CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
 ¿Qué se sabe… de Jesús de Nazaret? (114-01)
Hoy escribe Antonio Piñero
:


El título de esta postal corresponde al título del libro que comentamos esta semana. Su ficha es


Rafael Aguirre – Carmen Bernabé – Carlos Gil, Qué se sabe… de Jesús de Nazaret, Editorial Verbo Divino, Estella (España),2009, 271 pp. ISBN: 978-84-8169-922-7

Los autores son profesores de Nuevo Testamento en la Universidad de Deusto y combinan el estudio, la docencia y la divulgación de cuestiones en torno a Jesús, el Nuevo Testamento y el cristianismo primitivo. Recordarán los que también son lectores de "Religiondigital" que dediqué un notable número de postales a comentar su libro Reimaginando los orígenes del cristianismo, 2008, de la misma editorial.

Afirman los autores que Jesús “no es patrimonio de ningún grupo ni iglesia” –lo cual encaja bien dentro de la postura, nueva, cristiana, de negación del “exclusivismo”-. “Es legítimo y necesario socializar su historia desde aquellos presupuestos y bases compartidas por cualquier persona que se interese por él”.

Aceptan que este estudio histórico de Jesús, “tal como se lleva haciendo desde hace dos siglos (un poco más, desde 1778) plantea interrogantes a la tradición cultural de Occidente, a las formulaciones dogmáticas y a la coherencia vital de quienes se confiesan seguidores de Jesús” (contracubierta).

Me parecen oportunas estas observaciones. Sin embargo, no estoy totalmente de acuerdo con su siguiente formulación:

“La persona de Jesús, su vida y su mensaje son inagotables: en realidad es imposible presentar ‘lo que se sabe de Jesús de Nazaret’, pero sólo con evocarlo ya resulta fascinante”.

Y no lo estoy porque estas líneas ya sobrepasan claramente le ámbito de la historia y entran de lleno en el de la fe. Pienso modestamente que sí, que es posible -aunque el libro resultante llegue a ser muy grueso- exponer todo lo que se sabe de Jesús…, si se acepta que lo “que se sabe” es el consenso medio de los investigadores, aquello en los que están de acuerdo la mayoría de los estudiosos de Jesús, sobre todo los independientes. Las líneas básicas y fundamentales sobre la misión y figura de Jesús no son ningún misterio. Son bien conocidas hoy, y parte de ellas las exponen los autores al final del volumen.

El libro aborda casi todos los temas importantes en torno a la vida, mensaje, misión de Jesús:

• Una breve historia de la investigación hasta el presente (desgraciadamente la autora, Carmen Bernabé, sigue con el viejo esquema de las “Tres búsquedas de Jesús”, y aunque lo somete a leve crítica (p. 24) acepta la etapa de “No Quest” (= “No hubo búsqueda del Jesús durante un cierto tiempo”). Con ello se ignora o se elimina de la historia medio siglo de investigación.

No se mencionan las importantes obra sobre Jesús de C. Guignebert, de M. Goguel, otras en lengua inglesa, menos conocidas, pero reseñadas por W. P. Weaver en The Historical Jesus in the Twentieth Century 1900-1950, Harrisburg, Trinity Press Int., 1999, como C. G. Montefiore, o R. Eisler (en alemán), aunque sí parecen mencionadas por Carmen Bernabé las obras de A. Loisy y del P. Lagrange.

• El contexto de la vida de Jesús: sus orígenes familiares, su educación, relación con Juan Bautista. Aquí resulta interesante ver cómo se abre la posibilidad de que los hermanos de Jesús fueran realmente hermanos carnales = p. 55: “Desde un punto de vista histórico, esta opinión no podría ser descalificada” (lo que va contra el dogma de la perpetua virginidad de María: la consecuencia no se obtiene). Aquí criticaría a C. Gil el que no cite bibliografía española, seria, sobre el tema (sobre la vida “oculta” de Jesús, y sobre Jesús y las mujeres, por ejemplo).

• La enseñanza de Jesús. El capítulo sobre el reino de Dios de R. Aguirre es bueno. Pero no se puede afirmar que para Jesús Dios “no es rey, sino padre” (p. 194), sino ambas cosas; sólo que hace más insistencia en lo segundo. Tampoco aparece –casi ni se menciona- algo fundamental en este apartado: el reino de Dios predicado por Jesús iba a cumplirse –al menos en una primera fase- aquí en la tierra; era un reino terrenal, no celestial. Y en concreto en la tierra de Israel. Además de los bienes espirituales, el reino de Dios predicado por Jesús tiene claras connotaciones materiales. R. Aguirre no expone esto.

