. De crear problemas teológicos u ofender sensibilidades (por ejemplo, Lc 9,59-60: «A otro dijo: «Sígueme.» El respondió: «Déjame ir primero a enterrar a mi padre.» Le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios»);
 
 
2. O porque su sentido dejó de entenderse (por ejemplo, Lc 16,16: «La Ley y los profetas llegan hasta Juan; desde ahí comienza a anunciarse la Buena Nueva del Reino de Dios, y todos se esfuerzan con violencia por entrar en él»),
 
 
3. O porque no resultaban relevantes en contextos diferentes (por ejemplo, las  polémicas con fariseos de Lc  11,39-52: «purificáis por fuera la copa y el plato; pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios; Ay de vosotros, los legistas, que os habéis llevado la llave de la ciencia! No entrasteis vosotros, y a los que están entrando se lo habéis impedido… etc.)”.
 
 
“En este sentido podría incluso decirse que en algunos caso no será la atestiguación múltiple, sino la atestiguación única la que apunta la historicidad. La conservación múltiple de una tradición no confirma en rigor su fiabilidad, sino solo la fuerza con la que se asentó en la tradición; y esa fuerza puede aplicarse en virtud de varios factores, algunos de los cuales –como el interés ideológico– nada tienen que ver con la historicidad” (p. 97).
 
 
 Estoy de acuerdo en que esta perspectiva restringe, por un lado el entusiasmo de los buscadores de la autenticidad de dichos y hechos de Jesús, pero lo aumenta por otro.
 
 
Seguiremos.
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html

Domingo, 20 de Enero 2019


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.





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