CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Escribe Antonio Piñero
 
30-09-2022
 
 
Es sin duda elemental exponer las características de la entidad que luego deseamos someter a crítica. Y la exposición ha de hacerse con toda honestidad.
 
Siguiendo la línea de S. Guijarro en su libro “Los cuatro evangelios”, en lo que estamos ocupados hace tiempo, este autor afirma que la “comunicación oral posee una referencia más directa (que la comunicación escrita) y determinante al grupo en el que acontece” (p. 115). Afirma también: La tradición oral tiene muy presente siempre la situación del grupo dentro del cual se transmite; mientras que la escrita es independiente de la situación del grupo y posibilita una comunicación a distancia. La tradición oral, sostiene igualmente nuestro autor, “evoca un conjunto de acontecimientos, personajes, valores y creencias que forman parte de la memoria del grupo (en la cual se forma), es decir, de su tradición. Por ello la tradición oral está estrechamente relaciona con la memoria social a través dela cual el grupo define su identidad”.
 
Mi observación al respecto: puede ser que es posible que sea así en una cultura predominantemente oral, pero no estoy seguro de que la tradición oral, por íntimamente que esté relacionada con un grupo, transmita con toda objetividad “acontecimientos, valores, personajes y creencias” que llegan a formar la identidad de tal grupo. Este conjunto de cosas que llevan a la identidad de grupo depende en gran parte de la personalidad de quien, o de quienes, transmiten tal tradición oral, que en principio se guía por los intereses personales de quien o quienes la expanden. Esa tradición oral, a menos de que sea múltiple y coincidente, me parece que  refleja más los deseos y personalidad del transmitente que la del grupo.
 
Y si el transmisor de la tradición tiene “carisma” y cautiva con su poder de recitación de esta o esa tradición puede imprimir en los oyentes una impresión relativamente falsa de lo sucedido, porque tal evento (dichos o hechos de un personaje ya fallecido, por hipótesis) que es presentado por el personaje que transmite la tradición oral, lo hace según su gusto y percepción.
 
En principio, pues, la tradición oral puede ser sesgada e influir en la conciencia de un grupo de un modo igualmente sesgado.
 
Y afirma S. Guijarro: “La comunicación oral se caracteriza por compaginar flexibilidad con fidelidad”. Fidelidad a los elementos básicos, sin los cuales una tradición oral dejaría de ser tal, y flexibilidad en los elementos secundarios que adornan un episodio o un dicho del personaje de quien se transmite el evento.
 
Tampoco estoy convencido del todo que la tradición oral sea siempre fiel a los elementos básicos. Por ejemplo los de una parábola de Jesús, que él pudo repetir en diversas ocasiones y no con las mismas palabras, y no estoy convencido porque el elemento básico puede ser interpretado de diversos modos.
 
Pongo un ejemplo: el de la mujer que pierde una moneda de bastante valor, y barre y limpia su casa de arriba a abajo hasta que la encuentra (Lucas 15,8). ¿Cuál es el elemento básico que quiere destacar el que transmite esa parábola como tradición de Jesús? ¿El valor de la moneda? ¿Valor en qué aspecto? ¿Tesón de la mujer que barre y limpia hasta que la encuentra? Teóricamente el que pronunció la parábola podría haber tenido la intención de destacar el tesón con el que debe afanarse un ser humano para conseguir los bienes espirituales en general. Aparte de que una “tradición” presentada por un testigo evangélico único –aquí Lucas– queda invalidada históricamente cuando se plantea como norma general (admitida por la mayoría de los críticos) que para aceptar algún dicho o hecho de Jesús como histórico de pleno derecho hacen falta por lo menos dos fuentes diferentes en principio.
 
En “Los Libros del Nuevo Testamento”, p. 881 comento esta parábola:
 
“La crítica suele considerar que esta parábola, sin paralelo alguno, es un producto de la pluma de Lucas basándose en motivos de vocabulario y porque el v. 10 es como un resumen que presupone ya el v. 7. Otros, por el contrario, sostienen que fue la tradición anterior a Lucas la que generó este desdoblamiento. No es posible afirmar nada con seguridad, pero es casi seguro que no puede atribuirse al Jesús histórico. De cualquier modo, este esquema de parábola doble en la que a la tarea de un hombre sucede la de una mujer aparece también en el capítulo 13: parábolas del grano de mostaza y de la levadura (13,18-21). De aquí han deducido algunos intérpretes que Lucas gusta de equiparar a los hombres con las mujeres” (p. 881).
 
Pero a la vez es cierto lo que dice S. Guijarro que en cuanto a la formación de los Evangelio no tenemos más remedio que cambiar de mentalidad y rastrear los elementos de la tradición oral, porque esta fue en efecto el medio en el que se empezó a “registrar” la actividad de Jesús. Pero la duda impera. Con razón, para reconstruir con base algún elemento, piedra angular, en el que apoyar una reconstrucción del Jesús histórico, Ed Parish Sanders afirmó que no se fiaba en absoluto de la tradición oral sobre el Nazoreo, y que se debía buscar ante todo un hecho, no un dicho, de la vida de Jesús para empezar la reconstrucción histórica de su vida y mensaje.
 
No entro aquí si el hecho escogido por este investigador (la expulsión de los mercaderes del Templo) es el más apropiado o no para comenzar una reconstrucción del Jesús histórico, porque no es el momento y hay notable discusión al respecto... En lo que hago hincapié ahora es en la alta desconfianza histórica en el valor de la tradición oral que muestra Sanders… a pesar  de que sea cierto que en la historia sobre Jesús todo empezó por este camino.
 
Así que lo dicho es un aviso para decir siempre, cuando se escribe en historia antigua sobre todo, que tal o cual dicho de Jesús “es plausible”, “posible”, “probable”, “quizás”, “a lo mejor” que el Nazoreo hizo tal cosa o pronunció tales palabras.
 
Inseguridad, duda y prudencia.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
www.antoniopinero.com

Viernes, 30 de Septiembre 2022


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.





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