• Los hechos de Jesús, sanaciones y exorcismos. Se eliminan como no históricos los "milagros contra la naturaleza". Pero no se obtiene conclusiones netas sobre la fiabilidad de los evangelios a este respecto.

• Las relaciones de Jesús: destinatarios del Reino, discípulos en general, el grupo de los Doce, las mujeres (en calidad de qué “seguían” a Jesús y la posibilidad de que en el siglo I un rabino pudiera tener por discípulas a mujeres, los adversarios de Jesús…

• La experiencia religiosa de Jesús: el Dios de Jesús (no se plantea con la claridad deseable si Jesús se creyó a sí mismo realmente Dios). No se obtienen las consecuencias de esta realidad.

• El conflicto final de Jesús, condena y muerte (se acepta como “algo sumamente probable” (p. 183) que “”Jesús fue condenado por el poder romano… con el castigo que se daba a los criminales, por considerarlo culpable de un delito político que tenía que ver con la seguridad del estado… en ella tuvieron parte las autoridades religiosas judías… que no tenían poder de dictar pena de muerte (¡ojo a la errata ius gladiis, por ius gladii! p. 180; igualmente no debe decirse “ad usum Delphinis”, sino Delphini”: p. 243), pero prendieron a Jesús y lo presentaron ante Pilato de forma que resaltara la peligrosidad de las consecuencias políticas de su persona y su mensaje” (p. 184). Excelente síntesis, en la que –muy afortunadamente- no hay mención ninguna a una acusación interna por “blasfemia”.

La personalidad de Jesús: “¿Quién es Jesús?”: maestro, carismático, profeta escatológico, mesías, hijo del hombre, hijo de Dios. Pero, de nuevo, se escamotea la pregunta candente sobre si el sentido de filiación de Jesús incluye o no una paternidad real que vaya más allá de la “paternidad” de Dios, admitida por el Antiguo Testamento, para personajes especiales (rey, profeta, mesías) que siguen siendo sólo humanos.

El debate moderno sobre la resurrección. De nuevo me hubiera encantado que la autora, Carmen Bernabé, hubiera comentado bibliografía española sobre el tema que responde de modo directo y claro a la cuestión del surgimiento histórico de la fe pascual, cómo esta fe reinterpreta la figura del Jesús terreno, lo que da lugar a diversos cristianismos, de entre los cuales unos vencen y otros son derrotados. No hay mención.

Quiero señalar que en estas páginas abundan ciertos clichés que hemos señalado repetidas veces y de los que se ha ocupado en sus postales del año pasado sobre Jesús Fernando Bermejo en el otro blog de "Religióndigital". Así: los mismos clichés sobre Juan Bautista y Jesús (p. 149), las mismas generalidades sobre el Dios amoroso de Jesús y la prédica edificante al respecto (pp. 150-151), citas sólo de teólogos católicos (pp. 155-157); la misma ambigüedad respecto a los responsables de la crucifixión: el poder romano (p. 183) y el poder judío (p. 184).


Lo último que deseo comentar de este libro recomendable –a veces valiente, a veces timorato- es la Cuarta parte, "Para profundizar” obra de los tres autores a la limón, que trata de la “relevancia actual de la historia de Jesús”. En este apartado los tres autores reflexionan –entre otras cosas- sobre:

• Los consensos actuales en los estudios sobre el Jesús histórico. En el punto 7 se destaca “Jesús se mantuvo siempre fiel al judaísmo”. La pregunta resulta evidente: Si Jesús se mantuvo siempre fiel al judaísmo…, nunca intentó fundar una religión nueva. Entonces, ¿cómo surgió el cristianismo? ¿Quién es el, o los, fundador(es) del cristianismo? El tema, candente, no se plantea.

• Sobre el problema razón-fe: ¿es posible que un fiel creyente se halle incapacitado para hacer auténtica historia sobre Jesús?

