CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero


Hoy escribe Antonio Piñero

Nos preguntamos qué pudo llevar a Pablo fariseo a perseguir a los judeocristianos. La respuesta se deduce, por un lado, de leves indicaciones de sus cartas, y por otro de la mentalidad general del fariseísmo de la época, que conocemos por otras vías.

Si Pablo conoció a Jesús en vida, hubo de pensar de él lo que algunos judíos más tarde opinaron del Nazareno, hasta llegar a lo que se afirma en el Talmud [comentario a la Biblia por medio del comentario a las sentencias de los rabinos sobre ella] de Jesús siglos más tarde, entre el V y VII d.C . A saber,

· Que era un engañador, un seductor del pueblo judío que propalaba enseñanzas perversas

· Que era un mesías falso, porque había acabado su vida “colgado de un madero”, por tanto como maldito de Dios.

Ambas acusaciones se expresan, aunque con desigual claridad en el texto de [Gálatas 3,13]u:

« “Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose él mismo maldición por nosotros, pues dice la Escritura: Maldito todo el que está colgado de un madero, ” »

Pablo se refiere a Deuteronomio 21,22-23:

« “Un hombre, reo de delito capital, ha sido ejecutado y le has colgado de un árbol, no dejarás que su cadáver pase la noche en el árbol; lo enterrarás el mismo día, porque un colgado es una maldición de Dios. Así no harás impuro el suelo que Yahvé tu Dios te da en herencia”. »

Seguir a un judío sobre el que pesaban estas acusaciones era era un auténtico escándalo (1 Cor 1,23) para un fariseo no converso.

Y más escándalo era lo que por el contrario, afirmaban de Jesús sus primeros seguidores

· Que había resucitado de entre los muertos (lo que significaba que Dios validaba su mesianismo a pesar del aparente fracaso y que dejaba sin efecto la maldición de Dt 21,22-23, arriba transcrita),

· Que había sido elevado al poder de Dios,

· Que lo había designado no sólo mesías, sino “hijo de Dios” (empieza a considerarse ya que Jesús es divino de algún modo, aunque no se precisa aún el cómo) y futuro juez del Gran Juicio Final.

Esto era un escándalo de verdad para un fariseo. Mas esta teología (que se denomina “evangelio” o “proclamación”) fue asumida luego por Pablo como se refleja en el comienzo de la Epístola a los Romanos, que según la inmensa mayoría de los comentaristas refleja una confesión de fe ya tradicional, que Pablo recoge y acepta:

« “El Evangelio de Dios, que había ya prometido por medio de sus profetas en las Escrituras Sagradas, acerca de su Hijo, nacido del linaje de David según la carne, constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos, Jesucristo Señor nuestro”.  »

Ahora bien, señala M. Hengel (p. 267), y estoy de acuerdo con ello, que la oposición a estas ideas en un fariseo corriente no tendrían por qué haberlo conducido a una persecución sangrienta, una auténtica "cacería", como ocurrió con Pablo.

Y así ocurrió con los demás fariseos, menos con Pablo. Esta suerte de tranquilidad de los fariseos ante el fenómeno de la aparición de una nueva corriente teológica (el judeocristianismo) dentro del judaísmo se refleja en la reacción del rabino Gamaliel, quien se manifestó como contrario, no partidario de tomar medidas disciplinares contra los judeocristianos, dejando a la mano de Dios el juicio sobre su verdad:

g[ Os digo, pues, ahora: desentendeos de estos hombres [Pedro y otros apóstoles arrojados en la cárcel por orden del sumo sacerdote ] y dejadlos. Porque si esta idea o esta obra es de los hombres, se destruirá; pero si es de Dios, no conseguiréis destruirles. No sea que os encontréis luchando contra Dios.» Y aceptaron su parecer. Entonces llamaron a los apóstoles; y, después de haberles azotado, les intimaron que no hablasen en nombre de Jesús. Y les dejaron libres (Hch 5,38-49) ]g


¿Qué ocurrió entonces con Pablo? Sencillamente que, aunque el vocablo sea duro, él era una serte de fanático, una persona para quien la religión significaba más que para los demás.

Por otro lado, él insiste en asumir toda la responsabilidad de la persecución. Así se refleja en textos como

· 1 Corintios 15,9 (“Pues yo soy el último de los apóstoles: indigno del nombre de apóstol, por haber perseguido a la Iglesia de Dios”)

· Gálatas 1,22-233 (“las Iglesias de Judea que están en Cristo. Solamente habían oído decir: «El que antes nos perseguía ahora anuncia la buena nueva de la fe que entonces quería destruir»”).

En ninguna parte de sus cartas leemos que comparta con nadie ese “antiguo pecado” de haber sido perseguidor de la Iglesia.

Hengel deduce que para asumir él solo esa “tarea” de perseguidor, Pablo debía de haber tenido algún cargo importante en alguna sinagoga de Jerusalén. Esta propuesta es hipotética, pero plausible, siempre que se admita –y es lo que hemos estado discutiendo en las notas anteriores- que Pablo se formó como “experto en la Ley" en Jerusalén. Ya saben los lectores que soy muy escéptico al respecto.

Ese cargo no podía ser otro que el “rabino” o maestro de la Ley. Pero el ser "rabino" no le facultaba pra perseguir a los disidentes. De ningún modo podría conllevar la potestad de condenar a muerte a nadie por su diferente teología, puesto que los romanos habían quitado a los judíos, incluso en las más altas esferas (= sumo sacerdocio; sanedrín de Jerusalén) la potestad de condenar a muerte por cualquier motivo.

Sobre la clase de persecución a los juedeocristianos por parte de Pablo se expresan así los Hechos de los apóstoles:

• 8,3: conducir a los judeocristianos a la cárcel

• 22,19: condenar a los judeocristianos a latigazos dentro de la sinagoga (cuarenta golpes menos uno)

• 22,4; 26,10b y 9,1: condenar a muerte a los convictos judeocristianos de herejía.

• Intentar de cualquier modo acabar con sus reuniones y con los fieles si fuere posible: 9,21: “perseguía encarnizadamente” (griego epórthei, del verbo porthéo, “aniquilar”).

Y en este punto incluso M. Hengel, tan defensor dell evangelista, piensa que Lucas no es veraz, que exagera por motivos de retórica (conducir la narración de las persecuciones anticristianas a un clímax total, la muerte) y que muy probablemente está retroproyectando a tiempos del primer Pablo unas circunstancias que sólo fueron históricas más tarde, es decir, en tiempos de Agripa I. en efecto, este rey –amigo del emperador Claudio-, para contentar a los judíos anticristianos, hizo asesinar a los dos hijos del Zebedeo, Juan y Santiago el mayor (años 41-44); y en el año 62, el entonces sumo sacerdote Anás (Ánano), abusando de sus poderes, asesinó a Santiago, el hermano del Señor. Por ello fue depuesto por el procurador romano, Porcio Festo (Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica II 23, 1-5; Flavio Josefo, Antigüedades de los judíos XX 200).

Seguiremos. Saludos cordiales de Antonio Piñero.

www.antoniopinero.com

Miércoles, 11 de Febrero 2009


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.





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