Aguiire – Bernabé - Gil responden que “no”, que la condición de creyente no descalifica para la investigación plena e histórica sobre el Nazareno. Critican entonces la obra de José Montserrat (“El Galileo armado”, Edaf, 2008, Gonzalo Puente Ojea (obras diversas, sobre todo “Fe cristiana, Iglesia, poder”, Siglo XXI, 1991) y Fernando Bermejo (su largo artículo doble sobre “historiografía, exégesis e ideología. La ficción contemporánea de las ‘tres búsquedas’ del Jesús histórico”, de la Revista Catalana de Teología 30 [2005] 349-406 [los datos de la p. 244 del libro que comentamos están equivocados] y 31 [2006] 53-114).

Me fijo en la crítica más incongruente, a mi parecer. De F. Bermejo dicen Gil-Bernabé-Aguirre que “con una erudición enorme” (p. 243) piensa que la “investigación crítica sobre Jesús ha llegado desde hace tiempo a unas conclusiones incompatibles con la fe cristológica”…, para luego a continuación afirmar solemnemente los mismos autores que “nos parecen inaceptables estas descalificaciones a priori, y que es ésta una de las razones que nos han movido a escribir este libro. Nadie está libre de presupuestos…” (p. 244).

Me pregunto: personajes como J. Montserrat –estudioso consagrado de estos temas desde hace muchos años-; G. Puente Ojea, cuya biblioteca sobre Jesús de Nazaret es majestuosa, absolutamente espléndida, y que compra todo lo que de importante aparece en el mercado-, y F. Bermejo, de “enorme erudición”, ¿llegan a conclusiones a priori después de larguísimos años de estudio…?

Sencillamente no lo veo. ¿Cómo se puede tener una enorme erudición y al cabo de tanto tiempo de reflexión y de estudio formular descalificaciones a priori?

Pienso que cuando un investigador pertenece a una iglesia, tiene ciertos límites que no puede traspasar. Si no, que se lo pregunten a Juan José Pagola y a Roger Haight…, personajes cuyas ideas han sido comentadas por mí.

Segundo: ser independiente no supone tener inquina cierta contra la religión. Quizá en algunos casos. En el del que esto escribe: puedo asegurar en mi caso, pues soy el que redacta esta presentación y crítica, que mi sesgo no impide ser amigo verdadero de muchos creyentes, y que no es óbice para respetar profundamente la opción religiosa.

Es más: soy un decidido defensor de la religión, para quien lo crea y sienta (con tal de que no sea fundamentalista y esté dispuesto a matar, o a insultar, por ello), y opino que la religión es útil para muchos, para quienes ofrece apoyo y consuelo.

Pero a la vez pienso que la pertenencia a una organización estructurada impone límites ciertos al pensamiento. La afirmación de Aguirre - Bernabé - Gil de que “nos parece adecuada la expresión ‘Jesús real’ para referirse al Jesús de la fe, el presentado por los evangelios canónicos” (p. 248) me parece profundamente inadecuada para una obra de talante histórico como es la que ellos editan.

Igualmente: “La fe cristiana pretende captar lo más real de Jesús y, en su obra y vida histórica, descubre su realidad divina, su especial vinculación con el Padre y el sentido profundo de su existencia y misión” (p. 248) me parece también un desenfoque absoluto desde la perspectiva de la historia y la investigación. Esta formulación me convence más aún de que Fernando Bermejo –en el punto criticado por este libro- tiene toda la razón.

De todos modos, es un honor que contra personajes como él, y como ellos, se escriba este libro.

Mi conclusión es:

A pesar de las pegas que honestamente he formulado, me vuelve a parecer que el libro presente, Qué se sabe de Jesús de Nazaret, merece la pena ser leído, a veces más que por lo que dice, por lo que apunta.

Van calando poco a poco aun en la investigación católica los resultados de los métodos histórico-críticos. Se van aceptando interpretaciones y resultados que hace unos treinta años, o incluso menos, no eran ni nombrables. Y como está firmado por autores católicos, y muy católicos, tendrá interés para muchos, y es un cierto consuelo para quienes hemos defendido esas posturas que hoy admiten desde otros puntos de vista. El libro ilustra mucho, además, sobre las líneas de investigación actuales sobre Jesús, aunque tenga poco en cuenta, a veces, la línea independiente.

Saludos cordiales de Antonio Piñero.
www.antoniopinero.com

………..

• Hoy en el otro blog “” se trata del mismo tema.
En días inmediatamenteanteriores: "¿Por qué decimos que el Evangelio de Marcos es paulino? (I y II)"


Martes, 27 de Octubre 2009


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.





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